666 En la ciudad de San ... 2009, la Cámara de Apelación ...

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666
En la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, a los .23. días del mes de junio de
2009, la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo con asiento en
San Nicolás, integrada por los Dres. Cristina Yolanda Valdez, Damián Nicolás
Cebey y Marcelo José Schreginger, se reúne en Acuerdo Ordinario para dictar
sentencia definitiva en los autos "BATTELINI OSCAR ROBERTO C/ PROVINCIA
DE BUENOS AIRES (D.G.C. Y E. ) S/ PRETENSION DE RESTABLECIMIENTO O
RECONOCIMIENTO DE DERECHOS“, en trámite bajo el nº 666.
Según el sorteo efectuado se estableció el siguiente orden de votación:
Dres. Damián Nicolás Cebey, Marcelo José Schreginger y Cristina Yolanda
Valdez.
ANTECEDENTES.
I. Demanda
En fecha 6 de julio de 2004 -fs. 5/8- se presenta el Sr. Oscar Alberto
Battelini e interpone por ante el Juzgado en lo Contencioso Administrativo del
Departamento Judicial San Nicolás, demanda por cobro de Pesos en la suma de
Seis Mil Uno con Once Centavos ($6.001,11) en concepto de retenciones sufridas
por parte de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de
Buenos Aires, dependiente del Gobierno Provincial; asimismo, pretende la previa
declaración de inconstitucionalidad de los artículos 15, 19, 20, 21, 22 y 23 de la
Ley nº 12.727 que dispuso el recorte unilateral y arbitrario -a su criterio- de sus
remuneraciones, y de las leyes nº 12.744, Decreto nº 1465/02, Ley nº 13.002 y
artículo 25 de la Ley nº 13.154 -prórroga de dicha situación-, habiéndose
efectuado de modo ilegítimo entre los meses de julio de 2001 hasta el mes de
diciembre de 2003 inclusive.
Manifiesta el actor que a través del artículo 15 de la Ley nº 12.727 sufrió
retenciones y descuentos en forma unilateral y arbitraria sobre las retribuciones
brutas totales mensuales, normales, habituales y regulares permanentes del
sueldo anual complementario, excluyendo las asignaciones familiares del personal
del total de los organismos provinciales, incluido el comprendido en las
Convenciones Colectivas de Trabajo.
Expone que, con ello se produjo avasallamiento del contenido alimentario
de su salario, al comenzar las retenciones, sin saber de su parte el tiempo de su
duración, y sin que se haya previsto un mecanismo taxativo de devolución de las
mismas.
Luego, con el transcurso del tiempo, se dicta legislación
complementaria, que extiende la situación que considera dañosa a sus derechos,
es decir, las Leyes nº 12.744, nº 13.002 y nº 13.154, junto al Decreto nº 1465/02,
que prorrogan prácticamente de modo indefinido la circunstancia de emergencia
económica.
Así, alega que ha sufrido retenciones en sus remuneraciones entre el mes
de julio de 2001 y el mes de diciembre de 2003, que representan en su valor
nominal, la suma reclamada -que, a fs. 6, que ahora indica en Pesos Nueve Mil
Ciento Setenta y Cuatro con Noventa y Seis Centavos ($9.174,96) según afirma la
parte que surge de todos los recibos y liquidación de remuneraciones que
acompaña.
II. Contestación de la demanda
En fecha 5 de noviembre de 2004, se presenta el apoderado de la
demandada, Dr. Sebastián Gómez, y contesta la demanda interpuesta.
Menciona fallos de la Suprema Corte de Buenos Aires respecto de la
constitucionalidad de los artículos 15 y 20 de la Ley nº 12.727 y de las posteriores
normas que impusieron la disminución de haberes de los agentes provinciales
activos y pasivos.
Destaca que el Máximo Tribunal Provincial consideró en varios precedentes
que se encuentran probados los requisitos del estado de emergencia, que
justificaron la reducción de las remuneraciones hasta el 30 de junio de 2003; en
consecuencia, cita las causas B 63.279 "Flores", sent. 30/6/03; B 63.212
"Todisco"; B 64.621 "U.P.C.N", sent. 1/10/03; I 2.323 "Petrone"; I 2.312 "A.E.R.I",
sent. 1/10/03; entre algunas.
