Las variaciones en el clima se producen antes en las regiones

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La influencia
de los polos
Manfred Reinke
Secretario Ejecutivo,
Tratado Antártico
Las variaciones en el clima se producen antes en las regiones
polares que en cualquier otro lugar del globo, lo que las convierte
en el más preciso barómetro del cambio climático. Son también las
últimas grandes superficies del planeta vírgenes con ecosistemas
extremadamente frágiles y únicos y son los motores del clima mundial.
Debido a la fuerte interdependencia de los sistemas climáticos,
cualquier cambio ocurrido en esas regiones tiene un fuerte impacto
en las condiciones atmosféricas del resto del mundo.
La protección medioambiental forma parte del programa de la
Reunión Consultiva del Tratado Antártico desde comienzos de los
años sesenta, poco después de la creación del Tratado, que fue uno de
los instrumentos internacionales centrados en la paz y colaboración
internacional de mayor éxito del siglo pasado. Dicho Tratado fue
firmado en Washington en diciembre de 1959 por los doce países que
habían llevado a cabo actividades científicas en la Antártida y sus
alrededores durante el Año Geofísico Internacional de 1957-1958, y
desde entonces otras 36 naciones se han adherido a él.
A pesar de que no incluye elementos de tipo medioambiental, el
primer programa de conservación para la Antártida, las Medidas
Acordadas para la Conservación de la Fauna y Flora Antárticas, fue
adoptado en 1964 por la Reunión Consultiva del Tratado Antártico.
Posteriormente, las Partes Consultivas elaboraron el Convenio para
la conservación de las focas antárticas, que entró en vigor en 1978.
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A modo igualmente preventivo, en
1981 las Partes Consultivas decidieron
iniciar las negociaciones sobre un
régimen global para regular los
recursos minerales antárticos con el
fin de minimizar los problemas medio
ambientales y políticos provocados
por la explotación no controlada. La
Convención para la Reglamentación
de las Actividades sobre Recursos
Minerales Antárticos se firmó en
Wellington en 1988, pero nunca llegó
a entrar en vigor porque Francia y
Australia declararon al año siguiente
que no ratificarían el contrato.
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Durante las negociaciones que
tuvieron lugar en el marco de la
Convención de las Naciones Unidas
sobre el Derecho del Mar se planteó
la preocupación a propósito de la
explotación potencial a gran escala
del krill, que podría traer consigo
importantes consecuencias para otras
especies de la Antártida que dependen
de él para su alimentación. La Convención para la Conservación de los
Recursos Vivos Marinos Antárticos,
que entró en vigor en 1982, incluye
disposiciones para la conservación y el
uso racional del krill, los peces de aleta
y otros recursos marinos. A diferencia
de otras organizaciones regionales de
ordenación pesquera, esta Convención
aplica un enfoque ecosistémico para la
gestión de la conservación y estipula
que se tenga en cuenta el impacto en
los ecosistemas a la hora de gestionar
la pesca marina.
“…el desarrollo de un
sistema global
de protección del medio
ambiente de la Antártida
y de los ecosistemas dependientes
y asociados interesa a la
humanidad en su conjunto”
“El
mundo
había
cambiado”,
recordó Michel Rocard, ex Primer
Ministro de Francia. “Las políticas
ecológicas han proliferado en todos
los contextos, las condiciones se han
ampliado. Dos primeros ministros,
unidos por la amistad, Robert Hawke
de Australia y yo mismo, anuncian
que no enviarán la Convención a
sus respectivos Parlamentos para
su ratificación y piden que se lleven
a cabo negociaciones mucho más
ambiciosas. Italia y Bélgica los
imitaron de inmediato; Noruega un
poco después”.
en 1998. En él se afirma que “…el
desarrollo de un sistema global de
protección del medio ambiente de
la Antártida y de los ecosistemas
dependientes y asociados interesa
a la humanidad en su conjunto”. Se
designa a la Antártida como “una
reserva natural, consagrada a la paz y
a la ciencia”, se establecen principios
básicos aplicables a las actividades
humanas en la Antártida y se prohíbe
cualquier
actividad
relacionada
con los recursos minerales en
ese continente, salvo para fines
científicos. Hasta el año 2048 el
Protocolo sólo puede ser modificado
mediante el acuerdo unánime de todas
las Partes Consultivas del Tratado.
Además, la prohibición relacionada
con los recursos minerales no puede
revocarse a menos que esté en vigor
un régimen jurídicamente vinculante
sobre las actividades relativas a
esos recursos.
Esas declaraciones dieron pié a nuevas
negociaciones sobre un Protocolo
sobre Protección del Medio Ambiente
del Tratado Antártico, que se firmó
en Madrid apenas dos años después,
en octubre de 1991, y entró en vigor
El Protocolo estableció el Comité
para la Protección del Medio
Ambiente como un grupo de expertos
dedicado a prestar asesoramiento
con información actualizada y
formular recomendaciones sobre la
implementación del Protocolo y sirve
de orientación estratégica para futuras
políticas ambientales en la zona que
abarca el Tratado Antártico.
En 2009 el Comité Científico de
Investigaciones Antárticas publicó
un informe amplio sobre el medio
ambiente y el cambio climático en
la Antártida. Se trata de un esfuerzo
fuertemente multidisciplinar que tiene
como objetivo “reflejar la importancia
del continente en cuestiones mundiales,
como el aumento del nivel del mar,
la separación entre la variabilidad
natural del clima y la influencia de las
actividades humanas, las reservas de
alimentos, la diversidad biológica y la
absorción de carbono por los océanos”.
Este año, el quincuagésimo aniversario de la entrada en vigor del
Tratado Antártico y vigésimo de
la firma del Protocolo sobre
Protección del Medio Ambiente, las
Partes Consultivas reafirmaron su
compromiso permanente de sostenerlo
y su “intención de mantener su sólida y
eficaz cooperación” a través de, entre
otras cosas, “la continua identificación
y el continuo abordaje de los nuevos
desafíos medioambientales, y el
fortalecimiento de la protección del
medio ambiente antártico y de sus
ecosistemas dependientes y asociados,
particularmente en relación con
el cambio climático mundial y las
actividades humanas en la región,
incluido el turismo”. Asimismo, han
solicitado a los Estados que son Partes
en el Tratado, pero que no son aún
Partes en el Protocolo, que lo ratifiquen,
como forma de “reafirmar su voluntad
de proteger el medioambiente antártico
en interés de toda la humanidad y
preservar el valor de la Antártida
como un espacio para la realización de
investigaciones científicas”.
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