El sistema sanitario español. doc

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Consejería de Salud y Bienestar Social
Avda. de Francia, 4 - C.P.: 45071 Toledo
DISCURSO DEL CONSEJERO DE
SALUD Y BIENESTAR SOCIAL,
FERNANDO LAMATA, EN LA REAL
ACADEMIA ESPAÑOLA DE
MEDICINA
EL SISTEMA SANITARIO ESPAÑOL. ÉXITOS
Y DESAFÍOS.
19 DE FEBRERO DE 2009.
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Excelentísimo señor presidente de la Real Academia Nacional de
Medicina. Excelentísimos señores académicos. Señoras y señores.
Agradezco el honor que me hacen con la invitación a participar en
este ciclo de conferencias sobre la sanidad española en el año
2009.
Desde que la tertulia literaria médica matritense inaugurara sus
debates en 1733 hasta hoy muchos han sido los temas tratados en
este foro.
Muchas han sido las aportaciones que desde esta academia se han
hecho a la sociedad para intentar mejorar la sanidad española.
Quiero, en primer lugar, honrar la memoria de todos los académicos
que han aportado su dedicación y su inteligencia al servicio de la
medicina y de la política sanitaria del país.
Quiero también dar las gracias a Don José María Segovia de Arana
por sus palabras.
Don José María es una persona clave en la sanidad española. Sus
aportaciones primero a la clínica y la investigación, y después a la
gestión sanitaria han sido determinantes para que la sanidad
española sea lo que hoy es.
La clínica Puerta de Hierro, el fondo de investigaciones sanitarias, el
sistema de formación de especialistas, el impulso de debates y
recomendaciones desde el consejo asesor de sanidad, la
promoción de investigación desde diversas fundaciones, como la
Ramón Areces, y tantas intervenciones positivas para la medicina y
la sanidad, hacen de Don José María ejemplo para todos los que
hemos dedicado nuestra vida a la política sanitaria. Muchas gracias,
maestro y amigo.
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Voy a presentar en esta conferencia algunas reflexiones sobre los
éxitos y los desafíos del sistema sanitario español en el momento
actual.
Lo haré desde la perspectiva de la política sanitaria.
La “célula” del sistema sanitario, es la relación médico-paciente,
profesional sanitario-paciente. Ese espacio sagrado en el que una
persona viene a pedir ayuda porque siente dolor o porque ha
perdido capacidad funcional, y se dirige a un profesional que ha
estudiado el funcionamiento del cuerpo y de la mente y los procesos
de enfermar.
El profesional hará un diagnóstico y propondrá los procedimientos y
remedios contrastados por la ciencia y la experiencia para intentar
curar, aliviar el dolor, y en todo caso, consolar.
Muchos de ustedes han dedicado y dedican su vida a este noble
oficio.
La política sanitaria se ocupa de crear las condiciones adecuadas
para que se pueda ofrecer una atención sanitaria apropiada y de
calidad a toda la población.
Este ha sido y es mi oficio y desde ese punto de vista les voy a
hablar.
A lo largo del siglo XX la sanidad española ha cosechado notables
éxitos. Tan es así que podemos afirmar que hoy la sanidad
española es una de las mejores del mundo.
Los rasgos más importantes para valorar un sistema sanitario son la
cobertura pública, la cartera de prestaciones, la financiación y,
sobretodo, los resultados en salud y en satisfacción social.
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En cuanto a la cobertura del sistema, el porcentaje de personas con
derecho a la atención sanitaria pública, en España es el 99,5%
Desde mi punto de vista este es el logro más importante del sistema
sanitario español en el siglo XX.
Por primera vez en la historia de nuestro país se consiguió que la
sanidad pública atendiera a todas las personas que lo necesitan,
sin fijarse en su nivel de renta o su clase social.
Esta es una conquista de todos los españoles que responde a los
valores de la solidaridad y la justicia, y que complementa y equilibra
el sistema económico de libre mercado y propiedad privada, dando
cohesión y fortaleza a toda la sociedad.
La cartera de servicios del sistema sanitario español es muy
completa, tanto en atención primaria, como en atención
especializada, y en la prestación farmacéutica.
Además, la calidad de los servicios, es decir, la capacidad de
resolución de los profesionales es muy buena.
Médicos, enfermeros y otros profesionales sanitarios bien formados,
con tecnología apropiada, que realizan diagnósticos y tratamientos
precisos, con una eficacia igual o mejor que la de los países más
avanzados del planeta.
