Carlos Maria de Alvear

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Diccionario Biográfico Nacional
Carlos Molina Arrotea, Servando García y Apolinario C. Casabal
Buenos Aires 1877
Carlos María de Alvear
Biografía Histórica
Hombre de estado y hombre de guerra de la Revolución; hijo
primogénito del anterior y de doña Josefa Balbastro. Nació el 4 de Noviembre de
1789 en la reducción de Santo Ángel de la Guarda (Misiones del Uruguay). Hizo
sus primeros estudios en Porto Alegre y en 1804 pasó á España con toda su
familia en la expedición salida de Buenos Aires y compuesta de las fragatas
Medea, Fama, Mercedes y Clara, y en la que iba su padre en calidad de segundo
jefe. La esposa del Capitán Alvear se embarcó con todos sus hijos á bordo de la
Mercedes; pero haciéndosele insoportable la presencia del mayor de ellos (Carlos)
por su carácter travieso é indócil, le envió al lado de su padre, que iba en otro
buque de la expedición, debiendo á esta circunstancia la salvación de su vida,
como si la Providencia hubiese querido conservar al niño destinado á un
porvenir glorioso. La fragata Mercedes fue incendiada en el ataque de los
ingleses al doblar el Cabo de Santa María pereciendo toda la familia de Alvear.
Completada su educación en Londres, tomó servicio militar en España entrando
en la brigada de Carabineros reales, cuerpo de tropas escogidas, y en la
guerra contra los franceses se distinguió por su valor, particularmente en
las batallas de Talavera, Yébenes y Ciudad Real. Contrajo muchas amistades con
personas que debía encontrar después en América durante su vida pública,
como Carrera, Vigodet y otros, é ingresó en las sociedades secretas que por
entonces trabajaban en Europa por la independencia de aquella. Fugó de Cádiz y
se embarcó en la fragata inglesa Jorge Canning en la cual llegó á Buenos Aires
el 9 de Marzo de 1812 con San Martin, Vera, Zapiola, Holemberg y otros
patriotas; trayendo también en su compañía á doña Carmen Quintanilla,
joven y hermosa andaluza con la cual había contraído matrimonio en España.
Alvear llegaba á Buenos Aires sin mas patrimonio que su porvenir, pues su
padre le había desheredado por sus ideas de independencia, pero alimentaba la
esperanza de regenerar á su patria y esto le bastaba. Con sus compañeros de
armas, San Martin y Zapiola, fundaron la Sociedad Lautaro, que respondía á la
de Caballeros Racionales establecida en Europa, y de esta manera se
hicieron dueños de la situación y directores de la política interna. San Martin y
Alvear, apenas pisaron las playas de la patria, se hicieron propagandistas
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ardientes de la causa que habían abrazado y el pueblo los recibió con
entusiasmo, seducido por sus promesas de triunfos militares con que ofrecían
cimentar la revolución. Alvear fue nombrado Sargento Mayor de
Granaderos á caballo, grado subsiguiente al que había obtenido en la guerra de
la Península, donde llegó á Alférez de Carabineros, empleo que en ese cuerpo
escogido correspondía al de Capitán en los comunes. En ese puesto organizó
y disciplinó con San Martin un cuerpo de caballería que después se
inmortalizó en las guerras de Chile y del Perú, y fue ascendido en recompensa
de sus servicios a Teniente Coronel del mismo regimiento. Es digno de notarse
también que renunció sus sueldos en beneficio del Estado y siguió sirviendo sin
retribución alguna. El movimiento de 8 de Octubre de 1812, fue inspirado por
Alvear, y él salvó los verdaderos principios de Mayo encaminando la
revolución por su verdadera senda. Ese día, fue nombrado suplente por uno
de los miembros del Ejecutivo que se creó en aquel mes. Poco después fue elegido
presidente de la Sociedad Patriótica Literaria y en el mismo año se le confió una
comisión importante en el ejército del Uruguay. Después de esta revolución, San
Martin y Alvear dirigieron el partido triunfante, y con la ayuda de la
Logia se propusieron organizar definitivamente el país promoviendo la
reunión de la célebre Asamblea General Constituyente de 1813, la más notable
que se había visto hasta entonces, por los hombres que la compusieron y
