Proyecto Curricular Duendes LOE 1 año

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PROYECTO CURRICULAR
DUENDES MÁGICOS 1 AÑO
LOE
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1. Introducción: la etapa de la Educación Infantil
La Etapa de la Educación Infantil está organizada en dos ciclos, de 0 a 3 años y de 3
a 6 años y tiene como finalidad básica contribuir al desarrollo físico, intelectual,
afectivo, social y moral de los niños y niñas propiciando en ellos las experiencias que
lleven a la consecución de los objetivos educativos propios de esta etapa. Tiene como
objetivo prioritario la formación integral teniendo en cuenta todos los ámbitos de la
persona, debiendo contribuir de manera eficaz a compensar todo tipo de
desigualdades y a favorecer la integración de los niños y niñas en el proceso
educativo.
La Educación Infantil constituye una etapa fundamental para el desarrollo de los
niños y niñas de edades muy tempranas porque les permite desarrollar su
personalidad, ampliar sus experiencias y favorecer su desarrollo social. La formación
de la persona se inicia en la edad de la Educación Infantil con una serie de
experiencias que se refieren al desarrollo físico, intelectual, afectivo, social y moral.
Estas experiencias deben integrarse en un proceso educativo que debe ser compartido
por profesores y padres. En este proceso, los niños y niñas aprenderán a conocerse, a
relacionarse con los demás a través de distintas formas de comunicación y expresión,
a observar y explorar su entorno natural, familiar y social; de esta forma, irán
adquiriendo progresivamente autonomía en las actividades de la vida cotidiana.
El currículo de la Educación Infantil es el conjunto de objetivos, contenidos,
métodos y evaluación que han de regular la práctica educativa. Se estructura en torno
a tres áreas o ámbitos de experiencias que se conciben con un criterio de globalidad y
mutua dependencia y son las siguientes:
•
Conocimiento de sí mismo/a y autonomía personal: hace referencia, de
forma conjunta, a la construcción gradual de la propia identidad y de su madurez
emocional, al establecimiento de relaciones afectivas con los demás basadas en el
respeto a las normas de convivencia y a la autonomía personal como procesos
inseparables y necesariamente complementarios. Los contenidos de esta área
adquieren sentido desde la complementariedad con el resto de las áreas.
En este proceso de construcción personal son importantes las interacciones de los
niños y de las niñas con el medio, el creciente control motor, el desarrollo de la
conciencia emocional, la constatación de sus posibilidades y de sus limitaciones, el
proceso de diferenciación de los otros y la independencia cada vez mayor con
respecto a las personas adultas.
La identidad es el resultado de las experiencias que los niños y las niñas tienen al
interaccionar con su medio físico, natural y social. Dicha interacción debe promover
la imagen positiva de uno mismo, la autoestima, la autonomía…, y los sentimientos
que desencadenan deben contribuir a la elaboración de un concepto personal ajustado
para un desarrollo pleno y armónico.
Las experiencias con el entorno deben ayudar a los niños y a las niñas a conocer
global y parcialmente su cuerpo, sus posibilidades perceptivas y motrices, disfrutar
de sus sensaciones y servirse de las posibilidades expresivas de su cuerpo para
manifestarlas. Conocer sus características individuales y las de los compañeros y
compañeras va a ir contribuyendo a que adquieran actitudes no discriminatorias.
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Se atenderá asimismo, al desarrollo de la afectividad como dimensión esencial en el
desarrollo de la personalidad infantil, potenciando el progresivo reconocimiento,
expresión y control de emociones y sentimientos.
Dentro de esta área, se trabajará además la adquisición de buenos hábitos de salud,
higiene y nutrición.
•
Conocimiento del entorno: con esta área de conocimiento y experiencia se
pretende favorecer en niños y en niñas el proceso de descubrimiento y representación
de los diferentes contextos que componen el entorno infantil, así como facilitar su
inserción en ellos, de manera reflexiva y participativa.
Las interacciones que los niños y las niñas establezcan con los elementos del medio,
que con la entrada en la escuela se amplía y diversifica, deben constituir situaciones
privilegiadas que los llevarán a crecer, a ampliar sus conocimientos sobre el mundo y
a desarrollar habilidades, destrezas y competencias nuevas.
Para conocer y comprender cómo funciona la realidad, el niño o la niña indaga sobre
el comportamiento y las propiedades de objetos y materias presentes en el entorno:
actúa y establece relaciones con los elementos del medio físico, los explora e
identifica,, reconoce las sensaciones que producen, se anticipa a los efectos de sus
acciones sobre ellos, detecta semejanzas y diferencias, compara, ordena, cuantifica…
Se acercarán poco a poco al conocimiento de los seres vivos y se fomentarán
actitudes de respeto y cuidado hacia el medio natural, hacia los seres y los elementos
que lo integran.
Empezarán a conocer algunas manifestaciones culturales de su entorno desde una
perspectiva abierta e integradora y se iniciarán, de forma muy sencilla a las
tecnologías de la información y de la comunicación.
•
Lenguajes: comunicación y representación: pretende mejorar las relaciones
del niño y niña y el medio. Las distintas formas de comunicación y representación
sirven de nexo entre el mundo exterior e interior al ser instrumentos que hacen
posible la representación de la realidad, la expresión de pensamientos, sentimientos y
vivencias y las interacciones con los demás.
Trabajar educativamente la comunicación implica potenciar las capacidades
relacionadas con la recepción e interpretación de mensajes, y las dirigidas a emitirlos
o producirlos, contribuyendo a mejorar la comprensión del mundo y la expresión
original, imaginativa y creativa.
A través de los distintos lenguajes, los niños y las niñas irán descubriendo la mejor
adaptación de cada uno de ellos a la representación de las distintas realidades o
dimensiones de una misma realidad. Se facilitará que acomoden los códigos propios
de cada lenguaje a sus intenciones comunicativas, acercándose a un uso cada vez
más propio y creativo de dichos lenguajes.
Las diferentes formas de comunicación y representación que se integran en esta área
son: el lenguaje verbal, el lenguaje artístico, el lenguaje corporal, el lenguaje
audiovisual y de las tecnologías de la información y de la comunicación. Estos
lenguajes contribuyen de manera complementaria al desarrollo integral de los niños y
de las niñas y se desarrollan de manera integrada con los contenidos de las dos
primeras áreas. A través de los lenguajes, los menores van a desarrollar su
imaginación y creatividad, aprenden, construyen su identidad personal, muestran sus
emociones, su conocimiento del mundo, su percepción de la realidad. Son
instrumentos de relación, regulación, comunicación e intercambio y la herramienta
más potente para expresar y gestionar sus emociones y para representarse la realidad.
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Son instrumentos fundamentales para elaborar la propia identidad y apreciar la de
otros grupos sociales.
Estas áreas deben concebirse con un criterio de globalidad y de mutua dependencia y
entenderse como ámbitos de actuación, como espacios de aprendizajes de conceptos,
actitudes y procedimientos que contribuyen al desarrollo de los niños y de las niñas
de estas edades.
El proyecto Duendes mágicos, siguiendo las directrices marcadas por la nueva Ley
de Educación, persigue la consecución de los siguientes fines:
• El pleno desarrollo de la personalidad y de las capacidades de los alumnos y de
las alumnas.
• El desarrollo afectivo, del movimiento, de los hábitos de control postural, de las
manifestaciones de comunicación y del lenguaje, de las pautas elementales de
convivencia y de relación social, así como el descubrimiento de las características
físicas y sociales del medio. Además, se facilitará que los niños y las niñas
elaboren una imagen de sí mismos/as positiva y equilibrada y que adquieran
autonomía personal.
• La formación integral del alumnado en sus dimensiones individual y social, el
ejercicio de la ciudadanía, la comprensión del mundo y de la cultura y poder
participar en el desarrollo de la sociedad del conocimiento.
• La equidad para poder garantizar la igualdad de oportunidades y la integración de
todos los colectivos.
• El respeto en el trato al alumnado, a su idiosincrasia personal y a la diversidad de
sus capacidades e intereses.
• La promoción de la igualdad afectiva entre niños y niñas en todos los ámbitos.
• La convivencia como meta y condición necesaria para el buen desarrollo del
trabajo del alumnado, la promoción de la cultura de la paz y no violencia en todos
los órdenes de la vida, el respeto a los demás, la tolerancia con las diferencias
legítimas y la búsqueda permanente de fórmulas para prevenir los conflictos y
resolver pacíficamente los que se produzcan en la escuela.
• La educación en la responsabilidad individual y en el mérito y el esfuerzo
personal.
• La formación para la paz, el respeto a los derechos humanos, la vida en común, la
cohesión social, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos, así como la
adquisición de valores que propicien el respeto hacia los seres vivos y el medio
ambiente, en particular el valor de los espacios forestales y el desarrollo
sostenible.
• El desarrollo de la capacidad de los alumnos y de las alumnas para regular su
propio aprendizaje, confiar en sus aptitudes y conocimientos, así como para
desarrollar la creatividad, la iniciativa personal y el espíritu emprendedor.
• La formación en el respeto y en el reconocimiento de la pluralidad lingüística y
cultural y de la interculturalidad como un elemento enriquecedor de la sociedad.
• El reconocimiento del pluralismo y de la diversidad cultural existente en la
sociedad actual, como factor que puede contribuir al enriquecimiento personal,
intelectual y emocional y a la inclusión social.
• La adquisición de hábitos intelectuales y técnicas de trabajo, de conocimientos,
así como el desarrollo de hábitos saludables, el ejercicio físico y el deporte.
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2. El primer ciclo de la Educación Infantil
El período educativo que abarca la Educación Infantil constituye una etapa integrada
porque el desarrollo del niño y la niña es un proceso continuo en el que no es fácil
determinar momentos de clara diferenciación y porque los cambios no se producen
de forma uniforme en todos. Esto no impide que esta etapa se estructure en dos
ciclos, ajustándose los elementos principales del currículo a las características
específicas de cada uno de ellos.
El primer ciclo de la Educación infantil atenderá fundamentalmente los siguientes
ámbitos de experiencia:
• El desarrollo del lenguaje como centro del aprendizaje.
• El conocimiento y progresivo control de su propio cuerpo.
• El juego y el movimiento.
• El descubrimiento del entorno.
• La convivencia con los demás.
•
El equilibrio y desarrollo de su afectividad.
• La adquisición de hábitos de vida saludable que constituyan el principio de una
adecuada formación para la salud.
El desarrollo de estos contenidos debe basarse en la consideración de que la madurez
de los niños es un proceso continuo que se produce a diferentes ritmos, debiendo
adaptarse dicho desarrollo a las necesidades individuales de cada uno de ellos.
Durante el primer ciclo se debe responder a las necesidades cambiantes de los niños
y niñas quienes inicialmente dependen por completo del adulto y en muy poco
tiempo se convierten en personas incipientemente autónomas.
En este ciclo inician la diferenciación progresiva entre uno mismo y los demás, esto
es fundamental para identificarse progresivamente como personas individuales. En
este proceso, los niños y niñas ajustan su ritmo biológico a las rutinas de la vida
familiar y escolar, esto les permite una primera experiencia de lo que significa la vida
en grupo. La intervención educativa se dirige e estimular al bebé para que, desde la
manifestación de sus necesidades relacionadas con el bienestar corporal, las
identifique y pueda emprender las acciones necesarias para satisfacerlas y adquirir
una autonomía progresiva en las rutinas y actividades cotidianas.
En el bebé es básica la necesidad de afecto, de cariño, de estimulación, de ser tratado
como una persona individual que tiene sus ritmos, sentimientos, emociones… De
este modo los niños y niñas irán adquiriendo los instrumentos necesarios para actuar
en su entorno inmediato y sentir que sus necesidades están cubiertas.
