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EL PANTANO DEL JÁNDULA (ANDÚJAR):
ITINERARIO DIDÁCTICO
Curso “Córdoba y el Guadalquivir”
26 de marzo de 2011
Rafael Casuso Quesada
Universidad de Jaén
1ª parada:
a.- El puente romano de Andújar
Este puente está construido con sillares de piedra y mide 338 metros
de longitud (331 ms. el de Córdoba), 11 m. de altura máxima y 7’8 m. de
anchura, que en los miradores llega a 14’15 m. Tiene en total catorce ojos
(16 el de Córdoba) de los cuales los doce del lado de la ciudad, es decir de
la orilla derecha del rio, son de medio punto y los dos restantes son
escarzanos construídos a mediados del siglo XIX en sustitución de varios
de los antiguos, que se arruinaron por la continua erosión del agua. El arco
mayor, el noveno contando desde la margen derecha, tiene una altura de 9
m. y una luz de cerca de 12 m.
Como el puente grande de Mérida, ofrece aliviaderos o arquillos de
desagüe sobre los pìlares para facilitar el paso del agua en las grandes
avenidas (23-2-2010). El número de estos aliviaderos es de diez, de los
cuales los cuatro primeros son de forma circular. El pilar situado entre los
arcos quinto y sexto no tiene aliviadero, y el pilar más ancho es el que está
entre los arcos cuarto y quinto. Los pilares están provistas de tajamares de
sección triangular y coronados con sombrerete piramidal aguas arriba y
casi semicirculares aguas abajo, con el objeto práctico de encauzar y
distribuir la corriente hacia el interior de los arcos.
Estas características técnicas hacen que se pueda aventurar, con gran
cautela, la fecha de su construcción inicial a finales del siglo I o principios
del siglo II de nuestra Era, según Cruz Utrera. Opinión distinta a ésta
mantiene Juan Vicente Córcoles quien dice que “…dos pueden ser los
motivos que lo alejan de la época imperial romana, primero el no coincidir
con las vías romanas, y segundo, que en su parte más antigua se aprecian
deferentes huellas de canteros medievales. Si bien el profesor Blanco
Freijeiro lo tiene como puente romano aunque muy restaurado “.
Desde luego, a finales del siglo XV, el puente sufrió una importante
remodelación y de aquella época deben ser algunas de las marcas que en él
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se conservan. No debemos olvidar que en 1489, el Guadalquivir realizó un
brusco cambio en su curso a su paso por la ciudad. Hecho constatado por
Luis Pedro Pérez en el Archivo General de Simancas cuando en 1491 el
bachiller Juan Alonso, que era alcalde mayor de Andujar entonces, se
refiere a que “... el rio del Guadalquivir dejo de ir por la madre vieja por
donde solía ir se ha rompido... y mandamos dar una cédula para que un
mayor ojo fuese hecho... dijo que se debía hacer nuevos ojos desde cerca
del puente hasta donde este dicho río solía estar la madre vieja... hizo a los
vecinos de Andújar traer nuevas piedras al dicho puente...”
Para sufragar los gastos “del nuevo puente” el Cabildo solicitó a los
Reyes Católicos que la sisa que pagaban los vecinos de Andújar (impuesto
que se cobraba sobre géneros comestibles), se hiciera extensible a los
vecinos de poblaciones cercanas como La Higuera. Las obras se iniciaron
en 1492 y posiblemente no acabaran antes del fin del siglo XV.
b.- El proyecto de navegabilidad del Río Guadalquivir y la presa del
Jándula
La idea partió de Carlos Mendoza Sáez de Argandoña, brillante
ingeniero Civil, con el objetivo de hacer navegable el Guadalquivir, desde
Sevilla hasta Córdoba. Para ello era necesaria la construcción de una serie
de presas que tenían cuatro finalidades:
- depósito de agua para el aprovechamiento agrícola del regadío
- saltos de agua para la producción de energía eléctrica
- servicio de esclusas para la comunicación fluvial
- apoyos físicos para futuros puentes que conectasen las dos orillas
del río.
