MUJERES Y CÍRCULO DE LA POBREZA, APORTES DESDE LA MICROFUNDAMENTACIÓN Judith Muñoz Saavedra [email protected] GSADI Universitat Autònoma de Barcelona Resumen Esta comunicación busca introducir una perspectiva analítica que permita encontrar algunos microfundamentos a un problema macro: la aguda desigualdad de las mujeres en sectores empobrecidos y su dificultad para romper con el círculo de la pobreza. Para ello en primer lugar, se fundamentará desde la teoría de las capacidades básicas como se conforman las preferencias en condiciones de gran adversidad o incapacidades insuperables y se analizará la percepción subjetiva de las mujeres desde la objetividad posicional y el principio de realidad. A continuación ,y considerando los datos de un estudio cualitativo longitudinal desarrollado en la ciudad de Viña del Mar -Chile-, se describirá el conjunto de oportunidades de un grupo de mujeres en situación de pobreza o los aspectos generales y particulares del contexto que restringen sus posibilidades y les impiden desarrollar plenamente su capacidad de agencia. Finalmente, se identificarán 4 disonancias cognitivas (o inconsistencias agudas entre creencias, o entre creencias y preferencias) a las que se ven expuestas y algunos de los patrones regulares o mecanismos psicosociales que podrían operar de forma subyacente. Todo ello, con el fin de encontrar respuestas inteligibles al por qué de sus decisiones y algunos elementos explicativos respecto de la forma en que estas mujeres enfrentan sus precarias condiciones de vida. Lo que, en definitiva, facilita la comprensión de su situación y permite identificar las posibilidades reales y los obstáculos objetivos que tienen para romper el círculo de pobreza. Palabras claves: Mujeres, pobreza, disonancias, mecanismos 1.- Introducción Según una reciente encuesta realizada por el Centro de Estudios Públicos de Chile (CEP)1, un 41% de las personas entrevistadas consideraba que la “flojera” (pereza) y la falta de iniciativa era una de las principales causas de la pobreza en el país. También señalaban que el éxito económico de una persona dependía del trabajo responsable (42%) y de la iniciativa individual (34%). Estas percepciones contrastan con las repuestas a otra de las preguntas de la misma encuesta, en la que se consultaba sobre la forma en que el estado debía apoyar a las personas en situación de pobreza. En este caso, un 85,8% de la muestra consideraba que el estado tenía que realizar programas para mejorar las capacidades (y oportunidades) como la educación o formación. Estos datos muestran la alta presencia en la opinión pública del estereotipo2 de que los pobres son vagos y que, por lo tanto, son culpables de su pobreza. La situación es paradojal, porque el modelo económico chileno es escasamente redistributivo y se caracteriza por la alta concentración de la riqueza3.Sin embargo, los datos también ponen en evidencia que la ciudadanía reconoce la existencia de inequidades en el acceso al sistema educativo y que demanda políticas que mejoren esta situación. En una primera lectura estas dos percepciones pueden resultar contradictorias. Si los pobres son culpables de su pobreza, ¿por qué se demanda al Estado mejorar el acceso y la equidad educativa? Si lo pobres carecen de iniciativa, ¿para qué ofrecerles oportunidades de formación o capacitación? No obstante, la convivencia de estas visiones discrepantes está muy extendida y, también, se puede observar en los supuestos que operan en el diseño de políticas sociales destinadas a la superación de la pobreza. En el caso de las mujeres, los programas sociales que buscan fortalecer la autonomía y el empoderamiento económico suelen operar con esta doble mirada. En los microcréditos, por ejemplo, se fomenta la formación y capacitación de las mujeres 1 Datos del Estudio Nacional de Opinión Pública N° 75. Realizado por el Centro de Estudios Públicos (CEP) sobre 1.449 personas entrevistadas en 134 comunas del país. Publicado el 16 de Noviembre de 2015. 2 La tradición peyorativa que culpa a los pobres de su pobreza está presente en los estudios sociales desde el siglo XIX. Está corriente, se acentuó en los años 60, con la popularización del concepto de cultura de la pobreza (Lewis 1967). Autores como Glazer, 1963; Moynihan, 1963; Frazier, 1966 buscaron explicar las causas de la pobreza a partir de factores como la denigración moral de la clase baja. 3 En efecto, Chile, es el país con el mayor nivel de desigualdad en la distribución de ingresos y el peor índice de Gini entre todos los estados miembros de la OCDE pobres como estrategia de igualdad de oportunidades y desarrollo de capacidades. De esta manera, se intenta corregir algunos de los déficits del sistema económico y educativo. Sin embargo, los programas sancionan implícitamente a aquellas mujeres que, una vez hecha la formación, no desarrollan un proyecto de emprendimiento productivo exitoso o que utilizan el dinero del microcrédito para cubrir otras necesidades. Esta situación no deja de ser una expresión de la falsa dicotomía entre buenos y malos pobres (Sales, 2014:13). Donde las buenas usuarias serían aquellas mujeres emprendedoras exitosas, propensas al riesgo y capaces de maximizar la utilidad propia. Mientras que las malas pobres serían aquellas que no aprovechan las oportunidades y prestaciones que les ofrece el programa o que fracasan en el proyecto emprendedor o que gastan el dinero del microcrédito en juguetes o comida para sus hijos e hijas. De esta manera, los programas de micro emprendimiento no admiten fallos en la racionalidad o decisiones que no maximicen la utilidad económica. Tampoco, reconocen en las mujeres un actor intencional capaz de comportarse de acuerdo a sus preferencias, cuando tales preferencias no son coincidentes con el principio de la maximización económica (Gambetta, 1996) Aun cuando, la mayoría de estos programas se enmarca en políticas más amplias4, en el diseño de las estrategias de empleabilidad subyacen algunos de los supuestos de la teoría económica neoclásica y se da por hecho que las usuarias responderán como agentes económicos racionales, actores unitarios, con intereses propios y preferencias inmutables (Elster, 1997:37). De esta forma, las políticas de empleo (o autoempleo) dirigidas a las mujeres pobres basan su éxito en que adopten un comportamiento racional estándar, sin considerar que sus acciones- decisiones son complejas y están circunscritas dentro de sistemas interactivos (Boudon, 1981). En general, este tipo de políticas, no prevén la influencia del conjunto de oportunidades en la formación de preferencias de las mujeres y no asignan relevancia a los factores que 4 En el periodo de estudio (2005-2015), la principal política para la superación de la pobreza extrema fue el sistema Chile Solidario -y el programa Puente-. Fue creado el año 2002 para organizar y coordinar programas y servicios sociales existentes y asegurar el acceso preferente a sus usuarios. El foco de intervención del programa Puente es la familia, la cual debe alcanzar 53 condiciones mínimas de calidad de vida, consideradas cómo los umbrales mínimos de satisfacción. A cambio, las familias, reciben acompañamiento psicosocial, bonos de protección (transferencias monetarias directas de carácter decreciente) subsidios monetarios del estado garantizados y acceso preferente a programas de formación y capacitación. les restan capacidad de agencia como: la doble jornada, las desigualdades al interior de la unidad familiar y las responsabilidades en la crianza y el cuidado. Un ejemplo paradigmático es el caso de los programas de empoderamiento económico que se acompañan de acciones de empoderamiento personal: talleres de autoestima, liderazgo, participación. Donde, a este sesgo economicista se suma la falta de atención sobre los costos personales y emocionales que puede tener para una mujer el incremento de la capacidad de agencia en sectores con arraigadas desigualdades de género (Zabala, 2013). Tampoco se consideran