El Universo es un dinamismo en un perpetuo llegar

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REENCARNACIÓN Y EVOLUCIÓN DEL ESPIRITU
El Universo, efecto de la acción del Creador, bajo las leyes divinas
que lo rigen, es un dinamismo en perpetuo movimiento, en permanente
evolución. Evolucionan los astros, la Tierra, los minerales, las plantas, los
animales, el hombre, las sociedades, evoluciona la materia; e inmerso en
todo ello, evoluciona el espíritu.
La evolución es el desenvolvimiento activo en mayor o menor grado,
de las grandes y magnificas oportunidades que se hallan latentes en la vida,
es la ascensión de la humanidad hacia la consecución de sus destinos en lo
material y en lo espiritual.
Paralela a la evolución material es observable la evolución psíquica.
Yendo ligados espíritu y materia, el proceso evolutivo se realiza en estos
dos elementos. En los peldaños iniciales de la evolución planetaria, el
principio espiritual es tan solo una fuerza que asocia y mantiene en una
determinada forma las moléculas minerales. En escalas posteriores y
superiores ya adquiere caracteres de vida, que buscan perfeccionar
continuamente nuevas formas de manifestación.
Al considerar el origen de la vida, debemos recordar las condiciones
existentes en la Tierra antes de su aparición. La edad del planeta, calculada
según varios métodos, es de cerca de 6000 millones de años. El examen de
los fósiles y otros materiales muestran que la vida no debe haber existido
en la Tierra hasta cerca de 2000 millones de años atrás, lo que significa que
hubo una espera o un trabajo de aproximadamente 4000 millones de años,
para que el planeta estuviese adecuado a recibir los primeros seres vivos en
la concepción de vida biológica.
La Tierra en sus fases primitivas se presentaba, como se sabe, en
temperatura incandescente y habría llegado hasta 2000 grados centígrados,
al lado de descargas eléctricas colosales.
En determinada época comenzó el enfriamiento, que continuó por
millones de años. Durante este proceso, los materiales mas pesados pasaron
a ocupar la región mas central de la Tierra, su núcleo, en cuanto los mas
leves permanecen encima, formando la parte externa.
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Particularmente, la Tierra fue sufriendo modificaciones acentuadas
en su aspecto, por las nuevas condiciones de movimiento (rotación y
traslación), además del enfriamiento. Las fuerzas de atracción del Sol
estabilizaron la órbita terrestre. El movimiento de rotación determina el
achatamiento de los polos.
El nacimiento de la Luna, desprendida de la Tierra cuando esta
estaba en estado incandescente, pasó a ser un ancla magnética, actuando en
el equilibrio del movimiento de traslación terrestre. Según el Dr. Jorge
Andrea Dosantos en la obra Dinámica Espiritual de la Evolución, el satélite
de la Tierra influenciaría por intermedio de la luz polarizada (indirecta), el
despertar de la vida y la reproducción de los seres vivos.
En todo ese proceso admitimos la presencia de una fuerza mayor, o
Ley, como un impulso determinista a orientar en el sentido creciente del
orbe.
Debido al constante enfriamiento del globo terrestre, las partículas
diseminadas en el espacio van componiendo las moléculas de agua que
caen a la Tierra formando las colosales lluvias motivadas por la
evaporación continua, formando los océanos, estos se salaron por la
descomposición de las sales minerales de las rocas descompuestas por las
altas temperaturas.
Las aguas calientes y después templadas formaron el caldo adecuado
al surgimiento de la vida orgánica.
El principio espiritual inicial, en simbiosis con la materia inorgánica, o
mineral, pasaría a sumergirse, o reencarnar, en la materia orgánica animada
por el principio vital
Dicho principio espiritual, penetrado ya por la energía vital,
compondría las primeras células comenzando su desarrollo en los seres
orgánicos del reino vegetal primitivo, en un proceso reencarnatorio
asumiendo las distintas partes de este proceso: nacer, crecer, reproducir y
morir para volver a renacer con la experiencia adquirida en estado
instintivo latente por las etapas anteriores.
El fluido vital, o energía vital, establece el hilo dimensional
necesario para la fijación de la estructura espiritual a la estructura física.
Comienza el ciclo reencarnatorio.