Por otra parte, refiere a la constitucionalidad de las leyes de emergencia,
por lo que reivindica la legitimidad del régimen de emergencia provincial (Leyes nº
12.727, 12.874 y 13.002) que se cuestiona en la demanda.
Expresa que la realidad se encargó de demostrar la magnitud del colapso
general, por lo que dicha circunstancia debe valorarse a la hora de analizar la
razonabilidad de las medidas de emergencia sobre reducción de los haberes que
cuestiona la actora y que aduce como violatoria de sus derechos constitucionales.
Menciona también que las reducciones dispuestas en forma generalizada y
transitoria durante el estado de crisis, no resultaron irrazonables ya que importaron
una distribución equitativa y progresiva de las cargas de la emergencia, acorde
con el criterio de justicia y solidaridad social.
Por ello, entiende que una Ley de Emergencia, como en el presente caso,
no podría frustrar un derecho constitucional, pero sí podría suspender o limitar su
goce, de manera razonable; en tal sentido, describe datos estadísticos de la
Provincia (fs. 37 y siguientes).
Concluye negando todos y cada uno de los hechos expuestos en la
demanda.
III. Sentencia
La Sra. Jueza de Grado, para hacer lugar parcialmente a la demanda
impetrada, declarando a partir del día 30 de junio de 2003 la inconstitucionalidad
sobreviniente e inaplicabilidad al actor de los artículos 15 y 20 de la Ley nº 12.727,
expuso como fundamentos: -
En
primer
lugar,
respecto
de
la
cuestión
de
la
planteada
inconstitucionalidad, memora la doctrina de nuestro Superior Tribunal, quien se ha
expedido en el sentido de la procedencia de la acumulación del planteo de
inconstitucionalidad en la vía del proceso contencioso administrativo (causas B.
53.450; B. 54.882; entre otras).
- Por otro lado, por el fallo citado por la actora (causa I-2312 de fecha 1º de
octubre de 2003) la SCBA -integrada parcialmente con sus miembros titulares y
jueces del Tribunal de Casación Penal- se pronunció sobre las reducciones
salariales
dispuestas
por
Ley
nº
12.727
declarando
-por
mayoría-
la
inconstitucionalidad sobreviniente de tales limitaciones, propiciando se condene a
la demandada a abonar los haberes sin reducción alguna a partir del 30 de junio
de 2003 por considerar que la extensión, prolongación o continuidad de los
recortes salariales del sector público, según Ley nº 12.727 de la Provincia de
Buenos Aires, prorrogada por Ley nº 12.774, el Decreto nº 1465/02 y Ley nº
13.002, contraría a los artículos 14 bis, 17 y 29 de la Constitución Nacional, si no
se prevén mecanismos que recompongan de modo razonable las bases
remuneratorias anteriores, máxime si hay una suba de la recaudación impositiva y
una incipiente reactivación de la obra pública.
Por ello, merita que -ante la sustancial mejora en la situación financiera de
la Provincia, derivado ello también de la recaudación tributaria- es irrazonable
mantener la política de descuentos salariales prevista en la Ley de Emergencia nº
12.727, según prórrogas dispuestas por las Leyes nº 12.774, el Decreto 1465/02 y
13.002,
por lo
que
declara
su
inconstitucionalidad
sobreviniente
y su
inaplicabilidad hacia el futuro, aún cuando se prolongue la emergencia nacional y
provincial, ya que el quebranto estatal no tiene la misma magnitud ni urgencia que
en el origen de la crisis.
IV. Apelación
A fs. 65/70 se presenta el apoderado de la demandada e interpone recurso
de apelación, que funda:
- En primer lugar, señala que la decisión de la Sra. Jueza resulta
desacertada,
ya
que
se
sustenta
sobre
la
base
de
una
insuficiente
fundamentación, esto es, la supuesta recuperación económica de la Provincia y
consecuentemente el cese de la emergencia a partir de dicha fecha.
Seguidamente, manifiesta que el estado de emergencia decretado por Ley
nº 12.727 se prolongó hasta finales del año 2003; agrega que, en efecto, la
situación crítica de la Provincia se mantuvo hasta esa época, razón por la que los
descuentos debieron mantenerse hasta allí, cesando los mismos con el débil
equilibrio presupuestario logrado recién a partir de 2004.
