BOSQUE SUBANDINO

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Ma Trinidad Montero O
Ecóloga. FUP. Docente.
Zonas de vida colombiana.
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Zonas de vida colombianas
BOSQUE SUBANDINO
(1.000-2.400 m.s.n.m)
Los cafetales tradicionales de sombrío han respetado un elevado número de especies
de la flora y de la fauna en una maravillosa integración de hombre y naturaleza,
conservando sólo durante un tiempo, parte de lo que fueron estas prodigiosas selvas de
montaña.
Los límites altitudinales muestran notable variación, los inferiores se sitúan hacia los
800-1.500 m.s.n.m y los superiores hacia los 2.200-2.800 m.s.n.m, e inclusive en
algunas regiones hasta 3.300 o más. La neblina y el rocío desempeñan un papel
definitivo como generadores de aumento en el volumen de aguas de precipitación y
escorrentías que influyen en su vegetación.
Las raíces tubulares son escasas y los zancos pueden aparecer esporádicamente. El
arbolado posee un estrato emergente discontinuo y disperso, con copas variables y uno
o dos estratos más subordinados. Se presentan normalmente los yarumos con hojas
megáfilas a orillas de los ríos, se destacan los cedros, los nogales y los robles. Los
estratos arbustivo y herbáceo son variables, van desde muy densos por la cobertura de
musgos y helechos, hasta muy abiertos como en los robledales.
El dosel alcanza desde 20 hasta 35-40 metros, es bastante heterogéneo pero en los
robledales puede haber una especie dominante que cubre el 90% de la biomasa
arbórea. Abundan las palmeras -inclusive pueden llegar a ser dominantes o
codominantes-, de porte muy variado y aunque algunas son pequeñas, otras alcanzan
el nivel del dosel o lo sobrepasan como ocurre con la palma de cera. Son abundantes
las epífitas en los lugares más húmedos, las trepadoras en su mayoría leñosas, las
orquídeas, los musgos, los helechos arborescentes, las hepáticas, los líquenes, y las
epífilas que le dan un aspecto opaco a las hojas. Las especies parásitas de raíces son
frecuentes, lo mismo que los injertos. En las cañadas hasta unos 2.000 msnm pueden
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aparecer grandes agrupaciones de bambúes de 15 metros o más y hacia los 2.000
msnm otras bambúseas como los chusques.
Este bioma corresponde a la vegetación natural de la mayor parte del clima templado
y cafetero antes que el hombre la talara, distribuyéndose en las vertientes E y W de las
tres cordilleras, la Serranía de Baudó-Los Saltos y la Serranía del Darién, el macizo de
la Sierra Nevada de Santa Marta, la Serranía de la Macarena, y probablemente en
algunos de los cerros más altos de la Amazonia. Es un cinturón continuo, excepto en
valles profundos áridos o semiáridos con mecanismos de sombra de lluvia. La
frecuencia de las nieblas tiende a elevar la humedad ambiental y a decrecer la
evapotranspiración. En el momento queda menos del 5% de los bosques de cordilleras
originales ya que desde la colonia mucho del areal ocupado por este bioma ha sido
incorporado a la agricultura y ganadería.
Lograr una diferenciación de la selva andina o bosque de niebla con la selva
subandina ha presentado científicamente dificultades en su clasificación, debido a que
sus límites varían localmente y pueden descender hasta 800 msnm o ascender hasta
3.000-4.000 msnm en límites con el páramo. Además su vegetación original difícilmente
presenta rasgos lo suficientemente típicos que permitan su distinción, ya que varían
mucho local y regionalmente restándole validez a su aplicación general. Cuatrecasas
introdujo el concepto de "selva subandina" para los bosques húmedos situados entre
1.000 y 2.400 msnm y selva andina para los que van desde 2.400 hasta los límites con
el bosque. Las superficies de las hojas son en un principio un excelente criterio para
separar estos dos biomas, ya que las superficies foliares de la selva andina poseen más
vellosidades que les ayuda a soportar la intensa neblina que las cubre la mayor parte
del tiempo. Sin embargo, a pesar de otras diferenciaciones que se podrían hacer, hay
algunas excepciones que vuelven a dificultar la separación de éstos.
Sólo con muy buenos datos de investigación podría llegarse a una diferenciación
mayor entre estos dos biomas que nos permitiera comenzar buenos proyectos de
conservación y educación. Nos queda entonces respetar toda la vegetación que se
encuentra alrededor de nuestras ciudades, ya que hace parte de un bioma que ha
sufrido cambios notables y decisivos, y cualquier nueva alteración puede seguir
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repercutiendo y haciendole perder sus rasgos originales. Al introducir especies foráneas
en estos terrenos como ha ocurrido desde hace muchos años con el pino y los
eucaliptos, estamos cambiando y deteriorando un bioma que lleva miles de años
intentando vivir en armonía con el hombre.
Hasta hace 120 millones de años Suramérica era parte de un supercontinente plano,
sin montañas. Cuando ésta comenzó a separarse de Africa, se inició el levantamiento
de un sistema montañoso complejo, que a partir de unos pocos kilómetros alcanzaba
las nieves perpetuas. La cordillera de los Andes comenzó a interrumpir la monotonía de
las cálidas planicies, separó las tierras bajas en una franja al oriente y otra al occidente,
alteró la circulación de los vientos, -surcando el territorio con barreras naturales,
vertientes, valles secos y húmedos, climas, microclimas, cuencas y microcuencas-,
trayendo consigo la aparición de diferentes hábitat, aislando la fauna y la flora que
hasta entonces habían evolucionado en los ambientes húmedos y calientes. Desde ese
momento las especies a ambos lados coevolucionaron adaptándose más a las tierras
templadas que a las montañas altas, e independientemente interactuaron con
componentes abióticos que originaron las distintas zonas de vida del mundo. Un largo
proceso que le concedió al trópico la magia de poseer todos los climas del planeta.
Cuando Suramérica quedó como una isla enorme hace cuatro y medio millones de
años, ésta comenzó a unirse a Centroamérica por el itsmo de Panamá, permitiendo un
maravilloso intercambio de fauna y flora entre ambos continentes, donde muchas
especies del norte entraron por Colombia, específicamente por el Chocó la región con la
mayor fuente de especies de todo este proceso. Hace apenas 10.000 años terminó el
período Pleistoceno con una serie de largas edades de hielo que alteraron toda la
cobertura vegetal de las selvas, dejando algunas islas que conservaron siempre la
vegetación de selva húmeda llamados refugios pleistocénicos.
Toda esta compleja historia biogeográfica, la diversidad de ecosistemas, la ubicación
sobre dos océanos, la variedad de suelos y la abundancia de islas ecológicas de
características únicas han determinado la inmensa diversidad biológica y étnica de
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Colombia, un territorio prodigioso que desde el fondo marino se levanta sobre
manglares pasando por selvas húmedas, sabanas, terrenos secos, bosques subandinos
y de niebla hasta alcanzar los páramos y las nieves perpetuas en un acoplamiento con
todas las especies que lo habitan.
Comprender la ubicación de Colombia, conocer todos los ecosistemas y sus
interrelaciones tanto florística como faunísticamente, involucrándonos de nuevo dentro
de nuestras zonas de vida y cumpliendo con nuestra función ecológica específica, es
valorar el privilegio de estar en la zona tropical aceptando la responsabilidad de convivir
con el mayor número de especies del planeta, que nos llevara a reencontrarnos con los
instintos naturales de conservación que garanticen nuestra permanencia en este
planeta azul.
Trabajos científicos enmarcan muy específicamente las zonas de vida o formaciones
vegetales colombianas bajo parámetros de temperatura, precipitación pluvial y
evapotranspiración. Esta es una compilación muy simplificada con datos e información
escrita por varios autores que han entregado su conocimiento a futuras generaciones.
Cabe anotar que dentro de los ecosistemas que menos información se encontró están
la zona seca y la subandina, coincidiendo con ser las más habitadas y destruidas del
país.
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PARAMO
La palabra evoca en nuestra historia las proezas de la guerra de la Independencia.
Cuando Simón Bolívar atravesó el páramo de Pisba, corrió tales riesgos que tras el
peligro de la hazaña se dijo que el Libertador "pasó el páramo". Los españoles le dieron
el nombre de páramo a este bioma, por comparación con sitios despoblados y más o
menos fríos, a menudo cubiertos de brezales, que ocurren en España y otras países
europeos, y por eso en Colombia montañas o cimas del piso térmico frío con frecuencia
de nieblas, pueden recibir el nombre de páramos a pesar de su cobertura boscosa.
Aunque todas las connotaciones que se le dan son de riesgo, para los biólogos y
naturalistas representa un cúmulo de belleza y maravillas que puede alcanzar a extasiar
aún al profano que tenga capacidad de emocionarse con lo bello.
Entre la fría y aparente inhóspita zona de nuestras cordilleras, ubicada entre la selva
andina y las cimas cubiertas de nieves perpetuas está el ecosistema páramo, único en
el planeta y exclusivamente Grancolombiano. Solamente en Colombia, Ecuador y
Venezuela el páramo adquiere su verdadera dimensión, ya que en Costa Rica por
ejemplo, el Páramo de la Muerte alcanza sólo los 2.500 metros, pero que por su
ubicación septentrional produce un efecto climático comparable al de los 3.000 metros
de altitud que alcanzan los páramos. Su máxima expresión está en nuestras tres
cordilleras y en la Sierra Nevada de Santa Marta. El paisaje de los páramos le da al
espíritu humano su máxima elevación.
Nuestra pequeñez se confirma más cuando se contemplan las cuchillas de rocas con
grandes escalones que demuestran claramente el levantamiento de los Andes. Desde
esas alturas descienden montañas algunas veces abruptamente, otras muy onduladas
pero siempre finalizando en un valle, en donde el agua se recoge formando pantanos,
charcos o lagunas alimentadas por quebradas y arroyos cristalinos. El suelo es
generalmente negro, ácido y pobre en nutrientes pero rico en materia orgánica, está
cubierto por un vegetación tupida, donde predominan la paja y el frailejón acompañados
de musgo cuya capacidad de absorción es increíble. La tierra es muy permeable
convirtiendo al suelo en una esponja, que almacena agua y le da su mayor importancia
ecológica. Hay un musgo que almacena 40 veces su peso en agua.
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Después de varios días de lluvia, neblina y cielo encapotado, un día de sol en
nuestras alturas andinas es inolvidable, se ven los filos blancos contra el cielo azul. Las
formas de vida de el páramo que bullen por todas partes, se han adaptado a una gran
altura donde la radiación solar intensa alterna con días nublados y cielo cubierto. El
clima es básicamente frío y húmedo, y la temperatura varía con la altitud. Los días
soleados corresponden en su mayoría a la época de verano, o sea entre diciembre y
febrero en la cordillera Oriental, mientras que en la Occidental y Central se presentan
de junio a septiembre. La radiación es alta y aumenta a medida que se asciende y
aunque con la neblina se controla un poco, la duración de la radiación siempre es de 12
horas diarias. Las plantas han tenido buenísimas adaptaciones para protegerse de la
radiación solar, tienen hojas plateadas, blancas, vidriosas o brillantes, coloradas, de
tonos parduzcos o rojizos que les permite reflejar los rayos. También soportan bajas
temperaturas en los amaneceres durante los veranos. Aunque el sol no brilla, el viento
frío quema la piel.
La precipitación pluvial en los páramos ha sido poco estudiada y por encima de los
3.000 o 3.200 m.s.n.m tiende a disminuir a medida que aumenta la elevación sobre el
nivel del mar. En investigaciones que se han realizado durante años se ha establecido
que esta precipitación oscila entre 700 y 3.000 milímetros anuales en la cordillera
Oriental, aunque esto es relativo de acuerdo con lugares y años. Las nevadas
nocturnas son usuales desde los 3.600-3.800 metros hacia arriba, y las lluvias están
ligadas con la densidad y presencia del bosque andino que se extiende más abajo de la
zona de los páramos. Este bioma está constituido por tres suborobiomas: subpáramo,
páramo y superpáramo o páramo alto.
El subpáramo puede considerarse como la faja transicional entre la selva subandina y
el páramo. Abundan los arbustos, los árboles pequeños, los chusques -bambúes
pequeños- y dentro de las epífitas algunos líquenes, musgos y hepáticas. En algunos
sitios el bosque cambia bruscamente a páramo, debido a condiciones topográficas o de
protección, sin embargo se debe también a incendios y talas. Podría decirse que en
muchos casos representa partes de la selva andina destruida o degradada.
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El páramo se extiende hasta unos 4.200 o 4.500 msnm y se reconoce por el
predominio de gramíneas y los frailejones, aunque también aparecen entremezcladas
una diversidad considerable de plantas. Tiene depresiones que permanecen
encharcadas permanentemente con formación de pantano de musgos con arbustos
enanos. Un elemento realmente característico son los sietecueros.
El superpáramo reemplaza al páramo por encima de los 4.200-4.500 msnm, con una
cobertura vegetal decreciente o casi nula. Por lo general faltan los frailejones y los
suelos son menos evolucionados. Son características algunas herbáceas que por sus
vellosidades se confunden con frailejones. Los rigores climáticos son más pronunciados
y los suelos poco evolucionados.
Las condiciones tan extremas de frío y humedad, neblinas alternadas con momentos
de sol de intensísima irradiación ultravioleta, hacen del páramo y sus especies un
entorno singular e inigualable. La cordillera Oriental de Los Andes en Colombia, por
encima de los 3.300 metros, contiene 260 de los 300 géneros de plantas vasculares de
alta montaña en Colombia -86%-, representados en unas 700 especies, lo cual
constituye la flora más rica de alta montaña del mundo. La mayoría de las especies
pertenecen a las familias de las compuestas y de las gramíneas, acompañadas de otras
de carácter más tropical, tales como las orquídeas, melastomatáceas y bromeliáceas.