La navegabilidad del río Guadalquivir ya había sido estudiada en
profundidad por Carlo Lemaur en el siglo XVIII, dentro de los grandes
proyectos ilustrados, como el Canal de Castilla o el de Aragón,
proponiendo un canal paralelo al cauce del río.
Carlos Mendoza había fundado en 1904 la compañía eléctrica
Mengemor y en 1916 inauguraba dicha empresa su salto de Mengíbar. A
este acto acudió Su Majestad Alfonso Xlll, quien animó al ingeniero en esta
idea de dimensión histórica. Al año siguiente el Consejo de Administración
de Mengemor autorizó la redacción del proyecto y la solicitud oficial de
concesión fue presentada en marzo de 1919 en el Ministerio de Fomento,
con el título de “Canalización y Aprovechamientos de Energía del
Guadalquivir".
El proyecto comprendía la construcción de once saltos que salvarían
el desnivel de 88 m. existente entre Córdoba y Sevilla. Las presas tendrían
un salto útil de entre 5,25 m. y 11,5 m. Los embalses se solaparían
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produciendo un calado mínimo en toda la vía de 2 m. En uno de los lados
de la presa iría la central eléctrica. En el otro se colocaría la esclusa,
debidamente canalizada, que permitiría a los barcos salvar el desnivel entre
los dos tramos consecutivos.
La tramitación oficial del proyecto fue muy ardua por diversos
trámites burocráticos y técnicos, entre los que destacaba la necesidad de
contar con una gran reserva hídrica que salvara los fuertes estiajes del
Guadalquivir en verano.
La propuesta contó entonces con un inesperado contratiempo, pues
en diciembre de 1920 la Compañía El Chorro, competidora de Mengemor
en el mercado andaluz, presentó una petición de aprovechamiento del salto
de pie de presa del embalse de Jándula. Esta solicitud iba firmada por los
señores Joaquín Beniumea, Jorge Silvela, Manuel Loring y el Conde de
Mieres.
La compañía Mengemor tenía un plazo oficial de treinta días para
presentar un proyecto alternativo, como así hizo, al mismo tiempo que
ejecutaba el proyecto de presa de El Carpio con la finalidad de abastecer de
energía eléctrica a la ciudad de Córdoba.
Con esta polémica y dos proyectos de concesión de aprovechamiento
hidroeléctrico de la presa del Jándula transcurrieron casi cuatro años, justo
hasta que el Conde de los Gaitanes medió entre las compañías: propuso la
creación de una nueva compañía en cuyo capital figuraban las empresas
eléctricas Mengemor y El Chorro, que afrontara no sólo la construcción de
la presa del Jándula y su aprovechamiento hidroeléctrico, sino también la
canalización y proyecto de navegabilidad del río Guadalquivir. Así surgió
la entidad “Canalización y Fuerzas del Guadalquivir·, en cuyo capital
también invirtieron los Bancos Central y Vizcaya. La escritura de fusión
empresarial se firmó el 18 de julio de 1924 y la autorización del proyecto
se publicó en el boletín Oficial del Estado con fecha de 29 de abril de 1925.
El proyecto se ejecutó con lentitud por las difíciles condiciones
geológicas del río Guadalquivir, pues se precisaban cimentaciones muy
profundas, que encarecían enormemente el proyecto. A esto se sumaba el
régimen torrencial del río. El primer escalón era la presa de Alcalá del Río
en Sevilla, proyectada por los mismos que ejecutaron la presa de El Carpio,
el ingeniero Carlos Mendoza y el arquitecto Casto Fernández Shaw. Tenía
un salto máximo de 8 m. y generaba tenía una potencia de 7.600 kwa. (kilo
watios amperios). Se trataba de una presa móvil con compuertas metálicas,
semejante también a la que la compañía Mengemor había realizado en 1916
en Mengíbar. Las obras comenzaron en el verano de 1928 y la central entró
en servicio dos años después. Mas compleja resultó la construcción de la
presa del Jándula, llevada a cabo entre los años 1927 y 1931, pues sus
extraordinarias dimensiones así lo requerían.
