NATURISMO COMO FILOSOFIA DE LA EXISTENCIA

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Oscar Villavicencio Vargas
NATURISMO COMO FILOSOFÍA DE LA EXISTENCIA
“Lo que sobrevive es el organismo en su entorno”.
Charles Darwin
“El centro de atención ya no es la evolución del organismo, sino la coevolución del
organismo y su entorno”.
Fritjof Capra
El Naturismo es una forma de entender la vida y el mundo, es una opción filosófica,
es una forma de vida sana que nos permite comprender lo que ocurre a nuestro
alrededor y nos sirve como marco referencial para avizorar nuestro futuro. Se
fundamenta en la idea de que el ser humano y su entorno forman parte de una
misma unidad y como tal el ser humano que sobrevive es “el mismo en su
entorno”; en consecuencia, un individuo que sólo piensa en su propia supervivencia
destruirá inevitablemente lo que le rodea y también se destruirá a sí mismo.
Así la mejor forma de preservar y mejorar nuestra vida es la de cuidar y respetar
nuestro entorno. En la práctica, esto se traduce en comportamientos de RESPETO Y
NO VIOLENCIA dentro de diferentes campos, como son: la ecología, la solidaridad,
el comercio justo, el pacifismo, la agricultura biológica, la arquitectura biológica, la
medicina naturista, etc., que conlleva a una PAZ DE CONCIENCIA, porque no se
puede pretender ser naturista de formas (comida) dejando de lado el fondo
(medicina de la conciencia).
El Naturismo, entonces, es la forma de vida sana; la medicina natural es la forma
de curar sana, es un criterio médico biológico que se apoya en la filosofía naturista.
La salud depende de nuestro estilo de vida; en consecuencia, es la capacidad de
desarrollar todas nuestras actitudes e inquietudes físicas, psíquicas, sociales y
espirituales con plenitud y en armonía con el entorno. Se relaciona con la manera
que cuidamos lo que nos rodea y con el correcto equilibrio entre la asimilación y
eliminación de nuestro organismo. En síntesis, es saber administrar el “capital de
salud” que recibimos al nacer, pues bien sabido es que el organismo nos cobra con
“intereses” excesivos lo que no realizamos en forma responsable y conciente
durante nuestros primeros años (medicina preventiva) y que después de
transcurrida nuestra cuarta década de años aparece como arteriosclerosis
avanzada, artrosis, osteoporosis, etc.
En contraposición, entonces, a la salud, está la enfermedad que no es una situación
casual, ni accidental, sino un estado del organismo como consecuencia natural de
una manera de vivir y de concebir la vida y el mundo (conciencia).
Desde los albores de la existencia del hombre, éste llevaba una alimentación
ordenada y armónica; cultivaba y consumía la mayoría de productos que se
producían en su entorno, siendo excepcionales los alimentos consumidos de
regiones alejadas, lo cual le permitía cumplir en forma adecuada sus actividades
diarias, además de gozar de una buena salud, hecho que lo demuestran ciertas
poblaciones de América, como es en la Amazonia, Vilcabamba (Ecuador) Aymaras
(Perú y Bolivia), Hunzas (Pakistán), Abkhazia (Georgia) y Okinawa (Japón), entre
otras, donde además es un hecho epidemiológico que son las poblaciones más
longevas del planeta.
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Conforme el hombre se ve envuelto por el “desarrollo de la civilización”, se aparta
de un alimento natural e integral para ser influenciado por las empresas refinadoras
de alimentos, comienza a consumir cada vez más productos procesados, refinados,
enlatados que disminuyen la calidad de su alimentación. El color de algunos
productos no fue bien visto y le agregaron colorantes para que se vean más
atractivos y lustrosos. El ganado y las aves no engordaban ni crecían lo
suficientemente rápido y les dieron hormonas para que su carne fuera abundante y
suave.
Como el caminar no era bien visto por el hombre, pues la res perdía peso por el
ejercicio, las encerró en cubículos para ponerle más hormonas y engordarla más
fácilmente. Las gallinas no ponían huevos suficientes y el hombre resolvió en forma
extrema cambiarles el sol por un bombillo, alterar el ciclo circadiano del animal y,
sin gallo, ponerla a producir más huevos para el consumo. Los azúcares naturales
no tenían buen sabor, el azúcar de la caña era de un feo color y se refinó para que
se volviese soluble, de un mejor color, blanco transparente como un diamante y así
se convirtió en uno de los productos más tóxicos que se consumen en la actualidad.
Todo esto conlleva a un desorden metabólico donde no sólo se encuentran
implicados los carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales, enzimas,
coenzimas, sino también elementos que juegan un papel ordenador y terapéutico
en los alimentos.
En consecuencia, no se ha entendido que la nutrición es como el hombre: una
unidad, un sistema que trabaja en intima relación y que el alimento o el todo no
sólo implica descubrir las partes, para descubrir su misterio, cayendo en una
verdad parcial del conjunto, olvidando que siempre el TODO significa más que la
suma de las partes.
