Moda y Sostenibilidad Ana Martinez Barreiro Facultada de Sociología Universidad de la Coruña [email protected] 1.- Introducción El objetivo principal de este trabajo es abordar desde un punto de vista teórico por que la sostenibilidad se ha convertido en una categoría esencial para el estudio de la sociología de moda en el siglo XXI. Hasta hace poco en el sector de la moda, el diseño y la calidad iban de la mano, es más, la ropa de diseño era inaccesible para una gran masa de consumidores potenciales Sin embargo, marcas como Zara, Mango (ambas españolas), la Sueca H&M y la Norteamérica Gap entre otras han conseguido cambiar las reglas del juego, al introducir con éxito el sistema de la moda rápida. Este sistema se basa en la rapidez, y consiste en surtir y resurtir a los clientes con las diferentes prendas de vestir que marcan la moda, y al mismo tiempo, han conseguido desarrollar una nueva modalidad de vestir, que une de un lado la dimensión moda, y por tanto con un alto contenido simbólico del objeto; pero por otro con un bajo coste no tanto económico, sino psicológico del consumo; más fácil de usar y sobre todo, dejar de usar, pues en el fondo ha costado poco hasta el punto de considerar a este tipo de vestimenta como desechable (Cline (2014). Por otro lado, la moda rápida tiene una cara oculta que muchos no quieren ver, pues deja una huella de contaminación a cada paso del ciclo de vida de las prendas de vestir generando riesgos sociales, ocupacionales y sobre el medio ambiente (Slater, 2000; Allwood et al. 2006 y Gwilt and Rissanen (2011); Fletcher, 2008, Black 2008). En este contexto, vamos abordar en primer lugar ¿Qué es la moda rápida? En segundo lugar, vamos analizar como el consumo de moda rápida responde, a la búsqueda de novedad, y a una constante reformulación de la identidad, que dañan tanto a nivel individual como colectivo. En tercer lugar, vamos analizar la cara oculta de la moda rápida. Y, finalmente vamos a examinar la moda ética para un futuro sostenible. Para conseguir este último objetivo vamos a efectuar una revisión bibliográfica acerca del concepto de la sostenibilidad tratando de identificar aquellas aportaciones que son más relevantes para la industria textil y de la moda. En este 1 punto hemos de formular la siguiente pregunta: ¿Cómo puede la moda rápida ser más sostenible, y al mismo tiempo compaginar el enfoque de la novedad y obsolescencia?.La respuesta está en equilibrar esa necesidad continua de nuevos modelos y su compromiso con la sostenibilidad (Fletcher, 2007, 2008 2012). Aunque por sí mismo la sostenibilidad no puede resolver el problema en su totalidad, pero sí puede contribuir a fomentar formas de producción y pautas de consumo que mitiguen la insostenibilidad del sistema de la moda pasando de la moda rápida a la moda lenta (Fletcher, 2008; Salcedo 2014). Palabras claves: moda, sostenibilidad, consumo, medio ambiente, desarrollo sostenible 2.- ¿Qué es la moda rápida? Tras el impacto de la globalización económica y cultural, la velocidad del cambio de tendencias es la nota dominante en las prácticas de consumo de moda. La conjunción de todos estos elementos configura un nuevo sistema en el que la información y el tiempo se convierten en factores claves de la relación entre la empresa y el cliente, un proceso complejo que debe culminar en el acto de producir y ponerlo a su disposición a tiempo. Ello implico estructurar toda la organización empresarial y sus procesos alrededor de la actividad que concentra esa información y la creación del producto demandado en el menor tiempo posible. En este sentido, la moda rápida ha sabido crear una formula productiva y distributiva completamente nueva, basada en la integración entre las fases de diseño, producción y de distribución de la prenda (Nueno et al; 2003; González-Zapatero y González-Benito, 2010). No obstante, el gran cambio que se inicio en el siglo pasado, particularmente en los años noventa, es el de la progresiva transformación de los consumidores en sujetos activos primordialmente. La demanda es ahora la que asume la dirección. Saber con antelación lo que el cliente quiere comprar es una necesidad para toda la actividad comercial. Si, anteriormente, los diseñadores han sido capaces de interpretar, tanto de un modo concreto como simbólico, las demandas estéticas de la sociedad occidental y su deseo por el lujo. En la actualidad, las empresas de moda rápida son capaces de responder a las necesidades de un nuevo consumidor. En el sector de la moda, podemos distinguir cuatro modelos de producción (Nueno, 2001: 152-158). El primero, el tradicional necesita de un ciclo de más de 300 días desde 2 que se diseña un modelo, se hacen los patrones se encarga el tejido, se fabrica y se procede a su distribución. Un segundo modelo sería un híbrido, sigue la pauta del tradicional, aunque incorpora unas producciones más cortas y más flexibles que garantizan la rotación de los productos en las tiendas. El tercer modelo es el que pasa a repartir su producción entre las prendas “básicas”, aquellas que se consideran que no pasan de moda y, por tanto, tienen una baja rotación en las tiendas y las prendas “oportunistas” o just in time”, que son susceptibles de rotar en ciclos más cortos atendiendo a las variaciones del mercado. La primera en desarrollar este último modelo, fue Benetton consiguiendo que los ciclos de producción de sus prendas “oportunistas” fuera de seis meses. Posteriormente, la norteamericana Gap, lo consiguió en dos meses. Finalmente, Zara lo ha lográndolo en dos semanas. De ahí que, el tiempo es una variable fundamental en el actual sistema de la moda rapida (Martínez, 2007, Nueno, 2006,). Tras la aparición de las tecnologías de la información y comunicación el sector de la moda ha experimentado grandes transformaciones. Se ha reducido