Continúa su relato manifestando que, si bien la Provincia revela en el
período fiscal 2001 a 2003 un aumento en la recaudación fiscal -principalmente
por la inflación- a valores corrientes (de Pesos Siete Mil Seiscientos Noventa y
Cinco Millones, $7.695.000.000, en el 2001 a Pesos Once Mil Ciento Ochenta y
Ocho Millones, $11.188.000.000, al cierre del ejercicio presupuestados para el
2003), lo cierto y relevante es que a valores constantes aumentó sólo en Pesos
Ciento Cuarenta Millones ($140.000.000) en el 2003.
En tal sentido, agrega que el Producto Bruto Interno entre el 2001 y 2003
cayó -con relación a los precios de 1993- de $92.399.000.000 a $.86.818.000.000,
y esos casi pesos Tres Mil Millones ($.3.000.000.000) de diferencia, demuestran
que la actividad económica de la Provincia disminuyó significativamente, lo que
justifica que se haya declarado y mantenido el estado de emergencia de la Ley nº
12.727.
Así también, asevera que la sentencia soslayó toda mención a los altos
índices de pobreza que existen en la Provincia; en el conurbano bonaerense entre mayo de 2001 y mayo de 2003- el índice de pobreza aumentó del 31,70% al
51,70%. Señala, por otra parte, que ocurrió algo similar, respecto del índice de
indigencia que se incrementó del 10,30% al 25,20% (base INDEC según datos por
población).
Con lo que considera demostrado que la Provincia, durante el año 2003, no
había logrado aún salir del estado de emergencia, y que su situación económica a
dicha fecha todavía resultaba crítica.
Para terminar, explica que lo atinente al Gobierno, Administración de la
Hacienda y Patrimonios Públicos, y las políticas respectivas (por ejemplo,
determinar si en un país habrá o no inflación, con el consiguiente deterioro de
salarios) son materias propias de los Poderes Legislativo y Ejecutivo.
Al respecto, entiende que "desde luego" compete al Poder Judicial -con
relación a los actos dictados en esas materias- decidir acerca de su legalidad,
pero no en cuanto a su acierto, conveniencia u oportunidad. De ahí que no se
haya podido válidamente disponer el cese anticipado de la emergencia, cuando
aún subsistían las razones que determinaron que fuera declarada por el legislador.
Por último, plantea la Cuestión Constitucional.
V. Conferido el traslado del remedio recursivo a fs. 71, sin hacer uso la
actora del derecho de contestar, y expuestos los antecedentes de autos, se
establece la siguiente cuestión a resolver: ¿Se ajusta a derecho la sentencia apelada?
A la cuestión, el Dr. Cebey dijo:
De modo liminar, debo expresar que lo traído en análisis a esta instancia
refiere exclusivamente a establecer si resulta ilegítimo o no las reducciones
salariales con sustento básicamente en la Ley nº 12.727, referidos a un período
temporal acotado, esto es, a partir del 30 de junio de 2003 y mientras se aplicaron
a las remuneraciones del actor, por cuanto la a quo ha admitido el progreso de la
pretensión en esos términos, y desestimado las reducciones realizadas hasta la
fecha indicada.
La actora no ha recurrido la sentencia en lo atinente a los planteos que
fueran rechazados por la jueza de grado.
Acoto, además, que las probanzas ofrecidas por las partes fueron en
escaso número; la actora acompañó, los recibos de haberes de su relación de
empleo público (reconocidos por la contraria en la etapa que prevé el artículo 41
del CCA), un pedido de informes (luego desistido), mientras que la demandada
acompañó copia fiel de un informe (fechado el 24 de setiembre de 2004), emitido
por la Dirección Provincial de Política de Financiamiento y Crédito Público, del
Ministerio de Economía Provincial, dirigido al Sr. Fiscal de Estado en la causa
"Serres Croce, Walter Armando c/ Estado Pcia. de Bs. As. Caja de Retiro
Jubilaciones y Pensiones de la Policía pcia. de Buenos Aires s/ Acción de
amparo".
La documental acompañada por la demandada, supra indicada, fue objeto
de cuestionamiento actoral en la pieza que principia a fs. 45, en la que señala
"dicho informe carece de toda viabilidad probatoria, toda vez que resulta
manifiestamente parcial, emanado de la misma Administración demandada", entre
otros planteos, ya vinculados con la inconstitucionalidad pretendida. Concluye
peticionando "se declare inadmisible la prueba documental acompañada (...)".
En la audiencia del artículo 41 (fs. 50 y vta.), textualmente se expresa "el
actor a través de su patrocinante, ratifica el reconocimiento que de la misma,
efectuara en la contestación del traslado de fs. 45/46".
