SILABUS TRATADOS INTERNACIONALES

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RED NACIONAL UNIVERSITARIA
SYLLABUS
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas
Relaciones Internacionales
TERCERO
Gestión Académica I/2011
TEORIA Y PRÁCTICA DE LOS TRATADOS
ELABORADO POR: DR. ANTONIO MARIACA
1
UDABOL
UNIVERSIDAD DE AQUINO BOLIVIA
Acreditada como PLENA mediante R.M. 288/01
VISIÓN DE LA UNIVERSIDAD
Ser la Universidad líder en calidad educativa.
MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD
Desarrollar la Educación Superior Universitaria con calidad y competitividad al servicio de
la sociedad.
2
SYLLABUS GENERICO
Asignatura:
Código:
Requisito:
Carga Horaria:
Créditos:
Teoría y práctica de los
Tratados
MED-300
MED-200
80
horas
Teórico
Prácticas
4
I. OBJETIVOS GENERALES DE LA ASIGNATURA.

Conocer y entender la teoría y la práctica de los tratados a objeto de poder
redactarlos.

Analizar y profundizar la formalidad de los Tratados, sus denominaciones,
negociación, suscripción perfeccionamiento y entrada en vigencia.

Analizar las condiciones que necesitan para ser considerados validos, la denuncia, la
reserva y todo aquello que atañe a su forma. Para dicho fin se utilizarán los principios
establecidos por las Convenciones de Viena (1969) y de la Habana (1928) y se
utilizarán como ejemplos los instrumentos internacionales suscritos y ratificados por
Bolivia tanto a nivel bilateral como multilateral.

Realizar prácticas de redacción de Tratados de acuerdo a los diferentes niveles
existentes.
II. PROGRAMA ANALITICO DE LA ASIGNATURA.
TEMA 1: Tratado
1.1 Introducción
1.2 Validez
1.3 Contenido
1.4 Tipos de Tratados
1.5 Conclusión y Ratificación
1.6 Términos de Vigencia
1.7 La convención de Viena
3
TEMA 2: Convención de Viena sobre el derecho de los tratados
2.1 Términos empleados
2.2. Tratados fundamentales
2.3. Celebración y entrada en vigor de los tratados.
TEMA 3: Formas de manifestación de consentimiento en obligarse por un Tratado.
3.1 Formas de manifestación del consentimiento en obligarse por un tratado.
3.2 Reservas, formulación de reservas.
3.3 Efectos jurídicos de las reservas
TEMA 4: Entrada en vigor y aplicación provisional de los tratados
4.1. Entrada en vigor.
4.2. Aplicación provisional
4.3. Observación de los tratados.
4.4. Irretroactividad de los tratados.
4.5. Ámbito territorial de los tratados.
TEMA 5: Interpretación de los tratados
5.1. Regla general de interpretación
5.2. Medios de interpretación complementarios
5.3. Interpretación de tratados autenticados en dos o más idiomas
5.4. Acuerdos para modificar tratados multilaterales entre algunas
de las partes únicamente.
TEMA 6: Nulidad, terminación y suspensión de la aplicación de los
Tratados.
6.1. Validez y continuación en vigor de los tratados.
6.2. Obligación impuesta por el derecho internacional independientemente
de un tratado.
6.3. Nulidad de los tratados
6.4. Error
6.5. Dolo
6.6. Corrupción del representante de un Estado.
6.7 Coacción sobre el representante de un Estado.
6.8. Coacción por un Estado sobre amenaza o el uso de la fuerza.
TEMA 7: Fuentes del Derecho internacional
7.1. Los tratados
7.2. Clasificación de los tratados
7.3. Terminología usada para los tratados.
4
7.4. Técnica clásica y conclusión de los tratados.
7.5. Ratificación de los tratados.
7.6. Ratificación imperfecta.
7.7 Adhesión, formas de adhesión, modalidades
TEMA 8: Jerarquía constitucional de los tratados internacionales
8.1. El derecho internacional y el derecho interno sobre los tratados
8.2. Jerarquía constitucional de los tratados.
8.3. Organismos internacionales de protección.
III.
BRIGADAS UDABOL.
Las Brigadas están destinadas a incidir de manera significativa en la formación profesional
integral de nuestros estudiantes y revelan las enormes potencialidades que presenta esta
modalidad de la educación superior no solamente para que conozcan a fondo la realidad del
país y se formen de manera integral, sino, además, para que incorporen a su preparación
académica los problemas de la vida real a los que resulta imperativo encontrar soluciones
desde el campo profesional en el que cada uno se desempeñará.
El trabajo de las Brigadas permite que nuestros estudiantes se conviertan a mediano plazo en
verdaderos investigadores, capaces de elaborar y acometer proyectos de desarrollo comunitario
a la vez que se acostumbren a trabajar en equipos interdisciplinarios o multidisciplinarios como
corresponde al desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología en los tiempos actuales.
La ejecución de diferentes programas de interacción social y la elaboración e implementación
de proyectos de desarrollo comunitario derivados de dichos programas confiere a los
estudiantes, quienes son, sin dudas, los más beneficiados con esta iniciativa, la posibilidad de:
-
Desarrollar sus prácticas pre-profesionales en condiciones reales y tutorados por sus
docentes con procesos académicos de enseñanza y aprendizaje de verdadera “aula
abierta”
-
Trabajar en equipos, habituándose a ser parte integral de un todo que funciona como
unidad, desarrollando un lenguaje común, criterios y opiniones comunes y planteándose
metas y objetivos comunes para dar soluciones en común a los problemas.
-
Realizar investigaciones multidisciplinarias en un momento histórico en que la ciencia
atraviesa una etapa de diferenciación y en que los avances tecnológicos conllevan la
aparición de nuevas y más delimitadas especialidades.
-
Desarrollar una mentalidad, crítica y solidaria, con plena conciencia de nuestra realidad
nacional.
5
ACTIVIDADES A REALIZAR VINCULADAS CON LOS CONTENIDOS DE LA MATERIA
TAREAS
TEMAS
PROPUESTAS
QUE SE RELACIONA
Participación
interacción
alumnos
CON
LOS LUGAR DE ACCION
e Todas las unidades Cancillería
de
con
Regional
los de instrucción
de la República: Plaza
las
de
Armas
siguientes
Septiembre,
instituciones:
Escuela
Cancillería
de
la
Escuela
de
24
de
Altos
regional
Estudios Nacionales:
República;
Sede 8va. División del
de
Ejército
altos
FECHA PREVISTA
Estudios nacionales;
8
va.
División
del
Ejército
IV.- EVALUACION DE LA ASIGNATURA

Procesual o Formativa
A lo largo del semestre se realizaran exposiciones, work papers, lectura de obras, DIF además de
otras actividades en aula: también se contaran los trabajos en campo de las brigadas en los
diferentes eventos de historia. Todos ellos se evaluaran sobre 50 puntos

De Resultados de los Procesos de Aprendizaje o Sumativa
Se realizaran dos evaluaciones parciales con contenido teórico y práctico. La evaluación final
consistirá en un examen escrito y en la presentación de documentos resultantes del trabajo practico.
6
V
BIBLIOGRAFIA












ALBERTINI, Luis E., “Derecho Diplomático”, Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú
1977.
IÑIGUEZ de Salinas Elizabeth, “Jerarquía Constitucional de los Tratados
Internacionales”.
MARTINEZ L., Santiago, y Martínez M. Amador, “Diccionario Diplomático
Iberoamericano, ICI, ediciones cultura hispánica, Madrid 1994”.
PEREZ de Cuellar, Javier, “Manual de Derecho Diplomático”. Ministerio de Relaciones
Exteriores del Perú, 1964.
RAMIREZ del Río, Jorge, “Teoría y Práctica de los Tratados y Redacción Diplomática”,
Academia Diplomática del Perú, 1982.
SALAMANCA, Alberto y otros autores, “Manuel Diplomática”, Ministerio de Relaciones
Exteriores y culto, 1991.
REMIRO Brotons, Antonio, “Derecho Internacional”, edicion Interamericana de España,
Madrid 1997.
CAMACHO Omiste, Edgar, “Convenios y Declaraciones Internacionales”, edicion
Novedades Ltda., La Paz 1966.
ALBUQUERQUE Mello, Celso , “ Derecho Internacional Publico”, edicion Renovar Ltda.,
Brasil 1992.
JIMENEZ de Arechaga, Eduardo, “El Derecho Internacional Comtemporaneo, Editorial
Tecnos, Madrid.
DE LA GUARDIA, Ernesto y Marcelo Delpech, “ El Derecho de los Tratados y la
Convencion de Viena de 1969”,Editorial La Ley, Buenos Aires 1970.
“Compendio de Normas Internaciones de Derecho Internacional Publico “ Editorial La
Ley , Universidad de Cordova Argentina 2010.
VI. CONTROL DE EVALUACIONES.
1° evaluación parcial
Fecha:
Nota:
2° evaluación parcial
Fecha:
Nota:
Examen final
Fecha:
Nota:
7
VII.- PLAN CALENDARIO
SEMAN
A
ACTIVIDADES ACADÉMICAS
OBSERVACIONES
16ma.
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Avance de
materia
Evaluación final
17va.
Evaluación final
Presentación de Notas
18na.
Evaluación del segundo turno
Presentación de Notas
1ra.
2da.
3ra.
4ta.
5ta.
6ta.
7ma.
8va.
9na.
10ma.
11ra.
12da.
13ra.
14ta.
15ta.
Primera Evaluación
Segunda Evaluación
Presentación de Notas
8
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 1
UNIDAD O TEMA: Unidad I, Tema I
TITULO: LOS TRATADOS INTERNACIONALES
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Primera Evaluación.-
INTRODUCCIÓN
Tratado, en Derecho Internacional, acuerdo escrito concluido por dos naciones soberanas o por una
nación y una organización internacional (por ejemplo, la Unión Europea). La facultad de concertar
tratados es un atributo esencial de la soberanía. El principio de que los tratados concluidos de forma
correcta son obligatorios para los signatarios, que deben adherirse a los mismos de buena fe, es una
regla cardinal del Derecho Internacional.
VALIDEZ
Para que un tratado internacional sea válido, ambas partes deben poseer la capacidad necesaria
para concertar tratados. Los plenipotenciarios que los negocien han de estar autorizados de la forma
conveniente, y actuar con completa libertad. Un tratado no es válido si ha existido amenaza o fuerza
que violen los principios del Derecho Internacional consagrados en la Carta de las Naciones Unidas.
Los tratados de paz celebrados después del cese de las hostilidades eran considerados por lo
general como nulos debido a la existencia de la contienda bélica. Sin embargo, en 1932 los Estados
Unidos establecieron una política que reconocía la validez de los tratados celebrados por medios
contrarios al Pacto Briand – Kellogg, se adoptó por la Sociedad de Naciones, y con posterioridad fue
llevado, junto con otros principios análogos, a la Convención de Viena de 1969.
9
CONTENIDO
Las finalidades que persiguen los Estados cuando conciertan tratados son ilimitadas en la práctica.
Incluyen la adquisición de territorio extranjero, la cesión de territorio propio, la delimitación y
rectificación de fronteras, la promesa de ayuda recíproca, la garantía de inversiones exteriores, la
extradición de personas acusadas por algún delito o condenadas por ello y los numerosos supuestos.
Los tratados pueden ser bilaterales, pero también multilaterales, como sucede con las convenciones
de Derecho del mar, la de los derechos humanos o las que regulan los privilegios e inmunidades
diplomáticas. Los tratados multilaterales constituyen la base para la formación de organizaciones
internacionales y la determinación de sus funciones y potestades.
TIPOS DE TRATADOS
Los tratados tienen contenido político o comercial. Los políticos pueden, por ejemplo, referirse a la
mutua defensa en caso de ataques exteriores (que no serán válidos, por supuesto, si violan la Carta
de las Naciones Unidas), a la garantía y respeto de un determinado estatus (así, se acuerda que una
de las partes será considerada neutral en una guerra concreta). También pueden referirse a la
preservación de las fronteras existentes. Los tratados comerciales regulan cuestiones económicas,
como la reducción de aranceles para los productos importados que procedan de la otra parte del
acuerdo. Más recientemente, estos tratados contienen la llamada “cláusula de nación más
favorecida”, con lo que cada signatario deberá disponer al otro el mismo tratamiento que se haya
dado ya o se de en el futuro a una tercera nación. El tratado multilateral más importante de este tipo
es el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio), que asegura igual tratamiento a los
nacionales de cualquiera de los países signatarios. Otro tipo de tratados establece el sometimiento de
las disputas entre las partes al arbitraje de tribunales especiales o de instituciones como el Tribunal
Permanente de Arbitraje o el Tribunal Internacional de justicia.
CONCLUSIÓN Y RATIFICACIÓN
El Derecho Internacional no prescribe una forma fija preestablecida para la conclusión de los tratados,
ni un procedimiento específico para ello. De acuerdo firmado por funcionarios autorizados puede ser
concluido por medio del intercambio de notas diplomáticas, o por la firma de una o más copias del
texto que supongan el consentimiento de los respectivos gobiernos.
Muchos tratados requieren ratificación por cada una de las partes, de modo que, una vez se ha
alcanzado el acuerdo sobre el texto definitivo y firmado el documento, se ha de proponer la
ratificación por parte del Parlamento o de la autoridad que en las normas constitucionales de cada
una de las partes tenga reservada esta facultad de ratificación.
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TÉRMINO DE VIGENCIA
Los tratados pierden su vigencia por diversas causas. Puede el propio tratado establecer un plazo de
duración determinado, o autorizar a una de las partes a darlo por extinguido con comunicación a la
otra parte o consignar una fecha concreta para su terminación. También puede ocurrir que una de las
partes incumpla sus obligaciones (desistimiento unilateral), que por regla general entraña medidas de
sanción. Una forma peculiar de extinción puede ser la propia de la cláusula “rebus sic stantibus”, que
significa que el tratado se celebró teniendo en cuenta las circunstancias concretas del momento, y
que tales circunstancias ya no se dan, por haberse producido un cambio sustancial en las mismas
(por ejemplo, el tratado tenía en cuenta las condiciones de la economía internacional, pero una crisis
mundial hace que ya no tenga sentido seguir aplicando ese criterio).
LA CONVENCIÓN DE VIENA
Las reglas del Derecho Internacional sobre celebración, validez, efectos, interpretación, modificación,
suspensión y término de vigencia de los tratados internacionales fueron codificadas en la Convención
de Viena de 1969, en una conferencia que tuvo lugar por resolución de la Asamblea General de
Naciones Unidas. Participaron representantes de ciento diez naciones, entre las que se encontraban
la mayor parte de los miembros de las Naciones Unidas, así como alguna nación que no era miembro
en aquel momento, como Suiza. La Comisión de Derecho Internacional preparó el acuerdo, y la
Convención entró en vigor en enero de 1980, con la ratificación de 35 naciones.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 1
1. ¿Cuáles son las causas según la doctrina para que un Tratado pierda vigencia?
2. ¿Cuantos tipos de tratado conoce? Explique brevemente.
3. ¿Cuando entran en vigor los tratados?
4. ¿Como pueden ser los tratados?
5. ¿Los tratados políticos a que se refieren?
6. ¿Que tratados toman en cuenta a las fronteras?
7. ¿La vigencia de un tratado, por que se acaba?
8. ¿En que convención, donde y en que año fueron codificados los tratados?
9. ¿Que significa la cláusula Rebus Sic Stantibus?
11
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 2
UNIDAD O TEMA: Unidad 2, Tema 2
TITULO: FORMAS DE MANIFESTACION DE OBLIGARSE POR
UN TRATADO
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Primera Evaluación
FORMAS DE MANIFESTACION DE UN ESTADO PARA OBLIGARSE POR UN TRATADO
Art. 11.- Formas de manifestación del consentimiento en obligarse por un tratado.
El consentimiento de un Estado en obligarse por un tratado podrá manifestarse mediante la firma, el
canje de instrumentos que constituyan un tratado, la ratificación, la aceptación, la aprobación o la
adhesión o en cualquier otra forma que se hubiere convenido.
Reservas
Art. 19. Formulación de reservas
Un estado podrá formular una reserva en el momento de firmar, ratificar, aceptar o aprobar un tratado
o de adherirse al mismo, a menos.
a) que la reserva esté prohibida por el tratado;
b) Que el tratado disponga que únicamente pueden hacerse determinadas reservas, entre las
cuales no figure la reserva de que se trate; o
c) Que, en los casos no previstos en los apartados a) y b), la reserva sea incompatible con el
objeto y el fin del tratado.
Art. 20. Aceptación de las reservas y objeción a las reservas.
12
1. Una reserva expresamente autorizada por el tratado no exigirá la aceptación ulterior de los
demás Estados contratantes, a menos que el tratado así lo disponga.
2. Cuando del número reducido de Estados negociadores y del objeto y del fin del tratado se
desprenda que la aplicación del tratado en su integridad entre todas las partes es condición
esencial del consentimiento de cada una de ellas en obligarse por el tratado, una reserva
exigirá la aceptación de todas las partes.
3. Cuando el tratado sea un instrumento constituido de una organización internacional y a menos
que en él se disponga otra cosa, una reserva exigirá la aceptación del órgano competente de
esa organización.
4. en los casos no previstos en los párrafos precedentes y a menos que el tratado disponga otra
cosa:
a) la aceptación de una reserva por otro Estado contratante constituirá al Estado autor de la
reserva en parte en el tratado en relación con ese Estado si el tratado ya está en vigor o
cuando entre en vigor para esos Estados;
b) La objeción hecha por otro Estado contratante a una reserva no impedirá la entrada en vigor
del tratado entre el Estado que hay hecho la objeción y el Estado autor de la reserva, a menos
que el Estado autor de la objeción manifieste inequívocamente la intención contraria;
c) Un acto por el que un Estado manifieste su consentimiento en obligarse por un tratado y que
contenga una reserva surtirá efecto en cuanto acepte la reserva al menos otro Estado
contratante.
5. Para los efectos de los párrafos 2 y 4, a menos que el tratado disponga otra cosa, se
considerará que una reserva ha sido aceptada por un Estado cuando éste no ha formulado
ninguna objeción a la reserva dentro de los doce meses siguientes a la fecha en que hay
recibido la notificación de la reserva o en la fecha en que hay manifestado su consentimiento
en obligarse por el tratado, si esta última es posterior.
Art. 21. Efectos jurídicos de las reservas y de las objeciones a las reservas.
1. Una reserva que sea efectiva con respecto a otra parte en el tratado de conformidad con los
artículos 19, 20 y 23.
a) Modificará con respecto al Estado autor de la reserva en sus relaciones con esa otra parte las
disposiciones del tratado a que se refiera la reserva en la medida determinada por la misma: y
b) Modificará, en l misma medida, esas disposiciones en lo que respecta a esa otra parte en el
tratado en sus relaciones con el Estado autor de la reserva.
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2. La reserva no modificará las disposiciones del tratado en lo que respecta a las otras partes en
el tratado en sus relaciones inter se.
3. Cuando un Estado que hay hecho una objeción a una reserva no oponga a la entrada en vigor
del tratado entre él y el Estado autor de la reserva, las disposiciones a que se refiera ésta no
se aplicará entre los dos Estados en la medida determinada por la reserva.
Art. 22. Retiro de las reservas y de las objeciones a las reservas.
1. Salvo que el tratado disponga otra cosa, una reserva podrá ser retirada en cualquier momento
y no exigirá para su retiro el consentimiento del Estado que la hay aceptado.
2. Salvo que el tratado disponga otra cosa, una objeción a una reserva podrá ser retirada en
cualquier momento.
3. Salvo que el tratado disponga o se hay convenido otra cosa:
4. a) el retiro de una reserva sólo surtirá efecto respecto de otro Estado contratante cuando ese
Estado hay recibido la notificación;
5. El retiro de una objeción a una reserva sólo surtirá efecto cuando su notificación hay sido
recibida por el Estado autor de la reserva.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 2
1. ¿Cuáles son los efectos jurídicos de las reservas de acuerdo a la convención de Viena?
2. Las formas de manifestación del consentimiento en obligarse por un tratado. ¿Como se
efectivizan?
3. ¿Cuales son las formas de manifestación de un Estado de obligarse por un tratado?
4. ¿Que es una Reserva?
5. ¿Cuando un Estado se adhiere a un tratado y la reserva es incompatible con el mismo, que
pasa?
6. ¿Cuando un estado formula una reserva?
7. Efectos jurídicos de la reserva
8. ¿Puede la reserva ser retirada en cualquier momento?
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PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 3
UNIDAD O TEMA: Unidad 3, Tema 3
TITULO: INTERPRETACION DE LOS TRATADOS
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Primera Evaluación.INTERPRETACION DE LOS TRATADOS
Art. 31. Regla general de interpretación
1. Un tratado deberá interpretarse de buena fe conforme al sentido corriente que hay de
atribuirse a los términos del tratado con el contexto de éstos y teniendo en cuenta su
objeto y fin.
2. Para los efectos de la interpretación de un tratado, el contexto comprenderá, además
del texto, incluidos su preámbulo y anexos:
a) Todo acuerdo que se refiera al tratado y hay sido concertado entre todas las partes con
motivo de la celebración del tratado,
b) Todo instrumento formulado por una o más partes con motivo de la celebración del tratado y
aceptado por las demás como instrumento referente al tratado.
3. Juntamente con el contexto, habrá de tenerse en cuenta.
a) Todo acuerdo ulterior entre las partes acerca de la interpretación del tratado o de la aplicación
de sus disposiciones;
b) Toda práctica ulteriormente seguida en la aplicación del tratado por la cual conste el acuerdo
de las partes acerca de la interpretación del tratado;
c) Toda norma pertinente de derecho internacional aplicable en las relaciones entre las partes.
Art. 32. Medios de interpretación complementarios.
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Se podrá acudir a medios de interpretación complementarios, en particular a los trabajos
preparatorios del tratado y a las circunstancias de su celebración, para confirmar el sentido resultante
de la aplicación del artículo 31, o para determinar el sentido cuando la interpretación dada de
conformidad con el artículo 31:
a) Deje ambiguo u oscuro el sentido: o
b) Conduzca a un resultado manifiestamente absurdo o irrazonable.
Art. 33. Interpretación de tratados autenticados en dos o más idiomas.
1. Cuando un tratado hay sido autenticado en dos o más idiomas, el texto hará igualmente fe en
cada idioma, a menos que el tratado disponga o las partes convengan que en caso de
discrepancia prevalecerá uno de los textos.
Art. 41 Acuerdos para modificar tratados multilaterales entre algunas de las partes
únicamente.
1. Dos o más partes de un tratado multilateral podrán celebrar un acuerdo que tenga por objeto
modificar el tratado únicamente en sus relaciones mutuas:
a) Si la posibilidad de tal modificación está prevista por el tratado; o
b) Si tal modificación no está prohibida por el tratado, a condición de que:.
I.
No afecte al disfrute de los derechos que a las demás partes correspondan en virtud del
tratado ni al cumplimiento de sus obligaciones; y
II.
No se refiera a ninguna disposición cuya modificación sea incompatible con la consecución
efectiva del objeto y del fin del tratado en su conjunto.
2. Salvo que en el caso previsto en el apartado a) del párrafo 1 del tratado disponga otra cosa,
las partes interesadas deberán notificar a las demás partes su intención de celebrar el
acuerdo y la modificación del tratado que en ese acuerdo se disponga.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 3
1. ¿Cuáles son las reglas generales de interpretación de un tratado?
2. ¿Los acuerdos para modificar Tratados multilaterales, qué aspectos abarcan?
3. ¿Como debe interpretarse un tratado?
4. ¿Que son los medios de interpretación complementarios?
5. ¿Cuando se realiza la interpretación en dos o mas idiomas, que se hace?
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6. ¿Que son los acuerdos para modificar tratados multilaterales, entre algunas de las
partes únicamente?
7. Para modificar un tratado, ¿que deben hacer las partes interesadas?
8. ¿Que es el Pacta Sunt Servanda?
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 4
UNIDAD O TEMA: Unidad 4, Tema 4
TITULO:
NULIDAD, TERMINACION Y SUSPENSIÓN DE LA
APLICACIÓN DE LOS TRATADOS
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Primera Evaluación.NULIDAD, TERMINACION Y SUSPENSIÓN DE LA APLICACIÓN DE LOS TRATADOS
Disposiciones generales
Art. 42. Validez y continuación en vigor de los tratados.
1. La validez de un tratado o del consentimiento de un Estado en obligarse por un tratado no
podrá ser impugnada sino mediante la aplicación de la presente Convención.
2. La terminación de un tratado, su denuncia o el retiro de una parte no podrán tener lugar sino
como resultado de la aplicación de las disposiciones del tratado o de la presente Convención.
