DECRETOS, LICENCIAS, FACULTADES Y DISPENSAS

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ARZOBISPADO DE MENDOZA
SUMARIO
I.- IGLESIA UNIVERSAL
Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz 2008 …………………………… 2
II.- IGLESIA EN ARGENTINA
Mensaje “La Nación requiere gestos de grandeza” …………………………………………….. 3
Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad …………………………………………………. 4
III.- IGLESIA DIOCESANA
NUEVO OBISPO AUXILIAR ………………………………………………………………… 11
30º ANIVERSARIO DE LA MEDIACION PAPAL ………………………………………… .18
LA PALABRA DE NUESTRO PASTOR
Misa Crismal ………………………………………………………………………………….... 19
Jueves Santo …………………………………………………………………………………... 21
Viernes Santo ……………………………………………………………………………………. 22
Vigilia Pascual ………………………………………………………………………………… 24
Mensaje de Pascua ………………………………………………………………………………. 25
Institución Ministerios …………………………………………………………………………. 26
Acción de Gracias (25 de Mayo y 9 de Julio) ……………………………………………………. 28
Patrón Santiago ………………………………………………………………………………… 32
San Cayetano …………………………………………………………………………………... 33
Día del Diácono ………………………………………………………………………………... 35
Fiesta Diocesana …………………………………………………………………………………. 36
Ordenaciones sacerdotales y diaconales …………………………………………………………. 38
Mensaje de navidad ……………………………………………………………………………. 44
VISITAS PASTORALES
- San Pedro y San Pablo ……………………………………………………………………….. 46
- Ntra. Sra. del Rosario – Lavalle ……………………………………………………………… 46
- Santa Ana …………………………………………………………………………………….. 46
- Ntra. Sra. de la Misericordia …………………………………………………………………. 46
- San Agustín ………………………………………………………………………………….. 46
ACTIVIDADES DIOCESANAS
Camino de Renovación Eclesial y Pastoral
- Jornada Juntos Caminamos …………………………………………………………………….. 46
- XV Jornadas de Pastoral ……………………………………………………………………… 47
Actividades de la Junta Arquidiocesana de Catequesis
- Talleres de Profundización para catequistas …………………………………………………. 48
- Curso de Ministros Extraordinarios de la Comunión …………………………………………... 48
- Encuentro de Formación Permanente ………………………………………………………... 48
- Encuentro de profundización de Catequesis Especial ……………………………………….. 48
- Celebración del día del Catequista ………………………………………………………….. 49
- Encuentro de Catequesis Especial …………………………………………………………… 49
- Reunión con los catequistas de la diócesis …………………………………………………... 49
VIDA CONSAGRADA ……………………………………………………………………… 49
HACIA LA CASA DEL PADRE ………………………………………………………….... 52
DECRETOS, LICENCIAS, FACULTADES Y DISPENSAS …………………………… 56
BOLETÍN OFICIAL -
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
IGLESIA UNIVERSAL
SANTA SEDE
MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
Vaticano, 1 de enero 2008
FAMILIA HUMANA, COMUNIDAD DE PAZ
“Al comenzar el nuevo año deseo hacer llegar a los hombres y mujeres de todo el mundo mis fervientes
deseos de paz, junto con un caluroso mensaje de esperanza.”
Así comenzaba el mensaje que Su Santidad dio a conocer este año para la Jornada Mundial de la Paz.
Tras poner de relieve que “la familia es la primera e insustituible educadora de la paz”, recuerda que “es
también fundamento de la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por
consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia”.
“La comunidad social, para vivir en paz, está llamada a inspirarse también en los valores sobre los que se
rige la comunidad familiar”, señaló.
Al referirse a la “familia, comunidad humana y medio ambiente”, el Papa dijo que la tierra es la casa de la
familia humana, y en este contexto subraya la necesidad de “cuidar el medio ambiente”, que “ha sido
confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como
criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano está por encima de toda la
creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más
importante que el hombre”.
Benedicto XVI expresó que “una familia vive en paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma
común: esto es lo que impide el individualismo egoísta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su
coexistencia armoniosa y la laboriosidad orgánica”.
El Papa recordaba que “la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo
VI, y retomada con gran convicción por mi amado y venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, ha
ofrecido a la Iglesia a lo largo de los años, la oportunidad de desarrollar, a través de los Mensajes
publicados con este motivo, una doctrina orientadora a favor de este bien humano fundamental”.
Su Santidad concluía el Mensaje afirmando que “los cristianos, por su parte, saben que pueden confiar en
la intercesión de la que, siendo la Madre del Hijo de Dios que se hizo carne para la salvación de toda la
humanidad, es Madre de todos”.
IGLESIA ARGENTINA
MENSAJE
LA NACION REQUIERE GESTOS DE GRANDEZA
Reunión Extraordinaria de la
Comisión Permanente de la
Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 5 de junio de 2008
BOLETÍN OFICIAL -
2
ARZOBISPADO DE MENDOZA
1. La Comisión Permanente del Episcopado Argentino se ha reunido con motivo de la
grave situación planteada por el prolongado conflicto entre el sector agropecuario y el
Gobierno Nacional. Deseamos, con nuestra palabra y nuestra acción pastoral contribuir al
fortalecimiento de la paz social y de la democracia.
Nos sentimos obligados a preguntarnos nuevamente, y con dolor: ¿nuestras relaciones
seguirán marcadas por la confrontación? ¿Una vez más nuestra vida social estará signada
por la fragmentación y el enfrentamiento? ¿Seremos incapaces de fundamentar nuestros
vínculos en un diálogo sincero y constructivo? ¿No hemos aprendido nada de nuestra
historia?
2. Es preciso que tomemos conciencia de que situaciones como ésta que vivimos nos
menoscaban como comunidad, nos aíslan del mundo y en definitiva perjudican
especialmente a los más pobres. Es más, este conflicto ha puesto de manifiesto falencias
profundas de nuestra vida republicana. La persistencia misma del conflicto y la aparente
imposibilidad de resolverlo constituyen un signo de debilidad institucional; son una
prueba del escaso aprecio que, como sociedad, otorgamos a la importancia y dignidad de
la acción política como el ámbito propio para la superación de las diferencias y el
afianzamiento de la amistad social.
3. Consideramos que la solución sólo puede encaminarse mediante gestos de grandeza y
una vigencia aún más plena de las instituciones de la República. Como ya hemos
señalado, “tenemos que promover el verdadero federalismo, que supone el
fortalecimiento institucional de las provincias, con su necesaria y justa autonomía
respecto del poder central” (93º Asamblea Plenaria).
No es propio de los poderes públicos empeñarse como parte en los conflictos, sino
abocarse a su solución como principales responsables del bien común de acuerdo a las
funciones que a cada uno de ellos les atribuye la Constitución Nacional. La efectiva
independencia de los poderes legislativo y judicial es un punto clave de la plena vigencia
del estado de derecho.
4. Como nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia: “Quienes tienen responsabilidades
políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación que
consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los
problemas sociales. En esta perspectiva una autoridad responsable significa también una
autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder
con espíritu de servicio: paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad”
(Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 410).
5. Por otra parte, aunque hubieran reclamos justos, no es en las calles ni en las rutas
donde solucionaremos nuestros problemas. Pedimos, por ello, encarecidamente al
Gobierno de la Nación que convoque con urgencia a un diálogo transparente y
constructivo, y a los sectores en conflicto que revean las estrategias de reclamo. Ni la
moderación en las demandas, ni la magnanimidad en el ejercicio del poder son signos de
debilidad.
6. Es necesario que los habitantes de esta tierra bendecida abundantemente por la
Providencia hagamos un profundo examen de conciencia y nos decidamos a obrar como
ciudadanos responsables. Pensemos más en qué podemos aportar a la Patria y no tanto en
qué tiene que darnos el país. Todavía son muchos los hermanos que viven en pobreza y
exclusión y que esperan de todos los argentinos un compromiso firme y perseverante por
la justicia y la solidaridad.
7. En los momentos difíciles los cristianos experimentamos más intensamente la
necesidad de la oración, de decirle a Jesucristo, Señor de la Historia: “Precisamos tu
alivio y fortaleza, queremos ser Nación”. Para lograrlo, “concédenos la sabiduría del
diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda”.
BOLETÍN OFICIAL -
3
ARZOBISPADO DE MENDOZA
Exhortamos a nuestros compatriotas a acompañar la oración con un gesto de
desprendimiento en favor de nuestros hermanos más necesitados.
Ponemos este mensaje en las manos y en el corazón de nuestra Madre de Luján,
pidiéndole que una vez más interceda por nosotros y acompañe el camino de las
autoridades, de los dirigentes de los diversos sectores y de todo el pueblo argentino.
HACIA UN BICENTENARIO EN JUSTICIA Y SOLIDARIDAD
(2010-2016)
96ª Asamblea Plenaria
Conferencia Episcopal Argentina
El Cenáculo – la Montonera (Pilar), 14 de noviembre de 2008
1. Los Obispos de la Argentina, nos dirigimos a todos nuestros hermanos que habitan esta bendita
tierra. Les escribimos desde nuestra fe como discípulos y misioneros de Jesucristo, “rostro humano de
Dios y rostro divino del hombre”1, porque “la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo
tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia,
todas las personas, todos los ambientes y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar
extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia de la fe, que Jesucristo es la
respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de
la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas
en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso,
todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por
Dios”.2
Aportes para una nueva Nación
2. Muchos signos nos hacen pensar que está por nacer un país nuevo, aunque todavía no acaba de tomar
forma. En los últimos años, gracias al diálogo, hemos vivido aprendizajes cívicos importantes. De
manera institucional, logramos salir de una de las crisis más complejas de nuestra historia. Elegimos
la no-violencia y se establecieron programas específicos para el cuidado de los más débiles. La
experiencia histórica nos ha demostrado que por el camino de la controversia se profundizan los
conflictos, perjudicando especialmente a los más pobres y excluidos.
3. A partir de las crisis vividas, ya nadie cuestiona la necesidad de un Estado activo, transparente, eficaz
y eficiente. Crecimos en la promoción de los derechos humanos, aunque todavía debemos avanzar en
su concepción integral, que abarque a la persona humana en todas sus dimensiones, desde la
concepción hasta la muerte natural3. También maduramos en la aceptación del pluralismo, que nos
enriquece como sociedad, aunque todavía persisten resabios de antiguas intolerancias.
4. Por otro lado, hemos tomado conciencia que no hay democracia estable sin una sana economía y una
justa distribución de los bienes4, aunque entre todos debemos seguir trabajando a fin de hacerla
realidad y que no quede sólo en una consigna o en un plano teórico o meramente emotivo5.
Asimismo, reconocemos la importancia estratégica de la educación, de la producción y del desarrollo
local, de la urgencia de generar trabajo y de la necesidad de recobrar la auténtica cultura de la
laboriosidad.
5. Con vistas al Bicentenario 2010-2016, creemos que existe la capacidad para proyectar, como
prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos. Anhelamos poder
1
EA 67
DA 380
3
CDSI, 154
4
ICN, 129
5
DA, 397.
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico,
depende de cada uno de argentinos. “La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Podemos
preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos
acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de
nuestro quehacer?”6. No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es,
primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial y requiere que
nos decidamos a un mayor compromiso ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el camino del
diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros
hermanos más pobres y excluidos.
6. Precisamente porque estamos alentando al diálogo, no pretendemos ofrecer una propuesta exhaustiva
y detallada para resolver los problemas actuales del país. Más bien expresamos la necesidad de buscar
acuerdos básicos y duraderos, mediante un diálogo que incluya a todos los argentinos. Tampoco
queremos caer en reduccionismos y simplificaciones sobre cuestiones que requieren el aporte de
muchos, y valoramos como un don la pluralidad de miradas sobre la cuestión social y política. No
obstante, como hombres de fe y pastores de la Iglesia, hacemos nuestros aportes sabiendo que “la
evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana”7.
Por eso nos animamos a compartir nuestros anhelos y preocupaciones.
La celebración del Bicentenario (2010-2016)
7. El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad para
nuestra patria. El 9 de julio de 1816, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América se
reunieron en la ciudad de San Miguel de Tucumán y declararon la independencia nacional. Estamos
agradecidos por nuestro país y por las personas que lo forjaron, y recordamos la presencia de la
Iglesia en aquellos momentos fundacionales.
8. Cuando se celebró el primer Centenario de estos grandes acontecimientos, nuestra Nación aparecía en
el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora. Hoy, en vísperas de la
celebración del Bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales. “Nos sentimos heridos y
agobiados... Pero queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el
compromiso por el bien común”.8
9. Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos
impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se
enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza.
Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para
valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el
camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.
10. En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la
búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el
interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia,
el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los
brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana9. Estos valores tienen su
origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un
nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina.
CEA, “Afrontar con grandeza nuestra situación actual”, 80° Asamblea Plenaria, 11de
noviembre de 2000
7
DI, 3
8
Conferencia Episcopal Argentina, Oración por la Patria, 2001
9
ICN, 197; NMA 28
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
Juntos para un nuevo proyecto de país
11. Acercándonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra
libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como
Nación si reafirmamos nuestra identidad común. En esta búsqueda del bienestar de todos,
necesitamos dar pasos importantes para el desarrollo integral. Pero cuando priman intereses
particulares sobre el bien común, o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la
justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus
diversas manifestaciones.
12. No obstante, nuestra mirada es esperanzada. “Los cristianos somos portadores de buenas noticias para
la humanidad y no profetas de desventuras”10. Creemos estar ante una oportunidad única. Podemos
aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses
egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen.
13. ¿Por qué hablar de un proyecto de país? Hay una opinión generalizada sobre la necesidad de
establecer políticas públicas que, tomando como fundamento nuestra Constitución Nacional,
propicien un desarrollo federal, sano y armónico de la Argentina. Esta no es una preocupación nueva.
Forma parte del pensamiento y del servicio histórico de la Iglesia: “no hay democracia posible sin una
leal convergencia de aspiraciones e intereses entre todos los sectores de la vida política con miras a
armonizar el bien común, el bien sectorial y el bien personal, buscando una fórmula de convivencia y
desarrollo de la pluralidad dentro de la unidad de objetivos fundamentales”11.
14. No es realista pretender un proyecto definitivamente estable, que no requiera ulteriores
modificaciones, porque las necesidades cambiantes exigirán las debidas adaptaciones. Pero es
indispensable procurar consensos fundamentales que se conviertan en referencias constantes para la
vida de la Nación, y puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno.
15. Desde ellos, se deberían institucionalizar las necesarias políticas públicas para el crecimiento de toda
la comunidad. Instalarlas requiere la participación y el compromiso de los ciudadanos, ya que se trata
de decisiones que no deben ser impuestas por un grupo, sino asumidas por cada uno, mediante el
camino del diálogo sincero, respetuoso y abierto. Nadie puede pensar que el engrandecimiento del
país sea fruto del crecimiento de un solo sector, aislado del resto.
Un nuevo acuerdo sobre políticas públicas
16. Como muchas veces hemos dicho, el diálogo es esencial en la vida de toda familia y de cualquier
construcción comunitaria. El que acepta este camino amplía sus perspectivas. Gracias a la opinión
constructiva del otro, descubre nuevos aspectos y dimensiones de la realidad, que no alcanzaría a
reconocer en el aislamiento y la obstinación.
17. Necesitamos aceptar que toda democracia padece momentos de conflictividad. En esas situaciones
complejas, alimentar la confrontación puede parecer el camino más fácil. Pero el modo más sabio y
oportuno de prevenirlas y abordarlas es procurar consensos a través del diálogo.
18. Sólo el diálogo hará posible concretar los nuevos acuerdos para proyectar el futuro del país y un país
con futuro. Ello es fundamental en este tiempo, donde la crisis de la economía global implica el
riesgo de un nuevo crecimiento de la inequidad, que nos exige tomar conciencia sobre la “dimensión
social y política del problema de la pobreza”12. En este sentido, la promoción de políticas públicas es
una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos. Ratificar y potenciar la
opción del amor preferencial por los pobres13 que brota de nuestra fe en Jesucristo14, “requiere que
10
11
12
13
DA, 30
ICN, 127
CDSI, 184
DA, 396
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
socorramos las necesidades urgentes y al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos e
instituciones para organizar estructuras más justas. Igualmente se requieren nuevas estructuras que
promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el
diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales”15. Creemos que estamos ante un
momento oportuno para promover entre todos un auténtico acuerdo sobre políticas públicas de
desarrollo integral.
19. Pero nunca llegaremos a la capacidad de dialogar sin una sincera reconciliación. Se requiere renovar
una confianza mutua que no excluya la verdad y la justicia. Las heridas abiertas en nuestra historia,
de las cuales también nos sentimos responsables, pueden cicatrizar si evitamos las parcialidades.
Porque mientras haya desconfianzas, éstas impedirán crecer y avanzar, aunque las propuestas que se
hagan sean técnicamente buenas. Todos debemos ser co-responsables de la construcción del bien
común. Por ello, hay que sumar en lugar de restar. Importa cicatrizar las heridas, evitar las
concepciones que nos dividen entre puros e impuros, y no alentar nuevas exasperaciones y
polarizaciones16, para no desviarnos del gran objetivo: contribuir a erradicar la pobreza y la exclusión.
Por eso, soñamos con un Bicentenario de la reconciliación y de la unidad de los argentinos.
¿Qué estilo de liderazgo necesitamos hoy?
20. En este tiempo necesitamos tomar conciencia de que “los cristianos, como discípulos y misioneros de
Jesucristo, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de
Cristo que nos llama a servirlo en ellos”17. Para nosotros, este es el verdadero fundamento de todo
poder y de toda autoridad: servir a Cristo, sirviendo a nuestros hermanos.
21. En un cambio de época, caracterizado por la carencia de nuevos estilos de liderazgo, tanto sociales y
políticos, como religiosos y culturales, es bueno tener presente esta concepción del poder como
servicio. Como Iglesia, este déficit nos cuestiona. En un continente de bautizados, advertimos la
notable ausencia, en el ámbito político, comunicacional y universitario, de voces e iniciativas de
líderes católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación, que sean coherentes con sus
convicciones éticas y religiosas18.
22. Por eso, es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al
bien común.19 Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente ha de ser ante todo un testigo. El
testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una
comunidad. Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la
persona y de la sociedad20. No habrá cambios profundos si no renace, en todos los ambientes y
sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso
social y político. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la
mera gestión de las urgencias. Recordemos algunos valores propios de los auténticos líderes: la
integridad moral, la amplitud de miras, el compromiso concreto por el bien de todos, la capacidad de
escucha, el interés por proyectar más allá de lo inmediato, el respeto de la ley, el discernimiento
atento de los nuevos signos de los tiempos y, sobre todo, la coherencia de vida.
23. Alentamos a los líderes de las organizaciones de la sociedad a participar en “la reorientación y
consiguiente rehabilitación ética de la política”21. Les pedimos que se esfuercen por ser nuevos
dirigentes, más aptos, más sensibles al bien común, y capacitados para la renovación de nuestras
14
Cf. DI, 3; DA, 393-394
DA, 384.
16
DA, 534
17
DA, 393
18
DI, 4
19
ChL, 42; CDSI, 410.
20
Cf DA, 394
21
DA, 403a
15
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
instituciones22. También queremos reconocer con gratitud a quienes luchan por vivir con fidelidad a
sus principios. Y a los educadores, comunicadores sociales, profesionales, técnicos, científicos y
académicos, que se esfuerzan por promover una concepción integral de la persona humana. A todos
ellos, les pedimos que no bajen los brazos, que reafirmen su dignidad y su vocación de servicio
constructivo. Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es recuperar el valor de toda sana
militancia.
Nuevas angustias que nos desafían
24. En el actual cambio de época, emerge una nueva cuestión social. Aunque siempre tuvimos
dificultades, hoy han surgido formas inéditas de pobreza y exclusión23. Se trata de esclavitudes
modernas que desafían de un modo nuevo a la creatividad, la participación y la organización del
compromiso cristiano y ciudadano. Como señala el Documento de Aparecida, hoy los excluidos no
son solamente “explotados” sino que han llegado a ser “sobrantes y desechables”24. La persona
humana nunca puede ser instrumento de proyectos de carácter económico, social o político25. Por ello,
ante todo queremos reafirmar que nuestro criterio de priorización será siempre la persona humana,
que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad26. La Iglesia quiere ser
servidora de la “dignidad infinita” de cada persona27 y de todos los seres humanos. Ello nos lleva a
“contemplar los nuevos rostros de quienes sufren”28.
25. La nueva cuestión social, abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas
humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia. “Se
desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios”29. Los nuevos
fenómenos “a menudo afectan a ambientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero
expuestos a la desesperación del sin sentido de la vida, a la insidia de la droga, al abandono en la edad
avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social”30. Ello se manifiesta, por
ejemplo, en el crecimiento del individualismo y en el debilitamiento de los vínculos personales y
comunitarios31. Nos preocupan especialmente las graves carencias afectivas y emocionales32.
Contemplamos un gran anhelo de encontrar razones para la existencia33. La deuda social es también
una deuda existencial de crisis del sentido de la vida: “se puede legítimamente pensar que la suerte de
la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir”34. Ello nos debería interpelar a
todos e invitarnos a discernir y promover nuevos vínculos de pertenencia y convivencia y nuevos
estilos de vida más fraternos y solidarios.
26. Además, la situación actual del país y de la economía global nos demuestra que el desarrollo no se
limita al simple crecimiento económico35. Reconocemos una recuperación en la reducción de los
niveles de pobreza e indigencia después de la crisis de 2001-2002. Pero también es verdad que no se
ha logrado reducir sustancialmente el grado de la inequidad social. Junto a una mejora en los índices
de desempleo, el flagelo del trabajo informal sigue siendo un escollo agobiante para la real promoción
de millones de argentinos.
CEA, “Afrontar con grandeza nuestra situación actual”, 80ª Asamblea Plenaria, 11de
noviembre de 2000
23
SRS 15
24
DA 65
25
CDSI, 133
26
CDSI 105
27
DA 388
28
Cf DA, 65
29
DA 44
30
NMI 50
31
DA, 44
32
DA, 444
33
DA, 53
34
GS, 31
35
PP 14
22
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
27. Es grave la situación de la educación en nuestra patria. Constituye un bien público prioritario muy
deteriorado, tanto por los magros resultados en el aspecto instructivo como en la ausencia de un
horizonte trascendente de la misma. Nos hallamos ante una profunda emergencia educativa que, en
caso de no revertirse con inteligencia y celeridad, gravitará negativamente en el porvenir de las
jóvenes generaciones.
28. Nos preocupa la subsistencia del gravísimo problema del endeudamiento del Estado. Los pagos de la
deuda externa constituyen un rubro estructural del gasto público y condicionan gravemente los
esfuerzos que debieran realizarse para saldar la deuda social.
29. Lamentablemente no se ha podido erradicar un histórico clima de corrupción. Tampoco el mal del
clientelismo político, alimentado por la distribución de subsidios que no siempre llegan a los que
menos tienen. En muchos casos continúa la marginación de los aborígenes y de los inmigrantes
pobres. Es particularmente preocupante la situación de los adolescentes y jóvenes que no estudian ni
trabajan, a los que la pobreza les dificulta el desarrollo integral de sus capacidades, quedando a
merced de propuestas fáciles o escapistas. Es escandaloso el creciente consumo de drogas que hace
estragos cada vez a más temprana edad. En todo el país se ha multiplicado la oferta del juego. La
población se ve afectada por la violencia y la inseguridad que se manifiestan de variadas maneras.
30. En tiempos recientes, especialmente en la crisis de la última década, hubo numerosas iniciativas en
diversos sectores de la sociedad, cuya experiencia puede ayudar a la construcción de un nuevo
proyecto de país. Se propusieron variados temas en orden al desarrollo integral de todos y a la
superación de los males de nuestra Nación. En particular recordamos la inmensa tarea iniciada en
aquellos días por las mesas del Diálogo Argentino. Pero hoy, especialmente en medio de la actual
crisis de la economía global, una vez más necesitamos discernir los caminos para superar las nuevas
angustias que nos desafían. Debemos enfrentar estos desafíos confiando en las reservas morales y en
los profundos valores que son el sustento de nuestra convivencia, porque la falta de verdad despierta
profunda desconfianza y termina dañando el tejido social.
Metas a alcanzar a la luz del Bicentenario
31. Los dramas que hemos descrito y que afectan fundamentalmente a los más desprotegidos, están
íntimamente relacionados con profundas carencias morales y estructurales. Por eso, a la luz del
principio de la dignidad inviolable de cada ser humano y de una concepción integral de la persona,
nos parece imperioso proponer, con vistas al Bicentenario de la Nación, algunas metas que estimamos
prioritarias para la construcción del bien común:
32. Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. Todo lo dicho será siempre
provisorio y frágil, sin una educación y una legislación que transmitan una profunda convicción
moral sobre el valor de cada vida humana. Nos referimos a la vida de cada persona en todas sus
etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Especialmente pensamos en la vida de los
excluidos e indefensos. También en la vida de las familias, lugar afectivo en el que se generan los
valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado. Allí se ilumina la vida afectiva
privada y promueve el compromiso adulto con la vida pública y el bien común. Alentamos a las
familias a participar y organizarse como protagonistas de la vida social, política y económica36.
33. Avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo. Una amistad social que
incluya a todos, es el punto de partida para proyectarnos como comunidad, desafío que no hemos
logrado construir en el transcurso de nuestra vida nacional. “Es necesario educar y favorecer en
nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, de cooperación
e integración”37.
34. Alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables. El habitante hace uso de la Nación, busca
beneficios y sólo exige derechos. El ciudadano construye la Nación, porque además de exigir sus
36
37
CDSI 246-249
DA 535
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
derechos, cumple sus deberes38. Hay una carencia importante de participación de la ciudadanía como
agente de transformación de la vida social, económica y política. Los argentinos hemos perdido el
miedo a la defensa de nuestros derechos, pero la participación ciudadana es mucho más que eso. El
verdadero ciudadano intenta cumplir todos los deberes derivados de la vida en sociedad.
35. Fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad. Aunque a
veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de
las instituciones de la Constitución, cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social.
Resulta imprescindible asegurar la independencia del poder judicial respecto del poder político y la
plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia. La calidad
institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión social. Asimismo, debemos fortalecer a
las organizaciones de la sociedad.
36. Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia. Es imperioso dar pasos para concretar la
indispensable y tan reclamada reforma política. También para afianzar la orgánica vitalidad de los
diversos partidos y para formar nuevos dirigentes, reconociendo que las estructuras nuevas no
producirán cambios significativos y estables sin dirigentes renovados, forjados en el aprecio y el
ejercicio constante de los valores sociales. Sobre todo, es imprescindible lograr que toda la ciudadanía
pueda tener una mayor participación en la solución de los problemas, para que así se supere el recurso
al reclamo esporádico y agresivo y se puedan encauzar propuestas más creativas y permanentes. De
este modo construiremos una democracia no sólo formal, sino real y participativa.
37. Afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes.
Urge otorgar capital importancia a la educación como bien público prioritario, que genere inclusión
social y promueva el cuidado de la vida, el amor, la solidaridad, la participación, la convivencia, el
desarrollo integral y la paz. Una tenaz educación en valores y una formación para el trabajo, unidas a
claras políticas activas, generadoras de trabajos dignos, será capaz de superar el asistencialismo
desordenado, que termina generando dependencias dañinas y desigualdad.
38. Implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral. Es necesario concretar un
programa agropecuario y agroindustrial a nivel nacional, que integre en la vida del país todo lo que
está vinculado a nuestra tierra. Cabe apreciar la histórica importancia del campo en el crecimiento de
nuestra sociedad y, a su vez, incorporar todos los avances tecnológicos con pleno respeto del medio
ambiente. Por otra parte, se ha de alentar el desarrollo de las comunidades de los pueblos originarios
y de las familias minifundistas, favoreciendo el derecho a la propiedad de la tierra que habitan y
trabajan. Es prioritario apoyar la investigación y la inclusión científica y tecnológica de los diversos
sectores en favor de las personas y de la sociedad.
39. Promover el federalismo, que supone la necesaria y justa autonomía de las Provincias y sus
Municipios con relación al poder central, no sólo referida al gobierno de esas jurisdicciones sino
también a la coparticipación de los recursos. Esta autonomía entraña la promoción de las economías
regionales y la igualdad en las condiciones de vida, y también el acceso a las libertades y derechos,
especialmente en lo que respecta a la educación, a la salud, al trabajo y a la vivienda digna.
40. Profundizar la integración en la Región. En estos tiempos que vivimos es tarea prioritaria revalorizar
la integración regional, por ejemplo en el MERCOSUR, y también global, en el contexto de la
creciente interdependencia de las naciones, conscientes que “los retrasos en la integración tienden a
profundizar la pobreza y las desigualdades”39.
CEA, “La Doctrina Social de la Iglesia. Una luz para reconstruir la Nación”, 90ª Asamblea
Plenaria, 11 de noviembre 2005
39
DA, 528
38
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
Conclusión
41. Les hemos escrito estas reflexiones con espíritu constructivo, sin dejar de interrogarnos sobre nuestras
propias responsabilidades. Lo hacemos desde la fe en Jesucristo “que es la respuesta total,
sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, la justicia y la belleza” 40.
Tenemos siempre presente al Señor Jesús, que se angustió hasta las lágrimas cuando algunos en su
tierra no aceptaban el mensaje de paz que él les ofrecía41. Le pedimos que los argentinos, todos
juntos, podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al Continente e
integrada en el mundo. Nos acogemos a María Santísima, nuestra querida Madre de Luján, para que
ofrezca esta sentida súplica a Aquel que es “el Camino, la Verdad y la Vida“42.
IGLESIA DIOCESANA
NUEVO OBISPO AUXILIAR
Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva
El 16 de julio de 2008, Su Santidad Benedicto XVI, designó al Pbro. Lic. Sergio Osvaldo Buenanueva,
Obispo Titular de Rusubiccari y Auxiliar de Mendoza.
Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva nació en el departamento de San Martín, el 19 de diciembre de 1963.
Es hijo de Saturnino Buenanueva y Orlanda Celia Moscetta.
Realizó sus estudios primarios en la Escuela “Gral. San Martín” y cursó hasta 3º año de estudios
secundarios en la Escuela “José Manuel Estrada” de San Martín, ya que en 1980 ingresó al Seminario
menor que funcionaba en la Parroquia “San Vicente Ferrer” de Godoy Cruz, bajo la guía del recordado P.
Juan Tomazic.
En 1982 inició sus estudios filosóficos en el recién reabierto Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora
del Rosario”, y en 1985 comenzó los estudios teológicos en el Seminario Mayor “Nuestra Señora de
Loreto”, Córdoba.
El 15 de diciembre de 1989, recibió el sagrado orden del diaconado camino al presbiterado, junto a su
padre, quien fue ordenado diácono permanente. El 28 de setiembre de 1990, fue ordenado presbítero por
el entonces Arzobispo de Mendoza, Mons. Cándido G. Rubiolo.
En 1992 comenzó a dictar clases en el Seminario de Mendoza. Más tarde fue designado Formador y
Profesor de Teología de esa casa de estudios (1993).
En agosto de 1995 viajó a Roma para realizar estudios superiores en Teología, licenciándose en Teología
Dogmática el 15 de junio de 1997. A su regreso fue designado Director de estudios del Seminario (1998),
y a fines de ese año, Mons. José María Arancibia lo designó Rector de dicho instituto.