por ser la verdadera expresión de la voluntad nacional. Alvear, que ingresó á
aquella Asamblea en representación de la provincia de Corrientes, fué
nombrado Presidente de ella; y es un espectáculo curioso el que nos presenta
la historia en este joven de veinte y cuatro años dominando el augusto Senado
del pueblo, con el fuego de su palabra y los arranques de su genio. La
Asamblea dictó muchas leyes trascendentales, obedeciendo al influjo de San
Martin y de Alvear; porque los dos amigos se habían hecho pensadores y
parlamentarios “mientras llegaba la ocasión de ilustrarse en los campos de
batalla.” Y esa ocasión debía separar para siempre á los dos amigos. Ellos
eran los candidatos para generales de la logia Lautaro, pues esta quería apoderarse del mundo de las armas para centralizar todo el poder en sus manos, y
como esa era la ambición de los dos amigos, pronto chocaron y se hicieron
enemigos irreconciliables. Otras circunstancias influyeron también en esta
desunión que dio origen á las tristes rivalidades de San Martin y Alvear,
como la diferencia de edad, de genio, de tendencias. San Martin era severo y
astuto y aspiraba á la gloria militar; Alvear era mas brillante, pero con menos
juicio; audaz y petulante, todo se estrellaba con la impaciencia de su genio, y lo
coloreaba con el prisma candoroso de la juventud; aspiraba también, pero no
daba á su ambición una forma determinada; quería brillar, nada mas; fuera en la
asamblea, en el directorio ó en el campo de batalla. Chile y el Perú, eran el
punto de los conatos de San Martin. El general Alvear por el contrario, muy
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joven todavía y dotado de una imaginación impaciente, de talentos vivaces que
dañaban á la tranquilidad de sus designios, optó por la influencia inmediata.
Dejándose llevar por el influjo de las empresas políticas, y no pudiendo quizás
resistir el movimiento social que se apoderó de él y que lo empujaba, puso el
brillo de sus talentos y de su palabra al servicio del deseo ardoroso que tenia da
empuñar la dictadura de un país nuevo y viril con el que esperaba hacer
maravillas, y fascinado con los ejemplos de Bonaparte y de los mariscales
franceses, que tan fatales han sido siempre entre nosotros, imbuido en las
doctrinas y deslumbrado con los prestigios de la revolución del 89 paseaba su
espíritu político de Rousseau a Saint Just, y fiaba en su espada para constituirse
una personalidad histórica y brillante á las orillas del Río de la Plata.
Bajo estas influencias, su ambición se prestaba á todos los encantos y á
todas las ilusiones propias de su juventud y de su carácter, adelantándose
de diez años en ese luminoso camino de las fantasías poéticas de la política
revolucionaria á la época en que Rivadavia debía tentarlo de nuevo y
magnificarlo con verdaderos principios de administración, de moralidad y de
progreso. Así es que, apenas se pensó en dar un nuevo general al ejército del
Perú, por el contraste de Ayouma, Alvear corrió á presentar su candidatura a
la Logia; pero arrepentido pronto la retiró y optó por la influencia directa sobre
la Logia, de la cual esperaba sacar mas para la realización de sus aspiraciones.
San Martin aceptó, porgue esperaba mas de los campamentos militares y tal vez
porque veía brillar el resplandor de su gloria fuera de Buenos Aires. Alvear
acompañó á San Martin hasta la salida de la ciudad, y al separarse dijo á sus
amigos riéndose alegremente: “Ya se f... ú home.” Renunció la diputación da la
Asamblea porque fue nombrado Coronel del Regimiento N° 2 de infantería, que
convirtió en breve en modelo de instrucción y disciplina. Diósele después el mando
de Comandante general de infantería y de las fuerzas destinadas á la defensa
de la capital, obteniendo el nombramiento de General en Jefe de dicho ejército.
Incansable en su obra trabajó entonces con ahínco y en consorcio con Larrea
para hacer pasar el proyecto de formar una Escuadra para destruir á la
española; y sostuvo la disciplina de las tropas de tierra destinadas a la escuadra, castigando ejemplarmente á los cabezas de los tripulantes del bergantín
Nancy que se habían sublevado por no servir en un elemento nuevo para ellos.