El gasto sanitario público supone un 6% del PIB. Es una cifra menor
que la media de la unión europea, que se sitúa 2 puntos por
encima. El gasto sanitario público por habitante es de 1.500 €,
frente a casi el doble en Francia, Alemania o Suecia.
La proporción del gasto sanitario público sobre el total del gasto
sanitario supone un 70%. En la Unión Europea el promedio de
gasto sanitario público sobre el total es algo mayor, en torno al
75%.
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Finalmente, el cuarto rasgo, y más importante, para valorar un
sistema sanitario son los resultados medidos en salud.
Y, en España, estos resultados son muy buenos: la esperanza de
vida al nacer es de 81 años.
En el mundo solo superan este resultado Japón, con 83 años, Suiza
y Australia, con 82, y después España, con Suecia, Francia,
Canadá, e Italia. La mortalidad infantil es de 3,5/1000 nacidos vivos.
Hay solo 10 países en el mundo con estos resultados.
Otro dato: cada día más de 1000 personas salvan su vida en
España gracias a una intervención médica.
Pero un sistema sanitario además de resolver problemas, tiene que
generar confianza en los pacientes y en la sociedad.
La satisfacción subjetiva, la valoración de los servicios sanitarios
públicos es de 7/10 en población general y sube a 8/10 en las
encuestas después de recibir un servicio (al alta).
Si analizamos diferentes componentes de los servicios veremos
cómo la atención de los médicos se valora con sobresaliente. La
Medicina es la profesión mejor valorada en España.
Todos ustedes, excelentísimos señores académicos, y muchos de
quienes nos acompañan en la sala, son vivo ejemplo de esta
ejecutoria.
La presencia internacional de la Medicina Española es muy
destacable en todos los ámbitos del saber.
En muchas disciplinas, en algunas técnicas, o en modelos
organizativos, como la organización nacional de trasplantes,
podemos considerar a la medicina española como número uno del
mundo.
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Señoras y señores, el sistema sanitario español ha conseguido los
buenos resultados descritos. Pero también ha tenido y tiene
problemas.
Como cualquier organismo vivo, el sistema sanitario sufre tensiones
y debe actualizarse permanentemente para dar respuesta a las
nuevas necesidades. El sistema sanitario debe transformarse para
seguir siendo útil. Debe responder a los desafíos del siglo XXI.
¿Cuáles son los desafíos para los próximos años?.
En esta coyuntura, y antes de hacer un análisis sobre el futuro
hemos de llamar la atención acerca de las incertidumbres que
genera la crisis económica mundial.
La prioridad, a mi juicio, será consolidar las prestaciones sanitarias
en un contexto de enormes dificultades económicas, y procurar que
no se deterioren los servicios.
Pero, al mismo tiempo, en esta época de crisis hemos de poner en
valor que el sector sanitario y social es un sector que genera
empleo estable y de calidad, que crea infraestructuras, impulsa la
investigación y el desarrollo tecnológico y se convierte en un
generador de riqueza.
Conviene insistir en que la sanidad no solo es gasto, sino que
también es una inversión productiva y un factor de estabilidad
social.
En cuanto a los desafíos específicos del sector sanitario
permítanme plantearles quince propuestas que intentan dar
respuesta a quince problemas a los que se enfrenta el sistema de
salud español.
Tanto los problemas como las respuestas se interrelacionan entre sí
y se condicionan unas a otras. Al abordar cada una se debe tener
en cuenta el conjunto.
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La primera cuestión que planteo es completar la universalización del
servicio sanitario público.
Es verdad que ya tenemos una cobertura casi completa, del 99,5%
Sin embargo, la titularidad del derecho se relaciona con nuestra
situación laboral y otras condiciones económicas. Es pertinente, por
lo tanto, una ley de universalización, para que con el solo hecho
de la nacionalidad española se tuviera derecho a la atención
sanitaria pública.
Además, la tarjeta sanitaria debería ser homologada y compatible
en todo el sistema nacional de salud y podría sustituirse por el DNI
electrónico cuando esté generalizado.
En segundo lugar, tenemos que hacer frente a un aumento
continuado de la demanda y de la presión asistencial.
Este aumento de la demanda tiene muchos componentes. Algunos
de ellos son justificados y otros no lo son tanto y debemos intentar
corregirlos.