medidas compensatorias que contrarresten la frustración o la perdida de bienestar, que puede ocurrir, cuando hay un incremento en la agencia, pero no hay cambios significativos sobre el conjunto de oportunidades (Pereira, 2007). Y aunque algunas mujeres no respondan según lo esperado, el diseño de la política no permite preguntarse por las causas de estos fallos o dedicar tiempo a entender las razones que poseen las usuarias para elegir un curso de acción diferente al esperado. El reduccionismo economicista de estas políticas y el frame del mal pobre actúan proporcionando explicaciones espurias que soslayan la importancia de los aspectos cognitivos, emocionales y psicosociales que operan en la vida diaria de estas mujeres. Porque, en consonancia con el modelo económico estándar, las creencias y los procesos de formación de preferencias de las mujeres pobres se consideran independientes de las condiciones objetivas que restringen sus posibilidades de acción (Lizón, 2007). La falta de atención sobre estos aspectos puede disminuir la eficacia de una política antipobreza o hacer fracasar los programas sociales. Si bien, existen abundantes investigaciones sobre procesos de empobrecimiento femenino, la mayoría se realiza desde perspectivas macro y en base a correlaciones estadísticas. Es por ello, que la propuesta que se reseña en esta comunicación intenta introducir una perspectiva de micro-fundamentación a un problema macro: la aguda desigualdad de las mujeres en sectores empobrecidos y su dificultad para romper con el círculo de la pobreza. La propuesta busca plantear algunos elementos conceptuales desde la teoría de capacidades básicas para describir como se forman las preferencias en condiciones de gran adversidad. Lo que permitirá introducir una perspectiva de análisis micro que facilite identificar algunas de las disonancias cognitivas a las que pueden verse expuestas las mujeres en situación de pobreza y los mecanismos psicosociales (de huida, adaptación de preferencias, o principio de realidad5) que emplean para reducir los desequilibrios a los que están expuestas y que les facilitan enfrentar la vida con cierta tranquilidad emotiva. De esta manera la explicación por mecanismos puede permitir hacer inteligible algunas de las múltiples respuestas de las mujeres a su situación de pobreza, especialmente cuando existen explicaciones espurias o cuando estos casos no se puedan explicar desde la generalización. Para avanzar en el análisis explicativo de estas cuestiones se presentará un esbozo de la teoría de las capacidades de Sen (1990, 1992, 1993) junto a aportaciones de Nussbaum (2002, 2007). A continuación, se introducirá el enfoque de la explicación por mecanismos (Boudon 1981, Elster 1996, Lizón 2007). Los aspectos teóricos se entrelazarán con algunos datos extraídos de la primera parte de una investigación longitudinal de panel en curso. Un estudio cualitativo de caso que se desarrolla de la ciudad de Viña del Mar- Chile en 2 momentos temporales (2005 y 2017) y en el que se realizan entrevistas en profundidad a 12 mujeres en situación de pobreza, de entre 18 y 60 años y con hijos e hijas menores a su cargo. 2.-Las mujeres, el enfoque de las capacidades y la formación de preferencias en condiciones de pobreza La teoría de las capacidades humanas de Amartya Sen (1992) ofrece un marco interpretativo para entender cómo la pobreza se agudiza en las mujeres. Y, a su vez, al plantear una perspectiva multidimensional del fenómeno facilita observar, de manera aplicada, como la carencia monetaria se conjuga con las distintas privaciones o carencia de capacidades desde la dotación inicial hasta la capacidad de realización futura. El autor plantea una teoría de la justicia que tiene como fin el desarrollo de las capacidades humanas, que son los recursos y aptitudes que posibilitan a las personas llevar la vida que valoran y desean, y que permiten no sólo hacer sino ser, es decir, ejercer libertad (autonomía) para operar como verdaderos agentes participativos en la vida social. Freud distingue 3 formas básicas de motivación humana: el ello, el yo y el superyó. “Correspondientes al principio de placer, al principio de realidad y la conciencia respectivamente” El Yo (realismo) “se defiende en vano de las insinuaciones del ello asesino y de los reproches de la conciencia moral y castigadora” (Elster 2010:98) 5 De esta manera, el enfoque de Sen sitúa la capacidad de acción humana o human agency en el centro del desarrollo. Desde su perspectiva el desarrollo se considera como el proceso de expansión de las libertades reales de las que disfrutan las personas. “Y la vida, puede considerarse como un conjunto de funcionamientos interrelacionados, consistentes en estados y acciones. La realización de una persona puede entenderse como el vector de sus funcionamientos6” (Sen 1992:53), ya que ellos pueden abarcar desde cosas tan elementales como tener buena salud, hasta realizaciones más complejas como ser feliz. En estrecha relación con la noción de funcionamiento, Sen desarrolla la idea de “la capacidad de funcionar”, con la que se refiere a la libertad real que posee cada persona para alcanzar aquello que tiene razones para valorar y que le permite funcionar en la vida. Las capacidades para realizar las funciones que se valoran se traducen en “un conjunto de vectores de funcionamiento que reflejan la libertad del individuo para llevar un tipo de vida u otro” (Sen 1992: 54). De allí que el “conjunto de capacidad en el ámbito de funcionamiento refleja la libertad de la persona para elegir entre posibles modos de vida” (Sen 1992:54). De esta forma, a la hora de garantizar la libertad real e igualdad de todos los individuos, es relevante asegurar los recursos materiales pero es aún más importante asegurar una igualdad en capacidades que permita a cada persona transformar esos recursos materiales en libertades reales. Con este planteamiento Sen difiere de la forma más tradicional de tratar la igualdad a partir de variables tales como los ingresos, riqueza o felicidad e introduce una visión novedosa respecto de los enfoques utilitaristas y otras formulaciones de bienestar que consideran importante en última instancia la utilidad individual definida a partir de características interiores como el placer, deseo o la felicidad. Y afirma que: “La perspectiva de la capacidad es más sensible que el enfoque de la utilidad ante los problemas que plantean las privaciones arraigadas, que pueden llevar a ajustes defensivos de los deseos y las esperanzas” (Sen 1992: 22). Al respecto Sen señala: “En situaciones en que la adversidad o la privación son permanentes las victimas pueden dejar de protestar y quejarse, e incluso es posible que les falte el incentivo para desear siquiera un cambio radical en sus circunstancias. De hecho, como norma de vida 6 El vector de capacidades refiere a las posibilidades disponibles para el agente. Mientras que, el vector de funcionamiento refiere al logro efectivo o posibilidades que el agente puede alcanzar. quizás sea más sensato el acomodarse a circunstancias de irremediable adversidad, el disfrutar de los pequeño respiros que se nos brinden y así dejar de anhelar lo imposible o improbable” (1992:19) Con estos argumentos Sen llama la atención sobre el problema del ajuste de deseos en sectores empobrecidos y aboga por un enfoque de capacidades que permita generar procesos de expansión de libertades y autonomía. En esta misma línea, se sitúa Marta Nussbaum (2002) quien desarrolla ampliamente la teoría de las capacidades y sus implicaciones para las mujeres. La autora, además, argumenta que un enfoque basado en capacidades es superior a los enfoques fundados en el bienestar subjetivo7 para enfrentar el problema de la adaptación de preferencias de las mujeres. A su juicio, el enfoque que mejor permite reconocer y enfrentar el problema de la discriminación de las mujeres y que, a su vez, aporta la idea de un mínimo social básico de justicia, es el enfoque basado en