LAS RELACIONES SOCIALES EN EL TRABAJO SOCIAL DESDE EL

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LAS RELACIONES SOCIALES
EN EL TRABAJO SOCIAL
DESDE EL
PARADIGMA DE LA FRATERNIDAD
Rolando Cristao1
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Licenciado en Trabajo Social. Magister en políticas sociales y sociología. Doctorando en Ciencias Sociales
(FLACSO). Docente adjunto en la Cátedra de Políticas Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales – Universidad
del Salvador. Investigador y miembro titular de la red internacional de Ciencias Sociales y Trabajo Social “Social
One”. La presente ponencia fue presentada en el Seminario “Fraternidad y Sociedad” en el 2010 organizado por la
Universidad de de Tucumán, Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Universidad de San Pablo, la
Universidad Tecnológica Nacional, el Gobierno de Tucumán y la Red de Estudios para la Fraternidad.
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Introducción
Nos encontramos en un cambio epocal en las ciencias sociales y en el trabajo social
donde viene apareciendo un valor que si bien nació junto con los otros dos: el de la libertad y la
igualdad, no tuvo un desarrollo teórico y tampoco fue operacionalizado en las distintas ciencias
como los otros dos, nos referimos a la “fraternidad”. Tal vez ha tenido una mayor
profundización en la filosofía y desde esta rama del saber se están produciendo interesantes
aportes que van haciendo ver la irrupción de este principio como orientador del desarrollo
teórico-práctico-metodológico de otras disciplinas.
Los paradigmas anteriores del Trabajo Social se han basado en los valores de igualdad
y libertad, baste pensar a los principios éticos de la profesión que dio lugar a
operacionalizaciones de otros valores fundamentales como la individuación, autodeterminación
y respeto de la persona. El nuevo paradigma emergente se apoya en estos valores, los incluye
y los trasciende, dado que el principio de fraternidad supone los otros dos ya que las relaciones
de fraternidad se basa en el respeto por las libertades y el reconocimiento de la igualdad de
cada persona.
El principio de la fraternidad se puede conceptualizar en las siguientes categorías de
análisis a modo de vectores que ayudan a operacionalizar este principio en las ciencias
sociales en general, en las políticas sociales y en el trabajo social en particular. Estas
categorías de análisis o dimensiones del principio de fraternidad en las ciencias sociales son:
1.La persona, 2. La relación social, 3. La reciprocidad, 4.La unidad y distinción, 5. El don y 6. La
comunión. Cada uno de estas categorías ofrecen importantes aportes a una nueva teoría para
las ciencias sociales en general, para la política social y para el trabajo social en particular.
Pasamos a expresar a continuación el desarrollo de estas seis categorías de análisis.
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1. La persona: ser en relación
El paradigma de la fraternidad nos da una nueva visión del ser humano, caen aquellas
que no lo han puesto en su verdadero lugar como persona de inmensa dignidad y
corresponsable de su promoción social, dignidad que se traduce en un profundo respeto por el,
por sus potencialidades, capacidades, autodeterminación de su vida, su plena participación en
la gestión de su promoción. Esta visión de la persona rompe en la intervención profesional con
la perspectiva que el trabajador social puede tener de la persona-sujeto-de-intervención como:
un cliente: porque el otro es persona y no objeto de intercambio comercial, un asistido: porque
es capaz de ser sujeto de su propia promoción y no un pasivo receptor de asistencia, un
beneficiario: porque no es objeto de la beneficencia (visión benefactora) de los demás sino
promotor de su propio destino, objeto de intervención: porque el otro no es un objeto sino
sujeto de su transformación y crecimiento.
Nos preguntamos qué novedad porta esta visión de la persona para el trabajo social? sin
duda al considerar al otro en esta perspectiva nuestra intervención cambia, porque es sobre
todo la dignidad del hombre la que nos impulsa a trabajar con el otro sabiendo que es co-sujeto
de la acción social y no objeto de esta. Esta perspectiva de co-sujeto de la acción social, le da
a la persona la plena y más intensa participación en su promoción y desarrollo, rompe con el
paternalismo y con el asistencialismo del trabajador social y el clientelismo de las políticas
sociales. Pero es necesario el coraje de poner al otro en su verdadero lugar, como sujeto y no
como objeto, en definitiva como persona.
Desde el punto de vista del abordaje se tiene en cuenta a la persona en el seno de una
red de relaciones interpersonales principalmente las relaciones familiares, el abordaje individual
se transforma en abordaje de la persona-en-la-relación-familiar. La unidad de atención del
trabajo social son los hombres, individualmente, en grupo o en comunidades, pero para el
paradigma de la fraternidad la visión del hombre es la del hombre-en-relación. La realidad
concreta en la que se encuentran es nuestro punto de partida, no la realidad ideal. En este
sentido la visión de la persona como acabamos de ver nos da una llave de lectura para
interpretar y conocer, para comprender junto al cosujeto la forma de resolver los problemas,
justamente estableciendo con él una relación de mutua empatía.
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Esta visión del cosujeto nos ayuda a aceptarlo tal como es y en la situación en que se
encuentra y realizar un proceso de individuación, ya que toda persona, grupo o comunidad,
como singularidades tienen atributos particulares. Individualizar significa: determinar quiénes
son las personas con las cuales el trabajador social actúa, en qué situación se encuentran esas
personas, cómo llegaron a encontrarse en esa situación particular, qué alternativas de solución
eligen para esas situaciones problemáticas y cuales son factibles de que lleven adelante, con
qué recursos cuentan para superar la problemática sociales que tienen.
