EXPRESA AGRAVIOS - Colegio de Abogados de Bahía Blanca

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INTERPONEN
RECURSOS:
EXTRAORDINARIO
DE
INAPLICABILIDAD DE LEY O DOCTRINA LEGAL Y DE NULIDAD
EXTRAORDINARIO. PLANTEAN CASO FEDERAL.
Excma. Suprema Corte:
Gerardo Rafael SALAS, abogado, inscripto en el C.A.B.B. al Tomo
IV, Folio 25 y Cecilio Leonardo BEDER, abogado, inscripto en el C.A.B.B.
al Tomo III, Folio 152, en representación del Colegio de Abogados de
Bahía Blanca, con domicilio procesal en calle 14 nº 747 de la ciudad de La
Plata (sede del Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires), en
autos caratulados: “SALVATORI REVIRIEGO, Gustavo Jorge. Juez de la
Sala I de la Cámara Primera de Apelación Civil y Comercial del
Departamento Judicial de Bahía Blanca. Colegio de Abogados de Bahía
Blanca. Acusa.” (Expte. Nº J.E. 04/05) a V.E. nos presentamos y decimos:
OBJETO:
Tal como lo manifestamos en la oportunidad prevista en el artículo
483
del
C.P.P.,
venimos
a
interponer
RECURSOS
DE
INAPLICABILIDAD DE LEY y EXTRAORDINARIO DE NULIDAD
contra el decisorio del Jurado de Enjuiciamiento de fecha 15 de marzo de
2007, notificado a nuestra parte el día 16 de marzo de 2007.
1. REQUISITOS DE ADMISIBILIDAD.
1.1. Sentencia definitiva: Como lo demostraremos seguidamente
en oportunidad de tratar sobre la procedencia de los recursos, la sentencia
contra la que nos alzamos es definitiva porque agota la acusación sin que
pueda, en esta ni en otra instancia, volverse sobre las cuestiones que
motivan la presente queja, las que así quedarían fijadas si se mantiene la
estabilidad de lo decidido.
El artículo 45 de la ley 8085 que regula el funcionamiento de
los Jurados de Enjuiciamiento prevé en forma expresa que las sentencias de
los llamados juicios políticos no son pasibles de recurso alguno, en
consecuencia, la sentencia que venimos recurriendo por medio de recursos
extraordinarios pone fin al proceso e impide su consideración ante otra
instancia, fuera de la procedencia de este recurso extraordinario.
Fundamos la apelación extraordinaria en la infracción al
debido proceso, única razón por la que la Corte Suprema de La Nación ha
decidido en reiteradas oportunidades que las sentencias de este tipo de
órganos son revisables por vía del recurso extraordinario.
1.2. Plazo: Según la Ley 8085 se aplican en forma subsidiaria las
normas del Código Procesal Penal de la Provincia de Buenos Aires.
El artículo 483 del C.P.P prescribe que los recursos
extraordinarios contra sentencias definitivas deben ser interpuestos ante la
Suprema Corte dentro de los veinte días de notificada, debiéndose anticipar
la interposición del recurso al Tribunal que dictó la sentencia cuestionada
dentro de los siete días de la notificación.
Oportunamente hemos cumplido con el referido requisito.
Ahora presentamos los recursos ante V.E. porque así lo prescribe el citado
art. 483.
1.3. Forma y fundamentación: Los recursos se presentan por
escrito, dentro del plazo establecido legalmente, ante la Suprema Corte de
la Provincia de Buenos Aires, fundando separadamente cada uno de los dos
deducidos. Además, acompañamos copia firmada del acta de la reunión del
Jurado en que fue adoptado el pronunciamiento atacado, de la cédula de
notificación y del escrito en que anunciamos la interposición de los
presentes recursos extraordinarios.
2. PROCEDENCIA DE LOS RECURSOS:
Dijimos antes que, de conformidad con lo dispuesto por el artículo
45 de la ley 8085, las decisiones del Tribunal de Enjuiciamiento son
irrecurribles.
Este artículo, así como se encuentra redactado, ha sido aplicado en
reiteradas oportunidades tanto por el propio Jurado como por la Suprema
Corte Provincial.
Sin embargo la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho
que, en virtud de la supremacía de la Constitución Nacional y porque todos
los actos jurisdiccionales deben respetar los derechos y garantías
consagrados en ella, son susceptibles de los recursos extraordinarios las
sentencias de los Jurados de Enjuiciamiento cuando vulneran el debido
proceso y garantías constitucionales de las partes.
La Corte Suprema de Justicia actúa como guardián de la
Constitución Nacional y en punto a ello ha decidido en reiteradas
oportunidades que los Tribunales de enjuiciamiento de Magistrados, aun
cuando son órganos extra-poder y no integran los cuadros de la
administración de justicia, sus sentencias a los efectos del recurso
extraordinario del artículo 14 de la ley 48 y en tanto y en cuanto violen
garantías constitucionales, deben ser equiparadas a pronunciamientos
emanados de Tribunales de Justicia.
Las decisiones del Jurado de Enjuiciamiento son de carácter
político y así lo dispone también el artículo 115 de la Constitución Nacional
al establecer que las decisiones de los jurados son irrecurribles. Toda la
doctrina y la jurisprudencia entiende que las decisiones de este tipo de
jurado son de carácter eminentemente político y no podría la Corte
reemplazar o modificar la voluntad política del Órgano.
No obstante ese carácter político, si en la sentencia cuestionada se ha
violado el debido proceso, si ella conlleva la violación de garantías
constitucionales y, a su vez, si ella carece de fundamentación, la Corte no
estará juzgando las decisiones políticas del jurado, irrevisables por
definición sino que, como custodio último de las normas constitucionales,
revisará las violaciones que pudo haber cometido el órgano durante la
marcha del proceso.
Así en el caso “Nicosia” ha terminado de definir una doctrina ya
perfilada en los casos “Poleman”, “Graffigna Latino“, “Llamotas” y
“Lamonega” entre otros, en los cuales se consideró justiciable la remoción
de legisladores o jueces cuando se alegare violación al debido proceso.
En la causa Nicosia (Fallos 316:2940) la Corte ha dicho:
“Lo atinente a la subsunción de los hechos en las causales
constitucionales de destitución por juicio político y la
apreciación de la prueba de las acciones u omisiones que
habrían motivado la acusación y la puesta en funcionamiento del
proceso, constituyen ámbitos reservados por la Constitución
Nacional al exclusivo y definitivo juicio del Senado, no revisable
judicialmente; pero los recaudos constitucionales que hacen a
las formas que debe seguir el enjuiciamiento, a las condiciones
en las cuales es concedido el poder de juzgar y especialmente lo
que concierne al derecho de defensa —que le es inherente e
inviolable— sí constituye materia de revisión judicial.”
“Si la Corte declara la invalidez de lo decidido con base en el
quebrantamiento de las formalidades que deben ceñir al
enjuiciamiento político, sería indudable que no reemplazaría al
Senado en su función de juzgar al acusado, ni rozaría la esencia
de este Instituto ya que no abriría pronunciamiento sobre el
desempeño o la conducta del acusado. El pronunciamiento
descalificatorio se sustentaría en el exclusivo hecho de que la
atribución no habría sido ejercida de conformidad con los
requerimientos a que la Constitución la condicionó para que sea
irrevisable”.
