Ritmos circadianos y salud ocupacional - Seguridad e

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Ritmos circadianos y salud ocupacional
Si bien los sistemas de medición del tiempo son creación humana, es innegable que la naturaleza presenta un
orden bien determinado en la sucesión de lapsos diferenciados de actividad. El principal ejemplo de esto lo
representan los días y las noches, los cuales no son sólo una alternancia de periodos de luz y oscuridad, sino
que en cada uno de ellos se producen una serie de cambios ambientales en la temperatura, la presión
atmosférica y los movimientos de las mareas. Esto repercute en los organismos vivos, por ejemplo en los
vegetales, que regulan el intercambio gaseoso de manera admirable en concordancia con el día y la noche,
liberando Oxígeno durante el día y CO2 durante la noche.
En los animales de hábitos diurnos (incluyendo a los seres humanos) se corresponden los períodos de
actividad o vigilia durante el día y de descanso o sueño durante la noche, invirtiéndose este orden en los de
hábitos nocturnos. Durante los períodos de vigilia (día) se producen cambios hormonales, principalmente a
nivel del eje hipotálamo - hipófisis -glándulas suprarrenales, que se traducen en la liberación de catecolaminas
al torrente sanguíneo con su correspondiente efecto activador de las funciones orgánicas, lo cual hace posible
que el organismo se mantenga despierto y activo por un aumento en el tono muscular y en la actividad
nerviosa; en este período se producen también los procesos de nutrición, apareciendo la sensación de hambre
de manera rítmica, y los procesos de actividad intelectual consciente. Esta liberación de catecolaminas
disminuye durante la noche, con lo que disminuye también su efecto activador, apareciendo entonces
hipotonía muscular, necesidad de reposo y enlentecimiento de las funciones psíquicas, condiciones propicias
para que se produzca el sueño, en el que se anulan las funciones intelectuales conscientes para dar paso a las
inconscientes.
Estamos, pues, ante un maravilloso fenómeno de la naturaleza en el que se evidencia la integración del
ambiente y del organismo, en íntima comunicación y coordinación perfecta. Esta sucesión de cambios
orgánicos relacionados con el día y la noche es conocida como RITMO CIRCADIANO.
El ser humano adapta sus actividades a este ritmo, creando hábitos de conducta acordes con el mismo.
Hablábamos anteriormente de animales de hábito diurno, que son los que realizan sus períodos de vigilia
durante el día y de sueño durante la noche. En contrapartida existen los de hábito nocturno, que son los que
durante la noche mantienen el estado de vigilia y durante el día el estado de sueño. Nos encontramos aquí
con un término importante a ser tomado en cuenta: los hábitos de actividad a los que está sometido el
organismo. En los animales de hábito nocturno es su condición natural el estar despiertos de noche, así como
es natural en los de hábito diurno estar despiertos durante el día. Estos hábitos son inherentes a la naturaleza
del organismo y, aunque en su mayoría son actitudes aprendidas, también tienen un importante componente
heredado, por lo cual son conductas espontáneas en los seres (organismos) de una misma especie.
Los períodos de vigilia, como ya hemos mencionado, se caracterizan por una intensa actividad neuromuscular;
esto hace posible que durante el día el ser humano esté en las mejores condiciones para trabajar, ya que
cuenta con el pleno uso de sus facultades mentales y físicas gracias al efecto estimulante de sus hormonas
corticosuprarrenales, principalmente el cortisol. Esto ha hecho que, a lo largo de la historia, sea durante el día
cuando se organice la realización de las labores productivas. Los cambios derivados de la Revolución Industrial
generaron la introducción de las formas de producción continua (procesos non-stop), apareciendo la figura de
los turnos rotativos de trabajo, haciéndose necesaria la realización de trabajos durante la noche. Esto condujo
al hombre a cambiar sus hábitos de conducta, ya que cada cierto tiempo debía mantener el estado de vigilia
durante la noche, necesitando descansar durante el día. Este cambio en los hábitos de conducta se denomina
INVERSION DEL RITMO CIRCADIANO, y es la causa de una serie de alteraciones en la salud, derivadas del
desajuste neuroendocrino que se presenta al obligar al organismo a mantener una vigilia forzada durante la
noche. Entre estos cambios podemos mencionar los siguientes:
Área cardiovascular:

