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Globalización económica y relaciones laborales
Santos M. Ruesga y Julimar da Silva Bichara1
Resumo
Nesse artigo pretende-se analisar a importância de um dos aspectos da
globalização, o comércio internacional, sobre as relações de trabalho na União Européia
e, especialmente, na Espanha. Entende-se que o comércio com países onde os salários
são baixos e as condições de trabalho precárias não é a principal causa das exigências de
maior flexibilização ou de desregulação do mercado de trabalho na União Européia. No
entanto, não se pode negar que tem um pequeno efeito que incide de forma indireta
através da incapacidade dos governos controlar ou isolar as diversas crisis econômicas e
da necessidade de adaptação a determinadas práticas de organização do trabalho.
1. Introducción
Se abre camino un mundo en el que las economías cada vez están más integradas.
Los avances tecnológicos y las reformas aperturistas incrementan el crecimiento del
comercio, los flujos de inversión, la inmigración, todo lo cual se traduce en una mayor
conexión e interrelación entre las economías.
Por otra parte, en los países desarrollados se asiste a un declive del empleo en el
sector industrial, un deterioro de las condiciones de trabajo, una posible caída de los
salarios reales en general y la persistencia, todavía hoy en muchos de estos países, de
una tasa de desempleo elevada.
Una parte de las políticas de empleo en los años ochenta y noventa tendente a
reducir las altas tasas de desempleo se ha centrado en la supuesta rigidez institucional
de los mercados de trabajo. La rigidez institucional se refiere a la existencia de normas
que dificultan competir con otros países que no tienen tales normas y producen a
precios más bajos. No resulta extraño a partir de aquí, señalar a esos países, en que las
instituciones laborales y las normas son más laxas o simplemente no existen, como los
causantes de algunos de los problemas del mercado de trabajo en los países
desarrollados.
1 Santos M. Ruesga es Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid y Julimar da S.
Bichara es investigador en la misma Universidad. Este articulo es un resumen de un trabajo elaborado por los autores
y José Manuel Lasierra, Ciro Murayama, Laura Pérez Ortíz y Yolanda García Mezquita.
1
En este artículo se pretende analizar la importancia de uno de los aspectos de
estos mercados interrelacionados, globales en la terminología que ha fructificado, cual
es el comercio internacional de bienes y servicios, sobre el modelo de relaciones
laborales de la Unión Europea y, concretamente, España. Aunque el comercio exterior
comprende lógicamente las operaciones con los países desarrollados y con los que están
en vías de desarrollo, la idea más extendida de la globalización económica, en amplios
sectores de la opinión pública y académica, remite a las relaciones entre el mundo
desarrollado y el resto de países no avanzados, es decir, lo que serían las relaciones
Norte-Sur, de forma gráfica y simplificada.
Se puede entender que el comercio con los países de bajos salarios y precarias
condiciones de empleo no justifica, o mejor no constituye la causa principal de un
deterioro de las condiciones de trabajo, de la exigencia de una mayor flexibilización o
una desregulación del mercado de trabajo o incluso de una revisión del estado del
bienestar. Se piensa que la explicación de esas nuevas realidades sociolaborales no se
encuentra en esas relaciones comerciales con los países en desarrollo. Sin embargo, la
globalización no termina con esas relaciones que cuantitativamente pueden ser poco
importantes sino que, posiblemente, adquiere su mayor significado en esos espacios
económicos integrados que generan enormes mercados de libre acceso para las
empresas y que posibilitan el movimiento de grandes flujos de capitales.
Para analizar esto, este artículo comienza con un primer apartado en el que se
revisa algunas cuestiones relativas al propio concepto de globalidad; en segundo lugar
se analiza el marco teórico referente a ello. Posteriormente se introduce en el concepto
de competitividad, que, equivocada o interesadamente, desenfoca el problema y plantea
la adopción, por determinados sectores sociales y económicos, de políticas erróneas o
interesadas. En el quinto apartado, se hace referencia al concepto de productividad y
marco institucional para explicar el deterioro y de las condiciones de trabajo y
desigualdad salarial. Finalmente, se analiza la relación entre el comercio y las
condiciones de trabajo en Europa, con especial referencia para España. Las
conclusiones recogerían la idea de que no se puede señalar a una causa única, exclusiva
y universal, como la que está en la raíz de los problemas de los mercados de trabajo de
2
los países avanzados, y, en todo caso, abundar en que las condiciones de trabajo tienen
una dimensión más interna o nacional que externa.
2. Algunas precisiones conceptuales en torno a la globalización
Los importantes cambios que en las últimas tres décadas se están produciendo en
el marco de las relaciones económicas internacionales se vienen definiendo, en un
exceso de simplificación, aludiendo al término “globalización”. La palabra adquiriere
bajo el prisma de una opinión pública conformada fundamentalmente a través de los
medios de comunicación una dimensión omnicomprensiva, en la que de una manera
simple y excesivamente reduccionista se trata de integrar todo un conjunto de complejos
procesos de transformación en las relaciones económicas y sociales en el plano
internacional pero con profundas raíces y repercusiones en los distintos escenarios
nacionales.
Particularmente requiere interés y profundidad los cambios que se están
produciendo en el ámbito de las relaciones laborales, entendidas como tales las que se
desarrollan en torno al proceso de producción entre el capital o la gestión empresarial y
el trabajo o la utilización del mismo. En este sentido, a partir de la crisis de los años
setenta, se observan estrategias de transformación en torno a esas relaciones en un
intento de alcanzar un modelo radicalmente distinto que adquiera funcionalidad a un
escenario económico internacional en el que paulatinamente han ido eclosionando las
bases ideológicas y las instituciones que habían conformado la economía mundial de la
postguerra tras la Segunda Guerra Mundial. El agotamiento del denominado pacto
keynesiano que caracteriza la dinámica económica institucional de las décadas de los
cincuenta y de los sesenta, dará lugar a la eclosión de las estrategias neoliberales que
priman en el discurso político y económico en la década de los setenta y de los ochenta.