En Mayo de 1814 fue nombrado General en Jefe del ejército sitiador de
Montevideo. Siendo General en Jefe del ejército de Buenos Aires, Alvear estableció
un campo de instrucción en los Olivos, y allí disciplinó los regimientos de libertos
de nueva creación. Como se hallara libre el paso para reforzar el sitio de
Montevideo por la ocupación de Martín García, Alvear embarcó sus regimientos
en numero de 1500 hombres y fue á ponerse al frente del sitio. El mismo día que
llegó Alvear á su destino, Brown había aniquilado gloriosamente á la escuadra
española en las aguas de Montevideo; y el a nuevo general del ejército de
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tierra, dice Calvo, hombre verdaderamente afortunado, tuvo en sus manos el
laurel de la victoria por este triunfo naval, aun antes de conocer el campo de
batalla. El ejército de tierra, con los refuerzos llevados, subía á cinco mil hombres,
con los cuales no se atrevió á luchar Vigodet, que capituló el 20 de Junio, y el 23
Alvear hizo su entrada triunfal á Montevideo. El joven General se cubrió de gloria;
pero el general Rondeau fue víctima de una injusticia manifiesta, porque fue relevado cuando iba á recoger el premio de sus fatigas. Aquella misma noche supo el
general Alvear que el teniente de Artigas, Fernando Ortoguéz, se había
aproximado á la ciudad, y había escrito á los jefes de la fuerza capitulada,
excitándolos á unirse con él, tomar la campaña y romperlas hostilidades contra
los porteños. Alvear, sin perder tiempo, salió con una división ligera en busca de
los anarquistas y en la noche del 25 cayó sobre la división de aquel caudillo,
poniéndola en completa derrota en Las Piedras. En consecuencia de esta victoria,
Artigas reconoció el Directorio en un solemne trotado. Los resultados de la
rendición de Montevideo fueron importantes: allí se tomaron tres mil y tantos
soldados de línea y dos mil y pico de milicia, setecientas bocas de fuego y noventa
y nueve buques mercantes y de guerra, ocho mil doscientos fusiles v un
inmenso material de guerra que llenó los desprovistos almacenes de los
patriotas. A mas, la rendición de Romarate en el Uruguay, la sumisión del
establecimiento de la costa de Patagones, y la conclusión de la guerra en el
Oriente de la República, fueron consecuencias directas del triunfo de Montevideo.
Las ocho banderas tomadas á los cuerpos de línea fueron presentadas al Director
el 7 de Julio; y el joven vencedor, que había renunciado el mando y vuelto á la capital fue recibido con fiestas y con el grado de Brigadier General. La Asamblea
declaró á todos “beneméritos de la patria en grado heroico” y les dieron escudos y
medallas con la leyenda: “La patria reconocida á los libertadores de Montevideo”.
La Municipalidad de esta ciudad le concedió un asiento de honor perpetuo. Tuvo
la destreza, dice el doctor López, “de ganarse la adhesión personal de
muchísimos oficiales liberales que entraron al servicio de la patria a pesar de
ser españoles y que trasladaron sus esperanzas de fortuna y de ascenso á la
Revolución Argentina.” El Director Posadas, de acuerdo con su Consejo de
Estado, nombró nuevamente á Alvear para que pasase el Uruguay por la
sublevación reciente de Artigas. La fortuna lo siguió en esta nueva campaña pues
batió al enemigo en Mercedes, en el Yí, en las Minas y en el Alférez, obligando á
Artigas á retirarse á los potreros de Arerunguá y á su segundo Otorguéz á asilarse en territorio brasilero. Fue esta una campaña breve pero erizada de
dificultades; mas en ella Alvear desplegó grande habilidad y tino, luchando como
tuvo que luchar contra un enemigo ágil y valeroso, que conocía palmo á palmo su
territorio, que contaba con la simpatía y protección de todo el país y con
mayores medios de movilidad que sus perseguidores. Terminada esta campaña
fue llamado por el gobierno á tomar el mando del ejército del Perú. Alvear hizo
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preceder su marcha de algunos cuerpos de su devoción; pero los jefes del ejército
del Perú, exigieron la continuación del general Rondeau en el mando, por medio
del movimiento militar de 7 de Diciembre de 1814. Así el general Alvear que se
había despedido en Buenos Aires diciendo: “Pronto les invitaré á ustedes á un
banquete en Lima”, tuvo que retroceder precipitadamente á Buenos Aires desde
Tucumán, punto en que supo la noticia de la actitud del ejército de Rondeau.