la distancia entre los diferentes agentes que intervienen en el proceso de fabricación y distribución, acortando el tiempo desde el diseño de una prenda hasta su llegada a la tienda, creando el sistema de “distribución de circuito corto”, entregas más frecuentes y más cortas en volumen, (Nueno, et al; 2003; Bhardwaj y Fairhurst 2010). En los años 80, las empresas del sector textil sacaban dos colecciones por año cuyas tendencias y diseños eran marcados por los líderes de opinión y se establecían con 270 días antes de su salida al mercado. Con este sistema el índice de productos que fracasaban era muy alto y resultaba difícil predecir las tendencias con anticipación (Nueno y et al; 2003: 10-20). Este modelo ha cambiado drásticamente tras ajustar la producción a la demanda, permitido disminuir el time to market (el tiempo que transcurre entre la concepción del producto y la entrega) mejorado la velocidad y flexibilidad ante los cambios del mercado (Saviolo y Testa, 2007:231-250). La producción flexible ha posibilitado a las empresas crear una moda flash lanzando pequeñas tiradas de productos a modo de prueba y en caso de tener una buena acogida, lanzar una producción a mayor escala. Estamos frente a una moda sin costuras en la que las empresas del sector diseñan y producen todo el año distribuyendo la mercancía en periodos cortos de tiempo. En este nuevo modelo, resulta esencial la flexibilidad de todos los agentes (especialmente en la subcontratación) que 3 deben responder a las demandas en un periodo de tiempo muy limitado debido a los cambios que se producen en el mercado. De ahí que desde mediados de los años 90, el mercado empezó a revelar un mayor interés por las tendencias, y un mayor componente moda en la demanda (Erner, 2008). Esta mayor demanda de moda influyó en el rango de productos y en el número de colecciones por temporada. Por ejemplo, Zara, lanza alrededor de 11.000 prendas al año organizadas en hasta 20 "estaciones " (Economist, 2005; Barnes y Lea-Greenwook, 2006) y H&M, lanza entre 2.000 y 4.000 prendas al año (Economist, 2005). Así, el creciente componente moda y novedad, incremento la necesidad de rapidez en el sistema de la moda. Desde el año 2009 es común que cualquier acontecimiento en el mundo de la moda se viva en tiempo real a través del ordenador o móvil, vía aplicaciones en Facebook o iPhone, donde las marcas y los acontecimientos tienen una accesibilidad y una cercanía antes impensable. En particular, el sistema de la moda rápida ha abrazo con muchísimo entusiasmo las nuevas posibilidades de comunicación y contacto que ofrecen las redes sociales como (Facebook, Twitter, Youtube, Google+, Linkedin y los blogs). La mayoría de las marcas de moda han establecido en dichas redes sociales un nuevo canal de contacto y de comercio, en el que por otra parte han surgido fenómenos específicos y muy influyentes como los fashion bloggers (Requena 2011). Los primeros usos sociales de la red como herramienta de organización y comunicación dentro del sistema de la moda empezó a vislumbrarse a comienzos de la década de los 90 y eclosionaron con la llegada de la Web 2.0; pues a través del sistema abierto de comentarios que incorporan la mayoría de los weblogs, los lectores tienen la posibilidad de convertirse en auténticos emisores de las novedades, fomentando de este modo la intercomunicación y la interactividad. El fenómeno Blogger ha trascendido su rol inicial como mero diario personal digital trasvasando a Internet para privilegiar el comentario especializado. Se ha llegado, incluso, a configurar amplias redes sociales en el ciberespacio, en ocasiones articuladas en torno a una comunidad cultural muy diferenciada. Estas redes sociales se caracterizan por su potencial simbólico y representativo de ideas, valores, identidades e idiosincrasias particulares compartidas –por medio del diálogo interpersonal- en el espacio público de Internet. Y, donde el consumidor se vuelve cada vez más experto y más sensible al componente moda por la mayor disponibilidad de información que obtiene de Internet (Bhardwaj y Fairhurst, 4 2010). Lejos han quedado los tiempos en los que los diseñadores y empresas de moda marcaban las tendencias a seguir en sus desfiles y pasarelas. En el actual sistema de la moda rápida, el proceso se ha invertido ahora, cada vez son más los diseñadores y las empresas que acuden a la calle y a las redes sociales en busca de inspiración. Internet o la Web 2.0 se han convertido en el aliado fundamental de los nuevos intermediarios culturales o cazadores de tendencias. Las razones principales por las que un cazador de tendencias no debe vivir de espaldas a Internet son: en primer lugar, porque es una incubadora de tendencias y un reflejo de lo que sucede en el mundo real; en segundo lugar, porque desempeña un rol fundamental en la difusión de las innovaciones, aunque éstas tenga su origen en el entorno no virtual; en tercer lugar, porque hay actividades que muchos grupos sociales, ya sólo desarrollan en internet (compras, búsqueda de pareja, amigos, etc.) de tal forma que están obligados a observar lo que allí sucede. Y, finalmente, ofrecen el acceso a herramientas que permiten disponer información sobre lo que el consumidor dice, piensa y hace (Gil Martín, 2009:125-126). La industria de la moda ha sabido integrar a internet en su ciclo vital, convirtiendo a la red en su gran aliada, tanto en su fase creativa como en la de promoción y venta con el e-commerce (López, 2011). En resumen, la convergencia tecnológica ha conseguido que las categorías de espacio y tiempo se compriman y que los medios de comunicación de moda hayan saltado de las páginas de revistas a las pantallas de los ordenadores y de ahí a las palmas de la mano gracias a la tecnología móvil. Creando un "Fashionscapes", un espacio fluido