La misma norma se aplicará a la suspensión de la aplicación de un tratado.
Art. 43. Obligaciones impuestas por el derecho internacional independientemente de un
tratado.
La nulidad, terminación o denuncia de un tratado, el retiro de una de las partes o la suspensión de la
aplicación del tratado, cuando resulten de la aplicación de la presente Convención o de las
disposiciones del tratado, no menoscabarán en nada el deber de un Estado de cumplir toda
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obligación enunciada en el trtado a la que esté sometido en virtud del derecho internacional
independientemente de este tratado.
Nulidad de los tratados
Art. 46. Disposiciones de derecho interno concernientes a la competencia para celebrar tratados.
9. El hecho de que el consentimiento de un Estado en obligarse por un tratado hay sido
manifestado en violación de una disposición de su derecho interno concerniente a la
competencia para celebrar tratados no podrá ser alegado por dicho Estado como vicio
de su consentimiento, a menos que esa violación sea manifiesta y afecte a una norma
de importancia fundamental de su derecho interno.
10. Una violación se manifiesta si resulta objetivamente evidente para cualquier Estado
que proceda en la materia conforme a la práctica usual y de buena fe.
Art. 48. Error.
1. Un Estado podrá alegar un error en un tratado como vicio de su consentimiento en obligarse
por el tratado si el error se refiere a un hecho o a una situación cuya existencia diera por
supuesta ese Estado en el momento de la celebración del tratado y constituyera una base
esencial de su consentimiento en obligarse por el tratado.
2. El párrafo 1 no se aplicará si el Estado de que se trate contribuyó con su conducta al error o si
las circunstancias fueron tales que hubiera quedado advertido de la posibilidad de error.
3. Un error que concierna sólo a la redacción del texto de un tratado no afectará a la validez de
éste; en tal caso se aplicará el artículo 79.
Art. 49. Dolo
Si un Estado ha sido inducido a celebrar un tratado por la conducta fraudulenta de otro Estado
negociador, podrá alegar el dolo como vicio de su consentimiento en obligarse por el tratado.
Art. 50. Corrupción del representante de un Estado.
Si la manifestación del consentimiento de un Estado en obligarse por un tratado ha sido obtenida
mediante la corrupción de su representante, efectuada directa o indirectamente por otro Estado
negociador, aquel Estado podrá alegar esa corrupción como vicio de su consentimiento en obligarse
por el tratado.
Art. 51. Coacción sobre el representante de un Estado.
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La manifestación del consentimiento de un Estado en obligarse por un tratado que hay sido obtenido
por coacción sobre su representante mediante actos o amenazas dirigidos contra él carecerá de todo
efecto jurídico.
Art. 52. Coacción sobre un Estado por la amenaza o el uso de la fuerza.
Es nulo todo tratado cuya celebración se hay obtenido por la amenaza o el uso de la fuerza en
violación de los principios de derecho internacional incorporados en la Carta de las Naciones Unidas.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 4
1. ¿Qué es el dolo en la aplicación de los tratados?
2. ¿Que se interpreta cuando se habla de la coacción por un Estado sobre amenaza o el
uso de la fuerza?
3. ¿Como debe interpretarse un tratado?
4. ¿Que son los medios de interpretación complementarios
5. ¿Cuales son las disposiciones de derecho Interno concerniente a la competencia para
celebrar tratados?
6. . ¿Que es el error en la interpretación de los tratados?
7. ¿Que es la corrupción del representante de un Estado?
8. Un tratado, ¿Cuando es Nulo?
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PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 5
UNIDAD O TEMA: Unidad 5, Tema 5
TITULO: FUENTES DEL DERECHO INTERNACIONAL
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Segunda Evaluación.FUENTES DEL DERECHO INTERNACIONAL
LAS FUENTES
Algunos textos de Derecho Positivo han precisado cuáles serían las Fuentes del Derecho
Internacional. El primero de ellos está contenido en el artículo 7º. De la Convención de La Haya, de
18 de octubre de 1907, en el cual, al instituir la Corte Internacional de Presas, enumeraba las fuentes
de Derecho Internacional.
Según la concepción que tuviera cada uno de ellos, esto es, si creyeran en la existencia de normas
Internacionales, ya sea de carácter superior o simplemente derivadas del consentimiento de la
costumbre internacional, esa sería la forma que adoptarían los tratadistas al enumerar o clasificar lo
que se ha dado en llamar “Fuentes del Derecho Internacional”.
De dicha disposición legal se deduce que las tres primeras se consideran Fuentes principales del
Derecho Internacional Público, esto es, los tratados, la costumbre y los Principios Generales de
Derecho.
Los tratados:
Definiendo en un sentido lo que entendemos por tratado, podemos decir que es “Todo acuerdo
concluido entre sujetos del Derecho de Gentes”. De la definición se infiere:
9. Que deben ser sujetos del Derecho de Gentes, esto es, entes jurídicos internacionales
que son destinatarios de sus normas.
10. Se rechazan por tanto, los acuerdos entre casas reinantes o entre salvajes por no
poseer la calidad de sujeto internacional.
20
Se aceptan, en cambio, los acuerdos celebrados entre Estados y Organizaciones
Internacionales como la O.N.U. o la OEA.
Para que exista tratado es necesario el consentimiento de dos o más Sujetos
Internacionales. Cuando solamente media la voluntad de un Estado, estamos en
presencia de los llamados Actos Unilaterales Internacionales.
Actos Unilaterales:
La doctrina los clasifica en actos unilaterales tácitos y actos unilaterales expresos.
La manifestación más importante de acto unilateral tácito lo constituye en Derecho Internacional, el
silencio. Este equivale a la renuncia o la aceptación implícita de un hecho o de un acto jurídico.
En los actos unilaterales expresos se mencionan: 1º. La notificación, 2º el reconocimiento, 3º la
protesta, y 4º la renuncia.
Clasificación de los Tratados:
La clasificación principal de los tratados es aquella que los divide entre tratados bilaterales y
multilaterales, tratados – leyes y tratados contratos.
Tratados bilaterales son aquellos celebrados entre dos sujetos internacionales.
Tratados multilaterales, aquellos celebrados entre varios.
Tratado – contrato es aquel que solo importa prestaciones y contraprestaciones entre las partes.
Tratado – ley, en cambio, es aquel que establece normas de carácter general y obligatorio.
También suele clasificarse a los tratados atendiendo su objeto; a su modo de ejecución, a la época de
su conclusión, al área de aplicación geográfica y tantas otras que no vale la pena mencionar por su
poco mérito didáctico.
Estudio del tratado Internacional desde el punto de vista formal:
El procedimiento de elaboración de un tratado en forma total obedece a un mecanismo bastante
complejo.
La Convención sobre Tratados aprobada en la Sexta Conferencia Internacional celebrada en La
Habana en 1928, estableció que la forma material de los tratados debía ser documental, esto es,
escrita.
Terminología usada para los Tratados:
Varios son y han sido los términos que se emplean para denominar los acuerdos entres sujetos del
Derecho de Gentes.
21
Citaremos como el más usual y conocido el término de “Tratado”. Cuando contiene reglas o normas
de Derecho, a los tratados se les denomina también Convenciones. (Ej. las Convenciones de La
Haya sobre la guerra).
Citaremos a continuación algunos otros nombres que suelen recibir los tratados:
1º Pacto.- Ej. El Pacto de la Sociedad de las Naciones. El Pacto de Bogotà sobre medios de solución
pacífica de los conflictos Internacionales suscitados entre las potencias americanas.
2º. Estatuto.- Se les da este nombre a los tratados colectivos que tienen un carácter constitutivo y
organizador de un organismo internacional.
3º Acta.- Cuando se trata de enunciar reglas de Derecho de carácter general.
4º Declaración.- Toma este nombre cuando se trata de exponer principios jurídicos o de afirmar una
actitud política común.
Técnicas clásicas de conclusión de los tratados
La confección o conclusión de un tratado consta de dos partes principales, ellas son: a) La
elaboración: Esta, a su vez, se compone de tres frases; 1º. La negociación; 2º. La redacción y 3º. La
firma.
1º. La negociación.- Todo trata4do comienza por esta primera fase, que será diferente según se
trate de un acuerdo bilateral o de un tratado colectivo. En el primer caso la negociación se lleva a
cabo entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Diplomático acreditado o el enviado
especialmente para dicha negociación. Tratándose en cambio de un tratado colectivo, éstos suelen
celebrarse en Congreso o Conferencias Internacionales, en las cuales cada país tiene acreditados
sus representantes.
En general, los tratados son negociados por los Diplomáticos o agentes técnicos premunidos de las
facultades necesarias. Estas facultades, contenidas en un título llamado patente, constituyen los
Plenos Poderes. En ellos, se enuncia generalmente la promesa del Estado que representan, de éste
ratificará lo acordado en la negociación.
2º. Redacción.- Consiste en escriturar los acuerdos logrados durante la negociación. De este modo
será fácil el constatarlos y el poder exigir su cumplimiento. La redacción se hace en tantas copias
cuantos Estados hayan intervenido en ella. Cada copia comienza nombrando el Estado en, cuyo
poder ha de quedar. Este sistema recibe el nombre de régimen alternativo en la redacción de los
tratados.
El idioma en el cual los tratados han de ser redactados se determina por los participantes en dichos
acuerdos y por las costumbres internacionales. En caso de que todos los interesados o firmantes
22
empleen la misma lengua, ésta será la usada en el tratado. En este caso, por tanto, no se presentaría
problema.
3º. La firma: Una vez redactado el tratado debe ser firmado por aquellos que han concurrido a su
aprobación. Sin embargo, debemos hacer presente que lo que obliga o hace obligatorio un tratado no
es el que esté firmado, sin que hay sido ratificado por los Estados signatarios.
Ratificación de los tratados.
El tratado se hace obligatorio, esto es, adquiere fuerza jurídica desde el momento en que se ratifica.
Según la Doctrina Positivista, la ratificación es un acto unilateral que consiste en la aprobación dada
al tratado por los órganos estatales internos susceptibles de comprometerlo internacionalmente.
Ratificación Imperfecta.
La doctrina se encuentra dividida con respecto al problema que podrá presentarse en el caso de que
a un tratado le faltase un trámite esencial o formal en su ratificación. Para algunos autores, aún
existiendo esta omisión de algún elemento en la ratificación, será válida y por tanto, obligaría
jurídicamente al Estado. Para otros tratadistas, en cambio, la omisión de un acto en la ratificación,
acarrearía la nulidad de ésta y no obligaría al Estado. Finalmente, autores positivistas italianos han
elaborado una doctrina ecléctica en la cual, a pesar de todo, el Estado tendría responsabilidad.
Adhesión
La adhesión a un tratado es el acto jurídico por el cual un Estado que nos parte en un tratado
internacional, se coloca bajo el imperio de las disposiciones de este tratado, recibe también el nombre
de accesión.
Algunos autores, sin embargo, han querido distinguir y diferenciar entre ambos términos. Así
entonces la accesión implicaría una aceptación y una sumisión a los efectos del tratado y la adhesión,
en cambio, sólo significaría una aceptación al mismo.
Formas de Adhesión
Antiguamente, existían algunas modalidades, hoy ya desechadas, para adherir a un tratado. Los
terceros Estados que quisiesen adherir a un tratado celebraban con los países firmantes un tratado
especial para tal objetivo.
En nuestro tiempo, la adhesión consiste en un acto unilateral emanado del tercer Estado interesado
en adherir. Sucede sólo si el tratado contempla una cláusula de adhesión, o si los Estados firmantes
aceptan la adhesión del tercero. Para esta aceptación no se requiere ningún documento formal. Este
23
sistema se ha aplicado desde principios del siglo XIX hasta nuestros días. La facultad de adhesión
puede ser limitada o ilimitada, esto es, si se refiere a ciertos Estados o a todos o a todos ellos.
Modalidades de Adhesión
La adhesión será pura y simple si no exige condiciones para hacerse. Será condicionada en cambio
si ella aparejada cualquier índole de condiciones.
La adhesión será un acto libre si no hay presión de otros Estados para ello. Será obligatoria, en caso
contrario.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 5
1. ¿Los Tratados, son fuente del Derecho Internacional?
2. ¿Que son los actos Unilaterales?
3. ¿Cuál es la clasificación de los tratados?
4. ¿Qué es un Tratado - Contrato?
5. ¿Que es un Tratado – Ley?
6. Explique la terminología usada para los Tratados.
7. ¿La confección o conclusión de un Tratado, cuantas partes principales tiene?
8. ¿Cuál es la terminología usada para los Tratados?
24
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 6
UNIDAD O TEMA: Unidad 6, Tema 6
TITULO: JERARQUIA CONSTITUCIONAL DE LOS TRATADOS
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Segunda Evaluación.JERARQUIA CONSTITUCIONAL DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES
Derecho Internacional y Derecho Interno Establecida como está la importancia del Derecho
Internacional para la convivencia y relacionamiento cada vez más estrecho de los diferentes Estados
de la comunidad internacional, veremos cuál es la conexitud entre el Derecho Internacional, para la
convivencia y reracionamiento cada vez más estrecho de los diferentes Estados de la comunidad
internacional, veremos cuál es la conexitud entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno, tema
por mucho tiempo debatido y que se sigue debatiendo. ¿Cuál está por encima del otro, o es
prioritario?. Para resolver los conflictos que presentan las relaciones entre el derecho internacional y
el derecho interno surgen las doctrinas dualista y monista. El sistema dualista sostenido por Anizollotti
no permite la aplicación de las normas internacionales por los órganos del Estado mientras no hayan
sido “mudadas o transformadas en normatividad interna”. Se requiere la reproducción del texto del
tratado o bien, la expedición de una norma interna que ordene la aplicación del tratado en el orden
interno. La tesis monista sostenida por Kelsen, parte de la unidad de conjunto de normas jurídicas,
acepta el principio de la subordinación de las unas a las otras en un orden rigurosamente jerárquico,
siendo el derecho interno delegado del derecho internacional. La posición monista consecuentemente
afirma que el derecho internacional n o requiere transformación o recepción para darle fuerza
obligatoria y deroga de pleno derecho las normas internas que sean ratificados los tratados por los
Estados, pasan a formar parte del derecho propio y no requieren de otro procedimiento.
25
Fue la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969 la que dispuso que: “Un
Estado parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como justificación del
incumplimiento de su derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado”. Esta
norma contenida en el art. 27 se integra con la del art. 46 que elimina la posibilidad de que el Estado
alegue la nulidad por esa causa, salvo que la violación de derecho interno sea manifiesta y afecte una
norma de importancia fundamental de su derecho interno.
No olvidemos que la recepción del Derecho Internacional por los ordenamientos internos parte de
reconocer que el Estado no puede desconocer internamente las normas que ha generado
exteriormente.
Las discusiones doctrinales respecto a si existe o no una jerarquía determinada entre Derecho interno
y Derecho internacional, lejos de disminuir, se han acrecentado, y han pasado, como consecuencia
de los grandes cambios en las relaciones internacionales, del campo meramente teórico al campo de
los hechos cotidianos.
En el ordenamiento jurídico nacional, es la Constitución la que establece las normas de derecho
internacional que tienen validez y podrán ser aplicables en la jurisdicción interna, previos los
procedimientos que ella determina. Consecuentemente, son las Constituciones de los diferentes
países las que establecen el rango de los tratados internacionales en ella, por lo tanto estos, al
suscribir o al adherirse a un tratado han “autolimitado” su soberanía voluntariamente.
En el derecho Internacional no existe un órgano legislativo sino que las normas son creadas por
medio de acuerdos de los propios sujetos de derecho en el proceso de relaciones mutuas que surgen
de hechos que se producen en el desarrollo histórico de una comunidad de las que nacen reglas de
comportamiento con fuerza legal.
Se pueden dar cuatro formas en cuanto a la relación del derecho internacional con el derecho interno
en el marco de la supremacía constitucional.

Tratados con el mismo rango que la ley interna.

Tratados con jerarquía superior a la ley, pero no con jerarquía constitucional
(supralegales).

Tratados con jerarquía constitucional.

Ciertos tratados con jerarquía constitucional (algunas de derechos humanos) y los otros
con rango de ley.
26
Sin embargo, de estas situaciones parcialmente diferentes, la doctrina de la supremacía
constitucional subsiste, pues la Constitución sigue siendo suprema en cuanto es fuente primaria y
fundamento del orden jurídico estatal y decide su prelación aunque ella misma, al establecer la
gradación jerárquica, pueda ceder el primer nivel al derecho internacional.
La aplicación directa de un tratado en el derecho interno está ligada, necesariamente al tema de la
incorporación de éste en el ámbito jurídico de un Estado. En los países en que dicha incorporación es
automática como consecuencia de la ratificación o adhesión y su entrada en vigor, se admite que el
tratado se aplica directamente y puede ser invocado como derecho positivo ante el juez nacional. En
cambio en los sistemas jurídicos nacionales en que se requiere una ley posterior a la entrada en
vigencia del tratado como condición para su aplicación interna, la misma no es directa. Esto es un
modo general, pero en lo que toca a los tratados de derechos humanos existe la teoría de la
presunción de operatividad, pues a diferencia de otros tratados, éstos, no son un medio de
equilibrar intereses recíprocos entre los Estados sino que buscan establecer un orden público común
cuyos destinatarios son los seres humanos, independientemente de su nacionalidad.
La Jerarquía constitucional de los Tratados
Varios países europeos y Estados Unidos ya tenían resuelto el problema en sus viejas
Constituciones, como lo veremos en los cuadros siguientes. Nos detendremos más en lo que ocurrió
en Latinoamérica por ser de nuestro mayor interés.
América Latina, después de casi dos décadas de dictaduras militares, retornó a las democracias
representativas, lo que supuso el restablecimiento del constitucionalismo. Este proceso se llevó a
cabo mediante reformas de las Constituciones parciales o totales, caracterizándose básicamente por
la protección de los derechos humanos y la incorporación de otra jurisdicción supranacional mediante
la creación del Sistema Interamericano de Derecho Humanos (La Comisión y la Corte Interamericana
de Derechos Humanos) en base a cuyas instituciones se ha dado inicio a una etapa de control
constitucional del poder y de protección jurisdiccional nacional e internacional a los derechos
fundamentales.
En la mayoría de los países el tratado ratificado y en vigencia tiene jerarquía de ley, deroga, en
consecuencia las normas legales incompatibles con él. Sin embargo, una ley posterior no puede dejar
sin validez internacional el tratado anterior incompatible con ella, porque sólo es posible poner fin a la
vigencia de un tratado mediante la denuncia, procesada de acuerdo con lo previsto por el derecho
internacional, de otra manera podría generarse una responsabilidad internacional.
27
Veamos como establecieron algunos países la jerarquía de los tratados internacional en sus
Constituciones:
CONSTITUCIONES
QUE
OTORGAN
JERARQUIA
CONSTITUCIONAL
A
LOS
TRATADOS INTERNACIONALES SOBRE DERECHOS HUMANOS
Art. 23. “Los tratados, pactos y convenciones
Venezuela
Constitución
Política
de
17
de relativos a derechos humanos”, suscritos y
ratificados
noviembre de 1999
por
Venezuela,
tienen
jerarquía
constitucional y prevalecen en el orden interno
(…)”.
Art. 31. “Esta constitución”, las leyes de la Nación
Argentina
Constitución Política de 22 de agosto que en su consecuencia se dicten por el Congreso
de 1994.
y los tratados con las potencias extranjeras son la
Ley Suprema de la Nación”.
Art. 75 punto 22 inc. 2. Ciertas Declaraciones,
Convenciones
y
Pactos
Internacionales
ya
consagrados sobre derechos humanos vigentes,
que se enumeran específicamente “tiene jerarquía
constitucional”. Los demás tratados y convenciones
sobre derechos humanos, luego de ser aprobados
por el Congreso, requerirán del voto de las dos
terceras partes de la totalidad de los miembros de
cada
Cámara
para
gozar
de
la
jerarquía
constitucional.
Estados Unidos de Norteamérica
Art. 6 punto 2. “Esta Constitución”, y las leyes de
Constitución de 17 de septiembre de los Estados Unidos que se expidan con arreglo a
1787.
ella, y todos los tratados celebrados o que se
celebren bajo la autoridad de los Estados Unidos,
serán la suprema ley del país y los jueces de cada
Estado estarán obligados a observarlos, a pesar de
cualquier cosa en contrario que se encuentre en la
Constitución o las leyes de cualquier Estado”.
Art. 55 “Los tratados” o acuerdos debidamente
Francia
Constitución
de
la
República ratificados o aprobados tendrán, desde el momento
28
Francesa de 28 de septiembre de de su publicación, rango superior al de las leyes, si
1958
bien a reserva, para cada acuerdo o tratado, de su
aplicación por la otra parte.
Alemania
Art.
25.-
las
Ley Fundamental para la República internacional
reglas
generales
constituyen
parte
del
derecho
integrante
del
Federal de Alemania de 7 de octubre ordenamiento jurídico federal, tendrán prioridad
de 1949
sobre las leyes y crearán derechos y deberes
directos para los habitantes del territorio federal.
Art. 28.1. “Forman parte integrante del derecho
helénico interno y tendrán un valor superior a toda
disposición en contrato de la ley las reglas del
derecho internacional generalmente aceptadas, así
como los tratados internacional”.
Organismos Internacionales de Protección
Frente limitado rol racionalizador del poder que lleva a cabo la justicia nacional, las víctimas en
general encuentran o procuran encontrar en el sistema latinoamericano de derechos humanos un
ámbito de protección, tanto nacional como internacional.
La existencia de un sistema de protección internacional de los Derechos Humanos con la obligación
de los Estados de respetar los derecho y libertades reconocidos internacionalmente y con órganos de
control a los que pueden acudir los Estados que demandan el incumplimiento de sus obligaciones al
respecto por otros Estados partes, así como individuos o grupos de ellos, es trascendental para el
derecho internacional. Los derechos humanos han dejado de ser una materia reservada a la
jurisdicción interna de los Estados, jurídica y políticamente es una cuestión internacionalizada en la
que las competencias de control internacional, aunque subsidiarias de las existentes en el derecho
interno, juegan hoy a nivel universal y regional un papel esencial. De tal modo la noción misma de
soberanía estatal se ha visto especializada y la idea de poder absoluto, último e ilimitado ha quedado
obsoleta y sepultada.
En el ámbito americano la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de
22 de noviembre de 1969 reafirma el propósito de consolidar en el continente un régimen de
protección a los derechos esenciales del hombre, los que no nacen del hecho de ser nacional de
determinado Estado, sino que tiene como fundamento los atributos de la persona humana, razón por
29
la cual justifican una protección internacional de naturaleza convencional coadyuvante o
complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados americanos. Incorpora esta
Convención como medios de protección de los derechos enunciados a la Comisión y la Corte
Interamericana de Derechos Humanos.
El sistema de protección internacional tiene que confrontar frecuentes problemas porque algunos
Estados no acatan sus decisiones. Como es de vuestro conocimiento el art. 62 de la Convención
establece que todo Estado parte puede, en el momento del depósito de su instrumento de ratificación
o adhesión, o en cualquier otro posterior, declarar que reconoce como obligatoria de pleno derecho y
sin convención especial, la competencia de la Corte o aplicación de la Convención. Esto
generalmente lo hacen los Estados partes.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 6
1.
¿Que nos indica la doctrina referida al derecho internacional y al Derecho
Interno?
2.
¿Qué función cumplen los Organismos Internacionales de protección relativo a
los Tratados?
3.
¿Qué dice la convención de Viena sobre el derecho de los Tratados de 1969,
referida a los Estados?
4.
Las discusiones doctrinales respecto a la jerarquía del derecho interno y el
derecho internacional han solucionado el problema?
5.
¿Cuales son las formas en cuanto a la relación del Derecho Internacional con el
Derecho Interno en la supremacía constitucional?
6.
¿Que son Tratados con el mismo rango?
7.
¿Qué son los tratados con jerarquía constitucional?
8.
¿Qué dice la teoría sobre la Presunción de Operatividad relativo a los
tratados de derechos Humanos?
30
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
WORK PAPER # 7
UNIDAD O TEMA: Unidad 7, Tema 7
TITULO:
CONCLUSION
INTERNACIONALES
DE
LOS
TRATADOS
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Segunda Evaluación.CONCLUSION DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES
1. PROCEDIMIENTO Y FASES DE LA CONCLUSIÓN DEL TRATADO INTERNACIONAL
El derecho a la concertación de tratados internacionales (capacidad jurídica contractual) -es el
elemento más importante de la subjetividad jurídica internacional, una cualidad imprescindible del
sujeto de Derecho Internacional, ante todo del Estado. Cada Estado, cualesquiera que sean su
régimen social y político, la extensión de su territorio, el número de sus habitantes y el grado de
desarrollo de su economía y cultura, posee capacidad; jurídica para concluir `tratados
internacionales.
