HISTORIA Colonización europea a partir del siglo XVII La llegada de los europeos a las costas de Africa austral fue sin discusión la experiencia más traumática enfrentada por las comunidades autóctonas. En 1652, los holandeses fueron los primeros en abrir una sucursal de su Compañía de las Indias Orientales en el continente africano, para abastecer a los barcos de alimentos, agua y atención para los marineros enfermos. Probablemente se hubieran conformado con esto si la sucursal hubiera bastado para satisfacer todas estas necesidades, sobre todo, la provisión de carne y granos. Sin embargo, por la construcción de un castillo de piedra y el asentamiento de granjeros, los khoikhoi se percataron de que los holandeses pretendían quedarse. Comenzaron a resistirse al trueque reteniendo el ganado, y defendiéndose de los intentos de la Compañía por apoderarse del ganado por la fuerza. Gradualmente, los holandeses se impusieron a los khoikhoi arrebatándoles sus arroyos, tierras y ganado. Incorporaron a los locales como mano de obra agrícola o miembros de las milicias. La estructura política de los khoikhoi no era suficientemente fuerte como para resistir. La Compañía tenía tal necesidad de mano de obra que en la primera década de asentamiento trajo esclavos de su imperio oriental y de regiones a ambos lados de Africa. El esclavo no tenía derecho legal alguno, y a diferencia de los esclavos de América, muy pocas posibilidades de alcanzar la libertad mediante su conversión al cristianismo. En el Cabo, la liberación obligatoria de los conversos sirvió de impedimento a la conversión al cristianismo y volvió más atractiva la conversión al islamismo por razones no solo religiosas sino también políticas. Los esclavos de la Compañía o los residentes en los pueblos tenían cierta posibilidad de practicar oficios. Los esclavos de los granjeros estaban bajo un control más estricto. Las esclavas no tenían la opción del matrimonio, pero sí era frecuente el concubinato con hombres blancos. El Cabo se convirtió en una sociedad dividida en grupos claramente definidos desiguales ante la ley, y los negros libres nunca fueron lo suficientemente numerosos o fuertes como para romper las barreras. Los empleados de la Compañía y los granjeros blancos establecieron un predominio defendido por la ley y reforzado por la libre inmigración. Los blancos mantendrían su predominio por más de tres siglos y medio, pese a varios intentos de emancipación. En 1807 y 1838 se produjeron intentos parcialmente exitosos por liberar a los esclavos. Los británicos habían tomado ya posesión del Cabo durante las guerras revolucionarias francesas, manteniéndola como colonia a partir de 1795, con un breve período de dominación holandesa entre 1803 y 1806. La dominación británica fue inicialmente casi tan autoritaria como la holandesa. Pero los nuevos colonos que llegaron a partir de los 1820 traían su experiencia en las luchas políticas inglesas, y en la colonia lucharon por alcanzar libertad política, primero con una exitosa campaña en favor de la libertad de prensa, y luego en 1853 con el establecimiento de un gobierno representativo en unas elecciones increíblemente limitadas y daltónicas. Otro tipo de campaña lanzaron grupos de presión en Gran Bretaña con respaldo de los misioneros locales para liberar a los siervos y esclavos. Aunque se trataba de un intento por equilibrar la libertad con la necesidad de mantener a los emancipados como mano de obra asalariada, no recibió mucho apoyo por parte de los empleadores locales. De ahí que aunqie los khoikhoi obtuvieron una "carta de libertad" en 1828, y en 1838 los esclavos fueron puestos en libertad al cabo de cuatro años en calidad de "aprendices", las presiones de los empleadores en los tribunales frustraron en gran medida la eficacia de ambas medidas. Luchas en las fronteras de expansión colonial Desde los primeros días del asentamiento, los esclavos intentaban huir, casi siempre sin éxito, de las áreas bajo control de la Compañía. Los europeos se aventuraban tierra adentro para cazar, practicar el trueque, a veces apoderarse de ganado, o para asentarse; estimulados por las débiles leyes agrarias y quizás malinterpretando las ideas de los khoikhoi sobre el uso y posesión de la tierra. Eran movidos por la falta de oportunidades en la colonia propiamente dicha, o porque como esclavos también querían escapar al control de la Compañía. Por tanto, se adentraron en una zona "fronteriza" ya habitada por el pueblo san, y más al este y al norte por los pastores de habla bantú. Con sus caballos y sus mosquetes cazaban los animales de los cuales dependían los san, y ya para la década de 1880, los asentamientos san