que se forma entre el sistema de la moda, las personas y medios de comunicación (Romano (2011: 3). Llegados a este punto hemos de preguntarnos, ¿Qué tienen en común las diferentes marcas de la moda rápida? Estas marcas no invierten directamente en diseño, sin embargo están muy inspiradas por los desfiles de moda del prêt à porter, que ellos mismos simplifican; por el contrario, invierten en programas de producción y distribución, y publicidad. Todas ellas tienen un gran éxito, están muy orientadas hacia la moda, y se basan en el principio de que copiar es correcto siempre que lo hagas bien y de forma rápida, y quizás no copiado en su totalidad. Efectivamente, la moda rápida copia las tendencias más atractivas y prometedoras descubiertas en los desfiles de moda, que se encuentran disponibles a tiempo real en Internet, gracias a la tecnología de la fotografía digital, y 5 transforma estas tendencias en productos que pueden salir al mercado de forma inmediata, liberando a las empresas y a los comerciantes de la trampa de la colección de temporada. En otras palabras, la moda rápida sirve tendencias a la carta. En consecuencia, los conceptos de copia, rapidez y tendencias son, el nudo de la moda rápida. 3.- La durabilidad esta pasada de moda A lo largo de la historia se había sostenido la idea de que la durabilidad era una característica primordial en los productos, por eso los anunciantes tendían a subrayar la durabilidad de su producto como una característica fundamental y se creía firmemente que cuanto más duraba una cosa mejor había resultado la inversión. Con el paso del tiempo, la durabilidad se ha pasado de moda porque la producción masiva de las prendas de vestir exige una venta también masiva de los productos. Y ello se debe, no sólo a un desgaste natural debido al uso cotidiano, sino más bien a un desgaste artificial. Díaz de Rada distingue entre desgaste y obsolescencia subrayando que “mientras el desgaste es definido como una pérdida de aspecto y una degradación objetiva de la calidad del servicio prestado, la obsolescencia es un desarreglo del valor de uso del articulo debido no a su utilización sino a la evolución de la sociedad” (1997: 40). En este último caso, es primordial el papel que juega la moda rápida, que se define principalmente por su condición efímera y pasajera (Lipovesky 2007; Bauman, 2007). Desde comienzos de los años noventa, las marcas de moda rápida han buscado formas de aumentar sus beneficios con estrategias para que los consumidores compren cada vez más ropa y que lo hagan con más frecuencia. Por otra parte, tal como explica Brándle (2010) vivimos en una sociedad donde el proceso de consumo y el ciclo de vida de los artículos es cada vez más rápido, lo que se debe en gran medida a que los artículos de consumo están avocados una muerte social vertiginosa. Esto es, pierden su función simbólica mucho antes de que lleguen a su muerte funcional, momento en el que su utilidad o funcionalidad práctica desaparece. Todo ello induce a que los consumidores compren cada vez más, pero también que estén dispuestos a deshacerse de los bienes que compran en un corto período de tiempo. Asistimos a un proceso en el que “se estimula el paso sistemático de la categoría de los bienes duraderos a la de los perecederos y consumibles, destinados desde su nacimiento a la mortalidad infantil” (Moles, 1974: 30). Nos hallamos ante lo que se puede denominar como una 6 inflación de novedades, cuyo resultado final es la sobreabundancia de productos en el mercado. Estos cambios hacen que nos situamos en las sociedades de consumo maduro, donde el consumo se ha convertido en un hábito, en una parte de la rutina de los sujetos que la forman. Y, donde los sujetos están educados y socializados en el consumo, a través de la publicidad y los medios de comunicación. Y, dada la inmensa variedad de posibilidades altamente comercializadas que la sociedad de consumo ofrece a los individuos, se ha pasado del “poder elegir” al “tener que elegir” los bienes y los estilos de nuestra vida. Lipovetsky, (2007) concibe a la sociedad de consumo maduro como la sociedad del hiperconsumo, pues las características espacio-temporales del consumo se han modificado enormemente, y donde ya no hay obstáculos para ejercer la condición de consumidores ni por motivos espaciales: todos los lugares son virtualmente espacios preparados para el consumo; ni de tiempo: el consumo de productos y servicios sigue el conocido eslogan de “24 horas, 365 días al año”; ni de edad: desde los niños hasta los ancianos son objetivo de las marcas comerciales (es el consumidor vitalicio). La sociedad de consumo maduro se caracteriza por el consumo masivo donde, todos tienen que ser, deben ser y necesitan ser “consumidores de vocación” Bauman (2007). A partir del momento en que el consumo se convierte en un factor central para definir a las sociedades, ha recaído sobre los consumidores la obligación de consumir. A todo ello hay que sumar que la economía global de mercado se sostiene precisamente en la necesidad de generar unos altos niveles de consumo, sin ellos el colapso del sistema sería altamente probable. Por consiguiente, desde el momento en que el individuo que integra las sociedades de consumo desarrolladas utiliza los objetos de consumo como forma de identificase ante los demás, como forma de manifestar públicamente su estilo de vida, el sistema necesita dar salida a todo lo que produce y por eso se generalizan tendencias como la de usar y tirar. Esta tendencia de usar y tirar se refleja en todos los ámbitos de la vida, convirtiéndose en un elemento característico de la propia cultura de la moda rápida. De manera que, si hace tan sólo unas décadas las personas tenían acceso a un número muy limitado de objetos y entendían que su uso debía ser prolongado en el tiempo, ahora