Personas, grupos y comunidades tienen necesidades de ser reconocidas como tales,
como personas que valen, con sus virtudes y sus problemas y no como una categoría de
estudio. El trabajador social nunca se enfrenta a una situación problema en abstracto,
independiente de las personas a las que afecta. Esto le exige asumir una identificación
empática, es decir ponerse en la situación del otro, siendo capaz de objetivar tal relación para
poder reflexionar, interpretar y explicar la realidad en la cual se encuentra el cosujeto. El
objetivo de esta identificación empática es lograr una intervención conjunta con las personas
cuyo fin es una acción transformadora de la situación problemática.
El principio de la dignidad de la persona humana es el principio base del trabajo social el
cual implica el respeto de la persona(del grupo y de la comunidad) y aceptarlo
así como es ,
reconociendo su valor cualquiera se la circunstancias en las cuales estos hombres se
encuentren. El respecto del otro es antes que nada respeto por su matriz cultural, histórica,
social, espacial, comunicacional, etc. y para poder estar de frente al otro para realizar una
interacción de en al cual se pueda dar una identificación empática efectiva es necesario saber
escuchar, saber interpretar desde donde el otro se expresa. Por lo tanto el saber escuchar es
una actitud fundamental, que implica el saber callar para que el otro pueda expresarse.
El paradigma de la fraternidad nos enseña que la aceptación del otro así como es tiene
su raíz en la dignidad humana y en sentir a los otros como nuestros semejantes. La convicción
de que el hombre es un ser social conlleva a afirmar que los seres humanos nos realizamos en
la medida en que vivimos nuestra dimensión social. Pero no nos realizamos en cualquier tipo
de relación social sino aquel tipo de relación que nos hacer “ser” personas. Según el paradigma
de la fraternidad la persona es un ser en relación, es decir somos en la medida que nos
donamos a los demás. En este sentido el “ser” es siempre una posibilidad. Hacer que esa
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posibilidad esté al alcance de todos los hombre es una tarea del Trabajo Social junto a otras
disciplinas.
La función fundamental del Trabajo Social como disciplina es la de contribuir al pleno
desarrollo de los hombres en su proceso continuo de construirse a sí mismos como personas.
La persona es, por esencia de su naturaleza humana, relación; la necesidad de vincularnos a
otros hombres es esencial y constitutivo de la naturaleza humana. Como dice Mournier, “la
persona solo existe por el prójimo”.2
Es una función del Trabajo Social transformar las estructuras sociales que no favorecen
el desarrollo de las personas en estructuras que tiendan a la convivencia, adaptadas a las
necesidades, intereses y aspiraciones de las personas. El trabajo social debe contribuir a
transformar individuos que viven en un espacio común en vecinos de una comunidad; crear
relaciones sociales de comunión, de solidaridad, de cooperación y servicio mutuo entre los
hombres propiciando una sociedad donde todos puedan satisfacer sus necesidades,
generando así una sociedad donde cada persona pueda desarrollarse.
2. La relación social
La relación social es el cauce de todo el proceso del trabajo social: a través de ella fluye
la movilización de las posibilidades del cosujeto y de los recursos de la comunidad; constituye
el canal de la habilidad para las entrevistas, la investigación, el diagnóstico, la programación y
la praxis social tendiente a la resolución de la problemática de la persona, grupo o comunidad
en cuestión. El otro es un sujeto de su propia promoción, por ello en la relación con el
trabajador social se potencia su promoción porque éste facilita, orienta, apoya, educa, y es en
esta reciprocidad que nace la solución para los problemas del otro. Es por ello que el otro al ser
sujeto y no objeto de intervención se convierte en un co-sujeto-de-la-acción-social.
La visión del otro como co-sujeto - y no como cliente, asistido, beneficiario, destinatario
u objeto de intervención - ya hace que sea puesto en su justo lugar; la forma de relacionarnos
con el otro, teniendo nosotros esta visión de él, es lo que hace que se promocione, porque en
las relaciones sociales los otros nos hacen ser, yo con mi percepción del otro puedo generar al
2
Mounier, Emanuel, El personalismo. Buenos Aires, Eudeba. 1962.
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otro: si le doy confianza, mi respeto, con una fuerte dosis de empatía. Pero también puedo
privar al otro de crecimiento si lo considero un mero objeto de mi intervención, si no sé
descubrir en el otro la grandeza de su dignidad y perfectibilidad innata en toda persona. Es por
ello que nuestra visión del otro lo puede generar o en cierta forma estancar en su crecimiento y
desarrollo humano. Ver al otro como co-sujeto quiere decir verlo como uno al cual estamos al
lado, ni por debajo ni por encima sino a su lado acompañándolo en su pleno desarrollo y
crecimiento, orientándolo, guiando, promocionando, fortaleciendo, potenciando, desarrollando,
estimulando, motivando todo lo que el otro tiene dentro.
Comprender que cada persona es sí misma en el acto recíproco de donarse a los
demás nos abre caminos impensados en el Trabajo Social, ya que nos orienta en el camino de
la promoción social, cuyo medio es establecer con el cosujeto una relación fuerte de empatía a
través de la cual surgirán las soluciones a las problemáticas sociales, sean éstas sentidas o
inadvertidas por el él. En Trabajo Social decir que somos personas porque nos donamos
implica romper con la visión asimétrica de asistente-asistido para convertirse en una relación
entre el trabajador social y el cosujeto, ambos con capacidades de establecer una relación de
donación de talentos propios de su cultura, historia, etc. que se vinculan con un objetivo: buscar
juntos la solución de los problemas del cosujeto, su familia o la comunidad en la cual se
encuentra.