Esas palabras que pronunció fueron interpretadas absurdamente, diciendo
que tenia inteligencias con Pezuela; y á favor de estas calumnias el resentido
Rondeau sublevó sus tropas; y le dijo después que gracias á él se había
desbaratado su inicuo plan. El 9 de Enero de 1815, Posadas renunció el
mando alebronado ante la situación; y Alvear se hizo nombrar Director,
creyendo poder dominar el estado de cosas y hacer frente á dos ejércitos
hostiles; el de Rondeau en el Alto Perú y el de San Martin en Mendoza. Al
subir al poder lanzó una enérgica proclama declarando que estaba dispuesto
á sostener la autoridad o a perecer y recomendando á los ciudadanos
ponerse á cubierto de la anarquía “que es el mayor de todos los males”,
decía, y la calamidad más espantosa que aflige á los pueblos. Es digno de
hacerse notar, que algunos días después de su nombramiento, llegaba á
manos del Director una nota de adhesión á su gobierno suscrita por un gran
número de jefes de alta graduación, entre los que figuraban algunos
nombres que debían aparecer dos meses mas tarde, como actores principales
del movimiento revolucionario que le derrocó del poder. Su administración
fue breve pero fecunda en errores y desaciertos; se preparó á resistir el
empuje del torrente de la opinión con su orgullo y con su poder, para lo
cual se dedicó á disciplinar el ejército de la capital. Desorganizó la Lógia
Lautaro que lo había elevado, porque le incomodaba para gobernar á su
albedrío; y descontento del ejército del Perú, dejó impagas las asignaciones de
los individuos de todas clases que militaban en sus filas. Pretendió
inutilizar todos los esfuerzos que San Martin hacia para llevar á Chile las
armas de la revolución; y llegó hasta destituirlo del mando de la Intendencia de
Cuyo; pero el Coronel Perdriel, nombrado en lugar de aquel, no habiendo sido
reconocido, continuó San Martin en su puesto. El penúltimo día de Enero el
ejército del Perú se pronunció en Huamanga desconociendo la autoridad del
general Alvear. Artigas se sublevó también, teniendo que abandonar a
Montevideo las tropas argentinas; por lo cual Artigas fue declarado
delincuente el 30 de Marzo. La oposición en Buenos Aires también se hacia
sentir con vigor y el Director creyó remediar todo con colgar al capitán Ubeda
en la plaza la noche del Sábado Santo, porque había hablado mal de él en un
café, habiéndole salvado de la horca otro oficial Trejo, por la generosa
interposición de la esposa del general. “Sus mismas prendas” – dice el
doctor López – “la soberbia de su genio, su confianza en sí mismo, la
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arrogancia aristocrática de su presencia, la hermosura varonil de su rostro y
la infatuación poco prudente que era propia de sus pocos años, en un pueblo
semi-colonial todavía, difícil y movedizo, le suscitaron tal odiosidad, que
no hubo ni justicia ni gratitud ó recuerdos capaces de mitigarla”. Pero el error
más grave que cometió es el siguiente, que demuestra hasta la evidencia su
poca fe en la revolución y la inconsistencia de sus principios. Pocos días
después de subir al mando puso las Provincias Unidas del Río de la Plata a
disposición del gobierno británico. Dirijió una nota a Lord Strangford, ministro inglés en Río Janeiro, y otra al ministro de Relaciones Exteriores de la
Gran Bretaña, declarando que la República deseaba pertenecerá ese país;
pero ninguna de las dos llegó á su destino, (V García Manuel José) porque
no las entregó el encargado de la misión. “Esta misión probaba falta de
calidades para salvar una gran revolución de parte de los que la habían
iniciado, y era una verdadera traición á los intereses del país, cuya voluntad
se invocaba mentidamente al gobierno inglés, pues a pesar de todos los
peligros, la decisión en favor de la resistencia era unánime” (Mitre). Lo único que
atenúa la responsabilidad de Alvear es el hecho de que esas notas fueron
pasadas de acuerdo con la mayoría de su Consejo de Estado y escritas por el
ministro don Nicolás de Herrera. Pero había sonado la hora de la caída de
Alvear, cuya elevación debía a la Logia y a la Asamblea. Artigas atravesó el
Paraná y se dirigió sobre Buenos Aires. Alvear envió fuerza a su encuentro;
pero la vanguardia al mando de Alvarez Thomás al llegar a Fontezuelas,
(Estancia de los Belermos, territorio de Buenos Aires) se sublevó el 13 de
Abril, y habiendo encontrado eco este motín en el resto del ejército se convirtió
en una revolución que estalló en Buenos Aires el 15 y proclamó el descenso del
Director y la disolución de la Asamblea. El motín de Fontezuelas, que no era
mas que la repetición del pronunciamiento de Huamanga, fue apoyado por el
ejército del Oeste y San Martín envió auxilios de dinero a Thomas ofreciendo
todo el concurso posible. Esta revolución no ha sido justificada por la historia.
