Cómo desarrollar la voluntad

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Cómo desarrollar la voluntad
“Hay una fuerza motriz más poderosa que el
vapor, la electricidad y la energía atómica: la
voluntad”. Albert Einstein.
En los ambientes educativos se habla mucho de la
Pedagogía del esfuerzo como base para aprender con
eficacia y tener éxito en los estudios y en la vida.
En numerosos estudios de investigación educativa se
concluye que el "querer estudiar" es más importante que
la inteligencia en el rendimiento escolar. Se dice que "el
genio es, ante todo, una larga paciencia: los trabajos
científicos y literarios que más honran al talento humano
no se deben en modo alguno a la superioridad de la
inteligencia, como generalmente se cree, sino a la
superioridad de una voluntad admirablemente dueña de
sí misma".
Hay dos factores que favorecen y facilitan la
voluntad: la motivación y la ilusión. La motivación
consiste en tener razones o causas o motivos para
hacer una cosa. Estas razones o motivos nos
arrastrarán con su fuerza hacia los ideales y
objetivos. La ilusión es la esperanza acariciada por
la imaginación que proporciona alegría y buen
ánimo para llegar hasta el final en los propósitos.
Pero, ¿qué es la voluntad? Podemos decir que es la
potencia del alma que mueve a hacer o no hacer una
cosa. La voluntad mueve a hacer o a conseguir los ideales
de la juventud y los objetivos que nos proponemos, para
mejorar la sociedad y llegar a ser una persona formada.
Si observamos con atención, muchas de nuestras grandes derrotas en la vida se originan en la
falta de voluntad. No se trata tanto de falta de deseos, o de medios, sino de no tener la fuerza
de voluntad necesaria para hacer prevalecer nuestra meta ante los obstáculos y esfuerzos que
nos separan de alcanzarla.
Pero la voluntad ha desaparecido de los modernos textos de psicología. Ya no se enseña, no se
predica. Y se necesita más que nunca.
A confesión de todos cuantos descubrieron este concepto, quien domina el arte de la voluntad,
cuenta con un poder magnífico, que abrirá las puertas a sus sueños y los hará realidad en
cuanto sea posible… e incluso conquistará imposibles. Se dice que éste – el de la voluntad – fue
el secreto más poderoso de los jesuitas, que les permitió la conquista del mundo e influenciar a
naciones enteras para desarrollar su potencial.
El peso de la voluntad
Como personas, nuestra expresión natural es la voluntad. Podemos enfrentar, crear y recrear el
mundo gracias a la voluntad. Pero esa facultad, para que se potencie y nos otorgue la plena
individualidad, hay que ejercitarla, educarla, hacerla crecer.
¿Qué pasos seguir? Un orden sencillo y realizable no puede olvidar estos cinco puntos
elementales: tener un propósito (enfoque), intención, motivación, evaluación y deliberación.
Con esto tenemos lo que podríamos definir como la “maquinaria” de la voluntad. Y de nada
sirve una máquina sin un objetivo, sin una labor que cumplir.
Tal objetivo será nuestra meta, el final del camino que tenemos que recorrer. Una meta
deseada, querida, de la cual estamos firmemente convencidos.
Lo segundo requiere un poco de introspección, de observarnos por dentro, con objetividad. Se
trata de averiguar los “por qué” de nuestros desvíos de la meta. Conocer las causas de esos
“autosabotajes” que frustran nuestros intentos, impidiendo alcanzar nuestro objetivo.
Para servirnos de guía, podemos hacer una pequeña lista de aquellas barreras, esas “otras
motivaciones” que entraron en conflicto con nuestra meta, mirar con seriedad todas aquellas
veces en que fuimos irresponsables, dispersos, inmaduros y apuntar qué fue exactamente lo
que ocurrió y qué consecuencia tuvo, por qué no se pudo, etc.
¡Cuántas otras veces fueron nuestros distintos “yo” los que entraron en conflicto! Somos unos
en el trabajo, otros en sociedad, otros en la intimidad del hogar, otros en nuestra vida religiosa,
otros como padres, otros como hijos, etc… Apunte todo, todo lo que interfiere, lo que apoya y
complementa, lo que dicta algún otro punto de vista en su interior. Llegaremos, así, a un
momento de alineación de estos roles, de estas sub-personalidades, que potenciarán
incalculablemente nuestra máquina de la voluntad.
¿Cómo lograremos ese motivo sin estar íntimamente movidos a alcanzarlo? La motivación es
nuestra respuesta. Muchos han exagerado la importancia de este punto pero, sin embargo,
nadie puede despreciarla o negar el papel fundamental que tiene en aplicar el resorte interior
que nos impulsa. Motivos podemos tener muchos. Algunos motivos son meramente físicos,
otros emocionales, otros intelectuales. Podemos estar motivados por una causa ética, religión,
intereses sociales, artísticos, sentimentales, familiares, laborales, simbólicos o tantos otros
igualmente poderosos.
Dicho esto, sopesamos el movimiento en una balanza interna: la mejor balanza del mundo,
porque nos afecta en lo más íntimo.
Pensemos, pausada y serenamente: esto que deseo, que quiero tanto, que imagino en sus
detalles para alcanzarlo, ¿por qué lo hago? ¿para qué? ¿qué enfrentaré? ¿por dónde me
moveré? Aquí ingresan nuestros valores personales, el peso que tienen los campos de nuestra
vida y todo lo que implica nuestro mundo interior y exterior ordenado valóricamente.
Trataremos, entonces, de tomar conciencia de nuestra posición y nuestra actitud ante todo el
abanico de consideraciones que desplegamos ante nuestros ojos.
Finalmente, nuestros preparativos llegan al puerto de salida. Aquí, movidos y claros respecto a
lo que queremos y sus consecuencias, sopesaremos todas las condiciones formales del
problema, es decir, el “cómo lograrlo”, y las respuestas a todos los problemas que prevemos
que se puedan presentar.
Hemos concluido nuestro viaje por el interior de la maquinaria de la voluntad.
Ahora, ¡manos a la obra!
Ahora, el primer enemigo que encontraremos será la dispersión. No podemos conquistar todo
de un solo golpe, con un mínimo esfuerzo ni a un mismo tiempo. Tendremos, entonces, que
jerarquizar, priorizar y descartar. Aprender a renunciar a todo en lo inmediato es el primer paso
para hacer efectivo nuestro entrenamiento de la voluntad. Se trata de aprender a decidir
nuestras preferencias inmediatas.
Mientras más aprendemos la experiencia de la voluntad, mejores y más expertos nos
volveremos en el arte de decidir. Nos convertiremos en más potentes y efectivos. Los ensayos y
errores nos irán fortaleciendo y madurando en la responsabilidad. Hemos decidido libremente,
somos responsables de nuestros actos.
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