Informe de Internacionalización Este documento, elaborado para la Comisión de Relaciones Internacionales y Cooperación Regional e internacional, cuenta con antecedentes de trabajo de la propia Comisión, como el Taller “Políticas institucionales en cooperación regional e internacional” (Mayo 2009, Sala Maggiolo), la Conferencia Uruguay ante la Conferencia Mundial de Educación Superior (CMES, UNESCO 2009 - Facultad de Odontología), el comunicado final de la CMES (Julio 2009, París), el debate e intercambio en el seno de la propia Comisión, el vínculo con las Comisiones Sectoriales y Prorrectorados, el trabajo conjunto pre y post Conferencias Regional y Mundial de Educación Superior con la delegación universitaria a las mismas, la participación en los diferentes ámbitos del MERCOSUR Educativo en particular CRC-ES, tanto como el análisis de algunos documentos de referencia. Esto ha permitido un grado de avance conceptual lo suficientemente importante en nuestro criterio como para ingresar en los ámbitos de conducción universitaria el presente, a los efectos de ir en busca de la generación colectiva de una política institucional en internacionalización. En tiempos de reforma como el que transita nuestra universidad, es necesario reflexionar en qué medida la internacionalización forma parte de la misma o incide en ella y en sus principales líneas de trabajo. Una opinión es que la reforma, que estimamos se ha procesado con amplias posibilidades de debate en la “base”, deberá incorporar al mismo el aspecto de internacionalización y de inserción en el contexto internacional (con énfasis en el regional), como insumo para su propia transformación. Entendemos a la Internacionalización como un ítem más, pero trascendente en el proceso de reforma universitaria. Lo es por varios motivos entre los cuales apuntamos: La reforma no puede realizarse descontextualizada de los procesos internacionales en Educación Superior. Debe contribuir de manera crítica a sumarse a los sistemas mundiales y en la medida de las posibilidades sumarse e incidir en las transformaciones continentales y planetarias (a la vez de ser crítica al interior de la institución). El Uruguay ha sido, históricamente, un país con vocación internacional. Lo decimos en diversos sentidos: políticos, intelectuales, científicos, culturales entre otros. De hecho, y no en vano, el país es un importante crisol de nacionalidades y quizá debamos advertir algunos de esos rasgos aún en su historia previa a la independencia como país. En la actualidad diversos procesos de carácter internacional han influido en las instituciones de Educación Superior, siendo la movilidad de universitarios una de las expresiones más prominentes de entre esos procesos. Nuestra Universidad de la República (UdelaR) además como única institución de Educación Superior hasta hace 25 años y desde entonces como única en el contexto de lo público, encuentra sus referentes homólogos fuera del país. Nuestra Universidad no escapa a lo antedicho. Ha sido heredera de modelos universitarios europeos, aunque atenta y hasta promotora de diversas transformaciones de la Educación Superior. Muchas veces ha sido imitadora de otros modelos, pero también ha sido constructora más o menos crítica- de un modelo propio y ha vivido envuelta en diversos escenarios internacionales de los cuales uno reciente -y de mayor impacto- ha sido la diáspora universitaria de un número importante y bien calificado de docentes durante la última dictadura e intervención de la UdelaR, quienes a su retorno post-dictadura tuvieron un papel trascendente en la 1 reconstrucción universitaria. La salida más o menos contemporánea de las dictaduras en América Latina y en nuestra región en particular, encontró a las Universidades como ámbitos propicios para una reconstrucción de sus sistemas educativos y de Educación Superior en particular. Nos toca ahora con una mirada más profunda, examinar algunos caminos para el proceso de internacionalización de nuestra Universidad. En rigor deberíamos señalar que -si bien finalmente se ubica en los procesos de internacionalización- aquellos vinculados con la región podrían merecer un tratamiento diferente en virtud de los procesos de integración que encierran, diferente a los vínculos más puntuales con otras latitudes. Quizá sea conveniente conceptualizar, a modo de definición operativa, lo que es la “internacionalización” a los efectos de este informe en particular (y conscientes de que no estamos ensayando ni teorizando sobre la misma). Vemos a la internacionalización como el necesario vínculo con la Educación Superior planetaria de forma de intercambiar experiencias desde lo académico a lo institucional construyendo o contribuyendo