La conclusión del tratado internacional constituye un proceso, integrado por diversas fases
consecutivas principales, a -saber: la negociación de las cláusulas del tratado; la adopción de su
texto; la autentificación del mismo, y la manifestación del consentimiento del Estado sobre la obli gatoriedad del tratado con respecto a él (firma del tratado, ratificación, adhesión, aprobaci ón,
aceptación, canje de los instrumentos que forman el tratado, etc.). No es indispensable que cada
tratado recorra todas estas fases, pero si debe pasar por los períodos de la elaboración del texto,
de su aceptación y de la manifestación, en una u otra forma, del consentimiento del Estado sobre la
obligatoriedad del tratado con respecto a él.
31
Los Estados conciertan los tratados internacionales personificados por sus órganos supremos de
poder y de la administración del Estado. El procedimiento de la representación de los Estados para
concluir tratados y la determinación de los órganos sobre los que recae esta función y de sus
atribuciones corresponde reglamentarlos al Derecho interno de cada Estado. Por lo que se refiere a
las organizaciones internacionales, este procedimiento lo precisan sus estatutos. Conforme a la
Constitución de la URSS, la conclusión de tratados internacionales es prerrogativa del Soviet
Supremo, de su Presídium y del Consejo de Ministros de la URSS. Estos órganos pueden delegar
en ministerios y departamentos el derecho a concertar determinadas clases de tratados. Estos
tratados se llaman interdepartamentales. Cada república federada, como Estado soberano, también
posee capacidad jurídica contractual.
2. PLENOS PODERES
En la inmensa mayoría de los casos, los órganos del Estado, al concluir tratados internacionales,
obran a través de personas expresamente facultadas para ello. Con este fin son provistas de
documentos especiales denominados plenos poderes. En ellos se certifica el derecho a celebrar
negociaciones, adoptar el texto del tratado, establecer su autenticidad, firmarlo o manifestar de otro
modo el consentimiento sobre la obligatoriedad del tratado. Los plenos poderes pueden otorgarse
también sólo para algunas fases de la conclusión del tratado, como, por ejemplo, la celebración de
negociaciones, la adopción del texto y la autentificación del mismo, pero sin derecho a firmar el
tratado.
Los plenos poderes los concede el órgano del Estado en nombre del cual se concierta el tratado
internacional: En la URSS, los tratados se firman, en dependencia de la materia de que son objeto,
por el Presidente del Presídium del Soviet Supremo de la URSS, o por el Presidente del Consejo de
Ministros de la URSS, o por el ministro de Negocios Extranjeros de la URSS, o por otras personas a
las que se han conferido plenos poderes para este fin. Con arreglo al Derecho Internacional, no
necesitan plenos poderes el jefe del Estado, el jefe del Gobierno y el ministro de Asuntos
Exteriores.
A1 concertar tratados bilaterales, las partes canjean sus plenos poderes; cuando los tratados son
multilaterales se forma un comité especial encargado dé comprobar los plenos poderes.
Cualquier acto respectivo a la conclusión de un tratado realizado por una persona no facultada para
ello o con infracción de los plenos poderes no acarrea ninguna consecuencia jurídica para el Estado
siempre y cuando que este acto no sea revalidado después por el órgano competente del Estado.
32
Además de plenos poderes, las personas que llevan a cabo las negociaciones reciben de sus
gobiernos instrucciones en. las que se fija la posición que deberán mantener las delegaciones
sobre la materia objeto del tratado. Estas instrucciones constituyen un documento interno de cada
de,
legación. E1 tratado concluido con infracción de las instrucciones no pierde su fuerza
jurídica.
3. ELABORACIÓN DEL TEXTO DEL TRATADO
La primera fase indispensable de la concertación de un tratado internacional es la elaboración de su
texto concordado. El método principal de la preparación del texto lo constituyen las conversaciones
entre los Estados que negocian el tratado. Son tres las formas esenciales de elaboración de
cláusulas concordadas: 1) a través de las vías diplomáticas ordinarias (por lo general, en los casos
de preparación de tratados bilaterales, y con menos frecuencia cuando son multilaterales); 2)
mediante negociaciones bilaterales por conducto de delegaciones, especiales (misiones especia les), y 3) en conferencias internacionales y en organizaciones internacionales (para preparar
tratados multilaterales).
A menudo, los proyectos de tratados multilaterales se elaboran por órganos internacionales, en
particular por los órganos de la ONU (los comités de la Asamblea General, la Comisión de Derecho
Internacional de la ONU, la Comisión de la ONU sobre el Cosmos, la Comisión de los Derechos
humanos, etc.). Los tratados de esta clase se concuerdan definitivamente y se adoptan en
conferencias internacionales o en los órganos de la Organización de las Naciones Unidas (véase el
cap. II).
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 7
1. ¿Cuál es la capacidad jurídica para concluir Tratados Internacionales?
2. ¿Los plenos poderes que confiere un Estado a las personas, qué facultades expresas
tienen?
3. ¿Cuál es el procedimiento y fases de la conclusión del tratado?
4. ¿Qué son los plenos poderes?
5. ¿Qué consecuencias jurídicas acarrea que un tratado sea realizado por persona no
facultada?
33
6. ¿Cal es la primera fase indispensable en la elaboración de un tratado?
7. ¿Cuales son las tres fases esenciales de la elaboración de cláusulas concordadas?
8. ¿Un tratado concluido con infracción de las instrucciones, pierde su fuerza jurídica?
WORK PAPER # 8
UNIDAD O TEMA: Unidad 8, Tema 8
TITULO: EL DEPOSITARIO DE LOS TRATADOS REGISTRO Y
PUBLICACION
FECHA DE ENTREGA:
PERIODO DE EVALUACIÓN: Evaluación Final
EL DEPOSITARIO DE LOS TRATADOS MULTILATERALES
La custodia del ejemplar original del tratado multilateral, de las cartas de ratificación y otros
documentos sobre su aceptación, así como el envío de copias certificas del tratado a todas sus
partes y la comunicación a las mismas de la ratificación y la adhesión de nuevos Estados, cae
dentro de las funciones del depositario. Puede ser depositario un Estado, una organización
internacional o el funcionario administrativo principal de tal organización, cuya designación se hace
por acuerdo de las partes.
El depositario cumple una función internacional y debe actuar con imparcialidad. Entre otras cosas,
la circunstancia de que no reconozca a uno u otro Estado no debe influir en el cumplimiento de sus
deberes. En los últimos años, a fin de superar las contradicciones políticas y asegurar la posibilidad
de la participación universal en los tratados, se designa como depositarios a varios Estados. Por
ejemplo, la URSS, los EE.UU. e Inglaterra fueron designados depositarios del Tratado de Moscú de
1963 sobre la Prohibición de los Ensayos con Armas Nucleares en la Atmósfera, en el Espacio
Ultraterrestre y bajo el Agua, el Tratado de 1968 sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, el
Tratado de 1971 sobre la Desatomización de los Fondos Marinos y Oceánicos. La entrega por un
34
Estado de los instrumentos de ratificación o de adhesión a uno de los depositarios es suficiente
para que se convierta en parte del tratado.
REGISTRO Y PUBLICACIÓN DE LOS TRATADOS
La diplomacia imperialista siempre utilizó ampliamente los tratados secretos para alcanzar sus
objetivos. Valiéndose de éste género de contubernios decidía sobre el destino de los pueblos a
espaldas de ellos. Por eso, el Estado soviético proclamó ya en sus primeros actos la renuncia a la
diplomacia secreta. Procedió a la publicación de los tratados secretos del imperialismo, haciendo
ver a todo el mundo su carácter expoliador y antipopular.
A consecuencia de esto y bajo la presión de la opinión pública, en el Pacto de la Sociedad de
Naciones se incluyó el requisito del registro de los tratados de los miembros de la Sociedad en la
Secretaría a fin de publicarlos. Hoy la Carta de las Naciones Unidas preceptúa que los Estados
miembros deben registrar sus tratados en la Secretaría de la ONU, la cual los publica con
regularidad en recopilaciones especiales (art.'102).
La publicación de un tratado internacional dentro de un país -en la forma establecida en él se llama
promulgación. En la URSS, los tratados concluidos por ella se publican en la Gaceta del Soviet
Supremo de la URSS, en la Compilación de disposiciones del Gobierno de la URSS y en recopilaciones especiales de tratados, acuerdos y convenios vigentes concluidos entre la URSS y
otros Estados.
Los tratados suscritos por las repúblicas federadas se " publican en las respectivas ediciones de las
repúblicas. En la URSS, los tratados internacionales se publican después de su entrada en vig or
para ella.
CUESTIONARIO DEL WORK PAPER 8
1. ¿Qué función cumple el depositario de los Tratados?
2. El registro y la publicación de los Tratados, qué actividades realizan los Estados para
cumplirla?
3. ¿Quiénes pueden ser depositarios de los Tratados?
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4. ¿Cuál es la función internacional del depositario?
5. ¿Qué es el registro de un tratado?
6. ¿Qué se entiende por publicación de un tratado?
7. ¿Qué efectos políticos sociales han ocasionado la publicación y registro de los tratados?
8. ¿Por que razón se designa a un depositario?
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
DIF’s - 01
TEMA: ORGANISMOS INTERNACIONALES
TITULO:
TRATADOS
CON
PARTICIPACIÓN
ORGANIZACIONES INTERNACIONALES
DE
FECHA DE ENTREGA:
RESERVAS A LOS TRATADOS MULTILATERALES
El Estado tiene derecho a declarar en cualquier fase de la elaboración del tratado (firma,
ratificación, aceptación, aprobación y adhesión) que una u otra cláusula del mismo es inaceptable
para él.- Esta declaración unilateral, mediante la que un Estado desea excluir o modificar loa
efectos jurídicos de ciertas disposiciones del tratado en aplicación a ese Estado, se llama reserva.
La reserva formulada al firmar un tratado internacional debe confirmarse cuando el tratado se
aprueba definitivamente o se ratifica. La parte disconforme con la reserva de un Estado puede
hacer objeciones a ella: Sin embargo, la objeción, a tenor con la práctica contractual arraigada, no
impide que el tratado sea puesto en vigor entre el Estado objetante y el Estado reservante, salvo
cuando el primero manifiesta inequívocamente que la reserva impide para él la entrada en vigor del
tratado. Si esa declaración no se hace, la cláusula a la que se refiere la reserva no regirá para
ambos Estados; en lo restante, el tratado surtirá sus efectos entre ellos.
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La Unión Soviética ha hecho reiterado uso del soberano derecho a las reservas para impedir las
tentativas de los Estados capitalistas de imponerle su voluntad, y asimismo para defender a otros
pueblos. Entre estas reservas hay que señalar las formuladas por ella sobre los llamados artículos
coloniales de los tratados (por ejemplo, al firmar la Convención de 1948 sobre Prevención y Castigo
de Delitos de Genocidio, al adherirse a la Convención de París de 1883 sobre Protección de la
Propiedad Industrial, y en otros casos), así como las reservas acerca de la no obligatoriedad para la
URSS de la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia de la ONU o del Arbitraje sin su
consentimiento especial para ello (respecto a las convenciones sobre los derechos políticos de la
mujer, la supresión de todas las formas de discriminación racial, etc.).
La reserva no se admite cuando es incompatible con el objeto y el fin del tratado internacional o
está prohibida por él. Este último caso se da rara vez. Puede servir de ejemplo la Convención
Suplementaria del 7 de septiembre de, 1956 sobre la Abolición de la Esclavitud, la Trata de
Esclavos y las Instituciones y Prácticas Análogas a la Esclavitud, en la que se dice taxativamente:
"A la presente convención no se admiten reservas" (art. 9).
Las reservas deben ser diferenciadas de diversas declaraciones y manifestaciones unilaterales que
los Estados formulan a menudo en el momento de la firma, la ratificación, etc. '(sobre la
interpretación de algunos artículos, su importancia, finalidad y otros aspectos). Supuesto que estas
declaraciones no tienen el objeto de excluir o modificar los efectos jurídicos de ciertas disposiciones
del tratado, quedan' fuera del régimen de las reservas.
Relativo a la lectura del anterior artículo, deberá realizarse un análisis fundamentado que
responda, en grupo, a las preguntas que los estudiantes realicen en clases.
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PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
DIF’s - 02
TEMA: EL DERECHO INTERNACIONAL
TITULO: LA SUPRANACIONALIDAD
FECHA DE ENTREGA:
LA SUPRANACIONALIDAD
El tema que nos ocupa es de vital importancia por que se refiere al futuro del país, a su desarrollo y
un mejor nivel de vida para la masa societaria, nuestro pueblo, y supone un aporte sustancial a la
paz internacional, ya que si se mejoran las estructuras económicas, se supera la calidad de vida, la
democracia y esto implica estabilidad social y un avance en las relaciones humanas. De esta forma si
todos los pueblos del mundo realizaran una tendencia de interacción entre los Estados la
globalización, el comercio sin fronteras y la unión entre países no seria una simple aspiración sino
una realidad. El ejemplo mas objetivo de modelo de interacción económico político y social es la que
nos da la UNIÓN ECONÓMICA EUROPEA, y que se constituyen en la actualidad en un solo bloque
económico, político y de integración que ha venido a constituir un poder supranacional, que trata de
enfrentar de igual a igual al poderío y desarrollo norteamericano. No se entienda como un atentado a
la soberanía nacional de los países el que surjan grandes agrupaciones internacionales que intentan
sobrevivir en este mundo de competencia y tensiones en todo el orden de las relaciones
Internacionales. Ya esta visto que el concepto de Soberanía de los Estados de manera consciente o
inconsciente, se ha venido desgastando en el cambiante mundo internacional, a tal punto que es
difícil encontrar estados totalmente protegidos de la injerencia subjetiva o de hecho que realizan los
estados más fuertes y poderosos.
De ahí que la importancia de la supranacioanlidad se la ve en el hecho de que ningún bloque
económico que tenga la ambición de convertirse en un mercado común, con todas sus prerrogativas,
38
puede prosperar sin que sus miembros tengan un poder supranacional que dicte las reglas y normas
a ser seguidas por todos ellos, aunque dichas medidas vayan a afectar a los pases en vías de
desarrollo como los Latinoamericanos con tal que los desarrollados logren beneficios como ya hemos
dicho aún a costa de los mas débiles.
Así por ejemplo las medidas de subsidio agropecuario que efectúan la Unión Europea a sus pases y
que afectan directamente a las exportaciones Sudamericanas.
La aceptación de un orden jurídico supranacional es el elemento más importante para cualquier
proyecto serio de integración lo que indudablemente significaría una modificación en la doctrina de la
seguridad y defensa nacional, en el sentido de que es preferible un país desarrollado e integrado
antes que realizar grandes inversiones en armamentos y medidas defensivas que son, altamente
costosas y rápidamente quedan obsoletas por el veloz desarrollo de la tecnología y la ciencia
armamentista.
La integración confirma en los tiempos de la globalización la eficacia por la lucha democrática de los
pueblos por la paz y la seguridad, por el respeto a los derechos humanos, por una justicia social
especialmente a la mujer y por lograr una vida digna para toda la sociedad.
En grupo, analice la cuestión de la supranacionalidad y sus efectos en el mundo globalizado
actual.
39
PROGRAMA DE CONTROL DE CALIDAD
DIF’s – 03
TEMA: General
TITULO: TRATADO SOBRE LA POBREZA, NARCOTRAFICO
TERRORISMO Y DELINCUENCIA
FECHA DE ENTREGA:
SITUACIÓN HIPOTÉTICA
En la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia se realizó en fecha 6 de agosto del presente año, una
cumbre de presidentes de Bolivia, Brasil, República Bolivariana de Venezuela, Estados Unidos
Mexicanos y Estados Unidos de Norteamérica, con el objetivo y finalidad de trabajar conjuntamente
para lograr superar los problemas de la pobreza, el narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia. Los
Estados Unidos de Norteamérica a través de su presidente ofreció la ayuda económica necesaria
para combatir tales flagelos, pero exige como única condición la inmunidad jurídica para sus
ciudadanos y funcionarios gubernamentales en territorio boliviano. El Presidente de la República de
Bolivia aplicando el Art. 19 de la Convención de Viena sobre los tratados de 1969, decide aplicar la
reserva al respecto de la solicitud Norteamericana.
Ustedes como expertos funcionarios de la Cancillería de la República, deben elaborar un
proyecto de Tratado que en sus cláusulas estén plasmados todo el objeto y finalidad del
mismo, así como lo aprendido en clases durante el semestre, de acuerdo a la doctrina.
40
ANEXOS
LECTURA 1
Cátedra Derecho Internacional Público
domingo 4 de marzo de 2007
Unidad IV - Tratados
UCA - Facultad de Derecho – Sede Paraná
Derecho Internacional Público
Tratados
*Dra. Gabriela T. Mastaglia
I-CONCEPTO DE TRATADOS
Concepto en sentido amplio: Acuerdo de voluntades entre dos o más
sujetos del derecho internacional que tiende a crear, modificar o
extinguir derechos de este ordenamiento.Concepto en sentido estricto ( CVDT – art. 2.1.(a)): Acuerdo
internacional celebrado por escrito entre estados y regido por el
derecho internacional, ya conste en instrumento único o en dos o más
instrumentos conexos cualquiera que sea su denominación particular.II- CLASIFICACION
1. Por el número de partes:
Bilaterales. Ej.: Tratado del Río de la Plata
Multilaterales. Ej.: Convención Americana de Derechos Humanos.
2.- Por las posibilidades de acceder al tratado:
Cerrado. Ej.: Acuerdo entre la Rca. Argentina y la Rca. De Chile para
precisar el recorrido del límite desde el Monte Fitz Roy hasta el
Cerro Daudet – 1998-.
Abierto. Ej.: Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares.3.- En cuanto a las formas de celebración del tratado
Tratados propiamente dichos o en buena y debida forma.
Tratados en forma simplificada – canje de notas, notas reversales, agreements-.
4.- Por el contenido u objeto del tratado:
Normativos. Ej.: Carta de las Naciones Unidas.
Contractuales. Ej.: Convenio de Crédito de 1988 ( Rca. Argentina y Cuba).
41
III- CONVENCION DE VIENA DEL DERECHO DE LOS TRATADOS DE 1969
1. Objeto de la CVDT/1969: regular el régimen aplicable a los tratados
internacionales.
2.- Ámbito de validez
2.a.Ámbito de validez personal: aplicable a los tratados celebrados
entre Estados y regido por el derecho internacional , ya conste en
instrumento único o en dos o más instrumentos conexos y cualquiera sea
su denominación particular (art. 2.1.)
2.b.Ámbito de validez temporal: después de haber entrado en vigor la
CVDT/1969 con respecto a los Estados involucrados. Principio de
irretroactividad (art. 4).2.c.Ámbito de validez territorial: en el ámbito territorial de los
Estados partes (art. 29).IV- REGIMEN APLICABLE A LOS TRATADOS INTERNACIONALES CONFORME LA CVDT/1969
Observación: La regla general en la CVDT/1969, salvo casos
expresamente contemplados (ej.: en materia de nulidad) es que el
régimen aplicable al tratado es el que las partes hubieren acordado.
Si en determinada cuestión no ha sido prevista ninguna regla en
particular se aplica la CVDT/1969. Si dicha Convención tampoco
previera nada al respecto, se aplica el derecho consuetudinario
internacional.Asimismo, celebrado el tratado y aunque éste no se encuentre en
vigencia, la norma general es que los Estados que lo hubieren firmado
aun antes de manifestar su consentimiento en ser Partes, y aquéllos
que han manifestado su consentimiento deberán abstenerse de actos en
virtud de los cuales se frustren el objeto y fin del tratado.-
IV-A.- Conclusión de los tratados
1.Etapas conducentes a la celebración del tratado
1.a. Negociación: se conducen normalmente a través de representantes
de las partes, debidamente acreditados, que formulan propuestas,
contrapropuestas y realizan los pasos necesarios con vistas a arribar
a un acuerdo.
Plenos poderes. Sujetos obligados a presentarlos. Excepciones.- art. 7.1.b. Adopción del texto: es el momento en que los representantes de
los Estados negociadores fijan los términos del acuerdo de voluntades
redactando el texto del tratado.-Este se adopta cuando todos los
negociadores expresan su consentimiento con la redacción (art.9.1).Tratado celebrado en el seno de una conferencia internacional: 2/3 de
42
los Estados presentes y votantes, excepto que se hubiere fijado otra
regla por acuerdo de la misma mayoría (art. 9.2).1.c. Autenticación: es el acto por el cual los negociadores establecen
mediante su firma, su firma ad referendum, o su rúbrica, que el texto
que tienen a la vista es aquél que ellos han adoptado y hace plena fe
(art. 10).2. Formas de manifestar el consentimiento en obligarse por un tratado
Una vez cumplidos los pasos precedentemente expuestos, las partes
deben manifestar su consentimiento en vincularse por ese texto que aún
no los obliga.
La CVDT/1969 no fija un método en detrimento de otro en el caso de
silencio de un convenio determinado.- Enumeración con simple carácter
enunciativo (art. 11).Métodos:
Para determinar el método de manifestación del consentimiento habrá
que estar : a) a lo que disponga el tratado expresamente; b) a lo que
conste de otro modo y que indique lo que los Estados negociadores han
convenido; c) cuando la intención del Estado de dar ese efecto a
determinado método se desprende de los plenos poderes de su
representante o se haya manifestado durante la negociación, según sea
el caso.Firma (art. 12); canje de instrumentos(art. 13); ratificación,
aceptación, o aprobación (art. 14) ; adhesión (art. 15).3.Determinación del momento en que nace el vínculo jurídico
3.1. Momento que los Estados establezcan.3.2.Subsidiariamente en caso de ratificación, aceptación, aprobación o
adhesión (art. 16):
Al momento del canje respectivo de los instrumentos entre los Estados
Contratantes.Al ser depositado en poder del depositario
Mediante notificación a los Estados Contratantes o al depositario, se
así se ha convenido.
4.-Reservas
Concepto: declaración unilateral, cualquiera que sea su enunciado o
denominación, hecha por un Estado al firmar, ratificar, aceptar o
aprobar un tratado o al adherirse a él, con objeto de excluir o
43
modificar los efectos jurídicos de ciertas disposiciones del tratado
en su aplicación a ese Estado (art. 2.d).****Teorías
- Regla de la unanimidad
La reserva debe ser aceptada por la totalidad de los Estados
negociadores para que pueda ser incorporada al tratado.
- Regla panamericana
Si la reserva es aceptada, entra en vigor el tratado en la forma en
que quede modificado entre el Estado que la efectúa y quienes la hayan
aceptado
El tratado no entra en vigor entre el Estado reservante y aquél Estado
que no la acepta
- Opinión consultiva sobre las Reservas a la Convención para la
Prevención y Sanción del Delito de Genocidio – Corte Internacional de
Justicia – 1951
Un Estado reservante podía ser miembro de la Convención no obstante el
rechazo de la reserva por otros Estados, pero siempre que la reserva
no fuera contra el objeto y fin del instrumento.
Un Estado que objeta una reserva por estimarla contraria al objeto y
fin de la Convención puede considerar al Estado que ha formulado esa
reserva como no siendo parte de la Convención.
- Sistema de reservas en la CVDT:
Principio general: los Estados pueden formular reservas a los
tratados, salvo que estén expresamente prohibidas en el texto o que
sean incompatibles con el objeto y fin perseguidos (art. 19).Sistema de aceptación de las reservas:
4.1. Reserva expresamente autorizada: no exige la aceptación de los
demás Estados Contratantes, salvo disposición en contrario (art.
20.1).4.2.Número reducido de Estados negociadores/ Del objeto y fin se
desprende que es condición esencial de la prestación del
consentimiento la aplicación del tratado en su integridad: todas las
Partes deben aceptar la reserva (art. 20.2).4.3. Instrumento constitutivo de una organización internacional:
aceptación del órgano competente de la organización en cuestión (art.
20.3).Supuestos no contemplados:
Aceptación tácita: cuando no se hayan formulado objeciones dentro de
los doce meses siguientes a la fecha en que se haya recibido la
notificación de la reserva o en la fecha en que se haya manifestado el
consentimiento en obligarse por el tratado, si ésta última fecha es
44
posterior (art. 20.5).Aceptación tácita o expresa: el Estado reservante será considerado
como parte en el tratado cuando al menos uno de los Estados
Contratantes acepte la reserva (art. 20.4.)
Objeción:
Las disposiciones a que se refiere la reserva no se aplicarán entre el
Estado reservante y el Estado objetante. En lo demás el tratado entra
en vigor, salvo que el Estado objetante se halla opuesto
inequívocamente a ello también (arts. 20.4 y 21.3).-
Respecto de los estados que han aceptado la reserva sin efectuar
objeciones, el tratado entra en vigor.Síntesis
1.- Estado reservante y Estados que aceptan la reserva
Rige el tratado con la modificación que la reserva le introduce.
