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Comentarios de la Lección Joven
III Trimestre de 2013
Reforma y reavivamiento
Lección 5
3 de Agosto de 2013
Obediencia:
el fruto del reavivamiento
Profundiza
El señorío de Cristo y la obediencia
Armando Juárez
Todo cristiano sabe muy bien que Jesús es el Salvador del mundo, que por la fe en Él,
“todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). Jesús es
el que nos sacó de las tinieblas del pecado y “nos hizo participar de la herencia de los
santos en luz” (Colosenses 1:12). Jesús como salvador del pecado es un mensaje que
todas las denominaciones cristianas enfatizan hasta la saciedad.
Pero en la Palabra de Dios se hace énfasis en otra dimensión del carácter de Cristo;
que en cierta forma no es tan enfatizada y a veces ignorada, esto es su soberanía como Señor.
Cristo es el Señor así como es el Salvador. Mientras que como salvador del pecado,
nos liberó de la muerte eterna, por lo cual todo ser humano debería estar eternamente
agradecido. Como dijo Pablo: “él por todos murió, para que los que viven ya no vivan
para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).
Este es el aspecto que en cierta forma no ha sido tan enfatizado. La obediencia forma
parte integral de reconocer que Cristo es nuestro Señor. El Señor lo hizo claro cuando
afirmó: “No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino
el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21).
Reconocer el señorío de Cristo es obedecer sus mandamientos, hacer su voluntad y
exclamar como lo dijo el salmista: “el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu
Ley está en medio de mi corazón" (Salmo 40:8).
En aquél tiempo cuando el sistema de esclavitud estaba vigente, el concepto señor tenía un significado que ahora se ha perdido, debido a que hace ya mucho tiempo la esclavitud desapareció en la mayoría de los países. El señor era el amo y el dueño de la
vida del esclavo. El esclavo tenía que obedecer ciegamente la voluntad de su señor. Es
en este contexto que Pablo escribió: “Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para
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el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la
herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:22-24).
Es en este contexto que se nos pide que sirvamos a Cristo como Señor. Nuestra obediencia debe ser total, nuestro deseo de servir al Señor debe ser la única razón de
nuestro vivir, a fin de agradarle. Pablo usando la misma ilustración de la esclavitud nos
dice: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerlo, sois
esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios que, aunque erais esclavos del pecado, habéis
obedecido de corazón a aquella forma de doctrina que os transmitieron; y libertados del
pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana
debilidad: así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la impureza y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para
servir a la justicia” Luego continua diciendo que ahora que “somos hechos siervos de
Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y, como fin, la vida eterna” (Romanos
6:16-22).
Al hablar de Cristo como nuestro Señor, debemos siempre recordar que somos sus esclavos. Que él demanda de nosotros obediencia. Al obedecerle, él ya no nos considera
como sus esclavos sino como sus amigos, pues él declara: “Vosotros sois mis amigos
si hacéis lo que yo os mando. (Juan 15:14).
Que al hablar de Cristo todo aquél que afirma que es su Salvador y su Señor tenga
siempre en mente lo que esto significa. Recordemos que él mismo afirmó: "Si me
amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
Profundiza
Obedecer es ser
Álvaro Rodríguez
Uno de los elementos claves en la vida cristiana es la obediencia a Dios. Todo cristiano, a lo largo de la historia, ha deseado y creído obedecer a Dios. Tanto los Valdenses del Piamonte como los cruzados de la Edad Media actuaron creyendo obedecer la
voluntad de Dios. Lo mismo sucede en nuestros tiempos, queremos hacer la voluntad
de Dios. Al tratar el tema de la obediencia en el contexto de reavivamiento y reforma,
hay un ejemplo bastante claro en los días del rey Josías, al punto que la Biblia dice que
no hubo otro rey como él, en toda la historia de Israel, ni antes ni después, que se volviera a Dios de la forma como lo hizo Josías (2 Reyes 23:25).
Cuando leemos la historia completa de este evento (2 Reyes 22-23) podemos notar
que el reavivamiento dio paso a la reforma. En el capítulo 22 el reavivamiento vino tras
el “descubrimiento” de la Palabra de Dios (versículos 8, 11), esto movió el corazón del
rey y consultó con el Espíritu de profecía de su tiempo, la profetisa Hulda (versículos
11-14). Aquí vemos el despertar espiritual fundado en la voz de Dios, el libro de la ley y
la confirmación por parte de la profetisa.