a construir una Educación Superior en el país y en el mundo (atendiendo naturalmente a las variaciones locales o regionales) sustentada en el desarrollo académico y científico, desarrollo que debe ser pertinente a las realidades locales en que las Universidades se insertan y que, a la vez, nutra y se vuelque sobre las sociedades en que se encuentran. ¿Cuáles son los instrumentos disponibles en la internacionalización? A modo de síntesis diríamos que la internacionalización dispone de instrumentos académicos y políticos basados en las estrategias de cooperación, la formación de redes, los foros y conferencias internacionales, el debate fecundo y de orientación solidaria, pero sin olvidar que en el horizonte existen intereses cuyo peso en las decisiones es insoslayable, como se advierte en los debates de la Conferencia Mundial de Educación Superior (CMES, 2009), de los cuales ha dado cuenta nuestra delegación universitaria como parte de la delegación nacional a dicha conferencia. Un análisis de la inserción de la Educación Superior en este movimiento de servicios exige una profunda reflexión desde lo ético, donde la cooperación y la colaboración son esenciales para cumplir con la responsabilidad social propia de una institución educativa, lo que exige de las instituciones de Educación Superior una continua búsqueda de su calidad y de su competitividad, a través de estrategias innovadoras que faciliten la internacionalización de este nivel educativo como factor fundamental para su desarrollo. Si la globalización es el fenómeno, la internacionalización de la Educación Superior es una de las respuestas a este suceso, manifiesta en un proceso que es determinante para alcanzar su inserción en el mundo del conocimiento, como una de las formas de desafiar los retos que se le imponen. Bien lo expresaba Komlavi Francisco Seddoh, Director de la División de la Educación Superior de la UNESCO, en un evento llevado a cabo por la Asociación Internacional de Universidades: “la internacionalización se ha convertido en una condición sine qua non para cumplir con el papel y la misión que le corresponde a la Educación Superior, como parte inherente para alcanzar la calidad y la pertinencia de la enseñanza, el aprendizaje, la investigación y el servicio a la sociedad”. Los aportes más importantes que han influido en el desarrollo de la internacionalización de la Educación Superior han sido reforzados en diversas instancias de foros internacionales, especialmente por la UNESCO y sus manifiestos sobre Educación Superior, tanto en la Declaración 2 sobre la Educación Superior en América Latina y el Caribe, de La Habana en 1996, como en la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI de París, en 1998, los que se han constituido en el faro orientador de la cooperación internacional, fundada en la solidaridad, el reconocimiento y el apoyo mutuo (UNESCO, 1998). Asociaciones de universidades como la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) de México, el British Columbia Centre for International Education (BCCIE), la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), por mencionar solo algunas, han reconocido en la internacionalización la estrategia básica fundamental para la inserción de la Educación Superior en particular, y del sector en general, en un mundo cada vez más interdependiente, que “fomente el entendimiento universal y desarrolle las habilidades necesarias para vivir y trabajar en un mundo diverso”. (Savage, C., 2001). O como a bien tiene decir la Asociación de Universidades y Colegios del Canadá (AUCC) cuando expresa que “preparar los canadienses para el Siglo XXI requiere de nuevos conocimientos, nuevas habilidades, nuevos enfoques y actitudes, ninguno de los cuales puede ser completo o pertinente sin una dimensión internacional en nuestra educación” (AUCC, 1995). Es en este sentido que se presentan los grandes fenómenos que afectan el sistema de Educación Superior, entre los que se resaltan, la revolución científica y tecnológica que está dando origen a la llamada sociedad de la información y el conocimiento, la revolución de las comunicaciones y la información, que han acortado las distancias y los tiempos, la regionalización comercial, económica y cultural y la globalización que ha revolucionado las relaciones internacionales dando origen a la internacionalización de la justicia, de la economía y a un nuevo poder que es el del conocimiento y la información. Se hace necesario alcanzar un consenso alrededor del qué, el por qué y el para qué de la internacionalización, pues un proceso así concebido se implanta en la vida universitaria y genera con ello una verdadera cultura institucional de lo internacional. ¿Qué es