Continúa el fallo disponiendo que así como el Senado (constituido en
jurado en el caso) controla el desempeño del Juez enjuiciado, la Corte debe
controlar que el jurado en su actuación se ajuste a un mínimo conjunto de
estándares de procedimiento en la conducción de los juicios políticos.
Equipara en el caso al Senado con un Tribunal de Justicia a los efectos del
recurso extraordinario y limita la cuestión justiciable a cuando se invoque y
demuestre por la parte interesada la violación a las normas del debido
proceso, ya que estos procesos están protegidos por la garantía de la defensa
en juicio consagrada por el artículo 18 de la Constitución Nacional. El
control judicial de constitucionalidad procura la supremacía de la
Constitución, no la del poder judicial o la de la Corte, aun cuando sea ésta,
configurado un caso, la intérprete suprema de aquella.
La jurisprudencia que reseñamos ha sido sostenida invariablemente
por la Corte Suprema (fallos 308:961, 326:4816, 327:1914, 321:2339).
En otro reciente fallo, “Murature” (Murature, Roberto Enrique s/
pedido de enjuiciamiento - causa Nº 8/2003 - 06/03/2007), la CSJN
reafirmó el señalado criterio con relación a las sentencias dictadas en
procesos de enjuiciamiento de magistrados:
"Frente a la irrecurribilidad del fallo del jurado establecida en
el Art. 115 de la Ley Fundamental a raíz de la reforma
instrumentada en 1994, este Tribunal concluyó en el caso "Brusa"
(Fallos: 326:4816) que dicha condición significa que la Corte
Suprema no podrá sustituir el criterio del jurado en cuanto a lo
sustancial del enjuiciamiento, esto es, el juicio sobre la conducta
de los jueces, pero sí será propio de su competencia, por vía del
recurso extraordinario, considerar las eventuales violaciones nítidas y graves - a las reglas del debido proceso y a la garantía
de la defensa en juicio.”
(Considerando 9 del voto de los jueces Petracchi y Zaffaroni;
segundo párrafo del voto del juez Belluscio; considerandos 20 y 34 del voto
del juez Maqueda).
En autos, como veremos, denunciamos como violado el artículo 18
de la C.N. que consagra el principio de la legítima defensa. Pero también se
ha violado el artículo 16 en cuanto consagra la igualdad ante la ley; y el
artículo 31, pues no se ha respetado la supremacía de las normas jurídicas.
Se encuentran violados también las disposiciones del art. 171 de la
Constitución Provincial ya que siendo un Tribunal Letrado no se ha
fundado debidamente la sentencia.
Denunciamos como violadas las normas de la ley 8085 de
enjuiciamiento de magistrados, especialmente el artículo 27, pero también
la doctrina resultante de la interpretación armónica de ese precepto con los
artículos 10, 13, 25, 26 y 28 de la ley; errónea aplicación de la norma que
conduce a un resultado absolutamente irregular y de gravedad institucional
al haber dispuesto el archivo de las actuaciones violándose las condiciones
que deben reunirse para esa decisión.
En punto a la procedencia del recurso extraordinario ante la Suprema
Corte Provincial, a partir de las causas Strada (fallos 308:490) y Di Mascio
(fallos 311:2478), la Corte Suprema Nacional ha impuesto la necesidad de
agotar las vías jurisdiccionales provinciales para acceder a su jurisdicción:
“(…) corresponde afirmar que en los casos aptos para ser conocidos por
esta Corte según el art. 14 de la ley 48, la intervención del Superior
Tribunal de Provincia es necesaria en virtud de la regulación que el
legislador nacional hizo del artículo 31 de la Constitución, de modo que la
legislatura local y la jurisprudencia de sus Tribunales no pueden vedar el
acceso a aquel órgano…”
Por ello y aun cuando denunciamos violaciones a garantías
constitucionalmente consagradas e invocamos la jurisprudencia del más alto
Tribunal del País para acceder a él en su caso, se deben agotar las instancias
provinciales y en tal sentido el Superior Tribunal en esta causa es la
Suprema Corte Provincial a la que se le debe dar intervención en el caso.
3. EL CASO – ANTECEDENTES.
3.1. El Colegio de Abogados de Bahía Blanca solicitó la
formación de jurado de enjuiciamiento para juzgar el proceder del
magistrado integrante de la Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Civil
y Comercial del Departamento Judicial de Bahía Blanca, Dr. Gustavo Jorge
Salvatori Reviriego a quien se lo acusó de mal desempeño del cargo por
ejercer clandestinamente la profesión de abogado, tener conductas
incompatibles con la jerarquía del cargo que ocupa, actos reiterados de
parcialidad manifiesta por no excusarse cuando tenía la obligación legal de
hacerlo y pérdida de las condiciones mínimas para la investidura.
El Jurado, luego de una primera reunión que se frustró por falta de
quórum, se reunió para considerar la demanda y decidió que, antes de
expedirse sobre la procedencia del traslado a que se refiere el art. 27, se
produzca la información sumaria a la que se refiere el art. 29, por
intermedio de la Secretaria de Control Judicial y que solicitó dos veces
prórroga del plazo acordado por el Jurado dada la magnitud de la labor
ordenada.
Cumplida esa labor, el Jurado volvió a reunirse y en esta
oportunidad, mediante el procedimiento que será objeto de análisis en el
próximo capítulo, decidió por seis votos contra cinco, desestimar la
acusación y ordenar el archivo de las actuaciones.
3.2. Sentencia recurrida: El Jurado, reunido en la oportunidad del
artículo 27 de la ley 8085, decidió dividir en dos las cuestiones a resolver.
Primero, si los hechos que integran la acusación resultaban atrapados por la
jurisdicción del jurado, votando la cuestión por la afirmativa diez de los
miembros presentes.
Luego de ello, es decir, habiéndose ya resuelto que los hechos
resultaban alcanzados por la jurisdicción, se avocó al análisis de cada una
de las causales. La mayoría consideró como una causal autónoma lo que
denominó "enriquecimiento ilícito", la que juzgó en primer término,
votando diez de los miembros por el rechazo de la acusación por no haberse
completado el tipo penal según la exigencia del artículo 268 (2) del Código
Penal.
Con el voto de seis miembros, el jurado rechazó la acusación
por las restantes causales: ejercicio clandestino de la profesión de abogado,
actos reiterados de parcialidad manifiesta y actos y negociaciones
incompatibles con el cargo que desempeña el Magistrado. Con el solo
fundamento abstracto y no explicitado de que no surgían elementos de
cargo suficientes para fundar positivamente el juicio de verosimilitud
exigido por el art. 27 de la ley 8085, seis miembros resolvieron archivar las
actuaciones.
Los restantes cinco miembros del jurado afirmaron que, con
relación a la causal de ejercicio clandestino de la abogacía, que de la
información sumaria previa y de su ampliación es posible extraer y
correlacionar una pluralidad de indicios que en su conjunto permiten fundar
el voto en los términos y con el grado de verosimilitud que demanda esta
etapa del procedimiento.
Por último, tres miembros del jurado afirmaron que hay
elementos suficientes para declarar admisible la acusación con relación a
las acusaciones de ejercicio clandestino de la abogacía, en el
incumplimiento del deber de excusarse y actos reiterados de parcialidad
manifiesta.
4. FUNDAMENTOS DEL RECURSO DE INAPLICABILIDAD DE
LEY O DOCTRINA LEGAL.