La acción educativa durante este ciclo se dirige a que el niño y la niña empiecen a
conocer y controlar su propio cuerpo, a conocer y utilizar sus posibilidades en
situaciones lúdicas y de la vida cotidiana. Con la ayuda del adulto deben empezar a
construir una imagen positiva de sí mismo y a utilizar algunas estrategias
incipientemente autónomas en la comida, el aseo, el descanso… Las interacciones
con los objetos y con los demás desempeñan un papel fundamental en el acceso a la
identidad y a la autonomía personal.
La intervención educativa debe posibilitar el descubrimiento y conocimiento del
cuerpo a partir de la exploración de diferentes posturas y movimientos. La
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estimulación física que recibe del adulto mientras interactúa con él en la resolución
de sus necesidades básicas, el contacto corporal con los otros y con los objetos, la
coordinación viso-motriz, la observación e identificación de su imagen en un espejo
son contenidos fundamentales en este proceso. Esto favorece que a lo largo del ciclo
vaya construyendo un conocimiento global de su cuerpo que le posibilite ir
diferenciándose del mundo externo y de los otros, conocimiento que debe estar más
consolidado en el nivel 2-3 años.
La utilización de los sentidos en esta exploración es fundamental. El niño y la niña
deben ir asociando sus necesidades con las sensaciones que les producen, para que
poco a poco puedan identificarlas, manifestarlas y nombrarlas.
A lo largo del ciclo, el niño y la niña deben desarrollar la capacidad de controlar su
cuerpo, de descubrir y utilizar sus habilidades perceptivo-motrices, cognitivas,
afectivas y relacionales implicadas en sus actividades habituales, en las rutinas y en
los juegos. Mediante la exploración de movimientos y posturas irán ganando en
coordinación y control dinámico general. En sus actividades cotidianas están
utilizando y desarrollando sus habilidades manipulativas.
A la vez que van descubriendo sus posibilidades y limitaciones, van actuando de
forma cada vez más autónoma. Aunque en el nivel 1-2 años no pueden realizar las
actividades de la vida cotidiana con total autonomía, progresivamente empezarán a
colaborar con el adulto en el baño, el vestido, la recogida de juguetes y la comida (en
este nivel comenzarán a comer algunos alimentos solos, empezarán a utilizar la
cuchara, irán abandonando el biberón para utilizar el vaso…).
En este ciclo, el pequeño experimenta por primera vez lo que significa la vida en
grupo. Inicia un proceso en el que irá incorporándose a las rutinas de la vida con los
demás, adaptando a ellas su propio ritmo.
En el primer ciclo, el mantenimiento de la salud de los niños y niñas es
responsabilidad de las personas que les cuidan. Ellos progresivamente irán
incorporando unos hábitos que les llevarán a fomentarla. En el nivel 1-2 años
empezarán a colaborar con el adulto y realizarán pequeñas tareas relacionadas con
este cuidado de forma incipientemente autónoma (ayudar en el vestido, beber solos
del biberón, utilizar más adelantes el vaso, conocer algunos utensilios del baño…).
El reconocimiento del peligro en situaciones habituales es el primer paso para que al
final de la etapa hayan incluido en su comportamiento hábitos y actitudes que
favorezcan la salud.
Los niños y niñas descubrirán y conocerán relaciones sociales y espacios físicos
diferentes de su medio familiar, deberán adaptarse a la vida en común en la familia y
en la escuela. Deberán aprender a desplazarse autónomamente por las dependencias
de la casa y del colegio, conocer las dependencias y relacionarlas con las actividades
que en ellas realizan. Reconocerán a las personas con las que tienen que convivir
tanto en el centro como en su entorno próximo. La ampliación de su círculo de
relaciones hará que al final del ciclo puedan comenzar a tomar en consideración el
punto de vista de los otros y a observar algunas relaciones elementales que
establecerán en el seno de su grupo. A medida que avanza el ciclo, el pequeño se irá
adaptando a las normas y a las pautas de convivencia del grupo familiar y escolar
mostrando una conducta paulatinamente más ajustada a los roles que corresponden
en los dos ámbitos.
En esta etapa de la Educación Infantil, el docente puede proponer a los niños y niñas
que empiecen a conocer y observar nuevas formas de organización social y algunas
de sus normas de funcionamiento, esto ampliará su campo de experiencias.
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En el comienzo del ciclo es importante que el niño y el adulto realicen actividades
conjuntas sobre distintos objetos y materiales, esto tendrá lugar en las diversas
situaciones en las que ambos se ven implicados. Podrán descubrir las características
más básicas de los objetos y su utilidad, así como utilizar alguno de éstos que sean de
uso más habitual, experimentando sensaciones sencillas. La manipulación de los
objetos favorecerá la capacidad para provocar intencionalmente determinados
efectos.
A lo largo de este primer ciclo aprenderá el respeto y cuidado del medio natural
mediante la participación en el cuidado de algún animal o planta en clase. El
conocimiento del paisaje deberá restringirse a la toma de contacto con el entorno
inmediato en el que están insertos la casa y el centro.
Progresivamente comprenderá y utilizará el lenguaje oral y otras formas de expresión
para dar cauce a sus sentimientos y emociones, se acercará al medio que le rodea y
conocerá algunas técnicas que le proporcionarán disfrute. Paulatinamente irá
estableciendo relaciones de semejanza y diferencia entre los objetos cotidianos
atendiendo a sus características más llamativas, situándose en el espacio y en
relación con su propio cuerpo.
Experimentarán la emisión de sonidos elementales, balbuceos y la imitación de los
primeros sonidos elaborados, irán utilizando progresivamente un vocabulario
adaptado a las situaciones cotidianas que les permitirá la elaboración de frases
sencillas. En el nivel 1-2 años podrán realizar actividades significativas en las que
estén presentes, de manera muy básica, la comprensión y la expresión de hechos,
cuentos, emociones, deseos, necesidades, intereses…
Durante este ciclo, los niños y niñas descubrirán, experimentarán y utilizarán, con la
ayuda del adulto y en diferentes contextos, los instrumentos de comunicación que la
escuela intencionalmente les ofrece.
Los niños y niñas comenzarán experimentando a nivel sensoriomotor y como mera
descarga emocional con los materiales y técnicas propios de la expresión plástica,
pegarán, colorearán, garabatearán… En el nivel 1-2 años podrán conseguir objetivos
de expresión y comunicación más concretos y realizarán sus primeras elaboraciones
plásticas.
En este ciclo, el niño o la niña descubrirá las posibilidades sonoras de su cuerpo y de
los objetos. Progresivamente se convertirá en un instrumento de comunicación y de
expresión de sentimientos y emociones, producirá diferentes sonidos con las partes
de su cuerpo, podrá imitar el sonido de los animales, producir ritmos, canciones y
usar algunos instrumentos musicales sencillos. Paralelamente irá descubriendo las
posibilidades expresivas del propio cuerpo.
Entre los 0 y los 3 años experimentará con los objetos que le rodean descubriendo
propiedades como el color, la forma, el tamaño… y diferentes relaciones y
situaciones en el espacio, y las utilizará en sus juegos y actividades habituales.
En todo este proceso del que hemos hablado es fundamental que los niños y niñas
disfruten y lo pasen bien y que se fomenten actitudes de respeto hacia los demás,
hacia el entorno, hacia los materiales…
3. Orientaciones metodológicas y didácticas
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Se produce un aprendizaje cuando el niño o la niña establece relaciones significativas
entre su experiencia previa y la nueva información que se le presenta, de forma que
se produzca una modificación de los esquemas de conocimientos preexistentes y
éstos evolucionen hacia estructuras cada vez más elaboradas y complejas. Esto
implica una metodología basada en el principio de aprendizaje significativo que
parta de los conocimientos previos de los niños y niñas, que conecte con los intereses
y necesidades de éstos y que les proponga actividades suficientemente atractivas para
que aprecien de manera sencilla y clara la finalidad y la utilidad de los nuevos
contenidos que van desarrollando. Por lo tanto, aplicar una metodología basada en
este principio didáctico exige tener en cuenta, además de lo ya mencionado, los
siguientes requisitos:
• Detectar los conocimientos previos de los alumnos y alumnas para poder realizar
la intervención adecuada.
• Plantear situaciones que no estén muy alejadas ni excesivamente cercanas a sus
experiencias para provocar el conflicto cognitivo que actuará de resorte para que
los niños y niñas planteen soluciones a cada situación.
• Organizar los contenidos de la Educación Infantil teniendo en cuenta que es el
niño o la niña quien tiene que asimilarlos. El establecimiento de contenidos que
actúen como organizadores previos, la planificación de ejes temáticos, centros de
interés o hilos conductores y el repaso regular y periódico de los contenidos
abordados con anterioridad contribuyen a que los niños y niñas sientan confianza
y seguridad ante las situaciones que se les planteen.
Para conseguir que los aprendizajes de los niños y niñas sean significativos y que
éstos sean el resultado del establecimiento de múltiples conexiones, de relaciones
entre lo nuevo y lo ya aprendido, es imprescindible que el Proyecto sea concebido
bajo una perspectiva globalizadora, bajo un clima que fomente el afecto y la
seguridad.
Cuando los niños y niñas de estas edades realizan cualquier actividad, se implican
totalmente en ella y ponen en juego mecanismos diversos: cognitivos, psicomotores,
afectivos, de comunicación, de atención… Sin embargo, ellos no saben que están
descubriendo el entorno, que están adquiriendo un mayor conocimiento de su cuerpo,
que están progresando en su autonomía personal, que están ampliando su
vocabulario, o que están conociendo sus posibilidades expresivas; solo pretenden
resolver, de forma entusiasta, una tarea que necesita su participación activa.
De ahí que el Proyecto Duendes mágicos se base, fundamentalmente, en el principio
de globalización. Se trata, pues, de un proceso global de acercamiento a la realidad
que se quiere conocer. Este proceso será fructífero si permite establecer relaciones y
construir significados más amplios y diversificados.
Atendiendo a este principio, el Proyecto trata los contenidos de este ciclo de la
Educación Infantil de forma global, interrelacionando las tres áreas de experiencia
que forman el currículo.
Se organizan así los contenidos en unidades didácticas significativas para el niño y
la niña, quienes, partiendo de sus propios intereses, vinculan debida y ordenadamente
los elementos informativos nuevos con los que ya tienen.
La actividad es la principal fuente de aprendizaje y desarrollo de los niños y niñas.
Es necesaria tanto para su desarrollo físico y psicomotor, como para la construcción
del conocimiento.
Por ello, la enseñanza ha de ser activa, dando tiempo y ocasión a que el niño y la
niña participen y sean protagonistas de su propio aprendizaje. Hay que utilizar
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estrategias que les estimulen a ser creativos, alentando el desarrollo de la
imaginación y la capacidad de observación.
A través de la acción y experimentación, los niños y niñas expresan sus intereses y
motivaciones y descubren relaciones, propiedades de objetos, formas de actuar,
normas… En definitiva, aprenden.
Una de las principales fuentes de actividad en estas edades es el juego. Es necesario
dotar de carácter lúdico cualquier actividad que vayamos a realizar evitando la
división entre juego y trabajo, ya que el juego es el trabajo de los niños. Es la
actividad principal que realizan, favorece la elaboración y el desarrollo de las
estructuras del conocimiento. El juego es el vehículo que los niños y las niñas
utilizan para relacionarse y para aprender de la realidad que les rodea.
Se ha de potenciar, asimismo, el juego autónomo, tanto el individual como el
realizado en equipo, por la seguridad afectiva y emocional, por la integración de los
niños y niñas entre sí y con los adultos. En este sentido, la escuela debe ofrecer
espacios y materiales que ayuden a crear un ambiente de juego estimulante y que
tenga en cuenta las necesidades de los alumnos.
