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Dirección: C. Porras, E. Ballesteros, Fco. Jiménez.
Realización: HIARES Editorial.
Fotografía: F. Martín Sánchez, R. Reinoso, Archivo Hiares.
Dibujos: Ulises Wensell.
© Reservados todos los derechos.
Tercera Edición
ISBN.: 84-333-0019-9 - D.L.: M-37862-1985
Imprime: Técnicas Gráficas, S.L. - Las Matas, 5 - 28039 Madrid
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HISTORIA UNIVERSAL DEL ARTE Y LA CULTURA
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el imperio romano
ERNESTO BALLESTEROS
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el imperio romano
INTRODUCCIÓN
Este capítulo comprende tres siglos de la vida mediterránea. Desde la proclamación de
Augusto (27 a.J.C.) hasta el Edicto de Milán (313 d.J.C.), que confirma la libertad del
Cristianismo. La República era un estilo de vida anterior y distinto. El cristianismo marca otra
diferencia posterior. Los tres siglos primeros de nuestra era están presididos por este hecho
histórico fundamental: el Imperio romano.
Conviene apercibirse de que en la Historia nada es caprichoso ni fortuito, y cada estilo
de vida es la maduración o quiebra del anterior y lleva, a su vez, el germen del siguiente. En
nuestro caso se ve ciertamente que la República romana descansaba sobre la superioridad de
la idea de la ley sobre el individuo, que es el germen del Estado Universal donde reina el
Derecho. Es decir, la República lleva el germen del Imperio. Pero, a su vez, el Imperio, como
Estado Universal, necesita una religión universal y ya desde los primeros años del Imperio
nace el Cristianismo. La maduración de la idea de Religión Universal coincide con la
descomposición del Imperio. Es decir, cuando la idea de Imperio se derrumba, queda en pie
otra que va a ser su sucesora durante varios siglos: el Cristianismo.
De este modo República, Imperio, Cristianismo, se nos presentan como distintos pasos
de la evolución histórica del hombre mediterráneo.
Contra los que creen que la Historia es algo muerto y pasado, curiosidad morbosa de
espíritus desocupados, afirmamos rotundamente lo contrario: la Historia no nos interesa en
cuanto pasado, sino en cuanto presente, actual e inmediato. De modo que el europeo actual
respeta la ley, aspira a un Estado Universal y es cristiano, porque hubo un europeo anterior
republicano, otro imperial y Otro cristiano. Lo mismo podríamos decir de todas las otras
modalidades de vida.
Algunas no se muestran tan claras y presentes como éstas. Pero si no brillan por su
presencia, lo hacen por su ausencia. Donde la Historia no ha dejado un sillar, deja un hueco.
Unos y otros -muros y huecos-, son imprescindibles para comprender el presente. Por ejemplo,
el europeo no cree en la magia, porque el europeo paleolítico era un hombre «mágico». El
europeo ha superado esta creencia y la magia será para siempre un «hueco» cultural que nadie
se atreve a rellenar, una especie de creencia desgastada y marchita. Pero volvamos al punto
central de nuestro tema.
Dijimos que la República llevaba en sí el germen del Imperio o, lo que es igual, que el
Imperio sólo es la maduración del ovario republicano. La preponderancia que da a Roma su
sentido de la ley y el derecho, la conduce a conquistar el mundo. Esto ocurre hacia el siglo II
a.J.C. y es precisamente entonces cuando los romanos descubren su antítesis: Grecia. Frente a
la ley impersonal y práctica, la razón individual y teórica. Frente al Derecho (lo que «hay»
que hacer), la especulación (lo que no puede nunca «hacerse del todo»). Frente al «ius»
(derecho), la «iusticia» (virtud abstracta).
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No queremos sobrepasamos en este enfrentamiento que es puramente temporal y
concreto, pero que produce una grave deformación histórica si lo generalizamos y lo
consideramos como una contraposición absoluta. Si nos aventuramos a hablar del practicismo
romano y la especulación griega, podemos caer en el error de creer que la especulación, la
teoría, son virtudes peculiares del alma griega y -esto es lo más importante- que estas virtudes
son «opuestas» a las romanas en cuanto a manifestaciones humanas. Al pensar así pasamos
por alto la cualidad más sutil de estos actos, lo que da una unidad esclarecedora al conjunto, a
saber, que ambas son «humanas», es decir, que son manifestaciones paralelas del alma,
respuestas diferentes en su desarrollo, pero no en su principio y motivación. Vistos desde esta
nueva perspectiva, el practicismo para los romanos es lo mismo que la teoría para el griego.
Somos nosotros quienes -para dibujar mejor las diferencias- abstraemos lo que tiene de
distinto un comportamiento de otro: el uno se atiene a lo posible porque no confía en
ensueños y utopías (romanos); el otro se sumerge en lo teórico (griegos), porque considera
imperfecto lo real.
Pero estas dos concepciones que parecen distintas y aún opuestas, tienen aquel rasgo
común: las dos son emanaciones vitales del hombre, posturas del hombre ante la vida,
productos de la imaginación. Porque, a la postre, tan «utópico» es el Derecho como la belleza
ideal.
Pues bien, la fermentación que las ideas griegas originan en las monolíticas creencias
romanas durante los dos últimos siglos de la República (II y I a.J.C.), producen el
derrumbamiento de las mismas y la exaltación del Imperio. Pero, ¿qué es el Imperio? ¿Un
tiempo pleno, como era la República y como más tarde será la Edad Media? ¿Una época de
creencias firmes, de sólida existencia sobre principios inconmovibles? (el republicano creía en
la ley y en los dioses, el cristiano en Dios y su justicia divina). Por cierto que no. El Imperio
es sólo la transición entre dos períodos de seguridad y madurez, la Antigüedad clásica y el
Cristianismo. Por eso es una época inestable, profundamente inquieta y desasosegada,
siempre en lucha consigo misma. El Imperio -como veremos- es una solución de urgencia,
tres siglos de crisis y desequilibrios.
Seguidamente vamos a dar una sucinta enumeración de los hechos históricos más
sobresalientes de esta época. Hay períodos de esplendor, que parecen de plenitud incluso en
algunos aspectos, como la Monarquía ilustrada de los Antoninos y de los Severos. Pero la
apariencia no nos tiene que ocultar la realidad. Ese fulgor deslumbrante que presenta el
Imperio en ciertas épocas es sólo la envoltura metálica en la que se refleja nuestra admiración
con rutilante centelleo. En su interior reina densa oscuridad. Los romanos vivían confusos,
desorientados. Tendremos tiempo de explicar esto más adelante.
PRINCIPALES HECHOS HISTORICOS
La República, como dominio impersonal del Derecho, se fue debilitando poco a poco y
dejó de existir cuando César tomó el poder con carácter absoluto. La genialidad de César -el
Cesarismo- consiste en intuir que una época de poder absolutamente impersonal (República),
iba a ser sustituida por otra de poder absolutamente personal (Monarquía de origen divino).
La intuición de César no se realiza en el Imperio, sino en Bizancio. El Imperio es una fórmula
transicional y ambigua. Como ha dicho Rostotzeff, es un drama entre dos principios vigentes,
el Senado (personificación del impersonalismo republicano) y el Imperator (personificación
de la autoridad personal). En este drama, que dura trescientos años, se suceden diferentes
escenas y actos, hasta desembocar en un desenlace trágico que es la teocracia de Diocleciano
y Constantino, a finales del siglo III y principios del IV d.J.C.
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César –decíamos- trata de implantar su poder personal en Roma. Un ciudadano se
destaca de la República de patricios. Pero todavía hay un estremecimiento convulsivo del
Senado en el último instante, como el derrote del eral al sentir el corazón traspasado por el
hierro. Un grupo de senadores se conjura contra el «Divo, y César es asesinado ante la Curia
el 15 de marzo del año 44 a.J.C. Los conjurados debieron darse cuenta, en el momento del
crimen, de la inutilidad de su resolución. Se deshacían del hombre, pero no del mundo que les
rodeaba. Y aquel mundo necesitaba un poder semejante al que César había propuesto. Los
grandes políticos sólo aciertan a interpretar lo que la Historia exige en cada momento de los
hombres. No hacen la Historia, son más bien sus portavoces u oráculos.
