Buenos Aires, octubre 31 de 2013. La Dra. Wilde dijo: Contra la

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Buenos Aires, octubre 31 de 2013.
La Dra. Wilde dijo:
Contra la sentencia de fs. 548/552 vta. se alza la parte actora, quien expresa agravios a fs.
646/654. Corrido el traslado de ley pertinente, el mismo no fue evacuado. Con el
consentimiento del auto de fs. 663 quedaron los presentes en estado de resolver.
I. Responsabilidad.
I. a) Se agravia la actora por el rechazo de la demanda interpuesta. Funda su queja,
principalmente, en que se ha efectuado una errónea, incompleta y parcializada valoración
de la prueba rendida tanto en estos autos, como en la causa penal por parte de la a quo,
concluyendo que se ha tomado como cierto el informe pericial mecánico y la declaración
del actor de fs. 253 de causa penal, sin haber tomado en cuenta las impugnaciones
oportunamente formuladas por su parte, a las que cita y hace alusión, así como que
tampoco se ha evaluado la testimonial obrante a fs. 248/249 de la causa penal, entre otros
elementos.
Concluye solicitando la revocación de la sentencia, con el consecuente acogimiento de la
demanda, con costas (ver fs. 646/654).
I. b) En primer lugar, como el hecho en cuestión fue producto de la colisión de dos rodados
en movimiento rige la doctrina legal que pone en juego las presunciones de causalidad y
responsabiliza a cada dueño o guardián por los daños sufridos por el otro (art. 1113, párr.
2º in fine, Cód. Civil) con fundamento objetivo en el riesgo; para eximirse cada uno de los
responsables debe invocar y probar la culpa del otro, la de un tercero por la que no deba
responder o el caso fortuito ajeno a la cosa que fracture la relación causal.
Producida la sanción de la ley 17.711, que incorpora en su art. 1113 del Cód. Civil la
responsabilidad por el riesgo creado, sin desplazar el sistema de la culpa, sentado en el
art. 1067 del aludido cuerpo legal, se establece que en los daños con las cosas, el dueño
o guardián para eximirse de responsabilidad o disminuir la que se le atribuye, deberá
demostrar culpa de la víctima, la de un tercero por la que no deba responder, el caso
fortuito ajeno a la cosa que rompa la relación de causalidad adecuada o que la hubo en
menor grado de la que se imputa. En consecuencia, los elementos aportados al presente y
la prueba rendida, deben analizarse con detenimiento a fin de establecer si pueden servir
de eximente parcial o total de aquélla.
Por ello, es dable destacar que la convicción del juzgador debe formarse tendiendo a un
grado sumo de probabilidad acerca del modo de producirse el evento, aunque no se tenga
certeza absoluta, porque admitida la existencia del siniestro y ante versiones
contrapuestas, debe realizarse un proceso de selección que forzosamente conduzca a
tener como realmente sucedidas algunas circunstancias en que se apoyan dichas
manifestaciones. Asimismo los jueces no se encuentran obligados a seguir a las partes en
todos los planteamientos, ni evaluar la totalidad de los elementos probatorios agregados al
expediente sino que sólo deben hacer mérito de aquéllos que crean conducentes y de las
articulaciones que juzguen valederas para la resolución de la litis.
Sostiene Fassi que “la carga de la prueba no supone ningún derecho del adversario sino
un imperativo del propio litigante, es una circunstancia de riesgo, que consiste en que
quien no prueba los hechos que debe probar, pierde el pleito si de ella depende la suerte
de la litis” (sic. “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación Comentado”, T. II, p. 163).
“En el proceso dispositivo civil, sin perjuicio de que el juez debe obtener, dentro de lo
posible, la verdad en su mayor pureza, se impone la necesidad de una solución para los
supuestos dudosos...tanto las partes al desplegar su actividad, cuanto el juez al momento
de dictar sentencia, tienen que tener una regla que a este último le permita determinar a
quien condena o absuelve, ya que no es posible absolver la instancia...no se trata sólo de
reglas para el juez, sino también de reglas o normas para que las partes produzcan las
pruebas de sus hechos, al impulso de su interés en demostrar la verdad de sus
respectivas posiciones” (sic. “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, Anotado,
Concordado y Comentado”, Enrique FALCÓN, T. III, P.145, Abeledo- Perrot).