Fue cruel y cobarde porque derramó sangre inútilmente; capituló con Artigas,
y le entregó aherrojados siete partidarios de Alvear para que los inmolara.
Los bienes de Alvear fueron secuestrados; y los destierros y las prisiones se
prodigaron. Los Posadas, Donado, Larrea, Herrera, White, Vieytes,
Monteagudo, Vidal, Gómez, Figueredo, Peña S., Cornet y otros, sufrieron
embargo de bienes y numerosas vejaciones, decretados por tribunales especiales
que descargaron todo el furor de la pasión política sobro el partido vencido.
Cuando estalló la revolución, Alvear pretendió resistir, pero pronto se
convenció de que todo estaba perdido y se refugió á bordo de un bu que inglés. Pasó á Río Janeiro, donde fue bien recibido por Juan VI. Vigodet,
que había llegado a ese punto para trasportar a Madrid á la nueva reina de
España, fundándose en que Alvear era un insurgente español, reclamó con
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insistencia, para que le fuera entregado; á lo cual el monarca portugués se
negó con igual tenacidad. Algún tiempo después recibió confidencias de los
agentes españoles que le propusieron tomara parte en una expedición
española destinada á operar sobre Montevideo; y en vez de contestar, puso
todo en conocimiento del agente argentino en Río Janeiro. (Véase la
Exposición publicada por Alvear en Montevideo con fecha 18 de Marzo de
1819 en defensa de los ataques que le hacían sus enemigos). Pobre y cargado
de familia, Alvear abandonó la capital del Imperio, donde se le hacía mas
pesada la persecución del gobierno de su patria, y pasó á Montevideo. Allí
escribió con fecha 1° de Agosto de 1819 sus a Observaciones sobre la defensa
de la provincia de Buenos Aires, amenazada de una invasión española al mando
de Morillo. Dice en el proemio: “Por una fatalidad de mi situación, desterrado
de las Provincias, y en secuestro mi patrimonio, me hallo sin una fortuna
que ofrecer a mi patria y sin poder consagrar mi vida en su defensa;
pero aun me restan los pensamientos, que es el único presente que puedo
hacerle en mi desventura.” Y los enviaba á Pueyrredon porque, según él; “en
los grandes conflictos públicos deben callar las pasiones individuales, y es
indigno de su patria todo aquel que no la sacrifica hasta el olvido de sus
agravios.” Así, se satisfacía con dar su consejo autorizado, ya que el
gobierno no quería aprovechar de su genio militar, poniéndolo, como podía
hacerlo, al frente del ejército del Norte. En Montevideo se puso “bajo la
protección de su antiguo ministro Herrera, alma y cuerpo de la dominación
brasilera; pero lo hizo sin que acto alguno suyo directo ni indirecto, que yo
conozca, pueda acusarlo de haber atenuado en lo mínimo su personalidad
estrictamente argentina. Verdad es que era notoria su hostilidad contra el
gobierno directorial que lo había rechazado de todo contacto y reconciliación en
las cosas de la patria, y que esto lo tenia predispuesto a entrar en toda tentativa
tendente á cambiar la situación. En esta situación, era imposible que la
desesperación y despecho no fueran más fuertes que los consejos de la
paciencia y del juicio en el ánimo de un joven general, orgulloso y
apasionado como era don Carlos M. de Alvear. La fatalidad lo puso otra vez en
contacto con Carrera y con Brayer. Los odios comunes contra San Martin y
contra Pueyrredon los estrecharon en las mismas miras, preparando la página
desgraciada de 1820, que todo argentino bien intencionado quisiera no
encontrar en la carrera del general Alvear.” (López) Con efecto, Carrera,
Brayer y Alvear se pusieron en comunicación desde Montevideo con los
caudillos Estanislao López y Ramírez y a consecuencia de la caída del
Directorio de 1820 y de los tratados de la Capilla del Pilar de 23 de Febrero,
Alvear pudo volver á su país. Una vez en Buenos Aires, logró á ponerse