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La esencia espiritual, incluso en la fase inicial, encierra en estado
latente todas las infinitas posibilidades de un desenvolvimiento ilimitado.
Si provino de un ser perfecto, ha de ser a su imagen y semejanza, esto es,
contener latente la perfección.
Las limitaciones que la materia ofrece a la manifestación del
principio espiritual, lo fuerzan a adquirir creciente capacidad de
manifestación, y esto se refleja a su vez sobre el envoltorio material el cual
recibe de vuelta, al influjo energético de la centella espiritual impulsándolo
a una transformación molecular progresiva. Hay por tanto un estimulo
reciproco de transformación evolutiva entre materia y espíritu.
La vida, se agita y desarrolla en todas las facetas de la naturaleza,
desde la materia mas primitiva hasta la perfección absoluta,
Los primeros seres vivos surgidos de los minerales, se presentan
todavía cristalizables, intercambiando poco con el medio externo.
Enseguida surgen los primeros seres unicelulares realmente libres,
que se multiplican prodigiosamente en las aguas templadas de los océanos,
empezando a desarrollar el sentido del tacto y la sexualidad, inmersos en
un primitivo sistema nervioso accionado por el principio espiritual, que no
dejará de evolucionar a través de millones de años completando el resto de
los sentidos que hoy poseemos.
Cuando ocurre la experiencia de la muerte, la estructura celular entra
en estado de descomposición, debido al abandono del principio espiritual
que da vida a la composición material que la compone.
Vuelve el principio espiritual a reencarnar, cada vez mas vivo por las
experiencias acumuladas, nada se pierde, ningún acto, ninguna prueba pasa
sin dejar impresión al psiquismo primitivo. Las reacciones instintivas cada
vez se refuerzan, pues el ser espiritual ya trae archivadas las experiencias
anteriores, y dirige los procesos automáticos de sobrevivencia. Las
cualidades asimiladas durante la existencia terrestre son transmitidas al
inconsciente, el archivo mas profundo del psiquismo, volviéndolo instinto.
Por eso el instinto es persistente y sabio, no necesita de adiestramiento,
puesto que ya se realizó: obra sin reflexión puesto que es etapa ya
aprendida.
El empuje evolutivo que Dios imprime a la Creación por la fuerza
del amor, hará que metamorfosis continuas se sucedan e incontables siglos
pasen en nuestra historia a través de las múltiples etapas terrestres, que el
imparable progreso espiritual, se revista por la ley de afinidad de la
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composición molecular correspondiente a sus propias necesidades ya que el
organismo del cual se reviste temporalmente es la exteriorización del
psiquismo materializado.
Haciendo un análisis de lo anteriormente citado, observamos que en
el reino mineral, vegetal, animal y hominal, hay un proceso evolutivo sin
saltos, sin interrupciones. En el reino mineral, las partículas se unen
formando cada vez moléculas mas complejas, animadas por un principio
espiritual en constante evolución. En el vegetal, el mismo principio
espiritual desarrolla algunos de los sentidos que hoy el ser humano posee,
como es la sensibilidad y el tacto, culminando en las plantas herbívoras y
carnívoras con movimientos claramente instintivos, en los últimos peldaños
del reino vegetal y los primeros del reino animal, siguiendo su curso en un
determinismo pleno.
En la reproducción sexual del reino vegetal, hay plantas de la misma
especie, que son unas masculinas y otras son femeninas, otras que en la
misma planta se encuentran ambos sexos, ese mismo proceso lo
encontramos también entre los animales mas primitivos, llamados
hermafroditas; las plantas que se desarrollan rodeadas de su misma especie,
crecen mas sanas que las que se encuentran aisladas; los árboles se separan
de la roca o edificio próximo sin que sus ramas las toquen, las raíces
bucean bajo tierra buscando la humedad; desarrollan mecanismos de
defensa, mecanismos de ataque; se asocian con especies de animales
proporcionándoles alimento mientras estos las defienden; otras también
buscan esa asociación ofreciendo frutos jugosos al reino animal que
servirán para que por vía intestinal sean distribuidores de sus semillas;
vemos como se estiran o giran buscando la luz del Sol; unas trepan
enraizándose por especies de mayor envergadura, otras se arrastran, como
se adaptan al clima, a la luz, al viento; como son sensibles al psiquismo
ambiental en el hogar que habitan, siendo agradecidas al cariño con que se
les trata o viceversa; hay plantas que buscan su alimento no ya en la misma
tierra, sino extendiendo sus ramas alcanzando otras plantas para
alimentarse de ellas hasta matarlas; otras desarrollan colores llamativos o
aromas atrayentes, asociándose con los insectos que serán portadores del
polen para su reproducción; y otras incluso, se alimentan de ellos.
