LA TRANSFORMACIÓN DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS EN EL CENTRO DE

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LA TRANSFORMACIÓN DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS EN EL CENTRO DE
LA CIUDAD. EL CASO DE LOS MERCADOS DE ABASTOS EN MADRID Y
BARCELONA.
Domínguez Pérez, Marta (UCM) martadom@cps.ucm.es
Crespi Vallbona, Montserrat (UB) mcrespi@ub.edu
Resumen
La globalización y mayor competitividad entre ciudades ha supuesto la reactivación del
marketing urbano y la llamada a la atracción de nuevos sectores sobre el centro de las
ciudades. La gentrificación y la terciarización, la privatización de los espacios públicos
han sido algunas de las consecuencias sobre estos centros que pueden englobarse en
manifestaciones del neoliberalismo urbano. Si el espacio público es uno de los
indicadores de la salud de la ciudad y de su carácter democrático e inclusivo, por el
contrario las restricciones al mismo son indicadores del declive de la misma y del
triunfo del neoliberalismo. A través de indicadores de los tradicionales mercados de
abastos del centro de la ciudad se analiza la transformación de espacio público para
comprobar cómo se corresponden con la dinámica de destrucción de lo público. Así
mismo se promueve la segregación y la apropiación del centro de la ciudad por los
sectores triunfadores de la neoliberalización. Barcelona y Madrid nos sirven de
laboratorios a través de los mercados del centro urbano.
Palabras clave: neoliberalismo-centros urbanos-mercados municipales-gentrificaciónturistificación
** El presente trabajo ha sido posible por la financiación del Ministerio de Ciencia e
Innovación, Plan I+D en el marco del proyecto “Comportamientos residenciales y
provisión de viviendas en las grandes ciudades. Un análisis comparativo” dirigido
por Jesus Leal Maldonado y Ana Alabart (Cristina Lopez) (HAR2009- 08691) en 20072012 y por la Comunidad de Madrid, en el marco del proyecto “Vulnerabilidad,
Participación y ciudadanía. Claves para un desarrollo urbano sostenible” dirigido
por Marta Domínguez Pérez 2016-2018. (Ref,S2015/HUM-3413:VUPACI-UCM).
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Introducción
Los centros de las ciudades españolas están experimentando interesantes y profundos
cambios en el marco de la mayor competitividad entre ciudades, la incidencia del
neoliberalismo y la segregación espacial. Aunque no todos los centros de ciudades se
ven afectados por estas mismas tendencias, no obstante sí es lo que acontece en aquellas
cuyos centros, tras décadas de deterioro progresivo se han convertido en espacios
atractivos por la centralidad, la concentración de patrimonio y la historia, la vida
cultural y de ocio, de la vida comercial, el turismo, etc. y experimentan procesos de
regeneración urbana que pretenden revitalizarlos. De este modo, en éstos y en cuanto a
su composición social, a las tradicionales clases residentes (clases populares
envejecidas, inmigrantes recién llegados, etc) se sumarán posteriormente sectores
atraídos por esta nueva centralidad como los gentries, los turistas y los estudiantes,
como un colectivo nuevo con poder adquisitivo más elevado que antaño. Los primeros y
los terceros, buscando el atractivo de la cultura y el ocio, la vivienda asequible en un
entorno atractivo, vibrante, etc; y los segundos, como visitantes e interesados en su
patrimonio y cultura, y como interesados participantes de la vida local. Así estos
espacios centrales, tenderán a ser más variados y más heterogéneos, espacios de
interacción, espacios de mezcla social, de diversidad. Sus plazas, sus equipamientos, sus
parques, sus tiendas, sus bares, etc. serán el escenario de esa interacción; esto es,
particularmente en sus espacios públicos, aquellos abiertos a todos, al menos
potencialmente. Entre ellos, se destaca el comercio como uno de los espacios que
tradicionalmente y debido a su carácter de abastecimiento cotidiano de bienes de
primera necesidad y asequibles en su mayor parte, podría ser considerado como espacio
público. Según algunos autores, alrededor del comercio se teje la vida urbana y durante
muchos siglos ha sido de hecho la principal ágora de la ciudad. Actualmente, continúa
siendo un tipo de equipamiento donde se abastece la población tradicional, además de
los nuevos vecinos, y un espacio que resulta atractivo al mismo tiempo para los turistas
que quieren participar de la vida local.
Según esto, se analizará un particular tipo de espacio público del centro, o más bien
semipúblico, ligado al comercio: los mercados de abastos y sus transformaciones
como espacios de interés para evaluar la salud de la ciudad y para evidenciar la vida
local y también estos cambios. Así el caso de los mercados de abastos del centro de las
ciudades de Barcelona y Madrid, las dos grandes ciudades españolas, ilustra el cambio
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al tratarse de uno de los equipamientos que ha venido regulando el espacio público
urbano y que ha servido de referencia en la constitución de la identidad de la ciudad
mediante su carácter de espacio de encuentro cotidiano e interacción. A partir de la
tipología elaborada por las autoras en base a la sostenibilidad, se seleccionan dos casos
para la comparación: el mercado de la Boquería y el mercado de San Miguel como
prototipos de mercado sostenible y no sostenible.
El capitalismo avanzado y su impacto en el espacio publico urbano
En las últimas décadas, con el avance y desarrollo del sistema capitalista, denominado
actualmente neoliberalismo, las ciudades están transformándose y manifestando, entre
otros efectos, procesos como la gentrificación sobre todo de los centros; la
turistificación de la ciudad debido a la mayor competencia entre todas ellas y la
atracción de nuevos públicos; la estudentificación debido a la reentrada de un sector con
mayor poder adquisitivo e interesado en la vida vibrante y cultural de la ciduad; la
terciarización de sus centros por el atractivo para la concentración urbana de este tipo de
actividades; la concentración comercial y nuevas formas de comercio en el centro y la
sequía comercial de los barrios de la ciudad ante los cambios en estilos de vida; la
privatización de servicios y espacios urbanos; el incremento de la segregación
socioespacial; la dualización de la ciudad; el deterioro medioambiental; el auge de la
tecnocracia y las políticas arriba abajo; el repliegue del estado; el fomento de la
presencia de agentes privados y grandes corporaciones; el incremento de la confianza en
la regulación por parte del mercado y énfasis en la responsabilidad, el énfasis en la
inseguridad y la proliferación de cámaras de seguridad, etc. (Brenner, Mooney and
Evans 2007; Sassen 1991; Harvey, 2007)
Estos cambios son manifestaciones de un nuevo marco que se configura y que permite
leer e interpretar los cambios en la ciudad: el neoliberalismo. Por neoliberalismo se
entiende así, de manera sintética, la corriente que propone una visión particular de las
relaciones entre lo social, lo político y lo económico, que provocan importantes
transformaciones en las ciudades. Basándose en los principios de Hayeck (1980) y
Friedman (1973,1999) desde mitad del SXX, puede afirmarse que el neoliberalismo
promueve el predominio de la visión economicista, es decir, la maximización de la
utilidad y la productividad utilizando este criterio como barra de medir para la selección
de las actuaciones a seguir sobre lo urbano así como para su evaluación. De este modo,
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los valores que tienen que ver con lo social y lo político quedan supeditados a esa
primera dimensión económica y por tanto, mercantilizados.