En la parte pertinente de la sentencia apelada (fs. 59), la jueza de grado
alude al informe referido, señalando que la actora le ha restado validez por
emanar de la misma demandada.
Realizada esta reseña de las piezas procesales que considero más
relevantes, debo señalar que en el caso se conjugan: a).- la incidencia del criterio
de nuestro Máximo Tribunal Provincial -en especial, causa I 2312 “Asociación de
Empleados de la Dirección de Rentas e Inmobiliaria (AERI) contra Provincia de
Buenos Aires sobre Inconstitucionalidad Ley 12.727 y Decreto 2023/01. Demanda
de Inconstitucionalidad”, que invoca la actora- con el sustrato fáctico allí
comprobado, b).- con las cuestiones de hecho alegadas por las partes en el
presente proceso, y c).- con la prueba conducente que, en vínculo con lo fáctico,
los contendientes utilizaron, ofrecieron, y produjeron en concreto.
Para la actora, por la pretensión planteada y los antecedentes
jurisprudenciales que citaba, los hechos relevantes eran acreditar su calidad de
empleado público y que, además, había sido incluido en el régimen de
reducciones salariales en virtud de las normas cuya constitucionalidad atacaba;
mientras -y aquí me detendré- que para el Fisco los hechos alegados -y las
pruebas conducentes a su acreditación- se relacionan
básicamente con el
mantenimiento de la situación económico financiera de la Provincia durante todo el
perído comprendido por el régimen de emergencia (de la Ley nº 12727 y sus
consecuentes), esto es, la probanza -en debida forma- de lo que alegaba: la "no
mejoría" en los indicadores financieros, de la situación de la Provincia.
Por lo que se desprende de los términos en los que se consolidó la litis, el
Fisco entendió que le bastaba -además de las referencias jurisprudenciales y
doctrinarias sobre regímenes de emergencia o la naturaleza de la relación de
empleo público- con un informe del Ministerio de Economía; ello surge de su
proceder en el proceso, atento que no ofreció otro medio de prueba.
Ahora bien, debo expresar dos cuestiones derivadas de esta situación, una,
atinente al "informe", de quién emana y su temporalidad; la otra, la mejor posición
procesal para acreditar el hecho alegado para desvirtuar el fallo citado por la a
quo.
Aunque tales cuestiones implican ingresar en el trámite de la Primera
Instancia, se vinculan de modo directo con los agravios que expresa el apelante.
De Santo (en "La prueba judicial. Teoría y práctica", Capítulo III, Editorial
Universidad, Bs. As. 1992, página 37 y ss.) se aboca al desarrollo de la cuestión
del "objeto de la prueba", señalando que los hechos invocados deben ser
entendidos por "todos aquellos sucesos o acontecimientos externos o internos
susceptibles de percepción o deducción", realizando una enumeración de ellos,
concluyendo que "esta concepción amplia de los hechos como objeto de la prueba
abarca, en general, todo lo que el derecho objetivo ha convertido en presupuesto
de un efecto jurídico".
Continúa el autor citado que "Para ser objeto de la prueba los hechos
deben ser controvertidos y conducentes (relevantes). Los hechos revisten el
primer carácter cuando son afirmados por una de las partes y desconocidos o
negados por la otra, es decir, cuando constituyen el contenido de una afirmación
unilateral. Son en cambio conducentes los hechos provistos de relevancia para
influir en la decisión del conflicto. (...). Para establecer la relevancia de un hecho
es necesario atenerse al esquema jurídico configurado por la pretensión del actor
y por la oposición del demandado".
De los conceptos trancriptos, podemos delinear que el hecho controvertido
y conducente, objeto de prueba, se centraba en la continuidad de la situación
económica, financiera, patrimonial, de la Provincia de Buenos Aires que permitía al
Fisco demandado plantear un cuadro fáctico diferente al analizado por la SCBA en
"AERI", toda vez que fue invocado por la actora como aplicable a su pretensión, y
básicamente ésta era el reintegro de retenciones de haberes previa declaración de
inconstitucionalidad de las normas de emergencia, lo que ya se había obtenido por
la asociación sindical actora en el precedente jurisprudencial.