Entre los factores que generan aumento de la demanda justificada
observamos el aumento neto de la población protegida. El
envejecimiento de la población y el aumento de las prestaciones y
las tecnologías.
En los últimos 30 años hemos aumentado de 34 a 44 millones de
habitantes. Somos 10 millones más, esto supondría alrededor de un
30% más de demanda. Pero supone más todavía.
Porque la población se ha hecho más mayor, gracias, en buena
parte, al trabajo del sector sanitario.
Y una población más mayor consume más servicios sanitarios y
requiere más atención (10 veces más que una persona joven).
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Pues bien, en los últimos 30 años hemos duplicado el número de
personas mayores de 65 años, de 3,3 a 7,5 millones. y esta
tendencia continuará.
En cuanto al aumento en las prestaciones, las técnicas diagnósticas
y terapéuticas, los medicamentos, las indicaciones, y el uso de
tecnologías cada vez más complejas es un fenómeno imparable ya
que aparecen continuamente nuevas moléculas, nuevos aparatos,
nuevos protocolos que ofrecen nuevas posibilidades para el
diagnóstico y el tratamiento. Y siempre que beneficien al paciente y
lo podamos pagar, es positivo incorporar todos estos avances.
Pero puede haber también demandas injustificadas o exageradas
impulsadas por diversos factores como la cultura de la satisfacción
y el consumismo (que no tolera el disconfort y que exige una
respuesta inmediata), la dinámica de ofertas políticas-electorales
poco meditadas, y la presión que generan las actitudes de algunos
profesionales sanitarios y parte de la industria médica
(hiperprescripción, exceso de indicaciones, medicina defensiva,
etc.).
Una demanda exagerada, que no responda a necesidades reales,
resta tiempo y recursos para atender a las personas que, de verdad,
lo precisan. Por eso es importante tratar de moderarla.
Para ello, es muy conveniente definir y alcanzar un pacto sanitario,
en el que participen los grandes partidos políticos, las comunidades
autónomas y el Ministerio de Sanidad, los profesionales, la industria
sanitaria y las asociaciones de pacientes, para prevenir y evitar la
demanda innecesaria.
Ese pacto debe incorporar mecanismos de control estricto de la
cartera de prestaciones y servicios que financia el sector público.
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En el Pacto de Estado por la Sanidad los partidos políticos deben
asumir el compromiso de no utilizar la sanidad como arma
arrojadiza en los debates electorales.
La incorporación de nuevas ofertas tiene que ponderarse con la
capacidad de financiación del sistema para evitar desequilibrios
futuros.
Se debe pactar también con la industria farmacéutica y sanitaria el
crecimiento posible del sector en cada escenario, para mantener su
viabilidad a largo plazo.
El tercer reto es mejorar la financiación.
Debemos responder a la pregunta de ¿cuánto cuesta la sanidad
que queremos?
Esta es una tarea que corresponde a los sanitarios, al consejo de
sanidad: sabiendo cuál es la población cubierta, y sabiendo qué
cartera de prestaciones está garantizada podemos definir el coste
de la sanidad.
Y debemos preguntarle a la sociedad, al país, si la puede y la quiere
pagar. Y si
no, ¿qué recorta?, ¿cobertura de población o
prestaciones?
Yo pienso que el gasto sanitario público puede y debe crecer para
hacer frente al aumento de la demanda que hemos comentado y
mantener la calidad.
Parte importante de ese aumento se debe dirigir a mejorar las
retribuciones de los profesionales (singularmente de los médicos).
Otra parte puede ir destinada a mejorar el acceso a los servicios y
la libertad de elección.
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También hemos de considerar financiación adicional para las
nuevas tecnologías y procedimientos que decidamos incorporar a
la cartera de prestaciones.
Una vez superada la crisis económica, podemos y debemos
aumentar la financiación sanitaria en 2 puntos sobre el PIB.
Las encuestas sobre este asunto señalan que la población está
dispuesta a mejorar la financiación de la sanidad. Es de los pocos
asuntos por los que pagaría más impuestos.
Pero para que el ciudadano sepa que el aumento de su esfuerzo
fiscal va a sanidad, debe identificarse la financiación finalista de
los tributos para este fin.
En la negociación del nuevo modelo de financiación que se está
discutiendo ahora debería quedar claro se asigna a sanidad un
gasto por habitante suficiente.