En el caso concreto de autos, a fs. 5/5 vta. del escrito de demanda, el actor relató los
hechos de la siguiente forma: “El día 15/04/2009, siendo aproximadamente las 17.00 hs.,
el suscripto se encontraba circulando con total precaución, a baja velocidad, con el casco
reglamentario debidamente colocado, a bordo de la motocicleta de su propiedad, marca
Honda SDH, dominio ..., por el carril derecho de la Avenida Antártida Argentina, de la
ciudad Autónoma de Buenos Aires, en sentido noreste-sur, en dirección hacia el centro de
esta ciudad.
“Dicha avenida es de doble mano de circulación, contando asimismo, con varios carriles
por mano.
“Cuenta con señalización semaforal en su intersección con la Avenida De los Inmigrantes
y su continuación como avenida Ramos Mejía, no contando con luz semaforal que permita
realizar giro a la izquierda.
“Así las cosas, metros antes de alcanzar la altura de dicha arteria al 1.300, donde se
encuentra el acceso vehicular a la Terminal de Ómnibus de Retiro, un automóvil marca
Volkswagen Gol, patente ..., conducido por su titular, Sra. M. V. R., que circulaba a
elevada velocidad por la misma avenida que el suscripto, pero en sentido contrario, es
decir hacia el norte, intempestivamente, y sin realizar señalización lumínica o sonora
alguna, realizó una temeraria maniobra de giro a su izquierda, sin que la misma se
encontrara permitida, con la intención de ingresar en dicha estación terminal o doblar en
U, interponiéndose de esa manera en la normal circulación del rodado del actor, quien, a
pesar de accionar su sistema de frenos, nada pudo hacer para evitar la colisión.
“En efecto, el actor se encontró de manera totalmente sorpresiva e imprevista con un
obstáculo casi insalvable y, pese a que puso toda su pericia en el manejo, no pudo evitar
ser embestido con el sector lateral trasero derecho del rodado de la demandada.
“Así, el suscripto impactó con su cabeza en el cristal de la ventanilla trasera derecha del
Volkswagen Gol de la Sra. R., quedando atrapado allí y siendo arrastrado en dichas
circunstancias, un trayecto de cien metros, luego de lo cual, cayó pesadamente con toda
su integridad física al pavimento, quedando en estado de inconciencia”. A fs. 227 de la
causa penal labrada con motivo del hecho, y con fecha 05/10/2009, esto es, a casi seis
meses de ocurrido el hecho, el actor declaró no recordar el suceso “debido a que se
encuentra en un estado de amnesia post-traumática en razón de las lesiones que sufriera
en la cabeza a raíz del choque” (sic.).
Sin embargo, dicho “estado de amnesia postraumática” referido por la víctima no fue
constatado por la instrucción policial ni por reconocimiento médico legal alguno en dicha
causa. Obsérvese que el informe médico practicado a fs. 202 de dicha causa por parte del
Cuerpo Médico Forense, de fecha 29/06/2009, califica las lesiones como graves mas no
da cuenta de un estado de amnesia, y se remite a la historia clínica anexada a fs. 56/194.
Compulsada dicha historia clínica, puede observarse que se consigna el diagnóstico de
TEC (traumatismo encéfalocraneano) con pérdida de conocimiento pese a que a fs. 59 se
asentó “sin pérdida de conocimiento”, mas no surge de dichas constancias
fehacientemente acreditado el estado de amnesia postraumática.
Más allá de ello, con el diagnóstico al que se arriba, puede concluirse que el accionante,
contrariamente a lo declarado, viajaba en la motocicleta sin el caso reglamentario, lo que
marca una clara conducta violatoria de la normativa de tránsito vigente. (Ver arts. 44 y 47
Anexo I de la Ordenanza Nº 35.916 (B.M. 16322) del Gobierno de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires y art. 40, incs. g, h y j y art. 48, inc. q de la Ley Nacional de Tránsito 24.449).
