LA TERCIARIZACIÓN DE LA ECONOMÍA ANDALUZA: CAMBIOS

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COMUNICACIÓN
LA TERCIARIZACIÓN DE LA ECONOMÍA ANDALUZA: CAMBIOS EN
LA ESTRUCTURA DEL EMPLEO EN LOS SERVICIOS (1976-1996)
Francisco Villar Mata
1.- Introducción
El presente trabajo aborda el proceso de terciarización de la economía, incidiendo en el caso particular de
Andalucía, desde la perspectiva de los cambios, características básicas y distribución de su empleo. El
objetivo central de este trabajo es mostrar el proceso de terciarización en dicha región, incidiendo en la
evolución reciente del peso de los servicios en su economía, en contraste con la misma evolución para el
conjunto de la economía nacional.
Previo al análisis se hace referencia al conjunto de conceptos sobre los que va a girar el trabajo; como los
de la propia identificación de los servicios en la economía, el sector terciario, el proceso de terciarización,
la terciarización de la economía y la economía de servicios, y a otros íntimamente relacionados, como los
de terciarización de la industria e industrialización de los servicios, aunque por razones obvias de
extensión no se procederá a incorporarlos al análisis.
Como consecuencia de la presentación de los conceptos, se observará que los procesos de terciarización
en los países y regiones de economía avanzada han evolucionado incorporando diferencias en sus
estructuras productivas y de empleo. A tenor de sus características propias de crecimiento, estos países y
regiones, han dado lugar en común a un conjunto de economías de servicios, pero cada una con un nivel
de terciarización y una identidad distinta.
La forma en que el empleo puede tratar de explicar el tipo de terciarización de la economía andaluza,
comparada con la terciarización de la economía nacional, pasa por la cuantificación de su población
ocupada y desempleada en los servicios, por la presentación de las características generales de dicho
empleo terciario y por la forma en que éste se distribuye entre las distintas ramas de servicios.
Por tanto se trata de analizar, sirviéndose de los últimos datos disponibles de la EPA y de la Contabilidad
Regional, el cambio estructural que ha tenido lugar en la economía andaluza, utilizando como marco
temporal los últimos veinte años. Para llevar a cabo el análisis se parte de la comparación en la
distribución de la población ocupada y desempleada en los distintos sectores productivos. Seguidamente,
y con el fin de presentar las características de la terciarización bajo el prisma del empleo, se alude a la
estratificación de éste por sexos y edades dentro del sector terciario. Para continuar con la distribución de
ese empleo terciario por ramas de servicios, con el fin de conocer a que tipo de terciarización corresponde
el caso de la economía de Andalucía.
2.- Ideas y conceptos previos
2.1.- La identificación y cuantificación de los servicios
La insuficiente información fiable sobre los servicios constituye el primer obstáculo serio para proceder al
análisis del sector. Este viejo problema, constantemente aludido al comienzo de los estudios sobre la
materia, en la actualidad está siendo abordado, al menos en parte, por los responsables de las oficinas
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nacionales de estadística dentro del ámbito comunitario, por lo que a medio plazo se espera que mejore la
situación de la información estadística sobre varias ramas del sector terciario.
A los inconvenientes para obtener datos sobre servicios se suman dificultades importantes de valoración y
contabilización, que se corresponden con las propias características de los servicios: su medición en
términos físicos, el no ser acumulables y su marcada componente cualitativa, que dificulta la comparación
histórica por sus avances en la prestación; así como su mayor incidencia en la variación de precios, y el
mal conocimiento de dichos precios, tanto en cuanto a servicios finales se refiere, como a los intermedios,
y finalmente el predominio de actividades informales que hace que su peso esté subestimado en muchas
economías. (Cuadrado 1995)
Por otra parte también existen servicios no considerados productos del sector; tal es el caso de las
funciones y ocupaciones profesionales de naturaleza terciaria realizadas en cualquier sector e incluso
fuera de la economía formal. Siguiendo el conocido criterio de Gershuny y Miles sobre el término
“servicios”, cabe diferenciar cuatro acepciones distintas, que muy brevemente comprenden: a las
industrias de servicios o propiamente las empresas del sector; a los productos de servicios o prestación de
servicios llevada a cabo en cualquier sector; a las ocupaciones de servicios o el empleo de quienes se
dedican a la prestación de servicios dentro de cualquier sector; y las funciones de servicios de la
economía no formal en cualquier ámbito no mercantil.(Gershuny y Miles 1988)
De estas acepciones, sólo en el caso de que las actividades sean realizadas por personas o empresas
consideradas integradas dentro de alguna rama terciaria, podría contarse con valorar dicha actividad
dentro del sector servicios.
