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JURISPRUDENCIA
Contrato de trabajo. Extinción por despido. Con justa causa. Injuria diversos supuestos. Publicación
periodística sobre corrupción. Individualización de trabajadores. Difamación pública. Afectación de
la dignidad del trabajador. Daño moral. Procedencia. Gioia Flavio José y Otro c/PAMI s/despido,
C.N.A.T., Sala II, 4/6/08.
VISTO Y CONSIDERANDO: en la ciudad de Buenos Aires, el 4/6/08, reunidos los integrantes de la Sala II a fin
de considerar los recursos deducidos en autos y para dictar sentencia definitiva en estas actuaciones,
practicado el sorteo pertinente, proceden a expedirse en el orden de votación y de acuerdo con los
fundamentos que se exponen a continuación.
Miguel Angel Pirolo dijo:
La sentencia de primera instancia admitió parcialmente la demanda promovida por los actores y condenó a la
accionada al pago de diversos rubros indemnizatorios y las costas del proceso. A fin de que sea revisada esa
decisión por este Tribunal de Alzada, ambas partes interpusieron sendos recursos de apelación, en los términos
y con los alcances que explicitan en sus respectivas expresiones de agravios.
Al fundamentar su recurso, los demandantes cuestionan el rechazo de la indemnización tendiente a resarcir el
daño moral. Señalan que la empleadora además de despedirlos ilegítimamente, mediante la invocación de una
causa que no ha acreditado, promovió una campaña de desprestigio en su contra que se concretó mediante la
publicación un artículo periodístico, en la cual se consignaban sus nombres y la circunstancia relativa que
fueron despedidos por cobrar horas extra que no cumplían. Afirman que la divulgación pública de las
circunstancias –falsas– que motivaron el despido, les causó una situación de angustia y malestar personal, y
familiar, que justifica un resarcimiento diferenciado del de la indemnización por despido en sí. Piden, en
consecuencia, la íntegra admisión de la demanda.
Por su parte, la ex empleadora se queja porque, a su modo de ver, el sentenciante de grado anterior ha
invertido la carga de la prueba. Afirma que eran los accionantes quienes debieron acreditar que el despido
dispuesto por justa causa por la obra social resultaba ilegítimo; extremo éste que no ha logrado evidenciar, por
cuanto las pruebas incorporadas al proceso no permiten llegar a dicha conclusión. Consecuentemente, tilda de
arbitrario el pronunciamiento recurrido y pide, entonces, su íntegra revocatoria y el rechazo total de la
demanda.
En principio, creo necesario puntualizar que, a mi entender, los recursos de apelación “sub exámine”, en la
medida que constituyen una crítica concreta y razonada de las partes de la sentencia que se estiman
equivocadas, reúnen los recaudos de admisibilidad formal previstos en el art. 116 de la L.O. Ahora bien, habida
cuenta que se debe tener por cumplida la referida exigencia procesal, seguidamente, me he de abocar al
análisis de cada uno de los agravios expresados por las recurrentes.
Sólo con el fin de adecuar el tratamiento de las cuestiones planteadas a un método expositivo que posibilite un
lógico desarrollo argumental, estimo conveniente analizar en primer término el recurso de la accionada.
Al respecto he de señalar que el sentenciante de grado anterior consideró que la causal en la que el P.A.M.I.
sustentara la decisión rescisoria de ambos actores no había quedado objetivamente demostrada a lo largo del
proceso; y, a mi juicio, debe confirmarse dicho aspecto de la sentencia.
En efecto, de la lectura de los telegramas de despido –cuyos términos resultan similares– surge que la
demandada notificó su decisión en los siguientes términos: “... este instituto ha decidido por Res. I.N. 640/03,
despedirlo con justa causa en los términos del art. 242 de la Ley de Contrato de Trabajo, al haberse
comprobado en el Expte. 490-2003-00022-6-0000 que Ud. ha contrariado las finalidades de la función para la
cual fuera designado, incurriendo en una grave violación de los deberes de un buen trabajador, en efecto, se
encuentra acreditado en dichas actuaciones su responsabilidad en los hechos investigados, al comprobarse la
falsedad de la documental que acreditaba la realización de las horas extra que usted percibiera,
correspondientes al período julio 2002 a enero 2003, así como también la falta de control de su parte de las
planillas presentadas por sus subalternos, evidenciando tal proceder una inobservancia de los deberes a su
cargo, generando ello una pérdida de confianza y una injuria laboral de tal magnitud, que obstan a la
prosecución del vínculo laboral, infringiendo ello lo normado en los arts. 62, 63, 84, 85, 87 y 88 y ccs. de la
legislación citada (ver telegramas N° 18138 y 18134, obrantes en el anexo 2002, que se corresponden con las
piezas acompañadas por la demandada a fs. 78 y 121).
