Katz: "El 'macrismo' es la cara más visible del giro

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Katz: "El 'macrismo' es la cara más visible del giro
conservador que propician todos"
Mario Hernández :: 10/11/2015
Entrevista con Claudio Katz de Economistas de
Izquierda (EDI) :: El voto en blanco envia un
mensaje de límite al ajuste
Mario Hernández: Claudio (http://katz.lahaine.org/), la idea es analizar la situación política
electoral. Me gustaría conocer tu opinión, porque parece ser que la base electoral del
candidato Scioli no tenía muchos más votos de los que tenía el kirchnerismo, y esto como
mínimo llama la atención.
Claudio Katz: Como señalaron muchos analistas en estos días, en la primera vuelta de la elección
presidencial hubo un terremoto político, porque se produjo un inesperado naufragio del oficialismo
que perdió Buenos Aires, muchas intendencias, provincias como Jujuy, gobernada por el peronismo
desde 1983. Hubo un voto castigo, una reacción muy profunda del electorado, que de tan profunda
no la pudieron registrar las encuestas y que desbordó todo el armado para favorecer al oficialismo a
través de las PASO.
Me parece que hubo tres procesos, por un lado, hubo un generalizado hastío hacia Aníbal Fernández
que se verificó en el corte de boleta, porque es el emblema del aparato de punteros justicialistas. La
reacción en contra de su figura es importante, no por el tema del narcotráfico sino porque es el
hombre que manejó el aparato de Stiusso, el hombre que secundó a Milani, el que armó la causa
contra el “Pollo” Sobrero o Pino Solanas en el caso de los ferrocarriles.
Por otro lado, hubo un fuerte hastío con Scioli, una gran disconformidad por abajo, por la desastrosa
situación de la provincia en hospitales, escuelas, durante las inundaciones; y volvió a salir a flote
como hace dos años atrás, el cansancio hacia el gobierno por la inflación, el estancamiento, las
cadenas nacionales y sobre todo la corrupción, la protección a Boudou, el injustificado
enriquecimiento de Cristina, que Jaime recién ahora llegue a un juicio. Es la misma reacción de
votantes contra el aparato justicialista que irrumpe cada tanto, por eso hay tantas comparaciones
con lo ocurrido con Herminio Iglesias en 1983, se ha confirmado que parecía que el peronismo
resurgía pero, en realidad, nuevamente está afrontando una nueva crisis.
Pero claro, esta vez el descontento no ha sido captado por un Alfonsín o por un De La Rúa, sino por
la derecha reinventada del macrismo que ha creado una fuerza política muy reaccionaria pero
enmascarada en globitos, en evasión, en moralismo hipócrita.
Lo que tenemos que ver es que el macrismo es la cara más visible del giro conservador que
propician todos los partidos del sistema, por esa razón todos están preparando acuerdos
parlamentarios para gobernar con ajuste, devaluaciones y tarifazos.
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Igualmente establecería una distinción, me parece que hay una clara derechización de la dirigencia
pero no necesariamente de la sociedad, porque es cierto que hubo muchos votantes de Massa que
apuntalaron el discurso de la mano dura, pero el PRO ganó endulzando el mensaje, mucho “paz,
amor y tolerancia”, terminar con la confrontación, María Eugenia Vidal con cara de monja. No hay
un clima de voto odio que prevalecía durante los cacerolazos o en los momentos de conflicto con los
agrosojeros, hay que evitar los análisis despechados que culpabilizan a la sociedad y no al gobierno
por el avance del macrismo.
Scioli afronta un dilema sin solución, si sigue repitiendo el mensaje del kirchnerismo puro se aleja de
los votantes medios y si adopta el perfil conservador que le cuadra a la perfección, puede afianzar la
ola de sufragios hacia el PRO. El trasfondo es que hay un agotamiento del ciclo K, cualquiera sea el
maquillaje electoral y estas dos semanas vamos a ver eso, puro maquillaje.