Ello se ve reforzado por lo expresado por la propia demandada al prestar declaración
indagatoria a fs. 262/263, cuando refiere haber recogido el casco de la víctima, luego del
accidente, el que se encontraba tirado en el pavimento. Lo que marca que el casco podría
existir, pero no prueba que lo llevara colocado. Por el contrario, aquél debe estar sujeto a
la cabeza, de modo tal que, en caso de accidente, no se desplace de ese lugar.
Curiosamente, el 17/12/2009, es decir dos meses después de esa primera declaración y
ocho meses después de ocurrido el hecho, el aquí accionante declaró nuevamente a fs.
253/253 vta. de la causa represiva, y, si bien ratificó lo expuesto a fs. 227, manifestó: “Que
en circunstancias en que se encontraba circulando a bordo de su moto saliendo de la
terminal de despachos de encomiendas de Retiro tomó Av. Antártida rumbo Sur a efectos
de llevar encomiendas que había retirado, es en ese momento cuando se apareció en su
camino un coche de color azul o gris no recuerda con exactitud de pequeñas dimensiones.
Ante ello el dicente intenta esquivarlo no pudiendo lograrlo. Agrega que no sabe de dónde
se le apareció este rodado y que el declarante, previo al impacto, iba a una velocidad de
20 o 30 km/h debido a que a metros estaba la barrera de peaje de la terminal, por lo que
recién estaba comenzando a acelerar.
Preguntado por este tribunal los pormenores del impacto, responde que el rodado que se
le cruzó primero lo “enganchó” con el espejo retrovisor derecho —lado del acompañante—
y lo impulsa hacia la derecha a lo que el dicente intenta volver a equilibrarse hacia la
izquierda es en ese instante cuando impactó contra la luneta del vidrio trasero derecho del
acompañante. Luego perdió el conocimiento.” A fs. 252 confecciona un croquis.
Por su parte, a fs. 249/249 vta. de causa penal consta la declaración de un testigo
presencial del hecho, quien expresó: “Que, un día de semana, siendo aproximadamente
entre las 15:00 y 16:00 hs., en circunstancias en las que se encontraba trabajando en la
estación de servicio de la empresa YPF, observó una moto, que no recuerda su color pero
era de gran cilindrada, que circulaba por la Av. Antártida Argentina con rumbo a Retiro y a
un rodado Gol o Golf de color rojo que transitaba por la misma avenida con sentido
opuesto —rumbo aeroparque—. Es en ese momento cuando vio que el rodado Gol o Golf
se cruzó de mano cruzándose en el camino de la moto. Que no sabe cuál fue la intención
del conductor del rodado al cruzarse de mano, si intentó meterse en la estación de servicio
o quiso tomar el puente número uno. Que producto de esa maniobra realizada por el
automóvil la moto impacto contra éste en la parte lateral derecha del Gol. Ulteriormente
pudo observar que el conductor del gol se trataba de una mujer que iba acompañada de
otra y que luego del choque estacionó “entre el cordón y la perimetral” (sic.). En cuanto al
conductor de la moto, un hombre de entre treinta y cuarenta años, producto del impacto
salió despedido a un metro y medio aproximadamente y estaba inconsciente a raíz del
choque.” A fs. 248 el testigo confecciona un croquis ilustrativo.
De la lectura y análisis de las declaraciones formuladas en sede penal por el actor a fs.
253, el testigo de fs. 249 y lo expuesto en el escrito de inicio a fs. 5/5 vta. de autos surgen
palmarias y gruesas contradicciones de trascendencia, en lo que hace tanto a la mecánica
expuesta, así como la forma de ocurrencia del impacto y el punto o lugar de la colisión.
Bastará observar los croquis realizados por la víctima a fs. 252 y por el testigo a fs. 248,
para así comprobarlo.