la internacionalización? Una definición que nos parece puede servir de base para una construcción ulterior sería “Internacionalización de la UdelaR”. La internacionalización de la Educación Superior se define como “el proceso de integrar la dimensión internacional/intercultural en la enseñanza, la investigación y el servicio de la institución” (Knight, 1994). Tomando a esta definición como el punto de referencia, las tres funciones definidas para la Universidad de la República, enseñanza, investigación y extensión están implicadas. Dicho esto, resulta ineludible resaltar que es imprescindible la mayor participación de las tres Comisiones Sectoriales de la UdelaR que hoy participan de la CRI y CRI en la definición de las políticas de internacionalización. ¿Por qué de la internacionalización? Entendemos que la internacionalización favorece el desarrollo socio-cultural y el entendimiento mutuo permitiendo generar alianzas estratégicas. De esta manera, se enriquece el desarrollo y formación tanto del personal académico como estudiantil, contribuyendo a la producción de conocimiento con un perfil internacional de forma de participar en el desarrollo nacional, sectorial e institucional. Esto contribuiría a la mejora de la calidad al compararse con estándares internacionales a los que deberíamos superar. Además permite una mayor participación en la 3 obtención de recursos internacionales de otra manera no disponibles. ¿Para qué la internacionalización? Como se dijo anteriormente, la internacionalización provoca una mejora en la calidad de la educación, ayudando a que aprendamos a estudiar de diversas maneras, contribuyendo al entendimiento global y aceptación de lo diferente. Al mismo tiempo prepara al demos universitario, en particular a los estudiantes, a desempeñarse en una comunidad multicultural y contribuye a la concreción de una sociedad del conocimiento. Modos y condiciones para la Internacionalización de la UdelaR Una vez definidas las consideraciones políticas y los aspectos de definición de la internacionalización, restan definir las actividades que constituyen la internacionalización. Estas deben ser vistas como interdependientes y requieren de unas condiciones marco para su acción. Entendemos que esas actividades son: 1. La participación en redes y otras formas de organización de la cooperación y el intercambio. La conformación de redes, asociaciones y otras formas de cooperación e intercambio son hoy abundantes, quizá hasta excesivas. Sin embargo son modos de aunar fuerzas para determinados objetivos que las instituciones promueven, permiten generar políticas comunes, intercambiar con una sistematización apropiada y conducente al logro de los objetivos perseguidos y con instrumentos comunes a los procesos de internacionalización más generales pero también con la creación de instrumentos propios. Ejemplo paradigmático de lo anterior para la UdelaR es la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo (AUGM), sin soslayar el papel histórico que jugó la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL). Se considera importante señalar que incluimos en este capítulo a la participación en foros y conferencias internacionales como otra forma de cooperación e intercambio. Dentro de este ítem, hay que prestar especial consideración a aquellos programas gubernamentales de integración de la Educación Superior del tipo MERCOSUR Educativo que engloba por ejemplo al Espacio Regional de Educación Superior (ERES) y al Programa Movilidad Académica Regional de Carreras Acreditadas (MARCA). Ellos implican no sólo internacionalización sino, también, de efectiva integración regional. 2. Reconocimiento de estudios y desarrollo curricular El reconocimiento de estudios no es, como tal, una actividad del campo de la internacionalización como lo son la movilidad y el currículo. Se trata, más bien, de un prerrequisito para la movilidad y funciona como un instrumento para el aseguramiento de la calidad en el contexto de la internacionalización. El reconocimiento de períodos de estudios en el extranjero y de los créditos obtenidos, sigue sin tener una solución clara por parte de la UdelaR, al no existir un reconocimiento automático de estudios. Un abordaje posible es el que ha adoptado la AUGM, que, en el marco del Programa ESCALA y frente a cada movilidad, “acuerda” un programa y sus respectivas acreditaciones. Claro está que ello es posible en base a la confianza mutua entre instituciones. 