Tiene especies florales bellísimas, sobre todo entre los arbustos como el rodamonte, el
sietecueros rojo y el flor de mayo o morado. Un grupo muy ilustrativo de esta alta
"diversidad característica" de los páramos son los frailejones-Espeletiinae-, de los
cuales existen 130 especies altamente evolucionadas, y cuyo nombre alude al efecto
visual en grupos comparados con figuras de monjes ocultos en la niebla. De estas la
mayor concentración de especies se encuentra en la cordillera Oriental con 36 especies
del género Espeletia entre los páramos de Tama y Sumapaz, con varios centros de
radiación y mayor diversidad, entre los cuales sobresale el macizo de Guantiva-La
Rusia con 13 especies, mientras que en la cordillera Central, por ejemplo sólo existe
una especie. Un patrón similar lo presentan las especies de la familia Puya
bromeliácea, con 10 en el páramo del Cocuy, siete en el sistema Chingaza-Sumapaz y
solamente dos en la cordillera Central. El palo Blanco es una de las especies comunes
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en el páramo, y se le asocia con las uvas de anís, las uvas camaronas y los encenillos.
Otro palo interesante es el palo colorado que actualmente está en proceso de extinción
por la excelente calidad de madera. De la misma manera, en la transición de la selva
andina y el páramo en la reserva Carpanta, describieron la comunidad de pequeños
mamíferos más diversa de las tierras altas de los andes con 11 especies.
La fauna de los páramos es variadísima y está constituida, por especies propias de
este ecosistema, aunque también se encuentran presentes algunas especies del
subpáramo y la alta selva andina. El mayor de los mamíferos es la danta de páramo, de
pelaje relativamente largo y que está al borde de la extinción. Dos de los animales más
representativos y que están en inminente peligro de extinción son el venado blanco,
llamado así por su pelaje gris claro, y el oso de anteojos, especie endémica de los
páramos de Colombia y Venezuela, único en el neotrópico. El puma también puede
verse en el páramo, aunque ahora con menos frecuencia. El cusumbo aún es frecuente
verlo, el conejo y el curí son las dos especies más comunes pese a la persecución que
padecen, no sólo por el hombre sino también por el águila real, el ave más grande que
habita los páramos, después del Cóndor de los Andes. El colibrí es el ave que más se
ve en los páramos, alcanzando más de 4.000 metros y tal vez cumpliendo una función
polinizadora. Los insectos abundan especialmente en las hojas de los frailejones,
inclusive hormigas, al igual que pequeñas mariposas de colores vivos.
Si bien toda esta fauna y vegetación que ha evolucionado de manera perfecta
resistiendo extremas condiciones ambientales, ha soportado todas las inclemencias que
un ecosistema le ha hecho padecer, difícilmente será capaz de soportar la utilización de
la tierra para cultivos y los incendios que últimamente han ocurrido en los páramos. La
importancia de los páramos radica, además del nacimiento de los ríos y su regulación,
en las valiosas especies potencialmente productoras de medicinas, resinas, perfumes,
etc. que pueden investigarse hacia el futuro. El páramo viene siendo talado o quemado
en todo el país, lo que trae como consecuencia la reducción considerable de las fuentes
de agua.
Si las áreas abiertas de frailejonales que han sido deterioradas son dejadas en paz, al
cabo de los años vuelve a ser bosque.
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SELVA ANDINA O BOSQUE DE NIEBLA
(2.000-2.400 o 3.300-4.000.m.s.n.m)
La agreste, abrupta y exuberante topografía montañosa de Colombia no concluye en el
piedemonte andino, ni en las espléndidas selvas pluviales de la costa Pacífica del
Chocó, ni en las ardientes llanuras caribeñas que se prolongan dejando atrás ciénagas
y desiertos, en el fondo marino del Atlántico. No interfiere tampoco con la desoladora
apertura de la gran sabana orinocense, ni con la llanura boscosa de la cuenca
amazónica. De hecho, la inhiesta cordillera de los Andes, imponente por su
escalonamiento altitudinal hasta las nieves perpetuas en tres ramificaciones
geográficas, se encuentra circunscrita por un conjunto de montañas aisladas y de
elevaciones satélites, de origen geológico disímil al suyo propio, que en todas y cada
una de las provincias biogeográficas del territorio colombiano, emergen para otorgar al
país las más variadas posibilidades de composición en sus aspectos físicos, naturales y
humanos.
Es quizás el que evoca las más vivas imágenes de extrañas dimensiones en el
espacio y en el tiempo. El habla popular les dice bosques enanos. Misteriosa como un
sueño de la montaña que guarda un secreto bajo la neblina, la selva andina ha sido el
refugio mágico de duendes, elfos y mitos guardianes del agua. Nada de lo que existe
allí corresponde con exactitud a lo que aparenta ser. Están colmados de maravillas
naturales. Verdaderas cortinas de orquídeas que compiten en belleza y exotismo con
plantas del sotobosque. Aún el animal vivo puede ser allí prácticamente imposible de
distinguir del vegetal. Las fronteras entre el piso verdadero y la vegetación que lo cubre
se hacen confusas. Sus condiciones atmosféricas son equables, es decir que están
sujetos a menos extremos de calor, frío o sequedad que los de climas menos estables.
Casi todos sus árboles y arbustos ostentan hojas gruesas y coriáceas con cutículas
protectoras. Su dinamismo se manifiesta tanto a lo largo del tiempo evolutivo como del
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ecológico.
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Existen
indicios
desconcertantes
de
que
pueden
ocultar
manifestaciones desconocidas del proceso evolutivo.
El sistema montañoso periférico como puede llamarse a este conjunto de montañas,
serranías, sierras y tepuyes, constituye una muy diferenciada caracterización orográfica,
que en forma inconfundible imprime al territorio colombiano una generosa fecundidad
natural que se origina en las diferentes gradientes térmicas de estacionalidad pluvial,
permitiendo la formación de mantos boscosos y selváticos, que incluyen comunidades
dependientes del fenómeno atmosférico y ecológico de las nieblas. No tiene estratos
como las selvas cálidas y el techo o dosel está a una menor altura -unos 200 metros-.
Estos bosques no contienen un tipo específico de vegetación, por el contrario se
presentan dentro una amplia gama de elevaciones, en montañas expuestas a los
vientos predominantes, y en condiciones de tipo semiárido y de máxima humedad. El
fenómeno de la niebla en relación con la vegetación, caracteriza al bosque nublado que
cubre una amplia gama de pisos térmicos existentes, del cálido al nival, ejerciendo una
influencia determinante sobre algunos de los tipos de vegetación existentes en
Colombia, desde la selva húmeda tropical hasta el páramo. La neblina y el rocío
desempeñan un papel definitivo como generadores de aumento en el volumen de
aguas de precipitación y escorrentías, influyendo en la vegetación subandina -1.000 a
2.500 metros, andina 2.500 3.500 metros y altoandina 3.500 a 3.900 metros-.
Con básicamente cuatro tipo de bosques: bosque de Tierras bajas o ecuatorial,
montano bajo o subandina, montano alto o andina y bosque pluvial subandino. Todos
reciben aportes en forma de lluvia, neblina, condensación, y ocasionalmente granizo a
grandes altitudes. Se localizan en el segundo y tercer cinturón de nubes tropicales. Sus
árboles alcanzan no más de 25 metros y presentan troncos cortos y retorcidos.
Frecuentemente no hay más que un estrato arbóreo, cubierto de epífitas. Sobre el suelo
se desarrolla un tapete de epífitas y otras plantas briofitas. En algunos sectores, las
características de los suelos determinan la presencia de bosques homogéneos, como
los alisales y robledales, que ocupan substratos pedregosos y superficiales. En algunos
sectores dominan los encenillos y en bosques en etapa temprana de sucesión, los
sietecueros.
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Cada excursión a un bosque de niebla produce nuevos descubrimientos, no sólo
nuevas especies, sino géneros y familias completas. Los árboles leñosos disminuyen
conforme la altitud, siendo los más pobres aquellos más próximos a la línea límite de la
vegetación arbórea, y los más ricos los más bajos y cercanos a la base de la montaña.
Es el imperio de las epífitas, ningún otro bosque se encuentra tan recargado de estas
plantas cuya familia más numerosa son las orquídeas, predominando también musgos,
líquenes y quiches, que llegan a cubrir los troncos completamente.
Las precipitaciones a diferentes alturas del bosque montano están relacionadas con
las variaciones diurnas de los cinturones de nubes. En la mañana el aire caliente sube
por las laderas de las montañas, condensándose y dando origen a nubes espesas que
se precipitan en forma de lluvia, generalmente en la tarde. Cuando deja de llover
algunos de los bosques más húmedos siguen goteando, debido al agua que escurre de
las masas de las plantas y suelos epifíticos. La tala de los bosques, no es sólo la
pérdida de los árboles y plantas, sino la degradación del suelo.
Mientras los bosques montanos podrían ser recuperados en unos cientos de años, la
recuperación de los suelos en áreas de desmonte tomaría probablemente varios
milenios. Los suelos necesitan miles de años para la recuperación. La velocidad de
caída de las gotas de agua en el interior del bosque es menor que las de las gotas de
lluvia fuera de éste, lo que disminuye el poder erosivo que da a las gotas el aumento de
su tamaño. Dado que estos factores -tamaño y velocidad de las gotas- se compensan
entre sí, existe un tercer factor que parece gobernar la capacidad de erosión del suelo:
la capa de hojarasca relativamente homogénea que lo cubre. Son selvas cuyo aporte
de agua es recogido principalmente de la neblina, con lo cual contribuyen al caudal de
los ríos a veces hasta en un 80%, dejando el volumen restante a la lluvia.
Son bosques bastante diferenciados florísticamente de los demás, predominando las
Lauráceas en 1.500 a 3.000 metros, mitad de las cuales están sin clasificar, y muchas
de ellas desaparecen sin dejar huella de su existencia. Sus manifestaciones de vida son
múltiples y pintorescas. Son habitantes de estos bosques: Leguminosas, Inga
(guamos), Paullinia (Lianas), Bignoniáceas (trepadoras), Clusias (cucharos), Lauráceas,
Melastomatáceas, Rubiáceas, Moráceas, Mirsináceas, Aquifoliáceas, Mirtáceas,
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Araliáceas,
Actinidáceas,
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Clorantáceas,
Cletráceas,
Celastráceas,
Aráceas,
Cunoniáceas, Betuláceas, Actinidáceas, Buxáceas, Caprifoliáceas, Hippocastanáceas,
Juglandáceas, Magnoliáceas, Palmeras, Podocarpáceas, Proteáceas, Ramnáceas,
Rosáceas,
Santaláceas,
Sabiáceas,
Styracáceas,
Simplocáceas,
Teáceas,
Winteráceas.
A alturas cada vez mayores de los 3.000 metros, la composición florística sufre un
cambio: Lauráceas, Melastomatáceas y Rubiáceas por Compuestas y Ericáceas, que
aunque está determinado por zonación altitudinal también está determinada por el
pasado biogeográfico. El aspecto más distintivo de los Andes es la presencia de
elementos Laurásicos que no penetraron más hacia el sur. Un número muy alto de
especies de plantas se adaptó a la vida epifítica. La mayoría de orquídeas se
encuentran en estas selvas. En Colombia se encuentran más de 3.000 orquídeas o sea
el 15% de las 17.000 especies estimadas en el mundo.
Los troncos y las ramas en los bosques de niebla sirven de soporte a variedad de
plantas epífitas. Las epífitas son plantas que dependen mecánicamente de otras
plantas, están divididas en dos: verdaderas y parásitas. En sus comunidades no sólo se
compite por la luz, sino por nutrientes, y no tienen acceso a la provisión de agua del
suelo, lo que hace que muchas de ellas almacenen su propia reserva para sobrevivir en
épocas de sequía. Las Hemiepífitas están sobre el árbol pero con raíces sobre el suelo.
Las Lianas y estranguladoras crecen en el suelo pero se sostienen del árbol. Los
Líquenes son una asociación simbiótica de un alga -responsable de la nutrición- y un
hongo -que con la ayuda del alga alcanza sitios que por sí sola no alcanzaría-.
Las comunidades epifíticas son rara vez tenidas en cuenta en cuanto a conservación,
un error imperdonable. Reemplazar bosque natural por bosques cultivados no las
favorece y desaparecen para siempre ellas y las especies que albergan, ya que a partir
de las epífitas se teje una compleja red de organismos interdependientes. Las epífitas
son como una selva en miniatura.
Reciben agua de las lluvias o la toman directamente de la niebla y almacenan materia
orgánica en descomposición en las "redes" de sus raíces. Infinidad de pequeños
animales pasan al menos una de las etapas de su desarrollo en ellas. Algunas tienen
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forma de conos invertidos y pueden almacenar grandes volúmenes de agua; otras
tienen estructuras foliares semejantes a pequeñas cucharas, con las cuales recogen las
minúsculas gotas de agua suspendidas en la niebla; algunos musgos del género
Sphagnum producen pigmentos carotenoides capaces de absorber espectros de luz de
longitudes cercanas al infrarrojo, con los cuales aprovechan hasta la última gota de luz
fotosintéticamente útil, en el sombrío interior de las selvas nubladas.
En sus valles y laderas bajas alrededor de los 3.000 msnm se encuentra uno de sus
elementos más representativos: la palma de cera, que se levanta por encima del dosel y
alcanza hasta 60 metros. Su tallo blanco secreta una cera que se utilizó para hacer
velas. Por fuera de la selva andina no pueden sobrevivir porque la exposición directa
afecta sus meristemas. Durante mucho tiempo los campesinos han construido cercas,
casas y los ramos de semana santa, afectando sus poblaciones naturales que además
están muy amenazadas debido a la destrucción de las selvas andinas.
La Sierra Nevada de Santa Marta, Citurna para antiguos indígenas, constituye uno de
los fenómenos más singulares de la biogeografía del planeta. Con 5.770 metros, es la
montaña intertropical más alta del mundo en la vecindad de un litoral, siendo además la
unidad estructural orográfica más alta del planeta.
Macuira al extremo norte de la península de la Guajira de aproximadamente 32 km x
10 km de ancho es considerada el enclave biogeográfico más singular del país, ya que
está localizada en una región desértica, influenciada por los vientos cargados de
humedad que vienen del Caribe, y que al chocar contra sus laderas la convierte en un
verdadero oasis de verdor, sólo comparable con los bosques de niebla andino.
