La violencia contra las mujeres se da en un contexto... entregan al agresor la idea, más o menos consciente, de...

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Opinión: Violencia contra las mujeres, masculinidades y cotidianidad
Miércoles, 16 de Diciembre de 2015 22:16
La violencia contra las mujeres se da en un contexto cargado de incentivos y refuerzos que
entregan al agresor la idea, más o menos consciente, de que puede ejercer tales
comportamientos, y que ellos son parte de lo que se acepta en el orden y tipo de relaciones
que conoce.
Miguel Ángel González Campos, Militante Kolectivo Poroto, hombres por otros vínculos
kolectivoporoto.cl
La violencia contra las mujeres es la expresión más concreta y repudiable de las conductas
machistas que tienen lugar en una sociedad patriarcal como la nuestra. Cualquiera sea la
forma en que esta se ejerza -física, sexual, económica, psicológica, institucional, material o
simbólica- tiene como resultado un innegable daño en las sujetas que ven menoscabadas su
dignidad.
Ejemplos hay muchos. El acoso sexual callejero (“piropo”) -cuya manifestación permite ver que
hay quienes pueden opinar sobre el cuerpo y apariencia física de otras-; la forma y fondo en el
uso del espacio público, las inequidades en el goce y ejercicio de derechos, la escasa
autonomía y decisión de las mujeres sobre sus cuerpos (penalización del aborto o falencias en
materia de derechos sexuales y reproductivos); la objetización que del cuerpo femenino hacen
la publicidad, los medios de comunicación, las instituciones y el discurso social (humor
machista), además de la subordinación cotidiana en el hogar, el trabajo u otros espacios… todo
lo cual tiene como máxima expresión, el femicidio.
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Opinión: Violencia contra las mujeres, masculinidades y cotidianidad
Miércoles, 16 de Diciembre de 2015 22:16
La violencia contra las mujeres se da en un contexto cargado de incentivos y refuerzos que
entregan al agresor la idea, más o menos consciente, de que puede ejercer tales
comportamientos, y que ellos son parte de lo que se acepta en el orden y tipo de relaciones
que conoce. Se trata, por lo tanto, de un sujeto que percibe como legítimos tales
comportamientos, lo que dista de que sean producto de una patología o condición médica, o
como señala la acertada expresión del movimiento de mujeres y feminista: un agresor no es un
enfermo, sino un hijo sano del patriarcado, lo que se confirma si pensamos que no todo sujeto
que presenta una condición de salud mental es, necesariamente, un agresor de mujeres.
La referencia anterior al contexto, en ningún caso justifica tales atropellos, pero permite contar
con mayores elementos de análisis a la hora de trabajar hacia la construcción de alternativas al
patriarcado, el machismo y la violencia de género, desde el cuestionamiento y la
deconstrucción del tipo de masculinidad/es que subyacen a este modo de vivir, en tanto
ejercicio de un rol.
Con el objetivo político de erradicar el patriarcado y combatir las instancias y modos que lo
reproducen, y a partir de reconocernos como sujetos de privilegio en el modelo patriarcal
imperante, el Kolectivo Poroto, hombres por otros vínculos trabaja activamente desde el
cuestionamiento personal y colectivo de esta ubicación privilegiada, para transformarla con
base en la experiencia, la vivencia y las acciones que permitan el cambio en los hombres
consigo mismos, con otros varones, con las mujeres y con el entorno.
La experiencia del Kolectivo Poroto se asienta en diversas acciones de incidencia social y
política, en que la principal herramienta ha sido la homosocialización, que busca generar
espacios de reflexión y transformación colectiva entre hombres, en el entendido que el
patriarcado como modelo, y el machismo como su expresión, niega posibilidades en que los
sujetos varones podamos conocernos, observar nuestras vivencias y actuar desde ellas. Las
actividades propias del kolectivo, como el ciclo de talleres “Palabra de hombre”, cursos talleres,
la reflexión y el diálogo con otras instancias articuladas, espacios de formación, entre otros, nos
han permitido cuestionar el ejercicio de nuestro rol masculino, para intentar hacerlo diferente,
igualitario, liberador y constructivo de alternativas a las formas de relacionamiento.
La/s masculinidad/es no es más ni menos que un rol más dentro de los que se ejercen en la
coexistencia entre sujetos sociales. La diferencia radica en que éste atraviesa de modo
transversal el ejercicio de la gran gama de otros roles que diariamente llevamos a cabo: hijos,
trabajadores, estudiantes, padres, hermanos, parejas o actores políticos. Los segundos serán
objeto de transformación, sólo en la medida que el primero de ellos sea visibilizado como
elemento de privilegio, cuestionado a partir de ello, y modificado mediante la acción cotidiana.
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Vale decir, el hijo, hermano, pareja, padre o sujeto social sólo incidirá sobre sí mismo y el
entorno, en la medida que visibilice su estado de privilegio y transforme el ejercicio cotidiano de
la masculinidad que conoce y valida.
Este accionar hacia la transformación de la masculinidad hegemónica, machista, patriarcal y
heteronormada, no acaba con la participación en una organización o con no ser agresor,
concretamente. Tiene que ver con la decisión política de cambio del sujeto social, desde y por
sí mismo, para proyectar este trabajo en la erradicación de formas más arraigadas que dan pie
a la cultura patriarcal. Implica un respeto integral a las mujeres (y hombres), y a la lucha y
trabajo que han dado históricamente desde el movimiento feminista, cuidando ser un aporte
real a sus demandas y autonomía.
El pasado 25 de noviembre se conmemoró un nuevo Día internacional de la no violencia contra
las mujeres -fecha que recuerda la muerte de las hermanas Mirabal, asesinadas como
opositoras a la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana- y adoptada como el
momento en que el movimiento feminista y de mujeres levanta su voz fuerte para demandar el
fin a las múltiples formas de violencia que les afectan. Como organización estuvimos presentes
en la ocasión, alentando la convicción política, colectiva y personal, de los necesarios cambios
que deben darse para avanzar en la plena erradicación de las diversas formas de violencia que
aún viven las mujeres.
La apuesta y la convicción del Kolectivo Poroto, es que en ese camino podemos colaborar y
ser partícipes a partir de reconocer y visualizar los privilegios que nos otorga el patriarcado, con
la decisión de transformar nuestras prácticas y conductas cotidianas, como paso preliminar
para el cambio social. A ello abocamos nuestros esfuerzos y articulación política independiente,
desde el territorio, para el avance hacia una comunidad de sujetos/as cuyas relaciones sean
respetuosas, igualitarias, liberadoras y autónomas, basadas en el cambio permanente de las
conciencias y los modos de relacionamiento, como herramienta movilizadora de cambios
mayores.
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