Entrevistas y encuestas por teléfono: Un recorrido reflexivo por una... mixta sobre los usos de permisos parentales

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Entrevistas y encuestas por teléfono: Un recorrido reflexivo por una investigación
mixta sobre los usos de permisos parentales
Dafne Muntanyola, Pedro Romero
Grupo de trabajo: Metodología
Esta comunicación versa sobre el rol del teléfono en la investigación empírica. Existe en
la literatura sociológica un sesgo que identifica el teléfono con las técnicas de recogida
de datos cuantitativos, como la encuesta, mientras que toda comunicación que no sea
cara a cara se considera una amenaza hacia el integridad de técnicas cualitativas como
en el entrevista. Creemos que esta polaridad no contribuye a reflexionar sobre esta
herramienta, sino que perpetúa el eterno debate cuantitativo / cualitativo y un cierto
determinismo tecnológico. Para llenar lo que creemos que es un vacío en la producción
metodológica, partimos de nuestra última investigación sobre el uso de permisos
parentales y paternales por parte de padres españoles. Se trata de una investigación con
un trabajo de campo en dos fases: una primera con 40 entrevistas telefónicas a padres de
Madrid, Barcelona, Albacete, Málaga y Murcia, y una segunda con 3000 encuestas a
individuos de 20 a 60 años en el Estado Español. Específicamente, hemos identificado
las fases correspondientes al diseño de la investigación y la recogida de datos,
centrándonos en el muestreo, el diseño del guion y del cuestionario y, sobre todo, en el
momento de realización de las entrevistas y de las encuestas. Dado el carácter mixto de
los métodos del proceso, hemos comparado el impacto del teléfono de ambas técnicas a
lo largo de nuestro trabajo de campo. Hemos hablado de la intrusividad, la
estandarización y la cosificación, concluyendo que es la técnica empleada, y no el
instrumento de recogida de datos (es decir, el teléfono), quien provoca estos efectos no
deseados.
Palabras clave: teléfono, reflexividad, estandarización, instrusividad, reificación
1. Introducción
El impacto de la tecnología es un tema candente en el campo sociológico. La
bibliografía existente se centra en el uso de los medios digitales y el teléfono para las
encuestas y otros métodos cuantitativos. Poco se ha dicho sobre el uso del teléfono en
los procesos de investigación cualitativa. Presentamos aquí una reflexión para
comprender el papel del teléfono en nuestra investigación sobre el uso de los permisos
parentales en España, que incluyó entrevistas semiestructuradas (Romero-Balsas,
Muntanyola-Saura, Rogero-García 2012), así como una encuesta (Meil, Romero y
Muntanyola, 2013). En la investigación nos planteamos algunas preguntas sobre el
propio proceso de recogida de datos. ¿Es necesario enlazar una herramienta con una
teoría? Y, si es así, ¿por qué es el teléfono sólo es apropiado para algunas teorías, y no
para otros? En la elección de una herramienta empírica, ¿debemos abordar cuestiones
teóricas, el diseño conceptual, o se trata simplemente de una decisión pragmática?
El teléfono era parte del proyecto de investigación que es el objeto de esta
comunicación. Sus autores eran responsables de la fase de entrevistas, mientras que la
encuesta fue subcontratada a un instituto demoscópico. Nuestro objetivo es averiguar el
teléfono nos hace beneficiar como una herramienta tanto para las entrevistas y
encuestas. Nuestro supuesto clave es que la elección de una herramienta de
investigación no determina el diseño de la investigación, ya que las decisiones
metodología se hacen antes de entrar al campo. Desde esta hipótesis general,
formulamos las siguientes preguntas específicas sobre la recogida de datos.
- ¿El uso del teléfono aumenta el sesgo y los errores que vienen con la definición
muestral y el diseño del trabajo de campo?
- ¿El teléfono como instrumento modifica los patrones locales de comunicación entre el
investigador y los sujetos, al aumentar el carácter intrusivo de las preguntas del
investigador, y creando así problemas de intimidad de los encuestados?
- ¿Como de válidos y fiables son los datos obtenidos, ya que el teléfono puede aumentar
la cosificación de las respuestas de los encuestados?