2.2.- Sector terciario y cambio estructural
El terciario nace como un sector de actividad económica de carácter residual, para englobar todas aquellas
actividades no propiamente agrarias ni industriales. Sin embargo, con la denominación genérica de
"sector terciario" los servicios pasan, a partir de los años treinta, a ser objeto de consideración autónoma
dentro del análisis económico. En esta época, los estudios de A.G.B. Fisher, C. Clark y J. Fourastié,
ofrecen un cambio en el tratamiento del que son objeto los servicios, superando el debate sobre
actividades improductivas, y analizando la importancia del sector en relación con el nivel de desarrollo de
las economías y los cambios estructurales a que este desarrollo da lugar.
Entre los años sesenta y principios de los setenta, tras un notable crecimiento cuantitativo de los servicios
y una gran diversificación de actividades, cada vez más heterogéneas, el cambio estructural será
1
interpretado por diversas corrientes, cobrando especial importancia las ideas y teorías post-industriales .
El inicio de la crisis económica internacional de los años setenta, con sus graves efectos para la industria,
influyó en la aparición de nuevas corrientes interpretativas del cambio estructural, coincidentes con un
mayor dinamismo del sector servicios. Diversos autores analizarán las causas del crecimiento de los
servicios y los cambios internos en el sector, mientras se refuerzan las teorías que vincularán los procesos
de desindustrialización y terciarización.
La explicación de estos procesos se recoge en varios enfoques que analizan el crecimiento del sector en su
2
conjunto . Sin embargo, mantendrán una mayor consistencia las teorías procedentes de un análisis más
desagregado del sector terciario; análisis que trata de afrontar el problema de su heterogeneidad, y que
presta mayor atención a la diferencia entre demanda intermedia y demanda final de servicios, destacando
la importancia creciente de los servicios a la producción.
1
Entre sus protagonistas más reconocidos contamos con J.K. Galbraith, A. Touraine y en particular D. Bell. Cuadrado J.R. y del Río C.
(1990): “Los economistas y los servicios”. Papeles de Economía Española, 42, pág. 2-18
2
Dichos enfoques van desde el que encuentra su base en la teoría de las etapas de desarrollo, hasta el que se fundamenta en el proceso
desplazamiento del sector industrial por el sector público, pasando por el que pone su acento en las consecuencias de la innova ción
tecnológica. Ibídem.
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Desde este análisis se consideran de forma conjunta los procesos acontecidos en la industria y en los
servicios; ello evidencia, a través de la constatación del crecimiento de los servicios intermedios, la cada
vez más amplia integración entre producción de bienes y de servicios, que explica en gran parte el
crecimiento del empleo terciario. Este crecimiento es un efecto del cambio estructural en el sistema
productivo de bienes industriales, sistema que mantiene su importancia como productor de bienes,
amparado por el apoyo de los servicios, lejos de confirmar las tesis que aventuraban la decadencia de la
industria y el advenimiento de la sociedad post-industrial.
Factores como el de los avances tecnológicos y la externalización de funciones de servicios sirven para
razonar la progresiva integración entre bienes y servicios. A través de estas últimas teorías se ha llegado a
hablar de la corriente neoindustrial, donde la estrecha relación entre ambos sectores coloca a los servicios
1
avanzados, desde la perspectiva de la organización de las empresas, en el papel de factores estratégicos .
Por todo ello la verdadera tendencia no alcanza su culminación en una sociedad terciarizada que arrincone
la producción industrial, sino que persiste el consumo creciente de objetos industriales o bienes, cada vez
más diferenciados, manteniendo su primacía sobre el servicio que los apoya. La industria sigue siendo un
2
sector clave .
2.3.- Proceso de terciarización
Formalmente, el proceso de terciarización es conocido genéricamente como la desviación de la mano de
obra y de la actividad productiva de las actividades primarias y secundarias al sector servicios. Como ya
se ha señalado este proceso se ha ido generalizado desde los años sesenta y se ha acelerado en los últimos
veinte años en la mayoría de las regiones y países con economías avanzadas.