Otro problema acuciante que debemos resolver, es la falta de
médicos.
Esta falta de médicos se debe a un aumento de las necesidades ya
señaladas y a una disminución de la oferta.
De 10.540 médicos que se licenciaron en 1981 fuimos
disminuyendo hasta los 4.000 en el año 2000 manteniendo esta
cifra hasta 2007.
En los últimos años hemos conseguido aumentar nuevamente el
número de estudiantes de medicina. Pero sigue siendo insuficiente.
Las necesidades anuales ascienden a 7.000.
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Por eso es urgente tomar las decisiones precisas para que en el
próximo curso empiecen Medicina 7.000 estudiantes, unas 30
plazas más por cada facultad. Por supuesto se debe incrementar
la financiación a las facultades para hacer frente a este aumento.
Al mismo tiempo se debe mantener la oferta de plazas MIR en torno
a las 7.000, como este año, adaptando la distribución a las
necesidades de especialistas a corto y medio plazo.
Pueden presentarse también insuficiencias en otras profesiones
sanitarias, y deberemos responder a esas dificultades.
Y todo ello teniendo en cuenta la evolución en el desempeño de
diferentes roles profesionales, y también las modificaciones de los
sistemas organizativos y retributivos.
La oferta formativa se debe adaptar a las necesidades. Y debe
tener la flexibilidad suficiente para responder con agilidad a los
cambios demográficos, organizativos, científicos y tecnológicos.
El fomento de la investigación es otro importante reto de la sanidad.
Hay muchas preguntas por responder. Muchas enfermedades cuya
causa y cuyos medios de curación no conocemos todavía.
Es verdad que la Biomedicina es uno de los campos en los que
España produce más investigación, pero aún así debemos mejorar
mucho.
Fomentar la investigación clínica y desarrollar nuevos proyectos en
los centros sanitarios, en las universidades y en centros de
investigación debe seguir siendo una prioridad.
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Hemos de duplicar los fondos de investigación en 5 años para
formar nuevos investigadores y financiar unidades, grupos y
proyectos de investigación que nos ayuden a prevenir y curar
las enfermedades.
En sexto lugar planteo el reto de mejorar la cohesión del sistema
sanitario español.
El sistema funciona razonablemente bien.
Sin embargo, hay algunos temas de la gestión del mismo que
pueden afectar a su eficacia y conviene revisar y actualizar.
Me refiero, sobre todo, a algunos temas de salud pública, como las
vacunaciones: el calendario vacunal debe ser el mismo para
toda España.
Los acuerdos del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional
de Salud en este punto deben ser de obligado cumplimiento.
Hay otros temas en los que el consejo debe ser ejecutivo, como la
respuesta a las epidemias y a las catástrofes (ola de calor,
atentados, inundaciones).
También a los temas de cartera de servicios. En las grandes
estrategias de salud. Y en los sistemas de información y tarjeta
sanitaria.
Mi opinión es que en estas materias se debe reforzar el papel del
Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.
El mecanismo puede ser la delegación de algunas funciones de las
ccaa al consejo para que las decisiones del mismo sean
vinculantes.
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De la misma manera que lo son las decisiones del consejo de
ministros de la Unión Europea para los estados miembros en las
materias que se han acordado.
Los cambios demográficos y epidemiológicos nos plantean otro
importante reto.
En efecto, en los próximos años continuará la transición
epidemiológica, en la que aumentan las enfermedades crónicas y la
pluripatología del envejecimiento.
Tenemos que adoptar un enfoque donde, además del objetivo de
curar, se incorpore el objetivo de cuidar. De mantener y recuperar
funciones, de rehabilitar.
Aparece la necesidad del cuidado a lo largo de toda la vida, y a lo
largo de los diferentes procesos de enfermar.
Se dibuja así un nuevo paradigma de actuación médica: la atención
sociosanitaria.
Este nuevo enfoque puede requerir nuevas fórmulas organizativas.
En esta nueva organización la Atención Primaria, la Geriatría, la
coordinación entre niveles, la utilización de las tecnologías de la
comunicación, la interacción con servicios sociales y el papel de la
Enfermería son elementos a reforzar.
Es posible que, al mismo tiempo, se deban revisar los diferentes
roles y funciones de las profesiones sanitarias.
En Castilla-La Mancha hemos creado la Consejería de Salud y
Bienestar Social.
