Un atropello anunciado: la “limpieza” del Zócalo

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Un atropello anunciado: la “limpieza” del Zócalo
Carolina S. Romero :: 18/09/2013
El desalojo del plantón del magisterio en el Distrito Federal
El secuestro del Centro de la Ciudad de
México por un sinnúmero de escuadrones de policía el viernes 13 de septiembre dificultó el paso de
un equipo de compañeros de medios libres que intentamos llegar al Zócalo alrededor de las 3:30 de
la tarde para darle cobertura a la situación de los maestros disidentes ante el inminente desalojo de
su plantón. Supimos que el Secretario de Gobernación Osorio Chong, a través del Secretario del
GDF Héctor Serrano, había dado un primer ultimátum a la Coordinadora Nacional de Trabajadores
de Educación (CNTE): el Zócalo sería desalojado a las 2 de la tarde. Luego vino el segundo: las
tropas entrarían a las 4. Tanto el gobierno de Enrique Peña Nieto como el de Miguel Mancera lo
habían dejado en claro: el Grito de la Independencia se daría en un Zócalo “limpio”. La presencia de
unos maestros dignos y rebeldes no sería tolerada en sus fiestas patrias. ¿Y sus justas demandas?
¿Sus derechos laborales? ¿La educación pública y gratuita? Mejor olvídense de todo eso; las
reformas acordadas en el Pacto por México tienen más importancia que la Constitución, y las
ganancias de los empresarios, la clase política, la clase criminal, tienen mucha más importante que
el futuro de los niños y niñas de México. Un chavo que caminaba por la banqueta ofreció a todos los
paseantes un amable consejo: “No vayan al zócalo. Por ahí les matan gratis”. Un loco, ¿no? O tal vez
no tan loco considerando que el centro de la ciudad ya se había convertido en un campo de batalla.
Se veían por los menos dos helicópteros haciendo constantes sobrevuelos arriba del plantón y se
escuchaba el inquietante ruido de las aspas. Desde el día anterior se rumoraba que habían llegado
tanquetas a la Plaza de Santo Domingo ––todo este equipo seguramente disponible para la represión
gracias a la Iniciativa Mérida. Ahí estaban las calles llenas de policías militarizados que tenían sus
órdenes del carnicero a quien “nunca le tiembla la mano”. Ya lo había demostrado en las calles de
Atenco y también en las afueras de San Lázaro. Alexis. Javier. El Kuy. El Tío. ¿Se acuerdan? En la
esquina del Eje Central con la Avenida Madero topamos con un grupo de compañeros solidarios
quienes obviamente no aceptan que el Pacto de México vaya a determinar el futuro del país.
Llevaban una manta con el letrero “Gracias Maestros. Nos enseñaron a leer y ahora nos enseñan a
luchar”. Ante un contingente de policías que se les acercaron, gritaron: “¡No pasarán! ¡No pasarán!”
Y el contingente se echó para atrás. Por lo menos en ese momento. Logramos entrar en la zona
secuestrada, y al caminar por la calle 5 de Mayo, encontramos fogatas, un par de vallas metálicas y
varias casas de campañas vacías o casi vacías. Cada docente llevaba un tubo o palo por si acaso.
Supimos que la mayoría de los maestros ya se habían retirado pero unos sectores de la Sección 22
de Oaxaca se quedaron para resistir la agresión. Seguimos caminando por el Zócalo hasta las calles
Pino Suarez, 5 de Febrero y 20 de Noviembre, donde la barricada hecha de vallas metálicas fue
reforzada con una enorme grúa. Los maestros señalaron a unos agentes vestidos de civil que
llevaban explosivos. Recriminaron a la prensa vendida y gritaron, “¡Adelante, adelante, la lucha es
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constante!” En una breve entrevista, un compañero que se identifica como maestro de base dijo:
“Desde la mañana nos han intimidado con helicópteros para meternos miedo, pero nosotros ya
hemos vivido este asunto en el estado de Oaxaca. No es la primera vez que hemos enfrentado esta
situación. La consigna es “Primero la Patria”. Y si no quiere respetarnos el gobierno, estamos
dispuestos a morir. Que nos maten a todos. Estamos en nuestro derecho y la Constitución política lo
estipula. Tenemos el derecho del descontento a la imposición de la reforma educativa. No al
mejoramiento educativo sino a la reforma estructural. Ya está en la mesa la reforma hacendaria y la
reforma energética, y lo que quieren es que nos retiremos de aquí. No, no. No nos vamos a retirar.
Todo lo contrario. Nos estamos reorganizando para estar de frente con esta lucha. Entonces la
consigna es: “Vamos a defender la Patria”. Formamos parte de la Sección 22. Somos un gremio y la
lucha es de todos. El dolor que nosotros sufrimos es de la sociedad también. Entonces a la sociedad
le estamos haciendo la invitación de incorporarse con nosotros”. A las 4:20 la mayoría de los 3,600
policías federales bajo el mando de Manuel Mondragón y Kalb vinieron corriendo desde la Plaza de
la Moneda, destruyendo todo en su paso y echando gases lacrimógenos y torrentes de agua al
atravesar el Zócalo. Algunos se quedaron en la plancha para derrumbar las casas de campaña
mientras otros procedieron por las calles aledañas. Al llegar a la barricada en la calle 20 de
Noviembre, fueron recibidos con una lluvia de piedras, tubos y vallas metálicas que volaron por el
aíre antes de que los maestros, estudiantes y gente solidaria se vieran obligados a replegarse. No
satisfechos con haber desalojado el plantón, los contingentes de policías los persiguieron hasta
Izazaga, donde hubo enfrentamientos, y luego por Arcos de Belén y las calles que se dieron al Eje
Central hasta Bellas Artes y la Alameda. En una serie de refriegas las y los compañeros les echaron
a los uniformados lo que tenían a la mano y gritaron: ¡Asesinos, asesinos, asesinos! Hubo golpizas,
mucha gente herida y más de 30 detenciones. Y ahora, con la “limpieza” realizada ¿Cuál es la
independencia que se festeja? ¿Y cuál es el tamaño del coraje que se siente en el corazón del
pueblo? Artículo publicado en SubVersiones.
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