LYarzabal Educación conceptualización y principios

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EDUCACIÓN: CONCEPTUALIZACIÓN Y PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
Luis Yarzábal1
1. Introducción
Los debates internacionales promovidos e impulsados en los últimos tiempos por el
sistema de Naciones Unidas han generado un proceso de reflexión orientado a elaborar,
a escala global, una agenda para el desarrollo sostenible que habrá de instrumentarse en
las próximas décadas. En ese marco se ha concebido una estrategia orientada a
promover un crecimiento económico incluyente, que favorezca la sostenibilidad
medioambiental y estimule la creación de empleo y trabajo decente para todos, con el
propósito de asegurar igualdad de oportunidades y respeto irrestricto de los derechos
humanos.
La crisis financiera y económica que experimentan hoy los países desarrollados ha
puesto fin a un ciclo de crecimiento expansivo no controlado y exige la elaboración de
un enfoque innovador que apuntale la construcción de un nuevo paradigma centrado en
la promoción de la igualdad, el establecimiento de un vínculo más respetuoso de la
naturaleza, y la concepción de políticas públicas que apunten a la integración del
crecimiento económico, la equidad social y la protección ambiental.
Coincidentemente, en el transcurso de las últimas décadas, la mayor parte de los
pueblos de América Latina y el Caribe (ALC) han apoyado electoralmente propuestas
de organización democrática de sus sociedades, basadas en el crecimiento económico
pero orientadas a generar igualdad de oportunidades y asegurar justicia social, en el
marco de una estrategia actualizada de desarrollo humano sostenible.
Los resultados de esa estrategia, aplicada con diferentes enfoques y prioridades en los
distintos países, han sido favorables, dando origen a altas tasas de crecimiento
económico, incremento y formalización del empleo, reducción de la pobreza extrema y
tendencia a la disminución de las grandes desigualdades en la distribución del ingreso.
La región ha mostrado también destacable capacidad de amortiguación y resiliencia
frente a los estragos provocados por la crisis financiera internacional de 2008. Luego de
la reducción de la tasa de crecimiento regional registrada en 2009, ALC exhibió notable
recuperación que, pese a los cambios negativos del contexto internacional, se tradujo,
entre otros resultados, en bajas tasas de inflación y equilibrio en las cuentas fiscales de
la mayoría de los países.
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Doctor en Medicina. Ex Director del IESALC-UNESCO. Ex Presidente de la Administración Nacional
de Educación Pública, República Oriental del Uruguay.
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Ello no obstante, los países que la componen la región expresan gran heterogeneidad,
distribuyéndose en subgrupos de alto, intermedio y bajo nivel de desarrollo humano.
Esas diferencias se manifiestan también al interior de los países donde se comprueban
desigualdades de ingreso, acceso y oportunidades, y severas inequidades territoriales.
La región sigue exhibiendo la peor distribución del ingreso del mundo y recientemente
ha mostrado notable incremento de la heterogeneidad respecto a las oportunidades
productivas de la sociedad, con creciente deterioro del mundo del trabajo (que continúa
expresando factores de desigualdad educativa, de género, demográficos, geográficos,
étnicos, entre otros), y creciente segmentación del acceso a los bienes y servicios, así
como a la protección social, con el consiguiente aumento de la inseguridad ciudadana,
la violencia y la criminalidad, síntomas evidentes del imperio de la desigualdad, la
injusticia y la indignidad.
La región enfrenta también otros desafíos, entre ellos: la transición demográfica, que
expone crudamente la falta de oportunidades laborales de los jóvenes y anticipa
crecientes necesidades de una población cada vez más envejecida; la transición
epidemiológica, en la que disminuyen las enfermedades infecciosas en tanto aumenta
la prevalencia de las enfermedades crónicas no transmisibles y se multiplican estilos de
vida, consumo y alimentación poco saludables; la fuerte dependencia de los recursos
naturales, que encierra los riesgos de una re-primarización productiva insostenible con
crecientes conflictos socioambientales; y el cambio climático, que obliga modificar los
patrones de producción y consumo mientras aumenta la vulnerabilidad existente frente a
los eventos naturales extremos, lo que impondrá costos sociales y económicos de gran
magnitud.
