Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias, Sala de lo

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Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias, Sala
de lo Social, Sentencia de 30 Abr. 2004, rec. 869/2004
Ponente: González Rodríguez, Jorge.
Nº de sentencia: 1482/2004
Nº de recurso: 869/2004
Jurisdicción: SOCIAL
SENTENCIA PUBLICADA Y COMENTADA EN LA LEY JURIS (Actualidad
laboral): 24 de octubre de 2004.
VOCES: CONTRATO DE TRABAJO. EXTINCIÓN A INSTANCIAS DEL
TRABAJADOR CON LA INDEMNIZACIÓN DEL DESPIDO IMPROCEDENTE.
Debe estimarse: acoso sexual por parte del gerente, que es mantenido por la
empresa en su posición de superioridad sobre las trabajadoras acosadas.
Indemnización complementaria por los daños ocasionados: debe estimarse.
Obligación solidaria del responsable individual del acoso.
Texto
En Oviedo a 30 Abr. 2004.
Ilmos. Sres.
D. Jorge González Rodríguez.
D. José Alejandro Criado Fernández.
D.ª Carmen Hilda González González.
Habiendo visto en recurso de suplicación los presentes autos de la Sala de lo
Social de este Tribunal Superior de Justicia, compuesta por los Ilmos. Sres.
citados, de acuerdo con lo prevenido en el artículo 117.1 de la Constitución
Española,
en nombre de S.M. el Rey
ha dictado la siguiente
SENTENCIA
En el recurso suplicación 869/2004, formalizado por la empresa Viveros del
Sueve, SAT, contra la sentencia de fecha 17 May. 2002, dictada por el Jdo. de
lo Social núm. 003 de Oviedo en sus autos número demanda 0000106/2002,
seguidos a instancia de Pilar A. Z. frente a Viveros del Sueve, SAT, Jesús
María D. F., parte demandada, en reclamación por extinción de contrato,
siendo Magistrado-Ponente el Ilmo. Sr. D. Jorge González Rodríguez, y
deduciéndose de las actuaciones habidas los siguientes
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO. Según consta en autos el mencionado Juzgado de lo Social dictó
sentencia de fecha 16 May. 2002 por la que se estimaba en parte la demanda.
SEGUNDO. En la mencionada sentencia y como hechos declarados probados,
los siguientes:
1.º La accionante D.ª Pilar A. Z., nacida en el año 1974 y cuyas circunstancias
personales constan en el encabezamiento de su demanda, presta servicios
laborales por cuenta y bajo la dependencia de la empresa demandada desde el
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1 Feb. 2000, con la categoría profesión de peón agrícola y un salario diario
bruto de 38,02 euros (6.326 ptas.).
2.º La empresa demandada se dedica a la actividad de vivero de plantas, tiene
su sede en la finca «Las Huelgas de Villamayor (piloña)» y ocupa a unos 28 o
29 trabajadores, la mayoría de mujeres dedicadas a las labores propias de la
finca.
3.º El 19 Oct. 2001, dos trabajadoras de la empresa que desempeñaban
funciones administrativas presentaron denuncia ante la Guardia Civil de Infiesto
al observar una de ellas que, entre otros dispositivos situados debajo de la
mesa de trabajo, existía una cámara y el 22 Oct., se personaron en el centro de
trabajo agentes de la Policía judicial que, tras el correspondiente registro,
comprobaron la existencia de tres mini cámaras ocultas, dos de ellas bajo las
mesas de las administrativas y otra en el interior del marco del aseo utilizado
por las empleadas, dichas cámaras estaban conectadas por medio de cables
ocultos instalados en la oficina de Jesús María D. F., gerente de la sociedad,
siendo intervenidas aquéllas y diverso material complementario, así como
varias cintas de videocasete y vídeo cámara.
4.º Dichos hechos dieron lugar a la incoación de diligencias previas que fueron
registradas con el número 587/2001 --copia de las cuales obra unida a los
autos dándose su contenido íntegramente por reproducido-- consta la
declaración del presidente y gerente de la sociedad reconociendo que él había
efectuado la instalación hacia el mes de mayo de ese año para observar a una
de las trabajadoras de la oficina de la que estaba enamorado.
5.º En el folio 332 de las precitadas diligencias previas consta la diligencia de
cotejo de la Sra. Secretaria del Juzgado en cuanto al contenido de las cintas
declarando sustancialmente que en las imágenes tomadas desde las cámaras
situadas debajo de las mesas de oficina se ven las piernas de las empleadas y,
en ocasiones, su ropa interior y en las tomadas desde la situada en el baño se
distinguen a las mujeres que entran y se bajan la ropa para hacer sus
necesidades apreciándose en casi todas las imágenes, los órganos genitales
femeninos, en algunas, también se ve entrar a hombres a los que se capta de
espaldas al hacer sus necesidades.