Ahora bien, es evidente que el distracto obedeció a un despido directo que, según la postural empresarial,
estaba fundado en una justa causa, así como también que los trabajadores controvirtieron –ya desde el propio
intercambio telegráfico, así como también al plantear su reclamo judicial, la existencia misma de la causal
invocada (ver, CD 379415739 AR, CD 37941760 AR obrantes en el sobre Nº 2002, que se corresponden con las
constancias agregadas por la demandada a fs. 49 y 124, y el escrito de demanda, fs. 12 vta.)–. Por lo tanto,
resulta indiscutible que quién debió probar los incumplimientos contractuales que se invocaron en la decisión
resolutoria era la demandada; tal como lo prevé el art. 377 del C.P.C.C.N. que impone la carga de la prueba a
la parte que afirme la existencia de un hecho controvertido.
Los escasos elementos arrimados a la causa por la ex-empleadora en modo alguno logran acreditar la
existencia de los incumplimientos (es decir, la falsedad de la documental que acreditaba la realización de las
horas extra percibidas por los actores durante el período julio 2002 a enero 2003, así como también su autoría
en la confección y llenado de las planillas presentadas por sus subalternos). Véase, que la actividad probatoria
llevada a cabo por la entidad accionada, en lo que interesa, se limitó a la presentación de la copia de la
resolución que ponía fin a una investigación sumarial sustanciada por Expte. 490-2003-00022-6-0000. Sin
embargo, dicha pieza documental nada aporta a los fines pretendidos ya que, como señala el Dr. Benítez en su
sentencia, no fueron agregadas las actuaciones a las que se hace referencia en la mentada resolución (vgr., el
sumario en si, la auditoría interna, las planillas que acreditaban la realización de las horas extras o la pericial
caligráfica llevada a cabo en sede administrativa). Además, observo que se declaró la caducidad de la prueba
informativa propuesta por la demandada destinada a agregar la causa penal en la que habría derivado la
sustanciación del sumario (ver resolución firme de f. 366).
A lo expuesto, debe agregarse que la perito contadora, en respuesta al punto pericial propuesto por la
accionada para que se informara si los pedidos de horas extra efectuados por los Sres. Gioia y Mercado fueron
realizados conforme con la normativa interna del instituto en cuanto al procedimiento de autorización, contestó
que no fue exhibida a la experta documentación alguna que avale la solicitud de horas extra por parte de los
coactores a los fines de evacuar el presente punto de pericial, habiendo sido solicitada dicha documental en los
sectores involucrados de la demandada. Esta aseveración de la perito oficial es de suma relevancia si se tiene
en cuenta que la principal irregularidad que la empleadora imputó a los accionantes consistía en una supuesta
adulteración de dicha documentación, y que dicho aspecto de la peritación contable no fue impugnado por la
interesada (conf. art. 473 del C.P.C.C.N.).
Es claro, pues, que mediante la sola incorporación de la Res. 640/03 –suscripta por el entonces interventor del
P.A.M.I.–, mediante la cual se sostuvo la responsabilidad de los hechos investigados y se decidió el despido con
justa causa de los accionantes, no es factible afirmar que Gioia y Mercado hayan cometido los incumplimientos
invocados por la demandada. Además estimo que, no puede esgrimirse a los cargos de supervisión que ejercían
como argumento serio para endilgarles responsabilidad, porque no está fehacientemente probada la imputación
relativa a que hayan adulterado las planillas en su favor ni, menos aun, que hayan consentido que personal
subalterno a ellos pasara un mayor número de horas extras que las efectivamente realizadas.
Finalmente, y sólo a mayor abundamiento, aprecio que la perito contadora informó que el horario de trabajo de
los demandantes era de lunes a viernes de 8:00 a 15:00 horas (ver respuesta N° 2 al cuestionario de la parte
actora, a f. 342); y que de las concordantes –y no impugnadas– declaraciones testimoniales de Arellano y
Gonda producidas durante la etapa de conocimiento, se desprende que ambos trabajadores cumplían funciones
en exceso de dicho horario (ver declaraciones de Arellano –fs. 281/282–, Gonda –fs. 283/284–).
