CRITERIOS METODOLÓGICOS SOBRE EL SUEÑO I

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CRITERIOS METODOLÓGICOS SOBRE EL
SUEÑO
I .INTRODUCCIÓN:
El hábito de dormir es un aprendizaje. Hay que ayudar a niños y niñas a adquirir
el hábito del sueño porque ellos no lo tienen adquirido, ni siquiera los bebés que
duermen de forma natural ya que éstos con el tiempo también deben adaptarse a ritmos
sociales de sueño que benefician su salud (siestas y sueño nocturno).
Niños y niñas llegarán a ser autónomos a la hora de dormirse contando con
nuestro acompañamiento (la presencia, la voz, el tacto…) que paulatinamente iremos
retirando.
Para todo esto hay que tener una buena escucha, para descubrir que hay criaturas
que duermen más, otras que tienen un sueño más ligero…, formando parte de su
estructura natural. Volvemos a hablar aquí de individualidad. Inicialmente respetaremos
los ritmos que traen de casa y poco a poco se irán adaptando a los que necesariamente
propone la escuela.
En la escuela
hasta el año aproximadamente se establecen dos momentos
fundamentales de sueño: siesta de la mañana (de una hora aproximada de duración) y
la siesta de después de comer (de dos horas aproximadas de duración), a partir de esta
edad se realizará la siesta de después de comer. En el aula de bebés, hasta los 6 meses
aproximadamente, los ritmos los marcarán las tomas y las necesidades particulares de
cada bebé.
Hemos de admitir, como en el resto de adquisiciones de autonomía, que se
pueden producir retrocesos o incluso cambios en los hábitos (por ejemplo: un niño que
dormía de una determinada manera, deja de hacerlo). Debemos investigar las causas
(puede ser debido a un cambio de domicilio, la llegada de un hermanito…), mantener la
calma y confiar en que el hábito volverá a ser adquirido.
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El momento de la siesta requiere una especial vigilancia por parte de la
educadora. (Niños y niñas se han separado pero no se han ido). Hay que vigilar el sueño
porque pueden ocurrir algunos sucesos importantes como subida de fiebre, tos, vómitos,
malas posturas…y otras situaciones que supongan riesgo para el niño o la niña. Cuanto
menor es la edad del niñ@ más estrecha debe ser esta vigilancia.
II. PERIODO DE ADAPTACIÓN
Debemos comprender el proceso psicológico que vivencia el niño/a cuando se
duerme. Para él dormirse es separarse y como carece de la noción temporal necesaria
para comprender qué es lo que va a pasar después puede (sobre todo en el período de
adaptación resistirse a la separación). Es cuando ya confía (a través de la repetición de
la rutina) en que cuando despierte encontrará sus figuras de referencia, cuando
posiblemente dormirá sin ayuda. Por ello es muy importante que al despertar haya un
buen encuentro y se produzca el recibimiento (con la mirada, con la voz, con tu
presencia, el tacto…) Lo mismo que le proporcionaremos para dormirse.
Durante el período de adaptación respetaremos los hábitos que traiga de casa
(uso de chupete, mantita, muñeco,..) y posturas (en brazos, boca abajo…) Para ir
paulatinamente creando el hábito de dormir idóneo (en su cuna o colchoneta y de lado).
En este período resulta muy importante comunicarse con las familias (saber
cuanto más mejor de los hábitos que trae de casa).
III. CHUPETE
El chupete es un objeto de uso habitual de niños y niñas. Entendemos que cumple una
función positiva para ellos/ellas ya que satisface sus necesidades de succión, además de
servir como vehículo para canalizar tensiones, para consolar…
En la escuela si percibimos que el niño o la niña necesita y está habituado al
chupete se le proporcionará, pero intentaremos limitarlo paulatinamente a los momentos
de sueño. Por otra parte la educadora podrá proporcionar el chupete siempre que
comprenda su necesidad (conflicto, desconsuelo, exceso de tensión bucal, procesos de
dentición…) y por supuesto en aquellos casos especiales en que la agresividad se
canaliza a través de la boca (mordiscos).
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En la escuela contaremos siempre con dos chupetes, uno en el chupetero y otro en la
bolsa que será el que se lleve y traiga a casa. De este modo garantizaremos que siempre
haya al menos un chupete en la escuela si se pierde el del chupetero.
La retirada del chupete supone una pérdida y una ganancia; una pérdida de un
elemento hasta ahora importante, y una ganancia en cuanto a autonomía y crecimiento.
