Yeil es la palabra de moda en vocabulario

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Yeil es la palabra de moda en
vocabulario energético argentino
Por Fabiana Frayssinet
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Unos técnicos dialogan sobre su actividad entre dos torres de perforación en el yacimiento de
Loma Campana, en Vaca Muerta, en Argentina. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS
NEUQUÉN, Argentina, 23 oct 2014 (IPS) - En Argentina ya lo llaman “yeil”, una
castellanización de “shale”, que denomina en inglés al gas y petróleo de esquisto. Pero lo que
para muchos significa el futuro del desarrollo y el autoabastecimiento energético del país, para
otros es una palabra que debería estar en desuso, cuando la tendencia mundial es avanzar
hacia fuentes renovables y limpias.
Con su uniforme de trabajo empapado de petróleo, el supervisor de perforación de la empresa
estatal YPF, Claudio Rueda, se siente protagonista de una historia que comienza a escribirse
en el sur de Argentina.
“En nuestro país la disponibilidad energética es clave. Es una pieza fundamental para el
desarrollo y futuro argentino y nosotros somos parte de ese proceso”, declaró a IPS.
“La apuesta por el fracking implica la profundización de la matriz energética actual, basada en
los combustibles fósiles y, en consecuencia, un fuerte retroceso en términos de escenarios
alternativos o de transición hacia energías limpias y renovables”: Maristella Svampa.
El primer capítulo se escribe en Loma Campana, el yacimiento de Vaca Muerta, en la
patagónica provincia de Neuquén, donde entre 2.500 y 3.000 metros de profundidad se
esconden ricas reservas de gas y petróleo dentro de estructuras rocosas.
Según YPF, con reservas de 802 billones de pies cúbicos, Argentina ocupa el segundo puesto
mundial en recursos de gas de esquisto, después de China, con 1.115 billones.
En petróleo no convencional, el país pasó a ocupar el cuarto lugar mundial, con 27.000
millones de barriles. Delante están Rusia, con 75.000 millones de barriles, Estados Unidos y
China.
Se estima que las reservas argentinas de hidrocarburos convencionales se agotarán en ocho o
10 años y su producción es declinante, así que el gobierno considera estratégico el desarrollo
de Vaca Muerta, una formación geológica de 30.000 kilómetros cuadrados.
“Prácticamente 30 por ciento de la energía del país de distintas formas, es importada, así que
la sangría de divisas del país es enorme”, señaló en entrevista con IPS el especialista Rubén
Etcheverry, coautor del libro “Yeil, las nuevas reservas”, y exsecretario de Energía del gobierno
de Neuquén
“Estamos en terapia intensiva desde hace cinco años, en cuanto a la balanza comercial o la
balanza energética”, aseguró en Neuquén, la capital provincial.
“Pasamos de exportar combustibles por casi 5.000 millones de dólares, hace 10 años, a gastar
en importarlos 15.000 millones, vale decir, ha habido un cambio en la balanza de 20.000
millones de dólares anuales, que es enorme para cualquier economía del tamaño de la
nuestra”, afirmo Etcheverry.
La importación incluye energía eléctrica, combustibles, gas licuado, gas natural, entre otros.
Diego Pérez Santiesteban, presidente de la Cámara de Importadores de la Argentina, señaló
que la adquisición de energía representaba a comienzo de este año 15 por ciento de las
compras en el exterior, mientras un año antes solo significaban cinco por ciento.
Desde 2009, las importaciones energéticas acumuladas superan las reservas monetarias
internacionales del Banco Central, de 28.400 millones de dólares.
Para Etchverry, Vaca Muerta es la llave para revertir esa tendencia porque las reservas en las
profundidades de esa formación geológica serían “suficientes para abastecernos, e inclusive
para exportar”.
Según el especialista, en Argentina podría ocurrir lo de Estados Unidos, que gracias a sus
depósitos de shale “posiblemente en menos de 10 años sea el principal productor mundial de
gas y petróleo”.
La extracción del esquisto requiere el uso de la tecnología de la fractura hidráulica (fracking, en
inglés).