Enfrentada a este panorama, la educación no tiene otra alternativa que la de hacer frente
a los nuevos desafíos, en momentos en que la universalización de la enseñanza primaria
y la expansión de la enseñanza media le han entregado numerosos contingentes de
educandos que son portadores de muchos de los efectos del subdesarrollo mayoritario
actual.
La expansión de la matrícula es un dato positivo de la realidad, pero obliga a la
educación a desplazarse desde una situación en la cual el aumento de la cobertura de los
sistemas educativos era el principal requerimiento, a otra en que la calidad y pertinencia
de la oferta educativa y su distribución social igualitaria han pasado a ser una exigencia
fundamental.
Esta nueva etapa es extremadamente compleja, porque debe tratar de reducir brechas
significativas en la calidad de los aprendizajes de nuestros educandos y es sabido que
ésta exhibe estrecha correlación con las condiciones socio-económicas, culturales y
geográficas, lo que requiere de educadores, estrategias pedagógicas e instituciones que
no existen hoy en nuestro sistema educativo. Al mismo tiempo, es necesario continuar
la expansión de las coberturas educacionales, en especial en la primera infancia, en la
adolescencia, y en poblaciones específicas de mayor edad.
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Independientemente de sus posiciones ideológicas, en la mayoría de los países se ha
colocado a la educación en un nivel alto de la escala de prioridades y se están
desarrollando importantes procesos de cambio en las estrategias, las políticas y los
sistemas educativos. Estas circunstancias son las que nos han decidido a aceptar la
invitación que gentilmente nos han formulado los organizadores de este seminario,
animados por el propósito de participar en las reflexiones emprendidas por los
educadores paraguayos respecto a los conceptos y principios que deben permanecer
como pilares de los sistemas educativos en gestación. A ese fin pretenden contribuir las
siguientes consideraciones.
2. Acerca del concepto de educación
Concebimos a la educación como un proceso de aprendizaje permanente que se extiende
del principio al fin de la vida de las personas y tiene como objetivo facilitar el desarrollo
de todas sus potencialidades afectivas, intelectuales, físicas y éticas, mediante la
transmisión, la creación y el cultivo de conocimientos y destrezas, en el marco de un
respeto estricto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, en pro de una
cultura de paz basada en la tolerancia y el respeto a la diversidad, con el fin de convivir
en sociedad participando de ella en forma responsable, democrática, proactiva y
solidaria.
2.1 La educación tiene una doble función
Nuestra experiencia personal en los campos de la docencia, la investigación y la gestión
educativa, así como la interacción fecunda con exponentes significativos del
pensamiento pedagógico uruguayo, nos ha enseñado que la misión de la educación es
contribuir al pleno desarrollo de las personas como seres autónomos y únicos pero
también como componentes de una sociedad que, en democracia, no es la suma de
individuos sino el proyecto solidariamente asumido de una colectividad consciente de
sus vínculos de interdependencia y de sus responsabilidades.
En toda sociedad democrática la educación es el gran recurso para armonizar las
personas con su entorno local, regional y planetario. De ahí sus poderosas implicaciones
axiológicas, su insoslayable deber de contribuir a la construcción –mejor aún, a la
autoconstrucción- de seres forjadores y servidores de valores conscientemente
asumidos. Por eso creemos que es esencial considerar al educando como un componente
fundamental de los procesos educativos.
Los fines de la educación han de responder a ese papel central del educando y todos los
recursos que una sociedad resuelva entregar al sistema educativo – personal,
presupuesto, infraestructura, equipamientos y servicios - no son más que medios al
servicio del fin esencial de llevar seres humanos al máximo de sus potencialidades. Para
dar cumplimiento a ese fin es necesario concebir y desarrollar una oferta educativa
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integral, fundada en el respeto de los derechos humanos y orientada a promover el
desarrollo humano sostenible.