4.1. Normas mal interpretadas y aplicadas incorrectamente: El
fallo que se ataca interpretó incorrectamente el sentido del texto expresado
por el legislador en el art. 27 de la ley 8085 y, como consecuencia de ello,
incurrió en una errónea aplicación en el caso sometido a juicio, arribando a
una solución que no se compadece con lo que se persigue con la referida
norma legal.
4.2. Ha dicho la Corte Suprema de la Nación:
“Las leyes no pueden ser aprehendidas con arreglo al criterio
puramente exegético o, expresado de otro modo, “la norma jurídica
no puede ser interpretada en un mero alcance gramatical o de
lógica formal ni ha de practicarse de modo tal que se agote en la
consideración elaborada de la norma aplicable al caso, por medio
de una sistemática, razonable y discreta hermenéutica, que
responda a su espíritu y observe y precise la voluntad del legislador.
Ello así porque la interpretación de las leyes debe practicarse
teniendo en cuenta el contexto general y los fines que las informan”
(CSJN: Fallos 265:256, 18/10/1973 en “Mellor Goodwin SCIF”, ED
51-352).
El jurado, so pretexto de aplicar el texto aislado del artículo
27 de la ley, ha violado el espíritu de la norma y omitido interpretarla
sistemática con el resto del articulado de la ley, ignorando que es de
correcta técnica interpretativa y una condición de validez para la aplicación
de la norma, contemplarla dentro del contexto sistemático de la ley en que
se encuentra inserto. Esa interpretación es imposible de sostenerla sin
asumir el costo de desnaturalizar el instituto del jurado de enjuiciamiento.
El
jurado
de
enjuiciamiento
de
Magistrados
cuyo
funcionamiento regula la ley 8085 tiene como finalidad juzgar la conducta
de los jueces para determinar si han incurrido en mal desempeño de la
función. Su labor debe ser llevada a cabo teniendo como mira el interés
público y la especial importancia que cuenta para la estructura de
funcionamiento de una sociedad política ordenada, que cuente con un poder
judicial que resuelva con la única motivación en hacer cumplir las leyes de
la Nación y de la Provincia, que actúe con imparcialidad frente a los
litigantes y con independencia de los humores de los restantes Poderes.
Las dos decisiones de mayor importancia a cargo de esa
institución son la condena y destitución del magistrado o el rechazo de la
acusación y archivo de las actuaciones cuando los hechos no merezcan
siquiera ser sometidos a enjuiciamiento.
Para la primera, es decir para la condena, el artículo 10 de la
ley 8085 exige la concurrencia de siete (7) votos, es decir fija una mayoría
especial.
La forma de adoptar la otra resolución se encuentra regida por
el artículo 27 cuyo texto presenta alguna dificultad para comprender el
sentido circunstancia por la que se hace necesaria la interpretación.
En esa labor hermenéutica, el Jurado ha violado el artículo 27
de la ley 8085 pues lo ha interpretado en forma aislada, adoptando
únicamente una de las alternativas posibles con base únicamente a su texto,
pese a que no es la única posible y la más absurda e incompatible con el
resto del articulado de la ley.
Dice el art. 27 que, reunido el jurado, deberá pronunciarse por
mayoría de votos "sobre su jurisdicción y (decidir) si corresponde la
formación de causa."
Seguidamente: "en caso de que los hechos denunciados
fueren ajenos a la jurisdicción del jurado, éste así lo dispondrá por el voto
coincidente de siete de sus miembros, mediante auto fundado..."
En el caso de autos, el Jurado acotó la exigencia de siete votos
únicamente al análisis de la jurisdicción, votando diez (10) de ellos por la
afirmativa. Luego, pasó a analizar cada causal bajo la incorrecta
presuposición de que, la resolución de archivo en esta votación podía ser
adoptada por mayoría absoluta y no por la calificada que claramente exige
la norma. La decisión además, se adoptó sin necesidad de justificarla, toda
vez que ello sólo se exigiría para cuando se archivara la causa por falta de
jurisdicción.
De ese modo, el proceder del jurado resulta inválido por dos
razones: la primera porque se violó la mayoría necesaria para el archivo de
las actuaciones que, es de siete (7) votos y no de seis (6). La segunda,
porque sobre la base de esa incorrecta interpretación, se evitó de la
necesidad de justificar la resolución.
El Jurado debió evaluar las causas por las cuales se acusa al
Magistrado, declarar la jurisdicción sobre los hechos denunciados y en ese
caso disponer la apertura del proceso o, por el contrario, declarar que los
hechos no caían bajo su jurisdicción, y por ende exponer los fundamentos
de esa conclusión que importaba el archivo; si es que coincidían en ello
siete de los miembros del cuerpo.
Aun presuponiendo que tanto una como otra alternativa interpretativa fuera
razonable en función sólo del texto del precepto, no cabe dudas que la
adoptada por el jurado resulta a todas luces la más absurda e inadmisible de
ellas. Según el proceder en el caso adoptado por el Jurado, sólo cuando los
hechos fueren ajenos a la jurisdicción del jurado se necesitarán siete votos y
justificación de la resolución. En esa línea de pensamiento ¿cuándo los
hechos serán ajenos? cuando no estén incluidos dentro de los incisos de los
artículos 20 y 21 de la ley. Digamos que si se acusa a un magistrado porque
fuma en demasía, ello será seguramente un hecho ajeno a la jurisdicción. En
este caso, es decir, cuando la improcedencia de la acusación es patente al
punto que hace innecesaria cualquier explicación, el legislador exige para
su rechazo el voto coincidente de siete de sus miembros quienes además
deben fundar su voto. En cambio, para los casos incluidos en los artículos
20 y 21 de la ley, bastará con una decisión por mayoría absoluta y carente
de motivación.
Sólo subestimando la inteligencia del legislador sería posible
sostener tan disparatada tesis interpretativa.
Pero hay otra razón aún. La decisión afirmativa respecto de la
apertura del proceso no causa instancia sino que por el contrario es una
resolución equiparable a la que provee una demanda (CPCC: 337), a lo
sumo a la que concede medidas cautelares (CPCC: 198). Por ello sólo es
exigible analizar “si corresponde la formación de causa” toda vez que,
abierto el juicio y producida la prueba, se decidirá en sentencia definitiva
sobre el fondo de la cuestión reparando en caso de haber suspendido sin
fundamento o destituyendo con las mayorías especiales en su caso.
El archivo de las actuaciones, por el contrario, cierra la
instancia con el valor de la cosa juzgada, pone fin in limine litis sin siquiera
iniciarse el proceso, con el agravante de que queda cerrada toda posibilidad
de una nueva acusación por los mismos hechos. Tan notoria y evidente
diferencia entre un sentido y otro de la resolución explica la exigencia de la
justificación. Y, por ello también, el legislador exige una mayoría
calificada, idéntica a la que es menester para la destitución.
No podría ser de otra manera.
Sin lugar a dudas, la intención de la ley no se condice con el
proceder del Jurado. Por el contrario, y se desprende de todo el contexto de
la ley, que lo que el legislador exigió es que, tanto para condenar como para
rechazar in limine, hace falta una mayoría especial y justificación.