Puede decirse, apoyando los motivos expuestos anteriormente, que la concentración del empleo en los
servicios ha seguido el ritmo de los procesos de desarrollo económico que han incidido en la sustitución
del trabajo por otros factores de producción. Esto ha ocurrido especialmente en la agricultura y en menor
medida en a la industria manufacturera (González Moreno 1993). En la industria ha de añadirse el
proceso de integración con los servicios ya descrito.
2.4.- Terciarización de la economía o economía de servicios
El notable crecimiento del empleo y de la producción en los servicios, en diversos países y regiones, ha
hecho frecuente en los últimos años la expresión: “terciarización de la economía”. El significado
dinámico de terciarización de la economía ya ha sido anteriormente aludido como proceso de
terciarización. Su significado estático explica el predominante peso del sector de los servicios, frente al
conjunto de las restantes actividades productivas; esta es una característica común de las economías
avanzadas en general que, sin embargo, difieren entre sí no solo en la intensidad de la terciarización, sino
en la composición, nivel y participación de las diferentes ramas de servicios en el sector, y en su
localización y distribución geográfica, dando lugar a disparidades tanto cuantitativas como cualitativas.
La terciarización de la economía de un país o región es una consecuencia del cambio estructural que
acontece en las economías modernas. Los efectos y el ritmo del cambio estructural ha sido más o menos
acelerado según el nivel de desarrollo en el que se encontraban las diferentes economías. Las diferencias
de los resultados de la terciarización, se deben, entre otras razones, a la incidencia del propio desarrollo, y
a la incidencia de la crisis y de la recuperación en cada economía, así como también a su localización
geográfica y a su especialización productiva.
1
En particular las nuevas tecnologías de comunicación e información han afectado al empleo en los servicios vinculados a la industria.
En el caso de los servicios financieros, directamente al adoptar nuevos equipos tecnológicos, y en el caso de los servicios a las empresas,
por ser una vía para la prestación de servicios y por vincularse al asesoramiento y a la formación sobre la tecnología adoptada por las
industrias. Sáez Fernández, F. (1993) (coord.): Los servicios en España. Situación y tendencias. FEDEA, Madrid.
2
El crecimiento mayor de la productividad en la industria, a través del incremento de capital o tecnología, implica que una estructura
productiva sectorial volcada hacia la industria tendrá un mayor crecimiento que una centrada en los servicios. Gutiérrez Junquera, P.
(1993): El crecimiento de los servicios. Alianza Economía, Madrid. Pág. 73.
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Por el cambio estructural, el sector terciario o de servicios se convierte en el activador económico de
mayor peso desde la doble perspectiva de la producción y del empleo. Una aportación de los servicios, en
ambas variables, superior a la del resto de los sectores permite hablar de economía terciarizada. Esta
consideración es el resultado de sumar dichas variables de todas las unidades productivas que obtienen y
ofrecen, como actividad principal, unos determinados servicios, y que estadísticamente se agregan en
actividades y ramas productivas o en unidades de producción homogéneas.
Por tanto el predominio del sector terciario en términos de producción y, sobre todo, en términos de
1
empleo es la base para considerar que la economía de un país es una economía de servicios .
2.5.- Terciarización de la industria e industrialización de los servicios
La industrialización de los servicios y la terciarización de la industria responden al proceso de integración
entre bienes y servicios, la primera al lograr y aprovechar economías de escala en varias ramas del sector.
La segunda, la terciarización de la industria, supone analizar cuantitativa y cualitativamente la
participación de los servicios en la industria para conocer el grado de integración y dependencia entre
ambos sectores.
Haciendo una especial referencia a la terciarización de la industria, en su vertiente de consumo
intermedio, el peso de los servicios puede observarse desde el ámbito de los sectores no terciarios. Esto
supone analizar el aumento de la participación de los servicios en la estructura de inputs de los demás
sectores. En este análisis suele utilizarse el modelo input-output de demanda, a través de la matriz de
coeficientes técnicos de producción o de requerimientos de inputs, con el fin de ver representada la
demanda externa de servicios que realiza la industria. Otro posibilidad es la observación del propio
terciario a través de la creciente cuota del output de servicios destinados al consumo intermedio. Este
análisis corresponde al concepto de integración de los servicios en la economía, y se sirve del modelo
input-output de oferta a través de la matriz de coeficientes directos de output o coeficientes de
distribución, que reflejan el fenómeno de la especialización productiva de los servicios y la mayor
2
orientación de su producción al consumo intermedio .