Muchas han sido las pruebas experimentales comparando la alimentación natural e
integral con una alimentación “moderna”, entre ellos destacan el Dr. Hufeland, Dr.
H. Lahmann, Dr. R. Berg, Prof. Shoenenberger, Prof. Brauchle, Dr. Otto Buchinger,
Dr. Bircher Benner, Dr. Schnitzer, Dr. Bruker, Dr. Heupke, Dr. Bernard Check, Dr.
Mac Carrison, entre otros.
Describiremos en forma sucinta una de estas investigaciones. El médico inglés Sir
Robert Mc Carrison, habiendo sido asignado médico en el Pakistán de la época en
que la India era colonia inglesa, y después de un año de estadía en ese lugar,
donde viven los Hunzas, advierte que éstos gozaban de una buena salud, no
habiendo operado a nadie durante su permanencia, además de que fácilmente
sobrepasaban los 100 años de edad, trabajando en la dura labor agrícola.
Se pensaba que la salud de los Hunzas se debía a su vida al aire libre, pero él
afirmaba que era por la calidad de la alimentación, que consistía en frutos:
albaricoques, manzanas, peras, melones, azufaifas, granadas, uvas, melocotones,
cerezas, fresas, moras; ensaladas con trigo puesto a germinar en tierra húmeda y
en ocasiones choclos y otros granos sin madurar, aún en estado lechoso (al
comienzo de la primavera); los cereales los comían en forma de papilla diariamente
como la cebada y el trigo.
El pan era preparado con granos de trigo que se molían a medida que lo
necesitaban; la harina fresca, amasada con agua y sin levadura y dispuestas en
forma de galletas aplastadas, era cocida rápidamente en el fogón y se comían aun
calientes.
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Leche y queso fresco en poca cantidad en las comidas y como el ganado se mata en
caso de accidente o extrema vejez, la carne era consumida 2 a 3 veces al mes,
especialmente en la época de hambruna. La mantequilla se usaba en forma de
condimento en los días de fiesta.
El queso de leche agria y algunas hortalizas como la papa y el tomate, pero en
menor cantidad que los frutos, completa la comida habitual de los Hunzas.
El azúcar y la sal eran desconocidos y no se hacia uso de ningún estimulante ni
excitante. En época de sequía y hambruna, factor indispensable era el hecho de
practicar el AYUNO anual.
Mc. Carrison se propuso demostrar que la buena salud de los Hunzas se debía a la
calidad de su alimentación, para lo cual reunió 1,200 ratones. A la mitad de ellos
les dio la alimentación típica de los Hunzas y a la otra mitad se les alimentó con el
régimen dietético típico de un barrio popular de Londres, como el pan blanco,
carnes, jamón, conservas, vegetales cocidos, confituras, frituras, azúcar refinada,
sal, condimentos y otros alimentos desnaturalizados.
La experiencia duró varios años y se sostuvo en varias generaciones de ratones. El
grupo con la dieta de los Hunzas se mantenía sano, sin las enfermedades típicas del
hombre de ciudad: me refiero a la artritis reumatoidea, la artrosis; no se presentan
tumores, además de mantenerse pacíficas ante el aumento del número de ratones
ocupando el mismo espacio vital.
Los ratones con la dieta del hombre inglés de la época comenzaron a sufrir las
enfermedades propias del hombre moderno: la artritis, la artrosis, tumores
malignos y benignos, así como que se tornaron irritables, agresivos devorándose a
sus crías ante la ocupación de su espacio vital, de allí que surge la máxima
Hipocrática: “De todos los factores que mantienen la salud humana, el más
importante y simple factor es el alimento perfectamente constituido”.
En conclusión, la alimentación se ha analizado mucho cuantitativamente, pero no se
le ha dado el valor real a la calidad de la alimentación; tampoco se ha valorado la
importancia de la integración de todos sus componentes (Totum). No es lo mismo
una proteína aislada que rodeada de aminoácidos, carbohidratos, vitaminas; pues
su función varía en uno u otro estado. No es lo mismo un hombre aislado como
unidad que un hombre puesto en medio de una sociedad como organización y en
ningún momento se justifican visiones aisladas que sólo dan resultados incompletos
y parciales.
El enfoque del TOTUM o el TODO que se aplica a los alimentos, también se aplica a
las plantas medicinales; por supuesto que pasó mucho tiempo para que los
farmacólogos entendieran la acción terapéutica de una planta aplicando este
principio, como sucede con la Equinácea, por ejemplo.
En las monografías de la Organización Mundial de la Salud, OMS, sobre plantas
medicinales se encuentra que las infecciones respiratorias de las vías superiores se
pueden tratar en forma efectiva con esta planta. En los más de 350 estudios
científicos realizados en los últimos 50 años no se ha encontrado un principio activo
específico que actúe sobre algún germen determinado, sino que la Equinácea tiene
un efecto estimulante inmunitario que se realiza mediante tres mecanismos:
activación de la fagocitosis con estímulo de los fibroblastos; incremento de la
actividad respiratoria, e incremento de la movilidad de los leucocitos.