Tampoco contempla que parte del texto del artículo 27 fue
modificado por la ley 11967. El texto anterior sólo contaba con las hoy
vigentes primera, segunda y cuarta oración (como tercera). De acuerdo al
texto anterior, no había diferencia de mayorías ni forma de la resolución
tanto para la apertura del juicio como para el archivo. Tampoco el artículo
27 prescribía qué mayoría era menester, por lo que ese aspecto quedaba
regulado por el criterio general del art. 10. Por ello, el vocablo “mayorías”
que hoy persiste sólo significa que es menester una decisión por mayoría.
Pero nada dice acerca de qué mayoría es necesaria. Cabe anotar además,
que la única diferencia entre los dos sentidos del voto era que en caso de
archivo de las actuaciones debía la resolución estar fundada. Para mayor
claridad, transcribo los dos textos:
(Según la ley 10.186) Si la denuncia o
acusación reuniera los requisitos del art.
25 y formulado el dictamen del
procurador, en su caso, el presidente
citará a los miembros del jurado, de
acuerdo con lo dispuesto en los arts. 4, 5
y 6 de esta ley, a fin de que se
pronuncien por mayoría de votos si
corresponde la formación de causa. En
caso de que los hechos denunciados
fueren ajenos a la jurisdicción del jurado
éste así lo dispondrá mediante auto
fundado, rechazando la denuncia o
acusación y ordenando el archivo de las
actuaciones. Si fuera prima facie
admisible, dará el traslado al acusado
por el término improrrogable de quince
días sin ampliación de plazo en razón de
la distancia.
(Texto según ley 11.967 – BO
15/07/1997) Si la denuncia o acusación
reuniera los requisitos del art. 25 y
formulado el dictamen del procurador,
en su caso, el presidente citará a los
miembros del jurado, de acuerdo con lo
dispuesto en los arts. 4, 5 y 6 de esta ley,
a fin de que se pronuncien por mayoría
de votos sobre su jurisdicción y decidan
si corresponde la formación de causa. En
caso de que los hechos denunciados
fueren ajenos a la jurisdicción del jurado
éste así lo dispondrá por el voto
coincidente de siete (7) de sus miembros
mediante auto fundado, rechazando la
denuncia o acusación y ordenando el
archivo de las actuaciones. Si fuera
prima facie admisible, dará el traslado al
acusado por el término improrrogable de
quince días sin ampliación de plazo en
razón de la distancia.
Las expresiones destacadas son las que originan esta
divergencia
interpretativa.
Contemplando
entonces
esta
dinámica
normativa, resulta evidente que la intención del legislador ha sido la de fijar
una mayoría especial que se aparta de la genérica del artículo 10, también
para el archivo (no sólo el veredicto), preservándose el funcionamiento del
jurado en el resto de los aspectos, como que sólo son posibles dos juicios
intelectuales (o apertura o archivo) y no cuatro (hay jurisdicción o no; y es
admisible o no) como presupuso el Jurado en el caso; y que, para el archivo
la resolución debe estar fundada. La novedad legislativa es únicamente la
introducción de una mayoría calificada.
Es cierto que el artículo 10 sólo exceptúa del criterio genérico
a la sentencia de destitución. Pero si este argumento se siguiera tout court,
conduciría al absurdo de que lo prescripto por el artículo 27 en lo que atañe
a la mayoría calificada no debería aplicarse en ningún caso, ni siquiera en la
hipótesis en que lo ubica el Jurado, esto es, para juzgar la jurisdicción.
En cambio, la reforma al artículo 27 por la ley 11.967 es
coherente con el artículo 10 en tanto exige que el veredicto de culpabilidad
requiere siete votos coincidentes: para las dos resoluciones más
trascendentes del Jurado, el veredicto de culpabilidad y el archivo, se
necesitan siete votos coincidentes; para el resto de las resoluciones, es
suficiente la mayoría absoluta de los miembros presentes.
Estos dos actos son de suma importancia en el proceso porque
causan estado, hacen cosa juzgada material, y en ellos es ineludible cumplir
con el requisito republicano de la justificación de la resolución.
La necesidad legal de fundar la decisión de que no
corresponde la formación de causa (art. 27 de la ley 8085), surge asimismo
de la doctrina de artículo 21 bis de las Normas de procedimiento para el
enjuiciamiento de Magistrados (según ley 13.086), que establece que en el
supuesto de que el señor Procurador General no estime pertinente formular
acusación, deberá así hacerlo saber al Tribunal requirente mediante
resolución que debe estar fundada.
La norma del artículo 27 ha sido infringida por el Jurado no
sólo por haberse adoptado una resolución sin la mayoría necesaria; sino
también en tanto para adoptar el archivo de la acusación, la ley exige que la
resolución sea fundada. Así lo prescribía el artículo 27 antes de la
introducción de la ya comentada tercera oración y, no caben dudas de que
esa prescripción se mantiene luego de la promulgación de la ley 11.967.
La afirmación de la mayoría: “(…) no surgen elementos de
cargo suficientes para fundar positivamente el juicio de verosimilitud
exigido por el art. 27 de la Ley 8085” no es más que una afirmación
descriptiva o resultante de una valoración, insuficiente para satisfacer el
recaudo de fundamentación.
Esa afirmación ni siquiera explica por qué en este caso no hay
elementos suficientes. Pero además, en derecho, ello resulta insuficiente,
porque justificar consiste en exponer de qué modo se justifica la solución
adoptada (en este caso rechazo) con base en normas generales de origen
legal o jurídico. En este caso, era menester exponer las razones por las
cuales las conductas expuestas en la acusación no resultaban comprendidas
en los casos genéricos descriptos por los artículos 20 y 21 de la ley 8085.
Para ello, es menester describir las propiedades fijadas por el legislador en
esas normas y las circunstancias particulares que presentaban las conductas
objeto de acusación para luego exponer por qué éstas no se encontraban
comprendidas dentro de los conceptos (casos genéricos) de los artículos 20
y 21.
Es factible que ello obedezca a la errónea presuposición de
parte del jurado de que el artículo 27 no le exigía justificación. Por ello es
que esta crítica corresponde ser denunciada bajo el concepto del recurso de
inaplicabilidad de ley, por estar al mismo nivel de infracción que el
incumplimiento en la mayoría legal.
La sentencia atacada, para concluir que no era necesarios siete
votos como mínimo ni debida fundamentación para denegar liminarmente
la acusación, interpretó en forma aislada el artículo 27 de la ley 8085,
cuando debió hacerlo de manera sistemática. Al proceder de esa forma
quebrantó la doctrina legal de la Suprema Corte Provincial en cuanto a la
correcta hermenéutica jurídica.
Desde hace más de dos décadas, la doctrina legal sentada por
el Más Alto Tribunal Bonaerense en sus distintas composiciones sostiene
invariablemente que las normas deben ser interpretadas en forma
sistemática y no aislada. Cambiaron los jueces de tan empinado Órgano
Jurisdiccional, pero lo que no cambió fue ese criterio, que se mantiene
inconmovible con el paso de los años, lo que demuestra que es
incontrovertible. Así resulta, entre muchísimos otros fallos, de los
pronunciados en las siguientes oportunidades, a saber:
"Toda interpretación de la ley debe comenzar por la ley
misma; en primer lugar el juzgador debe atenerse a su texto
considerando el lenguaje técnico jurídico y la relación de la disposición
interpretada con otras de la misma ley." (SCBA; L 35330; 23-9-1986;
Spera, Luis Ofelio c/ Cogasco S.A. s/ Indem. por antiguedad; AyS 1986
III, 294).