La respuesta a estas preguntas abordan los vínculos metodológicos entre la teoría, el
diseño y las herramientas. A través de ejemplos extraídos de nuestra propia
investigación mostramos como el teléfono da forma efectiva la recolección de datos.
Metodológicamente analiza reflexivamente las dos fases de la recogida de datos, con
base en nuestras propias notas de campo y experiencia en el campo como
entrevistadores, así como a través de entrevistas a 4 encuestadores: dos supervisores y
dos encuestadores con experiencia. Las entrevistas cara a cara siguieron un cuestionario
semi-estructurado, y se llevó a cabo en el lugar de trabajo de los entrevistados, mientras
que la encuesta fue encargada a terceros. Hemos analizado los datos obtenidos por esta
comunicación con el software Atlas.ti, siguiendo los principios de la teoría
fundamentada (Corbin y Strauss, 1990).
2. Breve revisión de la literatura
Nuestra hipótesis clave se abre a la posibilidad de utilizar el teléfono en un diseño de
métodos mixtos. Con el fin de determinar la manera de integrar los métodos cualitativos
y cuantitativos, tenemos que saber qué se está haciendo en los métodos mixtos. Strauss,
el padre de la teoría fundamentada, define el diseño de métodos mixtos como el estudio
que proviene de múltiples fuentes de datos, siguiendo los cánones y procedimientos
explícitos (Corbin y Strauss, 1990). Requiere triangulación (Hesse-Biber 2010), así
como el pensamiento relacional (Bourdieu y Wacquant 1992). En Hesse-Biber, así
como en Strauss, el diseño se identifica con un determinado marco teórico: según
Hesse-Biber, la presencia de los métodos cualitativos debe ir mano a mano con la
etnometodología, el interaccionismo simbólico, la fenomenología, u otra teoría
relacionada con la perspectiva subjetiva, contra los métodos cuantitativos positivistas
legítimos, o, más específicamente, contra los conductistas de la actividad humana desde
una perspectiva objetiva. Sin embargo, numerosos ejemplos en las ciencias sociales
muestran como tal estrecho acoplamiento es una falacia y crea un problema
metodológico que puede ser fácilmente evitado (Estruch 1992). Como Bourdieu (y
Wacquant, 1992) establece claramente en su obra, la elección de las herramientas se
produce después de la consolidación de una perspectiva teórica, lo que requiere el
ejercicio de duda radical y el pensamiento relacional. Como afirma Conde (1987, 1990)
medir en sociología no necesariamente implica contar: la voluntad de objetivar la
actividad social y verlo como una práctica objetiva cruza las fronteras de las
herramientas. Teóricos de la grounded theory o analistas del discurso consideran que la
realidad social es demasiado compleja y demasiado orgánica para limitarse las
propiedades de la lógica de las matemáticas (Ibáñez, 1985). Para el metodólogo Roberto
Franzosi, por ejemplo, una narrativa es el producto no-azaroso de eventos percibidos.
Por tanto, en el orden de las relaciones sociales, uno puede medir eventos observados,
como un primer nivel de cuantificación (Franzosi, 2004). El trabajo del etnometodólogo
Aaron Cicourel (1974, 2006), basado en entrevistas estructuradas y estricta observación
empírica de los entornos profesionales reales, es un ejemplo de una investigación
naturalista que se basa enteramente en métodos cualitativos. Cicourel no descarta la
posibilidad de medir el mundo social, una afirmación que se atribuye tradicionalmente a
los metodólogos cuantitativos: "La medida del proceso social requiere el estudio del
significado de las decisiones cotidianas" (Cicourel, 1974). Por tanto, el análisis del
discurso y similares, mientras que de naturaleza cualitativa, también pueden buscar
secuencias o patrones que son formales.
La palabra clave en este último párrafo es "método": mientras que los autores anteriores
comparten una perspectiva teórica similar, aplican diferentes metodologías en sus
investigaciones. Poincaré (1908) afirma "Casi cada nueva tesis sociológica propone un
nuevo método que, sin embargo, su autor se encarga de no aplicar, de manera que la
sociología es la ciencia con el mayor número de métodos y de menores resultados
"(p.19). La mayoría de los estudios de Bourdieu se basan en encuestas sofisticadas y
entrevistas estructuradas, mientras que Cicourel recorre principalmente en entrevistas y
observación estructurada y Franzosi (2004) trabaja con el análisis de contenido. Por lo
tanto, tenemos que deshacer dos falacias de esta confusión entre la teoría y los métodos:
la asociación de objetividad con la medida y estadísticas de un lado, y el enlace entre la
subjetividad, el significado y el discurso, por el otro. Como Callejo (2002) y Franzosi
(2004) proponen, ambas encuestas y entrevistas trabajan con los mismos datos sociales:
palabras. Por tanto, siguiendo esta perspectiva teórica integrada, los investigadores
deben decidir sobre el método más adecuado (s) para capturar lo que saldrá de esta
combinación de palabras.