Observamos en definitiva que la materia que nuestros limitados ojos ven,
adquiere movimiento, obedeciendo a una voluntad mas o menos instintiva.
En el reino animal y sobre la base ya adquirida anteriormente, se van
desarrollando nuevos sentidos; el gusto, el olfato, el oído y la vista,
acompañados del necesario desarrollo físico progresivo de los órganos
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trasmisores, útiles para la información recibida desde la materia al espíritu
y viceversa, como son el sistema nervioso periférico, el sistema nervioso
central y el encéfalo, compuesto por el tronco encefálico, diencéfalo,
cerebelo y cerebro en donde está situado el lóbulo frontal que corresponde
únicamente a la especie humana.
Estas fases las distribuimos de la siguiente manera:
Reino mineral: principio espiritual completamente dormido
Reino vegetal primitivo: sistema nervioso periférico embrionario.
Reino vegetal superior y animal primitivo: sistema nervioso
periférico desarrollado y sistema nervioso central embrionario.
Reino animal superior: sistema nervioso central desarrollado,
componiendo las distintas capas encefálicas en el transcurso evolutivo.
Entre un reino y otro, no hay saltos evolutivos; la rigidez de las
primeras especies de vegetales están en sintonía con las minerales, los
ciclos reproductivos de animales y vegetales son parecidos, las plantas
dormitan durante los inviernos mientras que los animales mas primitivos
hacen lo mismo, ya que todavía no han desarrollado el mecanismo
regulador de la temperatura corporal y necesitan del calor ambiental para
ser activos, los animales mamíferos que están en la escala superior van
desarrollando la inteligencia, llegando a asimilarse como seria en los simios
a la de los primeros homínidos, albergando ya un razonamiento en estado
primario y por tanto de una conciencia rudimentaria del yo individual y de
aquí al ser espiritual, consciente de si mismo y de todo cuanto nos rodea; es
decir, espíritus encarnados o desencarnados que somos, gracias al largo
recorrido que hemos realizado desde nuestra génesis hasta el día de hoy
apercibiéndonos que todavía existen en nosotros instintos animalizados.
En el siglo XVIII, en 1794, el abuelo de Darwin, Erasmus Darwin,
publicó un largo tratado, titulado “Zoomanía” donde afirmaba su creencia
en la probabilidad de la evolución.
Jean Baptiste Lamark, fue el primer autor que presentó una hipótesis
bien elaborada para explicar la evolución del reino animal y vegetal en su
libro “Philosophie Zoologique” que fue publicado en 1809, curiosamente el
año que nació Darwin.
Lamark argumentaba que una modificación importante en el
ambiente provocaría, en un ser vivo, una necesidad de modificarse. Esa
necesidad determinaría la formación de nuevos hábitos.
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La critica hecha a la teoría de Lamark es que los caracteres
adquiridos no pueden ser transmitidos hereditariamente, conforme se ha
investigado.
No es objetivo nuestro apoyar ciertas creencias, y si la de sustentar
una fe razonada, porque la reencarnación, está comprendida en una ley
natural, en una palingénesis universal y cósmica, inherente en toda
manifestación de vida.
La creencia y doctrina de la reencarnación o pluralidad de existencias es
una doctrina milenaria. La encontramos en todos los pueblos primitivos, en
las diversas culturas, lo mismo que en todas las religiones.
Está tan arraigada en la historia del pensamiento, que algunos arqueólogos
creen que en la Nueva Edad de la Piedra, aproximadamente 10000 a 5000
años a. C., los cadáveres eran enterrados en posición fetal, rodeados de
enseres y alimentos a fin de favorecer el próximo renacimiento.
Los llamados magos por los caldeos y persas, enseñaban la doctrina de los
renacimientos, como una de las verdades fundamentales. Y sostenían que el
alma era un ser espiritual complejo y pasaba por una serie de existencias
terrestres y en otros mundos, hasta que finalmente alcanzaba un grado de
pureza tal, que quedaba relevada de la necesidad de nuevas encarnaciones,
y desde entonces habitaba en la región de la inefable gloria.