2.2 La educación es un derecho de todos
Consideramos que la educación es uno de los derechos universales, es decir, de todas
las personas, y creemos que ese derecho rige “a lo largo de toda la vida”. Este
concepto tiene implicaciones en las cuales conviene detenerse. En primer lugar, la
participación de las personas en los procesos educativos se va haciendo en todos los
países cada día más prolongada. En Uruguay, por ejemplo, estamos pasando de la
obligatoriedad escolar de los seis años de primaria a la de catorce cursos de educación
formal: dos al nivel inicial, seis en la primaria y, a partir de 2008, seis en la educación
media. La población en proceso de educación formal participa o debe participar en
nuestro sistema educativo durante esos catorce años. Ahora bien, según las estadísticas
cada cohorte anual consta en nuestro país de una población de aproximadamente 47.000
personas, lo que impone a la sociedad el deber de velar (mediante centros de titularidad
pública o de titularidad privada) por el desarrollo educativo de un total aproximado a las
700.000 personas.
A esta población, que deberá ser escolarizada obligatoriamente, cabe agregar aquellos
adolescentes que quedaron fuera de las aulas en la edad que les correspondía y que en el
mejor de los casos se reincorporarán al estudio en condiciones de extra-edad.
Corresponde dar oportunidades de educarse a todos los jóvenes y adultos que aspiren a
ejercer ese derecho, sea con el fin de complementar estudios obligatorios no realizados
en su momento, sea para ampliar sus conocimientos, su cultura general, sus
competencias como parte de sistemas productivos cada día más dinámicos. En
consecuencia, una educación abierta a todos requiere la organización de oportunidades
de educación de personas jóvenes y adultas, que podemos estimar en centenares de
miles de participantes.
2.3 La educación debe tener la mejor calidad posible
Suscribimos entusiastamente el postulado que sostiene que la educación para todos ha
de ser de la mejor calidad. Creemos que para adquirir altos niveles de calidad la
educación debe: (i) establecer currículos adecuados a las circunstancias de la sociedad y
los educandos; (ii) lograr que los niños y jóvenes accedan sin limitaciones a los centros
educativos; (iii) asegurar que permanezcan en ellos y alcancen los objetivos de
aprendizaje en los tiempos previstos; (iv) tener en cuenta las desigualdades que puedan
afectar a los estudiantes y las instituciones educativas ofreciendo apoyos especiales a
quienes lo requieran; y (v) disponer de los recursos necesarios para remunerar
adecuadamente a los funcionarios; construir y mantener los centros educativos; dotar a
éstos de mobiliario, laboratorios, talleres y materiales didácticos; e incorporar prácticas
modernas de gestión.
También deberán ser considerados factores de calidad: (i) la coherencia de los planes,
programas, currículos, métodos y medios educativos, con los principios y fines de la
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educación establecidos en la legislación vigente; (ii) el nivel profesional y las actitudes
deontológicas de los docentes y demás miembros del personal; (iii) el grado en que los
aprendizajes resulten de estrategias y métodos en los que el educando, aprendiendo a
aprender, se apropie no sólo del conocimiento sino del proceso que lo conduce al mismo
y a su utilización crítica; (iv) la adecuación de los procesos educativos, por un lado, a
las especificaciones de núcleos comunes de aplicación general en todo el país y, por
otro, a las características, necesidades e intereses de los educandos y a las
peculiaridades de su entorno económico, social y cultural; y (v) el grado en que los
integrantes de la comunidad educativa contribuyan al éxito educativo de su centro
docente.
Estimamos conveniente que los procesos de evaluación de la calidad educativa que se
pongan en marcha en los países latinoamericanos y caribeños tengan en cuenta estos
factores en su concepción y diseño, así como en el momento de elaborar las
conclusiones y recomendaciones orientadas a mejorar la educación en la región.