de acuerdo con don Juan Ramón Balcarce, á quien aconsejó y protegió en el
movimiento revolucionario estallado el 6 de Marzo, que llevó al último
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momentáneamente al poder. Derrocado Balcarce emprendió la fuga, pero
Alvear permaneció oculto en la ciudad, confiando en que un golpe de
audacia le haria el arbitro de la situación. “Creyendo contar con la protección
de su amigo don José Miguel Carrera, se dirigió al Cabildo, y al pisar sus
umbrales, fue atacado por cuatro nombres, que puñal en mano intentaron
sacrificarlo. Felizmente, los capitulares que habían terminado su acuerdo, y
aún se hallaban reunidos, pudieron interponerse y sustraerlo á las iras
populares, constituyéndose en garantes de su persona y comprometiéndose á
hacerlo salir del país. Una diputación municipal se encargó de ponerlo
abordo y la tranquilidad quedó nuevamente restablecida.” Pero el gobierno de
Sarratea por librarse tal vez de la presión de Soler, deseaba lo mismo que
Carrera; dar a Alvear el mando de las armas. Publicóse en la gaceta del 15 de
Marzo, un articulo apologético de la carrera pública de Alvear y poco después
circuló nuevamente el rumor de “que Alvear, que aun permanecía oculto en un
buque mercante surto en la bahía; se hallaba en tierra.” Fue tal la
conmoción á que dio lugar esta sospecha que Sarratea tuvo que dar un
manifiesto asegurando su falsedad. Entre tanto, una noche del mismo Marzo
volvió a desembarcar en la capital, y después de posesionarse por sorpresa
del cuartel del batallón de Aguerridos, situado en el Retiro y hacer prender
y embarcar al general Soler; se hacia proclamar Comandante General de
Armas; pero en la mañana del siguiente día, merced á la enérgica actividad del
gobierno el motín era sufocado y Alvear abandonaba la ciudad y huía á la
campaña. Se refugió entre los caudillos, de los cuales, uno de ellos, Ramírez,
solicitó su amnistía. El Cabildo en sesión extraordinaria, con asistencia de
varios notables y del gobernador, se negó absolutamente á ello, y exigió
además que las tropas federales, evacuasen sin demora el territorio de la
provincia. Las audaces tentativas de Alvear para apoderarse del poder le
valieron en aquella época, el epíteto de el Catilina Americano. Declarado reo de
alta traición por Sarratea, sus compañeros de armas sufrieron también la
pena de proscripción y fueron a ampararse de los federales Carrera, López y
Ramírez. Los jefes que le acompañaban publicaron un manifiesto contra el
Cabildo y el Gobierno, declarando que procedían de la misma manera que
había procedido con él; Rondeau el año XII; las tropas del Perú el año XV; lo
que Díaz Vélez con Belgrano el año XVI; lo que Bustos y el ejército auxiliar
el XIX lo que Soler con Balcarce el año XX. El 24 de Mayo la Junta de
Representantes formó un tribunal para juzgar a Alvear, que puesto fuera de
la ley se había retirado á Santa Fé. Penetró nuevamente al territorio de
Buenos Aires con las fuerzas de Estanislao López y obtuv i e r o n u n t r i u n f o
e n l a C a n a d á d e l a Cruz sobre las tropas que mandaba el general Soler.
Ocupada en consecuencia la campaña por los invasores el general López
(Estanislao) convocó una Junta de Representantes en la Villa de Lujan, y el
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1° de Julio ésta nombró al general Alvear gobernador de Buenos Aires y
Capitán General de la Provincia. Negada como era consiguiente toda
obediencia por el Cabildo, Alvear, dirigió un oficio a este cuerpo, desconociendo
su autoridad y el derecho para desaprobar su nombramiento, lamentando,
decía, el compromiso en que lo ponen la obstinación y el deseo de mando de
cuatro miserables. Pero habiéndose retirado el ejército federal fue batido en
San Nicolás y en Pavón, y Alvear pasó nuevamente á Montevideo. La persona
de Alvear continuó manteniendo en alarma á las autoridades argentinas.