Como afirma Conde (1987) y Hesse-Biber (2010), el paradigma dominante en los
métodos mixtos de diseño es el uso de la investigación cualitativa como un papel
secundario para la investigación cuantitativa, en una fase exploratoria de una encuesta,
o como ilustraciones o ejemplos interesantes para las publicaciones finales de los
resultados estadísticos. En contraste, nuestro estudio presenta un diseño de exploración
secuencial teniendo en cuenta no sólo de resultados de la encuesta, sino también la fase
de entrevistas. Una vez hecha explícita la diferencia entre la teoría y el método,
seguiremos adelante para llegar al corazón de la cuestión: ¿Cuál es la función del
teléfono en un estudio de métodos mixtos, como el que presentamos aquí?
Se ha revisado la literatura existente en comunicación y ciencias sociales que trata sobre
el teléfono como medio y tecnología de la comunicación. Junto con Sweet (2002;
Sturges y Hanrahan, 2004; Novick, 2008), se detecta una significativa asimetría en la
literatura en función del tipo de diseño de la investigación. El teléfono ha encontrado su
camino en los procesos de investigación cualitativa como un medio de recogida de
datos, pero su uso no ha generado una discusión crítica relevante en el campo de la
metodología (Sweet 2002). La comunicación por Skype y de filtros medios virtuales
(on-line) han captado el interés de los metodólogos cualitativos en mucha mayor
medida que el teléfono. Como Novick (2008) plantea: "Parece que las entrevistas
telefónicas no tienen el apoyo que gozan las entrevistas cara a cara, que se consideran el
estándar de oro, ni el aura de emoción generada por las entrevistas de Internet" (p. 397).
Varios estudios sobre el uso del teléfono en encuestas se centran en el procedimiento
muestral, así como del posible sesgo y los errores de la herramienta y el encuestador
Estos estudios abarcan las siguientes áreas de interés: el error de cobertura de líneas
fijas en comparación con los errores de cobertura de telefonía móvil (Kempf y
Remington 2007), la polarización sociodemográfica de los usuarios de teléfono fijo
(Busse y Fuchs 2012), y la comparación entre el teléfono y el correo con respecto a las
entrevistas tradicionales, como la deseabilidad social y el efecto categorial de orden
(Dilman et al. 1996). Es evidente es crucial determinar si los participantes no tienen
acceso a un teléfono o si tienen dificultades de escucha (Burke y Miller, 2001, Carr y
Worth, 2001, Holt, 2010; Opdenakker, 2006; Stephens, 2007; Sturges y Hanrahan,
2004, Sweet, 2002, 1988, Toboso Martín y Rogero-García, 2012). Sin embargo, como
Busse y Fuchs (2012) afirma, las tasas de los usuarios que utilizan teléfonos móviles
exclusivamente son altas en España (93%), mientras que la proporción de ciudadanos
que no tienen teléfono es cercana a cero.
El teléfono está prohibido o se oculta como una herramienta para la entrevista. No hay
estudios que comparen el uso de la misma herramienta en diferentes metodologías, que
es nuestro objetivo. Esta mala fama opone a la unicidad de la interacción cara a cara en
una interacción mediada por las herramientas de comunicación, como el teléfono o el
correo electrónico, que se toma como una experiencia social fragmentaria, no completa.
