¿Aprender de Cuba? El Huracán Michelle, noviembre del 2001

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¿Aprender de Cuba?
El Huracán Michelle, noviembre del 2001-11-15
Ben Wisner
Profesor Visitante
Instituto de Estudios del Desarrollo
London School of Economics
[email protected]
Una pregunta pasada de moda
En 1978 publiqué una carta en la revista Disasters, en ella sugería la realización de una sistemática
comparación entre países socialistas y no-socialistas respecto de su éxito relativo para mitigar el impacto
humano de eventos naturales extraordinarios. En esa carta contrasté la baja incidencia de muertes
ocurridas durante las grandes inundaciones de Viet Nam (por ahogamiento y las enfermedades
subsiguientes) y las enormes pérdidas humanas estimadas por los planificadores militares de los EEUU,
cuando se preparaban para bombardear los diques y las represazas del Río Rojo. Sugerí que los
investigadores deberían observar con atención la preparación, la mitigación y la recuperación en países
socialistas como China, Cuba, la URSS, Somalia y Mozambique.
Hoy, tres de estos países no se consideran a sí mismos socialistas; de hecho, en el caso de Somalia se
puede argumentar que todavía no tiene un gobierno central viable después de muchos años de guerra civil.
Algunos consideran que Mozambique es en realidad un protectorado de los donantes internacionales
mientras se recupera de una brutal guerra de desestabilización contra el frente de liberación –de
orientación marxista- que se había convertido en gobierno central.
No ofrezco disculpas por mis ímpetus juveniles, pues todavía creo que el problema que traje a la mesa en
1978 sigue siendo relevante para la investigación sobre desastres y la política y acciones de reducción de
riesgos.
En una forma renovada la discusión ha continuado. Un punto de vista conocido es el de Amartya Sen
quien sostiene que ‘gran hambruna’ de China en los años 1950s, que provocó probablemente alrededor de
30 millones de vidas, nunca hubiera sucedido en India, donde la libertad de prensa puede informar sobre
los fracasos en el agro y la acción o inacción del Gobierno. Este panorama se complica aún más si lo
comparamos con las experiencias de años más recientes2.
Mi planteamiento en esta breve nota es simplemente indicar que la discusión sobre el tema está vigente y
que la reciente experiencia del Huracán Michelle en Cuba puede ayudarnos a comprenderlo.
El Huracán Michelle
El Huracán Michelle era una peligrosa tormenta de categoría tres (en la escala de cinco puntos de SaffirSimpson) y tocó tierra en la Bahía de Cochinos (irónicamente, dónde la desafortunada invasión respaldada
1
por la CIA fracasó años atrás) en la costa sur de Cuba con vientos de 216 Km por hora. La tormenta
atravesó la isla hacia el norte y causó serios daños en viviendas (22,400 casas dañadas y 2,800 destruidas),
la agricultura, la industria3 y la infraestructura en cinco provincias que cubren la mayor parte de la mitad
oeste de la isla. La provincia de la Habana y la Ciudad de la Habana, la capital cubana, fueron parte de la
zona afectada. Esta ha sido la peor situación vivida a consecuencia de un huracán desde 1944.
A pesar de todo, solo se reportaron cinco muertes: cuatro debido al colapso de estructuras y un ahogado.
En contraste, pocos días antes, cuando el Huracán Michelle era una tormenta aún más débil y afectó los
países centroamericanos, diez personas murieron y otras 26 se reportaron como desaparecidas4. Se debe
recordar las enormes pérdidas humanas y materiales que dejó en Centro América el Huracán Mitch, un
desastre que habría podido evitarse en gran medida, según se considera luego de estos años de análisis5.
Las lecciones que Cuba nos da
¿Cómo es que Cuba salva tantas vidas en peligro?