La realización humana, y por lo tanto del cosujeto, se basa no en tener más sino en
donarse más. El ser consiste en donarse, se es más mientras más nos donamos. Esto en el
trabajo social tiene enormes consecuencias. Las ideologías que fomentan el consumismo nos
han llevado a pensar que el trabajador social debe conseguir “cosas” para el cosujeto en vez de
comprender que es por sobre todas las cosas una relación de empatía, donde a través de un
profundo entrar en él debemos lograr motivar la capacidad de donación que existe en el
cosujeto, una vez logrado esta movilización interior él se encuentra en condiciones de empezar
a buscar, junto con el trabajado social, las alternativas de solución a sus problemas, el de su
familia o el de su comunidad.
El trabajo social quiere decir acercase al cosujeto siendo el otro, vivir la vida del otro, sin
este esfuerzo por salir de los propios esquemas mentales para entrar en los esquemas del otro,
todo trabajo social será un mero aproximarse al otro pero nunca haberlo comprendido
verdaderamente y por lo tanto no se logrará resolver profundamente su problema. Existe una
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actitud que nos ayuda a entrar y comprender (com-prendere= tomar dentro, introducirse en el
otro) profundamente al otro que se puede expresar como: “hacerse uno”, esto quiere decir
ponernos en el lugar del otro, cuando? en el momento presente, cuando lo estamos
escuchando.
Esta actitud quiere decir trasladarnos en el cosujeto poniendo a un lado todo lo que
somos, por eso para vivir esta actitud es necesario una condición previa que se puede
denominar: hacer el vacío, el vacío de nuestros pensamientos, ideas, opiniones, posibles
soluciones que se nos ocurren, para dejar que el otro penetre profundamente en nosotros, sin
pensar en las soluciones a dar a su problema mientras él está hablando. Si hacemos así,
comprobaremos que cuando ha terminado de hablar, nos viene la solución a su problema, no
por nosotros, sino porque hemos establecido con el otro una relación empática y este tipo de
relación moviliza enormemente los potenciales de creatividad de las personas; además porque
el otro habrá podido expresar acabadamente todas sus alternativas de solución a sus
problemas. Esta es una técnica de resolución de problemas sociales sumamente efectiva, que
nace del "hacernos uno" con el cosujeto.
3. Unidad y distinción
Las categorías de unidad y distinción en las relaciones del trabajador social con el cosujeto, desde el abordaje individual, grupal o comunitario nos da una perspectiva fundamental
para poder abordar adecuadamente la acción social necesaria para poder dar solución a los
problemas sociales. De hecho vemos el paradigma de la fraternidad nos ayuda a reinterpretar y
orientar muchos errores que cometemos en el trabajo profesional y que nos viene de una
cultura individualista, mercantilista y utilitarista de la relación social que lamentablemente a
veces ha pasado también a ser habitual en nuestras relaciones sociales profesionales.
La singularidad de la persona como ser humano único e irrepetible se refleja en la
relación entre trabajador social-cosujeto en el sentido que aquel debe ser consciente de esta
cualidad de la persona humana y reconocer y comprender su singularidad, lo cual va más allá
de apreciar solo su individualidad, es entender las bases sociales de la construcción y el
despliegue del ser persona. Singularidad y socialidad se implican mutuamente dado que la
distinción y unidad son constitutivos de la persona humana, toda persona esta llamada a la
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unidad que se construye a través de la socialidad en la distinción. El trabajador social debe
abordar al cosujeto teniendo en cuenta su singularidad pero a la vez también entenderá que
cada persona forma parte de una familia, grupo o comunidad, por lo tanto su abordaje debe
considerar también a su grupo familiar como un todo, una unidad, con características propias.
Analizando algunos aspectos sobre la unidad y distinción vemos que tienen enormes
consecuencias y desarrollos para el trabajo social. En la relación uno es sí mismo porque
afirma al otro: es decir que no soy yo mismo cuando me afirmo y defiendo de los demás sino, al
contrario, es cuando afirmo al otro que yo soy mi mismo. Esto tiene una enorme consecuencia
en la relación con el co-sujeto, comprender profundamente que yo como trabajador social debo
afirmar al co-sujeto en su promoción y lograr que se desprenda de mi lo más pronto posible en
cuanto educador y orientador social, para que sea autogestor de su destino. Esta actitud del
trabajador social es de profunda promoción diametralmente opuesta al paternalismo,
asistencialismo y clientelismo, tres falsas soluciones a las problemáticas sociales ya que son
diametralmente opuestas al proceso de promoción.
Afirmar al otro es un objetivo fundamental del trabajo social, de hecho el rol de
trabajador social es el de hacer que el individuo, el grupo o la comunidad se afirmen siempre
más en búsqueda de la autogestión y autopromoción. En este sentido busca siempre generar al
otro de tal manera que no se apoye en muletas asistenciales sino que se convierta en actor de
su propia historia es siempre el objetivo que está a la base de cada acción social. La relación
trabajador social – cosujeto es siempre de unidad y distinción, es decir entre ambos debe
lograrse una vinculación fuerte pero sin caer en la uniformidad sino que cada uno debe
mantener su identidad.
