Música: Las marchas fúnebres

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Música: Las marchas fúnebres
ARGENPRESS CULTURAL 1.07.2010
La muerte ha inspirado a los artistas desde siempre. Son diversas las
expresiones humanas que la representan desde tiempos inmemoriales; en
esa representación encontramos, en general, un actitud de solemnidad, de
respeto antes los límites, ante lo infinito y la eternidad, de actitud
reverencial. Pero no faltan, sin embargo, otras posiciones ante la muerte,
yendo del temor patológico a la solfa burlesca. Y en más de un caso
encontramos también su apología, su entronización.
En la música, a través de las diversas culturas donde ella aparece, la
muerte está representada básicamente por medio de los cantos que la
evocan con reverencia solemne, utilizados en general en los procesos
velatorios, en el momento mismo del entierro del fallecido. A esas
composiciones las llamamos habitualmente “marchas fúnebres”.
Una marcha fúnebre, como cualquier marcha, es una composición musical
donde el elemento principal que la define es el aspecto rítmico. La
diferencia básica con otro tipo de marchas (militar, nupcial, circense) es el
aire reverencial que la inspira, el motivo al que se le canta, que por
supuesto es trágico. De ahí que cualquier marcha fúnebre tenga un
carácter lúgubre, sombrío, profundo. Son siempre lentas, con cierto aire
pomposo, en tonalidad menor, que a diferencia de la tonalidad mayor
evoca un clima más dramático, más patético y conmovedor. ¿Qué otra
cosa conmueve más en la vida que la muerte? Este tipo de cantos lo pinta
emotivamente.
Son variadas y numerosas las expresiones de marchas fúnebres en la
música occidental. En el ámbito académico, los más grandes compositores
le dedicaron páginas memorables. Surge entonces lo que conocemos
como réquiem, o misa de muertos: complejas y solemnes composiciones
que se dedican para las exequias de alguien; de hecho, los hay famosos,
en sí mismos tan bellos, tan bien trabajados, que puede considerárselos
más por su calidad estética que por la evocación misma al respeto a la
muerte o al muerto para quien se lo compuso. Pensemos, por ejemplo, en
el famoso Réquiem de Wolfang Mozart, o en la Missa in angustiis del pater
synphoniae, Joseph Haydn, más conocida como Misa Nelson.
Sólo para ejemplificar esa producción destacamos aquí algunas obras
clásicas en la materia: la “Marcha fúnebre” del polaco Frederick Chopin, a
veces considerada por antonomasia “la” marcha fúnebre, que en realidad
es el segundo movimiento de su sonata N° 2 en si bemol menor, Opus 35,
para piano solista, adoptada muchas veces como “música oficial para los
funerales” (en general en su versión orquestal).
Igualmente la marcha fúnebre de la “Música para los funerales de la Reina
María”, del inglés Henry Purcell.
Como otro monumental ejemplo de marcha fúnebre podemos buscar y
escuchar el segundo movimiento de la Sinfonía N° 3 en mi bemol mayor
Opus 55 “Heroica”, del alemán Ludwig van Beethoven.
Fuera de la música académica, en lo que se llama canto popular,
encontramos igualmente numerosos ejemplos de evocaciones a la muerte.
Como muestra ofrecemos aquí dos ejemplos:
Canción popular mexicana “Tres Marías” (canción para los muertos).
Y las marchas fúnebres que acompañan las procesiones de Semana Santa
en la centroamericana nación de Guatemala, que está considerado hoy
uno de los focos de producción mundial más importante de música fúnebre,
la cual puede escucharse aquí: http://marchasselectas2.s5.com/
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