Sin embargo, como Opdenakker (2006) y Rettie (2009) presentan, la comunicación
mediada implica también una interacción concertada, cercana a los encuentros cara a
cara. Como afirma Goffman desde una postura interaccionista (198:3), "Una llamada
telefónica permite un grado de control mutuo, para garantizar centrar la atención y
facilita la conversación sostenida, íntima, la coordinación de la acción típica de la
conversación verbal. "Una entrevista telefónica permite una conversación en la que
tanto el entrevistador como el entrevistado comparten el mismo marco temporal: la
sincronicidad lleva la interacción más cerca de una conversación real cara a cara que los
intercambios de correo electrónico, donde no hay copresencia. Utilizando el concepto
de Giddens (1984) de la distancia espacio-temporal, sólo el espacio separa los que
participan en una encuesta telefónica o una entrevista. Este tipo de situación social
también puede implicar, siguiendo el concepto de Goffman de paramount reality (1969:
89), "Un sentido de mutua actividad que deviene única". Desde el etnomethodologia
Garfinkel abre la definición de la interacción cara a cara hacia un mayor flexibilidad,
donde los dos interlocutores - locutores pueden reconocer que han compartido una
experiencia dada (Garfinkel, 2006: 116). El uso creciente de la tecnología de videoconferencia (como Skype) pone la comunicación virtual o mediada por ordenador en el
centro del campo sociológico. Por tanto, se hace más y más difícil oponerse a la
comunicación mediada a las interacciones cara a cara, una distancia que parece ser
infinita para la mayoría de los sociólogos auto-definidos como cualitativos.
La actual división entre las metodologías cuantitativas y cualitativas conlleva que la
mayor parte de la producción académica se refiere al uso del teléfono en las encuestas.
La literatura especializada identifica una determinada tecnología con una perspectiva
teórica determinada, sea el conductismo o el constructivismo. Tal dualismo nos
recuerda un debate más amplio que impregna el campo de la investigación
metodológica, que se refiere a la relación entre la teoría, diseño de la investigación, y
las herramientas utilizadas con eficacia en el trabajo empírico. El uso específico de un
medio tecnológico como el teléfono se identifica en la literatura que hemos comentado
con una perspectiva teórica conductista, con la cuantificación y el uso de las estadísticas
para la formalización de las respuestas de los encuestados en un diseño cuantitativo. La
postura positivista se distancia del marco teórico del construccionismo, dentro de los
cuales la mayoría de los autores asocian con diseños cualitativos, basados en entrevistas
cara a cara o, en casos marginales y menos deseables, entrevistas telefónicas.
3. El objeto de estudio y la metodología aplicada
Nuestro objeto de estudio es la investigación "El uso de los permisos parentales en
España 2012", la cual se llevó a cabo en dos fases: en primer lugar en una etapa
cualitativa, se entrevistaron 30 padres de España entre septiembre de 2010 Marzo de
2011. En segundo lugar, en una etapa cuantitativa, se realizó un estudio de corte
transversal y retrospectivo de la población entre enero y marzo de 2012. En la fase de
entrevista, el grupo de encuestados fue construido a través de muestreo de bola de
nieve. Los padres que toman permisos parentales en España son una minoría social.
Según un estudio basado en datos de la Seguridad Social, el porcentaje de madres que
trabajan y que tomó un permiso parental a tiempo completo fue de entre 2,08% y 2,79%
en 2006, mientras que era sólo del 0,04% al 0,1% los padres se acogieron a una
excedencia a tiempo completo (Lapuerta et al. 2011). Los estudios sobre el permiso
parental a tiempo parcial, como la encuesta llevada a cabo por consultores GPI con una
muestra de 1.600 entrevistados de entre 25 y 64 años de edad, muestra que el 12,7% de
las madres trabajadoras utiliza el permiso parental a tiempo completo en 2008, mientras
que fue utilizado por sólo el 5,9% de los padres que trabajan (Instituto de la Mujer,
2009).
Por tanto, las masculinidades alternativas esconden a menudo entre estadísticas y
prácticas tradicionales. El análisis del discurso de estos padres nos permite identificar y
comprender la existencia de discursos cada vez más plurales sobre los roles de
masculinidad y el cuidado. Nuestra estrategia, entrevistando a los padres pioneros,
recuerda la espiral del silencio que acompaña la opinión pública encuestada (NoelleNeumann 1984) y muestra la complejidad de la realidad social. La muestra estaba
compuesta por cuatro padres que no se acogieron al permiso de paternidad, 16 padres
que se quedaron en casa por 15 días (en general los padres que tomaron el permiso de
paternidad), y 10 padres que estuvieron más de un mes fuera del trabajo (es decir, los
padres con excedencia o reducción de jornada). El trabajo de campo se realizó a través
de entrevistas telefónicas semiestructuradas. Los datos recopilados se utilizaron en la
construcción de los indicadores cuantitativos de la encuesta telefónica.
