En mi reciente visita a Tenerife, preguntaban algunos

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TEXTOS CONTRA EL MACROPUERTO
Emilio Lledó, José Luis Sampedro, Rosa Regàs, Fanny Rubio, Fernando
Delgado, Manuel Rivas, Alfonso Sastre, Lluís Llach, Mari-Carmen Mulet,
Rogelio Botanz y Xabier Rekalde expresan a través de su palabra su oposición a
la construcción del puerto industrial de Granadilla:
En mi reciente visita a Tenerife, preguntaban algunos amigos mi opinión sobre los cambios en
la isla. En 1964 había llegado a ella como catedrático en la Universidad de La Laguna. Por
supuesto, Tenerife ha cambiado. Naturalmente el cambio, el “progreso”, como suele decirse,
debería ir a mejor. Pero si ese cambio está condicionado a la voracidad, a la usurpación del
espacio público para hacer negocios privados, a hinchar su maravilloso paisaje de
urbanizaciones monstruosas, a congestionar sus carreteras de tráfico innecesario, el progreso se
convierte en un regreso a la caverna.
Muchas veces he pensado cuánto tienen que odiar a sus ciudades, a sus pueblos, muchas
de esas autoridades municipales que convierten esas ciudades y esos pueblos en lugares
invivibles. No sólo Tenerife, otros muchos espacios de la península han sufrido –buena parte de
la costa mediterránea, por ejemplo- la patología de la avaricia de políticos y empresarios bajo el
lema sofístico de que el turismo es la verdadera industria nacional. ¡Pobre país el que piense que
su industria es algo que les ha sido regalado: el mar, el sol, el aire! ¡Pobre país el que aniquila y
abotarga estos generosos elementos de la naturaleza por el dinero fácil de muchos de sus
mandamases enfermos! Esperemos que Granadilla se salve de esa disparatada y engañosa
patología del puerto que le quieren colocar encima, para su desgracia.
Emilio Lledó
“No soy residente, pero sí asiduo visitante y amante de esta maravillosa isla, pese a todo.
Cuando hace más de cuarenta años visité por primera vez las playas del Médano y el
Sur de la isla quedé vivamente impresionado por su panorama emocionante. Era un paisaje con
grandeza, una visión cercana a la eternidad. El infinito mar bajo la cúpula azul, el
desplazamiento tranquilo de las nubes, la firmeza de las arenas, el susurro del viento, el grito
intermitente de las aves marinas… ¡Qué plataforma para sentirse más verdadero, más rico en
alta vida!
Pero ahora, me entristece ver desaparecer aquel mundo. Naturalmente no pretendo que
la isla se estanque, que hubiera permanecido anclada en el pasado. No. Ni yo, ni creo que nadie
de los aquí reunidos sea tan necio. Lo que pensamos es que el concepto de “desarrollo
sostenible” debió introducirse y respetarse mucho antes, en lugar de abandonar la isla al
egoísmo de los especuladores urbanísticos. De lo que se trata, es de salvar lo que todavía queda
y dejar de maltratar a la naturaleza. De lo que se trata, es de respetar la voluntad popular, de
informarla sin engaños ni chantajes para que pueda decidir libremente en qué entorno desea
vivir, qué herencia desea dejar a sus hijos.
Por eso, siempre que las plataformas ciudadanas y ecologistas preocupadas por estos
temas piden mi apoyo, no dudo en sumarme a su lucha. En este caso, si mi firma no vale porque
no soy residente, espero, al menos, que mi voz unida a la de todos en este acto contribuya a que
las autoridades nos oigan. El año pasado Vilaflor demostró que la voz del pueblo unida no
siempre cae en saco roto”.
José Luis Sampedro
El ciudadano interesado en los asuntos de la sociedad, en la cosa pública, se pregunta casi a
diario cómo puede ser que siempre sean las constructoras y sus secuaces en los distintos
gobiernos las que defiendan proyectos mastodónticos que destrozan el medio ambiente, gastan
recursos tan necesarios en otras áreas absolutamente desatendidas, inventan necesidades
inexistentes para la aprobación de su proyecto y pretendan demostrar su idoneidad con
argumentos falsos y siempre contrarios a los que emiten todas las organizaciones que se
preocupan por la conservación de nuestro paisaje y los expertos en la materia. No una de ellas,
sino todas. Es más, los promotores de estas brillantes ideas que a nadie benefician tampoco
tienen en cuenta la opinión de los ciudadanos y esconden la brutalidad ecológica que supone el
proyecto y la obra, para que se reduzca el número de los que protestan y se manifiestan contra la
agresión que se pretende hacer al paisaje, y en consecuencia a la sociedad de hoy y de mañana
Éste es el caso del proyecto de construcción de un macropuerto industrial para el sur de
Tenerife, en la costa de Granadilla, un proyecto de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de
Tenerife (Ministerio de Fomento), incomprensiblemente avalado por el Gobierno de Canarias,
el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Granadilla. A los ciudadanos sólo nos cabe pensar
que un proyecto como éste de consecuencias nefastas e irreversibles según el dictamen de todos
los expertos consultados, absolutamente insostenible no sólo en materia medioambiental sino
también en lo social y lo económico, a la fuerza ha de responder a los intereses ocultos y
especulativos de unos pocos.