Bajo este enfoque se trata de recomponer todo el tejido institucional que venía
regulando el orden económico internacional, muy particularmente en las dimensiones de
las económicas nacionales, estableciendo la primacía del mercado en su versión más
espuria como principio fundamental de organización de la vida económica e incluso de
la política.
3
En este epígrafe se van a tratar de establecer algunas premisas previas sobre lo
que se viene denominando globalización para a partir de ahí analizar las consecuencias
de este fenómeno y proceso al mismo tiempo sobre el mundo de las relaciones laborales
en los distintos ámbitos geográficos de las relaciones internacionales de la economía
mundial.
2.1. La globalización como proceso
Tratar de interpretar la complejidad de los fenómenos y procesos que convergen
en lo que se denomina globalización requiere abordar el análisis del mismo desde
diferentes planos, aun a sabiendas de que es imposible abarcar en un estudio como este
todos los elementos y características del objeto investigado2. En primer lugar conviene
analizar la dimensión subjetiva del fenómeno, entendiendo por tal los diferentes papeles
que juegan los sujetos económicos y sociales que participan en el mismo y la posición
relativa de los mismos, que la nueva jerarquización definida tras los cambios que la
globalización suponen en el orden económico y político internacional. Habría que
aludir también a la dimensión política del fenómeno, en tanto que se puede observar una
profunda asimetría entre lo que se podría llamar la globalización económica y el todavía
localismo en el orden de las ideas y de la propia práctica política. Finalmente, se hace
referencia a la dimensión ideológica del fenómeno en cuanto esquema de corte
neoliberal.
i. La dimensión subjetiva del fenómeno
Dos cuestiones a considerar aquí. Por un lado la constante expansión de los
objetos implicados en el fenómeno de la mundialización. No se trata ya sólo de un
grupo más o menos amplio de
empresas transnacionales que participan en el
comercio o en las transacciones financieras a escala planetaria sino que una parte
importante de la población, bien como sujetos empresariales o bien como
consumidores, están implicados en este tejido de relaciones de dimensiones
planetarias. Como consumidores de productos de las grandes marcas transnacionales,
como ahorradores a través de fondos de pensión o planes de pensiones, como
suministradores de componentes para la producción de automóviles u otros bienes con
sistemas descentralizados, etc., los ciudadanos, las pequeñas empresas, etc., y un
4
amplio número de países se ven insertos en esa red de relaciones de ámbito global. La
segunda cuestión a considerar en este terreno es que conforme el espacio subjetivo de
la globalización se ensancha, también se está produciendo un importante cambio de
mentalidad en los sujetos económicos, en la medida en que internalizan esa dimensión
global de las relaciones económicas (Beck, 2000). Sin duda que ese cambio de
mentalidad, uno de los aspectos más singulares del fenómeno analizado, avanza de
manera más rápida en la vertiente empresarial pero, tampoco son despreciables los
avances que en esa dirección se producen entre los ciudadanos de los países más
desarrollados y de desarrollo medio, en su vertiente de consumidores.
No sólo a través de la percepción de los medios de comunicación sino que, en su
propia praxis consumidora, de servicios turísticos, de bienes, de servicios de diseño de
telecomunicaciones, etc., el consumidor va adquiriendo una mentalidad que desborda
las barreras locales e incluso nacionales.
ii. La vertiente política
Como se señalaba de forma concisa al principio, se puede observar una
profunda una asimetría entre la dinámica de las relaciones económicas y la de las
relaciones políticas. En cuanto al ámbito de gestión y desarrollo de las mismas, es en
el primer caso, en el de las relaciones económicas donde es correcto hablar de
mundialización o creciente internacionalización, mientras que en el caso de las
relaciones políticas aún es preponderante la escala nacional, incluso con fuertes
riesgos de componente localista. Así mientras que la toma de decisiones que afectan a
las relaciones estrictamente económicas se desarrollan en un contexto transnacional o
supranacional, el espacio de la gestación, el desarrollo y la gestión de las políticas es
todavía, de forma muy mayoritaria, de alcance nacional y ocurre, en consecuencia, que
la definición y la gestión de las políticas, en particular las económicas, se enfrentan
cada vez más a serias limitaciones derivadas del carácter transnacional o internacional
de los flujos comerciales y/o monetarios, por ejemplo. De este modo resulta cada vez
más complejo para los gobiernos nacionales llevar a cabo políticas macroeconómicas
de carácter monetario o fiscal en un mundo donde la capacidad de controlar los tipos
2 Por lo tanto, no se consideran los aspectos semánticos, históricos, geográficos etc, que pueden tener el tema, y ya
suficientemente estudiado.
5
de cambio o la cuantía del dinero en circulación comienza a escaparse de las manos de
las autoridades económicas.
Obviamente esto no significa, como algunos analistas de manera política o
ideológicamente interesada tratan de pontificar, que la era de los gobiernos nacionales
haya desaparecido que no es posible la intervención y la regulación sobre los
mercados por parte de las autoridades nacionales. Significa, eso sí, que la eficacia de
las políticas económicas cada vez esta más mediatizada por el ámbito donde se
desarrollan, de modo tal que los espacios nacionales cada vez son menos adecuados
para la gestión de las mismas. Es en este horizonte, en el que se abre un camino
prometedor para la potenciación de procesos de integración regional que busquen las
sinergias internas de espacios económicos y monetarios de mayor alcance en un
mundo cada vez más interconectado económicamente hablando (Ruesga, Heredero y
Fujii, 1998).
iii. La dimensión ideológica
No hay duda que el discurso ideológico subyacente del neoliberalismo, en las
últimas tres décadas ha contribuido a acelerar el proceso de internacionalización de las
relaciones económicas. La insistencia en el mercado como instrumento cuasi exclusivo
de regulación y ordenación de los intercambios y, en última estancia, de la vida
económica, ha derivado en la desaparición paulatina de barreras a los intercambios
internacionales. Sin embargo, habría que insistir en que todo el conjunto de políticas
que han acompañado en estos últimos años a los procesos de apertura de las fronteras
nacionales tienen una determinación política ideológica apoyada en ese esquema de
corte neoliberal (Beck, 1998).
