La relación entre Estados Unidos y Argentina frente a la redefinición

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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
 PRESENTACIÓN.
A través del tiempo, el marco en el que se desarrollaron las relaciones entre
Estados Unidos y Argentina no resultó ajeno a las dificultades. Tanto la
indiferencia como la desconfianza constituyeron sellos distintivos de esta
relación, cobrando mayor o menor medida a lo largo de los años y según los
distintos gobiernos en el poder en uno u otro país. Si bien durante la década
del ’90, tanto el giro en materia de política exterior argentina como el contexto
externo favorable permitieron el mejoramiento de la relación con Estados
Unidos, en la actualidad nuevamente se hace presente la incertidumbre
respecto al rumbo de tal relación, dado el reordenamiento de las prioridades
estratégicas norteamericanas que se produjera como consecuencia de los
atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 –plasmado en la Estrategia
de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América de septiembre de
2002. De esta forma, los lineamientos de la guerra contra el terrorismo plantean
nuevos desafíos a la relación entre ambos países, con eje en la recurrente
irrelevancia estratégica de la Argentina –como la de los países
latinoamericanos en general- en el diseño de la política exterior
norteamericana.
A partir de ello, resulta ineludible el interrogante respecto al rol –si cumple
alguno- de la Argentina –en el marco más amplio de la región latinoamericanaen esos nuevos lineamientos por parte de Estados Unidos. A su vez, se hace
presente un planteo que no resulta menor para la Argentina: ¿cómo
compatibilizar un escenario global signado por la preeminencia de la política de
seguridad – a partir de la definición de la nueva estrategia norteamericana- con
las dificultades concretas y más inmediatas propias del proceso de
consolidación democrática por el que atraviesa nuestro país?
El presente trabajo propone, entonces, el análisis de las relaciones entre
Estados Unidos y Argentina, enfatizando el giro delineado en materia de
política exterior norteamericana como consecuencia del 11/9. Así, en la
primera parte se abordará la consideración histórica de las dificultades propias
de tal relación. En la segunda parte, el eje se centrará en la nueva definición de
la estrategia de seguridad norteamericana post 11/9. A partir de ello, en la
tercera sección, se considerará el impacto de tal estrategia en nuestro país, ya
que más allá de su irrelevancia estratégica respecto a las nuevas amenazas
definidas por Estados Unidos, no resulta ajeno a sus consecuencias.
Finalmente, se presentan las conclusiones respecto de esta relación entre
Estados Unidos y Argentina que enfrenta desafíos presentes y futuros, en la
medida que no sólo hacen referencia a “los desórdenes e incertidumbre
respecto a la convivencia en el sistema mundial”1, sino además, a la historia de
desconfianza mutua propia de esta relación que signó –y signa- las
percepciones de uno y otro lado.
1
Attiná, Fulvio, El sistema político global. Introducción a las relaciones internacionales, Barcelona,
Paidós, 2001, p. 191.
Marisol Yakimiuk – UTDT
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
 LA DESCONFIANZA MUTUA.
Según Tulchin, “la historia de las relaciones entre Estados Unidos y la
Argentina está signada por repetidos malentendidos, extensos periodos de
tensión y el desaprovechamiento de oportunidades de lograr la cooperación y
la amistad entre ambos países.”2 Estas dificultades recurrentes para el
entendimiento mutuo sugieren la existencia de ciertas “causas estructurales
que pueden explicar la incapacidad de ambas naciones para establecer una
base firme sobre la cual construir relaciones amistosas para el beneficio
mutuo.” Se identifican, entonces, factores históricos (distintos procesos de
formación y consolidación del Estado), geográficos (la distancia entre ambos
países) y conflictos económicos (dado que producen los mismos bienes para el
mercado internacional) como los elementos esenciales a partir de los cuales
abordar esta continua historia caracterizada por la desconfianza mutua. Entra
en juego, además, una “tendencia general hacia la disminución de la
importancia de la Argentina en la planificación de la política norteamericana.”