3.- Fuentes de datos y metodología
En España, al igual que en la mayoría de los países occidentales, el sector terciario queda constituido por
el conjunto de servicios que comprenden en la CNAE, de forma agrupada, las siguientes ramas de
actividades: “Recuperación y reparación, Servicios de comercio, hostelería y restaurantes”, “Servicios de
transporte y comunicaciones”, “Servicios de las instituciones de crédito y seguro”, “Otros servicios
destinados a la venta” y “Servicios de Administración general, servicios de enseñanza e investigación,
3
servicios de sanidad, servicio doméstico y otros servicios no destinados a la venta” . Sin embargo, solo
algunas publicaciones estadísticas recogen este nivel de desagregación cuando ofrecen datos regionales;
4
este es el caso, por ejemplo, de la Contabilidad Regional de España.
La EPA, que ofrece información mucho más reciente, no publica sin embargo la distribución de la
población regional ocupada dentro del sector servicios por ramas de actividad, si bien ofrece otro tipo de
detalles sobre las características del empleo terciario regional en su conjunto.
1
Según el criterio de Fuchs, deben clasificarse como economías de servicios aquellas en las que más de un 50% del empleo corresponde
a las actividades de servicios. Cuadrado, J.R. (1990): “La expansión de los servicios en el contexto del cambio estructural de la
economía española”. Papeles de Economía Española, 42, pág. 98-120.
2
Este análisis ha sido desarrollado para los sectores productivos andaluces por Cuadrado, J.R. (1995): “Un análisis de la terciarización
de la economía andaluza 1980-1990. Las relaciones servicios-industria” Contabilidad regional y tablas input-output de Andalucía 1990.
Vol II, pág. 533-565
3
Los diversos análisis de las actividades de servicios han dado lugar a un buen número de clasificaciones por parte de diversos autores.
Bajo diversos criterios se aluden a varias de estas clasificaciones en: García García, C.E. y Sanz Menéndez, L., (1993): “Concepto y
clasificaciones en la economía de los servicios” Zona Abierta, 65/66, pág. 7-46
4
La publicación Renta Nacional de España del BBV, ofrece aún una mayor desagregación con su clasificación por ramas, aportando
además dichos datos a nivel provincial.
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El presente trabajo va a contar con datos de la EPA y de la Contabilidad Regional, para realizar un
análisis a cuatro niveles: El nivel agregado por sectores productivos para abordar el proceso de
terciarización. El de características del empleo en el sector terciario. El de evolución del desempleo en los
servicios. Y el desagregado por ramas de servicios. En el primer nivel la información de la EPA servirá
para determinar la evolución del empleo por sectores productivos en el período 1976-1996, y el grado de
terciarización de la economía andaluza, comparando los datos de la región con los del conjunto del país.
En el segundo nivel, sus datos servirán como base del análisis de estructura del empleo terciario en
Andalucía por sexo y edad, con el fin de observar si ha habido cambios en las características de su
estructura; en este caso se tomarán como referencia los años inicial y final del período antes citado y
como año intermedio, 1986. En el tercer nivel se utilizarán la información de la EPA para hacer referencia
al crecimiento del paro en el sector servicios andaluz, comparándolo con el resto de los sectores, y
obteniendo su tasa de crecimiento entre 1976 y 1996, tanto a nivel regional como nacional.
Los datos sobre empleo que ofrece la Contabilidad Regional servirán, en el cuarto nivel, para conocer la
evolución, entre 1986 y 1993, de los coeficientes de especialización del empleo andaluz por ramas de
actividad de servicios, correspondientes a la clasificación CNAE, y tomando como base la distribución
del empleo por ramas a nivel del conjunto de la nación.
4.- Terciarización de la economía y cambio estructural: Evolución y estructura del empleo
4.1.- Cambios en el empleo por sectores
La evolución del empleo sectorial en Andalucía ha sido protagonista del proceso de cambio estructural
que ha tenido lugar durante los últimos 20 años. Las cifras de dicho cambio, así como los datos a nivel
nacional, se resumen en el cuadro y gráficos: “EVOLUCION DEL EMPLEO POR SECTORES”, que
figura en el ANEXO 1.