A lo largo de estos años, ha desempeñado varias tareas y encargos pastorales: colaboró como Director de
estudios en la dirección de la Escuela Arquidiocesana de Ministerios; fue Moderador de la Cuasi
parroquia “Virgen de Urkupiña y Mártires rioplatenses”; miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio
de Consultores; trabajó en el Secretariado de Comunicación Social, y como Vocero en la Oficina de
Prensa del Arzobispado. Formó parte del Equipo de Formación permanente del Clero, y junto a otros
sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, tomó parte en el proceso de renovación eclesial y pastoral,
colaborando en la redacción del Plan Diocesano de Pastoral.
El jueves 25 de septiembre de 2008, en la capilla mayor del Seminario Arquidiocesano, Mons. José María
Arancibia, presidió la ceremonia en la que Mons. Buenanueva realizó su Profesión de fe y Juramento de
fidelidad. En este emotivo acto el nuevo Obispo Auxiliar de Mendoza, pronunció en latín cada una de las
verdades contenidas en el Símbolo de la Fe. Los asistentes pudieron seguir la lectura en un texto en
español.
Mons. Arancibia en sus palabras, destacó la preparación de toda la Iglesia en Mendoza por esta
Ordenación Episcopal, y como ofrenda se dejó junto al altar el óleo con que será ungido el nuevo obispo,
así como también el anillo, la mitra y el báculo. Se pidió por el futuro Obispo, invocando a Dios, nuestro
40
DA, 380
Lc 19,42
42
Cf Jn 14,6
41
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
refugio y nuestra fortaleza, para que con la ayuda del Espíritu del Señor, cumpla hasta la muerte el oficio
pastoral recibido de los Apóstoles, anuncie con fidelidad y constancia el Evangelio de Jesucristo, y reciba
el don de la irresistencia, para que Dios complete en él la obra comenzada.
El sábado 27 de septiembre, en el Santuario "Nuestra Señora de Lourdes" de El Challao, tuvo lugar la
ceremonia, en la que Mons. Arancibia le confirió el Sagrado Orden Episcopal. Actuaron como coconsagrantes Mons. Rafael E. Rey, obispo emérito de Zárate-Campana, y Mons. José A. Rovai, obispo de
Villa María. Participaron también los obispos de la región pastoral de Cuyo y otras diócesis del país.
Ante cientos de fieles, religiosas, religiosos y todo el clero de Mendoza, el P. Sergio fue ungido con el
santo crisma, y recibió los Evangelios y las insignias de su oficio: el anillo, expresión de su desposorio
con la Iglesia, la mitra, que indica la llamada a la santidad, y el báculo, que expresa su ser pastor del
rebaño de Cristo.
Luego del momento central de los ritos de ordenación fue invitado a ocupar el primer lugar entre los
obispos concelebrantes, junto a nuestro Arzobispo.
Afectuosas y cercanas fueron las palabras que Mons. Arancibia dirigió al pueblo y especialmente al
nuevo obispo en su homilía. "Desde hoy, el pueblo de Dios, te reconocerá como obispo, con fe auténtica y
sencilla. Te manifestarán respeto y cariño. Podrás acompañar a muchos que aguardan tu amor sincero,
paciente y paternal", expresó.
Después de la comunión, Mons. Buenanueva, recorrió el Santuario bendiciendo a toda la asamblea, y
posteriormente pronunció su saludo final, haciendo memoria agradecida por todas aquellas personas que
guiaron e iluminaron su camino en la fe, y le permitieron crecer y madurar la propia vida, vocación y
misión.
Homilía de Mons. Arancibia:
1. Un nuevo llamado de Dios, en la Iglesia: Querido hermano Sergio: Dios te ha llamado de nuevo a
servirlo. Tu respuesta ha sido pronta y generosa. Como aquella de los apóstoles a Jesús. Estamos
contentos y agradecidos por ello. Esta Iglesia diocesana de Mendoza, ha rezado por ti desde tu
designación como Obispo Auxiliar, y hoy te acompaña con afecto y esperanza.
Siendo muy joven, experimentaste la atracción misteriosa de Dios hacia el sacerdocio. Desde entonces, la
maduraste durante años en tu corazón, como gracia divina, y ayudado por la Iglesia a través de tu familia,
tu parroquia, los sacerdotes, el Seminario. Como Moisés, sentiste que el Señor te llamaba por tu nombre,
porque quería ser tu amigo, y enviarte a guiar a su pueblo. Tuviste confianza en Él. Sabías que iría
siempre contigo, delante y detrás. Así lo hemos escuchado y creído, en la Palabra proclamada. Con esa
convicción te preparaste, y luego pediste, la ordenación presbiteral. La Iglesia te aceptó confirmando el
llamado, y el obispo te impuso las manos, para que -por la gracia del Orden- fueras su colaborador para
siempre. A partir de entonces, estás ungido y consagrado, para ser signo e instrumento de Cristo, Cabeza
y Pastor de su Iglesia (cf PDV 12)
Ahora la experiencia del llamado ha sido muy diversa. Después de años de ministerio, la Iglesia te ha
considerado apto para recibir la plenitud del sacerdocio, aunque nunca hayas aspirado a esta “noble
función de presidir la comunidad” (1 Tim 3,1). Esta vez, no has discernido por vos mismo tu propia
vocación, sino que has sido elegido y convocado por iniciativa de la misma Iglesia. Este segundo
llamado, no ha sido un deseo propio de tu corazón, sino una convocatoria del Señor, a través de su Iglesia,
de la cual sólo Él es Cabeza, Esposo, y supremo Pastor. Por eso, la alegría que tuviste de aspirar al
sacerdocio, se convierte esta vez en apertura, disponibilidad y confianza en la misma Iglesia, para ser
ungido en el primer grado del Orden, y para ir a servir donde ella te mande.
2. Sentimientos encontrados en el corazón: Bien comprendemos entonces, que estés viviendo
sentimientos contrarios en tu corazón. Por un lado, de debilidad y pobreza; por otro, de asombro por la
maravilla de la gracia de Dios, que no merecemos. Como Pablo, seguramente dirás de este día: “... me
presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante” (1 Cor 2,3). Aunque en la misma carta, el apóstol se
muestra como “hermano” de todos; es decir cercano y afectuoso; sin otro poder que el otorgado por el
Espíritu; y sin más sabiduría que la de Cristo crucificado. De su propia vocación afirma, lo que cualquiera
de nosotros puede decir: “... Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo
que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes” (1 Cor 1,27).
BOLETÍN OFICIAL - 12
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Cuando se publicó tu nombramiento, un anciano obispo, antiguo profesor tuyo y mío, te dijo que tendrías
que sufrir mucho. Predicción que quizás haya agobiado aún más tu sensación de debilidad. Pero ésta es la
experiencia de todo llamado divino; de todo cristiano, a partir de su bautismo en la muerte y resurrección
de Cristo (cf Rom 6,4-5). Más aún de cada apóstol, que ha de ser testigo privilegiado de la pascua
redentora de Jesús: “Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de
Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal” (2 Cor 4,11). Por ese
motivo, bien te invitaba aquel amigo obispo, a tener actitudes como las que confiesa Pablo en el texto
leído de los Hechos (Hech 20,17-31): “servir al Señor con humildad”, y aún con lágrimas; cumplir ante
todo la carrera y la misión recibida del Señor Jesús: que es anunciar su Evangelio; apacentar la Iglesia,
que Él adquirió con su propia sangre.
3. La Palabra será siempre tu báculo seguro: Padre Sergio: te conocemos como un amante de la
Palabra de Dios. Un estudioso, un orante y un buen predicador. Por eso te estamos alentamos una y otra
vez, con palabras de la Biblia. ¡Todos necesitamos de la luz y de la fuerza que de allí provienen!
Enseguida te entregaré el báculo, signo del pastor; pero antes de comenzar a usarlo, conviene que
confirmes tu decisión de apoyarte siempre en la Palabra. Así lo sentía un sabio y santo obispo de los
primeros siglos: “Tengo en mis manos Su Palabra. Éste es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi
puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta Palabra escrita que llevo conmigo, porque
ella es mi defensa. ¿Que me dice? Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (san Juan
Crisóstomo).
Del Papa Gregorio Magno, tenemos una máxima bellísima: “El predicador debe mojar su pluma en la
sangre de su corazón; así podrá llegar también al oído del prójimo”. Me atrevo a interpretarla, pensando
que el Evangelio ha de ser primero meditado y vivido, hasta con el sufrimiento personal, para luego ser
predicado con frutos. Pero también, que la predicación debe brotar de un corazón, que ama a Jesús y a su
Palabra; que ama con entrañas de misericordia a todos sus hijos y hermanos, y por eso llega a sus oídos, y
hasta su mismo corazón.
4. Pablo educa para apacentar y servir con mucho amor: En este año dedicado a san Pablo, he
buscado en su ejemplo y testimonio las palabras que te dispongan a recibir, como don, un afecto pastoral
que desborde tu corazón; que te colme de alegría y esperanza. Lo necesitarás de veras. Lo precisamos
todos los que compartimos el servicio pastoral en esta diócesis. Así lo hemos reconocido con toda
franqueza, y lo hemos suplicado a Dios, en nuestros últimos encuentros de clero.
En las cartas paulinas, el amor es ante todo una experiencia singular de su encuentro con el Señor. “...
¿qué diremos? –se pregunta en la carta va los Romanos-. Si Dios está por nosotros ¿quién contra
nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará con él graciosamente todas las cosas? ... ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?,
¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre? ... criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios
manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 8, 31.35.39).
Desde esa experiencia profunda del amor de Dos, de la que nada ni nadie puede apartarlo, Pablo vive
intensamente su misión pastoral. Sus expresiones son tan afectuosas y genuinas, que quiero pronunciarlas
en voz alta, para compartirlas contigo, y hacerlas nuestras, en este ocasión providencial:
En sus primeras cartas escribe: “... fuimos tan condescendientes con ustedes, como una madre que
alimenta y cuida a sus hijos. Sentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no
solamente la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos” (1
Tes 2.7-8). Y más adelante: “Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos
los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes” (1 Tes 3,12).
A los corintios les dice: “No les escribo estas cosas para avergonzarlos, sino para reprenderlos como a
hijos muy queridos. Porque, aunque tengan diez mil preceptores en Cristo, no tienen muchos padres: soy
yo el que los ha engendrado en Cristo Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia” (1 Cor 4,1415). Y al terminar esa carta anota: “Yo los amo a todos ustedes en Cristo Jesús” (1 Cor 16,24). Aunque
con mucha pena, en la segunda carta, debe reprocharles: “Les hemos hablado, corintios, con toda
franqueza y hemos abierto completamente nuestro corazón. En él hay cabida para todos ustedes; en
cambio, en el de ustedes no la hay para nosotros (2 Cor 6,11-12). Con dolor confiesa, pues, que no se
siente querido por la comunidad que tanto ama. Y a otra comunidad que también lo hizo sufrir, la
reprende con cariño: “¡Hijos míos, por quienes estoy sufriendo nuevamente los dolores del parto hasta
que Cristo sea formado en ustedes! Ahora mismo desearía estar allí para hablarles de otra manera, porque
ya no sé cómo proceder con ustedes” (Gal 4,19-20).
BOLETÍN OFICIAL - 13
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De los filipenses se despide con esta recomendación cariñosa: “Por eso, hermanos míos muy queridos, a
quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en
el Señor” (Flp 4,1). El corazón del apóstol está lleno del amor de Cristo, por el cual se entrega por entero
a sus hijos “queridos”; así los llama con frecuencia. Si bien ese “amor está crucificado”, primero en Jesús,
al decir de san Ignacio de Antioquia; y luego en él mismo, porque no puede sino compartir la dimensión
pascual de la caridad de Jesús, el Buen Pastor. En efecto: “... todos los buenos pastores son, en realidad,
como miembros del único pastor, y forman una sola cosa con él. Cuando ellos apacientan, es Cristo quien
apacienta” (san Agustín).
5. Un auxilio para mí y para nuestra Iglesia: Desde hoy, el pueblo de Dios, te reconocerá como obispo,
con fe auténtica y sencilla. Te manifestarán respeto y cariño. Podrás acompañar a muchos que aguardan
tu amor paternal, sincero y paciente. Hay mucha gente que necesita sentirse querida, y tener motivos de
esperanza. Ellos verán en ti a un sucesor de los apóstoles, que conocieron a Jesús y dieron la vida por Él.
Esperan que seas para ellos “testigo del Evangelio de la gracia de Dios” (Hech 20,20), como reza el lema
que has elegido. Por ello, cuando te veas rodeado y exigido por quienes te buscan, tendrás un motivo para
recordar y aceptar este segundo llamado vocacional.
Serás un verdadero “auxilio” para mi servicio episcopal, y para esta Iglesia particular. Estoy contento y
agradecido por ello. Aunque reconozco que no deja de ser para mí un desafío, compartir de manera
adecuada y fructífera el oficio apostólico.
El nombre de “auxiliar”, no quiere decir que serás un reemplazante del obispo diocesano en algunas
ocasiones. Más bien, como indica el origen de esa palabra, serás el hermano que colabora haciendo crecer
el servicio del pastor diocesano. Muchos sacerdotes, diáconos, consagrados y comunidades, necesitan con
mayor frecuencia la presencia cercana y amistosa de su pastor, que los anime y conforte para ser
discípulos misioneros de Jesucristo. Para tener la vida en abundancia que Él ofrece, y para llevarla a
todos, porque el mundo la ansía sin saberlo o sin aceptarlo.
6. Esperanza y alegría compartida: Muy querido hermano, puesto ahora en medio, y delante, de tantos
hijos y hermanos: Para concluir esta exhortación, busco en el mismo Pablo cómo expresar un deseo
confiado y una recomendación, útil para ti y para todos nosotros; una palabra que nos ayude a mantener
en el corazón el gozo humilde y la esperanza agradecida de este día. Éstas son las mejores que encuentro:
“Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes
en la tribulación y perseverantes en la oración” (Rom 12,11-12). Amén!
Palabras de Mons. Sergio Buenanueva:
1. Una vez más, este Santuario ha sido meta de nuestro peregrinar como Iglesia Diocesana.
La decisión de partir hacia el santuario -dice Aparecida- ya es una confesión de fe, el caminar es un
verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita
sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el
misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus
sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha
renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva
experiencia espiritual… 43
2. Sí, somos peregrinos.
Venimos a esta Casa donde reside la gloria y hermosura del Señor. Caminamos hacia Cristo, el Verbo de
Dios hecho hombre, “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14). Este ponernos en camino hacia este
Santuario refleja la peregrinación interior de la fe, en la que María -la Purísima- nos precede y
acompaña44.
Ustedes comprenderán que, antes que nada, mire y salude a María Inmaculada. Lo hago con las palabras
de la Escritura:
Alégrate, llena de gracia, El Señor está contigo (Lc 1,28).
¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! (Lc 1,41)
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor (Lc 1,45).
43
44
Documento de Aparecida 259.260
Cf. JUAN PABLO II, Redemptoris Mater 25
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“Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Y, al discípulo: “Aquí tienes a tu madre” (cf. Jn 19, 26.27).
3. María no es solo la Madre de la Iglesia.
Ella es la Madre Iglesia, “que encarna la fe de la nueva comunidad: el sí inmaculado, ilimitado, a todo el
plan divino de salvación para el mundo”45. Feliz por haber creído y llena del Espíritu, es la discípula
perfecta, cuyo “sí” estará hasta el fin de los tiempos en el centro de la Iglesia. Su “Hágase” sostiene el
“Amén” de la Iglesia y de cada uno a Dios.
Precisamente eso es la Iglesia en medio del mundo: comunidad de fe que ora y espera, que, como María,
dice: “Amén. Hágase”. Así la describe el Apocalipsis, concluyendo la revelación bíblica:
“El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven» … Amén, ¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,17.20).
“Evangelizar -escribía Pablo VI- constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más
profunda. Ella existe para evangelizar …”46 Así, la Iglesia crece por la atracción de la belleza divina que
la habita, y por el esplendor de la verdad que no se impone, sino por la fuerza de la misma verdad, que
penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas47. Con las solas armas de la verdad y belleza de
Cristo crucificado, la Iglesia va sumando a todos los pueblos y culturas, a todos los hombres y mujeres, en
el canto gozoso de su Amén a Dios, y en la esperanza cierta que contiene su plegaria ardiente de esposa:
¡Ven Señor Jesús! La diaconía apostólica del Obispo es, ante todo, un servicio a la pureza e integridad del
Evangelio, para que la fe virginal de la Iglesia se mantenga en toda su lozanía y belleza.
II - “Mi alma canta la grandeza del Señor … porque miró con bondad la pequeñez de su servidora”
(Lc 1,46)
4. Queridos hermanos y hermanas:
Al concluir esta solemne liturgia, permítanme expresar nuestra gratitud a Dios. Mientras recibíamos la
bendición del nuevo Obispo, con María cantábamos al Señor porque ha hecho obras grandes en nosotros.
¡Engrandezcamos con nuestra vida al Creador de todas las cosas!
Demos gracias, ante todo, por el don inestimable de la fe en Dios amor, uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu
Santo. ¿Podemos imaginar lo que sería nuestra vida sin Jesucristo, sin la fe en sus misterios, sin la
esperanza sustanciosa que brota de su Pasión? ¡Cómo no dar gracias, entonces, por el don de la fe que
hemos recibido inmerecidamente y que, sin embargo, llena de sentido nuestra vida!
Yo, en primera persona, doy gracias por la fe católica, recibida, de modo especial, a través de mi familia,
verdadera “Iglesia doméstica”. Doy gracias a Dios por el testimonio sólido de fe y de humanidad de mis
padres: Nino y Chela, como también de mi tía y madrina Fanny.
¡Cuánto encierran las sencillas plegarias con que una madre introduce a su hijo al universo infinito de
Dios! Solo el paso del tiempo permite comprender que, haciendo así, los padres cristianos dan lo más
valioso que un hombre puede poseer -Dios-, aunque falte todo lo demás. Mostrarle así Dios a un niño es
prepararlo para que llegue a ser hombre de verdad. Solo Dios nos humaniza.
5. Demos gracias por ser hijos e hijas de la santa Iglesia católica.
Ella es, para el mundo, el cuerpo visible de Cristo resucitado, que Él edifica por su Espíritu, su Palabra
viva y el don de su Cuerpo en la Eucaristía. Los Obispos hoy aquí presentes nos abren a la comunión de
la Iglesia universal. A ellos les agradecemos su presencia y testimonio.
“La Iglesia -enseña el Concilio- con su doctrina, su vida y su culto, conserva y transmite a todas las
generaciones lo que ella es y lo que ella cree … hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de
Dios”48.
Demos gracias por la humanidad de los hombres y mujeres que le han dado y le dan a la presencia y
acción misionera de la Iglesia católica una fisonomía y un talante propios y característicos, cuyas
manifestaciones perviven en nuestras parroquias, santuarios y colegios, no menos que en el espacio
público de la ciudad, la vida familiar y en la cultura popular.
Damos gracias también por el riquísimo acervo de valores religiosos, espirituales y humanos que brotan
de la fe católica, y que están a la base de nuestra convivencia ciudadana y de nuestra cultura, aquí en
Mendoza como en el resto de nuestra querida patria.
H. U. VON BALTHASAR, “María en la doctrina y la piedad de la Iglesia” en: J. RATZINGER - H. U. VON
BALTHASAR, María Iglesia naciente, Ediciones Encuentro (Madrid 20062) 86
46 PABLO VI, Exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi” 14
47 Cf. Dignitatis Humanae 1
48 Dei Verbum 8
45
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Nos sentimos responsables de ello.
6. También aquí cabe una acción de gracias en primera persona:
Doy gracias a Dios por el río caudaloso de la tradición de la Iglesia en el que ha sido educado, y que me
ha permitido crecer y madurar mi propia vida, vocación y misión.
Con gratitud pienso así en:

Las parroquias “Ntra. Sra. del Carmen” y “Ntra. Sra. del Líbano” de San Martín, de donde soy
originario.

En la comunidad que formó el P. Juan Tomazic por encargo de Mons. Maresma donde creció mi
primera respuesta al llamado al sacerdocio en 1980.

En los años iniciales -promisorios, difíciles y decisivos- del Seminario de Mendoza, reabierto en
1981, del que Mons. Rey fue su primer rector.

En los años de intensa formación teológica, espiritual y pastoral en el Seminario de Córdoba. Mons.
José Rovai fue allí profesor, director y acompañante espiritual.

En el tiempo de gracia que fue la ordenación diaconal junto a mi padre el 15 de diciembre de 1989, y
la sacerdotal el 28 de setiembre de 1990, ambas de manos del querido Mons. Cándido Rubiolo.

En la querida Parroquia “San Isidro Labrador” de Rivadavia, junto al P. José Suraci.

En 1993 comenzaba mi tarea como formador en el Seminario que, salvo una breve interrupción, ha
seguido hasta hoy. Labor cumplida con el estímulo y el aliento de una comunidad de sacerdotes,
formadores, profesores, religiosos y laicos de gran calidad humana, apostólica y espiritual.

En estos años he tenido también la oportunidad de trabajar en distintos campos de la vida diocesana:
la formación permanente, la liturgia y la catequesis, la docencia teológica y el contacto siempre
exigente con con el mundo de la comunicación, especialmente con las personas de los comunicadores
y sus inquietudes.
7. Escribe San Pablo a los corintios:
“Nosotros somos cooperadores de Dios y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios … ¿No saben
que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? … Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y
cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.” (1 Co 3,9.16; 12,27). “También ustedes -completa
Pedro- a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio
santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo” (1 Pe 2,4-5).
Gloria y alabanza sean dadas a la Santa Trinidad que nos edifica así en medio del mundo, y que a cada
uno de nosotros, nos alienta a encontrar nuestro lugar en el cuerpo místico de Cristo.
III -“Poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor
Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.” (Hch 20,24)
8. En estas palabras del Apóstol Pablo he reconocido la llamada que el Señor me ha dirigido al
introducirme en la sucesión apostólica y en la lucha por el Evangelio49.
Sí, me siento llamado a ser testigo del Evangelio de la Gracia de Dios. ¿Qué significan estas palabras
pronunciadas por el Apóstol? ¿Cómo iluminan mi vida y misión? En el silencio de la lectura orante de la
Escritura, he vuelto sobre ellas en los días pasados, y he encontrado un gran consuelo. Lo comparto con
ustedes ahora, con sencillez de corazón.
9. Ante todo, la palabra clave: Gracia de Dios.
El Ángel llama a María: “llena de gracia”. Miremos el rostro luminoso de María para comprender lo que
Dios nos está diciendo. Gracia es una palabra primordial en el lenguaje cristiano. Como: gratitud y
Cf. LG 21: “Estos pastores, elegidos para pastorear el rebaño de Dios, son ministros de Cristo y administradores
de los misterios de Dios (cf. 1 Co 4,1). A ellos se les confió el ser testigos del Evangelio de la gracia de Dios (cf. Rom
15,16; Hch 20,24)”. Cf. también X ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, Relatio
ante disceptationem 5 (pronunciada por el Card. Jorge Bergoglio en el Aula del Sínodo).
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gratuidad, o: eucaristía: acción de gracias. “Soy lo que soy, por la gracia de Dios”, testimonia de sí mismo
Pablo (1 Co 15,10).
“Gracia” es una bellísima palabra que nos habla del amor, el favor y la misericordia del Dios trino del que
todo proviene, que habita en nosotros y así conduce nuestra vida: El Padre invisible, fuente y origen de
toda la Trinidad, es gracia. El Espíritu Santo es la gracia, el consuelo y la alegría de Dios que se
comunican al mundo del costado abierto de Jesucristo en la cruz. Jesucristo, el Hijo Unigénito, Palabra e
Imagen perfecta del Padre, Él, sobre todo, es la gracia de Dios para el mundo
10. “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16).
Este amor -creído y celebrado, vivido y orado- es lo que anunciamos. Es nuestro Evangelio. Es Jesucristo,
muerto y resucitado. Porque el “Evangelio de la Gracia de Dios” no es otro que el anuncio gozoso y
humilde, público y visible de Jesucristo y su Pascua. JESUCRISTO, en Persona, es la Gracia de Dios para
el mundo.
Ser testigo del Evangelio de la Gracia de Dios supone este deseo ardiente en el corazón: que Cristo habite
en los corazones de todos por la fe, para poder comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la
longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo que supera todo conocimiento. (cf. Ef 3,17-19)
11. Permítanme ilustrar estas cosas con unas palabras del Santo Padre Benedicto XVI.
Las pronunció en la homilía inaugural de su ministerio petrino, explicando su misión pastoral:
Así es, en verdad: nosotros existimos para mostrar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios,
comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la
vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un
pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada
hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello
que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres,
puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a
la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo50.
Sí, mis queridos hermanos: “Dios ama al mundo”. “Nos ama”. “Te ama”. Nada hay que escape de su
Providencia. Él -como reza la Biblia- enjuga cada una de nuestras lágrimas. La cruz de Cristo es el signo
más elocuente de ese amor, clavado en el corazón del mundo.
12. Esta es la hermosa misión -siempre joven- de la Iglesia
La que no podemos abandonar por ninguna otra tarea, por urgente que sea. Llevar la alegría y la
esperanza del Evangelio al mundo creado por Dios, y que es objeto de su amor apasionado. Un mundo
que tantas veces aparece triste y cansado, nihilista y sin sentido, porque ha olvidado a su Creador. Esta es
la misión que la Iglesia me confía al incorporarme al Colegio episcopal bajo Pedro.
Misión que, Dios mediante, pretendo desempeñar como ayuda del ministerio del querido Mons. José
María Arancibia, cuyo empeño apostólico viene marcando un rumbo preciso a nuestra Iglesia Diocesana.
He recibido con gusto el encargo de ayudarlo para que la persona, la palabra y el aliento del Obispo
alcancen a cada rincón de la geografía diocesana. El Plan Diocesano de Pastoral que hemos madurado en
discernimiento y en comunión expresa, en último término, este deseo ardiente de encender el mundo con
el fuego del amor de Cristo.
¡Qué los consagrados reaviven el fuego de este amor y de esta alegría en la vida fraterna de obediencia,
pobreza y virginidad! ¡Qué los laicos -hombres y mujeres- lleven al corazón del mundo la mansedumbre
de Cristo que hace nuevas todas las cosas!
13. Esta es la misión que compartimos todos:
Los que formamos el único Presbiterio diocesano, unidos por una íntima fraternidad sacramental (cf. PO
8). Por eso, quisiera hacer llegar ahora una palabra de reconocimiento, de gratitud y de aliento a los
sacerdotes y diáconos de nuestra querida Iglesia Diocesana.
De “reconocimiento” por lo que son y lo que expresa el ministerio sacerdotal y diaconal: don de Dios
para la vida del pueblo. De “gratitud” porque el Presbiterio de Mendoza, en una historia compleja y
difícil, ha dado y da testimonio de fidelidad a la acción del Espíritu, de generosidad apostólica y de
desinterés en el servicio al pueblo. El amor siempre es más fuerte. Pienso en algunos hermanos que nos
han dejado una huella preciosa: Miguel Pérez Burgoa, José Manrique, Héctor Gimeno, el P. Tarcisio
50
BENEDICTO XVI, Homilía en la solemne inauguración del ministerio petrino del Obispo de Roma, 24 de abril de
2005
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Rubín y el P. Jorge Contreras, cuyo cuerpo -como la semilla del sembrador- pocos días atrás,
entregábamos a la tierra. Y de “aliento”. ¡Cómo quisiera darle eficacia divina a mi pobre palabra de
hombre limitado -¡soy un hermano!- y poder hacer que la alegría, el consuelo y el aliento del Espíritu
alcanzaran el alma de cada uno de ustedes, para renovar así el amor primero!
Queridos hermanos: Dios nos consuela en todas nuestras luchas con el mismo consuelo de Cristo. ¡Él
sabe de qué estamos hechos! ¡Él nos llamó! ¡Él nos capacitó para ser ministros del Espíritu! ¡Él da
eficacia a nuestra pobreza! ¡Él es nuestra Paz!
14. Permítanme dos palabras más, antes de concluir.
En primer lugar: a los seminaristas. Queridos muchachos: ¡cuánto he pensado en ustedes en estos días!
¡He repasado sobre mi corazón cada rostro y cada historia! He rezado para que sean fieles a la obra de la
gracia de Dios en sus corazones. Los he confiado a Nuestra Señora, para que ella los introduzca en el
misterio de Cristo, a través de la contemplación de los misterios del Rosario. Le he pedido también que,
como en el Cenáculo, sostenga su camino apostólico con su oración.
15. A los jóvenes, aquí presentes.
Todo lo que he dicho hasta ahora, vale especialmente para ustedes. Como Pedro y Juan ante aquel
paralítico a la entrada del templo les digo: “Míranos. No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en le
nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina” (Hch 3,6). Ojalá, como aquel paralítico curado,
puedan dar el salto de la fe, y entregarse plenamente a Jesucristo, para ser portadores de su alegría al
mundo. Ojalá que muchos de ustedes escuchen y acepten la llamada al sacerdocio ministerial, la vida
consagrada y misionera. ¿No logran ver cuán grande es la mies y que pocos son los obreros?
16. A todos los presentes: gracias por su cercanía, oración y aliento.
A todos les digo: alcanzados por Jesucristo, sigamos nuestra carrera. La meta que nos espera es el cielo:
la comunión con Dios por toda la eternidad.
Contemplando el icono del Buen Pastor crucificado que, anonadándose a sí mismo, da la vida por el
rebaño; ayudado además por la sabia palabra de Pablo y la exhortación de la Iglesia he pedido para mí
esta gracia fundamental:
“Concédeme,
Dios de misericordia y de todo consuelo,
permanecer en la humildad,
mansedumbre y paciencia
de tu Hijo Jesucristo,
para amar, con sus mismas entrañas,
a la Iglesia con la que me he desposado
y, con su Espíritu,
a cada hermano,
especialmente a los pobres,
a los tristes,
a los que el pecado hace extraños,
pero que, por lo mismo,
son los preferidos de su corazón de Pastor.
María, Madre de la Iglesia,
Virgen de la esperanza
y Causa de nuestra Alegría,
enséñanos a decir: Amén”.
30º ANIVERSARIO DE LA MEDIACION PAPAL
POR EL CONFLICTO DEL BEAGLE
El 23 de diciembre, en la Basílica de San Francisco, bajo la mirada de Nuestra Señora del Carmen de
Cuyo, se celebró la Eucaristía de Acción de Gracias, en conmemoración por los 30 años del inicio
providencial de la Mediación Papal por el conflicto austral con la República de Chile.
La misma fue presidida por Mons. José María Arancibia, quien recordó las palabras de Su Santidad Juan
Pablo II, durante su visita a Mendoza el 7 de abril de 1978: "El monumento a Cristo Redentor, símbolo de
paz, entre argentinos y chilenos, vigila y despliega su providencia protectora sobre ambos pueblos
hermanos. Ha sido él, quien ha velado siempre, para que se cumpla la hermosa leyenda allí estampada:
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"Se desplomarán primero estas montañas antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los
pies del Cristo Redentor".
Se conoce como Conflicto del Beagle al desacuerdo protagonizado por la República Argentina y la
República de Chile, sobre la soberanía de las islas ubicadas al sur del Canal del Beagle y sus espacios
marítimos adyacentes.
A pesar del pequeño tamaño de las islas, su valor estratégico entre los océanos Atlántico y Pacífico,
originó un largo desencuentro entre ambos estados, durante gran parte del siglo XX.