Obsérvese que mientras el actor expresó en su demanda que el hecho ocurrió mientras
circulaba por la Avenida Antártida, metros antes del acceso vehicular a la Terminal de
Retiro, que fue embestido con el sector lateral trasero derecho del rodado de la
demandada, que impactó con su cabeza en el cristal de la ventanilla trasera derecha del
Volkswagen Gol de la Sra. R., quedando atrapado allí y siendo arrastrado en dichas
circunstancias, un trayecto de cien metros, y atribuyendo a ésta última una maniobra de
interposición en su marcha, ello no fue así por él graficado a fs. 252 de la causa penal, en
donde reconoce que se encontraba incorporándose al flujo de tránsito existente en la
Avenida Antártida, y saliendo de la Terminal con encomiendas. Asimismo, a fs. 253
declaró que fue “enganchado” por el espejo retrovisor derecho del rodado Gol, mas no
surge con claridad cómo es que luego termina impactando con su cabeza en la ventanilla
de ese mismo lado.
Asimismo, ello se contradice con la declaración de fs. 249 del supuesto testigo presencial
del hecho, en la que se manifiesta que el motociclista “salió despedido un metro y medio
aproximadamente” y con el croquis efectuado por éste a fs. 248. Tampoco hay
coincidencia entre el testigo y la víctima respecto al lugar del impacto y de ocurrencia
exacta del hecho (acceso vehicular a la Terminal, estación de servicio o salida de la
Terminal —despacho de encomiendas—).
Se ha dicho acertadamente en reiteradas oportunidades, que las primeras declaraciones
vertidas ante la autoridad policial deben prevalecer sobre las posteriores, ya que son
inmediatas al hecho, y, por ende, más espontáneas, no desviadas por la reflexión o por los
consejos de los letrados.
Nuestro Alto Tribunal ha dicho al respecto que “aunque la prueba testimonial de la causa
penal se produjo sin el control recíproco de las partes, ello no le quita valor probatorio ni
viola el principio de defensa en juicio, pues en el proceso civil las partes tiene la
oportunidad de arrimar las pruebas de descargo que estimen convenientes” (conf. Corte
Sup., Fs. 182-502; 183-296; 188-6), criterio éste que comulga con el reiterado por esta
sala.
Asimismo, dicha causa penal, al haber sido ofrecida como prueba, ha quedado
incorporada a este proceso beneficiando y perjudicando a ambas partes por igual, ello por
estricta aplicación del principio de adquisición procesal.
Por lo que cabe concluir que no surge acreditada la mecánica expuesta en el escrito de
inicio.
Es así que el art. 377 establece que: “Incumbirá la carga de la prueba a la parte que afirme
la existencia de un hecho controvertido o de un precepto jurídico que el juez o el tribunal
no tenga el deber de conocer.
Cada una de las partes deberá probar el presupuesto de hecho de la norma o normas que
invocare como fundamento de su pretensión, defensa o excepción.” La carga de la prueba
es el imperativo, o el peso que tienen las partes de activar adecuadamente las fuentes de
prueba para que demuestren los hechos que les corresponda probar a través de los
medios probatorios y sirve al juez en los procesos dispositivos como elemento que forma
su convicción ante la prueba insuficiente, incierta o faltante. (C. Nac. Com., sala B, LL,
124-1168, sum. 14.688; íd. JL, T. 4, Nº 7093).
La carga de la prueba es una circunstancia de riesgo, toda vez que quien no prueba los
hechos que debe probar pierde el pleito, si de ellos depende la suerte de la litis. Ergo,
negada la situación fáctica por el contradictor, la distribución de la carga probatoria se
impone a quien ha afirmado los hechos constitutivos de la prestación (C. Nac. Com., sala
B, 15/12/1989, DJ, 1990-2-582).
La responsabilidad probatoria no depende sólo de la condición de ser actor o demandado,
sino de la situación en que se coloca la parte en el proceso para obtener una determinada
consecuencia jurídica (C. Nac. Civ., sala D, 14/10/1990, DJ 1991-2-14; C. Nac. Com., sala
B, 22/04/1991, DJ 1991-2-500). (FALCÓN, Enrique M., “Comentario al Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación y Leyes Complementarias”, P. 647-648. Abeledo Perrot,
1998).