En efecto, la fase de trabajo de campo cuantitativo se inició con el diseño del
cuestionario, basado en una larga serie de reuniones de trabajo con sociólogos y
economistas del grupo de investigación Análisis del cambio familiar, incluyendo a los
autores de este documento. La muestra del estudio consistió en cuatro mil personas de
entre 25 a 60 años. La recopilación de datos sobre conocimientos y percepciones sobre
los permisos se realizó con 1.000 personas encuestadas. La muestra fue ponderada por
sexo y edad. El trabajo de campo fue subcontratado a CAPDEA (Centro de Análisis y
Documentación Política y Electoral de Andalucía), un instituto de sondeo que forma
parte de la Universidad de Granada y que tiene una gran experiencia en una amplia
gama de tipos de encuesta.
Tabla 1. Lista de entrevistas por edad, sexo y situación profesional, incluidos los autores
La metodología de esta comunicación es totalmente cualitativa y se basa en un una
perspectiva reflexiva del proceso de recogida de datos, incluyendo entrevistas a los
participantes clave que fueron analizados con el software Atlas.ti. Por un lado, como
investigadores y los trabajadores de campo en la fase cualitativa, mantuvimos notas y
bocetos de las circunstancias y los acontecimientos inesperados de estas interacciones,
configurando un registro de las entrevistas telefónicas. Por otra parte, en la fase de
encuesta se entrevistó supervisores, licenciados en ciencias sociales, de dos agencias
diferentes: una, la mayor agencia de investigación en España, que se encarga de las
elecciones estatales oficiales encuestas políticas, y la otra, CAPDEA de la Universidad
de Granada, a quien se subcontrató para la realización nuestra encuesta sobre los
permisos parentales. En concreto, hablamos con dos trabajadores de CAPDEA y un
supervisor trabajo de campo principal. También entrevistamos cuatro encuestadores que
trabajaban con nuestro cuestionario, dos hombres y dos mujeres, estudiantes de ciencias
sociales o graduados. La Tabla 1 muestra la lista de entrevistas a expertos en el trabajo
de campo de la encuesta. También se incluyen los autores de este trabajo, ya que
estaban a cargo no sólo de las entrevistas con estos cuatro expertos, sino también a los
responsables del trabajo de campo cualitativo sobre la paternidad y los permisos
parentales. Se analizaron todas las entrevistas a expertos con el software Atlas.ti,
utilizando un enfoque ascendente basado en códigos en vivo y abiertos. La Tabla 2
muestra el esquema de codificación, siguiendo los principios de la teoría fundamentada
(Corbin y Strauss, 1990). Las dos columnas de los códigos y las familias se han creado
a través de varias rondas de discusiones y negociaciones en el equipo de investigación
académica. Nuestra lucha hacia una definición negociada de la estructura de
codificación aumenta el grado de fiabilidad de nuestro análisis (Franzosi 2004).
Presentamos nuestras conclusiones en la siguiente sección, a través de sus dimensiones
cualitativas y cuantitativas.
Tabla 2. Esquema de codificación aplicado con el software de análisis cualitativo
Atlas.ti.
4. Síntesis de resultados
Las entrevistas telefónicas fueron programadas con anterioridad, en general a través de
amigos o compañeros de trabajo, por correo electrónico o por teléfono, y el
entrevistador negociaba el mejor momento para el entrevistado, que tenía una idea de lo
que trataba la entrevista y había acordado previamente hablar. El teléfono permite
introducir las entrevistas y encuestas en la intimidad del hogar. Durante el trabajo de
campo era habitual oír los niños gritando y jugando en el fondo, ya menudo, las
interrupciones que el flujo de la entrevista o la encuesta provenían de la necesidad del
entrevistado de calmar los chiquillos o de proponer una actividad infantil. Esta realidad
viene de las características de la población de la muestra, específicamente en las
entrevistas, al ser padres con niños pequeños. Un ejemplo revelador proviene de una de
las entrevistas a un padre de dos hijos: el más joven contestó el teléfono, y cuando el
investigador (D.) le preguntó si su padre para podía coger el teléfono, el niño de tres
años respondió "No puede, está haciendo caca". Al cabo de unos minutos el padre se
puso, probablemente no oyó lo que su hijo le había dicho, y la entrevista comenzó sin
problemas.