6.º El 23 Oct. se presentó denuncia de los mismos hechos por otros veinte
trabajadores, de las que dieciséis eran mujeres; al día siguiente por otras tres y
el veintiséis por otra trabajadora de la empresa.
7.º Viveros del Sueve, SAT, está integrada por cinco socios: D. Jesús María D.
F., su esposa Ana Paula P. G., D. Bernardo D. G. hermano del primero, D.ª
María Natividad R. V. cuñada del mismo y D. José Y. S.
8.º Como consecuencia de los acontecimientos precitados y, en repuesta a las
exigencias de las trabajadoras de la empresa, la asamblea de socios se reunió
el 12 Nov. 2001, acordando nombrar como gerente a D. José Y. S. y como
presidenta a la esposa del imputado, D.ª Paula P. G.; no accedieron por el
contrario a efectuar comunicado público manifestando desconocer los hechos
acaecidos en la empresa.
9.º Antes de conocer los referidos cambios, los trabajadoras de la empresa
convocaron una huelga a partir del 15 Nov. con las mismas reivindicaciones; en
respuesta a la huelga --a la que no se sumaron los empleados varones al ser
amenazados de despido-- se despidió a 16 trabajadoras con efectos de 26
Nov. 2001 y en el preceptivo acto de conciliación la empleadora reconoció la
improcedencia acordando la readmisión de la aquí demandante y otras diez
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trabajadoras y el cese indemnizado del resto produciéndose la reincorporación
el 13 Dic.
10.º El 12 Dic. del pasado año empresa y trabajadoras representadas por los
sindicatos UGT y CC.OO. sostuvieron acuerdo del siguiente tenor literal:
«Ante los acontecimientos acaecidos en la empresa Viveros del Sueve, SAT, la
empresa y los trabajadores/as de la misma manifiestan su firme voluntad de
retomar la normalidad de sus relaciones laborales expresando el mutuo
compromiso de respeto de las obligaciones expresando el mutuo compromiso
de respecto de las obligaciones que como empleador y como trabajadores/as
tienen asumidos contractual y estatutariamente, en esta línea por ambas partes
se manifiestan los siguientes compromisos.
Por parte de la empresa se manifiesta su solemne compromiso de no efectuar
ningún tipo de medida de represalia hacia las trabajadoras/es que secundaron
la huelga en la empresa iniciada el día 15 Nov. 2001.
La empresa mantendrá el mismo criterio y política de contratación que ha
venido desarrollando hasta la fecha.
Se acuerda crear una comisión de seguimiento del presente acuerdo
compuesta por dos representantes de la empresa y dos trabajadores/as
quienes podrán estar asistidos por los asesores que estimen oportuno.
Los trabajadores/as se comprometen a que cualquier reclamación que se
planteen efectuar relacionada con el conflicto al que el presente acuerdo pone
fin se someterá, previamente a su presentación, al examen de la comisión de
seguimiento mencionada en el párrafo anterior.
Los anteriores compromisos afectan en todo caso al respeto a la intimidad y a
los derechos fundamentales.
Con base a todo lo anteriormente expuesto empresa y trabajadores/as se
comprometen a reiniciar la actividad laboral en condiciones de total normalidad
a partir del día 13 Dic. 2001.»
11.º Al día siguiente de la reincorporación de las trabajadoras a la empresa, se
presentó el anterior gerente D. Jesús María D. F. y pasó a ocupar su despacho
desempeñando desde entonces las mismas funciones que había realizado con
anterioridad a ser cesado; como consecuencia de esta situación varias
trabajadoras precisaron asistencia médica --entre ellas la accionante-- que
inicio una situación de Incapacidad Temporal el 17 Dic. por estre-depresión
siéndole recogido el parte de baja por el propio D. Jesús María D. F.
12.º El 26 Feb. del presente año la empresa demandada solicitó de la
Inspección médica la revisión de las bajas de las seis trabajadoras que
permanecieron en dicha situación procediendo la Inspección a extender el
parte de alta a tres trabajadoras.
13.º La situación producida en la empresa Viveros del Sueve, SAT, tuvo una
amplia repercusión social y fue ampliamente recogida en los medios de
comunicación escrita y audiovisual tanto de ámbito regional como nacional.
14.º El sindicato CC.OO., en representación de las trabajadoras afiliadas,
solicitó varias veces a la empresa, al menos una mediante telegrama urgente,
la constitución de la comisión de seguimiento a la que se refiere el Pacto de 12
Dic. 2001, ya que considera el hecho de la incorporación al mismo puesta del
Sr. D. un incumplimiento manifiesto.