las capacidades humanas: "aquello que la gente es realmente capaz de hacer y de ser, de acuerdo a una idea intuitiva de la vida que corresponda a la dignidad de un ser humano" (Nussbaum 2002:32) Una de las razones por las que Nussbaum considera que el enfoque de las capacidades es superior a las concepciones de bienestar subjetivo, es porque estas últimas no acaban de enfrentar el problema de la deformación y adaptación de las preferencias a las condiciones de vida y al conjunto de oportunidades, tal y como es percibido por una mujer. En efecto, “el problema de la deformación de preferencias hace inaceptable el enfoque bienestarista como fundamento para una teoría normativa de los principios políticos” (Nussbaum 2002:36). Algo que se hace especialmente evidente en el caso de las mujeres de sectores empobrecidos porque dadas las arraigadas carencias las preferencias pueden ser distorsionadas y no considerar muchas situaciones de abuso como intolerables, sino como algo que forma parte de su destino: “el hábito, el miedo, las bajas expectativas y las condiciones injustas de fondo deforman la elección de la gente e incluso sus deseos” (2002:165) Si bien Nussbaum y Sen atribuyen al desarrollo de las capacidades un papel trascendental para evitar que los deseos se ajusten a la privación también se ha de considerar que el incremento de la agencia en contextos sexistas, con arraigados roles de Al respecto Nussbaum señala que el bienestar subjetivo es “la idea según la cual la base para la elección social, el bienestar, debe ser percibido por cada persona” (2002: 35-36). 7 género y donde se acostumbra a tratar a las mujeres como medio para el desarrollo de las capacidades de otros, y no como fines (Nussbaum 2002, 2007), es un proceso complejo y puede ser en extremo costoso. Al respecto Zabala (2013) señala que el empoderamiento: “Implica que las mujeres definan sus intereses y necesidades frente a los intereses y necesidades de otros, por ejemplo, de sus familias. Esto puede resultar conflictivo y doloroso porque rompe la idea de consenso y de intereses y necesidades compartidos y supone negociar los propios puntos de vista. Por eso resulta fundamental el convencimiento de cada mujer sobre las propias necesidades e intereses y el conocimiento de los costes que puede tener el perseguir los propios logros.” (2013:10) Junto a los costos de los procesos autonomía y a los conflictos que se pueden dar al interior de la familia Sen (1990), el incremento de la agencia de las personas en situación de pobreza también las puede exponer a un aumento de la frustración y, por ende, a la disminución del bienestar8 emotivo (Pereira: 2007). Ello, porque si se incrementa la capacidad de reflexión y de autonomía pero no se modifica el conjunto de oportunidades disponibles, probablemente se desarrolle un proceso de aumento de la disonancia entre lo que se quiere y lo que se puede. En la investigación en curso se ha observado que el conjunto de oportunidades es percibido por cada una de las mujeres de manera subjetiva, ellas conceptualizan sus deseos o necesidades de acuerdo a la propia percepción del mundo que les toca vivir, de forma tal que, incluso aquellas necesidades que podrían considerarse “objetivas”, son evaluadas a partir de su propio contexto. La percepción es subjetiva porque a pesar de que existen indicadores de pobreza objetivos, como sucede por ejemplo con la canasta básica de alimentos, en los sectores de pobreza extrema las personas, muchas veces, no pueden contar de forma natural y espontánea con alcanzar ese nivel. De allí que para tener una mejor comprensión de las grandes disonancias a las que se ven expuestas las mujeres parezca necesario agregar una reflexión sobre la objetividad y la subjetividad. 2.1 La objetividad posicional 8 En el planteamiento general de Sen (1992) el bien-estar se define dentro de una lógica de medios y fines, y la conducta se basa en la optimización del propio beneficio Para Sen (1993) la objetividad depende de la posición espacial, sicológica, moral, del agente. El autor utiliza el concepto de “objetividad posicional” (positional objectivity) para explicar cómo las circunstancias que rodean a un sujeto pueden incidir en su percepción de la realidad. “Lo que observamos depende de nuestra posición vis-à-vis de los objetos de observación. Y en lo que decidimos creer está influenciado por lo que observamos” (Sen, 1993: 126). La objetividad es posicional porque se adquiere desde algún lugar determinado (a view from somewhere), en oposición a la objetividad que usualmente implica la ausencia de perspectiva (a view from nowhere)9. Entonces, la percepción del conjunto de oportunidad de una mujer puede ser subjetiva pero está estrechamente ligada a la posición que ella ocupe. Por tanto, es una percepción objetiva desde su posición. Así, los sujetos que comparten una misma posición social, sicológica y moral, pueden percibir su realidad de manera más o menos similar. En el caso de la mujeres del estudio, por ejemplo, que comparten posición y tienen circunstancias similares de vida pueden percibir los requisitos de ingreso al mercado laboral más exigentes de lo que en realidad son, y así, dejar de intentar incorporarse al trabajo “formal” convencidas que “no van a ser capaces” de desarrollarlos o de que “no van a cogerlas”. Pero, la objetividad posicional no implica ni subjetivismo radical ni objetivismo incondicional esto es, que cualquier tipo de percepción individual sea “objetiva” puesto que es necesario considerar parámetros posicionales, por ejemplo: el número de cargas familiares, el nivel de estudios, el peso atribuido a los roles tradicionales de género. La objetividad posicional es diferente a la verdad, pero es un primer paso hacia la objetivación. Para fijar los parámetros posicionales es necesario recurrir a la intersubjetividad y a la transposicionalidad (Sen, 1990-1993). Por tanto para entender la visión de la otra persona es necesario colocarse en su posición. Y si desde posiciones diferentes se llega a conclusiones similares, es un signo de que se está avanzando hacia la objetividad transposicional y hacia la verdad intersubjetiva 2.2 La distorsión de la visión subjetiva del conjunto de oportunidad dada la objetividad posicional 9 Es posible por ejemplo, que en un eclipse un individuo pueda ver la luna de mayor tamaño que el sol, dependiendo de la posición espacial o del lugar desde el que observe. Por lo que desde una determinada posición objetiva él podría afirmar que la luna parece más grande que el sol. En caso de restricción extrema, la visión subjetiva hace más estrecho el conjunto de oportunidades. En efecto, en condiciones de extrema pobreza las personas que no consiguen desarrollar las capacidades para lograr los funcionamientos que valoran pueden intentar mantener su estabilidad sicológica minimizando sus objetivos y colocándolos en un punto tan bajo como sea necesario para que les sean asequibles. La percepción subjetiva entonces, se va adaptando en función de las restricciones que escapan al control del individuo. El proceso de ajuste defensivo de deseos que explica Sen (2002) es similar al fenómeno de uvas amargas que describe Elster (1988, 1997) para referirse a la formación o cambio de preferencias adaptativas. Frente a las apetitosas uvas que cuelgan de un árbol, la zorra tiene 2 opciones: o alejarse triste y frustrada por no poder alcanzarlas o marcharse tranquila porque las uvas son amargas, y por tanto, no forman parte de su conjunto de elección. Mientras que, la idea de que la posición desde la cual una persona observa la realidad condiciona sus creencias, refuerza la tesis de Elster de concebir “las preferencias como conformadas o modeladas causalmente por la situación” (1988:176), en este caso, en condiciones de clara precariedad. Si bien, en los sectores empobrecidos algunas necesidades podrían considerarse objetivas, las mujeres las evalúan desde su posición y aunque existan estándares para determinar mínimos objetivos, hay personas que ni siquiera se creen en posición de alcanzar esos niveles mínimos. Como la zorra, que si delimita sus preferencias en función de sus posibilidades, la objetividad estará en función de su posición respecto de las uvas. Elster señala que la idea de las uvas amargas “parece tan importante para comprender la conducta individual como para concebir esquemas de justicia social” (1988:160). En este último aspecto coincide con Nussbaum (2007) y Sen (2002). Mientras Nussbaum aboga por que los poderes públicos garanticen condiciones materiales para el ejercicio de las libertades; Sen señala que es necesario que la percepción subjetiva sea contrarrestada por instancias sociales con perspectivas más amplias. Esto supone objetivar la percepción subjetiva a través de leyes, políticas públicas y sociales que establezcan parámetros de justicia y calidad de vida, para todos los seres humanos. 