2.- Estado reservante y Estados que no aceptan la reserva
No rige el tratado el tratado si los que no la aceptan manifiestan
expresamente su intención de que no rija el tratado entre ellos.
Si no ha mediado oposición a la entrada en vigor del tratado entre él
y el autor de la reserva, las disposiciones a que se refiera ésta no
se aplican entre los dos Estados en la medida determinada por la
reserva.5.-Entrada en vigor y aplicación provisoria
5.1. Entrada en vigor/ a. De la manera y en la fecha que acuerden los
Estados negociadores (art. 24.1)
b.Si no hay acuerdo, cuando todos los Estados Contratantes hayan
prestado su consentimiento (art. 24.2)
c. Disposiciones finales, desde el momento de la adopción del texto (art. 24.4)
d. Estados que prestan su consentimiento con posterioridad a la fecha
de entrada en vigor, desde la fecha en que prestaron su consentimiento
(art. 24.3).
5.2 Aplicación provisional del tratado: por acuerdo entre los Estados
contratantes.
La aplicación provisional finaliza al notificar el Estado a los demás
Estados respecto de los cuales se aplica el tratado provisionalmente
su intención de no ser parte en el tratado salvo que se haya convenido
otra cosa (art. 25).-
45
IV-B.- Observancia y aplicación de los tratados
1.- Principio general: todo tratado en vigor obliga a las partes y
debe ser cumplido por ellas de buena fe (principio de pacta sunt
servanda) (art. 26).2.- Irretroactividad de los tratados (art. 28)
3.- Ambito territorial de aplicación: territorio de los Estados
Partes, salvo que se dispusiera otra cosa (art. 29).4.-Aplicación de tratados sucesivos concernientes a la misma materia:
4.a.- Si uno de los tratados establece que está subordinado a otro
anterior o posterior, se estará a lo dicho en ese tratado.4.b.Todas las partes en un tratado son partes en el otro tratado:
4.b.a.- Prioridad de aplicación del tratado posterior, salvo
disposición en contrario (art. 30.2).
El primer tratado queda terminado en dos casos : si se desprende del
segundo o consta de otro modo la intención de las partes de que la
materia se rija por el segundo; si sus disposiciones son incompatibles
con los del primero en su totalidad (art. 59).4.b.b. Si las disposiciones de ambos no son totalmente incompatibles :
las disposiciones del primer tratado se aplicarán en la medida en que
no sean incompatibles con las del segundo (art. 30, inc. 3).-
4.b.c. Coincidencia parcial de partes.4.b.d. Entre los Estados que sean partes en ambos tratados: se aplican
las reglas anteriores.4.b.e. Entre un Estado que se parte en ambos tratados y otro que lo
sea solamente en uno de ellos: rige el tratado en que ambos sean
partes (art. 30.4.b.)
5.- Interpretación (arts. 31 a 33):
Regla general: un tratado deberá interpretarse de buena fe conforme al
sentido corriente que haya de atribuirse a los términos del tratado en
el contexto de éstos y teniendo en cuenta su objeto y fin (art. 31).Medios de interpretación complementarios para confirmar el sentido
resultante de la aplicación de la regla general o en casos de que
dicha interpretación arroje un sentido ambiguo u oscuro o conduzca a
un resultado manifiestamente absurdo o irrazonable (art. 32).-
46
*Tratados autenticados en dos o más idiomas:
Regla general: el texto hace fe en cada idioma. Salvo que se acuerde otra cosa.Diferencia de sentido: aplicación arts. 31 y 32; subsidiariamente se
adoptará el sentido que mejor concilie esos textos habido cuenta del
objeto y fin del tratado.6. Tratados y terceros Estados.Regla general: un tratado no crea derechos ni obligaciones para un
tercer estado sin su consentimiento (art. 34).
Excepciones: a) que el tercer Estado acepte por escrito las
obligaciones que se imponen en el mismo (art. 35)
b) en el supuesto de que se cree un derecho a favor de un tercer
Estado, se presume su conformidad con ello mientras no haya indicación
en contrario, salvo que el tratado disponga otra cosa (art. 36.1).-
c) la norma del tratado que consagra derechos u obligaciones respecto
de terceros Estados se haya convertido en norma consuetudinaria (art.
38).IV-B – NULIDAD
Régimen de nulidades: es aplicable únicamente el régimen establecido
por la CVDR/1969, esto es, las únicas causales invocables son aquellas
previstas por dicha Convención (art. 42).-
Causas de nulidad Falta de capacidad del órgano por violación de
normas fundamentales (art. 46) y por violación de las restricciones
específicas en los plenos poderes (art. 47).
Vicios en el consentimiento: error, dolo, coacción, corrupción del
representante de un Estado (arts. 48 a 52).Vicios en el objeto: violación de normas de jus cogens (art.53).Efectos Regla general: invalida las disposiciones del tratado ab
initio (art. 69.1)
En caso de que se hubieran ejecutado actos basándose en el tratado:
- restablecimiento de la situación que habría existido entre las
Partes si no se hubiere ejecutado el tratado, excepto en caso de dolo
respecto de la Parte a la que le sea imputable y de actos ejecutados
de buena fe (art. 69, 2.a.y b.).-
47
IV-C .- Enmienda y modificación
1.- Enmienda Concepto: cambio en alguna o algunas disposiciones en
relación con todos los Estados Miembros de un tratado (art. 39).Se requiere el acuerdo entre partes y le serán aplicables todas las
disposiciones de la Convención en cuanto a su celebración y entrada en
vigor, salvo que el tratado mismo disponga otra cosa (art. 39 y 40).Si alguna de las partes en un tratado multilateral no acepta la
enmienda: - el tratado enmendado sólo regirá entre los Estados que han
aceptado la enmienda.- los demás Estados se regirán por el tratado original (art. 40).2.- Modificación Concepto: es el cambio que afecta sólo a alguna de
las Partes en un tratado multilateral , no a todas.Si la modificación no se encuentra ni prohibida ni expresamente
prevista puede efectuarse siempre y cuando:
- no afecte el disfrute de los derechos y cumplimiento de las
obligaciones que a los demás Estados corresponden.- no sea incompatible con la consecución efectiva del objeto y fin del
tratado en su conjunto (art. 41).IV-D.- Terminación
Causas: a) Por voluntad expresa o tácita de las partes (art. 54 y 59).La terminación puede ser total ( respecto de todo el tratado) o
parcial ( respecto de algunas cláusulas del tratado) (art. 44).-
b) Denuncia o retiro (art. 56).c) Por violación del tratado (art. 60).d) Imposibilidad de cumplimiento (art. 61).
c)Por cambio fundamental de circunstancias (art. 62y 64).IV-E- Suspensión
Procede si : a)así ha sido previsto en el tratado.b) no habiendo sido prohibida la suspensión en el mismo no afecte el
disfrute de los derechos y cumplimiento de las obligaciones que a los
48
demás Estados corresponden y no sea incompatible con la consecución
efectiva del objeto y fin del tratado en su conjunto (art. 58).IV-F.- Solución pacífica de controversias
1. En caso de nulidad, terminación, suspensión o retiro de una Parte
- la Parte interesada deberá hacer saber su pretensión a las demás
partes en el tratado mediante notificación.- Su alguna Parte formula objeciones la disidencia deberá ser resuelta
mediante medios pacíficos de solución de controversia.- (art. 65).2.- Si no se arriba a una solución:
En caso de nulidad por violación a una norma de jus cogens o
terminación por contrariar una nueva norma de jus cogens aparecida con
posterioridad a la celebración del tratado, la cuestión deberá ser
sometida a la decisión de la Corte Internacional de Justicia, salvo
que las partes acuerden someterlo a arbitraje.- (66.a).En los demás casos: se inicia el procedimiento especial previsto en el
Anexo de la CVDT/1969 ante el Secretario de las Naciones Unidas.IV.G.- Depósito, registro y publicación.Depósito: arts. 76/77
Registro y Publicación: art. 80 de la CVDT71969 y 102 de la Carta de
Naciones Unidas.Publicado por Gabriela T. Mastaglia en 13:03
LECTURA 2
CAPÍTULO III
LAS FUENTES DEL DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO
1. IDEAS GENERALES
El grupo de capítulos que ahora iniciamos, hasta el IX, está dedicado a un examen de las fuentes en
sentido formal o propio. A través de ellas, generalmente, se crean, modifican o extinguen las normas
jurídicas internacionales. Son, pues, procedimientos o medios a través de los que el D.I. nace, se
modifica o extingue. El criterio expositivo y enumerativo elegido es el mismo que emplea el art. 38 del
Estatuto del T.I.J.; más tarde expondremos el porqué de haberlo escogido. Junto a las referidas
fuentes, hemos creído conveniente estudiar también, siguiendo la letra del citado art. 38 del Estatuto,
los medios auxiliares o de comprobación del D.I. Con ello queda excluido que estos últimos sean
fuentes en el sentido formal o propio del término.
49
La enumeración de referencia no tiene carácter exhaustivo. Con ello queremos manifestar que el D.I.
puede ser creado por otros procedimientos no mencionados en el citado art 38, como ocurre —por
ejemplo— con una parte del formado en el seno de las Organizaciones internacionales por medio de
resoluciones, recomendaciones, etc. De éstos nos ocuparemos también aquí, concretamente en el
Capítulo VIII, además de hacerlo en otro lugar, en nuestro manual sobre Las Organizaciones
internacionales, al examinar en sus primeros capítulos la teoría general de las Organizaciones
internacionales. De todas formas, queremos poner de relieve que el Derecho de las Organizaciones
internacionales nace, en su mayor parte, por procedimientos secundarios de producción jurídica, pues
tiene su origen y fundamento en el Tratado creador de las Organizaciones de referencia o en un
Acuerdo posterior entre los miembros de la Organización.
El orden de exposición que seguiremos en este Capítulo comprende un examen general de las
fuentes; el estudio de una de las fuentes principales o primarias recogidas por el art. 38, los principios
generales del derecho; y sendos epígrafes sobre los medios auxiliares para la determinación del D.I.
citados en dicho articulo, a saber, la jurisprudencia y la doctrina científica. Son, por supuesto, razones
primordialmente pedagógicas las que justifican el contenido de este Capitulo. Dejamos, por tanto,
para el Capítulo IV el análisis detenido de la costumbre y del proceso codificador, que ha cobrado
mucha importancia en el D.I. contemporáneo, así como de los actos unilaterales, y, para los tres
siguientes (el V, VI y VII), el de los tratados internacionales; costumbre y tratados constituyen sin
duda el núcleo de las fuentes primarias del D.I. y merecen nuestra mayor atención.
2. EXAMEN DE LAS FUENTES: EL ART. 38 DEL ESTATUTO DEL TRIBUNAL INTERNACIONAL
DE JUSTICIA
A) ENUMERACIÓN DE LAS FUENTES DEL D.I.P.
Al emprender el estudio de las fuentes del D.I. en particular vamos a seguir la enumeración dada en
el art. 38 del Estatuto del T.I.J., de cuya glosa nos ocuparemos a continuación. Cabe preguntarse el
porqué de esta actitud, pues no es totalmente satisfactoria la contestación de que se trate del texto
positivo más importante y conocido de cuantos enumeran las fuentes de nuestro Derecho. Varias
razones nos mueven a basarnos en la enumeración del referido art. 38 para el estudio de las fuentes,
y son las siguientes:
a) El T.I.J. está abierto, prácticamente, para todos los Estados del mundo, según se preceptúa en el
art. 93.2 de la Carta de las N.U. y en el art. 35, números 2 y 3, del Estatuto del T.I.J, aunque la
participación de los Estados no miembros de las N.U. esté sometida a que se
cumplan las condiciones que determine en cada caso la A.G., a recomendación del C. de S. (art. 93.2
de la Carta) o el propio C. de S. (art. 35.2 del Estatuto del T.I.J.).
b) Una razón suplementaria la basamos en el examen de los debates en el seno del «Comité de los
Diez», redactor del Estatuto del antiguo Tribunal Permanente de Justicia Internacional (T.P.J.I.). En el
ánimo de los miembros de dicho Comité estuvo, sin duda, presente la idea de recoger las fuentes, no
de una Organización internacional en particular, sino de la S.I. Su influencia ha sido bien notoria,
como señaló Sórensen acertadamente (SORENSEN: 40-42).
Por otro lado, en el referido Comité de los Diez influyó de manera notable para llegar a la
enumeración señalada el hecho de que en bastantes compromisos arbitrales anteriores, en los que
se fijaban las normas aplicables para la solución del litigio sometido a una decisión arbitral, y en
50
algunos tratados, se establecieran las normas aplicables al caso en la misma forma que
posteriormente se recogió en el Estatuto del T.PJ.I. El antecedente más claro está en el art. 7.° del
Convenio XII de La Haya de 1907, por el que se pretendió establecer un Tribunal Internacional de
Presas (rousseau: 119).
c) Pero si las razones anteriores serían suficientes para servir de fundamento a la tesis que estamos
manteniendo, hay otra razón más que desvanece las dudas. Ella nos viene facilitada por la
modificación introducida en el Estatuto del Tribunal Internacional de Justicia respecto al que estuvo
vigente en el antiguo T.P.J.I. La modificación que nos interesa ahora consiste en la introducción de
las siguientes palabras: «El Tribunal, cuya misión es decidir conforme al derecho internacional las
controversias que le sean sometidas, [...].» Las palabras transcritas nos hacen ver claramente cómo,
a través de la referencia expresa al D.I., se ha llegado a un reconocimiento palpable de que las
fuentes enumeradas en el art. 38 son las fuentes del D.I. La doctrina internacionalista lo afirma
también de forma prácticamente general.
El art. 38 del Estatuto del T.I.J., al enumerar las fuentes, lo hace en la forma siguiente:
«1. la corte, cuya función es decidir conforme al derecho internacional las controversias que le sean
sometidas, deberá aplicar: a) las convenciones internacionales, sean generales o particulares, que
establecen reglas expresamente reconocidas por los estados litigantes; b) la costumbre internacional
como prueba de una práctica generalmente aceptada como derecho; c) los principios generales de
derecho reconocidos por las naciones civilizadas; d) las decisiones judiciales y las doctrinas de los
publicistas de mayor competencia de las distintas naciones, como medio auxiliar para la
determinación de las reglas de derecho sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 59.»
El artículo continúa diciendo, en el número 2, que:
«la presente disposición no restringe la facultad de la corte para decidir un litigio ex aequo et bono si
las partes así lo convinieren».
De este número 2 nos ocuparemos en el Capítulo XXIX. Por lo que se refiere al número 1 del art. 38
una glosa muy somera nos plantea diversas cuestiones. El estudio de cada una de las fuentes
primarias —tratado, costumbre y principios generales del derecho— y los medios auxiliares —
jurisprudencia y doctrina científica- lo llevaremos a cabo al examinar en concreto, en epígrafes
separados y en capítulos sucesivos, cada una de las fuentes en particular. Como ya hemos
avanzado, comenzaremos con los principios generales y los medios auxiliares por razones didácticas.
No obstante, debemos dejar bien señalado aquí que las fuentes, en el sentido estricto de la palabra,
sólo son las conocidas por principales o primarias, y que la referencia del art. 38 a la jurisprudencia y
doctrina científica no está hecha en el sentido de que ellas sean capaces de crear, modificar o
extinguir una norma jurídica, sino, simplemente, la de cumplir una misión estrictamente auxiliar de
ayudar al Juez y al intérprete a determinar el exacto contenido de las normas jurídicas, principalmente
la costumbre y los principios generales del Derecho, o bien a interpretar estos últimos y los tratados
internacionales. Quede con ello bien sentado que la jurisprudencia y la doctrina científica no son
verdaderas fuentes de producción de normas.
2 B) PRIMACÍA Y DEROGACIÓN ENTRE LAS FUENTES
Una última interrogante principal plantea el art. 38 del Estatuto del T.I.J. examinado. Me refiero a si el
orden de enumeración supone o no una jerarquía entre las fuentes o, dicho en otros términos, si el
51
Juez debe preferir un tratado a una costumbre o ésta a un principio general del derecho. La cuestión
se plantea también en la mayoría de los ordenamientos internos: pero en éstos se establece
generalmente una primacía a favor de la ley. En D.I., por el contrarío, no creo pueda mantenerse la
existencia a priori de una jerarquía entre las fuentes. Varias razones avalan nuestra afirmación:
a) En el Proyecto del art. 38 del Estatuto del T.P.J.I. figuraba que la aplicación había de hacerse por
«orden sucesivo». La Asamblea General de la S. de N. decidió suprimir este inciso por considerarlo
innecesario.
b) En el artículo de referencia se hace una enumeración con las letras a), b) y c) y no se utilizan los
ordinales, que hubieran supuesto un criterio claramente jerárquico.
c) La doctrina es prácticamente unánime en considerar que las distintas fuentes tienen entre sí el
mismo rango normativo y valor derogatorio. Es decir, la costumbre no prevalece sobre el tratado y a
la inversa; lo que no ocurre, por cierto, en los ordenamientos internos, que establecen en general la
primacía de la ley ó norma escrita. Por tanto, en caso de conflicto entre fuentes, los criterios de
primacía y derogación son los generales. En primer lugar, una norma posterior de contenido contrario
deroga a una anterior de idéntico rango (lex posterior derogat priori), excepción hecha de las normas
de ius cogens que prevalecen sobre cualesquiera otras según reza el art. 53 del convenio de viena
sobre derecho de los tratados, ya citado; por ejemplo, una costumbre o tratado general posterior de
contenido contrario deroga a una costumbre o tratado general anterior. En segundo lugar, una norma
especial o particular prima —sin derogarla - sobre una norma general. Así pues, los tratados, que
contienen normalmente reglas particulares porque obligan a un número limitado o menor de sujetos,
priman por esta razón sobre las costumbres generales. Lo mismo ocurre con las costumbres
particulares, sean regionales o locales, que prevalecen siempre sobre las costumbres generales,
como el T.I.J. recordó en su sentencia de 12 de abril de 1960 sobre el Caso del derecho de paso por
territorio de la India (i.c.j., Rep. 1960: p. 42):
«si, por consiguiente, la corte descubre una práctica claramente establecida entre dos estados que
sea aceptada por las partes como reguladora de sus relaciones, la corte debe atribuir un efecto
decisivo a esa práctica con el fin de determinar sus derechos y obligaciones específicos. tal práctica
particular debe prevalecer sobre cualquier regla general.»
por último, la igualdad de rango es acorde con la práctica judicial, con la propia estructura
descentralizada del d.i., si se la compara con los ordenamientos internos, y con su evidente falta de
formalismo en la creación y aplicación de las normas.
3. LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO
Una de las fuentes que enumera el tan citado art. 38 del estatuto del t.i.j. son los principios generales
del derecho. Desde la introducción de los mismos en las fuentes del d.i. por el art. 38 del estatuto del
t.p.j.i, se vio el carácter problemático que tenían, poniéndose bien de manifiesto en las discusiones de
la conferencia de la haya en 1930 (Visscher, 1933: 395). No obstante, y aunque ellos sean objeto de
discusión especialmente en cuanto a su contenido y delimitación, hoy no cabe duda de que se trata
de una fuente del d.i. máxime después de su reconocimiento por el propio estatuto del TIJ. sobre los
mismos se ha producido una extensa literatura y diferentes teorías opuestas que han sido
examinadas con singular acierto por Sórensen en su monografía sobre las fuentes, a la que ya nos
hemos referido anteriormente (Sorensen: 126-130). el citado autor pasa revista a las opiniones de
lauterpacht, spiropoulos, hárle, le fur y verdross, que son exponentes bien significativos de la
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producción bibliográfica anterior a la segunda guerra mundial. más recientemente, el tema ha sido
objeto de preocupación, especialmente en el intento de buscar a través de ellos un asidero acerca del
fundamento del ordenamiento internacional sin abandonar totalmente los esquemas del positivismo.
A) Los orígenes de los principios generales del derecho y su inclusión en el estatuto del T.I.J.
la acogida de los principios generales del derecho entre las fuentes del d.i. se mantuvo de forma
tajante por el comité de los diez, que elaboró el texto del estatuto del T.P.J.I. Con anterioridad a la
redacción del Estatuto del T.P.J.I., los principios generales habían sido objeto de especial mención en
varios compromisos arbitrales, en algunos tratados y en sentencias de tribunales arbitrales. Como
ejemplos más significativos cabe citar el Tratado de Washington de 8 de mayo de 1871, entre
Estados Unidos e Inglaterra, relativo al Arbitraje del Alabama (art. 6.°); el compromiso arbitral de 14
de marzo de 1908 sobre la frontera marítima entre Suecia y Noruega; y el compromiso arbitral en el
caso Fabiani de 1896 entre Francia y Venezuela. En todos ellos se declaran aplicables «los principios
generales del Derecho de Gentes» o «los principios generales reconocidos por el D.I.». En la
sentencia del caso Fabiani de 20 de diciembre de 1896 se decía: «Consultados los principios
generales del Derecho de Gentes sobre la denegación de justicia; es decir, las reglas comunes a la
mayor parte de las legislaciones o enseñadas por la doctrina [...]» (La Fontainb: 356).
Finalmente cabe recordar el Preámbulo de la Declaración Naval de Londres de 1909 sobre la guerra
marítima, en el que se declara que las reglas contenidas en la referida Declaración corresponden en
sustancia a «los principios generales reconocidos por el D.I.». También en el art. 7.° del Convenio XII
de La Haya de 18 octubre de 1907, relativo a la creación de un Tribunal de Presas, se decía en su
parte final: «Si no existieran normas generalmente reconocidas, el Tribunal fallará según los principios
generales del derecho y la equidad.»
El Comité de los Diez parece que tuvo en cuenta los precedentes anteriores y acogió a los principios
generales mediante una fórmula que representa el compromiso entre dos tendencias que existían en
el seno del Comité y que estuvieron representadas por el Presidente, barón Descamps, y lord
Phillimore, respectivamente. El Presidente presentó un proyecto en el que se preveía que el Tribunal
aplicaría, después del tratado y la costumbre, «las reglas del Derecho Internacional tal y como eran
reconocidas por la conciencia jurídica de los pueblos civilizados» (C.P.J.I., Proces verbaux: 306). A la
objeción de que esta conciencia no era plenamente uniforme, respondió el barón Descamps diciendo
que «la ley fundamental de lo justo y lo injusto está profundamente grabada en el corazón de todo ser
humano, y recibe la expresión más elevada y más autorizada en la conciencia jurídica de los pueblos
civilizados» (CPJ.L, Proces verbaux: 310). La otra postura estaba representada por los miembros
anglosajones del Comité. Entre ellos, lord Phillimore «evocó, a título de ejemplo, el principio de cosa
juzgada [...]», y en general, dijo, «que todos los principios del Derecho común, el common law, eran
aplicables a las relaciones internacionales» (SÓRENSEN: 125). En esta situación, Root propuso la
fórmula, que fue aceptada, de que el Tribunal aplicaría «los principios generales del derecho
reconocidos por las naciones civilizadas» (C.P.J.I., Proces verbaux: 344). Tal fue la aceptada por el
Comité y, posteriormente, por la Asamblea de la Sociedad de Naciones, fórmula que ha pasado
íntegramente al art. 38.1.c) del Estatuto del T.I.J.
Así pues, los principios generales a los que se pretendía hacer especial referencia en el art. 38.1.c)
del Estatuto eran los que podemos denominar «principios generales del Derecho», es decir, principios
que están presentes en todos los ordenamientos jurídicos y, lógicamente, también en el Derecho
Internacional con las consiguientes adaptaciones. Como señaló De Visscher, «los principios
generales del derecho tienen su origen en una convicción jurídica que ha encontrado su expresión en
los principales sistemas jurídicos internos de las naciones civilizadas» (Visscher, 1933: 406). La
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referencia hecha a las «Naciones civilizadas» no debe ser entendida como una discriminación entre
los Estados (civilizados y no civilizados). Lo que pretendió el Comité de redacción fue expresar «la
idea de que estos principios deben tener una base objetiva en la conciencia jurídica concordante de
los pueblos. Por tanto, esta fórmula puede ser interpretada conforme con el párrafo 1 del art. 2 de la
Carta de las Naciones Unidas que reconoce la igualdad soberana de todos los Estados miembros»
(Verdross: 523).
No obstante, como veremos, la jurisprudencia va a utilizar el art. 38.1.c) del Estatuto para referirse no
sólo a esos «principios generales del Derecho», sino también para referirse a los «principios
generales del Derecho Internacional» que son principios propios de este ordenamiento jurídico.
