¿200 AÑOS DE LIBERTAD?

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¿200 AÑOS DE LIBERTAD?
Castro, 21 de Septiembre de 2010. ONG VÃ-nculos. Mientras 32 personas se mueren literalmente de hambre, el paÃ-s se
sumerge en la ambrosia que las fiestas patrias y la celebración del bicentenario, junto con el innegable impulso de los
medios de comunicación preferentes, merecen. AsÃ- mismo, el presidente de la República, el señor Sebastián Piñera,
se deshace en preparativos multimillonarios para engalanar de elegancia y ocultismo las interminables jornadas festivas
que deparan dichas fiestas.
Entretanto, en la explanada que rodea el circo de la esperanza subterránea de “todos― los chilenos, encarnada por 33
mineros que quedaron enterrados vivos a causa de la negligencia de uno del que ni se habla ni se supone, la fonda y la
ramada vibran de estupor ante la ciega publicidad y el anticucho y el alcohol.
Según algunos, quienes dicen no tener qué celebrar en estos dÃ-as de patria y fanatismo, son “traidores―. Pues se cele
el cumpleaños de la liberación del yugo. Del adiós al opresor y al conquistador sin ley. Pero, acaso, los que no tienen
nada que celebrar, están aún sufriendo el esclavismo y el soberano yugo, la opresión y la más salvaje de las
conquistas ilÃ-citas.
Hoy flamea ya la bandera gigante que, frente a La Moneda, baila orgullosa al son de un viento oxidado por los siglos,
parida por la madre de los imperios y pagada con la sangre de la inanición autóctona. Luciendo el rojo rabioso del
rencor y la más canina de las rabias, brillando el blanco del absolutismo y de la apatÃ-a general, apocado ya el azul del
supuesto cielo que, apesadumbrado y quejumbroso, escupe latigazos ora de luz ora de lluvia, al ver la tierra siempre
igual de sucia, y reinada en su cumbre izquierda, la pentagonal estrella que recuerda que la patria, esa que se liberó y
que hoy es de “todos―, es una sola, indivisible e incompartible.
¡Sálvese quién pueda!, la visita del Huno ha dejado el pasto amarillo y el cielo ceniciento, los bosques confundidos con
desconocidos y extranjeros y el ganado perdido entre adoquines de duro desaliento y suelo de firme desazón. Los
dueños de los suelos, por la razón o la fuerza, subastaron sus dominios y volvieron renqueantes a aquellos a quienes
hubieron echado, si es que no se hubiesen ido solos.
Los 200 años de una patria, vendida, comprada, robada, desequilibrada y malgastada han llegado, y han pasado
fugaces ante la mirada atónita de los que luchan en voz baja, atados de pies y mente, con los dedos de las manos
retorcidos de tanto señalar hacia atrás, hacia otros tiempos de lozanÃ-a y de campar. Ante la aturdida presencia de los
de siempre, de los que siempre estuvieron ahÃ- y que ahora no tienen sitio para estar. De los padres de la tierra y los
hijos del pasado, que hoy sólo molestan, estorban. Ni encerrados y reducidos dejan de perturbar los planes del patrón
de patrones que ya no puede devolver lo que robó, porque ayer ya no era suyo.
¡Hay que celebrar entonces! Hay que celebrar que hace 200 años la patria se liberó de la opresión que hoy es
dueña de la patria, que hoy se hace con los bienes y males de la Nación, que hoy campa y navega a sus anchas, más
y mejor que antes, con el beneplácito complaciente y faldero de “el elegido por todos―. Hay que celebrar que en estos
dÃ-as se conmemora el inicio de la deflagración de los derechos de un pueblo, la continuación del exterminio del
natural y la gran fiesta de fieras en venta de todo y para cualquiera.
Bebamos pues. Borremos nuestras memorias y “reseteemos― los discos duros para volver a empezar de nuevo, sin que
nada nos perturbe y nada nos altere. AsÃ- no habrá razón para escuchar a los “traidores― de la patria, que en realidad
son sus dueños legÃ-timos, por miedo a que nos hagan pensar, ¡horror!, en la devastación y miseria a la que son
sometidos, a la rabia e impotencia que nuestra parsimonia e ignorancia colectiva les ha hecho conocer tan de cerca, en
la injusticia que de nuestros actos, de la falta de los mismos, nació para instalarse en sus estómagos ya vacÃ-os de
vida.
Choquemos nuestras copas sin fondo y brindemos para que, con suerte, en los 200 años próximos, nadie nos moleste
demasiado y podamos seguir tranquilos con nuestras vidas, que son única y exclusivamente nuestras, para que no
tengamos que compartir nada y que nuestros corazones continúen bien blindados ante las desgracias ajenas, las
injusticias de los desfavorecidos y nos siga entreteniendo la publicidad y la heroicidad del que no hace absolutamente
nada.
“FELIZ BICENTENARIO―.
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Generado: 7 September, 2016, 21:29
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