Parece que en el año subsiguiente concibió de acuerdo con el general portugués
Lecor, Ramírez y otros, un nuevo y vasto plan para apoderarse del mando de la
República, después de ceder el territorio de Entre Rios á la corona del
Portugal y el señor Zinny en su Bibliografía Histórica del Rio de la Plata,
asevera que Alvear, nombrado brigadier de los ejércitos lusitanos, hizo su
salida públicamente desde un café de Montevideo á las siete y media de la
mañana del 17 de Marzo (1821); acompañado de don Lucio Mansilla, tres
negros y un oficial portugués con destino al Entre Rios: desbaratando el
gobierno de Buenos Aires estos planes subversivos con la adopción de
medidas rápidas y enérgicas. La ley de olvido de 1822 le permitió volver al
suelo natal y comprendido en la ley de la Reforma militar, se retiró a la vida
privada. El 19 de Marzo de 1823 fue llamado por el gobierno para defender su
autoridad, atacada aquella noche tumultuariamente, y habiendo salido
victorioso, la orden del día inmediata declaró “que el general Alvear había
servido en defensa de la causa del gobierno con su persona y consejo”. En
Setiembre de 1824 fue nombrado Ministro Plenipotenciario en la República
de Colombia; pero no desempeñó este empleo. En Mayo del siguiente año,
obtuvo el nombramiento de Ministro Plenipotenciario y Enviado
extraordinario cerca del Libertador Bolívar y de la Asamblea del Alto Perú,
para llevar la declaración del Congreso por la cual se dejaba á las provincias
de ese país, la libertad de poder disponer de su suerte y también para
felicitar al Libertador. Este simpatizó mucho con el enviado argentino, y es
fácil explicarlo, porque ambos eran en igual grado amantes de la gloria y
amigos del placer. Alvear llenó satisfactoriamente su misión, y obtuvo del
gobierno del Alto Perú la devolución de Tarija y la igualdad del derecho en
Bolivia para el comercio argentino. Sucre, por su parte, le obsequió con el
titulo de doctor en leyes de Chuquisaca. Se ha dicho que comprometió la
dignidad de su misión, arrodillándose con su comitiva en Chuquisaca ante
el Libertador para saludarlo como al héroe de la libertad americana,
hecho que ha pasado á la posteridad con el nombre de Adoración de
Bolívar. Hay todavía personas de aquella época que afirman haberlo
presenciado; pero el señor don Domingo de Oro, secretario de Alvear en
aquella época, aunque no se halló presente en el banquete en que se dice tuvo
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lugar la adoración, opina que no es mas que una calumnia y se funda en
buenos argumentos, los cuales se hallan en una carta del señor Oro al doctor
Carranza y que nosotros hemos leído. Lo que no se discute es la aventura
galante que tuvo Alvear en el convento de Teresas de dicha ciudad. El hecho
no se hizo público y Alvear salió bien parado, por la oportuna interposición
de Bolívar que aplaudió la aventura de su compañero, y acalló los
escrúpulos de la Abadesa con promesas de beneficios para la orden. En las
elecciones en virtud de la ley de 29 de Noviembre de 1825, fue elegido
diputado al Congreso por la provincia de Buenos Aires, estando ausente; y el 8
de Febrero de 1826, Rivadavia le dio la cartera de Guerra y Marina, no
tomando posesión de su puesto hasta Mayo por hallarse aun de viaje
para la capital. El 14 de Agosto de ese mismo año, aceptó el puesto de
general en jefe del ejército republicano en la Banda Oriental, con las facultades
de Capitán general, cuyos reglamentos en su mayor parte fueron formados durante
su ministerio. Empezó la campaña el 28 de Diciembre después de organizar el
ejército con rapidez increíble. “Todo el mundo es testigo, decía el general Alvear,
de la necesidad en que nos vimos de improvisar un ejército, cuando no existía
ninguno de los elementos de que debe componerse; sin cuadros de regimientos,
sin ninguna de aquellas instituciones que sirven a la creación y perfección de una
fuerza armada regular. Fue, pues, indispensable formar los cuerpos en un solo
día, teniendo la misma antigüedad que la tropa los cabos y sargentos, todos los
alférezes y la mayor parte de los tenientes. Los artilleros en todas sus clases se
hallaban en la misma situación.” Sin embargo, con este ejército el general Alvear
se coronó de gloria en la campaña de 1827. “Con una combinación de marchas
estratégicas sumamente hábiles, el general Alvear había maniobrado en el
terreno enemigo desde San Gabriel á Santa María mostrando aquella sagacidad
y fijeza de propósitos bien deliberados, que caracteriza á los guerreros.