la lista de productos disponibles para el consumidor es casi infinita y éstos se producen con una fecha de caducidad prevista. Pues se trata de un modelo de consumo en el que el tiempo de vida de cada prenda es realmente 7 corto. Según el estudio realizado por American Apparel y Footwear Associations tan solo en Estados Unidos un consumidor promedio adquiere aproximadamente ocho pares de zapatos y 68 prendas de ropa cada año, dando a cada una un tiempo de vida máximo de tres meses. Llegados a este punto, podemos afirmar que la tendencia al consumismo instantáneo y a la instantánea eliminación de sus elementos, están en perfecta sintonía con el sistema de la moda rápida. La mayoría de los objetos pierden rápidamente su lustre y su atractivo, y lo más probable es que terminen en la basura incluso antes de haber producido alguna satisfacción. Es lo que se denomina «la cultura de lo desechable (Claudio, 2008). Aquí radica una de las paradojas del consumo, por una parte es necesario para reactivar las economías de las sociedades desarrolladas, pero a su vez al ser un sistema basado en el consumo desmesurado tampoco resulta aconsejable. Otra de las paradojas está en el valor de cada uno de las prendas de moda ya que no radica tanto en sus virtudes sino en sus limitaciones; esto es, en su obsolescencia pre-diseñada que permite la renovación y el rejuvenecimiento de las nuevas tendencias. De hecho, tras la superación de la temporalidad, las empresas de moda rápida se han estructurado para producir y entregar ropa durante todo el año. Así, el “síndrome de la moda rápida consumista es: velocidad, exceso y desperdicio” (Bauman, 2007: 120). 4.- La cara oculta de la moda La moda rápida tiene una cara oculta que muchos no quieren ver, pues deja una huella de contaminación a cada paso del ciclo de vida de las prendas de vestir, generando verdaderos riesgos sociales y ocupacionales y sobre el medio ambiente. El informe Well Dressed?, publicado por el Institute of Manufacturing de la Universidad de Cambridge en 2006, indicaba que en Gran Bretaña, la compra de ropa se había incrementado en más de un tercio y que, de los 35 kg de textiles consumidos por persona y año, tan sólo el 13 por ciento se reutilizaba o reciclaba, entre otras razones porque el precio de la ropa se ha reducido notablemente. Esto es, de los dos millones de toneladas de ropa que se adquieren cada año, el 74% acaba en los vertederos. Para hacernos una idea de la importancia de este problema a nivel mundial, vamos señalar algunos datos que han sido aportados por Salcedo (2014). Según el Instituto nacional de estadística, la industria textil Española 8 generó en el 2009, 106.7000 toneladas de residuos. En Estados Unidos, más de 13,1 millones de toneladas de tejidos se envían a los vertederos cada año, ocupando el 5% de su espacio total. En el 2010, EEUU, exportó más de cien millones de kilos de ropa usada a Centroamérica. Para poner esto en perspectiva, en Honduras significó 28kg por cada hombre, mujer y niño en el país. En China, aunque el volumen exacto de residuos textiles generados no se conoce, se estima que pronto representará el 50% de los residuos textiles globales. Diariamente, sólo en Hong Kong se tiran 253 toneladas de productos textiles a los vertederos. En Europa, se desechan seis millones de toneladas de textiles al año. Solo un 25% son reutilizados, la mayoría tras pasar por plantas de reciclaje como la de la multinacional suiza Soex en Wolfen (Alemania) Aquí, la ropa se clasifica para venderse en el mercado de segunda mano o transformarse en bayetas para limpieza y aislante para la construcción y el automóvil. Por ejemplo, en Alemania los residuos textiles son de 8,5 kg por persona y año. Benelux: 5,5 kg; Francia: 2, kg. El resultado es una acumulación desmedida de deshechos de ropa, que mayoritariamente acaban en vertederos o en los países en vías de desarrollo. (Ver la grafica. 1) Si a esta rápida cadena de formación de residuos añadimos procesos de producción altamente contaminantes y grandes consumidores de recursos (prácticamente la quinta parte de todos los pesticidas y hasta el 10% de la totalidad de los insecticidas que se utilizan en el mundo entero se dedican al cultivo convencional de algodón; este tipo de cultivo se caracteriza asimismo por la cantidad de agua que requiere, una media de 20.000 litros de 9 agua por cada kilogramo de algodón convencional. Para fabricar una camiseta de 250 gramos se necesitan 27000 litros de agua. Para unos pantalones vaqueros de un kilogramo se requiere más de 11.800 litros de agua así como por el empleo de semillas manipuladas genéticamente y abonos químicos en las tierras, terriblemente perjudiciales para el medio ambiente), no resulta difícil llegar a una conclusión: la industria de la moda rápida es insostenible[Siegle,2011;Alvarez,2010;http://blogs.elpais.com/eco-lab/2010/07/radiografiadeunospantalonesvaqueros,http://www.ladyverd.com/articulo/687/la_industria_de_la_moda _y_su_impacto_eco_social.htm]. Por otra parte, es bien sabido que la producción de muchos artículos textiles resulta perjudicial para el medio ambiente y para el ser humano. La contaminación no se origina sólo con las fibras sintéticas, sino que las fibras naturales tratadas con pesticidas, fungicidas, fertilizantes y demás productos químicos producen resultados tóxicos en los consumidores (Greenpeace, 2011). El trabajo esclavo es otra de las consecuencias de la cultura del derroche y de los descartes de ropa que se hace en cada temporada. Según las cifras de U.S. National Labor Committee, algunos trabajadores chinos ganan tan sólo 12-18 centavos por hora en condiciones de trabajo malas. Y con la feroz competencia mundial que exige cada vez más costos de producción bajos, muchas economías emergentes dirigen sus esfuerzos a participar en los