Hubo una primera parte de la campaña, al principio, en la que se trataba de puras frivolidades,
Tinelli y evasión. Después vino la rivalidad por las mentiras, bajar ganancias, pagar el 82% a los
jubilados, reducir el IVA, fantasía de lluvia de dólares y ahora parece que entramos en la
competencia de los miedos, a ver quién genera más pavor al electorado. Pero el gran problema lo
tiene Scioli, que está intentando diferenciarse de Macri y le resulta muy difícil porque tiene un
parentesco estructural, hay tantas fotos de los dos con Menem, hay tantos episodios comunes de
participación en las privatizaciones de los ´90, que ninguno de los dos aguanta el archivo del pasado.
Todas las advertencias de lo que prepara Macri son ciertas, sin embargo, ojo porque si gobierna lo
va a hacer con parte del aparato del justicialismo, ya lo está tentando a De la Sota, también con la
burocracia de Moyano, y esto es importante para gente tipo el progresismo de Stolbizer que se
dispone a votar a Macri y no ve quién lo rodea.
Lo importante es ver también que Scioli prepara un gobierno de derecha, eso lo tenemos que decir
ahora, yo no creo en el “ya veremos”, “ya habrá tiempo para las críticas”, “lo importante es llegar al
balotaje y después hablamos”, no, miremos lo que está haciendo Scioli, fijate el gabinete que elige,
está lleno de represores, Casal, Berni, Granados, lleno de financistas como Blejer, para negociar con
los fondos buitres. Los dos se dirigen a los grupos económicos, al grupo Clarín. Entonces hay que
hablar de los dos peligros, del peligro Macri que salta a la vista, y del peligro Scioli que prepara la
repetición de Brasil.
M.H.: Claudio voy a tratar de ponerte en un brete respecto de esto último que dijiste.
Leyendo la última edición de Le Monde Diplomatique, donde hay un artículo de Claudio
Scaletta, “La contradicción principal”, este economista dice: “están en pugna dos
proyectos, avanzar a una etapa superior que permita retomar el crecimiento con
distribución progresiva del ingreso o regresar al pasado vía el ajuste clásico con cuenta en
el salario de los trabajadores. Vuelven a estar en pugna dos perspectivas de país
antagónicas, el resultado previsible de la aplicación de paquetes diferentes de política
económica”. Y continúa: “que mientras el oficialismo identificó a la restricción externa
como el problema principal, la oposición macrista habló de efectos como la inflación o el
déficit de algunas cuentas públicas al tiempo que ocultó las cabezas de su equipo
económico ortodoxo para evitar que se conozca su verdadero plan. El gran éxito del
discurso económico opositor fue mezclar consecuencias con causas. La gran diferencia
para el votante no politizado es que el primer diagnóstico demanda un proceso de
abstracción y el segundo es una realidad inmediata. En otras palabras, el desarrollo
demanda una doble ruptura, hacia adentro, al interior de la alianza de clases hegemónicas,
y hacia afuera como consecuencia de la ruptura anterior, en materia de alineamientos
internacionales, se trata por lo tanto de un proceso que supone un enfrentamiento al
interior de la burguesía entre la fracción que representa la vieja estructura productiva y la
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que terminará representando la nueva y una tensión con el orden imperial bajo la órbita de
Estados Unidos y sus satélites europeos. Por diferentes motivos no quedó claro durante la
campaña si el sciolismo sería capaz de conducir estos enfrentamientos.” ¿Cómo ves esto?
Porque aquí Scaletta afirma que Scioli habría tenido frente al problema principal de la
restricción externa, una política económica correcta pero que no la supo explicar.
C.K.: En materia de fantasías y deseos todo es posible, pero si miramos la realidad con frialdad, lo
que tenemos enfrente es una política económica de Scioli y de Macri muy parecida. Lo sintetizaría
en un dato, los dos van a buscar atemperar la devaluación con endeudamiento externo. Los dos van
a tratar de arreglar con los fondos buitres, conseguir la mayor cantidad de dólares externos para
hacer manejable el ajuste, la devaluación, los tarifazos, las restricciones al gasto público que se
vienen.