Octavio forma un nuevo triunvirato con Marco Antonio y Lépido. Pronto se deshace de
ellos y se convierte en la autoridad absoluta de Roma, el dictador. Pero después de apaciguar
la situación, el año 27 a.J.C., devuelve los poderes al Senado, y, entre tímido y humilde, se
retira de la política. Ahora es el propio Senado el que le busca y le ruega que acepte el mando
de las provincias y del ejército. Primero por diez años y luego vitalicio. Octavio reúne en su
persona todas las magistraturas. Es tribuno de la plebe, vitalicio y único, cónsul único, censor,
pretor general, pontífice máximo, etc. Es decir, toma el mando personal sin destruir las
magistraturas republicanas, como quería hacer César. Favorece a la aristocracia romana y
protege las ciencias y las letras. Le suceden Tiberio, Calígula y Claudio, que se enfrentan
repetidas veces con el Senado. Claudio concluye la conquista de Bretaña y es el último
emperador de la dinastía, pues nombra sucesor a su hijastro Nerón, que se opone a los
terratenientes romanos y al Senado, sometiéndolos a un régimen de terror espantoso.
Perseguido y acosado, se suicida Nerón el año 68 d.J.C. El tremendo problema de quién debe
mandar produce el caos en Roma. El Senado y el ejército se disputan el privilegio de nombrar
Emperador. El Senado es el órgano terrateniente y capitalista, mientras que el ejército es el
órgano de las clases campesinas y provinciales, que son los que nutren sus filas. El Imperator
sale casi siempre del ejército y representa la victoria de las clases campesinas y provinciales
sobre la burguesía capitalista romana, que se había alejado de la milicia mucho tiempo atrás.
El año 69 d.J.C. sube Vespasiano e inaugura la dinastía Flavia. Es buen administrador, lo
mismo que sus dos hijos, Tito y Domiciano, que le suceden en el mando. Los Flavios también
luchan contra el Senado y, al final, Domiciano acaba asesinado por una conjura senatorial y
pretoriana, el año 96 d.J.C. Otro período de caos y confusión al faltar descendencia y al no
estar claro el mando legítimo. (¿Senado o Imperator militar?). Sube Nerva e inaugura el
sistema adoptivo, nombrando sucesor suyo a Trajano. Este amplía el Senado, dando entrada
en él a muchos provinciales, es decir, da un carácter universalista al Imperio. El mismo no es
romano, sino nacido en la provincia Bética, de Hispania. Este período del 98 al 192 d.J.C.,
acostumbra a llamarse monarquía ilustrada porque llegan al poder hombres procedentes de las
provincias, pero bien formados en los criterios administrativos, que 1evantan la economía y la
cultura del Imperio. Son Trajano -que conquista la Dacia e incorpora Siria-, Adriano -gran
viajero que se interesa por los problemas provinciales-, Antonino Pío, Marco Aurelio -el
filósofo, preocupado por los problemas morales y sociales del Imperio- y Cómodo -que
vuelve a resucitar la tensión entre el ejército y el Senado- y muere asesinado el año 192 d.J.C.
Hay una nueva época de revueltas y crisis políticas. El Senado impone un pretendiente y el
ejército otros varios. Por fin, adueñándose del poder con la fuerza que le proporciona el
ejército del Rhin, sube al Imperio el africano Septimio Severo, que comienza una época de
absolutismo autoritario. Septimio Severo fue un fiero enemigo del Senado. Nacionalizó todos
los bienes y persiguió a los senadores. Hizo a los «decemprimi» -diez ciudadanos más
notables de los municipios- responsables de la entrega del impuesto provincial. Su hijo
Caracalla dio la «Constitutio Antonina» (212 d.J.C.) por la que se daba la ciudadanía romana
a todos los habitantes del Imperio. Caracalla muere asesinado y adviene otra época de terror
con el gobierno de Macrino y Heliogábalo. Estos emperadores son un juguete en manos de la
guardia pretoriana (guardia personal del Imperator, creada por Octavio Augusto). El año 235,
a la muerte de Alejandro Severo, se produce una auténtica anarquía que dura muchos años. En
30 años se eligen 23 emperadores. Casi todos acaban asesinados. Filipo el Árabe, emperador
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en el 248, celebra con gran pompa el milenario de la fundación de Roma (752 a.J.C.), en
medio de la más brutal anarquía. Decio (249-251) y Valeriano (253-260), quieren reimplantar
el orden, pero no pueden estabilizar el mando. Esta época de anarquía militar se llama la
época de los emperadores militares, porque todos son generales que ascienden al solio por la
fuerza. Muchas provincias del Imperio, aprovechando esta anarquía, se independizan.
Póstumo en Occidente y Odenato en Oriente, actúan con total independencia del Emperador
de Roma. El general ilirio Aureliano se muestra enérgico y somete a los secesionistas,
volviendo a implantar el principio de autoridad absoluta, ahora revitalizado con el culto al Sol
que trae de las provincias orientales. A su muerte, otro pequeño período de anarquía hasta el
283, en que sube al trono el dálmata Diocleciano. Este emperador realizó una radical
transformación en la administración del Imperio, rehaciendo la división provincial y su
gobierno, disolviendo el Senado, dividiendo el poder Imperial en dos zonas (Oriente y
Occidente), y, en fin, ejecutando una reorganización económica y social sin precedentes. A su
muerte, se plantea un problema de sucesión muy agudo que resuelve por la fuerza Constantino
(312-337). En el año 313, por el Edicto de Milán, decreta la libertad oficial de todas las
religiones incluyendo el cristianismo, por lo que aquí hemos llegado a la fecha de desarrollo
público y oficial del Cristianismo en Europa.
Diocleciano y Constantino -que traslada la capital a Bizancio- son los verdaderos
creadores del concepto de Monarquía absoluta, al prescindir «de iure» del Senado, dejándolo
convertido en algo así como el Concejo municipal de Roma. Constantino rodea esta
monarquía de un rango sagrado, como había pretendido César muchos años antes, y pone las
bases del Imperio bizantino que es una verdadera teocracia o césaro-papismo, es decir, una
monarquía divinizada, que reúne bajo su poder las atribuciones temporales y religiosas.
Dejamos aquí el desarrollo de los hechos exteriores porque en el próximo tema vamos a
estudiar el período cristiano.
ORGANIZACION POLITICA, SOCIAL Y ECONOMICA DEL IMPERIO
Hemos dicho que la República era un poder impersonal regido por la ley. Por el
contrario, el Imperio Cristiano y su prolongación, el Bizantino, son una monarquía absoluta y
teocrática. Pero el Imperio es sólo una transición entre estas dos formas absolutas. La
República se basaba en la repugnancia de los romanos hacia el poder personal. El Imperio
cristiano se basaba en el poder personal por derecho divino. Pero ¿en qué se basó el Imperio
desde Octavio Augusto hasta Diocleciano? Debemos contestar categóricamente que en nada
firme, en ninguna creencia arraigada: De ahí su inestabilidad y su anarquía. El Imperio -tal
como lo planteó Octavio- era un sistema de gobierno sumamente imperfecto, porque consiste
en una diarquía, es decir, un gobierno compartido entre el Emperador y el Senado. De este
forzado maridaje no salió nunca nada bueno, sino choques y desacuerdos continuos. ¿Cómo
se llegó a esta solución? No fue de un modo reposado y natural, sino en unas circunstancias
extremadamente anormales como era la anarquía del siglo I d.J.C., acelerada con la muerte de
César. El Imperio es, por tanto, una solución urgente y de compromiso. Al vacilar la creencia
en el Derecho romano, se desmoronó la República. César intentó una solución: la monarquía
absoluta divinizada, de tipo oriental. Ya hemos visto que esta solución fue luego llevada a
cabo por Diocleciano y Constantino en el Imperio Cristiano. Pero a la muerte de César no
quedó nadie capaz de continuar sus ideas. Y aquí llegamos al punto principal. Octavio
Augusto -que era nacionalista y aristócrata- no se atrevió a implantar una monarquía y decidió
respetar las instituciones republicanas. ¿Qué sucedió entonces? La República estaba
desacreditada y era incapaz. Ella misma demuestra su impotencia devolviendo el poder
imperial a Augusto. Pero Octavio no admite decididamente el poder, sino con escrupulosa
ñoñería, como aquel a quien le impone una dura carga y sólo acepta de ésta lo indispensable.