En consecuencia, tal “indiferencia o falta de atención ha sido siempre una
fuente de frustración para los argentinos y ha constituido un factor de fricción
entre los dos países.”3
Así, la asimetría de poder se hace presente. Durante muchos años esto
significó rupturas considerables entre ambos países, dada “una percepción
exagerada de nuestro poder”4 que se tornaba incompatible con el proyecto de
poder norteamericano y su resultante indiferencia hacia nuestro país. En
distinta medida, y según el período histórico considerado, tal indiferencia de
Estado Unidos ha formado parte de una política general extensible a los países
de Latinoamérica y recurrente en el tiempo.
Por lo tanto, más allá de que “las tensiones y sospechas inherentes a estas
asimetrías [de poder] permanecieron ocultas, hasta cierto punto, durante esta
etapa en que Estados Unidos y América Latina parecieron converger en la
organización de sus políticas y en la conducción de sus economías desde que
se levantaron las restricciones de la Guerra Fría,”5 ya hacia mediados de los
‘90s se hacen presentes señales conflictivas en el panorama político,
económico y social de América Latina. Como argumenta Shifter, los atentados
del 11/9 no hicieron más que “dejar al desnudo las actitudes multifacéticas y
ambivalentes de América Latina hacia Estados Unidos.”6 Después de todo, la
declaración de Bush: Usted nos apoya o está en contra nuestro, no pasó
desapercibida para los países latinoamericanos. Una nueva oportunidad para el
despliegue de la desconfianza y recelo tradicional. De hecho, “las preguntas
acostumbradas sobre las relaciones interamericanas ganaron un ímpetu
inusual después del 11/9: ¿Estados Unidos desviaría su atención de América
Latina y dejaría a la región librada a su propia suerte?”7 Avanzar en la
comprensión de tal percepción, más allá del marco histórico de desconfianza
2
Tulchin, Joseph S., La Argentina y los Estados Unidos. Historia de una desconfianza, Bs. As., Editorial
Planeta, 1990, p. 9.
3
Tulchin, op. cit., p. 10.
4
Escudé, Carlos, Cultura política y política exterior: el salto cualitativo de la política exterior
inaugurada en 1989, en Russell, Roberto (ed.), La política exterior argentina en el nuevo orden mundial,
Bs. As., FLACSO/Grupo Editor Latinoamericano, 1992, p. 184.
5
Shifter, Michael, Bush y América Latina, Archivos del Presente (2002), vol. 7, p. 79.
6
Shifter, op. cit., p. 80.
7
Shifter, ibid., p. 80.
Marisol Yakimiuk – UTDT
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
mutua, requiere de ciertos detalles de la definición de la estrategia de
seguridad norteamericana post 11/9, abordados a continuación.
 LA NUEVA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NORTEAMERICANA.
A partir de los ataques terroristas sufridos en su territorio el 11 de septiembre
de 2001, Estados Unidos replantea los lineamientos de su política exterior. La
definición de la Estrategia de Seguridad Nacional (de septiembre de 2002)
entra en escena. En consecuencia, las cuestiones de seguridad vuelven a ser
la prioridad esencial de la agenda norteamericana, definiendo a la guerra
contra el terrorismo como su eje articulador. Respecto a esta nueva línea
estratégica Ikenberry argumenta que “su impulso inicial y más directo es la
reacción ante el terrorismo, pero también constituye una visión más amplia de
cómo Estados Unidos debería ejercer el poder y organizar el orden mundial. De
acuerdo con este nuevo paradigma, Estados Unidos estará menos atado a sus
socios y a las reglas e instituciones globales, al tiempo que se propone
desempeñar un papel más unilateral y previsor en enfrentar las amenazas
terroristas y encarar a los estados villanos que aspiren a poseer armas de
destrucción masiva.” En definitiva, “Estados Unidos se servirá de su poderío
militar sin igual para controlar el orden global.8
En cuanto a los elementos de este reordenamiento estratégico norteamericano,
el mencionado autor hace referencia, en primer lugar, a un compromiso
fundamental de mantener un mundo unipolar en el que “no se permitirá
alcanzar una posición hegemónica a ninguna coalición de grandes potencias
que no incluya a Estados Unidos.”9 El segundo elemento se refiere al análisis
de las amenazas globales y del modo en que deben ser atacadas. Se
identifica, entonces, a pequeños grupos terroristas (como así también a
estados villanos que pueden ampararlos) con capacidad de adquirir armas
nucleares, químicas y biológicas altamente nocivas y con enorme capacidad de
destrucción. De ahí que, desde la óptica del gobierno norteamericano, se
sostenga la eliminación de tales grupos terroristas, al no poder apaciguarlos ni
disuadirlos. El siguiente elemento de la nueva estrategia refiere a la pérdida de
vigencia del concepto de disuasión, que fuera eje del periodo de Guerra Fría.