se habían visto empujados hacia el norte al otro lado del Río Gariep (Orange), después de un siglo de luchas. Desde la década de 1770 había existido otra frontera en conflicto a unos 1 000 km al este de Ciudad del Cabo, donde se enfrentaron los khoikhoi y bantúes con intrusos europeos que, al igual que ellos, valoraban la tierra y la utilizaban para sembrar cultivos y pastorear ganado. El comercio entre estos dos grupos opuestos (pieles y marfil a cambio de mercancías europeas) contribuyó mucho a moderar las relaciones, como también el impacto de los misioneros que actuaban como árbitros en las disputas. Pero con el tiempo, el robo de ganado a ambos lados de la frontera condujo a una serie de enconadas guerras, en las cuales la superioridad en armamento le dio la victoria a los europeos. Ya para finales del siglo XIX, lograron controlar todo el territorio entre el Cabo y las fronteras de la colonia británica de Natal. Desde 1836 hasta 1838 las tensiones en la frontera produjeron una segunda y más deliberada emigración de la Colonia del Cabo, denominada la Gran Marcha. Los holandeses junto con sus servidores khoikhoi avanzaron hacia el norte en protesta por la política fronteriza británica y el relativo liberalismo del dominio británico, para establecer repúblicas propias en tierras supuestamente desocupadas. Pero las tierras no estaban deshabitadas, y los holandeses necesitaban tierras ya pobladas porque eran las que tenían agua y mano de obra. En 1800, el sur de Africa carecía de fáciles rutas de transporte terrestre, con pocos pueblos propiamente dichos, pocos bancos y poco comercio organizado salvo para la exportación de productos animales, especialmente lana. Sin embargo, para 1900 esto había cambiado, fundamentalmente gracias al descubrimiento de diamantes y oro a partir de 1867. Llegaron compañías de prospección, fundamentalmente británicas, que contrataban mano de obra negra de las regiones pobladas por los africanos: sotho, tswana, zulu y swazi. Luego siguió la apertura de los bancos imperiales y los ferrocarriles. Se erigieron los barrios negros. Los buscadores peleaban unos con otros y trataban de excluir a los africanos, introduciendo luego complejos cercados para imponer su control. Muchos robaban o contrabandeaban las preciadas mercancías, lo cual amenazaba las ganancias y el orden público. Se disputó la soberanía sobre los yacimientos de diamantes. Las reclamaciones más poderosas sustentadas en la ocupación eran las de los griquas y rolong, y en términos de acuerdos internacionales las de la República del Estado Libre de Orange. Un mediador británico le concedió el territorio a los griquas. En 1871, a solicitud de los griquas, Gran Bretaña aceptó el control del territorio conocido como Colonia Real de Griqualand Occidental, ignorando los reclamos de los rolong y las repúblicas boer. Gran Bretaña comprendía el valor estratégico del "camino hacia el norte" a lo largo del borde oriental del Desierto de Kalahari, fácilmente bloqueado por los gobiernos de las repúblicas boer. El Estado Libre de Orange aceptó un arreglo monetario en 1876, pero el problema de las relaciones interestatales no se resolvió por varias razones, entre ellas, los reclamos por un estrechamiento de las relaciones económicas que el ambiente político no podía tolerar. Los obreros fluían hacia los centros mineros a través de territorio republicano y regresaban con armas de fuego. Se sucedieron enconados enfrentamientos entre las fuerzas coloniales y republicanas entre 1876 y 1881. Este fue el período más sangriento de lucha en la historia sudafricana, durante la cual los reinos negros libraron heroicas batallas en defensa de sus tierras contra boers y británicos por igual. Pero los africanos también luchaban entre sí por controlar lo que quedaba de sus territorios cada vez más pequeños. Como consecuencia, los reinos africanos al sur del Limpopo cayeron bajo el dominio blanco antes de 1900. Mientras tanto, a medida que crecía el deseo de las potencias europeas de acceder a Africa, aumentaba también la determinación del gobierno británico de establecer su predominio. Para ello decidió fundir varios territorios separados en una entidad federal de su cosecha que incluía la anexión del Transvaal mediante un golpe de estado en 1877. Los boer lograron frustrar este plan en Majuba en 1881, pero la consolidación de la extracción de oro en Transvaal constituía tal amenaza al equilibrio económico de la región en detrimento de las colonias costeras, que Gran Bretaña decidió debilitar la república, ahora bajo el mando de Paul Kruger, rodeándola. En octubre de 1899 Paul Kruger declara la guerra a los británicos. La guerra anglo-boer