Es lo que ha venido
denominándose también comodificación que significa “tratar como objeto de consumo”
o relativo a la lógica del mercado. Es por tanto que los principios que fundamentan la
existencia de la ciudad para lo social, para el encuentro, para la diversidad, para el
crecimiento de lo social y su mejora (Jacobs 1967, Harvey 2007, Choay 2009, Sennet,
2011), quedan subordinados a los criterios económicos del maximización del beneficio.
O lo que es mismo, que los principios humanos quedan relegados a segundo o tercer
nivel mientras que la lógica comodificadora queda antepuesta a aquellas y es el primer
criterio selectivo y guía de las diferentes actuaciones urbanas. Por ello, la ciudad se
configurará así, más bien como un merchandising, un producto económico o en todo
caso un espectáculo, un producto para ser consumido más que vivido, o al menos, solo
por algunos, y más que el contenedor de lo social con quien interactúa. Como valor de
cambio más que como valor de uso. En este marco, la esfera de lo político se replegará
dejando actuar al laissez faire y libre mercado (Mooney and Evans, 2007) y sobre todo,
otorgando el predominio de agente principal al individuo y su responsabilidad más que
a la esfera de lo colectivo. Según Harvey (2005), cuatro rasgos caracterizan esta etapa
capitalista o el neoliberalismo:
la privatización de bienes públicos, servicios y
equipamientos; la financiarización de la economía; la resolución de las crisis
económicas por vías no sociales; y la redistribución inversa, esto es, a favor de las
clases medias y no mediante políticas redistributivas. Así se promoverían en definitiva
y como resultado, estructuras sociales polarizadas como Sassen (1991) pone de
manifiesto, como uno de los más graves efectos de estas políticas. El resultado es la
ciudad dual de triunfadores y vencidos, que se mueven respectivamente, en el escenario
y las bambalinas de la ciudad; la ciudad mercantilizada, la ciudad fetiche que se vende
al mejor comprador para beneficio de unos pocos; en definitiva, la ciudad neoliberal,
donde todo se compra y se vende.
A estos elementos, añadiríamos, elementos ideológicos como el aparato discursivo que
serviría de envoltorio y legitimador de toda esa estructura y modo de funcionamiento.
En este sentido, por ejemplo, el discurso de la inevitabilidad, y por tanto de aceptación
de las consecuencias sin crítica, de la evolución lineal por cuyas fases hemos de pasar
cada sistema social, de la cuestionabilidad de la intervención de la esfera política y sus
posibilidades por su incapacidad para ir contracorriente. Lefèbvre (1991) añadiría este
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aspecto discursivo como otro de los rasgos en la ciudad del neoliberalismo que coloca
las estrategias (los planes estratégicos, planes, etc.) y las prácticas administrativas
introducidas (de cooperación publico privado, de flexibilización de los controles para el
planeamiento, etc.), bajo formas discursivas concretas como forma de legitimación de
todo este aparato.
Así, algunos autores han puesto de manifiesto el impacto del neoliberalismo sobre la
ciudad (Wilson, 2004; Hackworth, 2006) y uno de los aspectos señalados más
relevantes es la segregación y compartimentación de espacios urbanos entre aquellos
adheridos al orden global, por un lado, y los desconectados, por otro. Y con ello, el de la
mercantilización del espacio público que pierde su sentido original para transformarse
en mediatizador de la presencia de las clases medias triunfadoras de este nuevo orden
entre quienes sí se fomenta el sentimiento de comunidad y pertenencia generando el
discurso dominante y manipulador que perpetúa la desigualdad. Por las redes
consolidadas, por los estilos de vida predominantes, los espacios apropiados, etc. se
llega al discurso, formas y símbolos dominantes que son la expresión del triunfo sobre
lo urbano. Como señala Van Dijk (2006), lo que sucede es que “la manipulación es
ilegítima en una sociedad democrática porque (re)produce o puede reproducir la
desigualdad: favorece los intereses de los grupos y hablantes poderosos y perjudica los
intereses de hablantes y grupos menos poderosos”. Así, no se trata ya tanto de las
desigualdades económicas sino de la apropiación de discursos y del nombre de las
cosas, de la dominación discursiva, de la manipulación. De la apropiación del discurso
y el modelo de ciudad.
Las nuevas redes, entre sectores triunfadores de la ciudad en sus espacios públicos ,
equipamientos, etc. como espacios de generación de redes, permiten generar una nueva
identidad urbana que se hace dominante y se impone ante otras visiones de la ciudad.
De este modo, la vida urbana se ve casi relegada al ocio, la estética, el divertimento, el
espectáculo, etc. y es esta nueva esfera la que genera identidad, principalmente para
aquellos sectores triunfadores que retroalimentan la máquina urbana como consumo. La
ciudad no es ya para el intercambio, el encuentro, etc. de los diferentes, de las clases, de
las etnias, de los sexos, de las edades, etc. sino para la dominación de las élites que se
apropian del espacio y lo urbano. Así se polariza la ciudad, tanto sociológica, como
identitariamente.
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Sin embargo, esta compartimentación no tiene que ser necesariamente espacial, puede
ser temporal incluso o a través de los equipamientos, los espacios públicos, etc. Esto es,
que a pesar de que los distintos sectores convivan en el mismo espacio, el centro por
ejemplo, pueden usar a distintas franjas horarias el mismo espacio público o
equipamiento, o bien distintos espacios o equipamientos que estén ubicados en el
mismo espacio.
Espacio y tiempo ayudan a ello por lo que se evidencia que la
segregación social es distinta de la segregación espacial. Y puede existir la primera sin
registrarse la segunda.