La enseñanza activa se contempla en el Proyecto Duendes mágicos con una amplia
propuesta de actividades individuales y de grupo, en las que los niños y niñas podrán
desarrollar sus capacidades de manipular, explorar, observar, experimentar, crear…
que les permitirán aplicar y construir sus propios esquemas de conocimiento.
Un principio metodológico muy ligado a la actividad es la motivación, el cual se ha
tenido muy en cuenta para la elaboración del Proyecto. Es absolutamente necesario
que el niño y la niña se sientan atraídos hacia el aprendizaje. En esto juega un papel
muy importante que los objetivos, contenidos y actividades tengan un nivel
adecuado, que respondan a sus intereses y que los métodos y recursos sean atractivos
y faciliten el aprendizaje.
Para lograr que los niños y las niñas estén motivados, en el Proyecto se proponen
varios tipos de estímulos:
• Observación, manipulación y exploración.
• Situaciones apropiadas de comunicación verbal, plástica y psicomotriz.
• Estímulos afectivos, con alabanzas y premios, que son fundamentales por la
satisfacción que reportan.
Atiende también el Proyecto Duendes mágicos al principio de socialización. El
egocentrismo es un rasgo propio en estas edades y es necesario que lo superen. En
este sentido, el Proyecto propone gran cantidad de actividades de grupo en las que
los niños y niñas aprenderán comportamientos y normas, así como a compartir, a
respetar, a participar, y, en definitiva, a relacionarse con los demás.
Hay que valorar constantemente la participación, el compañerismo, la ayuda y el
respeto hacia los demás…, de tal forma que el niño y la niña se sientan inclinados a
repetir esos comportamientos que les reportan gratificaciones afectivas, y a superar el
egocentrismo propio de esta edad, desarrollando su capacidad de relación con los
demás, su autonomía y su independencia.
La participación de la familia en la escuela es fundamental, ya que el aprendizaje
de los niños y las niñas de 1 año está muy centrado en sus vivencias, en las rutinas de
la vida cotidiana. La intervención educativa corresponde en igual medida a padres y
docentes y debe ser siempre estimuladora, afectiva y cariñosa, debe identificar las
necesidades de los niños y niñas relacionadas con su bienestar corporal para
emprender acciones encaminadas a satisfacerlas y adquirir una progresiva autonomía
en las rutinas y actividades cotidianas.
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El centro de Educación Infantil comparte con la familia la labor educativa,
completando y ampliando sus experiencias formativas. La eficacia de la Educación
Infantil depende, en gran medida, de la unidad de criterios educativos en los distintos
momentos de la vida del niño, en su casa y en la escuela. Debe existir una
continuidad entre lo que hacen dentro de la escuela y lo que hacen fuera de ella. Los
docentes deben ser conscientes de ello y requerir la colaboración de la familia para
conseguir esta continuidad. El que existan relaciones fluidas entre la familia y la
escuela va a permitir que se unifiquen criterios y pautas de actuación que favorecerán
el proceso de aprendizaje y el desarrollo armónico de la personalidad de los niños y
de las niñas. En este sentido, la escuela debe permanecer siempre en disposición de
recibir a los padres y madres para poder comentar cualquier aspecto educativo de sus
hijos e hijas y debe aceptar sus sugerencias y aportaciones.
El Proyecto Duendes mágicos ofrece al principio y al final de cada unidad didáctica
una detallada información para las familias sobre los contenidos que se van a trabajar
y una serie de sugerencias para que se afiancen estos contenidos tratados. Al finalizar
cada unidad didáctica, los niños y niñas llevarán a casa un pequeño resumen en
imágenes de lo que han trabajado; este resumen servirá para repasar y reforzar lo
aprendido.
La organización del tiempo en Educación Infantil ha de respetar las necesidades de
los niños y de las niñas, combinando tiempos de actividad con períodos de descanso
y actividades individuales con relaciones en grupo.
Es necesaria una adecuada planificación de la jornada escolar. No hay que confundir
el ambiente distendido y lúdico de esta etapa y el trabajar sobre temas que surjan
espontáneamente, con el desorden. En esta planificación habrá que mantener unas
constantes temporales o rutinas tales como el saludo a la entrada, el tiempo del
desayuno, la puesta en común, la realización de actividades en grupo e individuales,
la despedida…, que servirán a los niños y niñas para interiorizar la noción del
tiempo.
En cuanto a la organización del espacio:
 Se fijarán áreas o rincones para el juego, para los disfraces, para las
actividades plásticas, para las construcciones… organizando talleres para
cada una de ellas.
 Es fundamental que los niños y las niñas lo perciban como algo suyo.
 Ha de adaptarse a sus necesidades, previendo que dispongan de lugares
propios y de uso común para compartir, para estar solos o para relacionarse
con los demás, espacios para realizar un determinado tipo de actividades, etc.
 Ha de favorecer la integración entre iguales y con los adultos, la
manipulación de objetos, la observación… Así, habrá que habilitar
determinados espacios para ello: se fijarán áreas o rincones para el juego,
para los disfraces, para las actividades plásticas, para las construcciones…
En el recreo continúan el desarrollo de su actividad motora, simbólica y de
socialización. La utilización de este espacio exige una planificación intencional y una
distribución ordenada para que el niño y la niña vayan aprendiendo a utilizar su
tiempo libre desde una manera guiada hasta una manera cada vez más autónoma. En
el recreo, el maestro o la maestra podrá recoger una valiosa información sobre los
intereses, sobre el proceso de socialización y reforzar aprendizajes de los pequeños y
de las pequeñas.
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En esta Propuesta Didáctica incluimos algunos métodos pedagógicos que
consideramos aplicables para el nivel de la Educación Infantil:
• Métodos centrados en el aprendizaje cooperativo: se basan en la influencia de
la interacción social en el aprendizaje; el maestro y la maestra deben fomentar un
ambiente de cooperación y colaboración en el aula, de esta forma los alumnos
aprenderán unos de otros.
• Métodos basados en la personalidad y estilos de aprendizaje: el profesor o
profesora deberán conocer a cada uno de sus alumnos y alumnas y dar una
respuesta educativa adaptada a cada necesidad concreta.
• Métodos inductivos: el docente debe ayudar a sus alumnos y alumnas a que
analicen su forma de pensar, de forma que aprendan a resolver problemas, que
aprendan a aprender. La tarea no consistirá en enseñar operaciones mentales sino
que consistirá en diseñar tareas que lleven a los niños y niñas a descubrir por ellos
mismos dichas operaciones.
• Métodos no directivos: son los propios alumnos los que deciden qué quieren
aprender y la forma en que quieren aprender. El maestro y la maestra guían el
aprendizaje, fomentando un ambiente de comunicación.
• Métodos basados en las diferencias individuales: pretenden que los niños y las
niñas desarrollen una salud mental y emocional saludables. El docente debe
conocer a cada uno de sus alumnos y alumnas individualmente puesto que cada
uno de ellos tiene capacidad de aprender y se les debe dar la oportunidad para
hacerlo.
• Métodos centrados en el aprendizaje para el dominio: es un método
conductual basado en que una vez que los alumnos y las alumnas aprenden una
determinada conducta, la probabilidad de que ésta se repita dependerá del entorno
de aprendizaje. Cada niño necesita de un tiempo concreto para dominar una
determinada noción o concepto; una vez que éste es dominado, será capaz de
aprender el siguiente. Todos los alumnos y alumnas pueden alcanzar unos mismos
objetivos, lo que varía es el tiempo que tardan en conseguirlo.
• Métodos constructivistas: es necesario que el docente conozca los
conocimientos previos que sus alumnos y alumnas poseen para que el nuevo
material que se les presente se relacione significativamente con ellos, así los niños
y niñas aprenderán a aprender porque serán capaces de realizar autónomamente
aprendizajes por sí mismos.
4. Temas transversales
El Proyecto Duendes mágicos incluye unos contenidos vinculados al currículo que
deben estar inmersos en el quehacer cotidiano: los temas transversales. Para
conseguir que el alumno o la alumna los interiorice y sea capaz de hacerlos
operativos en su conducta, extrapolándolos a cualquier situación que se le presente,
es necesario desarrollar una serie de estrategias y tener muy claro que el niño o la
niña aprende por imitación del comportamiento de los adultos.
El educador o educadora deberá tener presente que estos contenidos son la
manifestación de un sentimiento y una expresión de valores asumidos como positivos
por la comunidad. Por ello los tendrá siempre en cuenta haciendo hincapié en ellos
en todo momento, creando incluso situaciones que propicien su puesta en práctica.
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Así, por ejemplo, el alumno o la alumna aprenderá más fácil y rápidamente a tener
comportamientos no sexistas si en el aula o en el centro impera una relación no
discriminatoria por razones de sexo, que con largas charlas sobre ello.
Desarrollaremos continuamente actitudes de compañerismo, de respeto y de ayuda a
los demás, de orden y limpieza, de uso del diálogo, de rechazo a la violencia y a la
agresividad, de cuidado de los bienes naturales, fomentando un estilo de vida y
comportamiento cotidiano, como aceptación de esos valores que la sociedad necesita
y establece como positivos para su buen funcionamiento.
El Proyecto Duendes mágicos propone un conjunto de contenidos de enseñanzas,
principalmente actitudinales que deben entrar a formar parte de las actividades
planteadas en todas las áreas. Son los siguientes:
Educación para la paz
Supone educar para la convivencia, fomentando la solidaridad, la cooperación, la
libertad, la responsabilidad, el respeto y el rechazo a todo tipo de discriminación e
intolerancia.
Educación para la igualdad entre los sexos
La sociedad en la que vivimos asigna ya desde pequeños a los niños y niñas roles
diferentes en función de su sexo.
Los maestros y las maestras pueden y deben corregir estas desigualdades. En sus
manos está hacer que los niños y niñas se formen como personas que son, en
igualdad de condiciones y con los mismos derechos y obligaciones.
Educación ambiental
Supone acercar a los niños y niñas al medio natural aprendiendo a valorar la
importancia que éste tiene para la vida de las personas y desarrollando actitudes de
respeto y cuidado hacia él.
Educación del consumidor
Aunque en estas edades los niños y las niñas no tienen todavía autonomía como
consumidores, están constantemente recibiendo mensajes de los medios de
comunicación: publicidad sobre golosinas, pastelitos, juguetes, material escolar... Lo
que se pretende es que los niños y niñas vayan adquiriendo una actitud crítica y
responsable hacia el consumo.
Educación vial
El objetivo fundamental de la Educación vial es la prevención de accidentes.
En estas edades los niños y las niñas aún no son autónomos en sus desplazamientos
por los espacios urbanos, pero sí que utilizan los transportes públicos y los privados
en el entorno familiar.
Por ello es necesario iniciarlos en el conocimiento de unas normas establecidas,
necesarias para su futura participación en el ambiente urbano como peatón, viajero o
usuario de vehículos.
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Educación en valores
La Educación Infantil se configura como un período decisivo para la formación de la
persona ya que es en esta etapa cuando se asientan los fundamentos no solo para un
sólido aprendizaje de las habilidades básicas, sino que también se adquieren, para el
resto de la vida, hábitos de trabajo, convivencia ordenada y respeto hacia los demás.
Junto a la formación de un autoconcepto positivo y la construcción de su propia
identidad, ha de estimularse la adquisición de los valores que se generan en la
relación con los otros y con el medio en el proceso educativo, tales como respetar a
los demás y sus trabajos, aceptar las normas, mostrar interés por convivir y colaborar
con los compañeros y compañeras y con el adulto, respetar el medio ambiente y, en
suma, autorregular su conducta en el juego, en la convivencia, en el trabajo y en
relación con la salud, respondiendo progresivamente de un modo cada vez más
adecuado a las situaciones que se plantean.
A través de la educación, se ejercitan los valores que hacen posible la vida en
sociedad, se adquieren hábitos de convivencia democrática y de respeto, es decir, se
prepara a los niños y a las niñas para la participación responsable en las distintas
actividades e instancias sociales.