Descompensación en la tensión arterial (Hipertensión / Hipotensión)

Alteración en la frecuencia cardíaca (Generalmente taquicardia)

Mayor propensión al síncope.
Área Digestiva:

Hiperacidez gástrica

Trastornos en la motilidad intestinal (estreñimiento o diarrea)
Área Psíquica:

Trastornos del sueño

Trastornos de la afectividad (Depresión, irritabilidad)

Trastornos de la sexualidad (Impotencia, anorgasmia, eyaculación precoz)

Trastornos cognitivos (alteraciones en la memoria y en la fijación de conocimientos)

Disminución de la autoestima
Área Neurológica:

Parestesias

Movimientos involuntarios

Paresias
Area Osteo-mio-articular:

Contractura muscular

Sensación de cansancio

Alteraciones posturales
Es indudable que las condiciones ideales para el Ser Humano es mantener el ritmo circadiano natural, es decir,
que trabaje de día y duerma de noche. Debemos luchar para recuperar el patrón de vida armónico con la
naturaleza para poder mantener un adecuado funcionamiento corporal.
Sin embargo, cuando no hay otra alternativa para el Trabajador que someterse a un proceso de rotación de
turnos, las condiciones dejan de ser ideales y hay que buscar la que sea menos lesiva de su salud. La
alternativa en este caso es individualizar la frecuencia de las rotaciones con el propio Trabajador, según las
capacidades de resistencia que él mismo descubra en su organismo. Para citar ejemplos que pudiesen ser
útiles, la figura de un día trabajo nocturno por semana se plantea como ideal, ya que la posibilidad de
recuperación es máxima. Otra figura la constituye el esquema 24 x 48 es decir, un día de trabajo nocturno
seguido de un día de descanso y otro de trabajo diurno, en los cuales existe la posibilidad de una recuperación
aceptable.
Los modelos de rotación en tres turnos, aunque suavizan el impacto sobre el ritmo circadiano, no evitan la
aparición de inversión del mismo. Igual inconveniente lo presentan los modelos de rotación semanal
nocturno/diurno (una semana por una semana). La inconveniencia de estos modelos radica en que el período
diurno, que teóricamente debería estar dedicado al descanso, no es usado por los trabajadores en su totalidad
para tal fin, ya que el entorno familiar sigue su rutina diaria, por lo cual el hogar no se encuentra en
condiciones aptas para el descanso, amén que los requerimientos de diligencias personales y familiares
apremian al trabajador a negociar su descanso en pro de dichas diligencias.
Nos encontramos pues, ante un problema muy complejo, en el que se sopesa la necesidad de ganar el
sustento frente a la necesidad de llevar una vida sana. ¿Qué es más importante? Obviamente lo segundo:
llevar una vida sana. Sin embargo, las condiciones socioeconómicas actuales, principalmente en los países
cuyas economías están en situaciones inestables o críticas, conducen frecuentemente a los trabajadores a
negociar su salud en pro de obtener el sustento diario. Grave responsabilidad es esta decisión, ya que las
consecuencias pueden ser irreversibles. Sobre el tapete queda esta problemática y la necesidad de que todos
los entes involucrados en el mundo del trabajo tomemos una posición definitivamente en Pro del Ser Humano,
sin que esto menoscabe el progreso de los Pueblos y el Beneficio del Patrimonio de la Humanidad.
Eliécer M. Coronel C.
Especialista en Salud Ocupacional Unidad de Salud Ocupacional C. A
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