4 En relación a los programas, es importante considerar el desarrollo de programas académicos que aborden la atención de temas regionales o continentales, en particular favorecer el desarrollo de programas de estudios regionales, que otorgan títulos válidos en diversos países. Dentro de las actividades de internacionalización en que la UdelaR tiene un “debe”, es en el estudio de lenguas extranjeras. En suma, son varios los aspectos que están pendientes de análisis y solución y que necesitan de un tratamiento claro. Entre otros, ellos son: el reconocimiento mutuo de títulos universitarios, la utilización de créditos académicos que sirvan como indicador del trabajo académico, la ejecución de programas de doble titulación y los de titulación conjunta. En este último aspecto se destacan las demandas de varias disciplinas que impulsan la generación de posgrados cooperativos a efectos de favorecer el desarrollo de nuevas áreas de trabajo, así como la formación de académicos en temas en los que se requiere del apoyo crítico de otras instituciones o países. 3. Acreditación de calidad de programas e instituciones de Educación Superior Desde mediados de la década de los 80, la evaluación de la calidad de programas e instituciones de Educación Superior se ha presentado como uno de los principales temas en la agenda de las reformas educativas en casi todas las regiones del mundo. En el MERCOSUR, la creación de un mecanismo de acreditación de carreras universitarias (primero MEXA y hoy ARCU-SUR) ha favorecido o apoyado la formulación de políticas nacionales de promoción del mejoramiento sistemático de la calidad de la Educación Superior y, además, ha facilitado la movilidad de estudiantes y docentes y servido de apoyo a la generación de mecanismos de reconocimiento de estudios. Existen importantes evidencias que los procesos de acreditación han impactado de manera positiva en instituciones y programas en el impulso a los aspectos de mejora y en la ampliación de la masa crítica de personas capacitadas para participar en procesos de evaluación académica. 4. Movilidad académica Todos los estudiantes y docentes de la UdelaR deberían beneficiarse de la participación en programas de internacionalización. Ello es hoy posible a través de los programas denominados de “movilidad académica” que comprenden a la movilidad estudiantil y a la docente. La movilidad estudiantil (de grado y posgrado) promueve que los estudiantes de una Universidad cursen parte de sus estudios en una universidad de un país diferente al de su residencia siéndole reconocidos estos estudios por la institución de origen. Para ello la Universidad de origen debe garantizar que le otorgará el reconocimiento de los estudios cursados como avance concreto y equivalente en el plan de estudios de su propia carrera. En la actualidad en la UdelaR se ejecutan varios programas de movilidad de estudiantes, tales como PIMA de la OEI, el MARCA del MERCOSUR Educativo y el ESCALA de AUGM y el Erasmus de la Unión Europea. Existen además, numerosos convenios firmados con Universidades extranjeras, redes u otras formas de asociación, que establecen mecanismos para el intercambio de estudiantes. Todo indica que los mismos aportan a nuestros estudiantes un enfoque intercultural y un aporte significativo en aspectos de formación académica, comprensión y respeto por otros pueblos y costumbres. Sin embargo, los programas de movilidad estudiantil encuentran diversos obstáculos para su 5 implementación exitosa. La falta de flexibilidad curricular y de mecanismos de transferencia de créditos, algunas trabas burocráticas (otorgamiento de visas, tasas aduaneras, etc.), el dominio insuficiente de lenguas extranjeras y el elevado número de estudiantes que trabajan son elementos que impiden o dificultan el desarrollo de los estudios en el exterior. A su vez la falta de recursos económicos propios que le permitan al estudiante complementar las ayudas institucionales refuerza los niveles de inequidad, pues, de alguna manera sólo algunos estudiantes están en capacidad de participar en programas de movilidad. En este contexto, de forma no intencional se beneficia a los candidatos mejor posicionados, ya sea por su capital cultural, porque cuentan con recursos económicos o porque saben idiomas. La movilidad docente permite ejercer la docencia universitaria y la investigación en otros países, por tiempo determinado o por tiempo indefinido, lo que favorece el intercambio de experiencias y conocimientos, facilita la asociación entre académicos, el trabajo en ambientes internacionales y el empleo de lenguas extranjeras. Es claro que, en la UdelaR, la más utilizada es la movilidad de docentes con propósitos de investigación, mientras la movilidad con propósitos de enseñanza parece requerir fuertes incentivos y apoyo. La movilidad docente debería ser tomada más seriamente como indicador de la internacionalización. Para el docente como individuo, la experiencia en el exterior