El Proyecto Duendes mágicos considera que uno de los objetivos básicos de la
enseñanza es el de formar conciencias críticas, personas capaces de pensar por sí
mismas. Esta tarea debe comenzar a llevarse a cabo desde las edades más tempranas,
pues sabemos que una correcta actuación pedagógica en estos niveles permitirá
contar a los alumnos y alumnas con el fundamento principal para su posterior
aprendizaje y desenvolvimiento funcional en la sociedad.
Para lograr el objetivo citado, nuestro Proyecto ha concedido gran importancia a las
actividades grupales. Propone la realización de actividades plásticas en pequeños
grupos de trabajo. Este tipo de actividades ayudan al niño y a la niña a apreciar la
importancia del trabajo cooperativo para lograr un fin común.
Se ha optado en todo momento por un modelo de enseñanza activa, considerando el
aula como un foro de construcción de conocimiento donde los alumnos y las alumnas
son protagonistas de su aprendizaje y el maestro o la maestra, un orientador u
orientadora en esta tarea.
En estas edades, el niño y la niña comienzan a formarse una visión del mundo. La
formación integral del individuo, que persigue la educación en la actualidad, lleva
implícita la formación en valores democráticos fundamentales como son el ejercicio
de la libertad, la tolerancia, la solidaridad y la igualdad.
De esta forma, la educación contribuye a avanzar en la lucha contra la desigualdad y
la discriminación por razones socioeconómicas, de raza, sexo o religión. Esta
discriminación, ya sea de origen familiar o social, se arrastre tradicionalmente o haya
aparecido recientemente como consecuencia de los cambios sociales, dificulta la
convivencia pacífica en una sociedad cada vez más compleja.
El avance de los medios de comunicación ha contribuido a acercar las fronteras. La
sociedad occidental del presente y del futuro es eminentemente multiétnica. La
coexistencia en un mismo contexto de personas de diferentes razas y culturas es ya
una realidad para la que debemos preparar a nuestros alumnos y alumnas en una
escuela donde se potencie la diversidad y la solidaridad.
En este sentido, hemos creído conveniente incluir niños y niñas de distintas razas
cuya incorporación a los colegios europeos es cada día más cotidiana. Se trata de
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aprender, a partir del conocimiento de las características y costumbres de otros
pueblos, que el respeto a las diferencias entre culturas no contribuye a hacer a unos
ciudadanos mejores que otros, sino al enriquecimiento de todos.
5. Atención a la diversidad
La concepción de la escuela como grupo humano conlleva la aceptación de la
diversidad de los alumnos y las alumnas que, como parte de ella, integran y
enriquecen la labor educativa. Esta aceptación de la diversidad del alumnado, supone
por parte de los educadores y educadoras un análisis y una reflexión sobre su grupo
de alumnos y alumnas, aceptando que cada uno de ellos tiene sus propios intereses,
capacidades, necesidades, motivaciones y estilos de aprendizaje.
Cada niño y niña tiene su ritmo de maduración, desarrollo y aprendizaje por lo que
debe recibir una educación personalizada. Los niños que presentan necesidades
educativas específicas, permanentes o transitorias, y que necesitan una atención
especializada temprana deben recibir una educación apropiada y adaptada.
El Proyecto Duendes mágicos, para dar respuesta a estos alumnos y alumnas,
adoptará y utilizará estrategias como:
• Modificación del tiempo de los aprendizajes.
• Adecuación de la ayuda pedagógica.
• Adecuación de la metodología.
• Adecuación de las actividades a las diferencias individuales de los alumnos y
alumnas.
Se realizarán pues, actividades que refuercen los aprendizajes de unos y que amplíen
los de otros. Además de las actividades propuestas para el trabajo diario, cuya
realización está sujeta al criterio de cada docente, se han incluido “actividades de
refuerzo” y “actividades de ampliación”, teniendo en cuenta que unas mismas
actividades podrán ser consideradas como refuerzo en un contexto escolar y como
ampliación en otro. Hay que destacar también la presencia de numerosas actividades
alternativas, en unos casos, y de preparación en cada una de las páginas dedicadas a
la explotación de cada ficha, lo que amplía el abanico de posibilidades de intervenir a
la hora de abordar cada contenido concreto y específico.
Este Proyecto considera necesario desarrollar un currículo capaz de adaptarse a las
necesidades individuales de los alumnos y alumnas, y tiene muy presente la atención
a la diversidad en sus materiales curriculares.
El material del alumno y de la alumna, por su diseño y su carácter abierto y
flexible, permite que una misma actividad se realice de distintas formas según las
diferencias individuales.
La Propuesta Didáctica ofrece una amplia variedad de actividades referidas a cada
ficha de trabajo, y otras que se incluyen al final de cada unidad de aprendizaje
(juegos complementarios y de psicomotricidad).
Se presentan también una serie de recursos didácticos amplia y variada para el
desarrollo del lenguaje, actividades relacionadas con el ámbito musical y que en todo
momento se requiere y precisa la colaboración de la familia como complemento a la
atención a la diversidad.
Los educadores y las educadoras podrán seleccionar las actividades de refuerzo o
ampliación que estimen convenientes para sus alumnos y alumnas.
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Hay que reseñar que el Proyecto, por su carácter abierto y flexible, permite que cada
educador o educadora lo adapte en el currículo a la heterogeneidad de los niños y las
niñas de su realidad.
Para alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales, los profesores y
las profesoras de la Educación Infantil colaborarán con los profesionales
especializados necesarios, con el fin de introducir las adaptaciones adecuadas para la
atención de estos alumnos. Estas adaptaciones pueden ser no significativas si afectan
a determinados elementos del currículo (metodología, actividades, evaluación), pero
no modifican los objetivos, y pueden ser significativas si afectan a los elementos
básicos de la programación del nivel de la Educación Infantil.
6. Educación intercultural
La diversificación del alumnado se hace patente en las aulas por la llegada en los
últimos años de una gran cantidad de alumnos y alumnas procedentes de
diferentes culturas. Se hace necesario poner en marcha cuantos mecanismos o
actuaciones sean necesarias para ir fomentando nuevas formas de convivencia
basadas en el respeto, la tolerancia y el reconocimiento hacia nuevas culturas y sus
distintas formas de expresión.
La llegada de estos nuevos alumnos y alumnas, procedentes de lugares muy diversos,
supone un enorme esfuerzo de adaptación en una doble dirección: por un lado, el
esfuerzo que deben realizar los alumnos inmigrantes al llegar a nuestras escuelas
para adaptarse a las nuevas costumbres, normas, horarios, comidas, lengua, vestido...
propias de nuestra cultura y, por otro, el esfuerzo que debe hacer la propia escuela en
su conjunto para acoger adecuadamente a los mismos, adaptándose a sus necesidades
educativas y entendiendo y aceptando sus claves culturales como pilar básico para
conseguir un auténtico enriquecimiento intercultural y una convivencia armónica y
tolerante.
Por tanto, es función esencial e irrenunciable de la escuela actual el diseño de planes
de acogida para los alumnos procedentes del exterior en los que se tenga en cuenta
elementos tales como:
• Sensibilizar al profesorado, entendiéndolos como figuras esenciales para la
consecución de una verdadera educación intercultural, partiendo de la idea de que
el ser extranjero no debe constituir para los alumnos un impedimento para poder
desarrollar un proceso educativo idéntico al del resto del alumnado.
• Preparar materiales adecuados para su aplicación y adaptación a las peculiaridades
y necesidades de cada alumno y de cada alumna, en función de su nivel de
competencia lingüística y de sus conocimientos previos (pictogramas, programas
de aprendizaje del castellano...).
• Seleccionar metodologías que favorezcan la atención a la diversidad, ajustadas a
cada ciclo educativo, priorizando el trabajo por proyectos, rincones, talleres y
grupos e impulsando las adaptaciones curriculares que se valoren como
necesarias.
• Desarrollar actividades lúdicas y participativas (trabajos de plástica, disfraces,
juegos...) que les permitan proyectar sus señas de identidad cultural y que, a la
vez, favorezcan un mejor conocimiento de su nuevo entorno (músicas
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tradicionales, fiestas populares, costumbres...) propiciando una mejor interacción
con el mismo.
• Informar adecuadamente a las familias sobre todo aquello que sea necesario
(horarios, normas de funcionamiento, ideario del centro, normas de
convivencia...), implicándolas en la dinámica del mismo a través de las escuelas
de padres, jornadas, encuentros y similares.
• Igualmente, informar detalladamente a los propios alumnos y alumnas sobre todos
los aspectos relacionados con el centro que les puedan interesar (horarios,
instalaciones, actividades...) propiciándoles una adaptación progresiva al mismo.
Tan solo así conseguiremos que cada alumno sea tratado desde su propia
individualidad, ajustándonos a sus verdaderas necesidades educativas, objetivo
ineludible de la escuela actual.
Educar desde la interculturalidad implica planificar propuestas curriculares que
potencien las posibilidades de pensar de manera crítica y responsable desde las
primeras edades. Es necesario recoger, en el trabajo cotidiano, la realidad de todos
los alumnos y alumnas, facilitando los medios para que puedan aportar sus vivencias
y sus diferentes puntos de vista.
En este sentido, el Proyecto Duendes mágicos se identifica plenamente con esta
filosofía educativa, constituyéndose en una valiosa herramienta al servicio de la
consecución de una sociedad auténticamente plural en la que, partiendo del
conocimiento y el respeto de la cultura de los demás, vivamos todos en armonía.
7. Desarrollo evolutivo del niño y de la niña de 1 año
Los niños y niñas de 1 año presentan una serie de características cognitivas,
afectivas, psicomotoras, de lenguaje, de hábitos de conducta… que hay que tener en
cuenta a la hora de planificar la acción educativa. Pero, aunque existan unas pautas
comunes para un mismo intervalo de edad, esto no quiere decir que todos los niños y
niñas evolucionen de la misma manera.
Antes de empezar a mostrar las características evolutivas de los niños y niñas de 1
año, conviene aclarar que se trata de una serie de hitos evolutivos cuya consecución
será el resultado de un proceso que se desarrollará a lo largo del año, no de algo ya
conseguido. En esta consecución, el papel que la escuela desempeñe será algo
fundamental, ya que, partiendo de lo que los niños y niñas pueden ser capaces de
conseguir, planificará toda una serie de estrategias, juegos y actividades que
contribuyan a dichos logros.
En el segundo año de la vida del niño y niña, el desarrollo intelectual, afectivo,
social, del lenguaje…, está estrechamente ligado a su desarrollo físico y a su
capacidad de movimiento, cada vez más autónoma. En esta etapa se darán
importantes cambios. El desplazamiento y la palabra son dos elementos
fundamentales en la vida de los niños y niñas y el crecimiento físico es mayor que en
cualquier otro período de la vida: crece varios centímetros, aumenta de peso en
varios kilos, duplica el número de dientes…
Características afectivo-sociales
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Al niño o niña de 1-2 años le gusta jugar con todo tipo de cosas, manosear,
desmontar, descubrir. Para él o ella, tocar es aprender. Es muy curioso, observa a los
demás y aprende de las relaciones que establece. El juego es un medio para
relacionarse con el entorno y lo que le guía, con mucha frecuencia, es la imitación
del adulto. Aprende de las relaciones que establece con los demás. Por esto, es
importantísimo el afecto, la comprensión, el cariño y el respeto que le conducirá a
sentirse seguro y a ser independiente.