El trabajador social es el que acompaña y el cosujeto es el que colabora en ese
acompañamiento para lograr su autogestión y promoción, ninguno se apoya en el otro, ni
genera la dependencia sino que cada uno dona lo que le es característico en el proceso de
promoción: el trabajador social su capacidad técnica para la resolución de los problemas
sociales y el cosujeto su experiencia y conocimiento de la realidad. Esta relación de interacción
se debe dar en todo el proceso, desde el diagnóstico de la situación problema, en la
programación de alternativas de solución, en la ejecución de las acciones y proyectos sociales
y en la evaluación de los mismos.
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Existe una fuerte diferenciación entre ambos actores, uno no es el otro. Cada uno es sí
mismo a través del otro es decir el trabajador social es sí mismo a través del cosujeto; es decir
que la identidad del trabajador social en el proceso de intervención está dada por la posición
que aquél le atribuye a éste y viceversa. Si el trabajador social considera al cosujeto como un
hijo asumirá el rol de padre, y su intervención será paternalista; si lo considera cliente asumirá
el rol de “vendedor de servicios, y su intervención será clientelar; si lo considera beneficiario,
asumirá el rol de benefactor, y su intervención generara dependencia; si lo considera
destinatario, se limitará a “bajar” ciertos recursos del Estado o de otros organismos, y su
intervención generara pasividad. En vez si lo considera una persona plenamente participante
en su proceso de promoción y por lo tanto co-sujeto de la acción social transformadora, se
pondrá en el rol de uno que orienta, acompaña, pro-mueve y co-labora en esa transformación.
La distinción en la relación social del trabajo social preserva y tutela la identidad de cada
uno, el cosujeto es el co-partícipe en la acción transformadora que conlleva su promoción
social, el es plenamente co-responsable. La verdadera promoción del cosujeto consiste en
fortalecer siempre más su ser autónomo en cuanto a su capacidad de decidir y actuar, para que
pueda valerse de sus propios recursos con el fin de alcanzar su bienestar. Esta promoción
social es el objetivo del trabajo social, y por lo tanto la relación social que el trabajador social
establece con el cosujeto tiene ese objetivo. Este objetivo se logra a través de la relación con el
cosujeto, no existe otra forma, pero no a través de cualquier tipo de relación, sino mediante una
relación agápica, es decir de comunión.
La relación de unidad y distinción genera una actitud fundamental que es la coresponsabilidad. El cosujeto es el responsable de su transformación y la de su entorno para
lograr su promoción social y su realización, pero también esa responsabilidad es la de la
familia, grupo, comunidad y sociedad donde vive. Es decir que hay una responsabilidad
compartida o dicho de otra manera existe en las relaciones sociales una corresponsabilidad.
Esto lo podemos expresar diciendo que cada uno debe hacer toda su parte, en este sentido
podemos definir la corresponsabilidad como: la totalidad de los esfuerzos que cada una de las
partes puede realizar de acuerdo a sus propios recursos para superar la situación-problema en
la cual se encuentra el cosujeto.
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Es este tomar en serio al cosujeto lo que hace que el trabajador social nunca pueda
asumir la actitud de obligar o forzar al cosujeto a tomar una decisión o cambiar una actitud.
Tomar en serio el protagonismo y la totalidad de la participación del cosujeto en la
transformación de la realidad implica por parte del trabajador social nunca “saltar” la
participación del cosujeto en ese proceso de transformación. En el proceso de transformación
de la realidad los dos miembros de la relación deben donarse totalmente cada uno
interactuando según su característica y ofreciendo a la otra parte lo que le es propio como
aporte a ese proceso de transformación social. Ninguno de los dos puede actuar como si fuera
indiferente lograr la acción transformadora sin la participación de la otra parte. El proyecto
social que llevará a la resolución del problema planteado no podrá realizarse sin la cooperación
entre ambos actores.
Esta especie de alianza es el fundamento de la libertad en la relación, esa libertad es
constitutiva de toda relación humana, y en la de trabajador social - cosujeto debe ser de dos
partner que se encuentran para resolver un problema: el del cosujeto. El cosujeto es verdadero
responsable y protagonista de su transformación, constructor de su propio destino y de la
historia. La función del trabajador social en este proceso es la de sostener al cosujeto para que
crezca, se desarrolle y se realice a sí mismo, junto a su familia y en su comunidad.
En la práctica, se da que en la interacción, una vez lograda la empatía mutua entre
cosujeto y trabajador social, se vivencia la unidad y distinción “al mismo tiempo”; esta unidad y
distinción en el plano de la reflexión conjunta que la tarea de resolución del problema comporta
es pensamiento y acción a la vez, es decir tanto el pensar como el actuar se basa en una
relación social de unidad y distinción entre cosujeto y trabajador social. Este grado de
profundidad en la relación hace que cada uno sea “el” mismo: de otra forma se caería en la
asimilación3 o en la sumisión, en la uniformidad o en la homologación, todas formas de
distorsión en las relaciones sociales, por lo tanto relaciones que no generan crecimiento y
desarrollo personal, ni interpersonal y por lo tanto tampoco comunitario. Estas cuatro formas de
distorsión de la relación social del trabajo social se da cuando el trabajador social no tiene claro
que la relación que debe construir con el cosujeto es de unidad en la distinción. Si no se logra
una verdadera unidad no se logra una verdadera distinción y viceversa. Lo que caracteriza una
3
Proceso de adaptación entre dos o más grupos o núcleos, en que uno de ellos, el más numeroso, o el más
poderoso o influyente, va imponiendo en forma imperceptible sus opiniones y a expensas de la pérdida de
individualidad de los grupos minoritarios que dejan de ser una unidad separada e identificable.