Las citadas peticiones no obtuvieron respuesta alguna.
15.º El 18 Ene. del presente año se presentó la papeleta de conciliación y el
preceptivo acto tuvo lugar el 18 Feb., finalizando sin avenencia.
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TERCERO. Contra dicha sentencia se interpuso recurso de suplicación por la
parte, siendo impugnado de contrario.
Elevados los autos a esta Sala, se dispuso el pase a ponente para su examen
y resolución.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO. La sentencia del Juzgado de lo Social núm. 3 de Oviedo declara
que los derechos fundamentales de la trabajadora demandante a la dignidad e
intimidad fueron vulnerados. Por tal causa, estimando parcialmente la
demanda, acuerda la extinción de la relación laboral que unía a ésta con la
empresa demandada, Viveros del Sueve, SAT, así como el pago de dos
indemnizaciones, una de 3.916,06 euros, a cargo de la empresa, consecuencia
directa de la extinción; y otra de 30.000 euros para compensar los demás
daños y perjuicios ocasionados por el ataque a los derechos fundamentales, a
cargo, solidariamente, de la misma empresa y de su socio y directivo Jesús M.ª
D. F.
Pronunciamientos semejantes se han dictado en otros procesos sustanciados
contra los mismos demandados a instancias de otras trabajadoras, conocidos
por esta Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Asturias al
resolver los recursos de suplicación interpuestos frente a ellos por ambos
demandados --rollos núm. 2394/2002, 2395/2002, 2396/2002, 2427/2002 y
2428/2002--.
Ahora únicamente la empresa recurre la sentencia en suplicación.
SEGUNDO. La sentencia del Juzgado de lo Social contiene un relato de lo
sucedido contundente y conturbador. La empresa procede a cuestionarlo de
forma general, aduciendo que expresa una convicción formada sin soporte
probatorio, e incluso afirma que aquel relato se configuró en vista de la decisión
adoptada y no viceversa, como es obligado. Acude para su denuncia a la vía
procesal del art. 191 c) LPL e invoca como infringido el art. 97.2 LPL.
La vía escogida para la denuncia es, sin embargo, defectuosa, toda vez la
motivación de la sentencia, regulada en el precepto --art. 97.2 LPL-- cuyo
contenido entiende incumplido, es un tema procesal, lo que no estorba a su
trascendencia, y sus vicios deben ser planteados en el recurso de suplicación
por la vía del art. 191 a) LPL, prevista para sancionar con la nulidad de
actuaciones las violaciones de normas o garantías del procedimiento que
hayan producido indefensión, no por la vía utilizada del art. 191 c) LPL,
destinada de modo exclusivo a examinar las infracciones de normas
sustantivas o de la jurisprudencia.
Más importante para rechazar las impugnaciones de la demandada es su falta
de desarrollo con argumentos consistentes, pues se limita a expresar su
desacuerdo general con la versión judicial pero sin precisar los elementos que
doten de alguna solidez a sus afirmaciones, que así se convierten en meras
expresiones subjetivas de discrepancia, sin valor alguno para influir en la
solución de la controversia y solo fruto del interés en evitar las consecuencias
impuestas por la sentencia cuestionada. La parcialidad y subjetivismo de la
recurrente se refleja en esa falta de argumentación.
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La versión judicial --basta acudir al acta de juicio oral--, se ha formado con la
contribución de las partes mediante el aporte de abundantes elementos de
convencimiento, y ninguna razón, dato fáctico o jurídico avalan la crítica de la
recurrente, máxime cuando ninguna proporciona. La magistrada de lo Social no
ha hecho sino uso de las facultades que para valorar las pruebas y los demás
elementos de conocimiento aportados en el proceso tiene legalmente atribuidas
--art. 97.2 LPL-- y da cuenta suficiente en la resolución judicial de los
resultados obtenidos con esa labor valorativa, que le incumbe con exclusividad
y tiene como límite el respeto a las reglas de la sana crítica. La sentencia
ofrece un relato amplio de lo sucedido y permite conocer las fuentes del
conocimiento judicial con plena sujeción a las exigencias de motivación
impuestas por la Constitución Española y las normas que la desarrollan --art.
