XIII CONFERENCIA INTERAMERICANA DE MINISTROS DE

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XIII CONFERENCIA INTERAMERICANA DE MINISTROS DE TRABAJO
PALABRAS DEL SECRETARIO DEL TRABAJO Y PREVISIÓN SOCIAL DE
MÉXICO, CARLOS MARÍA ABASCAL CARRANZA
Presentación de “Desafíos subregionales” durante la Segunda Sesión
Plenaria: “Situación laboral actual del continente”
Salvador, Estado de Bahía, Brasil
Jueves, 25 de septiembre de 2003
Saludo afectuosamente a los distinguidos Ministros y colegas reunidos aquí, a los
representantes de COSATE y CEATAL, a los representantes de las
organizaciones internacionales que apoyan nuestras labores, y a todos los
participantes en esta XIII Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajo.
Mi agradecimiento al Ministro Jaques Wagner, Presidente de esta Conferencia,
por el generoso recibimiento y hospitalidad que nos brinda el gobierno de Brasil en
esta hermosa ciudad, Salvador de Bahía. Sr. Ministro, lo felicito y estoy seguro del
éxito de la Conferencia bajo su presidencia pro tempore.
Me complace y es un honor dirigirme a ustedes en representación de la subregión
de América del Norte en la que son colegas mías dos grandes mujeres con
profundo sentido humano: la Ministra Claudette Bradshaw y la Secretaria Elaine
Chao. El tema de esta sesión plenaria es “La situación laboral actual del
continente”, y voy a comentar algunos de los desafíos para Canadá, Estados
Unidos y México. Es de todos sabido que las condiciones en nuestros tres países
distan mucho de ser uniformes y, ciertamente, nuestros intereses no son
necesariamente coincidentes. No obstante, si se visualizan los retos desde una
perspectiva con dimensión humana, se fortalecen las aspiraciones comunes y la
posibilidad de estrechar nexos para el logro de la justicia social y del bien común.
Recordemos las preocupaciones y expectativas de los tres países cuando
negociamos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. La apertura de
mercados al libre comercio provocó la misma reacción en los tres países: el temor
a la pérdida de empleos por la competencia, al mismo tiempo que expectativas
ante los beneficios de la mayor competitividad de la región en su conjunto. Los
Gobiernos llevaron a cabo consultas con la sociedad y las negociaciones
reflejaron sus preocupaciones. También reflejaron las aspiraciones de amplias
capas de la población.
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La realidad apaciguó los temores y respondió en buena medida a las expectativas,
sin que con esto queramos negar los retos y las dificultades del proceso. El
Tratado de Libre Comercio de América del Norte amplió las oportunidades de
comercio y de inversión en la región, y ha contribuido a elevar los niveles de vida
de nuestras poblaciones. El comercio trilateral se ha más que duplicado desde
1994, al pasar de 289 mil millones de dólares a 604 mil millones. Durante casi
todo el periodo desde 1994, hasta el año 2000, el empleo creció de manera
importante en los tres países.
Aun así, el ajuste ante el libre comercio ha sido difícil en ciertos sectores. Nuestros
pueblos comparten, con razón, una sensibilidad acrecentada respecto a la
necesidad de promover el empleo para todos, y de proteger a quienes se ven
desplazados y desamparados por la competencia feroz del mundo actual.
Como dijo el Presidente Fox en Cancún, al inaugurar los trabajos de la V
Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, “Los acuerdos
nos fortalecen, no nos dividen, en la medida en que nos acercamos a nuestro
objetivo común. Los invito a que afrontemos juntos los retos que nos apremian
para consolidar un sistema multilateral de comercio más fuerte, más justo y una
economía mundial con rostro humano, más abierta y próspera para todos.” (fin de
la cita)
En México no olvidamos que cada persona desocupada significa no un dato
estadístico, sino la penuria para una familia entera. Nuestra preocupación por
crear condiciones que permitan mayores oportunidades de empleo frente a un
comercio más libre y competitivo y en condiciones económicas que a veces son
adversas, nos lleva a procurar políticas incluyentes, a apoyar la capacitación y a
fomentar una mayor productividad y competitividad. Estamos convencidos de que,
por la solidaridad que reside en el corazón de las personas, a la competitividad
hay que añadir la cooperación, sin que el Estado sustituya la libre iniciativa de las
personas en todo aquello que saben, quieren y deben hacer.
