Qué debemos hacer para sacar adelante una cultura de la utopía

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¿Qué debemos hacer para sacar adelante
una cultura de la utopía, y la
responsabilidad humana?
(Ensayo Bibliográfico)
Por:
José Luis Pavéz Murcia.
Profesor:
Eduardo Neira.
Introducción
La utopía nace con Tomas Moro, en 1516, quien habla de una isla, que a su vez tiene un
nombre que ya nos presenta una contradicción “Utopía”, pues, es una isla que al parecer tiene un
plan ideal de gobierno en el que está todo perfectamente determinado, y donde está implícito un
plan social pero irrealizable, y quizás por eso su nombre, que en griego se lee outopía y significa “Lo
que está en ningún lugar”, pero además se deja entre ver una segunda lectura como de un eutopía
“Buen lugar”, esto ya que como crítica, enseña en su libro que este buen lugar no existe.
Además, desde la filosofía se puede definir la utopía como la acción social o proyecto de
acción, que presentándose como una negación de la realidad histórica existente, se fija unos
objetivos explícitos sin tener en cuenta la forma de organización social que permitan alcanzar tales
objetivos.
En este ensayo trataremos de mencionar entonces, el deber, que tenemos para que esto
deje de ser solo un proyecto, o un lugar inexistente, y cambiar o afectar de alguna manera la cultura
para alcanzar lo que hasta este momento solo ha sido una utopía para muchos, sin perder de vista
que solo es para el presente y como una deontología, pues lo teleológico se hallará solo en el
establecimiento del reino eterno y visible de Dios.
La mayor parte de las religiones y cosmogonías, supone que el hombre vivía en un estado
de plena felicidad. El poeta Hesíodo, del siglo VIII a.C., dejó descritas cuatro etapas antes de la era
que vivimos, declarando que la más elevada fue la edad de Oro, en aquella, los hombres vivían
como dioses, sin tristeza y sin penas en el corazón, alejado y liberados del trabajo y del dolor.
El corazón del hombre siempre está pensando en volver a este estado, y a la edad de Oro,
que tiene su arquetipo en la base imaginativa del pensamiento utópico.
La Utopía es una isla de la cual Tomas Moro habló en el año 1516, esta fue una crítica
fuertísima ante la realidad que estaban viviendo, donde presenta un mundo en el cual no existe por
ejemplo: la propiedad, o el amor al oro, ya que con eso se hacen cadenas para los prisioneros. La
isla que lleva por nombre Utopía, cuyo significado es “Lo que está en ningún lugar”, representa el
sueño que tenía Moro, de una mejor sociedad, ya que es un humanista muy afectado por el
renacimiento, que mantiene un claro compromiso con ella, por las injusticias que ve.
Ahora al igual que Moro, nosotros tenemos nuestra propia isla que está en ningún lugar,
aquella que representa nuestros sueños y anhelos de una sociedad mejor, donde el hombre pueda
volver de alguna manera a experimentar la edad dorada, lugar en el que todo era felicidad y se
eximía del dolor.
Y como creyentes cristianos, una isla donde las personas acepten el cristianismo y el
gobierno de Dios como un deleite, como una opción factible y beneficiosa para la sociedad, donde
todos reconozcan que Cristo y sus seguidores le hacen un bien al mundo, y crean en la esperanza
bienaventurada que tenemos, pero esto es considerado solo una utopía hoy, ya que hasta ahora no
es más que un sueño que parece inalcanzable.
Pero es precisamente esta calificación de inalcanzable la que ha llevado a los hombres a
debatir el tema de la utopía, pues, utopía es algo más que una figuración literaria sobre lo que no
existe, es la figuración literaria de las aspiraciones morales y políticas, es la sociedad que debiera y
podría existir.
La historia de la humanidad nos muestra esto, ya que cuando la vemos, nos daremos cuenta
de que en algún momento alguien soñó con la libertad o con la posibilidad de estudiar, y de una u
otra forma eso era utópico, pero hoy es una realidad, aunque todo comenzó cuando alguien soñó
con eso.
Uso la palabra sueño por una sencilla razón, y es que las utopías, aunque no son reales en
cierto sentido, en que no están científicamente perceptibles, sí lo son en materia de los sueños.
Estos sueños llevaron a muchos a luchar y enfrentarse fuertemente para que se llevaran a la
realidad, pero por otro lado, se puede decir tristemente que el lugar donde más podemos encontrar
sueños, que solo se quedaron en utopía, es el cementerio, ya que nunca tomaron cartas en el
asunto, ni lucharon por llevarlo a cumplimiento.
Estos pensamientos han llevado al hombre a mirar el día a día como desesperanzador, y
solo viven en una cultura que corre a mil por horas, una que no tiene tiempo para detenerse un
momento porque piensa que la vida se le acaba, nuestros propios hermanos evangélicos hoy
profesan no tener tiempo para Dios ni para estar con Él, porque el materialismo y el consumismo les
arrastran, las deudas les consumen y el deseo del placer lo invade.