B) La utilización de los principios generales del derecho por la jurisprudencia internacional
Lo cierto es que, en la realidad, los principios generales han representado un papel menor en la
jurisprudencia internacional salvo en los aspectos procesales, gracias al depurado desarrollo de este
campo científico en los ordenamientos internos. Ya nos hemos referido anteriormente a la precaria
utilización que en los compromisos arbitrales y en la jurisprudencia arbitral del siglo xix se hizo de los
principios generales del derecho. Ahora vamos a examinar brevemente la utilización posterior. Para
una mayor claridad expositiva distinguiremos varias jurisdicciones internacionales:
1. En la jurisprudencia arbitral encontraremos menciones expresas a principios generales del derecho
en la sentencia de 11 de noviembre de 1912 del Tribunal Permanente de Arbitraje en el caso de las
Indemnizaciones de la guerra de Turquía (R.SA.: XI, 437 y ss.). En la misma se reconocían los
principios de «indemnización por actos ilícitos» y el que condena el «enriquecimiento injusto». Este
segundo principio lo encontramos también recogido en el caso Lena Goldfields, en sentencia de 2 de
septiembre de 1930 (Annual Digest Cas. n. 258). Finalmente, en el caso Abou Dhabi, en el que el
arbitro lord Asquith of Bishoptown, a nuestro juicio sin plena fortuna, busca el derecho aplicable «en
los principios enraizados en el buen sentido y en la práctica común de la generalidad de las naciones
civilizadas», y entiende por ellos «los principios de justicia, equidad y buena conciencia» (I.L.R.: 149 y
ss.). Más recientemente los principios generales han desempeñado un papel sustantivo en la solución
arbitral de litigios surgidos en las relaciones entre Estados y particulares regidas por el DI., con motivo
de algunas sentencias arbitrales —como las conocidas por sentencias libias— sobre contratos y
concesiones.
2. El T.P.J.I. y el T.I.J. se han referido en varias ocasiones a los principios generales del derecho,
aunque no lo han hecho ni con mucha frecuencia ni basando en ellos sus decisiones. Los principios
también han sido invocados por varios Jueces —Anzilotti, McNair, etc.— en sus votos particulares.
En la jurisprudencia del TP.J.I. encontramos una referencia clara a los principios en el Caso de la Alta
Silesia Polaca (C.P.J.I., Serie A, n. 6: 19), y más concretamente en el Caso de la Fábrica de
Chorzow, en el que el Tribunal «observa que es un principio de Derecho Internacional, y hasta una
concepción general del Derecho, que toda violación de un compromiso implica obligación de reparar»
(C.P.J.I., Serie A, n. 17:29).
El T.I.J. ha hecho referencia a los principios generales. Unas veces de forma muy genérica como en
el Caso del Estrecho de Corfú (C.I.J., Rec. 1949: 22), y otras más específicas como en el Dictamen
sobre las Reservas a la Convención del Genocidio, en el que se refiere «a los principios reconocidos
por las naciones civilizadas obligatorios para todos los Estados, incluso fuera del vinculo
convencional» (C.I.J., Rec. 1951: 23-24),y en la sentencia de 18 de julio de 1966 sobre el Sudoeste
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africano, en la que rechazó reconocer como principio general de derecho, conforme al art. 38 del
Estatuto, a la «acción popular» que en algunos Estados los miembros de una colectividad pueden
interponer en interés público (C.I.J., Rec. 1966: A1). En su Dictamen de 21 de junio de 1971 sobre
Namibia, el T.I.J. se ha referido expresamente al principio general del derecho que considera la
violación de un acuerdo o tratado como causa de extinción del mismo. El T.I.J. afirma al respecto «el
principio general del derecho conforme al cual hay que presumir que la facultad de poner fin a un
mandato o a cualquier convención, como consecuencia de una violación del mismo, existe de una
manera inherente incluso cuando no ha sido expresado» (C.I.J., Rec. 1971:48).
3. En el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas se está haciendo una gran aplicación de
los principios generales del derecho. Ciertamente todos los principios que aplica no coinciden con los
que entiende por tales el art. 38.1.c) del Estatuto del T.I.J., pues aplica también principios
específicamente aceptados por los Tratados creadores de la C.E.C.A., C.E.E. y EURATOM; pero al
lado de éstos hace uso de los principios comunes a los ordenamientos de los Estados Miembros y de
los principios generales del D.I.P. Para la afirmación de estas categorías de principios y para su
concreción la experiencia del Tribunal de las Comunidades puede ser particularmente valiosa.
La homogeneidad de los sistemas jurídicos de los países miembros de las Comunidades ha
favorecido ciertamente la aplicación de los principios generales del derecho. La entrada de Gran
Bretaña en las Comunidades, que pudo ser un obstáculo inicial, ha supuesto una aportación de la
experiencia de los jueces del Common Law a las tareas del Tribunal. Como ya hemos mantenido
anteriormente, la influencia del Derecho europeo sobre la evolución del D.I. puede llegar a ser
notable, como ya lo ha sido en materia de Derechos Humanos y previsiblemente lo será en otras
materias.
c) La concreción de los principios generales en el Derecho Internacional
Los principios generales del derecho aplicables en el ordenamiento internacional tienen dos
procedencias. En primer término —los más numerosos—, aquellos que han sido recogidos de los
ordenamientos internos, es decir, los principios considerados como tales in foro domestico. Como
antes decíamos, alguno de los redactores del Estatuto del T.P.J.I. ha manifestado (Phillimore: 355)
que la incorporación de los principios al art. 38 se hizo pensando en aquellos que estaban recogidos
en los ordenamientos estatales. La jurisprudencia internacional a que antes hemos hecho referencia
confirma esta afirmación.
Sobre cuáles sean en concreto los principios generales in foro domestico que han sido recibidos por
el D.I., recogemos la enumeración de los mismos hecha por Guggenheim y que son los siguientes: a)
El de prohibición de abuso de derecho; b) el de responsabilidad internacional nacida de actos ilícitos y
la restitución de lo adquirido por medio de un enriquecimiento injusto; c) la excepción de prescripción
liberatoria; d) la obligación de reparar los daños debe abarcar no sólo al daño efectivamente sufrido
—damnum emergens—, sino también la ganancia dejada por obtener —lucrum cessans—
(GUGGENHEIM: 301-303). Todos los principios generales anteriormente enumerados han sido
recogidos en sentencias de tribunales internacionales, como hemos expuesto anteriormente; pero
conviene añadir aquí, por lo que se refiere a la prescripción liberatoria, la fundamentación que de la
misma se hace tanto como principio general del derecho en los ordenamientos internos como su
aplicación al D.I. en el Caso Gentini (RALSTON: 724-730), que, aparte de distinguir claramente
ambos momentos, resulta en extremo convincente.Sobre los principios generales del derecho
procedentes del foro doméstico a que nos hemos venido refiriendo creo debe adjuntarse una atinada
precisión de Rousseau, quien, después de afirmar que se trata de una fuente específica indiscutible
del D.I., nos dice: «La admisión de estos principios por la práctica internacional está lejos de tener la
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amplitud y precisión que le dan muchos juristas en base a un análisis apresurado de los precedentes»
(ROUSSEAU: 389).
Junto a los principios in foro domestico que son los que tienen su origen en una convicción jurídica
reflejada en la generalidad de los ordenamientos jurídicos y que tras su constatación y
correspondiente adaptación a las características del Derecho Internacional son reconocidos como
tales en la categoría de principios internacionales, existen otros principios generales propiamente
internacionales, tales como la primacía del tratado internacional sobre la ley interna, el principio de la
continuidad del Estado, el de que en materia de responsabilidad internacional la indemnización debe
ser apreciada en función de la realización efectiva del daño, la regla del agotamiento previo de los
recursos internos antes de acudir a la vía internacional y algunos otros relativos a la conducta en la
guerra marítima, cuya enumeración atinada y fundadamente hace Rousseau (392-395).
Estos principios tienen un origen diverso, «pero son esencialmente el producto de la acción
conjugada del juez internacional y de la diplomacia normativa de los Estados [...]. Un carácter común
de estos principios es su alto nivel de abstracción y su extrema generalidad, cuyo efecto es
condensar frecuentemente la regla jurídica en una fórmula sencilla» (Dupuy, P. M.: 261). No se trata
de una fuente subsidiaria en relación con la costumbre o los tratados, sino de una fuente autónoma,
con independencia de que su contenido se vea también normalmente reflejado en normas
consuetudinarias o convencionales.
Esta autonomía y diferencia ha sido constatada por la jurisprudencia internacional. En el asunto
relativo a las Reservas a la Convención para la prevención y la represión del crimen de genocidio, el
T.I.J. señaló que «los principios que están en la base de la Convención son principios reconocidos
por las Naciones civilizadas como que obligan a los Estados al margen de toda relación
convencional» (C.I.J., Recueil 1951: 23). Este carácter autónomo de los principios del Derecho
internacional en relación a las normas convencionales o consuetudinarias que también pueden
recoger el mismo o parte de su contenido, será igualmente reiterado en el asunto del Personal
diplomático y consular de los Estados Unidos en Teherán, al señalar que «el principio de la
inviolabilidad de las personas de los agentes diplomáticos es uno de los fundamentos mismos [del
derecho diplomático] establecido de larga data [...]. El carácter fundamental del principio de la
inviolabilidad es por otra parte subrayado con fuerza por las disposiciones de los artículos 44 y 45 de
la convención de 1961 (ver también los artículos 26 y 27 de la convención de 1963) (C.I.J., Recueil
1980:40).
Un núcleo reducido de esos principios está anclado en la convicción jurídica de los Estados con tal
fuerza que la Comunidad Internacional en su conjunto los considera principios básicos o
fundamentales del ordenamiento jurídico tal y como ha reconocido también la jurisprudencia
internacional. Así, por ejemplo, en el asunto de las actividades militares y paramilitares en y contra
Nicaragua el T.I.J. señaló:«el principio de la prohibición del uso de la tuerza, expresado en el artículo
2, apartado 4 de la Carta de las Naciones Unidas es aceptado por los Estados como siendo no
solamente un principio de derecho internacional consuetudinario, sino incluso un principio
fundamental o esencial de este derecho» (C.I.J., Rec. 1986: 100; ver también las referencias en el
mismo sentido al principio de no intervención en la p. 106 de esta misma sentencia).
Estos son los principios a los que hicimos referencia en el Capítulo I de esta obra como principios
básicos o fundamentales, a los que deben sumarse algunos otros principios de carácter humanitario
que han anclado también en la convicción jurídica de los Estados y que han sido calificados como
«principios intransgredibles». Así lo ha señalado también el T.I.J. tanto en la opinión consultiva sobre
la licitud de la amenaza o del empleo de las armas nucleares como en la referente a las
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consecuencias jurídicas de la construcción de un muro en los territorios palestinos ocupados. En
palabras del T.I.J.:«La Convención IV de La Haya y las Convenciones de Ginebra [sobre derecho
internacional humanitario] han obtenido una amplia adhesión de los Estados. Por otra parte, estas
reglas se imponen a todos los Estados, hayan o no ratificado los instrumentos convencionales que las
expresan, pues dichas reglas constituyen principios intransgredibles del derecho internacional
consuetudinario» (CIJ., Recueil 1996: 226; y CIJ., Recueil, 2004: par. 89).
Una última observación se impone. La enumeración dada de los principios es meramente indicativa y
en manera alguna podemos considerarla como exhaustiva. El perfeccionamiento constante del D.I., el
aumento de la vida de relación internacional, la incorporación a los tribunales internacionales de
personas de culturas jurídicas muy diversas, y la multiplicación y especialización creciente de la
jurisdicción internacional (con la incorporación del Tribunal Internacional del Derecho del Mar o del
Tribunal Penal Internacional), entre otras cosas, son factores que necesariamente influirán en la
mayor riqueza del D.I. Dentro del mismo, los principios generales pueden ser un elemento utilísimo
para avanzar por el camino de una constante mejora de la convivencia pacífica entre los pueblos.
D) La obligatoriedad de los principios generales en el ordenamiento internacional
Que los principios generales del derecho forman hoy parte del ordenamiento internacional no ofrece,
por tanto, duda. Son parte del D.I. positivo y más desde su inclusión en el tantas veces referido art. 38
del Estatuto del T.I.J.
Un problema particular que se presenta es la razón de su obligatoriedad. Algún autor ha llegado
incluso a afirmar que la propia obligatoriedad de todo el ordenamiento internacional descansa en
determinados principios generales (Favre: 21). No es éste el momento para discutir la cuestión, ya
que ahora lo que nos interesa es saber la razón de la propia validez jurídica de los principios. Autores
tan alejados en cuanto al problema del fundamento del D.I. como los profesores Guggenheim y Miaja
coincidían prácticamente en la cuestión. Para Guggenheim la validez puede estar «tanto en el
Derecho consuetudinario como en el Derecho convencional», según los casos (guggenheim: 297 y
298). Para Miaja, «cuando se trata de principios ya presentes, esto es, positivados en el orden
jurídico internacional, la necesidad de su observancia suele ir acompañada de una repetición de actos
de los Estados; de ahí que la costumbre jurídica sea la forma más frecuente de positivación de los
principios de que se trata» (Miaja, 1960: 1140-1141).
A estas dos valiosísimas opiniones creo que puede añadirse una pequeña puntualización. En efecto,
los principios generales previstos en los Convenios de Arbitraje y Arreglo Judicial encuentran en éstos
la razón de validez para los casos concretos de aplicación de los referidos Convenios. Por otro lado,
la repetición de los principios en diversos acuerdos, junto con la opinio iuris a ello inherente, forman la
base consuetudinaria de positivación de los mismos. Otro proceso de positivación por vía
consuetudinaria se actúa para los «principios generales in foro domestico» por la convicción jurídica
ya formulada y la repetición de actos realizados en los ordenamientos internos, si bien su concreción
en el ordenamiento internacional se realiza normalmente por los tribunales internacionales. En este
último caso la opinio iuris prácticamente está formada antes de su aparición en el plano internacional,
y en cuanto a la repetición de actos no pueden dejar de tener cierta influencia los realizados ya dentro
de los ordenamientos internos. Sólo un dualismo extremado hoy ya prácticamente superado, que
propugne la separación radical entre el ordenamiento internacional y los ordenamientos internos,
podría negar la repercusión de lo actuado en el ámbito de los ordenamientos estatales en la cuestión
que estamos examinando. Pero, en todo caso, no debe olvidarse que una cosa es reconocer que los
principios generales del Derecho o los principios generales del Derecho Internacional se incorporen
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en normas consuetudinarias o convencionales y otra muy distinta negar la autonomía de los mismos
como fuente del ordenamiento jurídico internacional.
4. LA JURISPRUDENCIA INTERNACIONAL
Entre los dos medios auxiliares que el art. 38.1 .d) del Estatuto del T.I.J. menciona encontramos las
«decisiones judiciales», más conocidas por jurisprudencia. Su misión no es la de crear Derecho, sino
la de ser un medio «para determinar las reglas de Derecho»; pues como dijo un antiguo Juez del
T.I.J. «en definitiva, la misión del Tribunal es la de decir cuál es el Derecho aplicable, no la de
crearlo» (visscher, 1962: 399).
Al modo como en el Derecho interno las decisiones Judiciales tienen un valor extraordinario, dando
lugar a la forma más notable de interpretación del Derecho, nos encontramos hoy también en el D.I.,
después del florecimiento en el siglo xx de las jurisdicciones internacionales, en una situación que,
salvadas las distancias de tiempo y de cantidad, pudiéramos decir que es similar.
La jurisprudencia internacional no podemos definirla como una fuente formal de nuestro Derecho en
sentido estricto, pese a muy autorizadas opiniones en contrario. No obstante lo anterior, no podemos
desconocer que en la práctica el valor del precedente jurisprudencial es tan grande después del
florecimiento de los tribunales internacionales que bien se puede afirmar con Sereni que ello «ha
contribuido a la formación, también en el campo del Derecho Internacional, de una jurisprudencia
fundada sobre la rerum perpetuo similiter iudicatarum auctoritas» (serení: 163). Buena prueba de ello
nos la dan el T.PJ.I. y el T.I.J., que citan continuamente sus decisiones anteriores, bien para
recogerlas o bien para explicar la falta de similitud con el precedente, y así dejar salvada no sólo la
falta de aplicación, sino también el propio prestigio del Tribunal por la presunta falta de un criterio
congruente y unificado con respecto a las decisiones anteriores.
La función de la jurisprudencia es doble: como elemento de interpretación y como medio de prueba.
Respecto al primer aspecto, ya hemos recogido anteriormente las continuas referencias que los
tribunales internacionales hacen de decisiones anteriores como elemento de interpretación del
Derecho. La función del juez internacional al respecto es tan grande que, sin desconocer la
posibilidad de interpretación auténtica por los propios sujetos que lo han creado, no nos parece
errónea la afirmación de Bentivoglio de que «una verdadera y propia función interpretativa viene
desarrollada en el ordenamiento internacional sólo por el Juez» (bentivoglio: 261). Esta función se ha
visto confirmada expresamente por el T.I.J. en el asunto de la licitud de la amenaza o del empleo de
armas nucleares, donde tras afirmar que el Tribunal «dice el derecho existente y no legisla», añade:
«esto es verdad incluso si el Tribunal, diciendo y aplicando el derecho, debe necesariamente precisar
el sentido y, en ocasiones, constatar su evolución» (C.I.J., Aec. 1996: 237).
Como medio de prueba de la existencia de las normas de D.I., la jurisprudencia está llamada a
cumplir una misión capital, pues como dice acertadamente Miaja: «Es cierto que la jurisprudencia de
los tribunales internacionales constituye un simple medio auxiliar de las fuentes del Derecho
Internacional; pero lo mismo que ocurre en los órdenes jurídicos estatales sirve para proclamar
principios fundamentales de este orden jurídico, y aun para extender a otros supuestos las soluciones
que ya han sido ofrecidas por reglas convencionales o consuetudinarias» (Miaja, 1958: 95).
Es precisamente a este segundo sentido de medio de prueba al que se refiere de una manera directa
el art. 38 del Estatuto del T.I.J. al atribuir a la jurisprudencia la característica de «medio auxiliar para
la determinación de las reglas de derecho». Tal afirmación es perfectamente explicable si se quería
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dotar al Tribunal de los medios necesarios para cumplir su alta misión, pues «la incertidumbre relativa
al contenido de muchos principios constitucionales y normas consuetudinarias, derivadas del hecho
de no haber sido formuladas por escrito, la escasez de otros medios para la determinación de su
contenido, el prestigio de que gozan y las garantías que circundan a los tribunales internacionales,
hacen que el precedente jurisprudencial tenga de hecho, en el ámbito del Derecho internacional, una
importancia aún mayor que la que goza en el derecho interno de los distintos Estados, y tienda
incluso a aumentar continuamente» (Serení: 1,163-164).
Quedan aún por precisar algunas cuestiones respecto de la jurisprudencia. De ellas queremos hacer
referencia, en primer lugar, a la existencia dentro de la emitida por el T.P.J.I. y el T.I.J. de dos claras
categorías desde el punto de vista del Estatuto. Me refiero a la distinción entre sentencias y
dictámenes del Tribunal, cuyo valor vinculante es bien distinto. Ahora bien, el Tribunal ha venido
haciendo un uso indistinto como precedentes de sus sentencias y dictámenes. Ello ya fue señalado
por Charles de Visscher en su Curso en la Academia de La Haya de 1929 (VlSSCHER, 1929: 60) y
ha sido desarrollado más tarde por Sórensen, avalándole la doctrina del propio T.P.J.I. en los Casos
del Lotus y de la Alta Silesia y en el Dictamen sobre la Comisión Europea del Danubio. Sórensen
sienta la afirmación categórica de que para los efectos de uso de precedentes el T.P.J.I. trata en pie
de igualdad sentencias y dictámenes (SÓRENSEN: 168), afirmación que nos parece en extremo
convincente y que puede predicarse igualmente del T.I.J.
Otra cuestión que resta por examinar es la obligatoriedad de las sentencias pronunciadas por los
tribunales internacionales. Está claro que el D.I. no conoce, al contrario del Common Law, el sistema
de los judicial precedents obligatorios en el futuro. Ello viene avalado por la misma naturaleza del D.I.
que se encuentra en una continua evolución y, además, porque la existencia de un precedente
jurisprudencial no excluye la prueba en contrario que se pueda presentar contra el mismo. Existe, por
otra parte, en el propio Estatuto —el art. 59— una disposición que nos dice sobre la decisión del
Tribunal que «no es obligatoria sino para las partes en litigio y respecto del caso que ha sido
decidido».
En puridad de principios la cuestión no admite discusión; pero en la práctica las consecuencias para
los casos futuros que puedan plantearse son bien distintas. Hemos comentado ya el respeto que el
propio Tribunal siente por su jurisprudencia anterior, y este hecho tiene necesariamente que proyectar
su influencia sobre los demás Estados, distintos a las partes en litigio, que deseen llevar en el futuro
sus litigios ante el Tribunal, engendrando entre ellos el convencimiento de que los precedentes
jurisprudenciales serán tenidos en cuenta.
La jurisprudencia de los tribunales internacionales forma hoy un cuerpo muy amplio, tanto por lo que
se refiere a su volumen como por las distintas jurisdicciones que la han ido creando o produciendo.
Pero es un lugar común el que se tache al D.I. de la falta de juez para aplicarlo. Ello es totalmente
erróneo y la simple enumeración de las jurisdicciones es suficiente para rechazar la falsa afirmación
anterior. No es momento de estudiar ahora, ya que lo haremos en capítulos posteriores, las
principales jurisdicciones internacionales; no obstante, creemos conveniente adelantar una pequeña
referencia a los tribunales internacionales más importantes que han ejercido o están ejerciendo
jurisdicción hoy en día. Entre los primeros cabe señalar la Corte de Justicia centroamericana, los
Tribunales Arbitrales mixtos, el Tribunal Arbitral de la Alta Silesia, el Tribunal Administrativo de la S.
de N, y el T.P.J.I.
Hoy en día actúan o pueden actuar diversos tribunales, que vamos a enumerar:
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1. El Tribunal Permanente de Arbitraje, cuya sede está en La Haya y que facilita a los Estados una
lista de árbitros, para que éstos puedan formar los tribunales arbitrales que crean necesarios.
2. El Tribunal Internacional de Justicia, con sede en La Haya, que es el órgano judicial principal de las
N.U. y que está dotado de competencia contenciosa y consultiva.
3. El Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo y constituido el 18 de
octubre de 1996, tras la entrada en vigor en noviembre de 1994 de la Convención de 1982 sobre el
Derecho del Mar y en julio de 1996 del Acuerdo relativo a la aplicación de la Parte XI de la
Convención. El Anexo VI de la Convención de 1982 contiene el Estatuto de este Tribunal permanente
y especializado.
4. El Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, con sede en Luxemburgo, y que es
competente para conocer los asuntos relacionados con el derecho comunitario.
5. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo.
6. Las Comisiones Mixtas de los Tratados de Paz de la Segunda Guerra Mundial. En los mismos se
prevé la formación de las Comisiones que afectan a Italia, Hungría, Finlandia, Bulgaria, Austria, Japón
y los Países firmantes de los Tratados de h otra parte.
7. Los Tribunales Administrativos siguientes:
a) El de las N.U., con sede en Nueva York.
b) El Tribunal Administrativo de la O.I.T., con sede en Ginebra y con competencia para resolver los
litigios de los funcionarios de la O.I.T., U.N.E.S.C.O., O.M.S., O.M.M., F.A.O., C.E.R.N. y G.A.T.T.
8. Los Tribunales Penales Internacionales para la ex Yugoslavia y para Ruanda, creados por sendas
Resoluciones del Consejo de Seguridad en 1993 y 1994, respectivamente, en aplicación del Capítulo
VII de la Carta. Se trata de tribunales ad hoc cuya creación se ha justificado por la especial gravedad
de las situaciones sobre las que proyectan su jurisdicción, calificadas por el Consejo de Seguridad
como situaciones que ponen en peligro la paz y la seguridad internacionales.
9. La Corte Penal Internacional, creada por el Estatuto adoptado en Roma el 17 de julio de 1998 y
que entró en vigor el 1 de julio de 2002.
10. No se agotan con estos Tribunales anteriores todos los de carácter internacional, ya que existen
otros, entre los que cabe señalar la jurisdicción que ejerce el Órgano de Solución de Diferencias de la
Organización Mundial de Comercio y en especial su Órgano de Apelación, el Consejo de la
Organización de Aviación Civil Internacional, con sede en Montreal, el Tribunal de Navegación del Rin
y una Comisión Central de Apelación en Estrasburgo. Con ello queremos decir que la justicia
internacional cada día cuenta con mayor número de órganos que la ejerzan con carácter de
continuidad. A ella hay que sumar las numerosas sentencias arbitrales, pronunciadas por tribunales
arbitrales que han actuado o pueden crearse en lo sucesivo y que están recogidas en el Recueil des
Sentences Arbitrales, publicado por la O.N.U
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De todos los Tribunales anteriores tiene una importancia y un peso excepcional el T.I.J., con sede en
La Haya, y su antecesor el T.P.J.I., que se disolvió como consecuencia de la Resolución de 18 de
julio de 1946 de la Sociedad de Naciones.
