OFICINA DE PRENSA Y DIFUSIÓN

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OFICINA DE PRENSA Y DIFUSIÓN
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES
PALABRAS DEL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES, JOSÉ A. GARCÍA
BELAUNDE, EN HOMENAJE AL SEÑOR JAVIER PÉREZ DE CUÉLLAR
Fuente: Oficina de Prensa y Difusión
Lima, 19 de enero de 2010
Seré muy breve porque creo que todos queremos escuchar a Javier Pérez de Cuéllar.
Señor Presidente de la República, señor don Alan García,
Señor Embajador Pérez de Cuéllar,
Señor Jorge Chediek,
Señor Antonio Prado,
Embajadores Carlos Alzamora y Álvaro de Soto,
Señora Marcela de Pérez de Cuéllar,
Señor Presidente del Congreso de la República,
Señoras y señores Ministros,
Señoras y señores Parlamentarios,
Señores Decanos del Cuerpo Diplomático y miembros de dicho gremio,
Formando parte de la República desde sus inicios, viviendo intensamente la historia del
Perú en sus días de gloria y sus días obscuros; recibiendo a través de los tiempos la
colaboración y el talento de las grandes figuras de la historia, del derecho, de la filosofía y,
en general, del pensamiento, está la Cancillería peruana.
Formando parte de esa institución desde hace 70 años, con una clarísima vocación de
servicio a su país, Javier Pérez de Cuéllar se yergue como ejemplo de excelencia en la
diplomacia, de ética en la conducta y de compromiso inquebrantable con la paz y con la
democracia.
Al ingresar a la Cancillería Javier Pérez de Cuéllar tuvo el privilegio de conocer a los
grandes maestros del siglo XX: Víctor Andrés Belaúnde, Alberto Ulloa Sotomayor, Raúl
Porras Barrenechea. Pronto destacó y su carrera diplomática fue una sucesión in
crescendo de logros que nosotros en su casa los consideramos que son propios y que de
alguna manera nos conduce a este homenaje, junto con Naciones Unidas, porque para
nosotros Javier es uno más de los colegas.
En lo personal debo decir que fue mi primer jefe en el extranjero allá en 1973, cuando el
Perú ingresaba nuevamente al Consejo de Seguridad. Me transfirió de inmediato el afecto
que tenía por mi padre y por mi abuelo; pero supe también de inmediato que me
encontraba frente a una personalidad que parecía haber salido de los textos de Baltasar
Gracián o de los ensayos del señor de Montaigne, escritos siglos atrás para conducir a la
gente a una vida de excelencia. No me quedó duda que en Pérez de Cuéllar cabían los
apotegmas de Gracián. Maduro en el juicio, claro en el ingenio, realzado su gusto e
integridad en la voluntad, cualidades que consideraba el jesuita del silgo XVII como
indispensables para ser hombre de Estado.
Los tres años que pasé trabajando a su lado en la Misión del Perú en Naciones Unidas
fueron fundamentalmente una etapa de aprendizaje, tanto de lo que debe ser la
diplomacia como lo que debe ser la discreción en el actuar porque discreción, que es una
categoría lamentablemente ya olvidada para describir a las personas, es quizás uno de
los rasgos que mejor definen la personalidad de nuestro homenajeado.
Saber hacer, tenacidad en el empeño y ausencia de alardes en los resultados. El arte de
la diplomacia encontró en él a un eximio realizador que sabía muy bien de los momentos
oportunos y los tiempos, como ha señalado bien Álvaro de Soto. Lograba pues presentar
y retirar iniciativas y moldearlas hasta lograr los consensos y las adhesiones. Ese talento
bien cultivado a través de los años estuvo primero al servicio del Perú y luego de la paz
mundial; noble causa la de la patria y noble causa la de la paz entre los hombres.
Y porque nobleza obliga es que el Estado peruano ha querido propiciar este gran
encuentro de representantes de todas las corrientes políticas, actividades profesionales,
sociales, del arte y la literatura, para reunirnos y expresarle a Javier Pérez de Cuellar
nuestro emocionado reconocimiento por esos 90 años que son ejemplares por donde se
les mire.
No somos los únicos que homenajeamos a Javier Pérez de Cuellar, líderes del mundo
entero nos han hecho llegar su testimonio de afecto y admiración y quiero entregar ahora
a Javier Pérez de Cuellar un libro que recoge estos testimonios y que será entregado
también a todos ustedes el día de hoy; pero también he sido encargado para entregarle el
sello postal, que vamos a ver en la pantalla y que es una manera de invitar a todos los
peruanos a festejar este onomástico.
Querido amigo, en nombre del Perú al que usted tanto quiere y que ve en usted sus
mejores aspiraciones, muchas gracias por esa vida espléndida dedicada a sembrar paz.
FIN DE LAS PALABRAS
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