2.4 La educación debe estar situada en el espacio y en el tiempo
La educación de los pueblos de nuestra región ha de estar anclada en lo que les
caracteriza culturalmente y debe ser soberanamente concebida, configurada e
implementada. Pero lo nacional es múltiple y el educando, sobre todo el de escasa edad,
no llega a las aulas proviniendo de un medio nacional común sino de un contexto
específico: el que le es propio y le circunda. Esta reflexión entronca con corrientes
universales que postulan una educación situada en su tiempo y en su espacio. La
concepción del mundo global y la participación en él, sólo son posibles mediante
avances graduales de la perspectiva individual, cuyo punto de partida es esa educación
situada.
Creemos que además de adoptar disposiciones respecto a los principios y fines comunes
a los sistemas nacionales y a sus distintos niveles, correspondería formular la
indicación de que las autoridades de la enseñanza velarán por la pertinencia de los actos
educativos respecto al alumnado concreto con que se trabaje. El medio, familiar,
comunitario, natural, económico, y social tiene una poderosa influencia formadora sobre
todos nosotros. Es tarea de educadores conocer ese medio y organizar la correcta
interpretación del mismo por los alumnos, con un buen tratamiento aplicado de las
ciencias exactas, naturales y sociales, el diagnóstico de sus fortalezas y debilidades y el
desarrollo de las actitudes, conocimientos y saberes necesarios a la incidencia de cada
persona en ese medio con vistas a su transformación.
Es importante, por consiguiente, que los respectivos Entes educativos velen por la
pertinencia de la labor educativa, en el entendido de que no se trata de que la educación
fije al educando a un medio determinado ni contribuya a reforzar su eventual
marginalidad. El objetivo sigue siendo contribuir a formar un ciudadano de cada país,
de la región y del mundo. Lo lograremos más fácilmente si el educador evita trabajar en
un medio escolar artificial, de espaldas al ambiente natural y humano circundante. Este
posicionamiento tiene importantes repercusiones en la formación docente, en la
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dotación material de los centros educativos, en la función inspectiva, en las relaciones
entre los centros y la comunidad.
De la misma manera preconizamos una educación situada en el tiempo. Con raíces en el
tiempo pasado, con experiencias vivenciales en el tiempo presente y con aperturas hacia
el desconocido tiempo futuro. Una de las primeras medidas que tomamos durante
nuestro mandato en la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) de
Uruguay fue la ampliación de los programas de ciertos niveles de manera que facilitaran
en los alumnos el conocimiento y la comprensión de nuestra historia contemporánea (o
reciente), que hasta entonces había sido considerada inconveniente para su formación.
Estamos muy satisfechos de haberlo dispuesto así y entendemos que la actual Ley
general de educación, al señalar en su artículo 11 que “…los educandos tienen la
libertad y el derecho de acceder a todas las fuentes de información y de cultura, y el
docente el deber de ponerlas a su alcance”, protege el derecho de todo educando, niño,
adolescente o adulto, a recibir de sus docentes las informaciones históricas pertinentes,
rigurosamente documentadas y científicamente fundadas, para ubicarse mejor en la
sociedad nacional, regional e internacional de que forma parte.
2.5 La atención de las carencias múltiples debe ser compartida
La obligada articulación entre el centro docente y su medio lleva a la controvertida
cuestión del papel que corresponde al sector educación ante los grandes problemas
económico-sociales y en particular ante la pobreza infantil y juvenil. El sistema
educativo no puede desentenderse de aquellos factores externos a la educación
propiamente dicha que obstaculizan o impiden el pleno desarrollo de los alumnos, en
todos los medios y de todas las edades. Las situaciones que afectan negativamente la
calidad de vida de los ciudadanos y en particular de niños y adolescentes no mejorarán
sin el aporte de la educación.
Sin embargo, la lucha contra la pobreza y otras carencias requiere una labor no sólo
pluri-institucional sino multi-sectorial. Consideramos fundamental e insoslayable el
cumplimiento de acciones directas de carácter asistencial mientras la situación social
actual subsista, pero en la medida en que el enfoque multi-sectorial se profundice y
tenga éxito, sería conveniente que el sistema educativo, en el marco de la coordinación
de las políticas públicas, transfiriera progresivamente esa labor asistencial a entidades
especializadas.