de 1899-1902 Desde el punto de vista militar, el conflicto entre fuerzas británicas y boer puede dividirse en dos etapas: primero un período de éxitos boer, rápidamente revertidos a la llegada de la principal fuerza británica en enero de 1900, que tomó las capitales republicanas entre marzo y junio. Después vino una etapa guerrillera en que los boer se reagruparon después de la caída de Pretoria y continuaron la lucha durante dos años más antes de aceptar de mala gana los términos de paz de los británicos en 1902. En este conflicto se vio involucrada de una u otro forma toda la población sudafricana. Las mujeres y niños boer desalojados de granjas y pueblos quemados por los británicos fueron puestos en campos de concentración donde muchos murieron de hambre y enfermedad, o se sumaban a los grupos guerrilleros en las praderas. Los antiguos mineros y trabajadores del campo africanos también fueron puestos en campos de concentración y expuestos a trabajos forzados para el ejército británico. Los boer saqueaban los campamentos africanos en busca de comida y los africanos reafirmaban su control sobre tierras y ganado antes tomados por los boer. En raras ocasiones también atacaban grupos guerrilleros boer. La Ley Marcial se impuso gradualmente en toda la región, y se restringió drásticamente el movimiento de personas. Los boer perdieron la guerra, pero ganaron la paz. Los británicos partidarios de los boer habían socavado la complacencia moral de los vencedores, que decidieron concederle términos generosos a sus contrincantes, para asegurar una influencia duradera en el sur de Africa. Ello se logró fundamentalmente en detrimento de los africanos (excluidos del poder político y forzados a devolver gran parte de las tierras recuperadas durante la guerra). Los británicos instrumentaron estas decisiones entre 1906 y 1907, aprobando constituciones que concedían a los afrikaner el control político de ambas ex-repúblicas, lo cual era más generosidad que la prevista. Tampoco protestaron cuando la Convención Nacional Sudafricana aprobó una constitución que garantizaba que el poder político permanecería en manos de los blancos (fundamentalmente afrikaner). La Unión Sudafricana 1910-1960 El estado de ánimo predominante entre los afrikaner después de la devolución del auto-gobierno era el de la conciliación; primero entre los boer y el Rey (de quien accedieron a ser súbditos); luego entre los afrikaner del Cabo y los republicanos; y por último entre los "rajados" y los "duros" entre las propias filas boer. Esto colocó a Louis Botha y Jan Smuts al frente de un gobierno practicamente de coalición, y el Partido Unionista de habla inglesa desapareció de la escena política en unos pocos años. Sin embargo, las heridas infligidas a los afrikaner durante la guerra eran profundas. La recociliación no duró. Se repitieron los intentos anteriores de los 1870 y 1880 por cosolidar a los afrikaner tras movimientos culturales y políticos, y centraron su atención en una reacción contra el vínculo imperial, y en oposición a la guerra contra los alemanes en 1914, lo cual colocó a varios jefes de comandos guerrilleros a la cabeza de la rebelión. Surgió un nuevo republicanismo afrikaner, con el Gen. JBM Hertzog a la cabeza, y reforzado por la elitista y encubierta Broederbond y varias otras sociedades de bienestar y culturales, para cuidar del pueblo afrikaner, en particular los muchos afrikaner pobres, ellos mismos víctimas de la guerra. El vínculo imperial seguía siendo un problema. En 1926, Hertzog propugnó una fórmula según la cual Sudáfrica seguía siendo miembro de la Mancomunidad Británica sobre la base de paridad legal bajo la Corona. Pero no todos pudieron aceptar esta solución y el problema persistía cuando en 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. Herzog no pudo mantener a Sudáfrica neutral. El Dr. DF Malan y sus nacionalistas "purificados", escindidos de Hertzog en 1934, tomaron la iniciativa y montaron una estridente oposición durante la guerra, aunque dentro de la disciplina del gobierno parlamentario. En 1948, el Partido Nacional de Malan obtuvo una mayoría de escaños con una minoría de votos. Bajo sucesivos dirigentes como JG Strijdom, Hendrik Verwoerd, BJ Vorster y PW Botha, se mantuvo en el poder hasta 1994, mediante una demostración asombrosamente exitosa de control político, pese a las objeciones en su contra. Para deshacerse de los electores mestizos, pasó por encima de la constitución. En 1961 se separó de la Mancomunidad sin inconvenientes y sin provocar la ira de suficientes electores de habla inglesa como para que estos desafiaran su poder. Sometió al país a una masiva cirugía social, causando graves