120.3 CE, art. 97.2 LPL, art. 218 LEC de 2000--.
El cauce procesal establecido en el art. 191 b) LPL, es el previsto para la
enmienda de las premisas fácticas de la sentencia, aunque no puede utilizarse
con posibilidades de éxito si, a pesar de haberse aportado en el proceso
pruebas y otros elementos de convicción sobre los hechos cuestionados, el
demandado basa su disconformidad en que la narración judicial acoge datos no
acreditados. Algunas manifestaciones de la recurrente incurren en ese defecto
y olvidan que en el recurso de suplicación la revisión de los hechos declarados
probados en la sentencia cuestionada, exclusivamente puede llevarse a cabo,
de acuerdo con los arts. 191 b) y 194 LPL y la jurisprudencia formada al
interpretar estos preceptos o sus antecedentes normativos, bien por medio de
documentos idóneos, es decir, fehacientes, que hagan prueba por sí mismos
de la veracidad de su contenido o sean de decisivo valor probatorio, bien
mediante prueba pericial de reconocida solvencia científica o técnica y
practicada con sometimiento al principio de la contradicción procesal; pero
resulta asimismo imprescindible que tales medios probatorios, sin ser
contradichos por otros, pongan de manifiesto de forma clara, directa, patente e
incuestionable para cualquiera, sin acudir a conjeturas, especulaciones o
argumentaciones más o menos razonables, el error o desacierto de la
convicción formada por el Juzgador de lo Social.
Las referidas manifestaciones de la empresa son, pues, desde cualquier punto
de vista, inapropiadas para modificar la decisión judicial.
Conviene finalmente resaltar, lo que evita cualquier duda en el terreno de la
apreciación judicial sobre las premisas fácticas, que los sucesos más
significativos, los hechos más relevantes para decidir el pleito son sucesos o
hechos reconocidos o incontrovertidos por los demandados: la instalación por
el gerente codemandado de mecanismos para la grabación de imágenes y su
uso por él en la forma registrada en la sentencia, la huelga, exclusivamente de
trabajadoras, y los despidos, exclusivamente de trabajadoras, que subsiguieron
al descubrimiento de la actuación de aquél y la indignación que generó, la
suscripción de un acuerdo entre la empresa y los sindicatos con el contenido
repetido en la sentencia, la inmediata reincorporación al trabajo del autor de las
grabaciones tras el acuerdo, las posteriores bajas médicas de seis
trabajadoras, la protesta de la empresa a la inspección médica, las altas
médicas de tres trabajadoras, el despido de estas últimas por faltas
injustificadas al trabajo, y la gran trascendencia pública que tuvo el asunto,
configuran un cuadro suficientemente expresivo para dar respuesta favorable a
las pretensiones de la demanda.
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TERCERO. Bajo la invocación del art. 50.1 ET niega la empresa, por medio del
cauce regulado en el art. 191 c) LPL, haber incurrido en algún incumplimiento
que conforme con ese precepto faculte al trabajador para solicitar la extinción
del contrato de trabajo.
Sin duda la recurrente construye este motivo de censura jurídica con olvido de
los hechos declarados probados, toda vez que la mera lectura del relato fáctico
de la sentencia pone de relieve las muy graves violaciones de derechos
fundamentales que le son directamente imputables.
La conducta del socio y directivo codemandado, instalando y haciendo uso
prolongado de mecanismos para observar y grabar a las trabajadoras en el
baño o en su puesto de trabajo, siempre de forma que le permitiera ver y
obtener imágenes de zonas corporales y actos relacionados con su sexo o con
aspectos reservados de la persona, atenta frontalmente a la dignidad de las
trabajadoras y al derecho a su intimidad --arts. 10.1 y 18.1 CE, art. 4.1 e) ET--.
Sin duda la demandante, al igual que las demás trabajadoras, resulta afectada
por el atentado, pues las observaciones y las grabaciones llevadas a cabo
fueron indiscriminadas y generales respecto de las mujeres empleadas en la
empresa y se realizaron valiéndose de medios técnicos instalados de forma
permanente durante un dilatado período en lugares especialmente escogidos
para captar actos de la más estricta intimidad personal. Son por ello inútiles
para negar el ataque, e incluso pueden catalogarse de impertinentes, aparte de
contrariar la inalterada versión judicial, las manifestaciones de la recurrente
sobre la falta de identificación de las personas grabadas, salvo las ocupantes
habituales de las dos mesas de trabajo --hechos probados tercero y quinto--.