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La construcción de ambas presas coincidió con la crisis económica
mundial de 1929 y los problemas de abastecimiento pertinentes, así como
con los sucesos políticos transcurridos en España al término de la dictadura
de Primo de Rivera, que desembocaron en la guerra civil. Elló influyó en el
abandono del proyecto por parte de la compañía Canalización y Fuerzas del
Guadalquivir. Sólo se construyó una presa más del proyecto, la de
Cantillana en Sevilla, pero después de modificar los términos de la
concesión, otorgados en solitario a la empresa eléctrica Mengemor. Las
obras empezaron en enero de 1948 y la central entró en servicio ocho años
después. Es una presa muy similar a la de Alcalá del Río, pero su coste
multiplicó casi diez veces el del primer salto, entre otras cosas por el
problema de abastecimiento de materiales característicos de la posguerra.
En 1951 Mengemor se fusiona con la compañía Sevillana de Electricidad, y
traspasa a ésta la responsabilidad de la navegabilidad del río,
proponiéndose entonces un nuevo proyecto de construcción de un canal
paralelo al cauce del Guadalquivir. Pero la navegación del Guadalquivir era
ya una idea arrinconada: en 1964, el Estado renuncia oficialmente a la
navegabilidad del río y rompe la concesión originaria a la compañía
eléctrica. Alcalá del Río llevaba más de treinta años terminada y la esclusa,
que era competencia estatal, aún no era operativa por carecer del
equipamiento preciso.
2ª parada: Centro de interpretación del
Parque Natural de la Sierra de Andújar.
El proceso revitalización de las Viñas de Peñallana, ubicadas en el
km. 14 de la carretera de Andújar a Puertollano, está relacionado con la
realización de las grandes obras de ingeniería proyectadas a lo largo de los
años veinte durante la dictadura del general Primo de Rivera en la zona: los
pantanos del Jándula y el Encinarejo, el puente sobre el río Jándula o esta
misma casa de peones camineros que hoy día es el centro ce interpretación
del Parque Natural Sierra de Andújar. No en vano, los promotores de estos
edificios son ingenieros relacionados con las obras anteriormente citadas y
los utilizaron como vivienda durante el tiempo que duraron las mismas. El
primero de ellos es Enrique Berenguer, ingeniero de minas, natural de
Linares y hombre emprendedor que no sólo se limitó a resolver el problema
particular de su vivienda, sino que intuyó el posterior desarrollo urbanístico
de la zona, promoviendo tres construcciones de envergadura: la Viña San
Francisco, la que es propiedad actual de Argimiro Rodríguez, y la conocida
como «Viña Vasca», situada junto a la anterior.
El segundo promotor-ingeniero fue José Moreno Torres, conde de
Santa Marta y hombre de gran influencia social después de la guerra civil,
ya que llegó a ser director general de Regiones Devastadas, presidente de la
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Compañía Tabacalera y alcalde de Madrid. Durante aquella época era un
«simple» ingeniero que participaba en las obras de construcción de los
embalses citados, para lo cual se edificó una viña situada en el mismo eje
de las llamadas Viñas de Peñallana.
El auge constructivo que repentinamente inundó la Sierra durante los
años veinte, prendió en Andújar de manera que grandes hacendados locales
como eran Rafael Pérez de Vargas, conde de la Quintería y alcalde de la
ciudad, José Sáenz de Tejada o Plácido Gisbert, decidieron reformar sus
viejas construcciones serranas, o bien hacer viñas de nueva planta. En
cualquier caso, dichas edificaciones siguen las pautas estilísticas marcadas
por las viñas que habían promovido los ingenieros del pantano del Jándula,
todas ellas mayoritariamente realizadas en estilos historicistas, aunque la de
Moreno Torres introduce matices funcionalistas.
El proceso va ligado a un cambio de funcionalidad de la viña
tradicional, que tenía un sentido productivo ligado a la vid y al
aprovechamiento ganadero. Se introducen ahora usos de ocio y cinegéticos.