El conflicto llegó a su punto culminante el día 22 de diciembre de 1978, cuando los ejércitos de ambos
países, después de movilizar tropas y armamentos hacia las fronteras, se encontraban listos para el
enfrentamiento. Juan Pablo II, alarmado ante esta situación, ofreció mediar para lograr un acuerdo.
Aceptada por los dos gobiernos, el Papa designó al Cardenal Antonio Samoré para llevar adelante la
mediación. Este compromiso de la Iglesia a favor de la paz, fue secundado activamente por los
Episcopados de Chile y Argentina.
En 1979, los cancilleres de Chile y Argentina, se reunieron en Uruguay para firmar el Acta de
Montevideo, donde pedían formalmente la intervención del Vaticano a fin de encontrar una solución al
conflicto.
El Card. Samoré, se convirtió en una figura fundamental de la negociación y es reconocido por su enorme
capacidad de escucha y su compromiso en la búsqueda de la paz y de la concordia.
El Papa reconoció, a partir del informe técnico de Samoré, a todas las islas como chilenas y a partir del
extremo Este del Beagle, se trazó una perpendicular para enmarcar áreas exclusivas de cada país.
Durante el gobierno del Presidente Alfonsín, se convocó a una consulta sobre el texto pontificio
presentado en 1980, y la propuesta papal obtuvo el apoyo del 82% de la población. En 1984, ambos
países, con la presencia del Card. Agostino Casaroli, continuador de la obra de Samoré, firmaron en el
Vaticano el “Tratado de Paz y Amistad”.
La mediación papal, promovió el diálogo como camino. Su fruto fue la integración y el reencuentro
profundo entre dos naciones hermanas.
LA PALABRA DE NUESTRO PASTOR
HOMILÍAS
MISA CRISMAL
Catedral Ntra. Sra. de Loreto, 18 de marzo de 2008
1. Contemplamos a Jesús, ungido por el Espíritu con óleo de alegría
Estamos aquí, otra vez, congregados en la escucha de esta Palabra, que nos prepara a renovar nuestras
promesas sacerdotales, y a consagrar los nuevos óleos. Queremos tener los ojos fijos en Jesús, el ungido
por Dios, el Cristo; el profeta y rey esperado, según el plan de Dios. Este año he sentido resonar con más
fuerza, la expresión “óleo de alegría”, que en boca del profeta describe al elegido y consagrado para ser
Mesías y Señor (Is 45,8; 61,3). ¿Qué sentido tiene esta frase? La unción con aceite era signo de gozo,
riqueza y libertad; un augurio de felicidad; prueba de amistad y de veneración (cf Mt 26,7).
Nos ha hecho mucho bien, que la Iglesia nos invite en este día, a renovar nuestra entrega. Es una
oportunidad para crecer en la conciencia de haber sido elegidos y consagrados. Un don de Dios,
inestimable e inmerecido, que conmueve por su grandeza y hermosura. Don misterioso, que se vive y se
goza desde la fe. Al ungirnos en el sacramento del Orden, Jesucristo nos ha hecho participar de su misma
unción y misión, que lo ha constituido Pastor y Cabeza de la Iglesia. De esta manera, nos conforma y nos
anima –con su caridad pastoral-, para ponernos en la Iglesia como servidores del Evangelio a toda
criatura, y como servidores de vida cristiana plena en todos los bautizados (cf PDV 15,5).
Supliquemos juntos al Señor, que renueve en nosotros este don maravilloso, con su profundo significado
de riqueza, alegría y libertad; de amistad divina y de fraternidad. Queremos servirlo a Él, y ser
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instrumentos suyos, para llevar a nuestra gente cansada y agobiada, el gozo y la esperanza que el poder
del Espíritu quiere otorgarles, porque son ungidos y consagrados del pueblo de Dios.
2. En Jesucristo, Dios nos ha manifestado y ofrecido su gracia sobreabundante
Al pedir para todos un servicio sacerdotal alegre y feliz, no puedo dejar de pensar que a menudo los
encuentro cansados; más todavía, desbordados por las tareas propias del ministerio y las exigencias de la
gente. Comprendo y comparto con ustedes esta sensación. ¿Será éste un motivo de desaliento?
Llevar nuestro agobio a la oración es dejarse iluminar por la Palabra. Recordemos a Moisés, que se
lamentó ante Dios, en medio del llanto y las quejas del pueblo que guiaba por el desierto: “Yo solo no
puedo soportar el peso de todo este pueblo: mis fuerzas no dan para tanto” (Num 11,14). Por eso,
Salomón le pide a Dios un corazón que sepa comprender y discernir: “… de lo contrario, ¿quién sería
capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?” (1 Re 3,9).
En la experiencia del creyente y del orante, el corazón se siente cargado y sobrecargado en muchos
sentidos. Con el salmo, reza: “me siento ahogado por mis culpas: son como un peso que supera mis
fuerzas” (Ps 38,5). Pero recurre confiado a Dios: “Señor, tú me sondeas y me conoces … y tanto saber me
sobrepasa” (Ps 139,2.6). El mismo Dios le responde, y advierte que los caminos y pensamientos divinos,
sobrepasan los senderos y razonamientos humanos (cf Is 55,9).
La vivencia y enseñanza de san Pablo, nos llena de confianza, porque las cargas se tornan para él, en
motivo de confianza en Dios. A los de Roma les anuncia: “… no hay proporción entre el don y la falta …
la gracia de Dios y el don conferido por un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados con mayor
abundancia sobre todos” (Rom 5,15). A los efesios les escribe frases hondas y bellas: “Dios ha querido
demostrar a los tiempos futuros la sobreabundante riqueza de su gracia, por el amor que nos tiene en
Cristo Jesús” (Ef 2,7). “En una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo
conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios (Ef 3,19). En su propio ministerio, el apóstol
encuentra dolor y alivio, al mismo tiempo: “Porque así como participamos abundantemente de los
sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo” (2 Cor 1,5). Con sus fieles,
Pablo se desahoga francamente, manifestado los sentimientos encontrados de su ministerio: estamos “al
borde de la muerte, pero seguimos con vida; nos castigan, pero estamos ilesos; nos tienen por tristes, pero
estamos siempre alegres; nos consideran pobres, pero enriquecemos a muchos; como gente que no tiene
nada, aunque lo poseemos todo” (2 Cor 6, 9-10).
3. La Iglesia quiere enviar discípulos misioneros, desbordantes de gratitud y alegría
La Iglesia en América, menciona –ya en Puebla- un crecimiento demográfico desbordante, y parroquias
urbanas desbordadas (DP 78.111). Pero reconoce en tono positivo: “Es conmovedor sentir en el alma del
pueblo la riqueza espiritual desbordante de fe, esperanza y amor. En este sentido, América Latina es un
ejemplo para los demás continentes y mañana podrá extender su sublime vocación misionera, más allá de
sus fronteras” (DP 3). “La salvación que nos ofrece Cristo da sentido a todas las aspiraciones y
realizaciones humanas pero las cuestiona y las desborda infinitamente” (DP 353). En Aparecida, la
conclusión es un imperioso llamado a sobreabundar al servicio de los demás: “Todos los bautizados
estamos llamados a <recomenzar desde Cristo>, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad
y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros
discípulos … Sólo gracias a ese encuentro y seguimiento, que se convierte en familiaridad y comunión,
por desborde de gratitud y alegría, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar
a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar y gozar“ (DA 549).
4. “Sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia”
Espero que puedan tolerar mi insistencia. Sólo esto tengo para ofrecerles, porque ésta es mi propia
búsqueda, que intento hacer en el tesoro de la Palabra de Dios, y de la fe de la Iglesia. No pretendo con
ellas reproche alguno, sino compartir con ustedes, mis hermanos, hijos y amigos, la difícil y delicada
búsqueda de sostener el aliento. Hemos comenzado nuestro ministerio, por vocación, con libertad
personal y gozo desbordante; pero en el camino se puede tornar pesado y agobiante. Podemos, sin duda,
mejorar nuestra organización, discutir los métodos pastorales y buscar más recursos. Pero, si somos
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hombres del Evangelio, siempre contaremos con medios pobres. Por lo demás, sólo lentamente crecemos
en número de sacerdotes, diáconos y catequistas. Mientras los desafíos aumentan. Por eso, me atrevo a
proponer, confiando en ustedes, una renovación y conversión en la entrega personal, que nos permita
vivir la sobrecarga del ministerio con la experiencia gozosa de Dios que nos desborda en gracia. Así me
imagino la santificación a través del ministerio, propuesta por el Concilio.
Las conclusiones de Aparecida reconocen la entrega generosa de tantas sacerdotes y el desaliento que
puede provocar en ellos el vasto trabajo pastoral (DA 99d; 100e; 185). Yo quiero hacerlo también ahora,
con ustedes. Pero, a la vez, exhorta a emprender un cambio personal, como base de una nueva pastoral:
“La renovación de la parroquia, exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al
servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque
sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia” (DA 201). Y más adelante: “A los
sacerdotes, les alentamos a dar testimonio de vida feliz, alegría, entusiasmo y santidad en el servicio del
Señor (DA 315).
Concluyamos recurriendo a la Virgen María, Madre y Señora nuestra. Ella, que con tierno amor maternal
acoge a los sacerdotes en su casa podrá brindarles… “fortaleza y esperanza en los momentos difíciles, y
los alentará a ser incesantemente discípulos misioneros para el Pueblo de Dios” (DA 320).
JUEVES SANTO
Hospital Central, 20 de marzo de 2008
1. Recordemos el significado cristiano del jueves santo
La celebración del jueves santo es signo privilegiado de aquella última cena, convocada por Jesús en la
pascua judía. Antes de su pasión, quiso comerla con los doce apóstoles, dándole un nuevo sentido. Les
mostró entonces todo su amor por ellos, lavando sus pies como un servidor. Este gesto significaba la
entrega libre de su vida, ofrecida en la cruz por la salvación de todos los hombres. En la misma cena, les
dio a comer su cuerpo entregado y su sangre derramada, bajo las apariencias del pan y del vino,
anticipando el sacrifico de la cruz. Así instituyó el sacramento de la Eucaristía. ¿Cómo encontrar hoy a
Jesús, para experimentar su inmenso amor?
2. Hay lugares privilegiados para encontrar hoy a Jesús
Jesús ha querido ser hallado por la fe, en varios lugares. La Palabra que acabamos de proclamar, es una
forma singular de su presencia. Él está en la Eucaristía y en los sacramentos, que nos mando celebrar,
como signos e instrumentos de su gracia. Prometió estar en la comunidad, cuando se reúne y ora en su
nombre. Habita secretamente en el corazón del creyente, que confía en Él y le ama, estableciendo un lazo
de amistad nueva y eterna con él.
Quiso ser encontrado de modo especial en los pobres, los afligidos y los enfermos (cf. Mt 25,37-40). Es
la gente que reclama nuestro compromiso, y con frecuencia nos da muestra de paciencia en el sufrimiento
y de constante lucha por vivir. En el día del juicio, seremos juzgados por el amor que les hayamos
demostramos. A los que pregunten: “¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte? El Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez
que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25,38-40).
El encuentro con Jesucristo en los pobres, es una oportunidad privilegiada de amarle y de servirle. Más
aún, es una dimensión constitutiva de la fe cristiana, que no puede ser postergada. El rostro sufriente de
Jesús, tiene hoy infinidad de formas y aspectos, en los cuales Él se da a conocer, y se deja hallar. La
Iglesia ha usado recientemente una expresión muy audaz: “los enfermos son verdaderas catedrales del
encuentro con el señor Jesús” (DA 417).
3. La fe cristiana se expresa en el compromiso del buen samaritano
Jesús que se deja encontrar en la Palabra, en los sacramentos y en los pobres, espera una respuesta de fe
personal, sincera y comprometida. Él mismo advirtió que no vale tanto decirle ¡Señor, Señor!, como hacer
la voluntad de Dios. Porque el que pone en práctica la Palabra, construye la casa de su propia vida, sobre
una roca firme, que resistirá cualquier tormenta (cf Mt 7,21-27).
La respuesta al llamado de Jesús, vocación de cada cristiano, exige entrar en la dinámica del Buen
Samaritano (cf Lc 10,29-37). Su mandato es hacernos prójimos, en especial con el que sufre, y generar
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una sociedad sin marginados ni excluidos. Ésta es la práctica de Jesús que come con publicanos y
pecadores, que acoge a los pequeños y a los niños, que sana a los leprosos, que perdona y libera a la
mujer pecadora, y que habla con la Samaritana (cf DA 135).
Me complace, pues, celebrar este jueves santo en el Hospital, que no sólo es como una catedral para
encontrar a Jesús en los enfermos, sino donde también puedo compartir con tantas “buenos samaritanos”,
que son los profesionales de la salud, los parientes de los enfermos, y todos los voluntarios.
4. La misa de hoy y la vida cotidiana
¿Qué tiene relación esta celebración con la vida de todos los días?. ¿Es sólo un hermoso momento? Es
bueno plantearse la pregunta. Para que una fe madura y responsable produzca frutos de vida. Para que las
alegrías y las penas del diario caminar, encuentren en la fe la luz y la fuerza necesarias.
Nuestro mundo actual parece estar muy lejos de Jesús que lava los pies de sus discípulos. Del ejemplo del
buen samaritano, que socorrió a su enemigo. De un amor desinteresado y eficaz hacia con los pobres y
afligidos. Sin embargo, en aquella última cena, Jesús estuvo cerca de buenos y de pecadores. Tenía a su
lado a Juan; el discípulo joven, entusiasta y siempre fiel. Pero a la mesa estaba sentado Pedro, confiado en
sí mismo, que pronto lo negaría, para aprender arrepentido y llorando, cómo amar al Señor con humildad.
Estaba Judas Iscariote, que era el traidor, y ha pasado a ser símbolo de toda traición. El relato de la
pasión, proclamada en estos días, manifiesta de manera notable que Jesús entregó su vida libremente, en
medio de odio, celos, envidia, incredulidad, cobardía y crueldad. Nos preguntamos, entonces, ¿puede
Jesús intervenir en nuestra vida cotidiana, llena de tanta miseria?
La respuesta está en el mandamiento del amor nuevo, significado en el lavatorio de los pies. No entendido
como un mero precepto a cumplir. Sino como un amor primero entregado, sufrido para redimir, y luego
mandado. Jesús no ofrece en la cena, un puro ejemplo para ser imitado por sus seguidores. La Pascua
celebrada en la cena y en la cruz, contiene una realidad mucho más profunda. Cumpliendo con amor el
proyecto de su Padre, Jesús entregó libremente su vida, en sacrificio de expiación y reparación de
nuestros pecados. Nadie podía hacerlo como él. Ninguna persona humana podía justificarse delante de
Dios. Pero quienes creen en este gesto suyo de amor, y confían en la salvación que ofrece, reciben el fruto
de su pascua, que es perdón y paz interior. Es decir, un corazón renovado, propio de los hijos de Dios, que
otorga una capacidad nueva de amar como Él.
La EUCARISTÍA es la actualización de aquel sacrificio único; la fuente más excelente del perdón; del
encuentro con Dios, y por lo tanto de la comunión con él y con los hombres. La celebremos en actitud
humilde y sincera; deseando ardientemente -como Jesús- comer esta Pascua, para tener vida; la vida que
participa de la riqueza de Dios y tiene como frutos un amor generoso, abnegado, fruto de su gracia, que
hace felices a los que lo practican. Un amor nuevo y audaz, que sin miedo ni arrogancia, sino con firme
esperanza, se abre camino, aún en medio de tantas desastres que hoy lamentamos.
VIERNES SANTO
Catedral Ntra. Sra. de Loreto, 21 de marzo de 2008
1. De su costado abierto brotó sangre y agua
La fe cristiana nos permite descubrir cada vez con mayor profundidad el valor del sacrificio de Cristo.
Queremos y necesitamos venerar siempre más su entrega en la cruz. Aunque nos recuerda con dolor el
peso de nuestras culpas, nos levanta el ánimo y nos llena de esperanza, contemplar el fruto maravilloso de
su muerte.
El cordero pascual, comida ritual de gran importancia, permitía al pueblo judío hacer memoria agradecida
del poder de Dios, que los había liberado de Egipto. El ángel exterminador había pasado de largo por las
casas judías, marcadas con la sangre del cordero. Por lo demás, casi todos los pueblos recuerdan a
personas muy valiosas, que arriesgaron o dieron su vida para liberar a su comunidad de diversas males:
invasiones, guerras, desastres, epidemias. ¿Jesús se puede comparar con ellos?
El sacrificio de Jesús en la cruz, supera y excede toda comparación. Su sangre derramada es preciosa a
nuestros ojos. Ante todo porque brotó del mismo Señor Jesucristo, que nos quiso con amor divino y
aceptó la muerte libremente, para completar el plan salvador de su Padre. Luego porque la sangre y el
agua que brotaron de su costado, significan para la fe cristiana los dones del bautismo y de la Eucaristía.
Con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua que regenera por la fuerza del Espíritu Santo;
con el alimento de su mismo Cuerpo y Sangre, que nutre comunicando su propia vida. Los predicadores
cristianos han visto en este símbolo el contenido de su fe en Dios que renueva la humanidad con otro
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gesto creador. Así como formó a Eva, sacándola del costado de Adán dormido, así ha hecho nacer la
Iglesia del costado de Cristo muerto en la cruz. Así ha formado un pueblo suyo, perdonado y santificado,
por el bautismo y la Eucaristía: un nacimiento nuevo los hace hijos de Dios, y un alimento los sostiene en
esa vida divina. Éste es el fruto de la cruz de Cristo y de su sangre derramada, incomparable e
insuperable, porque nadie puede ofrecer a la humanidad una entrega de tal valor.
2. Por la sangre de su cruz, Jesús ofrece el perdón y la reconciliación
En primer lugar, la Palabra de Dios, viva y penetrante, nos anuncia estos dones de gracia ofrecidos a la
humanidad, por la misericordia de Dios. Su perdón limpia y sana, pero no como una liberación individual,
sino reconciliando con Él y entre nosotros. Abramos el corazón a estas bellas expresiones de Pablo:
- "El quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre
de su cruz" (Col 1,20)
- "Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados... pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas las
faltas. El canceló el acta de condenación que nos era contraria con todas sus cláusulas y la hizo desaparecer
clavándola en la cruz" (Col 2,13-14)
- "Así creo con los dos pueblos un solo hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los
reconcilió con Dios en un solo cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona" (Ef
2,15-16).
A partir de la escritura, los santos y los escritores cristianos han enseñado al pueblo esta verdad consoladora,
para educar en una esperanza que no defrauda, a pesar de los males de cada tiempo.
"Extendió sus brazos en la cruz y abrazó al mundo, para mostrar que el gran pueblo
congregado desde la salida del sol hasta el ocaso..." Lactancio
"La cruz por sus dos ejes, representa la gran reconciliación operada en Jesucristo.
Horizontalmente representa la reunión de todas las naciones, razas y lenguas, desde
Jerusalén hasta los confines de la tierra. Verticalmente, manifiesta el lazo restablecido entre
el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres. En el cruce de ambos ejes se encuentra Jesús, el
crucificado, hombre verdadero y Dios verdadero" (DAHLER. fiestas y símbolos 87)
3. La vida de fe en Cristo crucificado provoca alabanza y compromiso
La vida cristiana que brota de la fe en Cristo muerto en la cruz, y resucitado al tercer día, se convierte en
alabanza y compromiso de amor fraterno:
“Alabamos a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al
servicio de los demás...
Alabamos a Dios porque, siendo nosotros pecadores, nos mostró su amor reconciliándonos consigo por la
muerte de su Hijo en la cruz. Lo alabamos porque ahora continúa derramando su amor en nosotros por el
Espíritu Santo y alimentándonos con la Eucaristía, pan de vida (cf. Jn 6, 35). ... “(DA 106)
“Como discípulos y misioneros, estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y a anunciar que
Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad, "en el aspecto más paradójico de su
misterio, la hora de la cruz. El grito de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc
15, 34) no delata la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre en el
amor para la salvación de todos" (DA 134).
“Una auténtica evangelización de nuestros pueblos implica asumir plenamente la radicalidad del amor
cristiano, que se concreta en el seguimiento de Cristo en la Cruz; en el padecer por Cristo a causa de la
justicia; en el perdón y amor a los enemigos. Este amor supera al amor humano y participa en el amor
divino, único eje cultural capaz de construir una cultura de la vida. ... Una evangelización que pone la
Redención en el centro, nacida de un amor crucificado, es capaz de purificar las estructuras de la
sociedad violenta y generar nuevas. La radicalidad de la violencia sólo se resuelve con la radicalidad del
amor redentor. Evangelizar sobre el amor de plena donación, como solución al conflicto, debe ser el eje
cultural "radical" de una nueva sociedad. Sólo así el Continente de la esperanza puede llegar a tornarse
verdaderamente el Continente del amor.” (DA 543)
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
VIGILIA PASCUAL
Catedral Ntra. Sra. de Loreto, 22 de marzo de 2008
1. Una antigua homilía de la patrología griega51 describe el profundo sentido de esta noche, a través de un
diálogo hermoso y sugestivo: Jesús, después de entregar su vida en la cruz, baja al lugar de los muertos y
conversa con ellos. Ante todo, con Adán, el primero de los hombres, y el padre de todos ellos. Nosotros
podemos sentirnos identificados con este Adán, cuyas miserias y tristezas heredamos. Los cristianos
somos todavía aquel hombre viejo, que celebrando la Pascua y haciendo memoria del bautismo queremos
renovarnos.
¿Qué le dice, pues, Jesús resucitado a Adán, y a cada hombre de hoy y de siempre? Escuchemos atentos,
para nuestro consuelo y esperanza:
(4) Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por éstos que habían de nacer de ti. Ahora les
digo a todos los que están en cadenas: ¡Salgan fuera! Y a los que están en tinieblas: ¡Sean iluminados! Y
a los que están adormecidos: ¡Levántense!
(5) Yo te lo mando: despierta tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la
región de los muertos. Levántate de entre los muertos, yo soy la vida de los que han muerto. Levántate
obra de mis manos; levántate imagen mía, tú que has sido creado a mi semejanza. Levántate, salgamos
de aquí, porque tú en mi y yo en ti somos una sola cosa.
Como hombres viejos, estamos en parte caídos, atados, casi muertos, encerrados en la oscuridad ... La
imagen que Dios ha puesto en nosotros como suya, está desfigurada, y Jesús resucitado quiere repararla.
Cristo describe incluso su pasión, como un gesto de amor inmenso hacia nosotros, que por contraste
manifiesta los frutos que su entrega dolorosa tiene sobre nosotros, los hombres terrenos y pecadores:
(6) Por ti, siendo Dios, me hice hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo. Por
ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aún bajo tierra. Por ti, hombre, vine a ser como
hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos. Por ti que fuiste expulsado del paraíso, fui entregado a la
muerte en un huerto y luego en un huerto sepultado.
(7) Mira mi rostro desfigurado por los salivazos, que recibí por ti, para restituirte el primitivo aliento de
vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas que soporté para reformar a imagen mía tu
aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitar de la tuya el peso de tus pecados.
Mira mis manos fuertemente sujetas con clavos al árbol de la cruz: es por ti, que extendiste tus manos al
árbol prohibido. ... Mi costado herido por una lanza, ha curado el dolor de tu corazón. Mi sueño te sacará
del sueño de la muerte.
El resultado final de aquella visita de Jesús resucitado al padre Adán, es un estado nuevo y glorioso. La
humanidad ha sido redimida y goza de la amistad de Dios, y de todos los bienes que de su gracia provienen.
Levántate. Vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso. Yo, en cambio, te pongo no ya en el
paraíso, sino en un trono magnífico. Te prohibí comer del árbol de la vida; pero he aquí que yo soy la vida y
estoy unido a ti. ... El banquete está preparado. La casa bien adornada. Los ángeles te sirven y te guardan... A
tu disposición está el tesoro de todos los bienes, preparado desde toda la eternidad.
Hagamos esta noche silencio en nuestro corazón, para sentir el llamado poderoso de Jesús que nos levanta
de nuestra actual condición. No habrá pena, ni herida, ni tristeza, que no pueda ser aliviada con su voz
potente y afectuosa al mismo tiempo. Pedimos al mismo tiempo para el mundo y la sociedad, que a veces
lo ignora y lo desprecia, esta misma cercanía transformadora de su resurrección.
2. El mismo Cristo se hace presente en medio nuestro, y proclama su victoria
Melitón, obispo de Sardes sobre la Pascua (s II)52
51.
52.
PG 43, 439.451.462-463. Cf LH II 475-477.
SC 123,60-64.120-122. Cf LH II 536-537
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Yo he liberado a los que estaban condenados.
Yo he dado la vida a los que estaban muertos.
Yo he resucitado a los que estaban sepultados.
¿Quién puede contradecirme?
Yo soy Cristo -diceel que he destruido la muerte,
el que he triunfado sobre el enemigo.
el que he pisoteado el infierno,
quien ha maniatado al fuerte,
y arrebatado al hombre a las alturas de los cielos:
yo soy el mismo Cristo.
Vengan pues los hombres de todas las naciones,
que se habían hecho iguales por el pecado
y reciban el perdón de los pecados.
Yo soy para todos el perdón.
Yo soy la Pascua de la salvación,
el cordero degollado por ustedes.
Yo soy su redención – su vida – su resurrección –
su luz – y salvación –.
Yo soy su rey.
Yo los llevaré a lo alto del cielo.
los resucitaré y les mostraré al Padre que existe
desde los siglos.
Yo los resucitaré con el poder de mi diestra.”
MENSAJE DE PASCUA
Pquia. Ntra. Sra. de Luján, 23 de marzo de 2008
1. Me complace saludar a todos con motivo de la Pascua. Estamos muy contentos de celebrarla. Una intensa alegría
llena el corazón, y lo desborda. Es la solemnidad más grande de los cristianos. No la vivimos hacia adentro, para
nosotros solos. Sería imposible. Porque es un regalo para el mundo entero; para los hombres y mujeres de todo
tiempo y lugar; de cualquier raza, clase y condición. ¿Qué ofrece? La vida misma en abundancia.
Lamento que los cristianos no demos un testimonio común de gozo pascual. La fe y esperanza en Cristo, muerto y
resucitado, nos une desde siempre. Por encima de las divisiones que -por culpa nuestra- han herido la unidad. Pero
mientras aguardamos y preparamos la plena comunión, la celebración nos acerca y nos impulsa a ser testigos de este
don maravilloso de Dios a la humanidad.
Hace años que los creyentes en Cristo, se estimulan cantando: “Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza / a
gloria de la Víctima propicia de la pascua / Cordero sin pecado que a las ovejas salva / que a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza” (Secuencia de Pascua).
2. No es fácil encontrar palabras para comunicar el regocijo de esta fiesta. Por eso recurro ante todo a las Escrituras,
que expresan el misterio en lenguaje humano. Es lo mejor que puedo ofrecer. No hay explicación más sabia, ni más
hermosa.
Una antigua profecía, proclamada en la noche de Pascua, es motivo de esperanza: “Les daré un corazón nuevo y
pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne”
(Ez 36,26). En el Evangelio, las mujeres que visitaron la tumba de Jesús, recibieron la buena noticia: “¿Por qué
buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Recuerden lo que él les decía ...” (Lc 24,5-6). San
Pablo, explicará luego el sentido y fruto de la Pascua, como signo del amor divino: “Dios, que es rico en
misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros
pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- y con Cristo Jesús nos resucitó y
nos hizo reinar con él en el cielo. Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su
gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús” (Ef 2,4-7).
3. Los viejos maestros cristianos, usaron expresiones muy hermosas para hablar de la Pascua. Un obispo llamado
Basilio, decía en el siglo quinto: “Cristo con su resurrección de entre los muertos ha hecho de la vida de los hombres
una fiesta”. San Gregorio de Nisa, todavía un poco antes, exhortaba a tener un corazón grande: “Día de resurrección,
¡feliz comienzo! Celebremos con gozo esta fiesta y démonos el beso de paz. Hermanos: invitemos a hacer Pascua,
aún a aquellos que nos odian... Perdonándonos todo, en honor de la Resurrección, olvidemos las ofensas recíprocas”.
4. El mensaje pascual de alegría y vida nueva, así expresado, parece dirigido sólo a creyentes y practicantes.
Conversando en estos días con gente de prensa, me insistían pidiendo referencias a la realidad de Mendoza; a los
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sufrimientos y anhelos de la gente. Yo les explicaba, que ante todo quería hacer de pastor. Porque desde la fe en
Cristo, que anunciamos e impulsamos, se perciben -por cierto- muchas carencias y miserias del momento actual.
Pero un predicador del Evangelio, un pastor del pueblo, no sólo denuncia esas realidades, sino que por encima de
todo suscita la fe y la esperanza en los corazones, sabiendo que desde allí puede provocar un cambio profundo,
auténtico y duradero. No lo hace, por supuesto, confiando en su habilidad o autoridad, sino en los frutos
maravillosos prometidos a quienes descubren a Cristo, lo encuentran vivo y lleno de poder, para llevar vida nueva a
todas las familias y los pueblos.
5. ¿Cómo es la vida nueva y plena, fruto de la Pascua? Los últimos meses han sido ocasión propicia para reflexionar
mucho sobre este tema. El año pasado, el encuentro de los obispos de América con el Papa, en Aparecida (Brasil),
nos dejó valiosas conclusiones. Ahora, estamos presentado en Mendoza un plan actualizado de pastoral (20082012), que inspirado en Aparecida lleva como título, y como lema: “Discípulos misioneros de Jesucristo, en
comunión, para la vida de nuestro pueblo”. Estoy seguro que muchos comparten graves preocupaciones, y tienen
fervientes anhelos en torno a la vida humana. Incluyo ahora sólo algunos alusiones. Conservo el entusiasmo por
seguir reflexionando, y por trabajar con mucha gente, al servicio de una vida humana plena y dichosa.
Desde la fe en Jesucristo, la vida se convierte en una buena noticia, de gran amplitud y mucha fuerza. Tiene que ver,
ante todo, con la dignidad humana que debemos proteger y promover, sobre todo en los pobres y marginados.
Dignidad absoluta, inviolable, nunca negociable. Supone el valor sagrado de la vida humana, del que brota el
derecho de cada persona a ser respetada desde su concepción hasta su término natural. Es una buena noticia sobre la
familia, el amor conyugal, la relación entre padres e hijos, que se hace escuela de convivencia generosa y servicial,
de integración amigable a la sociedad, de valores humanos y religiosos. Comprende el trabajo, dimensión
fundamental de la existencia humana, por el cual se garantiza su dignidad, su libertad, y su realización personal. La
vida exige a su vez, el cuidado, crecimiento y honesto uso de los bienes materiales, en justa y equitativa
distribución. Como también el cuidado del medio ambiente, que nos ha sido entregado para ser nuestra casa común.
6. Dejo a la reflexión de todos un pasaje textual de Aparecida: “... Jesucristo es nuestro salvador en todos los
sentidos de la palabra... la vida en Cristo sana, fortalece y humaniza. Porque Él es el Viviente, que camina a nuestro
lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta. La vida
en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo
de servir a quien nos necesite, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer
de una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala como signos de su amor
sincero. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia y, así, brota una gratitud
sincera”. (DA 356)
Mi saludo afectuoso y la bendición del Señor para todos en esta Pascua de Resurrección.
INSTITUCION MINISTERIOS
Seminario, 21 de mayo de 2008
1. Nos hace bien recordar, que la Iglesia de Mendoza ha promovido la preparación y envío de muchos
lectores y acólitos (laicos en EAM, y candidatos al presbiterado en Seminario), porque se siente urgida
por la Nueva Evangelización, a seguir realizando con discípulos misioneros de Jesucristo, bien
preparados.