Por su parte, la versión suministrada por la demandada en su declaración indagatoria de
fs. 262/263 aparece como más verosímil y ajustada a las constancias de autos. En dicha
oportunidad, la accionada declaró: “Que en circunstancias en las que se encontraba
circulando se dirigió hacia la Terminal de ómnibus de Retiro por el Puente Nro. 1 a efectos
de llevar a su hermana luego la dejó y retomó hacia la Avda. Antártida hacia la única vía
de circulación permitida, sentido a Puerto Madero, saliendo por tanto hacia la derecha.
Acto seguido frenó por el semáforo se encontraba en rojo. Ulteriormente cuando se pone
en verde arranca. Desea aclarar que circulaba por el carril central de la Avenida citada.
Continuando su relato, unos pocos metros después de retomar la marcha precisamente a
la altura de la salida de estacionamientos de la terminal, sintió un ruido, mira por el espejo
retrovisor y vio una moto estaba cayéndose hacia un costado y que estaba perpendicular a
la posición de su rodado y del sentido de la arteria por la que venía. A raíz de la gran
afluencia de tránsito, logró detenerse sobre la estación de servicio ubicada a pocos metros
de donde ocurrió el coche (sic.). Agrega que, previo al impacto venía transitando a unos
20 o 30 km/h aproximadamente. Luego de detenerse, se bajó del coche y se dirigió a
donde estaba el accidentado, en el trayecto levantó el caso de éste.” Por su parte, a fs.
292/292 vta. de la causa penal declara la testigo presencial propuesta por la demandada,
quien manifestó lo siguiente: “...Que yendo por esa callecita, de repente, vio una moto, de
su costado derecho, como saliendo de un estacionamiento. Que todo lo que vio fue muy
rápido. Que esa moto chocó contra un auto azul, que venía circulando por la Avenida
Antártida Argentina. Aparentemente es como que se hubiera tropezado con algo, o frenó
la moto. Vio la moto de repente salir de ese estacionamiento. Que tras ver eso la dicente
se quedó a un costado.” Del análisis de las declaraciones citadas, emanadas tanto de los
protagonistas como de los testigos presenciales, y, principalmente, de lo que surge de la
declaración formulada por el propio actor a fs. 253 de sede penal y el croquis graficado por
éste a fs. 252 cabe estar a la versión suministrada por la demandada por resultar más
verosímil y acorde a las constancias de la causa penal y de autos.
Es dable destacar que en el terreno de la apreciación de la prueba y en especial de la
prueba testimonial, el juzgador puede inclinarse por lo que le merece mayor fe en
concordancia con los demás elementos de mérito que puedan obrar en el expediente,
siendo ello, en definitiva, una facultad privativa del magistrado.
La credibilidad de una prueba testimonial no depende del número de deponentes llamados
a esclarecer a la justicia, sino de la verosimilitud de sus dichos, probidad científica del
declarante, latitud y seguridad del conocimiento que manifiesta, razones de la convicción
que declara, confianza que inspira, etc.
Por ello, carece de importancia que uno de los testimonios sea individual o singular con
relación a las circunstancias del caso, pues la verdad se examina ponderando todas las
circunstancias que, analizadas con criterio objetivo, valoran el dicho de los declarantes (C.
Nac. Civ., sala H, “Esteban, Héctor Eduardo y otro c. Arcena, María Susana s/ daños y
perjuicios”, 13/03/1996).
Ello se vio corroborado por las conclusiones de la pericia mecánica de oficio de fs.
430/436 y su croquis de fs. 437, conclusiones que comparto y a las que, en honor a la
brevedad me remito.
Las impugnaciones formuladas a fs. 441/443 por la actora y el dictamen del consultor
técnico en disidencia de fs. 445/447 vta. (que contradice la mecánica expuesta por el
propio actor a fs. 252/253 de causa penal) no alcanzan a conmover las conclusiones
brindadas por el perito en su dictamen, el cual se encuentra correctamente fundado en
principios científicos y técnicos inobjetables por lo que habré de estar al mismo haciendo
aplicación de las reglas de la sana crítica (arts. 386, 476 y concs., Cód. Procesal Civ. y
Com. de la Nación), máxime teniendo en cuenta las explicaciones brindadas por el experto
a fs. 462/467 vta.