Los Tepuyes enclavados en la Amazonia colombo-brasilera presentan una
composición florística que va desde diminutas comunidades pioneras de tipo unicelular,
hasta densos y complejos bosques nublados de tipo submontano. Los tepuyes de la
serranía de Chiribiquete que incluye un conjunto de mesetas y picachos tabulares
fisurados, alternan con núcleos cristalinos muy duros y resistentes a los procesos
erosivos. Al noroeste de Chiribequete puede considerarse un archipiélago fraccionado,
con elementos biogeográficamente disímiles, donde confluyen elementos guyanenses,
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andinos, orinocenses y amazónicos, son montañas con relieves redondeados que
acusan los efectos de erosión y cuya altura media no sobrepasa los 2.500 msnm.
La isla de Gorgona y la Serranía del Baudó presentan un altísimo porcentaje de selva
húmeda higrofítica del piso térmico cálido, adaptados a un régimen especial de nieblas
y nubes persistentes en su parte alta. Los cocoteros crecen repletos de plantas epífitas.
La topografía del "andén pacífico colombiano" es considerada como la cortina
generadora de lluvias y chubascos más efectiva del planeta. La Serranía del Darién y
Baudó se constituyen en eficaces barreras para la generación del altísimo régimen de
lluvias imperantes, al interponerse al paso de corrientes de aires cargadas de vapor de
agua que provienen del Pacífico.
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SABANAS
El origen de las sabanas ha suscitado muchísimas controversias. Según algunos
autores la existencia de estas se debe a la intervención del hombre que ha talado,
quemado y sobrepastoreado los bosques. Y aunque realmente estos efectos sí han
afectado a la flora y fauna de la región hasta el punto de volverse tolerantes al fuego y a
la tierra pobre en nutrientes, hay información que indica claramente que las sabanas,
los pastizales y los bosques abiertos existían mucho antes de iniciarse la ocupación
humana en América. La formación de estas tal vez se remonta al Eoceno, con una gran
expansión en el Mioceno.
La sabanas son formaciones climáticas tropicales con predominio de pastizales que se
entremezclan con subarbustos, árboles y palmeras. Están desarrolladas en planicies
con ligeros declives y a veces en terrenos ondulados y quebrados, con factores
naturales y climáticos que determinan su presencia. Sus suelos son pobres en materia
orgánica, ricos en óxido de hierro, contienen aluminio, sales y elementos calcáreos;
inclusive la circulación interna del agua es impedida por arcillas impermeabilizantes.
La mayoría de las sabanas en Colombia pertenecen al grupo de sabanas estacionales
que son las que están más ampliamente difundidas. Sus suelos tienen buen drenaje,
son pobres en nutrientes y con un nivel freático muy profundo. Tienen períodos de
verano sumamente secos alternando con inviernos muy lluviosos. Las gramíneas son
muy características y alcanzan una cobertura del 100% del piso. Otras hierbas o
árboles pequeños perennifolios que toleran los incendios, se entremezclan con las
gramíneas, aunque varían mucho localmente. Aparecen también palmares densos en
las distintas sabanas colombianas. Después de fuertes lluvias pueden presentarse
encharcamientos en zonas con arcillas impermeabilizantes. Normalmente las raíces de
los
árboles
están superficiales, aunque hay algunos árboles
que penetran
profundamente sus raíces y obtienen todo el año agua de capas bajas. Las gramíneas
florecen después del verano, aunque la mayoría de árboles lo hacen durante éste,
algunas especies con tallos subterráneos después de un fuerte verano o de un
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incendio, tienen nuevos brotes durante el invierno. Este tipo de sabanas ocupan un
vasto sector de los Llanos Orientales, en el departamento del Meta, en Vichada, al sur
del río Guayabero, en los Llanos del Yarí y en Guaviare.
Durante el invierno las sabanas se inundan o los suelos permanecen encharcados
durante meses, hasta que llega el verano se desecan y la vegetación experimenta una
escasez total de agua. Estas sabanas son las de tipo inundables que aparecen en
vastos sectores de las intendencias de Arauca y Casanare, en suelos mal drenados.
Otro tipo de sabanas son las arbustivas, que tienen árboles pequeños y topografía
ondulada. Aparecen sobre suelos con limitantes en la circulación del agua interna pero
con precipitaciones anuales medias de 3.000-4.000 mm sin temporada seca y con un
buen clima. La vegetación es característica de suelos pobres en nutrientes, profundidad
superficial, escasez de agua interna y están poco influenciadas por los incendios
característicos de las sabanas. Se distribuyen en Guainía, bajo Guaviare, bajo Inírida,
alto río Negro y en el río Atabapo. Están relacionadas con las sabanas amazónicas,
pero difieren completamente de los Llanos Orientales. Poseen una flora muy
diversificada, rica en endemismos y con pocas gramíneas.
En el Amazonas en suelos pobres en nutrientes, con poca retención de agua
aparecen enclaves extensos entremezclados con bosques bajos de fustes delgados y
dosel no cerrado. Enclaves muy especiales que tienen abundantes epífitas, musgos,
líquenes y fanerógamas. No tienen temporada seca pronunciada pero una precipitación
anual de 3.000-4.000 mm.
Aunque la sabana está en su mayor parte compuesta de pastizales de la familia de las
gramíneas existen también familias de porte similar como las cortaderas, los juncos y
las xeridáceas. En esta familia se destaca la bella flor del Inírida. También hay plantas
leñosas adaptadas al régimen seco, como muchas leguminosas rastreras que nutren el
suelo y algunos árboles enanos que poseen pocas hojas por encima y un gran bulbo
bajo el suelo que le sirve como reserva en épocas de veranos muy secos. Especies
altamente evolucionadas.
La sabana no es un pastizal homogéneo, debido a que cada especie alimenta un tipo
de animal específico, como los chigüiros, venados, ñeques y tortugas. Otras especies
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promueven la vida del suelo excavándolo, oxigenándolo y descompactándolo, como
hormigas arrieras, armadillos y lapas. Las inmensas planicies de la Orinoquia, no
poseen un clima lo suficientemente húmedo o lluvioso para ser cubiertas por la selva.
Sin embargo, en un gesto de generosidad de la Madre Tierra, cinturones de vegetación
arbórea atraviesan las sabanas al borde de ríos y quebradas. Son los llamados bosques
de galería, precisamente sostenidos por la humedad del río filtrada en el subsuelo.
En los ecosistemas de sabanas, el estudio de la diversidad biológica ha recibido
menos atención, probablemente debido a que este bioma ha sido tradicionalmente
considerado como de poca o baja diversidad en relación con las selvas tropicales. Esta
aproximación es equivocada, sobre todo si consideramos que los mamíferos de la
sabana pueden ser incluso mayor que los de la selva. Igualmente no hay que olvidar
que el bioma de la sabana está casi siempre atravesado por formaciones vegetales
mésicas, representadas por los bosques de galería o "matas de monte", los cuales
tienen un efecto de aumento de la diversidad biológica del sistema. Los bosques de
galería son verdaderos corredores biogeográficos.
En este gran bioma, la presencia de bosques de galería incrementa la diversidad
biológica debido en primer lugar a la presencia de especies de fauna propias de los
bosques húmedos, los cuales se encuentran estrictamente ligados con las franjas de
bosques a lo largo de los ríos. Este tipo de bosques representan como ya se dijo
anteriormente, "corredores biogeográficos" en el sentido de que han permitido la
dispersión de la fauna típicamente amazónica tanto al sur como al norte de su área de
extensión continua. Entre los grupos que se han dispersado están los roedores
cavimorfos -guaras, ñeques, lapas, etc.- y algunos lagartos; un segundo grupo de
animales beneficiados por la presencia de estos bosques son aquellas especies de la
sabana que temporalmente se ocultan o dependen parcialmente de los bosques, que
pueden ser armadillos -Dasypus novemcinctus-, zarigüeyas -Didelphis marsupialis- y
venados -Mazama sp-. La fauna es en general pobre, los endemismos no son muy
pronunciados y corresponden en general a subespecies.
Como en casi todos los biomas colombianos, el hombre ha sobreaprovechado todos
los recursos que el ecosistema tiene como parte vital de su estructura. Las sabanas
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están no solamente amenazadas por el aprovechamiento irracional y el mal manejo que
el hombre ha hecho, y aún hace de ella, sino que la misma naturaleza la pone ante
unas condiciones climáticas naturales adversas que la obligan a evolucionar y a
coevolucionar con todas las especies que han soportado cambios desde hace milenios.
Es necesario que el hombre vuelva los ojos a estas grandes extensiones, y aprenda a
conservarlas para que los corredores naturales biogeográficos que las atraviesan
puedan permanecer como antesala a las grandes selvas.
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BOSQUE SECO
Colombia es un país tan rico, que hasta el actual desierto guajiro fue, en
su mayor parte bosque. Una ardilla hubiera podido viajar desde Leticia
hasta la Guajira sin bajar al suelo, simplemente saltando de árbol en árbol.
Antigüamente cubría una superficie de varios millones de hectáreas, en la
costa atlántica, en el valle del Magdalena, la baja Guajira, el valle del
Cauca, la serranía de San Jacinto y en Colosó.
El bosque seco tropical o bosque tropical caducifolio se desarrolla en áreas donde hay
un prolongado período de sequía que coincide con el invierno astronómico del
hemisferio norte, durante el cual las plantas experimentan deficiencia de agua y la
mayor parte del arbolado del dosel pierde por entonces su follaje. Los restantes meses
del año son lluviosos y el follaje adquiere de nuevo sus hojas y aspecto exuberante.
Son bosques que crecen en áreas con menos de 1.600 mm de precipitación y que
tienen composición florística a nivel de familias muy característica. Su vegetación se
caracteriza por la ausencia de un dosel continuo, porte bajo y un suelo con tendencia a
la desnudez. Se encuentran en climas con temperaturas media anual entre 26o y28o
centígrados y pluviosidad anual entre 600 y 700 mm.
En Colombia ocupa una vasta área de la planicie costera del Caribe, es decir del
"Cinturón árido del caribe" que va desde el Sur de la Guajira hasta Córdoba, así como
en San Andrés, Providencia y Catalina, el cañon del río Cauca y el alto valle del río
Magdalena; y como enclaves de menor extensión en el sector de la Gloria y Gamarra
en el departamento del Cesar, las inmediaciones de Cúcuta y los valles de Convención
y Ocaña, el valle alto de los ríos Sucio en las inmediaciones de Dabeiba, Urumita y el
cañón del río Cauca, en Antioquia; valle alto del Dagua, el valle medio del río
Chicamocha o Sogamoso; la planada del alto valle del río Cauca, departamentos del
Cauca y Valle; cañón del río Patía, departamentos del Cauca y Nariño.
El bosque seco debe soportar un prolongado verano y por ello las especies que lo
conforman tienen adaptaciones para sobrevivir. La mayoría de sus árboles sueltan sus
hojas al llegar el verano -de ahí el nombre de bosque caducifolio-, y su período de
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defoliación puede prolongarse hasta por cinco o seis meses incluyendo el verano desde
diciembre a marzo o abril. La mayoría de las hojas se ponen amarillas y muy rara vez
rojas, permitiendo con su caída la iluminación y el desarrollo de especies que se
encuentran en los estratos inferiores del bosque que tenían suspendidos sus ciclos
vegetativos normales como la fotosíntesis, salvo algunas ramas y troncos que aún lo
conservaban. Este fenómeno que ocurre en el dosel, aunque también puede
presentarse en la mayor parte del arbolado, es una adaptación de los árboles que les
ayuda a evitar la pérdida de agua por transpiración, precisamente durante los períodos
más secos en los que la lluvia es mínima y el suelo no tiene reservas de agua para
satisfacer las necesidades de éstos. Dentro de las especies que se defolian por
completo están los guayacanes o quercus roble -Tabebuia-, los chochos y afines Erythrina-, los cedros -Cedrela- y varias Bombacaceae. Defoliaciones como antesala a
la floración.
El dosel del bosque va desde 15 hasta 30 metros, con árboles emergentes, copas
amplias, fustes bien conformados y hojas compuestas. Hay un estrato subordinado de
unos 8-20 metros, con copas más abiertas y fustes menos regulares. Algunas especies
tienen el tronco en forma abombada para guardar el agua, otras poseen espinas
abundando los cactos, y otras han desarrollado copas en forma de sombrilla para
hacerse su propia sombra. Dentro de los bosques secos se presentan árboles que van
desde 5-15 metros con un dosel uniforme, del cual sobresalen cactáceas columnares o
candelabriformes, predominando especies leguminosas con hojas compuestas, que
disminuyen su superficie para disminuir la pérdida de agua por transpiración. Las
especies que tienen espinas, aguijones o pelos urticantes usan este mecanismo como
protección de los animales herbívoros.
Las trepadoras son abundantes y leñosas, las epífitas ocasionales, las epífilas,
musgos, hepáticas y helechos muy escasas. Las palmeras, aunque no tienen diversidad
de especies son elementos muy importantes. En el caribe la flora típica presenta
afinidades con las de México y las islas del Caribe y está formada por géneros como
Acacia, Bulnesia, Bursera, Caesalpina, Capparis, Cercidium, Cephalocereus, Croton,
Jatropha, Lemaireocereus, Opuntia y Prosopis. En el Arauca y Casanare existen
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algunos elementos caducifolios como el dividivi y el guamacho, los cuales junto con la
cactácea columnar indican relaciones con los bosques secos del Caribe.
La zona donde la precipitación media anual es inferior a 500 mm e inclusive en
sectores de la Guajira donde decrece hasta unos 150-200 mm, con una temperatura
diaria mayor de los 30oC es llamada desértica tropical. La mayoría de sus plantas
inhiben sus procesos metabólicos, la vegetación está conformada por un bosque bajo o
matorral, que al norte de la Guajira llega a un porte muy reducido, y la cobertura
alcanza un 5% o menos, los suelos son pocos evolucionados, derivados de arenas
eólicas, con fuerte influencia salino-sódica y acumulaciones de carbonato de calcio.
Durante las épocas de lluvia, el desierto reverdece, con profusión de hierbas efímeras,
las leñosas constan de dos a cuatro metros de altura e incluyen principalmente
leguminosas como el trupio, el aromo gel, carbonal; además leguminosas como el
dividivi, el hala, la cuica y el sauce. Predominan los olivos, árboles perennifolios, y entre
los arbustos el kachú y el maribara. Los bejucos son frecuentes, existe una bromeliácea
epífita, la huayócoma -Tillandsia flexuosa-. Al norte de la Guajira la vegetación se
reduce a pequeños cardones, que en su mayoría no alcanzan un metro de altura y a
subarbustos de Tuatúa.