La defensa del Fisco al contestar la demanda consistió -insisto- además de
referencias eminentemente jurídicas, a la manutención del cuadro financiero que
justificaba la continuidad del régimen de emergencia provincial más allá de la
fecha "de corte" que la SCBA había fijado en "AERI" para la constitucionalidad de
las leyes que declaraban la situación de excepción.
Empero, su conteste se ha limitado -en esta cuestión central vinculada con
lo fáctico- a un informe emanado de la propia demandada, y cuestionado en su
contenido -por ese motivo- por la actora. No ha ofrecido otra prueba.
Ahora bien, ¿cómo debe ser conceptualizado ese informe?
Estimo que, en principio, consiste -en autos- en una comunicación entre la
demandada y su representante en el proceso, por el cual explica la parte a su
mandatario diversos hechos que se vinculan con la situación económico financiera
de la Provincia.
No puede ser subsumido en la figura del testigo, por elementales
cuestiones de derecho (no se otorga promesa de decir verdad, no se brinda ante
el Magistrado actuante u oficiado, carece de interrogatorio sometido a escrutinio
de la contraria, etc., conforme artículos 424 y ss. del CPCC, por remisión del
artículo 77 del CCA); tampoco es un informe pericial (artículos 457 y ss. del
CPCC, por remisión del artículo 77 del CCA), y tampoco puede afirmarse que sea
una típica absolución de posiciones (por ausencia de los extremos previstos tanto
en el CCA como en los artículos 402 y ss. del CPCC, por remisión del artículo 77
del CCA), además de no cumplimentar con las normas específicas forales en lo
probatorio.
En realidad, de su lectura surge que -en los autos a los que estaba
destinado, "Serres Croce, Walter Armando c/ Estado Pcia. de Bs. As. Caja de
Retiro Jubilaciones y Pensiones de la Policía pcia. de Buenos Aires s/ Acción de
amparo"- debió haber integrado el informe circunstanciado de la Ley nº 7166, de
amparo. Ello implica que, en tanto tal, debía aludir a cuestiones de hecho y
derecho vinculadas con esa pretensión, con las circunstancias que ese persona
que recurrió al amparo expuso en una acción diferente a la que estamos
analizando en autos y de la que no consta ninguna otra pieza procesal. Ahora
bien, en tanto debió acompañar (itero, en esos autos referidos) el "informe
circunstanciado", el cual ha sido conceptualizado como una verdadera
contestación de demanda, lo que implica que en él (retomando lo señalado supra
citando a De Santo) se plantearon los hechos conducentes y relevantes que, con
específicidad, se ventilaban en esa acción de amparo; añadiendo que esa
manifestación de la parte es "unilateral" (De Santo, opus citado, página 41), y
definirá el objeto de la prueba de esas actuaciones.
Entonces, y atento la naturaleza que la pieza que venimos analizando
detentó originalmente, tampoco puede ser considerada en puridad como una
prueba producida en otros procesos, sino como una manifestación unilateral de
una parte en proceso ajeno al presente.
En cuanto a la posibilidad de conceptualizarlo como prueba documental,
agregada con el conteste de demanda, cabe señalar que -por su forma- la actora
aparecía como carente de posibilidad de cuestionamiento, aunque podía atacar su
contenido, el cual relativizó en el momento procesal oportuno.
En el tema en estudio, y para coadyuvar en el análisis, podemos evocar lo
expresado por Falcón ("Tratado de la prueba", tomo I, Astrea, Ciudad de Bs. As.,
2003, página 941) cuando analiza los aspectos subjetivos de la prueba de
informes, señalando -respecto del supuesto del "informante parte"- que la
evaluación debe ser más estricta, "sin perjuicio de que debe examinarse si no es
procedente la prueba de exhibición o de peritos"; aunque ello con la salvedad que
refiere a pruebas de informes ofrecidas oportunamente en el proceso, obviamente
antes de ser producidas o agregadas.
Por otra parte, el contenido del "informe" agregado en autos (primitivamente
uno "circunstanciado" previsto en la ley de amparo), y emanado de la propia
accionada, pudo haber sido validado en la pretensión contencioso administrativa
en análisis, por una experticia que corroborara las afirmaciones vinculadas con lo
contable o registral, así como se expidiera sobre las ponderaciones y análisis que
realiza el informante; de tal modo, quien se encontraba con la posibilidad de
acreditar sus dichos (de modo de provocar que el precedente de la SCBA no fuera
aplicable por un cambio en los supuestos fácticos que le dieron sustento) era el
propio accionado; lo que no ha realizado ni esbozado.