Y esto sucede sobre todo en los centros urbanos que se turistifican (Sassen y Roost,
1999), se mercantilizan de manera mas intensiva, se gentrifican, se estudentifican y en
éstos, algunos espacios buscan ser controlados, seguros, mercantilizados, sin contenido
político y excluyentes de colectivos cuya presencia sería indeseable para el espectáculo
urbano y que no deben aparecer en el espacio público (homeless, prostitución, jóvenes
no consumidores, etc.), siendo además criminalizados. En este sentido proliferan los
controles de seguridad así como la videovigilancia, o los diseños disuasorios en
mobiliario urbano como formas legitimadas socialmente para aplacar y controlar las
disfuncionalidades del sistema capitalista que las genera. Es este el marco de la ciudad
neoliberal, que se comprueba de manera evidente en sus centros urbanos.
La ciudad, por tanto, se convierte así en producto mercantilizado al que solo unos
acceden, excluyéndose de su disfrute y apropiación a una gran parte de sus ciudadanos.
La ciudad segregada neoliberal es aquella para quien solamente unos ejercen el derecho
a la ciudad de Lefèbvre, es la ciudad desigual. De este modo, se debilita este derecho,
haciéndolo un bien exclusivo de tan solo algunos sectores. Así, si bien y desde una
perspectiva de lo sociológico, la ciudad sería más y mejor ciudad al promover el
encuentro, la diversidad, la interacción, como generadores del cambio y la mejora que
se estimulan por el encuentro/choque entre los diferentes, y sus equipamientos y
espacios públicos servirían a estos fines; la actual ciudad neoliberal es la antítesis de ese
modelo de ciudad señalado por los obstáculos al encuentro, por la segregación del
mismo así como de la exclusión de algunos sectores y como entidad que comodifica sus
espacios, equipamientos y servicios, restringiendo su uso y acceso por diversas
variables. Es la pugna entre el derecho a la ciudad como derecho extensivo a todos los
ciudadanos y el uso y apropiación de la ciudad por parte de tan solo algunos.
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Así, la ciudad es el ámbito espacial donde más claramente impacta el neoliberalismo.
Por tanto sus espacios públicos, ámbitos donde se desarrollaría la socialidad urbana, van
a ser gravemente afectados por esta corriente empobreciéndose y viéndose limitados.
Nos referimos tanto a las plazas, las calles, los espacios comerciales de cotidianeidad
como espacios abiertos, los equipamientos públicos como las escuelas públicas, los
centros culturales, deportivos, etc. ; y todos los servicios, equipamientos y espacios que
han venido cumpliendo la función de espacios de encuentro en la ciudad y que en este
nuevo marco se han visto empobrecidos y mermados.
Por espacio público se entiende aquellos espacios abiertos, incentivadores y donde
tiene lugar el encuentro entre los elementos y las partes diversas de la ciudad, el
encuentro con el otro que es el que permite el cambio y el crecimiento (Kristeva 1988) y
por tanto el que constituye la esencia de la ciudad.
Se denominan espacios públicos
porque están abiertos y son accesibles a todos los ciudadanos sin discriminación por
variable alguna (sexo, edad, nacionalidad, dificultades físicas o psíquicas, nivel
socioeconómico, ideología, etc.) (Fyfe and Bannister, 1996; Borja, 2003). Lo que
importa es que de la calidad del espacio público, depende la calidad de las relaciones y
por tanto la esencia y realidad de la ciudad como tal. Así, el espacio público se define
por su uso y es un espacio multifuncional, no es solo para el bienestar social. De este
modo, por ejemplo, un parque no sirve solo para el descanso, sino como lugar de
encuentro, para el ejercicio de la ciudadanía, para la práctica de ésta, para generar las
redes entre los ciudadanos y el intercambio. También en este sentido, el equipamiento
comercial, sobre todo el más accesible y el de uso cotidiano, más allá de responder a
una necesidad urbana de abastecimiento cotidiano, es también un ámbito de ejercicio de
la ciudadanía y encuentro así como de identidad simbólica (Zukin en Hutchinson 2010).
Es el lugar del cambio social donde encontramos diversidad de usos y diversidad de
perspectivas y miradas. No es un espacio jurídico, al que se tiene derecho por ley, sino
que es un espacio definido por su uso, la práctica. Según Borja (2003), el espacio
público se caracteriza por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales, por su
capacidad de mezcla de grupos sociales y como posibilidad para la identificación
simbólica y la expresión e integración sociales.
La calidad del espacio público se viene midiendo por su nivel de seguridad (Jacobs
1967). De ahí la actual obsesión por ésta en el espacio público y las distintas respuestas
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que se le otorgan. Por un lado, la seguridad puede provenir del control social, de las
miradas diversas sobre dicho espacio, a la manera en que Jacobs (1967) lo ponía de
manifiesto, o bien puede provenir de la vigilancia por parte de vigilantes humanos o
físicos ( cámaras de vigilancia CCTV) que proporcionan dicha sensación de seguridad.
Sin embargo, el problema de cómo compaginar seguridad y accesibilidad, la seguridad
con la democratización (Atkinson 2003, Zukin 1995) cuando pueden ser incompatibles
en los diseños de espacio público es un tema clave que plantea serios conflictos, y que
inclina la balanza hacia uno u otro alternativamente, haciendo difícil el equilibrio.
Así la ciudad en el marco del capitalismo avanzado pierde sus espacios públicos bien
por privatización, por segregación, por degradación, o por cambio demográfico. Y de
este modo ya no son espacios públicos sino espacios compartimentados en la ciudad
segregada. Ya no son espacios de encuentro, sino el caos, como diría Sennet (2011),
espacios no ordenados, no seguros, no cobijo. Por ello, la posibilidad civilizadora del
espacio público se pierde en la ciudad neoliberal. Los barrios dejan de funcionar como
espacios públicos y se cierran sobre sí mismos en las gated cities o en el espacio de la
vivienda individual, y también las antiguas zonas comerciales que entran en crisis y se
transforman en zonas exclusivas o desoladas.
Por otro lado, las calles y los
equipamientos públicos se deterioran o privatizan, y desaparecen como lugares de
encuentro. Las comunidades diversas y heterogéneas dejan de ser tales para reducirse al
ámbito de lo privado y de la comunidad de iguales en todo caso, segregada. Esos son
los espacios que confieren seguridad y no el espacio de lo público que se convierte en
inseguro e inestable (Sennet, 2011) reforzando la polaridad público-privado y el
repliegue a lo privado que es a su vez segregado. Los espacios públicos se convierten
en espacios vigilados y controlados pero al mismo tiempo discriminan en su acceso, y
cuando existen, son mayoritariamente segregados.