Es un bioma que se encuentra prácticamente acabado, debido a que esta vegetación
crece en lugares con climas aptos para la agricultura y la ganadería, hasta tal punto que
entre todas las formaciones forestales del país, es el tipo más amenazado. Entre estos
están el bosque ripario, con elementos florísticos de gran afinidad con las áreas más
húmedas, tales como el cativo-Prioria copaifera- y el caracolí -Anacardium excelsumque es la especie dominante; el bosque caducifolio calcícola en la serranía con dosel de
hasta 25 metros tiene especies tales como el niepsero-Manikara chicle-, la majaguaPseudobombax septenatum-, el guayacan-Tabebuia ochroea-, el carreto-Aspidosperma
polyneuron-, entre muchas otras. La diversidad relativamente alta de estos bosques, en
comparación con los demás bosques secos tropicales y especies típicas de hábitat más
húmedos, hacen dudar sobre el carácter de apariencia "más seco" de las áreas que los
rodean, el cual puede ser el resultado de una disminución en la precipitación producida
por la alta deforestación que ha ocurrido a nivel regional.
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Las zonas secas, aunque han sido consideradas de baja diversidad de especies,
sobre todo si se les compara con las húmedas, en los enclaves xerofíticos y los
bosques secos tropicales, no sólo poseen en ocasiones niveles de endemismo alto,
sino que incluso cuentan con una diversidad relativamente alta, pasada por alto durante
muchos años. Recientemente se analizaron los patrones de diversidad de 883 especies
de mamíferos de Suramérica, comparando los seis principales "macrohábitat" -selva
amazónica, selvas montanas occidentales, selva atlántica del Brasil, bosques
semicaudocifolios, bosques mesofíticos del sur y tierras secas- y se encontró que las
áreas secas -incluyendo áreas xerofíticas, matorrales y sabanas- contienen mayor
diversidad y endemismo de mamíferos en varias categorías taxonómicas, que los
demás macrohábitat del continente. Igualmente se encontró que las áreas secas
contienen más géneros y especies endémicas de mamíferos, presumiblemente por
ocupar un área mayor que los demás macrohábitat. En este sentido, es claro que las
zonas secas son importantes por su alto nivel de endemismo, a nivel de especies o de
subespecies.
En los vertebrados el endemismo en las zonas secas es muy variable, y no hay
patrones válidos para todos los grupos. En el alto Magdalena, por ejemplo, la avifauna
típica de las formaciones xerofíticas y subxerofíticas está compuesta por 54 especies, y
aunque no existen especies endémicas, 21 son consideradas formas o subespecies
diferentes. Así mismo, se muestra que en los enclaves secos de los valles del Cauca y
el Patía se encuentra una avifauna rica en subespecies endémicas -13 de 30 especies-,
mientras que en el cañón del Dagua solamente hay una especie endémica. Por el
contrario en la región seca de Cúcuta, no se encuentran especies endémicas. En los
bosques secos tropicales, la diversidad de especies alcanza niveles intermedios entre
las selvas tropicales y los bosques templados, porque contienen cerca de 94 especies
arbóreas en un décimo de hectárea. El número de especies de vertebrados de estos
bosques puede ser tan alto como el de los bosques húmedos.
Los ecosistemas y la biota de los valles secos, como el cañon del Dagua y el del Patía
se encuentran en peligro, debido a que su vegetación natural fue transformada,
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poniendo en peligro algunas plantas muy raras como el cacto -Frailea colombiana- y el
venado -Odocoileus virginianus tropicalis- este último probablemente extinto.Las
especies de caza más importantes son la danta, los venados, la guartinaja, el ñeque, el
zaino, las pavas y las guacharacas.
Las especies que albergan estos bosques son la esperanza de diseminar semillas de
árboles de leña de rápido crecimiento, y plantas resistentes a la sequía que se
encuentran en los ecosistemas menos conocidos y más destruidos del país. Gran parte
de estos bosques han sido arrasados al extraerse maderas o el carbón de madera, así
como por la sobreutilización de productos forestales o materiales de construcción como
las hojas de palmera para esteras y resinas.
Sabios ecosistemas en los que vive gran parte de la humanidad
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SELVA HUMEDA
Selva húmeda tropical, y selva húmeda tropical siempre verde se utilizan
indistintamente con bastante ambigüedad en su significado. Para algunos es el medio
hostil que debe ser reducido a una condición menos violenta, para que el ser humano
pueda ejercer allí su dominio irrestricto. Al entrar desprevenidamente parece no haber
nada, pero la heterogeneidad de la misma embriaga los sentidos. Desde el punto de
vista genético es el archivo de la evolución de nuestro planeta, vital para la humanidad
entera por su riqueza biológica. Es y seguirá siendo el único escenario que permite en
la actualidad un viaje a través del tiempo, quizá a la época de la prehistoria más remota.
Aún quedan sitios donde el hombre blanco y la cultura occidental no han impuesto
Su estilo y dejado su huella, donde es posible advertir la obsesión del indígena por el
funcionamiento natural de su entorno y por su arraigada convicción de que el principio
de su propia supervivencia, depende fundamentalmente del acierto con que se manejen
los ecosistemas. Las tribus selváticas poseen una intuición y un respeto cultural innatos
hacia la naturaleza, que a lo largo de siglos y siglos, ha generado una de las
asociaciones más singulares y adaptativas que aún quedan en el planeta. Sumado a la
disposición del indígena por la dualidad de lo sagrado y lo profano, de lo tangible y lo
intangible, de lo terreno y lo sobrenatural respecto a su selva, que resume su
percepción del "cómo vivir", existen una cantidad de comportamientos que evidencian la
amplitud del patrón de la selva húmeda, que en materia de diversidad cultural, adquiere
en el territorio colombiano características especiales.
Hace millones de años al desplazarse el continente americano hacia el oeste, su
extremo frontal presionó la placa tectónica pacífica, elevándose la cordillera de los
Andes, acontecimiento que tuvo profundas implicaciones sobre la fauna y la flora. Se
formaron nuevos hábitat donde se establecieron los emigrantes recién llegados del
norte y las nuevas formas evolucionadas de las especies ancestrales del Gondwana,
antiguo continente del cual formaba parte Suramérica. Con la formación de la cordillera
de Los Andes, el proceso evolutivo se aceleró en las selvas tropicales a lo largo de las
vertientes más bajas, produciendo una explosión de especies originales sin paralelo en
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otras regiones del planeta. Por esta razón, América Latina posee cerca de tres veces
más especies vegetales que las áreas paleotrópicas equivalentes del globo. No
solamente la elevación de los Andes fue la causa del dinamismo evolutivo y ecológico
de las selvas neotropicales, las glaciaciones sufridas por el planeta durante la era
cuaternaria, ayudaron en gran medida a que estas selvas lejos de aparecer
senescentes y estáticas, presentaran una extraña actividad.
El comienzo del presente siglo tomó a Colombia como el resto de los nuevos países
republicanos del Neotrópico con grandes extensiones de su territorio deshabitadas. La
colonia y la conquista sólo había poblado sitios estratégicos de la geografía continental,
la colonización de las tierras ubicadas en el bioma de bosque húmedo es reciente
produciéndose durante la mayor parte del siglo XX en un proceso espontáneo,
discontinuo, conflictivo y colmado de episodios trágicos. El éxodo de estos pioneros
continua sin importar de donde vienen o a donde van, repitiendo un mismo esquema
que cada día empuja más la frontera de un bosque que retrocede a medida que ellos
avanzan, siempre con un hecho incuestionable: la mentira de la infertilidad del suelo
selvático.
Existen varias clases de selva tropical y la complejidad de ellas es evidente. Para
entenderlas mejor, los científicos han dividido la altura del bosque en cuatro o cinco
estratos diferentes, desde el suelo hasta las copas de los árboles, constituyéndose cada
estrato en un nicho ecológico diferente. Estas cubren sólo la séptima parte de la
superficie terrestre y albergan más de la mitad de las especies vivientes, aunque son
únicas por otros aspectos diferentes al número de especies que hospedan. Al amanecer
la selva guarda la neblina entre sus follajes, las nubes se forman favorecidas por la
transpiración de la vegetación, se elevan y llueve de nuevo sobre los árboles en
repetidos ciclos que reutilizan su propia agua. Igualmente el suelo se nutre de la lluvia
de hojas secas, ramas y desechos de los árboles que son transformados por millones
de organismos. Las selvas tropicales son notables por su capacidad de arraigar con
mayor frecuencia en suelos extremadamente pobres en nutrientes, una de las
paradojas de la biología tropical por su exuberancia y diversidad. Son un fenómeno
excepcional, lo que constituye uno de los ecosistemas más productivos de la tierra
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fijando probablemente el 30% del carbono terrestre y almacenando cerca de la mitad de
la biomasa. Decuplican el potencial del suelo donde crecen mediante una simbiosis con
hongos especiales -Micorriza-, los cuales se encargan de reciclar directamente los
nutrientes producidos por la descomposición de los residuos vegetales, devolviéndolos
a las plantas vivas. El suelo subyacente es un substrato estéril, que aporta menos que
el soporte físico que impide la caída de los árboles. Los nutrientes en lugar de ser
almacenados por el suelo están en su totalidad contenidos en las plantas mismas, las
variaciones del substrato de los distintos bosques tropicales afecta la biota o conjunto
de vida vegetal y animal en cada una de ellas. El propio piso de una selva es donde se
halla la segunda línea de defensa natural contra el desgaste del suelo. Consiste en una
capa que se llama mantillo o humus, formada por materia orgánica: multitud de hojas y
fragmentos de hojitas caídas, raíces y restos animales, todo en diversos grados de
descomposición. No es un manto liso sino una masa esponjosa que recoge el agua
caída de la parte superior de la selva y le impide correr por la superficie, es un poderoso
freno, como lo es en efecto todo el conjunto de la selva. Por lo tanto en una región
poblada de bosque no hay escurrimiento superficial torrentoso, a menos que el
aguacero sea excepcionalmente sobreabundante. Así pues en terreno selvático no hay
erosión, el agua que no se evapora o que la vegetación no utiliza para sí misma penetra
poco a poco a través de las capas permeables del suelo y alimenta las corrientes
subterráneas y los manantiales que el hombre puede aprovechar de un modo u otro.
Este sistema equilibrado entre la vegetación, el suelo, el agua y en cierto modo la
atmósfera, renueva o regulariza constantemente los factores que lo integran. Es un
sistema natural de ciclo cerrado.
Las epífitas constituyen cerca de la cuarta parte de las especies vegetales, todas con
un mismo propósito: alcanzar la luz. De compleja estructura, plantas emergentes,
bejucos, trepadoras leñosas, lianas, epífitas, hemiepífitas. Algunas plántulas y semillas
permanecen años enteros en el piso del sotobosque en estado latente, esperando que
la afortunada abertura que produzca la caída de uno de los grandes árboles, de paso a
la luz que desencadenará la fotosíntesis. Las epífitas germinan, se desarrollan y viven
en el alto del dosel selvático, donde tienen acceso a la luz solar, pero no a la humedad
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y a la materia orgánica descompuesta del suelo, ya que no pueden crecer demasiado
porque perjudicarían al árbol anfitrión. Las estranguladoras comienzan como epífitas,
pero en vez de quedarse como tal tiran raíces aéreas hasta el suelo, donde se abrazan
entre sí, hasta asfixiar el árbol que los hospeda. Otra manera de atrapar luz, es la
utilizada por las lianas, que trepan por las ramas delgadas y cuando alcanzan el techo
del bosque forman su sistema de raíces propio que las hace inmortales. Su mundo se
extiende desde un metro bajo tierra hasta sesenta metros sobre ella, donde se
encuentra el dosel del gran "manto verde" y las copas de sus árboles emergentes.
Como en todos los sistemas, en la selva tropical se distinguen tres niveles ecológicos
funcionales: la producción mediante la fotosíntesis, la depredación realizada por los
grupos animales en diferentes niveles y la descomposición realizada por bacterias y
hongos con la participación de algunos animales. Esta distinción permite apreciar mejor
la interacción reduciéndolos a tres categorías; plantas: que toman agua y nutrientes del
suelo y dióxido de carbono del aire para sintetizar una cantidad de substancias
vegetales; los animales: que sobreviven alimentándose de organismos vivos (plantas y
animales); y los descomponedores: que convierten tejidos muertos en nutrientes,
devolviéndolos al suelo para ser aprovechados por la planta.
La muerte es un evento común y natural, y la depredación una manera de elevar
energía a niveles superiores de la red trófica. Uno de los grupos más importantes en la
conversión de energía y el reciclaje de nutrientes es el de las hormigas arrieras que
desempeñan varios papeles ecológicos formando colonias que albergan por lo general
cinco millones de ellas en unos 250 m2. Almacenan las hojas donde mantienen cultivos
de hongos que constituyen su principal alimento, dicho material es transformado en
desechos ricos en fósforo, magnesio, calcio, que posteriormente las plantas absorberán
a través de sus raíces, para producir más follaje. El reciclaje de nutrientes es tan rápido
que todos los recursos alimenticios son importantes y desencadenan una fuerte
competencia entre los animales por encontrarlos y utilizarlos al máximo, es posible
observar la variedad de papeles que cumplen las comunidades animales en el bosque
lluvioso neotropical y su importancia en la conservación del delicado equilibrio ecológico
en estos ecosistemas.
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La fauna y la flora constituyen los componentes vivientes del ecosistema amazónico
selvático utilizados por el hombre, no obstante, los animales aprovechando el alimento y
abrigo ofrecido por las plantas, son más importantes cualitativa que cuantitativamente
en relación con el total de la biomasa del bosque lluvioso. A diferencia de lo que ocurre
con los inventarios de las especies vegetales, el mundo animal es poco conocido.
Existe una diferencia entre las selvas periódicamente inundables y las no inundables.
Las inundables por los que se les llama várzeas ocupan más del 2% de la superficie del
terreno. Las no inundables crecen en selvas ricas en sílice, arenas blancas y
podzólicas, drenados por ríos de aguas oscuras con menor cantidad de árboles
emergentes, menos lianas, bejucos y menos profusión de plantas en el sotobosque.