"Para la recta interpretación de una norma es menester
confrontarla con el resto de los preceptos que integran el ordenamiento,
de manera que las mismas armonicen entre sí." (SCBA; B 50534; 16-41991; Siemens Lidia Beatriz c/ Dirección General de Escuelas de la
Prov.de Bs.As. s/ Demanda contencioso administrativa; AyS 1991-I,
534) .
"En la interpretación de la ley debe comenzarse con la ley
misma y adoptando como pauta hermenéutica a la sistemática,
confrontando el precepto a interpretar con el resto de las normas que
integran el ordenamiento jurídico. No debe olvidarse la presunción de
coherencia que reina en el sistema de normas. La interpretación debe
efectuarse de tal manera que las normas armonicen entre sí y no de
modo que se produzcan choques, exclusiones o pugnas entre ellas."
(SCBA; Ac 32771; 21-9-1984; C., J. A. R. s/ Autorización judicial;
DJBA 128, 147; JA 1985 I, 593; AyS 1984 II, 11; SCBA; Ac 32770; 78-1984; Municipalidad de Campana c/Luis J. D. Scorza y Cía S.A. s/
Indemnización por daños y perjuicio; DJBA 127, 382 - AyS 1984 I,
381; CBA; Ac 46992; 15-3-1994; Mograbi, Rebeca c/Papajorge,
Nicolás y otros s/Escrituración. Daños y perjuicios; DJBA 146, 214 ED 163, 100 - JA 1996 I, 534 - AyS 1994 I, 290; SCBA; Ac 55689; 282-1995; Banco Local Cooperativo Limitado c/Toselec SACFI.s/
Consignación; DJBA 148, 222 - ED 165, 974 - JA 1996 I, 13 - AyS
1995 I, 137; SCBA; Ac 50866; 17-2-1998; Empresa Constructora
ECBA s/Quiebra s/Conc. especial pedido por Banco Cooperativo de
Caseros; SCBA; Ac 67487; 14-2-2001; Enrique, Alcides c/ Provincia de
Buenos Aires s/ Daños y perjuicios; DJBA 160, 85; SCBA; Ac 87609;
13-4-2005; A.,E. c/ S.,H. s/Incidente de liquidación de sociedad
conyugal.)
"Es una valiosa guía interpretativa la que manda armonizar
los distintos preceptos de un estatuto dado, a cambio de la que separa
sus normas para arribar a resultados incongruentes." (SCBA; Ac
34992; 1-10-1985; Martin, Carlos Ernesto c/Martin, Adolfo Miguel
s/Daños y perjuicios; AyS 1985-III-30; SCBA; Ac 46992; 15-3-1994;
Mograbi, Rebeca c/ Papajorge, Nicolás y otros s/ Escrituración. Daños y
perjuicios; DJBA 146, 214 - ED 163, 100 - JA 1996 I, 534 - AyS 1994 I,
290; SCBA; Ac 50866; 17-2-1998; Empresa Constructora ECBA s/
quiebra s/ Concurso especial pedido por Banco Cooperativo de Caseros;
SCBA; Ac 69271; 29-2-2000; Jockey Club de la Provincia de Bs. As.
Quiebra s/ Incidente de verificación de crédito por Provincia de Buenos
Aires; sentencia confirmada por CSN el 18-12-02 (v. LL diario del 244-03, 4); LLBA 2000, 1202).
"La ley ha de ser interpretada en forma sistemática y en
función de los fines que se propone alcanzar." (SCBA; Ac 36983; 13-91988; Lojo Vilela vda. de Baban, Josefa c/ Caride, Rubén Julio s/ Daños
y perjuicios; AyS 1988-III, 366 - DJBA 1988-135, 313; SCBA; Ac
54485; 24-10-1995; Vaamonde de Niz, Marisa Cristina c/Provincia de
Buenos Aires s/Cobro de australes; DJBA 150, 38 - AyS 1995 IV, 9).
"Es principio de buena hermenéutica que debe procurarse la
armonización de las diversas disposiciones que integran el
ordenamiento jurídico y no hacer prevalecer la contradicción y la
antítesis." (SCBA; I 1314; 16-7-1991; Sanatorio Azul S.A. y ot.
s/Inconstitucionalidad ley 9384/79 y dec. 6732/87; AyS 1991-II, 537).
"La operación interpretativa del derecho es un procedimiento
mediante el cual se constatan los conceptos del sistema jurídico y tal
interpretación, obviamente debe ser sistemática." (SCBA; P 47111; 9-91997; A.,G. s/ Homicidio).
"En la interpretación de la ley debe comenzarse con la ley
misma y adoptando como pauta hermenéutica a la sistemática,
confrontando el precepto a interpretarse con el resto de las normas que
integran el ordenamiento jurídico. No debe olvidarse la presunción de
coherencia que reina en el sistema de normas. La interpretación debe
efectuarse de tal manera que las normas armonicen entre sí y no de
modo que se produzcan choques, exclusiones o pugnas entre ellas."
(SCBA; L 74049; 28-5-2003; Jara, Ramón c/Dirección de Vialidad de la
Provincia de Buenos Aires s/Indemnización por accidente de trabajo
(ley 9688); DJBA 165, 264.)
5. FUNDAMENTOS DEL RECURSO DE NULIDAD.
El jurado no justificó la decisión adoptada y pudo creerse haber
procedido de acuerdo a derecho, en tanto haya considerado que debía
exponer los fundamentos si el archivo era ordenado por carecer de
jurisdicción. Consecuentemente, la falta de justificación es consecuencia de
un erróneo cumplimiento del deber que le impone el art. 27 a partir de una
incorrecta interpretación del sentido del texto expresado por el legislador.
Sin embargo, el jurado debió haber advertido que aun cuando no
integra el Poder Judicial, cumple una función jurisdiccional y por ello se
encuentra obligada a cumplir con la manda constitucional que impone el
art. 171 en cuanto a que las sentencias deben estar justificadas.
Ello se deduce del hecho de que los integrantes, más allá de los
cuerpos a que pertenezcan, deben reunir la condición de abogados. En
segundo lugar, porque la resolución que adoptan debe estar ajustada a
derecho. Tercero, porque esa resolución es adoptada sobre la base de la
aplicación de normas jurídicas. Y, finalmente, porque las resoluciones que
dictan tienen todos los efectos propios de la sentencia judicial: dan fin a un
proceso contencioso, deben justificarse en los hechos alegados y probados
por las partes, bajo un estricto control de igualdad en las armas empleadas
y, fundamentalmente, porque adquieren los efectos de la cosa juzgada
material. Porque, una vez concluido el jury, los hechos por los cuales fue
investigado el magistrado no podrán ser objeto de una nueva acusación.
La resolución en crisis puso fin al trámite y hace cosa juzgada
material, aun cuando no haya abierto el enjuiciamiento, esto es, no haya
habido proceso. Y lo ha hecho sin brindar justificación alguna de la
resolución adoptada, falta de justificación tanto en los hechos objeto de la
acusación, como del derecho que se habría aplicado. Por lo que, de ese
modo, el jurado ha violado el debido proceso adjetivo y a la par, infringido
el deber de justificación que le impone el art. 171 de la Constitución
Provincial.