Al niño o niña de esta edad le encanta “tener público”, repite todo aquello que sabe
que ha hecho gracia. Es capaz de expresar, utilizando diferentes medios, distintas
emociones: celos, alegría, tristeza, simpatía, ansiedad, extrañeza, desconfianza… A
mediados de este período puede comenzar a desafiar la autoridad del adulto, le gusta
ponerlo a prueba negándose a hacer lo que le pide o haciendo lo que sabe que no
debe hacer. Simplemente está reafirmando su personalidad y su autonomía, está
expresando su deseo de hacer las cosas por sí mismo. Por esto, su palabra favorita
suele ser “no”, le encanta la provocación y mide su influencia sobre el adulto. Al
final de esta etapa comienza a mostrarse más posesivo con sus cosas y con las
personas.
Desarrollo del lenguaje
A los 12 meses comienza la etapa lingüística. El niño o niña es capaz de integrar y
relacionar un contenido o idea con la forma o palabra en determinados objetos. Lo
más característico de esta etapa es un lenguaje especial que se denomina “jerga”:
emite una serie de sonidos con cierto ritmo y entonación, aunque no todos la utilizan
de la misma forma. Parece que mantiene una conversación en un idioma que sólo él
mismo entiende.
El lenguaje aún no está muy articulado. El niño o niña se apoya en los gestos para
comunicarse porque le falta expresividad verbal. Las vocalizaciones aumentan
progresivamente. A medida que avanza el año, nombra un número cada vez mayor
de objetos. Entiende muchas más palabras de las que es capaz de pronunciar y
comprende palabras y órdenes sencillas.
A partir de los 18 meses comienza a decrecer el uso de la “jerga” gracias a la mejora
de su expresión oral. La comprensión oral progresa rápidamente y utiliza una
determinada palabra para expresar un amplio contenido que sólo es comprendido por
quienes le rodean, en función del contexto y apoyado por los gestos. Empieza a
comprender el significado de algunas situaciones. El vocabulario aumenta
considerablemente, aunque no todos los niños y niñas progresan al mismo ritmo. No
debe ser motivo de preocupación. Sigue reconociendo muchos más objetos de los
que es capaz de nombrar. A los 18 meses puede nombrar varias partes de su cuerpo y
puede identificar dos o más objetos entre un grupo de cuatro o más. Es capaz de
responder a órdenes simples (recoger, guardar, buscar, sentarse…) y de combinar
algunas palabras (“ya está”, “se acabó”…).
A lo largo de esta etapa irá mejorando y aumentando el nivel de comprensión y
expresión oral, aumentará el vocabulario y responderá a órdenes cada vez más
complejas. Cerca de los 2 años, el niño o niña podrá formar frases de tres palabras,
utilizará algunos pronombres y artículos y su “jerga” habrá desaparecido por
completo.
Desarrollo psicomotor
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En este ámbito del desarrollo se producen logros importantísimos que conducirán al
niño y a la niña de 1 año a la consecución de autonomía en las actividades de la vida
cotidiana.
A los 12 meses algunos bebés, precozmente, comienzan a andar solos, pero es más
frecuente el gateo, ya que todavía les cuesta mantenerse de pie sin ayuda. Dan los
primeros pasos ayudados por el adulto.
Antes de los 18 meses, el niño o niña ha conseguido un dominio parcial de sus
piernas, es capaz de andar solo o sola, de arrastrarse por las escaleras, hasta es capaz
de subirlas a gatas y “correr” con cierta dificultad. Esta carrera es aún más impulsiva
e impetuosa. Se sienta en su silla con facilidad e incluso trepa a la silla del adulto,
sube las escaleras con ayuda y las baja solo sentándose en los escalones o gateando
hacia atrás. El niño o niña de 18 meses juega con pelotas, las empuja con el pie o las
lanza, de manera imprecisa, con la mano. Ya es capaz de agacharse y de incorporarse
cuando se le cae algún juguete u objeto.
A los 2 años podrá subir y bajar las escaleras agarrándose en el pasamanos o cogido
de la mano de un adulto, su carrera será más segura y saltará sobre un mismo lugar
sin moverse del sitio, ya que su sentido del equilibrio y su control postural habrán
mejorado notablemente.
En cuanto a motricidad fina, a los 12 meses puede agarrar un cubo con una mano e
intentar coger otro con la otra mano, aunque todavía no construye torres porque le
cuesta soltar el cubo.
Antes de los 18 meses comienza a sentir curiosidad por los útiles gráficos y realiza
sus primeros garabateos. Le gusta jugar con papeles (arrugarlos, rasgarlos, hacer
bolas con ellos…) y sacar y meter objetos de recipientes. Sus movimientos se van
haciendo cada vez más precisos.
A partir de los 18 meses los trazos son más firmes, el niño o niña puede controlar y
manejar la cuchara.
Cerca de los 2 años, los movimientos globales y segmentarios ganan en seguridad y
precisión. El niño o niña domina los útiles gráficos hasta el punto de trazar líneas
verticales y circulares, colabora activamente en el vestido y desvestido.
Desarrollo cognitivo
El cerebro del niño o niña de 1 a 2 años está completamente formado (antes de
acabar su segundo año), pero necesita su tiempo, una cronología en sus adquisiciones
y progresos. Comienza a establecer sus primeras relaciones con el mundo exterior y
aprende a adaptarse a situaciones nuevas, no sólo utilizando los esquemas que ya
poseía, sino experimentando formas nuevas. Ya no se limita a repetir acciones
aprendidas. Es muy inquieto y curioso y amplía considerablemente sus posibilidades
exploratorias cuando aprende a andar, sintiendo deseos e inquietud por conocerlo
todo.
En esta etapa, el niño o la niña, aprende la función que tienen los objetos que utiliza
cotidianamente y sabe darle a cada uno el uso que les corresponde. Progresivamente,
irá interiorizando algunas prohibiciones, algunas normas, y es fundamental tener
criterios sólidos sobre ellas porque así estructurará y aprenderá pautas de
comportamiento.
El niño o la niña de 1 a 2 años soluciona los problemas que se le plantean en su vida
cotidiana por ensayo y error. Imita todo lo que ve y sus imitaciones se asemejan cada
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vez más al modelo. Conoce diferentes partes de su cuerpo, señala los objetos de su
entorno próximo cuando se los nombramos y reconoce imágenes familiares.
Esta es una etapa fundamental para el aprendizaje en la que hay que aprovechar su
incansable curiosidad para enseñarle cosas nuevas. Debemos saber captar sus
intereses ya que es capaz de permanecer mucho tiempo atendiendo y observando lo
que llama su atención.
8. Aspectos educativos importantes
Rutinas
En estas edades los niños y las niñas empiezan a adquirir las primeras nociones de
orientación temporal.
Las rutinas relacionadas con la comida, el sueño, la higiene, la alimentación…
constituyen un recurso educativo de primer orden porque contribuyen a ofrecer a los
pequeños y pequeñas un marco estable y seguro, a la vez que responden a sus
necesidades.
En nuestro centro la acción educativa girará en torno a estas rutinas en todo
momento, siendo necesario e importante que vosotros, también en casa, establezcáis
las vuestras propias.
El sueño
Para que el niño y la niña establezcan hábitos de sueño, es imprescindible mantener
unos horarios destinados a descansar. Debe comprender que de noche se duerme y
que de día se está despierto. Algunos niños y niñas necesitan más ayuda que otros
para autorregular su reloj biológico a medida que van creciendo.
Al año de edad, el niño o niña necesita dormir bastantes horas, preferiblemente por
las noches.
En esta edad es recomendable realizar dos siestas durante el día: una más corta por la
mañana y otra más larga por la tarde, después del almuerzo. Son recomendables
como tiempo reparador del cansancio y la fatiga que los niños y niñas acumulan
debido a su intensa actividad.
A partir de los 15 o 16 meses, el niño o niña tendrá menos necesidad de dormir e irá
abandonando el hábito de la siesta matinal e, incluso, acortará la siesta de la tarde,
pero ésta debe mantenerse aunque dure poco tiempo.
Para que el sueño nocturno sea largo y reparador es necesario:
– Crear un clima relajado antes de la hora de dormir.
– Si está nervioso o nerviosa, esperar un poco antes de acostarlo.
– Tomar el baño preferentemente por la noche.
– Acostar al niño o niña temprano, no al mismo tiempo que los adultos.
– Conversar un poco con él o ella, contarle un cuento…
– Acostumbrarle a despedirse de la familia usando la fórmula adecuada: “buenas
noches”.
– Es también un momento adecuado para abrazarle, besarle y darle todo vuestro
afecto.
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A la hora del descanso se debe atender las necesidades que vayan surgiendo y
motivar para que se acostumbre a dormir solo o sola (si todavía no lo hace).
Un niño o niña que no desarrolle hábitos de sueño saludables podrá tener problemas
de aprendizaje, inseguridad, trastornos de sociabilidad, timidez…
Higiene
Hay que desarrollar en los niños y niñas la necesidad de estar limpios y el deseo de
presentar un aspecto personal pulcro y cuidado. A través de las actividades de
higiene, los niños y niñas se sienten atendidos personalmente por el adulto; por esta
razón estas actividades son tan importantes para ellos y ellas, son momentos
privilegiados de contacto físico individual.
Un ejemplo lo encontramos en el cambio de pañales. Éste no debe realizarse nunca
de forma mecánica, sino que debe llevarse a cabo como un momento de afecto y
comunicación a través del lenguaje verbal y corporal. El niño o la niña aprende,
gracias a esta actividad, la secuencia de acontecimientos: quitar los pañales, coger las
toallitas, limpiar… y realiza aprendizajes cognitivos.
La higiene implica la limpieza de todo el cuerpo, especialmente de manos, cara y
genitales, por ser las zonas más expuestas a infecciones. Para los hábitos de higiene
de manos, cara, dientes y nariz es necesario que el niño y la niña sepan identificar en
qué momentos deben realizarse estas actividades, que comprendan su necesidad, que
las realicen con un cierto grado de autonomía, que deseen participar con el adulto,
que posean ciertas destrezas motrices (abrir el grifo, enjabonarse, secarse con la
toalla…) y que adquieran un cierto control del propio cuerpo.
Igualmente importante es el cuidado y orden de los utensilios y espacios destinados
al aseo. Hay que enseñar a los niños y niñas a recoger y cuidar los objetos que
utilizan e inculcarles que estas tareas se realizan mejor en espacios ordenados y
aseados, por lo que deben contribuir a ello. No deben identificar momento de aseo
con momento de juego.
Control de esfínteres
El control de esfínteres es una de las primeras exigencias a la que deben enfrentarse
los niños y niñas para estar socialmente aceptados e integrados. Empiezan a controlar
sus esfínteres cuando realmente se encuentran maduros para ello. Como ocurre en
cualquier aprendizaje, constituye un proceso lleno de logros y retrocesos. No es un
aprendizaje mecánico ni una carrera contra el tiempo. Efectivamente, por mucho que
nos empeñemos en que los niños y niñas dejen los pañales cuanto antes, realmente no
van a conseguir nada sin que se cumplan una serie de requisitos fundamentales:
– Tener conciencia de sí mismo/a.
– Poder comunicarse a través del lenguaje.
– Tener adquiridas nociones básicas de su esquema corporal.
– Orientarse en el espacio.
– Poseer destrezas motrices y habilidades necesarias para desplazarse.
Es un proceso de crecimiento y socialización complejo para el que el niño y la niña
necesitan una adecuada madurez física, psíquica y emocional, haciéndose
imprescindible esperar el momento idóneo y actuar sin presión.
A partir de los dieciocho meses empiezan a realizar algunos gestos e, incluso,
verbalizan que se están haciendo pis o que se lo han hecho y están molestos. Son los
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indicios previos al control de esfínteres, pero no hay que precipitarse, hay que
esperar a que estén preparados (hay quién lo logra a los dieciocho meses, incluso
antes, mientras que otros no lo consiguen hasta los tres años). Es aproximadamente
hacia los dos años cuando tiene lugar la función neuromuscular que conduce al
pequeño o pequeña a controlar sus esfínteres. Lo importante es que los padres y la
escuela trabajen conjuntamente y asumir todo lo que conlleva este proceso.