Este proceso requiere una cobertura afectiva y de comprensión muy cercana. Por ello
siempre es conveniente que se inicie en la casa y se realice de forma conjunta entre
familia y escuela. Es importante que este proceso no coincida con otro cambio en la
familia como por ejemplo: nacimiento de un hermano/a, cambio de domicilio.
IV. CLIMA
Para crear un clima adecuado frente al hábito del sueño es necesario:
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Cuidar la luz del aula (que la clase esté en penumbra), la temperatura (que sea
agradable en torno a los 20-22º) y que la ropa que llevan niños y niñas sea
suficiente y cómoda aunque no excesiva.
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Antes de iniciarse la siesta se anticipará la situación para que niños y niñas
tomen conciencia del momento que se avecina. Será entonces cuando
se
correrán las persianas, se pondrá música bajita y de relax, se bajará el tono de
voz…
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Cuando niñas y niños se levanten de la siesta se cuidará que el clima no se
rompa, hablando con voz pausada, realizando la actividad sin prisas de forma
relajada dándoles lugar a irse despertando por sí solos. Finalmente cuando ya
hay un número suficiente de niños y niñas levantados (aproximadamente la
mitad del grupo) se abrirán las persianas y cortinas para facilitar que se
despierten los que aún no lo han hecho.
V. PUNTUALIZACIONES PROPIAS DEL NIVEL
0-1 AÑOS
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La necesidad del sueño es muy importante en esta edad. Respetaremos al
máximo las particularidades de cada cual, teniendo en cuenta los hábitos que
traen de casa. Paulatinamente su propio desarrollo marcará otras pautas que se
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van enmarcando en dos períodos: la siesta matinal (que irá desapareciendo con
la edad) y la de después de comer (que se mantendrá todo el curso).
Pretendemos que consigan cierta autonomía en cuanto a apoyos, cuando su
seguridad afectiva lo permite los hemos retirando…
1-2AÑOS
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Al principio de curso muchos niños/as son bebés, por lo que se les facilitará que
puedan dormir su siesta matutina, el espacio y el lugar cambia ya que esta siesta
se realizará en el aula y en la colchoneta:
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Se seguirán manteniendo los apoyos que se necesiten como chupetes, telas, etc.
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Se procurará que estén cómodos, descalzándolos, con la ropa adecuada, etc. A
medida que van despertándose, van pasando al aseo.
2-3 AÑOS
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En la siesta de dos años, niños y niñas son autónomos /as en gran medida, su
necesidad de sueño ha cambiado, su sueño es más profundo, pero con frecuencia
se resisten a acceder a él. Aquí es importante realizar un trabajo de límites a
partir del ajuste entre el adulto y niños y niñas.
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A esta edad colaboran en gran medida para descalzarse, recoger su cojín,
entregar la sábana y ponerse los zapatos.
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Niños y niñas aprenden a dormir, les ayudaremos a entrar en el sueño y el
abandono porque para ellos y ellas es un momento delicado donde pierden
seguridad. Es imprescindible crear un ambiente de confianza que solo se
consigue con el vínculo afectivo idóneo.
VI. ACTITUD DE LA EDUCADORA
Como ya explicamos el sueño supone una separación, por ello la educadora facilitará
esta separación adoptando la distancia adecuada que ofrezca por un lado seguridad a
niños y niñas pero por otro lado autonomía, confiando en todo momento que el sueño se
producirá de forma natural.
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La actitud de la educadora ha de ser serena, tranquila y relajada.
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Se verbalizarán las acciones que se vayan realizando con niños y niñas.
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Como en el resto de la jornada, la atención a niños y niñas será exclusiva, de tal
modo que se garantizará la vigilancia de todo el tiempo de siesta ya que como ya
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dijimos es un momento en el que podrían suceder: subidas de fiebre, vómitos,
malas posturas…
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Se respetará el ritmo individual de cada niño y niña pues no todos tiene la misma
necesidad de sueño. Esto no significa que aquellas criaturas que tienen el sueño
más frágil se levanten cuando haya transcurrido un tiempo insuficiente de siesta.
Hay que ayudarles a retomar el sueño. Del mismo modo a aquellos niños y niñas
que tienen un sueño excesivamente prolongado les ayudaremos a despertarse.
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Se valorarán positivamente los avances: adquisición autónoma del sueño.
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Durante el transcurso de la siesta se procurará respetar el clima logrado
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Se mantendrán unos límites claros y estables en el tiempo. (Por ejemplo:
respetar a los compañeros, hablar en voz baja, permanecer la colchoneta…)
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La coordinación entre educadora tutora y educadora de apoyo ha de ser estrecha.
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Incorporaremos en la programación: objetivos, contenidos y actividades
referidas a la actitud de la educadora.
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