A ello cabe adunar (y vinculado ahora con el escrito de responde de
demanda y también con los agravios, en los que insiste) que lo expresado en torno
de las circunstancias fácticas que permitirían, a criterio de parte, salvar la
continuidad
de
la
norma
que
en
"AERI"
se
declarara
inconstitucional
sobrevinientemente, carecen de respaldo probatorio en debida forma.
Resulta interesante señalar que, en los autos en los que fue presentado
originalmente el aludido "informe", con fecha 08/02/07, la Cámara de Apelación en
lo Contencioso Administrativo con asiento en La Plata, dictó sentencia admitiendo
parcialmente la pretensión.
De la lectura del fallo aludido (disponible en la sección "Fallos judiciales
completos"
de
www.scba.gov.ar/sitio/jurisprudencia")
surge
-entre
sus
antecedentes- que la demandada ofreció y produjo prueba; a diferencia de lo
ocurrido en autos, en los que se limitó a acompañar la pieza a la que supra nos
hemos referido.
Cabe destacar que, en el voto de la Dra. Milanta a la tercera cuestión, en
los autos señalados, se señala un concepto que he venido expresando -y que
coinciden con el modo en que lo resolviera la a quo-: "En efecto, no concurren
antecedentes de hecho o de derecho o una situación particularizada de carácter
excepcional, que justifiquen extender el examen constitucional más allá del
alcanzado en el citado precedente" (en ese caso, causa b-64.621, "UPCN").
En el caso sub examine, se presenta una situación similar: la demandada
no ha acreditado en debida forma los hechos que alegara en la etapa procesal
pertinente, de modo tal que corresponda ingresar en el análisis constitucional por
fuera del que realizara la SCBA, y que invocara la actora en su demanda; máxime
cuando tampoco se ha expresado agravio tendiente -aún de modo subsidiario- a
alterar la solución de la a quo con aplicación de un determinado criterio
jurisprudencial.
Análisis aparte merecen las consideraciones del apelante, "en abono de los
fundamentos expuestos precedentemente" (fs. 69), y que se vinculan con -según
plantea- déficits en el decisorio en torno del estudio de las finanzas públicas. Por
lo que venimos expresando, la demandada no ha aportado elementos para evitar
la aplicación extensiva del criterio jurisprudencial invocado por la actora, y máxime
cuando la primera se encuentra en mejores posibilidades para demostrar la
situación fáctica que alega..
En cuanto a lo que expresa en torno a la ruptura del equilibrio institucional
que -sostiene- surge de la sentencia, debo decir que ello no puede afirmarse
frente a la resolución de controversias como la que motivara esta causa.
Al respecto, resulta suficientemente ilustrativo el voto de la Jueza Dra.
Koga, en el caso "AERI·ya referido, -transcribiéndolo parcialmente en honor a la
brevedad-: "a) Principio de división de poderes:
La Constitución Nacional establece en forma clara, terminante, la doctrina de la
separación de las funciones del gobierno, precisando uno de los contenidos
básicos asignados a la forma republicana prevista en su artículo primero. La
clásica doctrina de la división de los poderes, concebida por el movimiento
constitucionalista como una de las técnicas más eficaces para la defensa de las
libertades frente a los abusos gestados por la concentración del poder, reviste
jerarquía constitucional y es uno de los pilares elementales sobre los cuales se
estructura la organización gubernamental de la Nación (conf. Badeni Gregorio,
Reforma Constitucional e Instituciones Políticas, Buenos Aires. Ed. Ad Hoc, 1994).
El principio básico sobre el que reposa nuestro régimen político, que es la división
de los poderes del gobierno en tres departamentos, Ejecutivo, Legislativo y
Judicial, con funciones propias y limitadas, independientes el uno del otro, sería
lesionado gravemente si cupiera la posibilidad de que la vida de los funcionarios
que integran uno de ellos esté a merced del otro.
En esa dirección y respecto a los mecanismos constitucionales de solución a los
conflictos de poderes, es dable señalar que: 'En la organización política
democrática cada uno de los tres poderes del Estado está dotado de facultades
privativas, aunque coordinadas. Es la esencia de tales facultades, su limitación, es
decir, que sus alcances no pueden exceder los señalados en los respectivos
preceptos, y, de los poderes, como órganos tendientes a los fines escogidos por el
pueblo, la inexistencia de superioridad alguna de uno con respecto a los otros; lo
que significa la exclusión de interferencias recíprocas' (Carré De Malberg, Teoría
General del Estado, Fondo de Cultura Económica, México, 1948, pág. 741 y ss).