Así se reproduce una realidad que no es nueva, ya que como alguien dijo, la vida es cíclica y
siempre tiene estos retornos a lo pasado, y vemos claramente cómo es que el rico se hacía más rico
en Israel y los pobres eran incluso vendidos por un par de zapatos1, donde a lo malo le están
llamando bueno y a lo bueno malo, y que por lo tanto, se le cataloga como con valores lejos de los
que el cristianismo tiene y por consecuencia reina la injusticia y el abuso.2
Por eso, cuando nos surge la pregunta ¿qué debemos hacer para sacar adelante una cultura
de la utopía, y la responsabilidad humana? La mejor respuesta que podría dar es tomar la actitud de
los profetas.
Jeremías en su libro declara diciendo: ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de
mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí; no callaré; porque sonido de trompeta has oído, oh
alma mía, pregón de guerra. Esto en lenguaje hermenéutico es una personificación, en la cual el
profeta se lamenta por la situación que ha de vivir la nación. La cosa es que para ser un profeta no
solo se requería una revelación de lo que vendría como juicio, sino que además de la situación
1
Amos 2:6 (RVR 60).
2
Isaías 5:20 (RVR 60)
histórica en la que se encontraba, Jeremías lo sabía bien y por esa sencilla razón se identifica con el
pueblo haciendo esta triste lamentación, pues, entiende hacia donde se dirige su mundo.
Si nosotros queremos afectar en nuestra cultura y provocar que lo utópico se vuelva una
realidad, primero que nada debemos conocer muy bien la situación en todo ámbito de cosas,
política, religiosa, social y económicamente, no solo del país en el que vivimos sino de la mayor
parte del mundo, ya que con este asunto de la globalización, no es difícil la exportación de
pensamientos y valores distintos a los nuestros.
El conocimiento de esto, llevó a Moro a escribir sobre la Utopía, y también a Platón sobre La
República, “al ver los desgraciados acontecimientos que había conmovido a su patria y se habían
abatido de forma irreversible sobre su maestro, este escribió un tratado sobre la forma de gobierno,
así como sobre la justicia que compuso entre el 384 y el 377 a.C… (Este escrito) se transformó
además de en un tratado de política, en un ensayo y teoría de la educación, además de convertirse
en el modelo de la utopía que sirvió de punta de lanza para las posteriores”3.
Luego se debe hacer una mirada exegética hacia lo que la biblia dice al respecto de nuestra
situación, y buscar los principios bíblicos que nos sirvan para vivir en el periodo que nos
encontramos, para tener una opinión bien fundamentada de lo que creemos, ya que en un mundo
lleno de idealismo, se demanda esta acción
De esta acción podemos tomar la siguiente a realizar, esta es, escribir. EL pueblo evangélico
ha tendido por un tema de predicación a darle más énfasis a lo oral que a lo escrito, mientras nos
olvidamos de adiestrarnos en el arte de escribir, Floyd Woodworth W. dice al respecto:
“El ministerio de la literatura evangélica es parte integral de la obra de Dios porque el mundo
actual exige la expresión escrita de nuestras ideas. Los predicadores pueden tener un ministerio
más eficaz si se adiestran en el arte de escribir”4.
Gracias a las escrituras y la lectura de libros, uno puede enriquecerse, y compartir con otras
partes del mundo, ensanchando nuestras vidas con otras vidas, esto es crucial para el crecimiento y
3
Platón. “La República”, Ediciones Brontes S.L., página 7.
4
Floyd Woodworth. “Hacia el arte de escribir”, Editorial Vida, página 2.
el desarrollo, por eso es que se trabaja en los distintos sectores para elevar los índices de lectura en
la población, si no solo nos quedamos en los sueños o en las críticas hechas a nuestro mundo
luego de una correcta mirada de la realidad y exegesis de los principios bíblicos para el hoy, sino
que además dejamos esto impreso en un libro podremos cambiar el mundo aunque quizás tarde un
tiempo
Los protestantes que llegaron a Chile, usaron este medio, el escrito, para poder promover
sus creencias, sus doctrinas, y sus posturas frente a la situación histórica del país, de hecho cuando
llegó por primera vez a Chile la imprenta que fue “manejada por tipógrafos se dedicó a emanar una
serie de edictos, proclamas y manifiestos, dirigidos a crear una conciencia a favor de la
independencia nacional. Esto prepararía el camino en la Patria Vieja, desarrollando las ideas
independentistas para cuando Bernardo O’Higgins en 1818 declarara la independencia de Chile”5.
Jesús Fernández Santos dijo que al escribir proyectas un mundo a tu medida. Creo que si el
cristianismo quiere afectar de alguna manera la cultura y crear un mundo a nuestra medida, que oiga
nuestra voz y cambie el sueño de un mundo basado en la justicia del reino, debemos plasmar esas
ideas en un libro, sin dejar de analizar el presente para que el mensaje no sea anticuado ni
descontextualizado.