Krishna, hacia el año 3000 antes de nuestra era, dijo: “yo y vosotros hemos
tenido muchos nacimientos. Los míos no son conocidos sino por mi, pero
vosotros, no conocéis siquiera los vuestros”. Y en el dialogo con su
discípulo Arjuna dice: “Así como el alma residente en el cuerpo material,
pasa por las etapas de la infancia, juventud, virilidad y vejez; así a su
debido tiempo, pasa a otro cuerpo y en otras encarnaciones volverá a vivir
y desempeñar una nueva misión aquí en la Tierra”.
Los egipcios la enseñaban ya 3000 años antes de nuestra era, con estas
palabras: “Antes de nacer, el niño ha vivido ya y la muerte no termina en la
nada. La vida es un devenir, que transcurre semejante a un día de sol, que
recomenzará”.
De los egipcios pasó a los griegos, por Pitágoras y sus discípulos; decía
Pitágoras que “Una vida en la carne, no es mas que una anilla en la larga
cadena de la evolución del alma”. Y algunas veces refería a sus discípulos
pasajes de alguna de sus cuatro ultimas existencias que recordaba. Según
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Diógenes Laercio, historiador griego del siglo tercero, Pitágoras se
acordaba de haber sido Etalides, después euforbo, luego Hermótimo, y en
la penúltima fue Pirro, después de esta fue Pitágoras.
Las escuelas de Sócrates y Platón aseguraban que “las almas toman nuevos
cuerpos para repetir una y otra vez sus vidas físicas a fin de desarrollar las
facultades de la psiquis y adquirir sabiduría”. Y en FEDON podemos
leer:”El alma es mas vieja que el cuerpo. Las almas renacen sin cesar del
Hades, para volver a la vida actual”
Hermes Trimegisto, 2670 antes de nuestra era, sostenía que: “Las almas
bajas y malas permanecían encadenadas a la Tierra por múltiples
renacimientos; pero las virtuosas suben volando hacia las esferas
superiores”.
La famosa escuela de Alejandría, que en los tiempos del Mesías estaba
dirigida por Filón, profundizó el estudio del alma y de las civilizaciones
pasadas; y dio un mayor esplendor a la doctrina de la reencarnación. San
Clemente, que fue padre de la primitiva iglesia, fue uno de los grandes
filósofos que allí se encontraban por aquella época.
Orígenes, discípulo de San Clemente, el mas instruido de los padres
cristianos, aceptaba la doctrina de las vidas sucesivas, que era del
conocimiento y creencia común de los primeros tres siglos del cristianismo.
Y por ello fue anatematizado en el concilio de Constantinopla. Decía:
“Cada alma recibe un cuerpo de acuerdo con sus merecimientos y sus
previas acciones”. Observemos que dice que cada alma recibe un cuerpo y
no al revés. Orígenes denominaba “penas medicinales” a las vidas
dolorosas, y que estas eran proporcionales a las faltas cometidas en vidas
anteriores.
Los vedas sostenían que “El alma es la parte inmortal del hombre; que
unas almas vienen hacia nosotros y regresan, y vuelven a venir, que todo
nacimiento, feliz o desdichado, es la consecuencia de las obras practicadas
en las vidas anteriores.
En el Coran se lee: “Alá nos envía muchas veces hasta que volvemos a El”
El pueblo hebreo mantenía la creencia de la reencarnación, porque les fue
predicada también por los profetas, entre ellos Malaquias cap. IV v. 5 que
dice: “ He aquí, yo os enviaré el profeta Elías, antes de que venga el día
grande y tremendo del Señor”. Y prueba de ello es el hecho de una
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comisión enviada por el Sanedrín a Juan el Bautista a preguntarle si él era
el Mesías o Elías, el cual murió 800 años antes.
Esta vuelta a la vida de la carne, esta nueva encarnación del espíritu de
Elías en el niño de Juan de Hebrón, hijo de Zacarías e Isabel, y que pasó a
la historia con el nombre de Juan el Bautista; es un hecho confirmado por
el propio Jesús, cuando dijo: “Y si queréis oírlo, él es Elías que había de
venir. El que tenga oídos para oír, que oiga”.