El más importante factor parece ser la evacuación con tiempo suficiente. Alrededor de 700,000 personas
fueron evacuadas, lo que es muchísima gente si se toma en cuenta que Cuba tiene 11 millones de
habitantes6. Esto es además muy impactante dados los muy reducidos recursos, como por ejemplo su
anticuada y limitadísima flota vehicular, escasa disposición de combustible y derruido sistema de
carreteras. La acción fue posible entonces por:
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El anticipado entrenamiento, planificación y preparación
Los cuadros compuestos por personas de las localidades
Confianza en las alertas por parte de la población
La cooperación con la Cruz Roja Cubana
Adicionalmente, en la Habana la electricidad se desconectó para evitar muertes por heridas causadas por
electrocución, y el servicio de agua potable fue suspendido con anticipación para evitar una posible
contaminación. Los informes indican que la población de la Habana fue instruida para que guardara agua
y comida y que esta instrucción se cumplió ampliamente. La población de la Habana participó
masivamente en la limpieza y recolección de residuos que podrían haberse convertido en peligrosos si
fueran lanzados a gran velocidad por vientos huracanados o si hubieran caído sobre los techos7. Entre la
información a que hizo referencia en estos días la Televisión Estatal Cubana se difundieron datos sobre los
daños causados por un huracán en 1932, incluyendo más de 3.000 muertes8.
Toda esta preparación comprendió también:
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Un sistema efectivo de comunicación sobre riesgo
Una memoria histórica de los desastres, activamente incentivada por las autoridades
Una organización de base comunitaria capaz de realizar movilizaciones9
Confianza de parte de la población
La Habana es una ciudad de dos millones de habitantes. Esta ciudad tiene una larga historia de muertes en
razón del paso de los huracanes. En 1844 hubo alrededor de 500 muertes en la Habana, en 1866 las
muertes en la ciudad sumaron 600 y en 1944 se contabilizaron 330 víctimas fatales a la vez que
colapsaron 269 edificios.10
2
Esta no es la primera vez que la preparación y la respuesta de emergencias han salvado vidas en Cuba. En
1966 algunos edificios de valor histórico fueron destruidos en la Habana como resultado del paso del
Huracán Lili, pero nadie murió.11
¿Se debe al socialismo?
Esta no es una pregunta ideológica, sino práctica. Si futuras investigaciones comparativas sistemáticas
indican que la inversión pública en necesidades humanas (en salud, educación, vivienda pública, subsidios
para sectores de bajo ingreso, etc.) y en infraestructura en efecto permiten salvar vidas en la ocasión de
eventos extremos, sería un descubrimiento relevante e importante para efectos de diseño de políticas. No
me preocupa si eso se llama ‘socialismo’ o un ‘buen gobierno’. Tampoco me preocupa si esas
comparaciones se realizan necesariamente entre algunos países llamados ‘comunistas’ (me refiero a
estudios históricos o coyunturales) y otros llamados ‘capitalistas’. De hecho, comparaciones entre
ciudades pueden ser muy reveladoras, de manera que la orientación ideológica de los gobiernos nacionales
puede, al final, convertirse en un factor que no sería de los más importantes12.
El tipo de estudio sistemático que alguna vez sugerí y que ahora estoy de nuevo proponiendo, requerirá de
una cuidadosa y precisa definición de los elementos que se desean analizar. Estos abarcarían seguramente
la denominada ‘docena de oro’13.
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Cohesión social y solidaridad (ayuda mutua y protección social de base ciudadana al nivel de
vecindario)
Confianza entre las autoridades (nacional, regional o municipal) y la sociedad civil (la población
en general).
Inversiones en desarrollo económico que explícitamente tomen en cuenta las consecuencias
potenciales de riesgo de desastres o su reducción14.
Inversión en desarrollo humano (necesidades básicas)
Inversión en capital social (por ejemplo, entrenamiento de activistas comunitarios)
Inversión en capital institucional (por ejemplo, instituciones gubernamentales que operan con
capacidad, rendición de cuentas y transparencia en la prevención y mitigación del riesgo de
desastres, no solo en respuesta y preparación. También la inversión para mejorar la capacidad
científica de instituciones como el Instituto Meteorológico de la Habana, el organismo de salud
pública de Cuba que al presente trabaja en la cloración del agua, etc.)