sufrimientos a las comunidades negras, mientras aumentaba el confort y la seguridad de la minoría blanca. Logró introducir los mecanismos judiciales de un estado policial mediante la ilegaliación de la oposición extra-parlamentaria, pero sin abolir la oposición parlamentaria o la total libertad de prensa. Sobrevivió durante dos décadas la ignominia de aparecer como paria internacional en las Naciones Unidas. El estado del apartheid Los éxitos políticos del Partido Nacional se explican en parte por el hecho de que muchas de sus políticas y actividades no representaron una ruptura con el pasado. Ello también es cierto en su manejo de las relaciones intergrupales. El Partido Nacional no inventó la segregación, que fue símbolo de la etapa de reconstrucción de Lord Milner , y ya había encontrado su expresión en la legislación residencial agraria y urbana entre 1910 y 1924 y (para los indios de Natal) entre 1943 y 1946. No inventó la barra de color, que venía desde la Unión y había sido regularizada por Hertzog en 1926. No inventó las leyes de pase, aunque sí las mantuvo pese a la revuelta de Sharpeville en 1960 y la necesidad de detener anualmente a más de 600 000 personas a finales de los 60 para imponer su cumplimiento. Pero después de 1948, el Partido Nacional asumió la ideología del apartheid que se había refinado en los cónclaves de la Broederbond. La política sudafricana se sumió en una era de oscuridad, surgida de la convicción de unos pocos dirigentes destacados (unos ideólogos y otros pragmáticos amorales, no siempre coincidentes entre sí), de que habían encontrado una fórmula para asegurar el futuro de la minoría blanca hasta el próximo siglo. El plan era fabricar una permanente mayoría política blanca purgando las listas de electores de negros; y creando bantustanes para los africanos (y quizás hasta los mestizos) donde se instaurarían disposiciones políticas que condujeran al auto-gobierno y alguna forma de independencia. Incluía la aplicación de la segregación total (en dependencia de las necesidades económicas decían los pragmáticos, pero no los ideólogos), de manera tal que casi cada pueblo se dividía en áreas de grupos, separando a las personas por categorías raciales según aparecía en sus documentos de identidad y se asentaba en un registro nacional. El objetivo era eliminar las categorías irregulares mediante la prohibición total de los matrimonios interraciales. El apartheid también incluía la retención del poder económico en manos de los blancos, restringiendo aún más las barras de color de empleo y encauzando a los negros calificados hacia sus propias áreas. Durante un tiempo, esto se vinculaba a una política de descentralización industrial, para que los centros industriales se ubicaran en las fronteras con los bantustanes, de manera que los empleados blancos y negros se trasladaran a ellos desde lados opuestos, sin violar las delimitaciones de las áreas de grupo ni requerir mucha migración lejana para los negros. El fin del apartheid La historia sudafricana demuestra la eficacia con la que la legalización de una distribución del poder distorisionada puede engendrar un sistema social perverso, con el respaldo de una poderosa fuerza de seguridad. También demuestra cómo la autoridad moral de la decidida oposición, incluso desde fuera de las estructuras legalizadas, puede desafiar ese poder, siempre y cuando pueda operar desde un punto seguro y recibir ayuda del exterior. La política extra-parlamentaria no es nada nuevo en Sudáfrica. Comenzó a tomar forma en las colonias y las repúblicas mucho antes de fines del siglo XVII. Fue la que creó un clima propicio para las estrategias políticas sustentadas en el "poder del alma" desarrolladas por el dirigente indio Mahatma Gandhi, durante sus primeros años en Natal, cuyos ecos se escucharon luego en actos de desafío contra las leyes de pase, específicamente en 1952 y 1960. El órgano surgido en 1912 bajo el nombre de Congreso Nacional Nativo Sudafricano, luego Congreso Nacional Africano (ANC), tiene sus orígenes de un grupo de "congresos nativos" provinciales y una Convención Nativa Sudafricana cuyas protestas contra las decisiones de la Convención Nacional blanca de 1909 pasaron en gran medida inadvertidas. La resistencia a la supremacía blanca se aprecia en los llamados desesperados pero suicidas de los xhosa en 1857; el movimiento separatista de las iglesias negras especialmente a partir del siglo XVII; la prensa africana desde 1884; en actos periódicos de rebelión (sobre todo en Natal en 1906), en pequeñas revueltas rurales y en la creación de diversos sindicatos políticos entre los trabajadores rurales y urbanos (especialmente el Sindicato