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relación social de unidad plena entre ambos actores, es que “ella implica siempre unidad en la
distinción, unidad que refuerza no solo la simbiosis4 sino también las respectivas identidades.
La reflexión común es una práctica relativamente nueva en las ciencias sociales y en
Trabajo Social en particular, si bien forma parte de los fundamentos doctrinales que subyace a
los principios de la disciplina, no ha encontrado base de sustentación en los paradigmas
tradicionales del Trabajo Social. El paradigma de la fraternidad pone a la base de su reflexiónacción la práctica de la reflexión común, es decir que ésta es la manera en la cual se diseñan,
programan y se ejecutan las alternativas de solución a las problemáticas sociales que surgen
de la demanda social. Es a través de ésta práctica del pensar juntos, valiéndose de
metodologías adecuadas, que surge la comprensión de los fenómenos sociales, los cuales son
integrales, no individuales; por lo cual necesitan ser observados e interpretados en forma
colectiva; mediante esa comprensión-colectiva se logra la explicación de los fenómenos
observados.
El modelo de pensamiento, del pensar la praxis, de comprenderla, no puede estar
desligado del modelo antropológico con el cual actuamos. En este sentido la integralidad de la
persona (no hablamos de individuo) y su actuar en relación con las otras personas en su
familia, en su grupo de referencia, en el barrio, en la comunidad, implica un modelo de abordaje
también integral. En el pensamiento esta integralidad se expresa en la reflexión común, no solo
como esfuerzo de comprensión profunda de la realidad compleja sino como el deseo y el
querer grupal y comunitario, el cual es interpretado y desarrollado como una unidad racional.
Es esta unidad racional fundada en la distinción racional de los integrantes del grupo
que expresa ese pensamiento basado en el querer comunitario (interrelación grupal o
comunitaria). A mayor distinción racional mayor profundidad en la comprensión, a mayor
interacción empática mayor profundidad en la comprensión. El ejercicio de este método de
comprensión de los fenómenos llega a estados en los cuales se puede hablar de una cierta
unidad en el pensamiento, no porque todos piensen igual sino justamente porque en la
diversidad racional de cada uno se llega a la comunicación plena de las racionalidades
personales lo cual hace surgir una comprensión superadora de las individuales.
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Entendemos por simbiosis la interacción de dos o más personas en cuya acción los implicados se benefician
mutuamente de dicha interacción.
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La unidad no solo no anula al individuo sino que el tipo de interacción de la unidad en la
distinción hace que éste descubra que su ser más pleno está dado en esa unidad con los otros;
descubra que es en la medida en que se dona, dado que es la donación lo que lo hace ser
persona. Es en la unidad que cobra sentido la individualidad de cada uno, en vez cuando ésta
no existe desaparecen las marcas de referencia del camino hacia donde las personas, grupos y
comunidades deben encaminarse para lograr el pleno desarrollo. El camino del desarrollo
personal, grupal, comunitario y social tiene un método que es necesario seguir para poder
lograrlo y es el método que nos brinda el paradigma de la fraternidad en su dimensión de
unidad y distinción, esta dimensión se expresa en la mentalidad grupal que llamamos reflexión
común.
Como hemos explicado esta unidad de pensamiento o mentalidad grupal a la que
podemos llegar en el grupo (siempre es un camino a realizar) es un pensamiento que forma
parte de todos y ninguno puede atribuírselo como propio ya que nace de la puesta en práctica
de la reflexión-común-empática. Esta racionalidad comunitaria no se da de cualquier manera ni
es el mero pensar juntos un proyecto común, sino que necesita de la puesta en práctica de las
relaciones sociales empáticas entre los miembros del grupo. La unidad entre las personas se
basa en ese tipo de relaciones y es en el seno de esa unidad que se percibe la realidad de una
manera distinta, profunda, se alcanza una comprensión compleja, que de otra manera sería
imposible de lograr.
La dimensión de la unidad en la distinción se nutre de la valoración del otro, del respeto
por sus ideas y de la profunda convicción de las propias limitaciones para alcanzar la verdad
sobre uno mismo y sobre la realidad social. De esta convicción surge la valoración de las ideas
del otro, de una actitud de escucha y vació profundo de frente al otro apreciando los aportes
alternativas propuestas por cada uno.
4. La reciprocidad
El tener en cuenta la reciprocidad en el trabajo social nos abre una ventana
extraordinaria hasta ahora inexplorada y no tenida lo suficientemente en cuenta en nuestra
profesión ya que estamos muy marcados por otros paradigmas o modelos de abordajes que
nos han subrayado sobre todo el tipo de relación unidireccional.
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En vez si comprendemos que el otro es sujeto y no objeto “de intervención”, podemos
realizar una relación de interacción de ida y vuelta, y por lo tanto con inesperadas
consecuencias y desarrollos, ya que cuando el yo sale de sí mismo para ir hacia el otro y esto
es recíproco entre co-sujeto y trabajador social,
surge una tercera realidad que supera y
trasciende (pensar es donar) a los dos y surge una tercera idea fruto de la interacción. Esto es
hacer participar en la forma más intensa al co-sujeto en su promoción. Este es un proceso que
se debe realizar en todas las fases del proceso metodológico de nuestra intervención: el cosujeto debe interactuar desde el diagnóstico de su situación, en el diseño de las alternativas de
solución a sus problemas, en la ejecución y evaluación de los proyectos. Podemos afirmar que
las personas construyen relaciones sociales de comunión cuando viven: con los otros, por los
otros, en los otros y gracias a los otros.