Buena coordinación, el compartir información y la cooperación entre instituciones involucradas
en la reducción de riesgo de desastres.
Atención para los grupos más vulnerables de la sociedad
Atención de la infraestructura indispensable para la supervivencia
Leyes, regulaciones y directrices adecuadas para darle apoyo a todas las anteriores
Compromiso político en la reducción del riesgo de desastres
Cuba puede no haber desarrollado todos estos elementos. Además, puede que no haya sido el ‘socialismo’
quien haya proporcionado a Cuba la habilidad de salvar vidas en caso de huracán. Puede ser mucho más
complicado que eso. La exitosa actuación de Cuba en estos y otros recientes huracanes parecen depender
mucho más de sus planteamientos políticos que de sus recursos económicos. Cuba tiene un gobierno
directivo y un sector de profesionales con altos niveles de educación y muy disciplinados. Por lo tanto no
es una sorpresa que grandes evacuaciones puedan ser organizadas y que esas acciones puedan coordinarse
3
con mucho éxito entre sectores tan diversos como los de agua, electricidad, gas, salud y otros. Todo ello,
junto con las conocidas organizaciones vecinales propias de Cuba, parece explicar mucho de lo alcanzado.
Cuba no es un país rico. Esta nación parece alcanzar grandes logros con pocos recursos15. Sin embargo,
esto no quiere decir que la economía, o más bien, los factores político-económicos sean irrelevantes. Las
prioridades económicas que se den, no importa cuál sea la cantidad de las inversiones, son muy
importantes para conseguir la reducción del riesgo.
Como un ejemplo, podría plantearse la hipótesis de que más gente muere a consecuencias de la hipotermia
cada año en Escocia que en Finlandia como porcentaje de la población en un grupo de edad. Esto no
sucede porque Finlandia sea un ‘país socialista’, sino en razón de las prioridades que este país ha
impulsado en materia de inversión pública, lo que lo acerca más a los países social-demócratas europeos
que a las políticas sociales raquíticas que se establecieron en las islas británicas desde que se inició el
asalto contra el ‘Estado de Bienestar’ a principios de los años 1980s con el gobierno de Margaret
Thatcher16.
Conclusión
Cualesquiera sean las razones para el éxito obtenido por Cuba en la gestión del riesgo frente a huracanes,
este país isleño de 11 millones de habitantes tiene lecciones que dar al el resto del Caribe y del hemisferio.
Es una desafortunada situación el hecho de que Cuba esté oficialmente excluida de la Organización de
Estados Americanos, y por lo tanto no estará representada en la próxima y muy importante Conferencia
Hemisférica en Reducción del Riesgo de Desastres17. Cuba podría también obtener amplios beneficios en
el tema de la reducción del riesgo de desastres del intercambio de experiencias con otros países del
hemisferio y, sin duda, del mundo.
NOTAS:

“Letter to the Editor,” Disasters 2,1 (1978), pp. 80-82.