¿No son los gobiernos los responsables de preservar un medioambiente ya altamente
degradado como es el de Canarias? ¿O realmente su único interés es el enriquecimiento de unos
pocos aún a costa de devastar el paisaje y desatender la infinidad de necesidades de un pueblo
que tantas carencias tiene?
Ya que la voz del sentido común y la sabiduría medioambiental y social no llega a
nuestros gobernantes, la única solución que tenemos los ciudadanos para defender esos seis
kilómetros de costa, virgen aún, y oponernos a los brutales e inútiles transportes de materiales
que la dejarán maltrecha para siempre, es unirnos en la protesta y con esa fuerza recurrir a las
instancias superiores. Nuestro compromiso responsable puede y debe detener las inútiles
agresiones al medioambiente y a la sociedad que inventa la codicia.
Rosa Regàs
He sido gozadora intermitente de las playas de El Médano, insólitas para quien las contempla, y
las he recordado permanentemente como viajera a mi regreso, con el deseo de los reencuentros.
La noticia del trueque de esa belleza natural por moles de cemento especulativo me trae a la
memoria el aviso del filósofo Walter Benjamin -allá en la víspera de la segunda guerra mundialpara parar el tren que algunos llaman de progreso tecnológico y que se lleva por delante lo poco
que nos queda de humanos: la capacidad de admirar, de fundirse en las aguas de la costa de
Granadilla, de contemplar lo que no necesita de la mano del hombre para servir
bondadosamente a su destino. Paremos el delirio que pretende sustituir con su avaricia las
arenas amigas.
Fanny Rubio
Queridos amigos: No voy a dejar de apelar al sentimiento de quien como yo ve amenazado el
territorio de su infancia con el proyecto del Puerto Industrial de Granadilla, porque entre otras
razones el sentimiento aclara a veces lo que a la razón no alcanza, pero esta vez a la razón no le
hace falta la ayuda del sentimiento: son muy claros los argumentos de los expertos
universitarios contra esta fechoría. Lo que hace el sentimiento en este caso, con toda su nobleza
frente al egoísmo y la arbitrariedad, es sustentar la indignación. Y la lucha indignada contra el
puerto no es la de unos ecologistas obsesionados contra el progreso, sino la de unos
progresistas, que si lo son de verdad son ecologistas. El ecologismo no es una etiqueta de grupo
sino modo uno de estar y de ser en la naturaleza, relacionándose con ella, que dista mucho de
ser la forma en que los especuladores la agreden y se lucran. El sentimiento y la razón se unen
en mi caso para defender nuestro espacio, tanto más preciado cuando se trata del limitado
espacio de una isla, la nuestra.
Fernando Delgado
“Telegrama emotivo por Radio Costera Internacional de Galicia a Granadilla”.
Dice: “Atención, atención, atención. Mayday, mayday, mayday! Emitimos en Onda Larga.
Luchamos contra el virus de la desmemoria. Contra el imperio del cinismo. Contra la
apropiación indebida de las palabras. Contra la usurpación de las conciencias. Contra la
confiscación de la esperanza.
Un abrazo solidario y atlántico desde Galicia, con el hip hop eterno y rebelde del mar.
Manuel Rivas, de parte de Nunca Máis”.
Manuel Rivas
Permítanme que yo también me haga eco, y sea un modesto portavoz, de una postura ciudadana,
popular, que desde la Asamblea por Tenerife, con sobradas y muy convincentes razones, se
opone a la construcción de un macropuerto industrial en Granadilla, y ello no desde una
filosofía beatamente naturalista, conservadora y reaccionaria, del tipo de la enarbolada por
quienes identifican la Naturaleza con el Dios perdido (“¡Dios ha muerto! ¡Viva la Naturaleza!”),
sino desde el justo punto de vista militante en el que se defienden los fueros de la ecología como
defensa literal de la vida humana, hoy gravemente amenazada en nuestro planeta.
Alfonso Sastre
Necesitamos crecer y trabajamos por crecer. La especie humana moldea y se moldea, cambia y
hace cambiar. Pero en ese ejercicio de procurarse y dar forma, nuestra especie no sólo
avanza, también tropieza. Caer puede ser parte del camino, y hay dolores infinitos y daños
irreversibles. El planeta cohabita con una especie que profana constantemente. Lo hace entre sus
semejantes. Y se lo hace al planeta mismo. Disentir del desarrollismo, del abuso y la
especulación no es un mal ejercicio, es, seguramente, el rumbo cierto del progreso cierto. Hay
dolores infinitos y daños irreversibles. Cuando se está a tiempo de no tropezar, no evitarlo es
sencillamente deleznable y cósmicamente ridículo.