Desconcertando completamente a sus adversarios entre los cuales estaba
Braün, hombre consumado en las ciencias de las campañas y de las
batallas, el general Alvear había conseguido, á la luz del día, sorprender
rudamente al enemigo no a la manera de los montoneros o bandidos, que son
siempre impotentes para sorprender ejércitos reglados: no en la oscuridad de
la noche, como en un acto de suprema desesperación; sino estratégicamente y
sobre un campo de batalla escogido y preparado de antemano para disfrutar
con ventaja la victoria. Los jefes mismos del ejército imperial están contestes en
rendirle este hermosísimo testimonio. La batalla que el ejército imperial dio el
20, no produjo la victoria de nuestras armas (dice un oficio de Barbasena al
Emperador) porque no se cumplieron mis disposiciones, y porque el ejército
imperial fue sorprendido durante su marcha.” Invadió el territorio brasilero,
Alvear consiguió hacer abandonar al enemigo las serranías, que ocupaba, por
medio de una retirada fingida, porque le convenía operar en campo llano por la
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superioridad de la caballería republicana. El 20 de Febrero se dio la batalla y
su resultado fue espléndido para nuestras armas. El enemigo perdió su
campo de batalla, parte de su artillería y de sus banderas, todo su bagaje y
todo su parque, y se retiró al otro lado del Yacui á setenta leguas del lugar de
la acción, quedando inmortalizado desde aquel día el nombre del arroyo de
Ituzaingó. Si el general Alvear hubiera sido reforzado con infantería después
de esta batalla, la campaña hubiera terminado en breve y del modo más
ventajoso para nosotros. Pero Alvear había pertenecido a la administración de
Rivadavia y entonces gobernaba en Buenos Aires Dorrego, hostil al ejército
en operaciones; Alvear se encontró con las manos atadas y sin poder ultimar
al enemigo. El 23 de Abril, se consiguió un nuevo triunfo sobre los brasileros
en Camacuá mandados por el general Barreto; y algunos otros que se
mencionarán en los artículos de los jefes que los obtuvieron. El ejército
dirigido por su hábil general, abandonado por su gobierno, y víctima de las
mezquinas rencillas políticas, hizo cuanto le fue dado por la gloria de su
bandera. Se midió con las renombradas infanterías austríacas que
retrocedieron ante él, vivió siete meses á costa del enemigo en la provincia
de San Pedro y sobre todo devolvió la independencia al suelo oriental que era
provincia brasilera desde 1817. Se decretaron escudos y cordones de honor
para el ejército, y concluida la campaña, y hallándose el ejército en cuarteles
de invierno, el general Alvear dejó el mando y se retiró nuevamente á la vida
privada el 23 de Julio de 1827. El vencedor no halló en su patria el premio debido á
sus hazañas. En vez de recompensas, el gobierno desconoció sus servicios y sus
adversarios políticos, se complacieron en calumniarlo y en disminuir su mérito.
Acusó al editor del Correo Político, Miguel Rabelo, ante el jury, y como no pudo
probar sus acriminaciones, fue condenado á destierro y á ser privado de escribir
por dos años. Sus partidarios militares eran perseguidos a palos en los cafés, y sus
defensores en la prensa eran atropellados y heridos en las calles. El mismo
Alvear a principios del año 28 fue víctima de un conato de asesinato, tal era la
saña que se tenia contra el heroico vencedor de Ituzaingó. Alvear no tomó parte
alguna en la revolución de Lavalle. En Mayo de 1829 fue nombrado Ministro de
Guerra y Marina, empleo que desempeñó hasta el 3 de Julio, en que eleva su
renuncia. En 1832. fue investido con el carácter de enviado extraordinario cerca
del gobierno de los Estados Unidos; pero no llegó á desempeñar esta misión
hasta que tres años mas tarde fue reemplazado por don Manuel Moreno.
Finalmente en Mayo de 1833, Rosas, para alejarlo de la República lo nombró
Ministro en Norte-América. Partió para su destino en un buque sin lastre, lo que
hace sospechar que aquel tirano deseaba deshacerse de él. En Washington el
general Alvear era el decano del cuerpo diplomático y el consejero de sus otros
colegas. En Agosto de 1852, hallándose aun en Nueva York fue acreditado por el
general Urquiza, en el mismo carácter cerca del gobierno de la República
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Francesa; pero no pudo desempeñar su nueva misión á causa de sus años y
dolencias; falleciendo en aquella ciudad de pulmonía aguda el 2 de Noviembre de
1853. A mas de los escritos que hemos mencionado del general Alvear, existe
una Exposición sobre la rendición de Montevideo publicada en Buenos Aires en
1814; y otra Exposición sobre la campaña del Brasil, publicada en 1828. El 26 de
Julio de 1854 fueron depositados sus restos en el cementerio del Norte, que Brown
fue á buscar á Norte-América de setenta y ocho años. En la comisión que los
recibió en el muelle se encontraba el general Paz. El doctor Alsina saludó en el
general Alvear, al primer ciudadano que concibió el atrevido proyecto de derribar
la dictadura de Rosas, aunque por una fatalidad no pudo tomar parte en la
cruzada contra ella.
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