Pienso que esto es cierto en todos los países de nuestro hemisferio. La creación
de empleos dignos es la mejor manera de hacer frente a los problemas de
pobreza, desigualdad y falta de oportunidades. Para prácticamente todos los
gobiernos de nuestro hemisferio, ésta es la prioridad. Los ministerios de trabajo
pueden tener un importante papel en la reducción de la pobreza, asegurando que
los trabajadores tengan acceso a la capacitación de alta calidad, ayudando a los
mercados laborales para que funcionen con mayor eficacia, y elevando las normas
laborales. Acciones como éstas podrán promover inversiones de alta calidad, una
fuerza laboral comprometida, la estabilidad política y social, y una distribución más
equitativa del ingreso.
También es necesario reconocer que hay límites a lo que pueden hacer los
ministerios de trabajo para promover la creación de empleos. Ello depende del
monto y la calidad de la inversión, que a su vez está condicionado por factores
tales como la estabilidad política, la certeza jurídica, una buena infraestructura y el
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nivel educativo de la fuerza de trabajo. La Declaración y el Plan de Acción de la
Tercera Cumbre de las Américas reconocen que todos estos objetivos se
refuerzan mutuamente y deben ser promovidos de manera integral.
Quisiera detenerme en los principios que guían nuestra acción en México.
Tenemos programas que proporcionan capacitación para desempleados, para
promover el autoempleo o para facilitar la gestión de las micro y pequeñas
empresas. Hemos creado sistemas para evaluar y certificar las habilidades y
promover la inclusión en el mercado laboral de ciertos grupos de la población,
como los adultos mayores o las personas con alguna discapacidad. Tenemos una
amplia red de servicios de vinculación de empleo, por medios electrónicos,
teléfono, impresos, ferias. Pero tenemos algo más. Todas estas acciones se
enmarcan en una nueva visión, un conjunto de principios rectores que orientan
nuestro quehacer, y al que llamamos la Nueva Cultura Laboral.
Trabajadores, empresarios y gobierno estamos desarrollando una cultura laboral
que responde a las nuevas circunstancias del mundo del trabajo. No se trata de
renunciar a las legítimas conquistas laborales, sino de generar más empleos y
encontrar espacios para la convergencia que permitan actualizarnos en este
ámbito, con madurez y creatividad, por medio del diálogo social.
En México hemos consolidado la estabilidad macroeconómica. Ahora, el desafío
consiste en lograr una economía que se refleje en un mayor bienestar, en la
reducción de la pobreza, en empleos y en una mejoría de los ingresos de las
familias. Para México es indispensable diversificar sus mercados externos y
dinamizar su mercado interno, mejorando la capacidad de compra, el acceso al
crédito y el ahorro de todas las personas.
Por eso, promovemos y consolidamos una Nueva Cultura Laboral cuyo elemento
central es la dignidad de la persona. El ser humano es el origen, el motor y el fin
de toda actividad económica. Esta visión de la centralidad de la persona nos lleva
hacia prácticas productivas y valores en el mundo laboral, en los que poco a poco,
cada persona es consciente de sus derechos y deberes y cada empresa asume su
responsabilidad social.
La Nueva Cultura Laboral se orienta hacia el cambio en leyes, prácticas e
instituciones en el ámbito laboral para propiciar un ambiente de paz y armonía.
Promueve una nueva manera de relacionarse entre los participantes en el ámbito
laboral, para impulsar el trabajo como expresión de la dignidad de la persona, y
como medio eficaz para su plena realización. Promueve el empleo digno, libre de
riesgos de trabajo, así como la capacitación para la productividad y la
competitividad de las empresas. Todo ello por medio del diálogo permanente
entre gobierno, trabajadores y empresarios, la búsqueda de acuerdos, la
gradualidad en el cambio, la legalidad y la inclusión de todos los actores sociales.