Por lo que el dictamen del consultor técnico resulta insuficiente para desvirtuar las
conclusiones del experto, correspondiendo al impugnante acompañar elementos objetivos
que desvirtúen el dictamen. A mayor abundamiento, se ha dicho reiteradamente que
cuando el dictamen del perito se encuentra fundado en principios técnicos o científicos
inobjetables y no existe otra prueba que los desvirtúe, la sana crítica aconseja aceptar sus
conclusiones frente a la imposibilidad de oponer argumentos de mayor valor; por lo que
para desvirtuar su informe resulta imprescindible contar con elementos de juicio que
permitan concluir fehacientemente el error o uso inadecuado de los conocimientos
científicos que por su especialización posee, lo que entiendo no ocurre en la especie.
Del análisis global de las probanzas colectadas cabe concluir que el accidente ocurrió por
la maniobra negligente e imprudente y la falta de dominio por parte del motociclista, quien
pretendió ingresar e incorporarse al intenso flujo y caudal de tránsito de la Avenida
Antártida Argentina, sin extremar los recaudos para hacer lo con total seguridad,
embistiendo con su frente el lateral trasero derecho del rodado de la demandada,
constituyéndose ello en la causa eficiente, exclusiva y excluyente en la producción del
siniestro.
Así, quien al transitar por una vía pretende ingresar a otra de mayor jerarquía (multicarril
como es el caso de autos), “no puede dejar de afinar la atención y el cuidado, pues el
cruce implicará interponerse sucesivamente en las directrices de dos flujos paralelos y
opuestos, lo mismo que quien emerge desde una calle común hacia una troncal cargada
de tránsito denso, no puede sino esperar detenido hasta que se produzca una brecha
suficiente para atravesarla.” (“Preferencia de la vía de mayor jerarquía. Eficaz y omitido
dispositivo de organización y seguridad vial”, por Tomás TABASSO CAMMI, en Diario La
Ley del 17/11/2001, Ps. 1 a 6).
Es así que, la prioridad de paso le asistía a la demandada por circular por una vía de
mayor jerarquía. Basta observar el croquis de fs. 437 confeccionado por el perito mecánico
de oficio para así comprobarlo.
Del análisis de estas pruebas surge la calidad de embistente la motocicleta y de las
constancias obrantes, que dan cuenta de la magnitud del impacto, puede inferirse que el
mismo iba a una velocidad por demás excesiva.
De las constancias de autos y de causa penal surge palmariamente el carácter de
embestidor que le cabe actor en atención a los daños producidos en los rodados;
asimismo, puede inferirse que tal carácter y las presunciones que de él emanan no han
sido desvirtuadas por prueba alguna.
Como ya adelantáramos, éste carácter trae aparejada la presunción de culpabilidad del
agente embestidor.
El hecho de ser el vehículo embistente origina una presunción de culpa de su conductor
que sólo cede ante la prueba en contrario. Además esa presunción se afirma cuando se
embiste al otro automotor en la parte posterior o en uno de sus costados.
Por lo que el actor ha violado lo dispuesto por los arts. 41 inc. g, 3, 42, 48, incs. d, j, m de
la Ley Nacional de Tránsito 24.449.