Vamos a proponer un plan que integre los recursos y que vertebre
los programas sociales y sanitarios en una única red. Es una
oportunidad extraordinaria.
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Otro reto nada fácil es reforzar la responsabilidad de cada persona
sobre su propia salud y sobre la utilización de los servicios.
La mayor parte de las causas de muerte prematura en España
tienen que ver con hábitos de vida inapropiados.
Cada uno de nosotros tiene que procurar vivir una vida saludable.
Tenemos una responsabilidad sobre nuestra propia salud.
La persona no solamente goza de derechos en relación con la
sanidad, sino que también es titular de obligaciones.
Cada uno tenemos responsabilidad en nuestra salud, y el conjunto
de la sociedad también.
Cada uno debe formarse adecuadamente en la familia y en la
escuela y tiene que conocer los riesgos y los beneficios de distintos
comportamientos para su salud. y debe educarse en la
responsabilidad y en la autonomía para tomar decisiones
inteligentes.
Por otra parte, y en relación directa con lo que acabo de comentar,
también los poderes públicos deben asumir el reto de priorizar las
políticas de promoción de la salud y prevención de las
enfermedades evitables, porque son las más eficientes.
Conocemos muchos factores de riesgo sobre los que debe actuar
la sanidad pública.
Pero si hemos de elegir un objetivo principal a corto plazo este es,
sin duda, la disminución del consumo de tabaco.
Para avanzar en esta dirección sería conveniente aumentar el
precio del tabaco, reforzar las campañas de información y los
recursos para apoyar la deshabituación, y reducir la exposición de
la población al humo del tabaco.
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En ese sentido, es conveniente una evaluación del impacto de la
ley de prevención del tabaquismo para valorar su posible
reforma.
En relación con la organización y el funcionamiento de los servicios
sanitarios públicos hay varios problemas sobre la mesa.
Una cuestión que conviene precisar es la garantía de movilidad de
los pacientes, es decir, que se pueda atender a cualquier ciudadano
español en cualquier centro sanitario del sistema público,
independientemente de la comunidad autónoma de residencia.
Es verdad que este derecho está recogido en las leyes. Pero
conviene explicitarlo y facilitarlo a los pacientes.
El paciente y los profesionales que le derivan no deben cargar con
procedimientos burocráticos excesivos ni con costes adicionales.
Relacionado con el objetivo anterior, creo que es posible aumentar
progresivamente la libre elección de médico y servicio por parte de
los pacientes en toda la red pública y privada concertada (o
acreditada).
Este objetivo se deberá desarrollar de forma prudente, en función
de la capacidad organizativa de cada servicio de salud.
Entre tanto se avanza en esta libertad de elección y en una mayor
movilidad en el ámbito español y europeo, es muy conveniente
disponer de una ley de garantías de listas de espera, para definir
tiempos máximos de espera en atención sanitaria especializada de
carácter programado:
En Castilla-La Mancha hemos puesto en marcha esta ley con
buenos resultados y con las siguientes garantías
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7 días para técnicas diagnósticas-15 días para primera consulta de
especialista-90 días para intervención quirúrgica programada.
Se trata de mejorar los tiempos de acceso, que es el principal
problema percibido por los pacientes en el sistema sanitario público.
He planteado hasta ahora doce propuestas.
Hay otras dos medidas organizativas que tienden a hacer más
eficiente la gestión sanitaria pública.
Una es dotar de más autonomía de gestión a los profesionales
médicos, a través de unidades de gestión clínica, y
departamentos con capacidad de organización y de gestión
real.
No solo se trata de aumentar recursos en el sistema sanitario, sino
de responder con mucha agilidad y flexibilidad a las demandas de
los pacientes y a las nuevas posibilidades de la tecnología.
La capacidad de autoorganización de los profesionales de la
atención primaria y de los departamentos y servicios en los
hospitales se convierte en un factor crítico para responder a estas
exigencias.
Directamente relacionada con la anterior, los sistemas de incentivos
para los profesionales y para los centros sanitarios tienen que tener
más en cuenta el desempeño, la carga de trabajo, la actividad
asistencial, docente e investigadora, y los resultados obtenidos.
Como ven todas las propuestas que he formulado se
relacionan unas con otras y se condicionan entre sí.
Dibujan una estrategia que debe abordarse de manera integral
y coherente. y debe ser flexible para revisarse en función de
los cambios que se produzcan día a día.
