Mas vale cooperar que competir

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[Ilustración: "Más vale cooperar que competir"]
Los Institutos bilingües
en la Comunidad de Madrid
“o existe mayor prueba de
progreso que la cooperación.”
John Stuart Mill
Es mejor cooperar que competir
o se puede eludir la cuestión
Me gusta hablar de educación en sentido positivo. Detesto dar la sensación de
que propago sentimientos de frustración que no van con mi carácter utópico ni
con mis ganas de animar a todos los que me rodean hacia la ilusión y la
concordia. Pero tampoco está bien eludir el tema porque pueda ser polémico.
Existe el peligro de segregar a los alumnos e incumplir la LOE
A mi juicio, con todo este proceso de implantación de institutos y colegios
bilingües existe el peligro, si no se establecen garantías para evitarlo, de segregar
a los alumnos desde infantil y romper la idea, consagrada en la LOE, de que las
enseñanzas básicas se han de regir por el principio de "educación común y
atención a la diversidad" (artículo 22), el de “normalización e inclusión”
(artículo 71), el de “compensación educativa”(artículo 80) y el de "no
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discrimación en la admisión de alumnos por cualquier condición o
circunstancia personal y social" (artículo 84). Y que conste que estos principios
no son ni nuevos ni socialistas. Han inspirado a muchos educadores de todos los
tiempos, órdenes religiosas, y ya aparecían explícitamente en anteriores leyes
educativas como la Ley General de Educación de 1970, norma de los tiempos de
Franco hecha por pedagogos del Opus Dei y de las Teresianas, que proponían un
modelo de escuela comprensiva y enseñanza personalizada.
También creo que está en peligro la permanencia en vigor del principio de la
“escolarización equilibrada” de los alumnos con necesidades específicas de
apoyo educativo (artículo 87).
Y es que, en definitiva, pienso que está amenazado uno de los principios básicos
que rige nuestro sistema educativo: "La equidad". (Artículo 1.b):
"La equidad, que garantice la igualdad de oportunidades, la inclusión
educativa y la no discriminación y actúe como elemento compensador de las
desigualdades personales, culturales, económicas y sociales, con especial
atención a las que deriven de discapacidad."
La Constitución y las leyes educativas (LODE y LOE) establecen garantías
para que todos los ciudadanos ejerzan su derecho a la educación en
condiciones de igualdad. Confiemos en que estas garantías sean efectivas.
Hay muchas cosas que cuesta admitir
En la normativa que establece la organización de los Institutos bilingües hay
muchas cosas que me cuesta ver sin inquietarme. Me cuesta admitir que haya
secciones dentro de los institutos públicos en las que la admisión de los
alumnos es discrecional del equipo directivo (¿qué pasa si una familia recurre
alegando discriminación?). Me desagrada que haya dos tipos de profesores
dentro del mismo centro y que los destinos y los complementos puedan depender
de la administración sin garantías de objetividad. Me cuesta admitir que haya
institutos públicos con denominaciones diferentes. No me gusta que se hagan
clasificaciones de centros (cosa que, además, prohíbe explícitamente la LOE en
su artículo 144.3). Puede ser peligroso crear dos redes de centros de
escolarización diferenciadas para condicionar la admisión de alumnos con
procesos selectivos encubiertos, segregando a los alumnos de manera prematura.
Se están dando pasos hacia la construcción de dos sistemas educativos
Poco a poco se va rompiendo la unidad del sistema educativo. Ya se han creado
dos títulos de la ESO diferentes, con el eufemismo de las menciones honoríficas.
Ya se han cerrado los CAP (y destruidas sus bibliotecas) donde podíamos
cooperar los centros de la zona e implicarnos los profesores en proyectos
comunes, relacionándonos con el tejido social de los barrios y formarnos los
profesores de manera cooperativa e innovadora compartiendo experiencias de
centros diferentes para mejorar todos juntos.
Todos los pasos que se van dando en la Comunidad de Madrid conducen a que
haya de hecho DOS sistemas educativos, en el que el prestigio del uno se
construye a costa del desprestigio del otro, en vez de seguir políticas de éxito
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para todos, como PROA y Escuela 2.0, y de promoción de la cooperación de los
docentes en complicidad con los movimientos sociales.
Ya ha calado la idea de que lo que tienen que hacer los centros, para ser eficaces,
es competir por los buenos alumnos y rechazar o apartar a los malos para que no
bajen la media de unas pruebas externas de contenidos que no tienen en cuenta
los parámetros de contexto. Ya está bastante admitido entre los profesionales
que haya grupos de "buenos" y grupos de "malos", con lo negativo que es poner
este tipo de etiquetas (Efecto Pygmalion).