Si hubiera que hablar de determinados rasgos comunes existentes entre las
construcciones citadas, habría que citar los siguientes:
—La viña comprende dos módulos de habitación: el noble y el de los
viñeros. El primero se usa cuando están presentes los dueños y el segundo
supone la vivienda habitual de la familia encargada del mantenimiento de
la casa. Ambos son independientes aunque se pueden articular en torno a
un corral.
— A la vivienda principal se accede por medio de un porche que suele
estar columnado y cubierto por una terraza a la que se sale por la segunda
planta.
— El edificio suele tener dos plantas de altura y, en algunos casos, un
mirador-secadero alto.
— No se puede establecer un criterio general en cuanto a la planimetría,
aunque sí es bastante común la articulación de las habitaciones en torno a
una gran escalera de ida y vuelta.
— Los interiores son bastante confortables, destacando el uso de ma
teriales nobles que conforman chimeneas, artesonados, escaleras, etc...
— La construcción es tradicional, de mampuesto enfoscado y encalado,
aunque también es de destacar el uso del ladrillo. Es general a todos los
edificios la utilización de las llamadas artes decorativas, tan queridas por
los estilos historicistas: azulejería, ebanistería, herrería, etc...
— Integración en el paisaje serrano gracias a la vegetación.
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De entre las viñas promovidas por Enrique Berenguer destaca la viña
San Francisco. De su tamaño e importancia se deriva el nombre por la que
se la conoce, «Casa Grande». Fue la construcción pionera en introducir el
lenguaje historicista dentro de las Viñas de Peñallana, y protagonista de
importantes hechos históricos, pues durante la guerra civil española
funcionó como Hospital de Sangre mientras duró el asedio republicano al
Santuario de la Virgen de la Cabeza; sus salas fueron habilitadas para ello y
en una de las mismas encontró la muerte el capitán Cortés. Por su diseño,
estructura y extensión la Viña San Francisco muestra en su indagación
historicista un considerable parecido con los cortijos que, a partir del siglo
XVIII, se crean a lo largo del Valle del Guadalquivir y de los que en la
vega de Andújar tenemos importantes muestras. También en su carácter
productivo, pues esta viña funcionó durante mucho tiempo como granja,
constituyéndose en un importante centro de producción para la zona de
Sierra Morena Oriental. Este carácter productivo constituye una excepción
a la generalidad de las edificaciones de Peñallana, las cuales tienen una
función puramente residencial. Estilísticamente su adscripción al
regionalismo de la baja Andalucía es evidente en la alternancia del
encalado blanco en los muros y el ocre en las molduras, o en la presencia
de mirador-torreón-secadero. También en el uso de cerámica vidriada en
tejadillos, balaustres o paneles (en la entrada encontramos uno con la
imagen del Señor del Gran Poder de Sevilla).
La viña del ingeniero José Moreno Torres fue otra de las
edificaciones pioneras en el proceso de amplia remodelación arquitectónica
que se estaba produciendo dentro de las Viñas de Peñallana, pero en este
caso su promotor hizo una elección estilística que, sin abandonar los
principios del historicismo, tendía una mano al recién surgido
funcionalismo. Esto no situaría en la línea constructiva del arquitecto Luis
Berges, autor en la ciudad de la Casa Casuso (1927) y arquitecto municipal
honorario.
La viña Sáenz de Tejada fue mandada edificar por este rico
hacendado local, José Sáenz de Tejada, aprovechando el auge constructivo
de la sierra en aquellos momentos y buscando sobre todo el aire puro con
fines medicinales para la curación de una bronquitis crónica de su hijo. Se
acabó en el año 1932 como reza en la reja del porche. Es de estilo
historicista y destaca la influencia del arquitecto sevillano Aníbal González
quien, por entonces, había proyectado una casa en Andújar.
