Leninismo selectivo (la enfermedad senil del revisionismo)

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Leninismo selectivo (la enfermedad senil del revisionismo)
Manuel Navarrete :: 14/12/2012
Insisten obsesivamente en no radicalizar sus
consignas para no “asustar” a la gente y ganar
militantes
"La enfermedad senil del revisionismo resulta extrañamente selectiva a la hora de citar a Lenin.
Casualmente sólo se citan aquellos pasajes pasados que sirven para justificar las traiciones
presentes" La primera vez que leí La enfermedad infantil del izquierdismo yo era un adolescente.
Por ello, hace unos días decidí releerlo. Tal vez no lo entendí en su momento, tal vez me haga
replantearme mis posiciones, pensaba. Y vistas las citas que los revisionistas suelen esgrimir y
descontextualizar, había acabado por pensar que, probablemente, nada más terminarlo me
convertiría en una especie de “walking dead” e iría, sin poder evitarlo, a afiliarme a CC OO,
justificando de paso el vergonzoso pacto de gobierno de IU con el PSOE en Andalucía. Pero,
sorprendentemente, no ha sido así. Lenin escribió este interesante panfleto en 1920. En 1969, un tal
Danny Cohn-Bendit (que, por lo visto, se divirtió mucho en la universidad) le respondió escribiendo
un engendro titulado El izquierdismo, remedio a la enfermedad senil del leninismo. El tiempo dejaría
a cada cual en su lugar: Cohn-Bendit es actualmente europarlamentario e hizo campaña por el “Sí” a
la Constitución Europea, es decir, por el “sí” a la enfermedad (para todas las edades) del
capitalismo. Con todo, usaré la ocurrente expresión de este traidor, porque la enfermedad senil del
revisionismo resulta “extrañamente” selectiva a la hora de citar a Lenin. “Casualmente”, sólo se
citan aquellos pasajes pasados que sirven para justificar las traiciones presentes. Se cita la página
44 de este libro, donde Lenin habla de la necesidad de participar en los sindicatos reaccionarios.
También se cita la página 52, donde Lenin insta a sus partidarios a participar en los parlamentos
burgueses, o la 90, en la que Lenin llama a los comunistas británicos a apoyar a los socialdemócratas
ingleses de la II Internacional (los laboristas). Y, naturalmente, como me dijo uno de la UJCE, se
considera que quienes no intentamos amoldar nuestra realidad política a estas citas
descontextualizadas no somos “verdaderos leninistas”. ¡Qué drama! “Curiosamente” no se cita ni se
intenta amoldar la realidad a la página 12, en la que Lenin habla de “combinar las acciones legales e
ilegales”, de eliminar a los reformistas como “agentes burgueses” en el interior del movimiento
obrero y de negar “las ilusiones pacifistas”. Tampoco se cita ni se intenta amoldar la realidad a la
página 20, en la que Lenin defiende la táctica aplicada en 1905 por los revolucionarios rusos: el
boicot a las elecciones parlamentarias burguesas. ¡Otra casualidad! No vemos que citen ni intenten
amoldar la realidad a la página 43, donde Lenin habla de la necesidad de una “lucha implacable”
para expulsar de los partidos y sindicatos a los líderes oportunistas. Ni la página 52, en la que Lenin
habla de que los bolcheviques no debían “rebajarse” al nivel de conciencia de las masas, sino
decirles “la amarga verdad”. Ni la página 58, en la que Lenin dice explícitamente que la abstención
electoral “no siempre es un error”, pues “hay condiciones para el boicot”. Ni la página 62, en la que
Lenin pide una crítica “intransigente y violenta” contra los jefes de la izquierda que no usen el
parlamento de una manera revolucionaria, es decir, con la intención de denunciar al propio
parlamento y destruirlo, exigiendo además la expulsión y sustitución de esos jefes. Ni la página 73,
en la que vuelve a hablar de establecer una lucha implacable contra la dirección oportunista de los
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partidos obreros. Por otro lado, ya que las páginas 44, 52 y 90 les resultan a los revisionistas tan
importantes, podrían explicarme por qué carece en cambio de importancia la página 96, en la que
Lenin propone la “transformación de la huelga en insurrección armada” y habla de los soviets como
“sepultureros del parlamentarismo burgués”. Tampoco parecen considerar importante la página 97,
en la que Lenin explica cómo la III Internacional venció a la II, aunque ésta última fuera en principio
mucho más grande; o la página 106, en la que Lenin explica por qué los comunistas ingleses deben
apoyar la independencia de Irlanda contra el imperialismo británico; o la página 109, en la que
Lenin dice que el hecho de que los periódicos burgueses criticaran al bolchevismo benefició al
bolchevismo; o la 123, en la que llega a dar la razón a Bordiga en la idea de que hay que expulsar de
los partidos de izquierda a todos los “social-traidores” reformistas. Por supuesto, está más allá de
toda esperanza que ese compañero de la UJCE, que me requisó el carné de “leninista” (hecho que,
como podrá imaginarse, me produjo una honda preocupación), lea también, aparte de la cita
descontextualizada de sus manuales formativos, los pasajes completos en los que Lenin expone
claramente qué es aquello que rechaza: no los sindicatos alternativos, inexistentes en ese momento,
sino los “consejos” o “uniones obreras” que proponía crear la izquierda germano holandesa (pág.