En consecuencia, el uso de la fuerza exigirá actuar por adelantado, e incluso
preventivamente, enfrentando las amenazas potenciales antes de que puedan
convertirse en un problema mayor. De esta forma, entra en juego la
redefinición del concepto de soberanía. Este es el cuarto elemento señalado
por Ikenberry. Al respecto, argumenta que ante la imposibilidad de disuadir a
estos grupos terroristas, Estados Unidos debe estar dispuesto a intervenir en
cualquier parte y en cualquier momento para destruir la amenaza por
anticipado. Dado que los terroristas no respetan las fronteras, Estados Unidos
tampoco puede hacerlo. Más allá de que esta cuestión de la soberanía
condicionada no es nueva, ”lo que hoy resulta nuevo y provocador en este
criterio es la inclinación del gobierno de Bush a aplicarlo globalmente,
arrogándose la autoridad de determinar cuándo se han perdido los derechos de
8
Ikenberry, G. John, La ambición imperial de Estados Unidos, Foreign Affairs en español, otoñoinvierno 2002.
9
Ikenberry, op. cit.
Marisol Yakimiuk – UTDT
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
la soberanía, y a hacerlo basándose en previsiones.”10 Otro elemento de la
nueva estrategia señala el desprecio general de las reglas, los tratados y las
asociaciones de seguridad internacionales. En sexto lugar, la guerra contra
el terrorismo implica que Estados Unidos necesitará actuar en forma directa y
sin limitaciones en respuesta a las amenazas. Finalmente, Ikenberry sostiene
que esta redefinición estratégica norteamericana no otorga gran valor a la
estabilidad internacional: a diferencia de la época de Guerra Fría, en la
actualidad la estabilidad no es un fin en sí mismo. Así, por ejemplo, la nueva
política de línea dura hacia Corea del Norte, podría desestabilizar esa región,
pero tal inestabilidad podría ser entendida como el precio de derrocar al
régimen coreano percibido como malvado y peligroso por la elite
gubernamental norteamericana.11
Este reordenamiento de las prioridades estratégicas norteamericanas, con eje
en la guerra contra el terrorismo y la prevención, no resulta exento de
cuestionamientos. Al respecto, Russell señala como un primer problema el
acento puesto en el poder militar y en los actores militares como principales
hacedores de esta estrategia. Segundo, el riesgo que enfrenta Estados Unidos
de perder su identidad como república y sus libertades internas. En tercer
lugar, los límites internos a esta práctica imperial atribuidos al cansancio de la
opinión pública del ejercicio de este poder de policía en un número creciente de
países periféricos. Por último, el riesgo de sobreextensión propio de la
naturaleza de la amenaza –de carácter transnacional- y de la definición amplia
del interés. Así, Russell argumenta que al no haber fronteras, cualquier lugar
del mundo puede tornarse vital y convertirse rápidamente en una amenaza a la
seguridad nacional estadounidense.12
En el marco de las nuevas amenazas globales, y redefinidas tanto las
prioridades norteamericanas como los lineamientos en materia de acción con
vistas a lograr los objetivos propuestos en cuestiones de seguridad, cabe
preguntarse por el impacto de esta estrategia en nuestro país. En ello entran en
juego percepciones que signan los desafíos propios de la relación entre ambos
países, combinándose la desconfianza histórica con los intereses más
inmediatos de Estados Unidos. En la medida que la definición de tales
intereses involucra, en gran medida, los márgenes de acción de los demás
actores del escenario mundial, la categoría relevante-irrelevante no resulta una
cuestión menor. En el caso de Argentina, esto se remite a un estigma con
fuertes raíces históricas a partir del cual se proyectan los desafíos de la
relación con Estados Unidos. Así, el fantasma de la irrelevancia estratégica se
vuelve recurrente para nuestro país, al mismo tiempo que no escapa a las
consecuencias de los cursos de acción delineados por el país del norte. Esta
cuestión es la que se presenta en la próxima sección.