Algunos bosques tropicales crecen en suelos ricos en nutrientes como lo son los suelos
volcánicos relativamente recientes. La ecología de ambos suelos es bien distinta por lo
que al hablar de selva tropical debemos tener sumo cuidado. En las tierras bajas
húmedas algunos tipos de vegetación que crece en condiciones particulares se
encuentran actualmente afectadas, hasta el punto de que pueden desaparecer. Este es
el caso de los bosques riparios de la cuenca del bajo Atrato, dominados por la especie
Prioria copaifera y denominados cativales.
La falta de estacionalidad en el trópico permite que las especies se distribuyan los
recursos alimenticios disponibles de una manera más organizada, por lo tanto los
gremios animales que dependen de una misma fuente de alimentos pueden contener
más especies, debido a que aprovechan recursos alimenticios levemente diferentes.
Esto quiere decir que las especies en un mismo bosque, han llegado a un grado de
especialización que no es posible que se presente en otros ecosistemas. Se encuentran
especies en el suelo, otras en el sotobosque, en el dosel de densa vegetación, en los
troncos de los grandes árboles y en las copas de los altísimos árboles emergentes.
La selva tropical es densa, cerrada y con infinidad de formas en sus tallos que la
caracteriza. Cerrada porque los nutrientes son reciclados constantemente, insectos,
hongos y bacterias aceleran la descomposición del detritus orgánico, facilitando su
asimilación por las plantas. La estructura del dosel foliar es variada y aunque parece ser
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todo a la misma altura tiene varios pisos que dan la pauta para todos los habitantes de
ella, en especial para las aves, por lo que es llamado "el continente de los pájaros" .
Desde el punto de vista climático las selvas húmedas tropicales se desarrollan mejor
donde concurren índices elevados de temperatura y precipitación, que se conservan
relativamente constantes durante todo el año. La precipitación y la temperatura guardan
una complicada interrelación cuyo equilibrio puede tener mayor importancia que sus
valores absolutos. Las que sufren en menor grado el traumatismo de la estación seca
tiene una vegetación más diversificada. Las sequías del trópico son comparadas con el
invierno de las zonas templadas, y los bosques son más diversificados que los de las
zonas templadas. Las selvas de alta estacionalidad comparten más sus características
tanto estructurales como florísticas, con las selvas tropicales siempre húmedas, que con
los bosques de zona templada. No es estática, siempre está en proceso de cambio, es
dinámica, con índices elevados de mortalidad arbórea y formación de claros. El 1% de
los árboles mueren cada año y son reemplazados por otros, con una continua rotación.
Aunque su vocación agrícola es del 12.7% sólo se está utilizando el 4.66% de éste
para la agricultura, en la ganadería el país sólo tiene un 16.80% del territorio apto para
su establecimiento y el uso actual ocupa casi el doble de esta cifra, un 35.11% de la
distribución territorial, realizándose en gran parte en áreas de eminente vocación
forestal, afectando la selva húmeda tropical de tierras bajas, el bosque nublado y el
páramo. Aunque la vocación forestal es del 68% y hasta el arribo de los europeos el
territorio estaba cubierto de bosques en más de un 80%, hoy su cobertura es inferior al
18%. No todos los usos actuales por más que se salgan del uso potencial, se están
realizando en tierras que tengan siquiera una vocación apropiada.
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SELVA HUMEDA
Chocó
Epítome de la selva húmeda tropical, el único "bosque pluvial tropical". Con suelos
deslavados y pobres, está aislado biogeográficamente por las cordilleras andinas del
núcleo amazónico del continente suramericano. Es la segunda región más lluviosa del
planeta y tiene el punto más húmedo del globo. El reino vegetal encuentra al Chocó de
su completo agrado y su esplendor botánico ha sido siempre reconocido.
Hay tantas especies de árboles que más de la mitad de ellas están representados por
un solo ejemplar de 10 centímetros de diámetro por cada hectárea, debido tal vez a la
alta pluviosidad. La parte septentrional de su territorio puede contener la proporción
más elevada de endemismo específico. Rico en herbáceas, epífitas, leguminosas,
rubiáceas,
aracaceaes,
palmáceas,
anonáceas,
melastomatáceas,
gutíferas,
moráceas,
lauráceas,
lecitidáceas,
miristicáceas,
sapotáceas,
euforbiáceas,
crisobalanáceas, mirtáceas, aráceas y bombáceas con desmesurado tamaño en sus
hojas. La dispersión con ayuda del viento es escasa, aunque por aves y mamíferos es
muy alta. En el norte la precipitación es moderada y se parece al Amazonas. El sur
tiene sus especies vegetales propias; tiene bosque pantanoso con cativales, que son
considerados los mayores productores madereros del país, de sajo en los pantanos de
agua dulce, de antiquísimas asociaciones de épocas remotas, cuando existía aún el
mar de Tetis. Muchas de sus familias parecen haber experimentado un proceso de
especiación.
Las lluvias torrenciales alimentan varios ríos majestuosos que descienden de la
cordillera Occidental y se precipitan al océano, los ríos más pequeños, compensan con
el esplendor de su belleza lo que les falta en caudal. La mayoría de especies
endémicas locales pertenecen a epífitas, arbustivas o herbáceas. Existe el caso
extremo de especiación observable en las orquídeas de este invernadero evolutivo
natural, ocurrida en un lapso de 15 años. En ninguna otra parte el investigador se
encuentra enfrentado en forma tan dramática con la deficiencia de sus conocimientos.
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En el Chocó biogeográfico se encuentra además, la mayor concentración de aves
endémicas del mundo y una extraordinaria diversidad de especies de anfibios y de
mariposas. La región del Chocó biogeográfico, es decir las tierras que van desde la
serranía del Darién en la frontera con Panamá, hasta el Ecuador, al occidente de la
cordillera Occidental, son consideradas la región más húmeda del neotrópico y
probablemente del mundo. Existen más de 50.000 km2, con más de 6.000mm de
precipitación y en algunos lugares se alcanza hasta 13.000mm. En esta región se
encuentra una de las mayores concentraciones de diversidad de especies; estiman que
allí están las comunidades de plantas más ricas en especies del mundo, con 262
especies que tienen más de 2.5 centímetros de diámetro en 0.1 hectáreas. Igualmente
se registra en esta región uno de los mayores índices de endemismo continental de
plantas, o sea exclusivas de una región terrestre. En los invertebrados, el estudio de la
fauna de los escorpiones sugiere para la región de la costa del pacífico una gran
diversidad de especies, con notorios niveles de endemismo y una afinidad con la fauna
amazónica principalmente, aunque una especie tiene relaciones con la fauna de
Centroamérica. El Chocó es así mismo un centro de diversidad y endemismo de
mariposas. La conservación de la extraordinaria diversidad de formas vivientes del
Chocó biogeográfico es una de las mayores responsabilidades de nuestra generación.
Cada una de las formas vivientes sea cual fuere su especie, es única e irrepetible
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SELVA HUMEDA
El Amazonas
Durante la mayor parte del terciario el Amazonas era un mar abierto hacia el Pacífico y
sólo emergían algunas serranías y montañas aisladas de origen precámbrico. Al
levantarse los Andes, al final del Cenozoico este mar quedó separado del Pacífico y fue
perdiendo poco a poco la salinidad de sus aguas, que bajo la influencia de las lluvias
ecuatoriales terminaron por convertirse en agua dulce. Los Andes aportaron sedimentos
erosionados, que acarreados por las aguas convirtieron en tierra firme la mayor cuenca
del antiguo mar. Aunque ya no es un mar clásico, la Amazonia continua siendo un mar
de agua dulce, ríos, rápidos, caños, lagunas, ciénagas y ojos de agua, todos
alimentados por las abundantes lluvias. El Amazonas mismo es tan grande, que
cualquier río a su lado es un pigmeo.
La Amazonia es aún la última página no escrita del Génesis, un mundo en sí mismo,
de exuberante vegetación y aguas abundantes. Sus ríos son tan dinámicos que no
cesan de erosionar y depositar luego los sedimentos que acarrean, formando la
superficie de la tierra amazónica. Cambios visibles y extraordinarios se producen por la
simple interacción de las fuerzas físicas más comunes, el arte colombiano de la
Amazonia compensa con su diversidad vegetal; lo que le hace falta en área física, la
vegetación del suelo es arena blanca pobre en nutrientes y la vegetación de los suelos
es muy rica, parecida a la del piedemonte andino. La primera posee el más rico
endemismo local de toda la cuenca, el segundo contiene el bosque más diversificado
del globo. La Amazonia colombiana ha estado científicamente abandonada, y aunque
posee los componentes de los dos tipos de vegetación más interesante, siendo
excepcional en diversidad de especies los estudios han sido realizados por los países
vecinos. El 80% de las especies de familias leñosas no se encuentra en ninguna otra
parte, a pesar de que ninguna de las marcas mundiales locales proviene de la
Amazonia colombiana debido al poco estudio que se ha hecho de ella, éstas tienden a
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ser altamente predecibles, en cuanto a su composición florística. Colombia comparte
con Brasil y Perú parte de la selva amazónica, la más grande de la Tierra.
En algunas partes de la Amazonia, las condiciones del medio son tan adversas al
desarrollo del bosque, que la selva misma se abre paso para dar acceso a islotes de
sabana natural. Esto se presenta cuando la roca se acerca demasiado a la superficie o
cuando existe una formación de arcilla impermeable subyacente al suelo de arena pura.
La clara tendencia de estos bosques a poseer una composición florística bien
determinada, es un recordatorio categórico de la complejidad de su estructura interna,
que contrasta con la mezcla heterogénea de especies y formas que cree ver en ellos el
observador desprevenido. Contienen muchas plantas epífitas, herbáceas, rubiáceas,
piperáceas, melastomatáceas, aráceas, marantáceas, zingiberáceas, musáceas,
pequeñas palmas, bromeliáceas y orquidáceas.
Los tepuyes -mundo perdido- albergan muchas especies vegetales maravillosas. Una
maraña de vegetación cubre la mayor parte de las laderas, en tanto que en la meseta
de la cumbre los árboles leñosos semejan bonsais muy disímiles y de diversas clases,
con plantas carnívoras de varias familias que han evolucionado produciendo
mecanismos que les permiten atrapar y digerir insectos, con lo que complementan la
escasa cuota de nutrientes que les proporciona el suelo de arenisca blanca. El mayor
de éstos es llamado Chiribiquete, con una altura máxima de 1.500 metros localizado en
la Sierra de la Macarena, presentando gran similitud florística con la cordillera de los
Andes. El lugar está poblado de juncias en lugar de grama, predominando la superficie
del suelo.
A lo largo del borde norte de la selva amazónica existe otro tipo de sabana
emparentado florísticamente con los Llanos. Existe selva de inundación, pantanos
poblados de palmas, hierbas acuáticas o especies flotantes y no inundados como
ocurre a lo largo de muchos ríos del Amazonas, donde crecen innumerables plantas.
Los bosques inundables durante las crecidas de ríos de agua negra proveniente del
drenaje de áreas de suelos de arena blanca, se les conoce como igapó. Los inundados
por aguas blancas que contienen una cantidad de sedimentos andinos en suspensión,
se les conoce como várzea. Cerca del 2% de la cuenca del Amazonas está constituido
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por selvas inundables, pero su importancia excede demasiado su extensión ya que
provee mucho alimento, casi el 75% del pescado proviene de la várzea. A lo largo de
muchos ríos existen franjas de vegetación arbórea en diferentes estados de crecimiento
que complican la visión del sistema. Deposiciones recientes de sedimentos andinos
forman terrazas altas no inundables, donde crece otro tipo de selva llamada restinga.
Las especies en los distintos substratos son bien diferentes y a veces se reemplazan
unos por otros, se presentan inclusive cambios en la estrategia de asimilación de
nutrientes. Existen más especies con mayor densidad de vertebrados en la zona de
suelos aluviales fértiles de la Amazonia occidental y menos en la zona arenosa. Los
pequeños vertebrados están más sujetos a variaciones de esta índole que los de mayor
tamaño, con algunas especies altamente especializadas, confinadas a lugares de
suelos más favorables. La extrema multiplicidad de hábitat heterogéneos que presenta
la Amazonia, se debe a la diversidad de su vegetación, en la que cada uno de sus
elementos ha encontrado la adaptación exacta a un nicho ambiental específico. Las
especies individuales adaptadas a un determinado hábitat deben estar sometidas a
dispersión en hábitat adyacentes, a los cuales no están bien adaptados, pero en los que
logran sobrevivir de vez en cuando, y a cuya diversidad específica contribuyen en
buena medida.
La clave de la riqueza biológica está en la dinámica a través del tiempo, en los
aspectos evolutivo y ecológico, y no como algunos han sugerido que ha sido siempre,
una selva primigenia inmutable. La Amazonia constituye en la actualidad un maravilloso
caleidoscopio de dinámicos hábitat interactuantes que en ninguna otra parte del mundo
está mejor representado. El estudio de vida animal en estos sistemas es de suma
importancia para entender los aspectos más influyentes en la unificación de la biología:
la ecología y la evolución.
Las selvas tropicales representan la más esplendorosa manifestación de la vida sobre
el planeta. Este ecosistema, el más rico en especies vivientes de la Tierra, produce las
más complejas y fascinantes interrelaciones entre los organismos que lo conforman.
Singulares por las complejas interrelaciones en las que coevolucionaron muchas de las
especies que allí habitan. Todavía hay un largo camino por recorrer antes de que
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empecemos siquiera a comprender la forma en que están estructuradas. Dentro de la
selva húmeda tropical con su profusión de vegetación hay muy poco movimiento de
aire, así que cada especie de plantas está rodeada de muchas otras especies que la
ayudan en la diseminación de sus semillas, uno de sus mayores problemas y para lo
que han ido desarrollando frutos con colores atractivos, livianos, comestibles y formas
especiales. Invierten cantidad de energía en la producción de flores atractivas, olores
llamativos y de néctar rico en azúcares, como medio para atraer y recompensar a los
agentes de la polinización. Las frutas preferidas por las aves son rojas cuando
maduran, amarillas, anaranjadas, moradas o de colores que les proporcionan una señal
que detectan con facilidad. La mayoría de las especies frugívoras aprovechan la
abundante oferta de comida que produzca cualquier árbol de fruta carnosa.