3.- La explicación por mecanismos El enfoque teórico-metodológico basado en los mecanismos sociales tiene una larga historia en Sociología pero su sistematización la realizó Jon Elster. Actualmente distintos autores recogen y utilizan ésta estrategia explicativa en las ciencias sociales (Schelling 1989, Gambetta 1998, Kuran 1995, Boudon 1981 etc.) Ante la ausencia de leyes generales y las malas estadísticas que impiden explicar la realidad social, los mecanismos permiten observar patrones (no de ley) o secuencias causales cuya mayor utilidad radica en que al conocerlos se pueden establecer enunciados relacionales en determinadas condiciones de existencia, lo que resulta mucho más informativo que las simples correlaciones estadísticas que abundan en los estudios aplicados (Lizón, 2007). La utilización de los mecanismos, como estrategia explicativa, resulta de utilidad en esta investigación puesto que permite conocer la perspectiva micro de un problema macro. De acuerdo con Boudon (1981) y la tesis de la micro- fundamentación, la cual propone que los problemas a nivel macro se resuelven a nivel micro (que es donde se encuentran patrones o mecanismos que permiten cierta generalización) al no ser posible realizar generalizaciones a nivel macro (leyes universales explicativas) no es posible leer en clave macro un esquema de acción intencional o micro. Sin embargo, es posible leer en clave micro un macroefecto o macrofenómeno al considerarlo una consecuencia lateral y latente de fenómenos intencionales subyacentes. Es por esto, que se considera que el comportamiento de los actores ha de explicarse prioritariamente partiendo de sistemas interactivos formados por agentes intencionales autónomos en sus decisiones, pero constreñidos por su entorno. En lo que respecta a la investigación aplicada sobre Mujeres y Pobreza, este planteamiento servirá para, una vez identificado el conjunto de oportunidad de las mujeres, intentar un análisis micro, buscando: (1) identificar patrones regulares micro (2) que sean reconocibles en varias situaciones y (3) que ofrezcan una respuesta inteligible a la pregunta ¿Por qué hacen lo que hacen? o ¿Por qué creen lo que creen? Dentro del contexto, más amplio, del enfoque de los mecanismos, la propuesta de Jon Elster (1993, 1996, 1998) se caracteriza por la búsqueda de un tipo de explicación intencional-causal, que presupone el individualismo metodológico y utiliza mecanismos explicativos como estrategia analítica fundamental. Los mecanismos constituyen un punto intermedio entre leyes y descripciones. Se trata de historias causales plausibles que reducen la distancia entre el explanans o condiciones explicativas y el explanandum o lo que se explica. En la medida en que la causación social se apoya sobre hechos relativos a la agencia o acción humana, los mecanismos explicativos más pertinentes serían generalmente intencionales o relativos a la acción humana con significado o sentido 4.- El conjunto de oportunidades y la formación o deformación de preferencias En el planteamiento general de Elster (1996), una acción puede explicarse como el resultado de dos operaciones sucesivas de filtración: la primera operación está dada por el conjunto de oportunidad, que recoge aquellas acciones realmente asequibles al sujeto dadas las restricciones reales; la segunda operación de filtración contempla los mecanismos de elección que determinan la ejecución de una acción, entre las alternativas que restan posibles dentro de las restricciones del conjunto de oportunidad. “El primer filtro está compuesto por todas las restricciones físicas, económicas, legales y psicológicas que enfrenta un individuo. Las acciones coherentes con estas restricciones forman el conjunto de oportunidad. El segundo filtro es un mecanismo que determina qué acción que está dentro del conjunto de oportunidad será realizado realmente”. (1996:23) En esta comunicación, se ha considerado describir el conjunto de oportunidades y el círculo de la pobreza que viven las mujeres a partir de 4 variables interpretativas: Género, Pobreza, tiempo y Trabajo atendiendo a que la operación de estas variables interrelacionadas provoca una aguda acumulación de desventajas para las mujeres, que las hace más vulnerables para caer y permanecer en la pobreza y a la vez las expone a la privación de capacidades básicas. Según autoras como Valdés (1987), Rackzynski (1985), Andrade (2000), en los sectores empobrecidos de Chile la división sexual del trabajo es aún más categórica. La mujer es la encargada de la reproducción y el hombre es el proveedor. En ella recaen la responsabilidad del trabajo doméstico y las tareas de cuidado, de maximizar el consumo, de establecer y encontrar ayuda social y de desarrollar estrategias de supervivencia. En estas condiciones, la necesidad de percibir ingresos para subsistir les obliga a ingresar en el mercado laboral desde una situación de desventaja personal y estructural en el cual el trabajo que puede conciliarse es escaso y generalmente precario: mal remunerados, inestables, inseguros y sin protección. De no ingresar en el mercado laboral, se incrementa su la falta de autonomía económica, dada su imposibilidad de generar ingresos propios, situación que las que coloca en una posición aún más vulnerable y agudiza su pobreza. Las condiciones de vida legitiman así la doble jornada o doble presencia, naturalizan el trabajo gratuito y la ausencia de un proyecto y alternativas propias, distintas a las necesidades de supervivencia y de reproducción familiar y comunitaria. En consecuencia, el restringido conjunto de oportunidades de las mujeres disminuye sus posibilidades de elección autónoma. En estas condiciones de extrema precariedad o constricciones fuertes las creencias se forman (o deforman) de manera no conmensurada a las posibilidades y necesidades. Pueden darse desfases entre lo que se cree que afectivamente se necesita y lo que se puede alcanzar o, por el contrario, disminuir el nivel de necesidades bajando con ello el nivel de expectativas y, por consiguiente el nivel de posibilidad (subjetiva) para luchar contra la adversidad. El triángulo elsteriano de la decisión está integrado por deseos, creencias y acción (Elster, 1997). Los deseos generan la pulsión a la acción (lo que se quiere conseguir) y las creencias acerca de sus posibilidades marcan su conjunto de oportunidad. De particular importancia aquí, sería distinguir, que el sujeto no sólo debe tener la oportunidad, sino también creer que la tiene, ya que sólo de ese modo la incorporará o descartará de su conjunto de oportunidad: “Lo que explica la acción son los deseos de las personas junto con sus creencias acerca de sus oportunidades. Como las creencias pueden ser erradas, la distinción no es trivial. Las personas pueden no tener conciencia de ciertas oportunidades y por lo mismo no elegir el mejor medio disponible para realizar su deseo. Por el contrario si erróneamente cree que ciertas opciones no factibles son factibles la acción puede tener resultados desastrosos (Elster, 1996:30). Las creencias son, pues, una