El fin de una fase

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El fin de una fase
Borroka garaia da! :: 12/12/2015
La izquierda revolucionaria debe ponerse las
pilas, nadie más podrá empujar una alternativa real.
En el estado español no hace demasiado se vivían tiempos esperanzadores debido a que una parte
de la clase trabajadora y la juventud se habían activado frente a los múltiples ataques sufridos por el
capital y un estado reaccionario. Incluso se llegó a hablar de cambio de régimen y de una “nueva
transición”. De esa energía poco o nada queda ya y de haber cambios lo más probable es que serán
de corte neo-falangista una vez neutralizada la movilización, al no haber cuajado un proyecto
rupturista. La institucionalización de la protesta hizo el resto y resultó devastadora. Y lo que
apuntaba a ruptura, bajo el control de las clases medias, intelectuales y profesionales derivó en
“nueva izquierda” tan nueva como el reformismo del siglo XIX y centrifugando por tanto hacia la
acatación del sistema como mero producto del mercado electoral. El que la izquierda no haga sus
deberes y repita constantemente las notas de una vieja partitura que debía ser conocida parece que
es un bucle del que no sabe salir. Cuando la izquierda en períodos de crisis capitalista no está a la
altura, la reacción se refuerza. A eso se dirige tanto el estado español como el francés. A un
reforzamiento de la reacción aun con una crisis totalmente vigente.
Un reforzamiento de la reacción similar al de Grecia donde incluso la supuesta izquierda radical ya
gestiona y distribuye los ataques del capital después de haber dejado tirado a todo un pueblo tras un
referéndum y ahogado la energía popular y la esperanza de gran parte de la clase trabajadora
europea.
La función de la socialdemocracia es esa. Apagar el fuego de la clase trabajadora y reconducir hacia
los límites del sistema toda la energía para salvar al capitalismo del que se siente apéndice,
creyendo que la oligarquía va a dar unas migajas a las clases medias en retroceso.
La característica principal de la crisis actual es que la socialdemocracia ya no es funcional ni puede
cubrir huecos como cuando el imperialismo capitalista tras la II guerra mundial decidió que ante el
“peligro comunista” tenía que ceder algo para que nada se moviera. Hasta los cambios más
pequeños solo se producen ante la amenaza de revuelta.
Algunos derechos sociales fueron conseguidos en un tiempo y contexto económico que en Europa se
fue para no volver. Que ya no existe. Suponer en este contexto una nueva fase alcista de salarios,
ampliación del gasto social, regulación de la economía en cualquier Estado europeo es simplemente
engañar a la clase trabajadora sino se producen ya mismo cambios estructurales porque esas
políticas keynesianas no pueden tener ya recorrido debido a pasos irreversibles y etapas ya
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quemadas por el capital. A falta de cambios estructurales la reacción modela y retoma fuerte control
cuando lo desea. El capitalismo siempre acaba generando más capitalismo y el reformismo y la
socialdemocracia hoy en día no son mas que la añoranza de un capitalismo menos bruto, con rostro
humano. Una utopía imposible de alcanzar que solo consigue que el sistema dure más y se refuerce.
Y en el medio de Europa, ahí está Euskal Herria que no es ajena a todo esto, y que si sigue sin
encontrar una vía de ruptura tanto en lo nacional como en lo social, se verá arrastrada por una
coyuntura de reacción de la que no se podrá salir en un largo tiempo de asimilación que puede
resultar fatal. Mas teniendo en cuenta que desde el otro lado del charco, en América latina, pese a la
diversidad y diferencias de proyectos en el denominado “campo progresista”, se está llegando a su
fin, tanto los de la socialdemocracia liberal, como proyectos mucho más avanzados al no encontrar
las vías de ruptura con el capitalismo.
A nivel global esto nos indica que puede avecinarse una nueva fase llena de conflictos. Con la
muerte lenta del progresismo institucional en América latina o con la muerte súbita como en Europa,
nos encontramos a las puertas en pocos años de la posibilidad de un nuevo ciclo revolucionario que
también en Europa y en América latina se iniciará de la misma forma que lo hizo décadas atrás. Con
qué formas y de qué modos está por ver, y dependerá de la superación del miedo, y de la audacia de
presentar una alternativa estratégica de ruptura además de tener en cuenta todos aquellos fallos
que se cometieron en el anterior ciclo revolucionario, los huecos imposibles de rellenar por el
progresismo y presentando al mismo tiempo firmeza política, flexibilidad y proyecto. La izquierda
revolucionaria debe ponerse las pilas, nadie más podrá empujar una alternativa real.
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