Los programas de ajuste con liberalizaciones, desregulaciones, privatizaciones de
empresas públicas, etc., no constituyen una línea “natural” de desarrollo del sistema
económico a partir de la crisis de los setenta sino que responden a una estrategia de
respuesta frente a la misma donde una parte de los actores económicos en juego ha
impuesto sus condiciones, en un contexto en el que los términos de negociación de los
distintos sujetos, en definitiva, el poder de negociación de los mismos, se han ido
modificando paulatinamente.
6
Como habrá ocasión de analizar con posterioridad, desregular no solo significa
abrir las puertas al mercado como agente ordenador sino también cambiar los términos
de poder negociador que toda relación económica lleva consigo. Dicho de otro modo, la
liberalización de ciertos sectores productivos, el conjunto de la privatización de las
actividades empresariales del sector público, lo que ha venido a significar es un cambio
en la correlación de las fuerzas económicas dentro de sectores productivos
(extrasectorial) o/y de unos sectores con respecto a otros (intersectorial). Y al mismo
tiempo se han producido modificaciones importantes en las jerarquías existentes en la
organización de todo proceso productivo, dentro de su estructura empresarial.
Finalmente, la denominada desregulación, término que puede ser también equivoco, en
el ámbito de las relaciones laborales, ha venido a significar un cambio importante en la
correlación de fuerzas dentro del permanente proceso de negociación que subyace a la
definición en los cambios en estas relaciones, de modo tal que el trabajo y sus
representaciones institucionales han perdido parte de su antiguo poder de negociación
(Ruesga, 1997).
3. Enfoques teóricos
La teoría convencional señala que los países exportan bienes que utilizan factores
relativamente abundantes en ese país e importan aquellos bienes que son intensivos en
factores de los que en términos relativos carecen. De aquí se deriva una especialización
entre los diferentes países que permite conseguir ganancias mutuas si comercian entre
3
ellos. Bajo esta perspectiva Stolper y Samuelson señalan que el comercio entre países
significaría una igualación a largo plazo en el precio de los factores, es decir, que los
salarios directos y los indirectos derivados de la regulación laboral, de los países
desarrollados tenderían a converger con los de los países en vías de desarrollo.
4
Samuelson y Jones acuñaron esta hipótesis como el modelo de los factores específicos .
Hay, por tanto, teorías consolidadas sobre el comercio internacional que apoyarían esa
3
Como recuerda el informe de la OIT (1996: 79 y ss). Véase notas de ese capítulo 3. Países industrializados:
Inversión de la tendencia a una contracción del pleno empleo.
4
Citado en Krugman y Obstfeld (1995) pp. 46-69. También señalan que en el mundo real, como se puede observar,
los precios de los factores no se igualan. Esto vendría a suponer una especie de determinismo tecnológico.
7
explicación de la influencia de los países en vías de desarrollo sobre nuestros empleos y
salarios.
Existe, sin embargo, una serie de restricciones para que se produzca este proceso
igualador. En concreto: los bienes sujetos al comercio internacional deben producirse
con rendimientos constantes a escala, la tecnología, la calidad y el resto de las
características de los inputs deben ser muy parecidas entre los diversos países y,
finalmente, debe haber plena movilidad del trabajo y del capital entre los países. No es
muy probable que se den todas estas circunstancias al mismo tiempo por lo que la teoría
de la igualación de los precios de los factores presenta importantes limitaciones al
adentrarse en el análisis empírico.
En efecto, los análisis empíricos de la relación entre comercio exterior y mercado
de trabajo señalan resultados contradictorios. Principalmente se pueden apuntar los
siguientes: Wood (1995) resalta que el comercio internacional reduce la demanda de
trabajadores de baja cualificación que no son compensados por los empleos que se crean
en los sectores de alta cualificación e induce a las empresas de los países de altos
salarios a un proceso de “innovación defensiva” que reduce la demanda de este tipo de
trabajadores. Señala también que los efectos de las importaciones de bienes de países en
desarrollo tienen más consecuencias sobre el empleo de lo que puede representar el
valor económico de las importaciones.
Por el contrario, Krugman (1997) señala que el comercio internacional, la
competencia extranjera, no es la causante del estancamiento de las rentas en Estados
Unidos desde 1973, ni de la desindustrialización ni de la situación de los trabajadores
menos cualificados. No es la causa de la desindustrialización, al nivel que se le achaca,
porque un dólar de importaciones no sustituye a un dólar de productos industriales
propios: hay que descontar las fugas que se producen al sector servicios. Estima que
sólo reduce un dólar del sector manufacturero en un 60 por ciento. De la misma forma
la pérdida de empleo se ha producido porque ha aumentado la productividad del sector
y, aunque al nivel de unidades físicas se sigue consumiendo lo mismo, no se necesita el
mismo número de empleados para producirlas. En cuanto a la disminución de los
salarios de los trabajadores menos cualificados, Krugman no encuentra un causante
claro aunque no lo ve en el comercio internacional. También señala como escasa la
pérdida de Producto Nacional Bruto disponible.