La función del jurado no es discrecional, en tanto el art. 184 de la
Constitución le impone el deber de pronunciar el veredicto con arreglo a
derecho. No lo es un pronunciamiento que aparece como resultado de la
exclusiva voluntad del órgano que lo produjo, huérfana de todo argumento
así como de explicación del proceso discursivo que llevó a la mayoría a
adoptar la arbitraria decisión que adoptó.
El sistema republicano de gobierno reclama la publicidad de los
actos públicos y del proceso a través del cual los órganos de gobierno de un
Estado de derecho arriban a las decisiones que adopten. Por eso hablamos
de arbitrariedad.
La C.S.N. tiene elaborada una copiosa como plausible doctrina
jurisprudencial que, pese a estar referida en la gran mayoría de sus casos a
sentencias judiciales, es extensible a las decisiones como las de los jurados
de enjuiciamiento de magistrados dado que, no obstante tratarse de órganos
no judiciales, son tribunales encargados específicamente de considerar la
idoneidad de los jueces y separarlos de sus cargos caso de configurarse las
causales que lo justifican. Sus decisiones deben ser pues, tal como lo
proclama la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, adoptadas “con
arreglo a derecho”.
No se ajustan a derecho decisiones que incurren en cualquiera de
los siguientes vicios descalificantes definidos como tales por la C.S.N.:
a) Los jueces no están obligados a seguir el razonamiento de las
partes pero deben decidir todas las cuestiones esenciales conducentes a la
solución del caso, pues la omisión de cualquiera de ellas afecta la garantía
de la defensa en juicio (garantía que en la especie le asiste tanto al juez
denunciado como al Colegio denunciante).
b) Los fallos deben ostentar fundamentos ciertos, exigencia esta
que tiene raíz constitucional y, como contenido concreto, el imperativo de
que la decisión se conforme a la ley y a los principios propios de la doctrina
y la jurisprudencia vinculados con la especie a decidir. Deben en todos los
casos ser una derivación razonada del derecho vigente y no producto de la
personal voluntad del juzgador. Por tal razón cuando la decisión se funda en
pautas o afirmaciones de excesiva generalidad, como las empleadas en la
que se impugna, se quebranta la garantía constitucional que consagran los
arts. 18 de la CN y 15 de la Provincia.
En efecto, la abstracta afirmación (descriptiva o valorativa) del
Jurado: “(…) no surgen elementos de cargo suficientes…” constituye un
claro ejemplo del concepto acuñado por la Corte Suprema de la Nación de
afirmación dogmática. En tal sentido, merece el mismo reproche que ese
tribunal formuló para la afirmación de un tribunal de segunda instancia: “el
derecho a resarcimiento tiene únicamente carácter hereditario” en
Storaschenco e hijos vs. Establecimientos Metalúrgicos Santa Rosa S.A.
(Fallos: 236:27; 3-X-1956), y de ese modo descalificar el fallo o incluirlo
en la clase sentencia arbitraria.
Es un claro ejemplo también, de sentencia cuya fundamentación
normativa es meramente aparente y por ende ineficaz para constituir una
sentencia ajustada a derecho y justificada en él. (In re: Marino y otros c/
Odol S.A. – Fallos: 254:40; 15-X-1962). Es que, con arreglo al criterio
consolidado de la Corte Suprema, las sentencias judiciales deben ser
fundadas en forma tal que la solución que consagren corresponda a los
hechos comprobados y se derive razonadamente del ordenamiento legal
vigente por aplicación de los principios pertinentes al caso (Roberto
Sanguinetti c/ Consejo Nacional de Educación – Fallos: 250:152; 14-VII1961). De modo tal que, aquellas resoluciones que no cumplen esos
requisitos y, en ese sentido, destacamos al adverbio razonadamente, el cual
significa rechazar argumentos entimemáticos que omitan la expresión de
cada una de las premisas necesarias para que la conclusión resulte
justificada o que den sabidos presupuestos sin exponerlos expresamente.
Este principio conduce a la exclusión de aquellos fallos que, como el que
atacamos, no satisface los referidos recaudos.
El fallo recurrido, con palabras también de la Corte Suprema de la
Nación, no ha satisfecho la exigencia de una consideración objetiva de los
puntos trascendentales de la litis para arribar a una solución justa y
justificada. Es que, el uso de los mismos conceptos de la ley es tal como
una mera remisión a ella, y la Corte Suprema ha dicho que no se satisface el
recaudo de justificación cuando el fallo se limita a remitirse a un plenario
como aconteció con el fallo de segunda instancia anulado por aquella en
Ons c/ La Cantábrica (J.A. 1965-IV-202; 9-VI-1965).
Resulta también sumamente ilustrativo para mostrar la falla del
decisorio atacado, lo resuelto por la Corte Suprema en Andino y Laserna
(Fallos 240:160; 19-III-1958) en el cual afirmó que tanto la mera
afirmación de la sentencia de primera instancia: “se halla debidamente
acreditada la comisión de la falta que se le imputa” único fundamento;
como la de segunda instancia: “que conforme a los elementos de juicio
acumulados, la sentencia se ajusta a derecho” constituyen dos claros
ejemplos de sentencia arbitraria.
c) Las afirmaciones que preceden se ajustan, casi a la letra, a la
doctrina de la CSJN y reflejan el meollo de la doctrina de la arbitrariedad,
en virtud de cuya aplicación al caso corresponde que se deje sin efecto el
pronunciamiento apelado.
En el caso en tratamiento los miembros del jurado que votaron por
el rechazo de la acusación lo hicieron sin ninguna justificación
confundiendo incluso la necesidad legal de la fundamentación, con el juicio
de la mera verosimilitud que debe realizar para disponer la apertura.
Reiteramos, si se ordena la apertura del juicio sólo se requiere un mero
análisis de la verosimilitud de las causales por las que se acusa, pero si por
el contrario se decide el rechazo de la acusación y el archivo de la causa, es
exigencia ineludible la debida fundamentación.
Resulta importante destacar para confirmar la arbitrariedad por
carencia de fundamentación, que los miembros del jurado que votan por el
rechazo, lo hacen refiriéndose a los dictámenes de la inspección de la
Suprema Corte obrantes a fs. 422/443 y su ampliación de fs. 645/647,
aludiendo a que de ellos no surgen elementos de cargo suficientes. Sin
embargo de la sola lectura de los dictámenes referidos, surge en forma
evidente que la Inspectora coincidió en varios pasajes con la acusación del
Colegio de Abogados, y detalló puntillosamente toda la prueba que se
ofreció para demostrar los extremos invocados. Por lo que, para apoyarse en
esos dictámenes, los miembros tuvieron que descalificarlos indicando
cuáles son aquellos puntos en los que no estaban de acuerdo y justificarlo.
Sólo así puede admitirse esa referencia. Resulta no sólo arbitrario sino
absolutamente contradictorio fundar el rechazo en un dictamen que
precisamente indica todo lo contrario.
Tan huérfana de justificación resulta la resolución en lo que
respecta al voto de la mayoría que dispuso el archivo (apartado 2), que pese
a referirse a todas las acusaciones y pasar a mencionarlas, omitieron varias
de las que formaban parte de la acusación (tal como: "realización de hechos
o desarrollo de actividades incompatibles con la dignidad y austeridad que
el cargo judicial impone" - artículo 20 inciso g Ley 8.085).