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Queda así establecida la inestable Diarquía. El Senado no podía mandar porque estaba
desacreditado y se sentía incapaz después de las guerras civiles del I a.J.C. El Emperador
tampoco manda plenamente, pues debe contar con el Senado, que sólo le causa molestias,
obstáculos y preocupaciones. Por eso decimos que la Diarquía Imperial (Senado + Imperator)
fue una solución imperfecta e inestable, causada por la inercia política de Octavio a la muerte
de César. Hay que señalar aquí que la fórmula de la Diarquía había sido ideada por Cicerón
como posible solución. La vieja solución (Senado y República) ya no valía. La nueva
(Imperator), no se atrevió a implantarla aquel gran republicano que fue Augusto.
Hemos tratado de explicar lo que fue el Imperio, como órgano de poder, durante los
primeros tres siglos de nuestra Era. Había que desarrollar más ampliamente esta idea, pero
nos contentaremos con añadir una nota más. El Imperio fue radicalmente «ilegítimo». Dice
Ortega: «Algo es jurídicamente “legítimo” -rey, Senado, cónsul- cuando su ejercicio del poder
está fundado en la creencia compacta que abriga todo el pueblo de que, en efecto, es quien
tiene derecho a ejercerlo. Pero, como hemos visto, al rey no se le reconoce este derecho
aisladamente, sino que la creencia de que es el rey o el Senado quien tiene derecho a gobernar,
sólo existe como parte de una creencia total en cierta concepción del mundo, que es
igualmente compartida por todo el pueblo; en suma, el “consensus”. Esa concepción dijimos,
es, tiene que ser, religiosa.» (Una interpretación de la Historia Universal. Ortega. «Rev.
Occid.», páginas 168-169.)
Pues bien, al disolverse la legitimidad republicana en el precipitado religioso de los
siglos II y I a.J.C., se borra la idea del Derecho público. Nadie tiene «derecho» a mandar de
una forma categórica y absoluta. Por eso cualquiera puede coger el mando aunque no tenga
preparación, por una casualidad. La mayoría de los Emperadores son «casuales»». Llegan al
poder por la guardia pretoriana, el ejército, el Senado o intrigas familiares. Como nadie tiene
«derecho» a mandar, como no hay mando legítimo, en el que toda la colectividad crea,
importa poco quién se haga con el poder, y menos aún la forma de deshacerse de uno y
proclamar a otro. Esta es la verdadera situación política del Imperio. Algunos autores han
querido descubrir la inestabilidad política imperial en la mala economía, inflaciones y crisis
monetarias. Pero el caso es que también las hubo en tiempos de la República y el Poder
público no vaciló lo más mínimo. Claro que existen unas causas sociales, pero no el dibujo
superficial de las luchas declaradas en el Imperio, sino una profunda perturbación de las
creencias que ya hemos señalado.
Durante el Imperio se sustituye el Edicto del Pretor por las Constituciones Imperiales y
siguen teniendo validez las «responsa prudentium». Entre los jurisconsultos destacados con
Augusto, figuran Trebacio y Lebeon. En tiempos de Adriano, Salvio Juliano recopiló el
«Edictum Perpetuum». Su obra fue continuada en tiempos de Septimio Severo por el gran
Papiniano, y en los de Alejandro Severo por Ulpiano -prefecto del pretorio- y Paulo. Es la
mejor época del Derecho romano y la que nos ha dejado las distinciones más racionales y
sutiles entre penas, delito voluntario, casual, por negligencia, etc. La cuestión del tormento,
que la República había estimado no digna ni para los extranjeros, fue instaurada en el Imperio.
Cambió también el sentido del crimen de «lessa maiestas», que antes eran el abuso del poder
o la traición al Estado y ahora es la desobediencia al Emperador. Nacen los delatores, que,
ante la recompensa del Emperador, siembran el terror en Roma.
Por último, hay que notar que casi todos los Emperadores se produjeron con energía
contra el Senado. Algunos con especial dureza, como Vespasiano, Domiciano, Cómodo,
Septimio Severo, Caracalla, etc. Pero quien le dio el golpe de gracia fue Diocleciano,
anulando «de iure» un poder que «de facto» ya no tenía.
Una institución importante por la influencia totalmente ilegítima que tuvo en el Imperio
fue la guardia pretoriana, siempre dispuesta a intervenir en el cambio de Emperadores. Más de
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la mitad de éstos fueron elevados al solio por voluntad de la guardia pretoriana. En tiempos
posteriores fue muy importante el puesto del prefecto del pretorio, que desarrolla su máximo
poder en la época cristiana. Vamos ahora a recorrer rápidamente las circunstancias sociales y
económicas de esta época.
Las victorias de los partos en el siglo I a.J.C. y la fundación de Ctesifonte, cierra la vía
comercial de Oriente y rompe el equilibrio mercantil antiguo, haciendo estragos en la
economía romana que se resiente continuamente. Julio César había previsto este bloqueo y
había abierto la vía de Egipto y el Mar Rojo para dar libre salida a Oriente del flujo
económico mediterráneo. Además, César acometió reformas agrarias y sociales, expropió
tierras a los nobles y las repartió entre 20.000 familias romanas y 80.000 provinciales. Vigiló
el cobro de impuestos con «superintendentes». Dio entrada en el Senado a los
sobre
todo de Occidente. (galos, africanos e hispanos). Encargó a unos técnicos egipcios reformar la
administración y los presupuestos del Estado. (Su muerte paralizó esta reforma, que luego
continuó Diocleciano.) Unificó los estatutos municipales del Imperio. Reservó a Roma la
acuñación de oro, evitando la confusión y adulteración monetaria anterior.
Pero en conjunto -pese a estas reformas- la economía romana fue triturada por las
guerras civiles del siglo I a.J.C. y sólo encontró reposo con Octavio, que apartó el poder de los
Comicios y favoreció a senadores y caballeros, sin aplastar a la plebe, a la que facilitó una
vida miserable y cómoda. Octavio representa la victoria de la aristocracia nacionalista contra
el espíritu cosmopolita y democrático de César. Octavio saneó el fisco y favoreció el
comercio mediterráneo con un librecambismo absoluto. En Roma es la época dorada de los
banqueros y accionistas. Pero sus sucesores (Tiberio, Calígula, Nerón) se enfrentaron a la
aristocracia romana en favor de las provincias. Estalla la tensión entre los dos principios:
Senado aristocrático y Emperador popular.
Los capitales que el comercio mediterráneo producía se invirtieron, en Oriente, en
industrias, y en Occidente en tierras. Por lo que la mitad occidental del Imperio (Galia,
Hispania, Italia, África) caminó fatalmente hacia un feudalismo agrario, mientras que
Bizancio se orientaba hacia una economía monetaria más ágil. Por ejemplo, en tiempos de
Nerón el norte de África pertenecía a seis familias romanas. El latifundio era la modalidad
económica de la posesión de la tierra en Occidente. Nerón combatió a estos terratenientes con
dureza.
Vespasiano convirtió el Senado en una especie de Consejo consultivo, pero el Senado se
opuso una y otra vez a esta sumisión. Reforma la administración provincial y sanea la
Hacienda, con una política de gran austeridad.
Es la oligarquía senatorial occidental (hispanos, galos, italianos) la que eleva al poder a
Nerva el año 96 d.J.C. y a Ulpio Trajano en el 98 d.J.C. Es la etapa llamada de «adopción» o
Monarquía ilustrada, en la que casi todos son emperadores españoles y galos. La monarquía
de los Antoninos (Antonino Pío, Marco Aurelio, Cómodo) inspirada en la filosofía estoica, es
un régimen monárquico y liberal que favorece el florecimiento intelectual, quizás el período
más tranquilo, feliz y humanitario de toda la historia de Roma. Es el momento que viven
Claudio Ptolomeo, Galeno, Quintiliano, Plinio, Plutarco, Tácito y tantas otras cabezas
eminentes del Imperio.
Pero existía una contradicción entre la tendencia liberal del estoicismo, en el campo
intelectual y político, y el capitalismo estatal hacia donde se encaminaba la economía. La
política se liberalizaba y la economía se hacía cada vez más premiosa y autoritaria. Se
provoca una crisis agrícola y se sublevan los campesinos. El fisco comprime cada vez más a
los agricultores. A la crisis rural se suma la industrial. Disminuye el poder adquisitivo y se
produce un desequilibrio entre oferta y demanda. Se agotan las reservas de oro de Nubia y
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Tracia. Falta oro y por eso conquista Trajano la Dacia (Rumanía), y con sus minas de oro
contiene durante unos años la inflación. Pero esta conquista abre la ruta del Danubio a los
sirios, que sustraen a los italianos el poco comercio que aún conservaban.