En este terreno, los conceptos claves son especialización y coordinación. El sistema
educativo está especializado en educar y por ello, resulta ser fundamental que desde la
educación se conozca, se ayude a diagnosticar y se contribuya a interpretar aquellos
factores sociales y ambientales que afectan al alumnado y que, en cierta medida, lo
conducen al fracaso.
El desarrollo económico y social y las redes comunales o regionales de servicios
sociales, estables o itinerantes que hoy se están configurando en la América Latina y el
Caribe, permitirán superar la pobreza que todavía prevalece en muchos lugares. Las
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familias deben ser encaminadas a dichos servicios y los docentes tendrán que ser
debidamente formados para intervenir coordinadamente, pero siempre en su calidad de
educadores, en esta nueva configuración de los servicios estatales.
2.6 Los problemas relativos al rendimiento de los sistemas educativos son complejos
Vinculado con el planteamiento anterior, queremos hacer rápida mención de algunas
situaciones reveladoras de lo que podríamos considerar un insuficiente rendimiento de
nuestros sistemas educativos públicos. La repetición de cursos, el abandono de las aulas,
el incumplimiento de la obligatoriedad escolar, constituyen problemas complejos de
larga data que no admiten simplificaciones ni en cuanto a sus causas ni en cuanto a sus
soluciones. Debemos estar en alerta para no atribuir a la educación –y a las instituciones
responsables de la misma- más responsabilidades que las razonables y más poderes que
aquellos de que realmente dispone.
La mayoría de los Gobiernos nacionales de la región parece haber comprendido la
necesidad y conveniencia de hacer intensos esfuerzos por mejorar en todos los aspectos
los servicios educativos a su cargo y no es éste el momento de entrar en detalles sobre
los recursos asignados y las reformas introducidas en los diferentes sistemas educativos.
En cualquier caso, desde nuestra visión entendemos que constituye un error exigir de la
educación más de lo que ella es capaz de proporcionar. Sí corresponde demandarle que
aporte a la sociedad todo lo que debe y puede dar. Pero no más. Hay problemas – como
la pobreza, el trabajo infantil, la desorganización familiar, la violencia, el abuso de
drogas, las variaciones de las tasas de empleo y desempleo, así como algunos otros
aspectos de la marcha general de cada país y del mundo- que afectan a los ciudadanos
en todos los órdenes de la vida, e impactan también en su condición de educandos o
educadores.
Existen ahora en varios de nuestros países las condiciones favorables a para desplegar
esfuerzos integrados en favor de nuestras poblaciones, en especial las más afectadas por
este tipo de problemas. La concepción y aplicación de nuevas Leyes de Educación
constituye una excelente oportunidad para profundizar la articulación de políticas
públicas que los aborden de forma complementaria y sinérgica como lo buscaron hacer
en Uruguay el plan de equidad y la estrategia de la infancia y la adolescencia.
3. Los principios fundamentales
Para asegurar el cumplimiento del derecho a la educación de todas y cada una de las
personas integrantes de nuestras sociedades es necesario definir y adoptar un conjunto
de principios derivados de las peculiaridades políticas, sociales, económicas y culturales
de cada país. En el caso de Uruguay las opciones de organización política y la
evolución del pensamiento educativo han conducido a la elaboración de un cuerpo de
principios de prolongada trayectoria en la educación nacional. Se destacan entre ellos
los de: autonomía, democracia, gratuidad, laicidad, obligatoriedad, participación.
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Creemos conveniente exponerlos a la consideración de educadores, ciudadanos y
gobernantes, de los países de la región en circunstancias en que muchos se disponen a
re-definir las bases de sus políticas de Estado en materia educacional.