Desafortunadamente ningún frugívoro habitante de los bosques neotropicales se aleja
de los confines de la vegetación arbórea, por lo que el proceso de regeneración de
grandes extensiones taladas por el hombre es muy lento, y nunca tiene la rapidez
regenerativa de los pequeños claros naturales, siempre rodeados por el bosque
primario. Esto hace más evidente la complejidad e interdependencia de la vegetación
del bosque tropical con los animales que lo habitan, para asegurar la reproducción.
No se sabe todavía cuántas especies vegetales dependen de una sola especie
animal, pero sí podemos estar seguros de que la extinción de una sola especie animal
podrá traer consigo la extinción de muchas plantas dependientes, en un lapso de
tiempo relativamene corto por la falta absoluta de sus técnicas de reproducción. Las
numerosas partes de los árboles que son descubiertos, son aprovechados al máximo
por las aves polinizadoras y propagadoras de semillas. Se considera al grupo animal
más diversificado al de los insectos, de los cuales sólo han sido estudiados y
muestreados los que representan un peligro para la salud pública, son económicamente
aprovechables o perjudiciales, y la gran preocupación es que se extingan antes de
encontrar la clasificación de éstos. En los reptiles una especie de tortuga terrestre
llamada cabeza de trozo, es una de las menos conocidas y posiblemente más
amenazadas del Chocó. Uno de los animales que mayor acumulación energética
representa en estos bosques, es el perezoso de tres y de dos dedos. El Bradypus sp.
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es el más especializado, limitando su hábitat al bosque lluvioso de zonas bajas y
alimentándose principalmente de hojas de yarumo. Tienen una serie de adaptaciones
que les permiten vivir sin mayores problemas en los estratos superiores del bosque,
tienen brazos, garras largas, para agarrarse y colgarse, poseen dientes especializados
para moler la vegetación y un tracto digestivo de gran longitud apropiado para digerir
lentamente esta dieta de baja calidad. Han desarrollado una asociación especial con
algunas algas que viven en su pelaje dándoles un color verdoso que los protege.
Siendo animales netamente arbóreos podría esperarse que nunca bajaran donde se
exponen al ataque de los carnívoros, sin embargo, bajan una vez por semana a defecar
en la base del árbol como queriéndose asegurar de que los nutrientes serán reutilizados
por su árbol madre.
Queda por averiguar cuántas y cuáles de la multitud de interrelaciones faunísticas son
las más importantes para conservar la buena salud de nuestras selvas, y asegurar su
conservación a largo plazo. No existe una particularidad en cuanto al sistema de vida,
sino la especialización en cuanto al microhábitat de cada miembro del grupo
especializado, la complejidad se observa en la diversidad de su fauna.
Este mágico, desconocido e impenetrable mundo de humedad y verdor, suscita en
científicos y estudiosos de todo el mundo, apelativos que hacen alusión a sus
características fundamentales, -Selva Húmeda, Ecuatorial, Umbrófila, Bosque lluvioso,
Higrófilo, Húmedo siempre verde, Tropical deciduo y Selva pluvial-, que
tradicionalmente han exigido al hombre formas adaptativas que intrínsecamente
imponen severas limitaciones de supervivencia. Limitaciones más acentuadas por los
siglos que fueron necesarios para adecuar modelos de comportamiento que están
seriamente amenazados por la destrucción de su hábitat. El contacto con el hombre
blanco ha dejado muy poco de provecho y ha causado la extinción en Colombia de por
lo menos 182 grupos étnicos en menos de cinco siglos, mientras que han desaparecido
alrededor de 400 grupos más en toda la cuenca amazónica. La mayoría de las
calamidades ambientales de los países tropicales -inundaciones, sequías, hambre,
incendios y desertificación- está directa o indirectamente relacionada con la pérdida del
bosque, a lo que debe sumarse el hecho de que la mayoría de las especies están aún
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sin catalogar. El incremento de las poblaciones humanas, en términos demográficos,
impone hoy un acelerado agotamiento de los recursos naturales, la declinante fertilidad
del suelo, el agotamiento de las reservas del agua, la mengua en la abundancia de
cubiertas vegetales, las cada vez más difíciles asociaciones de la fauna silvestre y la
extinción de comunidades aborígenes, son problemas a los que la sociedad moderna
pese a su tecnicismo no ha podido dar un tratamiento adecuado.
Los indígenas de la selva húmeda tropical en especial los amazónicos son concientes
de la diversidad geomorfológica y pedológica de su territorio, de la diversidad de
especies biológicas y de los diferentes fenómenos naturales que se articulan
cíclicamente durante todo el año. Su conocimiento empírico del medio se fundamenta
en siglos de experimentación y observación, lo que les permite conocer con precisión
los distintos elementos y organismos del medio inorgánico y biótico. La gran fragilidad
del ecosistema natural, con altísima pluviosidad e inestabilidad, hace que en las áreas
transformadas se produzca erosión y pérdida de suelos, haciendo difícil suplir las
demandas sociales y creando problemas ambientales de repercusión extraregional. Si
se talan los bosques para dedicar el terreno a la agricultura o la ganadería las lluvias se
van, el suelo desaparece dando lugar al desierto. Es por ello que la importancia de la
selva reside en que se mantenga en pie, para que su fauna y sus especies vegetales
sigan llenas de promesas para la nutrición y la medicina.
Los científicos predicen que la destrucción forestal y la consiguiente fragmentación de
la selva, producirá la extinción masiva de especies vegetales y de animales selváticos,
pero la dinámica exacta de este proceso de extinción está lejana de ser comprendida
cabalmente. Infinidad de especies no han sido oficialmente descubiertas, por ello el
cálculo total de especies existentes en el globo difiere en decenas de millones. Algunos
científicos hablan de tres millones otros de cincuenta. Esta selva que desempeñó un
papel de vital importancia en el proceso de adaptación del hombre americano, donde la
naturaleza fue el origen de casi todas las realizaciones humanas, estos enclaves
selváticos con presencia aborigen tradicional, donde la relación hombre-medio ambiente
requieren todo su significado, son cada vez más relictuales y hoy son la última frontera
de un complejo y desconocido mundo en grave peligro de desaparición del cual no
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conocemos nada. El impacto ambiental es uno de los más complejos e irreversibles que
existen, como bioma es el más intrincado, productivo y eficiente de los que existen
sobre la faz de la Tierra. La diversidad de vida que caracteriza a la selva siempre verde
es a la vez su fuerza y su debilidad.
El afán de la cultura moderna por mejorar los ecosistemas naturales es un atropello
contra el equilibrio ecológico, ahora cuando apenas estamos comenzando a entender
los invaluables y bellísimos sistemas selváticos que hemos heredado, es de esencial
importancia estudiarlos para tener una planificación sistemática y coherente de carácter
duradero y así lograr un ordenamiento territorial armónico entre su vocación de uso y la
demanda potencial de recursos naturales con el mayor cuidado y poderlos conservar
celosamente, porque es allí donde se encuentra el futuro de las generaciones
venideras. Esta puede ser nuestra última oportunidad de aprender a convivir con la
naturaleza, de aceptar nuestro papel como animal más, en lugar de ser la especie que
por fuerza produce el exterminio de las demás.
Tenemos mucho que aprender del hombre indígena, en cuanto a la manera de vivir
dentro del medio ambiente natural sin agredirlo desde afuera. Una oportunidad de
escuchar sabios consejos.
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MANGLARES
Con este término se designaban los bosques impenetrables de raíces enmarañadas,
algunas veces alejadas del mar, que impedían el paso de la tropa y los caballos de los
europeos. A pesar del menosprecio que se le dio en épocas de la conquista, muy pronto
se inició la explotación de este recurso natural en las nuevas tierras al descubrir las
cualidades de la madera de mangle. Evoca el origen y la posibilidad reproductiva de un
apreciable porcentaje de las especies de peces del planeta -2/3 partes para ser
precisos-, que conjuntamente con otros ecosistemas ubicados en la zona acuáticamarina (praderas y arrecifes), constituyen la sucesión natural más singular para el
nacimiento y desarrollo de la ictiofauna mundial. La doble condición de "salacuna
alimentación" posibilita una alta productividad pesquera y explica también el por qué de
su importancia en la evolución cultural del hombre. El manglar y sus áreas aledañas
pueden ser consideradas como un enclave geográfico definitivo en la génesis de
muchos de los logros sociales e históricos de la humanidad.
En los esteros, donde se mezclan las aguas marinas y continentales sobre fondos
someros y arenas se establecen los manglares. Una asociación de plantas
principalmente árboles, que desarrollaron adaptaciones anatómicas y fisiológicas para
vivir en los estuarios tropicales y subtropicales. Es uno de los pocos entornos azonales,
o sea, que no está sujeto a contundentes cambios climáticos como otros biomas del
globo terráqueo.
Parecen árboles que caminan sobre el agua a grandes zancadas, pero al mirarlos
mejor se ve que están afianzados al suelo firmemente por sus raíces, como las plantas
terrestres. No todos los árboles son iguales, se pueden apreciar tipos diversos de
raíces, formas de troncos, hojas y flores. Especies pertenecientes a distintas familias,
pero con características y adaptaciones semejantes, adquiridas para poder vivir en esta
franja de transición entre el mar y la tierra, bajo el influjo de las mareas. La
característica más importante de estas, es la tolerancia diferencial a la salinidad,
aunque debe admitirse que crecen bien en zonas con agua salobre y dulce, siempre y
cuando no tengan que competir con plantas terrestres. Especialmente los manglares del
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Pacífico por las precipitaciones y la atmósfera sofocante, tienen una cantidad de fauna
asociada como las epífitas: bromelias, orquídeas y helechos. Así mismo se desarrollan
una infinidad de hongos y plantas inferiores sobre los troncos como sucede en un
bosque de niebla.
Los árboles de mangle producen una gran cantidad de hojas, buena parte se secan y
caen con las lluvias, descomponiéndose en los estuarios y sirviendo de alimento a una
enorme diversidad de organismos, principalmente larvas de camarones que raspan la
cutícula cerosa que las cubre. Las bacterias colonizan la hojarasca que de nuevo
aprovechan los camarones, los cangrejos y caracoles. Muchas especies de peces
pasan algún período de su desarrollo alimentándose de éstos organismos y
encontrando protección entre las raíces. El detritus de toda esta fauna, rico en materia
orgánica, es alimento de gusanos, ostras y caracoles filtradores, por esto es un
ecosistema abierto, que importa sedimentos de los ríos y exporta materia orgánica a
otros ecosistemas o al mismo estuario, constituyéndose en un verdadero bosque
tropical de alta diversidad faunística.
El manglar es un sistema generoso y decisivo que ayuda mantener buena parte de la
red alimenticia estuarina y marina, hasta el punto de que algunas de nuestras
pesquerías costeras, especialmente la de camarón, incluso, oceánicas, como la
atunera, dependen de la existencia de los manglares y de su capacidad de producir
nutrientes orgánicos, y servir de criadero a innumerables especies. El manglar es un
enclave duro en un substrato blando, un sistema complejo integrado por diversos
ambientes. Cada ambiente tiene su fauna asociada que puede compartirla con otros
ambientes, viven en el follaje, en las ramas, el tronco, las raíces y el suelo. Las aves
residentes y migratorias encuentran una oferta de recursos formidables. Hay
poblaciones de garzas, gallitos de ciénaga, patos cuervos, barraquetes, águilas
pescadoras, gavilanes caracoleros, martín pescadores y chavarrías; caimanes y
babillas que están en peligro. Así como ponches, nutrias, osos hormigueros, manatíes,
pasarrollos, iguanas, colibríes, crustáceos, moluscos, poliquetos, venados, guaguas,
tatabras y tigres.
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En la llanura del Pacífico, a diferencia de lo que ocurre en ciertos sectores del Caribe,
las mareas penetran bastante sobre las tierras y su influencia directa e indirecta se deja
sentir por varios kilómetros al interior. El manglar, faja transicional entre la zona
acuática, marítima y la selva húmeda de tierra firme donde hay intercambio faunístico,
sirve de umbral a otros ecosistemas que en conjunto, se conocen con el nombre de
selva pantanosa. Dichos ecosistemas están constituidos básicamente por asociaciones
de natal, caunajal, sajal, guandal y catival. La pradera retiene material detrítico del
manglar y exporta un material más fino al arrecife, algunos animales del arrecife pasan
sus etapas larvales en las praderas de Thalassia y en el manglar, otros viven de día en
las praderas de pastos marinos o manglar y de noche regresan a los arrecifes. El
manglar es un filtro biológico que evita la entrada de material suspendido a estos
ecosistemas, comportándose como un eslabón entre la vida terrestre y marina,
beneficiándose del arrecife que lo protege del impacto directo del oleaje. Ecosistemas
dinámicos, interactuantes y complementarios.
La formación de nuevos manglares sólo ocurre cuando se depositan playas con
playones fangosos protegidos del embate directo del mar. Viviendo en un medio
intolerable para las otras plantas, estos pueden formar bosques puros dominados por
unas cuantas especies sin la presencia de rivales biológicos. El incremento de la
salinidad o la disminución del aporte de agua dulce al manglar, va en contra del
desarrollo normal de éste. Hace algunos años no se tenía muy clara esta relación, por
lo que al construir la vía Barranquilla-Santa Marta se alteraron completamente los
ambientes estuarinos del parque de Salamanca y la Ciénaga grande de Santa Marta, el
estuario más grande del caribe con 450 kilómetros de longitud, ya que fue levantado un
terraplen que impide el intercambio tan necesario entre el agua dulce y salada. Los
manglares que quedaron expuestos a las mareas, murieron al acumularse y evaporarse
el agua salada en las depresiones localizadas en el dique y la costa, hoy son sólo
esqueletos vegetales en un cementerio de sal. Los que quedaron del otro lado también
se afectaron, ya que quedó bloqueada la entrada de aguas saladas y salobres,
contribuyendo a que plantas terrestres invadieran el terreno de los manglares. En la
ciénaga mueren masivamente los manglares por el taponamiento de los caños de
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descarga del río Magdalena al sistema estuarino, lo que afecta no sólo la vida de éste
sino que acaba con la red alimenticia a la que está también unida el hombre.