Consiste en la inyección a alta presión de agua, arena y aditivos químicos, para extraer los
hidrocarburos de las rocas a grandes profundidades donde se alojan, mediante su ruptura
horizontal a lo largo de kilómetros.
En el mundo se multiplican las denuncias sobre los efectos contaminantes de esta hidrofractura
en los acuíferos y otros impactos ambientales en grandes áreas alrededor de los yacimientos.
También muchos en Argentina critican también la matriz energética por la que se ha optado.
“Esta es una mirada ambiental que va más allá de Vaca Muerta. La opción que pretenden
imponer en Argentina, como solución a la crisis energética…carece de perspectivas futuras”,
sostuvo la ecologista Silvia Leanza, de la Fundación Ecosur.
“Aquí estamos basando toda la expansión económica en un bien que ¿cuantos años puede
llegar a producir?”, se preguntó.
Casi 90 por ciento de la matriz energética argentina la componen combustibles fósiles. El resto
se divide mayoritariamente en fuentes nucleares e hidroeléctricas, y apenas uno por ciento son
renovables.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático considera que la quema
de combustibles fósiles para generar energía es la principal causa del desequilibrio climático.
“Esta coyuntura, junto a la mayor disponibilidad de las fuentes renovables, está señalando el fin
de la era de las energías sucias”, sostuvo en un informe Mauro Fernández, coordinador en
Argentina de la campaña de energía de la organización ambientalista Greenpeace.
La dependencia del país de combustibles fósiles, coloca sus emisiones de dióxido de carbono
por persona entre las más altas de la región. En 2009 era de 4,4 toneladas, según datos del
Banco Mundial.
En ese contexto, Fernández consideró que los hidrocarburos no convencionales, no solo son
riesgosos por el fracking, sino “una mala opción desde una perspectiva climática y energética”.
“Los yacimientos no convencionales aparecen como nuevas fronteras para seguir haciendo
más de lo mismo, alimentar el motor del cambio climático” criticó.
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Argentina se comprometió a que en 2016 su electricidad provenga en al menos ocho por ciento
de fuentes renovables.
“La apuesta por el fracking implica la profundización de la matriz energética actual, basada en
los combustibles fósiles y, en consecuencia, un fuerte retroceso en términos de escenarios
alternativos o de transición hacia energías limpias y renovables”, consideró la socióloga
Maristella Svampa, investigadora independiente del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas.
“Ciertamente, en la última década el fracking transformó la realidad energética de Estados
Unidos, otorgándole menor dependencia de las importaciones, pero también lo convirtió en el
territorio en el cual pueden comprobarse sus verdaderos impactos: contaminación de acuíferos,
daños en la salud de personas y animales, terremotos, mayores emisiones de gas metano,
entre otros”, observó.
Carolina García, de la Multisectorial contra la Fractura Hidráulica, considera que por sus ricos
recursos naturales, Argentina tiene otras alternativas, antes que explotar “hasta la última gota”
de sus combustibles fósiles.
“¿Terminamos de extraer todo en la cuenca neuquina y que nos queda después?”, dijo a IPS.
Etcheverry mencionó la posibilidad de explotar energía solar en el norte, eólica en la Patagonia
y en la zona atlántica, geotérmica en la cordillera, y mareomotriz a lo largo del litoral.
Pero consideró que por ahora sus costos son “muy superiores” a los de los hidrocarburos, por
razones tecnológicas, de transporte y de intensidad energética.
Para el experto, el petróleo y gas siguen siendo necesarios como fuente energética y de
materia prima para productos cotidianos.
Por eso, consideró Etcheverry, la transición de la “era hidrocarburífera” no “es sencilla”. Antes
hay que mejorar el ahorro y la eficiencia energética, para después hacer un “traslado
intrafósil”, dijo.
“En una primera etapa se trata de ir de aquellos combustibles fósiles más contaminantes como
el carbón y el petróleo, hacia otros igualmente fósiles pero menos contaminantes, como el gas
natural. Y a partir de eso incentivar todo lo que tenga que ver con energías limpias o
renovables”, concluyó.
Editado por Estrella Gutiérrez
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