3.1 Gratuidad
Por gratuidad entendemos mucho más que la exoneración de gastos de matrícula. Niños
y adolescentes tienen derecho a recibir del sistema educativo y, en ciertos aspectos, del
sistema social todos aquellos medios requeridos para culminar con éxito sus procesos de
aprendizaje. Los presupuestos nacionales deben incluir las partidas necesarias para
ampliar la dotación de alimentos, útiles escolares, textos de estudio, atención sanitaria, y
otras medidas que permitan garantizar la igualdad de oportunidades, especialmente en
beneficio de los menos favorecidos.
Al grave incremento de las situaciones de pobreza ha de corresponder el
correspondiente aumento de la capacidad de los sistemas educativos para contribuir a
neutralizarlas, específicamente en los aspectos que están bajo su responsabilidad directa.
Pero deseamos que este concepto de la gratuidad no sea confundido con el mero
asistencialismo. En todas estas acciones el objetivo no es sólo proteger niños y
adolescentes sino, sobre todo, educarlos. A vía de ejemplo, un programa de
alimentación puede ser el ámbito adecuado no sólo para hacer más realistas los
aprendizajes infantiles sino para movilizar en la comunidad, siempre con propósitos
educativos, su indiscutible potencial de solidaridad.
3.2 Laicidad
Este principio, aplicado a la educación, debe ser entendido como garantía de la libre
formación de la personalidad del educando y del respeto irrestricto de su conciencia.
Los Estados no confesionales deberían disponer su aplicación en sus sistemas de
educación pública, con el fin de asegurar que los educandos se formen en plena libertad
de conciencia, tanto en los aspectos religiosos como político-partidarios.
Ello no debe dejar ninguna posibilidad abierta a la prédica en los centros educativos de
cualquier forma de adoctrinamiento, ni tampoco de ateísmo ni de estímulo al
apartamiento del futuro ciudadano de sus deberes y derechos políticos.
Preconizamos la neutralidad religiosa y político-partidaria pero, a la vez, creemos que
los educandos, según su nivel de madurez, han de recibir como parte del currículo
normal información objetiva sobre la presencia del hecho religioso en el pensamiento,
en la historia y en el arte de los pueblos, así como sobre las grandes corrientes de ayer y
de hoy inspiradoras de la vida política de nuestro pueblo y de la humanidad en general.
También creemos que la educación pública debe impulsar entre los educandos, los
valores cívicos inherentes a las formas democráticas de gobierno, así como la igualdad,
justicia social, libertad y respeto irrestricto a los derechos humanos.
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3.3 Autonomía
Entendemos que la vigencia del principio de autonomía, ubicado en el marco de un
sistema de educación pública integrado, con competencias institucionales claramente
definidas y respetadas, facilita la articulación y coordinación de políticas públicas y el
cumplimiento de los fines de la educación pública. Por el contrario, situar al sistema
educativo bajo dependencia estricta del poder ejecutivo acentúa el riesgo de
contaminación con manifestaciones no deseables de la política partidaria.
Según nuestra conceptualización, la educación pública tiene como propósito principal
contribuir al pleno desarrollo de la personalidad del educando, permitiéndole incorporar
críticamente la herencia cultural de la Humanidad y los conocimientos que necesita para
desempeñarse como ciudadano. Para formar seres libres y ciudadanos activos en una
sociedad democrática, la educación debe estimular y defender la autonomía individual
de las personas. Todo ello supone que pueda regirse autónomamente, generando
espacios educativos que formen en y para la libertad, la responsabilidad y la solidaridad.
Ello no obstante, hoy es razonable sostener que la autonomía absoluta de la educación
en el seno de la sociedad no es posible ni deseable. La historia demuestra que cada
sociedad configura un proyecto político que no puede ser ignorado y menos contradicho
por la función educativa. Cuando se defiende el principio de autonomía no se trata,
pues, de divorciar la educación de la sociedad sino de poner la educación a salvo de la
política contingente, más concretamente de cualquier eventual sectarismo partidario.
3.4 Participación
Por lo que hace al principio de participación, entendemos que debe ser puesto en
práctica a los efectos de facilitar a los educadores y las comunidades educativas en su
conjunto mecanismos idóneos para expresar sus opiniones y propuestas respecto a la
marcha de la educación en el seno de cada sociedad.