importante variable explicativa en el modelo de deseo-oportunidad, ya que al incorporar este elemento es posible observar cómo operan una serie de mecanismos causales - intencionales que permiten explicar las acciones de los individuos por ajustes sucesivos entre creencias, preferencias y acción. Así estos modelos permiten tipificar aquellos patrones de comportamiento humano más recurrentes y recogen formas básicas de respuesta psicológica humana. Por eso, aunque no permiten predecir cuál será exactamente el mecanismo que se disparará en determinadas situaciones (Elster 1998), en general arrojan luz sobre determinados comportamientos humanos. Así, por ejemplo, las mujeres del estudio, que han de elegir cursos de acción en condiciones de restricciones extremas pueden tener alguna de estas reacciones: (a) si creen que no tienen oportunidad, la discrepancia entre sus necesidades y sus creencias respecto de su conjunto de oportunidad, las hará cambiar sus deseos y, frecuentemente, cobijarse en la desesperación. (b) si creen que tienen posibilidad y, en cambio, no logran alcanzar los medios para satisfacer su necesidad, experimentarán un gran desasosiego que procurarán sofocar por la vía de ajustar sus deseos o necesidades, o ajustando sus creencias acerca de su conjunto real de oportunidad, esto es, “adaptándose” a lo que hay. (c) Si creen que no tienen ninguna capacidad sobre el estado de cosas, entonces caerán en el fatalismo. 4.1 La Disonancia Cognitiva: La teoría de la disonancia cognitiva fue introducida por Festinger (1962) y alude a aquellos casos en los que un individuo sustenta dos o más apreciaciones inconsistentes entre ellas. Si los sentimientos y la conducta no coinciden, la persona experimenta malestar, culpabilidad, complejo de inadecuación e inferioridad, etc. Si la conducta es difícil de cambiar, el individuo puede tender a reducir el desasosiego modificando estos sentimientos. Entonces aparecen los mecanismos de reducción de la disonancia cognitiva. 4.1.1 Mecanismos de Reducción de disonancia cognitiva En “A plea for mechanisms” (1998: 52-53) Elster distingue distintas respuestas a la disonancia cognoscitiva. En efecto, cuando la disonancia se genera porque se desea algo y existe la sospecha o la creencia de que no es posible, un sujeto puede actuar de la siguiente manera: 1. Puede intentar cambiar el mundo para lograr que su deseo sea posible 2. Puede aceptar el hecho de que el mundo no es como se quisiera 3. Puede transformar las creencias hasta tal punto de creer que el mundo es como queremos que sea (ilusión) 4. Puede modificar las preferencias de tal forma que mitiguen el deseo, 5. Puede cambiar los deseos a tal grado de llegar a desear que aquello que deseaba no sea lo que quería (uvas amargas) Cada una de estas respuestas responde a un patrón de comportamiento humano reconocible, esto es, constituye un mecanismo de respuesta distinto. En el primer y segundo caso se aprecian conductas autónomas gobernadas por principios de realidad; al intentar cambiar el mundo o al aceptar que las cosas no son como se quisiera, el individuo recurre a mecanismos gestionados intencionalmente para enfrentar la disonancia. El cuarto caso representa la planificación del carácter y la liberación autónoma del deseo. Esta modificación de las preferencias también implican intencionalidad ya que se busca automodelar los deseos para que coincidan exactamente con las propias posibilidades, a diferencia de las preferencias adaptativas, que tienden a degradar las opciones inaccesibles, este mecanismo al ser deliberado tendería a elevar las opciones accesibles. Todos estos patrones de respuesta sólo pueden darse en condiciones de abundancia o bonanza. En el tercer y quinto caso, en cambio, se aprecian mecanismos de evasión (o fuga) que operan a nivel inconsciente, y que corresponden a mecanismos causales que resultan más pertinentes en caso de formación de preferencias en condiciones extremas. Típicamente, en el tercer caso al transformar las creencias opera el mecanismo de la “racionalización de la esperanza” o “ilusión”, llamada autoengaño. Como se pretende ocultar la verdad de algo que molesta, se puede entender como la percepción adaptativa de las creencias (no de los deseos) ante un conjunto de oportunidades disonante. Elster lo ejemplifica a veces utilizando la fábula de la zorra inglesa, en cuya versión la zorra cree que las uvas están verdes y por eso desiste de cogerlas. La diferencia con el otro caso (quinto caso) de ajuste irracional de las preferencias, el de la zorra francesa, es que deja de desearlas por amargas. En el primer caso se enfrenta la disonancia recurriendo al autoengaño; en el segundo, a la adaptación de preferencias. 4.1.2 La reducción de disonancia mediante la adaptación de preferencias Las uvas amargas (Elster 1998) son un mecanismo, entre otros, de reducción de disonancia cognitiva que permite distinguir entre la adaptación de preferencias causalmente inducidas de la intencionalmente gestionada. En “uvas amargas, sobre la subversión de la racionalidad” (Elster 1998) distingue las preferencias adaptativas de otros mecanismos con causas o efectos similares como: las preferencias contraadaptativas, el precompromiso, el cambio de preferencias a través del aprendizaje la manipulación, la planificación del carácter, el cambio previo de pesos atributivos, la adicción, preferencias dependientes del estado y la racionalización (de la esperanza). Dentro de estos mecanismos, cabe destacar, el de Precompromiso. El ejemplo que utiliza Elster (2000) para graficarlo es el de “Ulises y las sirenas”. Como es sabido, Ulises, sabiéndose débil, para no ser seducido por el canto de las sirena, diseñó una estrategia consistente en hacer que sus marineros lo ataran al mástil de la nave y se taponaran los oídos con cera. Este mecanismo es usado por los seres humanos en múltiples situaciones de debilidad de la voluntad y consiste en la conformación deliberada de un conjunto viable, con el propósito de excluir ciertas elecciones posibles. En cambio, lo que experimenta la zorra de la fábula frente a las uvas representa un proceso de formación de preferencias adaptativas mediante un mecanismo de reducción de disonancias cognitivas. Se trata de un mecanismo causal endógeno de adaptación inconsciente al conjunto de posibilidades disponibles, a través del cual un individuo cambia sus deseos de acuerdo a los medios con que cuenta para satisfacerlos (autoconvenciéndose de que su deseo no es lo suficientemente importante, que no vale la pena, o que es mejor preferir lo que se tiene), así la zorra deja de querer las uvas. Ha modificado sus deseos, ha adaptado sus preferencias al hecho de su imposibilidad de alcanzarlas. Subdimensionando las oportunidades cree entonces que ese deseo le resultará imposible de lograr de todos modos. El resultado es lo que algunas teorías psicológicas denominan conformidad: un estadio del mismo mecanismo. Las preferencias se modifican, por restricciones o limitaciones exógenas que no se pueden transformar. Como a los sujetos no les gustan las uvas amargas, buscan ajustar sus deseos a las opciones disponibles en su conjunto de elección. Gracias a este proceso de adaptación de preferencias, las personas logran cierta tranquilidad emotiva y sicológica. Por tanto, la bondad de este proceso podría responder al criterio de que “la adaptación de las preferencias es positiva siempre y cuando no lleve al conformismo” (DPN-PNUD 2002:4). En el caso de las mujeres, aquí estudiado, adaptar las preferencias les permite evitar vivir en un estado de descontento permanente el problema es que si en todo momento modifican las preferencias, de tal manera que se adecuen a las circunstancias, llegarían a situaciones de conformismo extremo y de aceptación pasiva de las injusticias que padecen. 