La posición en la empresa del infractor --socio, presidente y gerente--,
constituyó un factor decisivo para su actuación y hace surgir la responsabilidad
de la empresa a la que incumbe garantizar esos derechos en el trabajo y velar
porque el ejercicio del poder de dirección sea respetuoso con ellos --art. 20.2 y
3 ET--.
Es, sin embargo, después, cuando el ataque a los bienes básicos de las
trabajadoras, se hace más intenso, plural e irresistible. La vuelta del
codemandado al centro de trabajo, en las mismas condiciones materiales que
antes, aun cuando formal y aparentemente fuera relevado por la empresa de su
cometido gerencial, reactiva, con su mera presencia, esas agresiones
anteriores y añade otras. La imposición a las trabajadoras de una convivencia,
día tras día de trabajo, con la persona que a pesar de haber cometido
atentados tan graves contra la intimidad y dignidad de ellas es mantenido en
sus atribuciones directivas y en sus símbolos de poder --verbigracia, el
despacho que ocupaba y desde el cual observada a las trabajadoras entrar en
el aseo-- constituye un acto inaudito y de intolerable afrenta a la demandante y
a las demás empleadas, en cuya producción participan directamente como
responsables tanto el gerente como los demás órganos societarios y de
gobierno de la empresa. Esta situación constituye una forma de hostigamiento
y crea un entorno laboral intimidatorio, hostil, degradante, humillante u
ofensivo, con directos matices o componentes sexuales, que convierte a las
trabajadoras en víctimas de acoso sexual.
Efectivamente, la conducta del codemandado y la permisividad de la empresa,
generaron un clima, determinante de los acontecimientos posteriores, que
encaja en la amplia definición de acoso sexual recogida en el «Código de
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conducta sobre las medidas para combatir el acoso sexual» que se publicó
como anexo de la Recomendación de la Comisión de las Comunidades
Europeas de 27 Nov. 1991, relativa a la protección de la mujer y el hombre en
el trabajo: «la conducta de naturaleza sexual u otros comportamientos basados
en el sexo que afecten a la dignidad de la mujer y del hombre en el trabajo,
incluida la conducta de superiores y compañeros, constituye una violación
intolerable de la dignidad de los trabajadores o aprendices, y resulta intolerable
si: a) dicha conducta es indeseada, irrazonable y ofensiva para la persona que
es objeto de la misma; b) la negativa o el sometimiento de una persona a dicha
conducta por parte de empresarios o trabajadores (incluidos los superiores y
los compañeros) se utilizan de forma explícita o implícita como base para una
decisión que tenga efectos sobre el acceso de dicha persona a la formación
profesional, al empleo, a la continuación del mismo, a los ascensos, al salario o
cualesquiera otras decisiones relativas al empleo; y/o, c) dicha conducta crea
un entorno laboral intimidatorio, hostil o humillante para la persona que es
objeto de la misma». Este concepto amplio es el recogido, aunque expresado
de forma más sucinta, en la Directiva 2002/73 CE del Parlamento Europeo y
del Consejo, de 23 Sep. 2002, que modifica la Directiva 76/207 CEE del
Consejo relativa a la aplicación del principio de igualdad de trato entre hombres
y mujeres en lo que se refiere al acceso al empleo, a la formación y a la
promoción profesionales, y a las condiciones de trabajo; el acoso sexual es
definido en la directiva, que si bien posterior a los hechos juzgados en el
proceso se cita para dar cuenta de la consolidación y vigencia del concepto,
como «la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no
verbal o físico no deseado de índole sexual con el fin de atentar contra la
dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio,
hostil, degradante, humillante y ofensivo».
Los bienes de la integridad moral y física protegidos igualmente --art. 15 CE,
arts. 4.1 c) y 19.1 ET y art. 19 Ley de Prevención de Riesgos Laborales--,
además de los de la intimidad, libertad sexual y dignidad, fueron asimismo
violentados por tal conducta, pues la desazón moral y la enfermedad psíquica
surgen en la demandante como efecto normal de la presión y humillación a que
fue sometida por la cadena de acontecimientos en que estuvo inmersa y su
publicidad. La mayor o menor intensidad de las manifestaciones ansiosas o
depresivas de la demandante puede cobrar importancia en el momento de
establecer las compensaciones de tal daño pero la realidad del ataque al
derecho fundamental no depende de tal circunstancia y se afirma con sólo
establecer la conexión causal de la que la enfermedad surge como resultado
de ese acontecer.