2. Acolito quiere decir “el que sigue”.
Es elegido, instituido y bendecido por la Iglesia: “para ayudar al diácono y prestar su servicio al
sacerdote. Es propio de él cuidar el servicio del altar, asistir al diácono y al sacerdote en las funciones
litúrgicas, principalmente en la celebración de la Misa, además, distribuir como ministro extraordinario la
sagrada comunión... “ y llevarla a los fieles enfermos o impedidos (Ministeria quaedam, 1972, VI).
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3. A la luz de la Palabra de Dios, el ACÓLITO es ante todo un seguidor de Cristo, a quien la Iglesia llama
a un verdadero discipulado. SEGUIR, en los evangelios, no es tanto “imitar”, sino “adherirse a Su
persona con todo el corazón”.
-¡Sígueme! es precisamente la expresión, con la cual Jesús llamó a muchos, para que estuvieran con él y
para enviarlos a predicar.
-Es la palabra que indica la vocación misma del creyente y del discípulo: “Después dijo a todos: «El que
quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga“ (Lc 9,23).
“El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Jn 8,12). “Mis ovejas
escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10,27).
Los católicos vivimos un tiempo muy hermoso, en el cual la Iglesia invita a re-descubrir la dichosa
vocación al discipulado misionero, para ser signo y instrumentos de la vida que Dios ofrece. Sobre todo a
través del sacramento eucarístico, principal fuente de ese maravilloso misterio.
4. El objetivo principal del servicio eclesial del acólito, es la Eucaristía, que se convierte de manera
singular en el centro de toda su vida. En los últimos años, la Iglesia nos ha regalado textos muy hermosos
sobre este sacramento:
El Papa Juan Pablo, con su carta de 2003, quiso suscitar sentimientos de asombro y gratitud ante la
EUCARISTÍA (EdE 5,3). En continuidad con la herencia jubilar y las líneas trazadas para el nuevo
milenio (NMI 2001). Nos invitó a buscar una “renovada experiencia” de la Eucaristía, de la cual vive la
Iglesia, de este pan vivo del cual se alimenta (cf EdE 7); lo más precioso que la Iglesia puede tener en su
caminar por la historia” (EdE 9,1).
“«La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo,
nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo».(PO 5) Por
tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el
cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor” (EdE 1,2). “Del misterio pascual nace la
Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está
en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que
nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la
comunión, a la fracción del pan y a las oraciones» (2, 42).La «fracción del pan» evoca la Eucaristía.”
(EdE 3,1).
5. Para un acólito que se prepara al presbiterado, la Eucaristía es además la fuente de donde mana la
caridad pastoral, participada del mismo Señor, que animará toda su vida.
“La caridad pastoral, que tiene su fuente específica en el sacramento del Orden, encuentra su expresión
plena y su alimento supremo en la Eucaristía: «Esta caridad pastoral - dice el Concilio - fluye ciertamente,
sobre todo, del sacrificio eucarístico, que es, por ello, centro y raíz de toda la vida del presbítero, de suerte
que el alma sacerdotal se esfuerce en reproducir en sí misma lo que se hace en el ara sacrificial». En
efecto, en la Eucaristía es donde se representa, es decir, se hace de nuevo presente el sacrificio de la cruz,
el don total de Cristo a su Iglesia, el don de su cuerpo entregado y de su sangre derramada, como
testimonio supremo de su ser Cabeza y Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia. Precisamente por esto la
caridad pastoral del sacerdote no sólo fluye de la Eucaristía, sino que encuentra su más alta realización
en su celebración, así como también recibe de ella la gracia y la responsabilidad de impregnar de manera
«sacrificial» toda su existencia”. (PDV 23,6)
6. La exhortación y la bendición del pontifical, aunque de manera breve, contiene especiales
recomendaciones para la vida. Les ruego atender bien a esas palabras.
Me permito agregar sin embargo estos deseos, que son una recomendación:
- al seguir y servir al diáconos y presbíteros, incluso al obispo, procura conocerlos y quererlos, para que
puedas enriquecerlos y aprender de ellos, con espíritu fraterno, comprensión y humildad
- al acompañarlos, mientras seas acolito y servidor del misterio eucarístico, intenta crecer aún más en el
deseo del Orden sagrado, al cual has sido llamado, dejándote guiar hacia él, por el cariño, la enseñanza, y
el testimonio de la Iglesia.
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- puesto que recibes la encomienda de preparar a los fieles para este misterio admirable, atendiendo en
especial a los pobres y sufrientes, es conveniente que mantengas el ánimo de evangelizar y educar
pacientemente a todos, tanto participantes y alejados de la Eucaristía, porque mucho lo necesitan.
ACCIÓN DE GRACIAS
Pquia. San Miguel Arcángel, 25 de mayo de 2008
1. Un pueblo creyente y patriota, agradece y suplica
El pueblo argentino recuerda cada año la gesta de mayo de 1810, con amor a la Patria, y espíritu religioso.
Somos herederos de esa tradición. Estamos muy agradecidos a Dios, y a los que fundaron la Nación. Hoy
queremos celebrar con idénticos sentimientos de afecto agradecido y de piedad cristiana.
Han pasado muchos años. La situación ha cambiado bastante. Pero agradecemos una historia en la cual
hemos sido bendecidos por Dios. Miramos el presente como una oportunidad a nosotros confiada, con sus
logros y debilidades. Y preparamos el futuro, que en gran parte depende de nosotros, con la
responsabilidad de programar y trabajar, en favor de la República.
Hemos recurrido siempre a Dios para dar gracias, y en circunstancias difíciles para pedir su auxilio. Sobre
todo en situación de angustia y mucho dolor. Hace pocos años, en un momento de crisis grave y
preocupante, los obispos invitaron al pueblo a orar por la Patria. Fue entonces que una familia de
Mendoza, hizo llegar la sugerencia de que se confeccionara una oración apropiada, para rogar todos a
Dios, con el mismo sentir e iguales palabras. Esa fue la ORACIÓN POR LA PATRIA, que ahora vamos a
comentar y rezar.
2. Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos. Nos sentidos heridos y agobiados. Precisamos tu
alivio y fortaleza.
La Oración se dirige a Jesús, el Cristo y Señor. Expresa la fe mayoritaria de la comunidad nacional,
arraigada en nuestra cultura. Con dolor vivimos la división entre cristianos. Pero compartimos con gozo
la fe en el Hijo de Dios, hecho hombre, muerto y resucitado, para vencer el pecado y la muerte; para
salvar y renovar al mundo. Él ofrece a la humanidad la fuerza de su Reino, que no es de este mundo, pero
que en el mundo suscita entusiasmo y aptitudes, a favor de la justicia, el amor, y la paz. Sin limitación ni
distinción; para todos las naciones y cualquier tiempo. Esta misma fe cristiana, nos hace ser respetuosos
de todas las creencias, y aún de la increencia; como también solidarios de todos los habitantes de este
suelo, a quienes abrazamos como hermanos y amigos.
Confesamos tener necesidad de Él, no por débiles o miedosos; sino por ser concientes de los límites y
errores del obrar humano; tanto personal como social. Ante Él, no podemos ocultar nuestros sentimientos.
Él bien conoce las heridas y sufrimientos de personas, familias, pueblos y ciudades. Pedimos alivio y
consuelo. Y al mismo tiempo, fortaleza, porque el cristiano no huye de los problemas, sino que busca y
pide el don de ser valiente y luchador, para cumplir su vocación de progresar y de servir.
Señor: ¡Renueva en nosotros una fe religiosa auténtica, madura, confiada; capaz de orientar la oración
sincera, y más todavía, una vida siempre responsable!.
3. Queremos ser Nación. Una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso
por el bien común.
¿Qué evoca la palabra Nación? Quizás: bienes, estructuras e instituciones, que son de todos, y para todos;
pero que no siempre despiertan aprecio, respeto, responsabilidad. Sin embargo: La Nación es
fundamentalmente la comunidad de hombres, congregados por diversos aspectos; sobre todo, por el
vínculo de una misma cultura. Los hombres son un pueblo o una Nación, porque están vinculados por una
misma concepción del ser humano y del mundo; por una misma escala de valores, que se traducen en
actitudes, costumbres e instituciones comunes (cf. ICN 77). Entonces, somos mucho más que: un
territorio, una historia, unos bienes compartidos, o una estructura de Estado. Desde la fe religiosa,
creemos aún que la Nación, o la Patria, es un don de Dios, confiado a nuestra libertad; un regalo de amor
que debemos cuidar y mejorar. Esto exige a todos, hacernos cargo de su marcha, para buscar su
crecimiento integral, y la solución de sus necesidades y conflictos.
No queremos vivir la conciencia de Nación, con indiferencia. Pedimos, ante todo, un impulso pasional
para trabajar por el fin primordial de la comunidad política, que es el bien común. Una pasión hecha no
sólo de anhelos o lamentos, sino de auténtico compromiso. Que se juegue, además, por la verdad
completa; que no acepta mentiras, engaños, ni falsas promesas. Ni siquiera una mirada benevolente o
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crítica, pero carente de conocimiento objetivo y fundado. La verdad no se deja desfigurar en beneficio, ni
en perjuicio de nadie. Es trasparente y sabia. Para los cristianos, la plenitud está en Cristo, testigo del
Padre; no sólo por su sabiduría eterna, sino por su plan de amor y misericordia, que tiende su mano
poderosas a la humanidad caída.
La pasión por la verdad, se orienta a descubrir el bien común, y a trabajar por él. Entendido, no de
cualquier manera, sino en su acepción amplia y comprometedora: el conjunto de condiciones de la vida
social, que hacen posible a la comunidad, y a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil
de su propia realización (cf GS 26).
¡No tengamos vergüenza de pedir un sincero amor a la Patria, y de distinguirnos por buscar
apasionadamente el bien común y la verdad, para nuestra querida Nación!.
4. Danos la valentía de los hijos de Dios, para amar a todos sin excluir a nadir, privilegiando a los
pobres, y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Rogamos a Dios que nos haga fuertes y valientes. Como hijos suyos, muy queridos, y por eso libres de
torcidas intenciones. ¿Para qué? Porque queremos cultivar con decisión los mejores valores humanos y
cristianos, en beneficio de la Nación. Es decir: un corazón grande, capaz de comprender y amar a todos;
evitando cualquier tipo de exclusión, que siempre es injusta o dolorosa; contraria al bien común. Dejando
de lado cualquier privilegio o favoritismo. Pero asumiendo la atención preferencial de los pobres, sin la
cual no pueden acceder a la educación, la salud, el trabajo digno, y la inclusión social. Un corazón
magnánimo y generoso, que busca la verdad y la justicia, aprendiendo que éstas no se logran sin
perdonar, y sin descartar el odio o el rencor.
Nos sigue preocupando la falta de paz en el mundo, y aún entre nosotros. Pedimos la paz como un don de
Dios, pero aceptando a su vez el compromiso de ser constructores de paz, en toda relación y trato, que
tenemos con los demás. Porque la convivencia pacífica, como la tan deseada “amistad social”, son ideales
posibles, cuando gobernantes y ciudadanos se atreven a avanzar por este camino de valores humanos
auténticos.
Al orar por la Patria, no le dejamos a Dios la tarea, aunque de Él dependemos para todo. Incluso para
nacer y subsistir. Le pedimos que nos conceda un corazón valiente, esforzado, para ser nosotros mismos
artífices de la justicia, del amor y de la paz, que tanto anhelamos.
5. Concédenos la sabiduría del diálogo, y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Somos parte de un mundo admirablemente comunicado. Pero no por ello amistoso y fraterno. La
comunicación no necesariamente produce comunión. El progreso no suprime los conflictos. A veces, aún
los provoca. El diálogo se considera necesario, en toda relación humana. En la amistad; en el matrimonio
y la familia; en las relaciones laborales; en la actividad política. Con frecuencia lo intentamos. Hacerlo
bien, requiere la sabiduría que a Dios le pedimos. El actual estilo de relaciones humanas, en general muy
apreciado, no está exento de autoritarismo, de intransigencia, de arbitrariedad. Sólo la persona sabia, va
superando esos riesgos. Y sabiduría, no significa conocimiento o instrucción; sino humildad de corazón;
apertura para escuchar y cambiar; ganas de aprender; experiencia de vida sana.
Estamos necesitados de esperanza. Sólo en la confianza tenemos tranquilidad y alegría. Pero no queremos
esperar de cualquier manera. Por eso se la pedimos al Señor. Él, no sólo revela la dignidad de la persona
humana, su destino trascendente, y los altos valores a los cuales llama; sino que acompaña siempre, y con
su gracia hace posible el camino señalado. La esperanza puesta ante todo en Él, supera cualquier
expectativa humana. Por eso nunca nos defrauda.
6. Tú nos convocas. Aquí estamos Señor. Cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina canta y camina!
La vida de cada persona, y de cada Nación, es una vocación. Esa es la visión de quien acepta que Dios
existe, como origen y fin de nuestra existencia. Reconocerlo y plantarnos delante Suyo, es reconfortante
y consolador. Nadie como Él, nos quiere, perdona y acompaña. Los santos y la Virgen María, fueron
siempre en la Argentina, un auxilio amigable, para comprender y vivir nuestra vocación humana y
cristiana.
En estos días, fue el aniversario de Don Luis Orione, santo. Me emocionó rezar con los niños, una oración
suya de 1934. Una súplica positiva, esperanzada, que puede ser un estímulo, cuando nos pesan nuestras
miserias. Don Orione, le dice a Dios, desde nuestra tierra: ¡Cuánta amabilidad, cuánta inteligente bondad
he hallado! ¡Cuánta virtud y cuánto bien he aprendido de este clero y este pueblo! ¡En todos, entre los
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ricos y entre los pobres obreros, he hallado corazones de príncipe. ¡Ama, oh Señor, a la Argentina,
porque la Argentina ama a tus pobres!
La mención de María, con palabras puestas en sus labios, parecen una ironía: ¡Argentina canta y camina!
Están tomadas de san Agustín, que en la Pascua, enseñaba a los cristianos cómo vivir su fe. La Virgen,
tan querida en nuestra Patria, patrona de tantos lugares, lo recuerda:
“Ahora, por tanto, hermanos, cantemos ALELUYA, pero como alivio en el trabajo, no como quien se
goza en descansar. Canta como suelen cantar los peregrinos; canta pero camina; consuela con el canto
tu trabajo, pero no ames la pereza: canta y camina. ¿Qué significa camina? Avanza, avanza en el bien;
hay algunos que avanzan empeorando. Tú, si avanzas, caminas; pero avanza en el bien, en la recta fe, en
las buenas obras: canta y camina. No te salgas del camino, no te vuelvas atrás, ni te quedes parado”
(Sermón 256,
ACCION DE GRACIAS
Pquia. Ntra. Sra. del Carmen, San Martín, 9 de julio de 2008
1. Convocados Para Rezar Por La Patria:
Hoy Celebramos La Independencia Nacional, Declarada Por El Congreso De Tucumán En 1816.
Significaba La Ruptura Definitiva Con El Antiguo Régimen, Y El Comienzo De Una Nueva Etapa Como
Estado Soberano. El Congreso Estaba Integrado Por Representantes De Las Provincias, Que Tomaron
Una Decisión Valiente, Superando Rivalidades, Y Abriendo Un Camino En Medio De Luchas Y
Desencuentros. Valiosa Lección, También Para Estos Tiempos Nuestros.
Aquellos hombres estaban motivados por un alto ideal de libertad política, sin perder el sentido religioso de la
convivencia social. Nicolás avellaneda escribió: los congresistas de Tucumán “se emanciparon de su rey,
tomando todas las precauciones para no emanciparse de dios y de su culto ... Querían conciliar la vieja
religión con la nueva patria”. El acta de la independencia, comienza “invocando al eterno que preside el
universo...”. Siguiendo la tradición, la asamblea había comenzado y concluido con una misa, entonando a
continuación el te deum.
Este antiguo himno dio el nombre al momento religioso celebrado por el pueblo y sus gobernantes en las
fiestas patrias. Aunque se cantaba en latín y con música polifónica, los cristianos entendían que estaban
dando gracias a dios por la nación, e invocando su protección sobre ella. En los nuevos tiempos, y
necesitados de la gracia divina, las familias y comunidades rezamos una oración por la patria, que he
comentado el pasado 25 de mayo. Entonces y ahora necesitábamos motivar la súplica en medio de una
preocupación compartida, y alentar el compromiso por los grandes valores.
2. Una forma cristiana y sencilla de oración cotidiana.
¿Cómo invitar en este día a la oración por la patria? Los cristianos hemos recibido una forma simple y muy
profunda, de labios del mismo Jesús: el padrenuestro. Fórmula recitada con frecuencia, aunque no siempre
con la advertencia y el gusto por lo que significa. Sin embargo, es la más perfecta de las oraciones. Enseña el
catecismo, que es el resumen de todo el evangelio. En ella conocemos mejor a dios, y aún a nosotros mismos.
Los padres la siguen trasmitiendo a sus hijos, los pastores y catequistas a sus fieles cristianos. Es oportuno
repasar hoy su contenido, porque nos ayuda a renovar el sentido religioso de la vida personal y social.
3. Padre Nuestro, que estás en el cielo
Para suplicar a dios, lo invocamos primero como padre. Nombre maravilloso y verdad admirable, que
Jesucristo ha revelado. Padre significa: fuente de todo bien, medida y origen de toda perfección. Es un gozo
reconocemos como hijos suyos, muy queridos, y darle gracias por ello. Nada mejor, que sabernos en
comunión familiar con él, y entre nosotros, por la vida nueva que ofrece y entrega. Decimos que “está en el
cielo”; no porque sea inalcanzable; sino porque está más allá de todo, por su grandeza, majestad, y suprema
bondad. No lejos nuestro, sin embargo, porque nos quiere y cuida con admirable providencia. No hay un sólo
instante, ni una acción escondida, que escape a su mirada paternal. Le llamamos padre “nuestro”, y no para
apoderamos de él, sino reconociendo una pertenencia mutua, establecida gratuitamente en Jesucristo, como
alianza de amor y fidelidad.
Ahora bien, llamar a dios padre, como fuente de toda bondad, nos compromete. Su grandeza y belleza
impregnan el corazón del que ora, haciéndolo humilde y confiado. Nadie se dirige a él, manteniendo un
corazón cruel, inhumano o insensible. Al contrario, el amor recibido de nuestro padre nos libera del
individualismo, y al invocarlo de verdad, debemos superar nuestras divisiones y los conflictos entre nosotros.
Apelar a la paternidad del cielo, permite superar fronteras, derribar todo muro y edificar una paz auténtica.
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¿cómo no experimentar entonces, que al rezar por la nación, nos motivamos para procurar una fraternidad
sincera, buscada con la confianza puesta en el padre dios, que la hace posible?
4. Santificado sea tu Nombre
Los hombres no santificamos a Dios. Sino que lo reconocemos como fuente de toda bondad, razón y justicia.
Él es quien ha querido compartir la santidad con sus hijos, sanando las heridas del corazón humano, tantas
veces orgulloso y rebelde. Al recurrir al Padre con esta petición, reconocemos la necesidad de ser purificados
de manera incesante, porque faltamos cada día a nuestros deberes y compromisos; porque abusamos del
nombre de Dios. Por lo demás, la salud y la santidad, no se piden sólo para uno mismo, sino en nombre de
todos y para todos; incluso por los adversarios o enemigos, porque solamente así se puede entrar en el plan
que Dios tiene sobre cada persona y cada nación.
Tantas veces nos abruman los errores y equivocaciones. Otras tantas los ocultamos, o los atribuimos a la
responsabilidad ajena y los criticamos duramente. Esta simple oración nos enseña a pedir confiadamente la
salud interior que viene de Dios para todos, y que todos sin distinción precisamos. Éste es también el sentido
de las últimas peticiones del Padre Nuestro: perdona nuestras ofensas, porque -con tu ayuda- estamos
dispuestos a perdonar; el mal existe y nos rodea, pero confiamos en tu auxilio para no caer en él. ¿quién de
nosotros no vive a menudo esta experiencia?
5. Venga a nosotros tu Reino
¿Qué es este reino pedido? dice la escritura: “el reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espíritu
Santo” (Rom. 14,17). ¡Cómo no suplicar pues estos dones maravillosos tan anhelados! ¿Será posible
obtenerlos? el Señor los ha prometido, y los entrega como fruto del Espíritu Santo. Según el Evangelio, el
Reino con sus dones pertenece a los pobres y los sencillos de corazón, que son felices al aceptarlo. Al
Reino son invitados los pecadores, para encontrar el perdón y la libertad interior. Jesús mostró la fuerza
del Reino, con signos visibles que atrajeron la atención hacia él; sobre todo liberando de males terrenos,
como el hambre, la injusticia, la enfermedad y la muerte. Pero no vino para abolir milagrosamente todos
esos males, sino para liberar a los hombres de una peor esclavitud, que es el pecado. Porque éste es el
obstáculo más grave para vivir como hijos de Dios y como hermanos; por eso, es causa de servidumbre,
sometimiento y exclusión. Así, pues, mientras aguardamos con esperanza la venida definitiva del reino,
pedimos que esta fuerza mueva el corazón de cada persona y cada comunidad, transformando el hoy
nuestras vidas.
6. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo
¿Se puede conocer la voluntad de Dios? ¿Será igual a la nuestra?. La escritura sagrada afirma que su
voluntad consiste en nuestro bien mejor. Él quiere que todos los hombres se salven de todo mal, y que
conozcan plenamente la verdad (cf 1 tim 2,3-4). Ejercita su paciencia con los seres humanos, y no quiere
que nadie perezca (cf 2 pe 3,9). Toda su voluntad se resume en que “nos amemos los unos a los otros
como él no ha amado“ (jn 13,34). Jesús es quien ha cumplido por entero la voluntad de Dios, y en virtud
de su entrega generosa hemos sido santificados. De nuestra parte, somos impotentes para imitarlo, pero
unidos a él y por la fuerza del espíritu, podemos optar siempre por lo que él ha escogido y hacer lo que
agrada al padre.
Con esta súplica, pues, pedimos discernir cuál es la voluntad de Dios y tener constancia para cumplirla.
Jesús enseña a entrar en el reino, no con vanas palabras, sino cumpliendo la voluntad del Padre. Allí
radica el bien verdadero, y la felicidad completa, de cada persona, familia y nación. No es una ilusión
anhelar comprensión, entendimiento y armonía entre las personas, familias y grupos sociales. Tampoco
una utopía soñar con la amistad social. Eso quiere el Padre Dios para sus hijos; para la familia que él ha
adquirido y reunido. En situaciones que preocupan, pedimos con sencillez la gracia de comprender y
valorar esta vocación a la justicia y paz; más aún, suplicamos tener la convicción y la fuerza para ser
artífices de esos valores en la vida social y política.
7. Danos hoy nuestro pan de cada día
Buscar el pan para la mesa de familia, motiva el esfuerzo diario de muchos argentinos. Es ya una
bendición el trabajo y la salud para conseguir el pan. Mucho más, tener familia, hijos, y amor para
cuidarlos. ¿Por qué lo pedimos a Dios cada día? Porque en este mismo afán cotidiano, percibimos -hasta
con dolor- nuestras limitaciones. No siempre se puede elegir el trabajo, y menos la retribución que
merece. A veces falta salud, energía o laboriosidad. Y hay causas históricas, sociales y económicas, que
hacen difícil vivir del propio trabajo. Aunque una patria grande y generosa como la nuestra, nos obliga a
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pensar en las razones morales que provocan la falta de trabajo o de pan. En el último Congreso
Eucarístico cantábamos: “no es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan”.
Al pedir a Dios el pan de cada día, no dejamos de lado nuestra responsabilidad. Al contrario. Expresamos
la confianza filial de los hijos de Dios, preocupados por responder a la vocación recibida: sostener la
propia familia con el propio esfuerzo, y edificar un mundo fraterno, justo y solidario. Todos saben, por lo
demás, que no sólo de pan material vive el hombre. Hay otra hambre interior, que necesita un alimento
distinto. Sobre todo el de la palabra de Dios, que transforma el corazón. En una patria rica y fecunda, no
habrá justicia ni solidaridad, sin personas que de veras quieran ser justos y solidarios. A Dios Padre
nuestro, que nos conoce y nos quiere, sigamos pidiendo pan suficiente para la subsistencia completa del
pueblo entero.
Como enseñó un sabio maestro cristiano, para los creyentes: Cristo "mismo es el pan que, sembrado en la
Virgen, florecido en la carne, amasado en la pasión, cocido en el horno del sepulcro, reservado en la
Iglesia, llevado a los altares, suministra cada día a los fieles un alimento celestial". [San Pedro Crisólogo]
PATRÓN SANTIAGO
Pquia. Santiago Apóstol y San Nicolás, 25 de julio de 2008
Madurar como creyentes, para ser servidores de comunión
1. El Patrón Santiago da la ocasión de volver siempre al Evangelio
¿Por qué Santiago es patrono de Mendoza? Es una pregunta que puede hacer algún turista o visitante,
como también algún hijo de esta tierra. ¿Cómo responder? Se me ocurre que hay varias formas de
hacerlo. Una es recordar la historia de la fundación de Mendoza, hecha por los españoles, que desde
siglos cultivaban una gran devoción por este apóstol. Otra, mencionar que necesitamos y confiamos en su
protección, contra los temblores y terremotos. Me atrevo a interpretar, que la providencia ha querido
darnos este patrono, para tener la oportunidad de volver siempre la mirada sobre el Evangelio. De buscar
allí la luz y la fuerza para la vivir bien. En verdad, nadie puede contar las cosas de Santiago, el apóstol de
Jesús, sino abriendo la Palabra de Dios.
Ahora bien, no recurrimos al Evangelio sólo para tener alguna noticia sobre Santiago. Es verdad que allí
encontramos varios textos sobre su encuentro con Jesús y la relación con él. Pero el Evangelio, como la
Buena Nueva de la salvación, ofrece mucho más que una explicación histórica. Nos pone en contacto con
quien es la Palabra viva de Dios. La persona misma de Jesús y su mensaje son capaces de iluminar,
cambiar y alegrar la vida personal y comunitaria. Proclamar de nuevo estas frases, nos llenan de
esperanza:
-“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc 13,31)
-“Las palabras que les he dicho son espíritu y vida” (Jn 6,63)
-“... si alguno guarda mi Palabra, no morirá jamás” (Jn 8,51)
Por eso Pedro, se animó a responder en un momento crucial: “Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes
palabras de vida eterna” (Jn 6,68). Y luego, echando las redes con la confianza puesta sólo en el mandato
de Jesús, pescó tanta cantidad de peces, que las redes amenazaban romperse (cf Lc 5,5-6).
Este es el tesoro principal que Santiago ha legado a esta tierra. Recordemos con vivo sentimiento el canto
de pueblo cristiano: “Tú palabra es la verdad y la luz de mis ojos”. “Tu Palabra me da vida, confío en Ti
Señor”.
2. Los encuentros de Santiago con Jesús, son un mensaje hoy para nosotros
Tres escenas del Evangelio llaman la atención. El primer encuentro de Santiago con Jesús tiene que haber
sido realmente impactante. Así nos impresiona aún ahora. Estaba Santiago con su padre y su hermano
Juan, arreglando las redes en la barca, porque eran pescadores. Jesús, dirigiéndose a los dos hermanos, los
llamó para que se fueran con él; para hacerlos “pescadores de hombres”, les dijo. “Inmediatamente ellos
dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron” (Mt 4,22). Son las palabras del texto. ¿Qué vieron aquellos
rudos pescadores en la persona de Jesús, que los cautivó por completo, hasta dejarlo todo por él? Esta es
la pregunta que nos hacemos hoy los cristianos, deseosos de revivir la experiencia del encuentro con el
Señor que los encantó.
En otra ocasión, Jesús llevó a Santiago con Pedro y Juan hasta el monte Tabor, y allí los deslumbró
mostrándoles su gloria. Su rostro dejó traslucir entonces el esplendor divino del Señor. Al mismo tiempo,
la voz del Padre desde el cielo, les confirmaba que valía la pena escuchar a este hijo suyo predilecto (cf
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Mt 17,1-18). Todas las promesas bíblicas, se concentraban en él. ¡Cuánto habrán gozado de la luz y la
verdad que allí podían contemplar!
El tercer paso, es el de la agonía de Jesús en el huerto. Momento de sufrimiento y humillación,
acompañando sin comprender al Hijo de Dios angustiado, que obedece hasta la muerte (Cf Mt 26,36-46).
¿Cómo podían Santiago y sus compañeros compaginar una y otra experiencia? Quizás encontramos en
sus vidas el consuelo que necesitan las nuestras, cuando nos debatimos entre alegrías y tristezas.
3. Santiago ayuda a madurar la condición de creyentes, discípulos misioneros
Al volver sobre estos Evangelios de la mano de Santiago, escuchamos estas palabras como dichas hoy para
nosotros. Hace poco, el Papa Benedicto decía en su enseñanza semanal al pueblo: “... de Santiago podemos
aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor cuando nos pide que dejemos la ‘barca’
de nuestras seguridades humanas; el entusiasmo de seguirlo por los caminos que él nos enseña más allá de
nuestra presunción ilusoria; la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el
sacrificio supremo de la vida. Así, Santiago el Mayor, se nos presenta como ejemplo elocuente de la adhesión
generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido -a través de su madre- sentarse con su hermano junto al
maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en compartir con los apóstoles
el martirio”.
“Y al final, resumiendo todo, podemos decir que el camino no sólo exterior sino sobre todo interior, desde
la Transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza toda la peregrinación de la vida cristiana, entre
las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios...”
4. Queremos ser -también nosotros- servidores convencidos de la comunión
La vida del apóstol Santiago será siempre un valioso estímulo para los cristianos de Mendoza. Como
discípulo entusiasta y valiente de Jesús, indica el camino seguro para ser seguidores fieles y felices del
Señor y de su Evangelio.
¿Qué frutos esperar de esta mayor fidelidad a la vocación cristiana? Las fiestas de Santiago nos han dado
ocasión de desear y buscar frutos abundantes; no sólo para la vida personal y familiar, sino también para
la ansiada concordia social. El actual proyecto de nuestra Iglesia local, lo expresa muchas veces como
palabras bíblicas: Vida en abundancia y Comunión. No sólo como referencia a la Eucaristía, fuente
privilegiada de esos dones. Vida plena y comunión son nombres de nuestras aspiraciones más legítimas;
las que plenifican la existencia. Por eso nos sentimos alentados en la vocación cristiana y ciudadana para
trabajar por una convivencia humana, de características que nombramos con palabras casi sagradas:
aspiramos a ser una sociedad fraterna, amistosa, con estilo de familia; por supuesto justa, respetuosa,
solidaria. ¿Qué cristiano auténtico, que haya descubierto con gozo el rostro luminoso de Cristo, y haya
compartido con él, el sufrimiento propio y ajeno, no quiere trabajar intensamente por estos valores?. Este
es el proyecto de Dios. El que sólo él hace posible. Santiago nuestro patrono, caminante y pregonero de
verdades, ha de ser un guía seguro para Mendoza.
SAN CAYETANO
Orfila, 7 de agosto de 2008
1. ¿Por qué veneramos a los santos?
El pueblo católico no venera a los santos, principalmente para conseguir favores de Dios por su
intermedio. Tampoco los tiene como patronos, por esa sola razón. Ellos significan mucho más para los
creyentes. En los santos encontramos a verdaderos “amigos de Dios”; que conocieron y amaron de
corazón a Jesucristo, y quisieron vivir su Palabra; por eso pueden indicarnos el camino del Evangelio
creído y vivido por ellos. Si bien, además de modelos y estimulo de vida, han sido siempre invocados
como intercesores ante Dios, por nuestras necesidades.
