Las tensiones implícitas en la transversalización de la perspectiva de género -2010

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Las tensiones implícitas en la transversalización de la
perspectiva de género
Una reflexión crítica sobre la implementación de políticas con perspectiva de
género desde el Estado
The implicit tensions in Gender main streaming
A critical reflection over the implementation of state policies with gender perspective
Maria Rigat-Pflaum
Noviembre 2009
La problemática de la igualdad de los géneros es un tema relativamente reciente como
objeto de tratamiento por parte del Estado y ha transitado diferentes modalidades de
intervención y abordaje desde las políticas estatales.
Desde 1997 en la Unión Europea y sus países miembros, pero reconociendo sus inicios a
nivel internacional ya desde 1995 después de la Conferencia Mundial de Beijing, la teoría
y la práctica en relación a la acción del Estado para el logro de la igualdad de los
géneros ha estado caracterizada por la discusión alrededor del Gender Mainstreaming, un
concepto que abarca más de una dimensión, generador de prácticas asimismo complejas y
ampliamente discutidas.
La definición de Gender Mainstreaming adoptada por la UE, es decir, la introducción de
la perspectiva de género como dimensión constitutiva de políticas, procesos y
organizaciones, presenta algunas tensiones que confrontan tanto a concepciones como a
actores.
Basándose en las experiencias en la Unión Europea y en experiencias de municipios
argentinos, este artículo intenta analizar algunas de las dificultades básicas que se
presentan tanto desde el punto de vista conceptual como en la implementación práctica del
Gender Mainstreaming,
El contexto
El desarrollo de la teoría feminista, especialmente desde los 70s, aportó a la comprensión
de que sobre la base de la condición biológica de varones y mujeres, se han construido
pautas y patrones de conducta que imperan en la sociedad. Estas pautas generan
estereotipos de género que otorgan roles y funciones rígidas a varones y mujeres,
dificultando a uno y otro sexo el ejercicio de roles socialmente definidos para el otro sexo.
Esto significa que las mujeres, partiendo de los roles específicos que la sociedad
tradicionalmente les ha asignado- participación y decisión en el ámbito privado,
1
responsabilidad exclusiva en el cuidado de los hijos, de enfermos y ancianos, como una
prolongación del rol biológico de la reproducción, lo que se ha denominado la división
sexual del trabajo- viven situaciones y problemáticas diferentes a las de los varones en su
desempeño en la sociedad.
Traducido este funcionamiento sistémico social al Estado moderno, la comprensión de la
ciudadanía desde una sociedad que podemos caracterizar como patriarcal, consistió
históricamente en hacer incompatibles y excluyentes las esferas pública y privada
(Femenias 2000, 127-28).
Si la división sexual del trabajo coloca a las mujeres en el ámbito de la reproducción, por
la característica biológica propia de la maternidad y al hombre en la esfera pública como
consecuencia lógica de su rol – no ya biológico- de proveedor , y ambas esferas operan en
forma centrífuga, esto significa la negación del concepto de ciudadanía a las mujeres en un
esquema como el siguiente:
• roles sociales basados en características biológicas
• diferencias de jerarquía y valorización social de los roles socialmente asignados
a mujeres y varones
• distribución asimétrica del poder social
• discriminación de género en la esfera pública
El concepto de género y los desarrollos de la Teoría de Género abrieron una dimensión
importantísima para entender las desigualdades sociales, no solamente desde el interés
científico y académico, sino también en el terreno social y político (Bruera-González, 2001)
Fueron las mujeres y las organizaciones de mujeres -el movimiento de mujeres- tanto en el
ámbito de los estados nacionales como a nivel internacional, las que lograron colocar como
“tema” de diversas agendas un problema socialmente entendido como desigualdad natural
desde lo biológico. Sacaron del espacio “privado” la problemática de las desigualdades
entre los géneros y forzaron su tratamiento en el ámbito de lo “público” a través de la
demanda de un papel activo del Estado.
Desde mediados de los 70s asistimos a la creciente validación de la idea de que el Estado
debe asumir la responsabilidad de generar en forma activa todas aquellas condiciones
necesarias para la superación de las situaciones de inequidad de género, como una forma de
mejorar y profundizar la democracia1
Para ello, se crearon importantes redes desde el movimiento de mujeres a nivel mundial que
en alianza con las mujeres políticas permitieron un fuerte impulso a la cuestión,
convirtiéndola en agenda de las Conferencias Mundiales impulsadas por Naciones Unidas2.