Adriano no continuó la política de Trajano, pues no quiso combatir contra los partos,
para abrir la puerta al comercio oriental. Marco Aurelio se propuso luego remediar este error
de política económica, pero ya era tarde. La vía de Oriente quedó definitivamente en poder de
los persas sasánidas, y el Imperio romano quedó económicamente bloqueado y aquejado de
continuas crisis comerciales, agrícolas y monetarias. En tiempos de Cómodo se siente al
mismo tiempo una crisis política y una monetaria que rebaja la moneda en un 30 por 100.
Cómodo subió el sueldo militar y tasó los precios, pero se hunde el comercio y agrava el
presupuesto. Es la primera gran catástrofe económica del Imperio, el año 192 d.J.C.
Los Severos nacionalizan los bienes y hacen una matanza de senadores y caballeros,
llegando a un régimen que podríamos llamar «absolutismo autoritario» o «socialismo de
Estado». Septimio Severo hace a los diez hombres más notables de cada municipio
responsables del cobro de los impuestos. Caracalla concede la ciudadanía a todo el Imperio
(212 d.J.C.), pero esto ya no es un «derecho», sino una carga fiscal. Este Emperador vuelve a
devaluar la moneda en un 25 por 100, pues la balanza comercial seguía deficitaria. El
individuo se ve ahogado por este intervencionismo estatal. Era la teoría del griego Calistrato
que consideraba al Estado como la unión de todos los ciudadanos bajo el poder del Emperador
(confusión entre Estado y sociedad, estatismo). Ya no importa la personalidad del individuo,
sino su función en el Estado, su oficio, y por ello se le encuadra en corporaciones. Es el
comienzo de la economía dirigida, tan lejana de aquel liberalismo económico de tiempos de
Octavio. Las crecientes necesidades fiscales de un Estado desequilibrado por el elevado
presupuesto, la balanza comercial deficitaria y la depauperación progresiva de los
comerciantes, conducen a esta economía, intervencionista y estatal al máximo. En tiempos de
Alejandro Severo (222-235 d.J.C.) el prefecto del pretorio, Ulpiano, quiere volver a la
monarquía constitucional de los primeros tiempos, atacando el absolutismo de los Severos. Es
una época de tolerancia y humanismo cumbres, donde llega a su madurez el Derecho Imperial,
como hemos visto. Convirtió al Estado en banquero, emprendió grandes construcciones
públicas y organizó una planificación ejemplar de la enseñanza. En fin, la vida alcanza con
Alejandro Severo un nivel de bienestar nunca conocido. Los maestros y los médicos los paga
el Estado. Se produce una verdadera socialización de la cultura, pues todo el mundo tiene
acceso al estudio, pero disminuye la calidad por la cantidad. La uniformidad de gustos se
extiende, y produce una «standarización» de la vida y la felicidad. También se nota cierto
ímpetu de misticismo y, por tanto, un gran desarrollo de las religiones cristiana, mitraica,
osiríaca, etc. La tolerancia es absoluta. Alejandro Severo tiene en su capilla la imagen de
todos los «dioses», incluyendo a Jesucristo. Pero este monarca constitucional y tolerante es
brutalmente asesinado el 235 d.J.C. y le sucede un período de feroz anarquía y lucha continua
entre las legiones por imponer su mandato. Todos los emperadores de esta época son militares
y casi ninguno tiene una preparación suficiente para enfrentarse a los arduos problemas
económicos y sociales del Imperio. Decio y Valeriano combatieron a los intelectuales y a las
religiones orientales y quisieron instalar la antigua unidad tradicional romana. Galieno vuelve
a la tolerancia religiosa, que es lo mismo que al confusionismo. Aureliano es el primero en
intuir una posible salida, es decir, comprende que sólo se conseguirá una nueva «legitimidad»
cuando el poder imperial se apoye en una idea religiosa. Por ello instala el culto al Sol. Pero
esta religión no obtiene el beneplácito del pueblo. Es un pariente suyo, Constantino, quien
acierta a elegir la religión –cristianismo-, en la que se debería apoyar la «legitimidad» del
nuevo gobierno. Por eso el Imperio Cristiano es un Imperio legal, a diferencia del anterior. El
Emperador pagano llegaba al poder por la fuerza o la astucia, el Emperador cristiano alcanza
el trono por «la gracia de Dios». Esta idea será el sello de la «legitimidad» monárquica
europea hasta el siglo XVIII.
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Pero la inseguridad producida en el Imperio por la anarquía militar provoca, en el
terreno social, los gérmenes del feudalismo. Algunos ricos terratenientes crean milicias
particulares para defenderse de este estado de cosas. Los precios suben el 1.000 por 100 desde
el 256 al 280 d.J.C. Aureliano restaura la moneda con el oro del reino de Palmira y con los
enormes impuestos que carga sobre los ciudadanos pudientes. Diocleciano encuentra una
moneda bastante fuerte y se dispone a hacer la gran transformación económica y social. Hace
hereditarios los gremios profesionales, centraliza totalmente la administración imperial
decretando una nueva división en diócesis, prefecturas y provincias, nacionaliza la agricultura
y la industria y consigue un socialismo estatal completo como aquel que habían iniciado los
Severos. Prosperan los tributos en especie, los servicios forzosos al Estado y otras
instituciones orientales. Separa radicalmente las atribuciones militares y administrativas de las
provincias y divide el Imperio en dos zonas -Oriental y Occidental- con capitales en Spalato
(Yugoslavia) y Mediolanum (Milán, Lombardía), regida esta última por su amigo Maximiano.
Roma queda relegada a un segundo plano y el Senado a la categoría de Concejo provincial.
También nombra dos césares o lugartenientes de los Augustos -Constancio y Galenoformando así un sistema de gobierno jerarquizado que se conoce con el nombre de
«tetrarquía». Constantino completa la obra de Diocleciano, apoyándose en la religión cristiana
que le da «legitimidad» de poder indiscutible y traslada la capital a Bizancio
(Constantinópolis, Constantinopla), desplazando el centro de gravedad político hacia Oriente.
En Occidente las ciudades se ven paulatinamente abandonadas y la gente se refugia en
el campo. Es el comienzo del feudalismo medieval, que los bárbaros sólo prolongan en el
tiempo.
ROMANIZACION
La obra de Roma fue la unificación política y
01_Mapa del
cultural del suelo mediterráneo. Esta es su gloria
imperio romano
máxima y en ella encuentra los gérmenes de su
y sus calzadas
disolución, como hemos visto. La pequeña Roma
engendra un Estado Universal (1), con esa «voluntad
de imperio» de los pueblos marcados por el destino. Luego, el Estado Universal causa la ruina
y disolución de la propia Roma para llegar a formas históricas más amplias y cambiantes.
La labor de Roma fue nula o escasa en la zona oriental del Imperio (Grecia, Siria,
Egipto) -que tenía una cultura muy superior-, pero desplegó, en cambio, una trascendental
influencia en las zonas occidentales (Hispania, África, Galia, Bretaña y Europa central). En el
sur de Galia floreció una gran cultura y economía, con ciudades como Narbona, Arles, Nimes,
Marsella, etc. Es el centro de la cultura provenzal que se extiende hacia el norte por el valle
del Ródano (Toulouse, Lyón, Ginebra, etc). Se levantan teatros, circos, templos, etc., y se
extiende la enseñanza del latín y del Derecho. Había Asambleas provinciales en Lyón y una
poderosa burguesía que crea una cultura urbana y mercantil.
En Hispania no evolucionó igual la ocupación romana. Hispania no era zona de paso,
sino de término. Y era campo de explotación minera y agrícola de los capitales romanos. El
Imperio favoreció el desarrollo de la cultura en las ciudades hispánicas: Sevilla, Zaragoza,
Tarragona, Toledo, Pamplona, Mérida, etc. Trajano, Adriano, Columela, Pomponio Mela,
Marcial, Lucano, Séneca, son algunos hispanos destacados de esta época.