No es suficiente estar “con” para vivir una relación social de comunión porque podría
significar un simplemente estar juntos o al lado uno de los otros. No basta ni siquiera que uno
viva “por” los otros, en cuanto esto constituiría solamente un primer paso hacia la comunión
que exige la reciprocidad. Es solo la conjunción de estas cuatro actitudes indicadas las que
producen una autentica reciprocidad.
La reciprocidad en el marco del Trabajo Social se da en varias dimensiones: en la
relación Teoría – Praxis – Método, en la forma de abordaje profesional: caso individual –
trabajo social familiar o grupal y trabajo social comunitario. En efecto no existe un abordaje
social que apunte a una transformación profunda en la sociedad si no es teniendo en cuenta al
hombre en forma individual, pero eso no basta, es necesario que se tenga en cuenta el grupo
donde vive y la comunidad en la cual se encuentra ese grupo familiar.
El proceso de reciprocidad en la relación entre el trabajador social y el cosujeto
(persona, grupo o comunidad) se debe dar en todo el proceso: diagnóstico, programación,
ejecución y evaluación de las acciones tendientes a la resolución de la situación problema. Esta
reciprocidad, como expresa LeRoy,
se genera por una escucha profunda de parte del
trabajador social que hace que los datos que aporta el cosujeto vuelvan a el en forma de
interpretación y estos datos interpretados que llegan al cosujeto por parte del trabajador social
generan nuevas ideas y aportes de aquel que da al trabajador social y así se genera un
proceso dinámico en forma de espiral que va generando el proceso de resolución de la
situación problema. Sin esta reciprocidad no existe la posibilidad de resolución de la situación;
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dado que la solución no se encuentra en la cabeza del trabajador social sino que es en éste ida
y vuelta de ideas de ambos actores que se van encontrando las alternativas de solución.
Cuando ambos actores (sea el cosujeto una persona, un grupo o una comunidad) se
reúnen con el objetivo sincero de interactuar para establecer una relación social con el objetivo
de lograr la resolución del problema planteado y cada uno aporta lo que le es propio y se
esfuerzan en hacer un vacío profundo el uno de frente al otro en términos de dejar de lado
prejuicios, preconceptos, ideas preconcebidas, modos de actuar, soluciones a dar; entonces se
genera el proceso de reflexión común y consecuencia de esa relación empática y de mutuo
compenetración de los actores. A ese estado o clima que se genera por la recíproca empatía lo
llamamos tertium. Con esta palabra se define ese clima particular, esa atmósfera que se
genera por la empatía recíproca entre trabajador social y cosujeto en la cual se establece la
presencia de un pensamiento en común a través del cual surge la verdadera lectura de la
realidad, la investigación diagnóstica, la programación, la ejecución y evaluación.
La relación social óptima para el desarrollo interpersonal y grupal en términos de
intervención del Trabajo Social es la relación social de reciprocidad empática que lleva a la
intersubjetividad de los actores, a la comunicación profunda, a la mutua in-habitación que lleva
a la comunión. Es en ese “clima” particular, en ese tipo de “atmósfera” que se desarrolla el
proceso de promoción social profundo que el trabajador social y cosujeto persiguen. “Unas
relaciones cuya característica esencial es la interacción dinámica del cosujeto y el trabajador
social”.
... las mismas relaciones se convierten en un nuevo medio ambiente de tipo
constructivo, dentro del cual se le ofrece al cosujeto una oportunidad para esforzase por hallar
una solución mejor”.5
5
Robinson, Cambios sociológicos en el trabajo social de casos, pag. 150. Nótese en esta párrafo la importancia de
“ese clima” particular que se debe crear entre el trabajador social y el cosujeto que denominamos “Tertium”, y que
aquí el autor citado llama “un nuevo medio ambiente de tipo constructivo”. Tres palabras son fundamentales en esta
frase: “nuevo”:dado que es un clima que entre trabajador social y cosujeto se genera y en cada encuentro es nuevo,
es decir no se puede apoyar la relación en una relación anterior o en una interpretación del trabajador social hecha
una semana atrás, dado que en el encuentro del momento presente entre cosujeto-trabajador social se generan
nuevas propuestas, nuevas alternativas de solución a la situación problema planteada y esto es así por el hecho que
la relación social de cualquier tipo es dinámica, es esta característica de novedad que le da a la relación la
posibilidad de que vaya creciendo y fortaleciéndose en cada encuentro o entrevista. La otra palabra fundamental de
esta frase es: “medio ambiente”: el término expresa muy bien lo que se crea cuando se trata de que la relación social
entre trabajador social y cosujeto sea basada en la empatía recíproca, es ese medio ambiente particular en el cual
surgirán las “ideas” que en otro encuadre de tiempo y espacio no surgirán, no porque el cosujeto no sea capaz de
auto-determinar su destino sino porque en la situación en la cual se encuentra no tiene las herramientas necesarias
para salir solo de su situación, es por ello que acude al trabajador social, pero en cuanto se establece esa
“atmósfera” particular entre él y el trabajador social se dan las condiciones necesarias para la “reflexión común”, para
“pensar juntos” , este “medio ambiente” que deben crear el trabajador social y el cosujeto es el ámbito de interacción
dinámica donde encontrarán juntos la solución a la situación problema planteada por parte del cosujeto (sea una
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El Tertium definido como esa atmósfera particular que se crea entre los actores de la
intervención y que es un emergente de las interacciones dinámicas de reflexión común y de
empatía recíproca es, entonces, la meta a lograr en las relaciones sociales en Trabajo Social.