Desde el Mediterráneo al Atlántico, y en contra del puerto industrial en Granadilla, un
abrazo fraterno y solidario,
Lluís Llach
Tengo los suficientes años para acordarme de algunas de las playas a las que iba cuando era
niña o muy joven (Jagua, Los calladitos, María Jiménez con su charco, Los pescaditos, Cueva
Bermeja, Los Trabucos, etc.). Las vi desaparecer al ampliarse el puerto de Santa Cruz en aras de
un "desarrollo" que nos vendieron como la última oportunidad que tenía Tenerife para
enfrentarse al futuro.
Ya está la costa de Santa Cruz degradada por este "desarrollo". Y ahora ¿me vienen a
decir que el sacrificio que supuso la desaparición de esas playas no ha servido de nada?
¿Quieren volver a empezar de cero y degradar otra costa? Hay algo que no cuadra con las
declaraciones de los políticos cuando dicen que lucharán por un desarrollo sostenible. Creo que
es ineludible la ampliación del puerto de Santa Cruz y no degradar otros lugares que aún están
vírgenes.
Apoyo totalmente la MANIFESTACIÓN en contra del puerto de Granadilla y les animo
a seguir luchando. Mi familia y yo estaremos allí.
Pueden incluir mi nombre en las voces contra el puerto de Granadilla.
¡ÁNIMO!
Mari-Carmen Mulet
Cien años después de la conquista, Leonardo Torriani, aquel ingeniero italiano que se acercó a
las islas con espíritu curioso, nos dejó la crónica de un hecho tremendamente significativo.
Cuenta que vio y oyó a canarios en las playas de Tamarán, que cantaban una endecha, todavía
en la lengua tamazigh de sus abuelos, lamentándose e invocando a su unidad como única vía de
futuro:
"Aicà maragà aititù aguahae
Maicà guere; demancihani
Nehigà aruuici alemalai"
(Sé bienvenido, hermano,
Mataron a nuestra madre esta gente extranjera
Pero ya que estamos juntos
Unámonos. Si no, estamos perdidos.)
Quinientos años después de aquello, y dados los tiempos que corren, cada día imagino
una marea de centenares de miles de canarios y canarias acudiendo a esas playas, que hoy son y
mañana pueden no ser, acudiendo a la puerta de esos Cabildos que hoy son... acudiendo, de la
mano y "a voz en cuello", como dijera Pedro García Cabrera, para cantar, de nuevo, aquellos
versos antiguos, que algunos se empeñan en mantener de actualidad:
Sé bienvenido, hermano, hermana:
Están rematando a nuestra madre-tierra
Esta gente que se dije "nuestra",
Pero ya que estamos juntos, unámonos,
Si no, estamos perdidos.
Rogelio Botanz
Glaciación industrial
Notamos su presencia por el rastro de la destrucción que van dejando. Y casi nunca se les
descubre antes, porque suelen trabajar a hurtadillas, porque siempre actúan a traición. Son
unas sombras con terno y cartera que, cuando miran un paisaje, le ven la trama, y sacan la
calculadora; que donde hay colores y aroma, sueñan infraestructuras suculentas.
Pero, como los oglala de las Américas antiguas o los pigmeos aka de nuestra costa
vecina, algunos no queremos que se toque la hierba –ni la arena- si no hay urgencia para el
hombre, y sin haberle pedido perdón a la tierra; y menos aún, que se le haga una cirugía
estética siniestra y sin remedio para solaz único de especuladores y contratistas.
Si para ser Europa, estas islas africanas necesitan convertirse en gigantescos hangares
de mercancías errantes, no habrá merecido la pena. Si han de transformarse en un
aparcamiento inerte, y sus rutas interiores en un intercambiador oscuro, en una telaraña de
asfalto poblada por caravanas mecánicas. Si hay que trasladar las playas y las montañas a
parques temáticos de fantasía, hemos equivocado el rumbo.
Quienes no creemos que la selva sea sólo madera; ni los peces pescado, ni las
montañas pretextos para pensar túneles o esculturas en negativo, ni las playas solanas
ocasionales y maleables; tenemos que frenar el avance de los depredadores sin freno, y negarle
el permiso y los votos a unos gobernantes que trabajan para ellos, a los políticos que les
cobijan.
Si no evitamos que sigan usando el Mundo como plastilina y modelándolo a su
medida, la próxima glaciación será industrial, y la habrá provocado la mano insolente de un
Hombre que ha renunciado a su futuro para satisfacer los delirios de sus ejemplares más
ambiciosos.
No podemos dejarnos seducir por esa ilusión de progreso que nos presentan
confundida con los caprichos de su codicia. Sabemos que el progreso cierto no se calcula en
edificios, en superficie de hormigón, ni en balances contables. Y tenemos que dejar de confiar
en aquellos que ignoran que el único progreso que vale para el Hombre es el que se mide en
gramos de felicidad.
Xabier Rekalde
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