El objeto esencial de la separación de poderes es ante todo imponer, a cada titular
de la potestad pública, determinados límites ya que 'es necesario que el poder
detenga al poder'. He ahí el punto de partida de toda la doctrina. Pero si se quiere
que los poderes se contengan y se detengan unos a otros, es necesario conceder
a sus titulares los medios de influenciarse y controlarse recíprocamente. Los
poderes ejecutivo y legislativo no pueden funcionar sin relaciones entre ambos y
sin entendimiento entre quienes son sus titulares. La Constitución ha previsto y
regulado estas relaciones, para que no existan en el Estado más que poderes
iguales; de lo contrario la unidad estatal quedaría desvirtuada.
Así pues, cuando la Constitución ordena a uno de los poderes del Estado el
ejercicio de una competencia, ese poder está obligado a ponerla en movimiento.
Más aún, la interrelación equilibrada de funciones, propia del sistema republicano,
contiene en su mecanismo interno la imposición a cada uno de ellos, no solo a
cumplir la Constitución en la órbita de su respectiva competencia, sino también a
promover el cumplimiento de aquella por los otros poderes. Cada uno tiene su
'zona de reserva' y esta es intocable e impenetrable frente a los otros. El poder
judicial tiene la suya propia exclusiva. Ni el Congreso por ley, ni el Ejecutivo por
decreto, pueden prohibirle a los jueces que administren justicia, porque
administrarla es el meollo de su zona de reserva.
En consecuencia, desde la perspectiva que la Constitución impone, resulta
inválida la absorción de funciones propias o inherentes al Poder Judicial, ya sea
que la realice el Ejecutivo o el Legislativo. Cualquier medida que invada la zona de
reserva de otro poder no va a adquirir legitimidad aunque logre convalidación
parlamentaria ulterior, ya que si se diera este supuesto la Legislatura estaría
prestando consentimiento a un acto que también exorbitaría su propio techo de
competencias y estaría interfiriendo en la 'zona de reserva' de otro órgano de
poder del Estado: 'La administración de justicia'. Ello es así, ya que la capacidad
de 'decir el derecho', la “iuris dictio”, que es connatural a la función jurisdiccional,
no viene otorgada graciosamente al respectivo órgano estatal del Poder Judicial
por concesión de algún otro poder constituido, sino por claro imperativo
constitucional (art. 100 y concs. Ley Fundamental) (Walter F. Carnota, '¿Defensa
institucional o control social de constitucionalidad?', lecciones de un fallo ejemplar,
El Derecho Nº 141-1991, Buenos Aires, Universitas, pags. 368-73).
Lo que está en juego, en definitiva, no es una cuestión de superioridad entre el
Poder Judicial y el Poder Legislativo o el Ejecutivo, sino entre la soberanía del
pueblo y los actos propios de uno de los poderes creados por la Constitución.
Como lo señala Hamilton 'Los tribunales han sido concebidos como un cuerpo
independiente entre el pueblo y la legislatura, con la finalidad, entre otras varias,
de mantener a esta última dentro de los límites asignados a su autoridad. La
interpretación de las leyes es propia y peculiarmente de la incumbencia de los
tribunales. Una Constitución es de hecho una ley fundamental y así debe ser
considerada por los jueces. A ellos pertenece, por lo tanto, determinar su
significado, así como el de cualquier ley que provenga del poder legislativo...'
(Hamilton, Alexander, El Federalista, Fondo de Cultura Económica, México, 1974,
págs. 331 y sigs.).
Así, el esquema expuesto es un reflejo del sistema de división de poderes, que
conjuntamente con el principio de supremacía constitucional y el control de
constitucionalidad, comportan límites al ejercicio del poder por parte de los
gobernantes.
b) Control de constitucionalidad:
La Constitución supone que quienes gobiernan ajustarán las normas que dicten al
'techo ideológico' de la Ley Fundamental, entendido éste como la 'estructura,
listado u orden de valores' que impacta en cada artículo y en cada palabra de
ésta, con miras a rescatar siempre el concepto de 'dignidad humana' (Sagües
Néstor, 'Dignidad de la persona e ideología constitucional', Jurisprudencia
Argentina 1994-IV-904); normas que sólo serán válidas y jurídicamente
obligatorias cuando no se opongan a la supremacía material y formal de la
Constitución.