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Esta visión coincide con objetivos que Canadá, Estados Unidos y México nos
hemos propuesto en el Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte,
acuerdo paralelo al Tratado de Libre Comercio. Hemos decidido cooperar para
mejorar las condiciones de trabajo y los niveles de vida, promover al máximo los
principios laborales establecidos en el Acuerdo, y estimular la cooperación para
promover la innovación, así como niveles de productividad y calidad crecientes.
Nuestras actividades conjuntas muestran claramente el deseo compartido de
mejorar las condiciones laborales y elevar los niveles de vida de los trabajadores
en nuestros respectivos países. Evidencia de ello son nuestros esfuerzos en las
áreas de trabajo infantil, seguridad y salud, derechos de los trabajadores
migratorios, y desarrollo de la fuerza laboral. Hay lugar para nuevas áreas de
cooperación. En Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, existen programas de
seguridad de ingresos tales como el seguro de desempleo, que pueden dar a los
trabajadores la estabilidad que requieren para invertir en la educación de sus hijos,
y para que no pierdan sus ahorros o caigan en la pobreza. En México sólo será
posible la creación del seguro de desempleo mediante el diálogo y el acuerdo
entre trabajadores y empresarios coordinado por STPS.
A través de nuestra cooperación hemos encontrado que hay retos comunes a los
tres países. Buscamos capacitar a nuestra fuerza laboral para que las habilidades
de nuestros trabajadores correspondan a las necesidades productivas.
Descubrimos el importante papel de los gobiernos en la vinculación de la demanda
y la oferta de empleo a través de los servicios de empleo. Encontramos una
participación creciente de trabajadores migratorios en nuestra fuerza de trabajo,
cuyos derechos laborales deberán ser protegidos de acuerdo con las leyes
laborales de nuestros respectivos países.
En el ámbito del Diálogo Social, los tres países de América del Norte hemos
reunido a representantes de nuestros gobiernos, así como de las organizaciones
de trabajadores y empleadores, las organizaciones no gubernamentales, las
instituciones académicas, y el público en general para que, de manera
constructiva, logremos centrar las iniciativas públicas y privadas en los asuntos
laborales de mayor importancia.
Mucho se ha hablado del mecanismo de solución de controversias de nuestro
acuerdo laboral. Quienes lo perciben como instrumento sancionador dejan de
lado el principal aspecto, que es la cooperación. Afortunadamente el desarrollo a
lo largo de nueve años de operación comprueba su utilidad, particularmente
porque no ha sido necesario el mecanismo de solución de controversias y mucho
menos la aplicación de sanciones.
México sostiene que las disposiciones del Acuerdo de Cooperación Laboral de
América del Norte en materia de solución de controversias son el último recurso, y
constituyen un escenario en el cual todos pierden. Es por eso que los gobiernos
deben esforzarse por resolver los asuntos, privilegiando la cooperación y el
diálogo ante todo.
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Resumiendo: el reto que tenemos gobiernos, empleadores y trabajadores de
nuestros países es el diseño de políticas públicas solidarias, nacionales e
internacionales, que hagan posible las condiciones para el desarrollo pleno de las
personas, de las familias y de la sociedad por medio del trabajo decente, que
promueve la Organización Internacional del Trabajo, el cual es responsabilidad de
Sociedad y gobiernos. Tenemos que seguir desarrollando fórmulas idóneas para
consolidar y expandir la cooperación internacional, para compartir nuestras
experiencias y mejores prácticas en el mundo laboral. Finalmente, estamos
conscientes de la conveniencia de procurar que los beneficios del libre comercio
lleguen a todos los países de nuestro hemisferio, así como a todas las personas,
por medio de acuerdos equilibrados que favorezcan el desarrollo de economías
con verdadero rostro y corazón humano. Es decir, lo esencial no es procurar la
integración comercial a cualquier precio sino la manera justa, equitativa y humana
como se lleve a cabo tal integración.
Muchas gracias.
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