40), las “nuevas formas organizativas inventadas por ellos” (pág. 44). O aquellos pasajes en los que
Lenin explica a qué se refiere con “sindicatos reaccionarios”: apoliticismo, estrechez corporativa,
espíritu rutinario… (pág. 41). Es decir, no pretendo que el compañero asimile que Lenin no hablaba
de fenómenos como los liberados sindicales o la firma del “pensionazo, por el sencillo motivo de que
no llegó a conocerlos. Que habría que ver si CC OO sería para Lenin un “sindicato reaccionario” (no
por lo reaccionario, cosa en la que no habría duda, sino por lo de “sindicato”), o sería más bien un
auténtico aparato del Estado burgués. Tampoco puedo esperar que el compañero comprenda que
Lenin habla de participar en esos sindicatos porque en esos momentos eran “las organizaciones en
las que están las masas” (pág. 45), dando la cifra de nada menos que 7 millones de afiliados en la
Inglaterra de 1920, mientras que hoy día las masas no están en CC OO, sino que odian a CC OO y la
tasa de afiliación es muy baja. Tengo otros amigos, en este caso en el PCPE o Izquierda
Anticapitalista, a los que no estoy seguro de poder explicarles que, en efecto, Lenin dice que hay que
participar en el parlamento burgués (pág. 53), pero que presentando candidaturas que obtienen 20
mil votos no se lleva a ningún candidato al parlamento burgués, a no ser que vivas en un país de un
millón de habitantes… Pero La enfermedad infantil no es el único libro de Lenin. A todos mis amigos,
y en particular a los revisionistas, tan fieles a las páginas 44, 52 y 90 de un solo libro de Lenin,
“casualmente” se les olvida citar el artículo “Informe sobre la revolución de 1905”, en el que Lenin
decía que el desarrollo de la revolución “conduce inevitablemente hacia la lucha armada”. O el
artículo “Ejército revolucionario y gobierno revolucionario” (julio de 1905), donde Lenin dice “el
ejército revolucionario se necesita porque los grandes problemas de la historia se revuelven
únicamente por la fuerza”. Insisten obsesivamente en no radicalizar sus consignas para no “asustar”
a la gente y ganar militantes, pero al hacerlo olvidan, también “casualmente”, el artículo “Una gran
iniciativa” (junio de 1919), en el que Lenin dice: “La movilización de los comunistas para la guerra
ha venido a ayudarnos: los cobardes y los miserables han huido del partido. ¡Mejor que mejor!”.
Condenan la violencia y adoran los paseítos (también llamados manifestaciones) folklóricos,
olvidándose “casualmente” del artículo “Los asustados por el fracaso de lo viejo”, publicado por
Lenin en Pravda en diciembre del 17 y el que el líder ruso se burlaba con sorna de los que “se
asustan de que la lucha de clases llegue a una exacerbación extrema y se transforme en guerra civil,
la única guerra legítima, la única justa, la única sagrada, no en el sentido clerical de la palabra, sino
en el sentido humano de guerra sagrada de los oprimidos contra los opresores”, añadiendo la
célebre cita de Marx en la que el barbudo nos enseñó aquello de que “la violencia es siempre la
comadrona de la vieja sociedad”. En fin, es mejor acabar porque todo esto no vale para nada. Lo
único que sirve es la creación de razonamientos y lemas nuevos partiendo de nuestro contexto, y
sería dogmático seguir desempolvando (y sesgando) citas de Lenin para demostrar otra cosa que no
fuera la incoherencia de quienes creen ponerse a salvo desempolvando (y sesgando) citas de Lenin.
El caso es que me siento incapaz de cuatro cosas: 1) De conseguir que esta gente no sesgue citas,
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picoteando aquí o allá según sus intereses dogmáticos o -en el caso de los revisionistas- para
justificar las traiciones políticas o sindicales más viles. 2) De conseguir que esta gente comprenda
que el marco contextual debe descodificarse junto al mensaje; que éste sólo puede analizarse
analizando también dicho marco; que pensar que Lenin diría lo mismo hace un siglo que ahora es
considerarlo un auténtico idiota. 3) De conseguir que esta gente comprenda que, incluso en su
contexto, Lenin, por aquello de no ser un dios, era falible y por tanto podía equivocarse. 4) Y de ser
tan ingenuo como quienes piensen que tras las comillas de los “casualmente” de este artículo no se
oculta la certeza de que esto no es un combate ideológico, sino un combate contra quienes tratan de
pillar silloncitos y garantizar el sustento de enormes aparatos de liberados y chorizos que trabajan
bien en los sindicatos amarillos, bien en las diputaciones.
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