10
Ikenberry, ibid.
Ikenberry, ibid.
12
Russell, Roberto, Dilemas del ‘Momento Unipolar’: hegemonía, terrorismo y orden internacional, El
estado de la seguridad y la seguridad del Estado en América Latina, Bs. As., CARI, 2003.
11
Marisol Yakimiuk – UTDT
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
 LOS DESAFIOS A PARTIR DE LA REDEFINICIÓN ESTRATÉGICA.
Abordar la cuestión de los desafíos de la relación entre Estados Unidos y
Argentina a partir del reordenamiento de las prioridades estratégicas
norteamericanas en respuesta a los atentados del 11/9, implica no sólo la
consideración de la irrelevancia estratégica de la Argentina en el rediseño de
las reglas de juego globales, sino además, las consecuencias de la nueva
estrategia norteamericana para el proceso de consolidación democrática por el
que atraviesa nuestro país.
La cuestión de la irrelevancia de la Argentina respecto de las prioridades
estratégicas de Estados Unidos resulta recurrente a lo largo de la historia de
las relaciones entre ambos países. Esto se enmarca en un patrón más general
que sitúa a Sudamérica como estratégicamente irrelevante en los asuntos
globales, dada su consideración como una zona de no guerra. Al respecto,
Hirst argumenta que esta región “no carga con ninguna de las disputas étnicas
de otras zonas recientemente democratizadas ni con conflictos religiosos de
diversas áreas del Tercer Mundo. Además, la región ha renunciado a la
producción de cualquier clase de armamento de destrucción masiva, habiendo
creado un régimen regional de prohibición de armas nucleares [Tratado de
Tlatelolco].”13 Producto de la redefinición de las amenazas globales y,
consecuentemente, el giro en materia de diseño de política exterior
norteamericana post 11/9, esta irrelevancia hacia la región se acentuó. De
hecho, Shifter argumenta que “a pesar de que el gobierno de Estados Unidos
tuvo innumerables oportunidades de intervenir en una cantidad de temas
propios del hemisferio, desafortunadamente es ilusorio esperar que los
funcionarios de más alto rango dediquen a los asuntos latinoamericanos algo
más del escaso tiempo dedicado antes del 11/9.”14
Resulta evidente, entonces, que los problemas por los que atraviesa la región,
ya sean sociales, políticos o económicos –como la pobreza, la desigualdad, la
corrupción, el desempleo, las crisis económicas cíclicas, etc.- no se encuentran
entre las prioridades estratégicas que guían el proceso de toma de decisiones
estadounidense. La definición de la agenda de seguridad global de Estados
Unidos corre por otros carriles15, tal cual se evidencia en los lineamientos de la
nueva estrategia desarrollados con anterioridad.
Vinculadas a la irrelevancia estratégica de la región, resultan inevitables las
mismas sospechas y resentimientos de siempre. Según Shifter, “para asegurar
que Latinoamérica apoye los objetivos de su política, Estados Unidos debe
tener la sensibilidad de validar las preocupaciones de América Latina que van
desde el comercio al conflicto interno. De lo contrario, Estados Unidos no
puede esperar que los gobiernos latinoamericanos armen entusiastas
coaliciones internacionales para proseguir la campaña antiterrorista mundial.” A
partir de ello, “las medidas que tome Estados Unidos para definir los intereses
de América Latina en la creencia que dichos intereses son idénticos a los
suyos, seguramente provocarán las mismas sospechas y resentimiento de
siempre. Y ante la mínima retirada de Washington, los latinoamericanos
13
Hirst, Mónica, Seguridad regional en las Américas, Bs. As., Mimeo, 2003, p. 3.
Shifter, Michael, Bush y América Latina, ps. 93-94.
15
En el continente americano, pocos países - México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia- fueron
señalados como socios en las prioridades de los Estados Unidos. Ver Hirst, Mónica, Seguridad regional
en las Américas, ps. 32-33.