Por todo lo expuesto, y tal como se indicó más arriba, no está probado en modo alguno que los actores hayan
incurrido en incumplimientos de las obligaciones emergentes del contrato de trabajo que puedan considerarse
motivo válido de la decisión segregatoria (arg. art. 242, L.C.T.). En tales condiciones, estimo que los despidos
carecen de causa legítima; y, en esa inteligencia, corresponde confirmar la sentencia en cuanto se refiere a las
cuestiones precedentemente analizadas.
Distinta será la suerte del recurso interpuesto por la parte actora. Al respecto, afirman los apelantes que tienen
derecho a una reparación extratarifaria, por cuanto la falsa divulgación de los hechos en el suplemento local
semanal del diario Clarín, les generó, personalmente y en su ámbito familiar, sentimientos de angustia y
malestar.
La publicación periodística a la que aluden los recurrentes, obra agregada –en fotocopia– en el sobre Nº 2002 y
no ha sido objeto de desconocimiento por parte de la accionada, por lo que cabe tenerla por auténtica (arg. art.
82, pto. de la L.O.); en tanto que la difusión de la noticia ha sido mencionada por los tres testigos que
declararon en autos (Arellano –fs. 281/282–, Gonda –fs. 283/284– e Higueret –fs. 287/288–).
De la mera lectura del artículo periodístico, relacionado con hechos de corrupción acaecidos en la dependencia
en que revistaban los accionantes, surge que se individualizó con nombre y apellido a los actores, y se afirmó
categóricamente que éstos habían sido despedidos con causa en virtud de hallarse involucrados en las
maniobras descriptas en la noticia (la percepción de elevadas sumas retributivas en concepto de horas extras
que no habían sido cumplidas, que surgían de planillas con firmas falsificadas de un jefe de tesorería). Los
datos emergentes de la publicación, en la cual se consignan con precisión el número de identificación del
expediente administrativo en el que tramitó el sumario y el número de la resolución que dispuso el despido,
evidencian, sin dudas, que la información emanó de la accionada.
Ahora bien, no cabe duda que el empleador cuenta con la facultad de despedir sin causa a un trabajador (o con
la posibilidad de incumplir con sus obligaciones para que éste se coloque en situación de despido indirecto); y
no parece discutible que el sistema de estabilidad relativa impropia que rige en nuestro derecho acuerda
eficacia al acto extintivo, a pesar de su ilicitud. Tampoco cabe discutir que la reparación de los daños y
perjuicios que ocasiona el acto ilícito –que supone la ruptura inmotivada de la relación–, se encuentra
contemplada en el sistema tarifado mediante el cual se resarcen las consecuencias que normalmente derivan
del distracto. Pero es obvio que, cuando la actitud patronal que provoca el distracto –sea directa o
indirectamente–, más allá de su eficacia para extinguir la relación, está acompañada de otros componentes que
des–califican en sus cualidades morales a la otra parte, dejándole un estigma que puede afectar incluso futuros
puestos de trabajo en el ámbito público –o privado–, el daño que se provoca constituye un ilícito
extracontractual que no se encuentra contemplado en los límites de la tarifa legal (conf. C.N.A.T., Sala III,
Sentencia definitiva Nº 51.745 del 24/3/86, “Fullone Francisco c/Bondero Hnos. y Cía. S.A.C.I.F.I.”; ver
también dictamen del procurador general del Trabajo y voto en disidencia del Dr. De la Fuente en C.N.A.T.,
Sala I, 9/6/95, “Laguna Miguel A. c/Syncro Argentina S.A.”, T y SS 1995, pág. 891). Entiendo que, en el caso
de autos, se configura un supuesto excepcional que justifica la reparación del daño moral más allá del sistema
tarifario previsto para la reparación de las consecuencias que normalmente derivan de un despido. En efecto, es
indudable que la demandada proporcionó a medios públicos de información (en el caso al diario “Clarín”
suplemento zonal Morón Ituzaingó) datos precisos de investigaciones llevadas a cabo dentro de su ámbito y en
sede judicial, y sindicó como involucrados (precisando claramente datos identificatorios) a los actores, cuando
no existía aún pronunciamiento judicial que los responsabilizara personalmente por la maniobras defraudatorias
denunciadas. Es obvio que este proceder constituyó una difamación pública que, sin dudas, afectó –
innecesariamente– la dignidad de los trabajadores despedidos y que, evidentemente, les provocó una
afectación de índole moral.