En condiciones adecuadas de buen flujo exterior, el manglar conforma extensos
bosques monoespecíficos llamados rodales, que lo hacen atractivo desde el punto de
vista forestal además de sus múltiples usos (tanina para curtiembre). En el Caribe hay
grandes extensiones dominadas por las especies Avicenia nitida, Laguncularia
racemosa, Conocarpus erecta y Rhizophora mangle, las cuales se han visto afectadas
especialmente en la zona de la ciénaga grande de Santa Marta, donde se ha producido
mortalidad masiva de mangles y cambios en la dinámica del ecosistema. En la costa
Pacífica existen formaciones de manglar únicas dominadas por el mangle piñuelo Pellicera rizophorae- en la ensenada de Utría, las cuales se constituyen en pequeños
ecosistemas de altísima vulnerabilidad. El mangle rojo tiene raíces aéreas en forma de
patas de araña para sostenerse sobre suelos blandos e inestables, realiza una filtración
selectiva para impedir la entrada de sal a través de sus raíces y produce semillas
flotantes que pueden vivir largo tiempo. El mangle blanco deja pasar la sal y la excreta
después mediante glándulas especializadas que tiene en los pecíolos de las hojas. El
mangle negro desarrolla verdaderos tubos respiradores en sus raíces que asoma sobre
los suelos saturados de agua y reciben el nombre de neumatóforos. El mangle
botoncillo o Zaragoza, se desarrolla mejor donde la salinidad y los suelos son más
estables.
La madera de mangle que es inmune al gorgojo se caracteriza por ser resistente en
seco y en agua dulce, y por su alta densidad que la hace pesada al punto de no flotar.
El manglar ha garantizado la protección de la línea costera, al resguardar el cambio
gradual del microambiente, lo cual asegura la preparación del suelo continental como
invasor nato sobre el mar, determinando la más alta productividad biológica del orbe, lo
que constituye una fuente inagotable de fertilizantes naturales y un criadero natural de
cientos de especies. El manglar ha permitido además consolidar una de las etapas
culturales más importantes y decisivas del florecimiento prehispánico de América. Ha
sido considerado como un lugar malsano, inhóspito, impropio y poco importante de la
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geografía nacional, sin embargo, se constituye como uno de los más altos potenciales
pesqueros del país, y el baluarte natural más apreciable que poseemos.
El manglar ha sido maltratado desde siempre, ha tenido pocos defensores si se le
compara con otros ecosistemas, como los arrecifes coralinos. El desconocimiento de la
significación del ecosistema manglar-estuario ha sido la principal causa de su mal
manejo y destrucción. De hecho, es un ecosistema querido por muy pocos y
considerado por la mayoría como basura. La ciencia ha descubierto en el manglar uno
de los ecosistemas más productivos del planeta. Al igual que la selva húmeda tropical
los manglares colombianos vienen siendo talados en forma indiscriminada. Esteros y
pantanos en los que se desarrollan, sólo se consideran de valor cuando han sido
transformados por el hombre, como es el caso de San Andrés y Providencia, donde son
utilizados como basureros. En otras regiones se rellenan con fines urbanísticos para
construir muelles u otros requerimientos de las ciudades costeras. Semejante desprecio
no es nada nuevo.
Los manglares han sufrido fuerte presión de extracción o han sido destruidos para el
desarrollo de camaroneras. Una alta proporción está en proceso de regeneración
natural. En las llanuras periódicamente inundables del bajo Atrato crece un tipo de selva
inundable denominado catival, donde predomina el árbol cativo. En su estado original
se extendía sobre 363.000 hectáreas con árboles de hasta 45 metros de altura. Fueron
transformados por la colonización y la explotación comercial en campos de cultivos y
pastizales. La tasa de destrucción es de 8.200 hectáreas por año, como resultado la
formación catival se encuentra en peligro de desaparecer, sin los cativales además de
su biodiversidad se habrá perdido un ecosistema de gran valor estratégico, debido a
que las selvas que presentan tendencias a la homogeneidad de especies son las que
ofrecen mejores posibilidades de producción sostenible de madera. Sin embargo los
tensores más letales son los hidrocarburos y en especial el petróleo ya que tapa los
poros, y los neumatóforos, bloqueando el intercambio de gases y alterando el balance
metabólico de la planta. La regeneración del manglar es lenta, porque los embriones no
se desarrollan en substratos contaminados, perdiendo capacidad de fijación y
recolonización. Nuestra ignorancia no puede seguir siendo la disculpa.
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En Colombia la utilización actual de la corteza de mangle, específicamente en la costa
del Pacífico, afecta gravemente este recurso. Son talados miles de gigantescos y
añosos árboles con el fin exclusivo de quitarle la corteza, símbolo elocuente del
despilfarro de un recurso natural. Actualmente es explotado en forma antitécnica y en
pequeña escala por la dificultad de su extracción, ya que no flota por su alta densidad.
Esto ha salvado al manglar de ser talado totalmente, pero se talan los manglares de
borde que son los que más material orgánico aportan. Desde el punto de vista
silvicultural el mangle se puede explotar y manejar, si se tala por corredores y se
resiembra, teniendo mucho cuidado con todos los enemigos de los embriones y
evitando alteraciones en el suelo al sacar los troncos.
El hombre hace parte de los cazadores activos de este sistema: colecta moluscos,
cangrejos y realiza una de las actividades más importantes y que afecta el ecosistema
es la pesca artesanal, ya que con los trasmallos se cojen los camarones pequeños que
apenas comienzan su ciclo y de ahí la consecuencia en la baja de rendimientos, porque
éste recurso no se puede reponer, aunque últimamente la pesca con dinamita y con
veneno vegetal, llamado barbasco, afectan considerablemente este sistema. La pesca
artesanal juega un papel importante, porque su producto se consume localmente o en
el interior, aumentando las proteínas en la dieta de la población y generando empleo.
La pesca industrial exporta la mayor parte y obtiene divisas que el país también
necesita. No se puede estar del lado de ninguna de estas dos actividades pero se debe
tener claridad en la necesidad de los recursos energéticos que pueda ofrecer el manglar
y su estado de conservación.
No todos los manglares tienen el mismo rendimiento y algunos pueden tener zonas
más productivas. Se hace necesario mapear los manglares amenazados, considerar
sus diferentes zonas y reglamentar sus posibles usos, ubicando los que cumplen una
función nodriza, y exportación de detritus, para protegerlos y destinarlos exclusivamente
a este proceso, garantizando buena parte de la reproducción de infinidad de especies.
Otras zonas pueden ser destinadas a la pesca por parcelas para que se puedan
recuperar. Los manglares más bellos pueden ser destinados a la recreación y
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Ecóloga. FUP. Docente.
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educación ambiental, mientras que otras franjas no deben ser visitadas para respetar
las zonas de nidación.
Es urgente que veamos las bondades y la importancia del manglar, un medio de
penumbra, calor bochornoso, intrincadas raíces, pantanos salobres, aguas turbias,
enjambres de mosquitos y jejenes, para que desarrollemos eficaces políticas de manejo
de un ecosistema del que dependemos de manera estrecha, ya que muchos de los
peces y crustáceos que consumimos vivieron alguna etapa de su desarrollo en el
manglar y en el medio estuarino. El manglar soporta una explotación sostenida -miles
de pobladores costeros obtienen de él valiosos recursos-, por lo cual su subsistencia
está estrechamente ligada a él, es realmente un hervidero de vida.
Nuestra cultura está fundamentada en la transformación de los ecosistemas y en su
utilización como unidades productivas; jamás se destruye una plantación agrícola,
porque conocemos su valor. Sin embargo subvaloramos todo lo que no encaje dentro
de este patrón ya que desconocemos la productividad real de los ecosistemas naturales
y cuando lo hacemos sólo pensamos en lo estético que no es lo realmente importante.
Las industrias pesqueras no sospechan que su actividad depende de los manglares y
tal vez cuando comiencen a interesarse en el tema será demasiado tarde.
Toda esta riqueza, tanto faunística como florística, hace del manglar una de las
unidades naturales más productivas del planeta, que en términos biológicos y junto con
zonas conexas, forma un contexto óptimo para el establecimiento de la vida en
cualquiera de sus formas, incluso la humana.
Un ecosistema vital que merece el desarrollo de estrategias efectivas de manejo y de
control con el fin de conservar este ecosistema de todos. Alterar el contenido de aguas
dulces y salobres puede traer consecuencias muy graves para la vida del manglar, que
en el área del Pacífico es considerado un refugio pleistocénico. El manglar debe ser
manejado como un ecosistema renovable, pero eso implica un vasto y detallado
conocimiento de sus elementos integrantes, de su flujo de energía y de las
interacciones con el clima, el suelo y el agua.
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OCEANO
Los primeros mares aparecieron hace unos cuatro billones de años comenzando con
las bacterias unicelulares anaeróbicas. Posteriormente surgieron los stromalitos, los
cuales formaron hace unos tres billones de años los primeros arrecifes, atrapando
sedimentos del medio. Hace unos dos billones de años se originaron bacterias con
pigmentos fotosintéticos. Las células que vivieron durante millones de años en forma
independiente experimentaron y lograron agruparse en organismos multicelulares.
Aparecieron las algas, y 100 millones de años después los primeros animales: las
esponjas. Los cnidarios como las aguamalas y los corales, aparecieron hace unos 650
millones de años y en un lapso de dos millones de años aparecieron los invertebrados,
organismos con caparazón que colonizaron los mares. Hubo extinciones masivas y se
experimentaron infinidad de formas y adaptaciones. Hace tan sólo 230 millones de años
surgieron los arrecifes modernos que modificaron considerablemente el medio,
descubrieron la asociación con algas logrando ser mitad animal mitad vegetal. Los
corales arrecifales con algas asociadas son en sí mismos, animales gregarios que
conforman grandes colonias. Durante el día los pólipos se retraen permitiendo la
entrada de luz y por la noche emergen para capturar sus presas mientras las algas
descansan. Un verdadero matrimonio, donde los desechos son utilizados racionalmente
por estas algas para fabricar nuevos alimentos. Todas las interacciones de los
diferentes organismos, adaptaciones y coevoluciones, hacen que hoy en día sean
considerados como uno de los ecosistemas más productivos de la naturaleza:
interactúan con más de 3.000 especies. Las aguas tropicales son muy pobres en
nutrientes pero a su vez limpias, favoreciendo el proceso fotosintético de las algas. El
Pacífico y el Caribe tenían especies en común, parentesco que se alteró por la actividad
tectónica y volcánica que llevó a la extinción gran cantidad de corales, en un proceso
selectivo que les dejó sólo algunas especies. Hace unos tres millones de años apareció
un primate que caminaba erecto, con habilidad para construir herramientas y utilizarlas,
evolucionando hasta el hombre actual que armados con impresionante inteligencia letal,
devastan sistemáticamente a otras especies y en los últimos 100 años han puesto en
peligro todo este proceso evolutivo que tardó millones de años en ajustarse.
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Algunos filósofos antiguos y biólogos de hoy, coinciden en que las primeras formas de
vida aparecieron en los mares remotos, un mundo con el que convivimos y con una
superficie mayor a la terrestre. El Caribe se aisló del Pacífico hace 23 millones de años
cuando se levantó un arco de islas. Al cerrarse el istmo centroamericano y
sedimentarse la fosa Atrato-San Juan, el Caribe quedó aislado de Colombia, cambiando
las corrientes y desarrollando un marcado endemismo en las especies. El Caribe está
ocupando la gran batea de Colombia, a 4.000 metros de profundidad. Sobre el borde
occidental se encuentra una importante cadena de islas volcánicas que en su mayoría
están hundidas, a excepción de Providencia y Santa Catalina. San Andrés,
Albuquerque, Bolívar, Roncador, Serrana, Quitasueño, Alicia, Bajo Nuevo y gran parte
de Banco Pedro existen gracias a sus formaciones coralinas que se han ido creando
mientras el volcán se hunde. El nivel del mar en el Caribe bajó en más de 100 metros,
afectando principalmente los corales arrecifales, octocorales y bancos de esponjas.
Hace 5.000 años se estabilizó el mar, y hoy tenemos una variada y espléndida fauna y
flora arrecifal.
Los corales se asociaron con algas microscópicas hace 230 millones de años, en una
simbiosis que les permitió vivir en aguas pobres en nutrientes, pero expuestas a la luz.
Creando un ecosistema propio y libre de competencia, esta sociedad se presentó en los
desiertos azules. Los corales mantienen prisioneras las algas, en una relación
simbiótica mutualista. Las algas actúan como baterías solares: los corales se sirven de
las algas para captar energía fotónica mientras las algas retienen el dióxido de carbono,
con el que fabrican carbohidratos. Un ciclo cerrado que se conforma con la captación,
conservación y reciclaje de nutrientes.
La unidad fundamental del coral es el pólipo, un individuo de forma tubular con
tentáculos rodeando la boca, que se comunica con la cavidad gástrica. Se esconde en
una copa de carbonato de calcio que él mismo secreta y en la que puede esconderse.
Aprovechan al máximo las posibilidades energéticas que el medio le ofrece ya sea
como cazadores, productores o desplegando estrategias en busca de partículas en
suspensión.
Son
animales
racionales
que
aprovechan
algunos
mecanismos
repartiéndose las limitadas ofertas energéticas. Dependen de la calidad y la cantidad de
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la luz, porque las algas transforman esta energía en alimento y así pueden vivir los
corales, los únicos organismos que han construido su propio ecosistema. La
temperatura en la formación de nuevos corales es también fundamental y esto limita la
formación de los arrecifes solamente a aguas tropicales y transparentes con
temperaturas altas. Los corales son asexuales o sexuales, su proceso de subdivisión no
tiene límites, siendo los animales que mayor edad pueden alcanzar en la naturaleza. Su
sexualidad puede ser externa o interna, externamente las plánulas pueden viajar hasta
seis meses o hasta que encuentren un substrato adecuado, donde comienzan a
secretar el carbonato de calcio que los proteje de los enemigos. Sus formaciones no
sobrepasan algunos milímetros, pero sus colonias alcanzan hasta 4 metros de ancho.
El pólipo no aumenta de tamaño, realiza una tarea de agregar nuevos compartimientos
dentro de la cavidad cálice. No se reparten homogéneamente en el arrecife ya que
factores ambientales relacionados con la energía del oleaje, la penetración de la luz y la
sedimentación determinan la repartición de los individuos en este.