El caso de la Viña Gisbert es más radical y ha merecido justamente
su inclusión como Bien de Interés Cultural en el Catálogo de Bienes
Inmuebles de la Junta de Andalucía desde el año 2006, junto con el pantano
del Jándula. Es un proyecto del año 1932 que se origina cuando el
presidente de la Junta Local de Patronales de Andújar, Plácido Gisbert, le
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encarga la construcción de una casa de campo, al maestro de obras local
José Corbella. Éste acude a los modelos establecidos en revistas alemanas
de arquitectura, a las que era muy aficionado, inspirándose en obras del
Movimiento Moderno, seguramente la Casa Müller de Adolf Loos (1930)
El edificio se caracteriza por un diseño cúbico donde la interpenetración de
volúmenes se complementa con la limpieza ornamental y el empleo de la
ventana apaisada, así como con las barandillas de tubo metálico.
3ª parada: Presa del Encinarejo
La presa del Jándula
La Presa de Jándula está construida sobre el río del mismo nombre,
afluente por la derecha del Guadalquivir. La presa es de tipología de
gravedad, es decir, que el empuje del embalse es transmitido hacia el suelo,
por lo que éste debe ser muy estable capaz de resistir, el peso de la presa y
del embalse. Constituye el tipo de presa que mayor durabilidad tiene y
menor mantenimiento requiere. Su sección tiene forma de triángulo
isósceles ya que su base es ancha y se va estrechando a medida que se
asciende hacia la parte superior aunque en muchos casos el lado que da al
embalse es casi de posición vertical. Ello se debe a que la presión en el
fondo del embalse es mayor que en la superficie.
Su planta es curva y su altura de 83.5 m. sobre el cauce, siendo una
de las más altas en su época. Tiene una longitud de coronación de 250 m. y
se asienta en una cerrada de granito. El pantano tiene una capacidad de 342
millones de m3., ocupando el lago artificial una superficie máxima de 1350
Ha. Está destinada a aprovechamientos hidroeléctricos, de regadío y
abastecimiento de agua. El equipamiento eléctrico lo forman tres grupos,
con una potencia instalada de 15.000 kw.
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Esta presa junto con la del Encinarejo (1932, gravedad y 150 ha.) y
la de Alcalá del Río, serían las tres únicas obras que llevaría a cabo
Canalización y Fuerzas. La construcción se llevó a cabo sin contratista,
siendo dirigida hábilmente por el ingeniero José Moreno Torres. El
proyectista fue Antonio del Águila Rada y para el diseño de la presa el
ingeniero Carlos Mendoza contó con el arquitecto Casto Fernández-Shaw.
Los tres habían trabajado ya juntos para la empresa Mengemor en la
realización del salto de El Carpio (Córdoba) en 1920.
La presa del Jándula se iba a ubicar en pleno corazón de Sierra
Morena, un paraje deshabitado y remoto, al que ocasionalmente iban
cazadores y pastores. La única construcción era la de un guarda forestal.
Las carreteras eran inexistentes, salvo un deteriorado camino que llegaba
hasta una mina de cobre, Los Escoriales, abandonada hacia años. Fue
preciso reparar esta vía y crear doce kilómetros de nuevo trazado desde la
mina hasta el futuro emplazamiento de la presa; su construcción se hizo en
7 meses, además con la estabilidad que requería aguantar un gran tráfico
pesado.
La siguiente dificultad que hubo que afrontar fue la creación de un
asentamiento allí donde no había nada, el que luego se denominó poblado
de la Lancha. El río Jándula se secaba en los meses de verano y otoño, y las
charcas que quedaban como vestigio del curso fluvial, eran refugio para
mosquitos. Éstos transmitían el paludismo, endémico en la zona, y que
había frenado hasta entonces la colonización de aquellos parajes. Para ello
fue necesaria la aplicación de un estudiado programa sanitario aplicado por
el doctor Ferradas y consistente en administrar de manera dosificada una
importante partida de quinina.
El saneamiento de la zona y la construcción del campamento, se
llevó a cabo durante el año 1926. El poblado de La Lancha llegó a albergar
a mil trabajadores, que junto a sus familias sumaron tres mil personas.
