Num092 022

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Los referendos
sobre la
televisión en
Italia.
Un triunfo a
medias de
Silvio
Berlusconi
COMUNICACIÓN
JUSTINO
SINOVA
L
os italianos han dado
un espaldarazo a la
televisión privada y han
condenado a la televisión
pública en unos singulares referendos
celebrados el domingo 12 de
junio. En términos generales,
aprobaron que un particular
pueda ser propietario de más de un
canal de televisión y que pueda
interrumpir con publicidad la
emisión de una película, al tiempo
que se pronunciaron en favor de la
privatización de la televisión pública.
Silvio Berlus-coni, el empresario
italiano por excelencia de la
televisión privada, fue saludado
como el gran triunfador de la
consulta. No obstante, toda esta
historia está llena de matices.
Los referendos sobre la televisión
fueron cuatro, incluidos en una larga
lista de doce entre los que había
también cuestiones relacionadas
con los sindicatos, la ley electoral
y los horarios comerciales. El
resultado fue en ellos muy ajustado:
«En términos generales,
aprobaron que un
particular pueda ser
propietario de más de un
canal de televisión y que
pueda interrumpir con
publicidad la emisión de
una película, al tiempo
que se pronunciaron en
favor de la privatización
de la televisión pública.»
— en el quinto, el 54,9 por cien
to votó sí a la privatización total
o parcial de las tres cadenas de
la RAÍ, la televisión pública,
mientras el 45,1 por ciento apos
tó por la actual configuración,
— en el décimo, el 57 por ciento
se opuso a que se limite a un
particular la posibilidad de poseer
más de un canal de televisión,
— en el undécimo, el 55,7 por
ciento se opuso a la prohibición
de los cortes publicitarios en la
emisión de películas,
— en el duodécimo, el 56,4 por
ciento negó su conformidad a
que se prohibiera que una socie
dad publicitaria pueda trabajar
para más de una televisión.
Se puede decir que los italianos
mostraron su preferencia por la
gestión de las empresas privadas y su
desconfianza por la televisión
gubernamental y política, que así
es también en Italia la televisión
pública, aunque sin consagrar el
"duopolio" en que se ha convertido
el sistema de televisión italiano, con
una gran cadena de tres emisoras
públicas y una gran cadena de tres
emisoras privadas, todas ellas en
manos de Berlusconi. Y ello pese
a la intervención distorsionada del
imperio Berlusconi en la consulta.
En efecto, las tres televisiones del
magnate —Gánale 5, Italia 1 y Rete
4— actuaron de manera partidista
durante la campaña de los
referendos, insistiendo en favor de los
intereses de Berlus-coni y castigando
a los defensores de la opción
contraria. Emitieron 520 anuncios
en pro del "no" y sólo 42 en favor
del "sí", los primeros sumaron 313
minutos y los segundos solamente 21.
Es decir, las televisiones de
Berlusconi, cuyo futuro dependía de la
consulta popular, jugaron descarada
y demagógicamente en defensa
propia, pero lesionando las reglas
del juego limpio democrático.
«Se puede decir que los
italianos mostraron su
preferencia por la gestión
de las empresas privadas y
su desconfianza por la
televisión gubernamental
y política.»
¿Habría sido otro el resultado si el
imperio Berlusconi se hubiera
comportado de manera imparcial,
democráticamente imparcial? Esta
es lógicamente una pregunta sin
respuesta que deja abiertas muchas
posibilidades, desde la de valorar
que algunos estudios afirman que
sólo el 5 por ciento de los
votantes son influidos por las
campañas hasta la de sostener, como
otros parecen demostrar, que las
campañas tienen una influencia
decisiva cuando interviene en
ellas con insistencia la televisión.
Pero lo que sí está claro es que
Berlusconi se ha comportado una
vez más como un manipulador de las
gentes. Cuando accedió a la
Presidencia del Gobierno, no tuvo el
menor reparo en cercar a sus
conciudadanos con sus tres emisoras
de televisión y las otras tres cadenas
públicas, constituyendo de hecho
un imperio totalizador de dominación de las conciencias. Berlusconi
desmiente con los hechos las
maneras del empresario de la
televisión privada que parecía que
iba a ser, del empresario ideal
de la televisión privada que no
ha de ser un hombre obsesionado
por el control sino por el juego de la
competencia. Al fin y al cabo, el
mejor valor de la televisión privada
es servir de émulo de la pública,
para racionalizarla, para mejorarla
y para liberar a los ciudadanos de su
control. Pero Berlusconi lo que
quiere es sustituir el control de la
pública por su propio control y, una
vez en el poder, convertir ese
control en un control total.
Berlusconi, que es el gran
favorecido por los cuatro referendos
sobre la televisión, no ha
conseguido, sin embargo, carta
blanca para seguir haciendo y
deshaciendo a su antojo. El hecho
de que el 57% de los votantes no
quiera poner límites a que una
misma persona posea más de
una emisora de televisión no
quiere decir necesariamente que
respalde el actual imperio
Berlusconi, que agrupa a las tres
mayores emisoras privadas. Por el
contrario, el resultado de esta
consulta no contradice ni, por
supuesto, puede anular la
sentencia
del
Tribunal
Constitucional italiano que pone a
Berlusconi ante la necesidad
de desprenderse de una cadena. El
presidente
de
la
Corte
Constitucional,
Antonio
Baldassarre,
subrayó
la
vigencia de dicha decisión al
recordar al día siguiente del
referéndum que "sigue firme la
sentencia según la cual la posesión
por parte de un particular de tres
cadenas de televisión sobre un total
de doce va en contra del principio
general del pluralismo". Así que Berlusconi ha ganado, pero no hasta el
punto de poder mantener su actual
influencia mediática, que habrá de
reducir sin excusa.
Los pronunciamientos de los italianos
hay que interpretarlos como una
manifestación matizada en favor de
los contrapesos. Defienden la
televisión privada —hasta aceptar
los molestos cortes para emitir
anuncios
y
una
cuestión
empresarial sobre la publicidad que
el gran público desconoce en su
pormenor— pero no dan su pleno
consentimiento a una consagración
del actual sistema, y desean una
reducción de la televisión pública, el
antiguo monopolio. Su votación
parece mostrar el deseo de
impedir los controles públicos,
tantas veces trastocados en
políticos, sobre los particulares, tan
frecuentes y tan dis-torsionadores en
el campo de la comunicación
colectiva.
Como siempre, las cosas de la
política italiana están llenas de
matices. Pero allí han tenido el
valor de plantear una cuestión
importantísima de la sociedad
civilizada de finales de siglo y el
resultado apunta que el deseo
mayoritario está más cerca de la
televisión privada, con todos sus
defectos, que de la pública, de la
libertad con sus riesgos, incluido el
abuso de un empresario, que del
control.
Han
establecido
también un precedente muy
valioso, para España sin ir más
COMUNICACIÓN
« Las tres televisiones del
magnate Berlusconi
emitieron 520 anuncios en
pro del "no" y sólo 42 en
favor del "sí"; los
primeros sumaron 313
minutos y los segundos
solamente 21.»
lejos. ¿Estaría dispuesta nuestra
Administración a pasar por esa
prueba, cuando en España no hay
ni una, ni dos, ni tres televisiones
públicas, sino hasta diez entre
estatales y autonómicas? Me temo
que, de momento, no. Los
gobernantes españoles han imitado
algunos de los comportamientos
más
rechazables
de
los
gobernantes italianos, pero no los
creo muy dispuestos a emular
sus virtudes, esas que despuntan
entre su crisis y que les ayudan a
navegar por ella.
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