8
Otros autores, recogen trabajos en los que la internacionalización económica sí
que produce desigualdad salarial aunque el efecto sobre la pérdida de empleo industrial
5
es muy escaso . Lawrence y Slaughter (1993) encuentran que el efecto del comercio
internacional sobre los salarios es muy pequeño (an small hiccup) y señalan que los
salarios, en el periodo que estudian para los Estados Unidos, han crecido por encima de
la productividad o han evolucionado casi a la par. Belman y Lee (1992) resaltan que los
efectos del comercio internacional sobre el empleo son más importantes que sobre los
salarios aunque también produce desigualdad y estancamiento salarial. El comercio
internacional expulsa a los trabajadores de bajos salarios del sector industrial en el que
tradicionalmente los salarios son mayores y los desplaza a determinados servicios en los
que los salarios son más bajos. Por otra parte, la amenaza de posibles deslocalizaciones
de las empresas puede moderar las demandas salariales, en el sector industrial
inicialmente, y posteriormente actuar como referente o pantalla para los otros sectores a
efectos de la negociación colectiva. Finalmente Rodrik (1997) señala que la
globalización determina una demanda de trabajo de los trabajadores de bajos salarios
más elástica, es decir, las variaciones del empleo son más sensibles a los salarios.
Se observa, una indeterminación en los efectos del comercio internacional sobre
el sistema de relaciones de trabajo en general, sobre los salarios y sobre el nivel y el tipo
de empleo. Sin embargo, la correlación de esas situaciones junto a un incremento del
comercio en primer lugar, la presencia de productos de consumo masivo, más
perceptible por el consumidor final, procedente de países de malas condiciones de
empleo en segundo lugar y, finalmente, la adopción de políticas clásicas de salida de la
crisis basadas en el fomento de las exportaciones, ha dado como resultado actuaciones
de política económica que pretendían una mejora de la competitividad con medidas que
afectaban severamente a las condiciones de vida y de trabajo en general.
4. Comercio mundial y competitividad
El comercio mundial ha crecido extraordinariamente en estos últimos tiempos.
Los datos muestran que se ha incrementado más de lo que lo ha hecho la producción
5
Muñoz del Bustillo y Esteve (1996) resumen un conjunto de seis estudios en lo que lo más significativo sería que la
internacionalización de la economía pondría en marcha procesos de aumento de la dispersión salarial. Richardson, D.
(1995) también recoge algunos estudios en los que parecen deducirse similares conclusiones. Sin embargo este autor
resalta de su investigación que "el comercio es un contribuyente moderado a la tendencia en la desigualdad de los
ingresos".
9
6
mundial . Pero no sólo ha aumentado el volumen sino que se ha producido un cambio
cualitativo, con una importancia creciente de las manufacturas en detrimento de
materias primas y energía, y un desplazamiento geográfico entre las diferentes regiones
del mundo. En este último aspecto se destaca el crecimiento de la exportación de
determinados bienes manufacturados en los países en desarrollo, en los que los salarios
y las condiciones de empleo son distintas y, particularmente, peores que los de los
países desarrollados. Apuntar al amplio concepto de la globalización y más en concreto
a uno de sus aspectos, el incremento de la producción de manufacturas y su exportación
por productores que no aplican niveles de prestaciones sociales ni condiciones de
empleo similares a las de los países más desarrollados, representa una forma sencilla, a
la vez que hipócrita, de encontrar culpables de nuestros males y de justificar la adopción
de medidas de política económica o simplemente políticas, de sesgo proteccionista.
Unas condiciones de empleo que se deterioran y un comercio mundial con países
que no las equiparan parece correlacionarse bien y, por tanto, a primera vista, sería
razonable demandar medidas de igualación para evitar esas distorsiones en el mercado
de trabajo. Como se señala en el informe de la Organización Internacional del Trabajo
(1996), algunos autores sugieren que está surgiendo un mercado de trabajo a escala
global, en el que el mundo pasa a ser un gigantesco bazar donde las naciones ofrecen su
mano de obra en competencia, unas frente a otras, proponiendo los precios más bajos
para alcanzar el trato.
Las preocupaciones laborales de los estados tienen diversos orígenes. En unos
casos es consecuencia de la disminución de la importancia relativa del país en la
producción mundial. Así ocurría en Estados Unidos, donde desde principios de los años
ochenta se hablaba de la desindustrialización de América (Reich, 1993). A finales de la
década de los ochenta la discusión se centra en la disminución de los salarios reales en
amplios colectivos de trabajadores estadounidenses. Durante los años noventa se han
señalado ambos problemas y ahora en los inicios del nuevo milenio en pocos días se
pasa de la desesperación más absoluta y el vaticinio de una próxima recesión a la
euforia desbordante de crecer sin inflación y con unas tasas de desempleo
históricamente bajas. No es el caso de las economías europeas en general.
6
Véase cuadros 1.1 Crecimiento del comercio mundial 1974-1995 y 1.2 Crecimiento del PIB real 1966-1995. p.2-4.
OIT (1996)
10
La clase de preocupaciones citadas, como el elevado nivel de desempleo, el
incremento de la desigualdad salarial, los desajustes en los requerimientos de formación
y cualificaciones o la revisión de las políticas de bienestar, ha motivado la demanda de
políticas públicas tendentes a restaurar una supuesta menor importancia y capacidad del
7
país. Esta idea ha sido duramente contestada por algún autor como Krugman . Su libro
El internacionalismo moderno constituye un alegato contra aquellos que traducen las
cuestiones anteriores como pérdidas de competitividad del país y demandan políticas
activas de los gobiernos, principalmente de corte proteccionista. Señala que son las
empresas las que compiten y no las naciones. "La competitividad es una palabra sin
sentido cuando se aplica a la economía nacional" dice Krugman.