En 1976, el empleo en los servicios representaba el 43,8 % del empleo total en Andalucía, mientras el
porcentaje en España era ligeramente menor, el 41%. En 1996 los valores representativos de la
participación de los servicios en la economía desde la perspectiva del empleo son significativamente
distintas: el 65,7 % y el 61,7 % respectivamente. A tenor de los datos, España pasó a ser una economía de
servicios en 1986, y Andalucía tres años antes.
Andalucía ha mantenido, a lo largo de todo este período, un nivel proporcional de empleo terciario
siempre superior (con más de 3 puntos de diferencia) a la media nacional. Sin embargo este mayor nivel,
junto al peso de su sector agrícola (28,2 % frente al 22,1 % de la media en 1976, y 11,8 % frente al 8,7 %
de la media nacional en 1996) denota una menor participación del empleo industrial en su economía (18,2
% frente al 27,2 % de la media, y 12,6 % frente al 20, 2 % en 1996). Esto supone que en esta región no se
ha producido el clásico proceso de terciarización, tras la consolidación del proceso de industrialización de
la economías modernas. Puede decirse que Andalucía ha pasado de ser una economía agrícola a ser una
economía de servicios, sin haber alcanzado previamente una consistente posición industrial. El sector
terciario se convirtió en el refugio principal del desempleo del sector primario. En opinión de González
Moreno (1993), “esta situación configura un sector servicios artificialmente inflado y estructurado en
torno a los servicios tradicionales y a los servicios no destinados a la venta, y en donde los servicios
avanzados y a las empresas son marginales, debido a la escasa relevancia del sector industrial”.
4.2.- Evolución de la estructura del empleo en los servicios
En cuanto a las características estructurales del empleo terciario y su evolución en Andalucía se presentan
las tablas de datos: “ESTRUCTURA DE LA POBLACION OCUPADA EN EL SECTOR SERVICIOS
EN 1976, 1986 Y 1996” que figura en el ANEXO 2. En los últimos 20 años el empleo en los servicios ha
crecido en mayor proporción en Andalucía (60,7 % entre 1976 y 1996) que en el conjunto nacional (49,4
%). Este crecimiento se ha acelerado fundamentalmente en la segunda mitad del período (entre 1986 y
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1996) donde, además, las diferencias a favor del empleo andaluz respecto de la media nacional han sido
mucho mayores que en la primera mitad (1976-1986).
Por otra parte, en cuanto al empleo por sexos, en conjunto el crecimiento del empleo femenino en este
sector ha supuesto avances en la equiparación en cuanto a la división de los puestos de trabajo entre
ambos sexos. En Andalucía la distribución del empleo terciario en 1976 es del 35,9 % para las mujeres,
frente al 64,1 % de los varones. Sin embargo en 1996 las mujeres ya alcanzan al 42 %, frente al 58 % de
los varones.
Entre ambos años (1976-1996) el empleo femenino ha crecido en un porcentaje casi el doble que el
empleo masculino (el 88,1 % frente al 45,4 %), y este crecimiento ha sido también superior al del empleo
femenino nacional en la segunda mitad del período (entre 1986 y 1996, el 66,6 % en Andalucía, frente al
56,2 % en España), que como ya se ha dicho es el espacio de tiempo en el se produce una aceleración en
1
el crecimiento de los servicios tanto a nivel regional como nacional . A pesar de lo anterior el nivel de
participación de la mujer en el empleo terciario en Andalucía es menor que en el conjunto de la nación,
donde pasa del 37,8 % en 1976 al 45,1 % en 1996; en este año existen más de tres puntos de diferencia
por encima del porcentaje de la región.
En cuanto a la distribución del empleo por edades, entre 1976 y 1996, tanto a nivel de Andalucía como a
nivel nacional, el crecimiento del sector tiende a acumularse aumentando la concentración del empleo
entre los trabajadores de 25 a 54 años, y crece en menor medida en el grupo entre 20 y 24 años. Además
decrece en el resto de los intervalos de edades, y especialmente en el grupo de los más jóvenes, donde el
nivel de empleo se reduce prácticamente a la tercera parte entre 1976 y 1996.