Y en el evangelio según San marcos, está mas claro aún. Pues reza así: “ Y
le preguntaron: pues ¿cómo dicen los fariseos y los escribas que ha de venir
primero Elías? Y él les respondió: Elías, realmente, ha de venir y
restablecerá todas las cosas; pero yo os digo que Elías ya vino y no le
conocieron, sino que hicieron con él todo cuanto quisieron. Así harán ellos
padecer al hijo del hombre. Entonces entendieron los discípulos que les
había hablado de Juan el Bautista”
En esta pregunta que hacen sus discípulos se demuestra el conocimiento
que tenían de la reencarnación, y la respuesta de Jesús la ratifica.
En el cap. IX ver. 1 a 3 de san Juan dice así: “Pasando, vio un hombre
ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: maestro, ¿quién
pecó, este o sus padres para que naciera ciego?.respondió Jesús: Ni este
pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”.
Aquí, nuevamente indagan los apóstoles buscando la causa de su ceguera
que sabían que debía ser anterior a su nacimiento puesto que nació ciego.
Jesús dejó claro que en esa existencia no pecaron ni él ni sus padres y que
obedecía a una planificación anterior.
Irrefutable resulta el evangelio de San Juan cap. 3 ver. Del 1 al 15 en el que
aproximándose Nicodemo que era un principal entre los judíos Jesús le
confirma: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no
puede ver el reino de Dios”. Algunas religiones aseguran que en este pasaje
Jesús se refiere a un cambio de aptitud en la vida, pero Nicodemo entendió
perfectamente lo que el maestro le quiso decir, por eso le preguntó:
“¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿puede acaso entrar por
segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?”. Jesús se lo confirma: “no
te maravilles de lo que te digo: os es necesario nacer de nuevo”.
Pero Nicodemo insiste preguntando: “¿Cómo puede hacerse esto?”. Y
Jesús le responde: “¿Eres tu maestro de Israel y no sabes esto?. De cierto,
de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto
testificamos; y no recibís nuestro testimonio”. Es decir, no lo podía asumir.
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Pero hoy, después de 2000 años, difícil se nos hace entender la justicia
divina, si no tenemos respuestas que se basen en razonamientos claros y la
ley de la reencarnación es la clave para entender esta justicia que nos iguala
a todos sin diferencias ni preferencias; siendo Dios amor no puede dar a
todos los seres que componemos su obra, otro destino que no sea el de la
felicidad, el del equilibrio, el de la paz.
Se nos hace imposible debido a nuestra pequeñez comprender nuestros
principios y que rutas seguiremos en el futuro mas allá de donde nuestra
razón alcanza, pero si sabemos que hemos sido creados por amor y que la
providencia divina no escatima medios para que las metas sean alcanzadas
por nuestro propio esfuerzo.
Somos el resultado de la suma de todas nuestras experiencias precedentes,
es este recorrido el que nos hace diferentes; diferencia causada por estar en
posesión de nuestro libre albedrío, hemos escogido caminos distintos los
cuales nos han servido para equivocarnos, para aprender, para amar,
compartir, tropezar, caer, levantar y seguir andando aprendiendo siempre
de nuestros errores y de esta forma ir siempre evolucionando.
Siendo el resultado de nuestras propias obras y comprendiendo la Ley de
causa y efecto o de acción y reacción, es que comprendemos las palabras
de Jesús: “A cada cual según sus obras”, “lo que siembras recoges”, “con la
misma vara que midas a los demás serás medido”. Por tanto, no podemos
culpar a Dios de nuestros errores, ni de las consecuencias que estos
conllevan. Somos libres para sembrar y obligados a recoger.
Si Dios no existiera, la creación sería el caos, el desorden; es mas, ni
siquiera existiría ateniéndonos a la ley de causa y efecto, acción y reacción,
es decir, si el Universo es la obra, este necesita forzosamente tener un
autor.