5. LA DOCTRINA CIENTÍFICA
Junto a la jurisprudencia internacional, cita el artículo 38.1.4) como medio auxiliar también a la
doctrina científica. Ésta no es otra cosa que la opinión de los publicistas en la materia, que forman la
llamada interpretación doctrinal y que se manifiesta ya en forma individual, mediante sus trabajos, ya
en forma colectiva, a través de los debates, acuerdos y resoluciones de los Institutos científicos, tales
como el Institut de Droit International, por no citar más que al principal. El primer valor de la doctrina
científica en el contexto en que la estamos estudiando ahora es el de ser «un medio auxiliar» para la
determinación de las reglas internacionales, creadas por la costumbre o por los tratados. La misión de
la doctrina, por tanto, es en extremo valiosa, y no sólo la de los clásicos, que, como es sabido,
ocuparon en otro tiempo algo así como la posición de los responsa prudentium del Derecho Romano:
prueba de lo cual nos lo da la estadística hecha por Dickinson y recogida por Nussbaum, en la que
Grocio, y sobre todo Vattel, fueron citados ante los tribunales americanos y recogida su doctrina en
las sentencias gran número de veces. Solamente Vattel, en el período de 1789 a 1820, fue citado 92
veces por las partes y transcritas 22 veces por los tribunales sus doctrinas en las sentencias
(nussbaum: 177). Todavía quedan reminiscencias de esta misión en la práctica actual y no es extraño
que el Estatuto del T.I.J. recogiera la doctrina científica como medio auxiliar.
La importancia de la doctrina es hoy mucho más limitada, pues principalmente sirve para dar fe de la
existencia de determinadas costumbres internacionales, y, como dijo acertadamente Miaja, el
testimonio de los iusinternacionalistas tiene un papel relevante «por el valor documental que pueden
revestir sus opiniones; por ejemplo, sobre la vigencia de una costumbre para determinado Estado,
cuando de éste es nacional el jurista que emitió aquella opinión». «El valor de la doctrina —nos dice
más tarde— se acrecienta cuando emana de una institución científica prestigiosa y no vinculada a un
determinado Estado» (Miaja, 1979: 110-111).
CAPÍTULO IV
LA COSTUMBRE INTERNACIONAL Y LOS ACTOS UNILATERALES
1. LA COSTUMBRE INTERNACIONAL
A) CONCEPTO E IMPORTANCIA
Entendemos por costumbre internacional la expresión de una práctica seguida por los sujetos
internacionales y generalmente aceptada por éstos como derecho, tal como se recoge en el apartado
b) del art. 38 del Estatuto del T.I.J. De lo anterior se desprende que la costumbre está formada por
dos elementos, el elemento material, de repetición de actos o práctica constante y uniforme de los
sujetos y el llamado elemento espiritual, u opinio iuris sive necessitatis, es decir, la convicción por
parte de los sujetos de D.I. de que se trata de una práctica que obliga jurídicamente. Así lo ha
corroborado el T.I.J. en su Dictamen de 8 de julio de 1996 sobre La legalidad de la amenaza o el uso
de armas nucleares, recordando la Sentencia de 3 de junio de 1985 en el Caso de la plataforma
continental entre Libia y Malta (CU., Rec, 1985, par. 27). «la sustancia de ese derecho
[consuetudinario] debe buscarse principalmente en la práctica real y en la opinio juris de los Estados»
(C.I.J., Rec. 1996: par. 64).
61
No deben confundirse la costumbre y la cortesía internacional. La cortesía, o comitas gentium, ha
tenido y tiene cierta importancia en el ámbito de las relaciones internacionales. Los usos sociales
internacionales pueden llegar a transformarse en normas jurídicas cuando al elemento material de
repetición de actos se une la opinio iuris, o convencimiento de que ellos obligan jurídicamente. El
referido mecanismo no es otra cosa que la transformación de usos sociales en costumbres jurídicas.
Una buena parte de las instituciones del Derecho diplomático —inmunidades y privilegios— nacieron
por esa vía. Lo que verdaderamente nos interesa es diferenciar ambos fenómenos; mientras que la
violación de las normas de cortesía no engendra responsabilidad internacional, la infracción de una
norma jurídica, por el contrario, sí da origen a la misma.La importancia de la costumbre en D.I. es
enorme. En primer término, se puede afirmar que prácticamente todo el D.I. general que rige en la S.I.
está formado por normas consuetudinarias y principios generales del Derecho. Como veremos en los
Capítulos siguientes, el D.I. convencional no ha tenido hasta ahora carácter universal o, dicho en
otras palabras, no existe ningún tratado internacional —excepto la Carta de la O.N.U. - que haya sido
aceptado por la gran mayoría de Estados de la S.I. Además, las normas de carácter universal
contenidas en los tratados son precisamente costumbres que han sido codificadas o recogidas en los
mismos.
Por otro lado, existe una amplia corriente doctrinal que ve en la costumbre la clave para los estudios
de la fundamentación del D.I. y de la que participa el concepto de D.I.P. expuesto en el pasado
Capítulo II. Abarca a todos aquellos que afirman que la norma consuetudo est servanda es la norma
base del D.I.; por ejemplo, una parte de la doctrina italiana mantenía: «implícita o explícitamente que
muchos de los problemas inherentes a la determinación del carácter y del fundamento del
ordenamiento internacional podían encontrar su solución a través de un análisis riguroso de la
naturaleza y de la posición en el sistema de la costumbre internacional» (Barile: 400).
Finalmente, la costumbre mantiene su importancia, pese al proceso codificador y a la obra de las
Organizaciones internacionales, porque la codificación es lenta e incompleta y, además, el proceso
consuetudinario se sigue adaptando muy bien al ritmo cambiante de la formación del D.I. en la S.I.
contemporánea y a la participación en dicha formación de todos los Estados interesados.
B) QUIÉNES PARTICIPAN EN LA FORMACIÓN DE LA COSTUMBRE
La contestación es muy simple: los propios sujetos de la S.I. Ello supone una de las singularidades
del D.I. comparado con el Derecho interno, de que sean los propios destinatarios de las normas los
que las creen, modifiquen o extingan.
Los Estados continúan siendo los principales creadores de la costumbre, sobre todo en sus
relaciones mutuas, pero también a través de su práctica en el seno de las Organizaciones
internacionales, ya que como ha puesto de manifiesto la doctrina (Garzón: 903): «Las Declaraciones
de la Asamblea General son el producto de unos actos estatales, los votos; son también los Estados
a quienes, sobre todo, va a corresponder la aplicación de las reglas de conducta enunciadas en ellas.
Puede pensarse, pues, que el conjunto de esos actos estatales constituye una práctica que, en
conjunción con la opinio iuris, es susceptible de dar lugar a costumbres internacionales.»
Un problema diferente (Sünha: 120) es el de saber si las Organizaciones internacionales pueden,
como tales, engendrar una costumbre. En este sentido, hoy podemos manifestar que las
Organizaciones internacionales están dando vida a nuevas costumbres internacionales. Sin embargo,
el hecho de que los órganos internacionales deben operar en el marco de las competencias que les
atribuye el tratado constitutivo de la respectiva Organización nos colocará, a menudo, en el dilema de
62
saber si nos hallamos ante una mera práctica interpretativa de ese tratado o ante una auténtica
costumbre internacional.
C) EL ELEMENTO MATERIAL
El elemento material, consistente en la repetición de actos, se puede manifestar de formas diversas,
bien por la actuación positiva de los órganos de varios Estados en un determinado sentido, por leyes
o sentencias internas de contenido coincidente, por la repetición de usos, por instrucciones
coincidentes de los Gobiernos a sus agentes y funcionarios, por determinadas prácticas en el seno de
las Organizaciones internacionales, etc.
Un problema particular es el relativo a si en la formación de la costumbre caben las omisiones o
costumbres negativas. La doctrina se muestra en su mayoría favorable, y en la jurisprudencia del
T.P.J.I. encontramos un asidero también favorable en la Sentencia de 7 de septiembre de 1927 en el
caso del Lotus, donde, sin embargo, se condiciona la formación de la costumbre por medio de
omisiones a que «la abstención estuviese motivada por la conciencia de un deber de abstenerse»
(c.P.J.I., Serie A, n. 10: 28).
En cualquier caso, es imprescindible para la formación de una costumbre que la práctica sea
uniforme, tal como se deduce, entre otras, de la sentencia del T.I.J. en el Caso anglonoruego de
pesquerías (C.I.J., Rec. 1951: 131).
Respecto al tiempo necesario para que la práctica pueda ser considerada como constitutiva del
elemento material, en el D.I. clásico siempre se subrayó la importancia de la antigüedad de la práctica
como factor muy a tener en cuenta en el momento de la prueba de la existencia de la costumbre; en
el D.I. contemporáneo, por el contrario, se ha afirmado la viabilidad de la «costumbre instantánea»
(CHENG: 45-46). El T.I.J. no ha adoptado ninguna de estas dos posturas extremas, sino que ha
señalado, en su sentencia en los Casos de la Plataforma Continental del Mar del Norte, que «el
hecho de que no haya transcurrido más que un breve período de tiempo no constituye
necesariamente en sí mismo un impedimento para la formación de una nueva norma de Derecho
Internacional consuetudinario surgida de una norma de origen puramente convencional [...]»(I.CJ.,
Rep. 1969: par. 74).
D) LA OPINIO IURIS SIVE NECESSITATIS
El elemento espiritual no es otra cosa que la convicción de que los sujetos internacionales se
encuentran ante una norma obligatoria jurídicamente. La necesidad de este elemento hoy ofrece
pocas dudas, dado lo inequívoco de la jurisprudencia al respecto y las rectificaciones de la doctrina.
Es cierto que autores como Kelsen (Kelsen: 253 y ss.; y Kelsen/Tucker: 450-451; Quadri: 130;
Guggenheim, 1950:275 y ss.) mantuvieron la no necesidad de este elemento o la dificultad de
probarlo, pero no es menos cierto que la crítica de otra parte de la doctrina ha sido sumamente
severa (KUNZ: 393) y que las rectificaciones al respecto no ofrecen dudas. La honestidad científica
de Guggenheim quedó bien clara cuando, rectificando criterios anteriores (Guggenheim, 1947:47-48),
afirma en la 2.a edición de su Traite que «según la teoría hoy dominante, la repetición prolongada y
constante de ciertos actos no es suficiente para engendrar una norma consuetudinaria; es necesario
que el autor de dichos actos tenga la intención, al ejecutarlos, de cumplir con una obligación o de
ejercer un derecho [...]. Pese a las dificultades para indicar de una manera general en qué
condiciones el uso se transforma en una costumbre obligatoria, aparece como imposible hacer
abstracción del elemento subjetivo o psicológico» (Guggenheim, 1967: 103-104).
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La jurisprudencia internacional deja, como hemos indicado, pocas dudas respecto al elemento
psicológico. En su sentencia de 20 de febrero de 1969 -Casos de la Plataforma Continental del Mar
del Norte—, el T.I.J. ha sostenido que: «Los actos considerados no solamente deben suponer una
práctica constante sino que también deben tener tal carácter o realizarse de tal forma que
demuestren la creencia de que dicha práctica se estima obligatoria en virtud de una norma jurídica
que la prescribe. La necesidad de tal creencia, es decir, la existencia de un elemento subjetivo, esta
implícita en el propio concepto de opinio iuris sive necessitatis. Los Estados interesados, por tanto,
deben tener el sentimiento de que cumplen lo que supone una obligación jurídica» (C:I:J.\ Rec. 1969:
par. 77).
La forma de manifestarse la opinio iuris, importante para la prueba de la misma, puede ser muy
diversa; pero siempre se manifestará a través de la práctica de los Estados y otros sujetos, bien en
las notas diplomáticas dirigidas a otros Estados, en una Conferencia diplomática por medio de sus
delegados o al adoptar una resolución en el seno de una Organización internacional, entre otras
posibilidades (BAXTER, 1970:36-56).
Destaca sobremanera el papel desempeñado por las Resoluciones de la A.G. de la O.N.U. en la
formación de la opinio juris. El T.I.J. lo ha confirmado plenamente en su Dictamen de 1996 sobre La
legalidad de la amenaza o el uso de las armas nucleares, aunque no haya reconocido finalmente
valor consuetudinario a las numerosas Resoluciones de la A.G. que han proclamado que el empleo
de armas nucleares constituye una ilegalidad y una violación de la Carta de la O.N.U., porque fueron
aprobadas con numerosos votos en contra y abstenciones y por la aún firme adhesión a la práctica
conocida como «política de disuasión» por parte de las potencias nucleares, que se reservan el
derecho a emplear esas armas en el ejercicio de la legítima defensa contra un ataque armado que
amenace sus intereses vitales de seguridad (I.C.J., Rep. 1996: párs. 71-73 y 96): «El Tribunal
observa que las resoluciones de la Asamblea General, aunque no son vinculan-tes, pueden a veces
tener valor normativo. En ciertas circunstancias pueden proporcionar pruebas importantes para
determinar la existencia de una norma o la aparición de una opinio juris. Para saber si una
determinada resolución de la Asamblea General cumple ese recaudo, hay que examinar su contenido
y las condiciones en que se aprobó; también hay que ver si existe una opinio juris en cuanto a su
carácter normativo. Puede ocurrir asimismo que una serie de resoluciones muestre la evolución
gradual de la opinio juris necesaria para el establecimiento de una nueva norma» (I.C.J., Rep. 1996:
par. 70).
E) LAS CLASES DE COSTUMBRE Y SU OBLIGATORIEDAD
En la costumbre cabe distinguir, por su amplitud territorial, dos grandes grupos: costumbres generales
o universales y costumbres particulares. Dentro de estas últimas cabe, a su vez, diferenciar las
regionales y las locales o bilaterales.
Las costumbres generales tienen ámbito universal y obligan en principio a todos los Estados, salvo
que se hayan opuesto a la misma en su período de formación de manera inequívoca y expresa (regla
de la objeción persistente). Por tanto, el litigante que se oponga a que le sea aplicada una costumbre
general habrá de probar que la ha rechazado en el período de formación, recayendo sobre él la carga
de la prueba (onus probandi). El T.I.J., en su sentencia en el Caso anglo-noruego de pesquerías, en
el que entre otras cosas se discutía si la regla del límite de las diez millas como anchura máxima
permitida para la boca de una bahía jurídica era o no una costumbre, manifestó: «De todas maneras,
la regla de las diez millas aparece inoponible a Noruega, en cuanto que se ha opuesto siempre a su
aplicación en la costa noruega» (C.I.J., Rec. 1951: 131).
64
Un problema particular es el relativo a si las costumbres son obligatorias para los Estados que no han
participado en su formación ni se han opuesto porque en dicho momento no habían accedido a la
independencia y, consiguientemente, no podían hacerlo. Frente a la tesis de la obligatoriedad general
estaba la de los países de más reciente independencia que admitían el D.I. general salvo aquellas
normas que perjudicaban sus intereses. Sobre este tema volveremos más tarde, en el Capítulo XIII, al
tratar de la llamada sucesión colonial.
Las costumbres regionales son aquellas que han nacido entre un grupo de Estados con
características propias. Cabe hablar de ellas, por ejemplo, en el ámbito de Iberoamérica o en el de la
Unión Europea. Las referidas costumbres, en caso de un litigio internacional, habrán de probarse por
la parte que las alega. El T.I.J., en el Caso del derecho de asilo, dijo al respecto: «La Parte que
invoca una costumbre de esta naturaleza debe probar que se ha constituido de tal manera que se ha
hecho obligatoria para la otra Parte» (C.I.J., Rec. 1950: 276).
Cabe, finalmente, hablar de la existencia de costumbres de carácter local, cuyo ámbito de aplicación
es más reducido que las anteriores y que puede llegar a afectar solamente a dos Estados. En este
caso podemos hablar de una costumbre bilateral. El T.I.J., en su sentencia sobre el Caso del derecho
de paso por territorio indio (fondo), abordó afirmativamente este problema. El Tribunal se manifestó
en los términos siguientes: «[...] se alega en nombre de la India que ninguna costumbre local puede
constituirse entre dos Estados. Es difícil ver el por qué el número de Estados entre los que puede
constituirse una costumbre local sobre la base de una política prolongada deba ser necesariamente
superior a dos. El Tribunal no ve razón para que una práctica aceptada por ellos como reguladora de
sus relaciones no constituya la base de derechos y obligaciones entre ellos» (I.C.J., Rep. 1960:39).
2. LA CODIFICACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL
A) LA COMISIÓN DE DERECHO INTERNACIONAL (C.D.I.)
La C.D.I. es un órgano técnico codificador que, bajo la autoridad y el control de la A.G. de la O.N.U. y
en particular de su Sexta Comisión (Asuntos Jurídicos), se dedica a la labor de codificación y
desarrollo progresivo del Di. La creó la propia A.G. por Res. 174 (II), de 21 de noviembre de 1947,
que incluía en un anexo su Estatuto, enmendado sucesivamente en posteriores Resoluciones de la
A.G. El art. 8 de dicho Estatuto advierte que «las grandes civilizaciones y los principales sistemas
jurídicos del mundo» deberán estar representados en su composición, lo que hoy se consigue gracias
a los distintos grupos regionales presentes en la O.N.U., y el art. 1.1.° fija como función y objetivo de
la C.D.I. «impulsar el desarrollo progresivo del derecho internacional y su codificación» (The Work of
the IMG: 14-15 y 128-130).
En efecto, el art. 15 del Estatuto distingue «por comodidad» entre el «desarrollo progresivo del
derecho internacional», expresión utilizada «para designar la elaboración de proyectos de
convenciones sobre temas que no hayan sido regulados todavía por el derecho internacional o
respecto a los cuales los Estados no hayan aplicado, en la práctica, normas suficientemente
desarrolladas», y la «codificación del derecho internacional», expresión usada para «designar la más
precisa formulación y la sistematización de las normas de derecho internacional en materias en las
que ya exista práctica de los Estados, así como precedentes y doctrinas».
El art. 16 del Estatuto reserva la iniciativa del «desarrollo progresivo» a la A.G., mientras que el art.
18 atribuye la de la codificación a la misma C.D.I., entendiéndose que la tarea de «desarrollo
progresivo» atendería más a factores políticos y la de «codificación» a factores científicos y técnicos.
65
Pero lo cierto es que tanto la A.G. como la C.D.I. fueron incapaces de mantener en la práctica la
distinción entre «desarrollo progresivo» y «codificación», y la C.D.I. terminó elaborando un
procedimiento único de trabajo que, aunque basado en el Estatuto, no toma en cuenta las diferencias
formales que el Estatuto establece para ambos supuestos, ya que todos los procesos codificadores
contienen —si bien en dosis diferentes— elementos de «codificación» y de «desarrollo progresivo»
(Torres Bernárdez: 219-220). De hecho, la C.D.I. ha considerado expresamente esta distinción como
inviable en la práctica y ha recomendado su eliminación en cualquier futura revisión del Estatuto (Doc.
N.U. A/51/10: párs. 148, 157-158 y 243).
Dicho procedimiento único responde al establecido en el ya citado art. 16. La A.G. recomienda el
estudio de un tema a la C.D.I., que designa a uno de sus miembros como ponente, establece un plan
de trabajo y remite cuestionarios a los gobiernos para obtener información sobre la práctica estatal en
la materia. El ponente prepara una serie de informes y anteproyectos de artículos para que se
debatan en el seno de la C.D.I. y si el procedimiento avanza satisfactoriamente se invita de nuevo a
los gobiernos para que presenten observaciones a los proyectos provisionales emanados de la C.D.I.
El ponente revisa entonces los textos acordados a la luz de esas observaciones, presentando
proyectos más perfilados para debate, revisión y aprobación definitiva por la C.D.I. La labor culmina
mediante el envío y sometimiento a la A.G., por conducto del Secretario General, de un proyecto
único articulado que regula el régimen jurídico de alguna institución o conjunto de instituciones, y la
A.G. resuelve habitualmente convocar una conferencia diplomática para la negociación y adopción en
su caso de una convención internacional en la materia. Adoptada la convención conforme a los
procedimientos establecidos en el Derecho de los tratados, los Estados aún deberán manifestar su
consentimiento en obligarse por ella antes de que entre en vigor. Así, de esta forma, se ha logrado
codificar principalmente, entre otras materias, el Derecho diplomático y consular, el Derecho de los
tratados y el Derecho del mar.
Tras la adopción por la C.D.I., el 9 de agosto de 2001, del Proyecto de artículos sobre la
responsabilidad del Estado por hechos internacionalmente ilícitos, remitido a la A.G. después de casi
cincuenta años desde que iniciara sus tareas en la materia, la A.G., mediante la Resolución 59/35, ha
solicitado al Secretario General que invite a los Gobiernos a presentar información acerca de la
práctica en esta materia, y ha previsto para su sexagésimo segundo período de sesiones (2007) la
adopción de la decisión sobre la convocatoria de una conferencia codificadora con el fin de concertar
una convención sobre este tema.
B) NUEVOS PROCEDIMIENTOS Y CRISIS DEL PROCESO CODIFICADOR
La decisión histórica de la A.G. de poner en manos de un órgano intergubernamental o político, como
la denominada Comisión de Fondos Marinos, la preparación de la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar constituyó sin duda el origen de la crisis del método
codificador tradicional tal y como acaba de ser expuesto. A pesar de la gran lentitud de sus trabajos y
del fracaso en la labor preparatoria de la Tercera Conferencia, lo cierto es que todas las novedades
que introdujo la Comisión de Fondos Marinos respecto del procedimiento tradicional de la C.D.I. se
han incorporado mal que bien a dicho procedimiento, desnaturalizándolo en buena medida; al tiempo
que ha provocado la aparición de nuevos procedimientos de codificación y sobre todo de desarrollo
progresivo del D.I. paralelos al procedimiento característico de la C.D.I.
En cuanto a la desnaturalización del procedimiento tradicional, debe advertirse que ha aumentado
excesivamente el número de miembros de la C.D.I. (treinta y cuatro desde 1981), lo que dificulta e
impide el debate en profundidad, la presentación de textos alternativos y el intercambio de ideas que
distinguieron habitualmente a sus trabajos (AGO: 550-551). Esta ampliación también ha contribuido a
66
la instauración de la práctica del consenso en la C.D.I. En efecto, la minoría se ha protegido frente a
la presencia de una mayoría mecánica recurriendo al consenso, práctica que retrasa y casi paraliza
los debates y además los esteriliza sustantivamente con la búsqueda de textos que no generen
ninguna oposición importante. La C.D.I. ha recurrido paralelamente a la diplomacia oficiosa, el papel
de su Presidente y del Comité de Redacción se han hecho preponderantes, y se ha trabajado con
proyectos cuyo arcano origen sólo conoce el Presidente de la C.D.I.
Por otra parte, se han introducido en el programa de trabajo de la C.D.I. materias de marcado tono
político y difícil solución codificadora, como es el caso del fracasado Proyecto de Código de crímenes
contra la paz y seguridad de la Humanidad, según ha tenido a bien reconocer la propia C.D.I. (The
Work of the I.L.C.: 121-125).
En cuanto a los nuevos procedimientos de codificación, se desarrollan en general mediante una
primera fase en el marco de una comisión de la A.G. compuesta siempre por representantes
gubernamentales, y una segunda fase que llega hasta la adopción definitiva de la Convención en la
misma A.G. o en una conferencia diplomática convocada al efecto. Una fase intermedia, pero a veces
única, la constituye la adopción de Resoluciones de la A.G. que contienen declaraciones de principios
que posteriormente aunque no siempre— se incluyen y precisan en una convención. Así ha ocurrido,
por ejemplo, con la codificación del Derecho del espacio, que ha sido competencia de una comisión
ad hoc de la A.G. (TREVES: 24 in fine-26).