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Resolviendo estos catorce desafíos creo que podremos
contribuir a consolidar el sistema sanitario público español y a
mejorar el sistema sanitario público en Europa.
Señoras y señores, he mencionado catorce desafíos y dije al
principio que les iba a proponer quince.
Todavía me queda apuntar el desafío, a mi juicio, más importante
para los próximos 30 años.
No compete solo a España ni a su sistema sanitario, ni a sus
médicos.
Pero también compete a España, a su sanidad y de manera muy
especial a sus médicos.
Es más, no será posible triunfar en ese gran desafío sin el concurso
de todos y cada uno de nosotros, cada cual según sus
responsabilidades.
Ese reto lo desvela una pregunta: ¿cuál es, hoy, la primera causa
de muerte prematura en el mundo? El hambre. Por eso el reto es
que ninguna persona muera de hambre, sin atención sanitaria y sin
dignidad.
Hoy la esperanza de vivir de una niña que nazca en españa es de
85 años.
La probabilidad de vivir de una niña que nazca en Afganistán, Chad,
Angola, Sierra Leona, es menos de la mitad.
¿Es esto justo? ¿Es moral, sabiendo que son seres humanos con
nuestros mismos derechos humanos? ¿Podemos hacer algo para
evitarlo? ¿Debemos hacer algo?
Pensemos primero si es posible cambiar las cosas.
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Y para contestar a esta pregunta veamos cuál era la esperanza de
vida al nacer en España cuando en 1914 se instalaba en este noble
edificio la Real Academia Nacional de Medicina.
Era de 40 años, y la mortalidad infantil de 152. Es la que hoy tienen
los países más pobres del planeta.
Es decir, hemos podido duplicar la esperanza de vida en 100 años y
hemos podido reducir la mortalidad infantil a 3,5.
También en todo el mundo se han conseguido mejoras importantes
en la disminución de la mortalidad prematura.
Pero ahora, 100 años después, tenemos más medios, vacunas,
antibióticos, antisepsia y anestesia, técnicas diagnósticas y
terapéuticas eficaces… Podemos alcanzar el mismo objetivo en
menos tiempo.
Qué es lo que impide estos avances?
Sin duda la distribución tan desigual de la renta y la pobreza. En
África, en América Latina, en muchos países de Asia… la brecha
tan enorme entre el norte y el sur. Las relaciones comerciales
injustas, los sistemas políticos poco democráticos, y un largo
etcétera…
Pero, justamente al principio de esta conferencia hablábamos de la
crisis económica mundial que debería ser una oportunidad para
adoptar una nueva mentalidad y un nuevo enfoque.
La respuesta a este difícil reto la debemos dar cada uno según
nuestra capacidad y responsabilidad. Generando opinión, y
apoyando cambios.
Por ejemplo, hemos de procurar un crecimiento equilibrado.
Debemos promover un comercio justo y un consumo responsable.
Tenemos que incentivar la formación y la educación en los países
más atrasados.
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Tenemos que mantener nuestros programas de cooperación, más
todavía en tiempos de crisis destinando, al menos, el 0,7% del PIB
a programas de desarrollo.
Especialmente en materia de cooperación sanitaria. La labor de los
profesionales contribuyendo a la formación de nuestros colegas, el
asesoramiento para la puesta en marcha de servicios de salud
eficaces, el abaratamiento de los medicamentos esenciales, la
creación de servicios públicos de salud son elementos en los que
podemos jugar un papel determinante.
Estoy convencido de que en treinta años podemos conseguir que
nadie muera de hambre en el planeta.
Pero para ello hemos de elegir bien los valores que han de guiar
nuestra conducta.
Porque solo unos valores adecuados, y firmes, pueden sostener
este cambio social necesario.
Los valores que las personas y las civilizaciones hemos ido
identificando como aquellos que mejor dirigen la acción humana
para conseguir el bienestar y la felicidad de cada uno y del conjunto
de la sociedad.
Estos valores son la justicia. La libertad. El trabajo bien hecho. El
esfuerzo. La honradez. Y el reconocimiento de que todos los seres
humanos somos iguales de raíz y tenemos derecho a las mismas
oportunidades.
Excelentísimos señores académicos, señoras y señores, conseguir
que nadie muera de hambre en el mundo es el desafío más
importante del siglo XXI. Y estoy convencido de que lo vamos a
lograr.
Muchas gracias por su atención.
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