En Britania la romanización se limitó a una ocupación de los puertos importantes como
Dover, Londres, Chester, York, etc. Irlanda y Escocia permanecieron bárbaras, sin el contacto
de la cultura romana.
11
Europa Central también sufrió una romanización cuya vía de acceso fue el Danubio. Fue
mucho menos intensa, pero se notan sus efectos. Augsburgo, Salzburgo, Viena, etc., son las
ciudades más romanizadas. Dalmacia y el Epiro se romanizaron más tarde y produjeron
individuos como Aureliano y Diocleciano.
En África se crean colonias como Bizerta, Leptis Magna, Cabes, Timgad, etc. Son
grandes ciudades, quizás las más grandes y mejor conservadas del Imperio.
CULTURA
La cultura de la época imperial es distinta, pero procede sin solución de continuidad de
la Baja República. Sólo se puede entender partiendo de ésta (ver tema IX). Vamos a desplegar
los diferentes aspectos que facilitarán su exposición y recuerdo con fines didácticos.
a) Religión y Moral.- La religión constituye los más profundos estratos de la creencia
colectiva e influye en la concepción del mundo que un pueblo tiene, y, por tanto, en toda su
concepción de la sociedad y la política. Quien crea que religión y política son dos cosas
totalmente distintas, no puede comprender del todo al hombre, que es el protagonista de estas
dos actividades.
A comienzos del siglo II a.J.C., concretamente en la segunda guerra púnica, a finales del
III (212 a.J.C.), Tito Livio dice que a raíz de la porfiada contienda con Aníbal, comienzan a
sentirse en Roma fenómenos religiosos y sociales extraños, y parece «que los dioses fueran
otros». Dice así concretamente: «El Foro y el Capitolio andaban llenos de turbas de mujeres
que ni hacían sacrificios ni oraban según las costumbres patrias. Embaucadores, místicos y
adivinadores se apoderaron de las mentes de los habitantes de Roma, cuyo número había
aumentado mucho con la plebe rústica, obligada a refugiarse en la ciudad desde los campos
incultos y devastados, víctima de la miseria y el terror. Con lo cual fue fácil a aquellos
embaucadores, aprovechando la ignorancia de las gentes, hacer su negocio, que ejercían como
si fuese un oficio autorizado.» (Décadas, XV. Traducción de Ortega.) Añade Ortega: «Roma
herida hasta el fondo por Aníbal, obligada por él a combatir a la vez en países distantes España, Sicilia, Africa, Macedonia- ha quedado abierta por la herida al mundo de la
diversidad y ésta penetra en ella borboteando como un torrente, arrollando los modos
tradicionales.» (Una interpretación de la Historia Universal, Ortega. «Rev. Occid.», pág. 210.).
Nuevas religiones, nuevas concepciones del mundo, nuevos estilos de vida. Son las
religiones de Dionisos, Orfeo, y los pitagóricos, la de Démeter, la de isis, la de Atis, etc. No
es que todos los romanos dejaran de creer en sus antiguos dioses y cambiaran de vida, sino
que muchos grupos lo hicieron y la religión tradicional (los auspicios, manes y lares, etc.)
dejó de ser una creencia colectiva. Y al perderse esta creencia se debilita y aniquila la
concordia común, aquello en lo que todos estaban de acuerdo. El Derecho se funda en un
estado colectivo de la vida humana. Al cambiar este estado ha de cambiar el Derecho público.
Por eso dice Ortega: «al quebrarse las creencias comunes, se resquebraja la legitimidad». La
religión deja de ser una creencia común y se convierte en un acto discutible. El romano, al
enriquecerse, se moderniza y se individualiza. Esto es lo que Arnold Toynbee llama la
«intoxicación por la victoria».
Y no son sólo ideas religiosas, porque durante el siglo II a.J.C. siguen entrando en
Roma costumbres y creencias griegas y asiáticas, como el refinamiento corporal, la
homosexualidad, etcétera, hasta que a mediados del I a.J.C. se atreve a decir César: «La
República? ¡La República no es ya más que una palabra!».
12
El propio Cicerón, pontífice máximo, no cree en los dioses. Los emperadores suelen ser
pontífices y hay pocos que crean en los dioses tradicionales. Pero se es consciente de que el
vacío espiritual que constituye la falta de religión es el principal enemigo de la situación
política y varios emperadores (Dedo, Valeriano, Diocleciano) tratan de revitalizar los antiguos
cultos, pero ya es tarde. Además de las religiones anteriormente apuntadas, se extienden
durante el Imperio la de Mitra, el judaísmo, el cristianismo y otras varias. Alejandro Severo es
el gran tolerante que admite todas las religiones y las rinde culto. La mitología olímpica reimplantada por Octavio- y aún más, la vieja religión animatista y «numinosa» de los
romanos, ya no son más que fórmulas vacías y sin sentido. Precisamente podemos considerar
al Imperio como el período sin religión, es decir, como la transición entre la muerte de las
antiguas creencias y la maduración de las que van a sustituirlas: el Cristianismo, que ya nos
introduce en la época siguiente.
Cierto es que los Emperadores emplean la religión como un instrumento político,
haciendo sacrificios y ex-votos a la Paz, al Imperio y al Emperador, que era divinizado
después de morir (Divo).
Hubo períodos de cierta originalidad religiosa, como el estoicismo de Marco Aurelio o
la religión solar de Aureliano.
La moral de esta época sufre una relajación parecida y se hace preciso que el Estado
intervenga cada vez más en la vida pública hasta llegar al absolutismo del Bajo Imperio,
donde el poder del Estado se impone totalmente al individuo, reduciéndolo a un número en su
corporación o gremio.
El estoicismo pone las bases de una nueva moral en el siglo I y II d.J.C. y luego es el
cristianismo el que establece el principio moral.
En resumen, el Imperio es una época de vacío religioso y moral, de búsqueda de nuevas
soluciones que puedan sustentar una nueva política, una nueva ciencia, un nuevo arte.
b) Ciencias y Filosofía.- Ya hemos dicho que los romanos no son buenos científicos,
no son propicios a la teoría. Todo hombre -y todo pueblo por un impulso mimético- tiene un
ideal de vida, una imagen del hombre que quisiera ser. En persecución de ese ideal gasta el
hombre todas sus energías.
Los griegos comprenden la vida por medio de la teoría. Los romanos la comprenden en
el respeto religioso; de ahí su imperturbable seriedad ante la vida.
Existen algunas figuras, como Claudio Ptolomeo, del siglo I d.J.C., pero ya hemos
hablado de él en otro lugar (ver tema VIII), porque aunque es del tiempo del Imperio,
pertenece al mundo y pensamiento helenístico. Lo mismo podríamos decir de Estrabón, pero
hay geógrafos originales como Pomponio Mela.
Galeno es un médico del siglo II d.J.C. que vivió toda su vida en Roma, aunque se
forma en la tradición y experiencia de Alejandría. Sus estudios y consejos fueron muy
respetados en la Edad Media. Tuvo además afición por la teología y la lógica.
No sólo no crearon teorías, sino que rechazaron tercamente las de otros pueblos. La
única filosofía que influyó en Roma fue el estoicismo; pero no debe culparse a la filosofía como se hace a veces- de la disolución moral y religiosa de los romanos, porque ésta comenzó
en el II a.J.C., mientras que el estoicismo sólo dominó en Roma tres siglos después. Fue la
filosofía de nobles y burgueses, pero se extendió sobre capas tan amplias de la sociedad, que
transformó la vida de Roma, desde el Emperador -Trajano, Adriano y Marco Aurelio eran
13
estoicos-, hasta el más bajo de sus súbditos. De este modo la vida se hizo especialmente feliz
y tolerante. El estoicismo obró como una especie de creencia colectiva, llenando por algún
tiempo aquel hueco que la religión había dejado. Pero una filosofía -por convincente que seanunca puede ser creencia colectiva de un pueblo; a lo más, de una pequeña minoría.
Durante el siglo II, pues, domina el Imperio una burguesía occidental ilustrada que
eleva al poder emperadores hispanos y galos. Pero a finales del II d.J.C. hay una reacción de
los colonos y militares contra la burguesía ilustrada de esta época y es entonces cuando suben
los Severos apoyados en el ejército y los colonos africanos, y luego Aureliano y Diocleciano
apoyados en las legiones y plebe de Dalmacia e Iliria. Pero sigamos con el estoicismo.