4.2 Otros mecanismos o efectos: difusión, compensación, concentración, Adicionalmente a los mecanismos reductores de disonancia, hay en su repertorio de otros mecanismos simples que pueden tener relevancia para este tipo de estudios. A continuación se recogen otros 3 que en su momento pueden ser utilizados como instrumentos analíticos en algún punto de la ulterior interpretación de los datos. A partir del análisis de Tocqueville (1969) sobre la democracia americana, Elster (1995) reconstruye y describe como mecanismo los efectos de difusión, compensación y concentración, así como sus posibles interacciones y concatenaciones. • Efecto difusión (spillover): A menudo puede ser traducido como trasladar, transferir, pasar o extender la conducta que se desarrolla en un ámbito a otro ámbito. Si un individuo sigue un determinado patrón de conducta en una esfera (X) específica de la vida, también actuará según ese patrón en otra esfera (Y). • Efecto compensación: Se desarrolla cuando los deseos o las necesidades que no se satisfacen en una esfera buscan su salida en otro terreno. Si un individuo no sigue un determinado patrón de conducta en una esfera (X), entonces si lo hará en otra esfera (Y) Ambos mecanismos aunque contrarios, no impiden suponer que un individuo pueda transitar entre ellos. Además existe un tercer efecto que se puede dar, o no, de forma conjunta con los otros efectos mencionados • Efecto concentración (crowding out): Se explica de acuerdo a la idea de que la semana “solo tiene siete noches” lo que implica que participar en una esfera será a costa o detrimento de la otra. Si un individuo sigue un patrón de conducta en la esfera (X) no lo hará así en la esfera (Y). Si este efecto viene acompañado del de compensación se producirá un efecto de suma cero. 5.- Algunos resultados: disonancias y mecanismos Tal como se ha fundamentado para reducir el umbral de inconformidad las personas disminuye sus aspiraciones hasta niveles que le sean alcanzables, situación que se pretende advertir en el caso de las mujeres aquí estudiado. No obstante, la adaptación de preferencias no es el único mecanismo presente en la vida de las mujeres. A continuación se exponen algunos de los resultados extraídos de los relatos de estas respecto de forma en que viven la pobreza y las desigualdades de género, así como del significado que le dan al trabajo no remunerado, no remunerado. Variables entrecruzadas que conforman el conjunto de oportunidad de las mujeres. 5.1 Las disonancias Considerando las contradicciones, dilemas y tensiones que más se reiteraban en la lectura de las 12 entrevistas, se identificaron cuatro grandes disonancias: (1) “mi capacidad me incapacita”: para hacer referencia a grave inconsistencia que provoca aquella forma de vivir la maternidad como destino y sentido de vida: “mujeresmadres” les capacita y da sentido a sus vidas pero que, por otra parte, las ata y les impiden desarrollar plenamente otras capacidades y dimensiones de la vida. La maternidad, entendida en un sentido amplio no sólo como la capacidad biológica de procrear sino como la encarnación de los valores que constituyen el “ser para otros” (Lagarde), condicionará así su forma de ser, de hacer y de tener. En su “ser madres” satisfacen necesidades que la precariedad de sus condiciones de vida no les permite satisfacer en otras esferas: su identidad, su autoestima, su autorrealización y el reconocimiento y afecto de los demás. Sin embargo, en sectores empobrecidos, ser prioritariamente “mujer-madre” es una situación compleja y que resulta contradictoria en sus efectos, porque implica, entre otros, un empeoramiento de sus condiciones económicas, el aumento del gasto, la disminución del tiempo disponible y las opciones laborales. Todo ello limita objetivamente las posibilidades de desarrollo de otras capacidades y acaba por reforzar su posición subordinada en el sistema sexo-género. Como diría Lagarde (1990), la maternidad es ofrecida, a cualquiera de las entrevistadas, como el contenido trascendente que da sentido a sus vidas. Pero, dadas sus características, es también uno de los fundamentos de la expropiación vital de las mujeres y, en ese sentido, una base más de su opresión. (2) “certeza versus incertidumbre”: dice relación, con la certeza que proyecta en las entrevistadas seguir un modelo de vida acorde con la organización genérica patriarcal tradicional, en contraposición a la incertidumbre de aventurarse a cambios y transgredir los roles socialmente asignados. Ser mujer-madre ofrece, a las entrevistadas, la certeza de seguir una conducta socialmente aceptada en su entorno cercano. En contraposición, aventurarse a cambios y transgredir los roles socialmente asignados. Desarrollar otras capacidades es un camino de incertidumbre que se vislumbra repleto de obstáculos sociales, culturales y económicos. Ser mujer- madre, delimita una forma clara de ser, entrega un modelo que facilita el ordenamiento de la vida en torno a los mandatos socioculturales del sistema sexo-género. En cambio, el desarrollo de capacidades se presenta como arduo, complejo, en extremo difícil e incierto, debido a las limitaciones que supone la pobreza para el desarrollo de libertades y las restricciones que impone en la capacidad de agencia de las mujeres. (3) “ausencia/presencia”: Se refiere al dilema entre la necesidad de trabajar de manera remunerada, algo que es vital dada su precariedad material, sin dejar las tareas asignadas en la división sexual del trabajo específicamente sin dejar de ser “buenas madres”, lo que también es vital, dada su construcción de identidad. La participación de la mayoría de las mujeres entrevistadas en el trabajo remunerado se realiza sin abandonar el trabajo doméstico y de cuidado. Ellas se sienten responsables de ambas actividades, ya que el trabajo remunerado es vital para la manutención de la familia y el no remunerado es el eje para su autoafirmación como madres. Sin embargo la doble presencia las enfrenta al dilema de que la presencia en uno implique la ausencia en el otro. Trabajar remuneradamente puede significar no ser una buena madre o, al contrario dedicarse exclusivamente al hogar, puede sumirlas en una mayor pobreza con las consecuencias sociales y emocionales que ello conlleva. (4) “omnipotencia/impotencia”: se refiere a la autopercepción y el reforzamiento cultural-económico de una suerte de “omnipotencia” femenina justificada a través de la naturalización de la doble jornada/presencia y, por otra parte, la imposibilidad objetiva de delegar o externalizar el trabajo doméstico/familiar, impidiéndoles realizar todo aquello que se les demanda, lo que implica enfrentarse a una nueva “impotencia”. 5.2 Los mecanismos Frente a estas disonancias cognitivas las mujeres desarrollarán una serie de mecanismos de reducción de sus desequilibrios cognoscitivos y emocionales, mecanismos que las ayudan a conseguir cierta tranquilidad emotiva para seguir adelante con sus vidas. La presencia de estos mecanismos es abundante en los relatos, por ello se expondrán solo los ejemplos encontrados en la disonancia 3: Ausencia / presencia De acuerdo a los relatos, se distinguieron 4 modalidades para enfrentar la doble presencia: (a) la ausencia del trabajo remunerado, (b) la ausencia del trabajo doméstico y de cuidado, (c) la simultaneidad y (d) la presencia sin ausencia o la “súper mujer”. Estas cuatro tipologías, son analíticas y, en realidad no son rígidas, porque las mujeres nunca dejan, por completo, de desarrollar una doble presencia. Pero, para efectos de esta investigación, la distinción ayuda a diferenciar los énfasis con los que las entrevistadas enfrentan la tensión entre trabajo y familia. En estas circunstancias, quienes viven la disonancia ausencia-presencia con mayor fuerza son aquellas que expresan, de distinta manera, no poder cumplir con algunas de las demandas que se le exigen desde estos dos mundos en contraposición, y acaban por ausentarse, parcialmente, de alguno de ellos. En cambio, quienes desarrollan la simultaneidad o se asumen como “súper mujeres”, pueden obviar, al menos temporalmente está disonancia, aunque no por ello dejan de enfrentarse a otras