Normalmente, el niño o niña logra controlar primero el esfínter anal y posteriormente
se realiza el control de la vejiga. En el proceso de control de esfínteres se distinguen
tres etapas:
1) Es capaz de percibir que ha hecho pipí o caca en los pañales y es capaz de
verbalizarlo.
2) Percibe y transmite en los momentos previos o durante el acto, pero es incapaz de
retener.
3) Es capaz de retener y decidir cuándo hacer caca o pipí.
En general, la actitud de los padres juega un papel esencial; por ello es importante
evitar los castigos y las riñas relacionadas con este tema ya que no hacen sino
disminuir las posibilidades de su hijo o hija de aprender a controlarse. Por el
contrario, lo mejor es elogiar y reforzar continuamente los progresos conseguidos,
por pequeños que éstos sean, generando así sentimientos de seguridad y
contribuyendo al desarrollo de un adecuada autoestima.
Durante el primer año, con aquellos niños y niñas que se inicien en el control de
esfínteres, es aconsejable que vosotros y nosotros tengamos una unidad de criterios y
que, juntos, adoptemos una serie de pautas a seguir tanto en casa como en la escuela:
– Felicitarlo cuando sea capaz de verbalizar que ha hecho pipí o caca.
– Cambiarlo rápidamente, mostrarle el pañal y enseñarle cómo se tira a la basura.
– Dejarle jugar con el agua para reforzar la idea de incontinencia.
Alimentación
Los niños y niñas de 1 año necesitan una dieta equilibrada, deben consumir carne,
pescado, frutas y vegetales que les aporten las grasas, hidratos de carbono, proteínas,
fosfatos, calcio, vitaminas y oligoelementos que precisan para su correcto desarrollo.
Esta dieta les evitará problemas como el exceso de apetito, la falta de apetito, la
intolerancia alimenticia, el estreñimiento, la diarrea, los déficits alimenticios…
Es el momento de que empiecen a abandonar hábitos como el uso del biberón para
beber, y de que, progresivamente, comiencen a comer sin ayuda, utilizando la
cuchara.
Los purés no deben ser demasiado finos para que encuentre “tropezones” y empieze
a masticar. Progresivamente, se irán introduciendo alimentos sólidos: galletas,
quesitos, plátanos, etc., y se les dará cuando sientan hambre.
En vuestra casa, las situaciones relacionadas con la alimentación deben suponer
bastante más que satisfacer una necesidad biológica, ya que implican un momento
privilegiado para la interrelación y para la adquisición de hábitos personales, sociales
y culturales que llevarán a los niños y niñas a ser progresivamente autónomos.
Las actividades de alimentación deben ser educativas. Debéis fomentar la autonomía
y la participación de vuestros hijos, enseñarles a utilizar los cubiertos, el vaso y la
servilleta, favorecer la organización temporal respetando los horarios y organizar
adecuadamente los espacios destinados a alimentarse. Sobre todo, deben entender
que el momento de la comida no es un tiempo de juego.
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Por tanto, la alimentación constituirá una actividad afectiva en la que deben
temporalizarse los hábitos teniendo en cuenta su desarrollo, de forma que no se les
exija algo que exceda sus posibilidades motrices y cognitivas. Hay que procurar que
lleven a cabo experiencias cada vez más autónomas, evitar que sea un momento
angustioso y valorar y reforzar cada pequeño esfuerzo que realicen.
En esta edad podrán comer parte de la comida solos o con poca ayuda del adulto,
pero siempre deberán estar vigilados. El tipo de ayuda que necesiten dependerá del
tipo de alimento (solos comerán mejor los alimentos sólidos que los líquidos).
El vestido
Los niños y niñas deben vestir la ropa adecuada a la temperatura que haga, a la
actividad que vayan a realizar… La destreza en las actividades relacionadas con el
vestido depende del dominio del esquema corporal, de las habilidades motrices de
carácter fino y de la orientación espacial. Debéis procurar en casa, igual que hacemos
en el centro, que el niño o la niña participe en el vestido y desvestido para que
progresivamente desarrolle las habilidades necesarias en este cometido.
Es importante empezar a nombrarles las prendas de vestir y las partes del cuerpo
donde se ponen, así les ayudaremos a interiorizar este proceso y reforzaremos el
conocimiento del esquema corporal. Veremos como, paulatinamente, se muestran
más colaborativos e incluso quieren hacer solos o solas algunas acciones
relacionadas con el vestido.
Tan importante como enseñarles a ser progresivamente autónomos en el vestido es
enseñarles a recoger y a guardar la ropa. Esta tarea no requiere tantas habilidades
como el vestirse, por esto puede enseñarse antes. Hay que procurar que el recoger y
guardar la ropa forme parte de la actividad de desvestirse.
9. Prevención de accidentes y primeros auxilios
Los niños y niñas de 1 año, una vez adquirida la marcha, están en continuo
movimiento, les gusta explorar todos los rincones y objetos de la casa o de la escuela
y, por lo tanto, están expuestos a muchos peligros. Es responsabilidad del adulto
evitar que se produzcan accidentes infantiles y deben tomarse las medidas necesarias
para evitarlos. Son la primera causa de mortalidad infantil.
Es imprescindible que todos los elementos de riesgo estén fuera de su alcance:
medicinas, productos de limpieza, objetos cortantes…, que deben guardarse en
lugares donde el niño o la niña no tenga acceso, ni subido en una silla, y siempre bajo
llave. Debemos procurar que aprenda poco a poco a no tocar las cosas que puedan
resultar peligrosas, y a respetar las normas y límites que los adultos establezcan.
No podemos olvidarnos de los objetos pequeños, que a estas edades es fácil que se
lleven a la boca, ni tampoco de los adornos excesivamente pesados que puedan
dañarles en caso de que se les caiga. Balcones y ventanas deben estar siempre
cerrados o con los dispositivos de seguridad pertinentes. Evitar almohadas blandas,
bolsas de plástico a su alcance y utilizar colchones firmes y consistentes. Cuidado
especial en la cocina, hay que asegurarse de que el niño o niña no esté solo en ese
espacio de la casa o de la escuela y de que los mangos de las ollas y sartenes no
sobresalgan.
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Es importante iniciarlos en el respeto a las normas básicas de seguridad vial
(semáforos, pasos de cebras…). Deben estar vigilados constantemente en los parques
y zonas de recreo. No deben subirse a los bancos, sillas, columpios no apropiados
para su edad…
Con los juguetes que utilizan, hay que procurar que sean adecuados a su edad y
seguir siempre las instrucciones de uso que traen. Hay que evitar que jueguen con las
bolsas que los envuelven y con cuerdas o hilos que puedan enroscarse al cuello.
Como hemos dicho, es importante que estén vigilados y no utilicen los juguetes para
golpear a otros niños.
Debemos procurar que el ambiente que rodea al niño o niña sea lo suficientemente
protector.
Primeros auxilios
En el centro escolar, al igual que en casa, en la calle, en el coche…, ocurren
accidentes que debemos saber atender mediante medidas provisionales hasta que
llegue la intervención del personal cualificado si fuera necesario. Los tipos de
accidentes suelen ser muy dispares, algunos más complicados de tratar que otros,
pero en todos los casos nuestra actuación será importante. Debemos actuar siempre
con mucha serenidad, tranquilizando al niño o a la niña, dándole confianza y sobre
todo que ellos no se den cuenta de que estamos nerviosos.
El centro escolar debe disponer de un material mínimo que estará al alcance de todos
y en lugares señalizados. Gasas, compresas, agua oxigenada, alcohol, tijeras, pinzas,
antisépticos, vendas, esparadrapo, tablillas… formarán parte del botiquín del colegio.
Entre las situaciones que podemos encontrarnos, destacamos las siguientes:
Asfixia por atragantamiento
Los niños y niñas de 1 año de edad manipulan diariamente juguetes, piezas y objetos
pequeños que pueden resultar peligrosos. Se produce atragantamiento cuando un
cuerpo sólido o líquido entra en las vías respiratorias y las tapona.
Nunca debemos golpear la espalda del niño; a veces el objeto sale por sí solo a través
de la tos; otras veces necesitará nuestra ayuda utilizando el dedo índice, a forma de
gancho, o efectuando presión en la boca del estómago. En este caso, cogemos al niño
o niña por detrás, rodeándolo con nuestros brazos y con el puño cerrado presionamos
el vientre un poco por encima del ombligo. Avisamos a los servicios de urgencia
mientras repetimos la maniobra.
Quemaduras
Las quemaduras son lesiones que se producen en la piel a consecuencia del calor, la
electricidad o bien por sustancias químicas. Dependiendo de su gravedad, pueden ser
de primer, segundo o tercer grado.
Lo primero que hay que hacer ante una quemadura es rociar con agua fría la zona
afectada y cubrirla con gasas húmedas. Nunca debemos aplicar pomadas ni romper
las ampollas de las quemaduras. Si éstas fueran más graves, habrá que tumbar al niño
o niña sin desprender la ropa adherida y llamar a los servicios de urgencias.
Picaduras
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Ante la picadura de un insecto, a menos que se produzca en la boca y pueda obstruir
las vías respiratorias en cuyo caso hay que acudir a un hospital, debemos aplicar frío
local e intentar sacar el aguijón, en caso de que lo haya, con ayuda de unas pinzas,
nunca apretándolo. Si no tenemos información sobre posibles alergias, habrá que
llamar a la familia.
Fracturas
Se producen cuando hay una rotura parcial o total de un hueso, provocado por un
golpe violento. Cuando el niño o niña se fractura algún miembro de su cuerpo,
debemos procurar ante todo que no se mueva, tranquilizándolo y actuando con
serenidad.
Si existe herida abierta, hay que tratarlo primero y después, inmovilizar la parte
lesionada con algún soporte rígido. En el caso de un brazo o una pierna, colocaremos
una tablilla por encima y otra por debajo. El brazo lo inmovilizaremos con un
pañuelo a modo de cabestrillo. Avisaremos a la familia o acudiremos a un hospital.
Fiebre
La fiebre es la elevación de la temperatura corporal por encima de los 37º
centígrados. Es la indicación de que el organismo se defiende contra una infección o
inflamación y el que sea poco o muy elevada no siempre indica la gravedad del caso.
Antes de nada, debemos aligerar de ropa al niño y aplicarle paños fríos en la frente, y
procurar que la habitación esté a unos 19º aproximadamente. Es importante que el
niño o niña no se altere ni llore, pues podría subirle más. Procurar que beba agua u
otro líquido y no administrar antitérmicos si no tenemos la certeza de que no padece
alergia a medicamentos. Avisaremos a la familia.
Lesiones en el ojo
En general suele ser algo de polvo o arenilla o una pestaña que se ha alojado bajo el
párpado o sobre la córnea y que produce picor o lagrimeo. Para retirar la arenilla, hay
que pedir al niño o niña que mire hacia abajo, levantarle el párpado y retirar el
cuerpo extraño con un bastoncillo húmedo. Si está instalado en la córnea y no hay
riesgo de que dañe o arañe el ojo, pediremos al niño que parpadee varias veces para
poder retirarlo. Si está clavado habrá que acudir a un hospital. En cualquier caso,
nunca se debe frotar el ojo.
Si se trata de una salpicadura de algún producto químico, hay que lavarlo con agua
abundantemente, y acudir a un centro hospitalario.
10. Educación del comportamiento
Los niños y niñas de estas edades comienzan a relacionarse con otros niños y niñas
con diferentes personalidades e intereses, con distintos deseos y voluntades. Esto
hace que se originen situaciones y comportamientos conflictivos que, si bien
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interfieren en la dinámica escolar y familiar, pueden ser utilizados para potenciar y
reforzar los lazos afectivos y el respeto hacia los demás.