En este marco, se analiza un tipo de equipamiento como son los mercados de abastos
como equipamientos de espacio público urbano que han pasado de ser antaño, espacios
abiertos, inclusivos, seguros y públicos, con titularidad municipal, ubicados en la ciudad
consolidada y sobre todo en sus centros, en la mayor parte de las ciudades españolas; a
ser espacios que han experimentado no obstante importantes transformaciones en las
últimas décadas hacia trayectorias de privatización, exclusión, securitización,
mesocratización, turistificación, comodificación, etc, lo que nos permite evidenciar el
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impacto del neoliberalismo en la ciudad. Se tomarán los casos de estudio de Madrid
(Mercado de San Miguel) y Barcelona (Mercado de La Boquería), los más relevantes
en ambas ciudades, para ejemplificarlo. Se toman estos dos casos como prototipos de
modelos de mercados sostenible y no sostenible para evidenciar así su potencialidad.
Objetivos e hipótesis. Objeto de estudio.
El objetivo que se persigue es poner de manifiesto cómo los nuevos espacios públicos
aparecidos
más
recientemente
como
los
Mercados
gourmet,
denominados
popularmente, como el mercado de San Miguel y el Mercado de la Boquería, en menor
medida, o bien el Mercado de San Anton, o la Princesa, han sido transformados y
orientados hacia nuevos públicos, clases medias y turistas, como nuevos
pobladores/visitantes del centro de la ciudad, en un escenario en que la gentrificación,
estudentificación y la turistificación de éste, permite la dinamización e incentivación del
centro para estos nuevos sectores al tiempo que se desplaza a otros (inmigrantes, clases
populares, pequeño comercio, etc), en aras de la apropiación del centro para el capital
(gentries, turistas, empresariado, grandes corporaciones de la distribución, etc.). Todo
ello, avalado y apoyado desde lo público, en algunas ocasiones bajo el discurso de la
inevitabilidad y en aras del desarrollo económico, o al menos, gestionado de manera
ambivalente. Provocando un cambio en la atracción del centro para nuevas clases
medias y turismo que a través de la turistificación y la tematización del centro,
retroalimenta
las
tendencias
neoliberales
que
transforman
las
ciudades,
y
particularmente el corazón de las mismas, sus centros urbanos.
El objeto de estudio son así los Mercados de abastos de Madrid y Barcelona como las
dos grandes ciudades españolas donde las tendencias de la neoliberalización en España
son más evidentes. “Se entiende por mercados minoristas a aquellas instalaciones,
normalmente edificios cubiertos, que reúnen una variedad de establecimientos
comerciales y empresarios minoristas que ofrecen una amplia oferta comercial de
productos alimentarios de consumo diario, complementada por otros productos no
alimentarios, todo ello bajo una unidad de gestión.” (World Union of Wholesale
Markets, 2006). Consideraremos así los mercados de abastos, como tipo de mercado
minorista, de titularidad municipal en origen, y en los municipios de Madrid y
Barcelona. Concretamente elegimos los mercados de San Miguel y La Boquería como
casos de estudio particulares. Para el análisis se elaborará una tabla de indicadores
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descriptivos obtenidos a través de análisis de páginas web, documentos, entrevistas y
observación principalmente, para que de manera objetiva puedan ser clasificados según
su análisis.
Los mercados de abastos de Madrid y Barcelona como espacios públicos en
transformación. El caso del Mercado de San Miguel y el mercado de La Boquería
Los mercados de abastos de las ciudades españolas surgen durante el siglo XIX y
primeros del XX cuando aparecen como estructuras consolidadas y distribuidas por el
total de la ciudad. Surgen como intento de estabilización y como resultado de las
corrientes higienistas que afectan al abastecimiento de alimentos cotidianos de la
población urbana. Sin embargo adquieren también un valor relevante en cuanto a
espacios de encuentro y vida urbana así como elementos identitarios de los barrios y de
la ciudad (Casares Ripoll 2008). Los mercados de abastos eran el lugar de encuentro
cotidiano en las ciudades y en los ochenta experimentaron una fuerte crisis en la que
permanecen todavía intentando buscar distintas salidas como se podrá comprobar. La
liberalización de horarios de comercio en 2014 y la reciente finalización del sistema de
alquiler de renta antigua en el pequeño comercio en 2015 han añadido nuevos factores
de reestructuración al sector, lo cual puede acentuar las tendencias. No obstante, los
centros de las ciudades presentan un panorama distinto al tender a funcionar como
nuevos centros comerciales, en una sequía comercial en los barrios circundantes.
En la actualidad el municipio de Madrid cuenta con cuarenta y seis mercados
municipales localizados en diecisiete distritos del total de veintiún distritos; y treinta y
nueve en el caso de Barcelona. En Madrid, siete de ellos están localizados en el distrito
centro en Madrid y cinco, en el de Barcelona. Son estos los que interesa desatacar.
Dado que ambas ciudades se han visto inmersas en los circuitos de la competitividad
internacional con el ánimo de ser mas atractivas y reactivarse, los efectos de esta
dinámica pueden ser comprobados precisamente en sus centros. De este modo, la
totalidad de los mercados de ambas ciudades han sido afectados por las dinámicas de
deterioro y revalorización reciente descritas. Pero si bien los periféricos han
experimentado leves mejoras o en algunos casos han continuado en deterioro, no
obstante los mercados del centro se han visto afectados por nuevas coyunturas que los
colocan ante un nuevo escenario del que algunos han obtenido beneficio.
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Los mercados de abastos municipales han sido tradicional e históricamente espacios
interclasistas y de compra preferente de las clases medias y bajas cuyos puestos estaban
regentados por pequeñas economías familiares también de clase baja (Maiello Vicenzo
2014). Sus precios eran muy competitivos y distribuían gran parte de los productos
perecederos en el ámbito urbano (Martin Cerdeño 2010). Eran así ámbitos de relación y
encuentro cotidiano en la ciudad, espacios públicos de referencia, desempeñando el
papel de una especie de ágora pública.
Sin embargo, durante los años ochenta, experimentaron una intensa crisis que durará
hasta principios de los noventa, principalmente tras la irrupción de las grandes
superficies y la periferización de la población, además de los cambios en los hábitos de
consumo y la individualización y privatización de los estilos de vida. Por estas razones
los mercados de abastos localizados en la ciudad consolidada y preferentemente en los
cascos antiguos, se vieron abandonados en cierto modo experimentando la degradación.