1
El rol del Estado se ha discutido en la Teoría de Género por una parte desde sus funciones de regulación y
racionalización para mediar entre las desigualdades y por otra parte, desde otras vertientes teóricas del
feminismo, como algunas que adhieren al feminismo de la diferencia, como institución reproductora de
discriminaciones , organizando las relaciones sociales desde perspectivas hegemónicas que desde una
aparente “neutralidad” reproducen las relaciones desiguales y excluyentes entre varones y mujeres.
2
En 1985 la ONU organizó en Nairobi la III Conferencia Mundial sobre la Mujer, que insiste en la necesidad
de la acción de los gobiernos para impulsar la igualdad a través de planes para remover los obstáculos que la
2
Cuando el Estado se hace cargo de la problemática de la igualdad de los géneros significa
que representantes y representados en nuestras democracias representativas, reconocen en
la arena política la capacidad para actuar sobre problemáticas y desigualdades que se
generan en la sociedad a raíz de las diferencias existentes entre los individuo. El Estado es
asumido como un actor político con posibilidades reales de operar sobre discriminaciones
y desigualdades y a través de su gestión, las políticas públicas, tiende a saldar deudas
históricas entre los ciudadanos y ciudadanas, asumiendo la responsabilidad de crear
condiciones para la real igualdad no solamente de oportunidades sino también de las
condiciones a las que ellos/as se enfrentan.
El desarrollo del Gender Mainstreaming recorre dos senderos paralelos: es una forma de
diseño de políticas públicas y de práctica política de género, que intenta probar la
efectividad de colocar al género en el centro tanto de “la política” como de “todas las
políticas”, visibilizando la naturaleza genérica de objetivos, procesos y resultados. Al
mismo tiempo es una nueva estrategia para el desarrollo teórico, que representa la revisión
de los conceptos clave de la teoría feminista de manera que sea posible apropiarse en forma
más adecuada de un mundo que funciona con diferencias de los géneros, pero intentando
asimismo superar las limitaciones de un desarrollo teórico “separatista” (Walby, 2003-4)
Las tensiones
Políticas de Igualdad de trato y Oportunidades vs. Mainstreaming transformador
Las experiencias de implementación del Gender Mainstreaming muestran una tensión
entre la teoría y la práctica política concreta.
El desarrollo conceptual del GMS apunta a la superación de los conceptos tradicionales de
igualdad de oportunidades y de políticas para las mujeres que fueron implementados en la
Unión Europea y en sus países miembros durante buena parte de la década de los 90s,
siendo Alemania un buen ejemplo de ello. Desde lo teórico, la impronta del GMS es
transformadora aunque se acepta que en alguna medida los presupuestos conceptuales de la
igualdad de oportunidades sean complementarios. Sin embargo, la práctica, su
implementación concreta, más que una complementación, ha significado cierta grado de
confrontación de los presupuestos teóricos, creando tensiones y competencias en diversos
niveles.
El potencial transformador del GMS frente a las políticas tradicionales de igualdad de
oportunidades está presente en diferentes trabajos que analizan la realidad de la UE. La
transformación, para Rees implica lo contrario a la equiparación de las mujeres a los
estándares masculinos y apunta a superar la dualidad del mundo masculino y femenino
(Rees 2005)
impiden. 157 estados consensuaron estrategias y medidas al respecto. En 1994 en la Asamblea General se
recuerda nuevamente la necesidad de impulsar la plena participación de la mujer en los asuntos económicos,
sociales, culturales, civiles y políticos. Luego de la IV Conferencia de Beijing en 1995 ( seguidas por Beijing
+5 en 2000 y Beijing+10 en 2005) a nivel europeo, el Tratado de Amsterdam de 1997 refuerza la necesidad
de que los estados implementen estrategias de mainstreaming de género en sus políticas públicas
3
Lombardo, analizando el proceso de la Convención Constitucional Europea desde febrero
de 2002 hasta 2003 y su producto, el Tratado Constitucional de 2004 diferencia los
resultados en la aplicación del GMS en la UE (Lombardo 2003) . Para ella, se ha impuesto
la concepción “integracionista”, que implica una implementación formal y no realmente
efectiva en las políticas. La otra interpretación, que la autora denomina de “agenda setting”,
significaría desafiar a los paradigmas existentes, y obtener impactos significativos tanto en
las estructuras y los procesos de toma de decisiones como a reorientar los temas de la
agenda desde una perspectiva de género.