mercados del mundo del vestir, incluso si ello significa salarios más bajos y malas condiciones para los trabajadores. De este modo, el conocimiento por parte de la opinión pública de algunas de estas prácticas ha generado un problema de imagen corporativa que se ha vuelto contra las propias empresas hasta el punto que los bajos costes del empleo pueden no compensar la caída de la facturación derivada, por ejemplo, de un boicot a una marca. Recuérdense al respecto las campañas contra Nike, provocadas por la explotación del trabajo infantil en Indonesia, y contra C&A en Zimbabwe, donde fueron despedidos 13.000 trabajadores que protestaban por su precariedad laboral, para ser readmitidos de nuevo en condiciones consultarse la página Web de más rigurosas. Sobre estas cuestiones, puede la organización no gubernamental Setem ["http://www.pangea.org/ropalimpia] que, a través de la campaña Ropa limpia ha logrado sensibilizar a la opinión pública europea. Sus Investigaciones han puesto ponen de relieve que las empleadas –porque en su mayoría son mujeres– de muchas de las grandes empresas de moda en lugares como Marruecos cumplen jornadas de hasta 14 horas diarias por 10 salarios que pueden ser inferiores a los 100 euros mensuales y que rara vez superan los 200. La situación en otros países como Bangladesh es aún peor, pues los sueldos se sitúan entre los 20 y los 35 euros mensuales y los hundimientos e incendios de fábricas han matado a cientos de personas en los últimos cinco años. Es evidente, por tanto, que nos vestimos con precios bajos pero a un coste muy alto, aún más elevado si tenemos en cuenta que se está consumiendo más moda que nunca antes en la historia de la humanidad. Los acontecimientos ocurridos en el edificio Rana Plaza el 24 de abril de 2013 en Dhaka (Bangladesh) no sólo han generado una crisis por la pérdida de miles de vidas humanas; sino que ha conseguido cuestionar el modelo de fashion fast y la responsabilidad social corporativa (RSC). Esta crisis abrió el debate sobre si estas medidas de RSC responden a una cuestión estratégica o las empresas lo que buscan es una herramienta de marketing (Arribas et al, 2013). Por otro lado, Jang et al (2012) ha analizado los avances de varias marcas como Zara y H&M que afirman estar trabajando para alcanzar un crecimiento sostenible, desarrollando planes de mejora del medio ambiente y la relación con los productores, así como su responsabilidad social corporativa. H&M reconoce que la responsabilidad social es una estrategia importante para el crecimiento, ha establecido una estrategia de crecimiento sostenible, donde incluye actividades para la comunidad, el medio ambiente y los consumidores. H&M no posee fabricas propias, pero tratan de mejorar las condiciones en sus fábricas colaboradoras. Con este fin, se estableció un «Código de Conducta» para las condiciones de trabajo de la fábrica y subcontratistas. En él se incluyen disposiciones para el tratamiento discriminatorio, la seguridad industrial, el medio ambiente en el trabajo, las horas de trabajo, el salario mínimo, la gestión sindical, las restricciones a los niños trabajadores y los trabajo forzados. Asimismo, los proveedores de H&M deben estar de acuerdo con todas las regulaciones de la empresa (Jang et al, 2012). No obstante, el problema difícilmente puede ser resuelto de manera individual por parte de las empresas a través de los llamados códigos de conducta, ya que implica prescindir unilateralmente de una ventaja competitiva. De ahí la siguiente pregunta, ¿cómo lograr que los grandes de la moda asuman su compromiso? Debemos destacarse la importancia de la presión que puede ejercer el consumidor, cuya clara tendencia hacia un producto más respetuoso con el medio ambiente ha hecho que triunfen ciertas empresas con una política corporativa transparente y una producción de 11 materiales ecológicos y reciclado. Sobre estas cuestiones, puede consultarse la página Web de la Sustainable Apparel Coalition (SAC): Http://www.apparelcoalition.org 5.- La moda ética para un futuro sostenible La relación entre moda y sostenibilidad se ha convertido en el centro de atención de las ciencias sociales y lo ha hecho sobre bases teóricas innovadoras impulsando un futuro más sostenible para el desarrollo del sistema de la moda en la actualidad. Ejemplos claves en este sentido son el Plan de Acción de Ropa Sostenible (2007), una iniciativa del gobierno del Reino Unido, académicos y de la industria; la Iniciativa Nórdica Limpio y Ética (2008), un grupo liderado por la industria en los países escandinavos; y la Coalición la ropa Sostenible (2011), una iniciativa basada en los Estados Unidos que comprende muchas marcas de ropa globales y académicos. Estas organizaciones se han caracterizan por el intercambio de conocimientos y la aplicación de la investigación académica en el mundo real de la moda y la sostenibilidad. Con este mismo propósito investigadores, Fletcher y Grose (2011), Fletcher (2008) y Black, (2008), Lunghi y Montagnini (2007), Rinaldi y Testa (2014) y otros han incorporado la sostenibilidad y la conducta ética a la sociología de la moda y han planteado nuevas formas de sostenibilidad: a) el impacto ambiental de los materiales, b) la justicia social, y las cuestiones relativas a los derechos de los trabajadores c) el consumo y la economía de la industria de la moda mundial. Pues, no hay duda de que la industria textil (y de la moda) es importante en la economía, pero, desde la visión de la sustentabilidad, esta industria muchas veces opera a expensas del medioambiente y de factores sociales (Gardetti y Torres, 2011). El concepto de sostenibilidad se utilizó por primera vez en el Informe Bruntland en el año 1987 y fue publicado por las Naciones Unidas con el titulo Nuestro futuro común, y se aborda el desarrollo sostenible