El gradualismo o el shock que formalmente diferencia a uno y a otro dependerá de circunstancias
que no manejan, puede haber gradualismo con Macri y shock con Scioli, depende de una infinidad
de circunstancias económicas, financieras de los próximos meses. Yo no creo en eso, la idea de esas
dos visiones económicas diferenciadas me parece que es un deseo del autor. Lo que sí creo que es
cierto en lo que dice el artículo, es que hay una diferencia importante de Scioli y Macri en política
exterior, no en estrategia económica.
Macri está dispuesto a buscar un alineamiento con Estados Unidos, con Israel, alejarse de Putin y
comenzar a hostilizar a Cuba, a Venezuela y a Bolivia, eso es así. Podríamos decir que si Scioli
encara una política conservadora en el mediano plazo va a terminar en un giro igual, porque es un
hombre con buenas relaciones con la embajada norteamericana, pero no apunta a ese giro en lo
inmediato y Macri sí, ahí hay una diferencia que tenemos que mencionar, con la misma sinceridad
con la cual hablamos todos los problemas. Aclararía que el mejor aporte que nosotros podemos
hacer para sostener a Cuba, Bolivia y Venezuela, los que simpatizamos con esos procesos, es
priorizar la construcción de la izquierda en la Argentina. Hay un conflicto de prioridades cierto, pero
tenemos que definir una u otra cosa. Creo que sería un error volver a poner en primer término de
nuestras decisiones razonamientos geopolíticos o decisiones de Cancillería, ese fue el gran
desacierto que cometieron la mayoría de los Partidos Comunistas en la época de la URSS, razonar la
estrategia de construcción popular en cada país en función de las prioridades geopolíticas externas.
Hay experiencia y hay que aprender de eso.
Un tercer elemento frente a lo que me comentaste, es que Brasil está muy cercano. El que escribió
esa nota omite que tenemos el espejo de lo ocurrido con Brasil, Scioli se apresta a calcar
prácticamente lo que hizo Dilma hace muy pocos meses cuando fue a las elecciones asustando con el
ajuste que preparaba su rival, asumió, nombró a una especie de Melconian como Ministro de
Economía y está aplicando un recorte tras otro.
Pero el problema mayor no es esto, no es solamente el decir una cosa y hacer otra, el problema es la
desmoralización popular que generan las políticas de este estilo. Nosotros tenemos que pensar en el
día después de la elección y no solo en términos de ministros, de políticas y modelos, sino en función
de la acción y el estado de ánimo popular. Cuando los progresismos entran en picada, en regresión,
en repliegue como resultado de su impotencia y su giro conservador y sus ilusiones en el capitalismo
productivo; sus giros suelen arrastrar al pueblo creando desánimo, apatía, desmovilización y contra
esa perspectiva que es muy problemática, tenemos que hablar claro.
Un escenario de ese tipo solo se previene de esta manera, hablando claro y no con arrepentimiento,
desgarro y melancolía como la de los intelectuales de Carta Abierta en las situaciones negativas.
Pienso que después de una década de cooptación estatal tan fuerte, de movimientos sociales, de
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militantes, de intelectuales, me parece que mucha gente ha terminado razonando en términos de
modelos de gobiernos y no de luchas. Entonces supone que los logros reales que se obtuvieron en los
últimos tiempos son simplemente obra del kirchnerismo y no un resultado de la rebelión popular del
2001.
Lo que tenemos que hacer ahora, en el escenario complejo en el que estamos, es recuperar el
sentido de la resistencia, si lo que se logró en los últimos años se logró en las calles, solo será
mantenido de la misma forma, en las calles, frente a Macri o frente a Scioli y para eso es
indispensable recuperar una forma de razonamiento distinto al de “este gobierno es mejor que el
anterior”.
Tenemos que recuperar la confianza en la acción política propia, superar el chantaje del mal menor.
Hay un ejemplo muy ilustrativo de lo ocurrido, cuando se está atrapado por la resignación, se
termina recorriendo el camino de Sabatella, caso emblemático de lo que pasa con el progresismo K
que ahora dice “sostengamos a Scioli”.
