La espiritualidad del Enfoque Centrado en la Persona. Por Ricardo Toledo ¿Tiene el Enfoque Centrado en la Persona una dimensión espiritual? ¿Se lo puede considerar como un camino espiritual? Carl Rogers solía responder afirmativamente a esta pregunta. Entonces ¿en qué sentido es así? Lo espiritual puede ser entendido de muchas maneras. Por ejemplo, Humberto Maturana dice que se trata de “un estado de conciencia caracterizado por la vivencia de pertenecer a algo más amplio que la propia persona”. Me gusta como punto de partida. Es similar a la transformación que testimonian quienes tuvieron una experiencia cercana a la muerte. Luego de tal experiencia esas personas se suelen volver menos auto-preocupadas, menos centradas en sí mismas y más abiertas y volcadas hacia los otros o “lo otro”. No querés perderte nada de toda esta maravilla por estar encerrado en tu pequeño rollo… que de todos modos no va a durar mucho. “El amor es el olvido de uno mismo” nos dice el sacerdote cristiano y poeta Hugo Mujica. ¿Hay espiritualidad que no se base en el amor? ¿Hay amor sin que prevalezca “lo otro”, esa “otredad” por encima de “yo” y “mío”? A veces la entrega a “eso más amplio que la propia persona” se expresa justamente en una vida de servicio. Desde oriente Dogen Zenji -célebre maestro zen japonés contemporáneo de San Francisco de Asís- expresaba el mismo punto en el contexto del budismo: “Estudiar el camino de Buda es estudiar el yo. Estudiar el yo es olvidar el yo. Olvidar el yo es ser iluminado por todo y por cada cosa”. Cuando el yo es olvidado eso Otro me confirma, me devuelve una identidad más esencial y más vasta. Vuelvo a casa, a mi hogar perdido hace mucho tiempo. Lo espiritual es la vivencia de retornar a eso más amplio -nuestro verdadero hogar- cuando el yo es olvidado. Es en este sentido en el creo que podemos enriquecer o desarrollar nuestro camino espiritual al ejercer nuestras profesiones de ayuda desde la metodología del Enfoque Centrado en la Persona (ECP). O, en un sentido más abarcador, cuando vivimos nuestras relaciones interpersonales desde las actitudes propuestas por el ECP. Porque “centrado en la persona” originalmente significó: la persona del otro enfrente de mí. De ningún modo se trata de “enfoque centrado en mi persona”. En todo caso “la persona” aludiría a aquello más amplio que mi pequeño yo, fijo y condicionado. El maestro zen Lin Chi hablaba de “la persona verdadera que entra y sale por tus ojos”. El ECP comenzó a desarrollarse cuando Rogers hizo algo distinto de todo lo conocido para lo que había sido entrenado –diagnosticar, orientar, sugerir, interpretar, aconsejar, resolver, etc.- y se propuso ESCUCHAR. Ni más, ni menos. REALMENTE escuchar. La mujer que tenía enfrente comenzó entonces a mejorar por sí misma, a encontrar aquello que buscaba, a sentirse mejor. De algún modo su entereza, dignidad, plenitud y capacidad como persona pudieron emerger. Su persona misma floreció con esa escucha. Un periodista le preguntó a la Madre Teresa qué le pedía a Dios cuando rezaba. Ella dijo: “No le pido nada, sólo escucho”. “¿Y qué le dice Dios?” preguntó entonces el periodista. “No me dice nada, sólo escucha” respondió ella. La escucha misma, en todas direcciones, tal vez sin un centro, era su íntima práctica espiritual. La cual florecía en una vida dedicada a servir a los más vulnerables. El ECP además propone “herramientas” muy específicas: la empatía por ejemplo. A Francisco Varela le gustaba más esta palabra que la palabra amor, pues decía que ésta ya estaba demasiado connotada. Y además porque la empatía sugiere una acción muy específica: captar la vivencia del otro tal como es para ese otro. No puedo ser empático si me mantengo apegado a mis propias opiniones, evaluaciones, juicios, certezas y modos de percibir. El yo (que en definitiva sólo es un constructo sostenido por todo eso) debe “suspenderse” para recibir al otro. Maturana dice que el amor es “el reconocimiento del otro como un legítimo otro en la convivencia”. Esto sintoniza con nuestra tarea como profesionales de la ayuda cuando buscamos desempeñarnos en congruencia con el ECP. El ejercicio de la alteridad enfatizado por Rogers lo llevó al des-cubrimiento y a la convicción de que la persona, o la vida misma tal vez, es intrínsecamente sabia cuando le ofrecemos una presencia plenamente receptiva, carente de juicios -plenamente “vacía” podríamos decir- que permite que la vida se despliegue por sí misma. A aquello que parecía tomar las riendas en esos casos lo reconoció como una dirección en la cual podemos confiar: “tendencia actualizante”, le llamó. Algo más amplio que la propia persona, pero que se encuentra en ella y más allá de ella cuando deponemos nuestros pequeños constructos condicionados. Entonces yo estoy muy agradecido por la oportunidad que el ECP me brinda, como profesional de la ayuda psicológica, de practicar una y otra vez este olvido de mí mismo al encontrarme con ese misterio que es el otro. Dejando caer mis propios mapas, cartografías que sólo pueden ser idénticas a sí mismas y nunca comparables a lo vivo, fresco e impredecible de esos paisajes que emergen cuando escucho realmente a la persona que se abre ante mí. Paisajes que confirman mis verdaderos rostros, que me devuelven la dimensión universal de ser humano. ¿Es esto un ejercicio del amor? Puede ser, puede ser, pero yo no lo sé. Yo sólo intento escuchar, realmente escuchar. “Cuando miro adentro y veo que soy nada, eso es sabiduría. Cuando miro fuera y veo que lo soy todo, eso es amor. Entre ambos gira mi vida.” Nisargadatta.