como "el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las futuras generaciones”. En esta misma línea de futuro sostenible, The Natural Step (INS) define “la sostenibilidad como la habilidad de nuestra sociedad humana para perpetuarse dentro de los ciclos de la naturaleza”. Una de las principales propuestas de la moda sostenible es observar cómo actúa la Naturaleza y seguir algunos de los principios que la rigen: cooperación, simbiosis y eficiencia. El modelo propuesto para el desarrollo sostenible fue un intento de armonizar el 12 desarrollo humano con los límites de la naturaleza (Schulte, 2011). Si bien lograr la sustentabilidad es el objetivo del desarrollo sustentable (Doppelt, 2010), la palabra “sustentabilidad” tiene varios significados aunque a menudo se la asocia con el medio ambiente.” Seidman (2007: 58) señala que: “La sostenibilidad es mucho más que nuestra relación con el medio ambiente; se trata de nuestra relación con nosotros mismos, nuestras comunidades y nuestras instituciones. En esta misma línea autores como Salcedo, 2014; Gardetti y Torres, 2011; Black 2012 asocian y definen la sostenibilidad como la armonía entre tres pilares: la economía, el medio ambiente y la igualdad social. Positivamente se constata que la sostenibilidad está estrechamente relacionada con las organizaciones, y que también ha de ser aplicada a nivel general de la sociedad. Para otros autores como Suzuki y Dressler (2002) definen a la sustentabilidad —a nivel individual— como la evaluación de todos los comportamientos humanos con la visión de reformular aquellos que contradicen el desarrollo de un futuro sustentable. Llegados a este punto, podemos confirmar que el desarrollo sostenible no es solo un nuevo concepto, sino también un nuevo paradigma y esto requiere ver el sistema de la moda de manera diferente a la que domina nuestro pensamiento actual y que incluya valores básicos como el de la justicia, libertad y dignidad (Ehrenfeld, 1999, 2008). Por ende, henos de explorar las principales aportaciones que han conseguido relacionar el concepto de sostenibilidad con la industria moda y al consumo. Ello nos va a permitir conocer que es la moda sostenible y cuáles son sus pilares fundamentales. Mientras que el estudio sociológico de la moda se desarrollo intensamente en la década de 1990, con publicaciones tan emblemáticas como “El imperio del efímero” de Lipovetsky (1990), la “moda en Argentina” de Saulquin, (1990); “la moda en las sociedades modernas”, (1998) de Martínez Barreiro; “El cuerpo y la moda” de Entwistle (2000) que investigó el papel de la ropa en la formación de la identidad mediante la confluencia del cuerpo, el género y la sexualidad. A pesar de ello, en el marco teórico de la sociología de la moda no hubo ninguna referencia a la moda sostenible hasta la publicación de la “La muerte de la moda, el día después” de Saulquin, (1999) en el que señala que el “hombre ha comenzado a descubrir el impacto de sus despreocupadas acciones”. Específicamente en el capítulo; “La calidad del habitar” (221-256) habla del respeto y del cuidado del medioambiente, de la diversidad cultural, de lo social y de la salud humana, 13 todos ellos pilares del desarrollo sustentable para evolucionar hacia “una lógica basada en principios éticos”. Integra el pensamiento sistémico al decir “… la complejidad se agudiza cuando es necesario conciliar perspectivas e intereses generalmente contrapuestos, entre áreas como diseño, agricultura, ingeniería textil, medicina, marketing, química, moda y relaciones sociales” ( 229). Además, en la segunda edición de The Reader of Fashion (2011) escrito por Welters and Lillethun's se amplió con nuevas secciones como la sostenibilidad. No obstante, es a partir del año 2008 cuando se observa un cambio en el análisis temático de la investigación contemporánea y en las metodologías utilizadas en el estudio académico de la sociología moda, con los trabajos de Flechter (2008) sobre Sustainable Fashion and Textiles-Design Journeys, trabajo que presenta información sobre los impactos del sector textil y de la moda, y prácticas alternativas para la sustentabilidad, a través del diseño y la innovación social. Especialmente, Fletcher, (2007, 2008) consigue desafiar holísticamente las ideas existentes acerca de la sostenibilidad en la industria textil. Así mismo, a comienzos de año 2008 se publico “Eco-Chic: The Fashion Paradox” Sandy Black (quien muestra la relación existente entre moda y medioambiente, No obstante, posteriormente, El Manual de Estudios de Moda (2013) escrito por Black, Entwistle y otros es donde se refleja en mayor medida este cambio con la publicación de un capitulo "La moda sostenible en un mundo globalizado" (pp. 517-575) y donde se explora las relaciones entre la sostenibilidad y la moda rápida, la globalización, los derechos humanos, pequeñas y grandes empresas, y estrategias de diseño. Hasta ese momento la teoría de la moda no se había preocupado sobre el impacto (ecológico y social) que el negocio de la moda ocasiona y es en esa década cuando comienza a evolucionar para adoptar la terminología de la sostenibilidad. Paralelamente, la sociología de la moda italiana publica “La moda della Responsabilita” de Lunghi y Montagnini (2007) donde se preguntan ¿cómo hacer para que el fenómeno de la moda funcioné de una forma más responsable? Esta publicación pone en duda las formas de responsabilidad existentes por su falta de atención a los valores de la solidaridad. Y, logra introducir nuevos conceptos como la moda orgánica (medio ambiente y la atención a la salud personal), la justicia (sensibilidad a los derechos de los trabajadores) y el consumo responsable de la moda (la sobriedad y anti-consumismo). Posteriormente Rinaldi y Testa (2014) argumentan que la industria de la moda necesita un cambio