El estoicismo fue extendido en Roma por Panecio de Rodas en el II a.J.C. y por
Posidonio de Apamea en el I a.J.C. Aunque muchos nobles romanos se adiestran en esta
filosofía, entre ellos Cicerón, no podemos hablar de una verdadera personalidad estoica hasta
Lucio Anneo Séneca (4-65 d.J.C.), nacido en Córdoba, tío del poeta Lucano. Vivió casi toda
la vida en Roma, donde pronto pasó a ocupar altos cargos de la Administración. Agripina le
encargó la educación de su hijo Nerón y fue consejero de este emperador cuando subió al
trono (54 d.J.C.). Más tarde, complicado en una conjura, se suicidó. Escribió obras de física,
moral, literatura. Su gran preocupación, como es costumbre en el estoicismo, es la moral, que
es la proyección de la filosofía en el comportamiento humano en orden de conseguir la
felicidad. Su modo de escribir es monologado, mediante cartas, reflexiones, máximas, etc.
Otro estoico famoso fue Epicteto (50-125 d.J.C.). Esclavo y liberto a la muerte de su
amo, enseñó filosofía en Roma y en el Epiro, Su obra más importante es el «Manual».
Por último, debemos señalar la figura del Emperador Marco Aurelio (121-191 d.J.C.),
cuyo profundo sentido estoico se siente en una dulcificación de leyes y costumbres de su
época. Es muy famoso su libro de «Pensamientos».
c) Literatura.- La última mitad del I a.J.C. y la primera mitad del I d.J.C., es decir, la
época de Augusto, es llamada el «siglo de oro» de las letras romanas. Destacan tres poetas
excepcionales: Virgilio, autor de las «Bucólicas, las «Geórgicas» y la «Eneida» -remedo de la
«Ilíada», que quiere ser la gran epopeya patria de los romanos-; Horacio, autor de las «Odas»
y las «Sátiras», de incomparable sabor humano; Ovidio, autor mucho más íntimo y original en
sus «Pónticas», «Tristes» y «Tratado del Amor». También es de esta época el historiador Tito
Livio, más literato que historiador propiamente dicho, que escribió las «Décadas». De otra
generación posterior es Lucio Anneo Séneca, autor de «Epístolas», obras didácticas y sobre
todo tragedias de mucho énfasis y patetismo, que ya no se alimentan de aquella inagotable
vena de los mitos griegos, aunque quieran remedarlos como Virgilio en la «Eneida». Otro
historiador es Tácito, cuya obra, «Annales», es un ejemplo de buen estilo, simple y
descarnado de toda retórica superflua. También tienen importancia escritores como Plinio el
Joven y otros geógrafos y naturalistas. Hay poetas como Juvenal y Lucano, autor de un poema
épico inmortal, la «Farsalia», en la que poetiza sobre la guerra civil entre César y Pompeyo,
poniendo sus simpatías de parte de este último.
d) Artes plásticas.1. Arquitectura.
Ya dijimos que, aunque conocen y emplean los órdenes griegos -sobre todo el corintio-,
los órdenes originales son el toscano, simplificación del dórico, y el compuesto, superposición
del jónico y el corintio (ver tema IX).
14
Los templos son abundantes en el Imperio y
02_Nimes_La
recorren una gran diversidad de épocas y estilos. De
«Casa
Cuadrada»
tiempos de Augusto -y muy parecida a los templos
republicanos- es la «Casa cuadrada», de Nimes (2). A
las formas helenísticas se añaden en ella algunos
elementos que proporciona la tradición. La construcción, de extremada simplicidad,
corresponde a conceptos religiosos firmes y sobrios. El «podium» sobre el que se asienta el
edificio tiene ascendencia etrusca, única tradición que los romanos pueden oponer a la
absorbente influencia griega para afirmar su personalidad. El templo fue edificado entre el 19
y el 12 a.J.C.
Más importante a pesar de sus reducidas
dimensiones
-tiene sólo unos 10 metros de lado- es el
Pacis»
«Ara Pacis Augustae» (3). Fue edificada cuando
Augusto regresó triunfante de sus expediciones contra
galos y cántabros, e inaugurada el año 9 a.J.C. El
monumento fue concebido como un clásico altar helenístico, pero en su realización se aleja
totalmente de los cánones propuestos, resultando profundamente romano. De todas formas,
recuerda obras de Pérgamo muy anteriores, sobre todo por su decoración, de la que
hablaremos más tarde.
03_Roma_El «Ara
Ya del siglo II d.J.C. -época de Trajano y Adriano- es el templo de Venus y Roma, con
dos «cellas» semicirculares adosadas, que parece trazado por el propio Adriano. No hay duda
de que en tiempo de este emperador se llegó a las mejores soluciones técnicas en arquitectura.
Particularmente notable es el Panteón (4), cubierto con una
gran cúpula de casetones -la mayor que nos ha legado la
antigüedad- que tendrá importancia capital en el Renacimiento.
Aunque fue comenzado el año 27 a.J.C., la edificación que
contemplamos hoy se debe a una restauración total de tiempos de
Adriano, entre el 120 y el 130 a.J.C. El «Panteón» supone una
revolución en la arquitectura religiosa, ya que con él se inicia un
proceso de «interiorización» del templo, que va a culminar en la
basílica cristiana.
04_Roma_El
Panteón
El templo de Minerva Médica, del III d.J.C., se resuelve con una gran cúpula cuyos
empujes laterales se contrarrestan con dos gigantescas exedras de bóveda de cuarto de esfera,
y rotundos estribos adosados.
Los templos que hemos mencionado hasta ahora
05_Baalbeck
presentan elementos específicamente romanos (Líbano)_Templo
«podium» y bóvedas- que los diferencian de los
de Júpiter
griegos. De clara ascendencia helenística es el colosal
conjunto de Baalbeck (5), en Siria. Las construcciones
de Baalbeck se comenzaron en tiempos de Augusto,
que transformó la pequeña aldea semítica en floreciente colonia romana, y se continuaron a
través de los siglos por Antonino Pío, Septimio Severo y Caracalla. El templo más importante
estaba dedicado a Júpiter Heliopolitano, y se componía de cuatro partes: unos propileos, un
patio hexagonal, un patio rectangular y el santuario propiamente dicho, con columnas de
veinte metros de altura. Esta ordenación en zonas cada vez más sagradas corresponde a
concepciones semíticas, y los elementos constructivos y decorativos al arte helenístico más
barroco.
15
06_Roma_Basílica de
Majencio
La basílica más importante de esta época es la de
Majencio (6), de gran nave central con bóveda de aristas, y
laterales con bóvedas de medio cañón que contrarrestan el
empuje de la central. En la actualidad sólo queda en pie una
nave lateral y restos de la central. Es también importante la
basílica Ulpia, en el foro Trajano, totalmente hundida.
Las termas llegan a tener un desarrollo colosal
07_Roma_Termas
tanto por sus dimensiones como por su audacia técnica
de Caracalla
y su virtuosismo decorativo. Destaca la de Caracalla (7),
en Roma -de la cual subsisten algunos tramos con
enormes bóvedas de aristas y unas incipientes pechinas
para pasar de una base cuadrada a una cubierta semiesférica-, en el templo de Júpiter anejo a
las termas. Muy importantes son las de Diocleciano, también en Roma, hoy sede del
magnífico Museo de las Termas. En el «tepidarium» los empujes de la bóveda se
contrarrestan con estribos coronados por gruesos pilares que asemejan los arbotantes con
pináculos del arte gótico.
Los teatros de esta época también son los más interesantes
de la arquitectura romana. Ante todo el original Teatro Marcelo
Marcelo
(8), de Roma, que se conserva casi por completo y tiene la
originalidad de presentar en la fachada arquerías con órdenes de
dintel superpuestos; en el piso bajo son de orden toscano y en el
segundo jónicos. Esta superposición de las dos soluciones
técnicas -arco y dintel- es muy fecunda para toda la arquitectura
romana posterior y aun para el Renacimiento, donde se utiliza
sistemáticamente. El mayor teatro del Imperio es el de
09_Sabratha
Aspendos (Asia Menor), de gran efecto escenográfico.