Dios nos crea imperfectos, es evidente , ya que de lo contrario la evolución
no tendría ningún sentido; si nos hubiera creado perfectos no tendríamos
principio ni fin, no habría movimiento, no habrían minerales ni plantas ni
las distintas especies que hoy podemos analizar, no tendríamos experiencia
de ningún tipo ya que todo se nos hubiera dado hecho, todos seriamos
replicas exactas unos de otros, no podríamos tener sentimientos, ni
razonamiento; seriamos una masa compacta, quizás amorfa porque nuestra
forma es producto de la evolución; estaríamos en una eterna beatitud, en un
estado contemplativo eterno en el que no cabria el razonamiento, ni la
inteligencia, ni los pensamientos, ni los sentimientos.
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Pero el amor de Dios nos crea perfectibles, de tal forma que por medio de
las sucesivas reencarnaciones las conquistas espirituales se van realizando
por meritos propios, proporcionándonos los medios necesarios para nuestro
progreso evolutivo.
Si solo hubiera una existencia corporal, podríamos decir con toda
tranquilidad que Dios es injusto, ya que solo por el mero hecho de ser
hombre o mujer, ya nos hubiera hecho diferentes; haber nacido rico o
pobre, ignorante o sabio, enfermo o sano; nacer con disminuciones físicas o
psíquicas; unos niños nacen y mueren, otros ni siquiera llegan a nacer,
otros tienen una existencia que van mas allá del siglo; por no haber, no
habría ni siquiera el instinto del recién nacido de buscar el pecho materno
para alimentarse; es mas, tampoco habría instinto y por tanto no se podrían
dar todos los movimientos instintivos que rigen nuestro organismo físico
para que se pueda dar la vida. ¿Como podríamos entender la diferencia
física, intelectual y moral de todos los seres que habitamos la Tierra, no
habiendo dos personas iguales?.
Pero si comprendemos que hemos vivido antes, todo se ilumina, todo queda
claro.
Así vemos los llamados niños prodigio, que con pocos años son capaces de
desarrollar las ciencias o las artes; como un recién nacido puede soñar y
reír mientras duerme; como hay personas habilidosas en unas tareas
determinadas sin que nadie les haya enseñado, por que la afinidad o la
indiferencia con ciertas personas incluyendo los miembros de la propia
familia, el sentido de las enfermedades y sufrimientos morales, las
tendencias de personalidad. Los defectos y virtudes que trascienden a la
tumba son los mismos que se manifiestan en la cuna.
Pero nos surge la gran pregunta, ¿Por que no nos acordamos?. Y la
respuesta viene dada por otra ¿de que nos olvidamos?. Si después de cada
existencia pusiéramos el contador a cero no hubiéramos salido nunca del
estado primitivo, no habría evolución debido a que seria un eterno
comenzar de nuevo ni tendrían sentido las grandes diferencias de unos
seres a otros. Pero es cierto, no tenemos memoria al menos consciente,
porque nuestro nivel evolutivo no nos permite mirar al pasado, debido a
que nuestros defectos nos impedirían el progreso, no limaríamos rencores
del pasado reconociendo al enemigo en un miembro de nuestra familia, o lo
que es peor, el peso de nuestra conciencia tal vez caería como una losa y
nos hundiría en la desesperación, ¿quién de nosotros no tiene algún
recuerdo, que quisiera borrar de su memoria? revivirían en nosotros los
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celos, adulterios, rencores, amores pasionales y un sin fin de recuerdos
dañinos que nos impedirían el progreso, por tanto ese velo que se nos corre
del pasado es providencial y transitorio de manera que a medida que
vayamos evolucionando esos recuerdo serán mas claros; de ahí que los
seres superiores tengan recuerdo de ese pasado.
No nos olvidamos de nada porque todas las experiencias positivas o
negativas están en nosotros, sólo nos olvidamos de la forma en que
adquirimos esas experiencias.
Por otro lado, hoy sabemos que los recuerdos o experiencias forman un
recorrido que van desde el consciente mas cercano al inconsciente mas
profundo de donde surgen los instintos, la sensibilidad, las preferencias, el
carácter, incluso nuestra manera de expresarnos, de mirar, de andar; en
definitiva, es el espíritu el que se manifiesta hasta en el mas mínimo gesto.
Es una evidencia científica, el inconsciente existe, pero ¿cómo podemos
entender lo que es el inconsciente si nunca antes hubiéramos existido?.
Sencillamente este no existiría, solo habría memoria de la existencia física.