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Esta peculiaridad de la aplicación del TOTUM en una planta es también válida para
las combinaciones fitoterápicas. En Oriente como en Occidente son muchos los
ejemplos de combinaciones de plantas que tienen fuerte actividad sobre infecciones
broncopulmonares, dermatológicas, digestivas, etc., que al ser comprobadas en
forma aislada cada componente no demostraban una acción efectiva; sin embargo,
en combinación demostraban ser altamente efectivas. Por otra parte, cuando se
retiraba de la combinación algunas de las plantas que no mostraban ninguna
efectividad, y se dejaban aquellas que según los análisis de laboratorio era más o
menos efectiva, la combinación fitoterápica o el fitocomplejo perdía notablemente
su efectividad.
Es por ello que resulta bastante complicado la investigación con plantas
medicinales, sin embargo ésta nos permite comprender criterios o paradigmas aún
difíciles de ser entendidos desde la óptica convencional. Las plantas medicinales,
como parte de la Medicina Tradicional, ha representado una manera en que el
hombre se interrelaciona con la naturaleza y viceversa.
El hombre aprendió de que existen plantas terapéuticas y plantas terapéuticonutricionales; como ejemplo mencionaremos el Quenopodium ambrosoides (paico o
apazote) que crece en forma silvestre en la costa y sierra del Perú y que en
determinadas zonas del norte y sur de Lima se le considera indispensable en la
alimentación, consumiéndose como sopa verde de paico, dando un sabor muy
agradable; pero además es una fuente nutricional considerado como antianémico y
rico en fuentes vitamínicas y minerales. Los antiguos pobladores sabían que el
paico tenía una acción antiparasitaria efectiva experimentalmente sobre el Ascaris
lumbricoides, Triquiuris triquiura, Oxiurus vermiculares; por el principio activo del
ascaridol; así el paico se convierte en una planta terapéutico-nutricional porque
cumple ambas funciones.
Pero tenemos el caso de plantas como la corteza de la Uncaria tomentosa (Uña de
gato) cuyos usos terapéuticos son resumidos en acción antiviral, analgésica,
antiinflamatoria e inmunoestimulante, siendo aun evaluado en su acción
anticonceptiva, pero no posee una acción nutritiva específica por eso es
considerada como planta terapéutica.
En medicina, históricamente se toman en cuenta dos criterios para enfocar la
terapéutica: tanto la trofoterapia como la fitoterapia están enmarcados en estas
concepciones, la primera de ellas es el criterio médico convencional, donde el
alimento o la planta se acompañan de una valoración de principios activos, acción
farmacológica, forma galénica, dosificación, efectos secundarios, indicaciones
(dentro de un marco nosológico), etc.; y el segundo, el criterio médico biológico
(naturista), donde el alimento, fundamentalmente, y la planta se usan activando los
mecanismos de defensa, drenando y haciendo funcionar a los emuntorios naturales
del cuerpo, estimulando al médico interior (VIS MEDICATRIX NATURAE HIPÓCRATES) para que se cumpla la acción autorreguladora y restablecer el orden
biológico del organismo.
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El Método Natural en medicina
La Medicina Natural representa uno de los más antiguos paradigmas de la medicina,
su práctica por el hombre se pierde en los albores del tiempo y al igual que la
Medicina Tradicional, representa también una estrategia de supervivencia.
La Medicina Natural es un sistema o criterio médico preventivo y terapéutico,
basado en la comprensión y utilización de los principios autorreguladores del
organismo, que enfoca al individuo como parte de un todo en interrelación continua
con el medio ambiente.
Su práctica se engloba dentro de lo que denominamos Medicinas no
Convencionales, por algunos llamado Alternativas y/o Complementarias; y como
todas ellas, se fundamenta en la idea de la existencia de esa fuerza interna que
tiende a mantenernos en salud y que llamamos VIS MEDICATRIX NATURAE.
Como recurso para ayudar a esta fuerza, y siguiendo el principio hipocrático
PRIMUN NON NOCERE (PRIMERO NO DAÑAR), son utilizados los elementos
presentes en la naturaleza: el agua, el sol, el alimento, la tierra, las plantas
medicinales, etc.
La Medicina Alternativa y/o Complementaria se diferencia de la Medicina
Convencional porque no sólo utiliza un instrumento diferente que puede ser el
alimento, la planta, la aguja, el remedio homeopático, etc., sino porque el criterio
de su práctica también es diferente.
Desde ese punto de vista, en la Medicina Natural se considera que el microbio
(virus, bacteria, hongo, etc.) es un “indicador biológico” de la enfermedad y en
consecuencia, no es lo único y lo más importante a tener en cuenta en el proceso
patológico.
Asimismo, los síntomas son el esfuerzo del organismo para normalizar sus
funciones y establecer el nuevo orden interno, por lo tanto, se intenta no
suprimirlos sistemáticamente sin dejar antes de interpretarlos en su finalidad. La
curación, entonces, no se atribuye al medicamento o terapia en sí, sino al propio
organismo del paciente, lo que los antiguos médicos Hipocráticos llamaban “medico
interno” o VIS MEDICATRIX NATURAE.
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