Pese a que nadie debiera poner en duda el derecho de los docentes a hacerse oir en los
temas inherentes al ejercicio de su profesión (derecho, por otra parte, repetidamente
señalado por los organismos internacionales competentes) los educadores han
encontrado tradicionalmente fuertes obstáculos para que sus deliberaciones y propuestas
sean tomadas en cuenta por las autoridades de la enseñanza y los gobiernos nacionales.
En el caso de Uruguay, el legislador ha reconocido este derecho creando las Asambleas
Técnico Docentes (ATD) como órganos asesores de las autoridades de los distintos
niveles del sistema educativo.
Consideramos conveniente tomar en cuenta este mecanismo de participación y explorar
al mismo tiempo otros que permitan a la comunidad educativa en su conjunto, y no sólo
a los docentes, expresar sus opiniones sobre la marcha de la educación nacional.
Nuestra experiencia con las formas participativas en el gobierno de la educación y el
interés de la sociedad en la misma, reforzado por el debate educativo y el congreso
nacional de educación, nos impulsa a proponer que se otorgue a las comunidades locales
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roles precisos de asesoramiento en todos los centros educativos, alimentando así de
forma efectiva los nexos que vinculan la educación con la democracia.
El deseado fortalecimiento de los centros educativos, el sentido de pertenencia de
alumnos y docentes –base a menudo del buen aprendizaje-, la eficiencia mayor en el uso
de los recursos, la necesaria adaptación de los principios pedagógicos y didácticos a las
realidades concretas, todo ello puede ser impulsado por el asesoramiento de las
comunidades locales, sin descuidar nunca la función que la educación debe cumplir en
pro de la unidad nacional.
3.5 Democracia
En fin, y sin que mencionarlo por último signifique darle menos importancia,
consideramos que la educación, en su conjunto, ha de ser fiel al principio de
democracia. La historia universal está llena de episodios, todos ellos dolorosos, en que
la educación ha sido utilizada como vehículo de dogmatización, de discriminación, de
transmisión de odiosos patrones de conducta, de sojuzgamiento del pensamiento libre.
De hecho, muchas veces se ha llamado educación a lo que no era más que contraeducación o anti-educación.
Afortunadamente, en América Latina y el Caribe los valores más vastamente
compartidos son los de la democracia, como forma de organización política y también
como espíritu rector del relacionamiento y del actuar ciudadano. De modo que resulta
natural fomentar que los órganos rectores de la enseñanza y los centros bajo su
dependencia sean democráticos, en su organización, en sus métodos, en sus relaciones
internas y con la sociedad entera y sobre todo en los contenidos de sus enseñanzas.
Se dará así a educadores y educandos no sólo la oportunidad de aprender democracia
sino también de vivir en democracia, de contribuir con espíritu a la vez creador y crítico
a su consolidación. Deseamos que todo egresado del sistema educativo nacional sepa
vivir en democracia, conscientemente convencido de que su defensa y
perfeccionamiento es cosa de todos y de todos los días.
4. Comentarios de cierre
El futuro de la humanidad se anuncia favorecido por los múltiples bienes que las
ciencias, - todas ellas, las humanas, las sociales y las naturales – pueden aportarnos. Se
anuncia igualmente cargado de riesgos, pues las aplicaciones tecnológicas del
conocimiento científico pueden responder a intereses reñidos con el bienestar, la paz y
la felicidad de todos.
Pero no caben dudas: la educación no es ajena a este tema, todo lo contrario. Ella ha de
ser la garante de que todo joven – y no sólo aquellos que asisten a los cursos de
formación técnico-profesional - egresen de las aulas con dos competencias esenciales:
un amplio y fundamentado conocimiento de las diferentes ciencias, y la capacidad
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crítica de pensar y vivir en armonía con los fundamentos éticos y sociales de las
ciencias y de sus aplicaciones tecnológicas, de manera de hacer de ellas vectores
positivos del desarrollo humano individual y colectivo.
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