2. Hagamos memoria de San Cayetano
Cayetano de Thiene fue una figura clave en la Italia del siglo XVI (1480-1547). Encarnó el ideal de una
urgente y profunda reforma en toda la Iglesia. Perteneció a una familia noble y de buena posición. Fue
doctor en derecho y luego sacerdote. Le tocó vivir una época difícil: de hambre, epidemia (sífilis), miserias
morales, ignorancia; de sombras dentro de la misma Iglesia; y aún de luchas sangrientas en su patria.
Su vida estuvo marcada por inquietudes y búsquedas, peripecias y luchas, en medio de aquella situación.
Pero -ante todo- buscó para sí y para los demás, una vuelta decidida al Evangelio, que habían vivido las
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primeras comunidades cristianas. Se hizo pobre por amor a Cristo, como Francisco de Asís, y se arrojó en
manos de la providencia. Su lema fue la frase de Jesús: "Busquen primero el reino de Dios y su justicia y
todo lo demás les será dado por añadidura" (Mt 6,33).
Es llamado el “santo de la providencia”. No sólo porque se puso con entera confianza en manos de Dios,
buscándolo por encima de todo, en medio de aquella dolorosa situación; sino también, porque fue
providencia para los demás. Se convirtió en amparo y salvación de los más necesitados. Así como se había
despojado de todo, él se convirtió en padre y socorro para los hambrientos. Atendió a enfermos de todas las
clases sociales, entre quienes hacía estragos la epidemia de sífilis. Socorrió a muchos, fundó hospitales,
promovió la ayuda de numerosos voluntarios.
Son frases suyas: “Cristo espera y nadie se mueve”; “No con el amor sentimental, sino con un amor activo,
es que se purifican las almas”. Tuvo como preocupación fundamental la atención espiritual de la gente,
procurando de manera incansable llevarles a Cristo. Ayudó a los sacerdotes y promovió para ellos una vida
más santa y entregada. Contribuyó de manera notable a la reforma que la Iglesia necesitaba, conservado
siempre una gran humildad. Murió en Nápoles, víctima del servicio a los pobres y a la pacificación de esa
ciudad.
3. Su ejemplo y enseñanza nos educa en solidaridad
Cayetano predicó la confianza en la providencia divina, y motivado por esa misma verdad brindó en su
tiempo: cariño a los desamparados; alimento a los hambrientos; salud a los enfermos; consuelo a los
tristes; paz en los desencuentros y conflictos. Al venerar su memoria, nos sentimos alentados a buscar
esos mismos dones para los demás.
Una necesidad grande de hoy es la solidaridad; no entendida como dádiva, sino como “amistad social”;
como exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana (Catecismo 1939). Aunque parezca mentira,
olvidamos con frecuencia esta ley primera y fundamental de la convivencia.
“La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo.
Supone también el esfuerzo en favor de un orden social más justo en el que las tensiones puedan ser
mejor resueltas, y donde los conflictos encuentren más fácilmente su solución negociada. Los problemas
socioeconómicos sólo pueden ser resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad: solidaridad de
los pobres entre sí, de los ricos y los pobres, de los trabajadores entre sí, de los empresarios y los
empleados, solidaridad entre las naciones y entre los pueblos. La solidaridad internacional es una
exigencia del orden moral. En buena medida, la paz del mundo depende de ella” (Catecismo 1940-1941).
Ahora bien, la solidaridad va más allá de los bienes materiales. La fe cristiana encamina la vida cristiana e
impulsa la misión apostólica, favoreciendo el desarrollo de los bienes temporales, y la generosidad de
compartirlos. Los que buscan a Dios y cuantos creen en Él, no pueden dejar de sentirse impulsados a la
solidaridad. Así se verifica en tantos hechos históricos, la frase de Jesús que movió el corazón de
Cayetano: "Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura" (Mt 6,33).
Esta experiencia religiosa ha impulsado a muchos que trabajaron con abnegado empeño para crear
condiciones sociales capaces de hacer posible a todos una vida digna del hombre y del cristiano.
4. Nuestro compromiso actual
La sociedad moderna y democrática que formamos, debería asegura la justicia social de manera que
personas y comunidades gocen de las condiciones necesarias para obtener cuanto les es debido. Es el
principio del bien común. El respeto que merece toda persona humana, supone atender a los derechos
fundamentales que se derivan de su dignidad intrínseca. Todos los seres humanos son iguales en dignidad.
Y las diferencias que de hecho existen, hacen ver que nos necesitamos los unos a los otros; que estamos
llamados a prestarnos ayuda recíproca, con la comprensión y el amor que promueven y superan la misma
justicia.
Esta dependencia mutua, propia de la convivencia humana y fraterna, “exige el esfuerzo para reducir las
excesivas desigualdades sociales y económicas. Impulsa a la desaparición de las desigualdades inicuas”
(Catecismo 1947). Por eso la solidaridad tiene una dimensión profundamente cristiana. La aprendemos
de Jesús y de su Evangelio. Se hace posible por la gracia y se pide como un don divino. Requiere
corazones sanados de las heridas que provocan el egoísmo, el orgullo y la avaricia. No sólo es
comunicación de bienes materiales; porque en el fondo supone: sensibilidad hacia la pobreza;
comprensión por los limitaciones y errores; capacidad de dialogar desde posturas diferentes; posibilidad
de construir, entre todos y para todos, una comunidad basada en la justicia y en la paz, que requieren
siempre de la solidaridad. Los creyentes, sabemos que este ideal requiere de la gracia de Dios que
insistentemente pedimos, a través de los santos, nuestros modelos e intercesores.
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DIA DEL DIÁCONO
Pquia. Ntra. Sra. Madre de los Migrantes, 10 agosto 2008
1. Mucha gente vive hoy una expectativa especial respecto de los MILAGROS que se cuentan o piden
(apariciones y curaciones). Por eso, el Evangelio suscita de inmediato la pregunta: ¿por qué habrá querido
Pedro caminar sobre el agua? Parece una arrogancia, una pretensión atrevida. Más aún: un reto dirigido a
Jesús (como "tentar a Dios"), para que El tenga que demostrar su poder. Pero Pedro sintió luego que se
hundía, y tuvo MIEDO. Entonces, ¿cómo se interpreta? ¿Qué mensaje tiene este Evangelio para los hombres
de nuestro tiempo?
2. Antecedentes (panes, oración, viento-noche): Jesús había multiplicado los panes (Mt 14,13-21), y
quisieron hacerlo rey (cf Jn 6,15). Quizás por eso mandó a los apóstoles a navegar hasta la otra orilla del
lago, mientras El despedía a la gente, y se retiraba a ORAR. Así lo hacía Jesús en los momentos importantes
de su misión, manifestando la necesidad vital de estar con el Padre.
El viento y la tormenta en la Biblia, expresan el poder de Dios (Sinaí, Pentecostés) y también su ira (Jonás).
El viento es destructivo (Mt 7,25), y causa temor, como le pasó a los discípulos esta vez, en la oscuridad de la
noche. Jesús manifiesta su poder calmando la tormenta (Mt 8,23-27)... aunque Dios se manifiesta en la brisa
(1ª L). Ahora va hacia ellos sobre las olas, sereno y soberano, mientras los discípulos "llenos de temor, se
pusieron a gritar". Jesús se da a conocer y los calma: "Yo soy; no teman" (alusión AT). Sólo Mt da lugar
enseguida al episodio de Pedro. Finalmente el viento cesa, y los apóstoles se postran profesando su fe en el
Hijo de Dios, con la cual concluye el relato. El Señor que les había dado de comer milagrosamente, también
sale al encuentro de ellos, y los salva del peligro. ¡Hace falta FE en El!
3. Gesto de Pedro: Muchos comentarios reconocen en este pasaje una interpretación simbólica, que
manifiesta la situación de la primera comunidad cristiana perseguida: la barca de la Iglesia está en medio de
graves dificultades; es como para tener miedo; necesita crecer en confianza hacia Jesucristo, que -presente y
actuante en la misma Iglesia-, convoca y llama para ir hacia El (en pos de El) aun atravesando los embates del
mundo.
El gesto de Pedro, se relaciona con dos pasajes próximos que se refieren a él (primado Mt 16; impuesto
pagado Mt 17). La petición de Pedro para ir hacia el Señor sobre las olas, no es un desafío arrogante, o la
pretensión de introducirse en el milagro. Más bien la renovación de la vocación a seguirle: ¡mándame ir! VEN! (Mt 14,28-29). Es como pedir ser llamado de vuelta a la fe, al seguimiento, y por tanto a la misión. Él
debía ser fuerte, como fundamento de su Iglesia; para confortar a sus hermanos; para ser testigo del Señor e
instrumento de salvación; aún en medio de una fuerte tormenta. Hace falta mucha confianza en el Señor que
llama, se da a conocer, sostiene y envía con poder. Pedro, y los demás apóstoles, viven la experiencia
confirmada de ser convocados para formar parte del milagro del reino que salva al mundo; para lo cual su FE
era todavía insuficiente y debía crecer. Esta fue la oportunidad de confesarlo y adorarlo, como experiencia
fundante de su vocación de discípulos y misioneros.
4. La experiencia de Dios actuando suavemente: Merece reflexión la ubicación de la 1º L de hoy: Elías
percibe que Dios se le manifiesta en el Sinaí: no en el huracán, ni en el terremoto o el fuego, sino en la brisa
ligera (1 Re 19,9-11-13). La experiencia progresiva del creyente, se hace confianza en la presencia salvífica
de Dios en su Iglesia: Él sigue llamando, asistiendo, comprometiendo y enviando. No de manera estruendosa
ni poderosa en apariencia; sino que crece en la intimidad, el recogimiento, por una vida interior profunda, en
sus múltiples formas.
5. Momento actual: Una iglesia, que quiere ser valiente evangelizadora en medio del mundo actual, debe
dejarse evangelizar; es decir:
- asumir las dificultades concretas de hoy, tanto personales, como culturales y de situación (viento
amenazante, mar agitado, nave sacudida); incluso aquellas de la misma Iglesia;
- reconocer y superar cierto modo de encarar la situación, cargado a menudo de temor, desconfianza,
protestas inútiles, lamentos...
- crecer con urgencia en la experiencia interior y serena de Dios, sobre todo creyendo en Cristo salvador,
presente y actuante, que se traduce en confianza y en fortaleza para asumir y sostener la misión de una
renovada evangelización en un mundo hostil.
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ORACION:
¡Vuelve a llamarme, Señor!
Quiero vivir una renovada experiencia
de tu delicada y poderosa presencia.
He creído y esperado en ti. Te he seguido hasta
hoy.
Pero como los discípulos y los apóstoles,
de ayer y de hoy, en tu barca que es la Iglesia,
navego en medio de la noche oscura,
con vientos que asustan y olas que amenazan.
Esos símbolos representan:
un mundo indiferente y adverso a los valores
espirituales;
una cultura secularista, que te olvida y rechaza;
una Iglesia peregrina, santa y necesitada de
purificación,
misionera pero desbordada por tantos desafíos;
y hasta mi persona, con su historia de gracia,
torpeza y pecado.
Por eso renuevo hoy mi fe y confianza en Ti,
que me has elegido, santificado, consagrado y
enviado.
Estoy seguro que oras siempre por mi,
mientras nos envías a un mundo revuelto y agitado.
Confío que me echarás una mano,
cuando tenga miedo al navegar en un mar revuelto.
Me uno a mis hermanos, pastores y fieles
cristianos,
para crecer con ellos en comunión de fe, oración y
servicio;
queremos ser renovados discípulos misioneros
tuyos,
en la barca de tu Iglesia: una, santa, católica y
apostólica.
Con tu gracia, confiamos ser valientes y
constantes,
para plegarnos como servidores fieles y alegres,
al milagro de tu Reino que se dilata y crece,
llevando al mundo la vida verdadera y eterna,
aunque apenas somos tus simples siervos.
FIESTA DIOCESANA
Teatro Griego Frank Romero Day, 5 de octubre de 2008
El domingo 5 de octubre en el Teatro Griego Frank Romero Day, como cada año tuvo lugar la Fiesta
Diocesana de la Iglesia en Mendoza, en honor a Nuestra Señora del Rosario, iluminados por el lema:
“Misionemos con María, por los caminos de Mendoza” Con un marcado espíritu misionero, este gran
encuentro de la Iglesia en Mendoza invitó a caminar con María nuestra tierra mendocina, desde el
lugar de cada uno, donde se transita cotidianamente.
El ánimo y el espíritu de esta nueva edición de la Fiesta Diocesana se inspiró en las palabras del
Documento de Aparecida, con la reciente Jornada de Pastoral y el Nuevo Plan Diocesano de Pastoral:
“Discípulos Misioneros de Jesucristo, en comunión, para la vida de nuestro pueblo”, teniendo a María
como ejemplo y modelo de la Iglesia que queremos ser.
Mons. José María Arancibia, se dirigió a los presentes con las siguientes palabras:
1. La Virgen camina en medio nuestro, queremos ir con ella.
Repasemos lo que estamos viviendo. Ha sido una alegría recibir en medio nuestro la imagen de
María del Rosario, patrona de Mendoza. Vivimos con emoción su entrada y su caminar entre
nosotros. Hemos admirado de nuevo su belleza, conmovidos por la plenitud de gracia que representa.
Esta vez, hemos rezado una parte del Rosario, como en tantas procesiones y fiestas marianas. El
santo Rosario le da el nombre a esta devoción. Permite volver nuestros ojos a los misterios de la vida
de Cristo y de María. Son los pasos del Señor y de su madre en este mundo. Creemos en un Dios
encarnado y cercano. Identificado con nuestra condición humana en todo, menos en el pecado. Él
nos ofrece su amor infinito y fiel. El Padre ha querido enviarnos a su Hijo, único y eterno, portado en
brazos de una Madre purísima. Ha venido buscando a los hijos maltrechos, heridos, dispersos.
Ofrece su amistad y el perdón del cielo. Gracia divina que supera discordias, reúne a los
distanciados, consuela a los afligidos, salva de todo mal. ¡Qué bien nos encontramos aquí, al poner fe
y confianza en esta visita!
¿No les brota del corazón, el deseo de seguir caminando con María, por los senderos de la vida
cotidiana? ¿Querrá esta bella Señora, acompañarnos para iluminar y alegrar la vida de todos?
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2. María fue feliz, ante todo, por creer y recibir a Jesús en su corazón y en su seno
Me atrevo a preguntarle a María: ¿Cómo has comenzado a ser tan feliz y tan hermosa? Ella, aun
guardando un misterioso silencio, me responde con palabras de la Escritura, que resuenan con fuerza
en esta asamblea y en cada corazón: Fui bendita y feliz por haber creído en la promesa de Dios. Por
ser la servidora del Señor. Por cantar las maravillas que Dios hizo conmigo, y en favor de la
humanidad (cf Lc 1,38.42.45.46). Por llevar a Jesús en el seno, y más aún, en el corazón.
Hoy queremos vivir intensamente el gozo del niño que Isabel llevaba en su seno, contento de saberse
junto a Jesús y a su Madre. La Iglesia, madre nuestra también, nos invita con insistencia a renovar el
entusiasmo de ser creyentes y cristianos. En nuestras comunidades, se meditan palabras entusiastas
como éstas:
“Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los
demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos
iluminados por la luz de Jesucristo resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la
historia, a nuestros pueblos ... “(DA 18). Son palabras de los obispos de América. ¿Qué nos impulsa
entonces a vivir contentos? “Nuestra alegría, pues, se basa en el amor del Padre, en la participación
en el misterio pascual de Jesucristo quien, por el Espíritu Santo, nos hace pasar de la muerte a la
vida, de la tristeza al gozo, del absurdo al hondo sentido de la existencia, del desaliento a la
esperanza que no defrauda” (DA 17).
3. Por su fe y su entrega, María se hizo servidora y misionera. ¡Nosotros también!
Siempre impacta el Evangelio proclamado en esta fiesta. María, apenas concebido Jesús en su seno,
por obra del Espíritu Santo, partió sin demora a la montaña. Avisada por el ángel del embarazo de su
prima, mujer ya mayor, fue pronto a ayudarle. Pero no iba sólo por ese motivo. María quiso
comunicar de inmediato la felicidad de haber creído; la dicha de ser servidora del Señor; de llevar
consigo a Jesús; fue para alegrar a su parienta, y para cantar los prodigios de un Dios fiel a su
promesa de salvación. Además, María iba a admirar la obra de Dios en Isabel, que había recibido una
gracia muy grande: ser madre de Juan el Bautista, que tendría la misión de preparar el camino del
Señor.
Cuando el Papa Benedicto vino a América el año pasado, sabiendo que éramos devotos de la Virgen,
dijo: “Permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar
dentro del corazón las luces que ella, por mandato divino, les envía desde lo alto" (DA 270). ¿Qué
aprendemos hoy de la Virgen? ¿Qué luces nos manda del cielo?
Hermanos: una fe cristiana más convencida se debe hacer testimonio de vida y anuncio a los demás.
La Iglesia, que contempla en María su modelo para vivir y obrar, nos sigue llamando a una fe
madura de discípulos que no pueden dejar de ser misioneros:
“La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de
Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las
adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor
del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y
compasión (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo
atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio” (DA 29). ¡Qué decisión valiente de
servir expresan estas frases!
4. ¿Cuáles son los caminos de Mendoza, que hemos de recorrer con María y con Jesús?
Mendoza tiene muchos y hermosos caminos. Por ellos transitan ustedes para trabajar y estudiar; para
llevar los frutos de la tierra y del esfuerzo; para buscar salud, visitar amigos y parientes. Vamos y
venimos, en todas las direcciones, encontrando realidades muy diversas. Gente sana y contenta,
dispuesta a la amistad. Pero también, personas heridas y agobiadas, otras desanimadas y hasta
algunas muy violentas. Todo cuanto encontró Jesús en los caminos de su tierra, lo hallamos también
nosotros ahora; y aún a Él mismo, en los más necesitados.
Como Iglesia, queremos recorrer un camino renovado, de fidelidad a Dios en la obra de
evangelización (cf DA 9). A la luz de la Palabra de Dios, optamos por caminos que conducen a la
vida, y no a la muerte. De muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios; los de
una cultura sin Dios y sin sus mandamientos; dominada por los ídolos del poder, la riqueza y el
placer, que al final va en contra del ser humano y del bien del pueblo. Caminos de vida plena para
todos, son los abiertos por la fe en Cristo, que ofrece su vida divina; gracia que plenifica la existencia
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humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural. Porque Dios nos participa su amor
fuerte y eterno. En estos caminos de vida fructifican los dones de la verdad y del amor, para crecer
en la fe, la esperanza y la caridad, por las cuales se renuevan las personas y se transformen las
culturas (cf DA 13).
Queremos crecer en la Iglesia, como “discípulos y misioneros, que respondan a la vocación recibida
y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo.
No tenemos otro tesoro que éste” (DA 14). La tarea es ardua y costosa. Los caminos son largos y
ásperos. Pero nos anima el encuentro con Jesús, como experimentaron los santos. “Sólo gracias a ese
encuentro y seguimiento, ... por desborde de gratitud y alegría, somos rescatados de nuestra
conciencia aislada y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos
ha sido dado experimentar y gozar” (DA 549).
5. ¿Qué actitudes de María queremos imitar en el camino?
Por tanto, no tenemos otro tesoro que haber encontrado a Cristo; o la fortuna de haber sido
encontrados por Él. Como Iglesia, no tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del
Espíritu de Dios, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y
comunicado a todos; no obstante todas las dificultades y resistencias. Este es el mejor servicio que la
Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones (cf DA 14).
Con palabras del Evangelio repetimos “¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo.
Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y
encontrarán la verdadera vida" (DA 15).
En Mendoza, nuestro plan de pastoral ha querido inspirarse en la Virgen para tener fuertes
convicciones cristianas y franca actitud misionera. Ser cristianos no es una carga sino un don, porque
Dios nos ha bendecido en Jesucristo (cf DA 28). El hermoso canto de María en la casa de Isabel,
allá en la montaña, nos inspira. Será provechoso, pues, repetir las actitudes con las cuales nos hemos
comprometido como Iglesia diocesana. Expresan un deseo fuerte, y son al mismo tiempo una súplica
dirigida a nuestra Señora, madre y patrona:
Como María: queremos ser humildes y felices creyentes. Testigos alegres de la Misericordia de Dios.
Inspirados en Ella, estas dispuestos a ser abnegados servidores de los pobres. Como Ella: miembros
vivos de la Iglesia (cf PDP 1.31-4). Bendigamos entonces al Señor, porque nos atrajo al encuentro
dichoso con Él, y pidamos conversión de corazón, para ser sus discípulos misioneros. ¡Misionemos
con María, por los caminos de Mendoza!
ORDENACIÓNES SACERDOTALES Y DIACONALES
13 de abril- Santuario Ntra. Sra. de Lourdes- El Challao
Mons. José María Arancibia, confirió el Sacramento del Orden Sagrado a tres nuevos sacerdotes y tres
diáconos en camino al sacerdocio.
Recibieron el Orden presbiteral: Juan Marcelo Araya, Mariano Emilio Carrizo y Alejandro José
Squizziatto, y el Orden diaconal, camino al presbiterado: Javier Alejandro Gibeaud, Raúl Adolfo Gómez
y Martín Horacio Guzmán.
La Iglesia de Mendoza celebró la ocasión y oró por los nuevos diáconos y sacerdotes, que como pastores
ponen a disposición de Cristo su persona, su corazón, su preparación, sus cualidades, su tiempo, y su
oración, para que Jesucristo pueda ser, a través de su vida y ministerio, Pastor de la comunidad.
Esta fue la homilía que Mons. Arancibia dirigió a los presentes:
1. La oración por las vocaciones, se hace hoy celebración gozosa.
Este es el domingo del Buen Pastor, que celebramos cada año después de la Pascua. En las comunidades
católicas, ha inspirado el ferviente deseo de tener sacerdotes santos, y en número suficiente, que sean sus
pastores. La Iglesia entera ruega a Dios con insistencia, para que siga llamando a jóvenes, que descubran
la hermosura de esta vocación, y se animen a seguir al Buen Pastor, para ser signos e instrumentos Suyos,
en el cuidado de Su pueblo.
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Este año, la oración de la Iglesia en Mendoza, se convierte en celebración gozosa y agradecida. Dios nos
regala tres nuevos diáconos: Javier, Martín Raúl. Y tres nuevos presbíteros: Alejandro, Marcelo y
Mariano. Todos compartimos esta alegría: los ordenandos con sus familiares y amigos; el obispo, con el
clero y el Seminario; las parroquias y comunidades cristianas. Es una alegría muy profunda, porque nace
de la fe, que reconoce el llamado de Dios y la gracia del sacramento del Orden. Que se sostiene en la
esperanza, porque confía en la promesa divina que no puede fallar. Que se funda en la experiencia del
amor de Dios, y quiere ser respuesta de amor entregado, que gana el corazón por entero.
No dejemos de orar por ellos; por el aumento de vocaciones; y por los sacerdotes ya ordenados. La
oración constante y confiada nos permitirá mantener siempre un corazón humilde, agradecido y servicial.
La promesa de Dios, expresada en la Palabra, anima nuestra esperanza: Yo les daré pastores según mi
corazón... y ya no temerán ni se espantarán; ya no faltará ninguna oveja (cf Jer 3,15 y 23,4).
2. Nos congregamos en la casa de María
Hemos venido a celebrar al santuario de Lourdes, que es la casa de María. La queremos y veneramos
como primera creyente, discípula y fiel servidora. Ella nos ayuda a recibir estos dones con sencillez, gozo
y esperanza. Su corazón es más grande aún, de cuanto puede simbolizar esta Iglesia de El Challo. Grande
para cantar las maravillas de la misericordia de Dios. Amplio para acoger a muchos hijos, incluso
dispersos y alejados. Comprensivo al extremo, para acompañar con sus ruegos y cuidados maternales. En
su grande y puro corazón, se inspira la misma Iglesia, que desea abarcar con entrañas de amor compasivo
las tristezas, inquietudes, gozos y esperanzas, de todos los hombres. Ustedes, queridos hijos y hermanos,
podrán encontrar en el cariño a María, y en el amor a la Iglesia, un estímulo constante para un generoso y
alegre servicio ministerial.
3. El mismo Buen Pastor es quien llama y consagra
Hoy anunciamos y meditamos con emoción: Jesús es el buen Pastor anunciado por los profetas. El que
conoce a sus ovejas una por una; quien ofrece su vida por ellas, y quiere congregar a todos en «un solo
rebaño y un solo pastor» (cf. Jn 10, 11-16). Es el Pastor que ha venido «no para ser servido, sino para
servir» (cf. Mt 20, 24-28). El que lavó los pies de sus discípulos en la cena pascual, y dejó a los suyos el
modelo de servicio que debían prestarse unos a otros; al mismo tiempo que se ofrecía por única vez,
eficaz y libremente, como el cordero inocente inmolado por nuestra redención (cf PDV 13,4).
Una de las verdaderas más bellas del Orden Sagrado, es que Jesús mismo elige, llama y consagra a los
ordenados, para compartir con ellos su caridad pastoral, y hacerlos signos e instrumentos suyos para
siempre. “En virtud de su consagración, los presbíteros están configurados con Jesús buen Pastor y
llamados a imitar y revivir su misma caridad pastoral” (PDV 22,2). Jesucristo mismo “los conforma y
anima con su caridad pastoral y los pone en la Iglesia como servidores autorizados del anuncio del
Evangelio a toda criatura” (PDV 15,5). Esta caridad es un don gratuito del Espíritu Santo, y a su vez una
virtud personal, que de manera libre y responsable, ha de cultivarse colaborando con la gracia de Dios, a
través de una entrega cotidiana y generosa.
Es consolador recordar que este sello imborrable, con que el Espíritu marca los corazones, es fuente
inagotable de amor a Cristo y a la Iglesia; como también vínculo de unidad para ordenar la vida entera del
sacerdote. Este amor nos impulsa desde adentro, a imitar a Jesucristo Pastor, que cuida, guarda y alimenta
a sus ovejas, con el celo de que ninguna de ellas se pierda. Éste es el espíritu misionero que precisamos
incrementar en toda nuestra pastoral. A su vez, este nuevo ser y nueva fuerza interior, es verdadera causa
de alegría para nuestra vida y la de los demás: «Nuestra identidad tiene su fuente última en la caridad del
Padre ... por la acción del Espíritu Santo, estamos unidos sacramentalmente al Hijo, enviado por el Padre
como Sumo Sacerdote y buen Pastor. [Nuestra] vida y ministerio... son continuación de la vida y de la
acción del mismo Cristo. Esta es nuestra identidad, nuestra verdadera dignidad, la fuente de nuestra
alegría, la certeza de nuestra vida» (PDV 18,5).
4. Conserven siempre la gratitud y la confianza para ser felices
Estimados hijos y hermanos, que serán ordenados: permítanme comprometerlos en un día tan especial, a
agradecer ahora y siempre el don maravilloso del Orden Sagrado. Nunca se borrará de sus corazones. Así
lo cree la Iglesia que los ordena. Pero los trajines de una vida muy activa, en medio de los criterios del
mundo, pueden confundir esta convicción; hasta quedarse sólo con los aspectos humanos del servicio.
Entonces, la vida sacerdotal puede llegar a ser pesada, carente de sentido, demasiado exigente,
incomprensible para muchos. En cambio, si conservan la conciencia de haber recibido sin merecerlo un
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don divino, y una tarea que nos sobrepasa, porque hace presente la acción redentora de Cristo, nadie
podrá quitarles esa alegría singular.
Por ello mismo, me atrevo a recomendarles: Confíen siempre en la Iglesia. En los santos que nos han
precedido en este oficio de amor. En la sabiduría de su enseñanza, que brota de la Palabra de Dios y de la
Tradición. En el cuidado maternal con que quiere acompañarlos, y al cual podrán recurrir siempre con
espíritu abierto, sincero y confiado.
5. Hacia un amor pastoral en constante y abnegado crecimiento
Los que van a ser presbíteros, ya han gustado en su corazón los primeros impulsos del Espíritu que
recibieron en la ordenación diaconal. Al acompañarlos, nos sentimos estimulados y comprometidos a
crecer con ustedes en esta forma de amor: “La misma caridad pastoral empuja al sacerdote a conocer cada
vez más las esperanzas, necesidades, problemas, de los destinatarios de su ministerio, los cuales han de
ser contemplados en sus situaciones personales concretas, familiares y sociales” (PDV 70,12). Como
Jesús buen Pastor, queremos conocer la alegría y el sufrimiento de nuestra gente, experimentar con ellos
la fatiga, compartir las emociones, consolar las penas (cf PDV 72,2).
Con quienes serán diáconos, compartimos y renovamos el deseo de una entrega total y exclusiva,
significada en el celibato por el Reino. Esta forma de vida “posibilita una especial configuración con el
estilo de vida del propio Cristo, y lo hace signo de su caridad pastoral en la entrega a Dios y a los
hombres, con corazón pleno e indiviso” (DA 196). La gente les seguirá preguntando, por qué tienen
prohibido casarse. Espero que puedan mantener la convicción de un don recibido, para un grande y
desprendido amor a Jesús y a la Iglesia. Cosa muy distinta a una imposición o prohibición. El documento
de Aparecida, que alienta a obispos, sacerdotes y diáconos, a ser alegres y entusiastas discípulos y
misioneros, nos recuerda un doble desafío referido a los aspectos vitales y afectivos de nuestra vida; al
celibato y a una vida espiritual intensa, fundada en la caridad pastoral, que se nutre en la experiencia
personal con Dios y en la comunión con los hermanos; en la relación fraterna con el Obispo, con los
demás presbíteros de la diócesis y con laicos (cf DA 195).
La Eucaristía que celebramos es fuente privilegiada de este amor grande de pastores y de consagrados.
Hoy la compartimos con un corazón especialmente abierto a la fuerza del Espíritu, inspirados en María y
ayudados por Ella; para que nos haga en la Iglesia felices discípulos misioneros, al servicio de la vida de
todos, y aún de los más alejados.
18 de agosto- Santuario Ntra. Sra. de Lourdes – El Challao
Mons. José María Arancibia confirió el Sagrado Orden del Diaconado, a dos diáconos camino al
presbiterado, y a cinco diáconos permanentes.
Quienes recibieron la ordenación diaconal camino al presbiterado, fueron los seminaristas: Carlos
Salomone y Daniel González. Como diáconos permanentes, fueron ordenados Alberto José Benteo,
Alberto Oscar Moyano, Eduardo Eugenio Kolosow, Juan Carlos García y Roberto Mario Furlán.
Los nuevos diáconos, estuvieron acompañados por gran número de personas de distintas comunidades,
familiares, amigos, y por el clero diocesano, que oraron al Señor por su vida y ministerio.
Mons. Arancibia, dirigió estas palabras a los nuevos diáconos:
1. Testigos experimentados del amor de Dios y de la comunión
Toda ordenación trae consigo la experiencia profunda del AMOR de Dios. Así resulta siempre para los
ordenandos, como para su familia, amigos y comunidad. Haber sido elegidos para ser consagrados como
ministros, es un don maravilloso e inmerecido. Un regalo del Dios que nos quiere y nos llama, para ser
amigos suyos, para estar con Él, y ser enviados. Aunque hayamos discernido y preparado largamente este
momento, cada uno a su manera se siente ahora pequeño, incapaz y temeroso; conmovido y agradecido.