Si bien existe consenso de que el enfoque de GMS se refiere a una estrategia de
transformación, de “desplazamiento” , que intenta “deconstruir” la construcción discursiva
que “generiza” a los sujetos, proponiendo políticas de diversidad más allá de una política de
igualdad de oportunidades o de diferencia radical entre varones y mujeres (Squires 2005),
la realidad de la práctica política muestra que el enfoque ha resultado muy útil como
paraguas político3. Se apunta a transformar las cosas pero que se implementa incluyendo y
articulando diferentes aproximaciones teóricas: aquellas que equiparan a los varones
(igualdad de oportunidades y trato), aquellas que reconocen las diferencian entre los sujetos
y discriminan a las mujeres en forma positiva ( acciones positivas y cuotas) y aquellas que
analizan las estructuras, procesos y políticas que causan las asimetrías e intentan
modificarlas para evitar estas discriminaciones (GMS en sentido estricto)
La coexistencia tanto en la UE como en las experiencias en algunos municipios de
Argentina como Rosario o Morón4 de las tres concepciones hacia la igualdad de género
(igualdad de trato y oportunidades, programas y políticas especiales para mujeres y
perspectiva de género en sentido transformador) orientando sus políticas de igualdad, no es
indicativo de una inconsistencia en la implementación sino de que se ha optado por un
criterio de complementariedad de políticas (Booth, 2003).
Al mismo tiempo, este tipo de implementación de la estrategia, da cuenta de la necesidad
de actuar con realismo en la búsqueda de la igualdad de género, evitando posiciones
esencialistas que harían inviable una acción continua y consecuente en este sentido.
Proceso político vs. Proceso técnico
La introducción del género como corriente de análisis de las políticas, procesos e
instituciones significa la movilización del Estado para alcanzar el objetivo político de una
sociedad diferente e igualitaria.
Si se trata de analizar instituciones, procesos y políticas para introducir cambios
sustanciales en relación a sus resultados para la igualdad de las personas más allá de los
géneros, surge inmediatamente la pregunta acerca de quién lleva adelante este proceso.
3
Esta es la opinión de diversas personas entrevistadas por la autora en una visita a la Unión Europea y sus
diferentes instituciones en marzo 2010
4
crf. Planes de Igualdad de Oportunidades de Rosario 2000-2004 y 2005-2009 y Plan de Igualdad de
Oportunidades de Morón.
4
Por una parte, es indispensable que las cúpulas de las organizaciones /instituciones apoyen
este proceso y estén convencidas de la necesidad de estas políticas para lograr una igualdad
real. En este sentido, la voluntad política es condición indispensable.
Sin embargo, surge aquí el primer campo de tensión. En realidad, el primer paso necesario
es analizar las desigualdades de género en la estructura y procesos de las mismas
instituciones del Estado. Es decir, del mismo actor que se está planteando mejorar las
desigualdades entre los géneros a través de sus políticas. Este proceso implica asumir el
compromiso de tomar decisiones de cambio institucional que afectan recursos y en la
mayoría de los casos requieren de medidas de discriminación positiva para visibilizar y
(re)posicionar a las mujeres
Es indudable que este análisis de políticas y procesos desde una perspectiva de género. A la
pregunta de cómo hacer para analizar desde una perspectiva de género los problemas a los
que se enfrenta una gestión o para diseñar una política pública con perspectiva de género,
la respuesta adecuada demandará de cierta “expertisia” de especialistas. Esta expertisia se
recoge generalmente de mujeres feministas, que están ubicadas fuera del Estado o en su
caso, dentro de la misma estructura del Estado, en ámbitos específicos, sean estas las áreas
de género o departamentos de género dentro de áreas más amplias.
La implementación de los procesos de diseño y ejecución de las políticas presentan
entonces una tensión en relación a los dos actores en cuestión: la conducción política y
las/los expertas/os. La “realidad cotidiana” de la política se confronta con “el género como
requerimiento” para actuar en forma “políticamente correcta”.