(Túnez)_El
Teatro
Uno de los más bellos y mejor conservados es el de
Sabratha (9) en Libia, que ha sido restaurado
recientemente y se continúa utilizando. Corresponde a
tiempos de Septimio Severo.
08_Roma_Teatro
El anfiteatro como instalación permanente es invención de un amigo de César, Curión el
Joven. En tiempos anteriores las luchas de gladiadores (numera gladiatorum) se habían
desarrollado en espacios abiertos, o en plazas acondicionadas provisionalmente para el
espectáculo. Del primer anfiteatro construido en Roma, el año 29 a.J.C. por C. Statilius
Taurus, no quedan restos, y que fue totalmente destruido en el incendio que organizo Nerón.
A Vespasiano se debe la iniciación de las obras del mayor y mas
famosos de los anfiteatros romanos el «anfiteatro Flavio» o
10_Roma_El
Coliseo
«Coliseo» (10) Se asienta sobre el estanque de la Domus Aurea de
Nerón que Vespasiano hizo desecar. Las obras fueron continuadas
por Tito que lo inauguro el año 80 de nuestra Era Domiciano se
ocupo de embellecerlo. Tenía capacidad para 4.000 espectadores
sentados y 5.000 de pie. Un sistema de canalizaciones permitía
inundar la arena para representar batallas navales.
En el exterior se superponen filas de arcos y dinteles, como
en el Teatro Marcelo. Se utiliza por primera vez la bóveda de
arista, que se refuerza por grandes arcos de ladrillo en el complejo
de galerías, gradas (cáveas) y vomitorios.
A imitación del Coliseo se construyeron anfiteatros por todo
el Imperio. Son particularmente interesantes los de Nimes (11) y
16
11_Arlés_El
Anfiteatro
Arlés, que hoy se utilizan como plazas de toros, el de Verona, el de Itálica, etcétera.
Desde muy antiguo los romanos erigieron, con fines
12_Roma_Arco
educativos, y como consecuencia de muy antiguas tradiciones,
de Tito
monumentos que servían para conmemorar las hazañas de sus
más distinguidos ciudadanos realizadas en provecho o defensa de
la patria. De estos monumentos los más repetidos son los arcos
de triunfo. Parece que en principio se construyeron en madera, y
se desmontaban una vez celebrado el triunfo. Más tarde se
construyeron en piedra o mármol, y son más de cien los arcos
que han perdurado hasta nuestros días. El Arco de Tito (12) es cronológicamente el primero
entre los más notables (año 81 d.J.C.). Se encuentra situado a la entrada del Foro romano y
conmemora la toma y destrucción de Jerusalén en el año 70, hecho que originó la dispersión
del pueblo hebreo. Probablemente se terminó en tiempos de Domiciano.
En honor de Trajano se levantaron varios arcos. En Roma existen dos: uno en el Foro de
Trajano y otro en la Vía Appia. Un tercero se encuentra en
13_Roma_Arco
Benevento (13), se construyó el año 114 y no conmemora
de Septimio
Severo
ningún hecho concreto, sino el buen gobierno del
emperador. Los relieves que decoran el arco se dedican a
exaltar a Trajano como príncipe perfecto.
Los arcos de tiempos posteriores, como el de Septimio Severo (203 d.J.C.) en el Foro y
el de Constantino (14) frente al Coliseo se decoran
14_Roma_Arco de
profusamente Este ultimo levantado con motivo de la
Constantino
victoria del año 313 sobre Majencio se adorna con
relieves arrancados de un monumento anterior
probablemente de tiempos de los Flavios.
Otros monumentos conmemorativos son las columnas triunfales. En Roma se alzan dos:
la Columna de Marco Aurelio y la Columna Trajana (15). Esta última fue erigida por el
Senado para conmemorar los triunfos del emperador en Dacia. Terminada el año 113, la
columna tiene 30 metros de altura. Sobre su fuste se arrolla en espiral un friso de relieves, que
desarrollado tendría una longitud de unos 200 metros, en el que se
15_Roma_
narra -en lo que se ha llamado «estilo continuo»- la campaña de
Columna
Trajana
Trajano en Dacia. Los episodios sucesivos se yuxtaponen
ininterrumpidamente, pero cada una de las escenas se centra en
torno de la figura del emperador, que se representa en forma
reiterada. La Columna Trajana sirvió de mausoleo del emperador,
cuyos restos fueron depositados en el pedestal de la misma.
Además de arcos y columnas se levantaron otros monumentos triunfales llamados
«trofeos». Muy original es el Trofeo de Adanklisi, erigido por Trajano en Rumania, que está
inspirado en los túmulos de la época republicana.
En el capítulo de arquitectura romana no podemos olvidar los trabajos de ingeniería. En
este terreno las obras más repetidas son los puentes y acueductos repartidos por toda la
geografía del imperio. Muchos de los puentes romanos se utilizan todavía -recuérdese el
bellísimo puente romano de Alcántara, sobre el Tajo-, y algunos acueductos están en uso
como en los días en que fueron construidos -Segovia, por
16_Acueducto
ejemplo-. El Pont-du-Gard (16), que salva el Ródano en las
sobre el
Gard
cercanías de Nimes, es puente y acueducto a la vez. Es
(Provenza)
obra de principios del primer siglo de nuestra Era, y sin
duda una de las más bellas e imponentes de la ingeniería
17
romana. Otras obras públicas frecuentes, son además de las calzadas en cuya construcción los
romanos fueron maestros, pantanos, canales, etc.
Es interesante conocer la disposición del
campamento militar romano (17), ya que va a servir de
17_Reconstrucción
de un
base para el trazado de muchas ciudades provinciales, y
campamento
éstas, a su vez, de modelos urbanísticos para otras del
romano
Imperio. El campamento se organizaba de dentro hacia
afuera. En primer lugar se fijaba la tienda del general
(praetorium), de hasta 60 metros de lado. A unos 200 metros de ella se establecía posición de
la «porta praetoria», que quedaba unida al «praetorium» por la «vía praetoria». Esa vía se
prolongaba hasta la muralla del lado opuesto, donde se abría la «porta decumana». Delante
del «praetorium» se levantaba un altar para los sacrificios, ante el que pasaba la «vía
principalis», perpendicular a la «vía praetoria». En los extremos de esta vía se encontraban las
«puertas principales». El campamento, rectangular, quedaba cercado por un foso y un muro
(valium), formado por la tierra extraída al excavar el foso. Si el tiempo de permanencia en el
campamento se prolongaba, se perfeccionaban estas instalaciones, principalmente elevando el
«valium».
La casa no experimenta muchas variaciones. Pero en esta época se construyen
espléndidos palacios y villas residenciales, entre las que destacan la Casa de Augusto y la
Domus Tiberiana, en el Palatino; la Domus Aurea, de Nerón, en el Esquilmo; la grandiosa
Domus Flavia, de Domiciano, obra del arquitecto Robirius, que es un complejo residencial
formidable, en el que se alojaron los Césares hasta tiempos de Diocleciano.
Frente a esta arquitectura grandiosa se levanta otra
18_Tívoli_Villa
Adriana_el
refinada y barroca en la villa de Tívoli, construida por
Teatro
Adriano, donde se resuelven
Marítimo
19_Tívoli_Villa
con originalidad grandes
Adriana_las
problemas de altura y
Grandes
Termas
escenografía. De este conjunto hay que destacar el estanque
rodeado de arcos y columnas (18), el teatro marítimo, las
termas (19), la biblioteca, el hospital, etc. tiene gran
movimiento de plantas y originales bóvedas de hormigón de
gran altura, grandes columnatas y bellos efectos de perspectiva.
Entre los palacios construidos en los tiempos finales del Imperio pagano, el más notable
es el de Diocleciano, en Spoleto (20), en la costa de Yugoslavia. Se edificó a principios del
siglo IV. Su recinto, un rectángulo de 175 por 40
20_Spoleto_Palacio
metros, se encuentra rodeado de murallas imponentes
de Diocleciano
(reconstrucción)
de 18 metros de altura, flanqueadas de torres cuadradas,
salvo en las puertas que miran al campo donde la torres
son octogonales.