De acuerdo con su forma, origen y situación respecto a la costa, existe una diferencia
entre arrecifes costeros, de barrera y atolones. Tres formas básicas que existen en
Colombia incluyendo los arrecifes de parche que son simples acumulaciones
localizadas. Los arrecifes costeros se desarrollan en aguas someras directamente
desde la orilla o separados de ella por una laguna poco pendiente, los de barrera están
separados por un cordón profundo que presenta una cresta arrecifal expuesta, formada
por especies altamente adaptadas a esta zona de rompiente. Los atolones están
estrechamente relacionados con las barreras arrecifales ya que dependen de una serie
de condiciones topográficas y fenómenos geológicos. Alrededor de una isla volcánica
expuesta a la erosión marina se forma un arrecife costero, el cono volcánico se hunde
lentamente y el coral crece verticalmente de forma circular hasta que el cono se ha
hundido completamente y se ha desarrollado una laguna interna.
En la cresta arrecifal expuesta a olas de alta energía y fuertes corrientes donde sólo
encontramos una baja diversidad de especies, están los corales de rápido crecimiento
que tienen pólipos muy pequeños, lo que lleva a suponer el alto grado de dependencia
que tienen de las algas fotosintéticas. Entre los 10 y 35 metros, está la mayor diversidad
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coralina donde crecen corales lentos con pólipos grandes ya que sus aguas son poco
turbulentas tienen suficiente luz y pocos sedimentos, condiciones que les permite
desarrollarse favorablemente. A partir de los 35 metros decrece la luz y por lo tanto la
diversidad de corales, los cuales crecen de manera laminar por estar dispuestos en
forma de tejar sobre el talud, captando la luz violeta que llega allí. En la laguna arrecifal
tienen luz pero se presentan problemas con sedimentos y la luz ultravioleta les permite
desarrollar cilias que les ayuda a limpiarse el sedimento. El éxito de las especies dentro
del arrecife lo constituye su capacidad de adaptación, donde el espacio vital juega
también un papel importante. Las especies más agresivas son las de crecimiento lento,
porque necesitan buenas técnicas que les aseguren un espacio próximo. Las algas
calcáreas son las mayores contribuyentes al crecimiento de los arrecifes, tal vez en un
25%, aunque es el reino de una obra colectiva. Así como se construye se destruye, una
gran cantidad de peces que se alimentan de corales, ponen en peligro la tranquilidad de
los pólipos, aunque por otro lado crean un nuevo microhábitat ayudando indirectamente
a la reproducción asexual de estos. Todos los procesos dinámicos del arrecife
incluyendo corrientes, temperatura y penetración de luz, favorecen a la creación de
nichos ecológicos que con su variada población constituyen una civilización de
constructores. El conjunto de estructuras esqueléticas conforman el arrecife.
Los pólipos tienen numerosas adaptaciones que los convierten en verdaderos
maestros para sobrevivir, mantienen una unión física y fisiológica a través del
intercambio activo de nutrientes. Los cnidarios han experimentado durante su evolución
diferentes formas de pólipos. Los octocorales tienen pólipos con ocho tentáculos
especializados en filtrar el agua sin dejar escapar ningún nutriente, se contraen y
refugian en cálices que se apoyan sobre un esqueleto interno, córneo y flexible. Los
coralinos tienen tentáculos simples y se esconden en fortalezas rígidas de carbonato de
calcio. El coral negro tiene seis tentáculos sin pinas pero con un material pegajoso,
apoyados sobre un eje esquelético central. Cuando las estrategias de crecimiento son
diferentes, las diversas especies pueden vivir pacíficamente. La interacción entre los
corales y otros organismos permite la formación del andamio de la vida, vital para la
supervivencia de vertebrados e invertebrados. Allí cada organismo interactúa con otro
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alcanzando un delicado equilibrio del que depende la supervivencia de las diversas
especies. En forma conjunta crecen los diversos corales, anémonas y esponjas que
sirven de alimento y refugio a una gran variedad de peces, moluscos, crustáceos y
equinodermos que cohabitan con ellos, o que llegan de mar afuera para visitarlo.
Existen dos tipos de corales. Los corales hermatípicos son transparentes para dejar
pasar la luz que sus algas necesitan y los ahermatípicos que son de colores vivos ya
que no necesitan filtrar luz para ningún alga, poseen una nueva estrategia poco
competida para encontrar nuevos espacios en los arrecifes. Para captar la mayor
cantidad de energía los corales han creado infinidad de estrategias: incrementan la
superficie expuesta al sol, forman pliegues, estrías, montículos y valles, esculpen su
superficie para ganar en área lo que no pueden ganar en superficie, un buen ejemplo
de adaptación es la del coral cerebro cuya forma esférica le permite captar 12 horas de
sol. La vida se despliega en una gran variedad de formas para llenar los espacios
vacíos que van quedando en el arrecife. El crecimiento laminar permite la formación de
cuevas y cavernas, verdaderos escondrijos para los habitantes del arrecife. Los
hidrocorales son activos constructores del andamio arrecifal, ocupan su cresta
intensificando la tasa de calcificación por sus algas asociadas. El arrecife mejor
estructurado es aquel que se conforma en las proximidades de los manglares y
presenta laguna arrecifal, tiene suficiente alimento tanto para sus habitantes
permanentes de los arrecifes como para aquellos que lo visitan, ofrece protección y se
constituye en lugar seguro para la reproducción de las diferentes especies. Las tortugas
no son habitantes permanentes, pero transitan con frecuencia para cazar peces y
pastar Thalassia, llegan a aparearse y buscar la arena de las playas, subproducto del
arrecife en donde depositan los huevos.
La Thalassia es una planta superior componente de la laguna arrecifal, que florece
bajo el agua, sirve de alimento, protección y estabiliza la arena del fondo fijándola con
sus raíces, crece en praderas que reciben nutrientes del manglar, aporta materia
orgánica a los arrecifes, oxigena el agua, disminuye la fuerza de las olas y ofrece
condiciones óptimas para el desarrollo de las algas. En los corales de estas praderas
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viven esponjas, moluscos, crustáceos, celenterados, equinodermos y una gran variedad
de peces dentro de los que se destacan los pargos, las sierras, los róbalos, las
barracudas, las isabelitas, los ángeles, las cebras, los sargentos y los obispos.
El arrecife no es únicamente masivo, posee grandes depósitos de arena en la laguna
arrecifal donde las corrientes crean dunas como en los desiertos y su fauna es muy
especializada. El arrecife como tal no es una estructura estática, vive en permanente
cambio y aunque estos procesos tardan miles de años en suceder, dan tiempo a
muchos organismos a que se adapten al medio. Su habilidad constructora supera
ampliamente a muchas obras realizadas por otros animales. Los organismos arrecifales
forman las barreras coralinas para crear alteraciones en los patrones de las corrientes
marinas, las cuales al chocar contra éste, forman remolinos que levantan nutrientes
sedimentados y sirven como substrato de anclaje a numerosos organismos sésiles que
se alimentan de plancton. Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma.
Un arrecife es una gigantesca estructura filtrante, en espera del agua que transita para
retirar de ella los nutrientes. Presenta básicamente dos espacios: uno vertical para los
organismos sésiles, ya que les permite captar mejor las corrientes y el horizontal para
los corales porque les garantiza la luminosidad. Son especies que aprendieron a vivir en
una paz relativa y han logrado un estupendo entendimiento entre ellas a tal punto de
sincronizar algunas de sus actividades vitales, como el desove masivo, usando
complejos lenguajes químicos, como el que emplean los espermatozoides para
reconocer óvulos de su especie y fecundarlos, un método fundamental, que coordina
los procesos reproductivos de las especies sésiles. Los que se desplazan tuvieron en
cambio que desarrollar receptores específicos para reconocer a sus semejantes y a la
vez para defenderse. Lenguajes químicos y mecanismos audiovisuales que generaron
la aparición de ojos. Diferentes mecanismos de defensa se fueron creando alrededor de
este ecosistema, tal es el caso de algunos organismos tóxicos que poseen los colores
más llamativos y otros que copiaron la táctica sin llegar a ser tan peligrosos.
El 97% de los habitantes de los arrecifes son invertebrados que en su mayoría pasan
inadvertidos. Los peces aparecieron hace 350 millones de años y aunque constituyen
sólo el 3% se han adaptado rápidamente al ecosistema. Algunos peces coralinos se
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alimentan de algas filamentosas ricas en nitrógeno orgánico, elemento esencial para la
vida, que al ser consumidas, digeridas y acuadas por peces herbívoros, hacen que los
nutrientes vuelvan al medio para ser reutilizados por infinidad de organismos,
permitiendo el incremento de fitoplancton, base de la red alimenticia del arrecife. El
arrecife por considerarse uno de los lugares más seguros, es un sitio ideal para incubar
y desarrollar las crías, no sólo en laberintos y cuevas sino en los brazos de anémonas o
erizos. Tanto los pobladores de los arrecifes como los de la laguna, si se multiplican en
exceso ponen en peligro al entorno, por lo que aparecen peces devoradores,
controladores de otras especies, que a su vez son víctimas de otros, permaneciendo en
un delicado equilibrio. Cuando la población del arrecife se parasita y enferma, aparecen
las especies que los limpian extrayéndoles los parásitos.
La coevolución en los arrecifes presenta espectaculares adaptaciones. Los arrecifes
más sanos son aquellos que presentan mayor diversidad de especies y alcanzan un
alto grado de especialización. Cuando penetramos en este mundo de gran complejidad
se pone de inmediato presente el universo de los peces donde se compite sin cesar, se
crean y se perfeccionan increíbles mecanismos de supervivencia, se vive y se muere.
Todo ello tiene una razón de ser: la prolongación de cada especie en el espacio que le
es más propicio.
La biodiversidad marina es esencial para el mantenimiento de la salud y la estabilidad
de la cadena alimenticia y el bombeo biológico. Todos los organismos sin excepción,
desde la más microscópica de las bacterias hasta la inmensa ballena azul, ocupan su
espacio ecológico necesario. Los copépodos, por ejemplo, son crustáceos diminutos
que se alimentan de fitoplancton, se cree que son los animales más abundantes de los
mares, constituyendo un eslabón fundamental entre los productores marinos primarios y
el resto de la cadena alimenticia. Si se alteran las premisas ecológicas de forma que los
copépodos no puedan seguir desempeñando su función, su desaparición tendría
efectos desastrosos.
Al tratar de entender la diversidad de la vida en Tierra, contemplamos las enormes
variedades de medios ecológicos terrestres: pantanos, desiertos, praderas, montañas y
bosques tropicales. Observando diferencias radicales en las condiciones ambientales
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necesarias para el nacimiento y la supervivencia. En contraste, ante la mirada del
profano, el mar puede parecer igual en todas partes. Sin embargo los hábitat marinos
varían desde las llanuras glaciales y cadenas montañosas situadas a miles de metros
bajo el nivel del mar, a los arrecifes coralinos en aguas litorales, las cuales soportan
más vida que las de alta mar o los abismos, debido a que contienen los recursos
alimentarios más abundantes.
El ciclo de nutrientes desde el litoral de mar y viceversa, la migración de especies
entre continentes y el milagro biológico de las chimeneas termales de los fondos
marinos, alimentan constantemente la diversidad genética de los mares. Los océanos
incluso, están interconectados entre sí por grandes corrientes que fluyen con lentitud de
uno a otro hemisferio. Es esencial proteger estas interconexiones de sistemas y
protegernos a nosotros mismos de una degradación que pueda resultar de enormes
proporciones más allá de lo imaginable. La pérdida de hábitat litorales, es un problema
de dimensiones globales que afecta a muchos de los medios marinos más ricos y
productivos en biodiversidad. Casi la mitad de las marismas y manglares del mundo han
sido despejados, desecados, tapiados o terraplenados. Del 5% al 10% de los arrecifes
coralinos del mundo han sido prácticamente eliminados por contaminación o
destrucción directa y otro 60% corre el riesgo de desaparecer en los próximos 20 años.
Incluso las playas -que no son especialmente productivas, pero que son esenciales
para muchas especies marinas, como las tortugas- están en peligro, ya que un 70% de
las playas de todo el mundo sufren un proceso de erosión. Las especies marinas que
sucumben con más facilidad a la sobreexplotación son los mamíferos acuáticos por sus
características de lento crecimiento, larga vida y baja reproductividad.
Las relaciones de este ecosistema son complejas y muy elaboradas, tardaron miles de
años en ensayos de adaptación hasta lograr el resultado deseado. Es por esto que
debemos preocuparnos por conocer este mundo diferente al que habitan los hombres,
para darle el reconocimiento y el valor que se merece, respetarlo y explotarlo cuidadosa
y racionalmente. La complejidad de estas interacciones, en donde la alteración de un
factor llega a provocar una reacción en cadena, nos muestra la necesidad inaplazable
de la investigación científica, porque sólo a través de ella llegaremos a comprender
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cabalmente la importancia de la conservación del arrecife, tantas veces maltratado pero
que afortunadamente aún conserva su gran potencial de riqueza. El arrecife tiene un
gran valor, sólo si está vivo. Si es importante la conservación del arrecife en sí mismo,
es indispensable la conservación de los ecosistemas que interactúan con él, como las
praderas marinas y manglares que actúan como trampas reteniendo el sedimento.
El arrecife resulta ser un ecosistema prodigioso. La acción del hombre sobre este
ecosistema que depende de factores biológicos equilibrantes como la simbiosis, el
mantenimiento de substratos libres de algas por parte de los peces, interacciones
competitivas, predación, bioerosión, ha sido en los últimos 60 años tan devastadora que
no le ha dado tiempo de adaptarse a las modificaciones artificiales. La alteración de
cualquiera de estos factores como la sobrepesca de herbívoros, tiene un efecto
destructor sobre la supervivencia de los corales ya que las algas crecerán sin control y
atacarán a los corales. Las hierbas marinas, algas y otras plantas, conforman un
bosque subacuático. Los peces, los corales y toda la fauna son seres vivos que
responden a la menor perturbación. Se impone como un imperativo proteger este
importante y complejo ecosistema del que no sabemos cuánto dependemos. Aunque no
nos será fácil por el aislamiento que hemos tenido de nuestra Madre naturaleza, se
hace indispensable volver los ojos a ella para entender los procesos e interacciones de
los que también somos parte.
El océano hace parte de nuestro espacio interior.
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