Un ejemplo de esto lo representa la implementación de una importante herramienta del
Gender Mainstreaming, los presupuestos de género, un proceso que requiere una alta
especialización y una serie de herramientas que incluyen estadísticas desagregadas por
género, indicadores específicos y medición de impactos (Walby, 2003-04).
En este proceso complejo que usa estadísticas y datos económicos genéricos abstractos,
pueden presentarse tensiones tanto entre los actores que el proceso involucra como en las
prioridades que se están discutiendo. Lo técnico puede opacar los objetivos políticos que el
Gender Mainstreaming persigue, una sociedad libre de discriminaciones para las mujeres, y
las intervenciones políticas en todos los niveles, un objetivo en sí mismo de la estrategia,
desdibujarse en un objetivo menor, la aplicación eficiente de técnicas y herramientas.
Ante estas tensiones en algunos casos parece que se ha optado por una comprensión
bastante instrumental/operativa de la estrategia de Gender Mainstreaming en la
implementación de las políticas de género, que ha entendido la transversalidad
prioritariamente como la articulación de actores políticos en los diferentes niveles del
Estado.
Esta transversalidad operativa diluye en muchos casos los dos campos de tensión a los que
hago referencia: en primer lugar el Estado pone su foco en su política pública, implementa
políticas que responden a distintas aproximaciones teóricas y apunta a que sus diferentes
5
áreas actúen en forma más o menos articulada para superar discriminaciones de género en
la sociedad. De esta manera, analiza solamente en forma tangencial sus propias estructuras
y procesos que generan discriminación.
Por otra parte, la experiencia en los municipios de Argentina confirma en parte lo que se ha
dado en llamar el “triángulo de terciopelo” y que ha sido útil e importante para el desarrollo
del Gender Mainstreaming y para el proceso en la UE (Woodward, 2003).
Partiendo de la decisión política top down de “trabajar” el género, feministas insertas en
las estructuras del Estado, en las diversas áreas de gestión junto a voces organizadas del
movimiento de mujeres, incorporando la experiencia de académicas, se articulan en redes
para garantizar la implementación de las políticas y especialmente la continuidad de las
mismas.5
En otras experiencias en el país, las redes se conformaron con mayor prioridad entre los
actores internos del Estado. Actores de la democracia representativa, concejalas electas, se
unieron con el área ejecutiva de género articulando los proyectos y políticas con
intervención de algunos movimientos de la sociedad civil6
Actores y procesos tradicionales de la política vs. Nuevos actores y procesos
participativos
La tensión entre proceso político versus participación de expertos que introduje en el
párrafo anterior nos lleva a otro campo de tensión en la teoría y la práctica del Gender
Mainstreaming de especial interés para el análisis. El mismo alude a cuáles son los actores
involucrados en el proceso. Se trata aquí del debate y la práctica en la inclusión de nuevos
actores, de la superación de las formas tradicionales y de la adopción de una nueva forma
de diseño e implementación de política pública. Este aspecto reviste tanta importancia
como los resultados que se persiguen.
Conceptualmente, el proceso de Gender Maintreaming se define como un proceso de
democratización del género, que incluye a las mujeres y a su percepción de los intereses
que las aluden, tanto en los procesos de diagnóstico, como en el diseño e implementación
de la política pública de género (Rai, 2004).
Ahora bien, la necesaria inclusión de determinadas expertas en temas de género, los actores
internos del Estado como pilares indispensables en la implementación de las políticas, y la
democracia inherente al proceso de desarrollo de la estrategia transversal, con la inclusión
de diversos grupos que garanticen los diferentes intereses políticos de las mujeres, pueden
presentarse como tensiones difíciles de superar en la práctica.
El reconocimiento de la/s diversidad/es implícito en el marco conceptual del Gender
Mainstreaming implica situarse en una teoría de la democracia y en un tipo de governance
5
Este triángulo ha sido bastante notorio en la implementación del Plan de Igualdad 2004-2009 del municipio
de Morón.
6
Este proceso se dio en el caso de la ciudad de Rosario. Crf. Ver Informe de Evaluación del primer Plan de
Igualdad de Oportunidades de la ciudad de Rosario.
6
que aumente la representación de los actores y sus intereses, garantizándolas en el proceso
(Squires, 2003, Rigat-Pflaum, 2008). Las decisiones que los actores del Estado tomen en
relación al proceso de diseño e implementación de las políticas públicas para la igualdad
tendrán entonces tanta importancia como la misma política diseñada y sus esperados
resultados de transformación social.