Ésta es una experiencia singular, vivida desde la fe, que hoy todos compartimos gozosos con estos siete
varones presentados.
Este amor de Dios es COMUNIÓN con Él; participación de la misteriosa comunión trinitaria. Vivida en
cada corazón que cree en Jesucristo. Experimentada en la Iglesia, que es comunión participada, y ofrecida
al mundo en tensión misionera. A un mundo necesitado de paz, de amistad y del consuelo, se le brinda el
encuentro con Dios Amor. En los últimos años, hemos utilizado con frecuencia el término “comunión”.
Hasta lo hemos mantenido en el título del Plan de Pastoral actualizado. Sin embargo, estamos siempre
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descubriendo y gustando su profundo significado. Ordenar nuevos diáconos, es extender el signo y el
instrumento de la comunión. Así lo sintió y predicó la Iglesia de los primeros siglos.
¿Qué significa tener diáconos junto al obispo y los presbíteros? Es tener en la comunidad: una rica
imagen de la comunión trinitaria; un reflejo de la concordia del mismo Dios. Así solían llamarle los
antiguos padres. El obispo y mártir Ignacio, predicaba de esta manera en el primer siglo: “Respeten todos
a los diáconos como a Jesucristo, así como al obispo que es figura del Padre, y a los presbíteros como al
senado de Dios y colegio de los Apóstoles. Sin ellos no existe la Iglesia”. En otro escrito antiguo, obispos,
presbíteros y diáconos, son como piedras labradas y ensambladas de una construcción; las cuales se
ajustan bien entre sí, para caminar en la santidad de Dios, manteniendo la armonía de unos con otros,
conservando la paz, y escuchándose unos a otros (Pastor de Hermas). Así, pues, el pueblo cristiano
confiaba en este grupo de rectores y jefes suyos, que compartían la conducción de la comunidad,
participando juntos, con diligencia y armonìa, en los asuntos que requiere el gobierno de la Iglesia. Por
eso los diáconos, unidos al Obispo, y siempre pendientes de él, como Jesús al Padre, eran llamados con
nombres simbólicos: el oído, la boca, la mano, el corazón y el alma, de su obispo o de la misma Iglesia
(Didascalia). Solían utilizar la imagen de la “nave”, para simbolizar a la Iglesia; en ella, el obispo era
visto como el piloto, y los diáconos como los marineros, que disponen con cuidado y respeto el puesto de
cada pasajero, y de pie en medio de todos ellos, van y vienen procurando mantener en todo el orden
debido (Constituciones apostólicas).
Mendoza va teniendo, por gracias de Dios, cada vez más diáconos permanentes, y algunos más que van
camino al presbiterado. ¿Para que los necesitamos? ¿Para tener mayor número de servicios pastorales?
Por supuesto. Y estamos agradecidos por ello. A Dios, y a quienes responden generosamente al llamado.
Pero más todavía, los precisamos para ser testigos convencidos y audaces del amor de Dios, y de la
COMUNIÓN que él ofrece al mundo por medio de la Iglesia. Dios nos ayude entonces, en esta
celebración festiva, a crecer en el compromiso de: respetarnos y de querernos más todavía. Somos
elegidos y consagrados para a complementarnos en el discernimiento pastoral, y en el servicio al pueblo
de Dios. Queremos ser testigos creíbles del amor que predicamos; de la amistad de Dios, que es comunión
verdadera, y que buscamos -ante todo- vivir entre nosotros mismos.
2. Portadores y mensajeros de la Palabra y de la Verdad
Siempre me ha llamado la atenciòn, la oración consecratoria de la ordenación porque ruega que los
diáconos sean “reflejo de los mandamientos del Señor”. Es una expresión antigua. Ya san Ignacio de
Antioquia pedía al pueblo que los venerara “como a mandamientos de Dios”. Se podrìa pensar que debían
ser sobre todo maestros de moral y de buena conducta. En realidad el sentido es más profundo. Los
diáconos eran exhortados a vivir según Dios; a encarnar en su vida los preceptos del Señor y de los
apóstoles. En definitiva, a manifestar con su vida la voluntad salvífica de Dios, a cuyo servicio se ponìan,
para que el pueblo se mantuviese firme en ese camino.
Al entregar el libro de la Palabra de Dios, el obispo se dirige al diácono recién ordenado, como:
“mensajero del Evangelio de Cristo”. Anteriormente se lo llamaba: “heraldo” del Evangelio. Un vocablo
menos usado, pero que tiene cierto tono intrédido y marcial. Otras expresiones parecidas y variadas se
han usado también, para indicar el papel que la Iglesia les confìa. El diácono ha de ser: “intérprete y
ejecutor de la Palabra de Dios” (Ambrosio); “columna y fundamento de la verdad que sostiene a la
Iglesia” (pseudo-Jerónimo); “consagrado al deber de la prediación” (Greorio Magno); “voz común de la
Iglesia” (san Juan Crisostomo). De allí entonces la recomendaciòn dirigida a los mismos diáconos:
“Caminen conforme a la verdad del Señor, que se hizo diácono de todos” (Policarpo).
Queridos hermanos: espero que, después de haber servido en la Iglesia como lectores y acólitos, hoy se
sientan dichosos de ser consagrados por el Espíritu, para dedicar sus vidas al Evangelio de Jesucristo. Es
decir, a ponerlo en practica y a anunciarlo por todos lados, a tiempo y a destiempo. La providencia de
Dios ha conducido a la Iglesia entera, a descubrir mejor el tesoro de la Palabra en la vida cristiana y en su
misión apostólica. Rezamos con ella, y con ella celebramos los misterios. Es el centro de nuestra
predicación y de nuestra catequesis. Nos sentimos urgidos a rumiarla y a meditarla, como fuente de vida y
de salvación, para nosotros mismos y para el pueblo de Dios. Más aún, sentimos la responsabilidad de
llevarla como Buena Noticia a todos los hombres, con mayor espíritu misionero, y como parte de una
auténtica “conversión pastoral”. Esta es nuestra misión compartida: la que distingue al obispo, con sus
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
presbíteros y sus diáconos. Por ello a todos advierte la Iglesia, de antes y de ahora, que nos ejercitemos en
las cosas de Dios, antes de enseñarlas: “Uno es realmente presbítero de la Iglesia y diácono verdadero de
la voluntad de Dios, si es que cumple y enseña las cosas de Dios” (san Clemente de Alejandría). Cuando
les entregue enseguida la Palabra, los exhortaré no sólo a enseñarla, sino antes aún a creer y a vivir esa
misma Palabra.
Espero, además, de ustedes los diáconos permanentes, que desde la ordenación pertenecen al clero pero
llevan su vida en el mundo, que tengan el coraje de ser con la vida misma testigos de la Palabra, en los
ambientes de familia y de trabajo, todavía mucho más allá de la acción pastoral.
3. Discípulos consagrados y enviados al mundo, con triple ministerio
Ha sido muy bueno para la Iglesia entera, precisar de forma actualizada el triple ministerio propio del
diácono. Es elegido, consagrado y enviado, en orden a una triple diaconía: la Palabra, la liturgia y la
caridad. Por tanto, ha de ser: Maestro, porque proclama y explica la Palabra. Santificador, porque la
Iglesia le confía celebrar algunos sacramentos y muchos sacramentales. Guía de la comunidad, porque
debe darle ánimo y consuelo a todos; y porque él ayuda a edificarla en la caridad. (Cf Directorio 22)
Me atrevo a recomendar, que no se sientan solos ni sobrepasados en este múltiple servicio. Ustedes serán
perpetuos compañeros del obispo y de los presbíteros, y junto con ellos asumen la responsabilidad
pastoral, en comunión afectiva y apostólica. Su propia familia y las comunidades cristianas les darán su
apoyo, aunque serán al mismo tiempo ocasión de exigencias y desafíos. Pero recuerden que por encima
de todo, han sido incorporados al Orden por la imposición de manos del obispo. El sacramento les
confiere “una nueva consagración a Dios”, y deben por ello considerarse “consagrados por la unción del
Espíritu Santo y enviados por Cristo” al servicio del pueblo de Dios, para edificar el Cuerpo de Cristo (cf
Directorio 44). Por ende, tanto su oficio como las virtudes para ejercitarlo, manan de esta fuente preciosa
de gracia divina.
Con esta confianza, me atrevo a formular por último un insistente ruego: procuren realizar su triple
ministerio de evangelizar, celebrar y conducir en el amor, con verdadera pasión misionera. Sientan como
propias las carencias de nuestro pueblo. Déjense conmover en sus entrañas por las necesidades materiales
y espirituales de la gente. Recuerden que más allá de las personas, familias e instituciones que solicitan
nuestro servicio, existen miles de pobres que aguardan la visita de una Iglesia, movida por la caridad
pastoral de Jesús y la luz de su Evangelio. Tengan siempre presente, que estamos lanzados a un mundo
necesitado de Dios, aunque non siempre se anima a reconocerlo.
6 de diciembre- Santuario Ntra. Sra. de Lourdes- El Challao
Mons. José María Arancibia confirió el Sagrado Orden Presbiteral a los diáconos Javier Alejandro
Gibeaud, Raúl Adolfo Gómez y Martín Horacio Guzmán.
Los nuevos presbíteros, estuvieron acompañados por sacerdotes, amigos, y familiares, como así también
por fieles de sus comunidades.
Estas fueron las palabras de nuestro Obispo en esa oportunidad:
1. Gozo y esperanza de esta Iglesia diocesana
La Iglesia de Mendoza los recibe llena de gozo y esperanza, para celebrar la ordenación presbiteral.
Bienvenidos sean: Martín, Raúl y Javier, con sus familias, amigos y comunidades. Como pastor de la
diócesis, agradezco a Dios que les inspiró el deseo de ser sacerdotes, y los guió hasta hoy con su mano
providente. Doy gracias a ustedes, por su entrega generosa. Y cuantos los acompañaron en este camino.
Juntos compartimos la inmensa alegría de tener tres nuevos sacerdotes, porque son un regalo de Dios. La
imposición de manos los convertirá en signos de la presencia de Jesús Pastor, en medio nuestro.
Aquí radica la confianza de esta comunidad diocesana: somos el pueblo de Dios, que Él mismo reúne,
conduce y alimenta, por la Palabra de Dios y los sacramentos de la fe. ¿Dónde ponemos entonces la
atención? ¿Qué nos importa recordar, para preparar el corazón? Como discípulos de Jesucristo, nos
ponemos a la escucha de la Palabra, que nos habla en la vida de la Iglesia. El mismo Señor nos recuerda
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ARZOBISPADO DE MENDOZA
quiénes somos y qué quiere de cada uno. Al escucharlo, aprendemos, damos gracias, tememos y
gozamos.
2. En la oración de Jesús al Padre, nos encontramos y reconocemos
Los ordenandos han elegido el Evangelio que ha sido proclamado. Es un texto hermoso y de rico
contenido teológico. La oración más larga que conocemos de Jesús. Llamada “oración sacerdotal”,
porque Jesús reza como mediador. Pronunciada como ofrenda suya, en el umbral de la pasión. Plegaria,
además, de hondo sentido eclesial. El Hijo pide al Padre que los suyos tengan vida plena, por su entrega
en la cruz, para ser así él glorificado, y dar cumplimiento al plan de salvación. En esta oración
maravillosa, nos encontramos a nosotros mismos, introducidos en el amor del Padre y del Hijo que
ofrecen al mundo la verdad, la vida y la alegría. ¿De qué manera estamos involucrados?
2.1. Ante todo, como creyentes y discípulos (Jn 17,6-8). Jesús ha revelado a los suyos los secretos del
Padre. La Palabra, salida del seno de Dios, fue entregada y ha suscitado fe y confianza en Él. Sus
seguidores, le fueron dados a Jesús por iniciativa del Padre, quien los buscó y atrajo hacia Él.
¿Cómo no renovar entonces la dicha de haber encontrado al Señor? No por mérito propio, sino porque Él
mismo ha salido al encuentro de los hombres, para mostrarles el rostro amoroso del Padre, y su proyecto
de convertirlos en pueblo suyo y ovejas de su rebaño. Felices los que creen, afirma muchas veces la
Escritura. Esa es la dicha grande que admiramos en María. Hermanos: la alegría más profunda de su
vocación y misión sacerdotal, será haber creído en Jesús, y ser sus amigos.
2.2. En la oración de Jesús nos hallamos encomendados al cuidado del Padre (9-11). Los creyentes
pertenecen al Padre y al Hijo. En el admirable intercambio trinitario de vida y amor, el Padre se los ha
confiado al Hijo, que los cuidó hasta entonces. Al partir, Jesús le ruega al Padre, que los cuide como hizo
Él al tenerlos por suyos. Para que nadie se pierda. Más aún, para que participen de su alegría; “para que
mi gozo sea el de ellos, y su gozo sea perfecto”.
¡Qué grande es el gozo y la paz de los renacidos por la fe en Jesucristo! Él nos ha mostrado el cariño del
Padre, providente y lleno de misericordia. Se ha revelado como el Hijo enviado, como el pastor supremo,
venido para buscar las ovejas descarriadas, y asegurar al rebaño el camino de la vida. ¡Cuán hermosa y
confiada es la vida de los cristianos y de los pastores, apoyados sobre esta firme convicción de fe! Esta es
la forma de vivir deseamos para ustedes: cuidados por el Padre, por mandato y al estilo de Cristo Pastor,
para que compartan su misma felicidad.
2.3. El Señor nos ha confiado al Padre para ser liberados del mal (14-16). Quienes recibieron el
Evangelio de Cristo por la fe, han experimentado el perdón y la paz, la salvación y la vida eterna. Desde
entonces viven en comunión con el Padre y el Hijo en el Espíritu. Pero como anuncia Jesús, ellos sienten
también el odio del mundo. El rechazo de quienes no reconocen a Jesús como Hijo y Mesías; cerrados a
la salvación, y aún hostiles a Dios. El Señor no ruega para que sus discípulos sean quitados del mundo,
porque allí ha de enviarlos, sino para que el Padre los libre del mal. Como rezamos cada día en el
Padrenuestro.
Amados jóvenes: ustedes tienen la ilusión de anunciar con su vida y su palabra, el Evangelio de la
salvación a todo creyente. Están llenos de entusiasmo y de confianza en la tarea ya comenzada como
diáconos. Saben que las comunidades los quieren, los animan y aguardan. Pero no son inocentes ni
incautos. Conocen esa corriente secularizada y materialista del mundo, poco abierta a Dios, y hasta
ganada por la malignidad y el delito. No se desalienten. Jesús ha orado por ustedes. La Iglesia entera
seguirá suplicando, unida a Él, y confiando en Su gracia.
2.4. Jesús pide que sus discípulos sean santificados y enviados (17-19). Suplica al Padre: “Conságralos
en la verdad: tu Palabra es la verdad”. A Dios, el único santo, ruega que los haga santos; que los separe de
lo profano y del pecado, para que le pertenezcan, y estén llenos de Dios. Los quiere santificados “en la
verdad”, es decir unidos a Cristo, la Palabra de Dios que los purifica y los hace hijos de Dios. “Por ellos
me consagro”, dice Jesús, porque su Pascua es la fuente primera de santidad. Los quiere santos, no para sí
mismos, sino para enviarlos al mundo, así como Él mismo ha sido mandado por el Padre. Formarán parte
de su misión en el mundo, serán instrumentos de su Reino.
Queridos hermanos: la ordenación llega como una gracia no merecida, y en su grandeza nos hace sentir
muy pequeños. Para nada dignos ni santos. Pero al ser llamados por Dios, por mediación de la Iglesia, es
bueno disponer el corazón para ser consagrados por la unción del Espíritu, a quien vamos a invocar
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enseguida. Reconozcamos nuestra debilidad y pobreza, para que la fuerza de Dios se manifieste por
entero. Para gloria de su nombre. Para poder llevar a todos los hombres el Evangelio que salva.
2.5. Finalmente, el Señor desea que seamos comunión misionera (20-23). No ruega sólo por sus
discípulos, sino por los discípulos de sus discípulos; por los que creerán en su palabra. ¿Qué pide para
ellos? La comunión, que los haga partícipes de la vida trinitaria, plena en verdad y en amor. En su misión,
esta comunión será la prueba que conmueve al mundo; el signo eficaz de la presencia misericordiosa de
Dios.
En la diócesis hemos un plan para caminar “en comunión”. Ha sido un ardiente deseo. Una gracia añorada
y pedida. Que contrasta con la flaqueza de tantas limitaciones y faltas, personales y comunitarias. No
decae sin embargo el ánimo. La esperanza nos sostiene. La comunión es encuentro con Dios y vida en
plenitud. Un don de su benevolencia, que supera las fuerzas humanas. Necesitamos ser reconciliados para
gozar de la comunión. Para los demás, somos simples instrumentos del Reino, llamados a la constante
conversión personal y pastoral. El fruto proviene de la fuerza de Dios, que supera nuestra pobreza. En el
año paulino, vaya como homenaje su consoladora proclamación: “Por eso, me complazco en mis
debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por
amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12,10).
3. Exhortación a ser buenos pastores del rebaño
La carta de Pedro completa esta meditación. Ustedes han deseado compartir la misión pastoral en
Mendoza, en el grado de presbíteros. Ahora los exhorta un hermano y un testigo de los sufrimientos de
Cristo. ¿Qué recomienda? No determinadas acciones ni métodos pastorales. Sino actitudes. Ante todo:
trato humilde y abnegado con los fieles encomendados, porque la clave del pastoreo es la pasión del
Señor. Aconseja además: cuidar al rebaño con ganas, con disponibilidad, no a la fuerza; generosamente,
no por interés; sin dominar, más bien dando el ejemplo. En el plan de pastoral, hemos tomado de María
otras actitudes, que les recomiendo repasar con frecuencia.
Queridos diáconos: La misión está en marcha. Jesucristo los envía como discípulos misioneros suyos,
porque quiere comunicar vida plena a su pueblo. Con ustedes queremos contar. Hoy los vemos: sencillos,
humildes, generosos y bien dispuestos; contentos de ser consagrados. A la alegría de ustedes se suma la
dicha de esta Iglesia, feliz de ser enviada a evangelizar y santificar, aunque reconoce su pobreza. Pero
muy unida a la oración de Jesús, y allí descubre su identidad, su necesidad de conversión, y su felicidad
completa. Recemos en adelante unos por otros, insertados en esta magnífica oración de Jesús; con plena
confianza en María, su Madre y nuestra Señora, que intercede por todos.
MENSAJE DE NAVIDAD
UN DIOS COMPROMETIDO CON LA DIGNIDAD HUMANA
Navidad es un tiempo de bellas ilusiones. Así se advierte en las canciones, cuentos y leyendas, que
recordamos en estos días. Algunos relatos están llenos de encanto, e inspiran sentimientos muy positivos
¿Serán ilusiones vanas, meros sueños, o delirios? ¿Quizás tengan algo de magia, como parece interpretar
cierta mentalidad secularizada? Me parece más bien, que las personas de fe sincera, aun siendo pobres y
sencillas, descubren que sus ilusiones están fundadas en una verdad muy sólida: la Palabra misma de
Dios.
Es cierto que mucha gente se ha sentido frustrada en sus expectativas. Han escuchado promesas que
nunca se cumplieron. Se han propuesto ideales que nunca alcanzaron. Desearon con ardor bienes
legítimos que no consiguieron. Quizás por esa experiencia negativa, ahora prefieren no hacerse ilusiones,
ni tener grandes expectativas. Tampoco en Navidad. Suelen decir que han aprendido mucho de la vida;
que por fin han puesto los pies sobre la tierra. ¿Que sentido tendrán entonces los augurios de paz y
felicidad que se intercambien al brindar, en las noches de Navidad y Año Nuevo?
Prefiero pensar que, apoyar los pies en el suelo, como signo de ser realista y objetivo, no está reñido con
tener un corazón lleno de ilusiones, abierto a valores trascendentes. Sí. Es posible mantener una gran
expectativa, si estoy convencido de fundarla en una base bien sólida. Por ese motivo, ser creyente no me
hace iluso ni soñador, sino confiado en la promesa de un Dios fiel a su promesa y Padre providente. Al
mencionar que alguien es visto o se presenta como un “mesías”, se destaca precisamente una expectativa
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falsa o exagerada. En cambio, cuando reconocemos en Jesús al Mesías, comenzamos a creer y confiar en
Él, como el ungido de Dios; el que fue prometido desde antiguo para traer al mundo la salvación y la paz.
Esta confianza en la venida del Redentor, alienta la vida del creyente, y tiene que ver con sus realidades
más concretas y hasta dolorosas. Desde antiguo, el pueblo judío invocaba a Dios, que se había ligado a
ellos con un pacto de amistad. Se sentían pobres, preocupados por su seguridad, pero abandonados en
manos de un Dios que cuida hasta los pájaros del cielo. Esta misma súplica, hoy la elevamos también los
cristianos, en tiempos de grave inseguridad: “No entregues a los buitres la vida de tu tórtola, no olvides la
vida de tus pobres; piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencia” (Salmo 74,1920). Por tanto, no estamos solos. El nombre de Jesús significa que Dios vino a salvar (Mt 1,21). Él es el
Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros (Mt 1,23),
Confesamos, con dolor, que hoy en día la dignidad humana no es reconocida ni respetada. La misma vida
humana, la familia, el hogar, el trabajo cotidiano, y los bienes personales, son objeto de muchos
atropellos. Nos anima, sin embargo, reconocer que para los cristianos, el misterio de Navidad sostiene y
alienta precisamente esa inquietud actual.
El Nacimiento de Jesús, levanta y restaura la dignidad humana. Un admirable intercambio se ha
constituido en centro de la historia. La Biblia y la predicación cristiana, lo expresan en palabras humanas,
y nunca suficientes. Dios se hizo hombre pobre en Belén, para que cada hombre se volviera rico. No con
riquezas de este mundo, sino con el tesoro del Reino, para poder sacar siempre cosas buenas de su propio
corazón (cf Mt 12,35). Desde entonces, la ansiada unidad y la fraternidad del género humano, han sido
proclamadas para siempre. No sólo prometidas al mundo, sino hechas -desde ahora- reales y posibles. Por
cierto, no con las solas fuerzas humanas, pero sí con el poder que viene de lo alto. Esa es la respuesta que
escuchó María del Ángel, y que luego confirmó Jesús: Nada hay imposible para Dios (Lc 1,37 y 17,1).
Desde entonces, todo ser humano es objeto de cuidado y de respeto, por la iniciativa del mismo Dios. El
más pequeño, el que sufre, cualquier pobre o esclavo, merece socorro, atención y justicia. Esa es la
consecuencia maravillosa del misterio de la Encarnación. Aunque en verdad nos cuesta asumirla como
conducta de creyentes, y pasamos la vida volviendo sobre ella. Pero esa convicción de fe también alegra y
anima tanto la vida personal como social. ¡Cuántos cambios de conducta, y aún de estructuras, pueden
inspirarse en este gesto divino que dignifica y enaltece a la persona humana!
Más aún, quien en su interior se encuentre desesperado o agobiado por su pecado, tiene una nueva razón
para esperar. De Belén ha surgido una corriente de alivio y de consuelo, de la cual la Iglesia está llamada
a ser canal principal. El amor incontenible de Dios se hace fuente inagotable de amor nuevo. Dios se ha
hecho hermano y modelo, maestro y amigo, salvador y redentor. El mundo entero ha quedado repleto del
amor divino.
Ésta convicción es fuente de gran consuelo y a su vez un verdadero desafío. Requiere una fe personal y
crecida, en el misterio de Navidad. Por este motivo, la Iglesia que camina en Mendoza, invita a todos a
buscar la conversión del corazón para llegar a ser, y para actuar, como auténticos discípulos misioneros
de Jesucristo. El fruto o resultado de la fe, es la vida nueva y eterna, que el mismo Señor ofrece a quienes
creen en él y guardan su palabra. Esa “vida” asegura todos los bienes que podemos soñar, y todavía
muchos más, porque es comunión con la vida del mismo Dios.
Busquemos por un momento tomar conciencia de esta convicción; hagamos la experiencia interior de esta
presencia. Entonces seremos felices, con la alegría propia de la Navidad cristiana. Les deseo y propongo,
entonces, que cada encuentro y saludo, vaya cargado de esta seguridad interior que anima y compromete,
para velar y trabajar por la dignidad humana de todos y de cada uno.
¡Muy Feliz Navidad para todos!
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VISITAS PASTORALES
De acuerdo con el cronograma preparado para este año, Monseñor Arancibia visitó varias comunidades
parroquiales. Los responsables de cada una de ellas prepararon la visita con gran disposición,
manifestando en todo momento respeto y afecto hacia nuestro Pastor.
San Pedro y San Pablo (17 al 20 de abril de 2008) La visita fue preparada por todos los grupos
parroquiales, bajo la conducción del párroco, Pbro. Juan Pablo Dreidemie, y del diác. Juan Carlos
Monjelardi, planteando cuáles eran para cada uno sus fortalezas, sus debilidades y sus desafíos. El Obispo
pudo encontrarse con los responsables de acciones pastorales, y con la gente del lugar. Visitó varias
escuelas de la zona, y barrios que componen la comunidad.
Ntra. Sra. del Rosario – Lavalle (4 al 8 de junio de 2008) Esta visita fue dispuesta para el año 2008,
respondiendo el pedido del administrador parroquial, Pbro. Juan Miranda Cavero, y consultado el
Consejo Episcopal. Contó además, con la colaboración del Pbro. Edgardo Copado. El Obispo celebró con
ellos y las comunidades, los misterios del Señor, y compartió con todos la Palabra de Dios. Pudo
mantener encuentros con docentes y directivos de escuelas de la zona, visitó el Consejo Deliberante y
dialogó con los consejales y representantes de las fuerzas vivas. También visitó enfermos del Hospital
Domingo Sicoli, y recorrió la zona rural.
Santa Ana (3 al 6 de julio de 2008) Esta nueva visita a la parroquia Santa Ana, fue ofrecida al párroco
con suficiente anticipación, como parte del programa anual 2008. Con la colaboración del Pbro. Alberto
Ortega, del diác. Héctor Tonetto, y toda la comunidad, el Obispo pudo compartir varios momentos
importantes con ellos, con sus colaboradores inmediatos, y con la comunidad parroquial. Monseñor
Arancibia visitó la guardería y comedor de Cáritas, los barrios Suyai, Paraguay, y Las Viñas, mantuvo
entrevistas con agentes de pastoral, compartiendo la Eucaristía después de cada encuentro.
Ntra. Sra. de la Misericordia ( 3 al 7 de setiembre de 2008) Mons. Arancibia realizó esta visita,
preparada por los padres Sixto, Germán y Alejandro, misioneros de La Consolata, y del diác. Oscar, a
quienes está confiada la parroquia. El Obispo pudo encontrarse en cada lugar con los responsables de las
acciones pastorales y con gente de la comunidad. Visitó las escuelas de la zona, recorrió varios barrios de
El Borbollón, y participó de la Asamblea comunitaria con responsables y colaboradores de capillas y
centros. La visita culminó con la celebración de la Eucaristía en la sede parroquial, donde también se
realizó un ágape comunitario.
San Agustín (30 de octubre al 2 de noviembre de 2008) Con la colaboración de los Padres Eduardo
Rodríguez, Antonio Torío, y Antonio Macía, como así también del diác. Leandro Rivas, se preparó esta
visita pastoral del Obispo, durante la cual visitó la comunidad religiosa de las Hermanas de la
Inmaculada, dialogó con los agentes de pastoral, y compartió entrevistas y diálogos con niños y jóvenes
de las distintas catequesis.
Durante cada una de las visitas, el Obispo mantuvo un diálogo sincero y abierto, informando,
proponiendo inquietudes, y ofreciendo orientaciones. Monseñor Arancibia, agradeció haber sido recibido
y escuchado con respeto y afecto filial. A cada responsable de las comunidades visitadas, le hizo llegar el
informe correspondiente.
VIDA DIOCESANA
CAMINO DE RENOVACIÓN ECLESIAL Y PASTORAL
Jornada Juntos Caminamos 2008
"Discípulos y misioneros de Jesucristo, en comunión, para la vida de nuestro pueblo"
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El sábado 15 de marzo, en el colegio Nuestra Señora de la Misericordia, se realizó la “Jornada Juntos
Caminamos”.
En el encuentro, Mons. José María Arancibia, dio inicio al año pastoral y a la aplicación del nuevo Plan
Diocesano de Pastoral.
Como discípulos misioneros de Jesucristo, unos 600 agentes de pastoral, representantes de todos los
espacios pastorales y estados de vida, participaron, con alegría del inicio del año pastoral, para renovar la
experiencia de comunión fraterna, valorar la importancia del nuevo Plan Diocesano, e impulsar con
sentido misionero la difusión y aplicación del Plan en cada uno de los espacios pastorales.
Participaron además, los miembros del Consejo Presbiteral, del Consejo Arquidiocesano de Pastoral, del
Consejo de Asuntos Económicos arquidiocesano, presbíteros, diáconos permanentes, religiosas, religiosos
y vírgenes consagradas. También estuvieron presentes miembros de los Consejos Pastorales de distintas
comunidades, docentes y miembros de los Equipos de Animación Pastoral de colegios católicos,
auxiliares de Curia, representantes de Movimientos y Asociaciones, y directores de Institutos y Centros
de formación.
El trabajo en grupos se realizó por espacios pastorales, reflexionando sobre acciones futuras de la
aplicación de este nuevo Plan. También se destacó la importancia y el compromiso, como Iglesia
diocesana, de impulsar con sentido misionero la difusión y aplicación del Plan en cada uno de los
espacios pastorales.
Finalmente, Mons. Arancibia realizó el envío misionero, destacando el mismo como un fuerte llamado a
poner la confianza en Dios, exhortando a creer y esperar en el Señor con un espíritu joven, entusiasta, con
el corazón de gente sencilla, porque Jesús nos necesita. “Este envío, expresó, engarzado en Semana Santa,
nos contagia de esta alegría de vivar al Señor, para revivirlo en su entrada a Jerusalén”.
XV Jornadas de Pastoral
Entre el 16 y 18 de septiembre, se realizaron las Jornadas de Pastoral para presbíteros, diáconos,
religiosas y religiosos, en la Casa de Ejercicios de Lunlunta, y el día 20 del mismo mes, en el Colegio
Nuestra Señora de la Misericordia, para todos los agentes de pastoral.
Desde el ser discípulos misioneros, el encuentro, tanto de los sacerdotes, consagrados, y laicos, fue la
razón de participar abordando los nuevos desafíos que propone la aplicación del nuevo Plan Diocesano de
Pastoral, con cuatro objetivos:
1. Afianzar la espiritualidad de comunión
2. Evaluar la nueva etapa pastoral iniciada en Juntos Caminamos 2008
3. Valorar el nuevo Plan Diocesano
4. Comenzar una revisión participada y comprometedora de nuestra pastoral ordinaria a la luz del Plan de
Pastoral.
En la jornada del último día, los laicos, evaluando la nueva etapa pastoral y valorando el reciente PDP,
trabajaron sobre dos desafíos pastorales:
1. La fe en Jesucristo: el tesoro escondido y la perla preciosa - "La situación de la fe en Mendoza hoy”.
2. Imiten la generosidad de Jesucristo: siendo rico se hizo pobre - “La realidad socio-político-económica
en Mendoza hoy”.
En la misa de cierre, Mons. José María Arancibia, valoró la disposición de todos los agentes de pastoral y
su aprecio y acierto pastoral en esta nueva etapa. "Estas jornadas, son un momento adecuado, donde
estando presentes miembros de todas las comunidades, el obispo reunido con su gente, reflexiona y
alienta para ver este nuevo Plan con una fe más intensa y hacerlo como verdaderos discípulos
misioneros", dijo.