global hacia un modelo sostenible global Y, percibe que 14 gracias a la aparición de un consumidor más consciente y empresas más sostenibles se están redefiniendo las reglas y los valore del mercado de la moda en la actualidad. Rinaldi y Testa (2014) plantean una cuestión fundamental en el debate sobre la sostenibilidad de la moda: que el equilibrio a largo plazo sólo puede lograrse mediante la integración de los objetivos económicos con los valores ambientales, sociales y éticos. Y, donde las empresas sólo pueden lograr una ventaja competitiva a través de la innovación sostenible y presenta ejemplos como Gucci y Timberland que diseñan productos de calidad con un menor impacto para el sistema. La terminología utilizada en la discusión académica de la sostenibilidad y la moda ha evolucionado de "moda ecológica" hacia un mayor uso del concepto "moda sostenible" al considerar que este último es más inclusivo y abarca temas claves como la justicia, la equidad, economía. Este léxico a menudo confuso ha sido discutido por Sue Thomas (2008), y Nathaniel Barba (2008). Recientemente, Salcedo, (2015: 32-33), examina cuatro términos: Éco-moda (moda ecológica, moda bio o moda orgánica) son aquellas prendas de vestir y otros bienes de moda producidos por métodos que son menos perjudiciales pata el medio ambiente. Moda Ética, tiene en cuenta el medio ambiente, pero además tiene también en cuenta la salud de los consumidores y las condiciones laborales de las personas en la industria de la moda. Hace énfasis en el aspecto medio ambiental como en el social, Slow Fashion (moda lenta) no es lo opuesto a fast fashion (moda rápida). No hay dualismo, es simplemente un enfoque diferente en el que diseñadores, compradores, distribuidores y consumidores son conscientes del impacto de los productos de vestir sobre las personas y los ecosistemas. A diferencia de los otros enfoques, en este el consumidor y sus hábitos aparecen como parte importante de la cadena. Y en contra de lo que se pudiera pensar, la moda lenta no es un concepto basado en el tiempo, sino en la calidad, que evidentemente tiene relación con el tiempo dedicado al producto. La mayor conciencia de todas las partes interesadas, una velocidad más lenta y el énfasis en la calidad dan lugar a relaciones diferentes entre el diseñador y el productor, el fabricante y las prendas de vestir, la ropa y el consumo. Moda más sostenible, incluye todas las anteriores. La moda más sostenible son todas aquellas iniciativas que permiten que la industria subsista en el tiempo, dado los recursos que tenemos y garantizando la igualdad y justicia social. Son por tanto todas aquellas iniciativas que promueven unas buenas prácticas sociales y medio 15 ambientales, incluidas una reducción de la producción y el consumo. Este discurso abarca tres pilares fundamentales sobre la moda sostenible: ecológico, social y económico 1.- La perspectiva ecológica es inherente al estudio y a la investigación del ciclo de vida de la moda, desde la elaboración de las fibras hasta el diseño, el propio acabado de las prendas de vestir y el empleo de materiales más sostenible. Para valorar los impactos de un producto a lo largo de su ciclo de vida se ha desarrollado el análisis del ciclo de vida (ACV). Este método determina los impactos ambientales que ocurren desde que se extraen las materias primas, pasando por la producción, uso por parte del consumidor y desecho del producto. Esta perspectiva está integrada por Slater /2003) y Blackburn (2009); Fletcher y Grose (2012) con su obra el “Manual Moda Sostenible ". Por su parte, Gwilt y Rissanen (2011) también adoptaron un enfoque práctico para la configuración de la sostenibilidad en el sistema de la moda, dando ejemplos sobre diversos métodos de diseño, desde cero residuos en el corte, a la reutilización de materiales de desecho, para ayudar a desarrollar nuevas estrategias de diseño sostenible. Gwilt (2014), recientemente elaboró una obra con información muy accesible sobre la práctica de la moda y el diseño sostenible para los estudiantes de las escuelas de diseño y moda. El objetivo de este enfoque se concreta en analizar e investigar los posibles impactos ambientales del sistema de la moda pues a través del desarrollo del conocimiento de esta materia será posible mejorar no sólo la información de los activistas, académicos y diseñadores sino también la de los futuros actores de la industria textil y de la moda. Todos estos trabajos de alguna forman están en línea con el movimiento Slow Fashion fundado por Kate Fletcher en 2007 y también con la última publicación sobre “Sostenibilidad y Moda” de Fletcher y el diseñador Tham (2015). 2.- La perspectiva de justicia social, y las cuestiones relativas a los derechos de los trabajadores. Es inseparable al impacto de la globalización que facilitó la flexibilidad del sistema de la moda gracias a la utilización generalizada del sistema de subcontratación, en los países en vías de desarrollo, en cuanto que permite ampliar o reducir la escala de la producción en función de las oportunidades del mercado, pero al mismo tiempo se producen efectos sociales indeseables. El conocimiento por parte de la opinión pública en los países desarrollados de algunas de estas prácticas ha generado un problema de imagen 16 corporativa que se ha vuelto contra las propias empresas, Concretamente la publicación significativa No Logo de Klein 2000 y otros trabajos publicados una década más tarde por Siegle (2011) y Cline (2011) que investigaron y documentaron las prácticas de trabajo detrás de varias marcas importantes del comercio internacional de la moda rápida hasta el punto de que los bajos costes del empleo pueden no compensar la caída de la facturación derivada, por un boicot a una marca. Sobre estas cuestiones se puede consultarse la URL de la organización no gubernamental SETEM (www.pangea.org/ropalimpia) que, a través de la campaña “Ropa limpia”, en colaboración con Oxfam, han logrado sensibilizar a la opinión pública europea. Además, de los informes sobre el textil de la OIT (2014) donde los costes del empleo resultaban extremadamente inmorales tal como expusimos anteriormente. 