14
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
indudablemente van a interpretar que la región jamás dejará de ser irrelevante
para los norteamericanos.”16 De todas formas, “aún cuando se espera que
América Latina juegue un rol marginal en la guerra contra el terrorismo, el
impacto de las nuevas preocupaciones de seguridad en Washington se sentirá
sobre toda la región.”17
En definitiva, la irrelevancia estratégica de la Argentina –como la de los países
latinoamericanos en su conjunto- respecto al accionar en materia de política
exterior norteamericano no es sinónimo de resultar ajeno a sus consecuencias.
A partir de ello, debe hacerse referencia a la segunda dimensión señalada
respecto a los desafíos de la relación entre Estados Unidos y Argentina: el
interrogante acerca del impacto de la nueva estrategia norteamericana en el
proceso de consolidación de la democracia argentina.
Producto del retorno de las cuestiones de seguridad a las prioridades
inmediatas de la agenda norteamericana, resulta inevitable la incertidumbre
respecto a su vinculación con los pilares esenciales de la democracia –tal es el
caso del respeto de las libertades fundamentales. Con anterioridad se hizo
referencia al riesgo que enfrenta Estados Unidos de perder su identidad como
república y sus libertades internas, frente al giro estratégico post 11/9 –
planteando un posible deterioro de la calidad de la democracia estadounidense,
por las libertades fundamentales cercenadas.18 Al plantearse estos temores en
una sociedad que lleva más de dos siglos bajo un esquema políticoinstitucional con reglas de juego democráticas, resulta inevitable cuestionarse
por el impacto que pueda tener un escenario global signado por la
preeminencia de las políticas de seguridad en un país como el nuestro que se
encuentra en pleno proceso de consolidación democrática. De hecho, según
Eguizábal y Diamint, “los peligros que implica la militarización de la lucha
[contra el terrorismo] se plantean en todas las democracias, y mucho más en
las que son incipientes y frágiles, como las nuestras.”19
Si bien en la Estrategia de Seguridad Nacional puede identificarse a la
democracia como una cuestión de seguridad,20 cabe plantear el interrogante
respecto a la forma en que esto puede materializarse en Argentina,
considerando tanto su posición marginal respecto a la definición de los asuntos
globales como sus cuestiones pendientes en materia de construcción y
afianzamiento del andamiaje institucional democrático. Respecto a lo primero,
se hace referencia a la realidad de los países latinoamericanos de resultar
“objeto de reglas establecidas en el sistema internacional y no partícipes
efectivos de las definiciones del nuevo sistema.”21 En cuanto a lo segundo,
frente a un contexto mundial en el que prima la cuestión de la (in) seguridad,
16
Shifter, Bush y América Latina, p. 94.
Hisrt, Seguridad regional en las Américas, p. 31.
18
Ver Gutiérrez Sanín, Hershberg and Hirst, Change and continuity in hemispheric affairs: Latin
America after september 11, in Herschberg & Moore, Critical Views of September 11, The New Press,
New York, 2002, p. 186.
19
Eguizábal, Cristina y Diamint, Rut, La guerra contra el terrorismo y el futuro de las democracias
latinoamericanas, Foreign Affairs en español, primavera 2002, p. 41.
20
Ver Kaufman Purcell, Susan, US Foreign Policy since september 11th and its impact on Latin America,
Bs. As., PENT, 2002, p.16.
21
Rojas Aravena, Francisco, Respuestas latinoamericanas al terrorismo global, en Rojas Aravena,
Francisco (ed.), Terrorismo de alcance global: impacto y mecanismos de prevención en América Latina y
el Caribe, Santiago, FLACSO-Chile, 2003, p. 26.
17
Marisol Yakimiuk – UTDT
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
norteamericana post 11/9: ¿el estigma argentino de la irrelevancia recurrente?
debe hacerse referencia al modo a partir del cual conducir los resabios de la
historia que durante años conjugaron seguridad con autoritarismo en Argentina.
A ello se suma, además, la cuestión respecto de cómo avanzar en la resolución
de las dificultades concretas y más inmediatas del proceso de consolidación
democrática en el contexto de una estrategia impuesta. Esto, en el sentido que
un país marginal estratégicamente como la Argentina se encuentra al margen
de la definición de los cursos de acción delineados por una hegemonía
perpetua22 como la estadounidense, sin resultar, no obstante, ajeno a sus
consecuencias. Es decir, ¿cómo compatibilizar un modelo de prioridades
importadas –como el reordenamiento estratégico de Estados Unidos post 11/9con las limitaciones y necesidades más inmediatas de la realidad argentina?