Industrial y Comercial de 1919 y la vinculación del Partido Comunista Sudafricano a los sindicatos africanos en los 30 y 40). Privado del voto (salvo por un breve período en el Cabo), impedido por ley de emprender acciones de protesta laboral eficaces por las autoridades sudafricanas o las británicas en sus primeros años formativos, el movimiento político negro tenía pocas posibilidades de éxito. Al principio intentó colaborar con los blancos liberales; pero como éstos no lograban consolidar una base de poder, los negros gravitaron hacia el PC, cuyas posturas eran más radicales, o recurrían a acciones directas como la quema de pases, la huelga ilegal y diversos boycots comunitarios. Durante la Segunda Guerra Mundial, la resistencia creció perceptiblemente, llegando a su climax con la huelga de los mineros y el abandono del frustrado Consejo de Representantes Nativos de Hertzog en 1946. Luego vino una década de confrontación directa durante los 50, cuando se redactó el grueso de la legislación apartheid, y los movimientos negros se dedicaron de lleno al desafío. Después de siete importantes manifestaciones contra los pases desde principios de siglo, se produjo Sharpeville. La policía cegó la vida de 69 manifestantes negros e hirió a 180 más en este pueblo del Transvaal, justo cuando el afamado discurso del premier británico Harold Macmillan sobre "los aires de cambio" en el Parlamento sudafricano y la campaña del Dr. Verwoerd por establecer una república blanca desgajaban al país. El Estado prosiguió sus acciones contra el movimiento político negro con nuevas leyes de intimidación, arrestos masivos, privación de derechos para los prisioneros y aplicación impune de métodos policiales de tercer grado. El ANC pasó a la clandestinidad, con una estrategia de violencia controlada pero en ascenso. El escindido Congreso Panafricano se muestra más recalcitrante y su sección Poqo comenzó una campaña de terror. Con bases en el exilio, tanto el ANC como el PAC lucharon durante más de una década sin lograr penetrar la seguridad del estado del apartheid --incluso con un creciente respaldo internacional. Ya para la década del 70 sin embargo, la balanza comenzó a inclinarse. El alza de los precios del petróleo de 1973 provocó una inflación global, y sometió el costo de la vida a tales presiones que los trabajadores negros sudafricanos, incluidos los mineros, violaron la prohibición de huelga y lograron importantes ventajas salariales. En 1976, una revuelta estudiantil iniciada en Soweto contra el ofensivo sistema educacional se extendió como la pólvora por todo el país, siguiendo los talones a un nuevo movimiento de "Consciencia Negra" bajo la dirección de Steve Biko que alentaba a los africanos a erguirse con orgullo. La detención y muerte de Biko bajo custodia policial provocó una nueva oleada de ira pública. El Gobierno comenzó a flexibilizar su legislación laboral para absorber las presiones de los trabajadores, en una retirada paso a paso frente a las demandas sindicales. Después de reconocer la distinción entre "gran" y "pequeño" apartheid para fortalecer el primero, comenzó ahora a revisar otras facetas del apartheid, incluidas la educación y toda la estrategia de desarrollo económico basada en los bantustanes. Desde el censo de 1970, se sabía que las estadísticas en las que Verwoerd basó su política no tenían sentido. La moral del Gobierno se resquebrajó bajo las irresistibles presiones. Los Estados de Emergencia implantados primero a raí de Sharpeville y luego nuevamente en 1976 y 1985 eran cada vez menos eficaces. La liberación de Africa había llegado a las fronteras sudafricanas con el fin de la guerra de Rhodesia y el colapso de la colonia mozambicana. Los boycots internacionales contra las armas y el comercio crecieron en escalada con la participación de tropas sudafricanas en la guerra en la frontera angolana --inicialmente un conflicto colateral a la crisis en Africa Sudoccidental (actualmente Namibia), pero importante reto económico y militar cuando los bancos mundiales comenzaron a aplicar sus tenazas financieras y los Migs y tropas cubanas acudieron en ayuda del Gobierno angolano. Extraordinarias maniobras y la buena fortuna finalmente posibilitaron al Gobierno encontrar salida a su dilema. El ánimo de confrontación decayó en Africa con el colapso de la Unión Soviética, y la política estadounidense de "compromiso constructivo" orquestada por el Dr. Chester Crocker se tornó de pronto realista. El ANC había construido una posición de fuerza mucho mayor en el extranjero que dentro de la República, y mucho mayor que la de la República en el exterior. Sin embargo, tenía estrechos vínculos con el