En general se recomienda a los investigadores que las entrevistas telefónicas sean más
específicas y más estructuradas de lo que ocurre en las situaciones cara a cara (Berg
2007; Gillham 2005). Sin embargo, el orden de las preguntas fue alterado para mantener
un flujo de conversación informal. Los investigadores reformulaban la pregunta si era
necesario, adaptándose a la situación, y así mantener un estado de permanente
curiosidad, porque a menudo las respuestas llevaban elementos implícitos más
informativos que las declaraciones iniciales. Nos quedamos gratamente sorprendidos
por el hecho de que los encuestados parecían sentirse cómodos enseguida: el tono de
voz, el ritmo y la regularidad de las palabras, y el número y duración de las pausas eran
todos los marcadores emocionales. Creemos que mediante la consideración de los
encuestados como expertos sobre lo que estaban hablando, la experiencia como padre
que ha tenido tiempo libre para cuidar de sus hijos, hizo aumentar su nivel de confianza.
En las encuestas, la llamada es un evento inesperado. Sin embargo, pedir una
reprogramación o una interrupción es habitual y es una manera para el encuestado de
elegir el tiempo que más le convenga. Interrupciones y aplazamientos no son extraños, y
se contemplan como no problemáticos por parte de los encuestadores: un encuestado
pide ser contactado en otro momento, y una nueva cita teléfono se programa. Este
fenómeno altera la relación de poder establecida cuando el encuestado llama de forma
inesperada. El tiempo es importante: los encuestadores, como F., eran conscientes de la
necesidad de "romper el hielo" durante los primeros 10 minutos de la encuesta. Como F.
concluye: "Los encuestados piensan inicialmente que la persona al otro lado de la línea
les quiere vender algo." Vemos que la influencia de telemarketing en las encuestas
telefónicas justifica comportamientos de defensa como el de incorporar un filtro para
evitar la captación del número de teléfono (Kempf y Remington 2007). Los temas
sensibles, como los ingresos, la afiliación política, y los problemas de relación se sitúan
normalmente en la parte central-final de la encuesta, al igual que en la entrevista
telefónica. En concreto, se preguntaba por ejemplo con qué frecuencia, cuando discutía
con su pareja, pensaba en pedir el divorcio. Pensábamos que sería una pregunta
especialmente difícil para los encuestados, pero no fue así. Todos los encuestados, junto
con el supervisor, declararon que la gente respondió esta pregunta comprometida con
confianza.
F: "Preguntando si alguna vez has pensado sin decirlo en voz alta si en pedir el divorcio
... Esta pregunta debe ser introducida como ... Nosotros decimos algo como, ya sabes
que a veces las situaciones se ponen difíciles y ... Y entonces es fácil que puedan
responder, pero si le preguntas así de golpe no es una pregunta fácil ".
Los encuestados creen que es necesario tener fuertes habilidades interpersonales y
hablar de una manera amable y acogedora a la gente que no conocen. F. afirma, "Lo
más importante [como formación] es haber trabajado de camarero." Existe una
conciencia profesional compartida de la dimensión social del proceso de encuesta: como
dice C., "Es un diálogo muy vivo". Edelsky (1981) llama Conversational floor holding
(dominio del terreno conversacional) el análisis de quién esta "al mando" de una
conversación en un momento dado. Además, las preguntas iniciales se repiten varias
veces si el encuestado parece tener problemas de comprensión. La empatía es vista
como una cualidad de un buen encuestado, como V. señala: "Uno se pone en su lugar,
ella te está diciendo... Yo tengo hijos, estoy en una relación estable, pero no vivimos
juntos ...". El teléfono permite el anonimato, lo que hace más fácil la respuesta, según
afirman los entrevistadores. La intimidad se logra a través de la actitud del encuestador.
El tono de voz y el ritmo de preguntas son dos elementos claves por los profesionales.