La búsqueda de una causa última para los sucesos ocurridos pone de relieve
que sólo desde la consideración de la mujer como puro objeto y ser inferior se
hace inteligible la actuación del codemandado, que la empresa consiente y en
la cual a la postre participa. La discriminación en el trabajo, el trato desigual por
razón de sexo, que hace de las mujeres, no de los hombres que prestan
servicios en la empresa, las destinatarias de los ataques, quienes intentan
encontrar defensa, y que en número apreciable enferman y son objeto de
medidas disciplinarias --el despido disciplinario de las tres trabajadoras que
recibieron el alta médica-- o les hace preferir la ruptura de la relación laboral, se
anuda al acoso, y junto con éste se manifiesta, verbigracia, en el hecho de ser
el socio y directivo codemandado, autor de las agresiones a los derechos
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fundamentales de las empleadas en la empresa, quien se encarga de recoger
los partes de baja de las trabajadoras enfermas precisamente como
consecuencia de su actuación y la de la empresa. La presencia del trato
discriminatorio constituye una violación del principio de igualdad --art. 14 CE y
art. 17 ET-- y su ligazón con el acoso no dota al supuesto de hecho de
excepcionalidad alguna, ya que, como ha destacado la doctrina y descubre el
examen atento de la realidad, el acoso implica naturalmente en un gran número
de ocasiones discriminación; tan es así, que la citada Directiva 2002/73 manda
considerar discriminación por razón de sexo y exige la prohibición del acoso en
general y del sexual en particular y la Ley 62/2003, de 30 Dic. --asimismo
posterior a los hechos--, que establece diversas medidas para la aplicación del
principio de igualdad de trato y traspone a nuestro derecho la Directiva
2000/43/CE del Consejo, de 29 Jun. 2000, relativa a la aplicación del principio
de igualdad de trato de las personas independientemente de su origen racial o
étnico, y la Directiva 2000/78/CE del Consejo, de 27 Nov. 2000, relativa al
establecimiento de un marco general para la igualdad de trato en el empleo y la
ocupación, proclama abiertamente la identidad entre acoso y discriminación.
Una última reflexión se impone en el examen del motivo impugnatorio. La
empresa durante su exposición defensiva intenta independizar su actuación de
la del codemandado y afirma que carecía de medios para impedir la
reincorporación de éste. El relato de hechos probado muestra por el contrario, y
ante lo evidente son innecesarios los comentarios explicativos, que la vuelta al
trabajo del socio y directivo, y los acontecimientos posteriores sólo pudieron
producirse gracias a la tolerancia, al consentimiento e incluso a la participación
de la empresa (de sus órganos societarios o directivos), la cual, por otra parte,
siempre tuvo a su disposición, pues existen, medios jurídicos suficientes para
apartar a la persona que con su previo proceder había ocasionado un perjuicio
notorio e intenso en la imagen de la empresa así como en otras facetas de su
existencia y actividad económica.
CUARTO. El mismo cauce procesal de la censura jurídica que habilita el art.
191 c) sirve a la empresa para construir otro motivo impugnatorio, en el que
denuncia la infracción del art. 24 del Real Decreto 17/97 (sic), de 4 Mar., de
Relaciones de Trabajo.
Pone el acento la recurrente en la fuerza de Convenio Colectivo que, por
aplicación Real Decreto Ley 17/1977, de 4 Mar., en su art. 24, atribuye al pacto
suscrito el 12 Dic. 2001 entre la empresa y los sindicatos representantes de los
trabajadores, para seguidamente sostener que la demandante desatendió el
compromiso asumido de someter cualquier reclamación relacionada con el
conflicto a la comisión de seguimiento que en él se configura.
Una vez más construye la crítica sobre la base de un relato distinto al recogido
en la sentencia y a esta labor dedica un esfuerzo importante, pero ineficaz
desde el momento en que la versión judicial ha de permanecer inalterada y los
datos en ella reflejados constituyen expresión inequívoca de una realidad muy
diferente a la presentada en el recurso.
Dota al pacto de la eficacia de un Convenio Colectivo concediendo a priori, sin
exponer las razones, carácter de conflicto colectivo en sentido estricto al
enfrentamiento surgido entre las trabajadoras y la empresa, pero la cuestión, y
con ella la invocación normativa del recurrente, pierde interés, desde el
momento en que su decisión no puede condicionar el éxito o fracaso de la
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demanda. El pacto celebrado, que mira sobre todo a conseguir la paz laboral y
a la conservación de los puestos de trabajo pero cuya redacción es poco
afortunada en los extremos relativos a la protección de los derechos
fundamentales de las trabajadoras (establece una comisión de seguimiento
poco funcional y entorpecedora al no determinar sus funciones, límites, reglas
de funcionamiento así como la identidad de sus miembros), se presenta
expresamente como el punto final al conflicto que surge una vez descubierta,
en el mes de octubre de 2001, la conducta del socio y directivo codemandado,
y culmina con la huelga de las trabajadoras y el despido de 16 de éstas. Las
violaciones más graves a los derechos fundamentales de la demandante y las
demás trabajadoras ocurren, no obstante, por hechos posteriores al pacto, ya
que tienen su origen inmediato en el regreso al centro de trabajo, en las
condiciones ya apuntadas, del socio y directivo codemandado. La circunstancia
de que la empresa intente justificar tal acontecimiento en el indicado pacto
constituye muestra clara de sus defectos, pero en cualquier caso el acuerdo no
es una respuesta a esos hechos ocurridos después, que por eso mismo no
resultan afectados por su régimen --art. 1283 del Código Civil--. Además, mal
puede la empresa apelar al pacto cuando es su conducta, junto por supuesto
con la del codemandado, la que vuelve a ensombrecer el clima laboral y la que
impide, dado su silencio ante las peticiones del sindicato CC.OO., la
constitución de la comisión de seguimiento. La inactividad empresarial supone
la mora --art. 1100 del Código Civil--, sin olvidar que, así lo apunta
repetidamente la doctrina del Tribunal Constitucional, cualquier traba a la
defensa de los derechos fundamentales que no cuente con poderosas razones
en su apoyo constituye un obstáculo que debe ser removido y con mayor
motivo cuando es utilizado con el fin desviado de retardar o impedir el
restablecimiento de las libertades violadas.