Si no se mantienen claros los principios, este clima educativo puede dificultar la
cohesión social y de rebote crear un ambiente bastante odioso en la profesión
docente. Viendo estas cosas cada vez me acuerdo más del título del libro de
Álvaro Marchesi: ¡Qué será de nosotros los malos alumnos!
¿Trampa clasista?
Por otro lado, poner el acento de la calidad de la educación sólo en el
bilingüismo es muy peligroso porque la competencia en idiomas extranjeros está
perfectamente correlada con el nivel socioeconómico. Y todo esto suena a
trampa clasista.
Por supuesto que los centros escolares tienen que dar oportunidades a los niños y
jóvenes de aprender idiomas, ¡faltaría más!, pero también de hacer deporte,
música o teatro, aprender oficios, informática, viajar, convivir solidariamente,....
todas estas cosas merecen ser apoyadas y estar orgullosos de ellas. Y hay que
hacerlo ayudando a los alumnos que más dificultades tienen y no apartándolos
de entrada de los programas. La educación es dar oportunidades. Pero ¡para
todos! y ¡con todos! Si no es así la educación corre el peligro de convertirse en
un privilegio excluyente, en vez de un elemento de cohesión social. Recuerdo el
ilusionante lema con que se inició el debate de la LOE: Una educación de
calidad para todos y entre todos.
¿Se mejora así el sistema?
Los estudios serios, como PISA, demuestran que las medidas segregadoras no
benefician al sistema en su conjunto, limitan las oportunidades a los que más las
necesitan y crean mucha infelicidad en las personas. Abundantes experiencias
evidencian que no es verdad (como opina Alicia Delibes) que no haya más
alternativa para mejorar los resultados del sistema educativo que la vuelta a
esquemas selectivos, clasistas y autoritarios, en un retorno a no-se-qué paraíso
educativo perdido en mayo del 68 que nunca existió en España, en donde en el
año 70 había un millón de niños que ni siquiera estaban escolarizados en
educación primaria y los jóvenes que llegaba a la universidad eran menos del
3%. Cualquier crítica es admisible. Puede que estemos mal. Aspiramos a estar
mejor. Pero es evidente que nunca como ahora ha habido en España tanta gente
con tanta formación y con una cohesión social que es envidiada por otros países.
Sí que hay alternativas
No hace falta viajar a Finlandia para saber que hay medidas y estilos de
enseñanza que son eficaces para educar a todos, dando a cada uno de los
alumnos una atención personalizada, sin segregar ni competir, sino apoyando y
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cooperando. Lo que pasa es que un buen sistema educativo (en calidad y
equidad) requiere inversiones abundantes y sostenidas, políticas ambiciosas,
programas integrales bien diseñados que vayan más allá de la escolaridad,
formación y esfuerzo de los profesionales, eficacia de las administraciones,
implicación de las familias y complicidad del tejido social: una auténtica cultura
del esfuerzo compartido. Pero sobre todo un compromiso por la integración y la
educación para todos.
os ponen en tesituras amargas
El sistema educativo debe estar cargado de valores éticos y ser un modelo de
ciudadanía responsable. Ahora el problema para los centros y para los profesores
es que nos están poniendo en tesituras amargas que conducen a opciones
indeseables, hagas lo que hagas, y que nos enfrentan unos contra otros de
manera irremediable.
Creo que nos esperan tensiones paralizantes que moralmente son muy poco
estimulantes y que a la postre son ineficaces.
La mayoría de los profesores tenemos vocación educadora y conciencia social.
Queremos trabajar con independencia; sin corporativismos ni visiones estrechas,
cooperando --¡y no compitiendo! -- contribuyendo a construir un sistema
educativo intercultural y para todos, que trabaje por la justicia social, que
colabore al desarrollo comunitario, que despierte los sueños de nuestra juventud,
que cultive la solidaridad, la esperanza y el deseo de aprender, enseñar y
transformar el mundo.
Más vale cooperar que competir, como quieren los liberales
Los liberales creen que competir genera eficacia; que lo más eficiente es que
cada uno se busque la vida. Para un liberal ganar a otro siempre es un mérito.
Esta manera de ver las cosas creo que es lo que está detrás de la política
educativa de la Comunidad de Madrid. De ahí el calado de la implantación de la
enseñanza bilingüe tal como se propone. Mi idea es que no debe pasar
desapercibida esta operación, porque las consecuencias, si se consolida, pueden
ser muy importantes, con difícil vuelta atrás.
Yo, en educación, desde luego, opino exactamente lo contrario que los liberales.
Para mi, "más vale cooperar que competir". Como decía Paulo Freire en
Pedagogía de la esperanza, "Se pretende convertir la escuela en una empresa
que tiene por objeto el rendimiento. Esto se convertiría en una trampa mortal
para los desheredados de la Tierra."
Madrid, 10 de octubre de 2010
Ángel de la Llave
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