Movimiento Democrático de Masas, que había sido la respuesta interna a los intentos del Presidente PW Botha por crear un nuevo sistema parlamentario en 1983, con cámaras representativas de los indios y los mestizos, pero no de los negros. El papel cardinal del ANC para cualquier cambio se apreció claramente en la decisión de los dirigentes blancos de todas las tendencias a entablar convesaciones exploratorias con sus dirigentes entre 1988 y 1989. El punto culminante fue la decisión del Presidente de Estado FW de Klerk de liberar incondicionalmente al dirigente del ANC Nelson Mandela en febrero de 1990, después de 27 años de prisión. En este punto, la firme adhesión del ANC al principio de la democracia no racial rindió frutos. Estableció la confianza necesaria para que todos los partidos políticos se reunieran en el World Trade Centre cerca de Johannesburgo entre 1991 y 1993 para conformar una nueva constitución. Ello desembocó en las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica en 1994, y el Gobierno de Unidad Nacional, mucho más amplio y mucho más explícito que los intentos hechos por Louis Botha en 1910 y Barry Hertzog en 1933. Los dos primeros años de la "nación arcoiris", como era de esperar, contribuyeron mucho a unir a la nueva nación, sobre todo con el renovado impulso a la moral que dieron los triunfos deportivos internacionales. El estado democrático En febrero de 1997 entró en vigor una nueva constitución aprobada por el Parlamento en mayo de 1996, después de su certificación por parte de la Corte Constitucional. Poco después, el Partido Nacional se retiró del Gobierno de Unidad Nacional, quedando solo el Partido de Libertad Inkatha, que no había participado en el proceso de elaboración de la constitución, compartiendo el gabinete con el ANC. Se habían producido pequeños cambios de alianza política desde 1994. En 1997 se creó un nuevo Movimiento Democrático Unido bajo la dirección de Bantu Holomisa (antiguo miembro del ANC) y Roelf Meyer (antiguo miembro del PN), quienes, según establece la constitución, tuvieron que abandonar sus escaños en el Parlamento. En diciembre de 1996, el Congreso Panafricano eligió como dirigente a Bishop Stanley Mogoba, en un intento por atraer a nacionalistas negros moderados. En marzo de 1997, el Gobierno adoptó una política de Crecimiento, Empleo y Redistribución (GEAR), con la intención de expandir la economía, reforzar la creación de empleos y ayuda social mediante la promoción de la privatización de algunas empresas estatales y atraer capital extranjero. El rand cayó sostenidamente contra otras monedas, pero se estabilizó a finales de 1997. Sin embargo, en comparación con la experiencia de 1932, cuando la liberación de la moneda se amortiguó con la estabilización del oro, ahora el valor del oro disminuyó en el mercado internacional junto con el valor del rand, lo cual impuso la necesidad de efectuar grandes reducciones en empleo minero, justo cuando se hacía urgente aumentar los empleos en el sector industrial. Al propio tiempo, las ventajas que ofrecía el abaratamiento del rand a la exportaciones sudafricanas se debilitaron con el brusco colapso de los mercados asiáticos, hacia los cuales Sudáfrica apuntaba para su expansión. La disminución del empleo en el sector industrial durante el primer año del GEAR llevó al Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU) a lanzar una camapaña para abandonar el GEAR en favor de una aventurera presupuestación del déficit para crear más empleos y extender la ayuda social, con la esperanza de que este "nuevo arreglo" estimulara el mercado interno. Sin embargo, el GEAR se mantuvo, y a la vez se promovió la acción afirmativa, no sólo en la asignación de entrenamientos, sino también en la concesión de empleos tanto en el sector público como privado. El Gobierno también comenzó a eliminar desigualdades en el suministro de fondos públicos. En la salud y la ayuda social, mediante la rápida ampliación de servicios primarios de salud y la extensión del derecho a la ayuda social a una cantidad mucho mayor de niños. En la educación, caracterizada durante el gobierno del PN por enormes desigualdades y deplorables normas, se declaró que la proporción de estudiantes por maestro sería igual a lo largo y ancho del país. Así, hubo que ampliar considerablemente el empleo de maestros en algunas provincias y reducirlo drásticamente en otras. En otras esferas, como la rectificación de los derechos agrarios y la extensión del acceso a los recursos hidráulicos, el desempeño gubernamental ha sido en general más impresionante. El control del delito sigue siendo uno de los principales retos a los cuales se enfrenta el gobierno.