Sin embargo, los procesos son diferentes en Barcelona y Madrid, puesto que en
Barcelona siempre ha existido una mayor protección por el comercio minorista.
Fig 1. Mapa de la distribución de los mercados de Madrid y Barcelona.
Fig. 2 – Los 46 Mercados Municipales de Madrid (2013)
Fuente: Maiello Vicenzo (coord.),
Fuente: pagina web ayuntamiento Barcelona
Los mercados de abastos, Contested cities, 2014).
http://www.mercatsbcn.com/
sus ventajas. Debido a sus muchos significados, el mercado brinda numerosas posibilidades de análisis. Eso le
convierte en un observatorio privilegiado de la arquitectura, de la ciudad y de la sociedad de su tiempo”. No
podemos dejar de mencionar rápidamente por lo menos dos de ellos. En primer lugar resaltar el
valor del mercado de barrio como espacio social, de convivencia y de intercambio vecinal que se
ha ido construyendo a lo largo de muchas décadas. Un valor que trasciende el puro intercambio
comercial y que radica en una “cultura de mercados” propuesta por el antropólogo Juan Ignacio
Robles: “El mercado minorista, comercio agrupado por excelencia, tal y como hoy lo conocemos, cumple una
función de estructuración de las relaciones sociales dentro del espacio urbano, relacionándose también con una forma
específica de “uso del espacio”, de “forma de vida” y, finalmente, definiendo un modelo distintivo de ciudad y de
barrio vertebrado alrededor de las relaciones vecinales en un espacio social equilibrado y sostenible” (Robles,
2008).
Ante este panorama de crisis del comercio, la Administración tomó una serie de
iniciativas distintas en cada uno de las dos ciudades. En el caso de Madrid, en los
El segundo aspecto a realzar se relaciona con la producción alimentaria industrial y el
análisis de su actual modelo de distribución a escala mundial: “Nuestros hábitos alimentarios y de
consumo han sufrido, en los últimos años, una profunda transformación. La aparición de los supermercados,
hipermercados, cadenas de descuento, autoservicios (lo que se ha venido en llamar distribución moderna) han
contribuido a la mercantilización del qué, el cómo y el dónde compramos supeditando la alimentación, la
noventa (1997), se propuso a los comerciantes un plan de choque consistente en
Gentrificación, resistencias y desplazamiento en España 5 11
venderles sus puestos y promover la gestión conjunta entre todos ellos. Pero el mercado
no estaba maduro todavía. En 1994, a través de las Áreas de Rehabilitación Preferente
se fue regenerando el centro urbanísticamente y dinamizando su población y actividad
económica. Como señalan Leal y Sorando (2016), tras la rehabilitación de zonas se
produjo la gentrificación de los espacios de intervención. Unos años mas tarde, en 1999
comienzan las obras en el primer icono de los mercados renovados: San Miguel. Es la
Comunidad de Madrid quien aborda la restauración de este mercado en un barrio
regenerado y con nuevos vecinos y atractivo turístico, en convivencia con los
tradicionales vecinos de clases populares y los nuevos vecinos, los inmigrantes. Por
tanto al terminar se le dio otro uso más atractivo. Una sociedad privada que fue
consiguiendo la mayoría de los puestos comerciales, inició la presión sobre el resto de
comerciantes y consiguió hacerse con todos ellos para llevar a cabo su operación
económica. Inmediatamente, distintos comerciantes del sector gourmet se interesaban
por este nuevo modelo de establecimiento atractivo para turistas y gentries, dos sectores
con presencia cada vez mayor. De este modo se constituye el Mercado de San Miguel,
como primera iniciativa de mercado de abastos reconvertido y al uso de los nuevos
tiempos, modelo que incentivaría y reforzaría las tendencias del centro de turistificación
y gentrificación, como factor de regeneración. En cuanto al resto de mercados, en 2003
se propone un plan de reactivación a través de nueva normativa y en 2010 se actualiza
la ordenanza de mercados municipales dándoles mayor autonomía, dejándoles alquilar
los puestos y estableciendo el límite de puestos alimentarios en 35%. Se abre el paso
así a la reconversión de los mismos. Así, entre 2003 y 2011 el Ayuntamiento fue
realizando inversiones diversas en la totalidad de mercados de la ciudad en este marco
de revitalización pero fueron las medianas superficies quienes más interesadas estaban
en esta operación y fueron los grandes financiadores de la misma (Maiello 2014). La
liberalización de horarios comerciales (Ley 2004) reforzó también la crisis de
reestructuración del comercio en Madrid. Y más recientemente la finalización del
sistema de renta antigua que golpea al comercio duramente.
En el caso de Barcelona, la Boquería fue construido en el anterior emplazamiento del
mercado en abierto en 1914. Y si bien la crisis del comercio afectó también a los
mercados municipales, no obstante, la protección del comercio en Cataluña cuenta con
una trayectoria destacada radicalmente diferente a la de Madrid, más liberalizada, y por
tanto no se vio tan afectado (EL diario). Madrid cuenta con una presencia de grandes
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superficies muy por encima de Cataluña. (El país, 26/06/2005) Por ello, en Barcelona,
las grandes superficies no encontraron el terreno tan abierto como en Madrid. Tampoco
los flujos de población hacia las periferias fueron tan intensos, conservándose el centro
como espacio de la burguesía tradicional. Además en el caso de la Boquería es un
mercado con un gran número de puestos y de tradicional cobertura municipal, más que
barrial. En Barcelona, desde comienzos de la década de 1990, el Ayuntamiento ha
impulsado una política de modernización comercial de estos mercados. En 2005 nace el
Instituto Municipal de Mercados de Barcelona (IMMB) que tiene tres cometidos:
mejorar infraestructuras y servicios, actualizar la oferta comercial e incorporar políticas
de promoción comercial. Todo ello en un marco, como se señalaba, más proteccionista
con el mercado tradicional.
De este modo, no es hasta comienzos del siglo XXI cuando se ven revitalizados tanto
por parte de la reactivación del atractivo cultural de la ciudad que focaliza en el centro
su oferta (concentración del patrimonio histórico y cultural, vida cultural y de ocio,
etc.), así como por la reactivación del turismo y sus nuevas demandas (turismo
gastronómico, experiencial, ser turista como un local, etc.) (Crespi M y Domínguez M
2013) además de por los procesos de gentrificación que experimentan ambas ciudades,
sobre todo en sus centros urbanos (Vila y Domínguez 2015). Estos cambios van a
provocar la irrupción de nuevos usuarios en el centro y la presión sobre los espacios
urbanos, entre ellos, los espacios públicos de los mercados de abastos, como potenciales
espacios de consumo.
