ee 03 religion y escepticismo

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Gardner y
‘El Quijote’
En referencia a Martin Gardner,
Cervantes y El Quijote, Enrique
Fernandez puede estar tranquilo: efectivamente, es una broma.
Fíjense en el pie de la página del
libro La ciencia, lo bueno, lo malo
y lo falso en que comienza el artículo “La irrelevancia de Conan
Doyle” y leerán que se publicó
originalmente en Beyond Baker
Street (Más allá de la calle Baker). Se trata de una publicación
sherlockiana, es decir, dedicada
al más famoso detective de todos
los tiempos: Sherlock Holmes.
Los aficionados al gran detective sostienen en broma que
Sherlock Holmes y el doctor
Watson existieron realmente y
que Conan Doyle fue meramente
su agente literario. Lo de Cervantes, El Quijote y Sancho Panza forma parte del mismo juego;
en este caso, como introducción
para hablar sobre Doyle y el espiritismo a un lector en principio
sólo interesado en Sherlock Holmes. Como confirmación, Gardner tiene un artículo similar en
el que deduce que Holmes y el
padre Brown se conocieron.
El caso de Holmes es similar,
salvando las distancias, al de Expediente X. Muchas personas
creyeron en su día que el detective era una persona real, e incluso le escribían al 221 B de
Baker Street. Doyle, harto de
que su creación fuera más famosa que él, lo mató. El escándalo
fue mayúsculo. Se dice que incluso hombres de negocios manifestaron su luto con un brazalete negro. La presión fue tal que
Doyle tuvo que resucitarlo, aduciendo que no había muerto.
Tras Doyle, no sólo se han escrito cientos de nuevas aventuras de Holmes y varias biografías, sino sesudos ensayos debatiendo aspectos de los relatos,
también llamados El canon de
Conan y Las sagradas escrituras, como si fueran reales, probando incluso su relación con
personas auténticas. Siempre,
insisto, como un juego intelectual.
Por cierto, en las aventuras
originales de Holmes −y al revés
de lo que sucede con el otro héroe de Doyle, el profesor Challenger−, lo aparentemente sobrenatural siempre tiene una explicación racional.
EDUARDO GIMÉNEZ
Zaragoza.
Religión y
escepticismo
He leído con toda atención el editorial del primer número de su
revista. Como sucedía con el órgano de ARP, ni una sola palabra de la religión, Dios o los dioses, la creencia en un alma humana inmaterial e inmortal, la
delirante dogmática cristiana,
etcétera. Los párrafos que comienzan “Obviamente...”, “Pero
no hay que engañarse...” y “La
tarea que ARP...” son testimonios patentes de su cobardía para dar la batalla contra todo lo
irracional y falso, a comenzar
por lo que enseña diariamente a
millones de españoles la Iglesia
Católica, en cuyas manos está la
enseñanza y educación de los
españoles.
El término escéptico ha sido
objeto de interminables debates,
y en algunas de sus acepciones
es un concepto inasumible en
términos racionales. La segunda
acepción que consigna el Diccionario de la Real Academia apunta a la dificultad de su definición. Nadie puede ejercer el escepticismo en su pretensión absoluta de duda universal −que
incluye, desde los Antiguos, incluso el método científico y sus
conclusiones−.
Sean ustedes más abiertos y
audaces. Menos astutos.
GONZALO PUENTE OJEA
Embajador de España. Madrid.
Responde L.A. Gámez:
¿Debe esta revista extender su
campo de acción a las creencias
religiosas en sí mismas? La cuestión de fondo que plantea Gonzalo Puente Ojea ha sido objeto
de intensos debates en el seno
del movimiento escéptico español
desde 1985. Actualmente, la postura es la misma que mantienen
entidades similares de otros países. Abreviadamente: las creencias en sí no incumben a ARPSociedad para el Avance del
Pensamiento Crítico en tanto en
cuanto no intenten justificarse en
la ciencia, la manipulen a su
antojo o la afecten de alguna manera. Es decir, si alguien dice que
cree que Jesucristo resucitó, ni
EL ESCÉPTICO ni ARP se meten
en el asunto, pero si argumenta
que la sábana santa demuestra
tal hecho, sí; si alguien afirma
que cree que Dios existe, es su
problema, pero si afirma que
puede probarlo, nos atañe.
España −y ésta es una opinión
personal− precisa de un colectivo
fuerte que reivindique al hombre
como medida de todo. Existe desde hace años una embrionaria
Asociación Española de Humanismo Racional (AEHR), con la
que ARP colaboró activamente en
la organización de la Conferencia
Internacional sobre Evolucionismo y Racionalismo celebrada en
Zaragoza en septiembre de 1997.
El objetivo de la AEHR (Apartado
de correos 7.247; 50080 Zaragoza) es “fomentar el análisis racional de los problemas éticos y humanos, y divulgar la tradición de
los intelectuales librepensadores
y humanistas”, partiendo del
“valor intrínseco de la vida humana” y defendiendo “la desvinculación de los valores éticos de altruismo y cooperación de cualquier creencia ultraterrena”. Por
desgracia, y aunque muchos ya
respondimos hace años a la llamada que nos hizo el impulsor de
la AEHR a unirnos a dicha entidad, la actividad de ésta no ha
ido más allá de dos o tres folletos
y la citada conferencia.
Respecto al término escéptico,
ARP nunca ha pretendido ejercer
el escepticismo “en su pretensión
absoluta de duda universal”, sino que −como apunta Paul Kurtz
en su artículo “El nuevo escepticismo: un movimiento mundial”,
publicado en el número 1 de esta
revista− considera que “el progreso de la ciencia es el resultado
de la aplicación del método científico y que el escepticimo es una
parte intrínseca de todo proceso
de investigación”. Por eso, aboga
por aplicar la duda escéptica
ante cualquier afirmación hasta
que haya pruebas que la respalden.
el escéptico (Invierno 1998-99) 65
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