Nadie duda acerca del valor permanente que posee el proceso metódico de codificación y desarrollo
progresivo del D.I. que lleva a cabo la C.D.I., un excelente instrumento para superar las
incertidumbres, el escaso desarrollo o los cambios sobrevenidos en algunos sectores del
ordenamiento internacional. Pero la C.D.I. es consciente que debe hacer frente ineludiblemente a dos
grandes retos. El primero es el riesgo de fragmentación del D.I. a causa de la tendencia a regionalizar
e incluso bilateralizar un número cada vez mayor de materias, como la protección del medio ambiente
o la protección de las inversiones (ver en este sentido, en el B.O.E. de 13 de septiembre de 1994, el
Instrumento de ratificación y en particular los arts. 25-27, 34 y 42 del Convenio sobre arreglo de
diferencias relativas a inversiones entre Estados y nacionales de otros Estados, hecho en Washington
el 18 de marzo de 1965, en vigor desde el 14 de octubre de 1966 y para España desde el 17 de
septiembre de 1994), riesgo que la Comisión puede contribuir a contrarrestar dado su mandato y
vocación generales. El segundo reto es la imperiosa introducción de cambios en sus métodos de
trabajo que agilicen y hagan más eficiente el proceso codificador, mediante la profundización de las
relaciones de la C.D.I. con la A.G. y la Sexta Comisión, la superación del aislamiento o desconexión
de la labor de los ponentes respecto de la Comisión, la mejora de la planificación de su trabajo a
medio (para cada mandato quinquenal) y corto plazo (para cada período de sesiones), el
enriquecimiento de las relaciones con otros órganos relacionados con su labor, y otras medidas de
semejante tenor (Doc. N.U. A/51/10: párs. 148-149 y 169-173 y ss.).
3. LA INTERACCIÓN NORMATIVA ENTRE COSTUMBRE Y TRATADO Y ENTRE COSTUMBRE Y
RESOLUCIONES DE LA A.G.
A) INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, el T.I.J. ha realizado una notable contribución para la superación del
formalismo tradicional en la concepción sobre las fuentes del D.I., basándose para ello en la
evidencia material de la acumulación e interacción recíproca de las vías normativas consuetudinaria y
convencional en el proceso de creación de algunas reglas internacionales, en virtud siempre del
67
reconocimiento en la fase final de dicho proceso de un consensus generalis o acuerdo general de los
Estados participantes acerca de determinado contenido de conducta, logrado sobre todo gracias a los
efectos bienhechores de las importantes conferencias codificadoras celebradas a partir de 1958.
El fenómeno de la codificación y desarrollo progresivo del D.I. ha producido ciertos efectos en la
formación del D.I. consuetudinario, bajo formas o modalidades que Jiménez de Aréchaga ha descrito
acertadamente como efecto declarativo, efecto cristalizador y efecto constitutivo o generador. Esta
clasificación de efectos pretende averiguar la naturaleza formal del consensus finalmente alcanzado y
el carácter normativo concreto de cada proceso donde se haya dado la interacción entre costumbre y
tratado en orden a la formación de alguna regla del D.I. De acuerdo con la jurisprudencia del T.I.J., la
doctrina ha recogido y sistematizado esos tres supuestos de interacción entre costumbre y tratado, a
saber, el de una costumbre preexistente que es declarada o enunciada en un tratado (efecto
declarativo), el de una costumbre en formación que cristaliza en norma consuetudinaria mediante la
adopción de un tratado (efecto cristalizador), y por último el de la formación de una costumbre a partir
de la disposición de un tratado gracias a una práctica posterior constante y uniforme de los Estados
conforme con dicha disposición (efecto constitutivo o generador) (Jiménez de Aréchaga: 19-20 y ss.).
Es evidente que esta interacción entre costumbre y tratado puede conducir a la existencia paralela de
reglas de contenido idéntico pero de distinta naturaleza normativa (consuetudinaria una y
convencional la otra), lo que debe ser tenido muy en cuenta al aplicarlas. La regla es, tal y como la ha
recordado el T.I.J. en su Sentencia en el Caso de las actividades militares y paramilitares en y contra
Nicaragua, que ambas normas conservan una existencia propia y autónoma al objeto de su
aplicación, sin que quepa ninguna confusión entre ellas (I.C.J., Rep. 1986: párs. 178-179). En efecto,
el art. 43 del Convenio de Viena de 1969 sobre el Derecho de los Tratados establece claramente esta
proposición al afirmar que «La nulidad, terminación o denuncia de un tratado, el retiro de una de las
partes o la suspen-sión de la aplicación del tratado, cuando resulten de la aplicación de la presente
Convención o de las disposiciones del [propio] tratado, no menoscabarán en nada el deber de un
Estado de cumplir toda obligación enunciada en el tratado a la que esté sometido en virtud del
derecho internacional independientemente de ese tratado.»
En otros términos, la aplicación e interpretación del D.I. consuetudinario y del D.I. convencional se
rigen por reglas diferentes porque se trata de fuentes o vías normativas de distinta naturaleza, sin que
la posible coincidencia de los contenidos de conducta establecidos en algunas de sus normas
modifique en nada este hecho. Así, por ejemplo, ya sabemos que un Estado puede oponerse a que
se le aplique una norma consuetudinaria a la que se haya opuesto de forma inequívoca y persistente
desde su origen (regla de la objeción persistente), regla que vendría a equivaler mutatis mutandis a la
establecida en el art. 34 del Convenio de 1969 sobre el Derecho de los Tratados, donde se afirma en
principio que un «tratado no crea obligaciones ni derechos para un tercer Estado sin su
consentimiento».
Ahora bien, el D.I. consuetudinario desconoce la institución de las reservas, tan propia del D.I.
convencional, por la que se permite a un Estado parte en un tratado excluir la aplicación de ciertas
obligaciones del tratado o restringir su alcance en sus relaciones mutuas con el resto de Estados
parte, institución que no tiene parangón en el D.I. consuetudinario que no admite estos matices
formales. Ello puede conducir, por tanto, a que una determinada obligación internacional que no sea
de aplicación a un Estado en tanto que contenida en una norma convencional, porque haya hecho
expresa reserva de ella, pueda serle de aplicación en tanto que contenida en una norma
consuetudinaria general siempre, naturalmente, que no se haya opuesto de manera inequívoca y
persistente a ella. Éste fue el razonamiento que siguió el T.I.J. en el Caso recién citado para resolver
el escollo formal que representaba una reserva norteamericana formulada al aceptar la jurisdicción
68
obligatoria del Tribunal, que impedía la aplicación en ese Caso de las disposiciones de la Carta de la
O.N.U. que regulan el uso de la fuerza; un consensus consuetudinario paralelo y de contenido
idéntico sobre esa materia permitió la aplicación de las reglas correspondientes frente a Estados
Unidos.
Tras estas aclaraciones introductorias, expondremos a continuación las tres clases de efecto ya
citadas empezando por el de menor complejidad técnica (efecto declarativo) y terminando por el que
encierra más dificultad (efecto constitutivo o generador).
B) EFECTO DECLARATIVO
La interacción declarativa se refiere al supuesto de una costumbre ya existente que es recogida y
declarada en un convenio codificador de ámbito multilateral con el efecto general de precisarla y
sistematizarla por escrito (Baxter, 1965-66: 300), además de servir como prueba suficiente de la
presencia del elemento espiritual (opinio iuris) imprescindible para determinar la existencia de dicha
costumbre (sorensen: 78; visscher: 82). El elemento clave de este efecto lo constituye la adopción y
posterior entrada en vigor del tratado: desde ese momento, un determinado contenido de conducta
rige simultánea y paralelamente en el plano consuetudinario (para los Estados que han seguido cierta
práctica concordante con ese contenido de conducta) y en el convencional (para los Estados parte en
el tratado que declara la norma consuetudinaria).
En algunos casos, no es necesario que el tratado entre en vigor para que produzca este efecto
declarativo o cualquier otro efecto (el cristalizador o el constitutivo), pudiendo valer como prueba de la
existencia de una costumbre el simple acuerdo general oficioso mantenido durante cierto tiempo y
sobre un determinado contenido de conducta en el seno de una conferencia codificadora de ámbito
universal, siempre que la práctica coetánea haya sido respetuosa con dicho acuerdo.
La Convención de 1982 sobre el Derecho del Mar, adoptada por la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, no entró en vigor hasta el 16 de noviembre de 1994, pero
nadie duda de que dicha Convención ha declarado o bien cristalizado un gran número de normas
consuetudinarias desde la fecha de su firma en 1982 e incluso antes, como la jurisprudencia del T.I.J.
ya ha reconocido en el Caso de la delimitación de la frontera marítima en la región del Golfo de Maine
(CU., Rec. 1984: par. 94, Sentencia —Sala— de 12 de octubre de 1984) o en el Caso de la
plataforma continental (Libia/Malta) (I.C.J., Rep. 1985: párs. 26-27 y ss.), y habrá oportunidad de
comprobar al estudiar más adelante (desde el Capítulo XIX) el Derecho del Mar contemporáneo.
Lo mismo ocurrió con varias disposiciones del ya citado Convenio de 1969 sobre el Derecho de los
Tratados antes de su entrada en vigor el 25 de enero de 1980 (ver B.O.E. de 13 de junio de 1980),
que fueron previamente aplicadas por el T.I.J. en Casos sometidos a su jurisdicción al entender que
se limitaban a declarar o enunciar normas consuetudinarias ya existentes en materia de terminación
de los tratados a causa de su violación (art. 60 del Convenio de 1969), o por un cambio fundamental
en las circunstancias (art. 62 del Convenio de 1969).
C) EFECTO CRISTALIZADOR
Este efecto se distingue por la existencia de una norma consuetudinaria en vías de formación que
logra cristalizar formalmente en virtud de un acto suficientemente relevante, ya sea —supuesto
habitual— la adopción de un tratado multilateral que recoja el mismo contenido de conducta objeto de
la práctica consuetudinaria anterior al tratado, ya incluso cualquier otra prueba o manifestación de su
69
aceptación general por los Estados participantes en un proceso codificador aunque dicha aceptación
no tenga rango normativo, siempre que la práctica anterior sea tan constante y uniforme como para
facilitar la cristalización de un consensus sobre su concreto contenido normativo, ya prefigurado en
dicha práctica.
En este supuesto, la norma así cristalizada obliga en el plano consuetudinario a todos los Estados
que no se hayan opuesto expresamente a la misma, y en el plano convencional a todos los Estados
parte en el tratado o participantes en el proceso codificador. El ejemplo más socorrido de este
supuesto es la aceptación por parte del T.I.J., en su Sentencia de 20 de febrero de 1969 en los Casos
de la Plataforma Continental del Mar del Norte, de que los tres primeros artículos del Convenio de
Ginebra de 1958 sobre la Plataforma Continental eran expresión escrita de normas del D.I. general ya
establecidas «o en vías de formación» (I.C.J., Rep. 1969: par. 63), sirviéndose para ello, y entre otras
consideraciones, de la prohibición de formular reservas a esos artículos prevista en el art. 12.1 del
mismo Convenio.
D) EFECTO CONSTITUTIVO O GENERADOR
Este efecto se caracteriza porque ciertas disposiciones de un tratado se convierten en modelo de la
conducta subsiguiente de los Estados en el plano consuetudinario, dando lugar a una norma de D.I.
consuetudinario si la práctica posterior es suficientemente constante y uniforme. Así lo prevé el art. 38
del Convenio de Viena de 1969 sobre el Derecho de los Tratados (TORRIONE: 71-73), seguido por el
mismo artículo del Convenio de Viena de 1986 sobre el Derecho de los Tratados entre Estados y
Organizaciones internacionales y entre Organizaciones internacionales, que dice así: «Lo dispuesto
en los artículos 34 a 37 [sobre tratados y terceros Estados u Organizaciones internacionales] no
impedirá que una norma enunciada en un tratado llegue a ser obligatoria para un tercer Estado como
norma consuetudinaria de derecho internacional reconocida como tal.»
De acuerdo con la jurisprudencia del T.I.J., es preciso que se cumplan ciertos requisitos: la regla
convencional que origina el proceso debe tener carácter normativo, es decir, debe ser una regla
general válida para un número indeterminado de situaciones de hecho idénticas o análogas, o al
menos debe poseer la capacidad necesaria para constituirse en una norma general porque su
contenido de conducta así lo permita, y la práctica posterior debe ser general, uniforme y constante
en el mismo sentido de la disposición convencional invocada (I.C.J., Rep. 1969: 41-43, Sentencia en
los Casos de la Plataforma Continental del Mar del Norte. Rep. 1974: 22-23 y ss., Sentencia en el
Caso de la competencia en materia de pesquerías, Fondo). En palabras del propio T.I.J., se exige
que «en la práctica de los Estados estén incluidos los particularmente interesados, que haya sido
frecuente y prácticamente uniforme en el sentido de la disposición invocada y que se haya
manifestado de forma que permita establecer un reconocimiento general de que nos hallamos en
presencia de una norma u obligación jurídica» (i.c.j., Rep. 1969: par. 74).
El elemento clave de este efecto radica en la práctica subsiguiente al tratado de los Estados no parte,
cuya conducta será determinante en la formación de la costumbre por no estar obligados en principio
a comportarse en el sentido que invocan las disposiciones convencionales; en el bien entendido que,
en este supuesto, el silencio de los terceros Estados no podrá interpretarse nunca como una
aquiescencia o aceptación tácita de dichas disposiciones convencionales, tal como ocurre en el
proceso normal de formación de las normas consuetudinarias (BAXTER, 1970: 66-67 y 69; CHarpen
TIER: 109-110; Marek: 62-64).
70
Pero surge el problema de la posible reducción de la práctica consuetudinaria a una mínima
expresión cuando se trate de un convenio adoptado en una conferencia codificadora de participación
prácticamente universal, que haga muy difícil probar el estado del D.I. consuetudinario al margen o
fuera del círculo de relaciones jurídicas creadas por el convenio en cuestión. El T.I.J., en su conocida
Sentencia en los Casos de la Plataforma Continental del Mar del Norte, llegó a afirmar que podía
obviarse la práctica posterior como condición necesaria para el efecto constitutivo de un tratado si la
participación en el mismo, en razón del número de ratificaciones, era bien amplia y representativa y
comprendía a los Estados más interesados (I.C.J., Rep. 1969: par. 73). No obstante y en sentido
inverso, las futuras enmiendas y denuncias y la práctica contraria al consensus convencional
tenderían también a limitar el Derecho consuetudinario creado por el efecto constitutivo de la
Convención hasta el punto de poder transformarlo si la oposición fuera suficiente (Baxter, 1970: 98).
E) LA INTERACCIÓN ENTRE COSTUMBRE Y RESOLUCIONES DE LA A.G.
El fenómeno de la interacción normativa entre costumbre y tratado no se agota en ese ámbito, sino
que se proyecta también a las relaciones entre costumbre y resoluciones de la A.G. de la O.N.U. Es
cierto que la mayor parte de las resoluciones de las Organizaciones internacionales no crean normas
jurídicas obligatorias para los Estados miembros y, por tanto, no constituyen fuentes del D.I. Sin
embargo, pueden encontrarse los tres efectos recién descritos en algunas resoluciones de la A.G.
que adoptan la forma solemne de declaraciones y enuncian principios jurídicos de alcance general.
De acuerdo con la Carta, esas resoluciones de la A.G. siguen sin ser obligatorias, pero bajo
determinadas condiciones (a saber, su adopción por unanimidad o amplia mayoría y su concordancia
con la práctica consuetudinaria) pueden producir efectos en la formación del D.I. constituyéndose
excepcionalmente en una fuente más del mismo, en virtud precisamente de su interacción con el
proceso de formación consuetudinario de las normas internacionales. Al ocuparnos de la interacción
declarativa entre costumbre y tratado, advertimos ya sobre la posibilidad de que no sea necesario que
un tratado entre en vigor para que produzca ese o cualquier otro efecto. Tomar ahora en
consideración, como hacemos, resoluciones no vinculantes de la A.G. no es sino una mera derivación
de lo anterior.
Un amplio sector de la doctrina (Jiménez de Aréchaga: 38-42. Al que han seguido, entre nosotros,
Carrillo Salcedo, 1991: 130-132; y Pastor Ridruejo: 152-156) sostiene con razón que una resolución
bajo forma de declaración de la A.G. puede declarar o confirmar normas consuetudinarias ya
vigentes, contribuyendo tanto a precisar y sistematizar el elemento material de la costumbre como a
probar la opinio iuris generalis que la sustenta (efecto declarativo análogo al que produce un convenio
declarativo). En otras ocasiones, una resolución bajo forma de declaración, que desarrolla y precisa
alguno de los grandes principios de la Carta o que contiene nuevos principios de D.I., permite
cristalizar una norma consuetudinaria en vías de formación (in statu nascendi) gracias por ejemplo a
su adopción unánime por la A.G. (efecto cristalizador, análogo al que produce un convenio del mismo
carácter), o bien puede ser el origen de una futura norma consuetudinaria si la práctica posterior de
los Estados confirma su valor jurídico (efecto constitutivo, análogo al que produce un convenio
innovador).
Entendemos que la Res. 2625 (XXV) de la A.G., de 24 de octubre de 1970, sobre la declaración de
los principios de D.I. relativos a las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados, sobre todo
ha declarado y desarrollado progresivamente normas de D.I. ya existentes, como sostuvo el T.I.J. en
su Sentencia de 27 de junio de 1986 en el Caso de las actividades militares y paramilitares en y
contra Nicaragua (I.C.J., Rep. 1986: párs. 188-192). La Res. 1962 (XVIII) de la A.G., de 13 de
diciembre de 1963, sobre los principios jurídicos que deben regir la actividad de los Estados en la
exploración y utilización del espacio ultraterrestre, adoptada por unanimidad y que culminaba una
71
serie de resoluciones sobre el tema, es un buen ejemplo de resolución cristalizadora del consensus
generalis o acuerdo general que se había ido gestando en los años anteriores sobre el principio de la
libertad del espacio ultraterrestre así como otros principios de su régimen jurídico. Por último, la Res.
1514 (XV) de la A.G., de 14 de diciembre de 1960, adoptada sin votos en contra, que contiene la
declaración sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales, se cita como
ejemplo de resolución con efecto constitutivo o generador de normas de D.I. general, gracias a la
práctica internacional posterior que ha confirmado la aceptación general del principio de libre
determinación de los pueblos sometidos a dominación colonial, reiterado más tarde en la Res. 2625
(XXV).
En resumen, las resoluciones de la A.G., desprovistas en principio de obligatoriedad pueden servir de
cauce o instrumento para la creación de normas de D.I.; ello reitera la ausencia de formalismo que
caracteriza la elaboración del D.I., sometida en esencia a los dictados de la práctica y de la
manifestación concreta del consensus generalis o acuerdo general de los Estados, con
independencia de la forma que dicho consensus adopte.
4. LOS ACTOS UNILATERALES INTERNACIONALES
A) IDEAS GENERALES
La teoría de los actos unilaterales en D.I. ha sido objeto de un tratamiento muy precario por la
doctrina internacionalista hasta época reciente. El origen de este hecho cabe atribuirlo a una serie de
factores.
En primer lugar, y en el plano teórico, sólo, las construcciones del Derecho privado —hecha
abstracción de la época de los fundadores del D.I. - han tenido positiva influencia entre los estudiosos
del D.I.P. Hoy, por el contrario, la recepción y consiguiente adaptación al D.I. de instituciones
desarrolladas por los teóricos del Derecho interno —privatistas y publicistas—es cada día más
frecuente. En este orden de ideas no es extraño que la construcción relativa al negocio jurídico se
haya dejado sentir en la doctrina internacionalista, concretamente en el tema examinado de los
negocios jurídicos unilaterales.
Otro factor que ha influido notablemente en el reciente tratamiento del tema ha sido la superación en
cierto sentido del positivismo voluntarista, tanto en la fiíndamentación del D.I. como en el proceso de
creación y cambio de las normas internacionales. Desde una perspectiva amplia, Guggenheim ya
afirmó en su día que «el procedimiento de creación de normas jurídicas, en su escalón superior (el
D.I. consuetudinario), no se realiza exclusivamente en el marco de las obligaciones recíprocas, los
acuerdos, sino también en el de los compromisos internacionales unilaterales» (guggenheim: 273274). Como puede observarse, Guggenheim dio un paso importante en el camino de admitir a los
actos unilaterales entre los procedimientos de creación de normas jurídicas; si bien con la doble
salvedad de ligarlos de un lado a la formación de la costumbre, y de otro a una concepción
voluntarista, como lo demuestra la referencia al compromiso (engagements) de que habla.
Finalmente, hoy parece insostenible intentar reducir la importancia de la función de los actos
unilaterales en el desarrollo del D.I., y concretamente —por ejemplo— en lo relativo al Derecho del
Mar (Carrillo: 1959: 125 y ss.). Baste recordar, sin salirse de un marco puramente tradicional, la
función de los actos unilaterales en la formación de la costumbre.
B) CONCEPTO Y ELEMENTOS DEL ACTO UNILATERAL
72
Entendemos por acto jurídico unilateral una manifestación de voluntad de un solo sujeto del D.I., cuya
validez no depende prima facie de otros actos jurídicos y que tiende a producir efectos —creación,
modificación, extinción o conservación de derechos y obligaciones— para el sujeto que la emite y
para terceros en determinadas circunstancias.
Para examinar los elementos del acto unilateral analizaremos la definición anterior, dando a su vez
una serie de precisiones:
1.° El acto unilateral requiere en primer término una manifestación de voluntad, pero para que ésta
sea elemento constitutivo de un acto unilateral tiene que ser tomada en consideración en sí y por sí
misma, y no como elemento constitutivo de un acuerdo.
2.° La manifestación de voluntad debe ser hecha por un solo sujeto internacional. Es precisamente
este hecho una de las características esenciales de la unilateralidad del acto jurídico.
Lo anterior no impide que a las declaraciones de voluntad de diversos sujetos, aunque tengan un
contenido idéntico y siempre que sean independientes, las debamos de considerar como actos
unilaterales. Por otro lado, la existencia de una serie de actos unilaterales de contenido idéntico de
diversos Estados puede dar lugar a la formación de una costumbre internacional, si concurre la opinio
iuris necesaria para formarla.
Conviene precisar, además, que una promesa unilateral, que originariamente es un acto unilateral, si
es aceptada por otro u otros Estados, pueda dar origen a un acuerdo. En este caso, lo que
inicialmente fue un acto unilateral da paso a la formación de un acuerdo bilateral o plurilateral.
3.° La validez de un acto unilateral no depende prima facie, como hemos dicho, de otros actos
jurídicos en el estado actual de desarrollo del D.I.
Lo anterior no quiere decir que un acto unilateral sea per se y en todos los casos licito, que no pueda
ser declarado nulo, que sea siempre eficaz y que su invalidez no pueda estar contemplada en una
norma de D.I. convencional o consuetudinario. En este último sentido debe ser, a mi juicio, entendido
el pronunciamiento del T.P.J.I. en el Caso Wimbledon al afirmar que «En todo caso, un reglamento de
neutralidad [...] no puede prevalecer sobre las disposiciones de un Tratado» (c.p.j.i., Serie A, n. 1: 29).
4.° Los actos unilaterales tienden finalmente a producir efectos jurídicos para el sujeto autor de la
declaración de voluntad, salvo que a éstos se les haga depender de una condición y mientras ésta no
se cumpla. Es lógico que el sujeto internacional autor de la declaración de voluntad pretenda que
surta ésta determinados efectos. Pero habrá que examinar en cada categoría de actos, e incluso en
cada uno de ellos en particular, cuáles sean sus efectos en concreto.
Según advierte con razón Barberis, un acto jurídico unilateral no vinculado con ningún acto
convencional y dependiente exclusivamente del D.I. consuetudinario sólo puede imponer obligaciones
a quien lo formula: «...si se consideran sólo los actos jurídicos unilaterales dependientes directamente
del derecho consuetudinario, se puede concluir que las normas creadas por ellos no pueden imponer
obligaciones a terceros. En el estado actual del derecho internacional, un Estado u otro sujeto
internacional no puede imponer una obligación a un tercero, mediante un acto jurídico unilateral
dependiente directamente del derecho consuetudinario. Un acto jurídico unilateral de esta categoría
que impusiere obligaciones a terceros sería nulo» (Barberis: 114-115, cita en 115).
73
En resumen, los actos unilaterales se caracterizan por los rasgos siguientes: emanan de un solo
sujeto de Derecho; no dependen para ser eficaces de ningún otro acto jurídico; no producen nunca
obligaciones para terceros; y producen efectos jurídicos obligatorios y exigibles para el Estado del
que emana el acto (SUY:44).
C) EFECTOS DEL ACTO UNILATERAL
En términos generales, el Estado queda vinculado por sus propias declaraciones, lo que significa que
el contenido de un acto unilateral es oponible al autor del mismo en virtud del principio de la buena fe,
declarado por la Res. 2625 (XXV) de la A.G. como uno de los principios constitucionales del
ordenamiento internacional contemporáneo. Por tanto es posible, como ha reconocido el T.I.J.
expresamente en las Sentencias de 20 de diciembre de 1974 sobre las Pruebas Nucleares, que
declaraciones unilaterales tengan el efecto de crear obligaciones jurídicas para su autor, si tal es la
intención de éste (C.I.J., Rec. 1974: 267-268 y 472-473).