Además de gentries y turistas, a finales de los noventa irrumpe un nuevo grupo social,
los inmigrantes, en muchas de las ciudades españolas. Éstos se alojan preferentemente
en aquellos espacios degradados, con vivienda en alquiler y donde encontraban sus
redes de apoyo como son los centros urbanos que habían quedado abandonados (Leal y
Alguacil, 2012). Con el tiempo irán abriendo negocios de pequeño comercio
mayoritariamente que constituirán gran parte de las altas comerciales en los centros
urbanos al que añadirán diversidad. Este colectivo, añade un carácter multicultural a los
barrios que será muy valorado por los gentries, esduiantes y turistas, incrementando el
atractivo de estos barrios.
A la par que estas tres dinámicas (de turistificación, gentrificación y comercio
multicultural), aparece en el centro urbano el comercio especializado, de diseño,
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moderno, de nuevos gustos y tendencias, etc en sintonía con los nuevos estilos de vida
de gentries y turistas, que incrementan su presencia en los centros urbanos (el Born y el
barrio Gótico en Barcelona; Tribal, Malasaña y Chueca en Madrid). Es lo que algunos
han llamado trendification (Smith 1996), esto es, la sustitución del comercio tradicional
por el comercio moderno al gusto de las nuevas clases medias.
Ahora bien, la pregunta que se plantea es el ¿para quién son estas actuaciones y
tendencias?, ¿a quién benefician?, ¿hacia dónde se encamina la ciudad?. Y, ¿quienes
son los perjudicados, los obviados?. Por otro lado y respecto al tema que nos ocupa,
¿en qué tipo de espacio público se convierten los mercados de abastos?, ¿continua
siendo la ciudad y sus centros, el espacio de encuentro abierto y heterogéneo de
antaño?, y si lo es por el momento, va a seguir siéndolo en un futuro inmediato? Son las
dinámicas actuales favorecedoras de la mezcla y la diversidad o por el contrario de la
apropación creciente del espacio central para las clases dominantes?. Y la respuesta es
que los verdaderos beneficiarios de este tipo de actuaciones parecería ser que los
grandes beneficiados serían los turistas y los nuevos vecinos de los barrios, gentries y
estudiantes. Así como las grandes empresas de la distribución que a través de las
medianas superficies se implantaban en los barrios. Y por otro lado, los desplazados
serían tanto los antiguos comerciantes de economía familiar, estigmatizados porque no
se modernizan, no saben acerca de los nuevos mercados, no tienen público, etc.; como
los residentes de clases populares y los inmigrantes que no se identifican con los
nuevos estilos de vida promovidos, cambios de sus escenarios cotidianos tradicionales,
de vecindario, etc. con dificultades para encontrar su comercio de uso cotidiano, de
consumo de proximidad en aras de las franquicias, grandes superficies, comercios
elitistas, etc. Y con ello, el desplazamiento de las formas identitarias y de relación de las
clases tradicionales en aras de la ciudad espectáculo del mirar y ser visto, del consumo.
Sin embargo para el estudio de caso que hemos seleccionado si bien en Madrid
podríamos denotar una trayectoria similar a la descrita, no es el caso de Barcelona,
donde la situación del comercio es bien diferente y donde el mercado de la Boqueria
responde a un modelo de espacio publico pero de manera matizada.
Por tanto podemos ver el impacto que estos cambios han tenido sobre ambos mercados.
El caso del Mercado de San Miguel y el mercado de La Boquería. Incluídos y
excluídos
14
Según el análisis realizado, puede comprobarse que ambos mercados se orientan a estos
nuevos públicos y son éstos los que han acogido la oferta propuesta. No obstante, el
análisis de sus páginas web, sus discursos promocionales, sus características, etc.
denotan que sus públicos han cambiado y que han de ser rentabilizados por el mercado.
En síntesis, puede decirse que el caso de San Miguel es diferente del de la Boqueria,
que aparece más integrado en el barrio, más sostenible, según la tipología elaborada
previamente (Crespi y Domínguez 2016).
Así el Mercado de San Miguel se orienta claramente hacia un publico de nivel
adquisitivo medio alto además del turista. El edificio está calificado como bien de
interés cultural (BIC), con valor histórico y por tanto atractivo a la visita, con
concentración de selección gastronómica española, y actividades culturales (con un
tablao flamenco), con horarios ampliados al fin de semana (10 a 24am/2pm), productos
de elevado nivel y no para el consumo cotidiano, mayoritariamente productos gourmet
o de gustos de clase media y alta más sofisticados (ostras, jamón, cervezas, vinos, tapas
de muy diversos productos, paella, quesos, jamón, dulces, etc.), espacio publico no
tanto para la compra diaria como se publicita sino para el ocio y la diversión, orientado
a público turista y gentry, la decoración es de estética refinada, con música ambiente,
que cuentan con actividades programadas culturales y de ocio, con seguridad privada,
control de accesibilidad, disuasión de accesibilidad a clases populares e inmigrantes,
homeless, etc., residentes en el barrio, etc.
En definitiva, es un recurso claramente turístico publicitado en la mayor parte de las
guías turísticas como tal y en su página web y videos promocionales. En su reclamo
utiliza la imagen de que es un espacio de confluencia de población local y turística, pero
en realidad los primeros apenas aparecen por dicho espacio. Como figura en su página
web:
“Son aquellos cuya oferta justifica el desplazamiento hasta el centro de Madrid, pero sin
abandonar su vocación de mercado tradicional enfocado a la compra diaria. Una oferta
vinculada a la calidad, a la frescura, y a la temporalidad de los alimentos, respondiendo al
reciente interés por la Gastronomía que la ha convertido en un auténtico hecho cultural.(…)
Un lugar de encuentro, dirigido al cliente, al profesional, al gourmand, al que busca
información y consejo.(…) (para ello es necesario) “Tener un horario acorde a las actividades
y a las necesidades de los consumidores, es decir, muy amplio” (pag web mercado de San
Miguel).