El control de constitucionalidad es el instrumento con que cuentan los jueces para
mantener la supremacía de la Constitución, sin el cual los derechos y garantías
que ésta consagra serían una vana ilusión, pura retórica.
Bidart Campos señala que la Constitución es establecida por un 'poder
constituyente'. El 'poder constituido o poder del Estado' no puede ni debe
sublevarse contra la Constitución que deriva de un poder constituyente. Si
además, ese poder constituyente ha creado una Constitución escrita y 'rígida',
fijando para la reforma de la misma un procedimiento distinto al de las leyes
ordinarias, todo acto contrario a la Constitución implica, de hecho, y por esta sola
alteración, una “reforma” a la Constitución, llevada indebidamente a cabo fuera del
mecanismo que ella ha arbitrado para su enmienda.
Según tiene declarado la Corte, 'cuando ante los estrados de la justicia se
impugnan las disposiciones expedidas en el ejercicio de una atribución propia de
alguno de los otros poderes, con fundamento en que ellas se encuentran en pugna
con la Constitución, ... se configura una causa judicial atinente al control de
constitucionalidad de preceptos legales infraconstitucionales cuya decisión es
propia del Poder Judicial'. Empero, ello es así, siempre y cuando se produzca un
perjuicio concreto al derecho que asiste a quien legítimamente lo invoca (conf., a
contrario sensu, argumento de Fallos: 311:1435, cons. 5 y su cita).
También ha sido establecido por la Corte que 'Cualquiera que sea el
procedimiento mediante el cual se proponga a decisión de los jueces una cuestión
justiciable, nadie puede sustraer al poder judicial la atribución inalienable y la
obligación que tiene de hacer respetar la Constitución Nacional y, en particular, las
garantías personales que ella reconoce' (Fallos 267:215). 'Toda persona
alcanzada por las leyes del país, tiene derecho a obtener que se haga efectiva la
subordinación de ellas a la Constitución Nacional mediante el control de
constitucionalidad establecido por los arts. 31 y 100 de la misma' (Fallos 212:493).
Así, la consagración del Poder Judicial como supremo intérprete de la Constitución
representa el más preciado resguardo para las instituciones republicanas y
democráticas. De ello surge la necesidad de que la Corte y los tribunales inferiores
ejerzan plenamente su rol de guardianes de la Constitución Nacional y de garante
del libre juego democrático, de lo contrario el tiempo empleado en la elaboración
de una declaración de derechos y en el establecimiento de la forma republicana de
gobierno se habrá perdido.
En definitiva, si Estado constitucional y Estado de Derecho son conceptos
hermanados, la sumisión del poder al Derecho está fuera de toda discusión; en
palabras de Segundo Linares Quintana: '... El rasgo que mejor tipifica al estado de
Derecho que es el Estado constitucional es la sujeción de todos sus actos a la ley,
asegurándose así el imperio de ésta...'"
Por los fundamentos que vengo planteando, postulo el rechazo del recurso
de apelación, y la consiguiente confirmación de la sentencia de grado, aplicando
las costas de la instancia por su orden, de conformidad con lo establecido por el
artículo 51, primer apartado del CCA.
ASÍ VOTO.
El Dr. Schreginger dijo:
Por coincidir con los razonamientos expresados, adhiero a la opinión del Dr.
Cebey ASÍ LO VOTO.
La Dra. Valdez dijo:
Que, por similares consideraciones que las expresadas por el Dr. Cebey,
VOTO en igual sentido.
En virtud del resultado que instruye el Acuerdo que antecede, esta Cámara
RESUELVE:
1º) Rechazar el recurso de apelación articulado, confirmando la sentencia de
grado; 2º) Tener presente la reserva del Caso Federal; 3º) Imponer las costas de esta instancia por su orden (artículo 51 ap. 1 según Ley
nº 13.101); 4º) Diferir la regulación de honorarios para su oportunidad procesal (artículo 51
decreto ley nº 8904/77).
Regístrese, notifíquese por Secretaría y oportunamente, devuélvanse al
Juzgado de origen.
Fdo. DAMIÁN NICOLÁS CEBEY
CRISTINA YOLANDA VALDEZ
MARCELO JOSÉ SCHREGINGER
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