Es destacable que, con la sola lectura de los dictámenes de la
inspección a que se hace referencia en el voto de los miembros que
rechazan la acusación, se advierte que los inspectores cuando no están de
acuerdo con la evaluación que realiza el Colegio de Abogados lo dicen
expresamente, pero en el resto de las causales describen los hechos, la
prueba que recogieron, la prueba que ofrece el Colegio de Abogados, sin
manifestar desacuerdo alguno. No han sido categóricos en cuanto a la
consideración positiva de las causales porque ello corresponde al jurado,
pero nunca podrían los jurados basar en esos dictámenes el rechazo de la
acusación cuando de ellos surge sin hesitación que la causa merece la
apertura a prueba para examinar las numerosas medidas practicadas por la
inspección y aquellas que ofrece la acusación.
Señalamos lo anterior no para entrar a considerar el fondo del
asunto, circunstancia vedada a la Suprema Corte a tenor de las facultades
eminentemente políticas del Jurado, sino para mostrar la violación al deber
de fundamentación y el quebrantamiento con ello del debido proceso,
circunstancias por las cuales conforme los antecedentes jurisprudenciales de
la Corte Nacional antes reseñados, corresponde abrir esta instancia judicial
de revisión.
Es que, sin hacerse cargo de las numerosas pruebas aportadas al
proceso, sin evaluar cuales eran las razones de cada una de las acusaciones
con las que se formula la causa, sin rebatir uno solo de los argumentos de la
acusación y, lo que es más grave aún, apoyándose en los dictámenes de la
inspección de la Suprema Corte que en la mayoría de los puntos coincide
con la acusación, la mayoría de seis votos resolvió que no había
verosimilitud.
Los miembros del Jurado que votaron por el rechazo de una o más
de las acusaciones, confunden la letra de la ley y no advierten que el juicio
de verosimilitud debe ponderarse únicamente para la apertura del juicio
pues la fundamentación deberá hacerse una vez producida la prueba. Es
absolutamente lógica la estructura de la ley pues no podría fundamentarse
antes del juicio el motivo de la apertura prejuzgando sobre aquello que será
materia de decisión final; por eso sólo se impone el juicio de verosimilitud.
No así en cambio, para el rechazo de la acusación y el archivo, aquí sí se
exige la fundamentación porque es la última oportunidad en que el jurado
se expedirá sobe el tema, su resolución causará estado, hará cosa juzgada
material. Por ello, siendo una decisión firme y definitiva la fundamentación
se convierte en un requisito republicano ineludible, sin la cual se viola la
garantía del debido proceso, así como las de igualad ante la ley y
supremacía de las normas jurídicas.
En un caso tan delicado como el juzgamiento de la conducta de un
magistrado, no puede el jurado olvidar que su función es altamente
gravitante para la sociedad pues deberá juzgar precisamente a quienes están
llamados a impartir justicia, y para ello, a ejercer el poder de decidir sobre
la vida y la propiedad de otros. Por ello no podrá, so pretexto de una
absurda y arbitraria interpretación de la letra del artículo 27 de la ley 8085,
olvidar el resto de la ley y dejar de cumplir con la expresa disposición del
artículo 31 de la Constitución Nacional que obliga a respetar la
Constitución Nacional, las leyes que en su consecuencia se dicten, los
tratados internacionales, no obstante cualquier disposición en contrario que
contengan las leyes o constituciones provinciales.
El Jurado de Enjuiciamiento no es un Tribunal de Justicia que
dirime conflictos individuales. Para ello están llamados los jueces de la
Constitución. Aquél es un tribunal que representa a la sociedad y que
analiza el desempeño de un Juez en la delicada función de administrar
justicia.
Se ha sostenido que el Jurado actúa en nombre y defensa de los
derechos públicos de la sociedad a quien representa, y por ello, cuando se
encuentra en duda la continuidad de un magistrado, debe optar por la
destitución pues es de aplicación el principio “in dubio pro sociedad”. Esta
postura fue sostenida entre otros por el recordado representante de la
Colegiación, conjuez de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de
Buenos Aires, Dr. Guillermo Nanno, in re: Larrosa Ricardo (LL 58, 22-V2000, p. 2, citado por Jorge O. Paolini en su obra El Enjuiciamiento de
Magistrados y funcionarios, ed. La Ley, año 2000, pág. 60).
En punto a ello como representantes de la sociedad, si los
miembros de un jurado entienden que no hay causas para el enjuiciamiento,
deben fundar debidamente su voto para responder a sus representados en,
insistimos, aquella delicada función de darle a la sociedad, jueces aptos para
dirimir sus conflictos y llegar a la paz social que es fundamento último de la
labor de la justicia.
Por las razones expuestas entendemos que resulta absolutamente
procedente el recurso que venimos intentando y solicitamos se haga lugar al
mismo casándose la sentencia en recurso y mandándose reexaminar la
cuestión traída en el jurado de enjuiciamiento competente, el que, atento el
evidente prejuzgamiento, deberá conformarse con nuevos miembros.
6. CUESTIÓN FEDERAL
El pronunciamiento que cuestionamos violó las siguientes
garantías constitucionales, a saber:
Artículo 16: El respeto de la garantía según la cual todos los
habitantes de la República somos iguales ante el Derecho, exige que
recibamos el mismo trato de la autoridad y que éste sea el debido. Justificar
consiste principalmente en indicar cuáles son las condiciones que en el caso
se dan conforme una regla universal a la que están sometidos todos los
casos de iguales características. Por ello quien justifica está comprometido
por su conducta pasada y queda de igual modo comprometido para el
futuro. Al no justificarse la resolución se torna procedente la conclusión de
que éste caso es diferente pura y exclusivamente porque así lo vieron los
miembros del jurado, sin quedar ellos comprometidos para casos iguales en
el futuro al no indicar cuáles son los presupuestos de hecho relevantes que
subsumen el caso en la regla genérica. La justificación es un presupuesto
para que la autoridad brinde un tratamiento ecuánime al justiciable. Por
ende, quien no justifica viola la garantía de igualdad tal como si hubiera
juzgado en forma contradictoria con casos pasados. Al no justificar viola el
deber de quedar comprometido para respetar el principio de igualdad que
manda la Constitución Nacional.
Artículo 18: La Corte Suprema de la Nación ha reconocido en este
precepto el compromiso de la autoridad de someterse al debido proceso
adjetivo, exigencia que constituye una garantía mínima que toda autoridad
jurisdiccional debe obedecer, incluso los jurados de enjuiciamiento de
magistrados, tal como lo ha afirmado el Supremo Tribunal en los
precedentes antes citados. No estamos criticando el proceder del jurado
porque haya rechazado la apertura de la causa; tampoco porque haya
apreciado incorrectamente las pruebas acompañadas; estamos impugnando
el incumplimiento del modo en el que debía expedirse el jurado. Constituye
una violación al procedimiento seguido, no a la sustancia; ello muestra la
procedencia del recurso y la violación a la citada garantía de la Constitución
Nacional. Cabe destacar de todos modos que, si el jurado hubiera respetado
el procedimiento que le exige el art. 27, no habría podido archivar la causa.