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"La fe en Jesucristo no es un capítulo más - explicó - creer en Dios no es conocer cosas de Dios, es abrir
el corazón hacia El. Ser creyentes es muy hermoso y grande, abrir el corazón a Dios, es confianza en algo
que apenas vislumbramos, algo que esta más allá de nosotros".
De esta manera Mons. Arancibia llamó a tener fe y confianza en un Dios grande, y tener un tesoro, darlo a
conocer a otros es aún más grande. Alentó a ser creyentes, a ser misioneros de la fe cristiana y sentirnos
tocados por el Espíritu.
Al terminar su homilía, exhortó a “vivir unidos a Cristo; este nuevo PDP es un imperioso llamado de la
Iglesia a ser verdaderos discípulos misioneros, para que otros quieran ser de Cristo. Recemos por este
proceso y para que lo vivamos con esperanza y alegría", finalizó.
ACTIVIDADES DE LA JUNTA ARQUIDIOCESANA DE CATEQUESIS
Talleres de Profundización para catequistas
Entre el 25 y 27 de febrero se realizaron distintos talleres de profundización para todos los catequistas de la
Iglesia de Mendoza. Los mismos tuvieron lugar en el Colegio San Pedro Nolasco, y se contó con la
participación de 400 catequistas aproximadamente.
El primer día, el Pbro. Daniel Forconesi se refirió al Documento de Aparecida, que ilumina y orienta la
catequesis.
El segundo y tercer día se realizaron en simultáneo tres talleres: “Metodología catequística”, a cargo del
Pbro. Juan Pablo Dreidemie y la Prof. Alejandra Martínez; “Celebración en la catequesis”, a cargo del
Pbro. Mauricio Haddad; “Evaluación en la catequesis”, a cargo de la Lic. Miriam Marchetta
Curso de Ministros Extraordinarios de la Comunión
Los días 24 y 25 de abril, en la Parroquia San Agustín, se llevó a cabo el curso para Ministros
Extraordinarios de la Comunión, del que participaron cerca de 800 personas.
Para quienes asistían por primera vez, se trataron los temas: “Liturgia de la Comunión”, a cargo del Pbro.
David Morales, y “El Ministro extraordinario desde la Liturgia y la Pastoral”, a cargo del Diác. Walter
Formica. Para los que realizaron el curso de profundización, el tema fue “Discípulos enamorados y
misioneros”, a cargo del Pbro. Marcelo De Benedectis.
Encuentro de Formación Permanente
Del 26 al 28 de junio, en comunión con el Seminario Arquidiocesano, la Escuela de Ministerios San José,
el Instituto Pablo VI, el Equipo de Pastoral Universitaria, y el Equipo de Formación Permanente del
Clero, se organizaron encuentros para universitarios y profesionales, laicos y consagrados. Los mismos
estuvieron a cargo del Pbro. Amadeo Cencini, y contó con la participación de aproximadamente 700
personas.
El tema abordado fue “La Gracia relacional”.
Encuentro de profundización de Catequesis Especial
Los días 12 y 13 de mayo, en las instalaciones del auditorio del Consejo Profesional de Ciencias
Económicas, tuvieron lugar las charlas de profundización sobre catequesis especial.
Con una concurrencia de 80 personas, provenientes de distintas comunidades y centros de formación del
Gran Mendoza, las catequistas María Rosa Malla y Margarita Zeballos, desarrollaron los temas: “¿Qué es
la Catequesis Especial?”, “El ser del Catequista”, “El sujeto de la Catequesis Especial”, y “Comentario
sobre las distintas discapacidades”.
Con el objeto de nutrir y animar el Espíritu del Catequista, el Pbro. Juan Cukjati, desarrolló en cuatro ejes
el tema “El Kerygma: el contenido, el método, la fortaleza, y la espiritualidad de la nueva
evangelización”.
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Celebración del día del Catequista
El domingo 24 de agosto, en el Colegio Padre Claret, se realizó el festejo del día del catequista. Del
mismo participaron alrededor de 250 catequistas de distintas comunidades parroquiales.
En la oportunidad, Mons. Sergio Buenanueva, habló a los participantes sobre la “Iniciación cristiana
desde Aparecida”. Posteriormente, presidió la celebración eucarística, en la que se agradeció al Señor por
los dones recibidos.
Encuentro de Catequesis Especial
Bajo el lema “Discípulos misioneros de Jesucristo, en comunión, para la vida de nuestro pueblo”, el 8 y
9 de noviembre se realizó la convivencia de centros de catequesis especial. Durante la misma, con la
colaboración de sus catequistas y con el profundo sentido de compartir, los niños pusieron de manifiesto
lo aprendido durante el año, en forma dinámica. El encuentro terminó con la celebración eucarística, en
agradecimiento a lo vivido, y como cierre del año catequístico.
Reunión con los catequistas de la diócesis
El día 5 de diciembre, en el Templo Sagrado Corazón, de Ciudad, tuvo lugar una reunión de la que
participaron catequistas de las diferentes comunidades parroquiales, con el objetivo de dialogar, compartir
y buscar juntos caminos que nos ayuden a comunicarnos mejor. Durante la misma, se presentaron las
actividades programadas para el próximo año, a fin de facilitar la participación de todos los catequistas.
VIDA CONSAGRADA
El 8 de setiembre, en el Colegio San Luis Gonzaga, se celebró el día de la Vida Consagrada, en el
contexto eclesial del año Paulino.
Esta fue una gran oportunidad para escuchar el mensaje de Pablo, que hoy sigue invitándonos a un nuevo
encuentro con Cristo, para reavivar un amor ardiente a El y a su Iglesia.
La jornada se inició con un momento de oración, seguido de un trabajo en grupo sobre la figura de Pablo,
y culminó con la celebración Eucarística, presidida por nuestro Obispo.
Monseñor Arancibia, dirigió estas palabras a los presentes:
En el año paulino, comparto el interés por buscar que el ejemplo y las palabras del Apóstol, resulte para
todos una luz intensa en el camino, y un estímulo para renovar nuestra consagración. Repasando el
Decreto Conciliar (PC) he hallado 24 citas y referencias de sus cartas. Y en el documento del Sínodo
(VC) otras 42.
I. Fuente Cristológico-Trinitaria
iniciativa del Padre (17: 1 Cor 32-34): -1 Cor 7,32-35: Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que
no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tienen
mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está
dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de
ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo,
buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un
obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor.
por el Hijo (18) -Col 1,15: El es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, -Flp 3,8:
Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo.
en el Espíritu (19) -Ef 5,27: porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin
ningún defecto, sino santa e inmaculada.
consejo castidad (21) *1 Cor 7,32-34
pobreza (21) -2 Cor 8,9: Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo
pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza.
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consagrados como Cristo (22) -Flp 2,6-8: El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con
Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de
servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta
aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. * 2 Cor 8,9
dimensión pascual (24) -Col 1,24: Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo
que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.
testigos sostenidos por Cristo (25) -Gal 1,15-16: Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre
y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los
paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre.
dimensión escatológica (26) -1 Cor 7,31: los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la
apariencia de este mundo es pasajera. -Col 3,1: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes
del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. -Flp 3,20: En cambio, nosotros somos ciudadanos
del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo.
relación entre estados de vida (31) -Rom 12,4-5: Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos
miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que
respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros.
santidad por el Espíritu (23) -Rom 5,5: Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha
sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
II. Signo de comunión en la Iglesia
vida fraterna por el Espíritu (42) *Rom 5,5
sentido de Iglesia (46) -1 Tim 3,15: Así sabrás cómo comportarte en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del
Dios viviente, columna y fundamento de la verdad.
fraternidad en la Iglesia Universal (47) -1 Cor 12,4-11: Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos
proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de
actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el
bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo
Espíritu; a otro, la fe, también el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único
Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor
de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el
mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere. -1 Cor
12,31: Ustedes, por su parte, aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más
perfecto todavía. -1 Cor 13,13: En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la
más grande todas es el amor.
monjas, sólo para Dios – Iglesia gloriosa (59) -Rom 6,11: Así también ustedes, considérense muertos al
pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. -Col 3,1-4: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los
bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas
celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo
en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos
de gloria. -1 Cor 15,24.28: En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre,
después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. - Y cuando el universo entero le sea
sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea
todo en todos.
formación comunitaria y apostólica (67) -1 Cor 12,7: En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien
común.
formación apostólica permanente (71) -2 Cor 5,14: Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar
que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto.
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III. Epifanía del Amor de Dios
al servicio de Dios y del hombre (73) -Col 2,20-22: Ya que ustedes han muerto con Cristo, a los
elementos del mundo, ¿por qué se someten a las prohibiciones de «no tomar», «no comer» y «no tocar»,
como si todavía vivieran en el mundo? Todo esto se refiere a cosas destinadas a ser destruidas por su
mismo uso y no son más que preceptos y doctrinas de hombres. -Gal 5,16-17.22: Yo los exhorto a que se
dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque la
carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no
pueden hacer todo el bien que quieren. - Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz,
magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia.
amar con el corazón de Cristo (75) **Rom 5,5: Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de
Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
evangelización (76) -Flp 3,12: Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero
sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús.
presentes en todo lugar (78) -2 Cor 5,14: Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno
solo murió por todos, entonces todos han muerto.
anuncio e inculturación, ejemplos (79) -Flp 2,7: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la
condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres.
pobres entre los pobres (90) *Col 3,3: Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta
con Cristo en Dios.
compromiso de vida (93) *Flp 3,8-10: Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el
inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que
considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia -la que
procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe.
*1 Cor 7,7.40: Mi deseo es que todo el mundo sea como yo, pero cada uno recibe del Señor su don
particular: unos este, otros aquel. - Sin embargo, será más feliz si no vuelve a casarse, de acuerdo con mi
consejo. Ahora bien, yo creo tener el Espíritu de Dios.
escucha de la Palabra (94) -2 Tim 3,16: Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar
y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, -Rom 12,12: No tomen como modelo a este
mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan
discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
presencia mundo educación (96) Ef 1,7: En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el
perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda
sabiduría y entendimiento.
comunicaciones sociales (99) *1 Cor 7,31: los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la
apariencia de este mundo es pasajera.
Conclusión:
al servicio del Reino (105) -2Cor 2,15: Porque nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios,
tanto entre los que se salvan, como entre los que se pierden.
a los consagrados (109) 2 Tim 1 12: Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en
quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien
que me ha encomendado.
Oración Trinidad (111) Ti 3,4: Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor
a los hombres.
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INVOCACIÓN A MARÍA (112)
María, figura de la Iglesia, Esposa sin arruga y sin mancha,
que imitándote «conserva virginalmente la fe íntegra, la esperanza firme y el amor sincero» (LG 64),
sostiene a las personas consagradas en el deseo de llegar
a la eterna y única Bienaventuranza.
Las encomendamos a ti, Virgen de la Visitación,
para que sepan acudir a las necesidades humanas
con el fin de socorrerlas,
pero sobre todo para que lleven a Jesús.
Enséñales a proclamar las maravillas que el Señor hace en el mundo,
para que todos los pueblos ensalcen su nombre.
Sostenlas en sus obras a favor de los pobres,
de los hambrientos, de los que no tienen esperanza,
de los últimos
y de todos aquellos que buscan a tu Hijo con sincero corazón.
A ti, Madre,
que deseas la renovación espiritual y apostólica de tus hijos e hijas
en la respuesta de amor y de entrega total a Cristo,
elevamos confiados nuestra súplica.
Tú que has hecho la voluntad del Padre,
disponible en la obediencia,
intrépida en la pobreza
y acogedora en la virginidad fecunda,
alcanza con tu divino Hijo,
que cuantos han recibido el don de seguirlo en la vida consagrada,
sepan testimoniarlo con una existencia transfigurada,
caminando gozosamente,
junto con todos los otros hermanos y hermanas,
hacia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso.
HACIA LA CASA DEL PADRE
Chiara Lubich (22/01/1920 – 14/03/2008)
En la madrugada del 14 de marzo, en el centro Mariápolis, Rocca di Pappa, localidad cercana a Roma, a
la edad de 88 años, falleció Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares.
Gran amiga del Papa Juan Pablo II, Chiara fundó en 1943, en plena Guerra Mundial, uno de los
movimientos más fecundos del mundo católico, presente hoy en más de 180 países y con 780
comunidades esparcidas por el mundo: 140.000 miembros activos y más de dos millones de personas
comprometidas con la espiritualidad del movimiento. Había comprometido a su movimiento en el diálogo
ecuménico interreligioso y en la búsqueda de la paz.
El 25 de abril, en la parroquia Ntra. Sra. de Loreto, Mons. Arancibia presidió la misa celebrada en
memoria de Chiara, a la que concurrieron miembros del Movimiento de los Focolares y fieles en general.
Nuestro Obispo, se dirigió a los presentes con estas sentidas palabras:
1. Me atrevo a interpretar que la muerte de Chiara, cuando casi estábamos terminando la Cuaresma, ha
suscitado en toda la Iglesia un sentimiento anticipado de Pascua. ¿Por qué? En razón de su vida,
entregada por entero al seguimiento de Cristo abandonado hasta la muerte en cruz, por amor a Él y a los
hermanos, con la confianza puesta plenamente en el triunfo de su resurrección. La pena que ha provocado
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su partida, va estrechamente unida al reconocimiento agradecido que brota de una inmensa multitud: de
quienes han compartido con ella la Obra de María; de todos los católicos que han apreciado su carisma de
comunión; de muchos cristianos de otras Iglesias, que anhelan la unidad; como de miembros de otras
religiones y de tanta gente que valoró su presencia y su servicio, en favor de la paz y la armonía entre
pueblos, creencias y naciones.
2. Incontables homenajes se han tributado a su persona y a su labor, ya durante su vida, y ahora con
motivo de su retorno a la casa del Padre. Hoy tengo la oportunidad de vivir con todos ustedes la oración
de esta Iglesia particular de Mendoza, en la cual su figura y su carisma fueron conocidos desde hace
varias décadas. Me honra representar como obispo a la diócesis, para atestiguar y agradecer los dones
maravillosos que Dios nos ha concedido por este signo e instrumento Suyo.
3. El estilo de Chiara, y del movimiento, ha destacado siempre el valor del testimonio sincero y fraterno,
que nos alienta a vivir el Evangelio. Con ustedes puedo compartir, que conocí más de cerca el
movimiento en Córdoba, durante los años de gran entusiasmo por la aplicación del Concilio, que también
fueron años difíciles por varias razones. Debo reconocer que el contacto con focolarinos y con
simpatizantes, me hizo mucho bien; tanto por la cercanía fraterna y afectuosa que siempre procuraban,
animando en concreto la práctica del amor recíproco; como por el intenso y ardiente deseo de poner en
práctica cada día la Palabra de Dios, alentándose constantemente en el esfuerzo compartido.
4. Encuentro providencial que celebremos esta Eucaristía, como sufragio y agradecimiento por Chiara, en
la fiesta de san Marcos Evangelista. Es verdad que, los hombres inspirados que escribieron los
evangelios, nunca han sido objeto de una verdadera devoción popular. En varios casos, como éste, han
sido hombres movidos por el Espíritu santo, pero poco conocidos en su vida personal y actuación. Sin
embargo, hoy ellos vuelven a suscitar entre nosotros el amor por la Palabra, y el deseo que escucharla con
un corazón ardiente; porque el mismo Espíritu que la inspiró nos mueve a buscar y encontrar en Ella, al
Dios que nos ha mostrado en Cristo todo el amor y la misericordia del Padre.
5. Si acaso puedo resumir este testimonio agradecido por la persona y la obra de Chiara, que merecerían
una larga consideración, quisiera concentrarlo en tres aspectos:
o
Su pasión por la Palabra de Dios, que fue muy temprana y hasta sorprendente en la Iglesia de su
tiempo; pero practicada con la plena confianza de encontrar allí la vida y el amor, aún en medio
situaciones dolorosas y desesperantes
o
Un amor grande, humilde y obediente a Cristo, a la Iglesia y a sus pastores, vivido en las cosas
ordinarias de cada día, y hasta las más sencillas; teniendo como modelo a María, la discípula fiel
del Señor
o
El servicio constante, esperanzado y audaz, a la unidad de la Iglesia y del mundo, inserto en todas
las realidades y ambientes, siguiendo las oportunidades y las urgencias que la providencia fue
manifestado.
6. Con palabras del mismo Benedicto XVI, quiero expresar ahora nuestro deber de gratitud. Queremos:
“... AGRADECER al Señor el don que le ha hecho a la Iglesia en esta mujer, de intrépida fe, humilde
mensajera de esperanza y de paz, fundadora de una vasta familia espiritual ...
[agradecer] ... “un servicio silencioso e incisivo, siempre en sintonía con el magisterio de la Iglesia...”
“Se podría afirmar que tenía casi una intuición profética para intuir y actuar anticipadamente... el
pensamiento del Papa”.
7. Finalmente, quiero agradecer y comprometer la presencia de todos los focolarinos en esta diócesis,
como de cuantos participan del alguna manera su carisma, para que sigan haciendo de la Iglesia “casa y
escuela de comunión”. Valioso y lúcida propuesta del querido Papa Juan Pablo II (NMI 43), al comenzar
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el milenio (2001), recordada por el Papa actual, incluso en su carta sobre Chiara. Esta Iglesia cuenta con
ustedes, para intensificar una renovada evangelización por el testimonio de vida y el anuncio de la
Palabra. Los necesita para atestiguar el amor como mandamiento nuevo y central del Evangelio, a favor
de todos los hombres, especialmente de los más débiles y sufrientes. Con ayuda de ustedes, se propone
ofrecer a esta sociedad el esfuerzo alegre y confiado por la unidad, y por el encuentro fraterno, que se
hace posible por la gracia de Dios, y por el ejemplo e intercesión de los santos.
Pbro. Jorge Augusto Contreras ( 27/04/1925 – 24/08/2008)
Un sacerdote que caminó los pasos de Jesús y de su Evangelio en medio nuestro
El 24 de agosto, a los 83 años de vida, y después de 46 de sacerdocio, el Pbro. Jorge Augusto Contreras,
querido pastor de esta tierra mendocina y padre de los pobres de Jesús, partió a los brazos del Padre en el
privilegio de los hijos de Dios.
Había nacido en Mendoza, el 27 de abril de 1925, y fue ordenado sacerdote el 15 de julio de 1962.
Se tituló en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNC, como profesor de Historia y Geografía. Tuvo
varios destinos pastorales en distintas parroquias de nuestra diócesis, y fue Rector del Seminario
Arquidiocesano.
En 1995 comenzó su trabajo como capellán de la Penitenciaría de Mendoza, labor que ejerció durante
diez años.
Su tarea pastoral en el barrio La Gloria se inició en 1991. En 1996 se creó la cuasiparroquia Virgen
Peregrina, y hasta el día de su muerte continuó estrechando lazos afectivos con una feligresía que lo
amaba. Allí, su casa por muchos años, tuvo lugar el velatorio.
La Misa de cuerpo presente fue presidida por Mons. José María Arancibia, quien expresó su profundo
dolor ante la partida de este querido sacerdote. Durante su homilía, el obispo hizo un recuerdo agradecido
de su vida y de su ejemplo, destacando también el gozo de su paso por esta Iglesia de Mendoza:
Testimonio agradecido del Obispo sobre el P. Jorge Contreras
“Como muchos mendocinos, tengo la tristeza de ver partir al querido padre Jorge Contreras. Y, aunque
parezca contradictorio, me brota del corazón el deseo intenso de agradecerle a Dios por el regalo de su
vida, y por tanta gente que llora su partida, pero está contenta de haberlo conocido, escuchado y seguido”.
“Conocí a Jorge en 1956, estudiando filosofía y luego teología, en el Seminario Nuestra Señora de Loreto
de Córdoba. Allá dimos juntos todos los pasos de preparación al sacerdocio, aun perteneciendo a diócesis
diferentes. ¿Qué recuerdos tengo de aquel tiempo? Jorge era para nosotros un buen hermano mayor,
porque había ingresado al Seminario con unos cuantos años más que sus compañeros. Antes, había
completado en Mendoza el profesorado universitario en Historia, y comenzado a ejercer la docencia.
Conocía muy bien la realidad social y religiosa de Mendoza, en su pasado y en el presente. Seguía con
vivo interés todos los acontecimientos de su tierra y del país, comprometido con una situación por lo
general difícil, que él sabía interpretar mejor que los demás estudiantes”.
“Habiendo caminado en la vida más que sus condiscípulos, manifestaba una convicción firme por el
sacerdocio, al cual se preparaba como joven maduro y responsable. Sus compañeros y profesores,
veíamos en él un hombre de arraigada fe cristiana, sencillo de corazón, siempre sereno, y amable con
todos. Dispuesto para ayudar a cualquier en la circunstancia que fuera. En las discusiones y arrebatos
propios de nuestros pocos años, lo he visto poner palabras acertadas, sabias y tranquilas, participando al
mismo tiempo y con vivo interés, en la búsqueda de respuestas para tantas cuestiones e inquietudes
planteadas”.
“Al concluir nuestra formación, se abrió el Concilio Vaticano II (1962-1965), que despertó y encauzó en
la Iglesia Católica una renovación completa y comprometedora para todos. Fuimos ordenados por
nuestros respectivos obispos, precisamente poco antes de comenzar aquel evento providencial. Fueron
años de mucha expectativa, controversias frecuentes, y de audaces propuestas. La Iglesia fue madurando
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poco a poco proyectos de renovación, que a la luz de la Palabra y de la tradición, fueran una respuesta de
mayor fidelidad a Cristo y a la misión en el mundo, encomendada por Él”.
“Me complace recordar a Jorge en aquellas ocasiones, como un hermano entusiasta y respetuoso al
mismo tiempo, apasionado y prudente a la vez; audaz y libre de corazón pero seguro del camino
emprendido como sacerdote en la Iglesia”.
“La vida nos separó después, por muchos años. En varias ocasiones nos encontramos o escribimos, pero
ya no compartimos de cerca la vida y el trabajo pastoral. Con aquellos hermosos recuerdos, lo volví a
encontrar en 1993, destinado a Mendoza como obispo coadjutor. Fue una inmensa alegría volver a estar
juntos, y a ser compañeros de camino en la misión apostólica, que se estaba realizando en esta tierra, tan
querida para él. ¡Cómo he apreciado desde entonces, para mi nueva tarea, su palabra esclarecedora sobre
la historia de Mendoza y la condición de su gente!”.
“El padre Jorge cumplió el año pasado 45 años de sacerdote. Lo recordamos en un saludo fraterno y
emocionado. Pero este testimonio no puede ser continuo y completo. Me falta mucho tiempo de cercanía
con él. Período convulsionado y difícil, para la Iglesia y para toda la sociedad. Otras personas, familias y
grupos, podrán hablar en detalle de aquellos años. No obstante, me emociona poder completar estas
líneas, mirando la figura del padre Jorge en sus últimos años. Tiempo de mayor sabiduría, de entrega
completa y sufrida de la vida; querido y venerado por quienes tuvieron la dicha de conocerlo y de gozar
de su servicio pastoral. Me complace también poder hacerlo como obispo de esta diócesis, que él me
enseño a querer, entender y servir. Es hermoso representar, aunque pobremente, el reconocimiento
agradecido de los hermanos sacerdotes, de religiosos y religiosas, de laicos de toda condición, e incluso
de muchos no católicos y no creyentes”.
“No hay palabras suficientes para agradecer al padre Contreras su ejemplo de vida y su abnegada
preocupación por las dolencias y sufrimientos de la gente. Tuvo corazón sensible, manos generosas, y
palabra valiente, para defender y asistir a los más pobres, olvidados, y excluidos; a los enfermos, afligidos
y privados de libertad. Defendió la dignidad humana y los derechos de la persona, en circunstancias muy
difíciles y hasta peligrosas. Muchos trabajadores, y aún gente sin trabajo, lo han buscado, para encontrar
en él consuelo, orientación y ayuda para defender sus derechos”.
“Quiso privarse de bienes honestos y de ventajas legítimas, para estar más cerca de los que sufren, y ser
para ellos simplemente hermano, y servidor humilde. Las personas, familias, e instituciones que en estos
días manifiestan su dolor y su gratitud, será sin duda un signo ingente del respeto y del amor que supo
ganarse entre los mendocinos”.
“El padre Jorge fue por encima de todo, un hombre de Dios. No sé si todos pueden y se disponen a
reconocerlo así. Para mi y para la Iglesia, fue un cristiano cabal, cuya fe en Jesucristo lo movió y guió en
su amor al pueblo; sobre todo, a darse a los más pobres y dolientes. Jesús prefirió a los pobres, pecadores
y enfermos, como signo de un amor grande, gratuito y misericordioso. Así lo enseñó a sus discípulos y
seguidores. Estoy seguro que Contreras, siguiendo el mandato de Jesús, lo quiso encontrar a Él en quienes
carecían de bienes materiales y espirituales. Como buen sacerdote, quiso ofrecer a todos no sólo ayuda o
consejo, sino la Palabra de Dios, el Pan de la Eucaristía, y el perdón de los pecados”.
“En este hermano, pues, respeto y reconozco: a un hombre amigo de los más pobres y sufridos; a un
auténtico creyente, y a un sacerdote de Jesucristo. Como también a un fiel hijo de la Iglesia Católica. Un
servidor generoso y entregado en muchas tareas apostólicas que la Iglesia le confió. Con libre honestidad,
tomó parte en situaciones de conflicto, cargadas de desencuentros e incertidumbres dentro de la misma
Iglesia. Admiro que siempre supo jugarse por sus convicciones. Sin embargo, nos dio ejemplo de respeto
y serenidad frente a las diversas posturas y tendencias. De fidelidad a su vocación sacerdotal, y a la
atención debida al pueblo de Dios. De comunión fraterna y filial con los pastores de la Iglesia”.
“La memoria de este padre bondadoso y hermano muy querido, seguramente hace brotar muchas lágrimas
de dolor, de emoción y de gratitud. Desafiando su modestia, damos gracias a Dios, que nos ha regalado
este signo de Su presencia viva y eficaz. Si bien, no sólo queremos guardar en la memoria y el corazón, el
recuerdo de su paso, sino el intenso deseo de imitar su bondad y sus virtudes, que han sido como el paso
de Jesús y de su Evangelio en medio nuestro”.
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DECRETOS, LICENCIAS, FACULTADES Y DISPENSAS
TRIBUNAL DE INSTRUCCIÓN
Prot. Nº 144/08- 1 de febrero de 2008
Se nombra Notario interino para el Tribunal de Instrucción, a la señorita María Cecilia López, a partir del
1 de febrero, por ausencia temporaria de la titular.
Prot. Nº 173/08- 2 de abril de 2008
Se confirma al Pbro. Lic. Reinaldo Ramón Rodino, como Juez de Instrucción por un nuevo periodo de
cinco años a partir de la fecha.
DECANOS Y VICEDECANOS
Prot. Nº 102/08- 7 de marzo de 2008
Pbros. Gastón Ricardo Peroni y Gerardo Román Argüello, Decano y Vicedecano, respectivamente, del
Decanato Maipú, hasta terminar el periodo estatutario 2006-2009.
DELEGADO EPISCOPAL
Prot. Nº 071/08- 19 de febrero de 2008
Se nombra al Pbro. Miguel Ángel López D’Ambola, Delegado Episcopal para el seguimiento, atención y
formación de los diáconos permanentes.
CARITAS ARQUIDIOCESANA
Prot. Nº 679/08- 31 de diciembre de 2008
Se acepta la renuncia del Pbro. José Martín al cargo de Vicepresidente de Cáritas Arquidiocesana, para el
que fuera designado por Decreto Prot. Nº 376/07.
JUNTA ARQUIDIOCESANA DE CATEQUESIS
Prot. Nº 139/08- 13 de marzo de 2008
Se nombra al Diác. Juan Carlos Monjelardi, Director del Seminario Divino Maestro – Zona Este, por el
término de cuatro años a partir de la fecha.
Prot. Nº 308/08- 11 de junio de 2008
Se nombra a la Sra. Delia Villarroel de Lucero, Directora del Centro de formación catequístico Pablo VI,
del decanato Guaymallén, por el término de cuatro años a partir de la fecha.
Prot. Nº 339/08- 2 de julio de 2008
Se nombra a la Prof. Patricia Alejandra Escalante, Directora del Seminario Arquidiocesano de Catequesis
Divino Maestro – Zona Centro, por el término de cuatro años a partir de la fecha.
PASTORAL VOCACIONAL
Prot. Nº 061/08- 19 de febrero de 2008
Se designa al nuevo Equipo de Pastoral Vocacional, por un periodo de dos años a partir de la fecha, el que
queda integrado por: Pbro. Diego Resentera, Director; Federico Lucca, Tesorero; Leonardo Di Carlo,
Secretario; Diac. Luis González, Diac. Permanente; Rodrigo Robert, Área Seminario; Hna. Nilda Miranda
OP, Hna. María Cecilia Miranda PSF, Área Religiosas; Matrim. Mónica y Edgardo Fretes, Matrim. Ema
y José Luis Mignatón, Srta. Olga Marsolier, Sra. Marisa Isabel Florindo de Ferraris, Sra. Beatriz Florindo
de Turandel, Área Laicos; Sra. Josefina Machuca, Sra. Susana Brunet, Área Inst. Seculares.
DEPARTAMENTO DE FIELES LAICOS (DEPLAI)
Prot. Nº 458/08- 12 de setiembre de 2008
Se designa la nueva Comisión permanente, la que queda conformada por: Matr. Juan y Elsa Scibilia; Sr.
Luis Enrique Ponce; Sr. Jorge Guillermo Schindler; Srta. Jadranka Zveli; Sr. José Polizzi; Sra. Margarita
Blanco; Sra. Mabel Castro; Matr. Rodrigo y Carolina Pizi; Sr. Ernesto Alberto Ovejero; Sra. Ana Cristina
Sosa; Matr. Sergio y Mariángeles Velazco; Sra. Elena Kearney; Sr. Domingo Edgar Contrera; Sra. Gloria
Edith Zani de Lunello.
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DIRECTOR DE MISIONES – OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS
Prot. Nº 416/08- 27 de agosto de 2008
Se confirma al Pbro. Michael Leo Belmont, Director diocesano para las Obras Misionales Pontificias, por
un nuevo periodo de dos años a partir de la fecha.
NOMBRAMIENTO DE PARROCOS
Prot. Nº 011/08- 8 de febrero de 2008
Pbro. Hugo Alejandro Ceferino Asid, parroquia San Antonio de Padua, a partir del 15 de febrero de 2008.
Prot. Nº 014/08- 12 de febrero de 2008
Pbro. Miguel ángel López D’Ambola, parroquia Santa Bernardita, a partir del 17 de febrero de 2008.
Prot. Nº 015/08- 12 de febrero de 2008
Pbro. Gerardo Román Argüello, parroquia Inmaculado Corazón de María, Coquimbito, a partir del 2 de
marzo de 2008.
Prot. Nº 016/08- 8 de febrero de 2008
Pbro. Lic. Carlos William Rubia, parroquia Señor del Milagro y Virgen Niña, a partir del 1 de marzo de
2008.
Prot. Nº 055/08- 22 de febrero de 2008
Pbro. Iván Patricio Sepúlveda, cuasiparroquia Divino Maestro, por un nuevo periodo, a partir de la fecha.