Debido a la distancia que le separaba de Andújar, hubo de ser transformado
en una pequeña ciudad autárquica. Disponía de alcantarillado, agua
potable, luz, y teléfono. Entre los edificios estaban una iglesia, que hizo las
veces de escuela, un hospital, economato, cantina, cuadra, teatro, cuartel de
la Guardia Civil y un frontón. Las viviendas estaban constituidas por
pabellones para el personal técnico y las casas de los empleados formadas
en varias hileras.
La edificación de la presa comenzó después, en febrero de 1927,
aunque los cimientos se construyeron aprovechando la época en que el
Jándula quedaba seco. El granito que constituye la cerrada es muy sano,
por lo que no fue preciso excavar profundo. No fue necesario desviar el
curso del río, porque se construyó una ataguia aguas arriba, y otra de menor
tamaño aguas abajo, que se unieron mediante un cauce artificial que pasaba
por debajo del macizo de la presa a través de un amplio túnel. Cuando el
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alzado central alcanzó la altura suficiente en septiembre de 1929, el orificio
fue taponado con fábrica (una ataguía es un macizo de tierra arcillosa u otro
material impermeable, para atajar el paso de agua durante la construcción
de la presa).
A finales de 1928 se llevaba construido casi el 40 % del volumen de
la presa y en 1929 el volumen ascendía al 73 %. En este año se ultimó el
montaje del equipo eléctrico e hidráulico: turbinas, alternadores y
transformadores. A finales de abril de 1930, cuando aún quedaban varios
metros para llegar a la coronación, hubo una fuerte crecida del Jándula. El
agua vertió por uno de los bloques del lado derecho, que iba algo más
retrasado. A pesar de que la presa no está diseñada para que las avenidas la
rebasen por encima, como si sucede con parte del Encinarejo, no se
produjeron mayores daños. El 6 de agosto de 1930 comenzó a prestar
servicio tras someterla satisfactoriamente a las pruebas pertinentes. En
noviembre de ese año quedó terminado el cuerpo de la presa a falta de
algunos detalles. En 1931 se remató la coronación y el torreón de
maniobras. El 30 de junio se dio oficialmente por terminada la obra.
En lo que respecta a la financiación, la empresa constructora de la
presa del Jándula se acogió parcialmente a la Ley de Pantanos de julio de
1911. Esto significaba que Canalización y Fuerzas se tenía que hacer cargo
del 50 % del coste de la presa y el Estado aportaría la otra mitad. Sin
embargo la compañía sólo debía hacer frente a los gastos iniciales hasta un
límite del 10 % del presupuesto, el otro 40 % que le correspondía era
adelantado por la Administración. Este anticipo debía ser devuelto en 25
años a partir de la fecha de terminación de la obra. El interés que se
aplicaba a esta operación era del 1,5 % anual. El Estado abonó su parte más
el anticipo en dos entregas, una el 31 de julio de 1926 y la otra el 31 de
enero de 1931. El coste de la presa de Jándula ascendió a 22,8 millones de
pesetas, lo que supuso un ahorro del 10 % sobre el presupuesto inicial que
era de 25.325.693 pesetas.
No se puede obviar el valor patrimonial de la presa de Jándula. La
labor que el arquitecto Fernández-Shaw desarrolló en la presa ha merecido
un reconocimiento en su declaración como Bién de Interés Cultural en el
año 2006. La presa del Jándula constituye un paramento de casi 90 m. de
altura recubierto por sillares de granito que fueron extraídos de la cantera
situada junto a la presa, en la margen izquierda, al pie del poblado. Para
labrar los bloques se empleó a canteros gallegos y el aparente sobrecoste de
forrar de piedra el muro, se compensó con el ahorro de encofrado. Primero
se construía el entrelazado de sillares, y posteriormente se vertían las
tongadas de hormigón.