La mayoría de los conflictos suelen aparecer por las siguientes situaciones:
– Obtener el aprecio y la atención del adulto.
– Conseguir unas relaciones satisfactorias con otros niños y niñas.
– Experimentar el poder ante los adultos y otros niños y niñas.
– Disputar por cosas materiales.
– Conseguir cosas que no se les pueden conceder…
Son muchas las conductas conflictivas que aparecen en esta etapa. Hay que intentar
evitarlas porque de lo contrario aparecerán continuamente. Es necesario que tanto
vosotros como nosotros seamos quienes las controlemos.
Los niños y niñas de esta edad se encuentran en una etapa “difícil” en cuanto a la
relación con los mayores. No paran de moverse, juegan de pie, se levantan, se
sientan, se suben y se bajan donde no deben, lo tocan todo, lo exploran todo e
intentan hacer las cosas sin ayuda, procurando siempre que sus acciones no pasen
desapercibidas. Requieren, por tanto, una vigilancia continua, un esfuerzo por parte
de padres y docentes para controlarlos y para anticiparse a que ocurran situaciones no
deseadas. Tenemos que hacerles ver que existen normas y reglas que hay que
respetar.
A esta edad les cuesta utilizar el lenguaje (entienden más de lo que pueden expresar)
y, por consiguiente, utilizan más su motricidad y su cuerpo para defenderse. Lloran,
se quejan, se enfurruñan, tienen pataletas, se ponen agresivos… Se trata de
comportamientos normales en esta edad que no debemos intentar evitar, sino
suavizar sus manifestaciones.
Las rabietas
Al final de este curso, pueden aparecer en algunos niños y niñas las primeras
rabietas. Suelen ser muy explosivas y muy sonoras; suceden en cualquier sitio, pues
no tienen en cuenta si estamos en la calle, en casa, en el colegio… Suelen ser
conductas no intencionadas y descontroladas, por lo que difícilmente pueden ser
frenadas. Sin embargo, irán desapareciendo o suavizándose a partir de los 3 años.
Las rabietas no son iguales en todos los niños y niñas, influyen muchos factores que
pueden favorecer o dificultar su desarrollo y el proceso de desaparición de las
mismas (situación familiar, celos, carácter…). Son comportamientos que no debemos
sancionar o castigar.
Ante una rabieta hay que tener en cuenta:
– No atender a una rabieta no significa rechazar al niño o niña afectivamente sino
retirar la atención hacia ese comportamiento para dárselo a otro más adecuado.
– Hay que tener cuidado para no confundir una rabieta con una necesidad real de ser
atendido.
– Ante la indiferencia aumentará la intensidad de la rabieta. No hay que asustarse.
Irá disminuyendo y lo hará más rápidamente si ven que atendemos las demandas
correctas.
– Ante todo no hay que perder el control, no hay que gritarles ni dejarles solos. No
debemos utilizar el miedo ni el chantaje para controlarlas.
– Cuando se hayan calmado, es importante hablar con ellos sobre lo mal que lo han
pasado y sobre lo inadecuado de su comportamiento, siempre mostrando cariño y
afectividad.
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Egocentrismo
En la escuela podemos ver a un niño o niña apropiándose de los juguetes de sus
compañeros y compañeras o al mismo tiempo, reaccionando de manera agresiva si
alguien intenta arrebatarle los suyos. No hay por qué intranquilizarse. Es una actitud
comprensible y, de hecho, necesaria en su desarrollo: nuestros alumnos y alumnas
están viviendo una etapa de egocentrismo. Durante este periodo intentan satisfacer
sus deseos y enseguida ven en peligro todas sus posesiones, que son las que le
proporcionan la diversión y el placer.
El papel de los docentes es básico para su educación ya que son, junto a los padres,
los que pueden ir regulando estas conductas egocéntricas evitando darles todo lo que
pidan y recompensando las acciones generosas. Algunas recomendaciones que se
pueden seguir para transmitir valores como la generosidad son:
• Establecer previamente las “normas de juego”. Hay que negociar. Es necesario
explicar a los niños y niñas que deben prestar sus cosas. A él o ella también le
gustará que los demás compartan los juguetes con él.
• No crear sentimiento de pérdida. Si un alumno ha decidido compartir algo suyo,
hay que asegurarse de que volverá a sus manos cuando el otro niño o niña
termine.
• Hay que mostrarles ejemplos de qué es la generosidad, los adultos son los
modelos a seguir y por tanto tenemos que comportarnos dando ejemplo.
• Ponerse de acuerdo con los padres y explicarles los modelos que se están llevando
a cabo y la necesidad de coherencia entre ambos padres.
• Hay que crear situaciones de participación y cooperación, estimulando un trabajo
y unas actitudes que son las que se han de aprender. Los juegos en grupo son muy
apropiados a estas edades.
• Reforzar las conductas positivas.
El papel educativo de los docentes es imprescindible para darles a conocer todas las
experiencias posibles para que aprendan a su ritmo. Respetar, amar, compartir,
prestar, tener paciencia, ser coherentes, comprensivos… son conductas y actitudes
que les mostrarán un modelo adecuado de comportarse.
La autoestima
Es una sensación de satisfacción personal que se siente al estar a gusto consigo
mismo y que produce un sentimiento de tranquilidad y equilibrio psicológico en los
niños y en las niñas.
El ser humano en la interacción con el mundo físico y social que le rodea, va
desarrollando una imagen personal del mundo y de sí mismo, en el que va integrando
experiencias y emociones relacionados con ellos. La adquisición progresiva de su
identidad permite al niño y a la niña diferenciarse de los demás y situarse en
referencia a ellos, logrando una progresiva autonomía.
Sin embargo, a estas edades siguen necesitando de los otros para formarse una
imagen de sí mismos a través de las figuras de apego. Tienen necesidad de sentirse
vinculados, apoyados, sentir que pertenecen a un grupo.
La autoestima empieza a desarrollarse desde edades muy tempranas, los niños y
niñas son muy receptivos al elogio, al afecto, a la alabanza. El educador o educadora
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debe trabajar siempre siendo consciente de que su relación con cada niño o cada
niña, transmite continuamente información que favorece la elaboración de su
identidad y una determinada valoración de sus capacidades.
La estimulación de una imagen positiva no puede realizarse en un espacio del día
reservado específicamente para ello. Cualquier ocasión es buena para felicitarle,
elogiarle por el éxito conseguido, por muy nimio que sea. Esto fortalece la
autoestima y sobre todo hace muy feliz a los niños y niñas. En Educación Infantil, se
trabajan estos aspectos al recibir cariñosamente y de forma singular a cada niño y
niña por las mañanas, cuando se le confía la realización de una determinada tarea o le
incita a resolver un problema. En la medida en que el docente anime y aliente al
pequeño, le plantee retos y ofrezca ayudas, le facilite avanzar, valore sus logros y le
ayude a relativizar sus errores, estará fomentando en él sentimientos de competencia
y seguridad, haciendo que se sienta querido y valorado en su individualidad, y que
construya una imagen positiva de sí mismo.
Padres y educadores son los modelos a seguir por los niños y por las niñas y por
tanto deben percibir siempre seguridad en las emociones y coherencia en las normas.
Se convierten en un modelo positivo de imitación en las normas que regulan su
convivencia. Tanto en la escuela como en la familia, el niño o niña con buena
autoestima desarrolla su inteligencia, su creatividad, el juego imaginativo…
11. La educación artístico-musical
Tradicionalmente se ha entendido la educación musical en la escuela desde una
perspectiva restrictiva, entendiéndola como un medio para formar a los alumnos y
alumnas en los distintos conocimientos musicales e ir despertando sus posibles
aptitudes relacionadas con la materia.
Sin embargo, nuevas corrientes pedagógicas relacionadas con la educación musical
ponen de relieve enfoques novedosos que resaltan la importancia de la misma no sólo
para desarrollar posibles aptitudes musicales sino para la formación integral de la
persona.
Desde esta nueva perspectiva, no se trata tan solo de conocer y manejar aspectos
meramente musicales sino de utilizar la música como herramienta educativa capaz de
promover objetivos educativos de carácter extramusical, jugando la escuela un papel
fundamental para conseguirlo.
Sabemos actualmente que la música tiene una especial importancia en el desarrollo
integral de la persona y que la educación musical debe ser la encargada de encauzar
la sensibilidad del niño o de la niña, así como de desarrollar sus capacidades tanto
psíquicas como sociales.
La música promueve el desarrollo sensorial, motor, afectivo, mental, intuitivo y
creativo del niño y de la niña; colabora a perfeccionar su lenguaje; colabora al
correcto ordenamiento psicomotriz, desarrolla su imaginación, mejora las relaciones
interpersonales entre los compañeros y las compañeras y les ayuda a conocer mejor
el ambiente que les rodea. Ofrece a los niños y niñas sensaciones de placer por su
gran componente lúdico en la Educación Infantil y que, además de sosegar y relajar,
permite la diversión y el juego, despertando la curiosidad de los pequeños.
En la Educación Infantil, la música es algo más que cantar canciones. Supone una
educación rítmica, auditiva, del pensamiento musical, que desarrolle sobre todo la
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creatividad y la expresión de sentimientos y emociones. La utilización del
movimiento serviría como medio de expresión y sensibilización motriz, visual y
auditiva. La educación musical sería una forma de conocer el propio cuerpo,
desarrollar el sentido rítmico y fomentar las relaciones sociales y la creatividad. Hay
que desarrollar la capacidad natural que desde estas edades se tiene para expresar y
sentir la música utilizando, sobre todo, una metodología lúdica.
La música constituye un aspecto que se trabaja dentro del área de Comunicación y
Representación y está integrada por tanto dentro de la enseñanza reglada. La música
en sí constituye un elemento globalizador importantísimo para el aprendizaje; existe
una relación clara entre los contenidos de aprendizaje de la educación musical y las
estrategias utilizadas en las restantes áreas de conocimiento de la Educación Infantil,
basados en “las experiencias, las actividades y el juego, y se aplicará en un ambiente
de afecto y de confianza”.
El Proyecto Duendes mágicos no es ajeno a esta nueva concepción de la enseñanza
musical y, por ello, otorgándole la importancia que merece, le reserva un espacio
específico en cada unidad, en el cual se desarrollan distintas actividades musicales,
en estrecha relación con los aspectos psicomotores.
12. Competencias básicas
Una de las finalidades del proyecto Duendes mágicos es proporcionar a los niños y a
las niñas una educación completa, que abarque los conocimientos y, dado el carácter
preparatorio de la Educación infantil, algunas de las competencias básicas que
resultan necesarias en la sociedad actual que les permitan desarrollar los valores que
sustentan la práctica de la ciudadanía democrática, la vida en común y la cohesión
social, que estimule en los pequeños y en las pequeñas el deseo de seguir
aprendiendo y la capacidad de aprender por sí mismos. La adquisición de estas
competencias permiten el desarrollo de la capacidad de los alumnos y alumnas para
regular su propio aprendizaje, confiar en sus aptitudes y conocimientos, así como
para desarrollar la creatividad, la iniciativa personal, el espíritu emprendedor y la
capacidad para resolver los conflictos que se les planteen en su vida cotidiana.
Las competencias básicas constituyen un saber hacer, un saber ser y estar; es decir,
un saber que se aplica, que puede adecuarse a una diversidad de contextos y que
tiene un carácter integrador, abarcando conocimientos, procedimientos y actitudes.
Incluyen el desarrollo de capacidades y no la aplicación de contenidos puntuales.
Constituyen una combinación de destrezas, conocimientos y actitudes adecuadas al
contexto; las precisan todas las personas para su realización y desarrollo personal.