Ciertos sectores de nuestro mundo, especialmente occidental, rechazan la
teoría de la reencarnación, y niegan a ultranza todo aquello que
desconocen, o que los sentidos físicos no sean capaces de percibir. Sus
preconceptos y convencionalismos propios, no les dejan ver que, para
negar, hay que comprobar por el estudio y análisis exhaustivo del asunto,
mediante una actitud mental de honesta imparcialidad. El desconocimiento
de una verdad puede no admitirse, pero no negarla.
Otros hay que, desde un punto de vista racional, encuentran que la
reencarnación es una hipótesis lógica, pero que le falta la base experimental
probatoria . Quienes así lo hacen, lo hacen por desconocimiento o falta de
información al respecto, de los miles de casos probados por investigadores
que no son precisamente reecarnacionistas por creencia, en el campo de la
psiquiatría, neurología y parapsicología.
Fue Allan Kardec el escogido por el plano espiritual superior el que
recopiló y codificó las enseñanzas que fueron presentadas en el Libro de
los Espíritus, que vio la luz el 18 de Abril de 1857, en donde los propios
espíritus manifiestan la evolución conjunta entre espíritu y materia, dos
años antes de que Darwin publicara su polémico libro “ El Origen de las
Especies”.
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El Libro de los Espíritus, es la obra filosófico – científica mas grande jamás
escrita, en ella los espíritus hicieron un tratado de moral, física, química,
biología, psicología; trataron de las leyes que rigen el cosmos físico y la
evolución espiritual, poniendo a Dios como consta en la primera pregunta
de la citada obra, como la causa primera de todas las cosas. Se adelantaron
a la ciencia convencionalista en muchas cosas, entre ellas la evolución
anímica y física de las especies como hemos comentado anteriormente, o
aspectos que la Física descubre recientemente como es la ausencia del
vacío y hasta la fecha, en ningún caso la ciencia a podido desmentir su
contenido.
Científicos de renombre surgieron después, pudiendo demostrar la
inmortalidad del alma como el físico y químico William Crookes,
considerado entre las mayores eminencias del siglo, que con sus
experimentos comenzó al final del siglo XIX, el espiritismo cientifico.
Los trabajos de Crookes fueron tan importantes, que Charles Richet los
coloco en su esquema clasificatorio de la investigación psíquica, como
punto de partida de la ciencia moderna.
El investigador Gabriel Delanne, un destacado medico que en su obra El
Alma es inmortal, recopila una gran cantidad de pruebas y experimentos
realizados, como son la materialización de los espíritus, movimiento de
objetos, apariciones, desdoblamientos, formas de manos, caras, pies de
espíritus con moldes de parafina, etc.
En la actualidad, podemos ver que nuestro campo magnético, mas conocido
como aura, puede fotografiarse con la cámara Kirlian, ideada por el
matrimonio ruso Semior Davidovich Kirlian y Valentina Khrisanova, que
en el futuro será muy útil para diagnosticar enfermedades y estados de
animo.
En el campo de la psicología, se están realizando grandes progresos gracias
a las terapias de regresión a vidas anteriores para poder sanar fobias,
temores, tics nerviosos, etc,.
El Dr Ian Stevenson, profesor de psiquiatría de la universidad de Virginia,
tiene investigados y archivados mas de 2000 casos, en varios países del
mundo, habiendo publicado varios libros.
Hay miles de casos archivados de recuerdos espontáneos de vidas pasadas,
sobre todo en los niños.
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Me gustaría terminar con unas frases del poeta, novelista y dramaturgo
francés Víctor Hugo.
“Hay quien dice que el alma es solamente la expresión de las fuerzas
corporales, y yo pregunto: ¿por qué la mía es mas luminosa ahora, cuando
mi vida declina y esas fuerzas corporales me abandonan?”
“Sobre mi se cierne el invierno y en mi alma florece una primavera eterna;
las lilas, las violetas y las rosas perfuman y se abren como cuando yo tenia
veinte años”.
“Viviré mil vidas futuras, continuaré mi obra, escalaré de siglo en siglo
todas las rocas, todos los peligros, todos los amores, todas las pasiones,
todas las angustias; y después de miles de ascensiones, liberado,
transformado, mi espíritu volverá a su fuente, fundiéndose en la realidad
absoluta, como el rayo de luz vuelve al sol”.
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