Desde esta perspectiva y de acuerdo con lo normado por el art. 522 del Código Civil, corresponde admitir la
viabilidad del resarcimiento reclamado con fundamento en dicho daño y condenar a la demandada al pago de
una reparación extratarifaria adicional. Habida cuenta que no es sencillo mensurar en dinero la extensión e
intensidad de una afectación de índole moral; teniendo en consideración, además, las particulares
circunstancias que rodearon al presente caso, entiendo prudente graduar el monto de la indemnización por
daño moral, en lógica correlación con las consecuencias económicas derivadas del distracto, en la suma de
pesos tres mil ($ 3.000) para cada uno de los accionantes.
Consecuentemente, propicio modificar el pronunciamiento recurrido y elevar los montos de condena a la suma
pesos cuarenta y cuatro mil seiscientos diecinueve con setenta y tres centavos ($ 44.619,73) en favor de cada
coactor, lo que totaliza la suma de pesos ochenta y nueve mil doscientos treinta y nueve con cuarenta y seis
centavos ($ 89.239,46), más los intereses decididos por el juez “a quo”.
Propicio, de todas formas, mantener la imposición de las costas y las regulaciones de honorarios que, para
primera instancia, se decidieron en el pronunciamiento recurrido, por cuanto se adecuan al resultado que
propongo (conf. art. 279 del C.P.C.C.N.).
Las costas de la Alzada, propicio imponerlas a la demandada que ha resultado vencida (art. 68, C.P.C.C.N.).
Con arreglo a lo establecido en el art. 14 de la Ley 21.839, habida cuenta del mérito y extensión de la labor
desarrollada en esta instancia por la representación y patrocinio letrado de la parte actora y de la demandada,
propongo que se regulen sus honorarios en el treinta por ciento (30%) y el veinticinco por ciento (25%),
respectivamente, de la suma que les corresponda a cada una de ellas por la totalidad de lo actuado en la
instancia anterior.
En cumplimiento de la AA. C.S.J.N. 6/05 (modif. por AA. C.S.J.N. 19/05), sin que esto implique abrir aquí juicio
alguno acerca de la validez constitucional de las normas que regulan la creación y funcionamiento de
C.A.S.S.A.B.A. y sin perjuicio del derecho de los sujetos involucrados a efectuar los planteos que estimen
pertinentes en el ámbito de competencia material correspondiente, corresponde hacer saber a los abogados,
procuradores y a las partes que, oportunamente, deberán observar las previsiones contenidas en la Ley 1.181
de la C.A.B.A., bajo apercibimiento de comunicar la situación a la mencionada entidad.
El Dr. Miguel Angel Maza dijo:
Que adhiere a las conclusiones del voto de Miguel Angel Pirolo, por análogos fundamentos.
Por lo que resulta del acuerdo que antecede (art. 125 de la Ley 18.345),
EL TRIBUNAL
RESUELVE:
1. Modificar el pronunciamiento recurrido y elevar los montos de condena a la suma pesos cuarenta y cuatro
mil seiscientos diecinueve con setenta y tres centavos ($ 44.619,73) en favor de cada coactor, lo que totaliza la
suma de pesos ochenta y nueva mil doscientos treinta y nueve con cuarenta y seis centavos ($ 89.239,46),
más los intereses decididos por el juez “a quo”.
2. Mantener la imposición de las costas y la regulaciones de honorarios que, para la primera instancia, se
decidieron en el pronunciamiento recurrido.
3. Imponer las costas de Alzada a la parte demandada.
4. Regular los honorarios de la representación letrada de las partes actora y demandada en el treinta por ciento
(30%) y el veinticinco por ciento (25%), respectivamente, de los que cada representación letrada deba percibir
por sus trabajos en la instancia anterior.
5. Hacer saber a las partes y sus letrados la vigencia de la AA. C.S.J.N. 6/05 (modif. por AA. C.S.J.N. 19/05) y
que deberán proceder con arreglo a lo establecido en el Considerando pertinente.
Regístrese, notifíquese y devuélvase.
JMD.
Miguel Angel Maza y Miguel Angel Pirolo, jueces de Cámara.
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