Sabatella empezó reconociendo logros del período kirchnerista y de a poquito terminó en una
subordinación al kirchnerismo y al cristinismo superior al de cualquier militante justicialista, votó
todo, se calló todo, aceptó todo y terminó secundando a Aníbal Fernández en la Provincia y no solo
perdió ahí sino que también perdió su bastión en Morón.
El mal menor es el camino de una capitulación progresiva, se va bajando una bandera tras otra,
primero había que sostener a Randazzo, después “el candidato es el proyecto”, ahora a Scioli, ¿y
mañana qué? Contrastaría esta actitud con la de la Resistencia Peronista o con la de la Juventud
Peronista en los ´70, que en un momento dijeron: “señores hasta acá llegamos”. Hay que cambiar,
hay que producir un giro y todos tenemos que contribuir a eso.
M.H.: Entiendo que de tus palabras se desprende una posición similar a la que han
adoptado una serie de fuerzas políticas que llaman a votar en blanco.
C.K.: Tengo decidido mi voto, pero no lo quiero comentar hasta tanto haya concluido la discusión en
los colectivos en los que estoy participando. Te adelantaría que hay que tener en cuenta que el voto
en blanco es un recurso válido, incluso hay que recordar que fue utilizado hace muy poco por el
kirchnerismo en la Capital Federal, recordemos que cuando fue la elección del balotaje entre
Lousteau y Larreta, ellos dijeron que eran lo mismo y, por lo tanto, votaban en blanco.
M.H.: Es lo que les recrimina Atilio Borón como un error.
C.K.: Los que ahora opinan que no se puede votar en blanco son los mismos que llamaron a hacerlo
en la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, si el voto en blanco tiene coherencia con lo que sostuvieron
en ese momento, tienen que aceptar que otros mantengan una fidelidad hacia su electorado y si
dijeron que el trío Massa, Macri y Scioli representaban lo mismo antes, es lógico que sean fieles al
mensaje que plantearon. Igualmente vamos a hablar después del balotaje y ahí veremos si fue o no
importante el voto en blanco.
M.H.: Te voy a retrotraer al pasado, probablemente a tus 17/18 años, no votaste en ese
momento, pero en el año 1973 en la Ciudad de Buenos Aires hubo una suerte de balotaje a
senador entre Fernando de la Rúa y Sánchez Sorondo que era el candidato del Frente
Justicialista de Liberación (FREJULI), un gorila total. En aquel momento el FREJULI,
programáticamente, representaba muchísimo más de lo que representa hoy el
kirchnerismo, sin embargo, fuimos varios los que llamamos a votar en blanco.
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C.K.: Yo no creo que el voto en blanco sea una receta válida en cualquier circunstancia, creo que es
un recurso excepcional. Además cuando está en juego un choque real entre proyectos, me parece
que es desacertado. Por ejemplo, no creo que hubiera sido válido el voto en blanco cuando el primer
peronismo se enfrentó a la Unión Democrática, no creo que hubiera sido válido en las 14 elecciones
que tuvo el chavismo contra la derecha, para tomar dos ejemplos que se me vienen a la mente.
Es un recurso válido en ciertas circunstancias, tampoco es válido cuando se viene un candidato
fascista y, por lo tanto, hay una amenaza explícita, no un poquito más de represión. Cada
circunstancia es distinta y hay que ver qué significa en cada momento. El gran voto en blanco que
hubo antes de 2001, en las elecciones previas, se trataba de un voto en blanco de malestar, fastidio,
cansancio y apoliticismo. Me parece que ahora si el voto en blanco es importante no va a ser un voto
testimonial, apolítico o indiferente, si alguien vota en blanco en el balotaje no va a manifestarse
indiferente a la política, sino que va a enviar un mensaje de límite al ajuste, a cualquiera que venga,
que se sepa que estas voluntades nuestras son advertencias de rechazo a cualquier intento de
vulnerar conquistas. Pasa a ser un dato importante para el próximo período.
La Haine
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