Este mismo debe dar una respuestas o propuesta a lo que se está viviendo, uno de los
ejemplos que podemos observar de esta actividad es el mismo Moro, quién planteo el abandono de
la avaricia a mi parecer, y del consumismo por conformarse como lo diría Jesús, con la comida y la
bebida, es decir, con sustento necesario para cada día, él dijo:
Pero también se debiera advertir hacia donde se dirige el país por el hecho de llevar la
cultura que cargan, eso sería un llamado de alerta, algo así como un signo pare, que nos advierte de
un peligro o de muerte si no se obedece al aviso, si hay libros que llaman la atención hoy, pero que
fueron escritos años atrás son aquellos que nos hicieron una crítica del mundo que viviríamos
dependiendo de la mirada que hicieron de la sociedad6.
5
José Pavéz Murcia. “El origen del protestantismo en Chile y sus grandes aportes en el siglo XIX”, tesis para
grado de Bachiller, páginas 23-24.
6
Tomas Moro, “Utopía”, pdf, página 14.
Ahora, para que la utopía sea llevada adelante se le debe añadir a esto, el esfuerzo y el
atrevimiento de entrometerse en otros asuntos, y salir de la comodidad en la que a veces nos
encontramos, no podemos afectar nuestra cultura si nos encerramos o dejamos que nadie conozca
la nuestra. De esta manera podríamos responder a la intriga del topos, lugar, pues, nosotros
podemos marcar ese lugar, cuando y donde.
Por eso creo que también se debe preparar al pueblo de Dios, para que pueda afectar
distintas áreas de nuestro país, ya sean políticas, como en algún momento lo hicieron los
protestantes con la llegada de Joel Poinsett y David Trumbull, agentes que se entrometieron con la
libertad y la independencia, o como Diego Thompson que fue invitado para poder educar a la nación.
Estos son solo algunos ejemplos de hombres preparados que influenciaron en nuestra
nación sin miedo a enfrentarse y entrometerse en todos los asuntos, cambiando una realidad que les
era contraria, permitiendo la apertura de la influencia protestante en todas las áreas.
Para esto se debe comenzar a motivar al pueblo, a que estudie, cosa que se ha olvidado al
menos en el ambiente pentecostal, dejando de lado un poco la sola manifestación y complementarla
con el estudio de la palabra para entender que fue lo que ser pentecostal significó.
Y por ultimo quisiera mencionar unas palabras mencionadas por kierkegaard, quien dijo:
Que la vida solo puede ser examinada hacia atrás, pero única y exclusivamente puede ser vivida
hacia adelante. Esta vida además no es un problema que deba ser resuelto sino que es una realidad
que debe ser experimentada.
Cuando miramos hacia atrás podemos aprender de los errores y de las grandes victorias
que obtuvieron, pero debemos proyectar esta vida hacia adelante, Jesús también lo hiso, el fue
excelente realista en su manera de ver la vida pero la proyectaba hacia adelante, pero demandando
acción en medio de la situación para no relajarse y empujar lo utópico al futuro cumplimiento
presentando las esperanzas.
Nuestras esperanzas son realizables y la manera de vivir que se exige para ello no es
utópica o inalcanzable, si no, Cristo nunca nos lo hubiera dicho, este camino es factible, es deleitoso
y debemos mostrárselo como tal al mundo para que pueda elegir venir a Cristo y crear una cultura
bajo el reinado de Dios, que manifieste la justicia que tanto anhela nuestra sociedad.
Conclusión
La iglesia para poder sacar adelante una cultura de la utopía debería, detenerse por un
momento para poder mirar a su alrededor y entender la realidad que nos está tocando vivir, para
poder hacerle una crítica, y examinar en la biblia desde una exegesis los principios que nos pueden
servir para sacarla adelante y enfrentarla.
Una vez de mirarla criticarla y examinarla debería poder dejarse un registro escrito en algún
libro, que quizás con el tiempo producirá el fruto esperado, o al menos servirá de guía como lo
hicieron los de Tomas Moro y Platón. Vimos como es que la literatura está permitiendo que se
comparta con otras vidas de todas partes del mundo, y que por lo tanto, en medio de ella, deba estar
la literatura evangélica.
También debiera entender hacia donde se dirige nuestra sociedad, para poder dar claras
respuestas a las personas que a veces solo corren con la corriente de este mundo, sin detenerse a
pensar lo que está sucediendo, esto como una voz de alerta, que anuncie el inminente peligro de
seguir una vida lejos de los valores y el reinado de Dios.
Y por último, mencionamos a Kierkegaard, para mencionar el deber de analizar nuestro
pasado, mirar nuestro presente y proyectarlo o empujarlo hacia un futuro esperanzador, que
abandona la utopía y que muestra desde el ahora, que es posible vivirlo, que es deleitoso y factible y
que el evangelio es alcanzable, y que puede dar grandes aportes a la justicia que tanto anhela la
sociedad.
Bibliografía
-
Aguado Hernández, Felipe. “Realidad y utopía”, pdf.
-
Moro, Tomás. “Utopía”, pdf.
-
Salvat, Manuel. “Las Utopías”, Salvat Editores, España, 1974.
-
Platón. “La República”, Ediciones Brontes, Traducido por Patricio de Azcarate, España,
2012.
-
Pavéz Murcia, José Luis. “Los orígenes del protestantismo en Chile y sus grandes aportes
en el siglo XIX”, tesis para grado de Bachiller, IBN, 2014.
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