En el proceso de implementación práctica en la UE la discusión sobre democracia parece
focalizarse en la constitución de redes de garantía de la implementación de la estrategia al
interior de la comunidad, sugiriendo una estrecha relación de alianzas entre individuos/as y
grupos, actores académicos y los actores políticos convencionales, políticos electos,
funcionarios y en su caso movimientos sociales. (Walby, 2003-4)
En Argentina, los procesos de políticas de igualdad en los municipios han dado cuenta de
nuevos actores, las mujeres y sus organizaciones cruzadas por diferentes dimensiones,
incluyendo a individuos, en procesos de diagnóstico de situación con amplio nivel de
participación.7
Por otra parte, la transversalidad operativa adoptada a la que hacíamos referencia, conlleva
la necesidad de fomentar redes de actores al interior del Estado, en este caso municipal, que
no alude únicamente al género de dichos actores involucrados, sino a una forma de
implementación de políticas que requiere de una sinergia institucional. La misma ha creado
al interior del estado, algunas de las articulaciones a las que alude la teoría de Gender
Mainstreaming, (Woodward, 2004; Verloo, 2003) involucrando políticas en cargos
electivos de los concejos deliberantes locales, funcionarias/os en diferentes reparticiones de
los ejecutivos, de ambos sexos, referentes académicos/as organizaciones de la sociedad
civil.
Se han explorado formas de producir consensos de políticas a través de innovaciones
deliberativas en temas de la agenda pública que se reconocen como complejos y
multidimensionales, como es el objetivo de mejorar las condiciones de las mujeres
(Squires, 2005)
La implementación local ha introducido además algunas formas de “accountability”, un
concepto dentro del repertorio de prácticas democráticas que ha sido destacado en relación
al Gender Mainstreaming (Walby,2003-04). La misma se muestra en los flujos de relación
entre las áreas locales de género y la sociedad civil organizada, con diversos grados de
institucionalidad. En algunos casos se ha institucionalizado un Consejo o Foro
representando a la sociedad civil, que cumple funciones no solamente de diagnóstico o
consulta sino de correa de trasmisión de las políticas y en algunos casos de gestión asociada
a las áreas institucionales de género8
7
Es el caso de los diagnósticos participativos de la situación de las mujeres en varios municipios, Rosario,
Morón, Lanús, entre otros
8
Es de destacar en este sentido la evaluación del Plan de Igualdad de Oportunidades 2006-09 del Municipio
de Morón, realizada en noviembre de 2009,donde el Consejo de las Mujeres asumió un rol destacado en la
evaluación de la actuación de las áreas municipales y de su propia participación en el proceso
7
Maquinarias de género vs. transversalidad en sentido estricto
La implementación del mainstreaming de género plantea asimismo un punto de tensión
alrededor de las características y el rol de un área institucional que fue durante el siglo
pasado la reivindicación prioritaria de diferentes actores políticos y de los movimientos de
mujeres: la institucionalidad de género en los diversos niveles del Estado como instancia de
coordinación de políticas de género, que reconoce diversas modalidades previas de oficinas
de la mujer de distintas orientaciones, con programas específicos dirigidos a la salud, la
superación de la pobreza y la violencia intrafamiliar (Guzmán, 2001)
La discusión acerca de la ubicación de las áreas de la mujer (posteriormente de género) en
el organigrama institucional del Estado, involucró a mujeres de los partidos políticos, al
movimiento de mujeres y al feminismo, incluyendo a las mismas mujeres de la gestión en
el estado.
Esta discusión alrededor del diseño institucional ideal para un área se focalizó sobre tres
componentes esenciales relacionados entre sí: su autonomía de decisión política, su
interlocución con la máxima voluntad política del Estado y su reconocimiento y legitimidad
en el conjunto de las áreas de gestión del Estado.