15
No obstante, si bien es esto lo que sucede en el mercado de San Miguel, existen
diferencias entre ambos mercados, y así la Boquería ha sabido compaginar los públicos
tradicionales con los nuevos públicos y los antiguos comerciantes con los nuevos; sin
embargo, el Mercado de San Miguel es la apuesta por la renovación total con otra
fórmula de negocio que sustituye al antiguo público por los nuevos sectores. Lo que
subyace como factor condicionante es en parte la gestión pública o privada que está en
el fondo de la explicación de parte de sus características y políticas de gestión. En San
Miguel si bien ésta es privada y la orientación comodificadora es la clave; en La
Boquería sin embargo, se mantiene la pervivencia e intereses de la población local a la
par que de la población gentri o turista, en un modelo más sostenible.
La Boquería (www.boqueria.info/index.php?lang=es ) construido en el siglo XIX, ha
sido remodelado en el 2000. Cuenta con un elevado numero de puestos (250) entre
puestos tradicionales y de productos delicatessen. Cada vez cuenta con un mayor
numero de puestos de comercio regentado por inmigrantes. También va apareciendo en
cada vez un mayor número de guías turísticas como espacio de visita inexcusable.
Abundan los puestos que se dirigen a los nuevos clientes: zumos frescos, frutas cortadas
a trozos, platos preparados, dulces, bombones y chocolatines, etc., productos que un
turista puede consumir fácilmente en su visita. Sin por ello, olvidar los tradicionales
puestos de carne, pescado y otros productos de calidad reconocida. Así mismo se
imparten clases de cocina para niños y adultos, y se organizan eventos gastronómicos.
Sus horarios son más amplios que los típicamente comerciales (hasta las 21 horas), de
lunes a sábado. Abre también los lunes, cuando gran parte de los establecimientos
tradicionales cierra, y éste día se ha convertido en el tercer mejor día de la semana en
cuanto a ventas, por detrás del viernes y el sábado, que aglutinan la compras del fin de
semana. La imagen que se proyecta desde su web es colorida, alegre, ordenada,
funcional, preparada para proveer al consumidor de todo tipo de productos, buscando la
sostenibilidad según el Plan Estratégico de Turismo de la Ciudad de 2015. (Crespi &
Domínguez, 2013).
La Boquería no cuenta con horarios ampliados sino adaptados al consumo cotidiano,
con mix de actividades de abastecimiento cotidiano y también haciendo de ésta una
fiesta y un espectáculo para los turistas, con actividades culturales y gastronómicas.
Está orientado sin embargo tanto al vecino tradicional como al turista y gentry.
16
Una y otra formula van dirigidos a uno u otro perfil incentivando una regeneración
urbana del centro más intensiva y acompañando más a la gentrificación y turistificación
en el caso de Madrid que en Barcelona.
Por el contrario lo que dejan atrás es, según un estudio de Mercasa (2008), un tipo de
cliente tradicional que va desapareciendo o al menos que se ve desincentivado a acudir
a estos nuevos espacios públicos. El público del comercio minorista es el de un usuario
de edad avanzada (mayores de 65 años) o bien edad mediana 45 a 65, pero sin embargo
de escasa presencia entre los jóvenes. Mayoritariamente se trata de mujeres, en general
amas de casa que proceden de hogares de mas de tres personas y muy pocos, de hogares
unipersonales. Se trata de un cliente con elevado índice de fidelidad ya que lleva mas de
10 años comprando en este tipo de establecimiento. Suele comprar antes del mediodía,
con preferencia dos días en semana y sobre todo los viernes, y apenas los lunes; suelen
residir en el entorno próximo y su compra dura apenas una hora. Lo que más destacan
es la oferta y variedad de productos así como la cercanía. Las mejoras demandadas son
la mejora y acondicionamiento, los parkings, servicio a domicilio, y el horario de
apertura.
Este seria el usuario del mercado municipal tradicional sin embargo no es el tipo de
población que está presente en los centros urbanos, o no al menos, el público target de
estos nuevas iniciativas empresariales de los mercados de abastos renovados para las
que es más rentable otro tipo de negocios: el publico gentri, el turista, el estudiante de
mas elevado nivel adquisitivo, el businessman (que hace turismo en su tiempo libre),
etc. Así en el centro, contamos con estos sectores de población que conviven con la
población sobreenvejecida de clases populares, mayoritariamente mujeres, así como los
inmigrantes, que se abastecen en sus propios negocios creados.
Estos nuevos espacios configurados como los mercados de abastos renovados junto a las
nuevas iniciativas comerciales, de hostelería, de ocio, culturales, etc. de los centros
urbanos, favorecen e incentivan la presencia de unos sectores sociales mas que de otros,
a quienes rechazan simbólica e identitariamente. Como bien señala Zukin, el shopping
esta ligado a unos sectores (Zukin en Hutchinson 2010) (clases medias, turistas,
hombres de negocios, etc.) y el nivel de precios actúa como elemento expulsor de otros
sectores que se ven apartados de la “fiesta de la compra” (Zukin en Hutchinson 2010).
Así los que acuden a los centros y a los mercados de abastos a comprar, o bien al
espacio publico de encuentro entre los iguales, a disfrutar de la experiencia cultural,
17
gastronómica, etc. buscan una experiencia que les otorgue sentimiento de pertenencia a
la comunidad de los triunfadores de la ciudad. En este sentido y concretamente en la
experiencia de las compras puede decirse que es “como un sueño”. No se compran solo
productos, sino que “se compra la sociabilidad y la comunidad, en un espacio público
donde se sienten a gusto” (Zukin, en Hutchinson 2010). De este modo, en los espacios
públicos comodificados se tejen nuevas formas identitarias que otorgan un halo de
pertenencia a sus usuarios, un reconocerse en los mismos.
Existen además otros mercados en el centro en la línea de éstos, lo cual refuerza la
tendencia a la turistificacion y gentrificacion así como a la privatización y segregación
en los espacios públicos de los mercados de abastos. Así en el caso del resto de
mercados del centro podemos comprobar que son diferenciados y que si bien en Madrid
San Antón, ubicado en el gentrificado y turistificado barrio de Chueca, sobre todo sería
el homónimo de San Miguel, y algunos otros se ven orientados hacia esta fórmula, sin
embargo existen otras experiencias que apuntan a formulas mas similares a las de La
Boquería como el mercado de San Fernando o el de Antón Martin, en Madrid, donde
perviven las formas tradicionales con las innovadoras en una experiencia destacable de
los mercados de Madrid. Sin embargo, lo que se quiere poner de manifiesto es cómo las
fórmulas mas exitosas son las de San Miguel y San Antón, que son las que se
promueven hacia el exterior dinamizando el centro en dicha tendencia de segregación y
privatización del espacio publico.