Ese tipo de relación es a la vez fin pero también es el punto de partida desde donde se debe
comenzar para poder generar el proceso de desarrollo social buscado. El Tertium como tercera
realidad de los dos o más actores que, mediante la reflexión común, se unen para lograr la
resolución de la problemática del cosujeto es, por lo tanto, desde donde se debe comenzar; es
el clima en el cual se debe continuar el proceso de la acción transformadora, y es la meta hacia
donde se debe llegar. Es meta en cuanto toda persona y grupo humano aspira al desarrollo
integral pleno, el cual se logra en ese tipo de relaciones sociales.
Por lo tanto las relaciones sociales de reciprocidad empática se deben establecer antes,
durante y después del proceso metodológico de intervención, porque este tipo de relación no
solamente es el medio de la promoción social sino también el fin. El trabajo social no busca la
mera satisfacción de las necesidades materiales de subsistencia de los personas que
manifiestan sus demandas sociales sino que tiene la función social de transformar las
relaciones sociales y lograr que éstas tiendan al pleno desarrollo integral de las personas.
Este desarrollo integral se logra en el seno de una comunidad donde se viven relaciones
sociales de reciprocidad empática, de donación profunda y de comunión. “Tanto en el proceso
de diagnóstico como en (los otros pasos del proceso metodológico de intervención) la relación
social en el trabajo social constituye en realidad una interacción de personalidades dinámicas
que actúan y reaccionan continuamente,... . Bien se designe este proceso como amistad,
comunicación, identificación, traslación, relación, penetración simpatizadora o empatía, intenta
siempre tender un puente a través del cual tanto el trabajador social como el cosujeto puedan
hacer pasar uno hacia el otro sus naturalezas mentales y emocionales respectivas,
convirtiéndose así en un nosotros distinto, disminuyendo el vacío que separa a los hombres, y
obteniendo un sentimiento de fraternidad.”6
Ese “nosotros” “distinto”, expresa claramente el concepto de Tertium, es una realidad
superadora de las individualidades que interactúan en la relación social convirtiendo a los
persona, un grupo o una comunidad). El tercer término es “constructivo”:este término denota la característica
movilizadora de obstáculos que debe tener la relación social en el trabajo social, es decir es una relación
provechosa, útil, productiva, generativa de alternativas de solución a la dificultad que plantea el cosujeto para
encontrar solo una solución al problema planteado.
6
Ibíd., pag. 136.
15
sujetos en gestores de una tercera realidad de la cual surgen las ideas y alternativas de
solución para la acción transformadora de la realidad en al cual el cosujeto se encuentra. Esa
realidad emergente es distinta en el sentido que es “otra realidad”, no es la suma de los dos o
más pensamientos del trabajador social y del cosujeto sino que es algo “cualitativamente”
distinto, diferente. “El trabajador social debe brindar en todo momento unas relaciones sociales
libres de prejuicios y de ansiedades, un campo virgen, preparado para la acción cooperativa
encaminada a la resolución de un problema determinado... . En la alquimia de las relaciones
entre el trabajador social y la persona…, el producto resultante depende de la interacción de los
ingredientes que proceden de ambos.”7
Este “campo virgen” en otros términos es el vacío de preconceptos y estructuras
mentales que el trabajador social debe realizar de frente al cosujeto, posponiendo
momentáneamente, sobre todo mientras el cosujeto expresa su problema, su bagaje teórico y
marco de referencia, para acoger con plenitud la palabra del cosujeto, sobre la base de este
vacío se generará la reciprocidad del cosujeto en la interacción con el trabajador social y al
volverse una actitud recíproca se generará el clima adecuado de mutua cooperación en la
búsqueda y resolución de la situación problema. Esta relación es una relación de cooperación,
es una acción cooperativa de ambos actores, esta visión de la relación rompe con toda imagen
asistencialista y paternalista en la cual muchas veces se puede caer si no se tiene en cuenta
que depende de ambos llegar a encontrar la solución de la situación problema. Este término de
cooperación expresa muy bien la actitud que ambos actores deben tener ante la situación
problema planteada, en el sentido que es juntos, aportando cada uno su parte, como se llegará
a encontrar el camino más viable para la transformación buscada.
Un aspecto fundamental de la relación es la alquimia que Shafer plantea como
característica de la interacción social entre trabajador social y cosujeto, de la cual el producto
de ella será consecuencia de los aportes que ambos hagan a dicha relación. La palabra
alquimia expresa tal vez mejor que ninguna otra el “proceso de transformación” que sucede en
la relación entre trabajador social y cosujeto cuando se ponen de acuerdo en establecer una
relación de mutua empatía, colaboración, cooperación, servicio mutuo, cuando se hace
explícito el deseo de posponer preconceptos y prejuicios el uno hacia el otro y se proponen
construir un vinculo en pos de la resolución de la situación. Cuando se dan estas
7
Carlisle y Carol Shafer: “Life, Liberty and the Pursuit of read, pag. 180. Nueva Yorg: Columbia University Press.
1940.
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características se genera un proceso de “alquimia relacional” donde nace una tercera realidad
(tertium) que no es la suma de las dos individualidades sino que es algo distinto expresado en
un proceso superador de las dos o más personalidades que interactúan en la relación. El
producto de esta relación serán ideas, alternativas, procesos, soluciones, compresiones,
nuevas y distintas a las ya generadas anteriormente.