Sin embargo, el término es muy utilizado quizá, como también indica, por que
resulta muy apropiado para galvanizar sociedades en torno a un objetivo común,
patriótico, que permite aplicar políticas escasamente populares, como subidas de
impuestos o sobre todo reducciones de gastos (o reducciones de la cobertura laboral en
los países europeos). Los intentos de definir la competitividad se asocian con las
naciones y más en concreto con el comercio internacional. Así un país con buenos
resultados comerciales se dice que es muy competitivo. Pero esto lo mismo puede ser
tan positivo como negativo para el país, como recuerda el citado autor.
Por otra parte diversos organismos internacionales (el Institute for Management
Development, el World Economic Forum y el Union Bank of Switzerland) establecen
8
ranking de las naciones según su competitividad . En la famosa obra de M. Porter, La
ventaja competitiva de las naciones se propone una serie de determinantes de las
ventajas nacionales de un país. En definitiva todo parece conducir a esa idea de que las
naciones compiten a través de las empresas. En ese plano, efectivamente, el mercado
que gana una lo hace a costa de la otra. Krugman insiste en que no son las naciones las
que compiten y que el comercio internacional no es un juego de suma nula.
5. Productividad y marco institucional: razones de los cambios
7
Las diversas fuentes, entre otras el informe de la OIT citado con base en datos de la OCDE, y diversos autores que
recoge Krugman, Tyson y Thurow resaltan ese hecho.
8
Rodríguez Carrasco (1996). Resulta curiosa la clasificación general de competitividad según el World Economic
Forum 1997: España ocupa el nº 26, Italia figura en el nº 39 por detrás de países como Turquía, Filipinas, Portugal,
China, Argentina, Chile, Egipto entre otros. Cuadernos de Información Económica nº 124-125, (1997: 97).
11
En los apartados anteriores se ha señalado la relativamente poca importancia que
tiene el comercio internacional en la definición de los modelos de relaciones laborales,
de condiciones de empleo y salarios, para los países desarrollados. En este último
apartado se pretende explicar algunas de las causas de los cambios recientes del modelo
de relaciones de trabajo europeo y, en particular el español, descartadas las derivadas
del comercio internacional modelo Norte-Sur. En concreto, se hace referencia a la
productividad y al marco institucional.
5.1. La productividad
La productividad es la causa que determina la variación en los salarios, o rentas, y
los niveles de empleo. La productividad es un concepto sencillo que mide la relación
entre la producción real y los recursos utilizados para obtenerla. Constituye la fuente
básica de las mejoras en los salarios y en el nivel de vida. En una dimensión agregada
contribuye a absorber o contrarrestar las subidas de los salarios nominales. Las mejoras
en la productividad permiten a las empresas aumentar su competitividad e incrementar
9
la demanda de empleo . Aunque el concepto es simple, su cálculo, si se pretende
observar la contribución específica de cada uno de los factores productivos, no resulta
tan fácil de realizar. Una simplificación del problema se hace recurriendo al concepto de
productividad aparente del factor trabajo. El output relaciona sólo con los recursos de
trabajo utilizados. Desde este punto de vista la renta de un país se obtiene a partir de:
PIB real = horas de trabajo x productividad del trabajo.
Un país aumenta su producción real, bien debido al incremento de las horas de
10
trabajo o bien a que cada una de esas horas genera más producción .
Siguiendo a McConnell y Brue (1986) se puede señalar que los determinantes del
crecimiento de la productividad se encuentran en a) la calidad media de la población
activa, b) la cantidad de bienes de capital por hora de trabajo y c) la eficiencia con que
se combinan el trabajo, el capital y otros factores. En este último apartado se
encuentran, entre otros, la tecnología (incluyendo en este apartado las mejoras
9
Existe la idea generalizada de que los aumentos de productividad producen paro. Cuando aumenta la productividad
del trabajo se necesitan menos trabajadores. La relación entre el empleo de un sector y los incrementos de
productividad dependerá de la variabilidad de los factores de demanda (de la elasticidad de la demanda, entre otros)
y no es igual, por tanto, en cada sector, ni siquiera del mismo signo. Sin embargo, a escala agregada de toda la
economía el argumento es válido, manteniendo constante la demanda agregada.
10
La información de Krugman (1994) acerca de la caída de la productividad en EEUU es plenamente coherente con
esta formulación, y responde a la actitud de los americanos de incrementar las horas de trabajo, como señala J. Schor
(1994). También se aporta similar información a partir de datos de la OCDE en Freeman (1994: 26, nota 3).
12
organizativas o de gestión), las economías de escala, y aspectos institucionales, legales
o de organización social.
Se pretende, por una parte, señalar que las actividades productivas que más
expuestas se encuentran a la competencia internacional representan, en términos de
empleo y de producción una proporción menor que aquellas que no están expuestas a
esta competencia y, por otra, mostrar al mismo tiempo sus diferenciales de
productividad.
En este sentido, se recordará que el sector servicios registra tasas de crecimiento
11
de la productividad inferiores a las del sector industrial . Esto constituye una
característica general del sector servicios en todos los países.
Para el caso americano, Krugman (1994: 66-88) cuantifica y apunta la caída de la
productividad, en los años ochenta especialmente, hasta niveles de los años sesenta,
como la causa explicativa del deterioro de las condiciones de vida en algunos sectores
sociales. Las explicaciones de esta desaceleración de la productividad son diversas:
tecnológicas, sociales y políticas, reconociendo la dificultad de una explicación concreta
del hecho.
En el caso español se observa la carencia de una problemática económica similar
en cuanto a lo que serían presiones de los mercados, entre otras razones, por el aumento
de su tamaño, que incrementa la especialización productiva y fuerza la reorganización
del sistema de relaciones de trabajo. Pero al mismo tiempo, el país cuenta con
instituciones muy distintas, que muestran resultados diferentes en las condiciones de
vida y de trabajo: en Estados Unidos, incremento de la desigualdad salarial; en Europa,
y más en concreto en España, una tasa de desempleo más elevada.