Deben seguir desarrollándose, manteniéndose y actualizándose como parte de un
aprendizaje a lo largo de toda la vida. La incorporación de competencias básicas al
currículo permite poner el acento en aquellos aprendizajes que se consideran
imprescindibles. Constituyen un elemento curricular más, pero no se engloban dentro
de ningún área curricular concreta; tienen un carácter globalizador e integrador por lo
que el proyecto Duendes mágicos, considera importante incluirlas ya desde la etapa
de la Educación infantil.
Hay que definir cuáles son estas competencias, qué las caracteriza y cuál es el nivel
que se considera básico en cada una de ellas y que, por lo tanto, deben alcanzar todos
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los alumnos y las alumnas. No constituyen aprendizajes mínimos comunes, pero
orientan el proceso de enseñanza porque permiten identificar los contenidos y los
criterios de evaluación que tienen carácter imprescindible. Las competencias básicas
forman parte de las enseñanzas mínimas, complementan a los elementos del
currículo dándole un enfoque integrador. Es necesario ponerlas en relación con los
objetivos, con los contenidos y con los criterios de evaluación si se quiere conseguir
su desarrollo efectivo en la práctica educativa cotidiana.
La nueva Ley de Educación establece la siguiente clasificación de competencias
básicas:
• Competencia en la comunicación lingüística: se refiere a la utilización del
lenguaje como instrumento, tanto de comunicación oral y escrita como de
aprendizaje y de regulación de conductas y emociones. Esta competencia está
referida al uso por el niño y por la niña de las cuatro destrezas del lenguaje
(escuchar, hablar, leer y escribir) para construir el pensamiento, expresar e
interpretar ideas, sentimientos o hechos de forma apropiada y en distintos
contextos sociales y culturales y para regular la conducta, tanto en la lengua
propia como en el resto de las lenguas que se utilizan en el aprendizaje.
En el caso del niño y de la niña de estas edades, las destrezas de hablar y escuchar
son prioritarias en su lengua y exclusivas en la lengua extranjera, pero esto no
impide el acercamiento al código escrito, y sobre todo, a la literatura infantil a
través de cuentos y relatos. El desarrollo de la competencia en comunicación
lingüística está íntimamente ligado, tanto en la comprensión como en la
expresión, con el resto de códigos de comunicación, principalmente con el gesto y
con el movimiento mediante el lenguaje corporal y al uso de la imagen y la
representación con el lenguaje icónico. El uso de estos lenguaje potencia el
desarrollo de las habilidades lingüísticas crear vínculos con los demás y con el
entorno, transformar la realidad, construir la convivencia y desarrollar una
personalidad firme y segura.
• Competencia matemática: habilidad para utilizar números y sus operaciones
básicas, los símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático para
producir e interpretar informaciones, para conocer más sobre aspectos
cuantitativos y espaciales de la realidad y para resolver problemas relacionados
con la vida diaria.
• Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico:
habilidad para interactuar con el mundo físico, tanto en sus aspectos naturales
como en los generados por la acción humana, de modo que facilite la comprensión
de sucesos, la predicción de consecuencias y la actividad dirigida a la mejora y a
la preservación de las condiciones de vida propia, de los demás hombres y
mujeres y del resto de los seres vivos.
• Tratamiento de la información y competencia digital: habilidades para buscar,
obtener, procesar y comunicar la información y transformarla en conocimiento.
Incluye aspectos diferentes que van desde el acceso y selección de información
hasta el uso y la transmisión de ésta en distintos soportes, incluyendo la
utilización de las tecnologías de la información y de la comunicación como un
elemento esencial para informarse y para comunicarse.
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• Competencia social y ciudadana: permite vivir en sociedad, comprender la
realidad social del mundo en que se vive y ejercer la ciudadanía democrática.
Incorpora formas de comportamiento individual que capacitan a las personas para
convivir en una sociedad cada vez más plural, relacionarse con los demás,
cooperar, comprometerse y afrontar los conflictos. Supone ser capaz de ponerse
en el lugar del otro, aceptar las diferencias, ser tolerante y respetar los valores, las
creencias, las culturas y la historia personal y colectiva de los otros.
• Competencia cultural y artística: supone apreciar, comprender y valorar
críticamente diferentes manifestaciones culturales y artísticas, utilizarlas como
fuente de disfrute y enriquecimiento personal y considerarlas como parte del
patrimonio cultural de los pueblos. Supone igualmente apreciar la expresión de
ideas, experiencias o sentimientos de forma creativa, a través de diferentes medios
de expresión (la música, las artes visuales, las artes escénicas, el lenguaje verbal,
el lenguaje corporal, las artes populares…).
• Competencia para aprender a aprender: supone iniciarse en el aprendizaje y
ser capaz de continuarlo de manera autónoma. Implica poder desenvolverse ante
las incertidumbres tratando de buscar respuestas que satisfagan la lógica del
conocimiento racional. Consiste en admitir diversidad de respuestas posibles ante
un mismo problema y encontrar motivación para buscarlas desde diversos
enfoques metodológicos. Requiere ser consciente de lo que se sabe y de lo que
queda por aprender, de cómo se aprende y de cómo se gestionan y controlan de
forma eficaz los procesos de aprendizaje para optimizarlos según las propias
capacidades orientándolas a las necesidades personales. Es decir, conocer las
propias potencialidades y carencias sacando provecho de las primeras y
esforzándose para superar las segundas a fin de sentirse seguro ante nuevos retos
de aprendizaje y motivado a emprenderlo ante la perspectiva de éxito.
• Autonomía e iniciativa personal: se refiere a la posibilidad de operar con criterio
propio y llevar adelante las iniciativas necesarias para desarrollar la opción
elegida y hacerse responsable de ella, tanto en el ámbito personal como en el
social. Exige el desarrollo de valores personales tales como la dignidad, la
libertad, la autoestima, la seguridad en uno mismo, la demora de la satisfacción y
la capacidad para enfrentarse a los problemas, la honestidad y la comprensión de
las normas que permiten crear un código moral propio.
• Competencia emocional: en el desarrollo de cada una de las acciones que la niña
y el niño realizan, en un horizonte cada vez más amplio y en contacto con las
personas que tienen un papel determinante en su vida, construye el autoconcepto y
desarrolla la autoestima. El autoconcepto integra todas las claves que siempre va a
utilizar para interpretar la realidad que le rodea y, especialmente, las relaciones
con los demás. El desarrollo de la competencia emocional está asociado a una
relación positiva y comprometida con los demás. La actuación natural y sin
inhibiciones de forma habitual en las distintas situaciones que le toca vivir es la
manifestación más clara de esa competencia emocional.
13. La tutoría y la colaboración familia-escuela
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La escuela infantil ha de contribuir a que las familias encuentren en ella un marco
educativo y relacional más amplio que el propio círculo familiar. Para ello, es
necesario promover la participación y la relación activa entre la escuela y la familia,
previendo tiempos en los que compartir dudas, opiniones, intereses y preocupaciones
con otras familias y profesionales de la educación.
La colaboración planificada entre el centro y las familias de los menores es esencial
para realizar una buena labor educativa. Por una parte, los padres y las madres son
los que poseen la mejor y más fiable información sobre los niños y las niñas; y por
otra, los docentes deben aportar a las familias todos los datos que consideren
relevantes y que afecten al desarrollo y a la educación de los pequeños y pequeñas.
El docente necesita conocer el ambiente familiar, y la familia necesita depositar su
confianza en el centro escolar, saber que su hijo o su hija va a ser reconocido,
educado y valorado. Ambos contextos tienen su propio protagonismo y sus
peculiares maneras de actuar, pero deben compartir el objetivo común de colaborar
activamente en el desarrollo integral de los pequeños y de las pequeñas. La
colaboración sistemática familia-escuela va a aportar experiencias enriquecedoras
tanto a padres y madres como a los docentes.
De esta manera, las relaciones fluidas entre la familia y la escuela van a permitir que
se unifiquen criterios y pautas de actuación que favorecerán el proceso de
aprendizaje y el desarrollo armónico de la personalidad de los niños y de las niñas.
Así, el centro de Educación infantil comparte con la familia la labor educativa,
completando y ampliando sus experiencias formativas. La eficacia de la Educación
infantil depende, en gran medida, de la unidad de criterios educativos en los distintos
momentos de la vida del niño o de la niña, en su casa y en la escuela. En este sentido,
la escuela debe permanecer siempre en disposición de recibir a los padres y a las
madres para poder comentar cualquier aspecto educativo de sus hijos e hijas y,
asimismo, debe aceptar sus sugerencias y aportaciones.
La familia, por su parte, debe colaborar estrechamente y comprometerse con el
trabajo cotidiano de sus hijos e hijas y con la vida de la escuela. Sólo el compromiso
y el esfuerzo compartido permitirán la consecución de los objetivos que nos
marquemos.
Las tutorías: la educación en este ciclo de infantil se concibe, como hemos visto,
como un proceso compartido con las familias, que se ha de favorecer desde el centro
docente a través de la tutoría.
La tutoría es el conjunto de actividades que desarrolla el tutor o la tutora con el grupo
de clase, con sus familias y con el resto de maestros y de maestras que colaboran en
la docencia de ese grupo. Su contenido forma parte del plan de orientación y atención
a la diversidad, y su planificación, desarrollo y evaluación son asesorados por el
responsable de orientación del centro. A través de ella, el equipo de orientación del
centro, ajusta y orienta el proceso de enseñanza-aprendizaje, previniendo posibles
dificultades, favoreciendo los procesos de maduración, desarrollando su capacidad de
autovaloración, facilitando la aceptación de un sistema de valores y permitiendo una
adecuada socialización.
Habitualmente en los centros se impulsan diversas estrategias y se utilizan variados
instrumentos para la información, el conocimiento y la relación con las familias. Este
esfuerzo solo será posible si se procura:
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• Hacer visible la cultura y la manera de hacer del centro y del educador.
• Mantener una escucha comprensiva hacia las familias en un clima de respeto,
valoración y confianza.
• Promover espacios de intercambio en el que las influencias sean recíprocas, y
cuyo centro de atención sean los niños y las niñas.
•
•
Arbitrar las medidas organizativas oportunas para que padres y madres
participen y tomen decisiones de la vida de la escuela.
Informar de los progresos de los niños y de las niñas de manera positiva,
buscando el consenso y aunando criterios para la actuación.
14. Período de acogida
La entrada en la escuela supone un cambio relevante tanto para el alumnado que
tiene experiencia previa como para el que procede de la familia, ya que implica la
salida de un mundo, el familiar, donde tiene un papel definido, se siente aceptado,
querido, y de un espacio conocido, seguro de acuerdo con unos códigos conocidos.
Este cambio afecta igualmente a los padres y a las madres y a la propia institución
escolar.
El período de adaptación debe incluir, por tanto, un conjunto de actuaciones con la
familia y con los niños y niñas dirigidas a aceptar y resolver de una manera natural y
normalizada el conflicto que necesariamente produce el cambio.
A comienzo del curso se organiza el proceso de acercamiento progresivo a la nueva
situación, mediante visitas de la familia al colegio y al aula y el calendario de
entrevistas individuales para completar la información y para explicarles el
significado y la importancia del período de adaptación. Se les pedirá colaboración y
ayuda para llevar a buen término este proceso.
Con la incorporación de los niños y de las niñas se continúa la labor de adaptación
iniciada con las familias. El maestro o la maestra debe crear un clima en el que se
sientan aceptados, acogidos y reconocidos individualmente. Es fundamental que los
docentes se marquen como objetivo prioritario incorporar a los pequeños y a las
pequeñas a la comunidad educativa de la manera más positiva posible, sin olvidar las
particularidades de cada uno, respetando sus ritmos y sus características personales e
intentando evitar sentimientos de angustia, desconfianza o inseguridad.
La entrada hasta la configuración definitiva del grupo debe ser organizada en grupos
reducidos y de forma gradual, propiciando el que todos y todas tengan las mismas
condiciones y el tiempo suficiente para adaptarse.
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