El supervisor senior V. dijo que contrató a un encuestador sobre todo por el tono de su
voz, que ella describió como "que captura y que era atractivo." Al igual que en la
entrevista telefónica, el tiempo y el silencio es importante, y el encuestador debe saber
cuándo el entrevistado necesita tiempo para pensar una respuesta, o utilizar palabras
justificando la recepción, como "ok", "oh", "sí", o preguntando, "¿Está aquí?" como
seguimiento.
La sensación de intimidad puede favorecer un hablar excesivo o de queja. Los
encuestadores emplean diversas estrategias para mantener el hilo de la encuesta, sobre
todo aprovechando las pausas para respirar del encuestado, obviando una respuesta, o
por la introducción de una interjección, como R. explicó: "Lo siento, podemos hablar de
eso más tarde. Que le puedo hacer una pregunta sobre..." y pasar a la siguiente pregunta.
Lo contrario sucede cuando la llamada se percibe como una intromisión: uno de los
encuestadores, C., explicó que un encuestado de 45 años no quería contestar porque,
como él dijo a C. "Le estaba preguntando sobre cosas que ni siquiera sus amigos [más
cercanos] estaban al corriente." Ella le convenció recordándole que la encuesta era
anónima y que su información personal no se haría pública. Los casos extremos, que no
son poco frecuentes, incluyen respuestas agresivas. El encuestador puede terminar una
encuesta si creen que se está abusando verbalmente de ellos, o si detectan un sistemático
"No" o "No sé", que indica una actitud de sabotaje.
5. Conclusiones
En este trabajo aporta a una laguna metodológica, ya que incluye en clave reflexiva el
teléfono como una herramienta metodológica no sólo en las encuestas, sino también en
la entrevista. Revisando la literatura sobre métodos cualitativos, tal como vemos en la
sección teórica, se sugiere que el teléfono no se adapta bien a la tarea de hacer
entrevistas cualitativas (Gillham 2005; Rubin y Rubin 2005). En particular, se dice que
la falta de contacto cara a cara limita el desarrollo de la interacción. Sin embargo, dado
que una entrevista es una situación social artificial (Bourdieu, Chamboredon, y Passeron
2000), las distorsiones específicas están siempre presentes, independientemente del
medio.
Nuestra postura metodológica ha sido la de hacer explícitos los momentos en que el
teléfono causó una distorsión en la interacción. Se analiza las transferencias
bidireccionales entre los datos cualitativos y cuantitativos. Se describe el impacto del
teléfono en la recolección de datos mediante la inclusión de sus efectos no deseados,
como la intrusión y la cosificación. Identificamos acontecimientos inesperados
específicos visibles relacionados tanto con el diseño y el uso de CATI como una
herramienta de procesamiento de información. Finalmente, se describen las estrategias
que encuestadores y supervisores utilizan para disminuir los errores humanos y
técnicos.
La comunicación indirecta de la entrevista telefónica siempre contiene sus pros y
contras. La ausencia de señales visuales respecto a gesto y la expresión facial se
considera que afecta el significado de la información que puede ser intercambiado
(Gillham 2005). Estábamos prácticamente ciegos, ya que no había contacto visual y no
hay información visual sobre el espacio. Sin embargo, se ampliaron otros sentidos,
especialmente la audición. Por tanto, es crucial jugar con la capacidad de la voz, los
silencios, el ritmo, risas, murmullos, respiraciones, suspiros, y así sucesivamente. Todos
estos elementos no verbales que configuran la interacción. Como Callejo (2002) y
Alonso (1998) ponen de relieve, el silencio debe ser gestionado de manera reflexiva
para aumentar el dominio social del investigador sobre temas de los entrevistados. Otros
investigadores ponen de relieve que las entrevistas telefónicas son tan ricas como las
realizadas cara a cara, con respecto al logro de interacciones sociales exitosas y a la
generación de datos útiles (dulce 2002; Stephens 2007; Irvine 2010).