Ahora, el reavivamiento ha provocado el deseo e intensión de seguir a Dios. Es necesario dar el siguiente paso, ser lo que se han propuesto. El capítulo 23 explica en forma
clara lo que significa una verdadera reforma como consecuencia del reavivamiento pro© RECURSOS ESCUELA SABÁTICA
vocado por Dios mismo. Sin el capítulo 23, el reavivamiento habría quedado como una
mera intensión y Josías no habría sido reconocido.
La reforma que se vivió en los días de Josías tiene varias características que deben
dominar la obediencia a Dios como parte del reavivamiento y reforma que Dios espera
de su pueblo. Permítanme analizar brevemente este capítulo de las Escrituras.
Luego de juntar a todos los habitantes del pueblo de Israel, Josías hizo un pacto con el
pueblo con el objetivo de “guardar Sus mandamientos” (2 Reyes 23:3). Entonces el
primer elemento para la reforma es compromiso. Es como el matrimonio, uno se compromete con su pareja para siempre, no solo cuando las cosas vayan bien. La obediencia debe ser permanente. Solo cuando esto sucede, el compromiso, entonces las cosas
funcionan.
La segunda acción fue sacar los utensilios de los falsos dioses que estaban en el Templo de Jehová, no solo los utensilios sino los ídolos mismos que habían sido puestos en
aquel lugar santo, más aún, fueron destituidos los sacerdotes idólatras (versículos 419). Pero ahora fíjese en el texto bíblico, no solo se quitó lo malo sino que se eliminó a
quienes promovían dichas prácticas que alejaban al pueblo de Dios (versículo 20). Esto
es justamente el proceso a seguir y a veces es doloroso pues el ser humano suele hacer lo que le agrada.
En tercer lugar Se realizó un acto del todo especial. Si lees los versículos 21-23, notarás que la reforma no es simplemente apartarse de la idolatría, sino que es celebrar la
Pascua. Esto significa que es necesario dejar lo malo y hacer lo bueno. Más aún, la Biblia dice en el versículo 21: “Celebrad la Pascua”. Es decir, la obediencia a Dios debe
ser hecha con gozo. Las fiestas de Jehová eran días de alegría, no de descontento. Por
lo tanto, la obediencia debe ser hecha con alegría.
Considerando el concepto de la Pascua, es interesante notar que Pascua significa liberación. Recuerdas el éxodo, aquella misma noche todos los primogénitos de los egipcios murieron, pero los primogénitos de Israel fueron librados de la muerte gracias a la
sangre del cordero. Esa misma noche el pueblo de Israel fue liberado de su esclavitud
con el objetivo de entrar en la Tierra Prometida. La Pascua hoy es Cristo (1 Corintios
5:7). La sangre del Cordero de Dios nos da la victoria (Apocalipsis 12:11). Solo entendiendo la Pascua es que es posible obedecer, de otra manera será solamente externa y
penosa, algún día te cansarás y volverás a lo mismo. Ahora lee la siguiente cita del Espíritu de Profecía:
“Deben realizarse un reavivamiento y una reforma bajo la ministración del Espíritu Santo. Reavivamiento y reforma son dos cosas diferentes. Reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, una vivificación de las facultades de la mente y del corazón, una resurrección de la muerte espiritual. Reforma significa una reorganización, un
cambio en las ideas y teorías, hábitos y prácticas. La reforma no producirá los buenos
frutos de justicia a menos que esté relacionada con el reavivamiento del Espíritu. El
reavivamiento y la reforma han de efectuar su obra asignada y deben entremezclarse al
hacer esta obra” (Mensajes selectos, tomo 1, p. 149)
Conclusión:
Si has intentado obedecer pero te cuesta mucho, lo estás haciendo por obligación. Lo
que tiene que hacer ahora es:
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a. Recurre a la Biblia, estúdiala y permite que describa tu condición.
b. Haz un pacto con Dios, un compromiso para obedecer.
c. Examina tu vida y fíjate todo aquello que te aleje de Dios y mátalo, es decir elimínalo de tu vida (tienes que ser sincero, de lo contrario no funciona). Recuerda
también que hay cosas que Dios no las hará por ti.
d. Permite que Cristo entre en tu vida y te dé el gozo de ser su hijo/a.
e. Goza de tu relación real con Dios, celebra la Pascua, recuerda siempre cómo
Dios te ha liberado y enfócate en la Tierra Prometida, Canaán celestial.
Finalmente, solo así será posible “O-B-D Ser” porque “si me amáis, guardaréis mis
mandamientos” (Juan 14:15).
Extraído del blog Escuela Sabática Universitaria
Universidad de Montemorelos
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