disonancias. La imposibilidad, de compatibilizar adecuadamente trabajo doméstico, de cuidado y el trabajo remunerado, crea sentimientos de inadecuación y frustración. Para reducir la disonancia cognitiva que les provoca la presencia/ausencia, las mujeres entrevistadas emplean distintos mecanismos de reequilibrio. Para el caso, es relevante revisar en paralelo los relatos de dos de las mujeres entrevistadas: E (caso Nº 1) y J (caso Nº 2), quienes ofrecen un contraste interesante, para observar los mecanismos que operan en esta disonancia. E abandona el trabajo remunerado cada vez que el trabajo reproductivo lo demanda; en cambio, J se define como una madre ausente, ya que dedica muchas horas diarias a su trabajo remunerado. Para estas entrevistadas, estar presente en uno de los ámbitos, implica su ausencia en el otro. A continuación se presenta un esquema con las principales características de estas mujeres y un extracto de sus relatos, mediante los cuales, se podrá apreciar la operación de mecanismos adaptativos y de huida, pero también la operación del principio de realidad: La doble presencia de E y J: La doble presencia presencia/ausencia Microempresaria Microempresaria Vive en pareja Separada Tiene un negocio en su casa Tiene un taller en su casa Trate de estudiar, pero no me sentí bien, porque no me da la mente. Yo estoy con ellos porque estoy en la casa, pero me lo paso encerrada en el taller. Soy una madre ausente, o sea estoy pero no estoy Yo quería buscar trabajo y ayudar a mi marido, pero llegó una hermana de la iglesia y me dijo: Dios dice que tú no puedes ir a trabajar…que ya te llegará una bendición que él señor envía para ti A veces no alcanza, pero a mis hijos los tengo en colegios particulares, estudian en colegios católicos donde les inculcan valores. (…) así salieron muy buenos niños No uso anticonceptivos, cada vez que me acuesto con mi marido me encomiendo a dios para que se haga su voluntad. Hace 5 años que no quedo embarazada Tengo problemas graves a la vista, pero no puedo gastar en ir a médico porque uno siempre quiere darle lo mejor a sus hijos, quizás en el futuro me arrepienta porque si yo no estoy bien tampoco podré darle a mis hijos Las dos coinciden en la misma actividad laboral (microempresarias) y trabajan en sus hogares. No obstante se diferencian en su edad, la de sus hijos, la tenencia de pareja, la experiencia organizativa y de liderazgo y, especialmente, en los mecanismos que utilizan para enfrentar idénticas disonancias. E, evangélica pentecostal, creyente y practicante, recurre a Dios de manera reiterada en sus argumentaciones, pudiendo observarse como su principio de realidad está fuertemente influido por la doctrina de esta iglesia, que entre otras cosas, postula la necesidad de hacer coincidir feminidad con maternidad y familia. J, en cambio, desde una dilatada experiencia de lucha por los derechos de los allegados (los sin casa), plantea impresiones que se acercan más a la mirada desde un principio de realidad centrado en las necesidades, de ella y su grupo familiar. Su percepción del conjunto de oportunidades, desde su objetividad posicional, está menos influenciado por elementos simbólico-religiosos, y acusa un gran sentimiento de culpa producto de su ausencia en el espacio doméstico/familiar. A partir de sus relatos, y tomando como ejemplo los párrafos seleccionados en el cuadro precedente, se pueden describir algunos de los mecanismos que, las entrevistadas, utilizan para enfrentar la disonancia ausencia-presencia: a) E y las uvas (amargas y verdes): 1.-No ha completado sus estudios porque cree que no tiene capacidad intelectual aun cuando, es capaz de llevar sola la contabilidad de su negocio y en la entrevista no evidencia signos de dificultades de entendimiento. A partir de lo cual, se puede suponer que ha adaptado sus creencias sobre sus capacidades para ajustarlas a la percepción subjetiva sobre sus “posibilidades” (en este caso de estudiar). Su restringido conjunto de oportunidades, en el que se incluye, la falta de tiempo, la doble presencia, el imperativo simbólico de ser una buena madre, reforzado por la religión, la hacen transformar el deseo de estudiar en una “uva verde”, esto es, en algo que cree no puede hacer. Lo que, inconscientemente, le permite justificar su ausencia en un espacio público. 2.- No buscó trabajo fuera de casa, algo que deseaba, y era imprescindible para la supervivencia, porque Dios le dijo que no lo hiciera; en cambio aceptó el proyecto gubernamental que le permitía montar su microempresa, en su casa, porque era “la bendición de dios” que esperaba, y que le permitía trabajar sin dejar a sus hijos(as) o abandonar las tareas del hogar. Ante la encrucijada de tener que trabajar ausentándose del hogar, modificó sus deseos (uvas amargas) de trabajar fuera, por otra cosa: un negocio en su casa, deseo que, además, coincidía con el mandato divino y que se ajustaba de mejor manera a la percepción de su conjunto de oportunidades. De esta forma, dios, le ayuda a disminuir las disonancias porque encuentra en él una justificación para cambiar lo que desea sin sufrir frustraciones. Puede ser un caso de autoengaño que se refuerza cuando acepta, cómo algo que desea, “el proyecto microempresarial” que le permite trabajar sin dejar el cuidado de su hogar y de sus hijo/as, la “bendición del señor” que le permite conciliar lo público y privado. El trabajo remunerado fuera de casa, se transforma así en uvas amargas que no desea y su precariedad en una bendición. 3.-No quiere tener más hijos/as porque sabe que en sus precarias condiciones socioeconómicas no puede mantenerlos, pero, paradojalmente, no usa anticonceptivos, sino que prefiere “encomendarse a dios” para que ello no suceda. De acuerdo a la percepción subjetiva de su restringido conjunto de oportunidades, la posibilidad de negarse a “ser madre” a través del uso de anticonceptivos plantearía un conflicto entre el principio de realidad (que señala la inconveniencia de tener más hijos/as) y su identidad de género (reforzada por la religión). Ante la disonancia que le provoca tomar el control de su cuerpo, y transgredir los roles socioculturales, utiliza mecanismos de huida y deja sus decisiones en manos de otros, es el locus de control externo, en este caso representado por dios y la doctrina de la iglesia metodista pentecostal Mecanismos de evasión o huída que le sirven para alcanzar mayor equilibrio emotivo y sobrellevar la vida aún en condiciones tan adversas Pero, al mismo tiempo, le restan autonomía y la dejan en una situación de gran vulnerabilidad frente a las situaciones de inequidad e injusticia objetiva, que vive a diario. b) J y la culpa: 1.- Trabaja en un taller localizado al interior de su casa 14 o 15 horas al día. Señala que su trabajo le apasiona y que representa la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. El taller, es su habitación propia (en el sentido de Virginia Woolf) un espacio separado del hogar, pero dentro de él. Este particular “arreglo” le permite estar presente si sus hijos la necesitan para alguna” urgencia”, con lo que disminuye parte de la disonancia ausencia-presencia. Pero, la mayor parte del tiempo “se lo pasa encerrada”, dentro de las fronteras de su habitación (taller) con lo que permanece ausente del trabajo doméstico/familiar, transgrediendo así los roles socialmente asignados y provocándole un fuerte sentimiento de culpa. J, desde su principio de realidad, cree que debe trabajar remuneradamente porque es necesario y porque es un espacio de realización personal, pero, a su vez, se siente responsable de no cumplir con los mandatos de género. De allí la culpa, y la operación de mecanismos para intentar disminuirla. 2.