5.2. El marco institucional
Para finalizar esta línea argumental, es preciso centrar la atención en la idea de la
influencia de los aspectos institucionales que configuran las relaciones laborales y que,
en alguna medida, condicionan los niveles de empleo. Si las presiones de los mercados
son parecidas en los diversos países desarrollados, las diferencias en niveles de
desempleo, desigualdad salarial, condiciones de trabajo, podría ser consecuencia de la
diversidad de instituciones sociolaborales que operan en cada uno.
11
Datos pormenorizados por sectores y por ramas dentro del propio sector servicios se pueden encontrar en Sáez
(1993).
13
Card y Freeman (1994) desarrollan un análisis sobre este tema comparando dos
países que en su funcionamiento económico son muy parecidos de forma que se pueden
aislar mejor los posibles efectos de las instituciones sobre el mercado de trabajo. Se
trata de Estados Unidos y Canadá en los que los resultados sobre el empleo y la caída de
las rentas y el incremento de la desigualdad presentan importantes diferencias. Aunque
sus instituciones laborales mantienen mayores similitudes respecto a los países
europeos, también se observan algunas diferencias significativas. En concreto, los
autores apuntan a una mayor red de seguridad y a unas políticas que favorecían, o por lo
menos no cuestionan, la negociación colectiva y el sindicalismo. Es el caso de Canadá,
con instituciones completamente opuestas en Estados Unidos, lo que explicaría un
aumento de la desigualdad y un empeoramiento de las condiciones de trabajo en
Estados Unidos, respecto a Canadá, pero con unas tasas de desempleo inferiores.
12
Godard (1997: 417) añade que durante esos años ochenta la política gubernamental no
se dirigió a debilitar las leyes laborales y sociales y que fueron las políticas de ajuste,
que al reducir las expectativas de los sindicatos y aumentar los temores a la pérdida de
empleo, las que posibilitaron el reequilibrio económico y el crecimiento sin reducir la
presencia sindical.
Respecto al caso europeo y el de otros países desarrollados, Freeman apunta a que
las tasas de crecimiento de la productividad son mayores que en Estados Unidos. Se
referirá una vez más a aspectos institucionales como el sistema de fijación de salarios,
la sindicación, los programas de formación y aprendizaje, los sistemas de bienestar
como elementos que no sólo están en la base de unos niveles de bienestar social
determinados sino también como posibles explicaciones de los aumentos de esa tasa de
productividad que, como se ha señalado, constituye la clave del aumento del nivel de
vida.
6. Comercio exterior y condiciones de trabajo en Europa y España
La mayor integración e interdependencia de la economía mundial no ha impedido
el que las condiciones de vida y de trabajo sean un asunto nacional. Los estados se
diferencian en sus sistemas impositivos, en sus programas de gastos públicos, en sus
modelos educativos y en sus instituciones laborales. Sin embargo, el argumento de estar
12
Compara con el caso británico donde se promovieron simultáneamente ambas políticas que tuvieron como
14
presentes en los mercados mundiales se usa para justificar propuestas tales como reducir
los salarios y la protección social.
Para estudiar la presión que los países de bajos costes salariales ejercen sobre la
demanda de mayores cotas de flexibilidad laboral y el nivel de protección del estado del
bienestar en Europa y España, se analizan a continuación dos tipos de información
estadística. De un lado, los datos del PIB español y de otro, los del comercio exterior
europeo.
Por el lado de la demanda, se examina la estructura del consumo en España. Por el
lado de la oferta, se analiza la estructura de la producción y de la población ocupada del
sector servicios del conjunto de los países europeos y, de manera más detallada, un
desglose en cuatro ramas de ese sector.
Si se examina la estructura del consumo español a partir de los grupos que
ponderan en el Índice de Precios al Consumo se puede observar la importancia de los
servicios, que absorben más de la mitad de nuestra renta. Este dato no capta la parte que
corresponde exactamente a actividades de servicios y la relativa a productos
industriales. Por esto se analizará la importancia de las actividades de servicios en
cuanto a producción y a empleo en las sociedades europeas.
Como se observa en la Tabla 1, la proporción de Servicios en el conjunto del PIB
alcanza más del 60 por ciento a precios constantes en todos los países excepto en
Irlanda. Para el caso español, sumando la agricultura y la construcción quedaría un resto
de un 26-27 por ciento para la industria a precios constantes.
Tabla 1. Participación del sector servicios en el PIB total y proporción del empleo
correspondiente al sector servicios, sobre el total del empleo y desglose
en cuatro grupos. Niveles existentes en 1998 (porcentaje)
Austria
Bélgica
Dinamarca
Finlandia
Francia
Alemania
Grecia
Peso de los
servicios en el
valor añadido.
% sobre PIB
64,5
69,8
71,3
63
70,8
66,6
68,5
Conjunto de
servicios Servicios a los Servicios de
%Empleo en producto-res distribución
el sector
63,8
10,7
22,4
70,2
11,7
21,8
69,5
11,4
21,1
64,2
11,3
18,8
69,2
11,9
19,9
62,6
10,9
19,9
58,8
7,4
23,3
Servicios
personales
9,2
6,8
5,8
6,2
8,3
7,1
10,4
Servicios
sociales
22,2
29,8
31,2
28
29,2
24,8
17,7
resultado un gran declive en la presencia sindical.
15
51
61,7
11,5
Irlanda
66,5
60,8
9,3
Italia
76,1
75,1
17,8
Luxemburgo
69,3
70,2
14,3
Países Bajos
60,2
50,2
5,5
Portugal
64,9
61,7
9
España
67,9
70,9
12,2
Suecia
69,9
71,4
14,7
Reino Unido
FUENTE: Elaboración propia a partir de OCDE (2000).