En cuanto al testimonio de fs. 248/249 de causa penal, cabe descartarlo de plano por las
contradicciones ut supra apuntadas y por las observaciones que fueran oportunamente
formuladas por el perito mecánico a fs. 434 (“Notas del perito”), con las que coincido y a
las que, en honor a la brevedad, me remito; máxime teniendo en cuenta que, la maniobra
antirreglamentaria de giro a la izquierda o en “U” imputada a la demandada no ha sido
fehacientemente acreditada y resulta de difícil concreción en el plano fáctico sin que
ocurriera una colisión múltiple, dado el caudal vehicular existente en el lugar, tal como lo
remarcara el experto.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que “en el supuesto del ciclomotor y/o motocicleta,
al margen del daño que puede provocar a su usuario, es un medio de transporte que crea
riesgos a los componentes de la sociedad. Es verdad que el riesgo no es igual al del
automotor, pero la velocidad que puede desarrollar en cortos espacios y la mayor
inestabilidad, producen también diferentes formas de riesgo que impiden entender que
sólo puede valorarse el creado por el otro vehículo. Y es precisamente a causa de esa
escasa estabilidad y su mayor peligrosidad que los conductores de tales móviles están
obligados a adoptar precauciones aún mayores que los automovilistas.” (C. Civ. y Com.
Morón, sala 2ª, 15/07/1996, “D’ Luca, Jacinto c. Díaz, Ledo”, JA 2000-II - síntesis).
Asimismo debió extremar las medidas de seguridad, pues se encontraba sometido a
condiciones de muy alta exposición al riesgo, transportándose en un rodado que no ofrece
protección material alguna y particularmente vulnerable a cualquier vector de fuerza
externa (Conf. C. Nac. Civ., esta sala, 15/04/2010, Expte. Nro. 114.354/2003 “Rendón,
Juan Carlos c. Mazzoconi, Laura Edith s/ daños y perjuicios”; íd. íd. 05/10/2010, Expte.
nro. 93611/2007 “Agüero Carlos Leandro c. Paradela Maximino s/ daños y perjuicios).
En cuanto a la velocidad de circulación de los rodados si bien no se acreditó en autos, se
considera velocidad imprudente la que impide al conductor mantener el completo dominio
del vehículo, la que no se determina por el número de kilómetros de la marcha del
automotor, sino cuando importa la pérdida culposa de su dominio que despoja al
conductor de toda posibilidad defensiva frente a obstáculos o peligros potenciales y
previsibles, regla que no es absoluta sino que su aplicación debe efectuarse contemplando
las distintas y concretas circunstancias del caso (C. Nac. Civ., esta sala, 15/09/2009,
Expte. Nº 9.712/2007, “Benito, Patricio Esteban c. Morresi, Sebastián O.”; íd., íd.,
27/10/2010, Expte. Nº 116281/1998 “Ayala, Daniel A. c. Veraye Ómnibus s/ daños y
perjuicios”). “La velocidad adecuada a la situación, constituye un factor esencial de
dominio del vehículo, justamente porque tanto el conductor está supeditado a su propia
potencialidad de respuesta psicomotriz, como su unidad se encuentra sometida a la
legislación natural reguladora de las fuerzas de masa, fricción, centrífuga, etc., cuyos
tiempos resultan progresivamente comprimidos por el incremento que medie en relación
con el espacio recorrido” el vehículo que corre excesivamente respecto a la situación
ambiental, de visibilidad, de espacio disponible, escapa del dominio del conductor y por lo
tanto se vuelve peligroso para los otros vehículos y usuarios de la vía” “El dominio integral
implica calcular el espacio-tiempo de demora de la respuesta psicofísica y mecánica
mediante la graduación de la velocidad, si ello no fuera posible en los hechos el desastre
sería la normalidad” (Conf. TABASSO, Carlos, “Derecho del Tránsito, Los Principios”,
“Topes específicos de la velocidad máxima”, P. 333, BdeF, septiembre 1997).
A todo ello se agrega la conducta de la víctima violatoria de la normativa de tránsito
vigente en lo que se refiere al no uso del casco reglamentario, extremo también acreditado
y al que se ha hecho referencia ut supra, produciéndose de esta forma un agravamiento
innecesario del daño.