El teléfono como una herramienta social no debe considerarse la hermana pobre de la
interacción cara a cara, reivindicamos aquí, sino una forma alternativa y común de
interacción social. En un sentido práctico, Stephens (2007) observa cómo aumenta el
control de la entrevista por parte del entrevistado / a ya que el teléfono forma parte de su
espacio social, al permitir un mayor grado de control de los participantes que en una
entrevista cara a cara (Holt 2010). Además, facilita la labor de la investigadora para
conseguir y localizar posibles entrevistados. Estamos de acuerdo con Edelsky (1981) en
que las expresiones cortas, que invita a los participantes a seguir (como "mm hm",
"bien", "bien") son importantes para la conversación y que deben ser consideradas como
parte de las herramientas empáticas que los encuestadores utilizan para mantener la
conversación, junto con la repetición, el tono de voz, y similares. El uso del teléfono
proporciona a los participantes un recurso tanto para el control de su propio espacio
social y para protegerlos de ser interrumpidos por otros miembros de la familia (Holt
2010).
A diferencia de la entrevista telefónica, el muestreo de la encuesta impone la situación,
ya que lo que debe ser aceptado sin previo aviso. Una llamada telefónica puede ser
percibida como una agresión, principalmente debido a la influencia de telemarketing
(Kempf y Remington 2007). Sin embargo, el teléfono también es conocido por todos los
miembros del hogar. Si una conversación telefónica mantiene las características clave
de las conversaciones cara a cara, emerge una posición alternativa a la demonización
del teléfono como una herramienta para la entrevista. Dado que el uso de la tecnología
es una construcción social, el uso del teléfono puede permitir, sin garantizarlo, una
calidad del discurso similar a las entrevistas cara a cara.
Desde el punto de vista de los encuestadores, las encuestas telefónicas funcionan mejor
que las encuestas cara a cara. El principal argumento utilizado era doble: por un lado, en
las encuestas de teléfono de contacto visual, gestos, posturas corporales, y actividades
como fumar o caminar no son perceptibles, por lo que no se incluyen en el proceso de la
encuesta. Por otra parte, en las encuestas cara a cara esta información existe, pero el
encuestador no las puede tener en cuenta para las características necesariamente rígidas
y estandarizadas del cuestionario. Una encuesta no permite la flexibilidad de la
entrevista. Por tanto, la información superflua que viene de una situación cara a cara se
ve como una distracción para los encuestadores, información que se ignora y se rechaza.
Hay tanta información adicional transmitida por el tono, las pausas y racionalizaciones,
que es difícil para los encuestadores no sentirse superados o hacer sentir incómodo al
encuestado. La función de "filtro" del teléfono podría ser una consecuencia positiva de
este tipo de recolección de datos.
Estamos llegando a una contribución metodológica importante. La literatura considera
que el teléfono puede ser una herramienta restrictiva debido a su papel como medio
comunicativo, que transmite el tono de la voz, pero no otras actividades corpóreas que
vale la pena destacar en las interacciones cara a cara. Sin embargo, ambos miembros de
la entrevista están en una re-actualización continua del yo (Rettie 2009). Esta conciencia
incluye tanto el cara a cara como las interacciones mediadas. Por un lado, nuestros
expertos entrevistados afirman que las restricciones provienen del método utilizado, es
decir, la encuesta, y no de la herramienta tecnológica, el teléfono. Por otra parte, la
artificialidad del teléfono podría ayudar al encuestador en el seguimiento de la encuesta,
sin que la aportación de información adicional que de todos modos no puede ser parte
del análisis. Tanto en las entrevistas telefónicas como en las encuestas, quizás más que
sus homólogos de cara a cara, el investigador debe ser consciente del conocimiento que
se da por hecho de la situación, que enmarca los juicios, opiniones y percepciones de los
encuestados ( Potter & Hepburn 2005).
En este trabajo se llena el vacío teórico que existe sobre el uso del teléfono como
herramienta metodológica en el trabajo de campo cualitativo. A través de ejemplos
empíricos de un reciente estudio con métodos mixtos, hemos demostrado que los
sociólogos deben evitar el determinismo que parece dar forma a la literatura sociológica
sobre el uso del teléfono. Consideramos el teléfono como herramienta flexible que
puede emplearse en cualquier entorno de interacción, siempre si se toman decisiones
reflexivas en el diseño del proceso de investigación.
Agradecimientos
Este trabajo se enmarca en un proyecto de investigación más amplio llamado "El uso
social de los permisos parentales en España" CSO2009-11328), financiado por el
Ministerio de Ciencia e Innovación español y dirigido por el profesor Gerardo Meil
Landwerlin.
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