Por el contrario, para el caso de Barcelona, la Boquería que es el mercado por
excelencia, es la formula destacada que sirve de referencia al resto y provoca una menor
comodificación de los mercados, reforzado en un marco de mayor protección hacia el
pequeño comercio y los mercados de abastos.
18
TablaI.Variablesanalizadasdelespaciopúblicodelmercadodeabastosdecentro.
MadridyBarcelona.2016
VARIABLE
SAN
MIGU
EL
SAN
ANTO
N
SAN
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SI
SI
SI
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NO
VIDEOS
PROMOCIONAL
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OTROS)
PRESENCIA EN
LAS
REDES
SOCIALES
EN CASO DE
SI
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ÑOL
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PÁGINA
WEB, ¿EN QUÉ
IDIOMAS
SE
PROMOCIONA?
ESPAÑOL,
CATALÁN, INGLÉS,
FRANCÉS, OTROS
PRODUCTOS
TRADICIONALE
S
PRODUCTOS
INNOVADORES
PRODUCTOS
DE
OTROS
PAISES
CUENTA CON
RESTAURANTE
S, BARES
CUENTA CON
MEDIANA
SUPERFICIE
CUENTA CON
PARKING
CUENTA CON
WIFI
CUENTA CON
SERVICIO
A
DOMICILIO
HORARIOS
AMPLIADOS
(MAS ALLA DE 8
A 22)
PRESENCIA DE
PUBLICO
TURISTA
PRECIOS
ELEVADOS
PRECIOS
POPULARES
CUENTA CON
ACTIVIDADES
CULTURALES
VARIABLE
ORGANIZA
ACTIVIDADES
LA
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19
MUSICALES
ABRE EL FIN DE
SEMANA
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REMODELADO
EN
CASO
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DE
REMODELACIÓN:_
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2011
INTE
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2011
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2013
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L
2014
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CIAL
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(ALREDE
DORES)
2012
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L
2004
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RAL
2016
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RAL
2007
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L
2013
INTEG
RAL
NO
SI
NO
NO
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SI
NO
NO
SI
SI
SI
NO
SI
SI
SI
SI
SI
SI
__________
¿HA SIDO UNA
REMODELACIÓN
PARCIAL?
¿HA SIDO UNA
REMODELACIÓN
INTEGRAL?
DEMOLICION
PREVIA
ADAPTADO Y
ACCESIBILIDAD
TIPOLOGÍA DE
LA
INSTALACIÓN
¿SE TRATA DE UN
NO
SI
NO
SI
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SI
NO
NO
SI
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SI
SI
SI
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PUB
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PUBLIC
A
PUBLI
CA
PUBLI
CA
PUBLICA
PRIVA
DA
SERVICIO
DE
SEGURIDAD/CAMA
RAS
SI
SI
EDIFICIO
HISTÓRICO,
INTERÉS
ARTÍSTICO?
TIPO
GESTION
DE
Fuente: Crespi y Dominguez (2016)
Conclusiones
Puede concluirse que las transformaciones que el neoliberalismo ha introducido en las
ciudades y particularmente en los centros urbanos han promovido el interés de las
instituciones y el mercado por los nuevos sectores que irrumpen en la ciudad, los
turistas y los gentries, en aras de una maximización del beneficio y la consolidación del
discurso dominante de las clases vencedoras del nuevo orden económico.
De este modo, y a través del análisis de un espacio público como es el generado por los
mercados de abastos transformados en nuevos modelos de comercio, puede
evidenciarse que estos nuevos sectores de la ciudad son el público objetivo que interesa
promocionar y atender en una gran parte de las ciudades.
La transformación de estos espacios públicos incentiva y acompaña al tiempo que
refuerza la tendencia neoliberalizadora en el centro urbano y así en la totalidad de la
ciudad.
20
Estos modelos de transformación de los mercados no son los únicos posibles sino que
hay otras propuestas que hacen del espacio público del mercado publico un espacio
compartido y en el que conviven los sectores tradicionales con los nuevos, provocando
soluciones mas sostenibles.
La ciudad y sus espacios públicos entre los que destacamos el comercio y
concretamente los mercados de abastos, se han visto transformados por las nuevas
demandas del neoliberalismo que de la mano de turistas y gentries presionan para la
comodificación de la éstos. La perdida del sentido de encuentro y relación del espacio
publico es sustituido por la comodificación de éste y así por la apertura de este hacia los
sectores vencedores de la ciudad neoliberal.
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Cambio habitos de compra y ocio en la población local y turista.
Pasión por la
gastronomía, lo ecológico, lo expreincial, lo puro y natural, tourism as a local,etc.
Mercados de abastos del centro de la ciudad, competencia por el corazón de la ciudad
para gentries y turistas, y transformación a espacios privatizados.
Aperturas comerciales del centro y sequia del comercio en la ciudad, la ciudad shopping
centre de la periferia y del centro, turistificacion, el centro como espacio turistificado,
LOS MERCADOS DE ABASTOS Los espacios públicos de los mercados de abastos.
Dudoso que el espacio público del mercado de abastos sea publico pero se justifica.
Pero son espacios que no discriminan al menos en origen.
actualmente.
Pero han cambiado
Segregan y seleccionan por poder adquisitivo, por apariencia, por
simbología cultural, por estilo de vida.
Transsfomracion de los espacios públicos urbanos, concretamnte de los mercados de
abastos, en espacios traspasados por la privatización, la individualización y la
especialización, dejando de servir como espacios vertebradores de la vida urbana para
ser espcios segregados apropiados por determoinados sectores de la ciudad exlcuyendo
a otros. Incluyendo a los sectores triunfaodres del nuevo orden neoliberal urbano ,
clases medias y turistas, y exlcuyendo a los perdedores, clases populares, inmigrantes,
etc.
Matización existen formulas distintas.
Mercados de abastos trnasfomados
neoliberalizados sam miugel o san anton. y las formulas mixtas que permiten la
pervivenica de culturas e identidaes san Fernando anton martin, la boqueria, etc.
El mercado de mostenses no recibió subvecnion alguna, el mercado de san anton el de
costo mas elevado financiado se ha visto transfomrado y de sus anteriores comerciantes
solamente quedan dos. El mercado es mercado gourmet con precios elevados y un
supercor, restaurante, y zonas de tapas orinetado a los nuveos publcios señalados. En el
total de mercados la inversión municipal ha existido pero ha sido escasa. Mercado de la
cebada? Mercado anton martin? San Fernando?
23
Nuevas formulas: santa Isabel chamartin, la platea barrio salamanca, san Ildefonso en
Fuencarral, etc.
24
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