En este caso, el material probatorio ha sido apreciado en su conjunto (principio de unidad
de la prueba), ponderando la concordancia o discordancia que pudiesen ofrecer las
diversas pruebas aportadas a los autos, pues muchas veces, la certeza no se obtiene con
una evaluación aislada de los elementos, o sea, tomados uno por uno, sino en su
totalidad, ya que bien podría suceder que probanzas individualmente estudiadas fuesen
débiles o imprecisas, pero unidas llevan al ánimo del juez la convicción de la verdad de los
hechos (PEYRANO, J. W. - CHIAPPINI, J. O., “Apreciación conjunta de la prueba en
materia civil y comercial”, J.A. 1984-III-799; DÍAZ DE GUIJARRO, E. “La unidad integral de
la prueba...”, J.A. 1985-I-784; Falcón, E., “Código Procesal...”, T. III, p. 190; conf. esta
sala in re “Flores Rosel c. Colman Mabel s/ cobro de sumas de dinero” expte. Nº 27.677,
del 27/02/2007, expte. nº112.466/07, “Cardinal, Haroldo c. Cons. Prop. Figueroa Alcorta
3446/3450 s/ daños y perjuicios” del 27/09/2010; expte. nº 94.778/1999, “Colombo, Jorge
Raúl c. Nellem, Jorge Federico y otro s/ Ds. y Ps.”, del 10/12/2010, entre tanto otros).
La responsabilidad probatoria no depende sólo de la condición de ser actor o demandado,
sino de la situación en que se coloca la parte en el proceso para obtener una determinada
consecuencia jurídica (C. Nac. Civ., sala D, 14/10/1990, DJ 1991-2-14; C. Nac. Com., sala
B, 22/04/19991, DJ 1991-2-500 entre otros; Falcón, Enrique M., “Comentario al Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación y Leyes Complementarias”, p. 647-648, Abeledo
Perrot, 1998). (Del voto de mi estimada colega de sala, Dra. Beatriz Verón, en autos
“Brachmann de Dumelic, Marta Teresa c. Brachmann Laura s/ Cobro de sumas de dinero”
—Expte. Nº 1.523/2004— del 06/12/2011).
Por lo que cabe concluir que no sólo no se ha acreditado la mecánica expuesta en el
escrito de inicio, sino que también ha resultado probada la configuración de la eximente de
culpa de la víctima, por las razones ya apuntadas.
Es así que los argumentos vertidos por el apelante no alcanzan a conmover los
fundamentos brindados por la primer sentenciante en el fallo en recurso.
Por lo que la conclusión a la que arribara la jueza de la anterior instancia, resulta
adecuada a derecho y a las constancias de autos, proponiendo se desestime la queja
planteada en este aspecto y se confirme el fallo recurrido sobre el particular.
En consecuencia, doy mi voto para que:
I. Se confirme la sentencia recurrida en todo lo que decide y ha sido materia de apelación
y de agravios.
II. Sin costas en esta instancia, en atención a la ausencia de controversia.
La Dra. Mattera adhiere al voto precedente.
Con lo que terminó el acto, firmando las vocales por ante mí que doy fe.
Se deja constancia que la Dra. Beatriz A. Verón no suscribe la presente por hallarse en
uso de licencia (art. 109 del R.J.N.).
Y vistos: Lo deliberado y conclusiones establecidas en el Acuerdo precedentemente
transcripto el tribunal resuelve:
I. Confirmar la sentencia recurrida en todo lo que decide y ha sido materia de apelación y
de agravios.
II. Sin costas en esta instancia, en atención a la ausencia de controversia.
III. Para conocer los honorarios regulados en la sentencia a fs. 552, apelados a fs. 555,
557, 559, 561, 638 por altos, y a fs. 557, 559, 561, 571, 638 por bajos.
En atención al monto comprometido, naturaleza del proceso, calidad, eficacia y extensión
del trabajo realizado, cantidad de etapas cumplidas, resultado obtenido, y de conformidad
con lo dispuesto por los arts. 1, 6, 7, 8, 9, 10, 19, 38 y conc. de la ley 21.839, y por resultar
ajustados a derecho, confírmense los honorarios regulados a los letrados intervinientes,
así como los de los peritos y demás profesionales actuantes en autos.
Regístrese, notifíquese por cedula por Secretaría y comuníquese a la Dirección de
Comunicación Pública de la Corte Sup. (Acordada Nº 15/13 art. 4º) y oportunamente
devuélvase.— Marta Del Rosario Mattera.— Zulema Wilde.
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