Prot. Nº 062/08- 19 de febrero de 2008
R.P. Julián Muyur SDV, parroquia Espíritu Santo, a partir del 7 de marzo de 2008
Prot. Nº 063/08- 19 de febrero de 2008
R.P. Fernando María Belloco CSsR, parroquia Cristo Rey, a partir del 14 de marzo de 2008
Prot. Nº 064/08- 19 de febrero de 2008
R.P. Aníbal Bustos SDB, parroquia San Juan Bosco, a partir del 29 de febrero de 2008
Prot. Nº 069/08- 19 de febrero de 2008
R.P. José Quintana FDP, parroquia N. S. del Carmen, Godoy Cruz, a partir del 13 de abril de 2008
Prot. Nº 100/08- 7 de marzo de 2008
R.P. Enrique Skowronek SVD, parroquia N. S. del Carmen, Tunuyán, a partir del 29 de marzo de 2008
Prot. Nº 104/08- 2 de febrero de 2008
Pbro. Gabriel Bossini, parroquia San Vicente Ferrer, por un nuevo periodo, a partir del 2 de febrero de
2008.
Prot. Nº 166/08- 4 de abril de 2008
Pbro. Alberto Daniel Caballero, parroquia San José, La Paz, a partir del 6 de abril de 2008.
Prot. Nº 444/08- 3 de setiembre de 2008
Pbro. Evilasio Pascual, parroquia Nuestra Señora de Castelmonte y Santa Lucía, a partir del 13 de
setiembre de 2008.
Prot. Nº 616/08- 28 de noviembre de 2008
Pbro. Mauricio Adrián Haddad, parroquia Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego, a partir del 12
de diciembre de 2008.
NOMBRAMIENTO DE ADMINISTRADORES PARROQUIALES
Prot. Nº 012/08- 8 de febrero de 2008
Pbro. Gerardo Ramón Bustamante, parroquia Asunción de Nuestra Señora, a partir del 16 de febrero de
2008.
Prot. Nº 013/08- 8 de febrero de 2008
Pbro. Gerardo Ramón Bustamante, parroquia San Roque, a partir del 16 de febrero de 2008.
Prot. Nº 037/08- 12 de febrero de 2008
R.P. José Quintana FDP, parroquia N. S. del Carmen, Godoy Cruz, a partir del 13 de febrero de 2008.
Prot. Nª 050/08- 28 de enero de 2008
R.P. Julián Muyr SVD, parroquia Espíritu Santo, a partir del 5 de febrero de 2008.
Prot. Nº 051/08- 28 de enero de 2008
R.P. Aníbal Bustos SDB, parroquia San Juan Bosco, a partir del 7 de febrero de 2008.
Prot. Nº 383/08- 8 de agosto de 2008
Pbro. Carlos Alberto Romero, parroquia Nuestra Señora de la Consolata, a partir del 8 de agosto de 2008.
Prot. Nº 538/08- 20 de octubre de 2008
Pbro. Luis Alberto Gianolini, parroquia Sagrado Corazón – Km. 11, a partir del 26 de octubre de 2008.
BOLETÍN OFICIAL - 57
ARZOBISPADO DE MENDOZA
Prot. Nº 605/08- 26 de noviembre de 2008
Pbro. Raúl Abel Olguín, parroquia Nuestra Señora del Socorro, a partir del 26 de noviembre de 2008.
NOMBRAMIENTO DE VICARIOS PARROQUIALES
Prot. Nº 017/08- 18 de febrero de 2008
Pbro. Álvaro Ortiz, parroquia San José.
Prot. Nº 046/08- 12 de febrero de 2008
Pbro. Nibaldo Ramírez, parroquia María Auxiliadora, Rodeo del Medio.
Prot. Nº 052/08- 12 de febrero de 2008
Pbro. Miguel Ángel Rocha, parroquia N. S. del Carmen, San Martín.
Prot. Nº 065/08- 14 de febrero de 2008
R.P. Juan Masera SDB, parroquia San Juan Bosco.
Prot. Nº 067/08- 14 de febrero de 2008
R.P. Juan Bocalón SDB, parroquia María Auxiliadora, Rodeo del Medio.
Prot. Nº 087/08- 20 de febrero de 2008
R.P. Eduardo Picone FDP, parroquia N. S. del Carmen, Godoy Cruz.
Prot. Nº 175/08- 13 de abril de 2008
Pbro. Juan Marcelo Araya, parroquia N. S. de Fátima.
Prot. Nº 176/08- 13 de abril de 2008
Pbro. Alejandro José Squizziatto, parroquia San Isidro Labrador.
Prot. Nº 177/08- 13 de abril de 2008
Pbro. Mariano Emilio Carrizo, parroquia N. S. de la Candelaria.
Prot. Nº 185/08- 15 de abril de 2008
R.P. Ricardo Ángel Ledesma CSsR, parroquia Cristo Rey.
Prot. Nº 186/08- 15 de abril de 2008
R.P. Edmundo Molina CSsR, parroquia Cristo Rey.
Prot. Nº 187/08- 15 de abril de 2008
R.P. Sergio Francisco Elías Stang CSsR, parroquia Cristo Rey.
Prot. Nº 516/8- 7 de octubre de 2008
R.P. Juan Bautista Baggio CS, parroquia Nuestra Señora Madre de los Migrantes.
Prot. Nº 620/08- 12 de diciembre de 2008
Pbro. Juan Marcelo Araya, parroquia Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego.
DIACONOS PARA COLABORAR EN LA PASTORAL DE UNA PARROQUIA
Para colaborar en el ministerio pastoral, ejerciendo el triple ministerio o diaconía de la liturgia, de la
Palabra y de la caridad, bajo la conducción del párroco y vicarios:
Prot. Nº 018/08- 8 de febrero de 2008
Diác. Oscar Armando Ituarte, parroquia María Auxiliadora, Ing. Giagnoni.
Prot. Nº 019/08- 14 de febrero de 2008
Diác. Mariano Emilio Carrizo, parroquia N. S. de la Candelaria.
Prot. Nº 181/08- 13 de abril de 2008
Diác. Javier Alejandro Gibeaud, parroquia San Isidro Labrador.
Prot. Nº 182/08- 13 de abril de 2008
Diác. Raúl Adolfo Gómez, parroquia Santísima Trinidad.
Prot. Nº 183/08- 13 de abril de 2008
Diác. Martín Horacio Guzmán, parroquia N. S. de la Candelaria.
Prot. Nº 405/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Rubén Daniel González, parroquia San Pedro Apóstol.
Prot. Nº 406/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Carlos Javier Salomone, parroquia Nuestra Señora del Líbano.
Prot. Nº 407/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Roberto Mario Furlán, parroquia Inmaculada Concepción – La Consulta.
Prot. Nº 408/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Juan Carlos García, capilla Nuestra Señora de Castelmonte.
Prot. Nº 409/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Alberto José Benteo, parroquia Nuestra Señora de Luján de Cuyo.
BOLETÍN OFICIAL - 58
ARZOBISPADO DE MENDOZA
Prot. Nº 410/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Eduardo Eugenio Kolosow, parroquia San Isidro Labrador.
Prot. Nº 411/08- 18 de agosto de 2008
Diác. Alberto Oscar Moyano, parroquia Nuestra Señora de Lourdes.
Prot. Nº 496/08- 13 de setiembre de 2008
Diác. Juan Carlos García, parroquia Nuestra Señora de Castelmonte y Santa Lucía.
CONSEJOS DE ASUNTOS ECONÓMICOS PARROQUIALES
Por el término de tres años y a partir de la fecha de designación, se nombra los siguientes Consejos
Parroquiales de Asuntos Económicos:
Prot. Nº 109/08- 7 de marzo de 2008
Parroquia San José Obrero: José Aroma, Coordinador; José Ruggeri, Tesorero; Enrique Vitale, Secretario;
Pedro Escoda, Aldo Angelini, Carlos Pinti, Miguel Martínez, Mario Rodríguez, Vocales.
Prot. Nº 110/08- 7 de marzo de 2008
Parroquia N. S. del Líbano: Antonio Luis Ghisaura, Coordinador; Elena Gabriela Morise, Secretaria;
María Alejandra Chanampe, Tesorera; Daniel Alejandro Zanetti, Romina Ghisaura, Germán Darío
García, Orlando Forti, Vocales.
Prot. Nº 111/08- 7 de marzo de 2008
Parroquia N. S. de la Misericordia: Marcela Covarubias, Coordinadora; Angélica Isgró de Andrada,
Secretaria; Estela Antonia Flores de Ibaceta, Tesorera; Bernabé Rosales, Vocal.
Prot. Nº 356/08- 16 de julio de 2008
Parroquia Nuestra Señora del Carmen- Costa de Araujo: Javier Victorio, Coordinador; José Castellá,
Tesorero; Alberto García, Secretario; María Ester López de Ravera, Andrés Contreras, Pedro Bravo,
Vocales.
Prot. Nº 46/08- 3 de setiembre de 2008
Cuasiparroquia María Madre de la Iglesia: Antonio Vargas, Coordinador; Carlos Larrain, Tesorero;
Cecilia Gómez, Secretaria; Gladis Simón, Irma Mendoza, Raúl Chirino, Vocales.
Prot. Nº 447/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Santa Ana: Diác. Héctor Tonetto, Coordinador; Mario Ahumada, Tesorero; María de Alcaraz,
Secretaria; Carlos Deliberto, Carlos Andrés, Luis Alcaraz, Carmen Canaveri, Mario Albornoz, Vocales.
Prot. Nº 448/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Santa Ana- Comisión Administrativa Auxiliar Capilla histórica Nuestra Señora del Rosario:
Evangelina Juana Duthú, Regina del Valle Cruz, Gladis Ontiveros, Mario Eduardo Albornoz, Carlos
André.
Prot. Nº 451/8- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Santa Ana- Comisión Administrativa Auxiliar Bª Paraguay: Olga Barrera, María Ofelia Pizarro,
Diego Barrera, Lidia Figueroa, Mario Ahumada, Carlos Deliberto.
Prot. Nº 452/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Santa Ana- Comisión Administrativa Auxiliar Bº SUYAI: Manuel Arebales, Hugo Zavala,
Edgardo Fredes, Rosana Pasalaccia, Oscar Alcaráz, Carmen Canaveri, Diác. Héctor Tonetto.
Prot. Nº 463/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Nuestra Señora de la Consolata: Mario Euliarte, Coordinador; Eduardo Magnoni, Tesorero;
Ivana Blanco, Secretaria; María Elena López, José Luis Tari, Carlos Ávila, Ismael Díaz, Vocales.
Prot. Nº 500/08- 2 de octubre de 2008
Parroquia Santísima Trinidad: Jorge Arturo Buscaron, Coordinador; Lidia Isabel Morillo,
Subcoordinador; María Gabriela Montivero, Tesorero; Carlos Alberto Ventura, Protesorero; Rosa Mónica
Codalupi, Secretaria; Raúl Alberto Solis, Mario Gerardo Her, Alfredo Antonio Dacrema, María Isabel
Egea, Vocales.
Prot. Nº 501/08- 2 de octubre de 2008
Parroquia Asunción de la Virgen: Diác. José Luis Alós, Vicepresidente; Ricardo Ernesto Avila,
Coordinador; Alejandro Sentinelli, Tesorero; Hipólito David Masman, Secretario; Blas Dante Bercich,
Luis Alberto Castellano, Osvaldo Becerra, Norma Teresita Ruiz, Dolores Carolina López, Vocales.
Prot. Nº 533/08- 16 de octubre de 2008
Parroquia Nuestra Señora de Luján: Diác. Félix Roberto Fucilli, Coordinador; Alfredo Llorens, Tesorero;
Marcelo Eduardo Tarelli, Secretario; Osvaldo Mario Cacciali, José Aldo Scandura, Claudio Adrián
Cadenas, María Esther Pelegrino, Ana Alicia Lázaro, Graciela Mónica Monti de De Sousa, Elba Mendoza
de Salinas, Virginia Miriam Ortiz, Vocales.
BOLETÍN OFICIAL - 59
ARZOBISPADO DE MENDOZA
Prot. Nº 568/08- 4 de noviembre de 2008
Parroquia San Agustín: R.P. Antonio Macía Pérez OSA, Tesorero; Celina Pizzoglio, Secretaria; Antonio
Osvaldo Buglio, Alejandro Osvaldo Fabre, Vocales.
Prot. Nº 575/08- 5 de noviembre de 2008
Cuasiparroquia Virgen de Urcupiña y Santos Mártires Rioplatenses: Jorge Humberto Coria, Coordinador;
Patricia Andrade, Vicecoordinador; Fernando Mamaní, Tesorero; Mario Víctor Sánchez, Secretario;
Haydeé Ester Fuentes, Marisa Sabrina Andrade, Elsa Liliana Osimani, María del Carmen Sosa, Vocales.
Prot. Nº 585/08- 13 de noviembre de 2008
Parroquia Inmaculado Corazón de María- Capital: Gustavo Yancarelli, Coordinador; Emilio Berutti,
Tesorero; Ana María Montalvo, Secretaria; Gustavo Enrique Cisternas, Alejandra Ferrer de Díaz, Pablo
Martín Paturlanne, Hernán Alberto Vega de la Llosa, Juan Francisco Waimann, Vocales.
Prot. Nº 655/08- 17 de diciembre de 2008
Parroquia San Pedro y San Pablo: Diác. Juan Carlos Monjelardi, Coordinador; Juan Adaro, Tesorero;
Carlos Quiroga, Secretario; Gladyus Silva, Marcos Polván, Pilar Ríos, Pablo Puebla, Vocales.
MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN
Por el término de dos años y a partir de la fecha de designación, se nombra a los siguientes ministros:
Prot. Nº 168/08- 8 de abril de 2008
Capilla Jesús Nazareno: Matías Coll, Mariana Ariza de Coll, Mariela Reynany de Bariffo, Laura Fiorentini,
Luisa Fanelli de Bonet, Marta Núñez de Segreti, Raúl Vita, Graciela Romero de Vita, Silvia Rossi, Mariela
Minatti.
Prot. Nº 357/08- 16 de julio de 2008
Parroquia Santa Cruz: Nora Ortiz, María Rosa Díaz, Marta Carboni, Enrique Carrizo, Camila Esteban,
Claudio Cayó, Juan Carlos Peralta, Mónica Quiroga, Ana Mría Maldonado, Patricia Martínez, Teresa de
Scoponi, Adriana Cariacedo, Violeta Azcárate, Carina Massuti, Marta Ofrío, Fabián Brandalise.
Prot. Nº 358/08- 16 de julio de 2008
Parroquia Nuestra Señora del Rosario, Lavalle: Teresa Amalia Huzuliak, Sonia Cristima Lencinas, María
Elena Margueretiaz, Liliana Robledo, Josefina Torrecilla, Carmen Vaquer.
Prot. Nº 359/08- 16 de julio de 2008
Parroquia Nuestra Señora del Carmen, C. de Araujo: Laura Cipoletta de Calderón, Gladis Córdoba de
Montenegro, Teresita Davicino de Valero, Viviana Sacavino, Marta Sánchez de Contreras, Rosa Thomera
de Zambrano, Narcisa Vargas de Bravo, Amelia Zawadzki de Martínez, Verónica de Saavedra, Hna.
Esanislada Ayala, Hna. Angélica Ayala, Hna. Andrea Quintana, Hna. Claudia Río, Carlos Araujo, José
Castellá.
Prot. Nº 439/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Inmaculado Corazón de María – Capital: María del Carmen Abatí de Bianchi, Emilio Vicente
Berrutti, María Teresa Chacón, Giovanni Pablo Di Sanzo, Mirta Mercedes Giraldo de Pucciarelli, Ruth
Matilde Kranshaar de Bianchi, Jorge Horacio Robillo, Mariela Sabattini, Alicia Hilda Viñuela, Gustavo
Alfredo Yancarelli,, para la atención de la sede parroquial; Hna. Nilda Leticia Miranda Romero, Hna.
Ifigenia Salamanca Prieto, Hna. Inés Pérez Prada, María Rosa Lucena de Segovia, para la atención del
Centro Pastoral San José Obrero.
Prot. Nº 440/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Santo Domingo de Guzmán: Osvaldo Torres.
Prot. Nº 441/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Nuestra Señora de la Carrodilla: Camila Claudina Mallea, Miguel Ángel Lo Presti, Elvira Luisa
Posca, Rosa Ofelia Jofré, Norma Isabel Quiroga, Graciela Verónica López, Elena Agustina Moreno de
Bustamante, Juan Antonio Bustamante, Franco Gabriel Molina, Norma María Cicarelli, Ester Susana
Álvarez, Ismael Maximiliano Benega, Juana del Carmen Ortega, Hugo del Carmen Leiva, María Rosa
Echagüe, María Eugenia Morales Arellano.
Prot. Nº 442/08- 3 de setiembre de 2008
Movimiento Cursillos de Cristiandad: Oscar Rosas, Manuel Martín, Iris Acosta de Blanco.
Prot. Nº 443/08- 3 de setiembre de 2008
Parroquia Santa Ana: Edgardo Javier Fredes, Rosana Raquel Pasalaccua de Fredes, Laura Edith Pereyra de
Ahumada, Mario Julio Ahumada, María Angéloica Ortiz de Alcaraz, Oscar Alcaraz, Alfredo Castro, Ana
María Palomar de Munuera, Lidia Ester Pacheco de Petrizán, Abel Petrizán, Graciela Rivera de Yanquez,
Héctor Yanquez, Cyntia Micaela Bayarri, Elena Sánchez Cánovas, Marta López de Visaguirrre, Arturo
Luquez, Dante Pralong, Alejandra Jorba, Juan Carlos Rodríguez, Luis Petrizán, Ana María Roldán de
BOLETÍN OFICIAL - 60
ARZOBISPADO DE MENDOZA
Petrizán, María Ema López de Mognaton, Aldo César Rodríguez, Elizabeth Castro, Pablo Andrés Olmos,
Pablo Antonio Olmos, Ricardo Quintana, Mario Albornoz, Regina del Valle Cruz de Albornoz, Rosa
Ángela Espironello de Valverde, Francisco Salvador Valverde, Luis Carlos André, Ernesto Oreste Donati,
Leonardo Andrés Deferiré, Enrique Guzmán, Miriam Elizabeth Tonetto, Luis Enrique Alcaráz, Rafael
Ricardo Ledda, Juan Manuel Guardia, Andrés Tejada, Laura de Tejada, Carlos Deliberto.
Prot. Nº 465/08- 12 de setiembre de 2008
Parroquia Nuestra Señora de la Consolata: Héctor Luis Monzalvo, Juana Osorio, Haydeé Jalabera, Miguel
Ángel Pérez, Ismael Leonardo Díaz, Lucas Carmelo Aznar, Elsa Juana Castro, Eduardo Adrián Magnoni,
María Salomé Requelme, Alicia Ester Bazán, María Eugenia Romero, Celia Edith Ganem.
Prot. Nº 502/08- 2 de octubre de 2008
Cuasiparroquia Virgen Peregrina: María Hernández, Sandra Torres, Mariana Piña, Hna. Paula Lascana,
Hna. Nelly Cruz, Hna. Zuñidla Espósito, Hna. Diana Cánepa.
Prot. Nº 503/08- 2 de octubre de 2008
Carmelo del Espíritu Santo y María Madre de la Iglesia: Héctor Osvaldo Berrios.
Prot. Nº 522/08- 9 de octubre de 2008
Parroquia San Pedro y San Pablo: Estrella Santiago de Toledo, Felisa Chicco, Haydeé Sarzar, José Molina,
Laura Giagnoni, Mabel García, Manuel Bermejo, Margarita Isla, Pilar de Ríos.
Prot. Nº 549/08- 23 de octubre de 2008
Cuasiparroquia María Madre de la Iglesia: Yolanda Acosta, Vicenta Aguilera de Simón, Nelly Zapata de
Ascencio, Mabel Edith Barlek, Julio Miguel Cabrera, Domingo Flores, Vicente Flores, Fernando Ezequiel
Franco, Lucía Norma López de Franco, Sonia Galiano de García, Adela Ginestar, Mirta Grain de Alcázar,
Estanislao Lucero, Susana Gladis Moreno, Vicenta Irma Ontiveros, Teresa Romero, Elsa Agustina Ruiz,
Nidia Amalia Sola de Cruz, María del Carmen Tilín, Diana de Villegas, Gloria Delfino.
Prot. Nº 569/08- 4 de noviembre de 2008
Vicaría San Cayetano: Hna. Eugenia Villalba PHSF, Sebastián Simón.
Prot. Nº 586/08- 13 de noviembre de 2008
Parroquia San José Obrero: Cristina Bove de Gudiñó, Miriam Costarelli de Pérez, Mónica D’Amico de
Soloa, Ana Scarponi de Morán, María Sajar de Argumedo, Carina Palacio de Godoy, Silvia Noemí Quiroga
de Bricco, Augusto Gabasci, Silvano Squizziato, José Aroma, Enrique Vitale, Antonio Díaz, Antonio
Albarracín, Francisco Rodríguez, Aldo Angelini, José Luis Rubino.
Prot. Nº 654/08- 17 de diciembre de 2008
Oratorio Ceferino Namuncurá: Vicente Femenía, Isabel Marini, Carlos Jara, Magdalena de Comes, Miriam
de Rovetti, Gladis Nidia Royo, María de Barroso, Daniel Henríquez, Luis Salomón, Alejandro Tapia.
ASOCIACIONES Y MOVIMIENTOS
Prot. Nº 343/08- 2 de julio de 2008
Movimiento Juvenil Peregrinos: se nombra al R.P. Raúl González SJ, asesor espiritual para las
comunidades Peregrinos II y III –Centro, y Peregrinos parroquiales, hasta finalizar el presente periodo
estatutario.
Prot. Nº 398/08- 22 de agosto de 2008
Servicio Sacerdotal Nocturno: se procede a confirmar al Pbro. Evilasio Pascual, como asesor eclesiástico,
por un periodo estatutario, a partir del 23 de agosto de 2008
Prot. Nº 399/08- 22 de agosto de 2008
Servicio Sacerdotal Nocturno: se designa a Rubén Úbeda, Presidente, por un periodo estatutario, a partir del
22 de agosto de 2008.
Prot. Nº 613/08- 26 de noviembre de 2008
Movimiento Familiar Cristiano: se confirma la nueva Comisión Directiva, la que queda conformada por: Elia
Inés y Roberto Luis Cuccia, Presidentes; Mónica y Daniel Gallardo, Vicepresidentes, por un periodo de tres
años a partir de la fecha.
Prot. Nº 634/08- 10 de diciembre de 2008
Movimiento Cursillos de Cristiandad: se nombra miembros del Movimiento al Sr. Javier Suárez y a la Sra.
Guillermina Francisco de Suárez, por un periodo de tres años.
BOLETÍN OFICIAL - 61
ARZOBISPADO DE MENDOZA
ADMISIÓN AL PRESBITERADO Y ORDENACIÓN
Prot. Nº 590/08- 24 de noviembre de 2008
Diáconos Javier Alejandro Gibeaud, Raúl Adolfo Gómez, Martín Horacio Guzmán. Se dispone conferirles
la ordenación presbiteral el 6 de diciembre a la hora 10 durante la Santa Misa en el Santuario Nuestra
Señora de Lourdes, El Challao.
ADMISIÓN AL DIACONADO Y ORDENACIÓN
Prot. Nº 394/08- 12 de agosto de 2008
Como diáconos permanentes, al servicio de esta Arquidiócesis, a los acólitos Roberto Mario Furlán, Juan
Carlos García, Alberto José Benteo, Eduardo Eugenio Kolosow, Alberto Oscar Moyano. Se dispone
conferirles la ordenación diaconal el 18 de agosto a la hora 16, durante la Santa Misa en el Santuario
Nuestra Señora de Lourdes, El Challao.
Prot. Nº 395/08- 12 de agosto de 2008
Como diáconos camino al presbiterado, a los acólitos Rubén Daniel González y Carlos Javier Salomone. Se
dispone conferirles la ordenación diaconal el 18 de agosto a la hora 16, durante la Santa Misa en el
Santuario Nuestra Señora de Lourdes, El Challao.
ADMISIÓN DE CANDIDATOS AL ORDEN DEL DIACONADO PERMANENTE
Prot. Nº 572/08- 4 de noviembre de 20089
Seminarista Cristian Iván Brito. Se dispone celebrar el rito de admisión durante la Santa Misa, en la Capilla
del Seminario Nuestra Señora del Rosario, el 7 de noviembre a la hora 21.
Prot. Nº 587/08- 24 de noviembre de 2008
Acólitos Raúl Omar Martínez, Carlos Antonio Maio, Enzo Adalberto Gómez, Francisco Fabián Costanzo,
entre los candidatos al diaconado permanente a tenor del canon 1034.1. Se dispone celebrar el rito de
admisión durante la Santa Misa, en la Catedral Nuestra Señora de Loreto, el 14 de diciembre a la hora 11.
INSTITUCIÓN DE MINISTROS ACÓLITOS
Prot. Nº 268/08- 16 de mayo de 2008
Se llama y se acepta al Ministerio del Acolitado, a ministro Lector Ernesto Mario Alberto Fiocchetto, y se
resuelve conferirle el Ministerio el día 21 de mayo, durante la Santa Misa de la hora 20 en la capilla del
Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Rosario.
Prot. Nº 304/08- 9 de junio de 2008
Se llama y acepta al Ministerio del Acolitado, a los ministros Lectores: Luis Mario Canciani, Edgardo
Mariano Da Paisano, José Osvaldo De Mola, Enzo Adalberto Gómez, Domingo Carmelo Lussi, Carlos
Antonio Maio, Raúl Omar Martínez, y se resuelve conferirles el Ministerio el día 15 de junio, durante la
Santa Misa de la hora 11 en la Catedral Nuestra Señora de Loreto.
Prot. Nº 570/08- 4 de noviembre de 2008
Se llama y se acepta al Ministerio del Acolitado, a ministro Lector Rodrigo Ignacio Robert, y se resuelve
conferirle el Ministerio el día 5 de noviembre, durante la Santa Misa de la hora 21 en la capilla del Seminario
Arquidiocesano Nuestra Señora del Rosario.
INSTITUCIÓN DE MINISTROS LECTORES
Prot. Nº 305/08- 9 de junio de 2008
Se llama y se acepta al Ministerio del lectorado, a los siguientes candidatos de la Escuela Arquidiocesana de
Ministerios “San José”: Salvador Miguel Campanella, Hipólito David Masman, Oscar Rubén Ramírez,
Héctor Eugenio Rodríguez, Antonio Gabriel Sánchez, y se resuelve conferirle el Ministerio el día 15 de junio,
durante la Santa Misa de la hora 11, en la Catedral Nuestra Señora de Loreto.
Prot. Nº 571/08- 4 de diciembre de 2008
Se llama y se acepta al Ministerio del lectorado, a los seminaristas: Leonardo Iván Di Carlo, Germán Daniel
Lledó, Rodolfo Federico Lucca, y se resuelve conferirle el Ministerio el día 5 de noviembre, durante la Santa
Misa de la hora 21, en la Capilla del Seminario Nuestra Señora del Rosario.
LICENCIAS MINISTERIALES
El Sr. Arzobispo José María Arancibia concede licencias ministeriales para celebrar, confesar y predicar
en la Arquidiócesis de Mendoza, a los siguientes sacerdotes:
Prot. Nº 054/08 del 12 de febrero de 2008
R.P. Fray Denis Rodríguez OFM
Prot. Nº 055/08 del 12 de febrero de 2008
R.P. Fray Ariel Amato OFM
BOLETÍN OFICIAL - 62
ARZOBISPADO DE MENDOZA
Prot. Nº 066/08 del 14 de febrero de 2008
Prot. Nº 068/08 del 14 de febrero de 2008
Prot. Nº 088/08 del 20 de febrero de 2008
Prot. Nª 106/08 del 6 de marzo de 2008
Prot. Nº 184/08 del 15 de abril de 2008
Prot. Nº 188/08 del 15 de abril de 2008
Prot. Nº 190/08 del 15 de abril de 2008
Prot. Nº 191/08 del 15 de abril de 2008
Prot. Nº 490/08 del 25 de setiembre de 2008
Prot. Nº 498/08 del 1 de octubre de 2008
Prot. Nº 515/08 del 7 de octubre de 2008
Prot. Nº 612/08 del 26 de noviembre de 2008
R.P. Juan Masera SDB
R.P. Julio Ramos SDB
R.P. Damián Eduardo Picone FDP
R.P. Fray Fernando Humberto Aquino OP
R.P. Tomás Bradley SJ
R.P. Ricardo Ángel Ledesma CSsR
R.P. Edmundo Molina CSsR
R.P. Sergio Francisco Elías Stang CSsR
R.P. Fray José Angel Lantz Gartizia OP
R.P. Akuila Taliauli SVD
R.P. Juan Bautista Baggio CS
R.P. Silvio Lorenzini IMC
FACULTAD PARA ABSOLVER CANON 1398 DEL CDC
Prot. Nº 085/08- 22 de febrero de 2008
Parroquia San Vicente Ferrer- Capilla Jesús Nazareno, Pbro. Jesús Navarro.
ERECCIÓN DE UNA PARROQUIA
Prot. Nº 427/08- 3 de setiembre de 2008
Se dispone erigir la parroquia Nuestra Señora de Castelmonte y Santa Lucía, a partir del día 13 de setiembre
de 2008, con sede en el templo dedicado a N. S. de Castelmonte, a cuyo patronazgo se encomienda la
comunidad parroquial, y que además tendrá como vicepatrona a Santa Lucía. Así mismo se determina que
la nueva parroquia forme parte del Decanato Godoy Cruz.
Prot. Nº 606/08- 27 de noviembre de 2008
Se dispone erigir la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego, a partir del día 12 de
diciembre de 2008, con sede en el templo dedicado a N. S. de Guadalupe, a cuyo patronazgo se encomienda
la comunidad parroquial, y que además tendrá como vicepatrono a San Juan Diego. Así mismo se
determina que la nueva parroquia forme parte del Decanato Godoy Cruz.
MODIFICACION DE LÍMITES PARROQUIALES
Prot. Nº 607/08- 26 de noviembre de 2008
Se dispone modificar los límites de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, delimitando su territorio del
siguiente modo: Norte: Canal Maure, Este: Avenida San Martín, Sur: Calle Tiburcio Benegas, Oeste:
Corredor del Oeste.
Prot. Nº 609/08- 26 de noviembre de 2008
Se dispone modificar los límites de la parroquia Nuestra Señora de Montserrat, delimitando su territorio
del siguiente modo: Norte: Calle Tiburcio Benegas.; Sur: Confluencia del Corredor del Oeste y Ruta
Panamericana; Este: Avenida San Martín; Oeste: Corredor del Oeste.
Prot. Nº 610/08- 26 de noviembre de 2008
Se dispone modificar los límites de la parroquia San Vicente Ferrer, delimitando su territorio del siguiente
modo: Norte: Calle Presidente Alvear; Sur: Calle Tiburcio Benegas y continuación Calle Sarmiento; Este:
Costanera hacia Acceso Sur; Oeste: Avenida San Martín.
Prot. Nº 611/08- 26 de noviembre de 2008
Se dispone modificar los límites de la parroquia Espíritu Santo, delimitando su territorio del siguiente
modo: Norte: Calle Santiago del Estero; Sur: Canal Maure; Este: Calle Las Tipas y continuación Corredor
del Oeste; Oeste: límite del departamento Godoy Cruz.
.
CAPELLAN
Prot. Nº 115/08- 13 de marzo de 2008
R.P. Estanislao Cristóbal Biskup OMI, capellán auxiliar del Complejo Penitenciario “Almafuerte”.
BOLETÍN OFICIAL - 63
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