3.- La perspectiva del consumo sostenible es inseparable de la sociedad del hiperconsumo pues una de las principales actividades del ser humano es ir de compras con el anhelo de una vida mejor o de alcanzar la felicidad que se presupone tras el consumo de determinados prendas. Sin embargo este tipo de consumo está dando los primeros pasos a otras opciones de consumo más sostenible: como el intercambio de ropa o swap parties, Una swap party es la reinvención del clásico trueque, bien llamado “trueque posmoderno”, llevado al mundo de la moda. En este evento se intercambian prendas que suelen estar en muy buen estado para darles un segundo o tercer uso con las mismas garantías de un artículo recién comprado. Lo interesante de esta acción es que se convierte en una práctica responsable y de consumo ético, por la cual se evita tirar a la basura grandes cantidades de ropa que a veces tampoco son gestionadas por una ONG. Las swap parties tienen gran presencia en el mundo virtual.: Swap Style (www.swapstyle.com). Otra práctica a la hora de minimizar los impactos sobre los hábitos de consumo es la reutilización y aceptación de la ropa de segunda mano o moda vintage (Heike Jenss, 2010). El consumo de ropa de segunda mano se ha convertido en un claro indicador de la ampliación de la vida útil de las prendas según la antropóloga Karen Tranberg Hansen (2010), que estudió el comercio de ropa de segunda mano en Zambia. Otra práctica a la hora de afrontar el exceso de residuos es el término "upcycled.” Este término fue popularizado y acuñado por los diseñadores industriales McDonough y 17 Braungart (2002) fundadores de la marca “cradle to cradle”, y crearon este término para distinguir entre reciclaje que crea materiales más valiosos "upcycling“ , por ejemplo los polares de la marca Patagonia fabricados a partir de botellas PET recicladas, y que a su vez son completamente reciclables gracias al programa de I+D del reciclaje textil. Y el material que acusa una pérdida de calidad “dowcycling” Algunas marcas como la empresa holandesa Kici&G-Star está invirtiendo en el proceso de reciclaje textil que le permiten reducir su dependencia de la compra de materias primas. Para algunos el reciclaje es como una estrategia de transición a la hora de minimizar los impactos y no un cambio de modelo de ahí que Tim Jackson (2011) propone un cambio de modelo: eliminar por completo los residuos. Este enfoque lo plantea la teoría de cradle to cradle o economía circular, y se puede investigar en la página web: http://www.mbdc.com En definitiva esta nueva visión esta ganado fuerza entre algunos gobiernos y economistas, que abogan para que en el sector de la moda desaparezcan los residuos lo cual requiere una nueva manera de diseñar, producir y consumir las fibras, los tejidos y las prendas Una nueva manera de actuar que exige pensar en términos de ciclos de vida cerrados en lo que los residuos se conciban como algo útil, como un componente fundamental para dotar de vida a futuros productos, y por tanto dejen de ser residuos y se conviertan en materia prima para otros sistemas, ya sean tecnológicos o biológicos. La nueva moda sostenible visible en las últimas pasarelas de Londres y Nueva York, muestra que el futuro se encuentra en la venta de un producto de mayor calidad, respetuoso con el medio ambiente a lo largo de todo su ciclo de vida, producido a partir de fibras y tejidos más sostenibles, y bajo unas condiciones medioambientales y laborales dignas, con un diseño duradero, y que, por último, sea reutilizable y reciclable. Esto es un fenómeno novedoso, ya que ocurre por primera vez que el sistema la moda se acerca a la preocupación por el futuro, por el cuidado del planeta, generando un nuevo marco teórico dentro de la sociología de la moda: la moda sostenible. A modo de conclusión: Respecto a la pregunta planteada en esta investigación hemos podido constatar que la moda rápida se ha convertido en una industria problemática por su impacto sobre el 18 medio ambiente y por la propia explotación social de sus trabajadores. Que el consumo de usar y tirar responde, sin duda, a las presiones de un consumo cada vez más rápido y barato, a la búsqueda de novedad y a una constante reformulación de la identidad, que dañan tanto a nivel individual como colectivo. Que la moda sostenible, es una parte de la creciente filosofía del diseño y tendencia de la sostenibilidad, cuyo objetivo es crear un sistema que pueda ser apoyado en términos de ambientalismo y responsabilidad social. Este término (moda sostenible) se usa para definir a la ropa que se ha confeccionado de manera sostenible, es decir, respetando los derechos sociales de los trabajadores y se ha elaborado de manera respetuosa con el medio ambiente. De ahí que, el nuevo discurso de la sustentabilidad se haya convertido en una categoría esencial para el estudio de la moda en el siglo XXI y pasa por una transformación en los modos de fabricación y una mejora en las condiciones laborales y además de poner en marcha un consumo más responsable: de reducir, reutilizar, reciclar y donar. Bibliografía: American Apparel y Footwear Associations; https://www.wewear.org/ Arribas, V.; Díaz, T.; Josa, M. E.; Sanmiguel, P.,; Sádaba, T., Hoss Intropia: a Spanish brand that is born with sustainability as its main value proposition. Paper presentado en el 5th Global Conference Fashion Exploring Critical Issues, Oxford, 9-12 septiembre 2013. 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