-Para contrarrestar el sentimiento de culpa y con ello disminuir la disonancia que le provoca “su ausencia” intenta “premiar” a sus hijos enviándolos a colegios de pago, y ello, a pesar del esfuerzo que le supone hacerlo dadas sus precarias condiciones económicas. En el colegio no solo busca calidad, sino asegurar que a sus hijos(as) les enseñen valores, anticipándose al posible déficit formativo que podría producir lo que ella siente como “abandono”. En este caso, se observa cómo J a través del mecanismo de la compensación intenta paliar la culpa que le provoca la ausencia, no solo física sino educativa y valórica. Aunque le cree complicaciones para subsistir un buen colegio para sus hijos es la forma de reparar su ausencia respecto de ellos y conseguir cierta tranquilidad emotiva, reduciendo así su sentimiento de disonancia y culpa. 3.-Su sentimiento de culpa se expresa, nuevamente, cuando señala “no ver bien” y no acudir al oftalmólogo por el coste económico que supone. De esta manera, anticipa el bienestar de sus hijos/as al propio. Enfrentada a la culpa de la ausencia, refuerza la identidad de género de “ser para otros”, sacrificando su calidad de vida por la de sus hijos/as, otra manifestación del mecanismo de la compensación. Sin embargo, como ha desarrollado la capacidad de plantearse las cuestiones desde el principio de realidad, J es consciente de que esta postergación personal, a la larga, puede repercutir en su bienestar y el de su propia familia. De acuerdo a estos ejemplos, y tomando en consideración el conjunto del relato, es posible observar en J, el desarrollo de otras capacidades, relacionadas con su trabajo remunerado y con su experiencia de liderazgo. Ello contribuye, a que se evidencien conductas autónomas gobernadas por el principio de realidad, sin embargo, no le impide verse enfrentada a la disonancia ausencia-presencia. Al contrario, el haber optado desde el principio de realidad por ausentarse, aunque sea sólo parcialmente, del trabajo doméstico y de cuidado la llena de sentimientos de culpa por transgredir los roles de género y no dedicarle “suficiente” tiempo a sus hijos(as). Esta es la disonancia, que trata de paliar con mecanismos de compensación, que le permiten una cierta tranquilidad emotiva, pero, que no evitan del todo su malestar, es decir: la culpa disminuye, pero no acaba. Además, con su intención de suplir su ausencia, a través de las compensaciones, poner en riesgo su precario equilibrio económico y su salud. Por último, J, a pesar de las condiciones adversas en las que vive, ha desarrollado otras capacidades más allá, de la capacidad materna; sin embargo ello le ha acarreado emociones que restan agencia como “la culpa”, un círculo, que puede poner en peligro el que siga desarrollando ulteriores capacidades. Así, E (entrevistada Nº1) y J (entrevistada Nº2), afrontan un conjunto de oportunidades restrictivo, más o menos similar, pero emplean modalidades distintas para hacer frente a la doble presencia y mecanismos diferentes para reducir la disonancia entre la ausencia y la presencia. Sus preferencias se ha conformado en condiciones de gran adversidad, pero su percepción subjetiva respecto de “posibilidades y disponibilidades” no es igual puesto que está ligada estrechamente a su objetividad posicional, es decir, a las capacidades y dotaciones que configuran la distinta posición desde donde se observa el problema. En el caso de J, con más capacidades, su visión subjetiva del conjunto de oportunidades se amplía en tanto que sabe que puede desarrollar agencia y ello redunda en que no reduzca sus aspiraciones y no desarrolle mecanismos de huida como E. Se muestra así, menos dispuesta a conformarse con su situación y dispone de más herramientas para enfrentar el círculo de la pobreza, siempre y cuando, sea capaz de equilibrar la culpa que le resta en agencia. Al contrario de ella, E (entrevistada Nº1) a través de la utilización de mecanismos de adaptación de preferencias (creencias y deseos) desarrolla un conformismo extremo; ante la falta de desarrollo de capacidades sus estrategias de salida son limitadas y derivativas, lo que la deja sin capacidad de funcionamiento autónomo frente a la adversidad y la pobreza. J y E representan sólo dos de las modalidades con que las entrevistadas enfrentan la doble jornada/presencia, “arreglos”, que, como se ha apreciado, les provocan una profunda disonancia entre ausencia y presencia. Para evitar verse enfrentadas a esta encrucijada, otras mujeres del estudio recurren a estrategias compensatorias diferentes para resolver la tensión familia-trabajo. Estas se han denominado “simultaneidad” y “presencia sin ausencia”, a través de los cuales intentan evitar el desasosiego que les implica sentir que abandonan uno de los ámbitos vitales para su existencia. Sin embargo, eliminar la posibilidad de la ausencia, como factor disonante, es una tarea compleja, sobretodo en sectores empobrecidos en los que, casi no es factible externalizar o mercantilizar el trabajo doméstico familiar. 6. Conclusiones preliminares En condiciones adversas, algunas mujeres forman o deforman sus preferencias, siendo probable que tiendan a adaptar sus deseos y creencias a lo posible para reducir sus disonancias entre necesidades y disponibilidades, aceptando con ello muchas de las injusticias que padecen y naturalizando la desigualdad de género. No obstante, los mecanismos de adaptación de preferencias no son los únicos que operan frente a las disonancias. Existe un amplio abanico de respuestas posibles y los mecanismos que se activen, o no, pueden tener relación con la objetividad posicional, el principio de realidad y el grado de desarrollo de las capacidades básicas. Aunque distintos autores y autoras (Sen: 1992, Nussbaum: 2002, Pereira 2007) han planteado la importancia que tendría en el diseño de políticas sociales el estudio del fenómeno de las preferencias adaptativas, los programas en los que participan estas mujeres no atienden este fenómeno. En ellos subyace la idea de que la usuaria responderá a la política según los supuestos de la teoría económica estándar y cuando ello no ocurre, se recurre a explicaciones espurias como el frame del “mal pobre” o la pereza. Introducir una perspectiva de microfundamentació, que ayude a entender los detalles de la historia causal que existe tras las respuestas de estas mujeres frente a las disonancias, puede reducir el riesgo de este tipo de explicaciones y aumentar la eficacia de las políticas. Tal como se ha observado, los mecanismos cobran gran importancia en los sectores desfavorecidos, porque algunos pueden convertirse en un obstáculo real para la consecución de la autonomía y para el desarrollo de capacidades del agente. Las estrategias antipobreza con mujeres pueden fracasar si se desconocen los finos mecanismos que están en el centro de la vida de estas mujeres e impiden las libertades, en el sentido de Sen, para desarrollar sus capacidades El desarrollo de las capacidades resulta trascendental para evitar que las preferencias, se ajusten a la privación y se mantenga el círculo de la pobreza. No obstante, los programas sociales que se proponen incrementar la agencia (o las capacidades) tienen una visión limitada porque no prevén que este desarrollo puede implicar la disminución del bienestar o del equilibrio emotivo de las mujeres, incluso de aquellas mujeres que operan con principio de realidad. Por tanto, es necesario diseñar programas sociales que, junto con el desarrollo de la agencia, prevean y compensen la perdida de bienestar. Por ejemplo, a través de programas de empoderamiento que incluyan transferencias monetarias no condicionadas. 7.- Bibliografía Boudon R (1981). La lógica de lo social. Madrid: Rialp. Boudon R (1998). Social Mechanisms without Black Boxes, in P. Hedström e R. Swedberg (orgs.), Social Mechanisms: An Analytical Approach to Social Theory. New York, Cambridge University Press. Departamento Nacional de Planeación Colombia (DNP), Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) (2002). Familias colombianas: estrategias frente al riesgo. Bogotá: Alfaomega Colombiana S.A. Elster, J (1988) Uvas amargas. Sobre la subversión de la racionalidad. Barcelona: Ediciones Península. 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