2
La comparación entre China e India no es tan fácil como la que se ha planteado. En octubre de 1999 al menos
10,000 personas murieron en Orissa cuando un ciclo tocó tierra. A partir de ahí se desarrolló una larga controversia
en relación con la oportunidad y conveniencia de la intervención y ayuda del gobierno estatal y el gobierno central,
aparte de los levantamientos sociales que incluyeron el saqueo del convoy de ayuda (Pratap Chakravarty, “Millions
suffer a month after cyclone kills 10,000 in India” Agence France-Press, 28 de noviembre de1999 [accesible desde
ReliefWeb: http://www.reliefweb.int/ ]. En mayo del 2001 hubo de nuevo inundaciones producto de fuertes lluvias
en Orissa que afectaron 8,7 millones de personas y al menos 98 muertes. Muchos casos de cólera y diarreas se
presentaron entre los desplazados que habían sobrevivido (Organización Mundial de la Salud (OMS), “Disease
Outbreaks Reported: Cholera in India, WHO, 14 Agosto del 2001 [accesible desde ReliefWeb])
En China, entre 1991 y 1999, hubo enormes inundaciones en cinco de esos nueve años y afectaron entre cien
millones y más de doscientos millones de personas en cada caso. A pesar de la evacuación y las medidas
correspondientes de salud pública las muertes entre los afectados estuvieron en general por encima de las que se
anotaron para Orissa en el 2001. Durante el más reciente evento, en 1999, 725 personas murieron entre los 101
millones afectados (una tasa de muerte de 0.71 por cada 100,000 afectados), mientras tanto en las inundaciones del
2001 en Orissa la tasa de muerte era parecida (1.13 por cada 100,000 afectados). Se podría preguntarse por qué tanta
gente estaba expuesta a inundaciones en todos esos años y por qué la tasa de muertes fue incluso más alta en otros de
4
los años indicados de las inundaciones de China en los años 1990s (por ejemplo, en 1998 en China 15 por cada
100,000 afectados murieron en las inundaciones, y 10 por cada 100,000 murieron en 1995 –los datos se calculan a
partir de los archivos de historia de desastres en China que se encuentran en la página Web del “Centre for Research
on the Epidemiology of Disasters” (CRED): http://www.cred.be/ .
Si Sen hubiera considerado estas experiencias recientes de ciclones e inundaciones y no la hambruna de finales de
los años 1950s y principios de los años 1960s, uno se pregunta si habría criticado a ambos la China y la India. Este
tipo de estudios comparativos, se puede concluir, son muy problemáticos.
La Defensa Civil cubana reportó “cerca de 30 industrias, 45 instalaciones de ganadería y agricultura” destruidas
además de “más de 80 hospitales y clínicas” dañadas, de acuerdo con lo informado por la Deutsche Presse Agentur
[accesible desde ReliefWeb]. No obstante los daños, en la parte positiva del reporte se tiene que más de 750 mil
animales fueron evacuados a tierras altas (Report from the UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs
(OCHA), 6 Nov. 2001 (“Caribbean – Hurricane Michelle OCHA Situation Report No. 7”), p. 1 [accesible desde
ReliefWeb].
3
Andrew Cawthrorne, “Hurricane Michelle Pounds Cuba, Heads for Bahamas,” Reuters, 5 November 2001, p. 2
[accessible desde ReliefWeb].
4
5
Louise Comfort et al., "Reframing Disaster Policy: The Global Evolution of Vulnerable Communities."
Environmental Hazards 1, 1, (1999), pp. 39-44; Ben Wisner, "From 'Acts of God' to 'Water Wars': The Urgent
Analytical and Policy Role of Political Ecology in Mitigating Losses from Flood: A View of South Africa from
Central America." In: D. Parker, ed., Floods, Vol. 1, pp. 89-99. London: Routledge, 2000.
Entre 1960-1989, los huracanes causaron la enorme suma de 28,000 muertes. El relativo éxito de Cuba en la
mitigación del riesgo a huracanes debe verse en este contexto. (Roger Pulwarty and William Riebsame, “The
Political Ecology of Vulnerability to Hurricane-Related Hazards,” in: Henry Diaz and Roger Pulwarty, eds.,
Hurricanes: Climate and Socioeconomic Impacts, p. 194. Berlin: Springer Vela, 1997).
6
Otro reportaje menciona “cerca de un millón” de evacuados (Deutsche Presse Agentur op. cit. , p. 1).
7
OCHA Situation Report No. 7, op. cit.. y Reuters (Andrew Cawthorne, op. cit., pp. 2-3 [accessible desde
ReliefWeb].
8
Andrew Cawthrone, op. cit., . 2.
9
Paul Susman, de la Universidad de Bucknell, ha argumentado en un estudio sin publicar que los Comités de
Defensa de la Revolución (CDR) han jugado un importante rol en la reducción de los brotes de dengue por medio de
la atención inmediata de sitios específicos y del monitoreo y control casa por casa de los criaderos de mosquitos.