Los sepulcros de esta época también son de enormes proporciones. Ya hemos señalado
el carácter funerario de la Columna Trajana, pero debemos referirnos a otros dos monumentos
de muy distintas características. Uno es el Mausoleo de Augusto, actualmente muy destruido,
que tenía le forma de las grandes tumbas de la época republicana: un gran túmulo, en forma
de tronco de cono de 87 metros de diámetro y 32 de altura,
rodeado de un muro de 12 metros de altura, y plantado de
21_Roma_La
«Mole
cipreses. Otro, mejor conservado, pese a todas las
Adriana»
modificaciones, es el Mausoleo de Adriano (Mole Adriana)
(21), que hoy es conocido como Castillo de Sant’Angelo, en
la ribera del Tíber.
18
2. Escultura.
Entre los géneros escultóricos que cultivan los romanos, el más interesante es el retrato,
en el que demostraron siempre especial habilidad. Presentan características que permiten
datarlos, aunque sólo estas características, si no se tienen en cuenta detalles de estilo: pueden
inducir a error. En los primeros tiempos del Imperio se representa sólo el busto, al que se va
añadiendo cada vez más y más cuerpo. A pesar de ello encontramos retratos de Augusto -el
emperador de que se conserva un mayor número de retratos- de cuerpo entero. Otro indicativo
cronológico es la forma en que se representan las pupilas. De los tiempos de los Antoninos
son los retratos con barba.
Entre la multitud de retratos imperiales, debemos citar los
innumerables de Augusto -Augusto niño, Pontifex Máximus,
Calígula
ante Prima Porta, etc.-, los de Tiberio, Calígula (22) y Claudio.
(Copenhague,
Gliptoteca Ny
Del siglo II son los retratos de
Carlsberg)
23_Retrato de
Trajano y Adriano (23), de los que
Adriano
se conservan más retratos que de
(Roma,
Museo de
ningún otro emperador, excepto
Ostia)
Augusto. En este tiempo se vuelve a
buscar inspiración en las formas armoniosas del arte helénico. De
Marco Aurelio (24) se conserva la única estatua ecuestre que nos
ha legado la antigüedad, y que será muy imitada en tiempos del
Renacimiento. Es una obra equilibrada, de cuya mesurada composición se desprende una gran
serenidad. En tiempos de los Severos se produce un nuevo retorno forzado al clasicismo. Las
obras carecen de espontaneidad y la técnica ha sufrido un
24_Retrato de
retroceso, resultando menos afinada que durante la dinastía de
Marco Aurelio
(Roma, Plaza
los Flavios. Frente a ello el arte
del Capitolio)
25_Retrato de
provincial nos llama la atención
Caracalla
(Nápoles,
por su vigor, de forma que las
Museo
esculturas más interesantes son las
Nacional)
que no se encuentran exentas de
una cierta barbarie. Caracalla (25)
resulta notable precisamente por lo que tiene de anormal, de
menos civilizado.
22_Retrato de
El retrato femenino va sufriendo una evolución tipológica
en torno al peinado. El retrato de Livia (26) -esposa de
Augusto- tiene el peinado bajo y con raya en el centro. El
sedente de Minacia Pola, del Museo
27_Retrato de
de las Termas, corresponde al
Vibia
Matibia
mismo momento. En la época de
(Roma,
los Flavios se pone de moda un
Museo del
Capitolio)
peinado rizado y alto, en forma de aureola, que tiene su
precedente en los peinados en forma de toca de los tiempos de
Tito y de los primeros años de Diocleciano. De estos tiempos son
buenas muestras el retrato de Julia o el de Vibia Matibia (27), ambos en el Museo del
Capitolio. Esta moda perdura hasta los reinados de Antonino y
28_Retrato de
Marco Aurelio en que se vuelve al peinado bajo, recogido en la
una
muchacha
nuca como el que luce Faustina, mujer de Marco Aurelio, o
(Roma,
como el que presenta la desconocida muchacha romana (28),
Museo de las
Termas)
cuya imagen acompañamos.
26_Estatua
sedente de
Livia (Madrid,
Museo
Arqueológico)
19
El otro género -además del retrato- que es
29_Relieve del
particularmente cultivado en Roma es el relieve. Los del
«Arca Pacis»
Altar de la Paz de Augusto (29) -al que ya nos hemos
(Florencia,
Galería
referido hablando de arquitectura- muestran una
Uffizi)
procesión imperial de tipo religioso. Desfilan dos hileras
de personajes con lo cual se introduce ya un principio de
perspectiva. Los motivos decorativos son de tipo vegetal y de curvas muy suaves, que resaltan
muy poco sobre el fondo.
El relieve cumbre de la época es el del Arco de Tito, que en sus paños interiores muestra
dos escenas del triunfo de Tito sobre los judíos (30). En
estos relieves se consigue una profundidad jamás superada,
30_Relieves del
Arco de Tito
un ilusionismo espacial, no solamente a base de
(Roma)
perspectiva geométrica -como en el caso del Altar de la
Paz de Augusto-, sino mediante un esfumado aéreo
característico.
En el siglo II el relieve, como el retrato, disminuye su
31_Relieves de
calidad técnica, como si los escultores hubieran perdido oficio, lo
la Columna
que muy bien puede deberse a la sustitución de la mano de obra
Trajana
(Roma)
helenística por la propiamente romana. Frente a ello inicia
caminos originales, como el de la narración continua en la
Columna Trajana (31). Las múltiples escenas que se suceden en la
espiral ascendente de la columna corresponden a un arte
propagandístico y divulgador, típico de la monarquía ilustrada del
siglo II. En la columna de Marco Aurelio se notan muy notables diferencias estilísticas, a
pesar de su semejanza de concepción. El relieve se ha rehundido, resultando más grosero,
pero no menos expresivo. El arco de Septimio Severo tiene relieves de muy mediocre calidad.
Son notables los relieves con que se decoran los
sarcófagos,
sobre todo a partir de la época de los
los Trabajos
Antoninos. Son famosos los sarcófagos de Baco y
de Hércules
(Roma, Villa
Ariadna, el de Orestes y el de los Trabajos de Hércules
Borghese)
(32), con escenas entre columnillas, decoración que
parece proceder de Asia Menor. Las escenas mitológicas representadas tienen una
significación simbólica o mística, y en ello reside su interés fundamental. La mayoría de los
relieves son de una composición muy simple, y ocupan solamente las paredes del sarcófago,
aunque en algunos orientales se represente al difunto tendido sobre la tapa, como en uno
procedente de Sidamara. Quizá el más conocido de los
33_Sarcófago
sarcófagos romanos del Imperio sea el Ludovisi (33), del
Ludovisi
(Roma,
Museo Nacional de las Termas, que se decora con escenas
Museo de
de batalla, en las que el abigarramiento de las figuras se
las Termas)
resuelve con un perfecto sentido de la composición y de la
armonía.
32_Sarcófago de
La pintura sigue empleándose para decorar las casas -pintan las fachadas- y, en general,
puede considerarse como el arte más típico y expresivo del Imperio. Precisamente se produce
con el paso del tiempo una progresión hacia el
34_Sacrificio a
expresionismo pictórico, tendencia que se confirmará en
Dionisos
(Nápoles,
los tiempos del Imperio cristiano. La mayoría de las obras
Museo
pictóricas del Imperio se han perdido, pero lo que resta nos
Nacional)
puede dar clara idea de estas manifestaciones (34).
20
No podemos terminar este capítulo sin aludir a dos
de
las
manifestaciones de las llamadas «artes menores».
Augustea»
(Viena Museo
Una técnica que producía obras notables es la del
de Historia del
camafeo. Los ejemplares más característicos del período
Arte)
son la «Gemma Augustea» (35), del Museo de Viena seguramente anterior al reinado de Augusto-, y el «Gran Camafeo de Francia», un poco
posterior. Son notables el virtuosismo de los artífices trabajando sobre materias de extrema
dificultad, la destreza con que se utilizan los contrastes de color de las vetas de las piedras, y
el monumentalismo que consiguen comunicar a estas obras de pequeño formato, aunque no
siempre los logros estéticos sean apreciables.
35_«Gemma
En orfebrería debemos destacar los trabajos en plata. Las
ricas villas romanas contaban entre sus tesoros al menos una
vajilla de este metal, de exquisita factura. Muchas han llegado
hasta nosotros, y entre ellas destacan el tesoro de Hildesheim,
del Museo de Berlín, y el de Mildenhall (36), del Museo
Británico.
21
36_Tesoro de
Mildenhall
(Londres
Museo
Británico)
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