19,9
21,6
19,7
22
17,7
22,4
19,4
21,8
10,7
8
8,4
6,2
10,7
11,8
5,9
9,2
19,6
22
29,3
27,6
16,2
18,5
33,4
25,7
En cuanto al empleo en el sector servicios, representa a la altura de 1998 más de
un 60 por ciento de la población ocupada en todos los países excepto Grecia y Portugal.
Las cuatro últimas columnas de la tabla 1 recogen la estructura del empleo en el sector
servicios agrupadas en las funciones más importantes del sector. Se destaca que salvo
quizá los servicios a los productores, los demás son poco comercializables con el
exterior, es decir, que responden a la característica más importante de los servicios que
es la de que se prestan allí donde se consumen. Su dificultad de producción en serie o
almacenamiento se torna difícil, y en una buena parte de los casos impide su comercio
exterior, por tanto, la mayor parte de la producción tiene "un carácter nacional" y está
sometida a pautas de producción y consumo nacionales, siendo ajena a las presiones de
la competencia exterior.
Esta estructura de la producción y el consumo es muy similar para el conjunto de
los países europeos, aunque puedan observarse diferencias entre algunos de ellos, de
manera que resalta la importancia del sector servicios sobre ambas perspectivas, de
oferta y demanda, del conjunto de la economía.
Existe una serie de razones de porqué crece el sector servicios que explicaría el
que esta situación no es coyuntural sino que refleja la tendencia de las sociedades
modernas en sus pautas de producción y consumo.
Una de esas explicaciones reside en la ley de Engel basada en la elasticidad de la
demanda de servicios respecto a la renta. En este caso, los servicios en general se
comportan como bienes superiores de modo que si aumenta la renta se demandan más
que proporcionalmente. Asimismo, se señala un diferencial de productividad en las
actividades de servicios, debido al cual el aumento de la producción por trabajador (o
por hora de trabajo) es inferior en los servicios. La conjunción de estos dos factores se
16
traduce en que cuando crece la economía la dimensión del sector servicios aumenta en
comparación con el resto de sectores.
13
Gershuny y Miles (1988) recogen las ideas anteriores y las amplían . Según ellos
existe un conjunto de factores que impulsan el crecimiento de los servicios:
a. La división del trabajo genera una demanda de servicios intermedios o servicios
para la producción. La liberalización de los mercados aumenta la
especialización productiva y la división del trabajo. Es la idea de Smith de que
la extensión de los mercados condiciona el grado de especialización.
Representa el aspecto fundamental, a nuestro entender, para explicar la
reorganización productiva y el cambio de esquema en el modelo de relaciones
laborales.
b. Hay un incremento en la demanda de servicios finales conforme aumenta la
renta (se asocia a la citada ley de Engel).
c. El crecimiento de la producción de servicios depende de la existencia en el
sector servicios de una tasa de incremento de la productividad del trabajo
menor que la de la industria fabril. No obstante, en este apartado se señala las
14
dificultades que se encuentran a la hora de medir la productividad del sector .
Aparecen problemas graves, aunque no insuperables, de definición del output y
valoración de la calidad, en última instancia de medida del producto final15.
Un resumen de este conjunto de datos y reflexiones sería el constatar que se
consumen más servicios y hay más empleos en este sector, circunstancias que unidas a
las propias características de los servicios explican, en buena medida, el que las
condiciones de trabajo tengan una dimensión nacional.
16
Kleinknecht y Wengel (1998)
apuntan un argumento similar al señalar que la
Unión Europea es una economía relativamente cerrada si se tiene en cuenta la gran
13
Para el caso español se puede ver Cuadrado Roura y del Río (1993).
Véase resumen cuadro 3.4. Problemas que plantean los indicadores de la producción del sector servicios,
Gershuny y Miles (1988: 62).
15 Cómo se valora el "producto final" de una campaña de prevención del SIDA, en este caso cuanto mayor sea el
"no-producto" más eficaz es la campaña y por tanto mayor es el output, o el valor de una clase de un profesor. La
complejidad es evidente y el resultado final no es fácilmente aprehendible aunque la sociedad sí que lo puede
percibir en forma de un mayor bienestar o unas mayores posibilidades de encontrar empleo o competir, por ejemplo.
16
Estos autores además de los argumentos relacionados con el comercio exterior de bienes y servicios, incorporan
los flujos de inversiones directas realizadas en las diferentes áreas económica mundiales para reafirmar la tesis de que
en los últimos 35 años, la Unión Europea no se ha integrado más en el conjunto de los restantes bloques mundiales.
Resaltan que las inversiones directas en países de bajos salarios han experimentado un escaso crecimiento.
14
17
importancia del comercio entre sus propios países y la bastante menor que se mantiene
con otros terceros. Les lleva a decir que la globalización es más un mito que un hecho
real. Cierto que estos autores simplifican el proceso de globalización económica en las
relaciones Norte-Sur.
En cuanto a la composición hay que señalar que el comercio internacional en los
países avanzados se caracteriza por ser intraindustrial, es decir, intercambio de
variedades, partes o componentes de un mismo producto. Este tipo de comercio rechaza
las previsiones de los primeros modelos del comercio internacional, como el conocido
de Heckscher-Ohlin, que predice que los sectores exportadores y los sectores
sustitutivos de importaciones diferirán significativamente entre sí. Este modelo
fundamentaría la existencia de comercio en la diferente dotación relativa de factores que
otorga a los países ventajas comparativas. Así un país con abundante factor trabajo
exportará bienes intensivos en el mismo. Este análisis se aproxima a la falsa idea de la
competitividad de las naciones apuntada al principio: un país con bajos salarios y
condiciones de trabajo exportará bienes intensivos en factor trabajo y, por tanto, para
mantener producciones parecidas en el país importador deberán realizarse con las
mismas condiciones de producción: bajos salarios17.