Como resultado de ello y de la identificación y tratamiento efectivo del dengue, Cuba a logrado el más bajo nivel de
incidencia de la enfermedad en toda la región del Caribe y América Central [comunicación personal;
[email protected]].
10
David Longshore, Encyclopedia of Hurricanes, Typhoons, and Cyclones. New York: Checkmark/ Facts on File,
2000, pp. 79-81. En la Habana 1,550 edificios se reportaron como dañados, 26 escuelas y 10 centros de cuidado
diario. (OCHO Situation Report No. 7, op. cit., p. 1).
5
11
David Longshore, op. cit., p. 81.
12
Las diferencias se pueden apreciar distrito por distrito y región por región en un estudio que coordiné para la
Universidad de las Naciones Unidades (1996-2001) sobre el tema de la mitigación y la vulnerabilidad social respecto
de desastres urbanos en seis mega-ciudades que incluyen Los Ángeles, Tokio, Johannesburgo, Manila, Mumbai, y la
Ciudad de México. Incluso en los EEUU hay algunos municipios que intentaron utilizar una perspectiva más bien
‘socialista’ o ‘social-demócrata’ (Por ejemplo, Santa Mónica y Berkeley en California, Burlington, Vermont, etc.;
ver Paul Claval, The Socialist City. Se puede pensar también en ciudades como Curitiba y Porto Alegre, en Brasil y
las áreas controladas por los Zapatistas en México).
13
Ver los capítulos 9 y 10 en Piers Blaikie, Terry Cannon, Ian Davis, and Ben Wisner, At Risk: Natural Hazards,
People’s Vulnerability, and Disasters. London: Routledge, 1994. Debo agradecer las discusiones (personalmente y
por correo electrónico) con Ian Davis (Cranfield University and International Strategy for Disaster Reduction
(ISDR), Philip Buckle (State Emergency Recovery Unit, Department of Human Services, Victoria, Australia),
Christina Bollin (UNDP), y otros muchos.
14
Por algún tiempo ésta ha sido la perspectiva de la reducción de desastres como parte del desarrollo sostenible que
ha promovido la Organización de Estados Americanos (OEA) en el marco de la planificación integral. Por ejemplo,
OEA: Disasters, Planning, and Development: Managing Natural Hazards to Reduce Loss. Washington, D.C.:
Department of Regional Development and Environment, OAS, 1990. Recientemente, ésta ha devenido también la
posición oficial del Banco Interamericano de Desarrollo, ver por ejemplo: Comisión Económica para América Latina
(CEPAL) y Banco Interamericano de Desarrollo (BID) A Matter of Development: How to Reduce Vulnerability in
the Face of Natural Disasters. México, BID y CEPAL, 2000.
El cambio de orientación de Cuba hacia la agricultura orgánica durante su “período especial de la economía”, dado
que las importaciones y las exportaciones del antiguo COMECON se reestructuraron profundamente, son un buen
ejemplo. También lo son la conocida ‘agricultura urbana’ de la Habana y todo el Sistema de Salud cubano. El
resultado es que este país ha alcanzado los más elevados índices de salud y educación en América Latina, al mismo
nivel que Europa del Este y no tan alejados de aquellos alcanzados por Irlanda y Grecia. En el nivel158 th de las
categorías definidas por UNICEF, Cuba está empatada con los EEUU por conseguir una tasa de mortalidad por
debajo de cinco. Cuba tiene también el mismo porcentaje de ‘niños nacidos vivos con bajo peso al nacer’ que los
EEUU. Ver: UNICEF, The State of the World’s Children 2001. New York: UNICEF, pp. 78-81, 82-85, y 90-93
15
16
Asimismo, un informe producido por el Instituto Británico de Ingenieros Civiles el 8 de noviembre del 2001
propone la urgente duplicación de la inversión estatal en reducción del riesgo de inundaciones y enfatiza el fracaso
de Inglaterra en orientar su política hacia el ‘costo humano’ de las inundaciones.
17
December 4-6, 2001 in San Jose, Costa Rica; see http://www.ofdalac.org/summit/htm
6
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