Sin embargo en los grupos de menor edad, es donde la regla de la mayoría de empleo masculino en el
sector servicios, deja de cumplirse en algunos casos. En distintos años, en algunos intervalos se presenta
un mayor porcentaje de participación de la mujer frente al varón en el trabajo terciario. Así ocurre en
Andalucía en 1976 con trabajadores entre los 20 y 24 años y en 1986 con trabajadores entre los 16 y los
19. A nivel nacional se presenta en 1976 y en 1986 entre los 16 y los 24, y en 1996 entre los 20 y los 24.
Esto puede hacer pensar que la tendencia en la división del empleo entre sexos, en el sector servicios,
parece estar cambiando entre los más jóvenes, posibilidad que tendrá que ser contrastada en el futuro con
nuevos datos.
4.3.- Evolución del paro en los servicios
En relación con el desempleo sectorial se ofrecen información en la tabla y gráfico: “PARADOS POR
SECTORES”, que figura en el ANEXO 3. En 1976, tanto a nivel regional como nacional, la construcción
era el sector que acumulaba mayor número de parados. En Andalucía el siguiente sector en importancia
de desempleo era la agricultura y en el conjunto de la nación eran los servicios.
En 1996 el mayor número de parados se encuentra en los servicios, con un 30, 4 % sobre el total de la
población no ocupada a nivel nacional y un 26,6 % en Andalucía. Entre ambos años las tasas de
crecimiento del desempleo en los servicios han sido muy significativas, multiplicando casi por nueve el
desempleo de 1976 (con un valor de 8,91) en el caso de España y casi por seis (con un valor de 5,82) en el
caso de Andalucía. Existe, por tanto, un significativo menor nivel de paro y de crecimiento del paro en los
1
servicios andaluces, frente al conjunto de la nación .
Finalmente, con datos de 1993, Caravaca y Sánchez (1995) señalan que el desempleo de la mujer cuenta
con un comportamiento relativo ligeramente mejor que el desempleo masculino, en Andalucía, sirviendo
1
Con datos de 1993, Caravaca y Sánchez señalan que el empleo de la mujer andaluza en los servicios, cuenta con un comportamiento
relativo ligeramente mejor que el empleo masculino, por el mayor desarrollo turístico y comercial de la región, ramas que, sin embargo,
generan empleo poco cualificado. Caravaca Barroso, I y Sánchez Lechuga, P, (1995): “Cambios socioeconómicos, desempleo y
desequilibrios territoriales en España”. Revista de Estudios Regionales, 42. Pág. 15-52.
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de explicación el mayor desarrollo turístico y comercial de la región, como servicios generadores de
empleo poco cualificado.
4.4.- Evolución del empleo por ramas de servicios
Finalmente, en cuanto a la distribución del empleo por ramas productivas del sector servicios, se
presentan datos en la tabla : “EVOLUCION DE LOS COEFICIENTES DE ESPECIALIZACION DEL
EMPLEO POR RAMAS DE ACTIVIDAD DE SERVICIOS” que figura en el ANEXO 4.
Para conocer el tipo de terciarización de la economía andaluza es preciso proceder a un análisis de
desagregado por ramas de actividad. Confirmando las explicaciones precedentes, el sector terciario
andaluz está especializado en servicios de tipo tradicional y servicios públicos. Así cuenta con niveles de
participación de su población ocupada, superiores a la media nacional en “servicios de recuperación y
reparación, comercio, hostelería y restaurantes”, registrando una tendencia a seguir aumentando su
2
especialización . Otro tanto ocurre en “servicios de administración general, servicios de sanidad, servicio
doméstico y otros no destinados a la venta”, aunque cuentan con valores de especialización que van
3
disminuyendo .
Las ramas de menor especialización son las de “servicios de las instituciones de crédito y seguro” por una
parte y “otros servicios destinados a la venta por otra”. Este último grupo es el que comprende los
servicios a las empresas, grupo que sin embargo es el que más ha crecido entre 1986 y 1993, tanto a nivel
4
nacional (43,4%) como regional (50,1%) . Este crecimiento confirma la expansión general de los
servicios a las empresas en los últimos años. La diferenciación en cuanto al mayor ritmo de crecimiento
en Andalucía frente al logrado en España, encuentra una explicación en el bajo nivel de partida, en dicha
región, en 1986, el 10,2 % del total de sus servicios frente al 13,6 % de la media del país, si bien mantiene
sus diferencias en 1996 con el 12,2 % frente al 15,7% de la media nacional.