5. La relación como don
Planteamos una nueva visión del don, del donar, no tanto como aquello que me sobra,
sino como una característica humana, como algo constitutivo del ser humano, que es
justamente lo que lo hace ser persona, el don como un aspecto fundamental de la naturaleza
humana, como una expresión de la comunión fraterna que, como hemos dicho, es lo que hace
que se establezca la relación social.
Existe una gran cantidad de autores que últimamente están poniendo en luz el don
como la característica fundamental para el desarrollo humano y realización de la persona,
desde la psicología la antropología y la sociología. En el trabajo social, sin duda debemos
romper con una visión del don como limosna a los pobres, del dar lo que me sobra, para poder
entrar en la verdadera dimensión del don como constitutivo del ser humano y requisito para
poder desarrollarnos como personas.
Sabemos que el trabajo social apunta fundamentalmente al desarrollo de las personas,
a su promoción y estimulación para que puedan hacerse cargo de su propio autodesarrollo; por
eso debemos comprender las enormes consecuencias que tiene la visión adecuada del don en
el sentido de enseñar a las personas a donarse recíprocamente, aún en la pobreza. Porque de
lo contrario jamás comprendemos que todos tenemos cosas para donar, desde el tiempo, los
talentos, las capacidades, etc.
Comprender que es el donarse lo que hace que el otro se desarrolle rompe con una
visión asistencialista del trabajo social y nos centra profundamente en la autopromoción de las
personas; y en el caso en que se realice la asistencia será un medio para alcanzar el fin último
de la verdadera promoción del cosujeto.
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6. La relación como comunión
La relación social llega a su plena realización en la comunión, es decir cuando se
produce la más profunda fuerza de cohesión y participación. La comunión es expresión de las
relaciones sociales de reciprocidad empática, es decir estas relaciones vividas en profundidad
resulta comunión. En la vida de comunión el don, la donación circula y hace circular todo bien,
ya sea inmaterial o material. En esta circulación de vienes se expresa en comunión de bienes y
la solidaridad toma concreción ya sea entre individuos, entre grupos, comunidades y pueblos.
La comunión, esta dimensión de la fraternidad universal se transforma por lo tanto en
una dimensión que desarrollada porta con sí la más profunda transformación de las
condiciones de vida que impiden el desarrollo integral de las personas a aquellas condiciones
de vida que promueven el pleno desarrollo humano integral. Si aceptamos esta hipótesis del
paradigma de la fraternidad no podemos entonces debemos suponer que el cambio social que
todos deseamos y en el cual el Trabajo Social está embarcado fuertemente, depende del
establecimiento de un nuevo orden social basado en relaciones sociales de comunión. El
cambio social es la variable dependiente y las relaciones sociales de comunión la variable
independiente de esta hipótesis de trabajo en la cual debemos embarcarnos para seguir
investigando cuales pueden ser sus implicancias en el proceso de transformación social y el
desarrollo social.
Dado que el trabajo social persigue entre sus objetivos promover la participación
organizada de personas, grupos y comunidades, para mejorar su calidad de vida, es este
aspecto de la comunión el camino por excelencia a recorrer para lograr una mayor calidad de
vida. La promoción humana y social se basa en la participación ciudadana a nivel local
comunitario asumiendo el compromiso de una práctica consciente en búsqueda de la
satisfacción de las necesidades de la cada persona, grupo y de la comunidad toda. Solo así se
logra el acceso a una mayor calidad de vida acorde a la dignidad humana. Pero es necesario
recordar que la dignidad humana se logra con la puesta en práctica de los derechos del
hombre. Estos derechos corresponden a las exigencias de la dignidad humana y comportan, en
primer lugar, la satisfacción de las necesidades esenciales de la persona.
El objetivo de la promoción social de las personas, grupos y comunidades no puede ser
otro camino que la promoción integral de todas las categorías de los derechos humanos, ellos
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son la verdadera garantía del pleno respeto por cada uno de los derechos sociales, civiles y
políticos. En el marco de la promoción de los derechos humanos se da la única posible
autogestión comunitaria, ya que ésta se logra mediante la participación y protagonismo de la
comunidad en la decisión de su propio destino. La participación en la autogestión es el
instrumento básico para lograr el desarrollo integral de las personas y se logra con plenitud solo
si existe un vínculo de comunión entre las personas que constituyen el grupo o la comunidad.
El paradigma de la fraternidad en el Trabajo Social (PFTS) comporta una nueva forma
de relación basada en un modelo antropológico, que concibe que la naturaleza del hombre se
manifiesta como naturaleza de un ser que responde a sus propias necesidades sobre la base
de una subjetividad relacional, es decir como un ser libre y responsable, que reconoce la
necesidad de integrarse y de colaborar con sus semejantes y que es capaz de comunión con
ellos en el orden del conocimiento y del establecimiento de relaciones de mutua empatía. El
paradigma concibe así mismo a la sociedad como un conunto de personas ligadas de manera
orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. En este sentido se
considera que la vida comunitaria es una característica natural del ser humano, y no solo sino
que es justamente en ese hábitat natural de la comunidad, de lo comunitario, donde el ser
humano se realiza como persona, cuando logra establecer relaciones de comunión y por medio
de ellas satisfacer sus más profundas necesidades fundamentales.
Las relaciones sociales de comunión son el camino para el desarrollo integral de las
personas, los grupos y las comunidades. Pero es fundamental tener en cuenta que la
sociabilidad humana no comporta automáticamente la comunión de las personas ni la donación
de sí, sino que como hemos visto es un proceso a lograr entre los actores comprometidos en
dicho proceso de desarrollo integral.
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