La posición jerárquica de la institucionalidad de género, y como consecuencia su margen de
acción a partir de recursos materiales e institucionales, estuvo históricamente relacionado
con innumerables negociaciones entre diversos actores institucionales, políticos y sociales
de dentro y fuera de los poderes ejecutivos y del Estado. La misma revistió, y sigue
revistiendo actualmente diversas modalidades institucionales, desde organismos
autónomos, Ministerios, Institutos, instancias dentro de otros ministerios, Consejerías
especializadas o puntos focales (Guzmán, 2001)
La institucionalidad de género ha sido de vital importancia en la constitución de una
agenda pública alrededor de los temas de la igualdad de género y al mandato político de
superación de la discriminación y de la exclusión. El debate, el ámbito y la agenda fueron
generados especialmente por mujeres, sin embargo este proceso ha integrado como se ha
visto anteriormente, a otros actores político-institucionales, sociales, distinguiéndose las
mujeres de diferentes espacios, políticas, del movimiento feminista, del movimiento
popular, funcionarias del Estado. Todo esto generó una importante trama institucional que
ha sido de importancia prioritaria en la implementación de políticas de igualdad a nivel del
estado.
Desde lo conceptual, la estrategia de Gender Mainstreaming involucra a todos los actores
de la política en el objetivo transformador de la igualdad de los géneros y parece apuntar a
desdibujar el rol de los ámbitos institucionales específicos de mujeres (Rigat-Pflaum,
2004). En esta etapa, la necesidad de visibilizar, fortalecer y lograr el reconocimiento de la
institucionalidad de género en el conjunto del Estado, que era fundamental en la etapa de
políticas de igualdad de oportunidades en el objetivo de empoderar a las mujeres, parece
dejar paso a una etapa donde el conjunto de las instituciones del Estado asumirían el
8
objetivo no ya de igualar a las mujeres y equipararlas en una sociedad existente, sino de
transformar dicha sociedad (Rees, 1998).
Si los actores de esta transformación son todos los actores de la política, que aprenden a
mirar la política con los “anteojos del género” (Woodward, 2005) surge de suyo el campo
de tensión entre el papel de un área institucional de género en el Estado y los otros actores
llamados a implementar y monitorear este proceso.
La práctica en la UE y en Alemania ha mostrado que los actores “tradicionales” de la
política necesitan desarrollar una determinada “conciencia de género” para intervenir de
forma adecuada y efectiva en este proceso, que debe ser garantizada desde la misma
organización, en este caso el Estado.
Esta expertisia para analizar los problemas desde la perspectiva de género, puede generarse
dentro o fuera de las organizaciones, y en muchos casos ha generado nuevas
institucionalidades que se han acoplado institucionalmente a las tradicionales áreas de
género9.
En los procesos de los municipios en Argentina, la tensión no se presentó. La interpretación
más operativa de la transversalidad que aquí se adoptó, colocó a la institucionalidad de
género en el centro del proceso para articular monitorear y, en la mayoría de los casos para
proveer, las expertisias necesarias a este proceso de “mirar las cosas desde el género”. En la
práctica local parecería haberse logrado alejar aquel fantasma que rondaba los primeros
tiempos del Gender mainstreaming: si la perspectiva de género estaba en todas partes no
estaría en ninguna.
Conclusión
La teoría y la práctica de las políticas hacia la igualdad de los géneros presentan dilemas y
tensiones. El Gender Mainstreaming, la estrategia transformadora que se instauró desde la
Unión Europea y sus diferentes países para lograr resultados más efectivos en el camino
hacia la igualdad de los géneros, no está exenta de ellas.
El debate acerca de convertir esta estrategia en algo más que una herramienta burocrática
de integración de género, apuntando a la transformación de estructuras y procesos, requirió
y requiere en la UE, pero también en las experiencias que se están desarrollando en
Argentina con sus peculiares características locales, de una interpretación conceptual
amplia y complementaria de las distintas concepciones, a la vez que de cierto pragmatismo
en la implementación de las políticas. En los hechos, el Gender Mainstreaming ha
resultado, un marco político que ha permitido hasta ahora colocar las problemáticas de la
desigualdad de género como un tema de la agenda política y diseñar estrategias diversas
para su consecución.
9
Es el caso del sindicato VerDi en Alemania, y otras instituciones del Estado, como el centro de
Competencias de Berlin. Allí, se detectan nuevas áreas para monitorear el proceso de gender mainstreaming
9
Inclusión, deliberación, participación y redes son palabras clave para el logro de objetivos
más ambiciosos en la búsqueda del objetivo mayor de la igualdad entre los ciudadanos y
ciudadanas de nuestro tiempo
10
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