La oponibilidad de los actos unilaterales —e incluso de comportamientos que no constituyen
manifestaciones de voluntad- a su autor se ha explicado a veces como una consecuencia de la
recepción por el D.I. de la institución conocida en el Derecho
LECTURA 3
LA BIBLIOTECA DIGITAL DE TRATADOS CONTIENE CASI 10.000 ACUERDOS
> INTERNACIONALES DE 1811 A NUESTROS DÍAS
> Posted: 30 Jan 2011 12:29 PM PST
> LA BIBLIOTECA DIGITAL DE TRATADOS CONTIENE CASI 10.000 ACUERDOS
> INTERNACIONALES DE 1811 A NUESTROS DÍAS
>
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> hasta hoy-, contiene la Biblioteca Digital de Tratados inaugurada por
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> De acceso libre y gratuito, la Biblioteca Digital de Tratados de la
> Cancillería argentina (http://tratados.cancilleria.gob.ar) incluye
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> actualización permanente. La mayor cantidad, unos 7000, corresponde a
> tratados bilaterales con otros países. Se han incluido también más de
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> celebrados por la Argentina con organismos internacionales,
> aproximadamente 100 acuerdos celebrados por la Cancillería con otras
> instituciones y 25 documentos históricos nacionales e internacionales
> que obran en este Ministerio. Se han incluido, además, los textos de
74
> las declaraciones, reservas u objeciones realizadas por nuestro país a
> los tratados multilaterales.
>
> La Biblioteca Digital de Tratados es producto de un trabajo de
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> desarrollarse hace cinco años en la Cancillería argentina. Gran parte
> de los documentos están escaneados para poder reflejar los textos de
> la forma más fiel posible, tal y como fueron concebidos, preparados y
> firmados por nuestras autoridades de todas las épocas. Pueden verse en
> esos formatos originales las firmas, por ejemplo, de Domingo Faustino
> Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Tomás Guido, Rufino de Elizalde,
> Carlos Tejedor, Bernardo de Irigoyen, Roque Sáenz Peña y Juan Domingo
> Perón, entre muchos otros.
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> Esta iniciativa tecnológica tiene por objeto principal permitir que
> quienes consulten la web puedan tomar conocimiento, en forma rápida y
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> acuerdos internacionales firmados por la Argentina con otros países,
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> mundo a los largo de 200 años, y apreciar el valor histórico de esos
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> gobiernos provinciales o municipales, tribunales y fiscalías, entre
> muchos otros, son los principales usuarios de esta Biblioteca que
> coordina la Cancillería argentina.
>
> • DOCUMENTOS Y FORMAS DE BÚSQUEDA
>
> La Cancillería es, desde su creación en el siglo XIX, el depositario
> legal de los originales de todos los Tratados internacionales firmados
> por la República Argentina Así, el más antiguo de los acuerdos que
> contiene la Bibiloteca Digital es de 1811: se trata del Tratado de
> Pacificación entre la Excelentísima Junta Ejecutiva de Buenos-Ayres y
> el Excelentísimo Sr. Virrey D. Francisco Xavier Elío, del 20 de
> octubre de 1811,que se puede ver manuscrito. El más reciente es el
> “Convenio de Cooperación entre el Ministerio de Relaciones Exteriores,
> Comercio Internacional y Culto y la Fundación Madres de Plaza de Mayo”
> del 6 de enero de 2011, y los firmados en las Cumbres de MERCOSUR y
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> Digital de Tratados todos los acuerdos firmados durante la actual gira
> de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner a Medio Oriente.
>
> La idea de realizar este proyecto surgió como consecuencia de las
75
> numerosas consultas que se recibían en forma personal o telefónica, no
> sólo desde el país sino también desde el extranjero. Las consultas
> personales o telefónicas conllevaban un mayor esfuerzo para el
> consultante, mayor tiempo para la respuesta y el inconveniente de que
> se limitaban a uno o a un grupo de tratados sin permitir al interesado
> tener una visión íntegra de los instrumentos existentes sobre
> determinado tema.
>
> Los consultantes suelen no tener los datos completos para identificar
> los tratados que les interesan. Por ello, se elaboró un amplísimo
> buscador con múltiples parámetros que permite identificar a los
> documentos a partir de cualquiera de los datos que pueda poseer el
> consultante, por ejemplo su título, la contraparte, su fecha de
> celebración, el firmante, la ley que lo aprobó, su estado de vigencia,
> su fecha de entrada en vigor, su fecha de extinción, si la Argentina
> ha hecho declaraciones, reservas u objeciones o quién es el
> depositario, entre otros.
>
> En forma residual, si el consultante no posee ninguno de estos datos,
> puede optar por buscar el tratado por la materia principal o
> secundaria de la que trata. Una segunda opción residual para el caso
> de que el consultante tampoco conozca la materia consiste en colocar
> algunas letras relacionadas con la búsqueda en el campo “título” para
> que la Biblioteca Digital de Tratados le muestre todos los convenios
> que contengan esas letras. Si ninguno de estos datos se pudiera
> utilizar, el consultante tendrá de todos modos acceso diferenciado a
> las seis categorías principales de instrumentos: con países, con
> organismos internacionales, multilaterales, interinstitucionales e
> históricos nacionales e internacionales.
>
> Información para la prensa Nº 028 /11
> Dirección de Prensa de Cancillería: 4819-7375 / 8296 / 7388
> www.cancilleria.gob.ar
76
LECTURA 4
Oficina
Narcotráfico
regional
busca
antidrogas
en
de
Arica
Francia
nueva
dio
ruta
la
alerta:
intercontinental
El régimen de libre tránsito del que Bolivia goza en este puerto chileno motiva a los
delincuentes
a
enviar
droga
a
Europa
y
Norteamérica.
MAURICIO SILVA ARICA.- La fuerte presión que sufre en Colombia y el Caribe impulsa al
narcotráfico a buscar nuevas rutas para sus envíos a los grandes mercados del hemisferio norte. Por
ello, ya han comenzado a mirar a los puertos del Cono Sur sudamericano, entre ellos Arica.
Así lo señaló el coordinador para Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile del centro interministerial de
formación antidrogas del gobierno francés, Christian Devy. Él estuvo hace una semana en Arica para
aportar a aduaneros y policías de esos países la experiencia internacional en represión y prevención
del narcotráfico de esa oficina francesa integrada por las carteras de Interior, Defensa, Hacienda,
Justicia
y
Salud.
Sólo en el último bienio han sido descubiertas 4,5 toneladas de droga en contenedores bolivianos
embarcados por Arica. El régimen de libre tránsito del que Bolivia goza en ese puerto y el gran
volumen de comercio exterior que mueve por el terminal chileno (este año ya han pasado 46 mil
contenedores) están haciendo que traficantes de Santa Cruz de la Sierra opten por esa vía para
enviar
droga
a
Europa
y
Norteamérica.
"Nuestra idea es trabajar con antelación para evitar que esa nueva ruta se consolide", dijo Devy,
quien dictó un curso en Arica sobre focalización y control de contenedores para el narcotráfico
marítimo, invitado por la Policía de Investigaciones (PDI) y el Centro Internacional de Capacitación de
Antidrogas
de
la
OEA.
Al curso no asistieron, sin embargo, representantes de Aduana y de la gobernación marítima de
Arica. Ello coincide con la iniciativa de la PDI de instalar en el puerto una oficina antinarcóticos, que
es resistida por las otras dos instituciones, que ven en ella una superposición con sus propias
funciones.
Los hallazgos de cocaína en contenedores bolivianos llevaron a las instituciones antidrogas chilenas
a reaccionar. Un plan de inteligencia policial permitió a la PDI incautar 835 kilos de cocaína ocultos en
maquinarias que se exportarían a España. Tras un acuerdo con su homóloga boliviana, en agosto,
Aduanas puso en marcha un plan de revisión que alcanza al 25% de los contenedores (frente al 5%
que es la media nacional), incautando a poco andar 305 kilos de cocaína que fueron ocultados con
habilidad
dentro
de
maderas.
Difícil
pesquisa
Detectar a las mafias que están detrás de los envíos es una tarea compleja porque ellas arman
empresas de fachada que se esfuman con facilidad. Éste es el argumento de la PDI, que logró
encarcelar a un empresario brasileño que operaba una de estas empresas. "Ello agilizaría los
procedimientos y la coordinación de los antecedentes policiales internacionales. Que no haya sólo un
hallazgo de la droga, sino que ésta siga a su destino", dice su director regional, Douglas Rodríguez.
El director de la unidad especializada en Tráfico Ilícito de Drogas de la fiscalía nacional, Manuel
Guerra, cree que en las actuales condiciones es posible reconstruir todo el proceso de exportación y
detectar el momento en que la droga fue introducida. Admite que hasta ahora no hay resultados, pero
dice que "aún estamos en plena etapa de indagación".
77
LECTURA 5
Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Bolivia
Suscrito
en
Santiago,
el
20
de
Octubre
de
Ratificaciones
canjeadas
en
La
Paz,
el
10
de
Marzo
de
Promulgado
el
21
de
marzo
de
Publicado
en
el
"Diario
Oficial"
Nº
8.169,
de
27
de
Marzo
de
1904;
1905;
1905;
1905.
En ejecución del propósito consignado en el artículo 8º del Pacto de Tregua del 4 de Abril de 1884, la
República de Chile y la República de Bolivia han acordado celebrar un Tratado de Paz y Amistad y al
efecto
han
nombrado
y
constituido
por
sus
Plenipotenciarios,
a
saber:
Su Excelencia el Presidente de la República de Chile a Don Emilio Bello Codesido, Ministro de
Relaciones Exteriores, y Su Excelencia el Presidente de la República de Bolivia, a Don Alberto
Gutiérrez, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile; Quienes, después de
haber canjeado sus Plenos Poderes y habiéndolos hallado en buena y debida forma, han convenido
en
lo
siguiente:
Artículo I. Restablécense las relaciones de Paz y Amistad entre la República de Chile y la República
de Bolivia, terminando, en consecuencia, el régimen establecido por el Pacto de Tregua.
Artículo II. Por el presente Tratado, quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile los
territorios ocupados por éste en virtud del artículo 2º del Pacto de Tregua de 4 de Abril de 1884. El
límite de Sur a Norte entre Chile y Bolivia será el que se expresa a continuación:
De la cumbre más alta del cerro Zapaleri (1), en línea recta a la cumbre más alta (2) del cordón
desprendido hacia el Sur del cerro Guayaques, en la latitud aproximada de veintidós grados cincuenta
y cuatro minutos (22º 54'); de aquí otra recta al portezuelo del Cajón (3), y en seguida la divisoria de
aguas del cordón que corre hacia el Norte por las cumbres del cerro Juriques (4), volcán Licancábur
(5), cerros Sairecábur (6) y Curiquinca (7), y volcán Putana o Jorjencal (8). De este punto seguirá por
uno de sus contrafuertes en dirección al cerro del Pajonal (9), y en línea recta a la cumbre sur de los
cerros de Tocorpuri (10), desde donde seguirá nuevamente por la divisoria de las aguas del cordón
del
Panizo
(11),
y
cordillera
de
Tatio
(12).
Seguirá siempre al Norte por la divisoria de las aguas del cordón del Linzor (13) y de los cerros de
Silaguala (14), desde cuya cumbre norte (volcán Apagado) (15) irá por un contrafuerte al cerrito de
Silala (16), y después en línea recta al cerro de Inacalari o del Cajón (17). Desde este punto irá en
línea recta a la cumbre que aparece en el centro en el grupo de cerros del Inca o Barrancane (18), y
tomando nuevamente la divisoria de las aguas seguirá hacia el Norte por el cordón del cerro de
Ascotán o del Jardín (19); desde la cumbre de este cerro irá en línea recta a la cumbre del cerro
Araral (20), y por otra recta, a la cumbre del volcán Ollagüe (21). De aquí en línea recta a la cumbre
más alta del cerro de Chipapa (22), descendiendo al Occidente por un cordón de lomas para tomar la
cumbre del cerro Cosca (23). Desde este punto irá dividiendo las aguas del cordón que lo une al cerro
Alconcha (24), y de aquí irá al volcán Olca (25) por el lomo divisorio. De este volcán seguirá por el
cordón de los cerros del Millunu (26), de la Laguna (27), volcán Irruputuncu (28), cerros Bofedal (29) y
Chela (30), y después de un alto nudo de cerros, llegará al Milliri (31) y luego al Huallcani (32). De
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aquí irá al cerro Caiti (33) y seguirá por la divisoria de las aguas al cerro Napa (34). De la cumbre de
este cerro irá en línea recta a un punto (35) situado diez kilómetros al Sur de la cumbre oriental del
cerro Huailla (36), desde donde irá en línea recta a esa cumbre mencionada, doblando enseguida
hacia el Oriente, seguirá por el cordón de los cerros Laguna (37), Corregidor (38) y Huaillaputuncu
(39) a la apacheta más oriental de Sillillica (40), dirigiéndose por el cordón que va al noroeste a la
cumbre del cerro Piga (41). De este cerro irá en línea recta a la cumbre más alta de Tres Cerritos (42)
y en seguida en línea recta al cerro Challacollo (43) y a la estrechura de la vega de Sacaya (44),
frente
a
Villacollo.
De Sacaya el límite irá en líneas rectas a las apachetas de Cueva Colorada (45) y de Santaile (46),
donde seguirá al noroeste por los cerros de Irruputuncu (47) y Patalani (48). De esta cumbre irá el
límite en línea recta al cerrito Chiarcollo (49), cortando el río Cancosa (50) y de ahí también en línea
recta a la cumbre del cerro Pintapintani (51), siguiendo después de esta cumbre por el cordón de los
cerros de Quiuri (52), Pumiri (53) y Panantalla (54). De la cumbre de Panantalla irá en línea recta a
Tolapacheta (55), a media distancia entre Chapi y Rinconada, y de este punto en línea recta al
portezuelo de Huailla (56); en seguida pasará por las cumbres de los cerros de Lacataya (57) y del
Salitral (58). Volverá hacia el Norte yendo en línea recta al cerrito Tapacollo (59), en el Salar de
Coipasa, y en otra recta al mojón de Quellaga (60), de donde seguirá por líneas rectas al cerrito
Prieto (61) al norte de la vega de Pisiga, cerrito Toldo (62), mojones de Sicaya (63), Chapillicsa (64),
Cabarray (65), Tres Cruces (66), Jamachuma (67), Quimsachata (68) y Chinchillani (69), y cortando el
río Todos Santos (70), irá a los mojones de Payacollo (71) y Carahuano (72), al cerro de Canasa (73)
y al cerro Capitán (74). Seguirá después hacia el Norte por la divisoria de las aguas del cordón de los
cerros Lliscaya (75) y Quilhuiri(76), y desde la cumbre de este punto irá en línea recta al cerro
Puquintica (77). Al Norte de este último punto, Chile y Bolivia convienen en fijar entre sí la siguiente
línea fronteriza: Del cerro Puquintica (77) irá al Norte por el cordón que se dirige a Macaya, cortará en
este punto al río Lauca (78), dirigiéndose en seguida en línea recta al cerro Chiliri (79); seguirá al
Norte por la divisoria de las aguas del portezuelo de Japu (80) y cumbres de Quimsachata (81),
portezuelo de Tambo Quemado (82), cerros de Quisiquisini (83), portezuelo de Huacollo (84),
cumbres de los cerros de Payachata (85 y 86), cerro Larancahua (87) hasta el paso de Casiri (88).
Desde este punto irá a los cerros de Condoriri (89), que dividen las aguas de los ríos Sajama y
Achuta de las del Caquena, y proseguirá por el cordón que desprendiéndose de estos cerros va al
cerro Carbiri (90), pasando por el portezuelo de Achuta (91); del cerro Carbiri, bajará por su falda a la
angostura del río Caquena o Cosapilla (92), aguas arriba del tambo de este último nombre. Seguirá
después el curso del río Caquena o Cosapilla, hasta la afluencia (93) del desagüe aparente de las
vegas de la estancia de Cosapilla, desde cuya afluencia irá en línea recta al mojón de Visviri (94). De
este mojón irá en línea recta al santuario (95) que se encuentra al norte del Maure, al noroeste de la
confluencia de este río con otro que le viene del Norte, dos kilómetros al noroeste del tambo del
Maure; seguirá hacia el noroeste por el cordón que se dirige al mojón del cerro Chipe o Tolacollo (96),
último punto de la frontera.
Dentro de los seis meses siguientes a la ratificación de este Tratado, las Altas Partes Contratantes
nombrarán una comisión de ingenieros para que proceda a demarcar en el terreno la línea divisoria
cuyos puntos, enumerados en este artículo, se señalan en el plano adjunto, que formará parte
integrante del presente Tratado, y con arreglo al procedimiento y en las épocas que se convengan por
un
acuerdo
especial
de
ambas
Cancillerías.
Si ocurriere entre los ingenieros demarcadores algún desacuerdo que no pudiere ser allanado por la
acción directa de ambos Gobiernos, se someterá la cuestión al fallo de Su Majestad el Emperador de
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Alemania,
conforme
a
lo
previsto
en
el
artículo
XII
de
este
Tratado.
Serán reconocidos por las Altas Partes Contratantes los derechos privados de los nacionales o
extranjeros que hubieren sido legalmente adquiridos, en los territorios que, en virtud de este Tratado,
quedan
bajo
la
soberanía
de
uno
u
otro
país.
Artículo III. Con el fin de estrechar las relaciones políticas y comerciales de ambas Repúblicas, las
Altas Partes Contratantes convienen en unir el puerto de Arica con el Alto de La Paz por un ferrocarril
cuya construcción contratará a su costa el Gobierno de Chile, dentro del plazo de un año, contado
desde la ratificación del presente Tratado. La propiedad de la sección boliviana de este ferrocarril se
traspasará a Bolivia a la expiración del plazo de quince años, contado desde el día en que esté
totalmente
terminado.
Con igual fin, Chile contrae el compromiso de pagar las obligaciones en que pudiera incurrir Bolivia
por garantías hasta por cinco por ciento sobre los capitales que se inviertan en los siguientes
ferrocarriles, cuya construcción podrá emprenderse dentro del plazo de treinta años: Uyuni a Potosí;
Oruro a La Paz; Oruro, por Cochabamba, a Santa Cruz; de La Paz a la región del Beni; y de Potosí,
por
Sucre
y
Lagunillas,
a
Santa
Cruz.
Este compromiso no podrá importar para Chile un desembolso mayor de cien mil libras esterlinas
anuales, ni exceder de la cantidad de un millón setecientas mil libras esterlinas que se fija como el
máximum de lo que Chile destinará a la construcción de la sección boliviana del ferrocarril de Arica al
Alto de La Paz y a las garantías expresadas; y quedará nulo y sin ningún valor al vencimiento de los
treinta
años
antes
indicados.
La construcción de la sección boliviana del ferrocarril de Arica al Alto de La Paz, como la de los
demás ferrocarriles que se construyan con la garantía del Gobierno Chileno, será materia de
acuerdos especiales de ambos Gobiernos y en ellos se consultarán las facilidades que se darán al
intercambio
comercial
de
los
dos
países.
El valor de la referida sección se determinará por el monto de la propuesta que se acepte en el
respectivo
contrato
de
construcción.
Artículo IV. El Gobierno de Chile se obliga a entregar al Gobierno de Bolivia la cantidad de
trescientas mil libras esterlinas en dinero efectivo y en dos parcialidades de ciento cincuenta mil
libras; debiendo entregarse la primera parcialidad seis meses después de canjeadas las ratificaciones
de este Tratado; y la segunda, un año después de la primera entrega.
Artículo V. La República de Chile destina a la cancelación definitiva de los créditos reconocidos por
Bolivia, por indemnizaciones en favor de las Compañías mineras de Huanchaca, Oruro y Corocoro, y
por el saldo del empréstito levantado en Chile en el año 1867, la suma de cuatro millones quinientos
mil pesos, oro de diez y ocho peniques, pagadera, a opción de su Gobierno, en dinero efectivo o en
bonos de su deuda externa estimados al precio que tengan en Londres el día en que se verifique el
pago; y la cantidad de dos millones de pesos, oro de diez y ocho peniques, pagadera en la misma
forma que la anterior, a la cancelación de los créditos provenientes de las siguientes obligaciones de
Bolivia: los bonos emitidos o sea el empréstito levantado para la construcción del ferrocarril entre
Mejillones y Caracoles, según contrato de 10 de julio de 1872; la deuda reconocida a favor de Don
Pedro López Gama, representado por los Señores Alsop y Compañía, subrogatarios de los derechos
de aquél; los créditos reconocidos en favor de Don Juan G. Meiggs, representado por Don Eduardo
Squire, provenientes del contrato celebrado en 20 de marzo de 1876, sobre arrendamiento de
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salitreras en el Toco; y, finalmente, la suma reconocida en favor de Don Juan Garday.
Artículo VI. La República de Chile reconoce en favor de la de Bolivia y a perpetuidad, el más amplio
y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico. Ambos Gobiernos
acordarán, en actos especiales, la reglamentación conveniente para asegurar, sin perjuicios para sus
respectivos
intereses
fiscales,
el
propósito
arriba
expresado.
Artículo VII. La República de Bolivia tendrá el derecho de constituir agencias aduaneras en los
puertos que designe para hacer su comercio. Por ahora señala por tales puertos habilitados para su
comercio,
los
de
Antofagasta
y
Arica.
Las agencias cuidarán de que las mercaderías destinadas en tránsito, se dirijan del muelle a la
estación del ferrocarril y se carguen y transporten hasta las aduanas de Bolivia en vagones cerrados
y sellados y con guías que indiquen el número de bultos, peso y marca, número y contenido, que
serán
canjeados
con
tornaguías.
Artículo VIII. Mientras las Altas Partes Contratantes acuerdan celebrar un tratado especial de
comercio, el intercambio comercial entre ambas Repúblicas se regirá por las reglas de la más estricta
igualdad con las aplicadas a las demás naciones y en ningún caso se colocará a los productos de
cualquiera de las dos Partes en condiciones de inferioridad respecto de las de un tercero.
En consecuencia, tanto los productos naturales y manufacturados de Chile como los de Bolivia
quedarán sujetos, en su internación y consumo, en uno y otro País, al pago de los impuestos vigentes
para los de las demás naciones y los favores, exenciones y privilegios que cualquiera de las dos
Partes otorgare a una tercera podrán ser exigidos en igualdad de condiciones por la otra. Las Altas
Partes Contratantes convienen en dar, recíprocamente, en todas las líneas férreas que crucen sus
respectivos territorios, a los productos nacionales de uno y otro País, la tarifa que acuerden a la
nación
más
favorecida.
Artículo IX. Los productos naturales y manufacturados de Chile y las mercaderías nacionalizadas,
para internarse a Bolivia, serán despachadas con la respectiva factura consular y con las guías de
que habla la cláusula séptima. Los ganados de toda especie y los productos naturales de poco valor,
podrán ser internados sin ninguna formalidad y despachados con la simple manifestación escrita en
las
aduanas.
Artículo X. Los productos naturales y manufacturados de Bolivia en tránsito para el extranjero serán
exportados con guías franqueadas por las aduanas de Bolivia o por los funcionarios encargados de
este objeto. Dichas guías serán entregadas a los agentes aduaneros en los respectivos puertos y sin
otra formalidad, embarcados estos productos para los mercados extranjeros. Por el puerto de Arica el
comercio de importación se verificará con iguales formalidades que en el de Antofagasta, debiendo
franquearse en este puerto las guías de tránsito con las mismas especificaciones que las indicadas
en
los
artículos
anteriores.
Artículo XI. No pudiendo Bolivia poner en práctica este sistema inmediatamente, continuará
observándose, por el término de un año, el que se halla establecido actualmente en Antofagasta, que
se hará extensivo al puerto de Arica, fijándose un plazo prudente para que se ponga en vigencia el
arancel de aforos boliviano, hasta que sea posible regularizar el comercio de tránsito en la forma
antedicha.
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Artículo XII. Todas las cuestiones que llegaren a suscitarse con motivo de la inteligencia o ejecución
del presente Tratado, serán sometidas al arbitraje de Su Majestad el Emperador de Alemania.
Las ratificaciones de este Tratado serán canjeadas dentro del plazo de seis meses y el canje tendrá
lugar en la ciudad de La Paz. En fe de lo cual, el señor Ministro de Relaciones Exteriores de Chile y el
señor Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia firmaron y sellaron con sus
respectivos sellos, y por duplicado, el presente Tratado de Paz y Amistad en la ciudad de Santiago, a
los
veinte
días
del
mes
de
octubre
del
año
mil
novecientos
cuatro.
(Firmado: EMILIO BELLO C.)
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