QUINTO. En el último motivo de recurso, igualmente a través del cauce
habilitado por el art. 191 c) LPL, la empresa considera infringidos los arts. 180 y
181 LPL. Según alega, la sentencia del Juzgado condena al pago de una
indemnización complementaria a la derivada de la extinción del contrato de
trabajo, apartándose de las bases propuestas por la litigante, pero sin señalar
las circunstancias y elementos de valoración tenidos en cuenta para fijar el
importe establecido, de modo que responde exclusivamente a una apreciación
personal de la Juzgadora, con la cual no permite al tribunal de suplicación
realizar un examen sobre la correspondencia de la indemnización con el
perjuicio causado.
Cita la recurrente a lo largo del motivo la sentencia del Tribunal Supremo de 21
Ene. 2002, dictada para un supuesto diferente, cual es el de la fijación de la
indemnización sustitutoria de la readmisión en el caso de despido
improcedente (de un futbolista profesional, lo que dota al supuesto de aun
mayores matices diferenciadores), y ello impide extrapolar su doctrina al caso
presente.
No cabe, sin embargo, negar que la demanda al tratar del daño sufrido por la
trabajadora y las bases para la indemnización entremezcla elementos
heterogéneos --relativos a la pérdida económica efectivamente sufrida, la
ganancia dejada de obtener, las expectativas económicas frustradas, daño
moral-- que son indicadores de una confusión conceptual y por su falta de
fundamento no resisten la crítica. Aun con esas deficiencias, lo cierto es que la
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demandante es consciente de haber sufrido un daño moral y lo incluye en su
reclamación económica, mucho más elevada --300.000 €-- que la estimada
procedente en la sentencia. La Juzgadora de instancia fijó, el importe de la
indemnización en función, sobre todo, del daño moral y psíquico causados (a
este daño psíquico, variante del moral, también hace referencia la demandante
a la hora de concretar la petición indemnizatoria, verbigracia, cuando menciona
la pérdida de autoestima y confianza experimentado), por lo que su decisión no
resulta incongruente.
Es una constante en nuestro derecho y en la doctrina que los daños morales y
de cualquier otro tipo sin traducción económica automática no por eso dejan de
existir y ser susceptibles de indemnización, a modo de instrumento
compensador de los menoscabos que origina en la persona dañada. Está por
consiguiente comprendido en el mandato del art. 180 LPL para la tutela de los
derechos y libertades fundamentales de los trabajadores. Ante la falta de
norma legal expresa que valore con criterios económicos el daño o establezca
límites, la única regla aplicable es que esa indemnización debe ser adecuada,
proporcionada y suficiente para conseguir la compensación plena. Al litigante
que afirma la existencia del daño le corresponde ofrecer unas bases para su
valoración dineraria, pero es el Juzgador de instancia el encargado de ajustar
su decisión a tal regla y, dado que debe dar traducción económica a algo que
como el daño moral no la tiene directamente, debe acudir inicialmente a
módulos o criterios indirectos, aproximativos y convencionales. La dificultad
para realizar esa operación nace de la complejidad que presenta el concepto
de daño moral, sobre el cual ilustra la sentencia del Tribunal Supremo, Sala
Primera, de 22 Feb. 2001:
«..., en su integración negativa es daño moral toda aquella detracción que sufre
el perjudicado damnificado y que supone una inmisión perturbadora de su
personalidad que, por naturaleza, no cabe incluir, en los daños materiales
porque éstos son aprehensibles por su propia caracterización y, por lo tanto,
traducibles en su "quantum" económico, sin que sea preciso ejemplarizar el
concepto; tampoco pueden entenderse dentro de la categoría de los daños
corporales, porque éstos por su propio carácter, son perfectamente sensibles, y
también, por una técnica de acoplamiento sociocultural, traducibles en lo
económico. Finalmente, no puede ser objeto, dentro de la categoría de los
perjuicios, el llamado daño emergente, o la privación al damnificado de
posibilidades o ventajas que hubiera podido obtener en el caso de que no se
hubiese producido el ilícito del que es autor el responsable. En cuanto a su
integración positiva, hay que afirmar,..., que por daños morales habrá de
entenderse categorías anidadas en la esfera del intimismo de la persona, y
que, por ontología, no es posible emerjan al exterior, aunque sea factible que,
habida cuenta la ocurrencia de los hechos (en definitiva, la conducta ilícita del
autor responsable) se puede captar la esencia de dicho daño moral, incluso,
por el seguimiento empírico de las reacciones, voliciones, sentimientos o
instintos que cualquier persona puede padecer al haber sido víctima de una
conducta transgresora fundamento posterior a su reclamación por daños
morales.»