El aspecto que ofrece si se ve desde aguas abajo es el de una curiosa
similitud entre el medio y el elemento. En efecto, como presa que es
anterior a 1930, el aliviadero fue construido fuera del cuerpo de la presa, no
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como sucede con el Encinarejo; se ubicó sobre la ladera en el estribo
derecho. Las avenidas son conducidas por una canalización terminada en
una pared natural de granito casi vertical, que devuelve el agua al cauce.
Esta caída y el muro de la presa parecen competir en grandiosidad, pero sin
excluirse.
También es original la solución de la central al pie de la presa, por su
disposición en la base del muro y fundida con el cuerpo principal. Pero
también por su forma, pues se quiso emular la expresión de los modernos
trampolines de un aliviadero, a pesar de no estar diseñada en ese sentido.
Su coronación se convierte en un adarve almenado, en el que el torreón de
maniobras adopta la forma de Torre del Homenaje; un balcón abierto en
ella ofrece una impactante visión del cauce aguas abajo.
Fernández Shaw, fascinado como el arquitecto italiano Sant’Elia por
el universo ingenieril del momento, siempre mostraba su satisfacción por
las cuatro presas que realizó en Andalucía: El Carpio, Alcalá del Río, el
Jándula y el Encinarejo. En ella fue evolucionando su estética
arquitectónica desde el historicismo de la primera al funcionalismo de la
presa del Jándula, donde se produce una simbiosis formal y conceptual
entre expresionismo y racionalismo. No en vano, se ha convertido en el
monumento primigenio del Movimiento Moderno en Andalucía.
El Movimiento Moderno, reivindicado recientemente desde las siglas
MOMO, supone una auténtica revolución arquitectónica en el siglo XX,
pues rompe con el decorativismo fatuo en el que había desembocado el
eclecticismo decimonónico. Este movimiento se desarrolla en España a
partir del año 1925, fundamentalmente, y está siendo catalogado y
difundido en Andalucía desde el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico
(IAPH). Su límite cronológico es el año 1965, fecha de creación de la
primera Escuela de Arquitectura en Andalucía, la de Sevilla, y de la
aparición de los primeros ejemplos de la postmodernidad arquitectónica.
El registro ha convertido a Andújar en la ciudad andaluza pionera en
la implantación del MoMo: la construcción más antigua que se adscribe a
10
este movimiento en Andalucía es la Presa del Jándula (Casto Fernández
Shaw y Carlos Mendoza, 1924-1932). Además, incluye otras obras de la
ciudad como la Viña Gisbert (José Corbella, 1932-1934), el Cine Tívoli
(Fernando Alzado y José Corbella, 1933-1934).
Solicitud de visitas didácticas a centrales de Endesa
Se pueden realizar visitas guiadas con el alumnado de lunes a
viernes previa solicitud en la siguiente dirección de correo
mariaangeles.palomo@endesa.es
Las más interesantes para estudiar el proyecto de navegabilidad son
las del El Carpio, por su similitud con la de Alcalá del Río, y del
Encinarejo. La del Jándula, en principio, no está disponible por el
momento.
Bibliografía
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de Peñallana (Andújar)”, en Boletín del Instituto de Estudios Giennenses,
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CASUSO QUESADA, Rafael Antonio “El registro del MOMO
(Movimiento Moderno) en Andalucía: el caso de Andújar”, en Boletín de
Arte. Departamento de Historia del Arte de la Universidad, nº 29. Málaga,
2008.
CÓRDOBA, Santiago de
Las inundaciones en el valle del
Guadalquivir. Ed. Alcance S.L.. Jaén, 1997.
GALNARES DEL COSO, Víctor
GARCÍA REDONDO, Nuria
GUTIÉRREZ ABAD, Ángel “Presa del Jándula y canalización del
Guadalquivir”, en Revista de Obras Públicas (ROP), nº 3356. Madrid,
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PÉREZ, Luis Pedro
Andújar monumental. Ed. Alcance. Jaén, 1996
SOBRINO, Julián Arquitectura de la industria en Andalucía. Ed. Instituto
de Fomento de Andalucía. Sevilla, 1998.
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