Avanzar en el ensayo de respuestas a las cuestiones señaladas implica no sólo
atender a factores domésticos involucrados con el desarrollo y calidad del
proceso democrático argentino, sino además, abordar la superación de los
recelos tradicionales respecto de Estados Unidos. La superación de esta
actitud de desconfianza mutua arraigada históricamente resulta crucial para
superar los desafíos presentes y futuros que plantea la relación entre Estados
Unidos y Argentina, ya que involucra un replanteo de percepciones
tradicionales caracterizadas por la dificultad para el entendimiento mutuo. Tal
replanteo resulta inevitable en un contexto de identificación de amenazas
globales, a partir del cual Estados Unidos redefinió sus cursos de acción
signando, en consecuencia, las nuevas reglas de juego para el escenario
global.
22
Respecto a la preeminencia de Estados Unidos en la región, Hirst identifica 3 facetas vinculadas a la
seguridad regional: las consecuencias de la asimetría de poder; la cuestión de la coordinación dentro de la
comunidad latinoamericana vis-a-vis la presencia de los Estados Unidos y; la relativa (ir) relevancia de
esta área en la agenda de seguridad global de Estados Unidos. Ver Hirst, Mónica, Seguridad regional en
las Américas.
Marisol Yakimiuk – UTDT
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 CONSIDERACIONES FINALES.
En la relación entre Estados Unidos y Argentina, las dificultades para el
entendimiento mutuo han resultado recurrentes a lo largo de la historia. Así, la
desconfianza mutua moldeó durante años las percepciones de uno y otro lado.
A ello contribuyó, notablemente, la cuestión de la irrelevancia estratégica de la
Argentina respecto del proceso de toma de decisiones en materia de política
exterior norteamericana.
A partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, resulta
ineludible el reordenamiento de las prioridades estratégicas de Estados Unidos.
Esto se plasmó en la Estrategia de Seguridad Nacional que se delineara en
septiembre de 2002. A partir de ello, y definidas como globales las amenazas
actuales, la prioridad de los asuntos de seguridad por parte de Estados Unidos
no resulta desapercibida para el resto de los actores del escenario global.
En el caso de un país irrelevante estratégicamente como la Argentina, y
completamente al margen de la participación en la definición de las nuevas
reglas del sistema mundial, los nuevos lineamientos en materia de seguridad
norteamericana plantean ciertos desafíos de cuya conducción depende su
relación con Estados Unidos. Así, a pesar de su irrelevancia recurrente,
Argentina no escapa a las consecuencias de la redefinición estratégica
emprendida por el país del norte.
Tales consecuencias implican desafíos presentes y futuros para la Argentina en
el sentido que involucran cuestiones vinculadas, por un lado, a nuestro proceso
de consolidación democrática. Al respecto, resulta ineludible la incertidumbre
frente al impacto de un escenario global signado por la preeminencia de las
políticas de seguridad, dado nuestro pasado reciente en el que éstas se
conjugaron con regímenes autoritarios. Además, se hace presente el planteo
respecto de cómo avanzar en la resolución de las dificultades más inmediatas
por las que atraviesa nuestra democracia, en el marco de una estrategia
impuesta globalmente, definida exclusivamente en torno a los intereses
estratégicos norteamericanos.
Por otro lado, los desafíos se refieren a la superación de los resentimientos
históricos, presentes en la relación entre ambos países. El replanteo respecto a
las percepciones tradicionales, con eje en las sospechas y recelos, resulta
esencial para avanzar en el entendimiento mutuo con uno de los actores
fundamentales del sistema mundial. Actor que casualmente cuenta con el
poder y la decisión de sentar las reglas de juego regentes del escenario global,
y que resulta dispuesto a emprender la acción unilateral con vistas a la defensa
de sus intereses estratégicos definidos como vitales.
Marisol Yakimiuk – UTDT
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Estados Unidos – Argentina frente a la redefinición estratégica
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