Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe

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GÉNERO LITERARIO Y GRADO DE AUTORIDAD DE LA
DECLARACIÓN «DOMINUS IESUS»
Intervención de Mons. Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de
la Fe, durante la presentación de la Declaración «Dominus Iesus», sobre la unicidad y la
universalidad salvífica de Jesucristo y de su Iglesia.
El objetivo de esta intervención es comentar brevemente el género literario de la Declaración
Dominus Iesus y, en ese contexto, proponer algunas precisiones sobre su valor y su grado de
autoridad.
1.
El género literario
Se trata de una Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El término
Declaración significa que el Documento no enseña doctrinas nuevas, resultado del desarrollo y
de la explicitación de la fe, sino que reafirma y reasume la doctrina de la fe católica definida o
enseñada en Documentos del Magisterio de la Iglesia precedentes, indicando su recta
interpretación, de cara a errores o ambigüedades doctrinales difundidas en el ambiente
teológico y eclesial hodiernos. Como se recuerda explícitamente en la Introducción, el
Documento no pretende tratar de modo orgánico y sistemático toda la problemática
relacionada a los temas cristológicos y eclesiológicos expuestos; no reemplaza, por lo tanto la
tarea de la teología ni tiene la intención de reprimir el esfuerzo de los teólogos de dar
respuesta a cuestiones hasta ahora en buena parte inexploradas. La Declaración, por el
contrario, pide esas exploraciones, indicando, al mismo tiempo, la dirección y los límites no
transponibles para no caer en el error o en el extravío. Esta dirección y estos límites han sido
puestos originariamente por la revelación de la verdad de Dios realizada en Jesucristo, y
transmitida por la Sagrada Escritura y por la Tradición viva de la Iglesia, interpretados
auténticamente por el Magisterio.
Tratándose de un Documento doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la fe, aprobado
expresamente por el Sumo Pontífice, tiene naturaleza magisterial universal. Esta peculiaridad
se deriva del hecho de que la Congregación para la Doctrina de la Fe es el organismo auxiliar
próximo del Romano Pontífice, con el mandato específico y único recibido de Él de promover
y tutelar en todo el orbe católico la doctrina de la fe y las costumbres (cf. Pastor Bonus, art.
48). Por lo tanto, los Documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aprobados
expresamente por el Papa, participan del magisterio ordinario del Sumo Pontífice (cf.
Instrucción Donum Veritatis, 18). Es útil recordar que tales Documentos, de naturaleza
doctrinal, no se pueden equiparar a actos de naturaleza administrativa o puramente
jurisdiccional, sino que son actos de enseñanza magisterial, dada la relación estrecha y
esencial que los Miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe tienen con el
Supremo Titular del Ministerio Petrino, que tiene una responsabilidad única y particularísima
por la Iglesia universal en el ámbito de la potestad de magisterio.
Si se negase que las decisiones doctrinales de la Congregación, aprobadas expresamente por el
Papa, son de naturaleza magisterial universal, se seguiría que tales decisiones tendrían un
valor meramente orientado y disciplinar o incluso equivalente al valor de una opinión
teológica, por más respetable. Esto, sin embargo, contradice la Tradición eclesial y la voluntad
y el mandato del mismo Sumo Pontífice.
Por esta razón, el presente documento, aun no siendo un acto propio del Magisterio del Sumo
Pontífice, refleja sin embargo su pensamiento, pues ha sido explícitamente aprobado y
confirmado por el Papa, e indica también su voluntad de que lo que en él se contiene sea
aceptada por toda la Iglesia, porque es Él quien ha ordenado la publicación.
La fórmula de aprobación, que se encuentra al final del Documento, es de autoridad especial y
elevada: “certa scientia et apostólica Sua auctoritate”. Esto corresponde a la importancia y
esencialidad de los contenidos doctrinales enseñados en la Declaración: se trata de verdades de
fe divina y católica (que pertenecen al 1er apartado de la Fórmula de la Profesión de Fe) o de
verdades de la doctrina católica a ser creídas firmemente (que pertenecen al 2do apartado de la
misma Fórmula). El asentimiento pedido por lo tanto a los fieles es de tipo definitivo e
irrevocable.