Abarca, por consiguiente, el daño moral «toda la gama de sufrimientos y
dolores físicos o psíquicos que haya padecido la víctima a consecuencia del
hecho ilícito (o hasta haber sido víctima de un ataque a su prestigio y
reputación artística como en el caso enjuiciado por la sentencia 21 Oct. 1996);
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si por las características de la gravedad de la lesión, con su residuo de
secuelas vitalicias, se origina un componente de desquiciamiento mental en el
así lesionado, también es posible que ello integre ese daño moral».
En virtud de la señalada dificultad y por la extensión del daño moral, la
Juzgadora de instancia dispone de un amplio margen con el objeto de
determinar la indemnización procedente --art. 180.1 LPL-- y su evaluación debe
ser respetada siempre que proporcione los hechos para conocer el alcance del
daño, no incurra en el vicio de incongruencia, concediendo más o cosa distinta
de lo pedido, razone, aunque sea sucintamente, la decisión, y la indemnización
que señale no resulte a todas luces inadecuada, desproporcionada o contraria
al requisito de suficiencia. Pues bien, como se ha adelantado, la magistrada de
lo Social señala para la demandante una indemnización inferior a la reclamada,
proporciona los elementos para conocer la entidad del daño y razona su
pronunciamiento, concretándolo en una cantidad, 30.000 €, que para la Sala
resulta incluso modesta atendiendo a la gravedad de los hechos y la intensidad
del daño moral y psíquico generado, que se hacen patentes en la resolución
judicial cuestionada y hallan asimismo claro reflejo en la presente sentencia.
Procede, por lo expuesto, desestimar el recurso de suplicación.
Por cuanto antecede;
FALLAMOS
Desestimando el recurso de suplicación interpuesto por la Empresa Viveros del
Sueve, SAT, frente a la sentencia dictada el 17 May. 2002 por el Juzgado de lo
Social número tres de Oviedo en los autos seguidos a instancia de D.ª Pilar A.
Z. contra dicha empresa recurrente y D. Jesús María D. F. sobre extinción de
contrato, confirmamos la resolución recurrida, condenando a la referida
empleadora a la pérdida del depósito y manteniendo el aval de los
aseguramientos prestados hasta que los condenados cumplan la sentencia o
hasta que en cumplimiento de la sentencia se resuelva la realización de dichos
aseguramientos, y a satisfacer al abogado del trabajador recurrido, en concepto
de honorarios, la suma de 120 euros.
Adviértase a las partes que contra esta sentencia, cabe recurso de casación
para unificación de doctrina, en el plazo de diez días para ante la Sala de lo
Social del Tribunal Supremo, debiendo acreditarse al personarse en ella haber
efectuado el depósito especial de 300,51 euros en la cuenta que dicha Sala
tiene abierta en el Banco Español de Crédito de Madrid, si fuere la empresa
condenada quien lo hiciere, notifíquese a la Fiscalía del Tribunal Superior de
Justicia y líbrese, para su unión al rollo de su razón, certificación de esta
resolución, incorporándose su original al correspondiente libro de sentencias.
Notifíquese a las partes y una vez firme devuélvase los autos originales al
Juzgado de lo Social de procedencia con certificación de la presente.
Así, por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgando, lo pronunciamos,
mandamos y firmamos.
PUBLICACIÓN.
Leída y publicada fue la anterior sentencia en el mismo día de su fecha por el/la
Ilmo./a. Sr./a. Magistrado Ponente que la suscribe, en la Sala de Audiencias de
este Tribunal. Doy fe.
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