Artículo 31: En la medida en que se acepte que un tribunal letrado
esté autorizado a dictar una resolución de naturaleza jurisdiccional de
carácter definitiva, que haga cosa juzgada material, impidiendo a la parte
agraviada replantear el caso; y todo ello, fundado en una norma legal,
conforme una errónea interpretación dada a su texto; se vulnera la jerarquía
normativa prescripta por el art. 31, al anteponerse una norma legal (según
una errónea interpretación) por sobre una exigencia constitucional como la
prescripta por el art. 18 en lo que respecta al debido proceso adjetivo. La
interpretación dada al art. 27 es inconstitucional. Por ello, si este fallo se
confirma, se le otorga a esa interpretación reconocimiento jurisdiccional, lo
que muestra la gravedad del caso que se eleva a consideración de V.E.
Por todo ello planteamos la existencia de cuestión federal
suficiente para acudir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, por la
vía del recurso extraordinario federal previsto por el artículo 14 de la Ley
48, para el caso de que no fueran admitidos o fueran rechazados los
recursos extraordinarios locales objeto de esta presentación.
7. GRAVEDAD INSTITUCIONAL.
Los ciudadanos de a pie somos juzgados por los jueces de la
República y éstos por órganos especiales, de modo que la conducta de
todos es controlada por la autoridad que en cada caso corresponda; nadie
escapa al Estado de Derecho. Si resolver el más humilde conflicto
interindividual es de la mayor importancia para mantener la paz social, al
punto tal que debe hacerse conforme las normas procedimentales vigentes,
que siempre prevén que las decisiones deben ser fundadas, a fortiori ello
debe ser así cuando se juzga la conducta de un magistrado revestido de la
autoridad judicial.
Juzgar a quien juzga es una de las funciones más delicadas en una
República. ¿Cómo podrían ser aceptados los fallos de quien es sospechado,
si no se elimina o confirma toda seria acusación respetando el debido
proceso?
La sentencia en crisis no ha visto que los signos de los tiempos
imponen una mirada introspectiva de toda autoridad, para no perderla, en
busca del error que es fuente de tanto dolor en nuestra comunidad. La hora
impone comprender que quien decide sobre sus semejantes no puede
hacerlo como un mero acto de voluntad —no basta disponer de la autoridad
o de los votos para decidir— sino que debe emitir una razonable expresión
de conocimiento. Es imperioso, hoy más que nunca, dar razones para
decidir.
La autoridad debe dar razones para disponer de los bienes de la
vida de aquellos que se encuentran sometidos a ella, como única forma de
que éstos toleren sus mandatos; lo contrario, esto es, la decisión apodíctica,
no constituye el regular ejercicio de la autoridad sino la arbitrariedad del
que decide. Ello no es propio del Estado de Derecho. El deber de toda
autoridad de dar razones para resolver como lo hacen, es impuesto por el
artículo 171 de la Constitución Bonaerense (titulado: "Fundamentación de
las sentencias"), e implícitamente por el art.18 de la Constitución Nacional
(como condición para que pueda ser "inviolable la defensa en juicio").
No podría ser de otro modo. ¿Por qué los jueces deben tener título
de abogado? Justamente, para favorecer la explicación de los motivos de
derecho y de hecho por los cuales resuelven como lo hacen. No en balde al
jurado lego sólo se le pide un veredicto sin motivación alguna, o al
amigable componedor sólo se le exige que resuelva a verdad sabida y buena
fe guardada sin fundamentación alguna; ni uno ni otro requieren
conocimientos técnico jurídicos. Se ha dicho sobre este deber: "... se halla
consagrado en forma expresa en diversas constituciones y en todas las
leyes procesales del continente que no adoptan la institución del jurado (se
refiere al jurado lego). Y su cumplimiento exige que toda sentencia sea
motivada con la construcción de un razonamiento lógico suficiente para
que un hombre sensato pueda saber con certeza por qué el juez falló en el
sentido que lo hizo y no en otro. La notable importancia que tiene este
deber en el mundo contemporáneo fue desconocida en el pasado. Tanto es
así que, por ejemplo, la Real Cédula de Carlos III de España (1778)
mandaba a la Audiencia de Mallorca que cesara en la práctica de motivar
las sentencias para evitar las cavilosidades de los litigantes..." (Adolfo
Alvarado Velloso, "Introducción al estudio del derecho procesal. Segunda
parte", Ribunzal-Culzoni, Santa Fé, 1998, pág.56, el destacado pertenece al
original).
Esta característica de toda decisión que se precie de justa y que no
constituya la expresión del humor genital del que la adopta, no puede estar
ausente de la orden de archivar la causa dada por un Tribunal de
Enjuiciamiento de un Magistrado. Así lo impone con toda precisión el art.
27 de la Ley 8.085.
La garantía de la justicia de la decisión que adopta un tribunal es
diferente si es integrado por abogados con conocimiento técnico jurídico o
por ciudadanos legos que carecen de él. Cuando los jurados son legos la
garantía es su rigurosa selección y la decisión adoptada por unanimidad
luego de debatir en privado el caso; si no logra unanimidad el jurado se
disuelve y se forma otro. Mientras que si los que deciden son abogados, no
se requiere unanimidad, pero sí en su reemplazo fundamentación de la
decisión; justamente para eso cuentan con un grado universitario que los
formó para dar las razones para decidir. Sin fundamentos la decisión no es
más que tinta sobre papel pero no una verdadera sentencia que respete el
debido proceso constitucional.
¿Por qué razón los jurados Arcuri, Amondarain, Eseverri,
Amalvy, Uberti y Tullio, consideraron que “no surgen elementos de cargo
suficientes para fundar el juicio de verosimilitud exigido por el art.27 de la
Ley 8085” de las miles de fojas que dicen haberles dedicado “un prolijo y
pormenorizado estudio”?
Lo desconocemos porque nada dijeron para fundar tal opinión, que
por lo demás se presenta como absolutamente irrazonable. Tampoco dieron
cuenta de por qué consideran que seis infundados votos son suficientes para
archivar tan seria acusación, cuando la ley 8085 exige siete votos fundados
para las decisiones más graves.
El Colegio de Abogados y Procuradores del Departamento Judicial
de Bahía Blanca, después de haber reunidos tantas fojas que una sobre la
otra trepan a la altura de de una persona media, demandó la destitución de
un camarista por haber incurrido en causales de mal desempeño de su
función (pérdida de las condiciones necesarias para ejercer su cargo,
ejercicio clandestino de la abogacía, actos de parcialidad manifiesta y
negociaciones incompatibles con su función, fruto de todo lo cual se
enriqueció ilícitamente) y ofreció abundante y contundente prueba para
demostrarlo. Sin la mayoría calificada que se impone, sin dar razones para
hacerlo, ni buenas ni malas, se ordenó archivar la causa.
¿Qué puede haber más grave en la República?
Indudablemente existe “gravedad institucional” en el presente
caso que impone superar todo ápice procesal que pudiera obstruir el curso
de los recursos deducidos.
8. PETITORIO.
Por lo expuesto, solicitamos de la Excma. Suprema Corte:
8.1. Tenga
por
presentado
el
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley o doctrina legal y de nulidad extraordinario,
sustentados ambos en forma simultánea con esta presentación.
8.2. Se requiera del Jurado de Enjuiciamiento la remisión de todos
los antecedentes correspondientes al caso.
8.3. Se tenga planteado el caso federal.
8.4. Se dicte sentencia casando la recurrida, declarándola nula por
los fundamentos expuestos y ordenando la constitución de un nuevo jurado
para que juzgue los cargos presentados contra el magistrado Dr. Gustavo
Salvatori Reviriego.
Proveído de conformidad,
SERÁ JUSTICIA.
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