es valiosa para su desarrollo personal y profesional. Adicionalmente, las nuevas competencias culturales y de lenguaje que adquieren y el beneficio del contacto con otros métodos de enseñanza y posiblemente con otras apreciaciones de su materia, beneficiarán a la UdelaR. Para ello la institución debería diseñar y ejecutar programas permanentes y sistemáticos de formación, capacitación y mejoramiento de los docentes, que incluyan tanto la formación de posgrado como el desarrollo de competencias pedagógicas y didácticas, además del desarrollo de capacidades de gestión académica. Condiciones para la internacionalización a) Las oficinas de cooperación y relacionamiento Internacional Disponer de oficinas competentes para intervenir en los procesos de cooperación y relacionamiento internacional es un requisito indispensable pues la internacionalización de una Universidad no es pensable sin una gestión de la internacionalización. Estas oficinas, naturalmente, deben ser los espacios técnicos que den respuesta a definiciones políticas de la conducción institucional. Entendemos que este asunto ha sido bien encaminado en su resolución por parte de la UdelaR, quien vincula a la Comisión política (Comisión de Relaciones Internacionales y Cooperación Regional e Internacionales, CRI y CRI) con la oficina técnica respectiva (Dirección General de Relaciones y Cooperación, DGRyC). No obstante, no es posible pensar que los programas de internacionalización de la UdelaR mencionados, se desarrollen sin un fortalecimiento significativo de la DGRyC, un impulso a la constitución de unidades de cooperación en cada uno de los Servicios o el apoyo de las unidades ya existentes. Al día de hoy, la DGRyC es la encargada de varias funciones, entre otras, de negociar las condiciones de integración y participación en redes, la coordinación de la recepción y atención de estudiantes y docentes extranjeros, la articulación con los niveles académicos de los servicios. Sin embargo, debe preverse que en dicha Dirección General exista una oficina especializada en movilidad de estudiantes y docentes, comprendiendo que la misma tenga a su cargo la gestión del intercambio, la información acerca de la oferta académica, alojamientos, condiciones de estudios, apoyo en lenguas, etc. La oficina especializada de movilidad deberá articular esfuerzos con las 6 oficinas o unidades de cooperación de las Facultades o servicios, si es que éstas ya existen. En los servicios las unidades de cooperación prestan, además, un papel clave en la difusión de la oferta de internacionalización. Por ello es preciso dotarlas de infraestructura que permita difundir las ofertas de becas, programas, apoyos financieros y de todo tipo de oportunidades de cooperación. Estas oficinas apoyan, además, a los estudiantes y docentes que participan de programas de movilidad, complementando -en algunos casos- las gestiones a cargo de la DGRyC. Dentro del mismo tema se hace necesario recordar que es imprescindible incorporar las temáticas de cooperación internacional dentro de la formación de recursos humanos en la UdelaR. Los funcionarios a cargo de actividades de cooperación deben estar capacitados para integrar equipos interdisciplinarios estables que entiendan a la cooperación internacional como una herramienta al servicio de las funciones universitarias y no como un medio que sólo conduce a captar recursos externos o administrar becas. b) Financiamiento de la Internacionalización La marcha de los programas de internacionalización requiere de un aporte de fondos de magnitud. En Europa, por ejemplo, los programas de la Comisión Europea han destinado millones de Euros al apoyo a la movilidad. Cabe aclarar aquí que los aportes de los Estados, no ya de las Universidades, han sido los determinantes para la constitución de los programas de movilidad mencionados. Por ello, debe verse la posibilidad de reforzar los programas ya existentes financiados parcialmente (en su mayoría) por los aportes de la UdelaR, con nuevos aportes incrementales provenientes del Estado. Por otra parte, es claro que muchos programas internacionales en los que participan nuestros docentes se han originado por efecto de alicientes externos, ideados por contrapartes extranjeras en el marco de convocatorias financiadas por organismos internacionales. En varios casos nuestros académicos no han tenido incidencia en la determinación de los objetivos, las prioridades, las áreas de acción o influencia de las estrategias de cooperación. Estas circunstancias nos dicen que se requieren recursos propios dedicados a las actividades internacionales que permitan planificar la cooperación internacional. 7
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