Por contra es bastante precisa la caracterización, de acuerdo a diversos
indicadores, del comercio exterior español como intraindustrial y permite apoyar la
hipótesis de que realmente no influye en la exigencia de patrones productivos similares
a los de nuestros competidores, por lo menos a los asiáticos. En todo caso, se muestra
coherente, atendiendo a que el comercio exterior español se realiza mayoritariamente
con países con niveles salariales más elevados.
En cuanto al comercio exterior de servicios la desventaja competitiva española
proviene precisamente de aquellas actividades de mayor valor añadido como servicios a
empresas, comunicaciones, banca, seguros provistos por aquellas empresas de países
también de altos salarios (Martínez Serrano y Muñoz, 1997: cuadro 5).
Respecto a los servicios aparecen dificultades para valorar con precisión la
incidencia real del comercio y la competencia internacional sobre el sistema productivo
de un determinado país. Como señala Porter (1991) la competencia internacional en el
sector servicios es menos visible que en la industria pero crece aceleradamente,
18
consecuencia de la reestructuración productiva que hace que los servicios impregnen la
cadena de valor de las empresas y el quehacer de la unidad familiar. Este crecimiento,
sin embargo, parte de niveles muy bajos. Para el caso español, los pagos por servicios
en porcentaje del PIB nominal para 1999 del apartado servicios, excluido “Transporte y
turismo”, representa el 3,68 por ciento (Banco de España, 1999:53).
Finalmente se hace una referencia a la dimensión de las empresas españolas en
cuanto al tamaño y sus relaciones con el comercio exterior.
Tabla 2. Estructura empresarial española 1989
Tamaño/sobre total ,% Empresa Exportación
Sin asalariados
67,94
2,80
De 1 a 10
25,13
5,54
De 11 a 50
5,74
11,83
De 51 a 250
1,03
20,89
De 251 a 500
0,09
9,60
Más de 500
0,07
49,35
FUENTE: Costa (1997)
Importación
2,36
9,00
16,31
19,80
8,54
43,99
Asalariados
0,00
17,74
25,39
20,60
6,81
29,46
De la Tabla 2, acerca de los datos de la estructura empresarial, se pueden extraer
algunas conclusiones que apoyan la idea de la escasa influencia del comercio exterior
sobre las condiciones de trabajo. Las empresas de más de 250 empleados representan
menos del 1 por ciento del número de empresas españolas, algo más del 35 por ciento
de los asalariados y más del 50 por ciento de las operaciones exteriores, importaciones y
exportaciones.
Son por tanto este tipo de empresas las que están más expuestas a la competencia
exterior y por consiguiente deberían ser las que adoptaran esquemas productivos más
homologables a los exteriores, a los de nuestros competidores. Pues bien, dado que las
condiciones de trabajo y salarios son mejores en las empresas grandes que en las
18
pequeñas se puede deducir que nuestras condiciones de trabajo no están influidas por
las actividades exteriores con los países en desarrollo.
O mejor, si se piensa que realmente el comercio exterior conduce a una
homologación en el precio de los factores productivos, dado que la mayor parte del
comercio exterior de la economía española se lleva a cabo, como se ha visto, con países
17
No se trata de señalar aquí los desajustes de este modelo, simplemente citaremos que los intentos de contrastar este
modelo a la realidad comercial española son bastante ambiguos en sus resultados (Alonso, 1993).
18
Esto es un fenómeno internacional como nos recuerda Harrison (1997).
19
más desarrollados, la homologación se habría de hacer por arriba, es decir, mejorando
las condiciones de vida laboral de los españoles. Sin embargo el sentimiento general, la
percepción y el análisis de los propios datos acerca de la estabilidad en el empleo, la
duración del mismo, las tasas de desempleo en Europa continental están ahí y existe una
cierta idea de que el crecimiento económico no se corresponde, necesariamente, con una
mejora de las condiciones de vida y de trabajo.
7. Algunas precisiones finales
Al amparo de conceptos como globalización y mundialización se han planteado
políticas que pretendían responder al deterioro que en todos los países desarrollados, de
una u otra forma, se ha producido en las condiciones de trabajo en general. Se han
desagregado, de ese concepto general de mundialización, los efectos del comercio de
mercancías como una de las dimensiones del mismo. La idea que se extrae, es que "el
enemigo está en casa", es decir, que el comercio internacional con países de bajos
salarios no es el causante de la precarización de las condiciones de trabajo en los países
desarrollados.
El debate queda pues reducido a un ámbito interno en el que la competencia
exterior permanece en segundo plano. Sin embargo de la misma manera que en el
ámbito institucional, como dice Freeman, hay "pequeñas diferencias que importan", en
el aspecto económico también debería pensarse en esas pequeñas implicaciones.
No se puede negar, sin embargo, la influencia e interrelación de la economía
mundial que incide en las condiciones particulares de cada país. Dicho de otro modo: la
globalización existe pero sus efectos no afectan tanto directamente a los modos de vida
y de trabajo que cada país posee como, de forma indirecta, a través de la incidencia en
la situación económica general. En este sentido, la capacidad de los gobiernos de
controlar o aislarse de las crisis económicas es escasa y la necesidad de adaptación
puede implicar cambios en determinadas prácticas de organización del trabajo.
No obstante, la "gestión" de una crisis también admite formas diversas y no todas
deben exigir las mismas recetas ni combinar las mismas medidas. En este aspecto
también el marco institucional es determinante, como recuerdan Standing y Tokman
(1991).
Cabe apuntar que si bien la actividad económica tiene una base nacional, se apoya
en una infraestructura que es un magma en movimiento, que es posible dirigirla,
20
reconfigurarla y por tanto diseñar un sistema de empleo y condiciones de trabajo y de
vida en la forma que una sociedad desea.
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