5.- Conclusiones
Tal y como se ha señalado en el punto 2.4 del presente trabajo, las economías de servicios difieren tanto
en la intensidad de su terciarización, como en la composición y participación de las diferentes ramas de
servicios. Dichas diferencias, en cuanto a los efectos del proceso de cambio estructural, se deben al nivel
económico del país o región y a su especialización productiva, entre otros factores.
Andalucía cuenta con un nivel general de terciarización superior al del conjunto de la nación alcanzando
diferencias, respecto de la distribución del empleo por sectores en España, superiores a tres puntos
porcentuales de media, entre 1976 y 1996. Sin embargo en la economía andaluza el proceso de
terciarización se ha adelantado al afianzamiento del proceso de industrialización; esto ha dado lugar a una
estructura productiva relativamente frágil y dependiente fundamentalmente, en cuanto a servicios se
refiere, de servicios tradicionales (como el comercio y el turismo) y de servicios públicos. Los servicios
han actuado suavizando las consecuencias de la crisis y del ajuste económico, y han servido de refugio,
principalmente, para el empleo procedente del ajuste del sector primario.
En cuanto a las características del empleo terciario en la región, podemos decir que las diferencias en su
evolución durante el proceso de terciarización, comparando con lo acontecido en el sector servicios
nacional, se refieren a la constatación de una menor participación de la mujer en los servicios andaluces,
1
En relación con las disparidades regionales, en materia de desempleo puede verse. Villaverde de Castro, J. (1992): Los desequilibrios
regionales en España, Instituto de Estudios Económicos, Madrid. Pág. 105
Para profundizar en la tendencia y características de los servicios tradicionales, en relación con el empleo puede verse: Sáez
Fernández, F. (1990): “El empleo en las actividades de servicios”. Papeles de Economía Española, 42, pág. 123-136
3
En cuanto a la importancia del peso de los servicios públicos hay que destacar su notable crecimiento en España en las últimas décadas.
Los detalles sobre este crecimiento se recogen en Alcaide Inchausti (1992): “evolución de los sectores industrial y de servicios entre
1970 y 1990. Análisis por ramas.” Papeles de Economía Española, 50, pág. 21-56
4
Otro trabajo en el que se trata la especialización regional del empleo señala para 1993, en Andalucía, unos coeficientes de localización
conjunta para las finanzas y los servicios a las empresas estimado en el 0,80. Méndez Gutiérrez del Valle, R. (1996): “Empleo, paro y
marginación en las regiones españolas” Revista de Estudios Regionales, 44, pág. 125-161.
2
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frente a la media nacional, y ello pese a contar con un mayor nivel de crecimiento de dicho empleo
femenino en la región en los últimos diez años.
En la dimensión del crecimiento del desempleo en el sector, pese a ser muy significativa, ha sido menor
en el caso de Andalucía, que además cuenta con un porcentaje menor de paro en servicios que la media
nacional.
Dentro del mayor nivel de terciarización de la región, la composición y participación del empleo por
ramas de servicios, presenta aún una debilidad importante en servicios dinámicos y de apoyo industrial,
como los que tienen que ver con las instituciones de crédito y seguro y los servicios a las empresas, a
pesar de que respecto a estos últimos, también en Andalucía, se ha registrado un crecimiento muy
significativo del grupo que incluye esta rama.
Estos son los servicios en los que las economías han de centrar su atención hacia el futuro, dada la
capacidad de reactivación económica con que cuentan sus actividades. En el caso de Andalucía, este
parece ser el camino, al mismo tiempo que se constata una tendencia a reducir su especialización y
dependencia de los servicios no destinados a la venta, tal y como queda reflejado en la evolución de sus
coeficientes de especialización.
BIBLIOGRAFIA
Alcaide Inchausti, J. (1992): “evolución de los sectores industrial y de servicios entre 1970 y 1990.
Análisis por ramas.” Papeles de Economía Española, 50, pág. 21-56
Caravaca Barroso, I y Sánchez Lechuga, P, (1995): “Cambios socioeconómicos, desempleo y
desequilibrios territoriales en España”. Revista de Estudios Regionales, 42. Pág. 15-52.
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Véase ANEXO ESTADÍSTICO MCC71_3.XLS
711
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