Para evitar todo eventual equívoco, es necesario precisar que la fórmula de apropiación por parte
del Sumo Pontífice, que expresa un nivel sumo en la aprobación del Documento, y que retoma
literalmente expresiones bien conocidas utilizadas por Romanos Pontífices en el pasado, no
debilita ni atenúa en ningún modo el valor de los otros Documentos publicados hasta ahora por
la Congregación para la Doctrina de la Fe, y aprobados expresamente por el Papa. Si, de hecho,
por un lado todos los Documentos doctrinales de la Congregación, para tener autoridad
magisterial, deben ser aprobados expresamente por el Papa, por el otro lado, esa aprobación
expresa puede expresarse con fórmulas diversas, más o menos acentuadas, teniendo en cuenta
sobre todo el objeto y el diverso orden o tipo de las categorías de verdad contenidas en los
Documentos mismos.
2.
El grado de autoridad
Una sencilla, pero necesaria puntualización sobre el grado de autoridad de la Declaración
"Dominus Iesus" se impone, especialmente considerando la insistencia con la cual -también
recientemente- intervenciones y publicaciones de ciertos teólogos han hecho críticas al Motu
proprio del Santo Padre "Ad tuendam fidem" y a la Nota doctrinal ilustrativa de la Fórmula de
la Profesión de fe, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1998.
La objeción se refiere a la presunta distinción entre la infalibilidad de la enseñanza y la
definitividad de la doctrina. Según algunos, la Nota doctrinal de la Congregación para la
Doctrina de la Fe sostiene que el Magisterio puede proponer como definitivas doctrinas que no
se enseñan infaliblemente.
La conclusión que se extrae es que, dado que no son infalibles, esas doctrinas podrían ser
consideradas provisorias o revisables y por lo tanto discutibles por parte de los teólogos.
Esta objeción con la conclusión relativa, son totalmente infundadas y sin motivo. Si una doctrina
es enseñada como definitiva, y por lo tanto irreformable, esto presupone que sea enseñada por el
Magisterio con un acto infalible, aunque sea de diversa tipología. El problema verdadero, por lo
tanto, es otro: una doctrina puede ser enseñada por el Magisterio como definitiva ya sea con un
acto definitorio y solemne (por el Papa "ex cátedra" o por un Concilio ecuménico) ya sea con un
acto ordinario no solemne (por el Magisterio ordinario y universal del Papa o de los Obispos en
comunión con él). Ambos actos son sin embargo infalibles. Es además posible que el Magisterio
ordinario del Papa confirme o reafirme doctrinas que perteneces por otro lado a la fe de la Iglesia:
en este caso, el pronunciamiento del Papa, incluso sin tener el carácter de una definición solemne,
vuelve a proponer a la Iglesia doctrinas infaliblemente enseñadas como que deben ser creídas o
aceptadas definitivamente, y exige por lo tanto por parte de los fieles un asentimiento de fe o
definitivo.
De cara a la Declaración "Dominus Iesus" debe decirse que permanece como un Documento de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, que no goza, por lo tanto, de la prerrogativa de la
infalibilidad, en cuanto emanado de un organismo inferior al Papa y al colegio de los Obispos en
comunión con el Papa. Sin embargo, las enseñanzas de las verdades de fe y de doctrina católica
contenidas en ella exigen por parte de todos los fieles un asentimiento definitivo e irrevocable, no
debido y a partir de la publicación de la Declaración, sino en cuanto que pertenecen al patrimonio de
fe de la Iglesia y han sido propuestos infaliblemente por el Magisterio en actos y documentos
precedentes.
La Declaración se presenta, por lo tanto, como un servicio a la fe, ya para salvaguardarla de
errores y ambigüedades que oscurecen o incluso alteran puntos esenciales de su genuino
patrimonio, como el misterio de la unicidad y universalidad salvíficas de Cristo y el misterio
de la unidad y unicidad de la Iglesia sacramento universal de salvación, ya para promover una
comprensión más profunda, en la fidelidad y en la continuidad con la Tradición eclesial. Tal
servicio, que es exactamente lo opuesto de una limitación y de un sofocamiento de la
investigación teológica, abre la inteligencia de los creyentes, librándola del riesgo de la
desviación y de la parcialidad, para reconducirla en la dirección correcta hacia la comprensión
de la plenitud de la revelación divina. En ese sentido el Documento es también un servicio a la
caridad, aquella que Antonio Rosmini llamaba la «caridad intelectual», ya que la “salus
animarum”, que para la Iglesia vale más que cualquier otra cosa, exige como condición
esencial el anuncio y la defensa de la verdad de fe.
Monseñor Tarcisio Bertone
Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe
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Tomado de “Noticias Eclesiales” – Un servicio eclesial diario de Noticias de Vida Cristiana.
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